domingo, diciembre 20, 2015

REAL SOCIEDAD 0 - VILLARREAL 2 La Real sólo puede mirar hacia abajo

Yuri regresó al once.
A un partido de Liga para el final del año 2015, la Real ya sabe que sólo puede mirar hacia abajo. Esto no funciona. No funciona con un entrenador de la casa, con uno con buena reputación en la Premier, ni tampoco con un debutante en Primera que apueste por un fútbol de toque. No funciona, y admitirlo cuanto antes es lo que permitirá una supervivencia más holgada. No funciona porque en todos los partidos que ha dirigido Eusebio, la Real ha empezado perdiendo. En todos salvo en el primero, el 2-0 al Sevilla, el único en el que Rulli no encajó gol alguno. Y eso es síntoma de algo, un algo que se agrava cuando el gol propio sigue siendo un problema muy serio, porque Agirretxe está solo. Muy solo. Y así, marcó el Villarreal un gol en la primera mitad y marcó otro en la segunda. Y ganó. Compitiendo, sufriendo, con el otro fútbol, con la complicidad arbitral. Lo que se quiera. Pero ganó. Y la Real perdió. Y nos estamos acostumbrando peligrosamente a esa situación.

Sólo hubo una sorpresa en el once de Eusebio, y fue la entrada de Bruma por Xabi Prieto. El centro del campo lo formaron Illarramendi, el recuperado Granero y Canales, con el propio Bruma, Vela y Agirretxe por delante. La apuesta, muy ofensiva. Y el comienzo del partido, lo suficientemente prometedor como para pensar que el Villarreal podía dejar de ser la bestia negra moderna de la Real. Pero fue un espejismo. A los dos minutos, Bruma empezó a mostrarse peligroso y un centro suyo desde la izquierda lo remató Vela de cabeza pero sin encontrar portería. Pero a los 4 minutos fue Bakambu quien encontró un hueco en el área y disparó para que Rulli detuviera el balón en dos tiempos. Ahí es cuando el partido quedó definido. La Real quería y el Villarreal podía, y por eso el dominio fue decantándose para el equipo visitante hasta que llegó el primer gol, el que hizo aparecer todos los miedos realistas.

El caso es que aunque el dominio del Villarreal parecía claro y a la Real le costaba un mundo sacar el balón jugado desde atrás, le cuesta siempre que Illarramendi no está a la altura del partido, la mejor ocasión de esos minutos fue txuri urdin. Bruma arrancó desde el centro del campo con un control magnífico y después de un caracoleo en el área enganchó un buen disparo que provocó la buena intervención de Areola. Pero el gol llegó en la portería contraria. Un error de Illarra, que se lió al bajar un balón que cayó del cielo con nieve, se convirtió en la situación propicia para la presión del Villarreal. Dos jugadores se echaron sobre el centrocampista realista y le arrebataron el balón. Denis enfiló la portería y engañó a Rulli con un disparo a su derecha que el guardameta argentino no pudo alcanzar. El 0-1 era el reflejo perfecto de lo que estaba sucediendo sobre el campo, en un partido movido pero que se movía lejos de las áreas.

No reaccionó mal la Real, aprovechando que el Villarreal quiso rentabilizar el gol de ventaja y esperar más atrás a los de Eusebio. Más por corazón que por fútbol, el equipo realista tuvo algunas aproximaciones de peligro de ahí al descanso. Y sobre todo lo intentaron Canales, con una enorme movilidad que le llevaba a ambas bandas, al mediocentro y a la mediapunta, y Bruma, que parece bastante más centrado que al comienzo de la temporada. El primero puso un balón espléndido a la espalda de la defensa que Agirretxe pudo rematar en posición forzada pero sin colocar el balón entre los tres palos. Bruma, por su parte, volvió a probar suerte tras un caracoleo en el interior del área, pero en esta ocasión su disparo se le fue arriba. A pesar de la enorme inferioridad que pareció mostrar en los mejores minutos del Villarreal, eso no se manifestó en intervenciones de Rulli, que apenas entró en contacto con el balón. De hecho, su mejor llegada fue una temeraria entrada de Yuri sobre Dos Santos que bordeó el penalti.

Así, la Real llegó viva al descanso, lo cual no era mala noticia en absoluto. Y esos quince minutos sin fútbol fueron útiles, porque el dominio de la Real en el segundo tiempo fue abrumador tras el paréntesis del primer minuto, en el que Soldado estuvo cerca del gol. Pero fue precisamente ahí cuando se vieron con más claridad todas sus carencias. Las emocionales, en primer lugar, porque este equipo es incapaz de aprovechar las olas para ganar algo de provecho. Y las futbolísticas, que se siguen notando tras cada cambio de entrenador y que van devorando los efectos positivos de sus llegadas. Fue Canales el que más lo buscó en esos minutos, con disparos desde fuera del área que emularan el golazo que le marcó a Las Palmas, pero no tuvo acierto. A pesar de que la gran mayoría de los centros al área, tanto en juego como de estrategia, fueron malos, la ocasión más clara llegó desde la esquina, con un cabezazo de Elustondo que Areola sacó a córner, y en ese segundo saque de esquina la salida del guardameta del Villarreal dejó a Illarramendi la posibilidad de disparar sin portero pero no encontró portería.

