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jueves, marzo 07, 2024

Corazón Txuri Urdin, el podcast. Los dos milagros que salvaron la cabeza de Montanier

Todo el mundo recuerda que en su segunda temporada en la Real Philippe Montanier consiguió llevar al equipo a la Champions League. La primera, en cambio, fue mucho más complicada, hasta el punto de que el futuro del francés estuvo en el aire y pendiente de que la Real lograra ganar en Sevilla al Betis y después en Anoeta al Málaga. Tal era la amenaza que pendía sobre el técnico que, aunque en su momento se negó, años después se supo que estaba ya preparado Luis Aragonés para asumir el banquillo txuri urdin.

La Real ganó aquellos dos partidos con sendos milagros, primero en el Benito Villamarín con un gol desde el centro del campo de Iñigo Martínez, ya en el descuento, y después al Málaga en Donostia con una remontada en los dos últimos minutos del encuentro, con goles de Vela e Ifrán. Todo lo que sucedió en aquellos días centra el episodio de esta semana de Corazón Txuri Urdin, el podcast de historias sobre la Historia de la Real Sociedad, que podéis escuchar en este enlace.

Como hacemos todas las semanas, os recordamos que el podcast se puede escuchar en Spotify, en este enlace, y también en Google Podcasts, en este otro enlace. Y, por supuesto, cualquier sugerencia para mantener vivo este espacio será siempre muy bien recibida.

martes, noviembre 10, 2015

La Real, un caramelo para entrenadores debutantes en Primera

Lillo, último entrenador de la Real con experiencia en Primera.
¿Qué tienen en común Eusebio Sacristán, David Moyes, Jagoba Arrasate, Philippe Montanier y Martín Lasarte? Todos ellos, obviamente, son los últimos entrenadores que ha tenido la Real Sociedad. Son todos los que ha contratado Jokin Aperribay. Y todos sin excepción debutaron en el banquillo txuri urdin, Eusebio lo hará la próxima jornada, sin haber dirigido nunca antes en sus carreras un encuentro de la Primera División española. Al margen del éxito o el fracaso con el que hayan podido salir del club, lo que está claro es que la única característica común en el perfil de todos estos entrenadores es el desconocimiento de la Primera División, y eso contrasta con la larga carrera previa en el fútbol español de los nombres que se llegaron a dar por seguros ante los últimos ceses de técnicos, el de Luis Aragonés si hubiera caído Montanier, el de Juande Ramos que parecía casi atado de haber sido destituido Moyes apenas una semana antes de cuando ha dejado el club, e incluso el de Pepe Mel como alternativa al británico cuando fue Arrasate el cesado.

Este fenómeno de dar el club a técnicos sin recorrido en la máxima categoría del fútbol español que ha convertido a la Real en un caramelo para debutantes, una apuesta que no deja de tener su riesgo, no es algo únicamente achacable a Aperribay, ya que de los últimos 14 técnicos, contando ya a Eusebio, sólo José María Amorrortu y Miguel Ángel Lotina se habían sentado en un banquillo de Primera, en 23 partidos el primero de ellos y en 221 el segundo, una experiencia, eso sí, que no impidió que fuera con Lotina con quien se produjo el descenso a Segunda de 2007. Entre ese listado de catorce técnicos se encuentran cuatro que vivieron la oportunidad de dirigir a la Real directamente desde sus categorías inferiores. Ese fue el caso de Roberto Olabe, quizá quien mejor ejemplifica este fenómeno por coger el equipo de manos de uno de los más importantes de la historia del club, John Toshack, Gonzalo Arconada, José Ramón Eizmendi y el propio Arrasate. Cuatro que serían cinco si contamos el efímero paso de Asier Santana como paso previo al fichaje de Moyes la pasada campaña.

En el lado opuesto al de las apuestas de cantera, los cinco técnicos extranjeros que han llegado a la Real en ese lapso de tiempo comentado, desde 2002 hasta ahora, Raynald Denoueix, Chris Coleman, Martín Lasarte, Phillipe Montanier y el ya citado Moyes, tampoco habían dirigido partidos no ya en Primera sino tampoco en España. Coleman es el único de ellos que no llegó a estar en una Real de Primera y sólo tuvo la opción de dirigir al equipo en Segunda. Para encontrar un técnico que sí tuviera experiencia en la máxima categoría de nuestro fútbol hay que retroceder hasta Juan Manuel Lillo, que estuvo en la Real en las temporadas 2007-2008 y 2008-2009, con un bagaje previo de 94 partidos en Primera repartidos en los banquillos de Salamanca, Oviedo, Tenerife y Zaragoza. Lillo fue el primer técnico de la era Aperribay, pero le llegó heredado de Iñaki Badiola, su predecesor en la Presidencia del club.

viernes, abril 10, 2015

Moyes supera en su primera vuelta las de Lasarte y Montanier, pero no la de Arrasate

Con la derrota en el Vicente Calderón, David Moyes ha cumplido una vuelta como entrenador de la Real. Aunque siempre hay que tener en cuenta las circunstancias añadidas a tener que debutar en mitad de la temporada y después de una situación traumática como el cese de su antecesor, Jagoba Arrasate, los fríos números indican que el escocés ha superado lo que hicieron Martín Lasarte y Philippe Montanier en los primeros 19 partidos de su debut en Primera en la Real, en la 2010-2011 en el caso del uruguayo (después de subir al equipo a Primera la campaña anterior) y en la 2011-2012 para el francés. Moyes, sin embargo, se ha quedado por detrás de los números que logró la Real de la mano de Arrasate en la 2013-2014. Pero no hay tanta distancia con respecto a los mejores datos y los condicionantes hablan mejor aún a favor del técnico escocés.

Repasando los números, el actual entrenador realista ha sumado 28 puntos en sus primeros 19 partidos. Casi todos los detalles circunstanciales de esta primera vuelta completa han jugado en su contra. Como todos sus antecesores, ha jugado un partido menos en Anoeta que fuera. En cambio, su arranque en la Real ha tenido muchos aspectos que no hay que olvidar a la hora de valorar las cifras: la de Moyes es la plantilla más corta que ha tenido el equipo desde 2010, algo que además se agrava teniendo en cuenta que ha sido el único entrenador que no ha disfrutado de ningún fichaje; la lesión de Vela (sin él, la Real no había ganado nunca); el lastre de no haber ganado fuera de casa hasta el encuentro disputado en Getafe, el octavo que dirigió a domicilio y a los que hay que sumar cinco más con Arrasate como técnico, lo que condiciona el estado anímico de sus jugadores; o que fue el entrenador que cogió el equipo en peor situación, luchando por no descender, y no con subidones anímicos como el ascenso o Europa.

En la clasificación de las últimas 19 jornadas, la Real sería séptima. Es decir, ocuparía la plaza que daría acceso a la Europa League si el Barcelona es campeón de Copa, la misma que acabó alcanzando el equipo la pasada campaña. Sólo los seis equipos que ahora mismo ocupan las posiciones europeas han sumado más que el equipo txuri urdin en este espacio de tiempo. Para calibrar justamente lo conseguido en estas jornadas desde el aterrizaje de Moyes, los realistas han sumado, por ejemplo, los mismos puntos que el Athletic, al que superaría por average, uno más que el Rayo o cuatro más que el Málaga, que se habría convertido en rival directo de haber conseguido el equipo una victoria en La Rosaleda hace pocos días. La la pasada temporada, la 2013-2014, la Real de Arrasate culminó la primera vuelta en la sexta posición, una por delante de la que ocuparía el equipo de Moyes, aunque logró 32 puntos, cuatro más. Nada que ver con la undécima posición de la Real de Lasarte en la 2010-2011, que logró 25 puntos, y sobre todo la decimoquinta del equipo de Montanier en la 2011-2012, con apenas 21 puntos.

Con Arrasate la Real logró sus mejores resultados en esa primera vuelta de su técnico tanto en casa (veinte puntos en nueve partidos) como a domicilio (doce, en diez), pero el equipo entrenado por Moyes no puede quejarse. En Anoeta ha sumado los mismos puntos que en la 2013-2014 con el mismo número de victorias y empates, seis y dos, con la única derrota cosechada ante el Rayo Vallecano desde que el escocés entrena al equipo. Estos números doblan los de Montanier en la 2011-2012, que se quedó en apenas diez puntos, con dos victorias, cuatro empates y tres derrotas en el estadio donostiarra. Y lejos de él, aunque la cifra de puntos de la Real de Moyes es la menor de estas cuatro temporadas comparadas, ocho (Arrasate sumó doce, Montanier once y Lasarte diez), el equipo ha igualado el menor número de derrotas, cuatro. Esas son las mismas que cosechó la Real en la primera vuelta de Arrasate, por las cinco y seis que sufrieron en el banquillo respectivamente Montanier y Lasarte.

Que la mejora defensiva es una de las claves de la Real de Moyes queda demostrado viendo que en sus 19 primeros partidos el equipo sólo ha encajado 24 goles, la menor cifra de estos cuatro casos. Lo que más se acerca, y la distancia es notable, son los 28 tantos que recibió con Arrasate, y en el lado opuesto están los 31 que encajó el equipo en los 19 primeros partidos de Lasarte. Y si el cuadro realista no mejora todavía más el resultado global de esta vuelta con Moyes es precisamente porque sus cifras goleadoras no son espectaculares, aunque sí notables. Con el escocés, los jugadores realistas han anotado 22 goles en estos 19 encuentros. Es decir, igualdad absoluta con respecto a los encajados, igualando el saldo goleador negativo que tuvo el equipo en su primera vuelta con Lasarte (-2) y marcando mucha distancia con el equipo de Montanier (-10). Los 22 logrados con Moyes son cinco goles más de los que hizo la Real de la mano del francés, aunque están muy lejos de los 36 anotados la pasada temporada con Arrasate.

