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lunes, junio 02, 2025

RESUMEN DE LA TEMPORADA 2024-25 (6) El silencioso adiós de Olabe

Hay muchos elementos, muchas decisiones, que no han tenido este año la eficacia deseada en el seno de la Real Sociedad, pero quizás la más inexplicable por el fondo y por la forma sea la marcha de Roberto Olabe. Que el director deportivo anunciara en noviembre de 2024 que dejaría su puesto al finalizar la temporada es un movimiento que no se ha explicado convenientemente. De hecho, no se ha explicado de ninguna manera y el propio Olabe se ha acabado marchando sin rendir cuentas del trabajo realizado, ni en la confección de la plantilla, ni en las decisiones tomadas en el mercado de invierno, ni siquiera en aclarar cuál ha sido la función de un director deportivo cuando ya se sabe que no va a tener papel alguno en la creación de la plantilla que está por venir, decisiones de especial calado además por la salida del otro gran pilar deportivo del primer equipo, el entrenador. Una simple carta, más de recuerdos y agradecimientos que de explicaciones, parece algo insuficiente, frío y casi injusto con la intensidad de la labor realizado durante los últimos años.

Como sucede con Imanol, es evidente que de Olabe se puede juzgar la etapa completa con tanto o más sentido que el devenir de la última temporada. En probable que el director deportivo haya tenido más detractores que el técnico desde que dio sus primeros pasos en el primer equipo, pero evaluar su legado implica ir más allá de una temporada de aciertos o errores. Y sí parece evidente que Olabe es parte esencial de un proceso de transformación notable en la Real, proceso que ha llevado a estar en la cumbre durante mucho tiempo y de manera prolongada. Si miramos la procedencia de los fichajes realizados en estos tiempos y la forma en la que se trabajado en ellos hay muchos casos en los que hay que quitarse el sombrero. Ahora todo el mundo ve hasta donde han llegado o puede seguir progresando jugadores como Odegaard, Isak, Kubo o Merino, pero en su momento fueron apuestas arriesgadas que generaron no pocas críticas. Convencer a gente como Monreal o Silva de que culminen aquí sus carreras es algo brillante. La Real se mueve ahora en un mundo distinto al que lo hacía antes de Olabe, no solo por Olabe, pero sería injusto sacarle de esa dimensión.

Precisamente por eso se antoja más complicado asumir que el ya ex director deportivo no haya rendido cuentas de su curso final, máxime cuando quien se queda al mando es su número dos, un Erik Bretos que tiene que hacer frente a unas cuantas patatas calientes, fallos personales en la política que ha seguido la Real en los últimos tiempos de los que, sí, no hay explicaciones. Es evidente que las decisiones estratégicas tomadas en el verano y en el invierno no han dado el resultado buscado. Los fichajes de la Real han estado muy lejos de marcar las diferencias. Y el que ha jugado un rol máss importante durante más tiempo, Aguerd, dio la sensación de ser un movimiento apresurado y casi desesperado antes de que se cerrara el mercado veraniego. Eso habla de un fallo de planificación, pero también, todo hay que decirlo, de un trabajo de seguimiento notable para encontrar una operación rentable de último minuto. Que la dirección deportiva esté así de atenta al mercado es un evidente punto a favor, por mucho que la causa sea una falta de previsión o un exceso de confianza.

No ha sido acertado, en cambio, todo lo que se ha decidido para la delantera. Solo los protagonistas sabrán lo que ha pasado realmente, pero la Real ha vivido toda la temporada sin un delantero centro titular, dándole ese papel en exclusiva a Oyarzabal, dicen los críticos que por cabezonería de Imanol. En el mismo equipo que desde que se acometieron fichajes extranjeros por primera vez se ha depositado esa confianza anotadora en colosos como Aldridge, Kodro o Kovacevic, no parece lógico el fracaso de dos fichajes millonarios consecutivos de perfiles tan diametralmente opuestos como los de Sadiq y Oskarsson, como si no se supiera si su juego tiene encaje o no en el sistema de Imanol. Ambos tienen todavía opciones de redención, más Oskarsson que Sadiq, pero parece que no haya habido la debida comunicación entre la planta noble de Anoeta y el banquillo para cubrir esa posición. Incluso sacar de la ecuación a los dos potrillos que podrían haber supuesto un alivio en la carga de minutos, Karrikaburu en verano y Magunazelaia en invierno, no parece la mejor de las decisiones cuando la Real iba a afrontar esa temida etapa de 19 partidos con dos o tres días de descanso. ¿Por qué se hizo así? No lo sabemos, no se ha explicado.

Ese es solo un ejemplo de cómo ha transcurrido la temporada, en la que han entrado y salido futbolistas sin que entendamos las razones, sencillamente porque no se han dado desde donde parecía lógico y necesario. La Real, aunque no fuera cierto, que eso lo tendrán que decir quienes hayan vivido la historia desde dentro, se ha presentado en cierta manera como un barco a la deriva en el que no había consonancia entre los comandantes y donde Imanol se enfrentaba al juicio mediático y social en solitario, abandonado en ocasiones a su suerte y viéndose obligado a lanzar mensajes que han generado todavía más polémica y desasosiego donde antes había paz y una sensación de mucha más unidad, aunque también pudiera ser ficticia si es cierto que en su momento Olabe habría apostado por dar el equipo al hoy ya entrenador del Real Madrid, Xabi Alonso.

Son demasiadas las incógnitas con las que acaba una etapa que, como la de Imanol y de su mano, se tiene que considerar exitosa. Obviamente, no todos los fichajes han dado lo que Olabe, o cualquier aficionado, podía esperar. Nunca se acierta siempre y pensar lo contrario no es que sea utópico, que también, es sencillamente situarse fuera de la realidad. Olabe también se ha colocado ahí por la forma en la que ha puesto un triste y silencioso punto final a este viaje. Es la hora de Bretos y todo lo que se dice de él es tremendamente positivo. No va a tener un trabajo fácil, pero la menor decisión que podría tomar es la que le lleve a aprender de los errores. No es los fichajes, no en los nombres, sino en la forma de entender lo que tiene que ser la Real y lo que necesitan sus aficionados. Casi nada.

sábado, junio 01, 2024

RESUMEN DE LA TEMPORADA 2023-2024 (6) La encrucijada de Olabe

Uno de los debates más trascendentes en el entorno realista durante meses es si las decisiones que se tomaron durante el verano fortalecían o debilitaban a la plantilla. Y ahora, con el curso ya finalizado, se puede concluir claramente que la Real ha competido en su temporada más exigente con un grupo de inferior calidad. Con muchos matices, pero los resultados están ahí, y mucho los tendrá que analizar Roberto Olabe, que desde su posición de director deportivo se convierte en el principal responsable en este sentido, aunque el reparto de atribuciones y en la toma de decisiones siempre quede en una nebulosa poco aclaratoria de puertas hacia fuera.

