
Porque, por un día, después de 41 jornadas en las que el equipo supo sobreponerse a todo lo que se le vino encima, la Real dejó de ser la Real. No tuvo la personalidad necesaria para dar el último arreón y, aunque ya no sirviera para subir, dejar a esa afición que se ha dejado la vida un motivo, un único y sencillo motivo, para ilusionarse de cara a la próxima temporada, un motivo para esbozar una sonrisa, siquiera una sonrisa con cierto aire de melancolía. Lo que el equipo txuri urdin ofreció ante el Córdoba, por mucho que sea imposible sustraer el partido de lo que estaba sucediendo en Gijón y Málaga, fue un ejercicio de no saber ganar, de bajar los brazos, de entristecer aún más a un público que ya no sabe si tiene más capacidad para soportar la tristeza pero que tendrá que afrontar otro año como el que ahora finaliza. La Real acabó la temporada sin ilusión, sin fuerzas, sin ganas y sin gloria.

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En este último partido, como en otros muchos a lo largo de la temporada (y ahí ha estado el verdadero talón de Aquiles de este equipo en los últimos meses), la Real no fue capaz de generar demasiado peligro contra la portería cordobesa, no supo aprovechar los ánimos de un Anoeta entregado tras el empate, sabiendo que ahí podía estar (aunque luego no fuera así) el último tren del ascenso. La Real, sin hacer nada del otro mundo, debió irse al descanso ganando, cumplir su parte de este desenlace. Por historia, por ilusión, por fútbol y por todo. Pero no lo hizo. Y la segunda parte fue una rendición en toda regla. Ni con cinco delanteros fue capaz el equipo de colgar un solo balón al área o poner en verdaderos aprietos la portería visitante.
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¿Qué queda de esta triste última jornada en el apartado futbolístico? Prácticamente nada. Obviamente, aquí no se perdió el ascenso, porque las claras victorias de Málaga y Sporting (desde aquí, mi más sincera enhorabuena a los aficionados de ambos equipos) anulaban cualquier opción de subir. Pero es que hubo poco que rascar, poco que ofrecer a la afición, poco con lo que ilusionarse de cara a la próxima temporada. El último paradón de Asier Riesgo. La noble entrega de Castillo. Algún detalle de Fran Mérida. Nada más. Y eso es poco, muy poco, por parte de un equipo que se encontró con una afición entregada desde el primer minuto. Una afición que merecía mucho más. Sí, el ascenso se puso imposible muy pronto. Pero la Real no pasó ni un solo minuto en puestos de privilegio, no llevó los nervios a La Rosaleda o El Molinón. La Real no hizo su parte. Y eso aumentó la tristeza.

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Lo del Córdoba, al final, será una anécdota en el devenir histórico de un equipo ya casi centenario. Como la Real se ha quedado a cuatro puntos del ascenso, quedará para todos aquellos que no estuvieron en Anoeta el 15 de junio de 2008 como un partido intrascendente, marcado más por la alegría de los cordobeses por su permanencia en Segunda (felicidades también para ellos, su comportamiento en San Sebastián fue para quitarse el sombrero) que por lo que perdió la Real. Porque eso se quedó atrás un par de semanas antes. La Real no ofreció en su última jornada las sensaciones necesarias para que el fútbol le devolviera lo que le había quitado hace cinco años en Vigo y hace hoy exactamente uno en Valencia. Eso es lo más triste de la última jornada.
2 comentarios:
...y ahora vamos a ver que pasa con la junta...
Aupa Real desde Roma!
La verdad es que la Real se ha quedado en segunda por errores propios más que por aciertos de los rivales porque todos fallaron en los ultimos partidos, incluída la Real (2 puntos de 9). Más suerte el año que viene que va a ser duro también.
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