La estabilidad y la mejora defensiva que ha logrado Moyes también se puede ver en otros datos. Para empezar, ha igualado los seis partidos en los que estuvo sin recibir gol la Real de Arrasate. Pero al mismo tiempo ha hecho que los dientes de sierra de su trayectoria sean menos pronunciados. Su racha sin ganar sólo ha llegado a los tres partidos, en dos ocasiones y sumando dos puntos en cada una de ellas. Nada que ver con los seis y ocho jornadas consecutivas sin sumar de tres en tres que estuvieron respectivamente los equipos de Arrasate y Montanier en sus primeras vueltas completas. La Real de Lasarte también estuvo tres sin ganar, pero fueron tres derrotas. Además, ha sumado cuatro sin perder, algo que sólo mejoran las cinco victorias consecutivas con Arrasate. Y aunque el equipo con Moyes no es demasiado goleador, sí distribuye bien sus tantos. Así, sólo ha estado sin marcar en cuatro partidos, a uno de la mejor marca (tres, con Arrasate), y mejorando mucho los nueve encuentros a cero con Montanier.

miércoles, abril 08, 2015

Sin delantero centro, dos victorias en veinte partidos a domicilio desde el ascenso

El último triunfo sin nueve, 0-1 en el Calderón en la 2012-2013.
Desde que la Real volvió a Primera División en el verano de 2010, uno de los movimientos más habituales de sus entrenadores en los partidos más complicados y previsiblemente duros que afronta el equipo lejos de Anoeta es sentar al delantero centro. Jugar con eso que se ha llamado falso nueve, o colocar en punta a jugadores que no están llamados a ocupar esa demarcación. David Moyes lo hizo en el Vicente Calderón y ese movimiento táctico volvió a fallar. Lo extraño es que siga siendo una fórmula tan habitual, cuando es una que no ha dado resultados casi nunca en estos cinco años. No es que sacar un punta nato sea la panacea y dé mejores resultados, pero Philippe Montanier, Jagoba Arrasate y el propio Moyes han optado por esa solución en veinte partidos en las últimas cuatro temporada (Martín Lasarte no lo hizo nunca, siempre alineó a Llorente, Tamudo, Agirretxe o Ifrán) y la Real sólo ha conseguido ganar en dos ocasiones, ambas en la temporada 2012-2013.

Ya no es que la Real no consiga victorias de esta manera, es que apenas ha sumado puntos. De los 60 posibles a los que ha optado fuera de casa y sin delantero centro, apenas ha logrado once, con esas dos victorias y cinco empates. El apartado goleador, además, es paupérrimo. El equipo txuri urdin apenas ha convertido de esta manera quince goles, menos de uno por encuentro, y sin embargo ha encajado nada menos que 42. En casi la mitad de estos encuentros, en nueve, no consiguió perforar la meta rival. Y a pesar de las claras intenciones defensivas que acarrea jugar sin delantero, sólo logró dejar su portería a cero en dos ocasiones. El castigo a este planteamiento fue mucho más cruel en cuatro de estos veinte partidos, en los que la Real encajó el 1-0 antes del primer cuarto de hora. Le sucedió en el Rayo 4 - Real 0 de la 2011-2012, en el Barcelona 5 - Real 1 de la 2012-2013, y esta misma temporada en este encuentro en el Calderón y en el 4-1 del Bernabéu.

De los cuatro técnicos que han apostado por esa fórmula, Montanier fue el que más insistió con ella. En su primera temporada en la Real jugó así en seis de sus 19 partidos a domicilio. El francés optaba con mucha facilidad por colocar a Vela como punta. Sin embargo, los resultados con este esquema fueron muy pobres: cuatro derrotas (3-2 contra el Levante, 4-0 contra el Rayo, 2-0 contra el Athletic y 1-0 contra el Getafe) y dos empates. El único éxito que se puede apuntar es el empate en Cornellá-El Prat, puesto que fue el mexicano quien puso a la Real 0-2 en la primera mitad, aunque aquel partido al final se acabara empatando. En Málaga, el empate fue a uno. Parecía que las cosas no iban a cambiar en la siguiente temporada, puesto que Montanier sumó tres derrotas más de esta forma (5-1 ante el Barcelona, 2-1 ante el Levante y 2-0 ante el Betis), pero luego ganó dos encuentros sin nueve, 1-2 en Zaragoza y 0-1 curiosamente en el Calderón. Al técnico francés le costó confiar en Agirretxe, vivió la imposibilidad de Llorente para competir al máximo nivel después de que la hernia le tuviera fuera de combate media temporada e Ifrán nunca fue de su gusto.

Arrasate dispuso de dos nueves claros desde el principio, Agirretxe y Seferovic. Aún así, en su primera temporada jugó en cuatro ocasiones sin ninguno de los dos, también con unos resultados bastante nefastos. Un empate a cero ante el Levante, dos derrotas por 4-0 ante el Atlético y 1-0 ante el Sevilla y otra igualada más, a uno, en San Mamés, y con un gol anotado precisamente por Agirretxe saliendo desde el banquillo. En el tiempo que Arrasate aguantó en el banquillo realista en la presente temporada, con Finnbogason como reemplazo de Seferovic, repitió esta disposición en Vigo, donde la Real se puso 2-0 por debajo en el marcador y Agirretxe, de nuevo como suplente, lideró la remontada y marcó el primero de los goles. Moyes ha sumado ya otros cuatro encuentros sin nueve, con tres derrotas contundentes (4-0 en Villarreal, 4-1 en el Bernabéu y el 2-0 del Calderón) y un empate, a uno en Granada. En estas dos últimas temporadas, la excusa para jugar sin nueve pasa por el bajo nivel dado por los fichajes, tanto Seferovic como Finnbogason, que hasta ahora han sumado entre los dos sólo 13 partidos como titulares en la Liga.

martes, junio 04, 2013

RESUMEN DE LA TEMPORADA 2012-2013 (3) Montanier, un hombre afortunado

Montanier saluda a la afición en Pamplona.
El de Philippe Montanier ha sido uno de los nombres de la temporada por motivos muy diversos. Estuvo al borde del cese y escuchó gritos de "Montanier dimisión", pero dejará el club con una oferta de renovación sobre la mesa y con el beneplácito mayoritario de los aficionados. La pregunta, y todo un debate que se ha extendido a lo largo de toda la temporada, es qué papel ha tenido él en el crecimiento de la Real hasta su regreso a las competiciones europeas diez años después. El acuerdo en ese debate, siquiera un consenso amplio, parece imposible. Habrá quien piense que es un gran entrenador, responsable primordial de que la Real haya ofrecido grandes tardes de fútbol y de su posición final en la clasificación. Y habrá quien piense que todo el mérito es de los jugadores y que el técnico es simplemente la persona que ha dispuesto el destino para sentarse en el banquillo en el momento de su explosión. Unos y otros sí podrán estar de acuerdo en una cosa: Montanier ha sido en la Real un hombre con suerte.

Y para constatar esa definición no hace falta recordar las grandes y a veces milagrosas victorias de su equipo cuando la guillotina estaba a punto de caer sobre su cuello, como el gol de Iñigo Martínez de la pasada temporada en el Benito Villamarín o la victoria en Málaga de la Liga que acaba de finalizar, con el equipo bordeando los puestos de descenso. Él mismo evidenció en varias declaraciones públicas que no esperaba en absoluto el resultado de esta temporada. Justo antes de arrancar la campaña, proclamó que no entendía la euforia de la afición, cuando el final demostró que había motivos de sobra para sentirla. No fue ésta la única frase que le delató. Una incluso más significativa llegó tras el decepcionante empate en Anoeta ante el Deportivo de la Coruña, cuando dijo que estaba contento por cerrar la primera vuelta con 26 puntos, los mismos que sumó en la segunda de la campaña anterior, porque demostraba una regularidad del equipo. Con la victoria en Vallecas en la segunda vuelta, con siete partidos por delante, ya había pulverizado ese registro de regularidad y con esos regulares 52 puntos, no habría llegado a Europa. Antes de jugar contra el Valencia recalcó que la plantilla no se había planificado para estos logros. ¿Y cuándo ha sido así en la Real?

Pensativo, en Getafe.
Una más. Después de la ya mítica victoria ante el Barcelona, aseguró que él no había cambiado nada, que su apuesta seguía siendo la misma. Esa frase esconde lo que sí sucedió, una transformación bastante importante de muchas cosas. La esencial, el esquema de juego. Cuando llegó a la Real apostó por el 4-3-3, y acabó cediendo al más habitual por estas lides 4-2-3-1. Mantenía a Illarra alejado del pivote, y cuando retrasó su posición es cuando se convirtió en el mejor mediocentro de la Liga. A Agirretxe le condenaba al banquillo en muchos partidos pensando en el rival y apostaba por Vela como un siempre fallido falso 9, y eso también lo tuvo que corregir. Cuando los laterales dejaron de encontraron un freno en los tres mediocampistas, hicieron crecer al equipo con su arrojo y poderío físico. E incluso, por citar un acierto en sus cambios que prácticamente nadie le había reclamado y que sí se convirtió en una de las claves del excepcional rendimiento, descubrió a Xabi Prieto como mediapunta y así dejó a Vela libertad para buscar la portería desde la banda derecha, sin duda su gran acierto táctico de la temporada aunque en el caso del capitán tardara mucho en ser efectivo.

A pesar de que el grado de sentido común que Montanier ha aplicado en su trabajo es bastante superior al que mostró en la primera temporada, del nuevo fracaso copero que cosechó el equipo en esta su segunda tentativa (olvidado ya en junio, pero que procede recordar al resumir toda la temporada) y al margen del resultadismo que implicaría calificar su trabajo como excepcional cuando acaba con el equipo en Europa y de mediocre cuando lo deja en mitad de la tabla, lo cierto es que su labor ha sembrado dudas, y el entorno realista las ha hecho notar en todos los niveles, desde el propio club al aficionado de a pie, pasando por los medios. Algunas de esas dudas han sido muy evidentes, como su en demasiadas ocasiones equivocada lectura de los partidos cuando la pizarra inicial ya no cuenta o la inexplicable tardanza en hacer cambios, lo que da una increíble ventaja a los rivales para adaptarse a las circunstancias de juego, habiendo sido no pocos los entrenadores que han sabido sacar partido. Eso ha perdurada hasta el último de sus partidos. También ha sido evidente la falta de ambición que ha transmitido a los jugadores en algunos choques asequibles sobre el papel, como el jugado en Granada, con sus cambios (Granada en Anoeta) o incluso con la alineación inicial (Pamplona), en etapas de dudas o ya en la de ilusión europea.