Lo que a Olabe no se le puede negar es capacidad de reacción. Hay siempre respuestas a los contratiempos. A la Real no le pillan por sorpresa circunstancias tan complicadas de resolver como las lesiones de larga duración, ya sea en verano, como la de Silva, o durante el curso, como la de Aihen. Hay también otro elemento que habla de ese nivel de autoexigencia que se ha instalado en el club, y es que no hay más que ver los clubes de procedencia de los jugadores que llegan a Donostia. Ya no sorprende conseguir cesiones del Arsenal; como la de Tierney, negociaciones de tú a tú con el Real Madrid, la que permitió el regreso de Odriozola; o encontrar soluciones en equipos como el Atlético de Madrid, con Javi Galán. Esto habla del proyecto, y es la misma razón por la que los cracks deciden quedarse en la Real, empezando por la renovación de Kubo conseguida por el club entre cantos de sirena del exterior.

¿Pero cómo medir la labor de un directivo deportivo cuando los fichajes veraniegos no han aportado lo que se esperaba de ellos? Ese es el gran punto de conflicto, y hay poca discusión al respecto, empezando por el hecho de que los ecos del fichaje más caro de la historia del club, el de Sadiq, han afectado directamente a esta temporada por la grave lesión que sufrió el nigeriano en su segundo partido con la camiseta txuri urdin. Y volvemos así al punto inicial. ¿Afrontó la Real esta temporada de Champions con mejor o peor plantilla? Vemos los movimientos que se fraguaron en el despacho de Olabe.

La Real tuvo que decir adiós a David Silva, no consiguió (o no quiso) recuperar a Sorloth, Illarramendi se buscó la vida en las Américas, dio salidas como cedidos a Rico, Sola, Navarro, nuevamente Roberto López y Karrikaburu, y permitió las bajas por muy poco dinero de Gorosabel y Guevara. A cambio, llegaron tres laterales para compensar la posición peor defendida la pasada temporada, dos veteranos, Traoré y Tierney, este cedido, y un canterano recuperado cuyo nivel era una incógnita por años sin jugar, Odriozola; el joven Zakharyan vino para apuntalar el centro del campo; y en la delantera se trajo, también cedido, a Silva, que llegó lesionado. El resto de plazas las debían cubrir jugadores del Sanse incorporados al primer equipo: Olasagasti y Urko González de Zárate.

La idea era evidente, una plantilla en la que todos los jugadores pudieran tener un protagonismo activo. Pero si nos fijamos en las incorporaciones, por supuesto con muchos matices, solo Traoré parece haber cumplido con las expectativas. Al margen de valoraciones más o menos subjetivas, hay un dato evidente: sólo el lateral de Malí está entre los once jugadores a los que más minutos ha dado Imanol a lo largo de la temporada. Para ser justos en este sentido, Zhakaryan es el duodécimo, aunque no se colaría en el once ideal si nos atenemos al esquema más habitual del equipo de Imanol. Y en cuanto a goles, a Silva le han adelantado cinco futbolistas, ha marcado los mismos tantos que el mediocentro defensivo del equipo, Zubimendi, y solo cinco de los 63 goles marcados por la Real en las distintas competiciones y cinco de las 47 asistencias han llevado la firma de una de las incorporaciones.

Las expectativas, por tanto, no se cubrieron, eso parece evidente, pero las razones son distintas. Las lesiones han sacado a Silva u Odriozola del equipo durante demasiado tiempo, y en el caso del delantero ha dejado dudas incluso sobre el césped. Zakharyan tardó meses en aclimatarse y empezar a mostrar su calidad, algo que en todo caso hemos visto con cuentagotas. Y los dos laterales extranjeros han sufrido muchos altibajos que les han impedido tener la regularidad que se espera de ellos, por su ausencia para jugar la Copa África en el caso de Traoré y por cuestiones físicas en el de Tierney.

Todo lo discutible que es la gestión de los fichajes veraniegos, se diluye en los movimientos del mercado de invierno. Momo Cho decidió marcharse, tampoco quedaron muy claras las razones, y Olabe acertó en el cambio, porque Sheraldo Becker ha sido uno de los mejores del tramo final de temporada y ha dejado tres goles y dos asistencias sin llegar a los 1.000 minutos de juego. Además de que su coste fue bastante reducido para lo que se mueve en el mercado. Y Javi Galán, que vino cedido, se tuvo que hacer cargo de una racha muy prolongada como el único lateral izquierdo disponible, jugándolo todo, y a buen nivel. Buenos, bonitos y baratos fueron los fichajes invernales, en clara contraposición a los veraniegos, que si bien no tuvieron demasiado coste tampoco dieron el rendimiento que se esperaba.

Olabe siempre tiene trabajo y siempre da la sensación de estar haciéndolo, acierte más o menos. La ventana de enero ha enderezado la gestión de la Dirección Deportiva, pero este año ha dejado dudas precisamente por la importancia que tenía acertar por el calendario al que había que hacer frente. Y por una confrontación con David Silva que no se ha entendido, de la que Olabe ha asumido la responsabilidad, y que retrasó el homenaje de Anoeta al futbolista hasta el final de la temporada. Con todo esto, Olabe está en una encrucijada. ¿Pero cuándo no...?

viernes, junio 09, 2023

RESUMEN DE LA TEMPORADA 2022-2023 (5) Olabe, ingeniero de lujo

El verano que se antojaba más incómodo para Roberto Olabe ha sido la mejor demostración, otra vez, de lo bien que hace las cosas desde que asumió el mando de la dirección deportiva de la Real. Si el final de temporada agitó las aguas con la inesperada no renovación de Adnan Januzaj, el cierre del período de fichajes trajo otra bomba bestial: el Newcastle pagaba más de 70 millones de euros para hacerse con los servicios de Alexander Isak. La primera medida era bastante impopular, como lo era por ejemplo el traspaso de Joseba Zaldua o eliminar la competencia de nivel contrastado a Remiro con la salida de Matty Ryan, y la otra mermaba el potencial del equipo de una manera notable, más aún cuando varios de los hombres ofensivos del equipo estaban en recuperación de lesiones graves, caso de Oyarzabal o Barrenetxea, o tratando de encontrarse a sí mismos tras muchos meses de baja como Carlos Fernández. Y más aún se complicaban las cosas cuando Olabe respondió con rapidez para hacer el fichaje más caro de la historia del club, Sadiq, y este se lesionaba en su segundo partido para perderse la temporada completa. Seguro que el de mediados del mes de septiembre no era el escenario que imaginaba Olabe.

