domingo, diciembre 07, 2014

VILLARREAL 4 - REAL SOCIEDAD 0 La vida sigue igual

La jugada del 1-0.
La Real sociedad volvió a ser goleada en El Madrigal, como hace un año, en el comienzo exacto del declive del equipo txuri urdin que no frenó ni el espejismo de las semifinales de Copa, ni la victoria ante el Barcelona de la temporada pasada, ni vender la séptima plaza como un éxito por el retorno a Europa, ni los grandes triunfos de la presente ante Real Madrid y Atlético, ni el cese de Jagoba Arrasate para dar el banquillo a David Moyes. La vida sigue igual, exactamente igual, porque el debate se pierde en la búsqueda de unos culpables específicos y se olvida de ir al problema. Y el problema de la Real está ahora mismo, y desde hace unos cuantos meses, en sus jugadores. O hay un cambio radical o esta temporada se puede hacer mucho más larga que la pasada. El naufragio del centro del campo de la Real que dispuso Moyes en Villarreal comenzó tras un primer cuarto de hora esperanzador y se fue extendiendo por todo el campo hasta facilitar una goleada que se antoja corta viendo la sonrojante segunda mitad realista.

El técnico escocés confeccionó un once con un error no por repetido menos criticable, y que viendo el plagado equipo de auxiliares que tiene no parece fácilmente disculpable. Vela es el alma, la estrella y el guía de este equipo, pero no puede ser la referencia en la punta de ataque. Circunstancialmente, la Real puede jugar bien con él arriba, pero es una equivocación notable colocarle de 9. Ese error, cuyo mal resultado se ha visto una y otra vez, lo cometió Montanier, también Arrasate y ahora lo ha cometido Moyes. Es una decisión obligada por la lesión de Agirretxe y el nulo rendimiento de Finnbogason, con lo cual es menor error que cuando lo cometieron sus dos predecesores, pero en estas situaciones compensa mucho más ser valiente y apostar, por ejemplo, por un Iker Hernández al que nadie le ha dado la confianza que se trabaja cada fin de semana con su trabajo en el Sanse. Como se podía haber previsto antes del encuentro, Vela no tuvo ninguna participación en el partido y la Real perdió así su mejor baza para ganar.

Todo quedó supeditado al rendimiento del centro del campo. Y ahí Moyes se encontró con la desagradable sorpresa de que cuatro de los cinco jugadores de esa zona firmaron un partido entre malo y lamentable. El único que se puede salvar de la quema es Granero, que en la primera parte se mostró como una posibilidad más que interesante para actuar de 4, algo por cierto que ya había hecho en la pretemporada, pero que cuando el rival es del nivel del Villarreal necesita algo más de ayuda de la que obtuvo de sus compañeros de línea. En ese primer cuarto de hora en el que la Real no hizo el ridículo, sino que incluso minimizó el juego del equipo de Marcelino, Pardo fue quien hizo ese papel de asistente. Pero poco a poco comenzó a perder balones y acabó desaparecido, hasta ser sustituido. También acabaron dejando el campo aunque cuando la derrota estaba ya más que decidida un Zurutuza que firmó un partido horrendo y un Canales que se está convirtiendo en una de las más grandes decepciones de la temporada, mientras que Xabi Prieto completó los 90 minutos.

El naufragio del centro del campo y la ausencia de una referencia en ataque encontró una negativa prolongación en el je de la defensa, y no precisamente de un Ansotegi que sigue cumpliendo con cierta facilidad mucho mejor que cualquiera de sus compañeros centrales. Iñigo Martínez se empeñó en la primera mitad en facilitar todos los ataques del Villarreal, y en uno de sus muchos errores estuvo a punto de provocar la expulsión de De la Bella. El mal control de Vietto permitió que la entrada del lateral realista se quedara en una muy justa tarjeta amarilla. Moyes, como cualquiera que evalúe el nivel de los jugadores de la Real desde una óptica objetiva, tiene que ester sorprendido ante el escaso nivel que dan sus ahora pupilos. Lo sorprendente es que la Real de Moyes haya conseguido aguantar más de 300 minutos sin encajar un gol, viendo que completó sus tres primeros partidos con una defensa de circunstancias y que lo que tenía que elevar el nivel era el regreso de un Iñigo Martínez completamente desconocido desde mediados de la temporada pasada. Y si a eso se añade la vergonzosa ejecución de las jugadas de estrategia, sobre todo por un Canales que no muestra en esa suerte tener nivel de Primera División, es fácil comprender la derrota.

Lo curioso es que el gol y la sensación de inevitable derrota no llegaran antes. La primera mitad fue bastante insulsa, en la línea de la que jugó la Real hace dos semanas en La Coruña, donde al menos arrancó el empate a cero. El Villarreal apenas dispuso de tres jugadas claras de gol. La primera fue un extrañísimo gesto de Iñigo Martínez que permitió a Vietto encarar completamente solo a Zubikarai, pero mandó el balón arriba de forma incomprensible. La segunda, una falta directa de Bruno que se marchó rozando el larguero. Y la tercera, ya en el último minuto de la primera mitad, un centro chut de Uche desde la derecha que despejó Zubikarai con el pie. Es verdad que minuto a minuto daba más sensación de peligro el Villarreal y peores vibraciones la Real, pero aún así era difícil anticipar el hundimiento que se iba a producir en la segunda mitad. En el minuto 55 comenzó el auténtico calvario txuri urdin, uno que duró algo más de media hora y en la que encajó cuatro goles como podría haber encajado otros tantos más. Si malo fue el partido de hace un año en el mismo escenario, esta media hora lo superó con creces.

