domingo, noviembre 21, 2010

REAL SOCIEDAD 2 - ATLÉTICO DE MADRID 4 La maldición era arbitral

Qué cosas tienen las maldiciones. Quisquillosas que son éstas. Las negativas se ensañan con la Real. Las positivas desaparecen. Y la peor de todas, la arbitral, no deja de prolongarse semana tras semana. Nadie alza la voz. Desde San Sebastián no se habla de Villarato. No se denuncian persecuciones a sus estrellas. No hay, ni tan siquiera, la más leve queja. Y las decisiones en contra se siguen acumulando como losas que se llevan puntos. Porque lecturas habrá muchas para este partido, y la mayoría de ellas dirán, con cierto tono de hipocresía (por la comparación con otros duelos y otros equipos) que el Atlético de Madrid fue superior, que mereció ganar. Y quizá sea verdad. Pero cuando algo, alguien, el de siempre, interviene de una forma tan decisiva en el partido, no es posible que se hagan análisis tan blancos o negros. No puede ser que todo sea siempre en contra. El Atlético venía de quejarse de algunos arbitrajes, muchos, perjudiciales. La Real no se queja, pero sigue sufriendo expolios flagrantes como el de hoy. ¿Hasta cuando? Probablemente ésto no tendrán fin, son ya demasiados años de una balanza desequilibrada. El Atlético rompe su maldición de Anoeta. Enhorabuena. Yo a esta maldición, la arbitral, la nuestra, no sé ya cómo calificarla.

Durante todo el partido Ayza Gámez tuvo más vista para las faltas que señalaba contra la Real que las que sancionaba a favor del equipo txuri urdin. Esas cosas se sienten, incluso cuando no hay jugadas polémicas. Esas llegaron a partir del minuto 67. En ese minuto, Mario Suárez salta con Xabi Prieto y le golpea. Decían que iban a ser inflexibles con esas jugadas, y algún pobre jugador de otros equipos ha pagado el pato con alguna roja directa, pero la Real debe de ser una excepción. Se quedó en amarilla. Tres minutos después, Tiago despeja con la mano un balón tocado por Ansotegi tras un corner a favor de la Real. No hay penalti. En el contraataque, gol de Forlán, encima tras rebotar en Diego Rivas para terminar de hacer inútil la estirada de Bravo. Un par de minutos después, Carlos Martínez fue agarrado y derribado dentro del área. Tampoco hubo penalti. Y en el 79, Agüero marca el segundo del Atlético. En fuera de juego. Como Trezeguet hace una semana. Tampoco se señala. Lo que sí se señala es el claro penalti que hace Mikel González en el tiempo de descuento. Clarísimo. Como los que se cometen contra delanteros de la Real sin que se pite ninguno. Ninguno. No es una exageración. Son ya doce jornadas. Ni un penalti a favor. El año pasado tardaron 39 partidos en ver uno, y en Primera no hay tantas jornadas. Ningún rival expulsado. Quien espere algo, por justo que sea, es que tiene más paciencia que el Santo Job.

Antes de todo esto, había un partido en marcha, que se presumía bonito antes del inicio y que lo fue durante buena parte del mismo. Lasarte apostó por su once de gala y el comienzo fue inmejorable. Los primeros 25 minutos del encuentro fueron espléndidos. Presión arriba, jugadas de toque, muchos realistas metidos en el partido con una intensidad formidable. El gol fue el resultado evidente de lo que estaba siendo una gran actuación. Griezmann mete el balón en el área, Llorente le gana la espalda a Ujfalusi y aunque el checo toca el balón es el delantero realista quien impulsa el balón al interior de la portería de De Gea. 1-0 y muy justo. Pero pocos minutos después del gol se juntaron dos cosas. Primero, que el Atlético es un buen equipo al que es imposible tener maniatado durante 90 minutos, como si lo estuvo durante casi 30. Segundo, que la Real se vio en la obligación de bajar el altísimo ritmo inicial. Con eso, el equipo visitante cogió el mando del partido. Pero un mando un tanto ficticio, porque, más allá de muchos disparos desde fuera del área, no hubo grandes ocasiones de peligro en la portería de Bravo, sólo un disparo de Tiago al que respondió el chileno con su maestría habitual.

El comienzo de la segunda parte no altero mucho el guión. La Real supo contener al Atlético con el mismo ímpetu, sin dejar que gozara de muchas oportunidades de claridad para empatar. A este le van los resultados cortos, ya se sabe. Dando un paso atrás, cierto, y sin tener la salida de balón necesaria para sorprender al contraataque, aunque la ocasión más claro de esos minutos la tuvo Xabi Prieto, culminando una magnífica contra en la que Griezmann dio el último pase. Y esa es la doble lectura que se puede hacer. ¿Estaba sufriendo la Real? La verdad es que no demasiado, aunque tuviera el balón el Atlético, y eso era gracias al inmenso partido que estaba haciendo toda su línea defensiva, en especial Mikel González y Ansotegi, dos auténticos titanes que estaban secando a Forlan y Agüero. Carlos Martínez también contribuyó, quitándole con la cabeza un balón que esperaba un Forlán desmarcado. La defensa no se metió tan atrás como otros días, como el del Villarreal o el del Espanyol. Xabi Prieto se había lanzado al centro, como de costumbre cuando la Real necesita controlar el centro del campo con el marcador a favor, y la cosa parecía controlada. De hecho, justo antes del penalti no señalado que cambió el partido, la sensación ya había cambiado: sin ocasiones de peligro tampoco del lado txuri urdin, pero empezaba a parecer más cercano el 2-0 que el 1-1.

