Parecía que esta iba a ser una temporada maravillosa para Jokin Aperribay, sin problemas ni sobresaltos. Hace ya tiempo que el club vive en una placidez económica notable y que las convulsiones en lo social son escasamente movidas, quizá con más eco en las redes sociales que en la misma realidad. En 2017 fue reelegido para un nuevo mandato de cinco años son oposición alguna, y de puertas hacia fuera lo único que puede sobresaltar es el rumor de vez en cuando escuchado de que él mismo quiera poner fin a su etapa en la Presidencia de la Real. El Reale Arena iba a ser una realidad completa y definitiva este año y el rendimiento deportivo del equipo era maravilloso. Aperribay tenía ya la fotografía de la final de Copa y todo marchaba viento en popa. Y llegó la pandemia para darle al presidente sustos que ni esperaba tener que afrontar.
De repente, las imágenes más bonitas de la temporada se difuminaban sin que a él le quedara demasiado margen de maniobra. La final de Copa se convirtió en una patata caliente que, de hecho, llenó las redes sociales durante el tiempo en el que no tuvimos fútbol, lo que amplificó la magnitud de este asunto. ¿Final ya sin público o final la próxima temporada para intentar que hubiera público? Aperribay jugó un tanto al despiste, como en realidad también se hizo desde el otro lado de la A-8, hasta que finalmente se optó por intentar jugar cuando las gradas pudieran tener presencia de aficionados, y además sin grandes declaraciones públicas ni ruedas de prensa. Eso ha hecho que, por ahora, la única foto que tengamos de la final sea la de los dos presidentes con la Copa y el máximo mandatario de la Federación, Luis Rubiales. Lo curioso es que nunca sabremos qué habría sido lo mejor a nivel deportivo, pero la apuesta de la Real fue por la gente.
Aperribay no dio demasiadas explicaciones públicas de este tema, sigue sin gustarle demasiado ser el centro de atención de las cámaras, y es verdad que en ocasiones eso puede interpretarse como una desaparición en la práctica que no convence a todos. Sucedió lo mismo con el tramo arbitral más dañino para la Real después del confinamiento, episodios prolongados que quizá exigieron de una crítica pública más contundente por parte del club. Su arranque de furia en el descanso del partido en Anoeta ante el Granada, en el que según el colegiado Martínez Munuera relató que le dijo "¡esto es una vergüenza, estamos siempre igual!" y que le costó una de estas ridículas sanciones que vemos de vez en cuando de tres partidos, demostró que compartía el sentir general del aficionado sobre cómo los trencillas estaban tratando al equipo. Sin embargo, optó por otra vía, la de protestar en silencio, sin publicidad. ¿Sirvió? Solo Aperribay lo sabrá en realidad, pero las sensaciones desde fuera no son demasiado positivas en este sentido.
Y es una pena ese pequeño debe del presidente, que quizá tendría que estudiar para no quedarse solo en las apariciones que hace en entrevistas puntuales o las ruedas de prensa habituales, las de presentaciones o despedidas, porque Aperribay ha llevado a la Real a un terreno en el que tiene que sentir mucho más respeto del que a veces parece que obtiene. El club es referente en casi todo, cuida como pocos el aspecto social de su ser, y ha dado sobradas muestras de compromiso. Las viñetas de Marrazketabar con las que la Real cubrió los fondos de Anoeta en los partidos de la reanudación, homenaje directo a todos los profesionales que han sostenido al país durante el confinamiento, son una buena muestra de ello. Como que la Real fuera uno de los primeros clubes en reaccionar al fútbol sin público y anunciara una rebaja del precio de los abonos. O la manera en la que ha desarrollado sus comunicaciones en redes sociales para formar parte de ese amplio grupo de colectivos que entretuvieron a la gente en sus horas perdidas de la pandemia, hasta con aquel glorioso torneo de FIFA 20 que seguimos en directo para ver a Isak ganando a Januzaj en la final.
¿Qué tiene que ver esto con la gestión de Aperribay? Puede que nada, y puede que mucho. Si podemos dedicarnos a hablar de anécdotas de este estilo es porque lo importante está muy bien llevado. Aperribay ha cumplido el profético sueño de Zurutuza (aquel mítico "Aperri, quita las pistas" que entonó en la fiesta del ascenso de 2010), ha convertido Anoeta, a falta de los retoques finales que ha impedido el coronavirus, en el estadio que nos merecíamos todos los realistas, ha traído una estabilidad económica sin precedentes, ha conseguido que las relaciones con otros clubes pasen por momentos dulces, ha encontrado el modelo deportivo soñado y que es verdad que el fútbol profesional hace muy difícil mantener sin cambios y en general ha convertido a la Real en un club sin tacha a todos los niveles. Podrá gustarnos más o menos su forma de aparecer en público, pero no se puede negar la evidencia de que los sustos que ha sufrido no empañan uno de los cursos más exitosos en la trayectoria de Aperribay en el club.
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sábado, julio 25, 2020
sábado, mayo 26, 2018
RESUMEN DE LA TEMPORADA 2017-2018 (6) El intenso curso del reelegido Aperribay
Es francamente difícil saber qué
puede pasarle por la cabeza al presidente de la Real, Jokin Aperribay, después
de una temporada como la que ahora finaliza. En su pretemporada, el escenario
era inmejorable. La Real estaba en Europa, la posición del club era más
ambiciosa que nunca y se hablaba de volver a ser campeones, económicamente la
fortaleza era innegable, el gran sueño del presidente de reformar Anoeta
parecía ya imparable y para colmo el arranque ligero fue tan perfecto que hasta
los más escépticos se pudieron plantear si las cosas iban a salir a las mil
maravillas. Pero todo lo que le pudo salir mal a Aperribay a partir de ese
momento, le salió incluso peor. Menos mal que la estructura de Anoeta fue
cayendo para dar paso a esa ilusión que durante tanto tiempo ha perseguido,
porque de no haber sido así la figura del presidente podría haber quedado en
muy mal lugar en la temporada en la que seguramente ni se le hubiera pasado
por la cabeza que iba a vivir con tanto sufrimiento.
Lógicamente, lo deportivo manda incluso para juzgar lo que sucede en los despachos. Hablamos de un club de fútbol, no hay otra forma de verlo. Y ahí, hay que reconocer que Aperribay tuvo la suerte de acertar en el tramo final de la temporada, porque la ola de ilusión generada por Imanol ha frenado muchos descontentos. Podremos discutir si se acierta devolviéndole al Sanse, como en realidad es deseo del técnico, pero eso es una cuestión que dependerá mucho del éxito o el de fracaso de su sucesor en el banquillo, Asier Gartiano. La gestión de la despedida de Xabi Prieto, por discutible que pueda resultar la cuestión de la sustitución del escudo, también ha jugado a su favor. A las leyendas se las despide como lo que son, y la Real lo está haciendo. No es poca cosa, sobre todo si tenemos en cuenta que se han roto varias de las líneas rojas que a Aperribay le ha costado tanto mantener. E incluso ha tenido que dar algún volantazo bastante radical para lo que estamos acostumbrados. Lo que sí es evidente es que al presidente realista hay que juzgarlo por los hechos y no tanto por sus palabras, en algunas ocasiones huidas hacia adelante poco defendibles.
Si la temporada hubiera terminado peor, a Aperribay le hubiera perseguido durante mucho tiempo el deseo expresado en público de que Eusebio continuara muchos años en la Real pocos días antes de destituirle. La paciencia con el técnico, cuando los síntomas de deterioro era tan claros, queda como el gran error de la temporada. Si Imanol, con solo nueve partidos por delante, pudo reavivar la llama europea apagada en realidad con los terribles dos primeros tercios del campeonato, qué no habría hecho en Liga y Europa League de haber tenido tiempo. Y la defensa a ultranza de su director deportivo, Loren Juarros, contrastó con la recuperación de Roberto Olabe para sucederle apenas unos meses después de que el ex portero saliera del club precisamente porque la presencia de Loren era un obstáculo insalvable en su idea de modernizar el club. Técnico y director deportivo cayeron el mismo día, en una jornada inusitada para el presidente, y sin que ninguno de los dos diera la cara en rueda de prensa para despedirse.
Puede que, con todo, lo más difícil para Aperribay haya sido la marcha de Iñigo Martínez al Athletic. Uno de sus grandes logros al frente de la entidad, uno que no ha perdido valor, no nos engañemos, es que ha sido capaz de frenar los cantos de sirena desde el otro lado de la A-8. El Athletic ha tocado lo tocable y lo intocable, y lleva años pinchando en hueso. Aperribay ha construido una Real en la que tiene mucha importancia la cantera, incluso en una temporada en la que los foráneos han tenido una presencia más importante que la de años anteriores. El canterano juega en la Real porque así lo desea. El club no puede llegar a las cifras monetarias del vecino, pero ofrece algo más. Esa labor tiene mérito, por mucho que luego surjan jugadores que enmascaren sus ambiciones económicas en argumentos de anhelos deportivos que el fútbol niega. Pero sí, la marcha de Iñigo le hizo mucho daño a Aperribay, por mucho que supiera aprovechar el fervor txuri urdin que generó su huida por ejemplo renovando a Elustondo, uno que sí valora el escudo que lleva. Y apostando, porque es obvio que hay que hacerlo ante el depredador natural de la Real, por cláusulas anti-Athletic.
Toda la tranquilidad que tuvo Aperribay en materia deportiva, excesiva a todas luces en el mantenimiento del técnico, contrastó con la rápida respuesta ante problemas de calado que también ensombrecieron la temporada. Adidas falló por última vez a la Real con una camiseta polémica que multiplicó las rayas como nunca a lo largo de la historia de la Real, y el presidente respondió cerrando la segunda etapa de la multinacional vistiendo al club y anunciando el cambio de marca deportiva para el próximo curso. Qbao tiñó de vergüenza el patrocinio de la camiseta, y la Real tuvo reflejos para eliminar su presencia, favor incluido de un Leganés que se ha ganado la admiración de todos, e incluso encontrar un nuevo patrocinador con el que terminar la temporada. Y, también hay que decirlo, acertó dando al equipo femenino la oportunidad de jugar el último partido del ya viejo Anoeta antes de que su anhelada remodelacion, de lo que más orgulloso estará Aperribay con diferencia, le comenzara a dar el aspecto qué lucirá la próxima temporada.
Y además, el presidente fue reelegido sin oposición, producto del ya conocido control de facto que tiene entre el accionariado y con una ausencia total de oposición, algo que, todo sea dicho, es tradición en el club. No hay que pasar por alto esta cuestión, porque en no pocos mentideros se hablaba de que, una vez puesta en marcha la reforma de Anoeta, el presidente daría un paso a un lado. No lo hizo y tiene ante sí un nuevo mandato de cinco años. Desde luego, ha sido un año realmente intenso para Aperribay, uno de luces y sombras. Y en general las sombras se las ha dado el césped y las luces los despachos.
jueves, mayo 19, 2016
RESUMEN DE LA TEMPORADA (4) Un plan deportivo con dudas
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| Aperribay y Loren, en la presentación de Bruma. |
A la Real, en ese sentido, le falta autocrítica. Da la impresión de que todo vale. De que no pasa nada por no cubrir las expectativas despertadas. Y de que a la Real le falta un mando contundente que corte de raíz el conformismo que de vez en cuando se instala en el entorno. ¿Un ejemplo? Parece absurdo que el Director Deportivo quiera luchar por Europa y el fichaje estrella de esta temporada, Illarramendi, emblema además de la cantera realista, diga después de una buena racha del equipo que les ha perjudicado que se vuelva a hablar de Europa. ¿Otro? La forma en la que el propio presidente de la entidad quedó desautorizado cuando hablaba del compromiso de Vela con el club, después de una temporada lamentable, cuando el mexicano decidió abandonar el estadio en mitad del encuentro ante el Rayo Vallecano después de ser sustituido en el descanso. Pero eso es sólo un síntoma de muchas decisiones que han resultado sorprendentes o que, sencillamente, han salido mal.