Dando instrucciones en Anoeta, ante el Valencia.
También ha dejado dudas con su gestión de algunos jugadores. No hay nada que recriminar a que opte por un grupo más o menos cerrado de efectivos, catorce o a lo sumo quince escogidos en los que recae el grueso de los minutos. Pero ha llevado esa máxima a extremos difícilmente comprensibles, señalando incluso a algunos jugadores. Hablar de su errónea gestión de Pardo es una evidencia. Sólo pareció contar cuando no quedaba más remedio y Montanier le negó el papel que tuvo en el crecimiento futbolístico del equipo. José Ángel, al margen de la gran campaña de De la Bella, ha sido un jugador desperdiciado, más incluso asumiendo que fue uno de los motivos de la euforia veraniega que el técnico no entendió. Lo mismo se puede decir de Ifrán o Ros, señalado desde la eliminación copera contra el Córdoba. Incluso Carlos Martínez sufrió un ostracismo no explicado en el arranque de la temporada y Agirretxe desapareció de las alineaciones durante dos meses, en los que incluso se llegó a especular con el deseo de Montanier de traer un delantero en el mercado de invierno que habría estado por delante de él y de Ifrán. El Sanse no ha contado en absoluto y han sido muchos los partidos en los que se han sentado jugadores en el banquillo con los que o bien no contaba por preferencias personales o bien no podía contar por molestias o lesiones. Demasiadas ventajas al rival.

Y aún así, la Real vuelve a Europa, y lo hace por la puerta grande. No se trata de negar el papel de Montanier en el fútbol del equipo, como muchas veces se ha querido interpretar de las muchas y razonables críticas que se le han hecho al entrenador txuri urdin. Obviamente, cuando llegó a la Real su apuesta pretendía ser la que ahora estamos viendo, un fútbol ofensivo, de toque, incisivo en ataque, con total movilidad de sus jugadores ofensivos y preferentemente dominando la posesión del balón. Y más obvio todavía, si forma parte del equipo, forma parte del éxito. Pero es también evidente que ha tardado año y medio en encontrar la mejor fórmula para practicar ese fútbol, dejando un pasado que no se puede borrar de un plumazo. Incluso con esa fórmula hallada, el técnico francés ha seguido incidiendo en algunos de los errores que le colocaron al borde de la destitución, y eso es lo que hace pensar que Montanier ha tenido la fortuna de dirigir una plantilla que está por encima de sus posibilidades personales, que le ha permitido hacer un cursillo acelerado sobre lo que supone dirigir a un equipo de alto nivel en una Liga importante a la que no llegó preparado. Lo que ha enseñado hace que no esté claro que salga de San Sebastián con la lección aprendida, pero eso lo demostrará ya lejos de la Real.

martes, mayo 21, 2013

Lo que toca es pensar en el Madrid y en la cuarta plaza

Montanier, en Cornellá-El Prat.
Durante meses, el futuro de Philippe Montanier ha estado presente en las preguntas que se le formulaban al entrenador realista en todas las comparecencias ante la prensa previas a los encuentros. No toca, lo importante es el partido, decía sistemáticamente el técnico francés. Y tenía toda la razón. Entiendo que hay información ahí, pero la respuesta no podía ser otra. Eso sí, viene a ser curioso que justo haya tocado a dos jornadas del final, cuando la Real está luchando por su objetivo más ambicioso de la última década, el mismo que en realidad motivaba el silencio oficial sobre este asunto. No es cuestión de rasgarse las vestiduras por esto o de buscar culpables, porque en el fútbol actual, y más desde que las redes sociales y los medios en Internet han cobrado la fuerza que tienen hoy en día, es inevitable este cruce incesante de rumores, de dimes y diretes, de quinielas y pronósticos, incluso de juicios sobre si quien actúa mal es el club, el entrenador, los dos o ninguno. Inevitable, sin duda, pero algo molesto precisamente por la importancia de lo que está en juego.

En el comunicado en el que el club confirma que Montanier no ha aceptado la oferta de renovación, señala que "en estos momentos en los que se puede poner un broche de oro a la excelente temporada, la Real Sociedad desea aparcar todo tipo de cuestiones ajenas a la propia competición y centrar todas sus energías en alcanzar el objetivo que ahora mismo tiene planteado. Por tal razón, la Real Sociedad se pronunciará acerca de este tema tras los dos partidos que restan por disputarse". Estas afirmaciones, refrendadas en sala de prensa después por el capitán, Xabi Prieto, son la mayor muestra de cordura que he leído en las últimas semanas en torno a este tema. Dado que había filtraciones por todas partes, y allá cada cual con sus razones para hacerlas, creo que era necesario dar oficialidad a la noticia. Creo que la Real ha obrado bien en una situación en la que no tenía otra alternativa saludable. Y creo que lo mejor sería que el comunicado del club, al que siguió el del Stade Rennais anunciando el fichaje de Montanier, zanjara este asunto hasta el día 3 de junio.

Me resisto a creer que en un fútbol hiperprofesionalizado como el que te tenemos, la Real no se haya movido ya para sondear candidatos al banquillo. Incluso es posible que ya lo tenga decidido. Pero la temporada no ha terminado. Si no hubiera objetivos, entendería esta vorágine informativa. No comprendí del todo en su momento que la Real anunciara el fichaje de Bernd Krauss cuando decidió no renovar a Javier Irureta porque la clasificación para la UEFA todavía era posible. Tampoco asimilé las formas en las que se trajo a Martín Lasarte para sustituir a Juanma Lillo, aunque entonces la temporada sí estaba acabada y el ascenso a Primera era imposible. Ahora hay un objetivo claro: la cuarta plaza. Como poco y en el mejor de los escenarios (la victoria de la Real y la derrota del Valencia), queda un partido en el que estará en juego dicho objetivo. Pero ha sido el juego mediático el que ha forzado los acontecimientos para que estallara en plena lucha deportiva. Club y jugadores, según dicen, se han enterado de la marcha de Montanier por la prensa. Y yo, la verdad, creo que sigue tocando hablar de fútbol.

Porque el domingo llega a Anoeta el Real Madrid. Con su colección de estrellas por mucho que su temporada haya terminado. La de ellos sí, después de la final de Copa, y por eso han podido anunciar y explicar la marcha de su entrenador. Y yo ahora no estoy pensando en el futuro de Montanier o en quién le relevará. Estoy pensando en el domingo a las 20.00 horas. En la cuarta plaza. En el Madrid. En el 4-2 del subcampeonato de hace diez años. En los golazos de Khokhlov y De Paula en el 3-0 del año anterior, cuando casi se certificó la permanencia con esa victoria. En el brutal cabezazo de Kovacevic, el 3-2 de la 98-99. En el partidazo y 4-2 de la Real de Krauss en la 97-98. En la última batalla de Atotxa y aquel glorioso aunque insuficiente 4-1 en la Copa, con hat trick de Alkiza. En la carrera de Toshack hasta el centro del campo del viejo campo realista para abrazar a Carlos Xabier tras empatar a dos el partido de la 91-92 con un voleón maravilloso. Y en muchos duelos más contra el Madrid. Eso es lo que toca, pensar en el Madrid y en la cuarta plaza. Lo demás, luego.

miércoles, mayo 15, 2013

Montanier suma 69 partidos sin hacer debutar a un potrillo

El debut de Pardo ante el Real Madrid.
El 29 de octubre de 2011, Rubén Pardo jugó por primera vez un partido oficial con la Real, fue en Anoeta y contra el Real Madrid. Él es el último potrillo del Sanse que ha debutado con el primer equipo. Desde entonces han transcurrido nada menos que 69 partidos, 63 de Liga y seis de Copa, sin que Philippe Montanier haya dado la alternativa a ningún jugador del filial. Con el francés en el banquillo y sin contar a los ya habituales del primer equipo desde la pasada temporada Pardo e Iñigo Martínez (que jugó con un dorsal superior al 25 hasta que obtuvo ficha del primer equipo en el mercado invernal), sólo cuatro jugadores del Sanse han llegado a estar en alguna convocatoria: Javi Ros en la temporada 2011-2012, y el portero Royo, Fuchs y Nanizayamo en la actual. Tampoco parece probable ya, salvo cataclismo, que algún chaval se sume al equipo en las tres jornadas de Liga que quedan, lo que supondría que la presente sería la tercera temporada desde que nació el Sanse, en el lejano 1952, en que ninguno de sus jugadores debuta con la Real. Los precedentes son las temporadas 1957-1958, con Salvador Artigas en el banquillo, y 2010-2011, con Martín Lasarte.

Ese dato, incuestionable por su propia naturaleza como hecho, implica un análisis más profundo, y es que no hay sintonía con la dirección deportiva del club con respecto al papel que tiene que jugar el Sanse. Montanier ha hecho debutar a tres canteranos desde que llegó hace dos veranos. De ellos, sólo Iñigo Martínez es un habitual en sus alineaciones. Asier Illarramendi ha contado con su confianza absoluta, pero debutó tres temporadas atrás de la mano de Lasarte, técnico que no llegó a darle las oportunidades que merecía. El paradigma de esta situación es Rubén Pardo, un debate ya perdido. El chaval, después de contribuir al despegue futbolístico del equipo cuando rondaba los puestos de descenso, vive sumergido en un ostracismo que nadie es capaz de explicar salvo con razones etéreas y frentistas. Después de las dudas que dejó la forma en la que Momtanier le gestionó en la primera temporada, en la que se ganó con creces más oportunidades, esta segunda ha confirmado que se le está llevando francamente mal. No sólo las explicaciones del técnico brillan por su ausencia, es que ya nadie espera que ocupe un puesto en el campo en situaciones en las que es necesario, como por ejemplo en el último partido ante el Granada.

El tercer debutante de la mano de Montanier, Cadamuro, tampoco está ahora en el grupo de los elegidos del técnico galo, aunque es cierto que en el primer año fue su comodín (jugó prácticamente en todos los puestos menos en el supuestamente debía jugar, el de central) y que en el segundo ha sufrido varias lesiones y la convocatoria para la Copa de África. Cadamuro, de hecho, subió al primer equipo sin haber debutado en él por decisión de la secretaría técnica que dirige Loren y antes de que el francés fichara como responsable del primer equipo. Lo mismo sucedió con Javi Ros el pasado verano. Tras debutar con Lillo en la temporada 2007-2008, con el equipo en Segunda División, Momtanier apenas le ha dado 68 minutos repartidos en cinco partidos. Incluso con incontables bajas en el centro del campo, el técnico francés ha acostumbrado a dejar al canterano, jugador del primer equipo y no integrante del Sanse, fuera de unas convocatorias muy descompensadas. Pardo o Ros podrían haber cerrado el correcalles ante el Granada, pero es evidente que el responsable del primer equipo no confía en ellos.

