jueves, febrero 13, 2014

REAL SOCIEDAD 1 - BARCELONA 1 Una noche de orgullo

Vela, en su ocasión de la primera mitad.
La Real no jugará la final de la Copa del Rey, pero ha protagonizado una noche de orgullo. No ha sido el partido para la historia que soñaba la afición realista, pero sí la demostración de que la Real es grande. Enorme. 28.153 espectadores han desafiado un horario deleznable, la tarea imposible en la que se convirtió la eliminatoria con la actuación de González González en el Camp Nou, el dañino 2-0 que logró el Barcelona aprovechando errores realistas y los deseos nada ocultos de Tebas de que la final fuera la que va a ser. Otro error de los de blanco y azul, esta vez de José Ángel, dio al equipo blaugrana la ventaja en Anoeta y la sentencia a la eliminatoria. Pero el orgullo que llena a este equipo, la fuerza que emana de la camiseta y el escudo que defienden quienes los portan, además de la comunión con una grada entregada, merecedora de elogios sin medida y que se negó a ver la evidente derrota, llevó a la Real al empate. El Barça nos deja sin final, pero sigue sin ganar en Anoeta. Habrá revancha. Esta equipo no va a dejar que pasen otros 26 años sin una semifinal.

Para intentar la gesta, Arrasate apostó por un centro del campo formado por Gaztañaga, Zurutuza y Xabi Prieto, con Vela, Griezmann y Seferovic por delante. Y la apuesta era clara. Daba igual durante cuánto tiempo quisiera tocar la pelota el Barcelona en su propio campo, hasta que no pasaran con cierta profundidad la línea divisoria no había necesidad de forzar la presión, a menos que se viera una buena opción de hacer sangre, algo que Pinto arriesgó en más de una ocasión con la fortuna de no fallar. El técnico realista interpretó con acierto que la idea del Barça iba a ser la de tocar, tocar y tocar para que los minutos pasaran. Y eso el equipo de Martino lo hace desde su propia línea defensiva. Es verdad que de esa forma se daba por perdido el centro del campo y que el Barcelona tocó mucho y con mucha libertad, pero no fue una mala apuesta, como tampoco lo fue la del Camp Nou. Con los métodos tradicionales, la Real llegaba casi siempre a los descansos de los partidos contra el Barcelona con una desventaja de dos o más goles. Así, la intensidad cogió le protagonismo y ahí el duelo fue titánico.

Lo fue porque en la Real la presión funcionaba, sostenida por un Gaztañaga sensacional que ya se ha ganado un puesto en el primer equipo, muy por encima de todos los que han jugado en su posición a lo largo de la temporada y con una regularidad espectacular. El problema era que el balón le duraba muy poquito en los pies a los jugadores realistas, y no necesariamente porque buscaran el balón largo de forma inmediata. Y también porque de todos los jugadores que podían tener un papel en el ataque sólo Vela parecía lo suficientemente enchufado para cumplir su cometido. La conclusión es que la defensa estaba siendo impresionante, con una concentración digna de elogio, pero al mismo tiempo parecía complicado llevar un balón al área de Pinto, incluso contando con un jugador más que en el Camp Nou para esa tarea. De todos modos, el partido pudo cambiar si en el minuto 9 el asistente no señalaba fuera de juego a Seferovic en una jugada en la que ya sólo faltaba un toque al centro del área para marcar el 1-0 a placer. Ante la duda, que no tendría por qué haber tenido, en dos ocasiones ese mismo linier decidió cortar el ataque realista, algo que en la segunda parte no hizo con las internadas de Messi o Alves.

El éxito del planteamiento de la Real fue que redujo las ocasiones del gol del Barcelona a la mínima expresión. En la primera mitad, Mikel González cortó un centro de Pedro desde la izquierda y Zubikarai despejó con acierto un disparo de Alves que había tocado en la bota de Zurutuza. Y ya. Eso sí, a la Real le costó un mundo llevar el balón al campo contrario. El propio Zurutuza tuvo una clara opción de disparo tras el rechace de un córner, pero su volea, que estaba en condiciones de generar mucho peligro, se marchó muy desviada. Con el partido presidido por la intensidad, fue la falta de ella lo que movió el marcador. José Ángel cometió un error grave en el centro del campo, queriendo dejar un balón de primeras y en el aire, y lo que hizo fue dejárselo a Messi para que lanzara su carrera con la defensa realista descolocada. Por supuesto, Messi no falló. Llevó la pelota hasta la frontal del área zigzagueando para despistar a los defensores y conectó un disparo que Zubikarai llegó a tocar pero que le rebotó al portero realista para introducirse en la portería.

