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jueves, enero 07, 2021

Corazón Txuri Urdin, el podcast. Los Aranzabal y los Alonso, padre e hijo en la selección

 Son muy pocos los casos de jugadores que hayan llegado a ser internacionales con la selección española y que hayan visto a sus hijos lograr lo mismo. Pocos, solo nueve. Y dos de ellos dieron ese salto vistiendo la camiseta de la Real Sociedad. Hablamos de José Agustín Aranzabal, Gaztelu, y de Miguel Ángel Alonso, Periko, dos históricos que pueden presumir de ser campeones de Liga en 1981 y que vieron a sus hijos muy cerca de repetir esa gesta en 2003, Agustín Aranzabal y Xabi Alonso.

Estos cuatro históricos futbolistas de nuestro club, dos padres que llegaron a lo más alto en la Real y que vieron superados sus números en la selección española por sus hijos, centran el episodio de esta semana de Corazón Txuri Urdin, el podcast de historias sobre la Historia de la Real Sociedad, y podéis escucharlo en este enlace.

Como siempre, os recordamos que estamos abiertos a sugerencias para seguir completando esta colección de relatos en clave txuri urdin.

martes, marzo 26, 2013

'Xabi Alonso. Un modelo de futbolista', de Enrique Marín

Viene a ser curioso que en este periodismo deportivo que tenemos hoy en día, tan polarizado alrededor de Real Madrid y Barcelona, haya que agradecer la mención a la Real Sociedad en un libro que seguramente encontrará su grueso de compradores entre los aficionados madridistas. Ese libro es Xabi Alonso. Un modelo de futbolista, escrito por el periodista donostiarra Enrique Marín y publicado por Al Poste Ediciones. Pero quienes hemos leído durante años a Enrique Marín, y eso es algo que queda sobradamente corroborado en las algo más de 200 páginas del libro, sabemos que el punto de partida de esta obra no está ahí. Está en tierras donostiarras y en la camiseta txuri urdin. Y es que, habiendo jugado únicamente cuatro temporadas en la Real, Xabi Alonso es un mito del equipo de su tierra, de su equipo, del nuestro. No hay motivos para dudarlo, pero si los hubiera, este libro es una lectura imprescindible. Huele a Real Sociedad por todos sus poros, impregnando incluso sus etapas en el Real Madrid y en el Livepool o sus logros con la selección española.

Con Xabi creciendo, como persona y como futbolista, hay continuas referencias a su padre, Periko Alonso, uno de los componentes del inolvidable equipo campeón de la Real de principios de los años 80. También las hay a su hermano Mikel, también jugador txuri urdin durante siete temporadas aunque llegara a jugar diez partidos menos que su hermano. Su etapa en el Liverpool arranca con los pormenores de su traspaso desde la Real, narrado tanto desde el convencimiento de su necesidad en el entonces presidente del club, José Luis Astiazarán, como del pesar y la incomprensión de los aficionados que, con él y otros jugadores ya inolvidables, recuperaron la ilusión de luchar por lo más elevado. Su etapa en el Real Madrid está igualmente salpicada con recuerdos teñidos de txuri urdin, su debut en España como la camiseta madridista precisamente en el partido del centenario de la Real o la primera visita a Anoeta tras el regreso del equipo realista a la Primera División. Y, por supuesto, la todavía no descartada posibilidad de que acabe regresando a la Real para concluir su carrera deportiva, algo sobre lo que Marín no puede aportar demasiada luz, por desgracia y debido al hermetismo y a la profesionalidad de Xabi.

Lo que indudablemente atraerá al aficionado txuri urdin por encima de todo es el primer tercio del libro, junto con las mencionadas pinceladas que hay en el resto (sumando la entrega del Tambor de Oro, los reconocimientos tras lograr el Campeonato del Mundo o su paso intermitente y recortando por la selección de Euskadi, cuyo último paso le llevó a vestir de nuevo el 4 en la espalda del equipo local, en el partido jugado en Anoeta). Es en esos pasajes cuando se descubre al Xabi futbolista, cuando se recuerda que a la mayoría de los técnicos les atraía más su hermano Mikel, cuando se apunta que el Barcelona estuvo a punto de ficharlo y que Luis Uranga tuvo que pedir a Nuñez que mirara a otro lado y no vistiera al hijo con la misma camiseta que lució su padre tras hacer bicampeona a la Real. Pero también hay hechos más desconocidos, como la relación que le une a Xabi Prieto o cómo Mikel Etxarri tuvo que echar mano de Zamora y López Ufarte, entonces en el organigrama del club, para que convencieran a Periko de que la Real debía ser su destino.