Pero su acción durante el verano y durante el año es, sencillamente, sobresaliente. A la vista están los resultados, que seguramente encajarán con lo que estaba en sus planes pero que también habrá sorprendido a más de uno. Olabe reaccionó con rapidez al poderío financiero de la Premier que se llevó a su goleador, con la recuperación de nuevo como cedido de Alexander Sorloth, que acabó siendo el máximo goleador del equipo, y el ya mencionado fichaje de Sadiq, cuyo regreso se espera con ganas ya para el próximo curso. Eso ya habla de lo bien trabajado que tiene el mercado, de las opciones que maneja cuando hay un imprevisto. Pero el hecho de que apostara como lo ha hecho por Take Kubo y Brais Méndez es para quitarse el sombrero. El primero venía de un número muy alto de cesiones bastante infructuosas, y eso, hay que reconocerlo, provocó recelos entre los aficionados. El segundo llegó a la Real con un coste alto, que muchas veces se acepta más fácilmente para fichajes extranjeros que para jugadores de la Liga. Y los dos han dado un rendimiento magnífico, dándole la razón a un Olabe que sigue demostrando un nivel de acierto fuera de lo común.

Y es que al director deportivo de la Real no le tiembla la mano a la hora de tomar decisiones con su entrenador, Imanol. Dejar salir a Portu, un jugador muy querido, parte fundamental del equipo campeón de Copa, no conseguir el regreso de un Raphina que había caído de pie en el vestuario y entre la afición, buscarle una salida a Lobete sin darle siquiera la oportunidad de una pretemporada que confirmara si tenía o no opciones de hacerse un hueco con los mayores o no buscar un recambio de características parecidas a Monreal después de que este colgara las botas después de un año en blanco tampoco fueron decisiones fáciles. Y viendo el que todavía es su más palpable fracaso, el de Modibo Sagnan, ya definitivamente desvinculado de la Real, la apuesta por el perfil de Momo Cho, un jugador muy joven, sin apenas experiencias y alto coste, 12 millones de euros, tampoco era el que generaba más confianza entre los aficionados.

Obviamente, tras ver cómo ha salido la temporada, es más fácil entender todo lo que quería Olabe con estos movimientos. Una vez más, ha rejuvenecido la plantilla. De nuevo ha encontrado jugadores de un perfil que se adaptan a lo que necesita su entrenador. Ha logrado, y ya van unas cuantas veces, moverse en mercados muy distintos, con aspiraciones diferentes, conocidos y desconocidos, con una inversión económica muy bien medida, y ha conseguido que la plantilla de la Real salga más fuerte de lo que era, confiando siempre en potrillos que apuntalen el proyecto, aunque no todos consigan triunfar a la primera, como ha pasado con un Karrikaburu al que hubo de buscarle una cesión en Leganés para que cogiera minutos y experiencia y sin hacer locuras que hipotequen el futuro del club, por mucho que se pueda dudar del pago de 15 millones por Brais o 6,5 por Kubo, inversiones que comenzaron a ser rentables desde el primer día.

La Real cuenta además con un un ingeniero de lujo que no para de trabajar. Durante el curso, la Real ha conseguido la renovación de todos los futbolistas que tenían cercano el final de su contrato. Él sabrá cómo, pero ha convencido a Silva de que siga un año más defendiendo la camiseta txuri urdin para orgullo de todos los aficionados; ha conseguido que no haya cantos de sirena para un jugador como Zubeldia, revelación en el centro de la defensa, ni siquiera cuando el Athletic estaba en disposición de invertir para suplir la marcha de Iñigo Martínez (¡qué historia tan analizable la suya!); ha firmado la renovación de Zubimendi, sin necesidad de subir su cláusula de rescisión, por polémico que esto fuera en su momento, pero con el convencimiento de que no escuchará la presión mediática desde Barcelona; y, por supuesto, ha hecho que Oyarzabal siga vinculado al club del que hace ya tiempo que es santo y seña. Sólo ha quedado pendiente una gran tarea, la renovación de Merino.

Con el salto a la Champions, hay nuevos retos para Olabe, que tiene que tomar decisiones trascendentes. En el horizonte más cercano están las decisiones sobre los laterales, el puesto más flojo del equipo; ver qué pasa con una delantera en la que, por unas razones o por otras, hay cuatro nombres de los que hablar (Sorloth, Sadiq, Carlos Fernández y Karrikaburu); seguir buscando un sustituto para Silva si este está a punto de vivir su última temporada en la Real, aunque viéndole quién sabe; y por supuesto seguir peinando el mercado para darnos sorpresas tan agradables como las que ha firmado en el tiempo que lleva dirigiendo los destinos de la nave txuri urdin. Si Imanol se ha ganado a pulso la confianza del aficionado, de Olabe no se puede decir nada distinto. No acertará siempre, nadie puede hacerlo, pero su trabajo es irreprochable año tras año y en unas condiciones mucho más complicadas de lo que podamos imaginar, por mucho que la situación de la Real, económica y deportiva, sea más que solvente. Aunque el brillo que buscamos los aficionados está siempre sobre el césped, tenemos una joya en los despachos, renovada por cierto hasta 2026, y hay que saber valorarla también.

jueves, junio 01, 2023

Corazón Txuri Urdin, el podcast. Olabe y sus seis partidos en los que no logró ganar

Su exitosa trayectoria en los banquillos, aunque breve, y en los despachos de la Real Sociedad, han hecho que olvidemos que Roberto Olabe entró en el club para disputarse con Alberto López la portería del equipo. Fueron cuatro temporadas las que el ahora director deportivo realista y solo seis partidos los que disputó, a pesar de contar con tres entrenadores que confiaron fundamentalmente en su compañero de posición. Y una estadística curiosa jalona esa trayectoria: Olabe nunca consiguió ganar vistiendo la camiseta de la Real.

Lo que pasó en esos seis encuentros centra el episodio de esta semana de Corazón Txuri Urdin, el podcast de historias sobre la Historia de la Real Sociedad, que podéis escuchar en este enlace.

Una semana más, recordaros que el podcast se puede escuchar en Spotify, en este enlace, y también en Google Podcasts, en este otro enlace. ¿Tenéis sugerencias con las que enriquecer este podcdast? ¡Estamos deseando escucharlas y, en la medida de lo posible, hacerlas realidad!

lunes, mayo 30, 2022

RESUMEN DE LA TEMPORADA 2021-2022 (6) Olabe, un examen cada vez más exigente

El éxito de la Real Sociedad, con un modelo que tiene condicionantes tan evidentes como la situación económica estructural de un equipo alejado de las grandes fortunas y el respeto a la propia cantera, está llevando a su director deportivo, Roberto Olabe. a ser tan exigido como el entrenador del primer equipo. Y eso, aunque la tensión arterial de Olabe no estará de acuerdo, es algo positivo, denota que la Real crece y que un paso atrás en sus pretensiones no va a ser bien recibido. En un deporte como el fútbol, que olvida con una facilidad tremenda lo conseguido apenas una semana antes, la situación es todavía más complicada para quien enarbola la ambición por bandera como lo hace el máximo responsable deportivo de la Real. Es cierto que sus decisiones que tuvo que tomar durante la temporada recién finalizada no han sido tan llamativas como las que sirvieron para crear la plantilla que acabó siendo campeona de Copa, al menos desde un punto de vista mediático, pero hay que tener en cuenta que este año tenía un reto añadido: la presencia del Sanse en Segunda División. 

