domingo, marzo 01, 2015

VALENCIA 2 - REAL SOCIEDAD 0 La lógica del fútbol

Xabi Prieto, frente a Feghouli.
El Valencia es mejor y está mejor que la Real, con lo que el resultado más previsible en el duelo entre estos dos equipos era la victoria local. Es la lógica del fútbol, la que no entiende de historia, de estadística o de ilusiones. El equipo de David Moyes hizo una primera parte interesante, en la que quiso acercarse a lo que pretende el entrenador escocés, con el problema que siempre supone generar no demasiadas ocasiones de gol, pero con unas constantes claras y reconocibles. Eso fue lo positivo. Pero pesó demasiado el todavía no solucionado problema de la confección de la plantilla, que para esta jornada dejó a Moyes sólo con quince jugadores del primer equipo, y la pegada de un Valencia que, no hay que olvidarlo, tiene mejores números en Mestalla de los que por ejemplo tiene el Barcelona en el Camp Nou. Un par de chispazos y un relativo dominio del partido en la segunda mitad bastaron para que Piatti marcara dos veces en tres minutos y dejara sin reacción a una Real que sigue sin ganar lejos de Anoeta. Mestalla, con todo el embrujo que ha tenido para la Real en los últimos años, no fue el lugar de ese primer triunfo que todavía espera.

Y eso que la primera parte dejó bastantes resquicios para la esperanza y un partido competido, con cierta igualdad incluso admitiendo la leve superioridad valencianista. Sin partes médicos, los onces de la Real se convierten en auténticas quinielas imposibles de acertar, con lo que hubo sorpresas. Zaldua y Chory Castro se quedaron en San Sebastián, lo que llevó a Aritz Elustondo a la titularidad en la lateral derecho y a que la posibilidad de reforzar el centro del campo con un hombre defensivo se convirtiera más que en una opción en el único camino a seguir. Lo llamativo es que Moyes optó por Elustondo en lugar de por Markel, que en pocas semanas ha pasado de imprescindible a ser el cuarto o incluso el quinto jugador en esa zona. Lo demás, lo previsto, con un buen Ansotegi consolidado al lado de Iñigo Martínez, Yuri por delante de De la Bella en las preferencias del técnico escocés y la confianza absoluta en Canales, Xabi Prieto y Agirretxe en este caso por delante de los chavales Hervías y Oyarzun para la línea de tres centrocampistas en la que se incrustó Granero y el islandés Finnbogason como delantero.

Y esta Real le complicó las cosas al Valencia. Más en defensa que en ataque, eso es verdad, pero la puesta en escena del equipo txuri urdin en Mestalla no tuvo nada que ver con la medida que ha dado en otros campos grandes y en muchos de los más pequeños en lo que llevamos de temporada. Sí es cierto que costó muchísimo llegar con peligro a la portería de Alves, y apenas disfrutaron los delanteros realistas de un par de llegadas de cierta claridad, pero supo maniatar al Valencia, cuyas prestaciones ofensivas quedaron reducidas hasta el punto de que Rulli sólo tuvo que intervenir una vez en los primeros quince minutos. Y eso que el partido se disputó a un ritmo muy intenso que en principio debía favorecer al Valencia, y que la absurda tarjeta con la que se cargó Elustondo hizo que el Valencia dispusiera de más facilidades en el tramo central del primer acto. Pero los de Nuno tardaron un cuarto de hora en tener una llegada de peligro, un disparo cruzado de Feghouli. Para entonces, la Real también había avisado. Agirretxe se adelantó a Mustafi dentro del área, pero Alves consiguió adelantarse al delantero realista en su salida, sin que llegara a haber remate.

Con el paso de los minutos, el partido se fue acercando a lo que cabía esperar de él. Un Valencia dominante y que buscaba la bandas tenía enfrente a una Real que intentaba sacar el balón jugado y que buscaba poblar el centro, dejando espacio para las subidas de los laterales. Ahí llegó el primer problema ofensivo de la Real, y es que ni Yuri ni Aritz tuvieron protagonismo en ataque porque bastantes problemas tuvieron atrás. En el caso del lateral diestra cargando además con una injusta tarjeta amarilla con la que supo manejarse relativamente bien durante ochenta minutos. Sin apoyo en las bandas, con un Canales al que no parecía salirle nada y un Xabi Prieto de nuevo apagado, pocas opciones había de que Agirretxe tuviera ocasiones de prolongar su racha goleadora. Cuando peor lo pasó la Real fue en el tramo intermedio de la primera mitad cuando el Valencia acumuló varios córners consecutivos y dos claras ocasiones. En la primera, Rulli metió una buena mano para responder al cabezazo de Mustafi y en el córner siguiente Otamendi mandó el balón arriba cuando lo tenía todo a favor para marcar, en una jugada en la que probablemente se debió pitar fuera de juego.