En este libro hay otros dos argumentos de peso que interesarán al aficionado realista. Además de su documentado y ameno relato, una delicia accesible a cualquier lector interesado por el fútbol y no por todo lo que tristemente le rodea hoy en día, Enrique Marín recurre a diversas firmas y a algunas entrevistas. Entre las primeras están el apasionado periodista y confeso txuri urdin Iñaki Gabilondo, prologando el libro, y José Gabriel Mujika, director de El Diario Vasco. Entre las segundas, los dos hombres que hicieron posible su éxito vestido de txuri urdin, aunque fuera más efímeramente de lo que a todos nos hubiera gustado: el ya mencionado Mikel Etxarri y John Benjamin Toshack. El primero le fichó para el Sanse, y el segundo le repescó para el primer equipo en cuanto entró al vestuario realista por tercera vez, después de que Javier Clemente, el técnico que le hiciera debutar con la Real, decidiera que continuase su formación como cedido en el Eibar. Y en las palabras del propio Xabi: "De pequeño era de la Real, y de mayor también". Con eso queda todo dicho.

Que de las 23 fotografías que aparecen en el libro sólo dos sean de su etapa en la Real (por cariño, casi habría que sumar la de la entrega del Tambor de Oro; y se echa en falta, porque en realidad hubo muy pocas imágenes de ese hecho, su estampa con la bandera del centenario realista en la celebración del Mundial de 2010), demuestra que la razón editorial de este volumen no está en nuestro equipo. Pero el corazón sí. El corazón y una parte importante de su relato. Quizá este libro sirva para gente que idolatra al Real Madrid o a la selección española abra los ojos y vea más allá de lo único que se nos suele mostrar en los medios de comunicación. Quizá vean que la Real es algo especial para uno de sus ídolos y se pregunten las razones. Quizá descubran así que hay vida futbolística más allá del incontestable dominio mediático de dos equipos, en el que sólo ha conseguido meter la cabeza una selección tricampeona de la que Xabi Alonso también forma parte. Y quizá, con el resto de la lectura, el aficionado txuri urdin se dé cuenta de que su fábrica sirve para crear talentos descomunales que son capaces de lograr un palmarés tan brutal como el que se relata en las páginas finales de este libro.

martes, julio 13, 2010

De Tolosa, de la Real... y campeón del mundo

El 1 de diciembre de 1999 saltó al césped de Anoeta un chaval de 18 años llamado Xabi Alonso. Aunque muchos le conocían ya, para la mayoría no era todavía Xabi Alonso, sino el hijo del gran Periko Alonso. Llevaba el número 32 en la camiseta y en el pantalón y estaba debutando con el primer equipo. Si no fuera por él, aquel día habría pasado a la Historia de la Real sólo por ser una de las muchas decepciones que nos ha dejado la Copa en los últimos tiempos. Aquel día, un Segunda B, el Logroñés, apeaba al equipo txuri urdin de la cimpetición, ganándole además los dos partidos. Aquel día todos terminamos el partido molestos, enfadados, cabreados, incluso indignados. Y hoy resulta que aquel día sólo se puede considerar como histórico. Aquel día, Xabi Alonso debutó con la Real.

Han pasado casi once años desde aquel día. Xabi triunfó en la Real, formó parte de aquel equipo que nos devolvió una gloria sin título en 2003, fue traspasado al Liverpool donde tocó la gloria de ganar una Champions, con un gol suyo además en la final, fue campeón de Europa de clubes en 2008, siendo todfavía jugador red, le fichó el Real Madrid y acaba de ser campeón del mundo. Campeón del mundo, repito. Un chaval salido de Zubieta es campeón del mundo. No hay nada más grande en esto del fútbol.

