¿Cómo se levanta un equipo después de protagonizar una debacle de dimensiones tan históricas como la de la Real en Mallorca? La primera oportunidad de demostrar si hay capacidad de reacción tendrá lugar en un escenario poco propicio para grandes gestas (Mestalla, sábado, 22.00 horas; La Sexta y autonómicas). Por el rival, el Valencia, el tercer clasificado de la Liga y primero de esa que jugamos 18 equipos, pero sobre todo porque la moral del equipo txuri urdin ha quedado muy tocada. Del equipo y de la afición. De lo que es la Real en esencia. Porque nadie esperaba el varapalo del miércoles y el temor a que, de alguna forma, se repitan en Valencia las peores tardes de la temporada está absolutamente justificado y agravaría la ya delicada situación clasificatoria. Todo está en duda ahora mismo. La plantilla, sus jugadores y su entrenador. La Real está bajo sospecha y la reacción debe ser inmediata para que la temporada, ya triste sin remedio, no se convierta en una agonía insufrible.
Después de los durísimos mensajes contra la plantilla que partieron del entrenador, del director deportivo y del presidente del club, quienes esperaran que la convocatoria sirviera para señalar nombres se llevarán un chasco. Se desplazan a Valencia 19 jugadores, presumiblemente por las molestias de Elustondo, y sólo cae uno de los protagonistas de la debacle copera, De la Bella, que queda así señalada por la elección de Montanier. De entre los que jugaron en las islas, tampoco viaja Iñigo Martínez, pero éste está sancionado. Los regresos a la lista eran muy previsibles. Entra Bravo, haciendo que salga Toño Ramírez; también Mikel González, pero por el partido de sanción de Iñigo; entra Pardo por la duda de Elustondo; y vuelve Carlos Martínez. Quizá el nombre en el que todo el mundo esté pensando en este momento es el de Joseba Llorente. No ha entrado en ninguna de las cuatro convocatorias de 2012 y ni siquiera el ridículo histórico de Mallorca le ha abierto las puertas, no ya del once titular, sino de la convocatoria. Sarpong, además del lesionado Illarramendi, completan la lista de ausencias.
Es absolutamente imposible saber qué once alineará Montanier en Valencia, con lo que sólo cabe hacer vaticinios. Teniendo en cuenta el rival y que el partido se disputa lejos de Anoeta, no creo que nadie se atreva a descartar un cambio de sistema y que se recupere esa defensa de cinco que tan malos resultados ha dado siempre a este equipo en tiempos recientes. Bravo, obviamente, será titular, y los laterales previsiblemente serían Carlos Martínez y Estrada o Cadamuro. Mikel González estará en el centro de la zaga, pero a partir de ahí todo es un juego de adivinación sin mucho futuro. En defensa de cinco, jugarían todos los centrales convocados, Demidov y Ansotegi además de Mikel. Si Elustondo está apto, es de suponer que formará en el once. Si no, ahí comienzan los problemas para Montanier, que tendrá que decidir entre recuperar a Markel, apostar por Mariga o dar el mando a Pardo. Aranburu será titular y Zurutuza dependerá del esquema. Por delante, Griezmann y Agirretxe, que no fueron titular ante el Mallorca, estarán en el once, y el otro puesto se lo disputan Vela, Ifrán y Xabi Prieto. Zubikarai estará también en el banquillo.
La Real reaccionó en 2008 a Vitoria empatando en casa con el Córdoba. A Vigo en 2003 ganando al Atlético. A Sevilla en 1980 derrotando de nuevo a los colchoneros. Pero aquellos partidos que siguieron a las grandes debacles de la historia txuri urdin eran finales de temporada y ahora la catástrofe ha llegado en su ecuador. La reacción es obligada porque la situación de la Real no es para tirar cohetes. Es decimosexta con 18 puntos, sólo dos por encima de los puestos de descenso, y el calendario acecha amenazante. Su rival de esta jornada, el Valencia, es tercero con casi el doble de puntos, 34. El equipo de Unai Emery, efímero ex jugador del primer equipo txuri urdin, sólo ha perdido un partido en casa, ante el Real Madrid, y empatado dos, ante Barcelona y Athletic. Ha ganado seis en Mestalla, uno más de los que ha perdido la Real como visitante. Lejos de Anoeta, los de Montanier han arrancado puntos en sus dos victorias (Sporting y Betis) y sus dos empates (Villarreal y Racing). La Real lleva seis jornadas sin perder, pero acumula tres empates consecutivos, lo que supone una suma de puntos insuficiente. El Valencia llega después de remontar hasta el empate un 2-0 en Villarreal.
Casi como un jugador más, la historia juega en contra del conjunto txuri urdin para este encuentro. De sus 60 visitas a Valencia, todas ellas en Primera División, sólo ocho se saldaron con victoria visitante, la última de ellas hace nada menos que 16 años, 0-1 en la temporada 96-97, con el primer gol como realista de Darko Kovacevic. El Valencia ganó 41 de esos encuentros, y los once restantes se saldaron con empate. La Real nunca ha ganado en Mestalla por más de un gol de diferencia, lo que hace de los 1-2 de las temporadas 1973-1974 (con dos goles de Satrústegui), 1981-1982 (dos de Uralde) y 1991-1992 (Carlos Xabier y Kodro) sus victorias más importantes. La goleada más severa recibida por la Real es el 7-1 de la temporada 1934-1935, que culminó con el primer descenso de la historia del club. En las últimas once visitas, la Real sólo consiguió sacar tres empates, y el último de ellos, en la temporada 2006-2007 no es precisamente de grato recuerdo, pues fue la tarde en la que el equipo realista bajó a Segunda después de 40 años en Primera. Históricamente, mal sitio para superar una depresión, desde luego.
La pasada temporada, la 2010-2011, la Real perdió merecidamente, pero de forma mucho más contundente en el marcador que en el juego. El 3-0 final no fue fiel reflejo del juego, pero si de la endeblez defensiva que condenó al equipo de Martín Lasarte en bastantes partidos jugados fuera de casa. Cada vez que la Real pasaba por un buen momento de juego en el partido, el Valencia respondía con un gol. El conjunto txuri urdin no fue capaz de aprovechar el enrarecido ambiente que había en Mestalla (y que Soldado ejemplificó encarándose con un espectador nada más marcar el primero de sus dos goles de la tarde). Los de Lasarte tuvieron unas cuantas ocasiones para mover el marcador, pero obviamente no era el día. La visita a Mestalla llegó después de la espectacular remontada en Anoeta ante el Barcelona y justo antes del triunfo en casa ante el Zaragoza, a la postre definitivo para lograr la permanencia en Primera. Y fue la penúltima derrota lejos de Donostia en una segunda vuelta en la que la Real no pudo sumar ni un solo punto fuera de su estadio.
viernes, enero 13, 2012
miércoles, enero 11, 2012
Ilusión masacrada
Cada cual tendrá su punto de vista sobre las causas, los responsables y las consecuencias de la histórica debacle que protagonizó la Real en Mallorca. La primera y mayor certeza que yo tengo, 24 horas después de esa afrenta a la historia y al aficionado txuri urdin, es que mi ilusión ha sido masacrada. La temporada ha muerto para mí. Ha acabado de la forma más humillante posible, generando primero una ilusión que no sólo no se ha hecho realidad sino que ha sido despedazada sin piedad. Y no por los rivales, no, sino por la propia Real. Ojalá hoy fuera 14 de mayo, ojalá este fin de semana ya no hubiera fútbol, porque a estas alturas no hay nada que hacer para recuperar las ganas de que empiece un partido de la Real. Ya no. No hasta que cambien muchas cosas. Ya son demasiados berrinches y sinsabores, y muy intensos, para una sola temporada. Mi ilusión ha dicho basta. Seguiremos por inercia, para ver si conseguimos la permanencia. Pero nada más. Porque ya no hay objetivos que alimenten esa ilusión. La Copa murió y la Liga la tiramos hace tiempo. Sólo quedan unas tristes migajas que llevarnos a la boca en mayo, evitar el descenso.
Lo realmente triste de todo esto es que, mirando atrás, esto se veía venir. ¿Realmente hubo tanta diferencia entre lo que mostró el equipo en Mallorca y lo que hizo en Granada en la anterior eliminatoria copera? ¿En Zaragoza? ¿En Vallecas? ¿En la primera mitad ante Barcelona y Athletic de Bilbao? ¿En Anoeta ante el Getafe? Hubo una diferencia notable, pero no por nuestra parte. La diferencia fue el acierto del rival. Relativamente, claro, porque todos estos equipos le hicieron dos goles a Bravo (el Granada a Zubikarai), salvo el Rayo, que hizo nada menos que cuatro y habría que ver qué habría pasado de necesitar éstos una goleada como era el caso del Mallorca. La magnitud de la debacle en las islas la marca el hecho de que quedamos eliminados un año más en la Copa, pero no creo equivocarme mucho si digo que la sangría que podría habernos provocado todos estos equipos hubiera sido mayor de mediar necesidad.
La ilusión me ciega, sí. Pero no de la forma en la que mucha gente está interpretando esta debacle. No tengo una venda en los ojos cuando hablo bien de la Real. Sigo convencido de que tenemos un buen equipo. Y no creo que la causa del desbarajuste de las islas haya que buscarla en la desidia, en la apatía o en la falta de carácter de sus jugadores. Sin carácter no se le pueden remontar dos partidos al Barcelona en unos pocos meses, y la Real, esta Real, lo ha hecho. Es obvio, dolorosamente obvio, que pocos jugadores están rindiendo esta temporada al nivel que se espera de ellos. Ha habido partidos indudablemente brillantes, pero el tono de la campaña está siendo plano, triste y resultón. Da para ir más o menos sobreviviendo en una Liga que, alejada de los deslumbrantes y dorados puestos de cabeza, tiene un nivel paupérrimo. Pero si los buenos no explotan, es evidente que no hay nada que hacer. Y no hay nada que hacer porque la Real, hoy por hoy, ya no tiene ese orgullo, ese plus de motivación que siempre ha suplido las carencias de calidad que ha tenido a lo largo de su historia. Ser de la Real daba ese algo más que los otros no tenían. Pero ha desaparecido.
Y ahí es donde sí miro al banquillo, porque el primer encargado de sacar rendimiento de los suyos en un deporte de equipo es el técnico. Aunque muchos han querido exculparle de lo sucedido en la Copa, yo sí veo numerosas deficiencias en su gestión, defectos que no son sino la consecuencia de errar continuamente en las decisiones que ha venido tomando desde que asumió el banquillo de la Real. Pero no hablemos de fútbol, porque eso ya está todo dicho (hasta la próxima debacle). La rajada de Montanier en la sala de prensa del estadio mallorquinista me parece no sólo fuera de lugar, sino la demostración de que no se siente culpable de nada. Echó balones fuera, mostró una indignación que no le pertenece a él, sino a nosotros, a los aficionados, a los que sufrimos con cada gol que encaja nuestro equipo. Él es el responsable de esta nave, quien toma las decisiones. Yo no soy el que pone a jugar a Mariga cuando no hay ni una sola razón objetiva que lo justifique. Yo no soy el que acusa a su equipo de falta de profesionalidad y no es capaz de hacer un solo cambio. Yo no soy el que toma las decisiones. Es Montanier. Y por mucho que queramos eximirle de responsabilidad por lo de Mallorca, así nos va.
Pero da igual, estoy tan desilusionado que en el fondo ya no me apetece hablar de Montanier, o del inconcebiblemente bajo estado de forma de Xabi Prieto, o de si Vela se dedica a dar taconcitos en vez de jugar al fútbol, o de si las rotaciones tienen sentido o no. La verdad es que hoy, 11 de enero, todo eso ya me da igual. Desde arriba nos dijeron que había que crecer esta temporada y que echar a Lasarte era imprescindible para hacerlo. Sí, hemos crecido. En insensatez. En bochorno. En partidos y situaciones sonrojantes. En victorias que no llegan. En ilusiones truncadas. 11 de enero, la temporada está perdida y la ilusión masacrada. Y el caso es que todos echan balones fuera. Montanier y Loren se han aliado para culpar a los jugadores, los jugadores que han hablado se han limitado a tirar de tópicos (tampoco podían hacer mucho más). ¿Y si ahora perdemos en Valencia? ¿Y si no ganamos los dos partidos que tenemos después en casa? ¿Cómo vamos a salir del Camp Nou una semana más tarde? Si nadie hace nada porque crezcamos, no vamos a hacerlo por ciencia infusa. Al contrario. Estamos empequeñeciendo a pasos agigantados. Y, sí, me quedo con eso. A ver cómo salimos del Camp Nou.
Lo realmente triste de todo esto es que, mirando atrás, esto se veía venir. ¿Realmente hubo tanta diferencia entre lo que mostró el equipo en Mallorca y lo que hizo en Granada en la anterior eliminatoria copera? ¿En Zaragoza? ¿En Vallecas? ¿En la primera mitad ante Barcelona y Athletic de Bilbao? ¿En Anoeta ante el Getafe? Hubo una diferencia notable, pero no por nuestra parte. La diferencia fue el acierto del rival. Relativamente, claro, porque todos estos equipos le hicieron dos goles a Bravo (el Granada a Zubikarai), salvo el Rayo, que hizo nada menos que cuatro y habría que ver qué habría pasado de necesitar éstos una goleada como era el caso del Mallorca. La magnitud de la debacle en las islas la marca el hecho de que quedamos eliminados un año más en la Copa, pero no creo equivocarme mucho si digo que la sangría que podría habernos provocado todos estos equipos hubiera sido mayor de mediar necesidad.
La ilusión me ciega, sí. Pero no de la forma en la que mucha gente está interpretando esta debacle. No tengo una venda en los ojos cuando hablo bien de la Real. Sigo convencido de que tenemos un buen equipo. Y no creo que la causa del desbarajuste de las islas haya que buscarla en la desidia, en la apatía o en la falta de carácter de sus jugadores. Sin carácter no se le pueden remontar dos partidos al Barcelona en unos pocos meses, y la Real, esta Real, lo ha hecho. Es obvio, dolorosamente obvio, que pocos jugadores están rindiendo esta temporada al nivel que se espera de ellos. Ha habido partidos indudablemente brillantes, pero el tono de la campaña está siendo plano, triste y resultón. Da para ir más o menos sobreviviendo en una Liga que, alejada de los deslumbrantes y dorados puestos de cabeza, tiene un nivel paupérrimo. Pero si los buenos no explotan, es evidente que no hay nada que hacer. Y no hay nada que hacer porque la Real, hoy por hoy, ya no tiene ese orgullo, ese plus de motivación que siempre ha suplido las carencias de calidad que ha tenido a lo largo de su historia. Ser de la Real daba ese algo más que los otros no tenían. Pero ha desaparecido.
Y ahí es donde sí miro al banquillo, porque el primer encargado de sacar rendimiento de los suyos en un deporte de equipo es el técnico. Aunque muchos han querido exculparle de lo sucedido en la Copa, yo sí veo numerosas deficiencias en su gestión, defectos que no son sino la consecuencia de errar continuamente en las decisiones que ha venido tomando desde que asumió el banquillo de la Real. Pero no hablemos de fútbol, porque eso ya está todo dicho (hasta la próxima debacle). La rajada de Montanier en la sala de prensa del estadio mallorquinista me parece no sólo fuera de lugar, sino la demostración de que no se siente culpable de nada. Echó balones fuera, mostró una indignación que no le pertenece a él, sino a nosotros, a los aficionados, a los que sufrimos con cada gol que encaja nuestro equipo. Él es el responsable de esta nave, quien toma las decisiones. Yo no soy el que pone a jugar a Mariga cuando no hay ni una sola razón objetiva que lo justifique. Yo no soy el que acusa a su equipo de falta de profesionalidad y no es capaz de hacer un solo cambio. Yo no soy el que toma las decisiones. Es Montanier. Y por mucho que queramos eximirle de responsabilidad por lo de Mallorca, así nos va.
Pero da igual, estoy tan desilusionado que en el fondo ya no me apetece hablar de Montanier, o del inconcebiblemente bajo estado de forma de Xabi Prieto, o de si Vela se dedica a dar taconcitos en vez de jugar al fútbol, o de si las rotaciones tienen sentido o no. La verdad es que hoy, 11 de enero, todo eso ya me da igual. Desde arriba nos dijeron que había que crecer esta temporada y que echar a Lasarte era imprescindible para hacerlo. Sí, hemos crecido. En insensatez. En bochorno. En partidos y situaciones sonrojantes. En victorias que no llegan. En ilusiones truncadas. 11 de enero, la temporada está perdida y la ilusión masacrada. Y el caso es que todos echan balones fuera. Montanier y Loren se han aliado para culpar a los jugadores, los jugadores que han hablado se han limitado a tirar de tópicos (tampoco podían hacer mucho más). ¿Y si ahora perdemos en Valencia? ¿Y si no ganamos los dos partidos que tenemos después en casa? ¿Cómo vamos a salir del Camp Nou una semana más tarde? Si nadie hace nada porque crezcamos, no vamos a hacerlo por ciencia infusa. Al contrario. Estamos empequeñeciendo a pasos agigantados. Y, sí, me quedo con eso. A ver cómo salimos del Camp Nou.
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martes, enero 10, 2012
MALLORCA 6 - REAL SOCIEDAD 1 La noche más vergonzosa, triste y humillante de la historia de la Real
La de hoy es la noche más vergonzosa, triste y humillante de la historia de la Real Sociedad. En toda su historia. En sus más de cien años de vida. No es una exageración, tampoco una frase hecha. Quien lo piense así, se equivoca. Está escrito en caliente, sí, pero es que el fútbol exige eso, al menos desde nuestro lado de la trinchera. Y desde ahí sólo se puede decir que lo de hoy es sencillamente incalificable, impresentable, inadmisible y descorazonador. Pero, que quede bien claro, no es una sorpresa. Es el resultado previsible de la temporada. Algo abultado, desde luego, pero nada que no me temiera desde hace tiempo. A estas alturas de la vida, es bastante impensable perder un partido por 6-1 si no es ante los gigantes de blanco blaugrana o con una clarar inferioridad mediante. Pero hacerlo cuando todo, absolutamente todo, está a favor, es algo que no tiene disculpa. Nadie que hoy formara parte del equipo txuri urdin tiene justificación. Nadie se puede ir de rositas. Nadie puede ocultarse. Pero lo de hoy, se veía venir. Y si hoy la crítica es feroz, además de merecida, es lógica y producto de una debacle sin precedentes y que no sé si habrá vivido algún otro equipo en la historia reciente del fútbol.
Evidentemente, no hay un entrenador en el mundo que sea el único responsable de un 6-1 como el de hoy. Pero pensar que Montanier no es el auténtico responsable de lo que se ha visto en el Iberostar es de una ingenuidad que admiro profundamente, porque permite mantener viva la llama de una ilusión que yo ya considero extinguida. Porque hoy se ha visto la culminación definitiva y amplificada de una gestión lamentable de la plantilla. Y eso que, cosas de la vida, la alineación era mucho más admisible que la que el técnico francés presentó en Granada sin arrepentirse de aquello lo más mínimo. Pero es que a veces nos ciega la pasión, y no lo digo como crítica sino como pesar. Queremos que juegue Xabi Prieto porque es muy bueno, pero es que no está para jugar. Queremos que juegue De la Bella porque, empecinado Loren como está en ello, es el único lateral izquierdo de la plantilla, pero tampoco está para ser titular en este equipo. Queremos que Elustondo sea el faro del equipo, pero es evidente que todavía no ha dado un paso definitivo que le confirme en esa posición. Queremos elogiar a Vela, pero a mí no me está deslumbrando como a algunos parece que sí. Y queremos que Ifrán triunfe, pero no lo va a poder hacer nunca si no tiene la confianza del entrenador, aunque juegue de vez en cuando. Y no digamos ya Llorente.
