miércoles, abril 29, 2015

ATHLETIC 1 - REAL SOCIEDAD 1 La Real supera con orgullo los habituales extraños sucesos de San Mamés

Iñigo comandó la gran defensa de la Real.
El Athletic no gana a la Real desde aquel día en el que Mateu Lahoz decidió que un gol de Vela que había traspasado la línea con claridad no debía subir al marcador. Ese fue el colofón de la una larga racha de extraños sucesos en San Mamés que impidieron a la Real puntuar mucho más de lo que lo había merecido en ese tramo histórico. Pues bien, Martínez Munuera quiso sumarse a esa tradición y dio al Athletic todos los medios para que ganara el partido y se acercara a la séptima plaza que tanto desea, lo hizo en una jugada fatídica en la que decidió cuatro veces y las cuatro lo hizo a favor del equipo de casa, las cuatro equivocadamente, lo que supone todo un récord. Quien haya visto partidos de la Real en San Mamés tampoco se habrá visto tan sorprendido. Esta vez, sin embargo, la Real dio una lección de orgullo prolongando su buen primer tiempo con una espléndido reacción ante la adversidad y no se sintió derrotada. Es más, estuvo más cerca el 1-2 que el 2-1. El empate, gracias a un golazo de De la Bella, fue corto para los méritos de la Real, cortísimo para los del árbitro.

Y es que, a pesar del empate final, es obligado destacar la trascendencia que tuvo la jugada del penalti. La jugada es un balón largo a Adúriz que salta al bulto contra Rulli. No es trascendente que esté fuera del área pequeña, la carga es igualmente ilegal, pero Martínez Munuera no pitó la falta. Después, el delantero del Athletic, que es tan talentoso como despreciable por sus malas artes futbolísticas aunque no tenga esa bien merecida fama (y que volvió a evidenciar en el descuento con un piscinazo claromoso que encima tuvo la desfachatez de protestar), disimuló para hacer que el colegiado transformara injustamente en penalti un contacto liviano con Mikel González. El colegiado, de forma asombrosa, decidió expulsar a Mikel, cuando Aduriz ni siquiera tenía el balón controlado. Y para colmo consintió una paradinha exagerada que por ejemplo a Xabi Prieto ya le ha costado alguna repetición y hasta alguna tarjeta amarilla. Cuatro decisiones y en las cuatro Martínez Munuera decidió para el Athletic. Y aún así no le bastó a los locales para ganar.

Hasta llegar a ese minuto 50 en el que Martínez Munuera rompió injustamente el partido y se lo puso en bandeja al Athletic, pasaron muchas cosas y muchas interesantes para el equipo de Moyes. Una vez más, la Real saltó a un campo que no es Anoeta sin delantero centro. Eso, de hecho, era lo más previsible del once, incluso aunque siga suponiendo un desafío a esa estadística de apenas dos victorias ya en 22 encuentros jugados como visitante sin uno de sus nueves, porque el escocés tomó varias decisiones difíciles de adelantar. Carlos Martínez y De la Bella mantuvieron sus puestos en los laterales, Markel y Pardo formaron el doble pivote y Zurutuza, al fin, se desplegó en la mediapunta. Quizá no sea casualidad que el pelirrojo fuera el mejor realista de la primera mitad o que Chory Castro y Vela conectaran con tanta facilidad en bastantes jugadas. Es verdad que la Real echó en falta a su referencia en ataque y que las apariciones del mexicano parecían más peligrosas cuando partía más lejos de la portería de Iraizoz, pero es igualmente cierto que el planteamiento no le salió nada mal a Moyes.

De hecho, en pocos partidos de esta temporada ha lucido la Real una intensidad como la que mostró en San Mamés. Podrá tener más o menos fútbol, más o menos acierto y más o menos peligro, pero lo que siempre tendría que resultar innegociable es la raza que sí desplegó ante el Athletic. Así, incluso perder no habría sabido tan mal porque supone que la Real ha puesto en el césped todo lo que tenía. Y lo puso, desde el primer hasta el último hombre, sin que nadie se pueda salir del enorme tono físico y anímico del equipo, que se veía incluso antes de la fatídica jugada del penalti y la espléndida que acabó desembocando en el empate. Y es que desde el principio el derbi respondió a sus características más habituales, un partido intenso, con raza y entrega, sin un dominador claro y, eso sí, con muy pocas ocasiones de gol. Los realistas disputaron con claridad la posesión al Athletic, difuminando favoritismos e incluso trayectorias, porque no hay que olvidar que los bilbaínos se han metido de lleno en la pelea por la séptima plaza en las últimas jornadas mientras que los donostiarras han terminado de caer a una tierra de nadie que les ha dejado sin objetivos en la temporada.

