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viernes, mayo 13, 2016

VALENCIA 0 - REAL SOCIEDAD 1 Oyarzabal, primer paso a la grandeza

El último once de la Real en la Liga 2015-2016.
La Real cumplió. Ganó en Mestalla, lo hizo con justicia, en un partido de mucho ritmo pero más incidencias que ocasiones de gol y con un tanto de quien se ha convertido en el gran protagonista de la temporada, Mikel Oyarzabal, que ha respondido con creces a la confianza de Eusebio, por tardía que esta haya podido parecer. Tan tardío como el gol, que llegó en la última jugada del encuentro y de la temporada, para convertirse en el mejor cierre posible de un ejercicio que, tampoco hay que olvidarlo, ha sido malo. Pero la sonrisa de Oyarzabal, mezclada con la efusiva celebración de Eusebio, es una espléndida forma de acabar con el suplicio de los últimos meses y una indudablemente positiva manera de afrontar el futuro que ya ha comenzado. La Real ganó. Acaba la Liga con dos victorias consecutivas y termina siguiendo al grupo europeo de la Liga. Muy lejos de él, pero justo detrás. Ahora falta el empujón para que dentro de un año esté, al menos, en esa pelea. Oyarzabal es el primer paso a la grandeza que está por venir.

El último once de la temporada que dispuso Eusebio no guardó ninguna sorpresa, pero sí dos buenas noticias. La primera, la titularidad de Rubén Pardo, un futbolista que está cayendo en un ostracismo silencioso, y que al menos termina la Liga jugando, aunque no destacara especialmente en Mestalla y acabara sustituido. No es mala señal, aunque las que cuentan ya tendrán que verse en la próxima campaña. La segunda, el debut como titular de Bautista, al que el técnico realista sin duda premió por su voluntariosa entrega en la hora de juego que le había dado hasta ahora, coronada con su gran gol ante el Rayo. Pero en realidad este último encuentro no estaba llamado a dejar grandes conclusiones y se notó desde el principio. Valencia y Real asumieron desde el principio el hecho de que en este partido no había gran cosa en juego. Se jugó, por tanto, a buen ritmo, pero sabiendo que nada era a vida o muerte.

Lo cierto es que con el murmullo que circulaba por Mestalla durante todo el partido se convertía en una misión muy complicada la de pensar que este Valencia - Real Sociedad era un partido de Primera. Es lo que tiene llegar a final de temporada sin objetivo alguno. Pero voluntad sí hubo, y al menos eso propició un encuentro de buen ritmo, en el que los dos equipos al menos quisieron tocar y correr, evitando las pelotazos y el juego subterráneo. Pero, claro, eso también se llevó por delante la opción de que hubiera ocasiones de peligro en ninguna de las dos porterías durante muchos minutos. De hecho, apenas tuvieron que intervenir los dos guardametas. Rulli no tocó el balón en la primera mitad, ya que las dos mejores opciones del Valencia se toparon con Reyes primero y con Elustondo después. Y la Real, además de algún centro con muy buena intención cortado por la defensa valencianista, apenas dispuso de un disparo desde la frontal de Bautista que atajó Jaume.

Tan poco atractivo fue el partido en las áreas que, en realidad, lo más reseñable del primer acto fue la lesión de Piatti, muscular y evidente desde el primer momento. Al menos hasta la última jugada, en el minuto de prolongación que dio Velasco Carballo, por cierto en su última actuación como profesional, en la que Aderlan se adelantó a toda la defensa realista para conectar un buen cabezazo cruzado que no cogió portería. El comienzo de la segunda mitad no pareció cambiar el guión del partido, aunque Rulli sí tuvo que atajar dos centros desde ambas bandas, más peligroso el de Siqueira desde la banda derecha del ataque valencianista que el de Barragán desde la izquierda. El guardameta argentino también tuvo que salir hasta el pico de su área, junto a la línea de fondo, para atajar un envío largo que De la Bella había cerrado bien.

De la Real apenas había noticias en ataque, y las que hubo en esos primeros minutos de la reanudación fueron más bien para olvidar. Como muestra, un disparo lejano de Zurutuza. Lejano por la posición desde la que partió el balón y lejano por el punto en el que acabó. Oyarzabal fue, con diferencia, el que más lo intentó, tanto en jugadas individuales como con pases, pero no acabó de encontrar en muchas jugadas el punto de acierto que concretara alguna de esas intentonas en una clara ocasión de gol. Bautista también estuvo muy batallador, y estuvo a punto de cazar un buen centro de Zurutuza en su última opción del encuentro antes de ser sustituido por Bruma. Esa jugada pareció ser un punto de inflexión en el partido, y la Real comenzó a estar mucho más cerca del gol. Pardo le dio a Bruma un balón espléndido y este intentó un disparo de primeras que se le marchó muy desviado. Jaume, no obstante, seguía sin tocar el balón.