Bueno, para un corazón txuri urdin puede que sí haya algo más grande, pero de momento ese mismo corazón alcanzó la felicidad al ver las fotos de la celebración de la selección española. Al ver a Xabi Alonso con la bandera de la Real, la de su centenario, en su espalda.

La Real es un equipo de detalles sencillos. Un pequeño gesto, un modesto reconocimiento nos vale casi tanto como un título. Vicente del Bosque dijo que la Copa del Mundo es de todo el fútbol español, de todos los equipos, de todas las canteras. Xabi Alonso es nuestro trocito de esa copa. Ya sé que España no levanta pasiones entre muchos aficionados realistas, ya sé que casi todos cambiaríais este Mundial por una nueva Liga para la Real. Ya lo sé. Pero a mí ayer me emocionó que este chaval de Tolosa, de Zubieta y de la Real, ese que hoy es jugador del Real Madrid, celebrara el mayor momento deportivo de su vida diciéndole al mundo entero, en voz baja, como corresponde a un campeón tan humilde como él, que su corazón es txuri urdin. Gracias, Xabi.

lunes, noviembre 16, 2009

Memoria

La inmediatez que prima en el fútbol moderno ha devorado la importancia de la memoria. Y para mí es obligado recordar, lo bueno y lo malo. Con motivo del centenario de la Real, hemos recuperado muchos recuerdos, y sería bueno que mantuviéramos la costumbre. De lo contrario, corremos el riesgo de que se pierda el valor de lo mucho que ha hecho de la Real un club tan grande o que se pierdan en el olvido las afrentas que hemos sufrido. Puede que para muchos no signifique demasiado la camiseta que Casillas estrenó el pasado sábado en el partido de la selección española frente a la argentina, pero para quienes hemos visto jugar a Arconada es un hermoso detalle.

Esta camiseta es muy similar a la que Arconada lució en la Eurocopa de 1984. La original fue la que se puso Palop cuando España ganó el Campeonato de Europa del año pasado. "Arconada no es sólo mi ídolo, sino el de todos los porteros españoles", dijo Casillas en una entrevista que concedió al diario AS el pasado sábado. Y es verdad. Por eso, quienes tenemos el corazón txuri urdin tenemos que agradecer, sin que nos duelan prendas por ello, cualquier detalle, gesto o reconocimiento que se tenga hacia el más grande portero que jamás ha vestido la camiseta de la Real. Ojalá Casillas tenga mucha suerte con esa equipación, ojalá le guíe el espíritu de Arconada, y ojalá si comete algún fallo con ella no salga el cafre de turno a recordarnos el gol de Platini. Porque a veces la memoria sólo actúa con fines perversos.

Tan emocionante como ver a Casillas con esa camiseta fue celebrar los dos goles que marcó Xabi Alonso, goles que dieron el triunfo frente a Argentina. Cada vez que veo a Xabi hacer algo grande, no dejo de recordar que este chaval jugaba en Zubieta, pasó por el Sanse, debutó en la Real y contribuyó a colocar al equipo al borde de la gloria con el subcameonato de 2003. Cuando le veo jugar pienso en el pasado, pero también en el futuro. Pienso que de Zubieta pueden volver a salir jugadores de talla mundial como Xabi. Y quizá tengamos que venderlos, como sugirió Lasarte que puede pasar con Griezmann, pero hasta que llegue ese momento podremos disfrutarlos. Y después consolidarán la economía del club, porque, hay que asumirlo, la Real tiene que ser un club vendedor en cierta medida. De hecho, lo es desde que desapareció el derecho de retención a mediados de los 80. Pero Zubieta es grande y sigue teniendo capacidad de sacar talentos. Eso es lo importante.