Primero fue Zubikarai quien evitó con la punta de los dedos el gol de Vietto. Después fue el palo a la derecha del guardameta realista el que repelió el disparo del mismo atacante del Villarreal. Vela puso un espejismo en el minuto 59 con un tiro blandito y a las manos de Asenjo, pero justo eso fue el preludio del primer gol local. Teixeira Vitienes, el hermano del que firmó una desastrosa actuación en Oviedo, facilitó la tarea con una falta incomprensible al borde del área de Zubikarai. Qué fácil se pitan algunas cosas y a algunos equipos. El caso es que Bruno disparó, el balón dio en el larguero y se coló en la portería tras dar en la espalda del guardameta realista. El gol, merecido por lo que estaban haciendo los dos equipos sobre el campo, fue un ejercicio más de impotencia ante las actuaciones arbitrales y un hecho de mala suerte. Pero el fútbol no entiende de suerte ni de errores arbitrales y el gol subió al marcador para hacer justicia. Moyes reaccionó al 1-0 sacando del terreno de juego a Pardo y colocando sobre el césped a Chory Castro. Es difícil averiguar cómo podía eso arreglar los problemas de la Real y pareció una apuesta a lograr un gol como fuera y sobrevivir después a toda costa.

Obviamente, el gol de la Real no llegó, porque para eso hay que tirar a puerta y nadie lo intentó siquiera. Mucho se ha hablado estas semanas de que el equipo no había encajado ningún gol desde la llegada del técnico escocés y poco se ha dicho que sólo Vela ha conseguido anotar en esos mismos partidos. Con el mexicano desconectado por el planteamiento del técnico y por la pobre ejecución del centro del campo realista, el 1-0 ya era casi dar por perdido el partido. Pero el Villarreal no se quedó ahí. Pudo marcar Cherysev, pudo hacerlo Uche, Iñigo Martínez pagó su absoluta falta de concentración con una justísima amarilla y el mismo palo de la portería de Zubikarai que sonó con fuerza por un pelotazo con anterioridad volvió a evitar el gol de Vietto. Todo eso se concentró en ocho minutos. Al noveno, Cherysev hizo el 2-0 culminando una buena jugada de ataque del Villarreal en la que la Real se limitó a perseguir sombras. Con ese resultado, Moyes hizo el segundo cambio, retirando a Zurutuza y dando entrada a Finnbogason, que pasó otra vez sin pena ni gloria, pero hoy con mucha menos responsabilidad personal. Su entrada casi pareció la expresión del deseo de que el islandés marcara ya un gol, aunque no sirviera para nada.

Porque el partido estaba ya perdido, de eso no hay duda. Por si acaso algún alma optimista tenía alguna duda, en el minuto 80 cayó el tercero de los locales. Moi Gómez completó un magnífico contragolpe del Villarreal, facilitado por una absurda pérdida de balón de Canales. Y en el 86, el propio Moi Gómez redondeó el marcador con un disparo que se tragó Zubikarai en una cantada tan evidente como ya irrelevante para el reparto de puntos de este encuentro. Los cuatro goles del Villarreal llegaron en un intervalo de sólo 24 minutos. Y pudieron caer más goles de ahí al final, porque un disparo de Trigueros que tocó en un defensa realista se envenenó y estuvo a punto de sorprender a Zubikarai, y el propio guardameta realista evitó el gol del mismo jugador del Villarreral ya en el tiempo de descuento. Moyes cerró su nómina de cambios después del cuarto gol dando entrada a Hervías en lugar de Canales, en uno de esos cambios que no sirven absolutamente para nada y que suenan más a advertencia al sustituido que otra cosa.

La Real de David Moyes ya conoce la derrota. Y la ha conocido a lo grande. Ni los que faltan son la solución ni los que están son el problema, porque han ido rotando casi todos a lo largo de la temporada. El debate personalista suena equivocado incluso con el entrenador, a pesar de que la destitución de Arrasate fuera la decisión lógica y razonable ante el imparable declive del equipo. Pero ese blanco fácil ya no está y Moyes no va a deshacer los nudos sólo con su presencia. El problema no era del entrenador, por muchos fallos que estuviera de hecho cometiendo. El problema sigue siendo de quienes juegan. La calidad de jugadores como Iñigo, Pardo, Canales, Granero, Xabi Prieto, Zurutuza o Chory Castro está fuera de toda duda. La de Finnbogason está por ver y sólo la avalan los números anteriores a su fichaje. Equipo hay pero no se ve. Si no están dispuestos a dar la cara por la Real, que dejen paso. Moyes es quien tiene que evaluar quién puede dar un paso adelante y quien no, pero es evidente que tiene por detrás un Sanse cargado de ilusión con Hervías como bandera y unas cuentas complemente saneadas para fichar lo que sea necesario. De lo contrario, sonrojos como el de Villarreal se seguirán repitiendo.