Pero, claro, en esta temporada que tan claro ha dejado el paupérrimo nivel arbitral, no podía concluir sin que un colegiado más dejara su sello. Al parecer, como ya dejó claro Augusto en el Vicente Calderón con aquella criminal entrada a Capilla que Hernández Hernández obvió descarada y desvergonzadamente pitando el final del encuentro, a los chavales de la Real se les puede pegar con total impunidad. Vezo primero propinó un pisotón impresionante a Oyarzabal que le dejó tieso e inmóvil sobre el césped. Velasco Carballo dio la ley de la ventaja y, por eso, olvidó que el jugador valencianista ya tenía una amarilla y le perdonó la roja. Y luego Santi Mina arrolló de una forma tan atolondrada como peligrosa a Elustondo, poniendo en peligro su rodilla, sin que la cosa pasara de la falta. Qué difícil ha sido esta temporada, como casi todas desde la de la Champions, que la Real haya jugado contra diez. Qué difícil. Y no se entiende por qué. Afortunadamente, al menos no hubo lesiones y ambos pudieron seguir.

En cualquier caso, como el murmullo continuo de la grada de Mestalla iba convirtiéndose de vez en cuando en algún que otro silbido a los suyos, el Valencia perdió la concentración y la Real pasó a dominar el encuentro, incluso rondando el área de Jaume, que sí tuvo que intervenir para detener un buen disparo de Bruma. Pero el equipo local reaccionó bien, y contestó con la mejor jugada del partido, en la que Santi Mina disparó fuera en un mano a mano con Rulli. En esa jugada, por cierto, Reyes se lo llevó por delante justo cuando disparaba, algo que debería ser penalti pero que nadie señala. Mina, al ser derribado por el mexicano, se estampó contra Rulli y comenzó a sangrar abundantemente con la boca. Eusebio aprovechó el incidente para hacer su segundo cambio, retirando del campo a Xabi Prieto para dar una nueva oportunidad a Jonathas.

Bruma confirmó que, si este es su último partido en la Real como parece, quería despedirse con gol. No paró de intentarlo, y estuvo cerca de lograr con un disparo, tras una espléndida cesión de Oyarzabal, que se envenenó tras rebotar en un defensa. Jaume, no obstante, estuvo diestro para evitar el gol. El mismo Oyarzabal estaba a punto de adelantar a la Real tras el saque de una falta lejana que Elustondo había enviado al corazón del área cuando Velasco Carballo lo impidió señalando un fuera de juego que existió sólo en la imaginación del asistente del colegiado. A Eusebio le dio tiempo a hacer debutar a Zubeldia, que estuvo a punto de liársela al Valencia robando un balón en el centro del campo, pero no tuvo la rapidez suficiente para plantarse solo ante Jaume. Bruma pudo marcar de falta directa y Zurutuza de cabeza tras un buen pase de Jonathas. Si en tantas ocasiones se dice que se veía venir el gol del rival, lo cierto es que esta vez el que se vislumbraba era el de la Real.

En todo caso, Negredo, que saltó al césped entre silbidos ya más nítidos de Mestalla a los suyos, pudo dar la victoria al Valencia con un cabezazo final después de varios rebotes y con un disparo ya en el descuento que se marchó fuera. Como todos los intentos del Valencia, ya que no consiguió disparar entre los tres palos en todo el encuentro. Lo cierto es que si alguien mereció el gol en el partido fue la Real, y este acabó llegando cuando ya nadie lo esperaba. Una buena maniobra en el área de Bruma le permitió disparar a puerta con nitidez, Santos sacó el balón bajo palos con Jaume ya batido, el balón le llegó rebotado a De la Bella, que apenas pudo controlarlo lo suficiente para que llegara Oyarzabal con su hambre de gol y empotrara el cuero en el fondo de la portería del Valencia, para sumar su sexto gol de la temporada, una cifra espléndida y que supera, sin ir mucho más allá, la de Vela. El camino está marcado y lleva el nombre de Zubieta.

