jueves, febrero 11, 2016

González González en Anoeta, un atropello que no debería tolerarse

El último atropello de González González fue en el Bernabéu.
José Luis González González volverá a arbitrar a la Real este fin de semana. Y eso, desde cualquier punto de vista, es un atropello. Uno que todas las instancias del fútbol no deberían tolerar. Ya que la prensa no guipuzcoana no recordará sus arbitrajes como sí hacen cada vez que se designa un árbitro que expulsó a Cristiano o uno que no sancionó una patada a Messi, para empezar no debería tolerarlo la Real, porque la lista de agravios hacia la Real es inmensa y desde hace años. Ojo, no estamos hablando de errores, aunque también, sino de agravios. Decisiones que toma y que todo el que está a su alrededor, los jugadores y el público, de un bando y de otro, asume que no son justas. No es un árbitro que se equivoque con la Real, no nos confundamos. Es un árbitro que hace su trabajo mediatizado cada vez que la Real es uno de los dos equipos que salta al terreno de juego. Sus razones o las causas las conocerá él, no se trata de prejuzgar una persecución hacia el equipo txuri urdin, por mucho que eso sea lo que ronda en la cabeza de cualquier aficionado.

Pero que lo hace mal es un hecho indiscutible. Por eso es vital que no obviemos el papel del Comité Técnico de Árbitros, que es quien vuelve a colocarle de nuevo en una posición en la que este colegiado fracasará en su profesión. ¿Qué necesidad hay de designar a González González para un partido de la Real? ¿No hay suficientes árbitros en Primera como para evitarlo? Darle este partido es perjudicial para el equipo realista, pero también para el mismo colegiado, al que su propio Comité no protege como debiera. González González será abucheado e insultado. Pasará un mal rato en Anoeta. Y eso va a suceder tanto si lo hace bien como si vuelve a equivocarse. Es completamente inevitable, porque en la memoria de cualquier aficionado realista está el desvergonzado arbitraje que sufrió su equipo el pasado 30 de diciembre en el Santiago Bernabéu. O las violentas acciones que sufrieron Díaz de Cerio o Zurutuza que les llevaron nada menos a quirófano y por las que este colegiado ni siquiera apreció falta. No es necesario volver a repasar todo lo que ha padecido la Real con este trencilla sobre el césped, basta con recordar que esa lista de agravios comenzó en la temporada 2007-2008, cuando la Segunda División era el escenario de sus andanzas.

Esta designación pone en una situación absoluta de indefensión tanto a la Real como a su gente. Demuestra que el colectivo arbitral es el único que no asume consecuencias ni responsabilidades por hacer un mal trabajo. González González suele hacerlo francamente mal con la Real, y aún así sigue siendo designado para sus partidos, lo cual desde todos los puntos de vista es incomprensible. Salvo que se quiera provocar esto, la triste y única explicación que queda para esta situación. La sorpresa es aún más mayúscula viendo la forma en la que el la Real como club recibe estas noticias, siempre de forma placentera y educada. Nunca hay protestas previas, y casi nunca las hay posteriores. El arbitraje de González González en el Bernabéu provocó que Aperribay bajara al vestuario del trencilla en el descanso del encuentro para increparle. Aquello tendría que servir de baremo para que no vuelva a repetirse este atropello de sufrir de nuevo a un colegiado que ha demostrado sobradamente su incompetencia a la hora de arbitrar a este equipo. Pero nadie hará nada, porque el fútbol moderno es así. Mucho menos profesional en casi todo de lo nos gustaría a todos y de lo que presume.