Ahí se acabó definitivamente la semifinal, aunque en realidad se había acabado en aquel minuto del Camp Nou en el que González González no quiso señalar el clamoroso penalti que Mascherano cometió sobre Vela y expulsar al defensa argentino, el Barcelona marcó el 1-0 en la siguiente y después el colegiado sí se atrevió a mandar a la ducha a Iñigo Martínez, con el oído que no demostró tener cuando la misma expresión que escribió en el acta se la espetó Busquets bien a él o bien a Zurutuza, sancionables en ambos casos. La Real, no obstante, se olvidó del marcador, no quiso pensar que tenía que marcar cuatro goles para superar esta semifinal, y mantuvo el plan. A diferencia de lo que pasó en Barcelona, la ocasión que buscaba llegó esta vez después del error propio que le costó el gol. Vela controló el balón dentro del área, y el esférico acabó superando a Pinto casi llorando, pero con tiempo suficiente para que Alves lo despejara a córner. Con el 0-1 terminó la primera mitad y probablemente todas las esperanzas de lograr el milagro. ¿Acaso se vació Anoeta como el Calderón 24 horas antes cuando vieron perdida su eliminatoria? Ni mucho menos. Anoeta jugó hasta el final.

Que a la casta de la Real le faltaba suerte era algo que había quedado claro ya desde el Camp Nou, pero el palo volvió a evidenciarlo al poco de arrancar la segunda mitad. Vela conectó un zurdazo sensacional que superó a Pinto pero que se estrelló en la madera de forma espectacular. Era el minuto 54 y para entonces el partido se había partido por completo. Eso permitió al Barcelona tener algunas ocasiones bastante claras, pero se topó con la figura de la eliminatoria, Zubikarai. Sobre todo con una doble parada que hizo primero a Messi y después a Cesc pero también con un mano a mano que le sacó a Dani Alves, el de Ondarroa, el portero suplente de Bravo, se ganó crédito ilimitado para jugar en cualquier circunstancia en que sea necesario. Eñaut ha firmado una Copa sobresaliente y contra el Barcelona se ha doctorado. Siendo eso algo fundamental para entender su trayectoria en la Real, Zubikarai ya no es sólo el portero del ascenso. Ya es un portero de Primera.

Arrasate corrigió con sus cambios algunos detalles que no terminaron de salir bien. Sacó primero del campo a Seferovic, que no fue capaz de cumplir el papel asignado, no se anticipó a ningún balón y no generó ninguna ocasión de gol, y puso sobre el césped a Chory Castro, entregado sin final al esfuerzo aún sabiendo que no habría premio. Después quiso cortar el correcalles en que se había convertido el partido, y puso a Elustondo (al que Anoeta recibió con silbidos) en lugar de un Gaztañaga ejemplar. Y finalmente, dio diez minutos a Canales por Xabi Prieto. Y Canales dio motivos para la esperanza. Llegó a firmar tres pases sensacionales, uno de los cuales acabó dando a la Real el premio que merecía por el corazón que le puso a esta hazaña imposible de la remontada. Su balón en largo para la carrera de Chory Castro por la izquierda encontró dos toques de primeras absolutamente magistrales, primero el del uruguayo para colocar el balón en la frontal del área y allí el de Griezmann para pillar a Pinto a contrapié y subir el empate al marcador. Otro de esos goles que si los hubiera firmado el rival habrían conseguido elogios desmedidos. Siendo ya el minuto 88, la pena es que no hubo opción real de buscar al menos el 2-1.