La Real cumplió. Sin alardes, pero con profesionalidad, aprovechando si se quiere que el Valencia era probablemente el único equipo que tenía más ganas que el txuri urdin de que llegaran ya las vacaciones. Pero sigue siendo una victoria en Mestalla, un campo en el que la Real ha vencido en cuatro de sus cinco últimas visitas. La alegría de Eusebio estaba en parte justificada. Puede parecer exagerada viendo que en el fondo no había demasiado en juego. Pero indudablemente no es lo mismo acabar en la octava posición, o en la novena si el Málaga vence a Las Palmas en su campo, que hacerlo en la duodécima. La Real, por mucho que no haya olido Europa en toda la temporada y aunque la temporada haya sido un fracaso enorme, va a finalizar justo detrás de los equipos europeos. Y con la sensación de que el Sanse ha llamado con fuerza a las puertas del primer equipo y Eusebio va a tener que buscar acomodo a quienes más que el futuro de la Real son ya su presente con Oyarzabal como buque insignia.

domingo, mayo 08, 2016

REAL SOCIEDAD 2 - RAYO VALLECANO 1 El futuro es brillante... si se cuida

Oyarzabal hizo el primero y asistió en el segundo.
Ganó la Real. Ganó porque aprovechó la endeblez defensiva de su rival, un Rayo que venía con el agua al cuello y que se jugará su futuro en la última jornada. Y ganó porque tiene una cantera que le augura un futuro brillante si es capaz de cuidarlo. Ganó porque tiene perlas como Oyarzabal y Bautista, que fueron los autores de los dos tantos. Qué clase de ambos. Qué combatividad. Qué ilusión verles dejarse la vida por la camiseta txuri urdin, incluso en partidos en los que ya no hay objetivos clasificatorios claros. La Real ganó por su cantera. Pero también ganó porque a lo que suministre Zubieta hay que sumar incorporaciones de calidad como las de Rulli. El argentino, que puede haber jugado su último partido en Anoeta, sostuvo al equipo solventando las mejores ocasiones del Rayo. Y aunque Jaime Latre volvió a dar razones para pensar que Anoeta es un campo que le motiva para mal, la Real supo gestionar su inferioridad numérica final por expulsión de Granero y pudo aguantar las embestidas del Rayo.

Para lograr esta victoria, Eusebio sólo se salió en un caso del guión previsto, el de plagar el banquillo de potrillos y apostar por los hombres del primer equipo. De la Bella volvió al lateral izquierdo y Yuri, habitual titular de la temporada, vivió el partido desde el banquillo. Y la única elección real que tenía era en el centro del campo, donde apostó por Granero y no por Pardo, que jugó en la segunda mitad y que se enfrentó a algún silbido que no tiene mucho sentido. Con estos mimbres, la Real encaró el partido bastante mejor que hace unas jornadas ante el Getafe. Nada espectacular, porque la Real ya está pensando en las vacaciones, pero al menos compitió con suficiente dignidad. El Rayo, eso sí, mostró una mayor intensidad. Lógico, puesto que era el equipo vallecano el que se estaba jugando la vida. Pero lo cierto es que tampoco se notó tanto. En cualquier caso, y como ya sucedió ante el Getafe, la simple inercia permitió a la Real ponerse por delante en el marcador.

El gol llegó pronto, en el minuto 12, y en realidad fue la primera acción de verdadero peligro de ambos equipos en el encuentro. Y su autor fue Oyarzabal, confirmando que el potrillo es la mejor noticia que ha dejado esta temporada para la Real. Fantástico el disparo del canterano desde la frontal, con el balón muy arriba y buscando el palo a la derecha de Juan Carlos. Calidad y olfato. El guardameta rayista, eso sí, hizo mucho para que ese disparo se convirtiera en el 1-0. La variación en el marcador hizo que el Rayo despertara y fuera del todo consciente de la situación que vivía, ya inmerso en los puestos de descenso, y así empezó a sumar llegadas de peligro. La primera la tuvo al cuarto de hora Pablo Hernández, pero su disparo desde el punto de penalti tras una buena internada de Embarba, aunque dejó congelado a Rulli, no cogió portería. En el 23 Embarba de nuevo se topó con Rulli, que evitó el empate con una parada milagrosa con el cuerpo.

Con el Rayo mucho más volcado, y sabiendo de los inmensos problemas defensivos que tiene el equipo de Paco Jémez, era lógico pensar que la Real podía gozar de ocasiones claras. ¿Pero tan claras como la que tuvo Vela? Si el Rayo acaba descendiendo a Segunda es por jugadas como la del minuto 25, cuando un balón cedido atrás encontró la carrera del mexicano. Vela sorteó con facilidad a Juan Carlos, pero después, a saber por qué, no tiró a puerta, dio tiempo a que llegara Crespo y, con la punta de la bota, le arrebatara el balón a la otrora estrella txuri urdin. Este es el Vela de la temporada 2015-2016, quedó retratado en una sola jugada, confirmándose como un jugador que ya no sabe marcar ni con todo a favor y la portería vacía. Y o se le recupera o lo mejor es deshacerse de él de la forma más honrosa y ventajosa posible, porque duele ver a así a quien tanto ha dado a la Real.

