viernes, diciembre 04, 2015

LAS PALMAS 2 - REAL SOCIEDAD 1 Poco daño para tanto despropósito

Chory Castro fue titular y no aprovechó la oportunidad.
La Real sigue viva en la Copa. Esa es la noticia después de otra lamentable actuación que, de haber sido la Copa en España el torneo justo que tendría que ser, habría dado con los huesos del equipo txuri urdin en la calle, el lugar que le correspondía con este justísimo 2-1 con el que se condenó ante Las Palmas. A pesar de haberse puesto en ventaja, también hay que decir que con un gol regalado, los realistas despreciaron esa situación, no jugaron a nada, ni a dominar ni a buscar contras, vieron como el equipo canario remontaba el encuentro de penalti y de córner, ahondaron en la leyenda negra en esta competición fallando un penalti que no se sabe muy bien por qué lanzó Pardo y dieron gracias de que no hubiera otra pena máxima más cometida por Illarramendi y de que Las Palmas no pusiera complicadísima la eliminatoria con un tercer gol que mereció. El plan B falló, y sólo se pueden destacar algunas intervenciones de Oier, el gol de Bruma y la aparición de Canales en la segunda mitad. El resto, un despropósito. Y aún así, queda la vuelta.

Tal y como estaba previsto, Eusebio tiró de banquillo, al menos de lo que ha sido su banquillo en los dos primeros encuentros que ha dirigido en la Real. Sólo su centro del campo, el formado por Illarramendi y un Pardo que está empezando a perder de forma casi definitiva la opción de convertirse en el jugador con el que soñamos, puede tener la vitola de titular por el momento, y a tenor de lo visto en este debut copero de momento no parece que muchos jugadores hayan dado el salto necesario para entrar en el once liguero de forma habitual. Bruma y su actividad constante, aunque le pierda el individualismo, y las ganas y el talento de Oiarzabal parecen ser los únicos. Porque el once que sacó el técnico realista, aún mejorando la tristísima actuación que el equipo brindó en el partido liguero en este mismo escenario y que le costó el puesto a David Moyes, no dio la sensación en ningún momento de dominar el encuentro. Y eso que Las Palmas también tiró de suplentes para afrontar el encuentro.

El caso es que el partido no empezó mal. El ritmo y que los dos equipos salieran a buscar la portería rival, aunque no la encontraran ni por asomo, parecía beneficiar a quien a priori tiene mejor plantilla, por mucho que se acentúe cada vez más la sensación de que este equipo está sobrevalorado después de que dos entrenadores, Arrasate y Moyes, hayan fracasado en sacar lo mejor de sus jugadores. Cuando se encontraban los realistas de más supuesto talento, el juego parecía fluir. Las combinaciones entre Pardo, Chory Castro y un Oiarzabal que no dejaba de moverse por todos los flancos del ataque, además de las diabluras de Bruma por la banda izquierda, por muy alocadas que pudieran parecer, causaban inquietud en la defensa de Las Palmas, aunque sin inquietar a Lizoain. La primera vez que el guardameta local tuvo que preocuparse de verdad en una jugada el balón acabó en el fondo de su red. Una indecisión de su defensa la enganchó Oiarzabal, muy atento, y el guardameta opuso su cuerpo para evitar el 0-1, pero el rechace lo recogió Bruma, quien puso el balón en la escuadra a la izquierda del portero, anotando su primer gol con la camiseta de la Real.

Marcar fuera de casa en una eliminatoria de Copa es un primer objetivo bastante trascendente, y la Real lo había conseguido con apenas once minutos disputados. Con ese resultado de 0-1 y ante la disyuntiva de buscar el segundo con el dominio de la posesión que parece querer Eusebio o buscar la contra, la Real se quedó no obstante en una indefinición peligrosa. Las Palmas, sin demasiado esfuerzo, comenzó a adueñarse del encuentro pero le costó mucho probar a Oier. Su primera parada, de hecho, fue una falta con la que Williams José le probó por su palo, y el guardameta realista acertó a sacar a un lado. Ese detalle cobró trascendencia apenas tres minutos después, cuando una contra del equipo local tras un córner a favor de la Real (precisamente cuando no debe suceder nunca y cuando tantas veces le ha pasado al cuadro txuri urdin en los últimos años) acabó en penalti, una falta asombrosamente inocente de Reyes. Oier detuvo el lanzamiento de Asdrúbal con una buena estirada, pero falló en el gesto técnico del despejo, dejó el balón muerto en el centro del área y el mismo Asdrúbal no tuvo más que empujar el balón para hacer el empate.

