martes, septiembre 06, 2016

Por un homenaje a Darko Kovacevic

Darko Kovacevic.
El pasado día 1 se cumplieron 20 años del debut de Darko Kovacevic con la camiseta de la Real, en un 1-0 ante el Sevilla en Anoeta en el que dio la asistencia del gol del triunfo a Andoni Imaz. Este miércoles, día 7, el día en el que la misma Real Sociedad cumple 107 años de vida, se cumplen otros veinte años del primer gol que el serbio hizo vistiendo la camiseta txuri urdin, también otro 0-1, este en Mestalla. Fue la primera vez que la afición realista vio a Kovacevic hacer el avioncito en la celebración que después repitió tantas y tantas veces. Después de ese tanto llegaron 106 más, hasta un total de 107. Después de esos dos primeros y significativos partidos cuyo aniversario ahora podemos recordar y celebrar, llegaron 284 más, hasta alcanzar los 286.

Pocos seguidores realistas discreparán ante la afirmación de que Kovacevic fue protagonista esencial de dos de los tres últimos grandes equipos txuri urdin, el que rozó la Champions League en la temporada 1997-1998, cuando sólo eran dos los clasificados para la máxima competición continental, y el que estuvo tan cerca de dar al club su tercera Liga en la 2002-2003. Nadie puede negar que estamos ante el jugador extranjero más adorado de la historia del club, uno de una trascendencia capital en la filosofía del club. Es el que más partidos ha jugado y el que más goles ha marcado. Es, por derecho propio, historia de la Real, por ejemplo convirtiéndose en el autor del primer gol que la Real hizo en la Champions League.

Y sin embargo, Kovacevic sigue sin recibir homenaje alguno por parte de la Real. Estos dos vigésimos aniversarios de los que se hablaba al comienzo de estas líneas se convierten en una oportunidad perdida más para devolverle una parte de lo que nos dio. Darko dejó la Real sin que el club le dijera que no contaba con él, a pesar de que, eso sí tras su peor temporada, se ofreciera a jugar en Segunda para devolver al equipo al lugar del que nunca debió salir. Dijo sentirse “tratado como una bolsa de basura” por el mismo club que tanto defendió, y esa frase duele a cualquier realista. Se fue a Olimpiakos y allí, tras detectácarsele en 2009 un problema cardiaco, se retiró del mundo del fútbol con honores de leyenda. Lo es más de la Real que de Olimpiakos, pero la pleitesía pública se la pudieron demostrar en Atenas, no en Donostia.

Aquí, sin que sepamos en realidad si hay algún motivo, no hemos tenido esa oportunidad. Anoeta homenajeó en el minuto 9 del primer partido de la presente Liga a Dalian Atkinson, recientemente fallecido. En la temporada 2014-2015, en el descanso del encuentro ante el Espanyol, el gran John Aldridge tuvo la opción de saltar al césped de Anoeta para recibir el calor de la afición realista. Son sólo dos ejemplos de celebración en txuri urdin que todo el mundo aplaude. Pero Kovacevic no ha vivido ese momento. Su último instante de gloria en Anoeta fue cuando, a falta de cuatro jornadas para el final de la temporada 2006-2007, hizo un gol importantístimo ante el Celta, el que permitió empatar un partido que en la primera parte olía a sentencia de descenso y que el corazón txuri urdin del serbio, el mismo que exprimió al máximo hasta que ya no le dejó seguir jugando al fútbol, guió hasta la remontada. Fue el último de esos 107 goles que hizo en este equipo. Fue el último gran aplauso que recibió de su gente.

Ya es hora de que todos los que somos la Real le demos las gracias a este serbio que se convirtió en uno de los nuestros por todo lo que nos hizo disfrutar en las nueve temporada en las que defendió nuestros colores con pasión, con calidad y con goles. Nunca es tarde si la dicha es buena, dice el saber popular, pero cada día que pasa es un poco más tarde. Darko merece ese homenaje. Anoeta lo quiere. La Real lo necesita. Ojalá sea una realidad lo más pronto posible.