El once de la Real, en condiciones normales, no era malo. Con una excepción, por supuesto. Mariga no es un jugador de fútbol. Ya no veo otra forma de encarar su situación. No es que sea inaudito que haya fichado por la Real, es que es profundamente indignante que siga siendo titular en este equipo, aunque sólo sea de vez en cuando y lejos de Donostia (¡y decían que Montanier era valiente!), cuando ya han transcurrido 17 jornadas de Liga y cuatro partidos de Copa con un resultado, valga el eufemismo, decepcionante. ¿Qué ve el técnico francés en él para hacerle jugar? ¿O es que tiene que jugar un mínimo por contrato? Que alguien aclare de una vez por todas esta absurda situación, porque sería bueno saber a quién tenemos que pedirle responsabilidades, algo que en la Real de los últimos tiempos no suele ser fácil. Y es que la Real no puede ser una ONG. El de Mariga es sólo el caso más flagrante de, insisto, una gestión de la plantilla lamentable. Montanier no comprende que los jugadores en forma tienen que jugar. Y no lo diga ya por Agirretxe o Griezmann, a quienes yo también hubiera dado descanso después de hacerles jugar los dos últimos partidos. Hablo de Mikel González, sobre todo. ¿Se ha notado que no estaba en el campo el central más en forma del equipo? Mirad de nuevo el marcador antes de responder.
Montanier culminó su actuación tras el descanso, pero antes es obligado contar lo que sucedió en la primera mitad, por asombroso que pueda parecer. Muchos se han reído desde dentro de la Real cuando se les ha dicho aquello de que son un equipo aspirina. Ese calificativo se queda corto para lo de hoy. El Mallorca no quería jugar la Copa, porque le distraía de la Liga. Así se dijo en los medios de las islas después del partido de ida, en el que el conjunto balear ofreció una penosa actuación. Así lo dejó ver Caparrós con el once de suplentes que alineó en Anoeta, y con las rotaciones que también hoy han afectado a su equipo titular. Así lo evidencia la afición del Mallorca, que acudió hoy al Iberostar en un número ínfimo, casi risible para ver un partido entre dos equipos de Primera División. La Real, además, cumplió la única premisa que se había fijado antes de este partido: marcar un gol. Y encima lo hizo pronto, en el minuto 16. De la Bella, en su única acción destacada de todo el partido, realizó un gran centro que Ifrán cabeceó a gol. Los suyos comenzaron a pitar al Mallorca, viendo la parsimonia con la que estaban siendo derrotados otra vez. Todo estaba a favor. Y ahí es cuando se produjo el rato más lamentable de la historia del club txuri urdin, que encajó cuatro goles en apenas siete minutos.
Explicaciones podremos encontrar muchas a cada uno de los goles. La razón más general pasa por una falta de intensidad vergonzosa en las marcas, en la presión y en toda la defensa. Pasa por errores absolutamente imperdonables en profesionales de Primera División (¡casi diría que hasta de Tercera, porque si esto lo hace alguien del Sanse pego el mismo grito!), como el de Zubikarai en el cuarto gol o el de Xabi Prieto ante la portería de Calatayud para hacer el que hubiera sido empate a dos. Pasa por la pasividad de un entrenador que no fue capaz de parar el partido o de animar a sus jugadores. Pasa por la escasa experiencia real (sin Bravo, sin Aranburu y sin Llorente, y con el propio Prieto como si no estuviera) que había sobre el césped. Pasa también, aunque sé que nadie lo va a decir, por el deleznable arbitraje de un Ayza Gámez que partido tras partido demuestra auténtica animadversión hacia la Real (la falta del primer gol del Mallorca es de chiste, deja a cambio sin señalar numerosas infracciones en las inmediaciones del área local, hay penalti por mano y expulsión de Nunes en el disparo posterior a la clara ocasión de Xabi Prieto, e incluso para rematar el último gol del Mallorca viene precedido de otra falta no señalada). No seré yo quien diga ni insinúe que la Real ha caído por el árbitro, no. No tengo ánimo para hacerlo. Pero cuenta. Tampoco hace falta cegarse por las comprensibles ganas que tenemos todos ahora mismos de criticar todo lo criticable al equipo txuri urdin.
Montanier tuvo una última oportunidad de demostrar que sabe lo que hace, pero la desperdició miserablemente. Después de esos siete minutos deleznables, que emponzoñan no ya el partido o la eliminatoria, ni siquiera la temporada, sino la historia reciente del club y la nobleza de su escudo, decidió que lo mejor era no cambiar nada. Sencillamente asombroso que salieran tras el descanso los mismos once que disputaron la primera mitad. Si hay un entrenador con el que no comulgo en esta vida y al que no paro de encontrar aspectos que criticarle, ese es José Mourinho, pero hace una semana, en esta misma competición y perdiendo 0-2 en el Bernabéu ante el Málaga, hizo los tres cambios en el descanso. Montanier, con sus manos agarradas tras la espalda durante todo el partido, ni se movió. Él sabrá por qué. En ese momento, aunque la vergüenza por lo visto anteriormente hubiera tardado mucho tiempo en superarse, la eliminatoria estaba todavía en juego. Un gol clasificaba a la Real. Sólo un gol. El mismo que ya marcó en Granada, por ejemplo. Montanier decidió, como ha decidido ya en demasiados partidos como para que se siga considerando una casualidad, esperar. Y tanto esperó, aunque menos de lo habitual, que sus dos primeros cambios esperaban en la banda cuando el Mallorca marcó el sexto. Porque antes había llegado el quinto.
El último gol en realidad sólo sirvió para que absolutamente nadie pudiera tener la ficticia ilusión de que la Real pudiera marcar en dos ocasiones y se metiera en cuartos de final, algo absolutamente imposible ya en aquel momento. Y es que siempre hay algún incauto, y suelo ser uno de esos, que piensa cuando está dos goles por debajo que igual si mete uno y se mete en el partido pasan cosas raras. Como pasaron el día del Málaga, por cierto. Pero hoy el sexto zanjaba la eliminatoria con una rotundidad infinitamente superior a la que tenía el 0-1 de la Real, que tendría que haber sido igualmente definitivo. Hoy en ningún momento dio la impresión de que la Real sintiera la más mínima vergüenza torera por la humillación que estaba recibiendo, y apenas tuvo una o dos llegaditas de ahí al final del partido. No seré yo quien diga que los jugadores de la Real no quisieron, pero no lo demostraron. Y el resultado fue que un Mallorca que no creía en el milagro le metió seis a la Real. La Real, que no sintió nada, no consiguió nada. Y no me siento en absoluto capaz de discutir la justicia del resultado o de la eliminatoria, porque esto, exactamente esto, es lo que lleva buscándose la Real desde hace mucho tiempo. Las ocho jornadas sin ganar y mandar al traste una temporada que tendría que haber sido ilusionante fueron el resultado esperable de la gestión de la plantilla. Esto, la histórica debacle en la Copa, ha sido el bonus, que además ha llegado de la forma más dolorosa e inesperada.
Todos los que son Real Sociedad (excepción hecha del público, que cumplió con creces el papel que le correspondió jugar en esta farsa copera y que lo viene haciendo en las gradas de Anoeta y de tantos otros estadios de Primera División durante tanto tiempo) tienen responsabilidad en lo que se ha visto. Todos. Absolutamente todos. Desde los que mandan en los despachos hasta los que hoy se enfundaron una camiseta que no han honrado. Algunos pensarán que tengo fijación con Montanier, y si la tengo es una fijación justificada por el tristísimo resultado que está ofreciendo una temporada que, dijeron, tenía que ser la del crecimiento que Lasarte no podía ofrecer. Eso dijeron. Pero de todos modos le pongo a la cabeza de esa lista de culpables. La Real tiene un buen equipo, sigo convencido de ello, y producto de eso gana algunos partidos. No muchos, miremos la clasificación (y lo que se nos viene encima en las próximas semanas), pero sí algunos. Pero perdido el factor motivador de Lasarte hemos puesto en riesgo aquello que nos mantendrá vivos siempre, tengamos mejores o peores jugadores: el orgullo de vestir esta camiseta. Montanier no era el entrenador idóneo para dar el salto. Hizo historia eliminando a un Primera en la Copa después de 23 años, sí. Ahora ha hecho una historia aún más profunda al sufrir la derrota más humillante de sus más de cien años de vida. Y lo peor es que siento más apatía que cabreo. Porque en el fondo, aunque me quisiera poner una venda, lo veía venir. Maldita ilusión.
Evidentemente, no hay un entrenador en el mundo que sea el único responsable de un 6-1 como el de hoy. Pero pensar que Montanier no es el auténtico responsable de lo que se ha visto en el Iberostar es de una ingenuidad que admiro profundamente, porque permite mantener viva la llama de una ilusión que yo ya considero extinguida. Porque hoy se ha visto la culminación definitiva y amplificada de una gestión lamentable de la plantilla. Y eso que, cosas de la vida, la alineación era mucho más admisible que la que el técnico francés presentó en Granada sin arrepentirse de aquello lo más mínimo. Pero es que a veces nos ciega la pasión, y no lo digo como crítica sino como pesar. Queremos que juegue Xabi Prieto porque es muy bueno, pero es que no está para jugar. Queremos que juegue De la Bella porque, empecinado Loren como está en ello, es el único lateral izquierdo de la plantilla, pero tampoco está para ser titular en este equipo. Queremos que Elustondo sea el faro del equipo, pero es evidente que todavía no ha dado un paso definitivo que le confirme en esa posición. Queremos elogiar a Vela, pero a mí no me está deslumbrando como a algunos parece que sí. Y queremos que Ifrán triunfe, pero no lo va a poder hacer nunca si no tiene la confianza del entrenador, aunque juegue de vez en cuando. Y no digamos ya Llorente.
El once de la Real, en condiciones normales, no era malo. Con una excepción, por supuesto. Mariga no es un jugador de fútbol. Ya no veo otra forma de encarar su situación. No es que sea inaudito que haya fichado por la Real, es que es profundamente indignante que siga siendo titular en este equipo, aunque sólo sea de vez en cuando y lejos de Donostia (¡y decían que Montanier era valiente!), cuando ya han transcurrido 17 jornadas de Liga y cuatro partidos de Copa con un resultado, valga el eufemismo, decepcionante. ¿Qué ve el técnico francés en él para hacerle jugar? ¿O es que tiene que jugar un mínimo por contrato? Que alguien aclare de una vez por todas esta absurda situación, porque sería bueno saber a quién tenemos que pedirle responsabilidades, algo que en la Real de los últimos tiempos no suele ser fácil. Y es que la Real no puede ser una ONG. El de Mariga es sólo el caso más flagrante de, insisto, una gestión de la plantilla lamentable. Montanier no comprende que los jugadores en forma tienen que jugar. Y no lo diga ya por Agirretxe o Griezmann, a quienes yo también hubiera dado descanso después de hacerles jugar los dos últimos partidos. Hablo de Mikel González, sobre todo. ¿Se ha notado que no estaba en el campo el central más en forma del equipo? Mirad de nuevo el marcador antes de responder.
Montanier culminó su actuación tras el descanso, pero antes es obligado contar lo que sucedió en la primera mitad, por asombroso que pueda parecer. Muchos se han reído desde dentro de la Real cuando se les ha dicho aquello de que son un equipo aspirina. Ese calificativo se queda corto para lo de hoy. El Mallorca no quería jugar la Copa, porque le distraía de la Liga. Así se dijo en los medios de las islas después del partido de ida, en el que el conjunto balear ofreció una penosa actuación. Así lo dejó ver Caparrós con el once de suplentes que alineó en Anoeta, y con las rotaciones que también hoy han afectado a su equipo titular. Así lo evidencia la afición del Mallorca, que acudió hoy al Iberostar en un número ínfimo, casi risible para ver un partido entre dos equipos de Primera División. La Real, además, cumplió la única premisa que se había fijado antes de este partido: marcar un gol. Y encima lo hizo pronto, en el minuto 16. De la Bella, en su única acción destacada de todo el partido, realizó un gran centro que Ifrán cabeceó a gol. Los suyos comenzaron a pitar al Mallorca, viendo la parsimonia con la que estaban siendo derrotados otra vez. Todo estaba a favor. Y ahí es cuando se produjo el rato más lamentable de la historia del club txuri urdin, que encajó cuatro goles en apenas siete minutos.
Explicaciones podremos encontrar muchas a cada uno de los goles. La razón más general pasa por una falta de intensidad vergonzosa en las marcas, en la presión y en toda la defensa. Pasa por errores absolutamente imperdonables en profesionales de Primera División (¡casi diría que hasta de Tercera, porque si esto lo hace alguien del Sanse pego el mismo grito!), como el de Zubikarai en el cuarto gol o el de Xabi Prieto ante la portería de Calatayud para hacer el que hubiera sido empate a dos. Pasa por la pasividad de un entrenador que no fue capaz de parar el partido o de animar a sus jugadores. Pasa por la escasa experiencia real (sin Bravo, sin Aranburu y sin Llorente, y con el propio Prieto como si no estuviera) que había sobre el césped. Pasa también, aunque sé que nadie lo va a decir, por el deleznable arbitraje de un Ayza Gámez que partido tras partido demuestra auténtica animadversión hacia la Real (la falta del primer gol del Mallorca es de chiste, deja a cambio sin señalar numerosas infracciones en las inmediaciones del área local, hay penalti por mano y expulsión de Nunes en el disparo posterior a la clara ocasión de Xabi Prieto, e incluso para rematar el último gol del Mallorca viene precedido de otra falta no señalada). No seré yo quien diga ni insinúe que la Real ha caído por el árbitro, no. No tengo ánimo para hacerlo. Pero cuenta. Tampoco hace falta cegarse por las comprensibles ganas que tenemos todos ahora mismos de criticar todo lo criticable al equipo txuri urdin.
Montanier tuvo una última oportunidad de demostrar que sabe lo que hace, pero la desperdició miserablemente. Después de esos siete minutos deleznables, que emponzoñan no ya el partido o la eliminatoria, ni siquiera la temporada, sino la historia reciente del club y la nobleza de su escudo, decidió que lo mejor era no cambiar nada. Sencillamente asombroso que salieran tras el descanso los mismos once que disputaron la primera mitad. Si hay un entrenador con el que no comulgo en esta vida y al que no paro de encontrar aspectos que criticarle, ese es José Mourinho, pero hace una semana, en esta misma competición y perdiendo 0-2 en el Bernabéu ante el Málaga, hizo los tres cambios en el descanso. Montanier, con sus manos agarradas tras la espalda durante todo el partido, ni se movió. Él sabrá por qué. En ese momento, aunque la vergüenza por lo visto anteriormente hubiera tardado mucho tiempo en superarse, la eliminatoria estaba todavía en juego. Un gol clasificaba a la Real. Sólo un gol. El mismo que ya marcó en Granada, por ejemplo. Montanier decidió, como ha decidido ya en demasiados partidos como para que se siga considerando una casualidad, esperar. Y tanto esperó, aunque menos de lo habitual, que sus dos primeros cambios esperaban en la banda cuando el Mallorca marcó el sexto. Porque antes había llegado el quinto.
El último gol en realidad sólo sirvió para que absolutamente nadie pudiera tener la ficticia ilusión de que la Real pudiera marcar en dos ocasiones y se metiera en cuartos de final, algo absolutamente imposible ya en aquel momento. Y es que siempre hay algún incauto, y suelo ser uno de esos, que piensa cuando está dos goles por debajo que igual si mete uno y se mete en el partido pasan cosas raras. Como pasaron el día del Málaga, por cierto. Pero hoy el sexto zanjaba la eliminatoria con una rotundidad infinitamente superior a la que tenía el 0-1 de la Real, que tendría que haber sido igualmente definitivo. Hoy en ningún momento dio la impresión de que la Real sintiera la más mínima vergüenza torera por la humillación que estaba recibiendo, y apenas tuvo una o dos llegaditas de ahí al final del partido. No seré yo quien diga que los jugadores de la Real no quisieron, pero no lo demostraron. Y el resultado fue que un Mallorca que no creía en el milagro le metió seis a la Real. La Real, que no sintió nada, no consiguió nada. Y no me siento en absoluto capaz de discutir la justicia del resultado o de la eliminatoria, porque esto, exactamente esto, es lo que lleva buscándose la Real desde hace mucho tiempo. Las ocho jornadas sin ganar y mandar al traste una temporada que tendría que haber sido ilusionante fueron el resultado esperable de la gestión de la plantilla. Esto, la histórica debacle en la Copa, ha sido el bonus, que además ha llegado de la forma más dolorosa e inesperada.
Todos los que son Real Sociedad (excepción hecha del público, que cumplió con creces el papel que le correspondió jugar en esta farsa copera y que lo viene haciendo en las gradas de Anoeta y de tantos otros estadios de Primera División durante tanto tiempo) tienen responsabilidad en lo que se ha visto. Todos. Absolutamente todos. Desde los que mandan en los despachos hasta los que hoy se enfundaron una camiseta que no han honrado. Algunos pensarán que tengo fijación con Montanier, y si la tengo es una fijación justificada por el tristísimo resultado que está ofreciendo una temporada que, dijeron, tenía que ser la del crecimiento que Lasarte no podía ofrecer. Eso dijeron. Pero de todos modos le pongo a la cabeza de esa lista de culpables. La Real tiene un buen equipo, sigo convencido de ello, y producto de eso gana algunos partidos. No muchos, miremos la clasificación (y lo que se nos viene encima en las próximas semanas), pero sí algunos. Pero perdido el factor motivador de Lasarte hemos puesto en riesgo aquello que nos mantendrá vivos siempre, tengamos mejores o peores jugadores: el orgullo de vestir esta camiseta. Montanier no era el entrenador idóneo para dar el salto. Hizo historia eliminando a un Primera en la Copa después de 23 años, sí. Ahora ha hecho una historia aún más profunda al sufrir la derrota más humillante de sus más de cien años de vida. Y lo peor es que siento más apatía que cabreo. Porque en el fondo, aunque me quisiera poner una venda, lo veía venir. Maldita ilusión.
lunes, enero 09, 2012
PREVIA Mallorca - Real Sociedad. De la preocupación liguera a la ilusión copera
El mes de enero promete ser todo un carrusel de emociones para la Real. De la preocupación liguera por la cercanía de los puestos de descenso, se pasará sin solución de continuidad a la ilusión copera (martes, 20.00 horas, Iberostar, PPV). Y ahora toca la ilusión, con el objetivo de rematar una eliminatoria encarrilada con el 2-0 logrado en el partido de ida disputado en Anoeta, con goles de Aranburu y Agirretxe. Con una trayectoria de juego ascendente y con un cuadro bastante favorable, en el que todo el mundo daba por seguro un derbi contra el Athletic en cuartos que ahora puede truncar el Albacete, pocos dudan de que el equipo txuri urdin pasará a la siguiente ronda. Pero el fútbol es caprichoso y la Copa aún más. Quedan 90 minutos y pueden pasar muchas cosas. A pesar de la seguridad que tiene que dar el 2-0, pensar que ya hemos pasado sería el mayor error de la temporada. La nefasta actuación de la Real en Granada, con un resultado aún más contundente en la ida que el que tiene ahora a su favor, fue más que un aviso.