Aún no habiendo ya eliminatoria para cuando ese gol llegó, la segunda parte retrató al fútbol que nos quieren vender. Un Barcelona sublime, sí, uno que dominó el partido con su toque continuo en corto para tratar de desfondar a una Real que, con su esfuerzo, se ganó el empate. Pero un Barcelona, recordemos, no ganó el partido ante una Real con canteranos en su once inicial. Uno que, habiendo sido claramente beneficiado en la ida, no dudó en buscar otra vez la aquiescencia arbitral con malas artes. Busquets exageró ya en la primera mitad un toque de Vela buscando la roja. Pedro e Iniesta, sin ver tarjeta por ello, no dudaron en volar en el área de Zubikarai para provocar inexistentes penaltis, en una actitud diametralmente opuesta a la de Vela en el Camp Nou, que por encima de todo quiso jugar. Teixeira Vitienes, sabedor de que la final soñada por tantos era el condenado Barcelona - Real Madrid, negó hasta las migajas a la Real con su triste arbitraje, decisivo sólo en los mencionados fueras de juego de la primera mitad pero desquiciante en muchos detalles. Y Cesc, ya en el descuento, lanzó una durísima entrada a Canales que no venía a cuento, desatando las iras de Arrasate, que no dejaba de señalarse el escudo que llevaba en su chaqueta y sobre su corazón con un enfado monumental. Quien quiera entender el mensaje, ahí lo tiene.

La Real quedó eliminada, pero cayó de pie, sin perder el partido de vuelta ante su gente, una gente que ha demostrado, una vez más y ya son incontables, que no hay otra afición como la realista. Se podrá pensar que la Real planteó esquemas muy defensivos en ambos partidos, pero tampoco se puede negar que la Real ha perdido esta eliminatoria por un marcador mucho más ajustado de lo que la mayoría esperaba, 3-1, sin duda mucho más cerrado que la derrota que se llevó el Atlético de Madrid en la otra semifinal, nada menos que un 5-0. Y se ha encontrado por el camino algunas buenas noticias. Mantiene la imbatibilidad en Anoeta contra el Barcelona, que no es poco premio para lo complicada que estaba ya la eliminatoria. Zubikarai se ha reivindicado. La Real ha encontrado dos jugadores de futuro y de presente en Gaztañaga y Zaldua. Pero sobre todo ha vuelto a demostrar al mundo que no hay una afición como la suya. Ellos, vosotros, nosotros, somos los que hacemos que la Real sea campeona todos los días de su vida. Haya o no finales de por medio. Pero que quede claro que, con este corazón y con el talento que hay en el equipo, no pasarán muchos más años antes de volver aquí. Y habrá revancha.

4 comentarios:

Iker Urtizberea dijo...

Esto es vergonzoso debería de haber un cambio en el fútbol esto no puede seguir así.Esta copa ya está pactada desde el principio.Y todos somos tontos porque no hacemos nada, no puede ser que el equipo pequeńo no pueda hacer frente a los equipos galácticos, al final es lo de siempre, en esta mierda siempre ganan el Madrid y el farsa haciendo fichajes con un dinero que ganan a costa de que les seguimos y apoyando la recuperación de un Messi que vamos no tiene vergüenza con el dinero que cobra y encima pide más la gente se está muriendo y nadie hace nada simplemente ver el jugador que hace mesi y cristiano.A todo esto los árbitros de hoy se han lucido como se nota que luego les van a dar cremita en la espalda de Messi y compañía vergonzoso .

Fernando Uranga dijo...

Buenas:

Es muy fácil... la temporada que viene, plantón de los otros 18 equipos y aviso de que ninguno se va a presentar a jugar contra Barças o Madrid... y que los bajen a segunda a los 18 si tiene lo que hay que tener...

Antonio R. dijo...

Partido ilusionante al principio pero luego se vio que no habia nada que hacer y mas si regalamos goles. Buen torneo de la Real pero no nos engañemos. Tenemos la Final que Tebas y el resto de los que mandan en este "furbol" podrido deseaban.

Juan Rodríguez Millán dijo...

Iker, ojalá cambiara el fútbol, porque pasan demasiadas cosas lamentables. Es todo muy triste, pero ahí seguiremos dando guerra.

Fernando, yo es que estoy convencido de que mientras Barcelona y Real Madrid no vean necesidad de cambio, no se producirá. Ojalá no hubiera que pensar en medidas tan radicales como la que planteas, pero tampoco se puede obviar que nos están empujando a ello.

Antonio, totalmente de acuerdo en todo: no había nada que hacer y nos lo recordaban constantemente, regalamos goles contra el Barcelona y hemos hecho un buen torneo.