No se puede negar que el Consejo, y con él la Dirección Deportiva, han hecho algunas cosas bien. A pesar del desánimo general y de la lícita desilusión que se ha venido generando, no se pueden obviar hechos como que el equipo ha estado dos veces en Europa tras el ascenso, que se han logrado renovaciones importantes (la última, la de Iñigo Martínez), que han llegado jugadores de nivel que sí han dado resultado (el propio Vela o Rulli) y que se ha frenado la sangría de jugadores que han cruzado la A-8 en dirección a Bilbao. Por algo será. Por supuesto, habrá quien crea que eso se debe a que los jugadores viven en la Real en un escenario de comodidad derivado de esa ausencia de autocrítica y de consecuencias cuando no se está en el lugar que corresponde. Perfectamente lícito. Y quién sabe si con más razón que quienes atienden sólo al hecho concreto. Pero la Real tiene una base más que interesante, aunque tenga unos agujeros que tapar.
Y es que hay gestiones del club, en concreto de su Dirección Deportiva que resultan difíciles de entender, sobre todo porque en la Real no suelen darse demasiadas explicaciones ni tampoco se suelen asumir muchas responsabilidades, y quizá ahí tendría que empezar el cambio. Por ejemplo, no es fácil asimilar que la Real haya gastado casi veinte millones de euros en el fichaje de tres delanteros centro que han fracasado, Seferovic, Fiunnbogason y Jonathas, y a ver si el tercero logra vestir la camiseta realista en una segunda temporada, cuando en casa tenían a un Agirretxe siempre tapado de inicio y siempre con mejores cifras goleadoras. Tampoco que la Real lleve tantos años sin conseguir que un portero de cantera destaque, incluso frenando trayectorias de guardametas de los que venimos oyendo hablar durante años y que ni siquiera llegan a tener una oportunidad en el primer equipo. O incluso con la gestión del talento que llega desde el Sanse y el juvenil, equipos que llevan tiempo dando un resultado espléndido mientras luchan contra gigantes económicos y con redes de ojeadores de carácter mundial.
Sobra decir que es la cantera lo que más felicidad ha dado en este decepcionante curso. Pero es interesante ver que los chavales que más protagonismo han tenido han sido, precisamente, los que no recibieron dorsal del primer equipo, decisión que, en teoría, toman al alimón entre el técnico y el director deportivo. En el caso de Oyarzabal o Bautista es algo razonable, por supuesto, porque son irrupciones que llegan cuando llegan. Pero Elustondo bien podría haber subido al primer equipo tras haber debutado ya con Moyes en la 2014-2015, y no lo hizo. Se dio dorsal de la primera plantilla, en cambio, a jugadores con los que no se contaba. El caso más evidente es el de Oyarzun, pero también se puede citar a Héctor, dos futbolistas que han sido un relleno innecesario. ¿Subieron sólo porque no se les pudo colocar en verano como a Hervías o por presumir de cantera con cifras infladas? Gaztañaga o Ros son nombres que completan lo que ya es una peligrosa tendencia. Si Zubieta se convierte en una cuota, malo. Zubieta tiene que nutrir a la Real, pero con jugadores que sean válidos. Si no lo son, o la Dirección Deportiva no los ve así, puerta. Porque sólo con esa base fiable de cantera se puede lograr que el equipo crezca con fichajes de calidad.
La Real, obviamente, se propone ser un equipo con base de cantera, y sobre ella Aperribay quiere construir una Real grande. Sus planes sobre Anoeta, que empiezan a eternizarse peligrosamente, son un claro ejemplo. El presidente tiene toda la razón al hablar de la necesidad de un nuevo campo. Y no sólo desde un punto de vista empresarial y económico, sino también deportivo. No hay que más que ver los puntos que Anoeta no gana y que Atotxa sí le daba a la Real. La comodidad de las pistas de atletismo para árbitros y rivales se siente. Y el salto exponencial que dio la Real en su número de socios con el paso a Anoeta, podría repetirse con esta obra. Pero esta temporada da la impresión de que el club ha estado muy centrado en lo económico, en lo institucional, y se ha olvidado en buena medida de lo social, de cuidar al socio, y sobre todo de lo deportivo. Ha habido satisfacción en cómo se ha preparado la temporada durante el verano, y no se ha velado por que ese trabajo previo desembocara en el resultado adecuado durante el curso. Quizá esto sea más responsabilidad de Loren que de Aperribay, pero estos siempre han defendido un trabajo conjunto y por tanto ambos tienen su cuota de responsabilidad.
Por supuesto, la Real tiene que velar por lo bueno que tiene. Necesita una transparencia que dé confianza a sus aficionados. Culebrones como el de Rulli del verano pasado (¿se repetirá este?), el de Vela durante toda la temporada o la ausencia de información sobre lesionados, caso de Raúl Navas o Agirretxe, merman muchísimo la confianza de los realistas en el club y restan trascendencia a los aciertos. La Real no comunica bien lo que quiere, lo que está haciendo y lo que necesita. Sí, con Anoeta sí. Con el nuevo campo no hay mensajes equívocos, sólo un resultado pospuesto eternamente que hace poner en duda los mensajes. Y durante la preparación de la plantilla, tampoco hay dudas. Pero a partir de ahí, las hay y son de calado. ¿Aspira la Real a Europa? Si la respuesta es afirmativa, mensajes claros. Nada de autocomplacencia. Nada de mensajes absurdos como la entrega del brazalete de capitán a Vela tras su juerga madrileña, y sí apuestas firmes, como sería dárselo de una vez al verdadero capitán del equipo, Iñigo Martínez. Si se le ha hecho un contrato con el que él se siente valorado y ha renovado porque ve ambición en el club, que se note ya a todos los niveles. Porque ahí es donde Loren y Aperribay pueden hacer que la Real crezca.
viernes, noviembre 13, 2015
Los datos hacen aún más peligroso el discurso de Aperribay
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| Aperribay y su último entrenador, Eusebio. |
El presidente realista hizo mención a los últimos veinte campeonatos, aunque cometió un error. Son siete las temporadas en las que la Real acabó entre los diez primeros en ese plazo. El equipo fue séptimo en la 1995-1996, octavo en la 1996-1997, tercero en la 1997-1998, décimo en la 1998-1999, segundo en la 2002-2003, cuarto en la 2012-2013 y séptimo en la 2013-2014. En ese tiempo, hay 27 equipos que han alcanzando al menos en una ocasión las diez primeras posiciones de la Liga. En esa clasificación, la Real ocuparía el decimocuarto lugar. Barcelona, Real Madrid y Valencia llevan esas dos décadas entre los diez primeros, y le siguen Atlético, Sevilla (catorce cada uno), Athletic, Deportivo (doce cada uno), Villarreal (once), Celta, Mallorca (nueve cada uno), Betis, Espanyol y Málaga (ocho cada uno).
Las clasificaciones europeas se limitan a cuatro, las que logró el equipo realista en las temporadas 1997-1998, 2002-2003, 2012-2013 y 2013-2014. A lo largo de estas dos décadas, han sido 22 los conjuntos que han disputado en alguna ocasión una competición continental. Por número de participaciones, la Real se quedaría en el decimotercer lugar. Por delante del conjunto txuri urdin están el Barcelona es el único que ha hecho pleno en esta etapa, seguido por el Real Madrid, que ha logrado 19 clasificaciones. También están por delante de la Real el Valencia (con 18), el Atlético de Madrid (catorce), Sevilla, Villarreal (once cada uno), Deportivo (nueve), Athletic (ocho), Celta (siete), Espanyol (seis), Betis y Mallorca (cinco cada uno). Al igual que la Real, el Zaragoza ha llegado a Europa en cuatro ocasiones en este periodo de tiempo.
Viendo los equipos que están por encima de la Real en estas clasificaciones, es evidente que el equipo txuri urdin no ha satisfecho la ambición que merece por estructura, por historia y por plantilla. Eso daría la razón a Aperribay. ¿Pero ese es el techo que está dispuesto a rozar el presidente realista? ¿La Real de nuestros días, la que se ha conformado con la mayor inversión de su historia, se tiene que conformar con humildad con jugar en Europa menos que el Deportivo, el Celta, el Espanyol o equipos que hoy están en Segunda División como el Mallorca o el Zaragoza? ¿Tiene que vivir habitualmente por debajo en la clasificación de conjuntos como el Málaga?
El discurso de Aperribay es, en ese sentido, peligrosísimo, un mensaje de conformismo en toda regla que, además, ha venido calando en la plantilla durante años, como cuando Markel decía que la Real no jugaba la misma Liga que el Sevilla, cuando el equipo hispalense no estaba en la época de bonanza actual, o ahora mismo, con Xabi Prieto asegurando que no se puede exigir la clasificación europea todos los años. Eso es cierto. La Real no puede clasificarse para Europa cada año. Pero lo que no se puede hacer es justificar de una forma tan complaciente no estar luchando por esas plazas y limitar el potencial de este equipo a la mera permanencia en Primera. Esa no es la Real que vemos desde fuera. ¿Lo es desde dentro?
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jueves, mayo 28, 2015
RESUMEN DE LA TEMPORADA 2014-2015 (4) Aperribay y Loren erraron el tiro
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| Aperribay y Loren, en la presentación de Moyes. |
Ahí, obviamente, hay que introducir en la ecuación al director deportivo, Loren Juarros. Y no es nada fácil delimitar las responsabilidades entre presidente, director deportivo y entrenador. ¿Quién tomó la decisión de no fichar un central y recolocar en esa posición a un centrocampista ya de por sí discutido como Elustondo, colocándole más todavía en la diana de las críticas y limitando las opciones de resolver los problemas defensivos que tuvo el equipo en la temporada 2013-2014? ¿A quién es achacable el fracaso de Finnbogason, segundo fichaje más caro de la historia de la Real? ¿Quien es el responsable de que Estrada haya jugado sólo un minuto en toda la temporada después de una renovación inexplicable y cuyos motivos nadie ha detallado hasta la fecha? ¿Los últimos ascensos desde el Sanse, en este caso el de Gaztañaga, han sido más para sumar canteranos que como oportunidades reales? ¿Y qué sucedió realmente en el mercado de invierno para que el nuevo entrenador no tuviera al menos una satisfacción cuando había llegado a decir en público que quería fichar dos o tres jugadores?