Montanier ha decidido no hacer una revolución en la convocatoria, pero sí ha dejado las habituales sorpresas con los tres cambios que ha introducido, y con uno hasta ahora habitual que no se produce para este partido de vuelta de los octavos de final. No hay sorpresa en la portería, pues Bravo tendrá que ver el partido por televisión, con lo que Zubikarai volverá a ser el titular y Toño Ramírez el suplente. Mikel González vuelve a descansar en la Copa e Iñigo Martínez, que no estuvo ante el Osasuna y que no podrá jugar de nuevo el sábado en Mestalla por seguir sancionado, apunta a titular en su regreso a la lista, su primera en el año. El tercer relevo es la salida de Rubén Pardo, algo previsible después de jugar ayer los 90 minutos con el Sanse, que deja su lugar a Markel Bergara. Sorprende que esta vez no haya relevo en la delantera, con lo que Llorente sigue fuera. Illarramendi es el único jugador con el que no puede contar ahora mismo Montanier, por lo que el resto de las ausencias obedece a decisiones técnicas.
Parece evidente que Zubikarai estará bajo palos. La ausencia de Carlos Martínez (estará en principio para Mestalla) hace que Estrada, Cadamuro y De la Bella se jueguen los dos puestos de laterales. Parece lógico que éste último juegue por la izquierda, al ser el que no disputó ni un solo minuto ante Osasuna, quedando más abierto el puesto por la derecha pero con ventaja para Estrada. Los centrales serán Iñigo Martínez y Demidov, con Ansotegi en el banquillo. El regreso a la lista de Markel le concede opciones de ser titular para dar descanso a Elustondo. Tampoco sería descartable que Mariga sentara a Aranburu o Zurutuza, a pesar del riesgo que supone cambiar a dos de los tres centrocampistas de un engranaje que ha demostrado que funciona. Para ayudar a su recuperación, Xabi Prieto apunta a titular por la derecha, por lo que Griezmann, Vela, Agirretxe e Ifrán (que ya jugó en punta desde el inicio en la vuelta de la eliminatoria contra el Granada) se disputan los otros dos puestos de la vanguardia. En realidad, el único suplente seguro de antemano para este partido parece ser Toño. Todos los demás podrían jugar.
Con el resultado del primer partido de esta eliminatoria, la estadística se ha puesto claramente del lado txuri urdin. La Real nunca ha caído eliminada después de conseguir un 2-0 en el encuentro de ida, algo que consiguió en nueve ocasiones, cinco de ellas como ha sucedido ahora jugando el primer partido en casa. Pero, ojo, que muchas de esas clasificaciones fueron con mucho sufrimiento. En la temporada 69-70 hubo que recurrir a un partido de desempate contra el Oviedo, en las 75-76 y 82-83 se llegó hasta los penaltis respectivamente contra Las Palmas y Salamanca, y en la 77-78 se eliminó al Madrid con un 2-1 en el Bernabéu lleno de emoción. Cabe recordar que jugando en Copa contra el Mallorca, la Real fue eliminada en las dos primeras eliminatorias que disputó (59-60 y 65-66) y venció en la última (76-77). Sólo en una ocasión en toda su historia desperdició la Real una ventaja de dos goles lograda en el partido de ida copero. Fue en la temporada 74-75 y el rival en aquellos cuartos de final fue el Athletic de Bilbao. El 3-1 que registró el marcador en ambos partidos se resolvió en los penaltis, donde ganaron los bilbaínos.
De los 21 resultados en los duelos Mallorca - Real Sociedad disputados en la historia de la Liga, el equipo txuri urdin sólo caería eliminado con el 5-2 de la campaña 2005-2006 y jugaría la prórroga con el 2-0 de la pasada campaña. Pero es que, además, sólo tres de los 19 resultados que clasificarían a la Real dejarían al equipo de Montanier al borde de la eliminación y al Mallorca a un solo gol de forzar la prórroga (los 1-0 de las 61-62, 86-87 y 98-99). En el partido de la 2010-2011, el conjunto dirigido por Martín Lasarte cuajó un partido horrendo. Encajó pronto, nada más empezar el duelo, y éste quedó decidido a más de media hora para el final, cuando Bravo encajó el segundo. Lasarte intento arriesgar con una delantera de dos, Tamudo y Llorente, que nunca le gustó demasiado, pero ni así consiguió generar ocasiones de peligro. En esta temporada, la 2011-2012, ya se ha jugado el partido de Liga en las islas, con un 2-1 para el equipo local bastante injusto, pues la Real disparó tres veces al palo. El Mallorca viene en Copa de remontar un 0-1 al Sporting con un 0-2 en El Molinón y la Real de estar muy cerca de dilapidar un 4-1 en la ida con el 2-0 de la vuelta en Granada.
Montanier ha decidido no hacer una revolución en la convocatoria, pero sí ha dejado las habituales sorpresas con los tres cambios que ha introducido, y con uno hasta ahora habitual que no se produce para este partido de vuelta de los octavos de final. No hay sorpresa en la portería, pues Bravo tendrá que ver el partido por televisión, con lo que Zubikarai volverá a ser el titular y Toño Ramírez el suplente. Mikel González vuelve a descansar en la Copa e Iñigo Martínez, que no estuvo ante el Osasuna y que no podrá jugar de nuevo el sábado en Mestalla por seguir sancionado, apunta a titular en su regreso a la lista, su primera en el año. El tercer relevo es la salida de Rubén Pardo, algo previsible después de jugar ayer los 90 minutos con el Sanse, que deja su lugar a Markel Bergara. Sorprende que esta vez no haya relevo en la delantera, con lo que Llorente sigue fuera. Illarramendi es el único jugador con el que no puede contar ahora mismo Montanier, por lo que el resto de las ausencias obedece a decisiones técnicas.
Parece evidente que Zubikarai estará bajo palos. La ausencia de Carlos Martínez (estará en principio para Mestalla) hace que Estrada, Cadamuro y De la Bella se jueguen los dos puestos de laterales. Parece lógico que éste último juegue por la izquierda, al ser el que no disputó ni un solo minuto ante Osasuna, quedando más abierto el puesto por la derecha pero con ventaja para Estrada. Los centrales serán Iñigo Martínez y Demidov, con Ansotegi en el banquillo. El regreso a la lista de Markel le concede opciones de ser titular para dar descanso a Elustondo. Tampoco sería descartable que Mariga sentara a Aranburu o Zurutuza, a pesar del riesgo que supone cambiar a dos de los tres centrocampistas de un engranaje que ha demostrado que funciona. Para ayudar a su recuperación, Xabi Prieto apunta a titular por la derecha, por lo que Griezmann, Vela, Agirretxe e Ifrán (que ya jugó en punta desde el inicio en la vuelta de la eliminatoria contra el Granada) se disputan los otros dos puestos de la vanguardia. En realidad, el único suplente seguro de antemano para este partido parece ser Toño. Todos los demás podrían jugar.
Con el resultado del primer partido de esta eliminatoria, la estadística se ha puesto claramente del lado txuri urdin. La Real nunca ha caído eliminada después de conseguir un 2-0 en el encuentro de ida, algo que consiguió en nueve ocasiones, cinco de ellas como ha sucedido ahora jugando el primer partido en casa. Pero, ojo, que muchas de esas clasificaciones fueron con mucho sufrimiento. En la temporada 69-70 hubo que recurrir a un partido de desempate contra el Oviedo, en las 75-76 y 82-83 se llegó hasta los penaltis respectivamente contra Las Palmas y Salamanca, y en la 77-78 se eliminó al Madrid con un 2-1 en el Bernabéu lleno de emoción. Cabe recordar que jugando en Copa contra el Mallorca, la Real fue eliminada en las dos primeras eliminatorias que disputó (59-60 y 65-66) y venció en la última (76-77). Sólo en una ocasión en toda su historia desperdició la Real una ventaja de dos goles lograda en el partido de ida copero. Fue en la temporada 74-75 y el rival en aquellos cuartos de final fue el Athletic de Bilbao. El 3-1 que registró el marcador en ambos partidos se resolvió en los penaltis, donde ganaron los bilbaínos.
De los 21 resultados en los duelos Mallorca - Real Sociedad disputados en la historia de la Liga, el equipo txuri urdin sólo caería eliminado con el 5-2 de la campaña 2005-2006 y jugaría la prórroga con el 2-0 de la pasada campaña. Pero es que, además, sólo tres de los 19 resultados que clasificarían a la Real dejarían al equipo de Montanier al borde de la eliminación y al Mallorca a un solo gol de forzar la prórroga (los 1-0 de las 61-62, 86-87 y 98-99). En el partido de la 2010-2011, el conjunto dirigido por Martín Lasarte cuajó un partido horrendo. Encajó pronto, nada más empezar el duelo, y éste quedó decidido a más de media hora para el final, cuando Bravo encajó el segundo. Lasarte intento arriesgar con una delantera de dos, Tamudo y Llorente, que nunca le gustó demasiado, pero ni así consiguió generar ocasiones de peligro. En esta temporada, la 2011-2012, ya se ha jugado el partido de Liga en las islas, con un 2-1 para el equipo local bastante injusto, pues la Real disparó tres veces al palo. El Mallorca viene en Copa de remontar un 0-1 al Sporting con un 0-2 en El Molinón y la Real de estar muy cerca de dilapidar un 4-1 en la ida con el 2-0 de la vuelta en Granada.
sábado, enero 07, 2012
REAL SOCIEDAD 0 - OSASUNA 0 Baño sin premio
Un auténtico baño es lo que se ha llevado Osasuna de Anoeta, pero al mismo tiempo ha sacado un inmerecido punto. La Real hizo un partido para golear y obtuvo el mismo premio que el equipo visitante. Cosas del fútbol. Hoy ha sido uno de esos días en los que sólo se puede considerar increíble que no entrara una triste y mísera ocasión, sólo una, para repetir el raquítico pero merecidísimo 1-0 con el que acabó este partido la temporada pasada. Porque la Real las ha tenido de todos los colores. En más de una ocasión Montanier ha insinuado que las críticas que recibió, y que sigue recibiendo, tenían su razón de ser en las derrotas. El de hoy es el partido que evidencia que esa afirmación no tiene ningún sentido. Hoy la Real podría haber perdido en una de las ocasiones aisladas de las que ha dispuesto Osasuna, y el juicio tendría que ser el mismo: de elogio constante a la actuación del equipo txuri urdin. Y eso que el técnico francés no acertó con los cambios, pero hoy hoy más lógica que en aquellos desafortunados meses de derrotas. Por eso, aunque no consiguiera ganar, la Real compitió a un altísimo nivel. Y no ganó porque no entró un gol.
Montanier apostó por un equipo muy similar al que jugó en la Copa ante el Mallorca, poniendo a Vela y Cadamuro por Xabi Prieto y De la Bella, dos titulares que no pasan por su mejor momento y que tendrían que ponerse ya las pilas. Eso tiene dos lecturas. Por un lado, que la Copa interesa, menos mal, y ojalá eso sea el camino del éxito. Desde luego es algo digno por fin de aplauso. Por otro, que el partido copero del pasado miércoles podía pasarle factura al equipo, sobre todo a su centro del campo, según transcurrieran los minutos. Pero a eso volveremos más adelante. Con esa apuesta, el partido comenzó abierto, como de hecho arrancó el duelo del miércoles contra el Mallorca. No tuvo Bravo que intervenir en la primera mitad, eso sí, y esta vez el inicio del recital txuri urdin, más intenso que el de Copa, no vino anunciado con un gol, pero el partido tuvo cierta similitud con el del pasado miércoles. O, más concretamente, con el mismo que disputó ante Osasuna el año pasado. Lo que ofreció la Real fue un carrusel de ocasiones sin premio durante toda la primera mitad.
Ese carrusel tiene varias razones de ser, y la fundamental es que Montanier ha encontrado, por fin, el centro del campo con el que este equipo es capaz de deslumbrar. Elustondo vive su segundo gran momento en la Real, después del inicio de la temporada de Lillo que le truncó aquella lesión de tobillo. Es la brújula del equipo, tanto en defensa como en ataque. Ha dado un recital, formidablemente acompañado por Aranburu y Zurutuza, espléndidos también los dos. Con ellos, el juego ofensivo txuri urdin funciona. Y, es noticia, también el defensivo. Osasuna no generó nada de peligro. Demidov subió enteros y Mikel González volvió a ofrecer un lección magistral en el corte. En ataque, Vela se mostraba muy incisivo, muy móvil, muy metido en el juego, pero le faltó carácter de líder como para sentenciar el partido. Nada que reprocharle, porque lo dejó todo en la cancha. Griezmann empezó gris, desconectado de Cadamuro (no es lateral izquierdo, aunque Loren siga sin ver que es una cojera perenne en este equipo). Y Agirretxe, menos acertado que el miércoles, pero igual de peleón.
Pudo marcar Zurutuza en un centro chut que estuvo a punto de comerse el portero osasunista. Pudo marcar Agirrexe con un disparo desde fuera del área. Pudo marcar Vela de falta directa. Pudo marcar Griezmann en un disparo a bocajarro que Andrés sacó con seguridad. Pudo marcar Cadamuro tras recibir en fuera de juego un centro desde la banda opuesta. Pudo marcar otra vez Vela tras un fantástico pase de Agirretxe. Pudo marcar Agirretxe de nuevo, en un córner en el que no llegó a encontrar el balón. Pudo marcar Griezmann dos veces más, una desde fuera y otra desde dentro del área. Y pudo marcar finalmente Vela que lanzó arriba un disparo cuando tenía posición para hacer algo más. Faltó la efectividad que sí tuvo el equipo ante el Mallorca, pero ese fue el resultado de los esfuerzos de la Real en la primera parte, 45 minutos en los que el marcador tuvo que ponerse del lado del equipo txuri urdin si esto del fútbol se rigiera por la justicia. A Osasuna se le apareció la virgen, porque nunca encontró la forma de parar a la Real.
Segunda mitad. El escenario cambió levemente. Osasuna encontró más espacios en el centro del campo y tuvo alguna ocasión en la que pudo llegar a marcar. Pero la Real también. La intensidad del dominio realista fue más inconstante, pero todo estuvo del lado txuri urdin con mucha claridad. No tuvo tantísimas ocasiones como en la primera mitad, pero gozó de algunas llegadas que tendrían que haber dado la merecida ventaja en el marcador. Si no antes, con alguna intentona de Griezmann sobre todo, sí en el minuto 87 con un disparo de Ifrán que sacó de nuevo Andrés, indudablemente el mejor de Osasuna en el partido de hoy. El equipo rojillo encontró oxígeno gracias a errores de la Real, sobre todo nada más iniciarse la segunda mitad en una pérdida de balón de Elustondo, y algún disparo que ni siquiera forzó intervenciones de Bravo. El 0-0 era un premio inmenso para un equipo que claramente se conformó con ese resultado, en lo que colaboró un horrendo Teixeira Vitienes que, escamoteando unas cuantas tarjetas a jugadores de Osasuna y sin añadir un sólo segundo por las constantes pérdidas de tiempo, colaboró con la estrategia rojilla.
Montanier apostó por la continuidad y eso hay que aplaudirlo. A finales del año pasado, hace dos días como quien dice, al técnico francés le entró un ataque de sentido común que es lo que está provocando que el equipo txuri urdin muestre todas sus virtudes, comience a sumar puntos y esté en el camino de hacer algo muy bonito en la Copa. El problema es que lo combina con arrebatos inexplicables que ponen en peligro todo el crédito que se consigue, como sus cambios en Sevilla o el inexplicable ataque de histeria en Granada en la Copa. Hoy Montanier ha dejado algún síntoma preocupante más, a pesar, insisto, de que hay que aplaudirle que haya visto que la continuidad y la lógica funcionan. Hoy la Real ha insistido en botar en corto los numerosos córners de los que ha gozado. Vela y Zurutuza hacían siempre las jugadas y fue una insistencia extraña, que se perpetuó a pesar de la defensa permanente de dos defensores osasunistas y a veces incluso sin estar a la distancia reglamentaria. Crearon peligro en la decena de saques de esquina en corto, sí, pero también en los escasos dos que sacaron al corazón del área. Dio la impresión de que el plan era el plan y salirse de él era algo prohibido, y así seguramente se perdió alguna ocasión de generar peligro.
Los cambios tampoco ayudaron al equipo. Al contrario, le quitaron opciones. A los 66 minutos, Xabi Prieto entró Agirretxe y Vela se colocó de delantero centro. Las actuaciones del mexicano en punta coincidieron con los peores momentos de la Real en la temporada y, de hecho, con el cambio ya desapareció por completo. Xabi Prieto comenzó apocado, como toda la temporada, pero acabó interviniendo mucho y bien. Ojalá sea el comienzo de su despertar. Sin Agirretxe se perdió capacidad de pelea, se perdió la opción de bajar balones de espalda y que sus extremos cogieron la espalda de la defensa, como Griezmann había hecho en bastantes momentos de una gran segunda mitad. Montanier pareció darse cuenta del error y su segundo cambio fue colocar a Ifrán de delantero en lugar de Vela. ¿Y el tercer cambio? No llegó. ¿Por qué? Eso es digno de análisis. Llorente estaba en la grada. Mariga ya no parece contar, aunque se haya garantizado su continuidad y por Pardo no hay una apuesta clara, se diga lo que se diga. Hoy el centro del campo pedía a gritos un refresco y no entraron ninguno de los dos. Elustondo, Aranburu y Zurutuza se vaciaron. Y por momentos parecían fundidos aunque aguantaran hasta el final. Pero tuvieron que aguantar.
En cualquier caso, esos detalles cobran importancia porque son repetición de errores ya vividos. No tiene nada que ver con el resultado de hoy. Porque Osasuna debió salir goleado de Anoeta. Fue uno de esos días. A mí, desde luego, no me salen críticas a esta Real que ha hecho todo lo posible por ganar. Me preocupa la situación porque sólo ha sumado un punto para llegar a 18. Quedan dos partidos para el final de la primera vuelta (nada menos que la visita a Mestalla y la del Atlético de Madrid a Anoeta) y no hemos llegado a la mitad de los puntos necesarios para la permanencia. Eso se debe a la locura de aquellos dos meses de infausto recuerdo en los que la Real, comandada por las erráticas decisiones de su entrenador, tiró partidos y partidos sin que nadie entendiera muy bien por qué. Eso es lo preocupante, que lo sucedido en el primer tramo de la temporada sigue lastrando el futuro del equipo en la Liga. ¿Lo de hoy? Eso no es nada preocupante, al contrario. Hoy la Real ha hecho muchísimas cosas bien, ha merecido ganar con holgura y simplemente ha empatado a cero. Nada ver, con el mismo resultado, con la sensación que dejaron los partidos ante Getafe o Espanyol. Montanier, el camino es lo de hoy, no lo de entonces. Y ahora a rematar la eliminatoria de Copa.