La memoria también nos tiene que servir, decía, para que las afrentas no se olviden. Cuando uno lee que Lorenzo Sanz ha sido detenido de nuevo, es inevitable recordar que su figura estuvo muy presente en los motivos por los que la Real no subió a Primera hace dos años. Y cuando uno lee que ahora se reforma la Ley para que la compra de partidos sea penada con la cárcel, no puede evitar una sonrisa. Cínica, pero sonrisa. Me atrevería a asegurar que jamás se va a probar públicamente con tanta claridad la compra de partidos como se hizo hace dos años con el Málaga. Badiola, entonces presidente de la Real, aportó dos grabaciones que en cualquier país normal hubieran provocado que se removieran los cimientos de la competición. Aquí no pasó nada. Bueno, sí pasó. Que a Badiola se le colgó una etiqueta de tramposo y que quedó demostrado que ni a la Liga ni a la Federación le importa la limpieza de la competición. El mundo al revés. Ya que nunca conseguiremos justicia, tengamos al menos memoria.

Y tengamos más memoria todavía. Hace no demasiadas fechas, se confirmó que el Real Madrid fichaba para su organigrama a Megía Dávila, ya ex árbitro. No tengo nada en contra de este tipo de fichajes. Nada en absoluto. Pero cuando leo sus palabras para rechazar las críticas (siempre interesadas) que se lanzaron contra dicho fichaje (sobre todo desde medios catalanes, claro), me surgen dudas, tan humanas y lógicas como su afición al Madrid. "Es lógico que por una cuestión de formas no puedas significarte, pero si llevo 40 años viviendo en Bilbao, ¿de qué equipo voy a ser? ¿Qué hay de malo si no voy a pitar nunca al Athletic? El que piense que vamos a ayudar indirectamente a un equipo perjudicando a sus rivales no conoce nada del colectivo arbitral ni de los árbitros", dice.
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Y por lo que dice y cómo lo dice, me pongo a pensar. Resulta que Megía Dávila fue el árbitro que dirigió el Celta - Real Sociedad en el que se le escapó la Liga 2002-2003 al conjunto txuri urdin. Es totalmente cierto que en aquel partido no hubo nada que achacar al árbitro. Pero me parece algo perverso que alguien que afirma "soy del Madrid desde pequeño" acepte sin problemas dirigir el partido en el que el rival de su equipo se juega la Liga, cuando además existe la imposibilidad reglamentaria (¿por qué?) de que arbitre al conjunto de su comunidad autónoma. Mira que hay árbitros en Primera División y justo tuvo que pitar él. Imaginad lo que se habría dicho si el árbitro hubiera sido catalán y hubiera señalado un penalti a favor de la Real. Si los árbitros fueran auténticos profesionales, estas situaciones no se darían jamás, pero por su forma de ser, por su manera de comportarse en el campo y por el oscurantismo que preside su labor, siempre habrá suspicacias razonadas como ésta.
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Porque, decía, nada sucedió en aquel partido entre el Celta y la Real. Pero Megía Dávila pitó al conjunto txuri urdin en dos ocasiones más aquella temporada. En la primera, en Vitoria, señaló libre indirecto dentro del área porque Westerveld retuvo el balón ocho segundos. Creo que es la única vez que se pitó esa infracción, ahora sistemáticamente violada, en Primera División. El Alavés anotó gol en esa jugada y le quitó dos puntos a la Real, que a pesar de todo alcanzó aquel día el liderato en solitario. En la segunda, ante el Celta en Anoeta, la Real ganó 1-0. Pero Megía Dávila pitó un más que discutible penalti a favor de los vigueses a diez minutos del final. Westerveld lo paró.
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Aquella temporada fueron muchos los arbitrajes perjudiciales para la Real. Muchísimos. No me cuesta decir que fue una de las causas por las que se escapó aquella Liga, y con ello no resto un ápice de mérito al campeón, al Real Madrid. ¿Manos negras? Yo no proclamaré su existencia en este caso, porque no hay elementos públicos de juicio, como sí los hubo en cambio en la compra de partidos de hace dos años. Pero, y más después de recordar hechos como los arriba apuntados, la sospecha es libre. Tan libre como Megía Dávila de declarar que es seguidor del equipo que aquel año ganó la Liga.