Hay muchas incógnitas en el trabajo de los despachos que evidencian que no ha salido bien en lo que se refiere a la planificación deportiva de la temporada, al margen de las decepciones individuales que se hayan producido entre los integrantes de la plantilla. Es obvio que Jagoba Arrasate no supo sacar rendimiento de los hombres con los que comenzó la competición, pero es igualmente cierto que el club no acertó en sus decisiones estratégicas. Y no porque salieran mal, no se trata de adoptar una posición ventajista tras los resultados de la temporada, sino porque todos los huevos se pusieron en el mismo cesto. Si salía mal el plan de cambiar la táctica de juego que propuso Arrasate, el equipo estaba claramente mermado de efectivos en ataque y de variantes en su centro del campo. Y si Elustondo no era la solución esperada, se iba a sufrir en defensa, como efectivamente sucedió en algunos tramos de la temporada. Aperribay, Loren y Arrasate fallaron en ese sentido porque los resultados acabaron dibujando el peor de los escenarios.
A la hora de valorar responsabilidades en la decepcionante temporada del equipo, Aperribay se puso en el foco cuando dijo que no veía ninguna razón para que Loren no continuara como director deportivo, negando la importancia de estas cuestiones o, al menos las responsabilidades absolutas de Loren en ese terreno. Y Loren, en cambio, ha mostrado un perfil bajo a lo largo de la temporada, sin hablar demasiado ante los medios, puede que incluso algo menos de lo habitual, sobre todo desde la llegada de Moyes, que claramente ha asumido funciones de la dirección deportiva, algo que se desprende tanto de sus declaraciones públicas como de su intensa presencia en las gradas de diferentes estadios para ver jugadores. No se ha concretado en realidad, pero la impresión que da es que el técnico escocés se ha convertido en el manager del club de pleno derecho, al estilo inglés, y que a partir de ahora la responsabilidad en los fichajes y en la composición de la plantilla será plenamente suya. Y si hay cambios es obvio que no se han hecho bien las cosas.
Esos cambios parecen contar con el beneplácito del club, y eso sí parece una decisión sensata. Desde ese prisma, el riesgo quizá está en que Moyes sólo tiene contrato ya para la próxima temporada, por lo que si esta arranca bien y estas modificaciones en el staff surten el efecto deseado, junto a una plantilla más compensada y numerosa, quizá habría que pensar más pronto que tarde en sentarse a negociar un nuevo contrato con el técnico escocés. Lo que no se puede negar es que, incluso con las limitaciones y errores ya mencionados, Aperribay y Loren fueron ambiciosos en algunos aspectos. No vieron dónde estaban los defectos, pero el pasado verano se cerraron los dos traspasos más caros de la historia del club, los doce millones que costó comprar la ficha de Vela al Arsenal y los ocho que se invirtieron en incorporar a Finnbogason, a los que hubo que sumar un tercer fichaje, el de Rulli, que ha resultado ser la mejor adquisición del club, un jugador que es propiedad de un fondo de inversión precisamente porque piensan que se le puede sacar rendimiento económico.
Acertar de cara a la próxima temporada, además, permitiría que Aperribay se pusiera manos a la obra en su auténtica preocupación a lo largo de la temporada: la reforma de Anoeta. La cuestión está sobre la mesa desde hace demasiado tiempo sin que se haya visto una sola grúa en las inmediaciones del estadio y el presidente realista ha convertido este asunto casi en su único objeto de deseo. Por momentos parecía que esta temporada iba a ser la definitiva para que el proyecto arrancase, pero los planes siguen retrasándose. Aperribay sigue dispuesto a dar guerra en este sentido, pero no le vendría nada mal que se viera ya algo más tangible, porque de lo contrario mucha gente va a empezar a pensar en la reforma de Anoeta como la quimera imposible. Con los problemas económicos como algo ya del pasado, es evidente que la gestión de Aperribay se centrará en esos dos aspectos: la confección de un primer equipo ambicioso que no se salga de los parámetros impuestos por el club y solventar todas las trabas burocráticas que impiden la reforma del estadio.
lunes, noviembre 17, 2014
El Aperribay ambicioso está feliz
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| Aperribay y Moyes, sonrientes en la presentación. |
El caso es que siempre he visto en esa confesión de Aperribay una de las razones no admitidas por las que Montanier no sigue siendo entrenador de la Real. Hay muchos aficionados que guardan un espléndido recuerdo del francés, pero pienso que Aperribay tiene clavada la misma espina que yo. Si no hubiera desperdiciado la primera temporada y si el equipo no hubiera dilapidado las diez primeras jornadas de la segunda, en las que sólo consiguió diez puntos (no olvidemos que Arrasate fue cesado con seis en ese mismo número de partidos), esa Real con una base casi idéntica a la del equipo que había logrado el ascenso a Primera más el ambicioso añadido de Vela podría haber logrado esa tercera plaza que fue para el Atlético de Madrid con diez puntos más que el equipo txuri urdin. Con esa frase, Aperribay se reveló como la persona más ambiciosa que hay en el entorno de la Real. No tengo ninguna duda al hacer esa afirmación, a pesar de que algunos de sus movimientos evidentes para todos no hayan contribuido a dar esa imagen.
Es absurdo pensar que Aperribay no ha cometido errores, y puede que el de Arrasate, por las razones que sea, sea el más claro de su mandato. Pero volviendo la mirada atrás sólo unos meses, este mismo verano no le tembló la mano al presidente realista para firmar los dos fichajes más caros de la historia del club, los de Vela y Finnbogason. Y ahora, sean o no ciertas las cifras que se han publicado (y que Aperribay ha negado), ha apostado con firmeza por traer al entrenador mejor pagado de los más de cien años de vida de la Real. El fichaje de David Moyes devuelve a Aperribay al terreno más ambicioso de su mandato en la parcela deportiva. Es más, le sitúa en las cotas más altas de ambición que le permite su cargo. El Aperribay ambicioso está feliz, y se le notó en la presentación del técnico escocés. Y Moyes, de momento, ha respaldado con todas sus afirmaciones esa ambición de Aperribay. Por encima de cualquier otro detalle, eso es lo que más ilusión despierta del nuevo entrenador. Justo lo que le ha faltado a la Real desde la eliminatoria de Lyon.
Desde aquella grandiosa eliminatoria, todo se ha ido torciendo poco a poco y a veces incluso sin razón. La Champions era para disfrutar, una experiencia muy bonita, y no importó que se sumara un único punto, que se anotara un triste gol que ni siquiera sirvió para sumar y que el último partido sobrara. La séptima posición en la Liga, pese a la debacle de los últimos meses de campeonato, era un objetivo cumplido, por mucho que eso obligara a disputar dos rondas previas que, curiosamente, acabaron siendo el principio del fin del ciclo de Jagoba Arrasate. Hasta Krasnodar parece que se asumió sin demasiada congoja pese a ser un ridículo de dimensiones históricas. Nadie parece haber acompañado a Aperribay en su ambición desde Lyon. La semifinal de Copa fue la mayor excepción a ese conformismo. La Real no la tiró, no se rindió pese al clarísimo perjuicio arbitral del partido de ida o a que jamás había remontada una eliminatoria así ante el Barcelona. El "tenemos escudo" de Jagoba, pese a todos los palos que ha recibido por su forma de actuar, y muchos de ellos merecidamente, fue uno de los pocos rasgos ambiciosos de la Real en ese periodo.
Moyes habla muy bien. Es convincente ya desde la mirada. Siempre sereno pero contundente. Parece tener muy claras las ideas y habló con una enorme sintonía con Aperribay en todo, desde la forma en que se fraguó su fichaje hasta las necesidades actuales del equipo. Sabe que todavía tiene que ver mucho más antes de tomar decisiones contundentes, pero por lo pronto, no me imagino al escocés sufriendo un arbitraje tan escandaloso como aquel de la semifinal de Copa en el Camp Nou y permaneciendo tan impasible como se muestra toda la Real en conjunto ante situaciones como esa. Moyes va a alzar la voz cuando sea necesario, dentro y fuera del vestuario, y da la sensación de que eso es justo lo que necesita esta plantilla que ayudó a Arrasate a caer con su conformismo. La proclama de Moyes sobre la importancia de ganar dentro de un modelo de crear fútbol que satisfaga al público es algo bastante novedoso. Montanier no hablaba así. Arrasate tampoco. Lasarte sí tenía esos ademanes, pero sabía de dónde venía, del infierno de Segunda donde la Real tenía otras exigencias. Ahora la Real está en disposición de dar ese salto ambicioso.
Aperribay nunca ha tenido un atisbo público de autocrítica (resulta evidente que internamente sí, dado que a un técnico del perfil de Arrasate le sucede otro del prestigio e historial de Moyes) y se retuerce incómodo en su butaca cuando hay alguna pregunta, pocas, que le saca de ese edén ambicioso en el que vive. No le gusta que le afeeen la designación de Arrasate, aunque fuera de un perfil más pequeño que este fichaje de Moyes y una aparente y nunca del todo bien explicada contradicción con ese carácter ambicioso. Pero ahora está claro que el giro es radical. Arrasate fracasó a la hora de hacer realidad la ambición de Aperribay, pero no fue el único. Illarramendi, Bravo y Griezmann no creyeron en ella y abandonaron el barco. Quienes se han quedado, llevan meses empequeñeciéndose salvo en las victorias ante Real y Atlético de Madrid. Y ahora Moyes es el primero que ha de responder a la ambición del presidente. De él depende que se haga realidad la apuesta que seguro que Aperribay ya ha lanzado a los suyos. Y la de llegar a la Champions la ganó.
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martes, junio 04, 2013
RESUMEN DE LA TEMPORADA 2012-2013 (4) Aperribay y Loren, en la buena dirección
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| Jokin Aperribay. |
Si la pelota entra, no hay problemas. Es una máxima muy extendida y que, en realidad, sólo sirve para ocultar los problemas cuando existen. Pero es importante destacar que, ahora mismo, la buena marcha deportiva encuentra un fiel reflejo en la situación institucional del club. Es muy difícil encontrar aspectos negativos en la gestión de Jokin Aperribay durante la última temporada. Desde que llegó a la Presidencia, y ahí es obligado recordar que no lo hizo de la mejor de las maneras por muy olvidada que haya quedado ya aquella Junta de Accionistas de los tiempos más oscuros, ha ido borrando las reticencias de muchos, incluso desde el desacuerdo con algunas de sus decisiones más trascendentales, sobre todo las que han afectado a la situación contractual del técnico, Philipe Montanier. Muchos pidieron su cese y el presidente aguantó. Y muchos pidieron su renovación, sin que el Consejo se alterara al no cerrarla por las razones que fuera.
Puede que en la situación del entrenador el factor fundamental haya sido la reticencia de Aperribay a cesarle en mitad de la temporada, algo de lo que ha presumido el presidente txuri urdin no sin cierta razón objetiva. Eso salvó la cabeza de Montanier la pasada temporada cuando el equipo llegó a ocupar el farolillo rojo y en ésta cuando bordeó los puestos de descenso, con la grada coreando mayoritariamente entonces el conocido "Montanier, dimisión". Pero, al mismo tiempo, parecía evidente que el Consejo no veía en el francés el preparador ideal para que la Real siga desarrollándose. De ahí, si es cierto lo que se ha publicado en estas últimas semanas, que cumpliera con el obligado movimiento de ofrecer la renovación el técnico, pero nunca en unas condiciones en las que Montanier se pudiera ver como el principal artífice del crecimiento clasificatorio y futbolístico del equipo. No es el fuerte de Aperribay el mostrar las mejores maneras en la marcha de los entrenadores, y con Montanier, al que abandonó, también lo demostró, pero eso es otro asunto que nada tiene que ver con la gestión de su contrato. Quien sí renovó, dejando claro al menos sobre el papel que el club quiere marcar directrices y no dar excesivo poder al inquilino del banquillo, fue el director deportivo, Loren Juarros.