Montanier apostó por un equipo muy similar al que jugó en la Copa ante el Mallorca, poniendo a Vela y Cadamuro por Xabi Prieto y De la Bella, dos titulares que no pasan por su mejor momento y que tendrían que ponerse ya las pilas. Eso tiene dos lecturas. Por un lado, que la Copa interesa, menos mal, y ojalá eso sea el camino del éxito. Desde luego es algo digno por fin de aplauso. Por otro, que el partido copero del pasado miércoles podía pasarle factura al equipo, sobre todo a su centro del campo, según transcurrieran los minutos. Pero a eso volveremos más adelante. Con esa apuesta, el partido comenzó abierto, como de hecho arrancó el duelo del miércoles contra el Mallorca. No tuvo Bravo que intervenir en la primera mitad, eso sí, y esta vez el inicio del recital txuri urdin, más intenso que el de Copa, no vino anunciado con un gol, pero el partido tuvo cierta similitud con el del pasado miércoles. O, más concretamente, con el mismo que disputó ante Osasuna el año pasado. Lo que ofreció la Real fue un carrusel de ocasiones sin premio durante toda la primera mitad.
Ese carrusel tiene varias razones de ser, y la fundamental es que Montanier ha encontrado, por fin, el centro del campo con el que este equipo es capaz de deslumbrar. Elustondo vive su segundo gran momento en la Real, después del inicio de la temporada de Lillo que le truncó aquella lesión de tobillo. Es la brújula del equipo, tanto en defensa como en ataque. Ha dado un recital, formidablemente acompañado por Aranburu y Zurutuza, espléndidos también los dos. Con ellos, el juego ofensivo txuri urdin funciona. Y, es noticia, también el defensivo. Osasuna no generó nada de peligro. Demidov subió enteros y Mikel González volvió a ofrecer un lección magistral en el corte. En ataque, Vela se mostraba muy incisivo, muy móvil, muy metido en el juego, pero le faltó carácter de líder como para sentenciar el partido. Nada que reprocharle, porque lo dejó todo en la cancha. Griezmann empezó gris, desconectado de Cadamuro (no es lateral izquierdo, aunque Loren siga sin ver que es una cojera perenne en este equipo). Y Agirretxe, menos acertado que el miércoles, pero igual de peleón.
Pudo marcar Zurutuza en un centro chut que estuvo a punto de comerse el portero osasunista. Pudo marcar Agirrexe con un disparo desde fuera del área. Pudo marcar Vela de falta directa. Pudo marcar Griezmann en un disparo a bocajarro que Andrés sacó con seguridad. Pudo marcar Cadamuro tras recibir en fuera de juego un centro desde la banda opuesta. Pudo marcar otra vez Vela tras un fantástico pase de Agirretxe. Pudo marcar Agirretxe de nuevo, en un córner en el que no llegó a encontrar el balón. Pudo marcar Griezmann dos veces más, una desde fuera y otra desde dentro del área. Y pudo marcar finalmente Vela que lanzó arriba un disparo cuando tenía posición para hacer algo más. Faltó la efectividad que sí tuvo el equipo ante el Mallorca, pero ese fue el resultado de los esfuerzos de la Real en la primera parte, 45 minutos en los que el marcador tuvo que ponerse del lado del equipo txuri urdin si esto del fútbol se rigiera por la justicia. A Osasuna se le apareció la virgen, porque nunca encontró la forma de parar a la Real.
Segunda mitad. El escenario cambió levemente. Osasuna encontró más espacios en el centro del campo y tuvo alguna ocasión en la que pudo llegar a marcar. Pero la Real también. La intensidad del dominio realista fue más inconstante, pero todo estuvo del lado txuri urdin con mucha claridad. No tuvo tantísimas ocasiones como en la primera mitad, pero gozó de algunas llegadas que tendrían que haber dado la merecida ventaja en el marcador. Si no antes, con alguna intentona de Griezmann sobre todo, sí en el minuto 87 con un disparo de Ifrán que sacó de nuevo Andrés, indudablemente el mejor de Osasuna en el partido de hoy. El equipo rojillo encontró oxígeno gracias a errores de la Real, sobre todo nada más iniciarse la segunda mitad en una pérdida de balón de Elustondo, y algún disparo que ni siquiera forzó intervenciones de Bravo. El 0-0 era un premio inmenso para un equipo que claramente se conformó con ese resultado, en lo que colaboró un horrendo Teixeira Vitienes que, escamoteando unas cuantas tarjetas a jugadores de Osasuna y sin añadir un sólo segundo por las constantes pérdidas de tiempo, colaboró con la estrategia rojilla.
Montanier apostó por la continuidad y eso hay que aplaudirlo. A finales del año pasado, hace dos días como quien dice, al técnico francés le entró un ataque de sentido común que es lo que está provocando que el equipo txuri urdin muestre todas sus virtudes, comience a sumar puntos y esté en el camino de hacer algo muy bonito en la Copa. El problema es que lo combina con arrebatos inexplicables que ponen en peligro todo el crédito que se consigue, como sus cambios en Sevilla o el inexplicable ataque de histeria en Granada en la Copa. Hoy Montanier ha dejado algún síntoma preocupante más, a pesar, insisto, de que hay que aplaudirle que haya visto que la continuidad y la lógica funcionan. Hoy la Real ha insistido en botar en corto los numerosos córners de los que ha gozado. Vela y Zurutuza hacían siempre las jugadas y fue una insistencia extraña, que se perpetuó a pesar de la defensa permanente de dos defensores osasunistas y a veces incluso sin estar a la distancia reglamentaria. Crearon peligro en la decena de saques de esquina en corto, sí, pero también en los escasos dos que sacaron al corazón del área. Dio la impresión de que el plan era el plan y salirse de él era algo prohibido, y así seguramente se perdió alguna ocasión de generar peligro.
Los cambios tampoco ayudaron al equipo. Al contrario, le quitaron opciones. A los 66 minutos, Xabi Prieto entró Agirretxe y Vela se colocó de delantero centro. Las actuaciones del mexicano en punta coincidieron con los peores momentos de la Real en la temporada y, de hecho, con el cambio ya desapareció por completo. Xabi Prieto comenzó apocado, como toda la temporada, pero acabó interviniendo mucho y bien. Ojalá sea el comienzo de su despertar. Sin Agirretxe se perdió capacidad de pelea, se perdió la opción de bajar balones de espalda y que sus extremos cogieron la espalda de la defensa, como Griezmann había hecho en bastantes momentos de una gran segunda mitad. Montanier pareció darse cuenta del error y su segundo cambio fue colocar a Ifrán de delantero en lugar de Vela. ¿Y el tercer cambio? No llegó. ¿Por qué? Eso es digno de análisis. Llorente estaba en la grada. Mariga ya no parece contar, aunque se haya garantizado su continuidad y por Pardo no hay una apuesta clara, se diga lo que se diga. Hoy el centro del campo pedía a gritos un refresco y no entraron ninguno de los dos. Elustondo, Aranburu y Zurutuza se vaciaron. Y por momentos parecían fundidos aunque aguantaran hasta el final. Pero tuvieron que aguantar.
En cualquier caso, esos detalles cobran importancia porque son repetición de errores ya vividos. No tiene nada que ver con el resultado de hoy. Porque Osasuna debió salir goleado de Anoeta. Fue uno de esos días. A mí, desde luego, no me salen críticas a esta Real que ha hecho todo lo posible por ganar. Me preocupa la situación porque sólo ha sumado un punto para llegar a 18. Quedan dos partidos para el final de la primera vuelta (nada menos que la visita a Mestalla y la del Atlético de Madrid a Anoeta) y no hemos llegado a la mitad de los puntos necesarios para la permanencia. Eso se debe a la locura de aquellos dos meses de infausto recuerdo en los que la Real, comandada por las erráticas decisiones de su entrenador, tiró partidos y partidos sin que nadie entendiera muy bien por qué. Eso es lo preocupante, que lo sucedido en el primer tramo de la temporada sigue lastrando el futuro del equipo en la Liga. ¿Lo de hoy? Eso no es nada preocupante, al contrario. Hoy la Real ha hecho muchísimas cosas bien, ha merecido ganar con holgura y simplemente ha empatado a cero. Nada ver, con el mismo resultado, con la sensación que dejaron los partidos ante Getafe o Espanyol. Montanier, el camino es lo de hoy, no lo de entonces. Y ahora a rematar la eliminatoria de Copa.
viernes, enero 06, 2012
PREVIA Real Sociedad - Osasuna. La cuesta de enero
El gran inicio de la cuesta de enero con la victoria copera ante el Mallorca ya pasó. Llega el segundo obstáculo del año (sábado, 18.00 horas, Anoeta, Canal + Liga 2, PPV) vestido con la camiseta rojilla de Osasuna. La euforia de la Copa del Rey tiene que dejar paso a la necesidad de seguir sumando en Liga. Si la realidad del torneo del KO es ilusionante y muy positiva, la del campeonato de la regularidad obliga a ganar en casa cuantos más partidos mejor para evitar disgustos y urgencias de última hora. Esa es la tarea que se ha autoimpuesto la Real tras aquella delirante y nefasta racha de ocho encuentros sin conocer la victoria y más teniendo en cuenta que las dos próximas salidas del equipo txuri urdin serán a Camp Nou y Mestalla, donde Montanier hará frente a una nueva prueba para saber si la sensatez sigue presidiendo su trabajo o si los experimentos pueden volver tan de repente como se marcharon. Pero no anticipemos acontecimientos, que además la Real suele tener problemas en las semanas en las que junta tres partidos. Toca Osauna. Toca ganar.
La primera lista liguera de Montanier en 2012 es una continuación de la que ofreció para el partido de Copa de hace sólo dos días. Hay sólo dos cambios. El primero, más que previsible, es el regreso de Claudio Bravo para ser el guardameta titular. Toño Ramírez verá el encuentro desde la grada y Zubikarai, el titular de la Copa, volverá al banquillo. El segundo cambio empieza a ser algo habitual: un delantero por otro. Ifrán por Llorente, que seguirá sin optar a la continuidad que necesita. En la lista de bajas siguen los dos jugadores que se mantienen en el dique seco, Illarramendi y Carlos Martínez. Éste último no ha llegado a tiempo para el encuentro ante Osasuna y habrá que ver si está para el partido de vuelta ante el Mallorca. Además, Iñigo Martínez cumple el primero de los dos partidos de sanción que afronta por su expulsión en el último partido del año pasado, ante el Racing. El que no consigue entrar en las listas de Montanier tras lesionarse en Vallecas es Markel Bergara. Sarpong, séptimo atacante del equipo y al que dicen que el club está buscando una salida, también se queda fuera.
Habiendo jugado el miércoles y con otro partido el próximo martes es bastante complicado conocer los planes de Montanier. Sin embargo, y dando como segura la presencia bajo palos de Bravo, sería muy extraño que la defensa no fuera la misma que ante el Mallorca, la formada por Estrada por la derecha, De la Bella por la izquierda y Mikel González y Demidov por el centro. Cadamuro y Ansotegi apuntan a suplentes, aunque no sería raro del todo que éste último sustituyera a Demidov. El gran partido copero del centro del campo formado por Elustondo, Aranburu y Zurutuza podría provocar su continuidad, pero Mariga y Pardo tienen sus opciones. En ataque parece evidente que Vela, tras descansar en Copa, estará en el once. Xabi Prieto, Griezmann, e Ifrán, con muchas menos opciones para este último, parecen jugarse el otro puesto. Agirretxe, en vena de aciertos y pletórico de forma, debería seguir en el once dada la importancia de este partido para seguir sumando en Liga, y si entra en alguna rotación que sea en la vuelta contra el Mallorca.
La Real arranca la jornada en la decimoquinta posición, con 17 puntos, sólo dos por encima de la zona de descenso y nada menos que ocho puntos por debajo de Osasuna, que ocupa la quinta plaza de la Liga y puesto europeo gracias a su magnífica racha de los últimos meses (sólo una derrota en los últimos nueve partidos, y además en el Bernabéu, sumando más puntos en ese tramo que la Real en toda la Liga, 18). El equipo txuri urdin acumula cinco jornadas ligueras sin conocer la derrota (dos victorias y tres empates), y su última comparecencia en Anoeta fue la gloriosa y postrera remontada al Málaga, pero aún no ha sido capaz de sumar dos victorias consecutivas en casa, donde sólo ha ganado dos de sus siete encuentros. Osasuna sólo venció en una ocasión a domicilio (1-2 al Espanyol, también el 1-3 en Almería que le sirvió para pasar a octavos de la Copa, en cuyo partido de ida fue goleado por el Barça), pero ha arrancado cuatro empates y sólo ha cedido ante Barcelona, Athletic y Real Madrid. La Real no gana el primer partido liguero del año desde la temporada de su descenso a Segunda, la 2006-2007. ¿El rival de aquel día? Osasuna.
El conjunto plamplonica es uno de los más asequibles para la Real según la estadística. En total, se han visto las caras en Donostia en 35 ocasiones, de las que 25 se saldaron con triunfo txuri urdin, con cinco empates y otras tantas derrotas. En Primera División han sido 28 los enfrentamientos. La Real ganó 19, empató cinco y perdió cuatro. La mayor goleada es el 4-1 de la temporada 1959-1960, con dos goles de Aznar, uno de Gallastegui otro de Paz. Osasuna disfrutó de su mejor resultado con el 1-3 de la temporada 1992-1993, en el último de los enfrentamientos entre estos dos equipos que se celebró en el viejo campo de Atotxa. Los rojillos se han quedado sin marcar nada menos que en 16 de los 28 partidos de Primera jugados en San Sebastián. En Anoeta se han visto las caras en nueve ocasiones, con siete victorias para la Real. El nuevo estadio no ha visto un empate entre estos dos equipos, a excepción del duelo copero de la temporada 1996-1997, a uno, con el que Osasuna apeó a la Real. En Segunda, el balance es todavía más favorable a los locales, con seis victorias y una derrota en siete partidos.
La pasada temporada, la 2010-2011, la Real venció por la mínima a Osasuna en su visita a Anoeta. El 1-0 final no hizo justicia a las incontables ocasiones de gol de las que dispuso el equipo de Martín Lasarte durante todo el encuentro, incluso un libre indirecto dentro del área que no aprovechó. Debió golear y ganó casi de forma agónica. Tamudo anotó el único gol, en una jugada muy suya, de mucha picardía, de delantero inteligente y en posición forzada. Quedaban sólo 17 minutos para el final cuando llegó el gol. Osasuna tuvo dos claras ocasiones de gol en todo el partido, pobre partido por su parte. Pudo haberse adelantado con ellas, pero hubiera sido muy cruel para los méritos del equipo txuri urdin. La victoria colocó a la Real con los mismos puntos que el séptimo clasificado, soñando con Europa. Pero éste fue el último triunfo antes de encadenar siete jornadas sin ganar, lo que metió al equipo de lleno en la lucha por la permanencia. Como curiosidad, recordar que el de Osasuna fue el único partido de la pasada temporada en el que un rival txuri urdin vio la tarjeta roja. No es que fuera una superioridad numérica prolongada, pues la expulsión llegó en el descuento, pero es que eso de ver al rival con uno menos no es precisamente una costumbre en la Real.
La primera lista liguera de Montanier en 2012 es una continuación de la que ofreció para el partido de Copa de hace sólo dos días. Hay sólo dos cambios. El primero, más que previsible, es el regreso de Claudio Bravo para ser el guardameta titular. Toño Ramírez verá el encuentro desde la grada y Zubikarai, el titular de la Copa, volverá al banquillo. El segundo cambio empieza a ser algo habitual: un delantero por otro. Ifrán por Llorente, que seguirá sin optar a la continuidad que necesita. En la lista de bajas siguen los dos jugadores que se mantienen en el dique seco, Illarramendi y Carlos Martínez. Éste último no ha llegado a tiempo para el encuentro ante Osasuna y habrá que ver si está para el partido de vuelta ante el Mallorca. Además, Iñigo Martínez cumple el primero de los dos partidos de sanción que afronta por su expulsión en el último partido del año pasado, ante el Racing. El que no consigue entrar en las listas de Montanier tras lesionarse en Vallecas es Markel Bergara. Sarpong, séptimo atacante del equipo y al que dicen que el club está buscando una salida, también se queda fuera.
Habiendo jugado el miércoles y con otro partido el próximo martes es bastante complicado conocer los planes de Montanier. Sin embargo, y dando como segura la presencia bajo palos de Bravo, sería muy extraño que la defensa no fuera la misma que ante el Mallorca, la formada por Estrada por la derecha, De la Bella por la izquierda y Mikel González y Demidov por el centro. Cadamuro y Ansotegi apuntan a suplentes, aunque no sería raro del todo que éste último sustituyera a Demidov. El gran partido copero del centro del campo formado por Elustondo, Aranburu y Zurutuza podría provocar su continuidad, pero Mariga y Pardo tienen sus opciones. En ataque parece evidente que Vela, tras descansar en Copa, estará en el once. Xabi Prieto, Griezmann, e Ifrán, con muchas menos opciones para este último, parecen jugarse el otro puesto. Agirretxe, en vena de aciertos y pletórico de forma, debería seguir en el once dada la importancia de este partido para seguir sumando en Liga, y si entra en alguna rotación que sea en la vuelta contra el Mallorca.
La Real arranca la jornada en la decimoquinta posición, con 17 puntos, sólo dos por encima de la zona de descenso y nada menos que ocho puntos por debajo de Osasuna, que ocupa la quinta plaza de la Liga y puesto europeo gracias a su magnífica racha de los últimos meses (sólo una derrota en los últimos nueve partidos, y además en el Bernabéu, sumando más puntos en ese tramo que la Real en toda la Liga, 18). El equipo txuri urdin acumula cinco jornadas ligueras sin conocer la derrota (dos victorias y tres empates), y su última comparecencia en Anoeta fue la gloriosa y postrera remontada al Málaga, pero aún no ha sido capaz de sumar dos victorias consecutivas en casa, donde sólo ha ganado dos de sus siete encuentros. Osasuna sólo venció en una ocasión a domicilio (1-2 al Espanyol, también el 1-3 en Almería que le sirvió para pasar a octavos de la Copa, en cuyo partido de ida fue goleado por el Barça), pero ha arrancado cuatro empates y sólo ha cedido ante Barcelona, Athletic y Real Madrid. La Real no gana el primer partido liguero del año desde la temporada de su descenso a Segunda, la 2006-2007. ¿El rival de aquel día? Osasuna.
El conjunto plamplonica es uno de los más asequibles para la Real según la estadística. En total, se han visto las caras en Donostia en 35 ocasiones, de las que 25 se saldaron con triunfo txuri urdin, con cinco empates y otras tantas derrotas. En Primera División han sido 28 los enfrentamientos. La Real ganó 19, empató cinco y perdió cuatro. La mayor goleada es el 4-1 de la temporada 1959-1960, con dos goles de Aznar, uno de Gallastegui otro de Paz. Osasuna disfrutó de su mejor resultado con el 1-3 de la temporada 1992-1993, en el último de los enfrentamientos entre estos dos equipos que se celebró en el viejo campo de Atotxa. Los rojillos se han quedado sin marcar nada menos que en 16 de los 28 partidos de Primera jugados en San Sebastián. En Anoeta se han visto las caras en nueve ocasiones, con siete victorias para la Real. El nuevo estadio no ha visto un empate entre estos dos equipos, a excepción del duelo copero de la temporada 1996-1997, a uno, con el que Osasuna apeó a la Real. En Segunda, el balance es todavía más favorable a los locales, con seis victorias y una derrota en siete partidos.