Todo lo dicho hasta ahora vale del minuto 1 al 70 del encuentro. Cuando Ayza Gámez decidió intervenir en la noble contienda de dos equipos de fútbol, el análisis cambia ya diametralmente. Cambia porque la Real, que ya viene sufriendo arbitrajes como éste desde hace bastantes años, no supo entender la nueva situación del partido. Se metió en lo que el Atlético deseaba: un toma y daca de un área a la contraria. Y ahí la velocidad de los cuatro jugadores que tiene arriba el equipo madrileño es mucho más letal que lo que pueda desplegar arriba el conjunto txuri urdin, que tiene muchísimas cualidades pero entre ellas no se encuentran ni la velocidad ni el contraataque, aunque Griezmann pudo marcar de esa forma con un potente disparo que despejó De Gea. El primer cambio de Lasarte fue el que estabilizó el partido y le arrebató al Atlético parte de su dominio. Fue Markel por el propio Griezmann, que por lo que dijo Lasarte fue un cambio que se produjo no sólo por cuestiones tácticas. Aranburu pasó a la izquierda, y ahí el capitán bajó enteros, pero Markel estuvo bastante bien.

Con la Real a la desesperada, el partido se partió por completo. Quién sabe cuánta dosis de esa desesperación es achacable al árbitro y quién sabe si eso fue lo que motivó que Bravo cometiera el primer error de la temporada, una salida a destiempo que aprovechó el Atlético para marcar el 1-3. Y aunque el equipo txuri urdin se equivocó mucho durante esos minutos desquiciantes, lo cierto es que jamás tiró la toalla, ofreció un ejercicio de orgullo apreciable que el contundente marcador en contra acabará por enterrar, pero que yo no puedo dejar de elogiar. Con 1-3 en el marcador y contra un Atlético de Madrid potentísimo al contraataque. Y en ese arranque de orgullo, Diego Rivas marcó un auténtico golazo, su segundo con la camiseta txuri urdin, y la pena es que no sirviera para sumar algún punto. Pero sirvió para que todos, absolutamente todos los que estaban viendo el partido en Anoeta y a través de la televisión (menos los comentaristas de Canal +, por cierto, asombrosamente deseosos de que ganara el Atlético y de minimizar la actuación arbitral), pensaron que el 3-3 era más que posible. No llegó, y en el último contraataque Reyes forzó el penalti que redondeó el marcador hasta el 2-4 final.

Es difícil criticar a la Real cuando quien tiene que ser el juez imparcial decanta la balanza con tanta claridad, pero es cierto que la Real ha cometido errores que hay que corregir. Más de uno y más de dos, entre ellos el de perder el equilibro de esa fina frontera de los partidos de resultados cortos que hasta ahora había manejado tan bien en Anoeta. Pero la imagen no ha sido mala ante un equipo potente, con jugadores que han dado la talla. Más que eso. El resultado, y sobre todo el trato que recibe un equipo tan noble como la Real del estamento arbitral, es muy injusto con su esfuerzo y con su categoría. La jornada apenas ha tenido efectos clasificatorios, pues el conjunto txuri urdin se mantiene en la novena posición, a cuatro puntos de los puestos europeos y seis por encima de la zona de descenso. De momento, ni frío ni calor. El calor lo ponen los de siempre, los del silbato. Y nosotros, la otra mejilla. Como siempre. Para que luego los colegiados y algunos medios se quejen de que hay jugadores y equipos que se lo ponen difícil. La Real no es de esos. Y así se lo pagan. Vamos a Gijón, donde, por cierto, también perdimos con un gol en fuera de juego la última vez que fuimos. Que difícil es ya encontrar rivales con los que no haya cosas así que recordar.

3 comentarios:

cityground dijo...

La derrota no fue justa y la actuación arbitral muy perjudicial, nos pasamos de buenos, en otros campos se hubiera liado una buena con el 1º y 2º gol del Atlético, ayer casi ni protestas de los jugadores, hay que tener mas mala leche.

El cambio de Griezmann no me gusto, si debía cambiar alguien era Zurutuza, sin Griezmann la Real baja mucho en ataque.

Ahora a Gijon a por los 3 puntos, parece que solo ganan los equipos madrileños en Anoeta.

Soro dijo...

solo hay que comparar como llamo la antencion a Bravo con el 1-0 por acercarse despacio al recogepelotas y como no le importó que De Gea se tomase todo el tiempo del mundo en cada saque con el resultado a favor.
DE VERGUENZA

Juan Rodríguez Millán dijo...

Cityground, la verdad es que yo tampoco vi justa la derrota. Es cierto que nos pasamos de buenos, pero por mucho que duela, y aunque cueste partidos como el de ayer, prefiero pasarme de bueno que de malo. Igual algún día el fútbol despierta y se da cuenta de muchos de los males que le aquejan. No lo creo, pero la ilusión es lo último que se pierde...

Soro, pues sí, ese es uno de los detalles que dejó muy clara la actitud del árbitro. Equivocarnos nos equivocamos todos, pero la predisposición es algo muy distinto... y denunciable.