lunes, junio 30, 2008

Gracias

Luis Arconada por fin ha recibido un reconocimiento digno de su leyenda futbolística. Lo que ayer hizo Andrés Palop tras ganar la Eurocopa con España frente a Alemania fue un momento absolutamente inolvidable para cualquier admirador del mítico 1 de la Real y de la selección. Hay quien sólo quiere recordarle por el gol de Michel Platini, ese en el que el balón se le escapó a Arconada cuando ya lo tenía agarrado. Ese que se produjo en el peor momento posible, en la final de una Eurocopa. Pero Luis Arconada era grande antes de aquel momento y continuó siéndolo muchos años después. Luis Arconada era mucho más que aquella desgraciada jugada. Quienes le hemos visto jugar lo sabemos. Pero faltaba un reconocimiento internacional acorde a su figura.

"Se merecía un homenaje importante, tuve la oportunidad de conseguir su camiseta, me la traje y tenía claro que si levantábamos la copa, iba a tener este detalle, porque históricamente se le recuerda por un fallo garrafal, pero es justo que había que recordar que también fue un enorme portero y que hizo grandes paradas, tanto con su equipo como con esta camiseta que llevo puesta", dijo Palop después del partido. Muchísimas gracias, Andrés, te lo digo de corazón. Además de la alegría por la selección, a muchos nos diste esta otra pequeña gran alegría, la de ver a Arconada (además de a Palop, por supuesto) recogiendo la Copa.

Son muchas las personas que han tenido parte en este homenaje. Andrés Palop, no cabe más que darte mi más sincera gratitud. Ayer, al verte con la camiseta verde y negra, casi me echo a llorar de emoción, daba saltos como loco y le explicaba a quienes estaban viendo el partido conmigo lo que significaba tu gesto. Andrés, ayer nos hiciste sentirnos un poquito más orgullosos de ese enorme portero que fue Arconada, quien con toda la humildad del mundo, la que siempre ha tenido, casi hubiera preferido que nadie se acordara de él. Pero es que muchos nos seguimos acordando de él porque no hemos visto a otro como él. El homenaje no hubiera sido posible sin la participación del periodista y amigo de Arconada José Miguel Muñoz. Él explica aquí y aquí cómo se gestó este hermosísimo instante.

Ese momento inolvidable también lo hizo posible Michel Platini. El ahora presidente de la UEFA sabe perfectamente de la categoría de Arconada. Y sabe perfectamente que aquel gol, aquel triste instante, marcó su carrera. Por eso le invitó personalmente a que estuviera en el palco de la final del domingo, la que trajo a España la Copa que debió haber llegado en 1984. "Arconada se merecía ganar la Eurocopa" entonces, adnitió ayer Platini. Y qué mejor forma de reconocérselo que con esta invitación. Y humilde como es, insisto, Arconada dudó en acudir. Pues su presencia nos hizo felices a muchos. A mí, desde luego, verle en la pantalla tras ver ganar a España me supuso una alegría inmensa. Gracias, don Luis.

Y un último agradecimiento tiene que ir para Xabi Alonso. En la Eurocopa no ha habido ningún jugador de la Real, consecuencia evidente de estar en Segunda División. Sólo ha habido dos ex realistas, el turco Nihat y Xabi Alonso. Xabi era el único jugador salido de Zubieta que se ha paseado por Austria y Suiza durante estas últimas semanas. Es el último reducto en el fútbol internacional que nos recuerda la inmensa grandeza de nuestra cantera, algo que nos devuelve a otras épocas, que nos puede llevar a recuperar la ilusión de pensar en el momento en el que volveremos a ser grandes. Xabi, has hecho una Eurocopa sencillamente impresionante, a pesar de no ser titular. Verte, aunque no sea de txuri urdin, también nos da ilusión. Muchas gracias, campeón.

jueves, marzo 15, 2007

Aquel extraordinario pase de Xabi Alonso...

Cada vez que la Real tiene que jugar en Villarreal, me viene a la cabeza la misma jugada. A los cinco minutos de la segunda parte, con 1-1 en el marcador, Xabi Alonso recibe el balón en la zona izquierda del campo propio. Levanta la cabeza y ve como justo en el otro extremo del campo Tayfun levanta la mano y empieza a correr. Aunque parezca imposible, lo que Xabi Alonso hizo fue dar desde esa posición una asistencia de gol. Luego el turco se deshizo de Arruabarrena y enganchó un disparo fabuloso a la cepa del palo izquierdo de la portería de López Vallejo. Pero en la retina quedó ese pase extraordinario...