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| Illarra firmó la renovación hasta 2018. |
Y es que parece también evidente que el eje de la gestión deportiva de Aperribay, y por extensión del propio Loren, está en los jugadores. El presidente lo dejó claro, todavía en los peores momentos de la temporada, cuando comparó algunos aspectos del actual equipo con la generación campeona de los años 80. Y tanto Aperribay como Loren lo han demostrado con una acertada política de renovaciones de todos los canteranos del equipo, aunque alguna chirriase en su momento (Markel y Elustondo) por su extensión o por el papel que hasta el momento de la firma habían tenido esas piezas en el desarrollo de la temporada. En todo caso, cabe considerar como un éxito que ninguna de las piezas clave del equipo finalice contrato este verano y que no haya voluntad de vender a ninguna de las estrellas. Los únicos peligros en ese sentido pasan por la titularidad compartida de la propiedad de Vela con el Arsenal (un detalle cuya inclusión fue necesaria para poder ficharle) o que algún jugador exprese su deseo de marcharse, en cuyo caso dejaría una gran cantidad de millones en las arcas realistas.
Pero, y ese es uno de los grandes méritos de Aperribay como presidente, de Loren como director deportivo y de la Real como entidad, el club ha alcanzado un punto en el que los jugadores quieren seguir vistiendo la camiseta txuri urdin. No ya los más identificados, como aquel Xabi Prieto que permaneció en una Real hundida en Segunda, sino todos. No es una carga seguir en la Real, no es una obligación, es un deseo y un orgullo. Por eso todos sin excepción han firmado una renovación. Por eso incluso los que han aparecido vinculados a otros equipos, como Vela, Illarramendi o Iñigo Martínez, han proclamado con frases creíbles y nada artificiales, que su deseo es seguir en la Real. Y si lo han hecho es porque saben que están en un club económicamente saneado y deportivamente ambicioso. Que la pelota haya entrado esta temporada con tanta facilidad ha venido a darles la razón a todos ellos. Quizá un éxito rebajado sea la renovación de Rubén Pardo sólo por un año más, aunque parece una conclusión razonable sobre este asunto que el jugador no se quiso hipotecar hasta saber si el entrenador que no confiaba en él seguía en el banquillo de Anoeta, e incluso que el club ha tenido en cuenta este caso a la hora de plantearse la continuidad de Montanier.
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| Aperribay y Loren, en la renovación de éste. |
Ha habido ambición en la composición de la plantilla y eso era el mensaje que le hacía falta a la Real. A falta de confirmaciones oficiales sobre quién es el responsable de cada fichaje que ha llegado al club, cabe achacárselos a la dirección deportiva. Y por tanto se puede decir que Loren cometió errores de bulto en temporadas anteriores. Songo'o, Sarpong o Mariga están en la mente de todos. Pero este verano su apuesta fue clara y ambiciosa. Un lateral izquierdo joven, prometedor y que estuvo en la órbita del Barcelona, un notable jugador con experiencia en la Liga española y que llegaba libre, y el fichaje de la estrella que había brillado en la Real bajo cesión la temporada anteriores, además del ascenso definitivo a la primera plantilla de dos jugadores del filial. José Ángel, Chory Castro, Vela, Pardo y Ros. Cinco refuerzos de lujo. La única pega es que tres de esos refuerzos evidenciaron una falta de conexión entre la dirección deportiva y el entrenador. Es difícil no pensar que eso también ha pesado a la hora de decidir sobre el futuro. Un aspecto a reforzar, además, será la gestión del Sanse, que deja algunas dudas en este final de temporada.
La buena dirección en materia deportiva es también institucional. La presencia de la Real en numerosos ámbitos de la sociedad es notable. Celebrar la comida de final de temporada en un comedor social fue la última muestra de que hay una conciencia clara de que la Real sea una entidad a respetar también lejos de los ámbitos deportivos. La lucha por los derechos televisivos, con la demanda a Mediapro todavía por resolver, la enorme labor de comunicación y el conocimiento que ha dado a sus aficionados de tantos aspectos del club, la hábil gestión para la venta de los derechos publicitarios de la camiseta (que, por lo publicado, ha dado dinero al club durante varios meses incluso sin llevar marca alguna en el pecho) o que no haya sobre la mesa problema alguno con ningún otro equipo de Primera División (al contrario, la Real es hoy un equipo admirado) son méritos a añadir a su gestión. Debe haber elecciones antes de que finalice el año, y se antoja complicado que Aperribay tengo oposición en forma de candidato. Que eso no nuble la necesaria crítica para que todo siga por el buen camino, pero ahora mismo la Real parece tener un presidente que sabe lo que hace. Si las luces del éxito no le ciegan, seguirá siéndolo.
miércoles, noviembre 07, 2012
El problema al que se enfrenta Aperribay
Escuchó al presidente de la Real, Jokin Aperribay, hablar sobre la actual situación del equipo y el inmenso poso de decepción que se ha instalado (¿sin remedio?) y no puedo evitar sentirme reflejado en sus palabras. Pensamos igual en muchos aspectos. Ambos creemos que la Real tiene que ser un equipo ambicioso. Ambos, y esa frase me ha llegado al alma, pensamos que siempre hay que salir a ganar, no una vez porque toque después de cuatro derrotas seguidas y en cualquier campo. Entiendo, como él, que perder 2-0 contra un Segunda División no sólo es inaceptable sino también remontable en el partido de vuelta. Es verdad, coincidimos también en eso, que la Real hace frente ahora mismo a bajas importantes. Estamos totalmente de acuerdo en que el único problema del rendimiento de la Real en el campo no está solo en su entrenador. Y también que cambiar de entrenador no garantiza el éxito, que todavía me acuerdo la cara que se me quedó cuando Clemente sustituyó a Krauss o Lotina hizo lo propio con Bakero.
Comprendo perfectamente cómo se tiene que sentir Aperribay porque, insisto, no difiere mucho a cómo me siento yo. La única diferencia es que él es el presidente y, si los problemas se mantienen y no toma medidas, es muy posible que la gente le haga responsable, que se pase del "Montanier dimisión" de la pasada jornada a cánticos contra el palco. Pero los dos esperamos lo mismo del equipo. Él porque ha hecho muchas cosas bien para conformarlo, creo que eso hay que reconocérselo, y yo porque tengo mucha confianza en que esos aciertos puedan redundar en éxitos deportivos. Pero el problema que tiene Aperribay es que quienes tienen el poder de cambiar las cosas no tienen la misma ambición que el presidente. Son muchos los mensajes conformistas que han lanzado los jugadores, de palabra y de acto, e incontables si hablamos de Montanier. ¿Es el cese a Montanier la solución a los males de la Real? Obviamente no por sí solo, porque echarle obliga a acertar con el relevo. ¿Pero es necesario ese cese? Mi respuesta, para todo aquel que siga lo que he escrito de Montanier, es evidente. Por supuesto que es necesario que Montanier deje de ser el entrenador de la Real si lo que se busca es colmar ambiciones.
Al hacer pronósticos negativos sobre el equipo txuri urdin, los hago con el deseo de equivocarme porque la Real está por encima de todo, no me gustan sus derrotas y desde luego no las quiero para cargarme a nadie. Pero mi pronóstico se está cumpliendo. Esta temporada 2012-2013 está siendo calcada a la 2011-2012, con leves matices pero con resultados idénticos. No hay nada que padeciera la Real hace un año que no tenga su reflejo en el presente, y por eso, si nada cambia en la dirección del equipo, el pronóstico no puede ser otro que el de malvivir una campaña más en Primera, lejos de lo que se podría conseguir con lo que este club ofrece. Entiendo que el cálculo del Consejo de Administración del club fuera que habría una progresión desde la pasada segunda vuelta, pero yo la entendí como parte de un ciclo, no como un despegue hacia uno nuevo. Mantener a Montanier me parecía un error, y lo expresé. Mantenerlo ahora también, y lo digo. Comprendo al Consejo, insisto, que no quiere arriesgarse a un volantazo. Es respetable. Tanto como pensar que cada día que el francés siga en el banquillo es una pérdida de tiempo. Puede que salga bien esperar tres jornadas y un partido de Copa, como salió el año pasado en alguna medida. Pero igual dentro de un mes estamos en descenso, fuera de la Copa y con otro año perdido aunque al final se pueda salvar a medias.
Aperribay sueña con una Real que apueste con firmeza y sin miedo por los talentos de su cantera, en la que los fichajes foráneos marquen la diferencia, que luche con frecuencia por llegar a Europa, que haga de la Copa del Rey lo que ha sido siempre, la mejor oportunidad de ganar un título y de ofrecer noches épicas (¡cuánto le agradezco al presidente que haya hablado de una ahora muy complicada eliminatoria contra el Barcelona como un obstáculo posible de superar!). Pero Montanier no lo ve así. Montanier frena la ilusión. Lo hizo en verano cuando dijo que no entendía por qué se había disparado la euforia este verano. Lo hace en cada partido con decisiones muy difíciles de entender... y que él mismo nunca ha sabido explicar. Tampoco, por supuesto, parecen tener ambición algunos jugadores, y así lo dejan ver algunas veces en la sala de prensa, otras en el campo e incluso en ocasiones con su comportamiento lejos del césped. Pero recordemos que Prieto con Lasarte se creyó la posibilidad de ser internacional y Elustondo con Lillo que podía liderar el juego de la Real. Con Montanier pocos creen en algo. Y ese es el problema de Aperribay. Que su mensaje no encuentra el eco que merece. ¿Lo tendría sin Montanier? Si acierta en el relevo, sí.
Comprendo perfectamente cómo se tiene que sentir Aperribay porque, insisto, no difiere mucho a cómo me siento yo. La única diferencia es que él es el presidente y, si los problemas se mantienen y no toma medidas, es muy posible que la gente le haga responsable, que se pase del "Montanier dimisión" de la pasada jornada a cánticos contra el palco. Pero los dos esperamos lo mismo del equipo. Él porque ha hecho muchas cosas bien para conformarlo, creo que eso hay que reconocérselo, y yo porque tengo mucha confianza en que esos aciertos puedan redundar en éxitos deportivos. Pero el problema que tiene Aperribay es que quienes tienen el poder de cambiar las cosas no tienen la misma ambición que el presidente. Son muchos los mensajes conformistas que han lanzado los jugadores, de palabra y de acto, e incontables si hablamos de Montanier. ¿Es el cese a Montanier la solución a los males de la Real? Obviamente no por sí solo, porque echarle obliga a acertar con el relevo. ¿Pero es necesario ese cese? Mi respuesta, para todo aquel que siga lo que he escrito de Montanier, es evidente. Por supuesto que es necesario que Montanier deje de ser el entrenador de la Real si lo que se busca es colmar ambiciones.