Olabe tuvo que gestionar en realidad dos plantillas y eso supuso un problema y una solución a la vez. ¿Cómo se puede reforzar un equipo en el que, de facto, solo hay una salida? Ese es el rompecabezas al que tuvo que hacer frente Olabe el pasado verano. La única baja que se dio fue la de Moyá, y la reacción del director deportivo fue rápida y acertada, contratando a un guardameta veterano, internacional y con experiencia en la Liga española, Ryan. Puede que el australiano llegara la Real pensando que iba a jugar más de lo que lo ha hecho, y que eso mismo le lleve a buscar una salida, pero Olabe cumplió con el perfil que necesitaba. El otro gran problema al que tuvo que hacer frente fue la lesión de Monreal. Puede que nadie esperara un año en blanco del ex del Arsenal, cuyo fichaje en todo caso fue grande y está más que amortizado pese a no haber podido disfrutarlo en su tercer y último año de contrato, pero Olabe se movió bien para encontrar sustituto. El elegido fue Diego Rico, al que el director deportivo ya tenía en su lista de deseos desde hace tiempo y lo trajo en una buena operación. Ninguno de los dos fichajes de verano se conocieron hasta que estaban ya casi cerrados, lo que habla del sobresaliente hermetismo con el que se trabaja en la dirección deportiva realista. 

A toro pasado, en todo caso, podemos concluir que ninguno de los dos fichajes mejoró realmente el rendimiento del once de la temporada pasada. Eso, en todo caso, no merma el buen trabajo de Olabe. Es, simplemente, el fútbol en su desarrollo. Quizá por este argumento se pueda entender que el juego de la Real se haya resentido. Sin mejoras de calado, con tres pilares forzados por la ausencia de vacaciones, los olímpicos Oyarzabal, Merino y Zubimendi, y una cantidad de lesiones exagerada durante buena parte del curso, no es fácil conseguir los mismos resultados. La baja en pretemporada de Carlos Fernández, aunque se cubrió con una cesión de nivel, la de Sorlorh, incluso colocaba a la Real en una posición complicada con respecto a la temporada anterior. Y ahí es donde Olabe puso al Sanse en la búsqueda de soluciones. Los jugadores jóvenes que no contaron con demasiados minutos pasaron a reforzar el filial. Ese fue el caso de Sangalli, Roberto López y Robert Navarro. El movimiento fue inteligente, dotó de más experiencia al filial y liberó fichas del primer equipo. No salió tan bien como pintaba en el papel, como tampoco se consiguió gran resultado con las incorporaciones que firmó para el Sanse, Pokorny, Valera o Romero, jugadores que en teoría tenían que estar en la primera línea del salto al primer equipo pero que no tuvieron éxito ahí ni tampoco destacaron en Segunda. 

Con este gran debe en el rendimiento deportivo nacido de la planificación de su máximo responsable y a tenor de lo dicho hasta ahora, casi parece que la nota a Olabe en este curso tendría que ser negativa, y no sería del todo justo. Primero, porque en cada uno de sus movimientos se intuye una lógica. Y después porque ha conseguido lo que hace no tanto tiempo era impensable, que sean los propios jugadores de cierto nivel y desde destinos de relevancia los que quieran jugar en la Real. Rafinha es, desde luego, su gran acierto de la temporada en todo y la demostración de que hay pocos equipos que puedan convencer como la Real a gigantes europeos para conseguir la cesión de sus futbolistas. Ese es el perfil que desencadenó con Odegaard, que trató de seguir con Sorloth, con quien además consiguió arrancar una opción de compra aunque fuera con un precio elevado, y que aplicó para convencer al PSG de que Rafinha debía venir a Donostia. Rendimiento inmediato, implicación absoluta, no se puede pedir mucho más a un fichaje invernal que incluso mejor sus perspectivas iniciales y pasó a ser un jugador de importancia creciente cuando daba la sensación de que venía para dar descanso a Silva.

Olabe esta haciendo una obra de gran calado para que la Real sea su Real en todos los sentidos y siempre de la mano de Imanol. Trabajo que se entiende que está en un momento importancia ahora que, con la salida de Januzaj, la plantilla ya solo tiene fichajes suyos. Puede que esta temporada tengamos una sensación ligeramente parecida a la que se produjo en su anterior estaba, cuando reforzó a un subcampeón de Liga únicamente con el exotismo de Lee Chun-Soo y al temporada no salió del todo bien. No es el caso del momento actual, ni por asomo, porque Europa volverá a ver a la Real, pero si la ambición sigue siendo creciente hay fórmulas que Olabe sabe que no se puede permitir. La temporada le ha dado tiempo con los jóvenes, le ha resuelto la papeleta de los jugadores con los que no parecía contar demasiado y le abre ahora escenarios en los que va a tener que saber moverse para que esta vez sí tengamos la sensación de que la nueva Real está en condiciones de superar el techo de cristal que tiene el equipo con Imanol y asaltar de una vez los puestos Champions y las rondas decisivas en Europa. Hay renovaciones importantes pendientes y hay puestos por cubrir. Por Olabe no parece que vaya a quedar, porque sus movimientos siempre tienen una razón de ser más que interesante, salgan bien o salgan mal. 

jueves, julio 22, 2021

Corazón Txuri Urdin, el podcast. Las cinco victorias que pidió Olabe

Cuando la Real decidió cesar a John Toshack como técnico en la temporada 2001-2002, poniendo fin así a su tercera y última etapa en el banquillo txuri urdin, lo más sorprendente fue su sustituto. El club apostó por Roberto Olabe, responsable del equipo juvenil y sin carnet para entrenar en Primera. Era, por tanto, su primera experiencia en la élite como entrenador a sus 34 años. Y según cuentan solo puso una exigencia para aceptar, que sus jugadores asimilaran que el objetivo para seguir en Primera División era ganar cinco de los nueve partidos que quedaban para finalizar la Liga.

La historia de esos nueve partidos, el éxito que logró el entonces debutante técnico realista, hoy director deportivo de la entidad, es lo que repasamos esta semana en Corazón Txuri Urdin, el podcast de historias sobre la Historia de la Real Sociedad, que podéis escuchar en este enlace.

