sábado, noviembre 28, 2015

BARCELONA 4 - REAL SOCIEDAD 0 Una paupérrima Real agranda su ridículo histórico en el Camp Nou

Pardo, intrascendente en el Camp Nou como toda la Real.
Hay muchas maneras de hacer historia. La de la Real Sociedad en el Camp Nou es una de las más vergonzosas que hay en el fútbol moderno. Ningún equipo hasta hoy había perdido 18 veces consecutivas en el estadio del Fútbol Club Barcelona. Si un seguidor de la Real tiene veintipocos años, no ha visto jamas a su equipo ganar, ni siquiera puntuar en ese estadio. Y da igual el entrenador, los jugadores, el momento del Barcelona, que llueva o que haga sol. Barcelona - Real Sociedad, 1 en la quiniela. Y eso exige ya que alguien lo explique, que se le ponga remedio de una maldita vez, porque ningún equipo de ninguna categoría ha hecho tanto el ridículo en el Camp Nou como la Real. El equipo de Eusebio firmó una actuación paupérrima, sin sangre y sin alma, irrespetuosa con el escudo que llevan en la camiseta. ¿Que la puesta en escena era buena? Lo era, sí. Pero sin fe no se va a ningún lado en el fútbol y la Real es un equipo sin fe. En el Camp Nou no tiene ninguna. Nunca.

En los nombres, no hubo sorpresas con el once que Eusebio puso sobre el césped del Camp Nou. Mantuvo la defensa, lo que dejó a Reyes en el banquillo, apostó por los dos únicos centrocampistas puros que tenía en la convocatoria, Pardo y Granero, aunque la presencia de ambos pasó bastante desapercibida, y prefirió la experiencia de Xabi Prieto y Canales antes que la efervescencia todavía sin contrastar de Bruma, para dejar la responsabilidad de crear peligro en manos de Vela y Agirretxe, cuyo liderato del Pichichi nacional parece haberse descubierto precisamente porque el rival de esta jornada era el Barcelona. Y la apuesta de la pizarra, tan clara como valiente: presión arriba y defensa medianamente adelantada para ahogar al Barcelona lejos de la portería de Rulli. La apuesta, no obstante, requiere de una sangre que, hoy por hoy, la Real no tiene. Y eso, probablemente, no lo puede aportar ningún entrenador, por lo que sigue siendo necesario echar un vistazo al vestuario y plantearse si este equipo es tan bueno como hemos podido pensar.

La puesta en escena fue tan interesante que las cámaras de televisión sólo enfocaron al área de Bravo durante los dos primeros minutos. Pero eso hay que mantenerlo durante 90 minutos y la Real no parece todavía capaz de llegar a ese extremo, ni siquiera ante rivales menos capacitados para hacer daño que el Barcelona. De hecho, sólo hizo falta un pase largo del equipo blaugrana para romper a la Real por el centro, por el mismo lugar donde se vieron los agujeros de este planteamiento ya hace una semana con el Sevilla como rival. En ese pase largo, Rulli evitó males mayores respondiendo al desmarque de Luis Suárez con una buena salida. Con esa jugada como ejemplo de lo que estaba sucediendo, siempre dio la sensación de que sumando algo de raza la propuesta txuri urdin podía hacer daño al Barça, pero que el equipo blaugrana no necesitaba demasiado para desmantelar a la Real. Si el ritmo era lento probablemente se debía a que el Barcelona buscaba algo de descanso tras los dos destrozos que el equipo de Luis Enrique le ha hecho esta semana al Real Madrid y a la Roma.

La Real no llegó a inquietar a Bravo más que en su juego con los pies, que solventó tan maravillosamente como ya lo hacía cuando vestía la camiseta txuri urdin. Y el Barcelona, con la salvedad de una ocasión de Iniesta que repelió el palo a la derecha de Rulli, sólo inquietó en la primera mitad al arquero realista por dos vías. La primera, los balones a la espalda de la defensa, pero el argentino leyó formidablemente bien los dos mejores, anticipándose a Luis Suárez en una jugada en la que ambos chocaron y el guardameta realista tuvo que ser atendido, y también a Neymar, leyendo muy bien el regate del brasileño y quitándole el balón de los pies. La segunda vía de ataque del Barcelona fue la que decantó el partido: la banda de Yuri. El flanco izquierdo de la defensa realista fue una auténtica autopista por la que disfrutaron casi todos los jugadores del Barça. Messi le lanzó un sombrero al lateral, Rakitic le sacó la tarjeta amarilla y Dani Alves encontró metros y metros para correr y poner las asistencias de los dos goles que logró el Barcelona en la primera mitad.