La pasada temporada, la 2010-2011, la Real venció por la mínima a Osasuna en su visita a Anoeta. El 1-0 final no hizo justicia a las incontables ocasiones de gol de las que dispuso el equipo de Martín Lasarte durante todo el encuentro, incluso un libre indirecto dentro del área que no aprovechó. Debió golear y ganó casi de forma agónica. Tamudo anotó el único gol, en una jugada muy suya, de mucha picardía, de delantero inteligente y en posición forzada. Quedaban sólo 17 minutos para el final cuando llegó el gol. Osasuna tuvo dos claras ocasiones de gol en todo el partido, pobre partido por su parte. Pudo haberse adelantado con ellas, pero hubiera sido muy cruel para los méritos del equipo txuri urdin. La victoria colocó a la Real con los mismos puntos que el séptimo clasificado, soñando con Europa. Pero éste fue el último triunfo antes de encadenar siete jornadas sin ganar, lo que metió al equipo de lleno en la lucha por la permanencia. Como curiosidad, recordar que el de Osasuna fue el único partido de la pasada temporada en el que un rival txuri urdin vio la tarjeta roja. No es que fuera una superioridad numérica prolongada, pues la expulsión llegó en el descuento, pero es que eso de ver al rival con uno menos no es precisamente una costumbre en la Real.
miércoles, enero 04, 2012
REAL SOCIEDAD 2 - MALLORCA 0 La contundencia de un resultado magnífico
Un 2-0 en la Copa del Rey es un resultado magnífico, se mire por donde se mire. Y eso es lo que ha conseguido la Real. Qué cosas, 23 años de decepciones y resulta que ahora el equipo txuri urdin se ha abonado a ganar en Anoeta en esta competición con una solvencia, una contundencia y una inteligencia a la que no estábamos acostumbrados. No fue un gran partido, pero la Real hizo muchas cosas francamente bien y por eso el resultado fue una consecuencia lógica de que lo sucedió en el terreno de juego durante los 90 minutos. Un día más, se demuestra que con sensatez en la gestión de sus elementos, este equipo tiene mucho que ofrecer. Y sensatez es lo que hubo hoy en todo momento. No sólo en la alineación y en los cambios, sino en la lectura del partido, tanto por parte del entrenador como por parte de los jugadores. La Real hoy entendió el partido. Hoy fue un equipo, y así es tan difícil que pierda como fácil que lo haga si no aprovecha sus virtudes. Pero además de ser un equipo, la exhibición que dio Agirretxe, con gol y asistencia incluidos, merece ser destacada.
Montanier apostó por un once muy reconocible, en el que la única sensación copera la ofrecía la anunciada presencia de Zubikarai en la portería en lugar de Bravo. Lo demás, muy lógico, muy sensato, muy de agradecer. Y es que viendo lo que hemos visto esta temporada, es obligado aplaudírselo a Montanier. Sólo falta que él mismo lo vea tan claro como tantos otros lo hemos visto en las peores debacles de esta temporada, que las ha habido y de envergadura. Elustondo de cuatro, con Zurutuza y Aranburu por delante y el tridente mágico de la cantera en ataque: Griezmann, Xabi Prieto y Agirretxe. No son tanto los nombres (podrían jugar Carlos Martínez, Iñigo Martínez, Pardo, Vale o Llorente sin que cambiara nada sustancial), sino la sensatez La salida no fue tan explosiva como la que protagonizó la Real ante el Granada en la eliminatoria de dieciseisavos de final. Al contrario, las dos primeras llegadas de peligro las generó el Mallorca, con Hemed como protagonista. Zubikarai, más por colocación que por otras virtudes, sacó las dos. Entre medias, Agirretxe estuvo a punto de enganchar un disparo desviado de Griezmann y convertir el 1-0. Es decir, que el partido empezó muy abierto, quizá demasiado para los intereses de la Real, que no estaba terminando de dejar buenas sensaciones. Pero ahí llegó la auténtica sorpresa del partido.
Más de una y más de dos veces hemos visto esta temporada (y no sólo en ésta) a los rivales de los realistas generaban contraataques de jugadas de estrategia a favor. Pues bien, esta vez fue la Real la que aprovechó esa coyuntura. Quizá estemos aprendiendo estas cosas. Crucemos los dedos. Aranburu, qué imprescindible es el capitán para este equipo, condujo el balón durante muchos metros, sorteando incluso la tantas veces inevitable falta táctica. Abrió el balón a Agirretxe, que templó, controló y colocó el balón en el área para la llegada del mismo Aranburu, que conectó un precioso cabezazo picado. 1-0 y a la contra. Corría el minuto 17 y el gol sirvió para que el partido cambiara. La Real se vio en ventaja y se calmó. Empezó a tocar y tocar, salía desde atrás con el balón jugado, solventado con maestría la presión del Mallorca, que se empezaba a ver perdido en el campo. En el debe de la Real hay que decir que no supo aprovechar esos minutos de KO técnico del Mallorca y su abrumadora superioridad en la posesión para generar claras ocasiones de gol. No es una situación fácil de gestionar en una eliminatoria por la importancia de no encajar goles, pero faltó dar un paso más adelante para sentenciar la eliminatoria.
No lo hizo en parte también por la caótica actuación de Paradas Romero. En apenas dos minutos, pudo solventar las reiteradas faltas sin balón sobre Xabi Prieto con alguna segunda amarilla, pudo señalar penalti sobre Zurutuza tras recibir éste una coz (que pareció de todo menos involuntaria) y señaló un escandalósamente inexistente fuera de fuera en una jugada en la que Estrada se quedaba mano a mano frente a Calatayud. Sí pudo llegar el 2-0 en una jugada del omnipresente Agirretxe, que metió un balón al segundo palo que se quedó sin remate porque Elustondo y De la Bella se estorbaron. A pesar de que el Mallorca tuvo dos ocasiones claras de gol en los primeros minutos del partido y la Real apenas forzó intervenciones del portero visitante. Dejando eso al margen, la sensación era de justicia con el 1-0. El equipo de Montanier mandó y dominó, defendió de fábula, sin cometer errores, y rondó el área del Mallorca. Pero si un 1-0 es un resultado abierto en la Liga, en la Copa, y siendo además el partido de ida, no quiere decir prácticamente nada.
El Mallorca salió tras el descanso más entonado que la Real y desde el principio se le vio con intenciones de voltear la estadística de posesión. El equipo txuri urdin no se sintió incómodo con ese planteamiento, reculó unos pocos metros pero intensificó la presión en el centro del campo. ¿Resultado? Que el Mallorca era incapaz de alcanzar la frontal del área de Zubikarai, lo que redujo todo su peligro en la segunda mitad a un par de disparos lejanos que el portero realista solventó con mucha seguridad. Con eso y con una magnífica actuación de Mikel González comandando la defensa, fue más que suficiente para que dejar la portería a cero no corriera ningún peligro. El 1-0 es un buen resultado en la Copa, pero era evidente que con ese panorama la Real estaba en la obligación de buscar el segundo. Y éste llego en una magnífica jugada de contragolpe en la que intervinieron Elustondo, Griezmann y Aranburu. El disparo del capitán lo rechazó con el pie Calatayud y dio en el palo (¡otro palo más esta temporada!), pero el rechace lo cazó Agirretxe para anotar el segundo.
Con el gol, Agirretxe culminó un partido portentoso el que hizo absolutamente de todo. Aguantó balones, inició jugadas, forzó faltas, se mostró omnipresente, dio la asistencia del primer gol, marcó el segundo y fue un constante quebradero de cabeza para todo el Mallorca. Absolutamente impresionante en todo, pero sobre todo en la segunda mitad dando oxígeno a la defensa realista, ofreciéndose siempre como la primera salida del balón. Sencillamente impresionante. Y si llega a marcar el 3-0 después de un formidable control tras un larguísimo pase de Estrada, se hubiera merecido las dos orejas y el rabo. En el minuto 78, Llorente entró por Agirretxe. La ovación, más que merecida para un jugador con el que siempre hemos sido demasiado críticos a pesar de que es de los que más difícil lo han tenido para llegar hasta donde está. El cambio, por cierto, fue lógico. Tan lógico y sensato, qué cosas, como los otros dos que introdujo Montanier en la segunda mitad. Vela entró por Griezmann y Mariga por Aranburu. El primero buscaba la velocidad para montar contras y encontrar el 3-0 que finalmente no llegó. El segundo, para dar oxígeno y control al centro del campo. Se podrían haber hecho otros, pero fueron entendibles.
El marcador no se movió, tampoco hubo muchas opciones para ello. El 2-0 fue justo y sirve para encarrilar la eliminatoria, dejando además muy buenas noticias. La Real ganó porque jugó como un equipo. Porque la defensa se limitó a lo que sabe hacer y sus laterales ofrecieron constantes apoyos en ataque. Porque Elustondo no se complicó nunca y tuvo presencia en ataque. Porque el trabajo de Zurutuza y la llegada de Aranburu son imprescindibles. Y porque Agirretxe está en un estado de forma impresionante. Cierto que los dos extremos, Xabi Prieto y Griezmann, no estuvieron tan finos. Cierto que no se generaron cuantiosas ocasiones de gol. Pero la efectividad también gana partidos. Y en la Copa es evidente que, ganando, ya es más importante el cero en su portería que una goleada mayor. Sufrimos en Granada por el gol encajado en Anoeta y a pesar de los cuatro anotados. Ahora toca esperar, una vez más, que la sensatez siga presidiendo la gestión del equipo. Un 2-0 no es definitivo, pero es un resultado magnífico y contundente. Anoeta ya ha hecho su trabajo en esta eliminatoria, mejor imposible. Montanier dijo tras el sufrimiento en Granada que sabía que un gol fuera sentenciaba la eliminatoria. Ahora sucede lo mismo. Pero sería mejor buscarlo desde el principio. Jugando como sabe, no tengo dudas de que estaremos en la siguiente ronda.
Montanier apostó por un once muy reconocible, en el que la única sensación copera la ofrecía la anunciada presencia de Zubikarai en la portería en lugar de Bravo. Lo demás, muy lógico, muy sensato, muy de agradecer. Y es que viendo lo que hemos visto esta temporada, es obligado aplaudírselo a Montanier. Sólo falta que él mismo lo vea tan claro como tantos otros lo hemos visto en las peores debacles de esta temporada, que las ha habido y de envergadura. Elustondo de cuatro, con Zurutuza y Aranburu por delante y el tridente mágico de la cantera en ataque: Griezmann, Xabi Prieto y Agirretxe. No son tanto los nombres (podrían jugar Carlos Martínez, Iñigo Martínez, Pardo, Vale o Llorente sin que cambiara nada sustancial), sino la sensatez La salida no fue tan explosiva como la que protagonizó la Real ante el Granada en la eliminatoria de dieciseisavos de final. Al contrario, las dos primeras llegadas de peligro las generó el Mallorca, con Hemed como protagonista. Zubikarai, más por colocación que por otras virtudes, sacó las dos. Entre medias, Agirretxe estuvo a punto de enganchar un disparo desviado de Griezmann y convertir el 1-0. Es decir, que el partido empezó muy abierto, quizá demasiado para los intereses de la Real, que no estaba terminando de dejar buenas sensaciones. Pero ahí llegó la auténtica sorpresa del partido.
Más de una y más de dos veces hemos visto esta temporada (y no sólo en ésta) a los rivales de los realistas generaban contraataques de jugadas de estrategia a favor. Pues bien, esta vez fue la Real la que aprovechó esa coyuntura. Quizá estemos aprendiendo estas cosas. Crucemos los dedos. Aranburu, qué imprescindible es el capitán para este equipo, condujo el balón durante muchos metros, sorteando incluso la tantas veces inevitable falta táctica. Abrió el balón a Agirretxe, que templó, controló y colocó el balón en el área para la llegada del mismo Aranburu, que conectó un precioso cabezazo picado. 1-0 y a la contra. Corría el minuto 17 y el gol sirvió para que el partido cambiara. La Real se vio en ventaja y se calmó. Empezó a tocar y tocar, salía desde atrás con el balón jugado, solventado con maestría la presión del Mallorca, que se empezaba a ver perdido en el campo. En el debe de la Real hay que decir que no supo aprovechar esos minutos de KO técnico del Mallorca y su abrumadora superioridad en la posesión para generar claras ocasiones de gol. No es una situación fácil de gestionar en una eliminatoria por la importancia de no encajar goles, pero faltó dar un paso más adelante para sentenciar la eliminatoria.
No lo hizo en parte también por la caótica actuación de Paradas Romero. En apenas dos minutos, pudo solventar las reiteradas faltas sin balón sobre Xabi Prieto con alguna segunda amarilla, pudo señalar penalti sobre Zurutuza tras recibir éste una coz (que pareció de todo menos involuntaria) y señaló un escandalósamente inexistente fuera de fuera en una jugada en la que Estrada se quedaba mano a mano frente a Calatayud. Sí pudo llegar el 2-0 en una jugada del omnipresente Agirretxe, que metió un balón al segundo palo que se quedó sin remate porque Elustondo y De la Bella se estorbaron. A pesar de que el Mallorca tuvo dos ocasiones claras de gol en los primeros minutos del partido y la Real apenas forzó intervenciones del portero visitante. Dejando eso al margen, la sensación era de justicia con el 1-0. El equipo de Montanier mandó y dominó, defendió de fábula, sin cometer errores, y rondó el área del Mallorca. Pero si un 1-0 es un resultado abierto en la Liga, en la Copa, y siendo además el partido de ida, no quiere decir prácticamente nada.
El Mallorca salió tras el descanso más entonado que la Real y desde el principio se le vio con intenciones de voltear la estadística de posesión. El equipo txuri urdin no se sintió incómodo con ese planteamiento, reculó unos pocos metros pero intensificó la presión en el centro del campo. ¿Resultado? Que el Mallorca era incapaz de alcanzar la frontal del área de Zubikarai, lo que redujo todo su peligro en la segunda mitad a un par de disparos lejanos que el portero realista solventó con mucha seguridad. Con eso y con una magnífica actuación de Mikel González comandando la defensa, fue más que suficiente para que dejar la portería a cero no corriera ningún peligro. El 1-0 es un buen resultado en la Copa, pero era evidente que con ese panorama la Real estaba en la obligación de buscar el segundo. Y éste llego en una magnífica jugada de contragolpe en la que intervinieron Elustondo, Griezmann y Aranburu. El disparo del capitán lo rechazó con el pie Calatayud y dio en el palo (¡otro palo más esta temporada!), pero el rechace lo cazó Agirretxe para anotar el segundo.
Con el gol, Agirretxe culminó un partido portentoso el que hizo absolutamente de todo. Aguantó balones, inició jugadas, forzó faltas, se mostró omnipresente, dio la asistencia del primer gol, marcó el segundo y fue un constante quebradero de cabeza para todo el Mallorca. Absolutamente impresionante en todo, pero sobre todo en la segunda mitad dando oxígeno a la defensa realista, ofreciéndose siempre como la primera salida del balón. Sencillamente impresionante. Y si llega a marcar el 3-0 después de un formidable control tras un larguísimo pase de Estrada, se hubiera merecido las dos orejas y el rabo. En el minuto 78, Llorente entró por Agirretxe. La ovación, más que merecida para un jugador con el que siempre hemos sido demasiado críticos a pesar de que es de los que más difícil lo han tenido para llegar hasta donde está. El cambio, por cierto, fue lógico. Tan lógico y sensato, qué cosas, como los otros dos que introdujo Montanier en la segunda mitad. Vela entró por Griezmann y Mariga por Aranburu. El primero buscaba la velocidad para montar contras y encontrar el 3-0 que finalmente no llegó. El segundo, para dar oxígeno y control al centro del campo. Se podrían haber hecho otros, pero fueron entendibles.
El marcador no se movió, tampoco hubo muchas opciones para ello. El 2-0 fue justo y sirve para encarrilar la eliminatoria, dejando además muy buenas noticias. La Real ganó porque jugó como un equipo. Porque la defensa se limitó a lo que sabe hacer y sus laterales ofrecieron constantes apoyos en ataque. Porque Elustondo no se complicó nunca y tuvo presencia en ataque. Porque el trabajo de Zurutuza y la llegada de Aranburu son imprescindibles. Y porque Agirretxe está en un estado de forma impresionante. Cierto que los dos extremos, Xabi Prieto y Griezmann, no estuvieron tan finos. Cierto que no se generaron cuantiosas ocasiones de gol. Pero la efectividad también gana partidos. Y en la Copa es evidente que, ganando, ya es más importante el cero en su portería que una goleada mayor. Sufrimos en Granada por el gol encajado en Anoeta y a pesar de los cuatro anotados. Ahora toca esperar, una vez más, que la sensatez siga presidiendo la gestión del equipo. Un 2-0 no es definitivo, pero es un resultado magnífico y contundente. Anoeta ya ha hecho su trabajo en esta eliminatoria, mejor imposible. Montanier dijo tras el sufrimiento en Granada que sabía que un gol fuera sentenciaba la eliminatoria. Ahora sucede lo mismo. Pero sería mejor buscarlo desde el principio. Jugando como sabe, no tengo dudas de que estaremos en la siguiente ronda.
martes, enero 03, 2012
PREVIA Real Sociedad - Mallorca. Año nuevo, Copa nueva
Empieza 2012 con una novedad a la que no estamos acostumbrados: la Real sigue viva en la Copa del Rey y juega la ida de los octavos de final (miércoles, 20.00 horas, Anoeta; Canal + Liga 2), una ronda que todavía no había disputado en lo que llevamos de siglo. Que se dice pronto. El año nuevo nos ha traído una Copa nueva e ilusionante, pero también una carga de partidos inmensa para este mes de enero. Esa puede ser la principal dificultad con la que tendrá que lidiar Montanier y el equipo, y abre la puerta a que se produzcan rotaciones y se saque partido de toda la plantilla, pero también habrá que tener cuidado con la euforia que ha desatado un posible enfrentamiento contra el Athletic en cuartos de final. Antes están los octavos. Antes está el Mallorca. Paso a paso, como siempre ha sido cuando la Real ha funcionado. Pero también con los cinco sentidos puestos en una competición que este año, a diferencia de la inmensa mayoría de los anteriores en las últimas tres décadas, puede producir alegrías y dejar grandes noches, como la que ya vivió Anoeta ante el Granada en la anterior ronda.
La primera lista del año de Montanier sigue la línea de la primera parte de la temporada, sin grandes sorpresas pero con el toque habitual del galo. Es baja para este partido Illarramendi, todavía lejos de reaparecer. Carlos Martínez e Iñigo Martínez (que tampoco jugará el fin de semana ante Osasuna por sanción) son las secuelas que deja para la Real el partido de la Euskal Selekzioa. El técnico francés también confirmó que Bravo, al menos por el momento, no jugará en la Copa, pues es el guardameta que se ha quedado fuera de la lista. Entre los delanteros, que es lo que más morbo suele despertar de entre todas las elecciones de Montanier, el que se queda fuera en esta ocasión es Ifrán, para quien no parece haber cambiado la situación con el año nuevo. El regreso de Vela y Griezmann, que se perdieron el partido de vuelta de la anterior eliminatoria en Granada, el primero por lesión y el segundo porque adelantó sus vacaciones, le deja de nuevo sin sitio.
