domingo, junio 07, 2009

RAYO VALLECANO 4 - REAL SOCIEDAD 1 Sin ilusión, no hay otro resultado posible

A estas alturas de la casi centenaria Historia de este club, creo que casi todos los que queremos a la Real convenimos en que la ilusión fue un factor fundamental para lograr el ascenso de Puertollano, para fijar el récord de imbatibilidad del fútbol español, para ganar dos Ligas y para estar cerca de conseguir una tercera hace apenas seis años. Esa misma ilusión que siempre ha tenido la Real, jugara donde jugara, en la categoría en la que estuviera y ante el rival que tocara, sin importar su calidad, hoy no existe. Se ha perdido. ¿Se puede recuperar? Tal y como jugó la Real en Vallecas, el resultado no podía ser otro. Bueno, sí, podía haber supuesto una goleada todavía más amplia del Rayo. Porque el Rayo saltó al campo con la ilusión de ganar el partido y la Real no. Este sábado, los vallecanos dijeron adiós a sus opciones de jugar en Primera, a pesar de lograr los tres puntos. La Real se despidió de Primera la semana pasada. Comparar la forma en la que uno y otro equipo ha encarado ese duro trance da una idea de lo que sucedió en el Teresa Rivero. Ni más ni menos que un baño en casi todos los aspectos del juego.

Además de la pobre sensación que dejó la Real, hay que reconocer que a este equipo le ha mirado un tuerto. Es de nota que un partido en el que el mayor temor sea la ilusión que pueda mostrar el equipo, comience con un gol encajado en el minuto 3. La jugada sirvió para demostrar que el nuevo héroe de los realistas, Zubikarai, también es humano. Falló clamorosamente en la salida, en lo que seguramente es un síntoma más de la falta de ilusión que el equipo arrastra ya desde la semana pasada. Nada que reprochar, no obstante, al arquero realista, que bastante ha hecho por levantarnos la moral a lo largo de la campaña. Hasta el mejor escribano echa un borrón y el suyo ha llegado en la jornada 40. Eso es digno de mención. Como también hay que mencionar, pero en el lado negativo de la balanza, la desidia en las marcas en la jugada de este primer gol y, sobre todo, en la del segundo. No habíamos llegado al cuarto de hora y ya se olía la goleada local.

Tras el segundo gol loca, hubo un atisbo de reacción porque este equipo no es tan malo como muchos creen y tiene capacidad para hacer cosas interesantes, aunque las circunstancias no hayan sido las más propicias para enseñarla a lo largo de la temporada. Agirretxe marcó el 2-1. Quizá penséis que soy un exagerado al decir que fue un golazo, pero lo fue. Al canterano le cae un balón muerto, sin fuerza, un poco por delante del punto de penalti. El salto es magnífico, el movimiento de cuello para impulsar el balón es sencillamente perfecto, y la colocación de su cabezazo es formidable, junto a la cepa del palo derecho de Cobeño. Un golazo. El octavo que marca. Agirretxe ha demostrado nivel de sobra como para lucir un número de la primera plantilla, algo que sucederá a partir de agosto, y como para convertirse en uno de los jugadores que colabore en el ascenso a Primera División. Y, de paso, el único al que Bravo le pudo mandar un agradecimiento ayer. Cobeño sólo encajó un gol, pero es un gol más que acerca al meta chileno de la Real al trofeo Zamora.
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El gol realista dio paso a los mejores minutos del equipo txuri urdin. Porque, insisto, no es tan malo como muchos creen y tiene potencial para dominar a un equipo como el Rayo, incluso presentándose en el campo del quinto clasificado sin seis titulares. No hubo, eso sí, claras ocasiones de gol, más allá de otra del propio Agirretxe, que tenía que haber cedido a Xabi Prieto para que empujara el balón al fondo de la portería pero prefirió jugársela él. En todo caso, la ilusión fue el factor determinante. Los goles del Zaragoza agotaron toda opción rayista de subir a Primera, pero no mermaron su ilusión, al contrario de lo que le sucedió a la Real hace una semana. También tuvo la suerte de empezar marcando otra vez en la segunda parte, pero contó con el aliado fundamental de la desilusión realista. No se puede dejar tanto espacio dentro del área, no se puede dejar que un equipo como el Rayo toque tanto el balón tan cerca de la portería de Zubikarai. Porque lo acaban aprovechando. El 4-1, la mayor goleada encajada por la Real en este tránsito que ya dura dos años por la Segunda División, no es exagerado. Es muy justo para los méritos de unos y otros y, sobre todo, el ánimo con el que jugaron ambos equipos.