Al hacer pronósticos negativos sobre el equipo txuri urdin, los hago con el deseo de equivocarme porque la Real está por encima de todo, no me gustan sus derrotas y desde luego no las quiero para cargarme a nadie. Pero mi pronóstico se está cumpliendo. Esta temporada 2012-2013 está siendo calcada a la 2011-2012, con leves matices pero con resultados idénticos. No hay nada que padeciera la Real hace un año que no tenga su reflejo en el presente, y por eso, si nada cambia en la dirección del equipo, el pronóstico no puede ser otro que el de malvivir una campaña más en Primera, lejos de lo que se podría conseguir con lo que este club ofrece. Entiendo que el cálculo del Consejo de Administración del club fuera que habría una progresión desde la pasada segunda vuelta, pero yo la entendí como parte de un ciclo, no como un despegue hacia uno nuevo. Mantener a Montanier me parecía un error, y lo expresé. Mantenerlo ahora también, y lo digo. Comprendo al Consejo, insisto, que no quiere arriesgarse a un volantazo. Es respetable. Tanto como pensar que cada día que el francés siga en el banquillo es una pérdida de tiempo. Puede que salga bien esperar tres jornadas y un partido de Copa, como salió el año pasado en alguna medida. Pero igual dentro de un mes estamos en descenso, fuera de la Copa y con otro año perdido aunque al final se pueda salvar a medias.
Aperribay sueña con una Real que apueste con firmeza y sin miedo por los talentos de su cantera, en la que los fichajes foráneos marquen la diferencia, que luche con frecuencia por llegar a Europa, que haga de la Copa del Rey lo que ha sido siempre, la mejor oportunidad de ganar un título y de ofrecer noches épicas (¡cuánto le agradezco al presidente que haya hablado de una ahora muy complicada eliminatoria contra el Barcelona como un obstáculo posible de superar!). Pero Montanier no lo ve así. Montanier frena la ilusión. Lo hizo en verano cuando dijo que no entendía por qué se había disparado la euforia este verano. Lo hace en cada partido con decisiones muy difíciles de entender... y que él mismo nunca ha sabido explicar. Tampoco, por supuesto, parecen tener ambición algunos jugadores, y así lo dejan ver algunas veces en la sala de prensa, otras en el campo e incluso en ocasiones con su comportamiento lejos del césped. Pero recordemos que Prieto con Lasarte se creyó la posibilidad de ser internacional y Elustondo con Lillo que podía liderar el juego de la Real. Con Montanier pocos creen en algo. Y ese es el problema de Aperribay. Que su mensaje no encuentra el eco que merece. ¿Lo tendría sin Montanier? Si acierta en el relevo, sí.
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viernes, junio 01, 2012
Ambición
Hay muchas opiniones y decisiones adoptadas por el presidente de la Real, Jokin Aperribay, desde que aterrizó en el club y que no he compartido. Lo entiendo como algo normal, es imposible estar siempre de acuerdo con quien toma las decisiones. Sin embargo, hay algo que me siento obligado a decir, y es que cada vez me siento más identificado con algunas de las cosas que hace y dice. Y la palabra clave para entender este planteamiento la da él en la espléndida entrevista que Mikel Recalde le hace hoy en Noticias de Gipuzkoa. Esa palabra es ambición. Aperribay es ambicioso y quiere que su Real lo sea. Y estoy plenamente de acuerdo con él. Es más, me gusta que el presidente de la Real use esa palabra sin miedo. Me alegra enormemente de que no sea un conformista, que apueste por seguir creciendo en todos los sentidos y devolver por fin a la Real al lugar que se merece y que ha tenido durante tantos años.
Él habla, evidentemente, de la estructura del club y no sólo de lo que le preocupa por encima de todo al común de los realistas, que es lo que sucede cada semana en el terreno de juego. Es su responsabilidad, y a tenor de lo que vemos el club ha recuperado con él una estabilidad institucional y económica que se comenzó a poner en riesgo con el mandato de José Luis Astiazarán. Pero también habla de fútbol. Y lo que es mejor, actúa sobre eso. Es justo reconocer, al margen del resultado que hayan podido ofrecer, que sus fichajes han sido muy ambiciosos desde que la Real volvió a Primera. Hace dos veranos, llegaron Llorente y Tamudo, dos goleadores consolidados como referentes en Primera. Hace uno, llegaron dos jugadores, uno del Arsenal y otro del Inter. Y ahora de lo que se habla es de convertir a Vela en el mejor pagado de la plantilla (¿acaso no se lo ganó con su espectacular y determinante segunda vuelta?) y en seguir reforzando el ataque. Eso es ambición. Y es una ambición elogiable y digna de aplauso. Con todos los matices y los peros a la labor de la dirección deportiva que se quiera, pero ambición hay.
Aperribay sólo duda al fijar un objetivo para ese ambicioso crecimiento. Duda al hablar de Europa, de ese ansiado regreso a las competiciones europeas que la Real no conoce desde la temporada 2003-2004. Tengo la impresión de que ahí no quiere pillarse los dedos, y es entendible, sobre todo desde un planteamiento económico y de club. Pero es el objetivo natural de la Real y defender lo contrario va contra natura. No significa eso que haya que conseguirlo siempre, pero hay que aspirar a ello. Las seis primeras plazas de la Liga conforman la aspiración de este equipo, y es hora de que lo entendamos y de que luchemos por ello, sin volvernos locos y gastar lo que no tenemos, pero con determinación. Si digo que es hora de hacerlo, es porque en las dos últimas temporadas lo hemos despreciado. Hemos decidido, sin que hubiera auténticas razones para ello, que el techo de la Real era la permanencia. Nos hemos felicitado, como si fuera un logro incomparable, por salvarnos tres jornadas antes del final. Y, sí, fue un alivio no sufrir como un año atrás. Pero no es para pensar en una temporada muy buena, como se ha llegado a oír.
La ambición que demuestra Aperribay y que, insisto, aplaudo enérgicamente, tiene ahora mismo una dificultad evidente, y se llama Philippe Montanier. Coincido en que no es buen síntoma relevar al entrenador cada año, pero no creo que el francés se haya ganado la continuidad. Ha demostrado demasiadas carencias en su primer año para ofrecer confianza. Lo he dicho durante la temporada y lo he dicho al hacer balance. Y temo que no esté a la altura de la ambición del club, evidenciada a través de su presidente, también en la próxima temporada. Lo temo, sí, porque cuando el francés se ha referido a esas legítimas dudas que muchos hemos expresado sobre su capacidad lo ha hecho en términos de incredulidad e incomprensión. Ojalá Montanier sepa aprovechar el aprendizaje que ha supuesto su primera temporada. Ojalá sea capaz de pulir los muchos defectos que ha demostrado hasta ahora. Ojalá la temporada 2012-2013 evidencie la necesaria ambición de la que habla Aperribay. Ojalá.
Él habla, evidentemente, de la estructura del club y no sólo de lo que le preocupa por encima de todo al común de los realistas, que es lo que sucede cada semana en el terreno de juego. Es su responsabilidad, y a tenor de lo que vemos el club ha recuperado con él una estabilidad institucional y económica que se comenzó a poner en riesgo con el mandato de José Luis Astiazarán. Pero también habla de fútbol. Y lo que es mejor, actúa sobre eso. Es justo reconocer, al margen del resultado que hayan podido ofrecer, que sus fichajes han sido muy ambiciosos desde que la Real volvió a Primera. Hace dos veranos, llegaron Llorente y Tamudo, dos goleadores consolidados como referentes en Primera. Hace uno, llegaron dos jugadores, uno del Arsenal y otro del Inter. Y ahora de lo que se habla es de convertir a Vela en el mejor pagado de la plantilla (¿acaso no se lo ganó con su espectacular y determinante segunda vuelta?) y en seguir reforzando el ataque. Eso es ambición. Y es una ambición elogiable y digna de aplauso. Con todos los matices y los peros a la labor de la dirección deportiva que se quiera, pero ambición hay.
Aperribay sólo duda al fijar un objetivo para ese ambicioso crecimiento. Duda al hablar de Europa, de ese ansiado regreso a las competiciones europeas que la Real no conoce desde la temporada 2003-2004. Tengo la impresión de que ahí no quiere pillarse los dedos, y es entendible, sobre todo desde un planteamiento económico y de club. Pero es el objetivo natural de la Real y defender lo contrario va contra natura. No significa eso que haya que conseguirlo siempre, pero hay que aspirar a ello. Las seis primeras plazas de la Liga conforman la aspiración de este equipo, y es hora de que lo entendamos y de que luchemos por ello, sin volvernos locos y gastar lo que no tenemos, pero con determinación. Si digo que es hora de hacerlo, es porque en las dos últimas temporadas lo hemos despreciado. Hemos decidido, sin que hubiera auténticas razones para ello, que el techo de la Real era la permanencia. Nos hemos felicitado, como si fuera un logro incomparable, por salvarnos tres jornadas antes del final. Y, sí, fue un alivio no sufrir como un año atrás. Pero no es para pensar en una temporada muy buena, como se ha llegado a oír.
La ambición que demuestra Aperribay y que, insisto, aplaudo enérgicamente, tiene ahora mismo una dificultad evidente, y se llama Philippe Montanier. Coincido en que no es buen síntoma relevar al entrenador cada año, pero no creo que el francés se haya ganado la continuidad. Ha demostrado demasiadas carencias en su primer año para ofrecer confianza. Lo he dicho durante la temporada y lo he dicho al hacer balance. Y temo que no esté a la altura de la ambición del club, evidenciada a través de su presidente, también en la próxima temporada. Lo temo, sí, porque cuando el francés se ha referido a esas legítimas dudas que muchos hemos expresado sobre su capacidad lo ha hecho en términos de incredulidad e incomprensión. Ojalá Montanier sepa aprovechar el aprendizaje que ha supuesto su primera temporada. Ojalá sea capaz de pulir los muchos defectos que ha demostrado hasta ahora. Ojalá la temporada 2012-2013 evidencie la necesaria ambición de la que habla Aperribay. Ojalá.
jueves, mayo 17, 2012
RESUMEN DE LA TEMPORADA (4) Aperribay, pros y contras
La función del presidente y del Consejo es la más difícilmente evaluable. Lo es, al menos, cuando un equipo cuenta con unos dirigentes que se prodigan poco en los medios de comunicación. Sin escándalos, declaraciones altisonantes o grandes problemas institucionales, y la Real no tiene habitualmente nada de eso (aunque casi de todo ha tenido hace no tanto tiempo), lo más sencillo es ligar la gestión directiva a la marcha deportiva del primer equipo. Es un camino fácil que no siempre se corresponde con la realidad, pero hay muchas cosas que no se ven, que suceden en los despachos, y a las que el aficionado, y buena parte de los periodistas, no tienen acceso. Aperribay está haciendo cosas bien, gestiones que contribuyen a asentar el futuro institucional del club, pero sigue dejando dudas en cuanto al manejo de la parcela deportiva. La discreción es un buen camino para un presidente, y eso es digno de aplaudir, pero hubiera sido positivo más firmeza pública en algunas cuestiones.