No es nada fácil saber qué alineación presentará Montanier. Siguiendo lo que aconteció en el doble duelo ante el Granada, Zubikarai parece el portero escogido para esta competición y repetiría ante el Mallorca. Ante la ausencia de Carlos Martínez, parece claro que De la Bella y Estrada ocuparán los laterales. Lo normal es que Demidov y Mikel González sean los centrales, aunque en función de las rotaciones que quiera hacer Montanier en este mes de enero Ansotegi también tiene opciones. Cadamuro, que además ha tenido molestias esta semana, estará en el banquillo. Y a partir de ahí, todo son hipótesis fuera del vestuario txuri urdin. Aranburu, Mariga, Elustondo, Zurutuza y Pardo se juegan las tres plazas del centro del campo. Elus terminó el año lesionado y Pardo como titular en Granada. Por delante, la situación es idéntica, cinco hombres para tres plazas: Xabi Prieto, Griezmann, Vela, Agirretxe y Llorente. Ante la proximidad de tantos partidos y con el encuentro más cercano hace ya dos semanas, es imposible anticipar los planes del entrenador francés.
Roto el prolongado y nefasto registro de no haber eliminado a un equipo de Primera desde que cayera el Real Madrid en su propio estadio en el año 1988, la Real ya sólo puede seguir haciendo historia en la Copa. El equipo txuri urdin no juega los octavos de final de la competición desde la temporada 1998-1999, y ésta fue su primera ronda en aquella campaña por estar disputando la Copa de la UEFA. De ambas competiciones, curiosamente, resultó eliminado por el Atlético de Madrid. La Real ha superado esta ronda de octavos de final más veces de las que se ha visto apeada, con 25 éxitos de 48 intentos. Visitar Mallorca y pensar en un hipotético duelo en cuartos de final ante el Athletic ha hecho recordar la Copa de la temporada 86-87, aquella en la que Arconada dio el título en los penaltis. En aquella ocasión, estos dos rivales se adelantaron una ronda y en el caso de los mallorquinistas se trataba de su filial (que se llevó de Atotxa la mayor goleada txuri urdin en la historia del torneo, 10-1). En todo caso, esa coincidencia y el hecho de que hayan pasado 25 años de la final de Zaragoza ante el Atlético de Madrid dan un cierto misticismo a la Copa de este año. El Mallorca viene de eliminar al Sporting, además en El Molinón.
El caprichoso bombo de la Copa ha emparejado a Real Sociedad y Mallorca en tres ocasiones, y en todas ellas, a diferencia de la actual eliminatoria, el primer partido se disputó en las islas. Y la primera y la tercera contienda tuvieron lugar en octavos de final, la misma ronda que en este nuevo duelo. Los mallorquinistas vencieron en las dos primeras ocasiones, y los donostiarras en el último precedente. En la temporada 59-60, el esperanzador empate a cero de la ida se truncó con el 1-3 que logró el Mallorca en Atotxa. En la 65-66, con la Real en Segunda y el Mallorca en Primera, aunque acabara el año descendiendo, los baleares ganaron los dos partidos: 2-0 en casa y 0-3 en Donostia. Y en la 76-77, la Real perdió 2-1 a domicilio, con gol de Kortabarria, pero remontó en la vuelta con un contundente 3-0 (dos goles de López Ufarte, uno de penalti, y otro de Iriarte). De los once partidos que ha jugado el Mallorca en Anoeta desde su inaguración, ha ganado cuatro, pero, atención al dato porque eso marcaría el desarrollo del partido de vuelta, ha conseguido marcar en nueve ocasiones.
Real Sociedad y Mallorca ya se han visto las caras esta temporada, aunque el partido liguero de la primera vuelta se disputó en las islas. Por tanto, el precedente más cercano de este partido es el duelo celebrado la pasada temporada, la 2010-2011. Ganó entonces la Real con un solitario gol de Tamudo. Aquel partido marcó el techo del equipo de Martín Lasarte. Aquellos tres puntos llevaron a la Real a la octava posición y a soñar con Europa. Lástima que precedieron a los ocho que estuvo el equipo sin conocer la victoria y eso condenó a luchar por la permanencia hasta el último suspiro. Con mucho viento y lluvia, la Real dominó en la primera mitad, pero sin golpear demasiado. El gol de Tamudo, de cabeza, llegó tras la reanudación, cuando el equipo de Lasarte se lanzó descaradamente a por la victoria y a pesar de las adversas condiciones climatológicas. Pudo marcar el segundo, ocasiones tuvo, pero el Mallorca salió vivo de esos minutos y apretó en el tramo final, aunque la bien trabajada defensa realista hizo el resto para confirmar el 1-0. Si tuviéramos en cuenta los resultados ligueros de la pasada temporada, la Real caería en esta eliminatoria, pues perdió 2-0. Toca mejorar esa exigua renta del año pasado en Liga.
La primera lista del año de Montanier sigue la línea de la primera parte de la temporada, sin grandes sorpresas pero con el toque habitual del galo. Es baja para este partido Illarramendi, todavía lejos de reaparecer. Carlos Martínez e Iñigo Martínez (que tampoco jugará el fin de semana ante Osasuna por sanción) son las secuelas que deja para la Real el partido de la Euskal Selekzioa. El técnico francés también confirmó que Bravo, al menos por el momento, no jugará en la Copa, pues es el guardameta que se ha quedado fuera de la lista. Entre los delanteros, que es lo que más morbo suele despertar de entre todas las elecciones de Montanier, el que se queda fuera en esta ocasión es Ifrán, para quien no parece haber cambiado la situación con el año nuevo. El regreso de Vela y Griezmann, que se perdieron el partido de vuelta de la anterior eliminatoria en Granada, el primero por lesión y el segundo porque adelantó sus vacaciones, le deja de nuevo sin sitio.
No es nada fácil saber qué alineación presentará Montanier. Siguiendo lo que aconteció en el doble duelo ante el Granada, Zubikarai parece el portero escogido para esta competición y repetiría ante el Mallorca. Ante la ausencia de Carlos Martínez, parece claro que De la Bella y Estrada ocuparán los laterales. Lo normal es que Demidov y Mikel González sean los centrales, aunque en función de las rotaciones que quiera hacer Montanier en este mes de enero Ansotegi también tiene opciones. Cadamuro, que además ha tenido molestias esta semana, estará en el banquillo. Y a partir de ahí, todo son hipótesis fuera del vestuario txuri urdin. Aranburu, Mariga, Elustondo, Zurutuza y Pardo se juegan las tres plazas del centro del campo. Elus terminó el año lesionado y Pardo como titular en Granada. Por delante, la situación es idéntica, cinco hombres para tres plazas: Xabi Prieto, Griezmann, Vela, Agirretxe y Llorente. Ante la proximidad de tantos partidos y con el encuentro más cercano hace ya dos semanas, es imposible anticipar los planes del entrenador francés.
Roto el prolongado y nefasto registro de no haber eliminado a un equipo de Primera desde que cayera el Real Madrid en su propio estadio en el año 1988, la Real ya sólo puede seguir haciendo historia en la Copa. El equipo txuri urdin no juega los octavos de final de la competición desde la temporada 1998-1999, y ésta fue su primera ronda en aquella campaña por estar disputando la Copa de la UEFA. De ambas competiciones, curiosamente, resultó eliminado por el Atlético de Madrid. La Real ha superado esta ronda de octavos de final más veces de las que se ha visto apeada, con 25 éxitos de 48 intentos. Visitar Mallorca y pensar en un hipotético duelo en cuartos de final ante el Athletic ha hecho recordar la Copa de la temporada 86-87, aquella en la que Arconada dio el título en los penaltis. En aquella ocasión, estos dos rivales se adelantaron una ronda y en el caso de los mallorquinistas se trataba de su filial (que se llevó de Atotxa la mayor goleada txuri urdin en la historia del torneo, 10-1). En todo caso, esa coincidencia y el hecho de que hayan pasado 25 años de la final de Zaragoza ante el Atlético de Madrid dan un cierto misticismo a la Copa de este año. El Mallorca viene de eliminar al Sporting, además en El Molinón.
El caprichoso bombo de la Copa ha emparejado a Real Sociedad y Mallorca en tres ocasiones, y en todas ellas, a diferencia de la actual eliminatoria, el primer partido se disputó en las islas. Y la primera y la tercera contienda tuvieron lugar en octavos de final, la misma ronda que en este nuevo duelo. Los mallorquinistas vencieron en las dos primeras ocasiones, y los donostiarras en el último precedente. En la temporada 59-60, el esperanzador empate a cero de la ida se truncó con el 1-3 que logró el Mallorca en Atotxa. En la 65-66, con la Real en Segunda y el Mallorca en Primera, aunque acabara el año descendiendo, los baleares ganaron los dos partidos: 2-0 en casa y 0-3 en Donostia. Y en la 76-77, la Real perdió 2-1 a domicilio, con gol de Kortabarria, pero remontó en la vuelta con un contundente 3-0 (dos goles de López Ufarte, uno de penalti, y otro de Iriarte). De los once partidos que ha jugado el Mallorca en Anoeta desde su inaguración, ha ganado cuatro, pero, atención al dato porque eso marcaría el desarrollo del partido de vuelta, ha conseguido marcar en nueve ocasiones.
Real Sociedad y Mallorca ya se han visto las caras esta temporada, aunque el partido liguero de la primera vuelta se disputó en las islas. Por tanto, el precedente más cercano de este partido es el duelo celebrado la pasada temporada, la 2010-2011. Ganó entonces la Real con un solitario gol de Tamudo. Aquel partido marcó el techo del equipo de Martín Lasarte. Aquellos tres puntos llevaron a la Real a la octava posición y a soñar con Europa. Lástima que precedieron a los ocho que estuvo el equipo sin conocer la victoria y eso condenó a luchar por la permanencia hasta el último suspiro. Con mucho viento y lluvia, la Real dominó en la primera mitad, pero sin golpear demasiado. El gol de Tamudo, de cabeza, llegó tras la reanudación, cuando el equipo de Lasarte se lanzó descaradamente a por la victoria y a pesar de las adversas condiciones climatológicas. Pudo marcar el segundo, ocasiones tuvo, pero el Mallorca salió vivo de esos minutos y apretó en el tramo final, aunque la bien trabajada defensa realista hizo el resto para confirmar el 1-0. Si tuviéramos en cuenta los resultados ligueros de la pasada temporada, la Real caería en esta eliminatoria, pues perdió 2-0. Toca mejorar esa exigua renta del año pasado en Liga.
martes, diciembre 27, 2011
Diez momentos inolvidables para la Real Sociedad en 2011
Hay muchas formas de resumir un año. En doce meses se
producen docenas de acontecimientos significativos en la vida de un equipo de
fútbol, y la Real no es una excepción. Han pasado muchas cosas en 2011, muchas
positivas y algunas que no lo han sido tanto. Pero como estamos en fechas
navideñas, pensemos que compensa mucho más acordarse sólo de lo bueno. No habrá
en este pequeño resumen derrotas, declaraciones hirientes, polémicas, lesiones
o partes de la cara más amarga del fútbol. Estos son los diez momentos más
hermosos para el equipo txuri urdin del año que está a punto de finalizar. Son
instantes inolvidables, goles para el recuerdo y figuras para engrandecer la
historia de este maravilloso club. Para que nadie busque comparaciones de esas que por lo visto ahora no gustan, son cinco de la segunda parte de la pasada temporada y cinco de la primera de la presente.
· El 0-4 al Getafe (15 de enero)
La Real cerró la primera vuelta de la pasada temporada con
una memorable goleada. Más memorable de lo que se destacó en su momento. Puede
que a muchos les pasara inadvertido el dato, pero el equipo txuri urdin sólo ha
conseguido un resultado más contundente que aquel que logró en Getafe jugando
fuera de casa, en Primera División y en toda su historia: el 0-5 conseguido en
Oviedo en la temporada 1997-1998, en la que la Real fue tercera en la Liga.
Xabi Prieto abrió la cuenta del partido de Getafe de penalti, claro penalti.
Griezmann hizo el 0-2 antes del descanso con un disparo perfecto a centro de
Llorente. Y en los minutos finales fue Aranburu, saliendo desde el banquillo,
quien culminó dos magníficos contraataques para poner en el marcador aquel 0-4,
que se consiguió ante una más que nutrida representación de la afición
realista.
· Cae en Anoeta el todopoderoso Barça (30 de abril)
Quedaban seis jornadas para el final y llegaba el Barcelona
a Anoeta. Lo hacía sin perder un partido como visitante en toda la Liga y
después de 31 jornadas sin conocer la amargura de la derrota. El récord de la
invicta Real de la temporada 1979-1980 estaba en juego y era el propio equipo
txuri urdin el que tenía que defenderlo. Lasarte planteó un partido fantástico,
pero aún así el todopoderoso Barcelona, con algunos suplentes por su semifinal
de Champions ante el Real Madrid pero también con muchos titulares, se adelantó
en la primera mitad. En la segunda, tras cambios acertadísimos de Lasarte,
Ifrán hizo el empate. Y pocos minutos después Xabi Prieto, de penalti, hizo el
2-1. Una remontada maravillosa ante el posterior campeón de Liga y Champions,
que mordió el polvo en Anoeta, en el único partido que perdió como visitante en
el torneo liguero.
· El salvador gol de Aranburu al Zaragoza (11 de mayo)
Haciendo caído derrotada la Real en todos los partidos de la
segunda vuelta jugados lejos de Anoeta, el duelo ante el Zaragoza, a tres
jornadas del final, se convirtió en un partido más que decisivo. Y se jugaba en
San Sebastián, donde no se podía fallar. La Real salió al campo con decisión y
en una buena primera mitad se adelantó con un gol de Tamudo. Uno de pillo, de
los suyos. El Zaragoza empató con una falta directa ejecutada por Gabi. El
partido se abrió y hubo ocasiones en las dos porterías. Pero la Real se lanzó
con furia a por la meta rival. Encerró al Zaragoza en su área. Y encontró el
merecido premio en el minuto 90. Aranburu cazó un balón en la frontal del área
y disparó. Con o sin rebotes, el balón entró. La Real ganó. Con estos tres
puntos, alcanzó los 44. La salvación virtual. Y el capitán engrandecía así su
leyenda.
· La permanencia con el gol de Sutil (21 de mayo)
No había merecido la Real llegar a la última jornada sin
tener la salvación ya en el bolsillo, pero su mala segunda vuelta como visitante
y las dos derrotas en Anoeta contra sendos colistas, Hércules y Málaga, le
condenaron a jugárselo todo en el último encuentro, además contra un Getafe que
tampoco estaba salvado. Se adelantó el equipo madrileño, sembrando las dudas en
todo corazón txuri urdin. No obstante, las derrotas, ambas en casa, de Mallorca
y Deportivo, impidieron que la Real ocupara puesto de descenso en toda la
jornada. De hecho, no los pisó en toda la temporada. Sutil, a falta de veinte
minutos para el final puso el empate. Las tablas servían a ambos equipos para
seguir en Primera, así que el duelo acabó ahí. Fue el Depor de Miguel Ángel
Lotina, qué irónica es la vida, el equipo que se fue a Segunda. Poco sabía
Sutil que ese iba a ser su último partido y su último gol con la Real.
· El manteo a Diego Rivas (21 de mayo)
Al acabar el último partido de la temporada, y con la
alegría de la permanencia ya conseguida, llegó el momento de las despedidas. El
manteo a Tamudo fue una muestra de agradecimiento a un jugador que, con unos números
impresionantes en la historia de la Liga, decidió vestir un año de txuri urdin.
El de Diego Rivas ya aquel día se pudo entender como el final de una era. El
mediocentro manchego se ganó a pulso el cariño de la afición, siendo parte
esencial de la Real que ascendió y de la que se mantuvo en Primera. Se bajó el
sueldo cuando peor lo estaba pasando el club en materia económica. Pero el
director deportivo, Loren, mantuvo abierto con él un frente que nunca tuvo
mucho sentido. Lloró emocionado en el banquillo al ser cambiado y nos emocionó a todos. Su marcha y la de Martín Lasarte forman parte de lo mismo, pero
todo el simbolismo de aquel día se lo quedó el jugador porque al técnico
uruguayo no se le pudo agradecer lo que hizo por la Real en el césped de
Anoeta.
· Otra remontada ante el Barça (10 de septiembre)
Segundo partido de Liga y primer gran reto de la Real de
Philippe Montanier. El naufragio que supuso el primer tiempo se saldó con un
claro 0-2, que hacía augurar una goleada de escándalo. Afortunadamente para la
Real, el Barça optó por controlar el juego y no agrandar el marcador. En la
segunda mitad la Real se transformó, bordó el fútbol, asfixió al equipo
blaugrana con su presión y remontó. Primero marcó Agirretxe de cabeza. Después
Griezmann culminando un jugadón del mismo Agirretxe que había repelido el
larguero. Y pudo ganar en los minutos finales del encuentro, en los que acabó
arrinconando en su área al equipo de Pep Guardiola. Quién lo iba a decir. El
Barcelona jugó 64 partidos oficiales en 2011. Ganó 46, empató 13 y perdió
cinco. De esos cinco equipos victoriosos, sólo la Real ha salido invicta de
todos sus duelos contra el equipo blaugrana. Impresionante.
· El gol de Iñigo Martínez al Athletic (2 de octubre)
No es fácil que se vea el nombre de un jugador de la Real
cuando a final de cada año se eligen los mejores goles de los últimos doce
meses. Pocos hubieran apostado además por el de Iñigo Martínez, un central
debutante en Primera División, como el autor del tanto más impresionante que ha
visto Anoeta en su historia, cercana ya a los veinte años. En el derbi contra
el Athletic de Bilbao cogió el balón en su propio campo y realizó el disparo
más perfecto que hemos visto en mucho tiempo. El balón cogió la altura
necesaria, la dirección adecuada, y la curva ideal para que Gorka Iraizoz no
pudiera hacer nada para detenerlo. En aquel momento era el empate a uno de un
encuentro jugado en un horario matinal extraño para un derbi vasco. Lástima que
no sirviera para sumar ni un solo punto, pero eso no empaña una obra de arte
como ésta.
· Iñigo Martínez vuelve a hacerlo (26 de noviembre)
Iñigo Martínez se empeñó en salirse de las tablas marcando
su segundo gol desde el centro del campo en la misma temporada, ni dos meses
después del primero. Y éste, además, lo anotó en el minuto 92 y valió tres
puntos. Mejor, imposible. Iba ganando la Real en el Benito Villamarín por 0-2,
pero se dejó empatar inexplicablemente y gracias a un cambio defensivo que
orquestó Montanier. El partido estaba más para el 3-2 que para el 2-3. Pero el
bravísimo central txuri urdin robó el balón muy cerca de su área, se apoyó en
un compañero para avanzar hasta el centro del campo y desde allí lanzó otra
bomba inteligente, con más altura que la del derbi pero todavía con más
precisión, golpeando el larguero antes de entrar, dar la victoria a la Real y salvar
la cabeza del entrenador francés, que un minuto antes estaba más que
destituido.
· Remontada al Málaga con goles de lujo (4 de diciembre)
La Real no es un equipo de grandes remontadas. Alguna de
gran trascendencia tiene a lo largo de su historia, pero no son demasiado
amplias. Quizá por eso se disfrutó tanto de la que tuvo al Málaga como rival.
En el minuto 89, el conjunto txuri urdin perdía por 1-2. Cuando pitó el
árbitro, el resultado era de 3-2. Con todos sus delanteros sobre el campo, la
Real atropelló al conjunto andaluz. Vela hizo un golazo de chilena cuando el
reloj estaba a punto de llegar al minuto 90. Pocos creían en la victoria, pues
el gol se celebró ya como un triunfo. Pero ésta llegó. Agirretxe colocó el
balón dentro del área, Ifrán lo bajó, dio un toque sutil para colocarse la bola
y después otro para introducirla en la portería como si nada. Dos golazos
brutales que hicieron enloquecer a Anoeta. Por segunda semana consecutiva, una
milagrosa victoria en el descuento evitó la destitución de Montanier.