El primero llegó a los 22 minutos y lo remató Neymar entrando en carrera desde atrás. El segundo, y con él la puntilla al partido, a los 41, con un pase atrás que Luis Suárez enganchó con la categoría habitual. Brasileño y uruguayo son los dos máximos goleadores de la Liga, sí, y no es fácil plantarles cara, pero resulta imposible quitarse de encima la sensación de que el partido se decantó del lado blaugrana con demasiada facilidad, sin necesidad de que la maquinaria del líder arrollara al habitualmente cómodo visitante que es la Real en este estadio en el que suma ya 18 derrotas consecutivas, en el que no puntúa desde 1995, en el que no gana desde 1991 y del que no sale con su portería a cero desde 1983. Tan paupérrimos datos son reflejo de demasiadas tristes actuaciones, como la que en esta Real ejemplifica un Vela completamente desconocido, que se marchó en la segunda parte como alma en pena y sobre el que da la impresión de que habrá que tomar una decisión en breve.

Ante la ausencia de orgullo de la Real, parecía evidente que la segunda parte sería una lenta espera para conocer cuántos goles quería marcar el Barcelona para cerrar su semana de gloria. Y se quedó en cuatro como bien podrían haber caído muchos más porque los jugadores blaugranas se pasaron los segundos 45 minutos intentando que Messi se sumara a la lista de goleadores con un descaro evidente. Como el gol del argentino, en otra jugada que desnudó con facilidad a toda la defensa realista, de una banda a la contraria, no llegó hasta el minuto 90, esa goleada no fue tan escandalosa como mereció la patética aparición anual de la Real en el Camp Nou. Neymar había puesto la losa definitiva al encuentro en el minuto 53, al recibir un pase de Mathieu que había arrancado ligeramente en fuera de juego. Para entonces, el equipo txuri urdin estaba ya tan fuera del partido que nada importaba. Ni siquiera la demencial carga de tarjetas que los mismos realistas se autoimpusieron, nada menos que cinco, la mayoría evitables por tibios agarrones y con la mayor factura en la que vio Pardo, que le hará perderse el encuentro ante el Eibar.

La Real no probó a Bravo hasta el minuto 48, poco antes de que Neymar hiciera el 3-0, con un disparo de Yuri que rozó levemente en Rakitic pero que no sorprendió al arquero chileno. Cuando llegó ese primer gol de la segunda mitad, Eusebio empezó a mover el banquillo, con una resignación patente ante el descalabro anual en este escenario barcelonés. Oyarzabal entró en el campo por Canales, uno de los que tenía amarilla, y la verdad es que el chaval tuvo poco margen para el lucimiento en un partido que, por parte realista, estaba ya muerto desde muchos minutos atrás. Después dio los primeros minutos de la temporada un Héctor que pareció muy desconectado de Yuri pese a que intentó hacer cosas, y así dio descanso a Agirretxe, necesario viendo que la próxima semana hay dos partidos, Liga y Copa, y Jonathas sigue en el dique seco. Y el último en entrar, en el minuto 81 y para hacer efectiva la ausencia de Vela en el partido, fue Bruma, que al menos lo intentó de todas las maneras posibles y forzó la única parada seria de Bravo en todo el partido.

En estos minutos de absoluta impotencia realista, el Barcelona se dedicó a jugar al trote y a encontrar ocasiones por simple inercia, porque la goleada es lo que toca en la rendición anual de su rival vestido de blanco y azul. Messi las tuvo de todos los colores, encontró a Rulli en un disparo fuerte pero centrado desde dentro del área, una falta suya se marchó por muy poquito y, poco antes de hacer su gol, estrelló un disparo con efecto en el larguero. La autopista de la banda de Yuri se trasladó en la segunda mitad a la de Elustondo, aunque para entonces ya lo único que había en juego en el partido era el número de goles que iba a hacer el Barcelona. Lo del final, cuando la Real sí pudo hacer algún gol, sobre todo por la insistencia de Bruma, es un insuficiente espejismo que no sirve absolutamente para nada, porque para entonces el Barcelona ya estaba aprovechando el partido para reservar jugadores que han tenido problemas físicos, caso de Mascherano, o tributar homenajes, como el de Dani Alves.

Desde hace ya demasiado tiempo, la Real ha asumido con una resignación inadmisble que visitar el Camp Nou es sinónimo de derrota. Es increíble que año tras año el partido es este escenario tan bonito y en el que tantos equipos de niveles muy diferentes han tenido ocasiones de lucimiento sea únicamente un dolor de muelas, una jornada depresiva en la que la derrota, eso que tendría que ser un mal inasumible para cualquier deportista de élite y un acicate para que no vuelve a producirse, sea un destino completamente inevitable. Lo haga bien o lo haga mal, la Real da vergüenza en el Camp Nou. Y quizá sea la hora de afeárselo sin miramientos. Ya está bien. La afición realista no se merece estea penitencia. No ha hecho el Barcelona un partido para ganar 4-0 porque no le ha hecho falta. Todo se lo ha puesto en bandeja un rival inofensivo, blando, triste y sin alma, que saltó al césped ya derrotado y que incluso se puede considerar afortunado por haber salido sólo con cuatro goles encajados. Desde luego, ha merecido una derrota aún mayor. Y ahora, a contar los días para la decimonovena derrota seguida en el Camp Nou. ¿O alguien va a hacer algo para que ese partido deje de ser una tortura?