Empezando por la parcela deportiva, su balance de la temporada está unido a la situación creada en torno a Philippe Montanier. La campaña empezó ya con un serio problema, y es que las explicaciones para el cese de Martín Lasarte no calaron. De hecho, las mismas habrían podido ser utilizadas igualmente en el despido del francés al finalizar esta Liga 2011-2012, pero esta vez la decisión ha sido distinta. No fue el mejor de los movimientos de Aperribay decir en la Junta General de Accionistas que mientras el fuera presidente Montanier sería el entrenador, porque hasta en tres ocasiones desde entonces el futuro del entrenador estuvo en el aire. Y en las tres ocasiones, dos consecutivas salvadas con los milagros de último minuto de Iñigo Martínez e Ifrán, buscó (y encontró, según la prensa, en el primero de los casos) un sustituto. El Consejo y su presidente han sembrado dudas sobre la continuidad del entrenador y han convertido este asunto en un misterio que incluso se le ha tenido que ratificar teniendo contrato en vigor.
Sería bueno para la Real que formamos todos que el club, dirigido por su Consejo, tuviera clara su apuesta. Y que muera con ella si es preciso. Lo malo es que las formas han dejado sembrado en la afición un germen peligroso. Si la gente cree que Montanier es entrenador de la Real porque no hay otro o porque no se le ha querido pagar un finiquito, un mal comienzo de la próxima temporada podría desembocar en una notable protesta social, mucho más fuerte que aquellos gritos de "Montanier dimisión" que abrieron el debate sobre el banquillo en el tramo final de la temporada. Y puestos a buscar un sustituto, teniendo en cuenta que esta percepción se basa sólo en rumores, también sería bueno que el perfil estuviera más definido. Es difícil encontrar puntos de coincidencia en las ideas futbolísticas de todos los entrenadores que han sonado en esa búsqueda no concretada de un sucesor para Montanier, que han ido desde Manolo Preciado hasta Unai Emery, pasando por Luis Aragonés.
En lo que sí que hay que felicitar al Consejo es en su política de renovaciones. Se puede estar más o menos de acuerdo en algún nombre concreto o en la necesidad de ampliar el contrato de alguno a lo largo de la pasada temporada. Pero, por un lado, es evidente que la apuesta de la Real es Zubieta, son sus canteranos. Es decir, la esencia de lo que tiene que ser el equipo txuri urdin está más que salvaguardada. Por otro lado, no hay voluntad ni en apariencia necesidad de vender a las joyas de la cantera para sostener el proyecto. Y también sería importante destacar que, en los movimientos del consejo en el pasado verano, hubo ambición. Al margen del resultado de los fichajes de Mariga y Vela o de que se pudiera incluir o no una claúsula de compra, no olvidemos que los fichajes de la Real de esta campaña procedían de Arsenal e Inter de Milán. Otra cosa bien distinta es que los movimientos de la cuestionada dirección deportiva que dirige Loren fueran los adecuados, que en muchas ocasiones no lo han sido (por acción y por omisión), pero los objetivos del Consejo fueron ambiciosos.
Ya en el trabajo exclusivo de despacho, hay un tema del que hace tiempo que no se habla pero que marca por completo la gestión del Consejo, y es el conflicto con Mediapro. Bien por Aperribay por plantar cara al en apariencia todopoderoso operador, porque bastantes cosas funcionan mal en nuestro fútbol (nos faltaron fuerza y firmeza para conseguir que las protestas por el trato arbitral y de los comités tuvieran efecto) como para encima aceptar el chantaje de una entidad como esa. Esperemos, porque eso de momento no hay forma de saberlo, que sea un movimiento bien calculado por parte del presdiente, porque si la Real ya tiene de por sí pocos medios económicos para completar con fichajes de categoría lo que produce Zubieta, una asfixia económica podría ser letal. De la misma forma que Aperribay compareció para explicar este asunto, quizá tendría que haberlo hecho por otros temas más terrenales, como los problemas que tuvo la afición en campos como San Mamés o el Coliseum Alfonso Pérez de Getafe. Eso el aficionado de a pie lo habría agradecido. Al menos el club, según se dijo en su día, está con los afectados por ambos casos y, en el primero, presentó una demanda a Prosegur de la que también sería bueno saber cómo va.
Aperribay ha reaccionado tarde en el reconocimiento a los mitos de la Real, pero la despedida de Aranburu, brillantemente ejecutada desde el club (especialmente por abaratar el precio de las entradas y permitir que Anoeta estuviera repleto ese día), parece haberle animado a ofrecer a otras leyendas de txuri urdin el homenaje que no tuvieron cuando salieron del club. Hubo esta misma temporada una oportunidad para brindarle a Darko Kovacevic la despedida que nunca tuvo, y se dejó pasar. Ojalá sea el primero de los nombres en la lista que maneje el presidente. También sería bueno que el club tuviera más presente su propia historia, porque el aficionado, sobre todo el veterano, gusta de esos detalles. El uso de una camiseta conmemorativa por el 30 aniversario del segundo título de Liga fue un detalle bonito, pero chocante, pues no se hizo con la primera nada parecido. Aun así, más vale tarde que nunca, porque la historia tiene que ser recordada. La de la Real es demasiado bonita como para que caiga en el olvido. Anoeta cumplírá 20 años al finalizar la próxima temporada. ¿Se recordará de algún modo? Ojala que sí.
lunes, mayo 30, 2011
Son las formas (y el fondo)
Dijo Darko Kovacevic cuando salió de la Real que el club le había tratado como a una bolsa de basura. Y me duele reconocer que creo que eso podrían decirlo también algunos de los que salen ahora del club, después de la primera temporada en Primera tras el ascenso. Mucho se está hablando estos días de si el cese de Martín Lasarte es un acierto o un error, de si Rivas y Tamudo han dejado la Real por uno u otro motivo. Salen ellos y después les replica el director deportivo. Y hemos vuelto, siquiera por unos instantes y por temas muy puntuales, al frentismo que teníamos antes de que el descontento estallara en la cristalización de aquella grandilocuente candidatura a la Presidencia de la Real de Iñaki Badiola. Aquella época en que los nuestros eran muy buenos y a los que no lo eran, por el contrario, les asignábamos el papel de malos. Aquello convirtió a la Real en un equipo más, con la diferencia de que la Real no sabe ser un equipo más. Por eso sufrió lo que sufrió. El "no se desunan" de Lasarte tiene ahora más sentido que nunca.Quienes se han puesto incondicionalmente del lado del Consejo presidido por Jokin Aperribay y del de su director deportivo, Loren Juarros, se equivocan en algo muy evidente. El problema de base no es el cese de Lasarte o que no se renueve a Rivas y Tamudo. Eso es una decisión deportiva y directiva que es tan lícita y debatible como la de su continuidad. Lo que enturbia esa decisión es la forma en que se lleva a cabo y en la que luego se explica. Se ha dicho, Loren también en la rueda de prensa de hoy, que el ciclo de Lasarte estaba agotado. ¿Cambian los ciclos de la Real en función de lo que se ve en dos meses? Porque ese es el tiempo que transcurrió entre el momento de su renovación y el de las primeras dudas manifestadas en el seno del club. Si dos meses lo cambian todo, nos estamos equivocando y estamos entrando de nuevo en una dinámica peligrosa. ¿Por qué no se fue claro con Diego Rivas desde el principio? Chaval, no vas a renovar. Si te dejas la piel hasta el último día, jugarás. Si no, por el bien del equipo, vas a chupar banquillo. Punto. No es ni el primer ni el último jugador que se marcha después de terminar su contrato. Pero se habló de potergar este asunto al final de la temporada, porque no tocaba, cuando ahora se confiesa que la decisión sobre Lasarte viene de lejos. Incongruente.
Es terrible que en este momento tengamos que entrar en guerras de declaraciones con jugadores que lo han dado todo por la camiseta txuri urdin. Tamudo dijo que Loren le comunicó días antes del vital partido del Zaragoza que no iba a seguir. Loren le ha llamado mentiroso claramente. Lasarte dejó caer que hubo presiones para que Rivas no jugara, y el propio Rivas explicó que un jugador fue a preguntarle, por delegación, si ya tenía firmado con el Getafe antes de jugarnos la salvación en la última jornada contra el equipo madrileño. Loren les ha dejado también a ambos por mentirosos. Tiendo a creer al ya ex entrenador y a los dos jugadores que no vestirán de blanquiazul el año que viene, porque los tres me han demostrado una honestidad profesional y un cariño hacia los colores que llevo en mi corazón que para sí quisieran algunos jugadores que han mamado lo que es la Real Sociedad desde niños. Sirva de nuevo esta pequeña nota para agredecerles a los tres que lo hayan dado todo, sobre todo desde que intuyen (o saben, lo mismo da) que no iban a estar en la Real en la temporada 2011-2012. Porque desde ahí el compromiso era con ellos mismos pero también con nosotros, con los aficionados.
Las formas fallan y la prensa desmiente. Loren ha negado que estuviera preparado el relevo de Lasarte en caso de no haber ganado al Sporting. Muchos medios apuntan que Meho Kodro, técnico del Sanse, estaba ya avisado para el salto al primer equipo en ese momento. Si es verdad, no entiendo el porqué de lo que ha dicho Loren. Si es verdad lo del director deportivo, no entiendo que todo el mundo considere esto un secreto a voces, prácticamente un hecho empírico y comprobable. Es decir, que entramos en la misma dinámica en la que vive el resto de la Primera División. Y no, no podemos ser como el resto. No lo somos. Si lo acabamos siendo, volveremos al pozo de la Segunda División. Pensé que esa lección, la que aprendimos hace cuatro años, había calado más. Cesar a un entrenador entra dentro de la lógica si no se cumplen los objetivos. Pero los objetivos están cumplidos y da la sensación de que no se sabe (o no se quiere) explicar qué motiva el cese. Pero antes de entrar en el fondo, seguimos con las formas.
No se puede prometer la renovación del equipo de Lasarte y ahora, aprovechando la coyuntura, dejarles tirados (al menos a otro profesional como la copa de un pino que es Pablo Balbi; ¿no se han acabado las lesiones musculares en el primer equipo? Pues a ver de quién es mérito). No se puede salir a una rueda de prensa y poner en duda el trabajo de un entrenador como Lasarte como lo ha hecho hoy Loren. No se puede escamotear a los aficionados la posibilidad de despedir a sus técnicos y entrenadores en el césped (menosl mal que Rivas y Tamudo nos lo permitieron, pero ¿y Lasarte...? ¿Cómo le agradezco yo ahora su trabajo en la Real?). Y no puede ser que el presidente de la Real se escude en escuetos, fríos e insuficientes comunicados oficiales para destituir a un entrenador que cuenta con el cariño de la afición. Yo no quería ver a Aperribay en la rueda de prensa de Lasarte, porque ha sido un cese. Pero tenía que dar la cara. No lo ha hecho todavía porque, en principio, parece que lo quiere hacer con un entrenador ya atado. No me parece un movimiento honesto para con la afición realista. Si se toma una decisión, se apechuga con ella. Se defiende en público. Y se apuesta por el futuro. Pero el silencio no ayuda.