Una semana más, os recordamos que el podcast se puede escuchar en Spotify, en este enlace, y también en Google Podcasts, en este otro enlace. Además, seguimos abiertos a sugerencias para que nuevos partidos, personajes o anécdotas se sumen a este podcast que aspira a mantener viva la historia de la Real.

domingo, mayo 30, 2021

RESUMEN DE LA TEMPORADA 2020-2021 (7) Aperribay y Olabe, ganar era esto

Cuando pase el tiempo y Roberto Olabe recuerde que la Real uso sus palabras para dar título al documental con el que nos mostró los entresijos de la final de Copa que le devolvió la gloria de ser campeón, tendrá que hacerlo con una sonrisa en los labios, con la satisfacción de un trabajo que está muy bien hecho hasta este punto. Ganar era esto, sí, era algo que generaciones de realistas no conocían y que, con él al mando de la dirección deportiva, han vuelto a saborear. Y es que ese ha sido el claro objetivo de Olabe desde que llegó a la Real: ganar. El mismo que siempre ha manifestado Aperribary, al que seguro podremos criticar muchas cosas, o quizá no tantas, pero que ahora mismo es un presidente que cogió a un club arruinado, fracturado, hundido y en Segunda División y lo ha convertido en algo completamente diferente. No lo olvidemos. Y ahora esa gestión tiene su exitosa prolongación en tiempos de pandemia, algo que tiene un mérito todavía mayor.

El presidente es un hombre feliz y se le nota. Ha llevado a la Real seguramente mucho más lejos de lo que podía imaginar en aquella convulsa noche hace ya más de una década en la que se hizo con el poder en el club. No se trata de hacer un diagnóstico de un periodo ya extenso, de todo el tiempo que lleva al frente de la entidad, pero sí de comprobar dónde estamos con los objetivos que tenemos ahora mismo. Año tras año se ve un crecimiento, y eso es algo muy difícil de conseguir. Que jugadores de renombre y de proyección acepten venir a la Real tiene mucho que ver con su realidad institucional. No se trata de convencerles con dinero, sino de animarles a sumar en un proyecto que cada día ilusiona más por todo lo que se ha conseguido y por el futuro que se le intuye.

Aperribay ya era el presidente que consiguió hacer de Anoeta el campo de fútbol que nos merecíamos, uno sin pistas de atletismo, uno que honrara el más añorado espíritu de Atotxa pero desde la modernidad que necesita hoy en día un recinto deportivo. Y hoy es también el presidente con el que nos hemos vuelto a proclamar campeones. No, no es casualidad. Y por eso tampoco parece casualidad que después de la etapa de Loren, larga etapa de un director deportivo que fue un paraguas bastante evidente de algunas de las decisiones tomadas, Aperribay apostara por un tipo como Olabe, uno que, lo dijo abiertamente, quería revolucionar el club. Y en cierta manera lo ha hecho. Su apuesta ha sido arriesgada pero valiente y hoy en día la Real es un destino apetecible para jugadores de cualquier nivel.

Eso no se consigue porque sí, y menos en un fútbol como el actual. Olabe ha sabido conjugar un proyecto inequívoco de cantera con la incorporación de jugadores decisivos. Y cuando hablamos de cantera, no se trata solo de lo que vemos en el primer equipo. Que el Sanse haya conseguido un histórico ascenso a Segunda División cuatro décadas después del anterior y que la Real C también haya logrado subir de categoría es una consecuencia directa del trabajo profesional, concienzudo y acertado que se hace en Zubieta. La Real siempre ha sido Zubieta, pero probablemente nunca lo haya sido con tanta intensidad como lo es ahora mismo.

Y sí, por supuesto, todo este trabajo tiene reflejo en los éxitos de la Real. Aunque esta temporada no se dio dorsal del primer equipo a ningún potrillo por los condicionantes de la pandemia, tanto Roberto López como Zubimendi subieron a todos los efectos, ayudando a que la media de edad en el campo de la Real fuera siempre de las más bajas no solo de la Liga española sino del continente europeo. No, no es nada fácil en el fútbol contemporáneo apostar por chicos de corta edad como si fueran auténticos veteranos, y Olabe lo ha hecho de la mano de Imanol. Si vemos la edad que tienen ahora pesos pesados del vestuario como Oyarzabal o Merino, nos daremos cuenta de que el director deportivo de la Real está armando equipo para años.

Hablábamos de los condicionantes del fútbol actual, y la situación de Odegaard es la mejor muestra. El Real Madrid no encontró dinero para fichar y tiró de lo que tenía, un cedido al que se había comprometido a dejar dos años en Donostia. Rompió un acuerdo táctico que la reglamentación impedía tener por escrito, solo se puede ceder jugadores por un año, y dejó a la Real sin la piedra angular de su fútbol. La reacción de Olabe fue tan rápida y ambiciosa que descolocó a muchísima gente. Convencer a un tipo como David Silva que lo ha ganado absolutamente todo, que era un dios en un equipo económicamente imbatible como el Manchester City y que ha sido campeón del mundo con la selección española, es algo que hace no tanto tiempo no podríamos ni haber soñado. Las lesiones del canario le han impedido rendir al nivel con el que soñábamos, pero que un jugador así esté en la Real, y que esté feliz, es algo que no tiene precio.

Y eso que Olabe ha tenido que lidiar con unas cuantas patatas calientes, y las que le quedan. Lo que más se le ha discutido es la gestión de los centrales. Puede que nunca sepamos qué se coció en las oficinas de Anoeta durante este verano, pero mucho se debatió sobre la salida de Llorente, la escasa confianza que se sigue teniendo en Sagnan, el gran misterio de la gestión de Olabe hasta la fecha, y la escasez de efectivos en esa línea. ¿Fue un exceso de vista? Quizá, y puede que esta verano volvamos a lo mismo, a la necesidad de incorporar un central, pero ha quedado claro que Olabe no trae a nadie porque sí. Y cuando apuesta por alguien, insiste. Lo hemos visto con Carlos Fernández, el relevo escogido para Willian José, otra patata caliente que de momento solo ha salido como cedido. El director deportivo quería al jugador del Sevilla, no lo pudo traer en verano y lo consiguió en la ventana invernal. Y el jugador, por ahora, ha demostrado que merecía esa confianza plena.

No es fácil ser director deportivo de la Real. No es un club económicamente poderoso, y no está el fútbol ni la situación global como para hacer dispendios que salgan mal. Pero Olabe se está moviendo con un tiento envidiable. No es descabellado decir que con él se está consiguiendo que los tradicionales cantos de sirena desde la A-8 sean más ineficaces que nunca, aunque pueda suceder algún accidente en el futuro. Que Remiro, Monreal o Merino escogieran venir a la Real, es algo muy valioso, pero lo es todavía más que canteranos como Merquelanz o el todavía inédito Karrikaburu hayan querido renovar sin tener una posición de privilegio en la primera plantilla y aunque sus nombres ya se hubieran relacionado con el club bilbaíno. Olabe entiende de qué va esto, sabe lo que es la Real y, ojo, ya sabe lo que es ganar con la Real. No da la sensación de que eso le vaya a frenar a él o a Aperribay para que volvamos a sentirlo de nuevo.

jueves, enero 14, 2021

Corazón Txuri Urdin, el podcast. La épica Supercopa con la que Olabe debutó en la Real juvenil

Muchos realistas conocieron al Roberto Olabe técnico cuando tuvo que coger las riendas del primer equipo en la temporada 2001-2002, con la casi imposible misión de salvar al equipo del descenso, objetivo que consiguió con brillantez, pero pocos saben que su primer reto como entrenador fue el equipo juvenil, en la temporada 1999-2000. Y aún más, que su debut fue en la Supercopa de la categoría tras los dos títulos de Liga que lograron los potrillos realistas bajo las órdenes de Carmelo Amas, que decidió retirarse en el verano de 1999.

