sábado, diciembre 20, 2014

LEVANTE 1 - REAL SOCIEDAD 1 Y van diez puntos robados

Canales marcó el gol realista.
Es indiscutible que la Real está haciendo una temporada mediocre a casi todos los niveles, que la amplia mayoría de los jugadores está por debajo de lo que se espera de ellos, que Jagoba Arrasate fracasó a la hora de sacar el fútbol que se le presupone a esta plantilla y que David Moyes por el momento no ha tenido tiempo de darle la vuelta a la tortilla. Pero eso no puede impedir que de una vez por todas se ponga el grito en el cielo ante el degradante trato arbitral que sufre semana sí, semana también. Con los dos puntos que el lamentable Jaime Latre le birló hoy a la Real ya son diez los que no están en el casillero txuri urdin por culpa de decisiones arbitrales equivocadas. Y eso es un lastre imposible de sobrellevar para cualquier equipo. Sin diez puntos, todos los equipos de la Liga perderían lo que consiguen al final de la temporada. Y sí, dos puntos vuelan por una temeridad de Carlos Martínez en el descuento que permite al incompetente Jaime Latre pitar un penalti, pero o se pone el grito en el cielo o seguirán faltando al respeto a la Real.

Antes de que Jaime Latre uniera su nombre a la lista de árbitros que ya han perjudicado notablemente a la Real esta temporada, Moyes mando varios mensajes en el once inicial. El primero, cada partido importa para ganarse el puesto, y la Copa no se sale de esa norma. Por eso, Rulli y Hervías fueron titulares. El segundo, el tiempo que pidió cuando llegó a la Real era precisamente para tomar decisiones como la del relevo en la portería. El escocés se ha querido tomar el margen suficiente para ver a todos los jugadores en acción e ir tomando decisiones. Y seguramente habrá más en las próximas semanas, porque el altísimo número de lesiones ha limitado probablemente el alcance de las acciones del técnico. La elección de este once deja con más ganas de saber qué hará Moyes con toda la plantilla a su disposición y más de un jugador del Sanse llamando a las puertas del primer equipo. Esto merece elogios al máximo responsable del equipo, pero no le exime del soporífero encuentro que protagonizó la Real en el Ciutat de Valencia.

El campo del Levante casi siempre deja partidos así, en lo que es literalmente imposible destacar nada positivo. Son partidos llenos de faltas e interrupciones, de marrullerías y juego subterráneo. En el caso del equipo valenciano va en su ADN, porque no importa ya quién sea su entrenador para seguir desplegando el mismo tipo de fútbol. Balón que caía en pies de un centrocampista realista, especialmente Granero, falta inmediata del equipo local. Matemático. Cuando hay sobre el campo un árbitro tan horrendo como Jaime Latre, eso convierte el partido en una absoluta lotería. No es necesario plantearse fútbol, ni ofensivo ni defensivo, si todo se puede solucionar con faltas. Y como el rasero para la Real siempre es injusto, el colegiado se las arregló para mantener igualado el número de faltas y tarjetas para cada equipo, algo que se notó incluso antes de llegar al show final.

Ante el lamentable espectáculo futbolístico que perpetraron Levante y Real Sociedad, Jaime Latre lo tuvo fácil para ser el principal protagonista del partido. En la primera mitad no hubo más jugadas polémicas que el piscinazo en la frontal del área con el que Barral, uno de los futbolistas más desagradables y no se sabe muy por qué no despreciados con contundencia del actual fútbol español, trató de provocar la segunda amarilla para Iñigo Martínez. El central realista, por cierto, había visto la primera en una acción en la que ni siquiera cometió falta, y Barral vio la suya por simular y no por golpear, cuando entre faltas señaladas y no señaladas se acercó a la decena de infracciones con mucha facilidad. Así de malo es Jaime Latre, y lo parecía antes de alterar decisivamente el marcador con sus decisiones. Cuando el árbitro es lo que más se puede comentar suele ser mala señal, y hoy se cumplió esa norma a rajtabla. Ni Levante ni Real Sociedad merecieron en los primeros 45 minutos más que el 0-0 que ya reflejaba el marcador al comienzo del encuentro.

Ninguno de los dos equipos probó al portero rival con un mínimo de peligro durante todo el partido, en especial en una primera mitad nefasta. La Real sólo conectó un disparo entre los tres palos, un lanzamiento flojo de Hervías, y aunque durante bastantes minutos del primer acto pareció controlar el encuentro no consiguió trenzar pases con la suficiente velocidad como para entrar en el área rival. Rulli tampoco tuvo trabajo. Nada en absoluto. Es verdad que el Levante rondó más el área realista, pero sólo Barral con un disparo que se fue por arriba inquietó mínimamente al arquero argentino. Como se ha dicho, la primera mitad fue completamente desoladora, muestra de que ambos equipos tienen incluso más puntos de los que merece por fútbol. Y aún sabiendo de dónde viene el equipo y la importancia de sumar antes que de deslumbrar con su juego, sigue siendo preocupante que Moyes todavía no haya sido capaz de dirigir un buen partido de la Real. Y no es ya que la inexistencia del centro del campo obligue a la defensa a insistir en los balones largos, es que arriba tampoco hubo vida en ausencia de Vela, siendo grave el caso de un Xabi Prieto que cada vez pasa más inadvertido en los partidos, aunque en la segunda parte se le vio más.