El Sanse 2012-2013.
Antes de que el presidente, Jokin Aperribay, dejara la semana pasada algunas dudas sobre la renovación de Montanier, Loren ya había comentado que la continuidad del entrenador del primer equipo depende de más factores que los resultados deportivos, entonces tan brillantes que casi se daba por conseguida la cuarta plaza en la Liga. Puede que el director deportivo tuviera en mente esta situación del Sanse, que me viene generando dudas desde hace tiempo y que ha quedado soterrada por los buenos resultados de los últimos meses. A pesar de tener una plantilla muy corta y en la que ha habido numerosas ausencias por lesión durante toda la campaña, Montanier ha llevado la polivalencia de sus jugadores al extremo (colocando a de central e un Elustondo recién salido de una de las varias lesiones que ha sufrido esta temporada) y las escasas veces que ha tirado del Sanse lo ha hecho llamando a jugadores que no estaban en las quinielas. El papel del filial hoy en la vida del primer equipo es prácticamente nulo.

Y nunca ha hecho  falta que haya perlas en el filial, la Real siempre ha tirado de él por necesidad. Esta campaña ha habido necesidad y no han salido chavales. Un ejemplo: en las dos primeras etapas de Toshack en la Real, debutaron 28 jugadores del Sanse. De estos, hasta 18 no jugaron más que un partido. Eso forma parte del espíritu del club. Las ausencias de los mayores se cubren con los chavales. Si rinden, siguen. Pero eso ahora está perdido y el pesimismo reinante con Pardo es un hecho que tendría que ser preocupante para todos los realistas. Convendría recordar que una de las razones por las que el club rescindió el contrato de Martín Lasarte fue su empeño en mantener en el once a Diego Rivas por delante de Asier Illarramendi, cada cual tendrá su opinión sobre si justificado o no. Y también hay que tener presente que una de las exigencias de la Real es apostar por la gente joven, pero las últimas noticias que recibe el filial desde el primer equipo no son especialmente positivas. La temporada, en ese sentido, se puede dar por perdida. Lo más preocupante es que chicos que ya han dado el salto como Pardo y Ros también la han perdido.

martes, febrero 26, 2013

A Irureta le siguió Krauss

Cada vez veo más paralelismos entre la Real de esta temporada y la que dirigió Javier Irureta en la temporada 1996-1997. Y viendo la clasificación de aquella Liga a estas mismas alturas, los paralelismos se multiplican. Resulta que, jugados 25 partidos, aquella Real sumaba 44 puntos, cuatro más de los que tiene hoy la de Philippe Montanier, gracias a que había ganado dos partidos más y empatado dos menos, y ocupaba la quinta posición. Con una buena generación de jugadores de casa (De Pedro, Aranzabal, Idiákez...) y extranjeros capaces de marcar diferencias (Kovacevic, Craioveanu...). Aquella Real ganó en Mestalla, en San Mamés, en Tenerife, y empató en el Calderón. Pero su juego no terminaba de convencer a todo el mundo y se fueron puntos en partidos insospechados, y perdió, por ejemplo, en los campos de tres de los últimos cuatro clasificados (Extremadura, Logroñés y Hércules). En la jornada 38 de una Liga de 42 partidos la Real ya era octava cuando siete equipos iban a Europa. Y esa fue la posición que ocupó al final, quedando a un punto de clasificarse para la Copa de la UEFA.

En la presentación de aquel año, Luis Uranga, dijo: "debemos adquirir un compromiso firme de ambición" para "evitar los dientes de sierra de la clasificación". No se pedía Europa, pero se anhelaba. Incluso antes del final de la Liga y de que se supiera si el equipo llegaría a la UEFA, Uranga decidió no renovar el contrato a Irureta, a pesar de que el equipo había luchado por Europa después de dos temporadas en las que se tuvo que recurrir al cese del técnico (primero Toshack, después Iriarte) para sacar a la Real de la parte baja de la tabla. Y fichó a Bernd Krauss. Por si hace falta recordarlo, la Real que dirigió el alemán, prácticamente con la misma plantilla de la que disfrutó Irureta (con los únicos fichajes de Kühbauer y Sarriegi, más conocidos por sus lesiones que por su fútbol), acabó en tercera posición, se clasificó para la UEFA, luchó por la Champions (entonces sólo había dos plazas) hasta el último segundo de la Liga, soñó por momentos incluso por disputar el título.

Es un precedente bastante claro como para censurar tan a la ligera como se está haciendo las críticas razonadas que hoy se esgrimen sobre Philippe Montanier. Tengo que dejar claro que nunca he sido muy resultadista. No mido el éxito de un equipo, mucho menos el de un entrenador, atendiendo exclusivamente a los resultados, y no creo que los mejores técnicos del mundo sean los que presentan un palmarés más abultado. Ganar motiva la felicidad del aficionado, pero no argumenta las posiciones que un analista defiende. La Real ganó en San Mamés 1-3 y, por supuesto, eso me llenó de felicidad. Daba saltos con los goles y me relamía ante el hecho de haber dejado para siempre el nombre del conjunto txuri urdin como el vencedor del último derbi en ese estadio. Eso no nos lo quita nadie a ningún aficionado realista. Pero eso no me impide tener una posición crítica sobre lo que sucedió el sábado, por lo que no acabo de entender que quienes defienden la gestión de Montanier, cuyas razones si las tienen las respeto y si puedo las rebato con argumentos, se agarren a eso, a las victorias, para atacar a los críticos.

Irureta, por seguir con el paralelismo que apuntaba al inicio, ganó en su debut con la Real 0-1 en Mestalla. El Valencia tuvo una docena de oportunidades clarísimas de gol, incluyendo dos tiros a los palos y cuantiosos paradones de Alberto. La Real marcó en un contragolpe. "Me he quedado con cara de gilipollas. Hemos hecho todo lo que hay que hacer para ganar un partido y aún no me puedo explicar por qué no lo hemos conseguido", dijo Luis Aragonés, el entonces entrenador del Valencia. No tiene nada que ver aquel partido del Valencia con el que planteó el Athletic el sábado a la Real, eso es evidente, pero Irureta podría haber sacado pecho y decir que el partido salió como se lo había imaginado, con los locales dominando y marcando a la contra. Desde luego, no lo hizo. A mí me sorprende que haya habido lecturas en ese sentido sobre lo que pasó en San Mamés. Que el partido salió tal y como lo había planteado Montanier, dicen algunos. Que qué se puede criticar después de un 1-3 en Bilbao, señalan otros.

Pues yo vi muchas cosas que no salieron bien. No sé si es suerte, si es la ya famosa flor de Montanier o cualquier otra cosa, pero si ese es el partido que imaginó el técnico francés, mal vamos. Fue un error clamoroso dejar a Vela en el banquillo que aún no entiendo cómo se ha podido llegar a justificar, con 1-3 o sin él. En los partidos grandes juegan los futbolistas trascendentes. Si los realistas decimos que no es casualidad que jugáramos ocho jornadas seguidas contra diez, aplicadlo ahora a que el Athletic acabara con once. La Real estuvo 70 minutos sin Vela, razón suficiente para entenderlo. No creo que Momtanier imaginara que los seis o siete cabezazos en jugadas de estrategia del Athletic se marcharan todos fuera. O que el que se colaba en la portería lo sacara Bravo con un paradón. O que la Real empataría en su único tiro a puerto de los primeros 45 minutos. O que Aduriz tiraría fuera la ocasión que le regaló Markel por sacar rápidamente una falta sin prestar atención a la situación del partido. O que el propio Markel, en un despeje temerario, no llegaría a cometer el penalti que se jugó. O que el mismo jugador no fuera expulsado por el manotazo a Herrera.

Que la Real ha mejorado en los últimos meses es evidente, y podríamos analizar si es o no a causa de los aciertos de Montanier. Ya lo creo que podríamos. Pero lo que está fuera de toda duda es que siguen ahí las trazas de todo aquello hizo general la crítica al entrenador francés. Ocultas para quien quiera por la situación clasificatoria, pero ahí. Y como yo no tengo tan claro que el técnico haya aprendido de los errores, sino que más bien los parches le han demostrado lo equivocado que estaba (y en algunos casos sigue sin dar su brazo a torcer, véase la tozudez de que Pardo sea la sexta elección para los tres puestos del centro del campo cuando los siete jugadores posibles están disponibles), no tengo tan claro aquello de que lograr un objetivo europeo le haga merecedor de una renovación. Si este Consejo vio de una forma tan evidente que cumplir el objetivo no garantizaba el puesto a Martín Lasarte, es de suponer que ahora tendría que aplicar el mismo criterio con Montanier y renovarle sólo si de verdad cree que el equipo crecerá con él.

Yo, a día de hoy, sigo pensando que no. Que con otros entrenadores, esto que vemos hoy podría haber llegado el año pasado y en éste la Real podría haber mirado incluso más arriba. Salvando las distancias, a mí me da miedo que nos pase lo que al Chelsea de esta misma temporada, que renovó a Di Matteo teniendo millones de dudas simplemente (póngase entre comillas ese simplemente, por supuesto) porque había ganado la Champions. Y esta temporada le echaron, ya fuera de Europa y sin opciones de ganar la Premier. Montanier va a clasificar a la Real para Europa, yo ahora mismo estoy bastante convencido de ello, y más si la Europa League llega hasta la octava plaza. Lo que no sé es si jugaremos la Europa League o si, con la ambición suficiente, escucharemos de nuevo el himno de la Champions. Pero sigo dudando. En la Real, a Irureta le siguió Krauss. Y eso sigue resonando en mi memoria.