· Goleada al Granada en la Copa (13 de diciembre)
La memoria suele ser selectiva y muchas veces sólo recuerda
el éxito o el fracaso, no cómo se consiguió. Si eso juega a favor de Montanier,
cuando dentro de un tiempo se hable de que eliminando al Granada se rompía una
racha de 23 años sin superar a un equipo de Primera División en la Copa, se
acabará olvidando el nefasto partido de vuelta. La ida sí será hermosa de
rememorar. 4-1 en un partidazo que sirvió para que la afición se congraciara con
Griezmann, autor del primer tanto y de la mayoría de las acciones de peligro.
Xabi Prieto, que regresaba de una lesión, hizo el segundo y el tercero. El
Granada marcó el 3-1 y puso la eliminatoria en peligro, pero Ifrán aprovechó
sus escasos minutos para hacer el 4-1 definitivo en el último suspiro y con un
perfecto disparo desde la frontal del área. La Copa también sirve para gozar,
aunque un par de generaciones de realistas ya ni se acordaran de ello.
viernes, diciembre 23, 2011
Una oportunidad de oro... pero con serias dudas
Siempre he defendido el enorme valor de la Copa del Rey. No sólo da una plaza para competir en Europa, sino que, sobre todo, te convierte en campeón con mucha más facilidad que luchando durante 38 jornadas. Hoy, además, la Liga es un imposible para 18 equipos de Primera y la Copa, en cambio, no. Llevo 23 años bebiendo con amargura aceite de ricino cada vez que la Copa mandaba a la Real a niveles mediocres, con actuaciones normalmente vergonzosas y eliminaciones más que seguras. Algún pequeño momento de gloria, como aquel 4-1 al Real Madrid en 1993 o incluso la eliminación del Zaragoza en Anoeta en 2008 cuando ambos transitábamos por la Segunda División. Después del sorteo celebrado hoy, veo que 2012, el año en el que se cumplen el 25º aniversario del título de Copa logrado en Zaragoza, aquella noche en la que Arconada detuvo el penalti decisivo, nos ofrece una oportunidad de oro para seguir soñando con este torneo.
No estoy diciendo, ni mucho menos, que la Real tenga un camino fácil hasta la final. No tiene nada que ver, por ejemplo, con el nivel de los rivales que tuvo que eliminar el conjunto txuri urdin en su trayecto hacia el título de 1987. Entonces jugó contra Baskonia, Montijo, Villarreal, Eibar, Mallorca Atlético y Athletic de Bilbao, el único equipo de Primera y ya en semifinales. Ahora, previsiblemente, sus obstáculos antes de una soñada final serían Mallorca, Athletic de Bilbao y Espanyol o Racing, quedando para la final el Madrid o el Barcelona que se enfrentan en cuartos. Y todo ello sin contar con las siempre inevitables sorpresas en la Copa que podrían colocarnos a un rival de inferior categoría en cuartos o semifinales, o, insisto en que soñar es gratis, otro distinto de los dos grandes en la final. Pero es que los siete primeros clasificados de la Liga van por el otro lado del cuadro. Sólo jugarían contra la Real en una final. Es por ello que hay una buena oportunidad de hacer historia, negarlo sería una estupidez. Y lo digo sin dejarme llevar por la euforia tras haber eliminado a un equipo de Primera 23 años después del anterior. En absoluto. Lo digo mirando el calendario y el potencial de la Real.
Pero tengo mis dudas, que proceden en su mayor parte del partido que planteó Montanier en Granada. Todavía no me lo puedo creer, no consigo quitármelo de la cabeza y, por supuesto, no encuentro una explicación coherente a lo que vi. No me sorprendió, porque en realidad forma parte de la rutina en la que estamos metidos desde que el francés es entrenador de la Real. Pero no me gusta porque mina mi confianza en el equipo. Entiendo que también la de otros muchos. Y me temo que incluso la de algunos jugadores. Muchos años he apostado con una amiga a que eliminaríamos por fin a un Primera. Este año no lo hice y le explique que era, ni más ni menos, que porque no podía tener claro cómo iba a afrontar Montanier la primera eliminatoria ante el Granada. Después de la ida, el mejor partido de la temporada, pensé que me había equivocado esquivando la apuesta. Después del partido de vuelta, lamenté que mis razones siguieran vigentes. Montanier ve escenarios tan extraños a la hora de preparar los partidos y los afronta tan mal que es imposible saber qué Real nos vamos a encontrar en el doble duelo contra el Mallorca del próximo mes. Y así es imposible saber si aspiramos a ganar el título.
Como contra el Granada en dieciseisavos, jugaremos la ida de los octavos contra el Mallorca en Anoeta. Y dado el nivel de confusión y sorpresa que reina sobre las decisiones de Montanier, no me atrevo a decir si eso es bueno o malo, como tampoco sé decir si afectará positiva o negativamente jugar en casa la vuelta de unos hipotéticos cuartos o semifinales (eso es lo que entiendo del cuadro que se ha publicado, no puedo estar seguro de que sea así porque sólo se informa del Real Madrid y del Barcelona, de ese ya previsto enésimo duelo del siglo en cuartos de final, que tendrá su segundo acto en el Camp Nou). Es que no lo sé. No sé qué esperar de la Real. Y eso es exactamente lo que me angustia esta temporada. En otras condiciones, tanto cambio y tanto movimiento novedoso podría ser positivo, porque los rivales no sabrían por dónde esperarnos. Pero es justo al contrario. Todo eso hace que la Real no sepa en realidad lo que hace, a qué juega, qué pretende. No lo supo en Zaragoza, en Granada, en Vallecas, en Sevilla, en casa contra el Madrid o el Getafe, en la primera parte contra Barcelona y Athletic.
Y ahora es cuando más maldigo esa mala racha de ocho partidos sin ganar en la que nos sumió esa ristra de decisiones incoherentes y equivocadas. Si la Real hubiera sumado en aquellos encuentros tres o cuatro puntos más, nada del otro mundo viendo los rivales que tuvo y el nivel que exhibieron, ahora podría haberse centrado en la Copa del Rey hasta el próximo 8 de febrero, fecha de la vuelta de las semifinales. Podría haber puesto toda la carne en el asador para tratar de hacer historia una vez en la competición del KO y dejar un poco de lado los partidos de Liga. Pero no puede hacerlo. No tiene ese margen de maniobra porque el descenso está a dos puntos. Y si superara todas eliminatorias, tendría que alternar esos partidos con los viajes a Mestalla y Nou Camp y las visitas a Anoeta de Osasuna, Atlético y Sporing. Cualquier pinchazo en casa, dado que no confío en que Montanier plantee partidos para ganar en campos como los que visitaremos, puede devolvernos a los puestos de descenso con facilidad. Conjugar eso con una eliminación copera, y ya veremos si ésta puede tener además cierto grado de trauma (como lo habría tenido caer en Granada, y no estuvimos tan lejos), ofrecería un escenario complicado para luchar por la permanencia.
Se lo pida a Papá Noel, a los Reyes Magos o al Olentzero, tengo claro cuál es el regalo que quiero para estas Navidades. Sentido común para Montanier. Con eso nos irá bien porque, siempre insistiré en ello, tenemos buenos jugadores. Y con una pizca de suerte, igual es más que bien. En cualquier caso, feliz Navidad para todos los que tenéis el corazón txuri urdin.
No estoy diciendo, ni mucho menos, que la Real tenga un camino fácil hasta la final. No tiene nada que ver, por ejemplo, con el nivel de los rivales que tuvo que eliminar el conjunto txuri urdin en su trayecto hacia el título de 1987. Entonces jugó contra Baskonia, Montijo, Villarreal, Eibar, Mallorca Atlético y Athletic de Bilbao, el único equipo de Primera y ya en semifinales. Ahora, previsiblemente, sus obstáculos antes de una soñada final serían Mallorca, Athletic de Bilbao y Espanyol o Racing, quedando para la final el Madrid o el Barcelona que se enfrentan en cuartos. Y todo ello sin contar con las siempre inevitables sorpresas en la Copa que podrían colocarnos a un rival de inferior categoría en cuartos o semifinales, o, insisto en que soñar es gratis, otro distinto de los dos grandes en la final. Pero es que los siete primeros clasificados de la Liga van por el otro lado del cuadro. Sólo jugarían contra la Real en una final. Es por ello que hay una buena oportunidad de hacer historia, negarlo sería una estupidez. Y lo digo sin dejarme llevar por la euforia tras haber eliminado a un equipo de Primera 23 años después del anterior. En absoluto. Lo digo mirando el calendario y el potencial de la Real.
Pero tengo mis dudas, que proceden en su mayor parte del partido que planteó Montanier en Granada. Todavía no me lo puedo creer, no consigo quitármelo de la cabeza y, por supuesto, no encuentro una explicación coherente a lo que vi. No me sorprendió, porque en realidad forma parte de la rutina en la que estamos metidos desde que el francés es entrenador de la Real. Pero no me gusta porque mina mi confianza en el equipo. Entiendo que también la de otros muchos. Y me temo que incluso la de algunos jugadores. Muchos años he apostado con una amiga a que eliminaríamos por fin a un Primera. Este año no lo hice y le explique que era, ni más ni menos, que porque no podía tener claro cómo iba a afrontar Montanier la primera eliminatoria ante el Granada. Después de la ida, el mejor partido de la temporada, pensé que me había equivocado esquivando la apuesta. Después del partido de vuelta, lamenté que mis razones siguieran vigentes. Montanier ve escenarios tan extraños a la hora de preparar los partidos y los afronta tan mal que es imposible saber qué Real nos vamos a encontrar en el doble duelo contra el Mallorca del próximo mes. Y así es imposible saber si aspiramos a ganar el título.
Como contra el Granada en dieciseisavos, jugaremos la ida de los octavos contra el Mallorca en Anoeta. Y dado el nivel de confusión y sorpresa que reina sobre las decisiones de Montanier, no me atrevo a decir si eso es bueno o malo, como tampoco sé decir si afectará positiva o negativamente jugar en casa la vuelta de unos hipotéticos cuartos o semifinales (eso es lo que entiendo del cuadro que se ha publicado, no puedo estar seguro de que sea así porque sólo se informa del Real Madrid y del Barcelona, de ese ya previsto enésimo duelo del siglo en cuartos de final, que tendrá su segundo acto en el Camp Nou). Es que no lo sé. No sé qué esperar de la Real. Y eso es exactamente lo que me angustia esta temporada. En otras condiciones, tanto cambio y tanto movimiento novedoso podría ser positivo, porque los rivales no sabrían por dónde esperarnos. Pero es justo al contrario. Todo eso hace que la Real no sepa en realidad lo que hace, a qué juega, qué pretende. No lo supo en Zaragoza, en Granada, en Vallecas, en Sevilla, en casa contra el Madrid o el Getafe, en la primera parte contra Barcelona y Athletic.
Y ahora es cuando más maldigo esa mala racha de ocho partidos sin ganar en la que nos sumió esa ristra de decisiones incoherentes y equivocadas. Si la Real hubiera sumado en aquellos encuentros tres o cuatro puntos más, nada del otro mundo viendo los rivales que tuvo y el nivel que exhibieron, ahora podría haberse centrado en la Copa del Rey hasta el próximo 8 de febrero, fecha de la vuelta de las semifinales. Podría haber puesto toda la carne en el asador para tratar de hacer historia una vez en la competición del KO y dejar un poco de lado los partidos de Liga. Pero no puede hacerlo. No tiene ese margen de maniobra porque el descenso está a dos puntos. Y si superara todas eliminatorias, tendría que alternar esos partidos con los viajes a Mestalla y Nou Camp y las visitas a Anoeta de Osasuna, Atlético y Sporing. Cualquier pinchazo en casa, dado que no confío en que Montanier plantee partidos para ganar en campos como los que visitaremos, puede devolvernos a los puestos de descenso con facilidad. Conjugar eso con una eliminación copera, y ya veremos si ésta puede tener además cierto grado de trauma (como lo habría tenido caer en Granada, y no estuvimos tan lejos), ofrecería un escenario complicado para luchar por la permanencia.
Se lo pida a Papá Noel, a los Reyes Magos o al Olentzero, tengo claro cuál es el regalo que quiero para estas Navidades. Sentido común para Montanier. Con eso nos irá bien porque, siempre insistiré en ello, tenemos buenos jugadores. Y con una pizca de suerte, igual es más que bien. En cualquier caso, feliz Navidad para todos los que tenéis el corazón txuri urdin.
jueves, diciembre 22, 2011
GRANADA 2 - REAL SOCIEDAD 1. Montanier lleva a la Real al borde del ridículo
Parecía imposible, pero Philippe Montanier se ha vuelto a superar una vez más, colocando al equipo en una tesitura de sufrimiento absurda, innecesaria e imprevista incluso por los más agoreros. La Real ha conseguido una histórica clasificación para los octavos de final de la Copa del Rey. Histórica, como se ha venido repitiendo hasta la saciedad, porque hacía 23 años que se no eliminaba a un conjunto de Primera en esta competición. Sin embargo, y a pesar de la clara superioridad y goleada del partido de ida, en el minuto 82 de partido estaba a un solo gol de caer eliminada. ¿Por qué? Porque al técnico francés no se le ha ocurrido otra cosa que colocar a todos sus defensas sobre el campo, en un planteamiento no ya ultradefensivo sino directamente disparatado, una invitación a sufrir hasta el final y un aliado más en el camino de la gesta que el Granada buscó, con una honradez digna de elogio, hasta el final. Un gol de Agirretxe sentenció una eliminatoria que sólo los desvaríos sin sentido del técnico txuri urdin pudieron poner en peligro. Al borde del ridículo estuvo la Real. Y eso, por mucha clasificación histórica de por medio, es imposible de ocultar.
Cuando uno coge la alineación de la Real, lo menos que espera es reconocer a su equipo. No resulta en absoluto descabellado decir que lo más reconocible hoy del conjunto txuri urdin fue su camiseta. Y salió a jugar con la amarilla, con eso se dice todo. Menos mal que el técnico francés dio descanso a Mikel González y se dejó a Carlos Martínez en el banquillo, quizá por vergüenza torera o quizá pensando en un cambio defensivo más en caso de que el marcador fuera favorable a los intereses de la Real, quién sabe. Lo curioso del caso es que parece realmente difícil saber con qué esquema saltó hoy el equipo al Nuevo Los Cármenes. Quizá lo más acertado sea decir que lo hizo con una línea de cuatro formada por Estrada, Iñigo Martínez, Ansotegi y Cadamuro, con Demidov de cuatro, Mariga y Pardo por delante de ellos y De la Bella como extremo izquierdo, quedando sólo Xabi Prieto e Ifrán como islas ofensivas sin oportunidad real de cambiar el partido. Pero, en realidad, no fue así. En cada ataque del Granada, Demidov se colocaba como tercer central y De la Bella empujaba desde el lateral a Cadamuro para ser el cuarto. Es decir, una innovadora e imposible defensa de seis.
Semejante despropósito convertido en planteamiento táctico tuvo dos efectos, los dos, por supuestos, muy negativos para la Real. Por un lado, supuso un ninguneo en toda regla a los dos reclamados jugadores que encontraron hueco en el once, Diego Ifrán y Rubén Pardo. El primero, que tengo la impresión de que estará meditando muy seriamente volver a su país, tenía la heróica misión de pelear por balones imposibles. El segundo, mirar como la mayoría de envíos se realizaban por encima de su cabeza. Y por otro lado, Montanier estaba invitando al Granada a soñar con la gesta de ganar 3-0 a la Real. Cada jugada de ataque de los locales era una agonía para los defensas realistas. La pobladísima línea hizo un trabajo espectacular que evidencia que el equipo tiene mucho más carácter del que habitualmente se le reconoce, porque hay que tener mucho carácter para aguantar un asedio de 90 minutos sabiendo que cada jugada va a terminar al borde del área, con un centro, con un córner o, en el peor de los casos, en un remate. Y es que es imposible aguantar así con el marcador a cero. Quizá Montanier no quiso decir en la rueda de prensa previa al partido que había que jugar como si la eliminatoria estuviera 0-0, sino que ese resultado era la mayor de sus ansias.
Y como era imposible mantenerlo, el primer gol acabó llegando. Muy pronto, además, lo que daba vida a la elimiantoria. A los 15 minutos, un balón pega en la mano de Iñigo Martínez. El penalti que no se quiso señalar a favor de la Real en el derbi ante el Athletic aquí no generó la más mínima de las dudas a un Mateu Lahoz muy valiente con jugadores de la trayectoria en Primera del propio Iñigo o Zubikarai, al que reprendió en el minuto 20 por perder tiempo. Siqueira lo lanzó y marcó el 1-0. Al Granada le quedaban 75 minutos para lograr dos goles, y la primera parte fue una tortura para la Real en la que cada jugada evidenciaba que las elecciones de Montanier para afrontar este partido de vuelta eran poco menos que una locura. Sólo Pardo aproximándose a la frontal del área rival e Ifrán luchando como un poseso y ganando incluso algunos balones hicieron algo por dar un respiro no ya al equipo sino al pobre aficionado que se veía sufriendo en la eliminatoria mejor encarrillada por la Real desde hace incontables años. Aunque no pudo detener el penalti, Zubikarai volvió a enfundarse el manto del salvador con dos grandísimas intervenciones. Lo rocambolesco del asunto es que el Granada no le exigió más en la primera parte, pero el regalo de Montanier fue tan grande que la sensación de agobio era total y absoluta.
El comienzo de la segunda mitad, después del generosísimo esfuerzo del Granada, niveló un tanto las cosas. Pardo asumió el mando del equipo y comenzó a mover bien la pelota, con lo que el equipo andaluz sufría cada vez más para llegar a la portería de Zubikarai. En un pase de Pardo, uno de los peores que dio en toda la noche todo hay que decirlo, Ifrán estuvo a punto de marcar. Con todo su tesón y no se sabe muy bien cómo, ganó la posición entre dos defensas y consiguió rematar de cabeza, provocando la parada del meta local. Fue la primera y única ocasión de gol de la Real con el planteamiento y los jugadores iniciales de Montanier. Y la tuvo Ifrán, el delantero, Sarpong aparte, en el que menos confía el técnico francés. Si uno fuera muy malpensado, daría la sensación de que sólo dio la titularidad a sus habitualmente denostados Ifrán y Pardo para que este partido fuera una debacle y estuviera cargado de razones la próxima vez que se le preguntara por ellos. Pero habrá que pensar que Montanier quiere el bien de la Real, y por eso sólo cabe hablar de su mucho más que erróneo planteamiento para disputar el partido.