Esa Supercopa está en las vitrinas de la Real y se consiguió con una remontada épica y antológica en el partido de vuelta, logradas en las más adversas circunstancias y que es uno de los grandes hitos del club a pesar de ser una gesta olvidada. El relato de esta Supercopa es lo que os ofrecemos en el episodio de esta semana de Corazón Txuri Urdin, el podcast sobre historias de la Historia de la Real Sociedad, y que podéis escuchar en este enlace.

Una semana más, os recordamos que estamos abiertos a sugerencias para seguir haciendo que este podcast, uno que tiene ya 41 episodios, siga creciendo.

viernes, julio 24, 2020

RESUMEN DE LA TEMPORADA 2019-2020 (5) La revolución Olabe

La figura del director deportivo siempre está rodeada de cierto misterio, pero al final es el último responsable de la plantilla que se confecciona. Lo que los jugadores hagan se convierte en la mejor evaluación de su trabajo, y en el caso de Roberto Olabe la nota tiene que ser francamente alta en la temporada que ahora termina. No tiene la Real Sociedad un director deportivo mediático, eso está claro. No le gusta aparecer en los medios y no tiene ese carisma público que, por ejemplo, sí se exige en otros clubes, pero algo ha de tener para que el proyecto del equipo txuri urdin sea hoy uno de los más interesantes y llamativos para perlas jóvenes de tan diferentes condiciones. Olabe anunciaba revolución, y tras un primer curso en el que se vio más fuera de los campos que sobre el verde, los resultados han llegado.

Odegaard, Isak, Remiro, Portu, Monreal y Sagnan fueron los seis fichajes con los que la Real se presentó ante su afición hace ya un año largo, que es cuando Olabe tuvo que hacer la mayor parte de sus deberes, aunque sus resultados los juzguemos ahora. A ello hubo que sumar las incorporaciones al primer equipo de Le Normand, Aihen Muñoz, Guevara y Barrentxea. Simplemente con analizar el perfil de estos jugadores y el papel que han tenido a lo largo de la temporada se puede trazar una radiografía muy precisa del trabajo de Olabe, que ha sabido moverse en mercados muy dispares, en velocidades de ejecución muy distintas y en una labor de persuasión que resulta más que elogiable. Además, encontrando un perfil muy distinto al que empleó en el primer verano de esta nueva etapa en la Real, en el que tiró de cesiones para apuntalar el grupo. Ahora vio la necesidad de cambio y fue a por ese objetivo con decisión.

Es evidente que Olabe ha conseguido un proyecto seductor para jugadores jóvenes con proyección. Convencer a Isak para salir del subcampeón de la Bundesliga o a Odegaard para que la Real sea el lugar en el que forjar su camino en el Real Madrid es algo que tendríamos que tener en cuenta. Como también el hecho de que ahora mismo la Real sea más interesante para un jugador que el proyecto económicamente más fuerte del Athletic, hasta el punto de que Remiro encontró más cariño en el club donostiarra que en el bilbaíno. Eso, por cierto, es algo que Olabe ha repetido después del enorme acierto de la contratación de Merino. Y más meritorio aún es haber logrado negociar con el rocoso Arsenal para lograr que uno de sus capitanes dejara el equipo, incluso contra la voluntad del club londinense, que quería seguir contando con Monreal. O incluso haber traído a un jugador de la experiencia de Portu que ya fue imposible fichar un año antes, moviéndose bien y rápido tras el descenso del Girona.

Sagnan es, claramente, el expediente X de la gestión de esta temporada. No hemos visto nada que justifique su fichaje, más allá de la necesidad que sí había de incorporar a un central. Joven, sin experiencia y sin partidos en la élite, Imanol no supo qué hacer con él hasta que finalmente se le encontró una cesión en el Mirandés, cesión bastante tardía, por cierto. Quizá las salidas sean todavía la cuestión pendiente de la gestión de Olabe. Navas y Héctor Moreno dejaron la Real sin dejar un euro en las arcas del club, cuando parecía que alguna compensación sí se podría haber sacado por ellos, y las decisiones sobre Pardo, Rulli o el mismo Sagnan no parecen haberse tomado en el momento correspondiente. El arquero, de hecho, pinta a ser una nueva patata caliente este verano tras finalizar su cesión en el Montpellier, y el riojano puso fin de una manera algo indigna a tantos años en el club.

Y en cuanto a los canteranos, Olabe ha hecho apuestas claras que se alejan de cumplir el expediente. Había opciones, desde luego, y se pudo pensar durante buena parte de la temporada que Barranetxea pudo haber jugado en el Sanse o que Aihen pudo ser el cedido en lugar Kevin Rodrigues, incluso que Sola tenía más margen de mejora que Gorosabel en la derecha, pero los que subieron tenían un papel en la primera plantilla. No hubo ascensos de relleno y da mucha tranquilidad en un equipo como la Real, eminentemente de cantera pese a las necesidades del mercado, saber que los chavales van a tener opciones no solo por lo que decida un entrenador concreto sino también porque en el club hay una dirección clara destinada a convertir su camino hasta el Sanse en una formación para la élite, para que en el primer equipo de la Real siempre haya un número significativo de potrillos que se hayan ganado allí su presencia.

Al margen de aciertos o errores puntuales, y aunque esta temporada claramente predominan las luces sobre las sombras, lo que está claro es que Olabe tiene un proyecto bien encaminado. La estabilidad futura de la Real pasa por esta labor y por entender que no todo puede salir bien. En el fútbol eso rara vez sucede. Olabe, eso sí, está forjando una plantilla joven y con alternativas, una que se ha revalorizado muchísimo en el último año, hasta el punto de que algunos de sus integrantes tienen ahora un cartel internacional envidiable y con el que, por des. Su próximo trabajo será seguir empleando las mismas dotes de persuasión para que los jugadores entiendan que en la Real pueden seguir creciendo y que la Real puede crecer con ellos. Y el más difícil todavía, encontrar cómo mejorar lo que ya tenemos.

jueves, mayo 25, 2017

RESUMEN DE LA TEMPORADA 2016-2017 (4) Dirección deportiva, buenas y malas ideas

Aperribay y Loren, renovando a Oyarzabal.
En la Real, la dirección deportiva siempre es objeto de debate. Sea por lo que se puede fichar y por lo que no, por sus nombres, por el interminable debate entre cantera y fichajes, por la famosa responsabilidad compartida en la que siempre se escudan los errores o por la permanencia de Loren Juarros en el cargo principal, ya convertido en el director deportivo que más tiempo lleva en el cargo en Primera División y con un futuro todavía amplio en la Real, siempre se habla de esta parcela. Y se habla durante toda la temporada, no solo cuando se toman las principales decisiones, es decir, en los periodos de fichajes. Lo que está claro es que hay muy buenas ideas y otras que se pueden calificar sin problemas como malas.