Las Palmas había conseguido darle la vuelta a la inercia del partido. La lesión de Bigas, causada por el lamentable estado del terreno de juego, algo que tampoco parece importar demasiado en el fútbol español por la frecuencia con la que se ven firmes así, frenó ligeramente el ímpetu de Las Palmas y la Real recuperó algo de iniciativa. Eso le sirvió para que la leyenda negra copera volviera a hacer acto de presencia. Una muy inocente acción de Garrido, que frenó a Chroy Castro en su carera para proteger una cesión a Lizoain la convirtió Álvarez Izquierdo en penalti. Lo más justo parecía un libre indirecto por obstrucción, pero es que este colegiado tiene problemas severos a la hora de interpretar lo que ve, como en una entrada criminal en la primera mitad sobre Oiarzabal que convirtió en saque de banda o en otra durísima plancha con los dos pies que sufrió Illarramendi y que dejó en un libre indirecto. El caso es que aquí pitó penalti. Sin los lanzadores habituales, Xabi Prieto y Vela, sorprendió que Pardo cogiera el balón, estando en el campo jugadores como Chory Castro y Oyarzun. Lizoain paró el lanzamiento de Pardo y despejó el balón a un lado, a diferencia de lo que hizo Oier.

Sin juego que ofrecer, sigue siendo grave que la Real no domine la estrategia. Y viene a ser irónico que el 2-1 con el que Las Palmas volteó el encuentro llegara desde la esquina, desde el mismo córner desde el que llegó el lanzamiento que acabó en el gol que eliminó al equipo realista en este mismo estadio en 2007. Con una defensa terrible, estática e incluso dio la impresión de que algo improvisada, Hernán cabeceó a placer, lo que le permitió picar la pelota y mandarla junto al palo, lejos del alcance de Oier. Ese córner, por cierto, llegó en una jugada en la que Illarramendi pareció cometer penalti, y que abrió la veda para que los jugadores amarillos intentaran que la locura de arbitraje de Alvarez Izquierdo les beneficiara. Lo único que consiguieron fue una tarjeta amarilla a William José por un piscinazo al borde del área, después de que lo intentara dentro y Ansotegi le abroncara con fuerza.

En la segunda mitad, si un equipo mereció el gol fue Las Palmas. Oier tuvo que sacar un par de buenas manos, sobre todo un paradón a William José en un disparo desde la frontal. Eusebio no podía estar satisfecho con lo que estaba viendo y al cuarto de hora de la reanudación introdujo un doble cambio. Entraron al campo Héctor, muy activo, y Jonathas, en lugar de un Oyarzun algo decepcionante y un Chory Castro que se va apagando poco a poco. Los efectos en el juego de la Real pasaron completamente desapercibidos. De hecho, en los siguientes minutos Oier tuvo bastante trabajo, a pesar de que Reyes pudo marcar en un córner. En el último cuarto de hora, la Real al menos le echó coraje al encuentro y buscó el 2-2. La mejor ocasión la abortó, cómo no, Álvarez Izquierdo, cuyo asistente señaló un fuera de juego inexistente que privó a Jonathas de un clarísimo uno contra uno con Lizoain. Bruma también tuvo una clarísima ocasión tras un gran pase de Canales, el último de los cambios de Eusebio y con diferencia lo mejor de la Real en este triste encuentro, pero la mandó arriba con todo a favor.

Después de la enésima decepción en el Camp Nou, ha llegado la enésima decepción en la Copa. En apenas cinco días la Real ha agrandado sus dos más grandes deudas históricas y lo ha hecho poniendo la responsabilidad en prácticamente todos los jugadores de su plantilla, puesto que el once que jugó en Barcelona y el que lo ha hecho en el debut copero no han tenido nada que ver. Las rotaciones han demostrado ser eso, y no la evidencia de que la Real tiene la gran plantilla que muchos podríamos presuponerle. Pasan las fechas, pasan los partidos, y este equipo no reacciona. Es pronto, obviamente, para Eusebio, pero a pesar de que lleve poco tiempo en el banquillo realista, obviar los ridículos o minimizarlos es un camino seguro hacia la autodestrucción. Ya no es perder, y menos una derrota remontable como esta en un partido de vuelta que la Real desde luego tendrá que encarar de este mundo. Es perder siendo remontados, fallando un penalti, demostrando tantos problemas en su fútbol y sumando tantos nombres individuales a una decepción que, ya en pleno diciembre no se atenúa lo más mínimo.