lunes, diciembre 31, 2012

Diez momentos inolvidables para la Real en 2012

Se acaba 2012. Para la Real ha sido un año de transición, como lo fue 2011. No se consiguieron grandes logros, pero sí una permanencia en Primera algo más holgada que la obtenida un año antes. Hubo pequeños grandes momentos para recordar, pero falta todavía por dar ese ansiado salto de calidad que se viene prometiendo (y frenando) desde hace demasiado tiempo. 2012 ha sido un año con momentos extraordinarios, con otros terribles, con muchos debates en torno a la figura del entrenador y que acaba, eso sí, con la posibilidad de que 2013 sea un año mejor. A la espera de ver su resultado dentro de algunos meses, con el final de la temporada, estos son los diez momentos que marcan el año que está a punto de acabar.
· El deplorable 6-1 en Mallorca (10 de enero)
No pudo empezar peor el año. Una eliminatoria de Copa que parecía encarrilada con el 2-0 de la ida, y después de haber eliminado previamente al Granada para romper una maldición de 23 años sin superar a un equipo de Primera en esta competición, se emborronó de la forma más vergonzosa posible. Porque Ifrán adelantó a la Real en aquel partido de vuelta, poniendo un 3-0 en la eliminatoria que casi todos vimos como definitivo, soñando con una Copa gloriosa por el derbi con el Athletic que esperaba en la siguiente ronda y un camino relativamente fácil hasta la final. Pero cuatro goles en seis minutos le dieron la vuelta al marcador antes del descanso. En la segunda mitad cayeron dos más sin que ni los jugadores ni Montanier fueran capaces de reaccionar. Y así la Real sumó otro deshonroso episodio en esta competición. Nada nuevo en el horizonte, pero sí más vergonzoso.
· La irrupción definitiva de Pardo (13 de febrero)
Tras incorporarse al primer equipo en pretemporada, aún con dorsal del Sanse y después de ser campeón de Europa sub-19 con España, la afición ardía en deseos de ver a Pardo con la camiseta txuri urdin. Montanier le ocultó durante demasiado tiempo, hasta que las lesiones no le dejaron más opción que ponerle en el once. Jugó primero en el Camp Nou, donde la Real perdió por 2-1 aunque no creyó en la posibilidad de sacar algo. Fue unos días más tarde, en Anoeta y contra el Sevilla, cuando Pardo se destapó como lo que es, un jugadorazo. Lo hizo todo bien, maravillosamente bien, enamoró a la afición realista con su técnica, sus cambios de juego, su visión y su fútbol, y coronó una gran actuación con un golazo desde fuera del área. Su celebración, la de un chaval de 19 años cumpliendo un sueño, fue un momento inolvidable. Por sorprendente que pueda parecer desde fuera, Pardo ya no volvió a ser titular en toda la temporada y solo una nueva plaga de lesiones le colocó en el once en la actual.
· Otro atraco en el derbi (4 de marzo)
Empieza a ser tristemente habitual, y no hay más que revisar la hemeroteca para comprobarlo, que en el derbi contra el Athletic de Bilbao, especialmente en San Mamés, pasen cosas raras que alteran el marcador y no precisamente a favor de la Real. Así ha sucedido en cinco de los últimos ocho jugados al otro lado de la autopista. Mateu Lahoz, un árbitro ensalzado por difícil que sea comprender las razones, rizó el rizó en el derbi de este año en Bilbao. Con el Athletic ya por delante en el marcador, y nada más iniciarse la segunda mitad, Vela marcó el empate. Como se pudo comprobar en algunas imágenes emitidas después, Mateu Lahoz lo vio. Pero decidió hacer caso a un asistente que, según él mismo dijo, ya se la había liado en otros partidos en jugadas similares. No dio el gol aunque el balón entró. Unos minutos después, el jugador más expulsado de la historia del Athletic, Amorebieta, golpeó en un salto a Xabi Prieto, pero Mateu no pitó falta, la jugada continuó y Mikel González derribó a Muniain. En esa falta, sí señalada, el Athletic marcó el 2-0 definitivo.
· La ola de Anoeta (1 de abril)
Minuto 52 de la jornada 31 (aunque partido número 30 de la temporada por la huelga de la jornada inaugural). Vela hace el 4-0 ante el Rayo Vallecano y Anoeta lo celebra haciendo la ola. La afición realista necesita muy poco para arropar al equipo. Aquel día estaba viendo una contundente goleada lograda con mucho sentido común en su alineación y en su juego, algo que no había visto demasiado en toda la temporada. Esa ola sorprendió porque llegó en plena marejada. Se armó un considerable revuelo durante la semana anterior porque muchos jugadores realistas salieron de juerga por Madrid tras caer en el Santiago Bernabéu por 5-1. Montanier como entrenador y Aranburu como capitán tuvieron que dar una rueda de prensa para dar explicaciones. Y en el campo la respuesta fue este 4-0, en el que Griezmann, autor del tercero, celebró su gol con Montanier y, después, la piña de todo el equipo. La Real, como casi siempre, respondió con fútbol en un momento desesperado, cuando la temporada en realidad estaba ya prácticamente acabada, sin sustos por abajo y sin aspiraciones por arriba.
· "Montanier, dimisión" (10 de abril)
No hubo que esperar mucho, apenas nueve días, para comprobar que la grada está con su equipo en todas las circunstancias, pero discute a su actual entrenador con bastante intensidad. Jugaba la Real contra el Betis, sin hacer un buen partido. Pudo adelantarse de penalti, pero sin Xabi Prieto en el campo fue Agirretxe quien lo lanzó. El portero bético no se tragó su paradinha. Ya en la segunda parte, compensó su error haciendo el 1-0 en una bonita jugada colectiva. Pero poco después el Betis empató, sin que pudiera hacer nada para impedirlo Zubikarai, que jugó por una injusta sanción a Bravo. Anoeta respondió a ese empate con los conocidos gritos de "Montanier, dimisión". No era la primera vez que se escuchaban, ni tampoco fue la última a lo largo del año, pero sí fue la ocasión en que se sintieron con más fuerza y parecieron más mayoritarios. El técnico de la Real estaba en entredicho, sigue estándolo en realidad. Aquello provocó que, al finalizar la temporada, el club tuviera que emitir un comunicado para confirmar su continuidad, aunque tenía contrato en vigor.
· Agur, Aranburu (12 de mayo)
Con el final de la Liga, llegó una noticia que en cierto modo era esperada pero no por ello resultó menos emotiva. Aranburu, capitán de la Real, colgaba las botas después de 14 temporadas en la Real y 427 partidos. Su despedida fue sencilla, humilde, como corresponde a un jugador así de un club como el nuestro. Pero fue hermosa y casi perfecta. Casi porque Aranburu estuvo muy cerca de conseguir un gol, el que hubiera sido el número 33 de su carrera, ante un Valencia que llegó a Anoeta con la temporada ya terminada. Aranburu no marcó pero hizo un último partido grande. Estuvo entre lo mejor de la Real, demostrando que, a pesar de la gravísima lesión de rodilla que sufrió, se fue porque quiso, no porque el fútbol le retirase. Se marchó del terreno de juego en medio de una ovación inolvidable y dejó su puesto en el campo a Pardo, lo que fue difícil no entender como el más hermoso relevo generacional de un club de cantera como siempre será la Real. Fue manteado y dio la vuelta de honor al campo que solo los más grandes tienen derecho a hacer. Y la gente no dejó de aplaudir para agradecerle tantos años en la Real.
· Vela y la ambición de la dirección deportiva (19 de julio)
Que la temporada 2011-2012 acabara plácidamente para la Real es algo unido al rendimiento que ofreció Vela. El jugador cedido por el Arsenal tardó en arrancar, pero, tras romper su mal fario de cara a la portería contraria, marcó doce goles en 26 partidos y fue el máximo goleador de la Liga en la segunda vuelta solo por detrás de los monstruosos Messi y Cristiano Ronaldo. Al estar cedido, en junio se marchó. Pero la dirección deportiva y el Consejo de la Real fueron ambiciosos. Loren y Aperribay lucharon por el regreso de Vela. Y lo consiguieron, además, por un precio ridículo en función del rendimiento que había mostrado y los precios actuales del mercado. La Real este verano tiró por elevación y consiguió lo que buscaba. Los fichajes generaron entusiasmo en la afición. Pero dados los antecedentes, lo que casi nadie esperaba es que Vela se convirtiera en un jugador propiedad de este equipo que tan poco tiempo atrás estaba penando en Segunda División y en pleno proceso concursal. Y es que en el verano de 2012 la dirección deportiva hizo un trabajo espléndido.
· Aplastante victoria en el derbi (29 de septiembre)
Ganar el derbi es siempre una de las mejores noticias del año. Pero ganarlo como lo ganó la Real es un plato mucho más placentero. La superioridad con respecto al Athletic fue brutal, absoluta y contundente. Zubikarai suplió al lesionado Bravo y el equipo bilbaíno no fue capaz ni de disparar entre los tres palos para probarle. La clave estuvo en la intensidad que tantas veces se ha reclamado a este equipo. La Real salió a morder desde el minuto 1. Y tardó en hincar sus dientes en los bilbaínos, a pesar de que tuvo sobradas ocasiones de marcar. Tras el descanso, la Real metió una marcha más al ya revolucionado ritmo de la primera mitad y entonces cayeron los goles. Griezmann, que por fin tuvo un derbi en el que fue decisivo, culminó una preciosa jugada en combinación con Agirretxe para hacer el primero. Poco después Amorebieta despejó un buen disparo de Xabi Prieto con el codo. Penalti y segunda amarilla. Vela le pidió el balón al capitán y el mexicano hizo el 2-0 final. Pudo marcar más goles la Real, los mereció, pero el derbi acabó con 2-0 y una sensación de aplastante superioridad sobre el rival.
· La Real descubre su verdadero potencial (19 de noviembre)
Algunas de las decisiones más controvertidas de Montanier en sus dos años en la Real pasan por la elección de los jugadores que tienen que mandar en el centro del campo del equipo. Su preferencia por Elustondo y Markel see encontró con la lesión de ambos. No le quedó más remedio que colocar a Illarramendi de cuatro (en su primer año, prefirió incluso a Mariga) y a Pardo a su lado. Y con esa fórmula la Real encontró el fútbol que muchos pensaban que tenía y que no había mostrado más que a cuentagotas. El Rayo Vallecano lo sufrió en sus carnes y nunca supo cómo parar semejante vendaval. El partidazo de Pardo fue descomunal y comenzó dando una asistencia a Ifrán, que marcó, pero Mateu Lahoz vio mano y lo anuló. Ifrán le dio a Vela el 1-0 y Pardo asistió para que el mexicano lograra el segundo. Ya en la segunda parte, Mikel González coronó un contragolpe que él mismo inició y Pardo, otra vez Pardo, le dejó en bandeja el 4-0 a Chory Castro. Qué fútbol tiene esta Real.
· El gol de De la Bella en el 2-5 en Mestalla (1 de diciembre)
Otra muestra de la capacidad de la Real llegó en Mestalla. Después de diez meses sin conocer la victoria fuera de casa, la Real ganó, y ganó bien, en Málaga. Su siguiente salida, Valencia. Que Soldado marcara en el primer minuto hizo temer lo peor. Pero el equipo txuri urdin reaccionó con una inmensa categoría y con el carácter que muchas veces se dice que no tiene. Mereció empatar, se ganó remontar, pero no tuvo suerte en la práctica totalidad de la primera mitad, hasta que el Valencia se quedó con diez por la autoexpulsión de Jonas. Empatar antes del descanso tuvo efectos impresionantes en el conjunto de Montanier. Y más teniendo en cuenta cómo empató. De la Bella encaró a Alves y le dejó roto con un regate sin tocar el balón para marcar a placer. Qué golazo. Qué obra de arte. Luego cayeron cuatro goles más, de Mikel González, Ifrán, Agirretxe y Vela de penalti. Pero todo empezó con la maravilla de De la Bella, comparable a la de quienes copan los titulares de los medios con goles mucho menos bonitos.

martes, diciembre 04, 2012

¿Montanier no ha cambiado nada?

