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martes, junio 09, 2009

Buscando entrenador

Que nadie se asuste por el título, que la Real no ha cambiado de opinión y Martín Lasarte sigue siendo el técnico que se sentará en el banquillo de Anoeta la próxima temporada. Pero esto de la búsqueda de entrenador lleva ya algo más de una semana rondándome la cabeza, sobre todo a raíz de los dos últimos artículos que Jon Trueba ha firmado los martes en El Diario Vasco. En el primero, hacía un pormenorizado y más que interesante relato de las gestiones que hizo el club para encontrar al sustituto de Juanma Lillo. Y sobre todo me llamó la atención lo que dice de Gonzalo Arconada y de sus motivos para rechazar la llamada de la Real. "Ni Gonzalo, ni su hermano Luis lo veían claro. Además tenía varias ofertas (finalmente se ha decidido por el Numancia)".

No seré yo quien critique a Gonzalo Arconada por no venir a la Real. Somos sólo espectadores de lo que acontece en un mundo profesionalizado y cada actor de este espectáculo tiene que buscarse la vida donde quiera o pueda. Habrá quien piense que menudo realismo (de la Real) el suyo, que prefiere irse al Numancia cuando su club (si es que lo es, que yo lo desconozco; decirlo sería es una presunción lógica por su historial y su apellido) le pide que vuelva, pero él no ha manipulado emocionalmente a nadie, como sí han hecho otros en ocasiones anteriores. En todo caso, hay un detalle al que le vengo dando vueltas desde hace una semana, y es la mención de Luis Arconada en este artículo. Luis Arconada no veía claro que su hermano Gonzalo volviera a la Real. Eso es lo que me ha hecho pensar.

La memoria me ha devuelto a la entrevista que concedió el mejor portero de la Historia txuri urdin, precisamente a El Diario Vasco, el mismo día en que Jokin Aperribay fue elegido presidente, el día en que Iñaki Badiola dejó de serlo, el día que todos recordamos cómo acabó. En especial, me fijo en su última respuesta. "Yo tengo la esperanza de que quienes se han presentado ahora logren sus propósitos de regeneración, aunque será una tarea muy difícil", decía entonces Luis Arconada, en una clara apuesta por un Aperribay del que entonces apenas sabíamos nada. Pero hoy, seis meses después, no ve claro que su hermano vuelva a la Real. No voy a prejuzgar qué hay detrás de ese "no lo veían claro". No voy a criticar ni a quien lo piense, ni a quien lo publique, ni tan siquiera a quien pueda haber motivado esa falta de claridad. Pero me hace pensar.

El segundo de los artículos de Jon Trueba es tan interesante como el primero. Comienza con una conversación con un ex entrenador de la Real, cuyo nombre prefiere evitar. De esa parte del artículo, me alegra mucho que alguien que haya pasado por el banquillo txuri urdin diga abiertamente que "la cantera siempre da" y que lo que no se ha conseguido en los últimos años es la correcta combinación con los que vienen de fuera. Y me alegra porque siempre he tenido claro que ese y no otro es el mal que persigue a la Real sobre el campo. Por lo menos, el mal principal. Pero si traigo a colación este recorte de prensa es porque en su parte final reproduce un artículo del actual seleccionador español, Vicente del Bosque, un entrenador que, dicho sea de paso, no es del todo de mi agrado.

"Hay cuestiones claves para un entrenador: tiene que conocer bien la historia del club y respetar su identidad, marcar un estilo propio; participar en la formación de la plantilla, obtener de ella el máximo rendimiento; y en los partidos hacer compatible el orden del equipo con el talento. !Ah!, y ganar. Un entrenador debe dar libertad, pero con exigencia; afecto en vez de palo, emocionar a los jugadores con su profesión (son peor dos apáticos que cuatro malos); no criticar siempre a los mismos, rodearse de buenos especialistas, sabiendo delegar tareas, no responsabilidades. Tiene que ser uno mismo, sin mucha retórica y mantener la compostura: ni muy triste en la derrota ni muy eufórico en la victoria".

Leo y releo esta definición. Y no dejo de hacerme, una y otra vez, la misma pregunta: ¿no es ese Lillo? Me detengo entonces en el matiz que aleja esa definición del todavía técnico realista. "¡Ah!, y ganar". No estamos en Primera, no hemos ganado tanto como necesitábamos. ¿Es eso lo que marca ahora la frontera del éxito y el fracaso en la Real? Entonces, si la diferencia entre el cielo y el infierno sólo va a estar en el marcador, ¿por qué nos detenemos a hablar de tantas cosas, de la cantera, de las formas, de los medios? Yo creía que la respuesta es porque la Real es algo diferente. Y yo quiero que la Real siga siendo diferente. Incluso para algo tan inocente en apariencia como es buscar entrenador. Y que el que esté tenga toda la suerte del mundo. La misma que le deseé a Lillo el sábado en Madrid y que me agradeció con un gesto afectuoso.

jueves, abril 03, 2008

Ezimendi empata con Periko Alonso como el tercer entrenador que menos partidos ha dirigido a la Real

El breve periodo de José Ramón Eizmendi al frente del primer equipo de la Real Sociedad le ha colocado como el tercer técnico que menos partidos ha dirigido en la historia del club, empatado con Periko Alonso. Han sido once los encuentros en los que Eizmendi se ha sentado en el banquillo, con un saldo de cinco victorias, dos empates y cuatro derrotas. Con él, la Real dio una lección en Córdoba y Elche. Pero los tres partidos consecutivos que se saldaron con derrota le han dictado sentencia. Ahora muchos dicen que no debió seguir más allá del partido de Córdoba, pero después de aquel día pocos lo dijeron. La típica hipocresía del fútbol.