La Real, que insistía en sacar el balón jugado, sólo replicó con una buena jugada de Granero que culminó Xabi Prieto con un disparo cruzado que Mustafi repelió, evitando que el equipo txuri urdin se pusiera por delante en el marcador. El problema es que esa fue, en realidad, la única opción real que tuvo el equipo de Moyes en todo el partido. Al no convertirla, el premio máximo al que se aspiraba era al 0-0 inicial, premio que no se pudo mantener. Y eso que tras el descanso, en el que Hervías sustituyó a Canales, la Real salió con ganas de prolongar su buena estadística reciente en Valencia. El riojano volvió a aportar la electricidad que le falta en ataque a la Real, y a los dos minutos ya probó suerte con un disparo de volea tras un centro de Aritz Elustondo que se marchó arriba. Pero el equipo no estuvo tan firme en defensa en esta segunda mitad como lo estuvo en la primera y sólo mantuvo su fortaleza a balón parado, lo que ya es una novedad y seguramente una consecuencia de lo mal que se trabajaron esas jugadas ante el Sevilla. Así, el partido se marchó en apenas tres minutos los que separaron los dos goles de Piatti y en jugadas que parecieron evitables.

El primer tanto nace de un error de Pardo, que intentando adelantarse a Parejo al recibir un saque de banda en el lateral del área le dejó el espacio hacia la portería, lo que le permitió meter un pase sin oposición que Piatti remató, haciendo que el balón rebotara en Ansotegi y despistara a Rulli, que no pudo más que mirar como el esférico entraba mansamente en su portería. Casi en la siguiente jugada de ataque, Feghouli superó con demasiada facilidad a Yuri en la carrera por la banda y su buen pase lo volvió a rematar Piatti, sin que la cobertura de Iñigo impidiera ese centro o sin que Ansotegi viera la facilidad con la que el bigoleador valencianista entraba en el área pequeña. La fragilidad defensiva de la Real, esa que casi siempre parece mitigada desde la llegada de Moyes, se manifestó en ese breve intervalo de tiempo y sirvió para decidir el encuentro, toda vez que en Mestalla se recuperó también la inacción ofensiva que tanto se temía con la ausencia de Vela. Agirretxe apenas pudo cazar balones e incluso estuvo lento a la hora de interpretar algunos pases que no tenían mala pinta, dejando su racha anotadora en tres jornadas consecutivas.

Dio la impresión de que tanto la Real como el Valencia asumieron que el partido había acabado con el 2-0. Pardo probó fortuna desde la frontal del área con un disparo que recordó mucho al gol que consiguió la temporada pasada, pero esta vez el balón se fue fuera. Hervías parecía el único realista verdaderamente enchufado a un intento de remontada. Moyes, en cambio, entendió las sensaciones que transmitía el equipo y casi se preocupó más de que la Real no saliera de Mestalla con una goleada mayor que de buscar una reacción heroica. Su segundo cambio fue colocar a De la Bella por Elustondo. Así impedía que el centrocampista, en una actuación de nuevo bastante intrascendente, viera una segunda tarjeta amarilla y reforzaba defensivamente la banda izquierda para que Feghouli no hiciera la herida aún más grande. Pero aunque fuera por simple inercia siempre estuvo más cerca el 3-0 que el 2-1 que incitara a pensar en la posibilidad de puntuar en Mestalla. Rodrigo, ya en el campo, tuvo la ocasión más clara, pero libre de marca y con la defensa realista descolocada, cruzó demasiado el balón en su disparo.

Con su tercer cambio, Moyes quiso dar minutos a Finnbogason en busca de ese primer gol que no llega. Pero si el propio técnico lamentaba en la rueda de prensa anterior al partido que no se le estén poniendo buenos balones que hagan aflorar esas condiciones de delantero que aún no hemos visto, en Mestalla se confirmó que algo de eso también se une a la visible incapacidad del islandés. Al menos Finnbogason dejó sobre el césped del estadio valencianista una buena combinación con Xabi Prieto que la defensa envió a córner, mínimo mensaje de que algo tiene que saber hacer para hacer sido el máximo goleador de la liga holandesa. Eso, en todo caso, no bastó para inquietar a Alves, que puede afirmar con poco margen de error que la Real ha sido el equipo que menos quebraderos de cabeza le ha provocado en lo que llevamos de temporada. Ganar fuera de casa es completamente imposible si apenas se llega a probar al delantero rival, y ese fue el gran mal de la Real en Mestalla.

Sigue siendo absolutamente impresentable que la Real no haya conseguido ganar en ninguno de los doce partidos de Liga que ha jugado lejos de Anoeta. El hecho de que el Valencia sea superior y esté en un momento de forma incomparable al del equipo realista no puede ser excusa, porque antes de esta ligeramente honrosa derrota han llegado otros partidos mucho más decepcionantes. Es verdad que Mestalla parecía el peor escenario para lograr ese primer triunfo, porque ningún equipo de la Liga supera los números del Valencia como local (sólo el Madrid está en condiciones de hacerlo cuando iguale los trece partidos que ya han jugado en su feudo los de Nuno), pero sigue necesario hacer más. La pequeña satisfacción que puede dejar el partido es que las constantes que quiere implantar Moyes en el equipo se ven cada vez con más nitidez. Eso sí, no llega a los 90 minutos, y menos para plantar cara a un equipo tan contundente esta temporada como el Valencia. El consuelo es pírrico, pero al menos el colchón que hay sobre el descenso permitía asumir esta derrota, tan lógica a priori como inevitable por el escaso peligro que generó la Real.