¿El fondo de la decisión? No lo entiendo. Hemos dejado escapar gratis a uno de los mejores robadores de balones de la Liga (ya lo lamentaremos cuando venga a Anoeta con otra camiseta, ya...) y al máximo goleador de la Liga en activo (a pesar de la buena política de renovaciones de jugadores de la cantera, nos pasa muy a menudo que un talento se escape sin ganar nada a cambio, y de eso quien tiene que dar explicaciones, más allá de un simple "no" cuando le preguntan si va a dimitir, es Loren). Hemos dejado escapar a buen entrenador, en el que el club confiaba a ciegas muy poco antes de prescindir de él. Y lo hemos hecho por razones difíciles de entender y, de momento, mal explicadas. No creo que el club esté entendiendo la delicada mezcla de apuesta por la cantera y necesidad de resultados. A lo largo de la temporada, yo mismo pedí más valentía con, por ejemplo, Illlarramendi. Pero cesar a un entrenador por ese detalle, me parece una barbaridad con pocos precedentes, por no decir ninguno. Zubieta ha sido la base de la Real de Lasarte, aunque no haya debutado ningún canterano este año. ¿Ya hemos olvidado a Griezmann o Zurutuza? Y si Loren encuentra justificación en que Rivas cerraba el paso a Illarramendi, en Cornellá-El Prat Illarra jugó junto a Markel y en Riazor junto al manchego.
No me gusta el fondo de este delicado asunto en que se ha metido, solita, la dirección del club, pero sobre eso siempre se podrá debatir. Quizá venga un nuevo entrenador que haga un mejor trabajo táctico que Lasarte, que saque más jugadores de la cantera que el uruguayo, que consiga mejor resultados en Primera que el hombre que nos sacó de Segunda y hasta que nos caiga más simpático. Quizá. Si Aperribay y Loren no lo consiguen, si no aciertan, tendrían que entender, aunque seguramente no lo harán, que han hipotecado su futuro en la Real Sociedad al éxito de esta decisión por lo controvertido del fondo de su apuesta. Pero me gustan menos las formas. Porque son formas impropias de lo que esperamos de la Real. Formas que son las que hemos vivido en los periodos más oscuros de la historia reciente de este club. Y se están acumulando tantas cosas, que estamos cerca de alcanzar un punto de no retorno. Al margen de lo que decidan en la vía deportiva, que tienen el mandato de los accionistas para hacerlo, creo que el Consejo y el director deportivo de este club tendrían que reflexionar, porque no puede ser que la gente que salga de la Real no lo haga con el reconocimiento que merece.
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miércoles, mayo 25, 2011
RESUMEN DE LA TEMPORADA (4). Aperribay y las dudas
Los resultados deportivos lo marcan todo en un club de fútbol, y que la Real siga en Primera División en la mejor nota posible en la gestión de Jokin Aperribay al frente de la sociedad. Si se hubiera producido el temido (y mucho más lejos de lo que ha podido parecer) descenso, las cosas hubieran sido diferentes, pero lograr el objetivo conlleva el riesgo de que todos parezcamos mejores o de que algunas cosas queden ocultas en el fragor de la batalla o en el ruido de la celebración. Los jugadores y el entrenador suelen ser los blancos favoritos de todos, no olvidemos que la Real es por encima de todo un equipo de fútbol, pero por encima de ellos hay unos dirigentes que también tienen que rendir cuentas, en lo legal a los accionistas del club y en lo emocional a todos los aficionados realistas. Y la sensación que deja Jokin Aperribay en esta temporada es que le han asaltado muchas dudas que no sé si ha conseguido resolver acertadamente.El ejemplo más evidente, porque es el que todos seguimos día a día, está en lo deportivo. En pocos meses se ha pasado de la confianza absoluta en el entrenador, hasta el punto de firmar su renovación y augurarle un periplo muy largo al frente del club, a su destitución. Hemos pasado de no querer hablar de la próxima temporada hasta que no se consiguiera el objetivo a planificar a espaldas de algunos de los implicados. Hemos pasado de decirle a Diego Rivas que su renovación no se toca hasta que no sepamos nada de la temporada que viene a anunciarle a Raúl Tamudo que no continuará casi en vísperas del decisivo partido del Zaragoza. Evidentemente, esto es parcela del director deportivo, Loren Juarros, pero no podemos olvidar que éste es un delegado del presidente y del Consejo de Administración. Mal que nos pese, y aunque ha cerrado renovaciones importantes como la de De la Bella, Aperribay ha dejado sombras de improvisación, de no tener del todo claro el futuro deportivo que quiere para este equipo y de no dominar los tiempos que necesita la competición.
Si algo hay que agradecerle es que sus mensajes siempre han sido sosegados, quizá rozando un buenismo que hay que asumir como algo inherente a su cargo (aunque ha habido excepciones en la historia de la Real, la más notable la de Badiola) y a su personalidad. Pocas veces se ha salido del guión (sólo se le notó indignado después de la derrota en Anoeta frente al Hércules, cuando sí expresó su malestar por estar hablando de cosas que no fueran las propias de la competición), pero sus palabras y sus actos quedan en las hemerotecas. Aperribay debe ser más consciente de eso, porque está dando armas a sus detractores con cuestiones anunciadas y no cerradas. No me encuentro entre esos detractores convencidos porque hay que reconocer que su mandato ha traído (por las razones que sea) la necesaria calma institucional, y a pesar de que, como he dicho muchas veces, no me gustó su forma de aterrizar en el club. Pero sí que es cierto que esta temporada ha sembrado algunas dudas.
La reforma de Anoeta fue una de las tumbas de Astiazarán, y como no sepamos algo pronto del proyecto y de su viabilidad le puede pasar lo mismo al actual presidente txuri urdin. Era obvio que la mejor baza que teníamos para la reforma del estadio era la adjudicación a España del Mundial de 2016, pero después de no conseguirse desde la Real se insistió en que la reforma era posible. Hemos visto fotos pero no hechos. Cuidado, porque es un tema más sensible de lo que parece (¿quién no recuerda a Zurutuza cantando "Aperri, quita las pistas" en las celebraciones del ascenso?). La decisión de mayor calado que han tomado Aperribay y su Consejo ha sido la de poner fin a la etapa de Astore como marca deportiva de la Real. Lo cierto es que la mala gestión de las camisetas del centenario obligaba a tomar esa decisión incluso antes, pero ha llegado. Nike vestirá a la Real y, a priori, parece que el club saldrá ganando en todos los terrenos, sobre todo en la difusión de la enseña txuri urdin más allá del territorio guipuzcoano. Ya sólo falta que la multinacional respete la historia del equipo en el diseño de su camiseta.
El consejo realista no estuvo muy rápido a la hora de gestionar el necesario lleno en Anoeta para que el equipo sintiera el calor del público en las últimas jornadas de Liga, a pesar de la gran respuesta de la afición. Las medidas de la Real, que se han limitado a facilitar entradas más baratas a los socios, han llegado tarde. A tres jornadas del final, incluso hubo un medio día de ayuda al club contra el Barça. Ese dinero es necesario, totalmente de acuerdo hasta ahí, pero ojo con las fechas. Lo más reprochable en este terreno es al mismo tiempo lo más elogiable. La venta de entradas por Internet era necesaria, era uno de los saltos hacia la modernidad que necesita el club (¿cuándo se podrá pagar en taquilla con tarjeta de crédito?), pero se implantó justo el día en que llegaba a Anoeta el Sporting. Y eso facilitó que miles de sportinguistas poblaran las gradas del estadio realista. Era un día vital para la permanencia, después de siete jornadas sin ganar, y dejamos que nuestros rivales tomaran nuestro feudo. Gritamos más que ellos, pero aquello pudo ser un funeral con demasiados visitantes. Si al Getafe no le dimos más que 300 entradas el último día, ¿por qué no priorizamos a la afición txuri urdin el día del Sporting?
Muy lejos todavía de la valiente y recordada lucha que acometió José Luis Orbegozo en la Federación, pero Aperribay, además de acertar en la postura que debe mantener la Real en los conflictos televisivos y de calendario, se ha mostrado firme en esa su posición. El nuestro fue uno de los clubes que se opuso a un parón que hubiera sido absurdo, que hubiera roto por la mitad la temporada y que hubiera provocado graves perjuicios económicos y deportivos a la entidad realista. Pero falta algo más de significación mediática, no basta con que Aperribay sea entrevistado en medios locales y que deje que el presidente del Sevilla, José María del Nido, encabece el movimiento para el resto del mundo. No. La Real tiene que mantener una posición firme de defensa de sus creencias y posiciones y tiene que verse. Eso no va en contra de la necesaria humildad que siempre ha caracterizado a la Real, pero hay que hacerse notar. Quizá así los árbitros respetarían más a este equipo, a Anoeta y a su afición. Si todos se quejan y sacan algo y nosotros no hacemos ni una cosa ni la otra, eso merece una reflexión.
Aperribay deja dudas porque no ha atendido a detalles que pueden marcar una presidencia. Ni un solo acto de homenaje en todo el año. Sin entrar ya en los jugadores que merecen un recuerdo después de haber salido por la puerta de atrás de la Real o en que se ha impedido que gente como Martín Lasarte se despidiera de la gente en el campo, los 30 años que han transcurrido desde la primera Liga exigían un recordatorio en Anoeta. Pero nada ha habido. Hubo lentitud en apagar el fuego que prendió con la firma de varios jugadores realistas en aquel documento en favor del acercamiento a Euskadi de presos de ETA (hecho, no lo olvidemos, que aumenta el rechazo a la Real en muchos campos). Y se ha notado cierta pasividad, quizá para no meterse en líos, a la hora de defender al club ante agresiones mediáticas y, sobre todo, verbales de algunos campos. Ya está bien de que nadie desde la Real proteste contra ciertos cánticos que se escuchan en algunos sitios, como los insultos a Aitor Zabaleta y su memoria desde el fondo del Frente Atlético en el Vicente Calderón.
Ser presidente de la Real implica estar atento a las grandes cosas y también a los pequeños detalles. Las grandes, las que pasan por la situación económica del club, parecen muy bien controladas. Si es así, y aunque se lleva tiempo sin hablar de aquella promesa de que en algún momento hubiera elecciones cuando se calmara lo institucional, es hora de atender también otras cosas. Está en manos de Aperribay, pero esta temporada que termina a mí me deja abiertas muchas dudas.
miércoles, marzo 30, 2011
La Real, donde tiene que estar
Si José Luis Orbegozo quedó en el subconsciente de todos como un gran presidente de la Real, quizá como el gran presidente de su historia, no fue porque durante su mandato se consiguieron dos Ligas. Puede que muchos lo vean así, seguramente por no haber vivido o no haber leído sobre aquel periodo, pero ese no es el auténtico motivo. La historia obliga a hablar bien de Orbegozo porque siempre defendió los intereses de la Real, aunque eso supusiera enfrentarse con los poderosos, como de hecho tuvo que hacer en más de una ocasión. Aquel presidente txuri urdin lucho por su club, luchó contra viento y marea, contra molinos y contra gigantes, y lo hizo siempre pensando en la Real y en sus gentes. La Real se empezó a torcer cuando los pensamientos dejaron de ir por ese lado. La gestión de José Luis Astiazarán quiso colocar a la Real donde no tenía que estar, en un mundo alternativo en el que nos convertíamos en unos nuevos ricos alejados de nuestra esencia. Y así comenzó el declive económico del club que supuso la causa fundamental de su hundimiento en el pozo de la Segunda División y del proceso concursal.Astiazarán ahora está en el otro lado. En el de los ricos, en el de los poderosos, en el de los que manejan o quieren manejar los hilos de todo. Es el presidente de la Liga de Fútbol Profesional, por méritos que desconozco. Desde allí se ha urdido una huelga que, afortunadamente, ha fracasado. Y ha fracasado por la oposición de varios clubes, que han forzado a la Justicia a intervenir. Entre ellos, la Real. Para mí es un gozo saber que el club está donde tiene que estar, y en este asunto lo ha estado. Bien por el presidente, Jokin Aperribay, que en este tema y en la negociación del reparto del dinero que generen los derechos televisivos, cuestión que está muy relacionada con este abortado paro, se está mostrando como un rector muy serio, abierto al diálogo pero consciente de que nuestros intereses no coinciden con los de quienes mandan. Este paro convocado desde la patronal era tan absurdo que nadie se ha atrevido a defenderlo en público. Nadie salvo Astiazarán. Pero han sido seis los clubes, sólo seis, que han dado la cara y se han colocado a la vanguardia de la resistencia. Los clubes rebeldes, les llamaba la prensa. Qué curioso, ahora resulta que todo el mundo quería jugar pero sólo seis levantaron la voz. Y la Real, como debe de ser, estaba entre ellos.