Eizmendi ha evidenciado un carácter muy seco con los medios de comunicación y se ha demostrado como un hombre muy parco en palabras en las ruedas de prensa. Seguro que eso no le ha dado muchas simpatías. Lo de ayer, en todo caso, debió ser muy duro para él. Realizar un último entrenamiento sabiendo que no sigue y comparecer en la rueda de prensa en la que se presenta a su sustituto. Para él, lo peor es el mensaje que transmitió Badiola, el mismo que durante la campaña electoral transmitió a los jugadores. Entonces dijo que con esa plantilla no se podía subir. Ahora ha dicho, aunque con actos y no con palabras, que con Eizmendi la Real no volvería a Primera.

Del cese de Eizmendi se puede sacar otra conclusión. Lo apuntaba ayer, lo desarrollo hoy. Los principales damnificados de esta fábrica de quemar entrenadores en que se ha convertido la Real no son aquellos que llegan al club desde fuera y con un nombre consolidado. Lotina o Irureta no triunfaron precisamente en la Real (aunque de mucho peor recuerdo es el primero, claro está, por ser el entrenador que nos llevó a Segunda), pero nunca fueron cesados. Uno mira la lista de los técnicos a los que se ha despedido recientemente y ve muchos nombres de la casa. No hay paciencia con el de casa y sí la suele haber con el de fuera. Eizmendi lo dijo en su polémica nota antes del partido del Numancia. Si hablaba de su caso concreto, entonces no tenía razón. Pero el tiempo y la historia dictan un mensaje muy distinto.

Desde que Luis Uranga cometió el grave error de cesar a Bern Krauss en la temporada 99-00 (seguramente el mayor error de su presidencia), sólo dos entrenadores han logrado la proeza de terminar una temporada en la Real. Raynald Denoueix lo hizo dos veces, en la involvidable campaña del subcampeonato y en la siguiente, 02-03 y 03-04. José Mari Amorrortu continuó esa tradición en la temporada 04-05, en el mayor periodo de estabilidad de esta convulsa época. Pero fue cesado al año siguiente. Lillo es ya el duodécimo entrenador desde el cese de Krauss, hace apenas nueve años. Sólo Denoueix y Lotina se marcharon al final de una temporada. Por el camino se han quedado cinco técnicos formados en la Real. Y esos cinco son, precisamente, los que menos partidos han dirigido a la Real desde el banquillo desde que el equipo volvió a Primera hace 41 años. El quinto lugar lo ocupa Bakero (20 partidos), un nombre histórico del club aunque el único no formado como técnico en Zubieta.

Eizmendi y Periko Alonso comparten número de partidos en el banquillo del equipo txuri urdin, once, aunque los números del de nuevo técnico del Sanse son bastante mejores que los del padre de Xabi y Mikel Alonso. Periko dirigió diez partidos de Liga y uno de Copa. En la primera competición, sólo ganó dos y perdió nada menos que siete. En la segunda competición, cosechó una nueva y sonrojante eliminación, esta vez ante el Beasain de (casualidades de la vida) Gonzalo Arconada, hoy entrenador de un Numancia que ya tiene prácticamente asegurado el ascenso. Esa derrota copera, por cierto, provocó que Luis Uranga anunciara su marcha de la Real y la convocatoria de elecciones. La experiencia en el banquillo realista fue tan traumática para el bueno de Periko Alonso, que ya había hecho antes un muy buen trabajo en el Eibar, que dimitió anunciando que dejaba para siempre el oficio de entrenador. Y hasta hoy ha cumplido.

Roberto Olabe es el único técnico de esta lista que acabó su corta andadura en el banquillo con éxito. Tras el cese de Toshack, el club, entonces presidido por Astiazarán, tomó una decisión muy arriesgada. Dio el mando del equipo a quien era el técnico del juvenil, que ni siquiera tenía el título de entrenador nacional. Se colocó como segundo a Zamora para utilizar su título y hacer legal la fórmula (pese a todo, hubo sanción a posteriori para Olabe y Zamora). A nueve partidos del final, se le dio la difícil misión de ganar cinco partidos para salvar a la Real. Y los ganó. Tan buen trabajo hizo que le sobró incluso el último partido. Consiguió 17 puntos en esas nueve jornadas. El premio a su buen trabajo fue la secretaría técnica del club. Desde allí, dio los últimos retorques a la plantilla subcampeona que Toshack también había ayudado a preparar, pero su bagaje final no fue excesivamente satisfactorio y dejó la Real por la puerta de atrás. Como casi todos en los últimos tiempos.
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El entrenador que menos partidos ha dirigido a la Real en toda su historia, apenas ocho, es Gonzalo Arconada. Venía directamente del Sanse para sustituir a Amorrortu y, de nuevo, con la misión de salvar a la Real del descenso. Comenzó muy bien, ganando en Anoeta al Mallorca, gracias a la aportación de los nuevos, Skoubo y Mark González. Pero después de la euforia inicial, el equipo entró en barrena. Cosechó cuatro derrotas consecutivas, vivió el espejismo de la victoria en Riazor y dos derrotas más le sentenciaron. De sus ocho partidos, la Real perdió seis y ganó dos. Fue cesado y el director deportivo que le había confiado el futuro del primer equipo, Bakero, fue quien se sentó en su lugar. Bakero consiguió evitar el descenso, pero no la entrada en el torbellino que acabó con los huesos del equipo en Segunda. Donde sigue, por cierto, y donde nadie ha sido capaz todavía de poner el orden necesario en un club como la Real.