viernes, enero 22, 2016

SPORTING 5 - REAL SOCIEDAD 1 Uno de los mayores insultos al escudo, a la historia y a la camiseta de la Real

Vela, de lo poco salvable en El Molinón.
Cabe pensar que después de perder 5-1 en El Molinón, nadie en la Real pondrá paños calientes a lo que, sin ningún atisbo de duda, se puede considerar como de los mayores insultos al escudo, a la historia y a la camiseta que se ha autoinfringido jamás este equipo en sus más de cien años de historia. Perder de esta catastrófica y vergonzante forma ante un equipo que sumaba cuatro derrotas seguidas y que estaba en zona de descenso es el mejor y más humillante retrato de lo que es ahora mismo el equipo txuri urdin: nada. Sin talento, sin dignidad y sin orgullo, vapuleado por un equipo del montón y que, de conseguirlo, sufrirá hasta el final para mantener la categoría. Las bajas no son excusa. Eusebio tenía un banquillo inaceptable, sí, por su propia culpa y como en las últimas semanas, pero eso no explica el descomunal despropósito visto sobre el césped.

Porque, sí, las ausencias son de un calibre importante, pero sobre el césped había razones sobradas para dar, al menos, una imagen competitiva. Ante la ausencia de los dos laterales por los que había apostado, la decisión conservadora de Eusebio habría sido optar por lo clásico. Zaldua en la derecha no parecía tener discusión, aunque la posibilidad de devolver a Elustondo a esa banda era una opción, pero apostar por Héctor como lateral zurdo y no hacerlo por De la Bella es un mensaje clarísimo. Como también dejar a Xabi Prieto en el once inicial y sentar a Pardo para que Illarramendi recuperar su posición de titular. Lo que seguro que el técnico txuri urdin no esperaba es el ridículo de proporciones épicas que ofreció su equipo. Encajó el primer gol a los 14 segundos de partido y eso, por lamentable que parezca, fue la mejor noticia de unos 90 minutos vergonzosos, uno de los peores ridículos que ha firmado el equipo en años.

Efectivamente, la Real prácticamente salió de los vestuarios con un gol en contra. ¿La razón? Que todo el equipo estaba todavía pensando en otras cosas cuando el Sporting ya estaba jugando. No hay otra forma de entender un posicionamiento tan endeble que permitió una apertura fácil a la banda izquierda del ataque sportinguista, un pase tan cómodo desde esa zona y la descomunal cantada de Rulli, cuyas manos blandas apenas fueron obstáculo para que el balón llegara a los pies de Carmona para que simplemente tuviera que empujarlo sin oposición. Otra vez más, la Real de Eusebio encajó el primer gol del partido. Nada nuevo, puesto que el equipo sólo lo ha evitado desde la llegada del nuevo técnico en los dos partidos que ha ganado por 2-0, ante Sevilla y Valencia. Pero el despropósito no había hecho más que comenzar. El guardameta argentino enterró su recuperación de las últimas semanas danzando por el área en busca de un balón del que nunca estuvo cerca, sus centrales dudaron con la misma intensidad, Sanabria tocó la pelota de cabeza y Ndi hizo el 2-0.

En diez minutos, la Real se había suicidado de una forma inverosímil, impropia y sorprendente dados los buenos partidos que había encadenado en Anoeta. Pero no, la cosa no acabó ahí. ¿Reacción? Nula, como procedente de otra época, conformándose con tocar el balón en zonas en las que el Sporting no tenía nada que temer. Sólo Vela parecía tener algo de mordiente, y de hecho fue objeto de un claro penalti que Fernández Borbalán no quiso pitar, aumentando a cinco las jornadas consecutivas en las que la Real ha sido perjudicada. Hoy, eso sí, nadie pensará en el árbitro. Cuando llegó el primer disparo, y sin encontrar portería, no llega hasta el minuto 28 de la primera parte y perdiendo ya por 2-0 desde el minuto 10, la cosa pinta mal. Y se puede argumentar que el Sporting salió más enchufado, que pudo la necesidad y todos esos tópicos con los que se tapa un ridículo de estas dimensiones, pero sería faltar a la verdad. El Sporting se ganó dos tarjetas amarillas, que pudieron ser más, cuando la Real no estaba haciendo absolutamente nada y en zonas muy alejadas de la portería de Cuellar.

Llegó ese disparo desviado de Vela en el minuto 28. Y la reacción real, si es que se puede llamar así, no llegó hasta el minuto 36. Fue entonces cuando Elustondo buscó el gol en el segundo palo. Un agarrón flagrante, uno mucho más claro que el que había sufrido Jony minutos antes a cargo de Iñigo Martínez en una jugada sin peligro, hizo que no llegara cómodo a un remate que parecía claro y eso permitió que Cuella evitara el 2-1. El realista, no obstante, se golpeó la espalda con el poste y se quedó tendido sobre la misma línea de gol. El Sporting pidió tirar el balón fuera, Fernández Borbalán, qué malo es, no quiso detener el juego y la Real siguió atacando, hasta que Vela enganchó el balón en la frontal del área e hizo el 2-1. El gol premiaba que el mexicano fuera el único realista capaz de inquietar a los sportinguistas. Ese gol, vista la endeblez del Sporting en las últimas semanas, tendría que haber bastado para que el partido se decantara del lado realista. Pero no. La Real estaba tan decidida a hacer el ridículo que todavía fue capaz de empeorar las cosas.