La Real sólo existió en ese breve tramo del primer tiempo y después de que el Rayo anotara su cuarto gol, cuando jugadores como Gerardo y Estrada se animaron incluso a disparar desde fuera del área (¿contagiados por los intentos de Ros de la semana pasada?). Y es un bagaje claramente insuficiente como para optar a conseguir algún punto en una plaza como Vallecas. Hubo además algunos signos de fractura, signos que se apuntaban hace algunas semanas y que el final de las aspiraciones de ascenso ha dejado aún más al descubierto. Ros (aunque no le salieron las cosas demasiado bien) y Agirretxe sí muestran ilusión, juegan a una marcha diferente que el resto de sus compañeros. Será la bendita locura de la juventud, que les lleva a pensar que sí hay algo en juego cada vez que se ponen la camiseta de la Real. Pero su ilusión pone de manifiesto la desilusión de algunos de sus compañeros. Y es obligado citar el nombre de Castillo. Si no está para jugar, que no juegue. Si no quiere jugar, que no juegue. Pero la camiseta que lleva tendría que exigirle mucho más. A él y a cualquiera que la vista. El relevo de Castillo está en el banquillo y se llama Sarasola. Seguro que él si muestra la misma ilusión de Ros y Agirretxe.
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Junto a ellos, el único que por momentos demostró cierto nivel futbolístico fue Diego Rivas, que se tuvo que multiplicar en el centro del campo e incluso llegó a meter algún pase en profundidad más que interesante. Funcionó sólo a ratos, y también se le puede achacar cierta relajación en los dos primeros goles del Rayo, pero al menos dio la cara y permitió que la defensa sufriera un poquito menos de lo que ya sufrió. Que fue bastante. Esta Real puede presumir de haber mostrado una gran seguridad defensiva a lo largo de la temporada, pero en Vallecas se presentó sin dos de sus tres centrales, con Carlos Martínez actuando en el centro (o deambulando a veces por allí, incluso tirándose cuando podía al lateral), con un falso lateral por la derecha (Gerardo) y con un lateral apático por la izquierda (Castillo). Y el Rayo se convirtió en el peor rival posible para jugar en esas circunstancias. Arriba, Necati, Moha y Marcos no ofrecieron absolutamente nada y Xabi Prieto sólo le echó algo de raza cuando la goleada rayista bordeaba el sonrojo txuri urdin.

Por seguir mirando la clasificación, y dado que todavía quedan dos partidos por jugar, hay que pensar en que el sexto puesto debiera ser innegociable para este equipo. Con los resultados de ayer, el cuarto puesto es ya imposible y el quinto es una utopía aún mayor que los sueños de ascenso que hemos podido tener durante buena parte de la segunda vuelta (el Rayo tendría que perder los dos partidos y los de Lillo lograr los seis puntos). La Real recibe la semana que viene en Anoeta al Levante y el partido se puede convertir en un duelo directo por la sexta plaza, ya que el equipo valenciano se colocaría a un punto del donostiarra si vence esta tarde en su campo al Elche. La Real está frente a un pequeño abismo. Puede terminar la temporada con cuatro derrotas consecutivas y en la octava posición si juega los dos partidos que restan con la pobre intensidad con la que jugó ante Córdoba y Rayo. Y sería un final muy penoso para una temporada ya de por sí triste. Hay que poner remedio, aunque sólo sea para acabar esto con dignidad.

2 comentarios:

Miki dijo...

Pues al final no pude ir al partido, pero en cierta forma me alegro.

A mí esa falta de ganas me hierve la sangre. Yo prefiero quedar el 15 al 16 y ganar hasta en las pachangas.

Por otro lado lo que nunca he entendido es el recolocar a jugadores siendo un equipo de cantera. ¿No hay un central en el Sanse que pueda sustituir ocasionalmente a los del primer equipo?. Si es que no, entonces ya me dirás que apuesta por la cantera podemos hacer.

Juan Rodríguez Millán dijo...

Miki, estoy de acuerdo, yo también quiero ver ganar a la Real siempre. Y sí había centrales, pero como apunto en los comentarios del siguiente post, me da que Lillo no quería mezclarles en la espiral derrotista y triste con la que se acaba la temporada. Al menos no más de lo necesario.