"No he cambiado nada. He mantenido mi idea". La frase se la dijo Philippe Montanier al corresponsal de L'Equipe en Madrid después de ganar 2-5 en Mestalla. La descubrí ayer gracias a un realista usuario de Twitter (gracias, Mikel, @walleum) y la publica hoy más extensamente Noticias de Gipuzkoa. Aquellos que seguimos pensando que Montanier no es entrenador para la Real debemos sentirnos reforzados por esa frase. Si él no ha cambiado nada, eso quiere decir que la sustancial y patente mejora en tantos aspectos del juego se debe a los jugadores. Siempre he confiado en esta plantilla. Creo que es extraordinaria. Y creo que su freno está en el banquillo. Lo he dicho siempre, en las buenas y en las malas rachas. Lo sigo creyendo, a pesar de la rotunda exhibición en Mestalla. Lo que no esperaba es que eso me lo acabara confirmando el propio técnico txuri urdin.

Una vez que Montanier admite que no ha cambiado nada y deja su trabajo en manos del azar, del nivel de acierto anotador y del marcador, es momento de recordar que en Valencia los balones largos de Bravo siempre tuvieron un sentido. Eso fue así porque con Zurutuza y Pardo (como con Illarramendi en Málaga), la salida del balón desde atrás no tenía que hacerse al pelotazo. Eso fue así porque Mikel González e Iñigo Martínez entendieron que no hacían falta sus balones largos más que como recurso concreto. Eso fue así porque Griezmann y Vela en las bandas ofrecían salida y alternativas a los centrocampistas. Eso fue así porque Pardo y Xabi Prieto ahogaron al Valencia en su salida. Eso fue así porque tanto Carlos Martínez como De la Bella entendieron el partido, cuándo y cómo subir. Y eso fue así porque la movilidad de Ifrán lo permitió. Esas virtudes, por cierto, no excluyen otras que podrían haber ofrecido otros jugadores.

Con su análisis, Montanier vuelve a evidenciar que desconoce por completo el potencial de la plantilla que maneja. Solo así se puede explicar que siga viendo a Markel y Elustondo como titulares (no como opciones dentro del grupo). O que soluciones que tanta gente ha demandado (y por tanto formaban parte del debate), con argumentos sólidos y no solo por preferencias personales, se vean en el campo únicamente cuando no hay otra posibilidad, siendo inverosímil que no se hayan juntado todavía en un once titular Illarramendi, Pardo y Zurutuza (¿sucederá el próximo sábado?). O su preferencia por cualquier otro jugador antes que Illarra en el puesto de cuatro. O la cerrazón en no colocar juntos en la banda derecha a Carlos Martínez y Xabi Prieto. O los largos ostracismos a los que sometió a Ifrán y los ya mencionados Pardo y Carlos Martínez. El técnico realista no sabe diferenciar las preferencias del aficionado por uno u otro jugador con la lícita exigencia de que aprenda a administrar sus efectivos.

Yo no exijo la titularidad de nadie, creo que ningún analista serio lo hace. Pero sí que jueguen los que tienen que jugar en cada momento y en el mejor lugar posible. Y sigo sin encontrar respuesta a los dilemas insondables que ha generado Montanier desde que es entrenador de la Real. A día de hoy, Mariga ha sido más veces titular que Pardo. No sé por qué Griezmann (que exhibió mucha lucha pero el nivel más bajo en Mestalla) no ha vuelto a jugar por el centro desde que deslumbrara al inicio de la Liga en esa posición. Desconozco qué ha llevado a Montanier a contar ahora con Ifrán, que con su trabajo nos ha dado la razón a quienes no podíamos explicar su marginación. No encuentro explicación a que Illarra no haya jugado de cuatro hasta que se han lesionado todos los que podían ocupar esa demarcación. Y sigo sin entender por qué hemos tardado 14 jornadas en sacar un córner tan sencillo y tan efectivo como el que permitió marcar a Mikel González el 1-2 en Mestalla.

No es Montanier un entrenador brillante en sus análisis públicos ante la prensa, pero reconozco que aún así me ha sorprendido esa declaración a L'Equipe. Porque creo que todos hemos visto que sí ha cambiado algo en el juego de la Real. Si él no lo hizo y, lo que es peor, no lo vio, eso quiere decir que volvemos a estar a merced de lo que la diosa fortuna nos depare cada semana. Y es por eso, por mucho que el equipazo que tiene la Real ofrezca demostraciones de poderío como la de Valencia, por lo que sigo sin confiar en Montanier como su capitán. Aunque algunos lo quieren dirigir hacia esa vertiente, no es un debate de resultados. Es una cuestión de capacidad. El técnico dice en esa misma entrevista que está cumpliendo con lo que le pidieron, mejorar la clasificación y sacar jóvenes. Claro. El problema es que tenemos material para mucho más que eso. Lo del Córdoba ya no lo arregla nadie, pero Europa está a la vista y a esta plantilla no se le ha dejado volar hasta ahora. Esperemos que, esta vez sí, Montanier no cambie nada. O que lo haga, no sé qué opción escoger, este entrenador me confunde.

miércoles, noviembre 07, 2012

El problema al que se enfrenta Aperribay

Escuchó al presidente de la Real, Jokin Aperribay, hablar sobre la actual situación del equipo y el inmenso poso de decepción que se ha instalado (¿sin remedio?) y no puedo evitar sentirme reflejado en sus palabras. Pensamos igual en muchos aspectos. Ambos creemos que la Real tiene que ser un equipo ambicioso. Ambos, y esa frase me ha llegado al alma, pensamos que siempre hay que salir a ganar, no una vez porque toque después de cuatro derrotas seguidas y en cualquier campo. Entiendo, como él, que perder 2-0 contra un Segunda División no sólo es inaceptable sino también remontable en el partido de vuelta. Es verdad, coincidimos también en eso, que la Real hace frente ahora mismo a bajas importantes. Estamos totalmente de acuerdo en que el único problema del rendimiento de la Real en el campo no está solo en su entrenador. Y también que cambiar de entrenador no garantiza el éxito, que todavía me acuerdo la cara que se me quedó cuando Clemente sustituyó a Krauss o Lotina hizo lo propio con Bakero.

Comprendo perfectamente cómo se tiene que sentir Aperribay porque, insisto, no difiere mucho a cómo me siento yo. La única diferencia es que él es el presidente y, si los problemas se mantienen y no toma medidas, es muy posible que la gente le haga responsable, que se pase del "Montanier dimisión" de la pasada jornada a cánticos contra el palco. Pero los dos esperamos lo mismo del equipo. Él porque ha hecho muchas cosas bien para conformarlo, creo que eso hay que reconocérselo, y yo porque tengo mucha confianza en que esos aciertos puedan redundar en éxitos deportivos. Pero el problema que tiene Aperribay es que quienes tienen el poder de cambiar las cosas no tienen la misma ambición que el presidente. Son muchos los mensajes conformistas que han lanzado los jugadores, de palabra y de acto, e incontables si hablamos de Montanier. ¿Es el cese a Montanier la solución a los males de la Real? Obviamente no por sí solo, porque echarle obliga a acertar con el relevo. ¿Pero es necesario ese cese? Mi respuesta, para todo aquel que siga lo que he escrito de Montanier, es evidente. Por supuesto que es necesario que Montanier deje de ser el entrenador de la Real si lo que se busca es colmar ambiciones.

Al hacer pronósticos negativos sobre el equipo txuri urdin, los hago con el deseo de equivocarme porque la Real está por encima de todo, no me gustan sus derrotas y desde luego no las quiero para cargarme a nadie. Pero mi pronóstico se está cumpliendo. Esta temporada 2012-2013 está siendo calcada a la 2011-2012, con leves matices pero con resultados idénticos. No hay nada que padeciera la Real hace un año que no tenga su reflejo en el presente, y por eso, si nada cambia en la dirección del equipo, el pronóstico no puede ser otro que el de malvivir una campaña más en Primera, lejos de lo que se podría conseguir con lo que este club ofrece. Entiendo que el cálculo del Consejo de Administración del club fuera que habría una progresión desde la pasada segunda vuelta, pero yo la entendí como parte de un ciclo, no como un despegue hacia uno nuevo. Mantener a Montanier me parecía un error, y lo expresé. Mantenerlo ahora también, y lo digo. Comprendo al Consejo, insisto, que no quiere arriesgarse a un volantazo. Es respetable. Tanto como pensar que cada día que el francés siga en el banquillo es una pérdida de tiempo. Puede que salga bien esperar tres jornadas y un partido de Copa, como salió el año pasado en alguna medida. Pero igual dentro de un mes estamos en descenso, fuera de la Copa y con otro año perdido aunque al final se pueda salvar a medias.