Objetivamente, a la Real le venía muy bien jugar este fin de semana sin más demora. Primero, porque el Hércules viene con entrenador nuevo y era absurdo darle una semana más para preparar el partido. Segundo, porque el encuentro más complicado que le resta en Anoeta, el del Barcelona, coincide con unas fechas golosas, justo antes del primer partido de semifinales de la Champions, por lo que presumiblemente Guardiola dará descanso a algún titular. Y tercero, porque con el paro el final de la Liga se hubiera retrasado tres semanas (¿a alguien le cabe en la cabeza semejante parón con cuestiones como Europa o el descenso, quizá incluso el propio título de Liga, en juego?) y la Real se habría quedado sin el concurso, probablemente, de Griezmann e Illarramendi, que estarían jugando el Europeo Sub-21 con sus selecciones. Pero ahí no están las razones de la posición de la Real. Las auténticas razones están y deben estar siempre en el fondo de los debates. Más dinero por los derechos televisivos, sí. Chantajes, no. Y esto era un chantaje de la Liga al Gobierno, quizá por mandato de los dueños de los derechos televisivos, para eliminar el partido en abierto y, así, ganar más dinero.
Ahí la Real podrá defender lo que quiera, y lo hará cuando el debate esté sobre la mesa, no ahora. Eso sí, yo tengo claro que estamos desorbitando el precio del fútbol. Estamos pagando demasiado por un espectáculo que defrauda muy a menudo, y no lo digo sólo (ni principalmente) por lo que sucede en el terreno de juego. La Liga de Fútbol Profesional tiene de profesional sólo el nombre y se está viendo en demasiadas cuestiones, como ha quedado en evidencia con esta huelga. ¿En qué cabeza cabe que hasta hoy no se haya sabido si habrá jornada de Liga? ¿Cómo es posible frustrar desde la LFP la que quisieron hacer los jugadores apelando a la inviolabilidad del calendario y ahora defender este paro sin tener en cuenta que estamos en el momento decisivo de la temporada y ya sin fechas libres para acomodar los partidos suspendidos? ¿Por qué los clubes mantienen al frente de la Liga a un dirigente que no cuenta con el respeto ni el respaldo de la gran mayoría de los aficionados del club al que dirigió y que le sirvió como trampolín para acceder a ese cargo? ¿Cuándo se va a tener en cuenta la opinión del aficionado a la hora de colocar los horarios de los partidos?
Si esto fuera profesional, los horarios se sabrían desde hace mucho tiempo, permitiendo a los clubes y a los aficionados planificar su trabajo y sus viajes. Pero esto no es profesional. Astiazarán es el responsable de una Liga que corre el peligro de ser el hazmerreír de Europa con cuestiones como esta huelga. Que su nombre esté ligado a la historia de la Real tendría que hacernos pensar mucho, pensar en cosas en las que realmente no hemos pensado por la vorágine de los acontecimientos que rodearon al club en los últimos y convulsos años. Con Aperribay de presidente, ahora reina la tranquilidad. No sé si toda la responsabilidad de este estado de bienestar se le puede achacar a él, porque es imposible olvidar la extraña forma en la que accedió a la Presidencia. Aquel fue el momento álgido de una Real oscura que comenzó con Astiazarán, ironías de la vida, precisamente quien negoció en nombre del club el primer contrato televisivo cuando llegaron a España las plataformas digitales. Pero ahora parece haber sentido común detrás de lo que se hace, al menos en debates como éste. Y eso hay que aplaudírselo a Aperribay. Porque en esto ha colocado a la Real donde tiene que estar.
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viernes, junio 25, 2010
Resumen de la temporada (4). La ansiada calma institucional
Me gusta hablar poco de los presidentes de la Real. Soy un firme convencido de que su trabajo tiene que ser silencioso y eficaz, por lo que entiendo que cuanto menos aparezcan en los medios mejor estarán las cosas para el club. Con Jokin Aperribay reconozco que me mueven sensaciones contradictorias. Encaja en ese perfil de presidente más o menos callado y es cierto que a día de hoy la Real es un club tranquilo, lejos de las turbulencias que ha vivido en los últimos años, con vaivenes descomunales en su dirección, con continuos cambios en la Presidencia, y con decisiones que llevaron a la institución al peor momento de su historia moderna. Pero, al mismo tiempo, no puedo quitarme de la cabeza las imágenes de su llegada a la Real, aquellas protestas de un grupo de aficionados, la intervención de la Ertzaintza, las formas en las que se presentó de tapadillo a los accionistas del club. Aquel fue un día muy negro para la Real y Aperribay estuvo en el centro de los acontecimientos.Lo mejor que se puede decir de la gestión de Aperribay y de su gestión es precisamente la necesaria tranquilidad que ha recuperado para la Real. Sin entrar en las motivaciones e intenciones de unos y otros, el choque entre el estilo grandilocuente de Badiola y la salvaje oposición mediática que se encontró fue muy dañino para la Real. Este es un club que necesita calma interna y enfrentamientos, si fueran necesarios, sólo con sus enemigos externos, pero no una lucha entre hermanos. A la larga eso se acaba notando y no hay duda alguna de que el equipo txuri urdin lo ha notado y mucho en estos últimos años. Aperribay ha logrado que todos los poderes fácticos, periodísticos y políticos, vuelvan a ponerse del lado de la Real (¿o ha sido al revés y es la Real la que ha vuelto a la senda marcada por esos poderes?), y eso ha dejado una gran noticia: el fin del proceso concursal.
A pesar de todas las dudas que generaron ese delicado momento económico y las explicaciones recibidas desde el Consejo de Aperribay (que, sobre todo en las primeras etapas, no parecieron todo lo claras que se necesitaba), lo cierto es que el carpetazo a ese proceso ha sido el adecuado, al menos por la información que nos ha llegado. La Real ya no está en proceso concursal, ha sobrevivido a un duro trance y ahora está en mejor disposición que algunos clubes de Primera sobre los que se ciernen deudas millonarias para afrontar el regreso a la máxima catgoría del fútbol español. No olvidemos lo mucho que influye en la percepción de la dirección administrativa el buen funcionamiento de la parcela deportiva. Y que la Real haya subido a Primera ha contribuido mucho a esa tranquilidad institucional que se ha instalado en el mandato de Aperribay.
También es importante recordar que la oposición ahora mismo no existe como tal. Badiola decidió mantener un perfil bajo y sólo a través de la web que creó tras salir del club se le ha podido escuchar alguna vez, a él o a sus colaboradores. Muy poco ruido para el nivel al que él tuvo que enfrentarse desde la Presidencia. Se habló de plataformas y de accionistas importantes que querían forzar una junta extraordinaria e incluso elecciones, pero todas esas inicitiavas acabaron diluidas. Los procesos judiciales se han ido cerrando, algunos en falso y otros con conclusiones tranquilizadoras, pero se han ido cerrando. Eso es bueno para la Real, aunque en algún caso deja un poso de tristeza grande, porque males internos han podido quedar sin resolverse. Los medios de comunicación, incluso los más favorables a Badiola, acabaron rendidos a la evidencia de que, si había algo contra lo que luchar relacionado con la nueva directiva, era imposible. Hace tiempo lei con cierta preocupación las declaraciones del jefe de marketing que Astiazarán se trajo a la Real, en las que denunciaba que el club estaba manejado por un lobby periodístico. Siempre nos ha faltado mucha información pública sobre este tema y eso lastra mucho todas las valoraciones que se puedan hacer.
La política deportiva parece la acertada. El Consejo de Aperribay se ha movido bien y rápido. Esa tranquilidad tan deseada y ahora conseguida ha facilitado que casi todos los jugadores de cantera del primer equipo renueven. Sólo tres se han marchado, Castillo y Díaz de Cerio el pasado verano y Asier Riesgo éste. Es un éxito que los jugadores procedentes de Zubieta quieran seguir en la Real. El saneamiento de las cuentas también ha permitido estos movimientos (o el brillante y rápido fichaje de Llorente, un modelo de cómo se deben hacer las cosas en la Real), pero hay que estar alerta con el tema de las televisiones. La Real no ha tomado todavía una posición importante en todo este conflicto y quizá tendría que hacerlo. Es mucho dinero el que está en juego, y aunque Aperribay ha dicho que ahora mismo no tenemos ningún problema en este sentido, es importante estar alerta. Como también asegurar el futuro de la entidad en caso de que suceda la tragedia de volver a Segunda. Deportivamente es algo que siempre es posible y el club debe estar preparado para ello, algo que dejo de hacer en la Presidencia de Astiazarán.
El centenario ha sido otro de los logros del Consejo. Aunque algunos no querían ver al Real Madrid en esa celebración, lo cierto es que fue un día hermoso e inolvidable. Que todas las celebraciones se hayan hecho sin coste alguno es muy importante. Y también que quede un legado para la Real en Anoeta, como la apertura del museo o la tienda en el propio estadio. También es inevitable recordar algunos problemas relacionados con la efemérida y que sí se pueden achacar a Aperribay. Aquel homenaje de tapadillo a Real Madrid y Federación Española con motivo del centenario de la Real. La ausencia de explicaciones sobre algún acto anunciado y nunca celebrado (¿qué fue del concierto...?). La caótica gestión con Astore de la camiseta del centenario.
Y aunque nada tenga que ver con aquello, también hubo problemas con las entradas del último partido en Anoeta (¿para cuándo venta a través de Internet o, al menos, una migaja como es el pago con tarjeta de crédito en taquilla?). Problemas todos ellos menores, si se quiere, cuando la Real ha vuelto a Primera División, porque eso, la marcha del equipo, es lo que más nos preocupa a todos. Pero problemas que hay que resolver siempre los habrá. Aperribay tiene ante sí un reto bonito. Ha logrado que vuelva la calma a la Real, sí, pero ahora debe dar un paso adelante y no acomodarse. Debe poner a la Real en el futuro. Y eso no se limita sólo a lo que hagan los once jugadores sobre el campo.
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