Primero, lo más grave, encajando el 3-1 en una jugada cómica, risible y dolorosa porque, precisamente, afecta a dos de los jugadores que parecían estar sosteniendo al equipo en las últimas semanas. Una indecisión y falta de comunicación entre Elustondo e Iñigo Martínez dio con los dos en el suelo. Sanabria no tuvo más que aprovechar la coyuntura y hacer el tercero. Con ese resultado se llegó al descanso, pero con dos situaciones más que prolongaron el ridículo de la Real. Mientras el Sporting celebraba, Eusebio sustituyó a Elustondo por el golpe que recibió contra el palo minutos atrás. ¿Tuvo algo que ver la dolencia en la jugada del gol? Eso sería el despropósito definitivo, y algo nada descartable viendo lo que hizo la Real en El Molinón. Al señalar Borbalán el descanso, Iñigo se ganó una tarjeta amarilla más que criticable por unas protestas que ya no venían a cuento. El 3-1 era una losa importante y que acabó siendo definitiva. La Real decidió olvidar el carácter y se resignó a ser goleada.

Hubo algún mínimo atisbo de reacción en el arranque de la segunda mitad, merced a la entrada de Oyarzabal por un desaparecido Bruma y a que Vela fue el único jugador sobre el césped que tuvo la dignidad de intentarlo todo durante los 90 minutos. Antes de que la Real pudiera volver a meterse en el partido, a los tres minutos de la reanudación, Sanabria echó fuera un balón de forma incomprensible casi sobre la línea de gol. Jonathas tuvo esa opción de recortar distancias, pero coronó un paupérrimo partido intentando rematar de manera blanda un balón franco que le había metido Xabi Prieto, el único decente que tocó en todo el encuentro, tras una buena combinación con Vela. Era el minuto 48 y ahí se acabó la Real. Sobre todo porque en el 53 llegó el 4-1. Una defensa de chiste, de todo el equipo, hizo que una jugada a cámara lenta del Sporting fuera siempre un avance con superioridad de los locales. Un tirito de Carmona, increíblemente blando, tendría que haber sido el final de la jugada, pero las manos de mantequilla de Rulli, asombroso su partido en Gijón, dejó el gol cantado a los pies de Sanabria.

Desde el 4-1, la Real bajó los brazos de una forma descarada. Héctor tuvo un buen disparo desde el interior del área para recortar distancias nada más encajar ese cuarto gol, pero el balón salió no muy lejos del palo a la izquierda de Cuellar. Y más adelante Jonathas buscó un disparo desde la frontal, tan fuerte como centrado, que el portero sportinguista, nada exigido en todo el encuentro a pesar de no demostrar demasiada firmeza, atrapó sin demasiadas dificultades en dos tiempos. Eusebio, como se podía intuir por la equivocada y descompensada convocatoria que configuró, ya no tenía nada con lo que responder a este descomunal descalabro y se limitó a quitar a Markel para dar entrada a Pardo. Esta suplencia le da parte de razón cuando dijo que a él se le juzga con más dureza que a sus compañeros, porque no merecía salir del once y fue el sacrificado, como lo ha venido siempre, casi por sistema, en los últimos años.

Para terminar de coronar el sonrojo, el Sporting hizo su quinto gol en el minuto 81. Un balón largo permitió que Sanabria encarara completamente solo a Mikel González, vaya sufrimiento el suyo durante los minutos que jugó y no necesariamente por su culpa. Tras regatearle, no tuvo más que colocar el balón en el palo más alejado de Rulli para redondear una goleada escandalosa y que las circunstancias agravan. Y pudo ser peor, porque antes de que llegara ese quinto el meta argentino de la Real demostró de nuevo sus manos blandas en más de una jugada y hasta tuvo tiempo para protagonizar su única buena parada en toda la noche cuando Rachid buscaba la escuadra. Y sí, el pensamiento que cualquier realista tenía para entonces es que encima había que dar gracias de que el rival de esta jornada haya sido el Sporting. Da pavor pensar qué podría haber pasado si en lugar de El Molinón se hubiera tenido que jugar en el Camp Nou, en el Santiago Bernabéu, en el Vicente Calderón, en El Madrigal o hasta en San Mamés. Auténtico pavor.

Todo lo que remó la Real cuando llegó Eusebio para sobreponerse a su patético inicio de Liga desapareció con la lamentable eliminatoria de Copa ante Las Palmas. Todo el crédito que había conseguido el equipo con su buen partido en el Bernabéu y sus dos actuaciones seguidas en casa queda aniquilado por este ridículo. Inaceptable, inasumible e imperdonable. La Real lucha por la salvación. Que nadie se haga otras ideas. No está ni para la mitad de la tabla porque no es fiable y no quiere demostrar orgullo. Ya sólo cabe esperar que la mejoría de Vela y el regreso de Agirretxe cuando se produzca sirvan para que la Real sume cuanto antes las cinco victorias que le alejarán al objetivo de seguir en Primera División y que su plantilla más cara de la historia no se convierta en la mayor vergüenza de toda su historia con un nuevo descenso. Con el nivel mostrado en El Molinón no sólo es posible, sino que casi sería hasta lógico.