Aperribay sueña con una Real que apueste con firmeza y sin miedo por los talentos de su cantera, en la que los fichajes foráneos marquen la diferencia, que luche con frecuencia por llegar a Europa, que haga de la Copa del Rey lo que ha sido siempre, la mejor oportunidad de ganar un título y de ofrecer noches épicas (¡cuánto le agradezco al presidente que haya hablado de una ahora muy complicada eliminatoria contra el Barcelona como un obstáculo posible de superar!). Pero Montanier no lo ve así. Montanier frena la ilusión. Lo hizo en verano cuando dijo que no entendía por qué se había disparado la euforia este verano. Lo hace en cada partido con decisiones muy difíciles de entender... y que él mismo nunca ha sabido explicar. Tampoco, por supuesto, parecen tener ambición algunos jugadores, y así lo dejan ver algunas veces en la sala de prensa, otras en el campo e incluso en ocasiones con su comportamiento lejos del césped. Pero recordemos que Prieto con Lasarte se creyó la posibilidad de ser internacional y Elustondo con Lillo que podía liderar el juego de la Real. Con Montanier pocos creen en algo. Y ese es el problema de Aperribay. Que su mensaje no encuentra el eco que merece. ¿Lo tendría sin Montanier? Si acierta en el relevo, sí.

martes, octubre 09, 2012

La gestión del banquillo

En la temporada del ascenso, por la imposibilidad de vender a los dos que pretendía traspasar para hacer caja, la Real se quedó tres porteros en su primera plantilla. Bravo era el titular. Riesgo y Zubikarai estaban condenados a no jugar. Luego la historia dio tantos giros gracias a las lesiones que los dos tuvieron muchos más minutos de los que hubieran pensado en agosto. Y los tres estuvieron a la altura. Para mí, la clave fue tener a todos los guardametas siempre vivos. Y eso que en un puesto tan especial como ese, no hay mucho margen. Pero Martín Lasarte consiguió el objetivo. Riesgo jugó en la Copa y se fue turnando con Zubikarai en las convocatorias, normalmente entrando de forma consecutiva en un partido en casa y en otro fuera para vivir las sensaciones únicas que da formar grupo. Por eso, Riesgo cumplió en los partidos que jugó y por eso Zubikarai fue decisivo en los últimos encuentros de Liga.

Retomo esa pequeña historia para argumentar lo importante que es una buena gestión del banquillo. Y la retomo porque es precisamente ahora, al acumularse las lesiones, cuando el banquillo tiene una especial importancia. Hace dos años, Lasarte cometió un error en ese campo: Agirretxe. Con Ifrán y Llorente con largas lesiones y con Tamudo encadenando largas rachas sin marcar, pudo tener más oportunidades. Quizá hubiera respondido tan bien como la pasada temporada y se hubieran sumado algunos puntos más que dieron una tranquilidad mayor. Montanier, que acertó dando minutos al de Usurbil, no es un especialista en este terreno. Sin pensar en lo que sucedió la pasada temporada con Llorente, Ifrán o Pardo, tiene ahora mismo a una serie de jugadores que atestiguan esta carencia. El problema no es, como se pinta desde algunos sitios, que en la Real tenga que jugar catorce para hacer sitio a todos los que querríamos que jugaran. No es un problema de nombres puntuales. El problema es que haya jugadores del primer equipo que se sientan desplazados. Ese es un riesgo en apariencia poco calculado por el técnico realista, que en los pocos partidos que llevamos de Liga se puede decir que afecta ya tanto a la Real como al Sanse.

La última muestra estuvo en el partido del Benito Villamarín. Montanier hizo solo dos cambios. En el banquillo se le quedaron Cadamuro, Ansotegi, José Ángel y Ros. A pesar de las lesiones, Ros no ha entrado en la dinámica del equipo. Aunque el lateral suplente que se lleva el francés no ha tenido minutos en el partido, Carlos Martínez solo ha ido convocado una vez, porque no había más jugadores, e incluso se quedó fuera de una lista en la que Montanier solo tenía 17 jugadores del primer equipo. Incluso con bastantes jugadores de baja en la línea atacante, Ifrán no ha sido titular en ningún partido, sólo ha jugado 37 minutos en tres partidos (doce minutos de media) y se ha quedado fuera de dos convocatorias. Todo el equipo ha rotado salvo el lateral izquierdo, donde hay un fichaje de este veranos y Montanier tiene fijo a De la Bella, sustituido la pasada temporada en muchos partidos por un central, Cadamuro. José Ángel, como otros, solo juega fuera de su puesto. A Elustondo le fuerza para jugar, y no se sabe si eso agravó la fascitis plantar que sufre, pero con Pardo no se aceleran los plazos, marcando una diferencia. Y del filial sólo ha llamado a dos jugadores que, dicen los que ven al equipo, no son titulares ni sus elementos más destacados.

Son muchos los casos en los que la gestión del banquillo (y del papel del Sanse como surtidor de jugadores para la Real) queda en el centro del debate como para no pensar en la explicación más evidente, que el entrenador tiene seleccionado un grupo de catorce jugadores que van a ser siempre que se pueda los que jueguen y los que cuenten en las rotaciones. No es una opción mala en sí misma, no pretendo censurar que el entrenador escoja un once y tres o cuatro reservas habituales. Al contrario, en determinadas circunstancias, me parece una elección de lo más raciones y recomendable. Pero tiene un peligro y es precisamente al que va a afrontar la Real ahora con varios de esos escogidos fuera del escenario. Con la plaga de lesiones, y cercana ya alguna sanción (sin contar eventuales expulsiones), van a tener que jugar muchos minutos jugadores no habituales. De momento, ya tenemos una consecuencia de este fenómeno y es que, con las bajas, las listas de Montanier suelen estar bastantes desequilibradas. Eso cuesta puntos. En Sevilla, ante la necesidad de delanteros, sobraron defensores y por eso el francés no agotó los cambios.

Para mí Bravo, Zurutuza y Agirretxe son claves en la Real. Parece que para Montanier también, aunque en el caso del delantero haya que abrir un amplio paréntesis en el papel que el galo le viene dando cuando se juega lejos de Anoeta. Pero yo creo que la Real tiene jugadores y soluciones tácticas sobradas como para sustituirles. Sinceramente lo creo. Como creo que sólo se echa verdaderamente en falta, a largo plazo, a un delantero centro de cifras goleadoras estratosféricas. Todo lo demás es solucionable, con lo que hay en la Real... y he de suponer que con lo que hay en el Sanse, porque el filial siempre ha servido para eso y ha respondido admirablemente a lo largo de la historia. Pero al jugador hay que mantenerlo vivo. Y no sé si jugadores como Carlos Martínez, Ifrán o Ros están recibiendo un trato justo en función de las oportunidades que ha habido ya como para que tengan un papel más importante. No me refiero a titularidades indiscutibles o preferencias personales, no. Me refiero a gestionar adecuadamente a todos los integrantes de la plantilla y sus estados de forma. Si llega su momento, comprobaremos si les pasa factura la gestión del banquillo que ha hecho Montanier hasta ahora.

martes, septiembre 25, 2012

Tregua por derbi

La temporada ha empezado tal y como pensaba que iba a empezar y cada vez estoy más convencido de que terminará tal y como la he imaginado. No hay demasiados sorpresas para mí en este arranque liguero. Si acaso, el papel protagonista que ha adquirido Markel Bergara, con el que no contaba para nada y que arranco incluso antes de la lesión de Elustondo. Por lo demás, estas cinco jornadas de la segunda Real de Montanier desprenden las mismas sensaciones que las 38 de su primera temporada en el banquillo txuri urdin. Y serán las mismas de todas las que sigan teniéndole como entrenador de la Real, sean las 33 que faltan para el final de la Liga, menos si por algún avatar de la competición es cesado o más si se mejora, por mínimamente que sea, y es incluso renovado. Esta es la Real de Montanier y ya todos sabemos cómo es. Y en el fondo, aun con ganas de mantener muy vivo el espíritu crítico, me planteo si conseguimos algo dándole más vueltas a las evidentes flaquezas de su trabajo o las anheladas posibilidades de mejora que no van a llegar.

Es una situación que me entristece porque siento que la Real está en una posición inmejorable para hacer cosas importantes, con una plantilla que atesore enormes posibilidades y una edad en sus jugadores que hace pensar en un futuro dorado. Y por más cosas. No me gustó cómo llegó Aperribay a la Presidencia del club, pero ha conseguido cambiar radicalmente mi opinión sobre él. Lo ha hecho con su trabajo y con algunas decisiones valientes y de gran calado para la Real, cuestiones por las que no puedo más que aplaudirle, desde su política de renovaciones hasta la firmeza en la defensa de los derechos del club ante el chantaje de Mediapro. No comulgo con algunos movimientos de Loren, pero no sólo ha hecho algunas cosas bien, sino que este verano ha hecho un trabajo fantástico, fichando bien, barato y en los puestos en los que se veían carencias. Sólo le ha faltado para ser perfecto, y creo que no es culpa suya sino de la falta de sinceridad del entrenador, que Ifrán saliera cedido para no amargarle la vida al uruguayo otro año más. Pero el trabajo de ambos se ve entorpecido por la nula ambición de Montanier, ya dijo que no entendía la euforia de los aficionados y ahora vemos por qué, y los grandes agujeros negros en su labor.

Sin embargo, creo aconsejable que haya una tregua. Por mi parte, desde luego, ya está en vigor. No seré yo quien juzgue a lo largo de esta semana el trabajo del entrenador, ni sus métodos, ni sus deficiencias, ni sus entrenamientos, ni siquiera su convocatoria. No voy a ser quien desee una debacle de la Real el próximo sábado ni quien dé por buena una derrota (¡eso nunca y bajo ninguna circunstancia!) si con eso se consigue, que no creo que fuera el caso, el cese del entrenador. El motivo es más que evidente: llega el derbi. No entendería que Anoeta hiciera de Montanier el protagonista del derbi mientras haya un partido en juego. Porque con el balón en marcha y el marcador incierto, cuenta mucho más la Real que Montanier. Cuenta mucho más la necesidad de ganar al Athletic (por honor, por orgullo y por muchas más razones) que el desafecto que podamos sentir por el actual técnico txuri urdin. Cuenta más respetar el alma de la Real que hacer justicia con los méritos de su entrenador. No hablo de censurar las críticas, no. Hablo de posponerlas porque esta semana ya no van a tener ningún efecto más. Todos hemos dicho lo que teníamos que decir. Y ahora toca aferrarnos a los aspectos más emocionales de ser de la Real.

Como se ha hecho de los duelos contra el Barcelona y el Real Madrid partidos que no son de nuestra Liga, eso convierte el partido del sábado, independientemente de las opiniones que podamos tener cada de nosotros, en el más importante de la temporada. Afrontémoslo como tal. Sin concesiones al rival en forma de censura al rendimiento o al trabajo de los nuestros. Que las críticas, que no pueden ser nuevas porque los síntomas están ya muy enquistados, esperen unos días. Y juzguemos después del derbi. Incluso inmediatamente después en la forma en que sea necesaria para que quede claro el sentir de la afición. Yo seré el primero en entonar un "Montanier dimisión" si claudicamos en el derbi. Pero que el Athletic vuelva a tener miedo de Anoeta. Que sienta que está en un territorio hostil en el que no gustan sus operaciones para quitarnos jugadores de cualquier edad y condición. Que padezca las ansias de revancha, siempre deportiva, por el trato que recibió la afición en San Mamés la temporada pasada. Que comprenda que nuestros jugadores quieren vestir la camiseta txuri urdin y no la rojiblanca aunque la Real no pueda igualar los salarios que pagan al otro lado de la autopista. Y que acaben rendidos ante un equipo que puede y quiere ser mejor.