Las principales armas de los de Moyes fueron una participación muy activa en el centro del campo de Zurutuza, las buenas incorporaciones de Carlos Martínez y De la Bella, algún que otro caracoleo de un Xabi Prieto más entonado que de costumbre y la ya mencionada conexión entre Chory y Vela, que prácticamente monopolizaron los disparos a puerta de la primera mitad aunque sin llegar a probar demasiado al guardameta del Athletic. La ocasión más clara de esos primeros 45 minutos fue un voleón del mexicano desde una posición alejada y al borde de la media hora que se marchó por encima del larguero de la portería local, no demasiado lejos de ser gol. Eso en ataque, porque en defensa la Real desplegó una intensidad tan magnífica (qué de kilómetros recorrieron Pardo y Zurutuza) que redujo el juego ofensivo del Athletic casi a la nada. Ocasiones verdaderamente claras sólo tuvo una y provocó que Rulli demostrara una vez más su categoría con una de las paradas de la Liga, para responder a contrapié a un cabezazo de Aduriz desde el segundo palo.

La segunda parte comenzó dando la impresión de que se iban a mantener los mismos patrones, pero Martínez Munuera dejó esa apreciación en una simple conjetura con una jugada que, en otras circunstancias y eso es bueno tenerlo presente, habría decidido el partido. No lo hizo porque la respuesta de la Real fue excepcional. Moyes trato de recomponer al equipo quintando del campo a Chory Castro para colocar en el centro de la defensa a Elustondo, un cambio extraño si tenía en mente buscar contras. La buena noticia es que Elustondo, a pesar de que un despeje a córner no se le marchó demasiado lejos de la portería de Rulli, no se complicó lo más mínimo, y buscó siempre el despeje rápido. Aún así, el Athletic gozó de sus mejores minutos justo tras verse por delante en el marcador y con superioridad sobre el césped. La Real sufrió, pero aún así Rulli no tuvo que volver a intervenir, lo que habla muy bien de cómo defendió el equipo txuri urdin en San Mamés. Y lo hizo además sin renunciar a nada. Fue clave para la moral que el empate llegara tan pronto, apenas diez minutos después del penalti. Un sensacional balón interior de Pardo lo remató De la Bella, en su mejor partido de la temporada con diferencia, con una clase extraordinaria, salvando a Iraizoz.

El partido entró así en una fase completamente diferente, con una Real reforzada futbolística y anímicamente y un Athletic desesperado, que había desperdiciado el regalo arbitral sin que en realidad supiera cómo. Mientras el equipo de Moyes buscaba contras, sobre todo de la mano de un Vela que quizá debió apoyarse algo más en sus compañeros para crear más peligro (sobre todo en una arrancada en la que supo llevarse a cuatro defensas pero que quiso concluir él, cuando ya había despejado un buen pasillo para Xabi Prieto), el de Valverde no tuvo más solución que colgar balones al área una y otra vez, hasta superar el medio centenar de envíos de esa clase sin conseguir casi nunca los delanteros locales imponerse a los defensores realistas, que se emplearon como jabatos para desmantelar el primitivo entramado ofensivo del Athletic. Moyes tampoco pareció acertar con el segundo cambio, ya que retiró a Vela, que no entendió el cambio a pesar de que será un descanso para su rodilla, para dar entrada a un Canales que si bien aguantó la pelota en alguna ocasión no parecía la mejor solución para insistir en las contras.

A pesar del enorme despliegue físico de todos sus hombres, Moyes ni siquiera agotó las sustituciones, algo que tampoco tuvo demasiada lógica y que, con todo, el equipo no acusó. El Athletic sólo estuvo cerca de marcar en un disparo con rosca de Williams que rozó Xabi Prieto para provocar el córner. Y la Real consumió los minutos finales con una demostración física fantástica para un equipo que ha llegado tan fundido al final de tantos encuentros a lo largo de esta temporada. Algo de mérito hay que dar ahí a Moyes, sin ninguna duda. Sin auténticos atacantes ya sobre el césped, apenas con Canales en punta y con Xabi Prieto muy volcado en la ayuda a Carlos Martínez, fue muy habitual ver a Pardo y Zurutuza desplegarse como esos box to box de los que tanto se habló en el entorno de la Real no hace tanto tiempo. Incluso el partido murió en el área de Iraizoz, otro mérito de la Real, aunque el centro al área de Canales fue muy ingenuo y no dio demasiados problemas al guardameta del Athletic. Hubiera sido un extraordinario premio, y no demasiado injusto a tenor de las ventajas y los méritos que han tenido uno y otro equipo.

La Real empató en San Mamés y eso le sirve para llegar a los 40 puntos, esa cifra mágica en la que tanta gente sitúa la salvación y que esta temporada va a servir con creces para mantener la categoría, pero eso no es lo importante que ha dejado el derbi. Lo más interesante es que Moyes ha visto a la Real que le puede dar éxitos en el futuro, y no deja de ser curioso que haya sido con una numerosa presencia de los jugadores que llevaron a la Real a la Champions, quitando por supuesto a los que han dejado la plantilla. Esa intensidad superior a la del rival, esa fortaleza defensiva, ese carácter para sobreponerse a las injusticias (deportivas y arbitrales a la par) y esa calidad en los metros finales para marcar parecen ser algunas de las características de la Real de Moyes, unas características que tienen que verse mucho más y de forma más regular, porque hasta ahora se han mostrado con cuentagotas. Pero como primer paso del futuro, no está nada mal. Y sirve para que la Real siga sin conocer la derrota en el nuevo San Mamés, para disgusto de los vecinos, que pierden una ocasión de asaltar la séptima plaza.