A la hora de analizar esta faceta del trabajo en la Real durante esta temporada, hay que partir de una idea de base: el fiasco que supuso el efímero fichaje de Roberto Olabe. No es un tema menor, y Jokin Aperribay no ha dado todavía una explicación convincente sobre lo sucedido, por mucho que el ex director deportivo se haya marchado de manera elegante y sin levantar la voz. Si se le presentó en rueda de prensa, calificando su fichaje como un movimiento estratégico de calado, se tendría que haber hecho lo mismo cuando Olabe anuncio su marcha, oficialmente por motivos personales pero con la sensación de irse “frustrado” que confesó en una de las pocas apariciones públicas que protagonizó. Sería interesante saber qué pasó, sobre todo porque, en realidad, nunca supimos cuál era el organigrama, si Olabe estaba realmente por encima de Loren o si este al final ha impuesto sus criterios y eso es lo que provocó la salida de quien estaba llamado a mandar sobre él.

Al margen de esta polémica, que hay que insistir en que no es un tema menor aunque vaya a quedar enterrado y olvidado, y entrando en las decisiones que afectan al primer equipo de la Real, resulta también ineludible partir de una idea. Eusebio se pasó la pretemporada pidiendo una plantilla corta que le permitiera tener a sus hombres activados y que le diera margen para usar a jugadores del filial. La dirección deportiva, entonces sin Olabe, no consiguió aligerar la plantilla. De la pasada temporada, solo salieron en verano los cedidos (Bruma, Oier y Reyes), un canterano (Oyarzun) y un mal fichaje (Jonathas). A jugadores que no contaban entonces o que no han contado en toda la temporada, como Héctor (cedido al final en el mercado de invierno al Granada) o Granero (condenado a un ostracismo y después convertido en el jugador número 13 de la plantilla), no se les pudo encontrar salida.

Y eso sin contar decisiones difíciles de entender como no ceder a un David Concha que apenas se ha vestido de corto, la recuperación de un Gaztañaga al que se le ha hecho perder un año de manera triste y sentenciándole casi a despedirse de la élite sin saber si daba la talla o la renovación de Pardo para cederle al Betis cuando parece evidente que para Eusebio, renovado para dos temporadas más, es un problema contar con el riojano. Veremos cómo se soluciona este marrón, porque da la sensación de que estamos ante todo un pulso de poder. Siempre ha parecido evidente que el club apostaba por Pardo pero ninguno de los entrenadores que le ha tenido en el primer equipo, recordemos que debutó con Philippe Montanier, ha sido capaz de sacar todo el fútbol que apuntaba en sus inicios y que con el paso del tiempo parece haberse diluido.

La presentación del efímero Olabe.
Pero no todo son problemas, ni mucho menos, cuando hablamos de la dirección deportiva, y eso, filias y fobias al margen, hay que analizarlo. Es obligado destacar que en los nombres que finalmente escogieron Loren y el club para incorporar a su primer equipo, se acertó de pleno. ¿Cuántos equipos pueden presumir de haber contratado el pasado verano a los dos jugadores que han acabado siendo sus dos máximos goleadores? Eso hizo la Real con Willian José y Juanmi, por los que desembolsó unos once millones de euros en total, una cifra que, viendo los parámetros en los que se mueve el fútbol actual, es casi de ganga. El más trascendente es el fichaje del brasileño porque viene a cerrar tres contrataciones catastróficas de delanteros centros, las de Seferovic, Finnbogason y Jonathas y ha permitido compensar la interminable recuperación de Agirretxe, que no ha podido jugar un solo minuto en toda la campaña.

Con estos dos fichajes, Loren puede sacar pecho. Pero con la confección de la plantilla no, porque no haber sido capaz de dar al técnico la estructura que pedía ha pesado en la temporada. No es fácil liberar peso, pero si hay que hacerlo se puede hacer con buenas maneras, como se ha hecho ahora por ejemplo con la decisión de no renovar a Mikel González. Esa es una gran asignatura pendiente de la Real como entidad y de Loren como director deportivo. Cuesta tanto fichar, y si no que se lo digan a Rulli y las vueltas que ha dado todos los años para regresar a la Real, ya al fin en propiedad aunque con opción de compra permanente por parte del Manchester City, como dejar salir. Y ojo, que hay renovaciones estratégicas como las de Oyarzabal que se hicieron bien y rápido. Pero en ambas tareas hay que aplicarse para que la Real pugne habitualmente por lo que su plantilla merece, por puestos europeos. Una temporada con tres competiciones exige acertar en la confección de la plantilla más de lo que se ha hecho este año. Ese es el reto.

jueves, abril 03, 2008

Ezimendi empata con Periko Alonso como el tercer entrenador que menos partidos ha dirigido a la Real

El breve periodo de José Ramón Eizmendi al frente del primer equipo de la Real Sociedad le ha colocado como el tercer técnico que menos partidos ha dirigido en la historia del club, empatado con Periko Alonso. Han sido once los encuentros en los que Eizmendi se ha sentado en el banquillo, con un saldo de cinco victorias, dos empates y cuatro derrotas. Con él, la Real dio una lección en Córdoba y Elche. Pero los tres partidos consecutivos que se saldaron con derrota le han dictado sentencia. Ahora muchos dicen que no debió seguir más allá del partido de Córdoba, pero después de aquel día pocos lo dijeron. La típica hipocresía del fútbol.

Eizmendi ha evidenciado un carácter muy seco con los medios de comunicación y se ha demostrado como un hombre muy parco en palabras en las ruedas de prensa. Seguro que eso no le ha dado muchas simpatías. Lo de ayer, en todo caso, debió ser muy duro para él. Realizar un último entrenamiento sabiendo que no sigue y comparecer en la rueda de prensa en la que se presenta a su sustituto. Para él, lo peor es el mensaje que transmitió Badiola, el mismo que durante la campaña electoral transmitió a los jugadores. Entonces dijo que con esa plantilla no se podía subir. Ahora ha dicho, aunque con actos y no con palabras, que con Eizmendi la Real no volvería a Primera.

Del cese de Eizmendi se puede sacar otra conclusión. Lo apuntaba ayer, lo desarrollo hoy. Los principales damnificados de esta fábrica de quemar entrenadores en que se ha convertido la Real no son aquellos que llegan al club desde fuera y con un nombre consolidado. Lotina o Irureta no triunfaron precisamente en la Real (aunque de mucho peor recuerdo es el primero, claro está, por ser el entrenador que nos llevó a Segunda), pero nunca fueron cesados. Uno mira la lista de los técnicos a los que se ha despedido recientemente y ve muchos nombres de la casa. No hay paciencia con el de casa y sí la suele haber con el de fuera. Eizmendi lo dijo en su polémica nota antes del partido del Numancia. Si hablaba de su caso concreto, entonces no tenía razón. Pero el tiempo y la historia dictan un mensaje muy distinto.

