domingo, enero 10, 2016

REAL SOCIEDAD 2 - VALENCIA 0 Jonathas corona el pundonor de la Real

Así entró el primero de los dos goles de Jonathas.
Merecidísima y muy necesaria victoria la que ha conseguido la Real ante el Valencia. Una que va para Tximist, que recibió su merecido homenaje antes de que comenzara el encuentro, y que se consiguió gracias a una sensacional segunda parte en la que los jugadores de Eusebio superaron en todo a los de Neville. La noticia es que la victoria llegó gracias a dos goles de Jonathas, el primero con algo de suerte y el segundo con algo de talento, rompiendo una sequía que se prolongaba desde el mes de septiembre y que oculta que durante el partido le costó muchísimo leer a sus compañeros. La otra gran noticia de este triunfo que lleva ala Real a los 20 puntos es que el equipo se sobrepuso a sus importantísimas bajas, hasta cinco jugadores que bien podrían ser titulares, y a la ausencia de un plan B por la falta de futbolistas ofensivos en el banquillo, para hacer una brillante segunda mitad, llena de pundonor, entrega y coraje que fue lo que dio justicia al 2-0 final.

No hubo sorpresa alguna en el once de Eusebio, no podía haberlas en realidad, porque la convocatoria que confeccionó el técnico no dejaba apenas alternativas ofensivas en el banquillo, sólo la de Oyarzabal y la reconversión a extremo de Héctor, por lo que el equipo inicial supuso casi una apuesta exclusiva por ganar el partido desde el primer minuto con toda la dinamita disponible sobre el césped. Pero, claro, el miedo es un poderoso enemigo del fútbol y tanto la Real como el Valencia arrancaron el partido más temerosos de perder que ilusionados por sumar de tres en tres. La cercanía al descenso y sus cuatro jornadas sin ganar para los primeros y los siete encuentros sin conocer la victoria para los segundos pesaron más que las buenas intenciones que pudieran tener ambos equipos. Tanto fue así que la primera llegada de peligro de alguno de los dos equipos no llegó hasta el minuto 8, una jugada personal de Bruma que finalizó con un disparo flojo.

Durante la primera mitad, los dos equipos amagaron bastante y golpearon poco, pero el caso es que cuando lo hicieron fue con ocasiones de auténtico peligro. Tanto es así que la madera evitó que se moviera el marcador en ambas porterías. Primero fue el palo derecho de Jaume, que repelió un disparo con rosca de Carlos Martínez, tras una espléndida jugada con Xabi Prieto y aunque el lateral tendría que haber buscado un pase a Vela, totalmente desmarcado. Después, el larguero de Rulli repelió un disparo de Rodrigo tras una asistencia de cabeza de Mustafi, aprovechando la ya casi eterna debilidad de la Real en la defensa de los saques de esquina. Bruma tuvo otra clarísima para adelantar al equipo txuri urdin, pero su galopada en solitario la quiso culminar con un disparo sin ángulo cuando Jonathas sólo tendría que haber empujado el balón a la red. Y Rodrigo encontró el lateral de la red con un buen disparo desde la izquierda.

Con igualdad de ocasiones, el partido también estaba parejo en casi todos los aspectos. Con un gran Markel anticipándose a los balones con los que el Valencia quería jugar por dentro, el principal problema de la Real estuvo en los balones a la espalda de su defensa, bien anulados por los movimientos de su línea más retrasada para dejar en fuera de juego con frecuencia a los atacantes valencianistas. La Real, por su parte, encontró más peligro en la banda derecha de su ataque, aunque no supo aprovechar durante los primeros 45 minutos la debilidad que provocó en el Valencia que Abdennour viera tarjeta amarilla en la misma jugada en la que Carlos Martínez estrelló el balón en el palo, en el minuto 15, y que Cancelo la viera en el 27 por golpear a un Vela cada vez más enchufado. Neville retiró a Cancelo en el descanso, evitando la posibilidad de quedarse con diez, algo que también hizo después con otro amonestado, Enzo Pérez, aunque este se marchó tocado.

El 0-0 al descanso era inquietante para los dos equipos, pero el escenario cambió tras el descanso y la igualdad se rompió. Si no fuera por el revés copero, en el que lo psicológico volvió a pesarle una barbaridad a la Real, Eusebio tendría ya ganada una merecida fama de motivador. Convenció a este equipo de que era posible otra forma de encarar los partidos en escenarios grandes como el Camp Nou y el Santiago Bernabéu, a pesar de las dos derrotas con las que salió de allí (la primera muy merecida aunque no achacable a Eusebio, la segunda completamente injusta), y en el descanso ante el Valencia su arenga tuvo que ser importante. Porque si la primera parte fue igualada, la segunda fue de clarísimo color txuri urdin. Cierto que en sus primeros minutos continuó el toma y daca, primero con un barullo para la Real que Bruma, Jonathas y Vela no fueron capaces de rematar con acierto y luego con una buena opción para Mina, que no llegó al remate, y Pérez. Pero ahí el protagonismo se lo quedó la casta de la Real, esa que tiene aunque la misma Real tantas veces se la niega a sí misma.