Una tregua por el derbi. Al menos de una semana. Montanier, ahí la tienes. Me cuesta, porque creo que el equipo lleva un camino equivocado y criticable, pero ahí la tienes. Haz lo que quieras, que yo hasta después de ver cómo sale el partido contra el Athletic ya no pienso abrir la boca para censurar nada de lo que hagas. Pero gana el maldito derbi, sin excusas, prepara de una vez al equipo para que sólo valga ganar, que los dos duelos contra los bilbaínos de la temporada pasada todavía me duelen en el corazón.

lunes, septiembre 10, 2012

Illarra pone en evidencia a Montanier

El partidazo de Illarramendi con la selección española sub-21 ha puesto en evidencia a Montanier. Así de claro. Y lo explico. El técnico francés siempre ha encontrado argumentos, compartidos o no (y generalmente no, porque las explicaciones no son el fuerte del francés), para justificar algunas de las decisiones que menos ha entendido la afición txuri urdin. Desde la suplencia de Pardo a la insistencia en el 4-3-3, pasando por el ostracismo de Llorente e Ifrán (el del uruguayo todavía continúa), los cambios tardíos o su apuesta por Elustondo o Markel. Como vivimos en un país en el que no se habla de otra cosa que del Real Madrid o del Barcelona, si acaso algún que otro día de la selección, las críticas que escucha Montanier proceden todas del ámbito txuri urdin. Fuera a veces nos miran con extrañeza, porque ven que la Real se salvó el año pasado con holgura y piensan que pedimos demasiado. Y esas críticas las ha despachado ya desde la pretemporada el entrenador galo diciendo que la minoría silenciosa de Anoeta es la que está contenta.

¿Pero qué sucede cuando algo pasa con los realistas fuera de su entorno? Los tres primeros partidos de Llorente en Osasuna fueron un aviso en este sentido. El delantero, todavía con contrato en vigor con la Real, sólo ha necesitado tres partidos para demostrar que tiene fuerza, que tiene garra y que tiene gol después de la gravísima lesión que sufrió hace dos temporadas. Y, ojo, lo ha demostrado en un Osasuna que va colista y ha perdido sus tres partidos. Pero él ya ha marcado un gol, ha dado un larguero y ha provocado un penalti no pitado. Puede que no esté para jugar los 90 minutos todas las semanas, y de hecho ha sido sustituido por Mendilibar en los tres encuentros, pero sin duda era y es un jugador mucho más válido de lo que nos quiso hacer creer Montanier durante toda la pasada temporada. Y quizá con ese ritmo de juego que le va a dar Mendilibar acabe pareciéndose al mejor Joseba. Eso lo sabremos en la segunda vuelta.

Ahora resulta que Illarramendi es titular, al menos lo ha sido en este último encuentro ante Croacia, con la selección sub-21. Y juega de cuatro, esa posición en la que Montanier apenas le puso un par de encuentros de la temporada pasada, antes de que las lesiones le apartaran del equipo y el francés entregara a Elustondo ese puesto en el equipo. Resulta que Illarra hace un partido formidable y España gana 6-0. Resulta que en Twitter está la gente revolucionada con él. Resulta que le empiezan a considerar el sucesor de Xabi Alonso. Y resulta que todo esto sucede después de jugar un solo partido que haya podido ver el aficionado no realista en una posición en la que Montanier se resiste a utilizarle. Prefiere a Elustondo. Pero es que también prefiere a Markel. Los que no formamos parte de la minoría silenciosa pensamos que Illarra puede rendir de cuatro mucho mejor que sus dos compañeros de equipo, sin duda mucho mejor de lo que lo está haciendo él mismo jugando por delante (e Illarra ya ha reconocido que no está contento con el rendimiento que está dando ahí).

Montanier no lo ve así. Totalmente respetable, que para eso es el entrenador y en cuestión de nombres es difícil entrar. Lo malo es cuando te das cuenta de que la de Illarra no es la única situación que puede levantar recelos sobre la capacidad de Montanier para encontrar el mejor lugar a los suyos. O cuando te das cuenta de que los hechos responden con contundencia a su tozudez de no probar cosas que podrían salirle bien (¿recordamos la tarde en la que el equipo puso a todos sus delanteros sobre el campo? Seguro que en Málaga sí se acuerdan). Toda vez que la explicación oficial de la salida de Mariga de la Real fue económica (ahorrarse el coste de una cesión cara por un jugador discutido), no dejo de preguntarme si el keniata seguiría jugando hoy en la Real. Puede parecer un chiste, pero lo cierto es que me lo planteo. Y casi estoy convencido de que Montanier seguiría contando con él. Su caso ya puso en evidencia la capacidad del entrenador realista para comprender lo que tiene en el vestuario y cómo gestionarlo. Pero lo de Illarra, a poco que se consolide en la selección sub-21, acabará clamando al cielo fuera de nuestro ámbito también. Y la gente se acabará preguntando por qué ese jugador tan deslumbrante cuando viste de rojo no es el líder del fútbol de su equipo cuando lleva la txuri urdin.

Ya expresé hace tiempo mi convencimiento de que Montanier era parcialmente responsable de que Illarra fuera el descartado de la lista para los Juegos Olímpicos, por no haberle sabido explotar donde creo que ya estaría consagrado como uno de los mejores centrocampistas de la Liga. Las lesiones, obviamente, truncaron su temporada, pero en la segunda vuelta, ya recuperado, no jugó de cuatro. Ojalá que la tozudez del técnico galo no se lleve por delante la progresión de este excepcional futbolista. Y, ya que estamos, ojalá algún día podamos ver ese centro del campo que tercamente nos escamoteó Montanier durante toda la temporada pasada, el formado por Illarra, Pardo y Zurutuza. Este fin de semana tiene la primera ocasión de alinear a estos tres jugadores juntos por primera vez. ¿Lo hará? Obviamente, no lo creo. Y, así, seguiremos perdiendo un tiempo que a lo mejor los grandes dejan de darnos algún día de estos. Que Madrid y Barça no son tontos.

miércoles, septiembre 05, 2012

Un escenario previsible

Las tres primeras jornadas de Liga han dibujado para la Real un escenario bastante previsible hace algunas semanas. Sigo convencido de que la plantilla de la Real tiene mucha más capacidad de lo que muestra, de que tiene un amplio margen de mejora. Y sigo convencido de que su entrenador, Philippe Montanier, no. No es una cuestión de culparle de todo lo negativo que acontece en torno a los resultados del equipo txuri urdin, porque no sería justo ni tampoco razonado, pero ya es evidente que el técnico francés va a seguir la misma línea de la pasada temporada, ojalá que sin tantos sobresaltos negativos como dio la primera vuelta, pero probablemente con resultados similares. Hace casi dos meses, recién empezada la pretemporada, detallé los que para mí eran los retos esenciales de Montanier de cara a su segunda temporada en la Real. Hoy, pasados esos dos meses, esos mismos retos siguen encima de la mesa, sin que se hayan apreciado mejoras en ninguno de los apartados que mencioné. Y siento que dentro de otros dos meses seguirán ahí.

La Real no defiende mejor de lo que lo hacía la pasada temporada, aunque es verdad que le falta un Iñigo Martínez que presumiblemente debutará la próxima jornada. La posición de sus centrocampistas sigue dando que hablar, y Montanier no parece haber encontrado el lugar, la táctica y los compañeros con los que cada uno de los jugadores de esa línea podrían rendir mejor. Ifrán sigue siendo un delantero que, a día de hoy, cuenta con oportunidades marginales, e incluso José Ángel ha jugado en las posiciones de ataque antes que él. Los laterales siguen siendo un punto débil del equipo, y Carlos Martínez y el mencionado José Ángel aún no han disputado un solo minuto en ese puesto. La estrategia se mantiene como una asignatura más que pendiente, con nada en el plano ofensivo y un gol ya encajado, precisamente ante un equipo, el Barcelona, que no se distingue por su poderío en esa faceta del juego. Y a eso hay que sumar que las prestaciones del equipo fuera de casa siguen siendo insuficientes para ganar.

¿Son estos motivos para lanzar mensajes catastrofistas cuando sólo se han jugado tres jornadas? Evidentemente no. Quedan 35 partidos por jugarse, 105 puntos en juego, y la situación no es en absoluto desesperada, como sí llegó a serlo en algún momento de la temporada pasada. ¿Momento para hacer análisis? Siempre, diría yo. Evidentemente, los análisis de la jornada 3 no pueden ser los mismos que los de la 35, pero sería un grave error que eludiéramos valorar y estudiar lo que ofrece cada semana el equipo pensando en una hipotética mejora que, es una obviedad pero hay que decirla, podría no llegar. Por eso, además de lo que se ve sobre el césped, me preocupa que las explicaciones de Montanier sean lugares comunes y frases hechas. "Es una pena", "no ha podido ser", "sabíamos que no era fácil jugar aquí", "hemos tenido muchas acciones pero sin llegar a rematar". No, no creo que ese sea el camino.

La Real tiene suficiente calidad arriba, muy buenos mimbres en el centro del campo y aspectos más que positivos en su defensa (contando a Bravo, que siempre da algún punto en la temporada) como para pensar en ganar partidos y aspirar a más en la clasificación. Lo que sucede, lo que tendría que inquietar, es precisamente la mezcla de esta optimista definición de la plantilla con los anteriores problemas citados. La Real 2012-2013 es un evidente reflejo de la 2011-2012. Pero no un reflejo entendido como progreso desde una base común, sino como continuidad absoluta en sus resultados. Deja las mismas sensaciones debido a que padece los mismos problemas. Y las soluciones siguen sin aparecer. Anoeta no es una panacea en sí misma y no puede servir de coartada a cada deficiente actuación como visitante. La Real fallará en casa en algún momento, se encontrará con un rival mejor o más afortunado y se dejará partidos, y entonces puntuar fuera de casa será una obligación para no sufrir como en la primera vuelta de la temporada pasada. Y entonces podrían venir las prisas, los nervios, los "ya lo sabía yo". ¿Por qué esperar a que eso suceda con los brazos cruzados o con los ojos cerrados?