En esa segunda parte el marcador cambió rápidamente. Y el gol, de la Real, llegó de la única forma en que podía llegar, por un fallo del rival. Un balón colgado por Prieto desde la derecha encontró un despeje horrendo de Vyntra, que dejó el cuero dentro del área y en los pies de Canales, que lo tuvo fácil para maniobrar y colocar el balón junto al poste a la derecha de Mariño. Parecía imposible que nadie marcara, pero la Real hizo lo más difícil. A partir de ahí, el equipo se hizo acreedor al reproche habitual: no supo controlar un partido que en este momento debió estar ganado. Ni supo frenar al Levante, por mucho que apenas dispusiera de ocasiones de gol (la mejor con diferencia, un cabezazo de Barral que se fue al travesaño tras un fuera de juego lamentablemente tirado por De la Bella), ni mostró intención de matar el partido en una contra. Para lo primero, Moyes introdujo en el campo a Pardo, pero en una posición adelantada, lo que limita sus posibilidades de ser el líder del equipo. Para lo segundo, Iker Hernández debutó en Liga en lugar de un nuevamente desafortunado Finnbogason, pero apenas pudo contactar con la pelota. Ambos cambios llegaron algo tarde.

Aún así, por mucho que el fútbol siguiera brillando por su ausencia y aunque el mayor ritmo del encuentro lo disimulara algo más que en la primera mitad, la Real conectó una jugada con la que debió resolver el partido. Pero, por supuesto, Jaime Latre convirtió su demencial arbitraje, uno que ya había provocado algunos gestos de incredulidad por parte de Moyes, en uno decisivo. Xabi Prieto salió en posición correcta para buscar un envío en largo a la espalda de la defensa local y se quedó en disposición de dejar el balón en los pies de Finnbogason para que, sin portero, hiciera el 0-2. De hecho, dio el pase, y ese gesto le costó la tarjeta amarilla. El psicótico arbitraje de Jaime Latre, que incluso amonestó a Rulli por perder tiempo cuando él estaba sacando amarilla a David Navarro, fue tan patético que sólo unos minutos después le perdonó la segunda amarilla al capitán realista, que cortó un envío largo de la defensa levantinista con la mano. Eso fue después de que su cuarto árbitro, por completar un equipo que merece sin paliativos la retirada del arbitraje (y que, para colmo,venía de liarla en la eliminatoria copera de esta semana entre el Rayo y el Valencia), impidiera hasta en dos ocasiones que se hiciera el cambio de Iker por Finnbogason. "Why?" preguntó efusivamente Moyes. Así se arbitra en España. Esa es la única respuesta posible.

Y llegamos al descuento, a la jugada que finalmente decidió el encuentro y privó a la Real de sumar tres puntos lejos de Anoeta por primera vez en siete meses. El Levante colgó el balón en el área, donde pugnaban David Navarro y Carlos Martínez. Lo que en el 99 por ciento de las ocasiones acaba siendo falta del atacante, ya que Navarro tenía su brazo derecho en el cuello del lateral realista, aquí, por supuesto, se dejó seguir. El levantinista peinó el balón con la cabeza y justo detrás estaba el brazo izquierdo de Carlos Martínez, que levantó ambas manos para que Jaime Latre viera con claridad la falta en ataque y que aprovechó con cobardía para pitar penalti. Una vez no señalada la falta de Navarro, el penalti tendría que ser considerado como claro, pero como vivimos en un deporte en el que, por increíble que parezca, se sigue sin explicar qué manos son infracción y amonestación, hasta eso es discutible. Y vista la actitud que tuvo el árbitro durante todo el partido, vuelve a ser lícita la duda sobre qué habría hecho Jaime Latre si la jugada se hubiera producido en el área contraria y en situación opuesta. Ivanschintz lo transformó con absoluta seguridad, enviando el balón a la escuadra a la derecha de Rulli, cuando el argentino buscó el balón a su izquierdo y firmó las tablas.

La Real termina 2014 sin haber ganado fuera de casa, algo que no hace desde la jornada 35 de la pasada temporada (0-1 al Betis) en el mes de abril, sumando tres jornadas seguidas sin ganar, sólo dos puntos de nueve posibles y con muchas dudas futbolísticas en el horizonte, empezando por la veladependencia. El equipo, con más de un mes con nuevo técnico, sigue sin jugar a nada identificable, por pequeñas mejoras que se puedan intuir. Pero lo que resulta más grave es que la Real no pueda hundirse sola si ese es su mérito y esté donde está por el concurso de quienes tendrían que velar por la justicia del deporte. Una semana más, un árbitro ha condicionado decisivamente el resultado de la Real. Sea cobardía, incompetencia o mala fe, lo único comprobable es que las equivocaciones se producen siempre hacia el mismo lado cuando juega el equipo txuri urdin. Y eso tendría que ser inadmisible. Al menos, Moyes saltó hasta el centro del campo para protestar junto a todo su equipo por el indigno trato que hoy le dio Jaime Latre, uno que seguro tendrá una feliz Navidad. Pero la sangría de puntos es ya descomunal. Diez han volado cuando se han sumado quince. Con 25 la Real sería octava. Casi lo mismo.