domingo, octubre 19, 2014

GETAFE B 0 - REAL SOCIEDAD B 1. Un triunfo de coraje

El once inicial de la Real.
La Real Sociedad B volvió de Getafe con tres puntos valiosísimos, muy peleados y obtenidos a base de coraje. Los potrillos de Asier Santana tuvieron que sobreponerse a la expulsión de Callens, la decisión más trascendente de un demencial arbitraje de Chavet García, y lograron en setenta minutos de inferioridad numérica que el Getafe B no hiciera valer la ventaja de tener un jugador más en ningún momento del encuentro, más allá de una continua posesión al borde del área de la Real sin llegar a generar demasiadas ocasiones de peligro. Los méritos del equipo txuri urdin se acrecientan destacando que el gol llegó estando ya con un jugador menos sobre el campo y que Marcellán no tuvo que hacer grandes intervenciones para conservar primero el empate y después la victoria. La brega de los realistas, que supieron adaptarse a las circunstancias del partido mucho mejor que el conjunto local, fue decisiva en este duelo de filiales y permite al equipo abandonar los puestos de descenso.

Fútbol, en realidad, no se vio demasiado, ni siquiera antes de esa absurda tarjeta roja. El partido arrancó frío y con muchas imprecisiones, con el balón largo como herramienta fundamental del juego de ambos equipos y sin que ninguno de ellos se hiciera con el centro del campo. Lo único reseñable en esos minutos fue la pelea casi frenética de Eneko Capilla. Hasta el minuto 18 no hubo un primer intento de Darlan Bispo desde fuera del área, y sólo un minuto después la Real disfrutó de una buena ocasión doble, sobre todo el segundo disparo de Oyarzun, en la que quien se lució fue el guardameta local, Olmedo. Tras la siguiente jugada en ataque del Getafe, en el minuto 22, fue cuando se produjo la expulsión de Callens. El colegiado ya se había mostrado en los minutos anteriores quisquilloso y desafiante, por lo que el error del realista fue seguir dialogando con él en lugar de sacar la falta a favor que había sancionado. Pero lo que resulta inverosímil es expulsar a un jugador, por roja directa y después de haberle sacado una amarilla, por tan poca cosa.

Para hacer frente a la inferioridad, Santana movió sus fichas sin hacer el primer cambio. Colocó a Elustondo de central y su hueco en la banda derecha lo llenó Mugurza, fortificó el centro del campo para que el partido se jugara ahí y dejó arriba a Iker Hernández para que desplegara su brega habitual, cambiándose en algunos momentos con el batallador Eneko. Si once contra once el fútbol brilló por su ausencia, con la absurda decisión del colegiado de expulsar a Callens el partido se convirtió con más claridad en una batalla de gladiadores. La Real dio un paso atrás sólo posicionalmente y no se amilanó. De hecho, tras la expulsión fue suyo el primer intento de desnivelar el marcador, un disparo lejano de Oyarzun. El Getafe no realizó su primer disparo entre los tres palos hasta el minuto 32, sin apenas peligro, y muchas de sus jugadas acababan en fuera de juego, producto de los buenos movimientos de la defensa txuri urdin, que sólo sufrió un desajuste severo en otra jugada anulada por posición antirreglamentaria de Mikel Orbegozo, que, sin oposición, cabeceó fuera un centro desde la derecha.

El momento en el que Callens vio la roja directa.
La caprichosa decisión del colegiado, curiosamente, acabó beneficiando a la Real de la forma más inesperada. En el segundo de los dos minutos de añadido que decretó fue cuando llegó su gol, el que decidió el encuentro. Y llegó de una manera extraordinaria, con un formidable contragolpe que inició Darlan Bispo en la frontal del área realista, que llegó hasta un sensacional centro de un incansable Héctor desde la banda izquierda. No llegó Iker Hernández a rematar de cabeza, pero su presencia provocó el involuntario testarazo de Albert Carbonell. El defensa getafense cruzo la pelota hasta el palo izquierdo de Olmedo, que no pudo hacer absolutamente nada para evitar el 0-1. El gol reafirmó la idea de la Real, que se sostuvo con firmeza durante toda la segunda mitad jugando muy cerca de su área. Santana dio aún más poder a la defensa colocando a Diarra, que sustituyó a Muguruza, y Darlan Bispo se multiplicó para robar incontables balones con sus contundentes entradas.

El único síntoma de que la Real estaba con diez jugadores era su posición retrasada en el campo y el de la superioridad del Getafe sólo se plasmaba en una continua posesión de balón. ¿Ocasiones? Muy poquitas. De hecho, no es descabellado decir que estuvo más cerca el 0-2 que el 1-1, al menos mientras duraron las fuerzas de los diez jugadores supervivientes de la Real. Darlan Bispo y Héctor armaron muy interesantes contragolpes, aunque no llegaron a estar cerca del gol. Sí lo estuvo Iker, después de una magnífica jugada primero de Oyarzun, que aguantó el balón ante cuatro rivales, y después de Eneko Capilla, que aprovechó la confusión getafense para internarse por la banda izquierda y poner un buen centro al que estuvo a punto de llegar el delantero realista. Darlan Bispo llegó a probar fortuna desde unos 45 metros y provocó una buena parada de Olmedo.

Los cambios y el lógico cansancio de jugar con uno menos durante tantos minutos sí puso el riesgo el resultado para la Real. En el último tercio, el partido se abrió mucho. El Getafe no dejaba de intentar colgar balones al área de Marcellán, tanto en jugada como desde la esquina, la descomunal pelea de Iker estuvo a punto de dar sus frutos tras bajar espléndidamente un balón y lanzar el balón muy cerca de la escuadra y el árbitro, triste protagonista del encuentro, acabó por desquiciar a todo el mundo con decisiones caprichosas e incomprensibles, a veces señalando para un lado cuando todos los jugadores ya se iban para el otro. Dentro de este carrusel de locuras, llegó a amonestar a Eneko por perder tiempo cuando iba a ser sustituido, sacó otra amarilla a Ugarte desde el banquillo y retó y amenazó continuamente a jugadores de ambos equipos sin atreverse a tomar más decisiones. El colegiado perdió más tiempo con sus caprichos que los jugadores realistas buscando el final del partido.

Así llegó el 0-1, de Albert Carbonell en propia puerta.
La Real, por cierto, supo adaptarse a esas condiciones e hizo que se jugara muy poquito en el tramo final. Su presión cuando tenía ocasión de hacerla cerca de la portería del Getafe fue descomunal, y supo torear a un árbitro incompetente cuando en los minutos finales los nervios ya se habían apoderado tanto del equipo local como de la grada. Como muestra, ya cerca de cumplirse los cuatro minutos de añadido, Héctor sufrió una durísima entrada por detrás y dejó el campo cojeando ostensiblemente. Parecía incluso que no iba a poder regresar al partido, pero solicitó de inmediato su reingreso, enervando aún más al público getafense. La continua pelea de Iker, que no dudó en meter el cuerpo e incluso dejar el pie cuando hacía falta, fue otra muestra de lo bien que administró sus fuerzas el equipo. El empate sólo estuvo cerca en el minuto 78, en una jugada que, de nuevo, fue anulada por fuera de juego. Un centro desde la izquierda encontró el certero cabezazo de Hugo, pero el asistente ya tenía la bandera arriba. La Real celebró el final como se merecía, porque estos tres puntos se antojaban necesarios y se lograron después de una enorme lección de lucha.