Desde que Luis Uranga cometió el grave error de cesar a Bern Krauss en la temporada 99-00 (seguramente el mayor error de su presidencia), sólo dos entrenadores han logrado la proeza de terminar una temporada en la Real. Raynald Denoueix lo hizo dos veces, en la involvidable campaña del subcampeonato y en la siguiente, 02-03 y 03-04. José Mari Amorrortu continuó esa tradición en la temporada 04-05, en el mayor periodo de estabilidad de esta convulsa época. Pero fue cesado al año siguiente. Lillo es ya el duodécimo entrenador desde el cese de Krauss, hace apenas nueve años. Sólo Denoueix y Lotina se marcharon al final de una temporada. Por el camino se han quedado cinco técnicos formados en la Real. Y esos cinco son, precisamente, los que menos partidos han dirigido a la Real desde el banquillo desde que el equipo volvió a Primera hace 41 años. El quinto lugar lo ocupa Bakero (20 partidos), un nombre histórico del club aunque el único no formado como técnico en Zubieta.

Eizmendi y Periko Alonso comparten número de partidos en el banquillo del equipo txuri urdin, once, aunque los números del de nuevo técnico del Sanse son bastante mejores que los del padre de Xabi y Mikel Alonso. Periko dirigió diez partidos de Liga y uno de Copa. En la primera competición, sólo ganó dos y perdió nada menos que siete. En la segunda competición, cosechó una nueva y sonrojante eliminación, esta vez ante el Beasain de (casualidades de la vida) Gonzalo Arconada, hoy entrenador de un Numancia que ya tiene prácticamente asegurado el ascenso. Esa derrota copera, por cierto, provocó que Luis Uranga anunciara su marcha de la Real y la convocatoria de elecciones. La experiencia en el banquillo realista fue tan traumática para el bueno de Periko Alonso, que ya había hecho antes un muy buen trabajo en el Eibar, que dimitió anunciando que dejaba para siempre el oficio de entrenador. Y hasta hoy ha cumplido.

Roberto Olabe es el único técnico de esta lista que acabó su corta andadura en el banquillo con éxito. Tras el cese de Toshack, el club, entonces presidido por Astiazarán, tomó una decisión muy arriesgada. Dio el mando del equipo a quien era el técnico del juvenil, que ni siquiera tenía el título de entrenador nacional. Se colocó como segundo a Zamora para utilizar su título y hacer legal la fórmula (pese a todo, hubo sanción a posteriori para Olabe y Zamora). A nueve partidos del final, se le dio la difícil misión de ganar cinco partidos para salvar a la Real. Y los ganó. Tan buen trabajo hizo que le sobró incluso el último partido. Consiguió 17 puntos en esas nueve jornadas. El premio a su buen trabajo fue la secretaría técnica del club. Desde allí, dio los últimos retorques a la plantilla subcampeona que Toshack también había ayudado a preparar, pero su bagaje final no fue excesivamente satisfactorio y dejó la Real por la puerta de atrás. Como casi todos en los últimos tiempos.
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El entrenador que menos partidos ha dirigido a la Real en toda su historia, apenas ocho, es Gonzalo Arconada. Venía directamente del Sanse para sustituir a Amorrortu y, de nuevo, con la misión de salvar a la Real del descenso. Comenzó muy bien, ganando en Anoeta al Mallorca, gracias a la aportación de los nuevos, Skoubo y Mark González. Pero después de la euforia inicial, el equipo entró en barrena. Cosechó cuatro derrotas consecutivas, vivió el espejismo de la victoria en Riazor y dos derrotas más le sentenciaron. De sus ocho partidos, la Real perdió seis y ganó dos. Fue cesado y el director deportivo que le había confiado el futuro del primer equipo, Bakero, fue quien se sentó en su lugar. Bakero consiguió evitar el descenso, pero no la entrada en el torbellino que acabó con los huesos del equipo en Segunda. Donde sigue, por cierto, y donde nadie ha sido capaz todavía de poner el orden necesario en un club como la Real.

martes, febrero 20, 2007

Olabe marcó el camino a la salvación


Para conseguir la salvación, la Real tiene un camino a seguir: el que marcó Roberto Olabe durante su breve paso por el banquillo. Ahora mismo, el equipo txuri urdin tiene 14 puntos y siempre se ha calculado que la permanencia en Primera se alcanza en torno a los 40. Eso quiere decir que harían falta al menos 26 puntos para seguir un año más en la máxima categoría. De los últimos siete años, los que la Real ha vivido en el alambre, sólo en dos se han sumado esos puntos en los quince partidos que restan: la 2002-2003, la del subcampeonato, y la 2001-2002, la de Olabe.
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Eso convierte a Olabe en el único técnico que ha vivido con la sombra del descenso que ha logrado los números que hoy necesita la Real para sobrevivir. Toshack fue el entrenador que inició esa campaña y Olabe le sustituyó cuando quedaban pocos partidos para el final. En los últimos quince encuentros, la Real ganó ocho partidos, empató cuatro y perdió tres. Un total de 28 puntos. O lo que es lo mismo, la vida para este equipo de la temporada 2006-2007. En aquel final de campaña, la Real anotó 22 goles y encajó 17.
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Las remontadas que se hicieron con Toshack y Clemente en el banquillo, con ser notables en su momento, no bastarían este año para que la Real se quedase en Primera. En ambos años se consiguieron los mismos números, 22 puntos gracias a las seis victorias, cuatro empates y cinco derrotas. No obstante, con el galés se consiguieron más goles a favor (26 por 17), aunque con el de Barakaldo se encajó un gol menos (20 por 21).
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Los peores números se consiguieron el año pasado, entre Gonzalo Arconada y José Mari Bakero (15 puntos, cuatro victorias, tres empates y nada menos que ocho derrotas), aunque entonces bastaron para salvarse. Un punto más consiguió la Real de Denoueix en la temporada 2003-2004, gracias a las tres victorias y siete empates que cosechó. La primera temporada de Amorrortu también sería insuficiente para lograr la salvación este año. En los 15 últimos encuentros de aquella campaña se lograron 21 puntos (seis victorias, otras tantas derrotas y tres empates).
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Sobra decir que la Real también se salvaría con los números de la temporada del subcampeonato, la 2002-2003. Entonces, los quince partidos finales se saldaron con 29 puntos para la Real, con nueve victorias, dos empates y cuatro derrotas. Nos lamentaremos toda la vida de que aquellos resultados no bastaran para conseguir el merecido título de Liga, pero está claro que aquellos eran otros tiempos muy distintos a los actuales. Denoueix, por cierto, ha afirmado que estudiaría con gusto una oferta para regresar a la Real...