El equipo de Marcelino, auténtica bestia negra de la Real en los últimos años de una forma que ya empieza a ser hasta difícil de entender y cuya hegemonía sólo se rompió cuando el equipo entonces dirigido por Arrasate eliminó al Villarrreal de la Copa, apostó por conservar. Y lo hizo. Lo hizo defendiendo relativamente bien y con la complicidad de Del Cerro Grande, uno de esos árbitros que desquician siempre, que no saben manejar la ley de la ventaja, que no han debido de jugar nunca al fútbol porque no entienden el valor de una falta o de una tarjeta. Consintió todas las pérdidas de tiempo del Villarreal, flagrantes y de todas las modalidades (un maestro Costa a la hora de arañar segundos en los saques de banda), no sacó más que una tarjeta amarilla a los visitantes (una menos que a la Real) y se hartó de pitar faltitas sólo en una dirección, y casualmente poniendo el foco en un jugador, Elustondo, que no lleva dorsal profesional en la espalda. No fue el culpable Del Cerro Grande del resultado, porque no hubo jugadas trascendentes que le dieran ese papel, pero con una Real que no funciona esto supuso un factor más en su desesperación.

Con todo, la Real le puso orgullo al partido. Y mereció el empate, en parte por su empuje y en parte por la retirada del Villarreal hacia su área. Eusebio puso a Jonathas en el campo sustituyendo a Bruma, toda una sorpresa viendo que este era el único que ponía algo de picante al partido y que Vela sigue siendo la sombra de lo que fue, ahora mismo un jugador apocado y miedoso, incapaz de entrar en el área. La fórmula Agirretxe-Jonathas, la que Moyes descartó al comienzo de la temporada, se ha convertido en una constante por el hecho de que la Real siempre va perdiendo en los partidos. Vela, en todo caso, tuvo una buena ocasión de marcar desde la frontal cuando quedaban diez minutos para el final, poco después de que un centro de Elustondo se le envenenara a Areola y estuviera a punto de convertirse en el gol del empate. Y algo antes de eso, una salida del propio Areola fuera de su área dejó a Xabi Prieto un disparo franco desde 35 metros, pero su toque fue nefasto y ni siquiera se acercó a la portería.

A pesar del corazón que le puso la Real al partido, Anoeta ha visto tantas veces un desarrollo como este que lo que se barruntaba era el 0-2 mucho más que el 1-1. Y llegó el 0-2. Llegó a dos minutos del final en una contra, con toda la Real en campo contrario, buscando el remate de un córner y con Rulli adelantado casi hasta el círculo central. Cuando Denis controló en el centro del campo, sólo tuvo que regatear a un Rulli vendido y acercarse cómodamente a la portería, donde la figura de Héctor era claramente insuficiente para impedir ese anunciado 0-2. Como nada funciona para la Real, por bien o por mal que se hagan las cosas durante los partidos, una acción en el descuento vino a demostrar que la situación es ahora mismo preocupante hasta por la ausencia de suerte. Un gran remate de Jonathas se estrelló en el larguero, el balón rebotó en la pierna de Areola y volvió a tocar madera antes de salirse mansamente. Ni así fue capaz de marcar la Real, y si el partido hubiera durado otros 45 minutos más, tampoco lo habría hecho.

El hecho de que la parte baja de la tabla sume tan pocos puntos es lo que ahora mismo salva a la Real de estar en posiciones de descenso. Pero ojo, que vienen curvas. La derrota ante el Villarreal pone en valor los miedos que había desatado el calendario. El equipo txuri urdin despreció el arranque cómodo. Había tiempo, se dijo cuando Moyes dejó de ser el técnico. Se le hicieron ascos al empuje de moral que siempre puede dar la Copa y se tiró a la basura la eliminatoria contra los suplentes de Las Palmas. La Liga es lo importante, se pensó entonces. Y ahora la Liga aprieta. La Real suma 16 puntos en otros tantos partidos. y ahora afronta dos partidos fuera de casa. El primero, en el Santiago Bernabéu. Se perderá y se dirá que no es de nuestra Liga. Y después vendrá Vallecas, a lo mejor ya en una situación más bien peligrosa. La Real ya sólo puede mirar hacia abajo. Y ahora mismo mira a equipos que están a solo dos puntos de distancia. Ya podemos apretarnos los machos para no sufrir vértigo.