Estaba viendo el partido en el salón de mi casa, pero hubiera deseado estar en Villarreal. No celebré ese gol. No me dio tiempo. No podía dejar de gritar "¡Qué pase, qué pase!". Aquel día, el 12 de mayo de 2001, viví con aquel pase la consagración de Xabi Alonso como el mejor centrocampista del momento, como el mejor jugador que había dado Zubieta en muchos años. Era el decimoquinto partido que jugaba en la Real, que jugaba en Primera División, el menor de los hijos futbolistas del mitico Periko Alonso. Aquel día, Xabi se consagró como el mejor. Con este pase que lo tiene absolutamente todo: visión de juego, toque, fuerza y fútbol, muchísimo fútbol.

Tayfun hizo un partidazo aquel día en Villarreal y tuvo el honor de marcar el gol que siguió a esta brillante lección futbolística de Xabi. "¡Vaya pase me dio Xabi Alonso! Fue increíble. Yo corrí con todas mis fuerzas y superé a Arruabarrena, para hacer gol. De verdad que jugamos un encuentro sensacional", recordaba el turco esta semana en una entrevista en El Diario Vasco.

En ese mismo periódico, Pedro Soroeta escribía lo siguiente en la crónica del partido, hace ya casi seis años: "Todo el equipo estuvo sensacional, pero mención aparte merece Xabi Alonso. Cada vez que le veo jugar me pregunto qué hacía este chico en Segunda División. El tolosarra maneja todos los tiempos del fútbol. Está donde debe estar, sabe parar y mandar, cortar y pasar, enviar en corto y en largo. De verdad que no se explica qué hacia jugando en Segunda el hombre que ahora es la referencia del equipo". Estaba en Segunda División, en el Eibar, porque ahí lo había cedido Javier Clemente. Toshack le dio la camiseta que merecía, la de la Real.

Y con esta imagen en la cabeza pienso, cada vez que la Real tiene que visitar El Madrigal, que la victoria es posible. Aquella temporada, la 2000-2001, la segunda de nuestro particular sufrimiento, la Real llegó a Villarreal en la jornada 33, en el puesto 18 y a dos puntos de la salvación. Los tres puntos que se trajo de Castellón fueron los primeros de una racha de diez puntos consecutivos, una racha que culminó en San Mamés, en la penúltima jornada. La victoria 1-3 frente al Athletic de Bilbao supuso la salvación matemática del descenso. ¿Por qué no repetir victoria este año en tierras castellonenses...?

viernes, diciembre 22, 2006

Los fichajes de invierno de la Real

La Real ha recurrido al mercado de invierno en numerosas ocasiones. Salvo uno de ellos, los fichajes han tenido siempre el objetivo de lograr la permanencia, tal y como sucede en la presente temporada. Aunque se han cometido algunos errores, lo cierto es que esta segunda oportunidad para reforzar la plantilla le ha venido casi siempre de maravilla a la Real. A la espera de conocer los fichajes que se puedan poner a las órdenes de Lotina para el año nuevo, es hora de hacer un repaso a los jugadores que han llegado a San Sebastián en Invierno en temporadas precedentes.

·1997-1998
Cvitanovic. El primer refuerzo invernal llegó con la Real luchando por los puestos altos de la clasificación, en una temporada en la que se alcanzó el tercer puesto. Krauss quiso a Cvitanovic para sustituir a Gica Craioveanu. Sin embargo, el rumano jugó más que el croata, que tardó en coger la forma pero acabó bien la temporada, con tres goles en 17 partidos. No llegó a cuajar en la Real.