Eso también quedó en evidencia pocos minutos más tarde. Ya estaba el 2-0 en el marcador, obra de Geijo, y la eliminatoria quedaba pendiente de un hilo y con la Real mirando de frente a un abismo que hace pocas horas, antes de conocer la alineación, parecía imposible. El equipo txuri urdin pedía a gritos centrocampistas que controlaran el partido, esos que Montanier decidió dejar en el banquillo. Pero el técnico optó por cambiar la delantera. Su primer cambio fue quitar a Ifrán y meter a Agirretxe, manteniendo todo el esquema inicial que tan nefasto resultado estaba dando. El segundo, apenas dos minutos después, devolvió mínimamente la racionalidad al equipo. Entró Llorente por De la Bella y Agirretxe se fue a la banda, después de perder dos minutos corriendo en la punta de ataque. Sólo con eso, e incluso sin necesidad de meter peloteros en el centro que supieran aguantar el balón, la Real consiguió no sólo ya frenar al Granada sino de disponer de dos claras ocasiones de Llorente, algo lento (¿desesperado por lo que estaba viendo?), que le sirvieron primero Xabi Prieto y después Agirretxe. No hay más que imaginar lo que habría pasado si la Real hubiera presentado un once lógico desde el inicio. Fue el 9 realista el que marcó el 2-1 que cerraba, ahora sí, la eliminatoria, en un córner muy mal defendido por el equipo local, que a pesar del mazazo intento irse hacia la portería de Zubikarai en los últimos minutos.
Nunca un hecho histórico como pasar de ronda ante un equipo de Primera División dos décadas después dejó tan mal sabor de boca. Montanier demostró, una vez más, que el sentido común no es lo suyo, que le gustan las apuestas rocambolescas que los aficionados (y me apuesto a que probablemente también los jugadores, por lo menos algunos) no son capaces de entender. Y no las entienden porque facilitan el trabajo a los rivales. Hoy el Granada ha sido un equipo honesto y valiente, pero en el fondo limitado. Da pánico pensar qué habría pasado ante un conjunto de más envergadura, como el Athletic de Bilbao, el Sevilla o el Valencia. Pero lo que verdaderamente genera terror es, después de haber visto cómo quería Montanier defender tres goles de ventaja ante el Granada, intuir cómo jugará la Real en el Camp Nou o en el Santiago Bernabéu. Porque hoy la Real sólo ha rozado el ridículo en el marcador, ridículo que ha alcanzado con su propuesta futbolísticos. Pero, jugando así, de esos dos campos se llevará dos sacos de goles de un tamaño inmenso. Y, como caben pocas dudas de que Montanier hará alguna de las suyas esos días, tendremos la ocasión de comprobarlo. Ganamos, pasamos a octavos y estoy con un cabreo impresionante. Qué cosas, que luego hay que escuchar que si se criticaba a Montanier era porque perdíamos.
Cuando uno coge la alineación de la Real, lo menos que espera es reconocer a su equipo. No resulta en absoluto descabellado decir que lo más reconocible hoy del conjunto txuri urdin fue su camiseta. Y salió a jugar con la amarilla, con eso se dice todo. Menos mal que el técnico francés dio descanso a Mikel González y se dejó a Carlos Martínez en el banquillo, quizá por vergüenza torera o quizá pensando en un cambio defensivo más en caso de que el marcador fuera favorable a los intereses de la Real, quién sabe. Lo curioso del caso es que parece realmente difícil saber con qué esquema saltó hoy el equipo al Nuevo Los Cármenes. Quizá lo más acertado sea decir que lo hizo con una línea de cuatro formada por Estrada, Iñigo Martínez, Ansotegi y Cadamuro, con Demidov de cuatro, Mariga y Pardo por delante de ellos y De la Bella como extremo izquierdo, quedando sólo Xabi Prieto e Ifrán como islas ofensivas sin oportunidad real de cambiar el partido. Pero, en realidad, no fue así. En cada ataque del Granada, Demidov se colocaba como tercer central y De la Bella empujaba desde el lateral a Cadamuro para ser el cuarto. Es decir, una innovadora e imposible defensa de seis.
Semejante despropósito convertido en planteamiento táctico tuvo dos efectos, los dos, por supuestos, muy negativos para la Real. Por un lado, supuso un ninguneo en toda regla a los dos reclamados jugadores que encontraron hueco en el once, Diego Ifrán y Rubén Pardo. El primero, que tengo la impresión de que estará meditando muy seriamente volver a su país, tenía la heróica misión de pelear por balones imposibles. El segundo, mirar como la mayoría de envíos se realizaban por encima de su cabeza. Y por otro lado, Montanier estaba invitando al Granada a soñar con la gesta de ganar 3-0 a la Real. Cada jugada de ataque de los locales era una agonía para los defensas realistas. La pobladísima línea hizo un trabajo espectacular que evidencia que el equipo tiene mucho más carácter del que habitualmente se le reconoce, porque hay que tener mucho carácter para aguantar un asedio de 90 minutos sabiendo que cada jugada va a terminar al borde del área, con un centro, con un córner o, en el peor de los casos, en un remate. Y es que es imposible aguantar así con el marcador a cero. Quizá Montanier no quiso decir en la rueda de prensa previa al partido que había que jugar como si la eliminatoria estuviera 0-0, sino que ese resultado era la mayor de sus ansias.
Y como era imposible mantenerlo, el primer gol acabó llegando. Muy pronto, además, lo que daba vida a la elimiantoria. A los 15 minutos, un balón pega en la mano de Iñigo Martínez. El penalti que no se quiso señalar a favor de la Real en el derbi ante el Athletic aquí no generó la más mínima de las dudas a un Mateu Lahoz muy valiente con jugadores de la trayectoria en Primera del propio Iñigo o Zubikarai, al que reprendió en el minuto 20 por perder tiempo. Siqueira lo lanzó y marcó el 1-0. Al Granada le quedaban 75 minutos para lograr dos goles, y la primera parte fue una tortura para la Real en la que cada jugada evidenciaba que las elecciones de Montanier para afrontar este partido de vuelta eran poco menos que una locura. Sólo Pardo aproximándose a la frontal del área rival e Ifrán luchando como un poseso y ganando incluso algunos balones hicieron algo por dar un respiro no ya al equipo sino al pobre aficionado que se veía sufriendo en la eliminatoria mejor encarrillada por la Real desde hace incontables años. Aunque no pudo detener el penalti, Zubikarai volvió a enfundarse el manto del salvador con dos grandísimas intervenciones. Lo rocambolesco del asunto es que el Granada no le exigió más en la primera parte, pero el regalo de Montanier fue tan grande que la sensación de agobio era total y absoluta.
El comienzo de la segunda mitad, después del generosísimo esfuerzo del Granada, niveló un tanto las cosas. Pardo asumió el mando del equipo y comenzó a mover bien la pelota, con lo que el equipo andaluz sufría cada vez más para llegar a la portería de Zubikarai. En un pase de Pardo, uno de los peores que dio en toda la noche todo hay que decirlo, Ifrán estuvo a punto de marcar. Con todo su tesón y no se sabe muy bien cómo, ganó la posición entre dos defensas y consiguió rematar de cabeza, provocando la parada del meta local. Fue la primera y única ocasión de gol de la Real con el planteamiento y los jugadores iniciales de Montanier. Y la tuvo Ifrán, el delantero, Sarpong aparte, en el que menos confía el técnico francés. Si uno fuera muy malpensado, daría la sensación de que sólo dio la titularidad a sus habitualmente denostados Ifrán y Pardo para que este partido fuera una debacle y estuviera cargado de razones la próxima vez que se le preguntara por ellos. Pero habrá que pensar que Montanier quiere el bien de la Real, y por eso sólo cabe hablar de su mucho más que erróneo planteamiento para disputar el partido.
Eso también quedó en evidencia pocos minutos más tarde. Ya estaba el 2-0 en el marcador, obra de Geijo, y la eliminatoria quedaba pendiente de un hilo y con la Real mirando de frente a un abismo que hace pocas horas, antes de conocer la alineación, parecía imposible. El equipo txuri urdin pedía a gritos centrocampistas que controlaran el partido, esos que Montanier decidió dejar en el banquillo. Pero el técnico optó por cambiar la delantera. Su primer cambio fue quitar a Ifrán y meter a Agirretxe, manteniendo todo el esquema inicial que tan nefasto resultado estaba dando. El segundo, apenas dos minutos después, devolvió mínimamente la racionalidad al equipo. Entró Llorente por De la Bella y Agirretxe se fue a la banda, después de perder dos minutos corriendo en la punta de ataque. Sólo con eso, e incluso sin necesidad de meter peloteros en el centro que supieran aguantar el balón, la Real consiguió no sólo ya frenar al Granada sino de disponer de dos claras ocasiones de Llorente, algo lento (¿desesperado por lo que estaba viendo?), que le sirvieron primero Xabi Prieto y después Agirretxe. No hay más que imaginar lo que habría pasado si la Real hubiera presentado un once lógico desde el inicio. Fue el 9 realista el que marcó el 2-1 que cerraba, ahora sí, la eliminatoria, en un córner muy mal defendido por el equipo local, que a pesar del mazazo intento irse hacia la portería de Zubikarai en los últimos minutos.
Nunca un hecho histórico como pasar de ronda ante un equipo de Primera División dos décadas después dejó tan mal sabor de boca. Montanier demostró, una vez más, que el sentido común no es lo suyo, que le gustan las apuestas rocambolescas que los aficionados (y me apuesto a que probablemente también los jugadores, por lo menos algunos) no son capaces de entender. Y no las entienden porque facilitan el trabajo a los rivales. Hoy el Granada ha sido un equipo honesto y valiente, pero en el fondo limitado. Da pánico pensar qué habría pasado ante un conjunto de más envergadura, como el Athletic de Bilbao, el Sevilla o el Valencia. Pero lo que verdaderamente genera terror es, después de haber visto cómo quería Montanier defender tres goles de ventaja ante el Granada, intuir cómo jugará la Real en el Camp Nou o en el Santiago Bernabéu. Porque hoy la Real sólo ha rozado el ridículo en el marcador, ridículo que ha alcanzado con su propuesta futbolísticos. Pero, jugando así, de esos dos campos se llevará dos sacos de goles de un tamaño inmenso. Y, como caben pocas dudas de que Montanier hará alguna de las suyas esos días, tendremos la ocasión de comprobarlo. Ganamos, pasamos a octavos y estoy con un cabreo impresionante. Qué cosas, que luego hay que escuchar que si se criticaba a Montanier era porque perdíamos.
martes, diciembre 20, 2011
PREVIA Granada - Real Sociedad. A rematar la faena
Después de la gran faena del partido de ida, toca rematarla para pasar de ronda y dignificar de una vez el significado de la Copa del Rey para la Real (miércoles, 21.00 horas, Nuevo Los Cármenes, Canal + Liga 2, PPV). Además de la superioridad futbolística que se vio en Anoeta, tres goles tienen que ser una renta más que suficiente para pasar de ronda en el torneo del KO ante el Granada y enterrar así una nefasta racha de 23 años sin que el conjunto txuri urdin elimine a otro de Primera División. Si no lo fueran, sería una debacle en la que nadie quiere pensar, y más teniendo en cuenta la buena racha en la que se encuentra el conjunto de Philippe Montanier, que ha sido capaz de sacar sendos empates con diez jugadores en sus dos últimos encuentros ligueros, ambos como visitante. Será el último partido de 2011, y hay que confiar en que el año tendrá la mejor despedida posible colocando la bola de la Real en el sorteo de los octavos de final. Está en la mano, pero en el fútbol siempre hay que rematar.
Montanier sólo ha dado descanso a tres jugadores esta semana: Bravo y Griezmann, que ya están de vacaciones en su país (no olvidemos que la competición acaba este año con la vuelta de los octavos de Copa), y Mikel González. Sin embargo, a ellos se suman otras bajas. Además de las ya conocidas de Illarramendi, Elustondo y Markel Bergara, tampoco estará en Granada Carlos Vela, debido a una contractura. El mexicano fue uno de los que descansó en el partido de ida, por lo que de momento está inédito en esta competición. El resto de los jugadores que integran la primera plantilla, además del ya más que habitual en las listas Rubén Pardo, serán quienes busquen el histórico logro de apear a un Primera de la Copa después de aquellas gloriosas semifinales ante el Real Madrid del año 1988. Algunas pistas ya hay sobre el once, pero en realidad el técnico francés podría sorprender de muchas maneras.
Asumiendo que mantendrá su 4-3-3 predilecto y que Zubikarai repetirá como portero titular (ya jugó el partido de ida, pero Toño Ramírez tiene sus opciones), hay tantas certezas como dudas. La ausencia de Mikel González parece dejar el centro de la defensa en manos de Iñigo Martínez (que no jugará en la primera jornada liguera del año por su expulsión en Santander) y Demidov, aunque no se puede descartar a Ansotegi. En los laterales, De la Bella parece fijo en la izquierda tras no estar en Santander, y la derecha se la jugarán Carlos Martínez y Estrada, sin que esté nada claro quién ganará esa pugna. Mariga, tras ver cómo Demidov le adelantaba en el último partido por un puesto en el once, será titular. Junto a él, Aranburu, Pardo y Zurutuza se juegan las dos plazas restantes, aunque visto el experimento de El Sardinero quizá no es absolutamente improbable que Cadamuro tenga una oportunidad ahí. Delante sería muy extraño que no jugaran Ifrán, Xabi Prieto y Llorente, con lo que Sarpong y Agirretxe esperarían su oportunidad en el banquillo.
El 4-1 del partido de ida decanta la eliminatoria claramente en favor de la Real, pero la Copa es un torneo traicionero. No hay que olvidar que la Real lleva 23 años sin superar una ronda copera contra un equipo de Primera División ni las cuantiosas decepciones contra conjuntos de inferior categoría que ha vivido en ese tiempo. Los de Montanier están ante una oportunidad histórica de dar un pequeño pasito en la Copa y pensar, por qué no, en que ganar este título es posible. Lo hizo en 1987 por primera y única vez en su historia, hace ya casi 25 años. Aquel es el último título conseguido por la Real y por un equipo vasco.El conjunto txuri urdin llega a este encuentro después de seis partidos sin conocer la derrota, cinco de Liga más el de ida de esta eliminatoria. El Granada, a pesar de caer goleado en Anoeta hace una semana, ha ganado dos de sus cuatro últimos partidos de Liga y sólo ha perdido uno. Como local, ha vencido en tres de los nueve encuentros que ha disputado, todos por la mínima. La Real ha logrado dos victorias a domicilio y sólo el resultado de Vallecas (4-0) bastaría para ser eliminada.
El partido de ida fue, probablemente, la mejor actuación de la Real en lo que llevamos de temporada y su mayor goleada hasta el momento. Comenzó el partido con un ritmo frenético y a los siete minutos ya ganaba el equipo txuri urdin por 2-0, tantos logrados por Griezmann, rematando de volea un sensacional envío a pierna cambiada de Cadamuro, y Xabi Prieto, remachando a la red sin portero un balón que había peleado Llorente y que había robado el propio Griezmann. Tras mostrarse Zubikarai tan decisivo como cuando fue titular en segunda, y ya en la segunda mitad, Xabi Prieto hizo el segundo de su cuenta y el tercero de la Real rematando un pase de De la Bella tras una jugada iniciada por Griezmann, quién si no. El Granada acortó distancia mediante Geijo y pareció dejar la eliminatoria demasiado abierta para los méritos de los de Montanier, pero Ifrán, aprovechando los pocos minutos de los que está gozando esta temporada, marcó un golazo desde la frontal del área que colocó el 4-1 definitivo en el marcador. Para levantar la eliminatoria, el Granada tendrá que ganar por 3-0 o por cuatro goles de diferencia si la Real marca.
Montanier sólo ha dado descanso a tres jugadores esta semana: Bravo y Griezmann, que ya están de vacaciones en su país (no olvidemos que la competición acaba este año con la vuelta de los octavos de Copa), y Mikel González. Sin embargo, a ellos se suman otras bajas. Además de las ya conocidas de Illarramendi, Elustondo y Markel Bergara, tampoco estará en Granada Carlos Vela, debido a una contractura. El mexicano fue uno de los que descansó en el partido de ida, por lo que de momento está inédito en esta competición. El resto de los jugadores que integran la primera plantilla, además del ya más que habitual en las listas Rubén Pardo, serán quienes busquen el histórico logro de apear a un Primera de la Copa después de aquellas gloriosas semifinales ante el Real Madrid del año 1988. Algunas pistas ya hay sobre el once, pero en realidad el técnico francés podría sorprender de muchas maneras.
Asumiendo que mantendrá su 4-3-3 predilecto y que Zubikarai repetirá como portero titular (ya jugó el partido de ida, pero Toño Ramírez tiene sus opciones), hay tantas certezas como dudas. La ausencia de Mikel González parece dejar el centro de la defensa en manos de Iñigo Martínez (que no jugará en la primera jornada liguera del año por su expulsión en Santander) y Demidov, aunque no se puede descartar a Ansotegi. En los laterales, De la Bella parece fijo en la izquierda tras no estar en Santander, y la derecha se la jugarán Carlos Martínez y Estrada, sin que esté nada claro quién ganará esa pugna. Mariga, tras ver cómo Demidov le adelantaba en el último partido por un puesto en el once, será titular. Junto a él, Aranburu, Pardo y Zurutuza se juegan las dos plazas restantes, aunque visto el experimento de El Sardinero quizá no es absolutamente improbable que Cadamuro tenga una oportunidad ahí. Delante sería muy extraño que no jugaran Ifrán, Xabi Prieto y Llorente, con lo que Sarpong y Agirretxe esperarían su oportunidad en el banquillo.
El 4-1 del partido de ida decanta la eliminatoria claramente en favor de la Real, pero la Copa es un torneo traicionero. No hay que olvidar que la Real lleva 23 años sin superar una ronda copera contra un equipo de Primera División ni las cuantiosas decepciones contra conjuntos de inferior categoría que ha vivido en ese tiempo. Los de Montanier están ante una oportunidad histórica de dar un pequeño pasito en la Copa y pensar, por qué no, en que ganar este título es posible. Lo hizo en 1987 por primera y única vez en su historia, hace ya casi 25 años. Aquel es el último título conseguido por la Real y por un equipo vasco.El conjunto txuri urdin llega a este encuentro después de seis partidos sin conocer la derrota, cinco de Liga más el de ida de esta eliminatoria. El Granada, a pesar de caer goleado en Anoeta hace una semana, ha ganado dos de sus cuatro últimos partidos de Liga y sólo ha perdido uno. Como local, ha vencido en tres de los nueve encuentros que ha disputado, todos por la mínima. La Real ha logrado dos victorias a domicilio y sólo el resultado de Vallecas (4-0) bastaría para ser eliminada.
El partido de ida fue, probablemente, la mejor actuación de la Real en lo que llevamos de temporada y su mayor goleada hasta el momento. Comenzó el partido con un ritmo frenético y a los siete minutos ya ganaba el equipo txuri urdin por 2-0, tantos logrados por Griezmann, rematando de volea un sensacional envío a pierna cambiada de Cadamuro, y Xabi Prieto, remachando a la red sin portero un balón que había peleado Llorente y que había robado el propio Griezmann. Tras mostrarse Zubikarai tan decisivo como cuando fue titular en segunda, y ya en la segunda mitad, Xabi Prieto hizo el segundo de su cuenta y el tercero de la Real rematando un pase de De la Bella tras una jugada iniciada por Griezmann, quién si no. El Granada acortó distancia mediante Geijo y pareció dejar la eliminatoria demasiado abierta para los méritos de los de Montanier, pero Ifrán, aprovechando los pocos minutos de los que está gozando esta temporada, marcó un golazo desde la frontal del área que colocó el 4-1 definitivo en el marcador. Para levantar la eliminatoria, el Granada tendrá que ganar por 3-0 o por cuatro goles de diferencia si la Real marca.
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