Y si hablamos de casta, hay un nombre que tiene que salir por fuerza, el de Carlos Martínez. Después de su ocasión de la primera mitad, que habría sido un golazo, lo intentó tras el rechace de un córner pero su disparo se marchó fuera. Y, con el permiso de Jonathas y sus dos goles, acabó siendo el hombre del partido, después de que Hernández Hernández opositara para quedarse con esa posición. La Real fue ampliamente perjudicada por las actuaciones arbitrales en el Bernabéu y también en Vallecas, y el colegiado impidió, no se sabe muy bien por qué, que tuviera la opción de adelantarse también en este encuentro. Elustondo vio cómo un defensa valencianista le agarraba de la camiseta de forma flagrante a la salida de un córner. Pudo llegar a rematar para que el balón lo sacara Jaume, pero el penalti fue de escándalo. Y su un árbitro no ve cómo cogen de esa manera al jugador que remata un córner, es imposible justificarle de ninguna de las maneras. Ni estaba tapado, ni la jugada sucede lejos de lo que tiene que estar mirando. No hay razón para no pitarlo, pero no lo pitó.

La Real, en todo caso, no se descompuso tras sufrir el tercer atropello arbitral consecutivo, y siguió muy metida en el partido, buscando la necesaria victoria. Ese córner que acabó en el penalti no pitado llegó después de un buen disparo desde la frontal de Pardo, muy activo y cubriendo una inmensa cantidad de campo, que rebotó en un defensa y se marchó fuera. Jonathas, fallón hasta ese momento, no conectó un buen cabezazo en la siguiente acción. Y otro nuevo barullo en el área no encontró ningún remate claro para alivio de un Valencia que vivía con un agobio considerable. Tuvo la opción de respirar con una contra que culminó Santi Mina con un disparo cruzado que se marchó a la derecha de Rulli, y con una parada del argentino tras un disparo no demasiado peligroso de Alcacer. Pero ahí se acabó la participación del guardameta realista, y estábamos en el minuto 61. A partir de ahí, el monólogo realista fue absoluto, incluso tras meter Neville a Negredo en el campo, y hasta sumar una veintena de tiros sobre la portería de Jaume en los 90 minutos.

La primera de las ocasiones claras en esa media hora final estuvo en los pies de Pardo tras una dejada de Vela, pero su disparo, algo centrado, permitió a Jaume lucirse. Jonathas volvió a intentarlo desde la frontal, pero el balón se fue muy arriba. A pesar de la superioridad realista, el partido entró en una fase complicada en la que las ocasiones bajaron en intensidad y Eusebio quiso devolver el ritmo al partido con la única posibilidad real de cambio que tenía en el banquillo. Estaba cantado que tardaría en hacerlo, ese primer relevo llegó en el minuto 76, y que el elegido para entrar en el campo iba a ser su único jugador de perfil atacante, Oyarzabal. Sorprendió más que el elegido para dejar el campo fuera Vela. Apenas tres minutos después del cambio, ya en el 79, la Real encontró el premio a su incansable trabajo. Carlos Martínez puso un centro que rebotó ligeramente en un defensa y cogió una parábola que hacía imposible la salida de Jaume. Sobrepasado el guardameta, Jonathas, por detrás de él, sólo tuvo que empujar la pelota de cualquier manera y con el pecho para sacarse de encima toda la ansiedad que tenía, tal y como evidenció con su celebración.

Con el gol, la Real había hecho lo más difícil, romper el nerviosismo por el peligro de no sumar una victoria que necesitaba. Pero en lugar de echarse atrás y defender lo obtenido, siguió con una enorme intensidad en ataque. No habría sido posible hacerlo de otra forma con el espléndido partido que jugó Markel, que se hartó a robar balones y que cubrió más campo que nunca. Apenas tres minutos después del 1-0, llegó el segundo, con idénticos protagonistas, pero esta vez firmando una acción de enorme nivel. Esta vez el pase de Carlos Martínez fue limpio, una parábola precisa y perfecta para que Jonathas rematara, ahora sí, con un espléndido cabezazo y cerrar una victoria más que merecida. La Real no pasó por ningún apuro de ahí al final y, en cambio, robó un par de balones en tres cuartos de cancha que le permitieron opciones que no llegaron a nada. Los últimos minutos bastaron para que Eusebio pudiera agotar los cambios, primero para sacar a Héctor y después para que Zaldua volviera a sentirse futbolista. De paso, Jonathas y Bruma, otro de los mejores, se llevaron merecidas ovaciones.

Volvió a ganar la Real, después de cuatro jornadas sin hacerlo, y las circunstancias dan más valor a un triunfo que era más que necesario para no estar demasiado pendiente de los puestos de descenso. Tiene ese valor porque la Real ha encontrado de nuevo la senda del triunfo de la mejor de las maneras, con solvencia y con merecimiento, dejando su portería a cero, con la moral que da a un goleador romper una sequía de meses y además con dos tantos, y sobreponiéndose a bajas importantísimas y a la ausencia de soluciones reales en el banquillo para desbloquear un partido trabado. Ganar a un rival en crisis como el Valencia, de esos que tantas veces ha curado la Real, era importante. Pero es que casi hace que el equipo txuri urdin acceda a la Liga del conjunto che, del que ahora sólo le separan tres puntos. El descenso, en cambio, queda a cinco, y las cuentas ya salen algo mejor. Este 2-0 es mucho más que un respiro, es la afirmación de que Eusebio puede tener razón y el equipo está convencido de estar en el buen camino. Ahora hay que aprovechar el calendario para evitar problemas al final.