· 1999-2000
Jankauskas. El lituano llegó para compensar el fiasco de Bonilla. Empezó muy bien, marcando desde el día de su debut en el Calderón, pero fue perdiendo poder goleador. Pese a todo, colaboró en la salvación con cinco goles. No acabó de gozar del beneplácito de la afición. Salió de la Real con el regreso de Kovacevic.
Khokhlov. La indiscutible calidad del ruso, que maravilló a Anoeta en su primer partido, frente al Oviedo, tuvo siempre como enemigo la frialdad de este jugador. Khokhlov marcó tres goles vitales para dejar a la Real en primera, uno en el decisivo encuentro de San Mamés que certificó la salvación matemática.

· 2000-2001
Demetradze. El primer gran fiasco. El georgiano llegó con la vitola de estrella, fue un jugador caro, pero apenas jugó en la Real. Vino a San Sebastián pasado de peso y nunca demostró ser un jugador profesional.
Julio César. La defensa fue la prioridad de los fichajes de invierno de esta temporada. Este brasileño, al que ya se había visto en Valladolid y Real Madrid, llegó cedido desde el Milán. Jugó 16 partidos de categoría y fue fundamental en la salvación.
Llorente. Dos goles en nueve partidos anotó este joven delantero salido de Zubieta, pero que estaba cedido en el Eibar. A pesar de que prometía tardes de gloria, nunca llegó a triunfar en la Real.
Luiz Alberto. Formó junto a Julio César la nueva pareja de centrales del equipo, y respondió con nivel, aunque menos que su compañero. Tampoco llegó a cuajar del todo en la Real aunque permaneció varias temporadas en el equipo.
Xabi Alonso. Clemente le había cedido al Eibar. A Toshack le pareció una barbaridad. El galés le dio el mando del equipo a la mayor perla que ha salido de Zubieta en los últimos años y no defraudó. Permanece en el recuerdo su partido en Villarreal, donde prácticamente se consiguió la salvación y donde dio una asistencia de antología a Tayfun.

· 2001-2002
Jauregi. Estaba cedido por la Real en el Eibar y Toshack le repescó, pero fue Olabe quien le dio los galones del centro de la defensa, donde jugó junto a Kvarme. Ya nadie volvió a colocarle como mediocentro, puesto para el que en principio llegó a la Real.
Kovacevic. Darko regresó a la Real previo pago de una auténtica millonada al Lazio, pero el serbio no sólo lo vale sino que lo compensó con creces. En esta temporada anotó un gol cada dos partidos, un total de ocho, vitales para lograr la permanencia. Que Darko es el jugador más importante de la Real en los últimos tiempos es algo que pocos pueden discutir.
Nihat. Llegó a San Sebastián como capricho de Toshack, y lo hizo más tarde de lo que hubiera sido deseo del galés por culpa de una lesión en la rodilla. En la fase final de esta temporada jugó de extremo derecha, algo alejado del área, y anotó sólo un gol. Su explosión llegaría en la temporada siguiente, ya de delantero.
Westerveld. Llegó anunciando que era un portero “bueno en todo” y no lo demostró en esta campaña, aunque sí en las siguientes que permaneció en San Sebastián. En todo caso, Toshack le colocó en la portería en lugar de Alberto y Olabe le mantuvo.

· 2005-2006
Mark González. El salvador de la Real en esta temporada. Llegó desde Liverpool, donde no podía jugar por problemas con su permiso de trabajo y demostró lo que es el compromiso en el fútbol, aunque él no iba a jugar en ningún caso en Segunda con la Real. Cinco decisivos goles en 16 partidos ayudaron, y mucho, a conseguir la permanencia.
Skoubo. Deslumbró ante el Athletic, en su segundo partido con la Real, primero como titular, con un golazo y dos asistencias. Después fue bajando el nivel, aunque acabó marcando cinco goles que también sirvieron para lograr la permanencia. Suyo fue el último gol de la temporada, ante el Celta, el día que se logró la salvación matemática.
Stevanovic. Aunque jugó 15 partidos, no dejó ningún detalle, ninguna huella que haga presumir que es un jugador válido para la Real. Marcó un gol que no sirvió para evitar la derrota ante el Alavés y el cese de Amorrortu.
Viáfara. El colombiano, mediocentro, no demostró nada en la Real, a la que llegó como cedido. La Real no ejerció la opción de compra. Sufrió dos expulsiones en once partidos que jugó.