Como si fuera un partido roto, a partir de ahí se repartieron las ocasiones, pero siempre pareció llevar más peligro el Rayo. La Real pudo hacer el 2-0 en un pase desde la banda de Vela a Prieto, que tenía todo el espacio del mundo. El capitán, que no es el jugador más rápido del equipo, no llegó a ganar la posición con claridad para rematar, también porque fue claramente agarrado, y tuvo que dejar el balón atrás para la llegada de Oyarzabal, cuyo disparo desde la frontal lo atrapó bien Juan Carlos. Antes, Rulli volvió a demostrar que es el realista que ha llegado al final de la temporada en mejor estado de forma con una nueva parada a Embarba, que remató de cabeza con mucha claridad. Después de la ocasión de Oyarzabal, Embarba tuvo de nuevo la opción de empatar en una jugada personal en la que entró trompicado en el área, protestó un penalti que no pareció existir y aún así consiguió disparar para que el balón se marchara muy cerca del palo a la derecha de Rulli.

Con tan poco en juego para la Real en este partido, la noticia estuvo en que Vela salió del partido en el descanso, en una situación que dará mucho que hablar. Tras su fallo clamoroso, culminación de una temporada terrible, Anoerta le despidió con pitos. Y Eusebio le sustituyó por el hombre más aplaudido de hace una semana, Bautista. ¿El futuro por el pasado? En los próximos meses lo sabremos. Paco también era consciente de que había que cambiar algo, porque su Rayo no mandaba ni en el campo ni el marcador y Javi Guerra sustituyó a Embarba. Pero si el equipo madrileño había dejado dudas en la primera mitad, el arranque de la segunda fue demoledor para sus pretensiones. Zurutuza tuvo una primera ocasión de cabeza, a los tres minutos de la reanudación, tras un fantástico pase de Prieto. Y a los cinco minutos, una espléndida contra conducida por Zurutuza la convirtió en una jugada de gol clarísima Oyarzabal con un sensacional pase atrás que Bautista convirtió con un disparo preciso en un golazo, su bautismo anotador en Primera.

La desesperación del Rayo se llevó por delante todo el peligro que sí consiguió llevar en la primera mitad, y de hecho fue la Real el equipo que más cerca estuvo del gol. Una nueva asistencia de Prieto, que demostró que la calidad no se pierde con la edad, no la remató Zurutuza tampoco se entiende muy bien por qué y permitió que Juan Carlos sorteara el peligro. Oyarzabal dio un paso adelante impresionante en la segunda mitad y se convirtió en una pesadilla para el Rayo. A pesar del entusiasmo de los chavales y a que Prieto encontró más acierto que en buena parte de la temporada, la Real perdonó el tercero. Y el partido se abrió por dos razones. La primera, el golazo que marcó Javi Guerra desde la frontal del área. La segunda, otro arbitraje desvergonzado de Jaime Latre, que él sabrá por qué perdonó la segunda amarilla a Crespo cuando derribó a De la Bella y después sacó una exageradísima roja directa a Granero por un pie arriba que rozó el estómago de Trashorras. No es nuevo esto de Jaime Latre en Anoeta, no.

Para entonces, Eusebio ya había hecho su segundo cambio, Pardo por Zurutuza, y reaccionó para hacer el tercero de forma inmediata, para dar entrada a Bruma por Oyarzabal. El cambio tenía un objetivo claro, el que Bruma evidenció pocos instantes después al conducir una buena contra, pero culminar la acción dando un pase imposible a Bautista. Pero, claro, este es Bruma, un jugador que decide mal casi siempre. Incluso tuvo una opción de uno contra uno después, dentro del área, y tampoco consiguió salir del reagte. Y hasta una tercera ocasión, en la que disparó con rosca a las manos de Juan Carlos. El Rayo, empujado por la necesidad y metiendo a todos sus delanteros en el campo, se fue a por el empate de forma ya casi descabellada. Manucho tuvo una buena opción de cabeza, pero Rulli la sacó a córner. Miku pudo provocar algo más, pero se llevó el balón con la mano y abortó la ocasión. Y ya en el descuento, Juan Carlos subió a rematar dos córners consecutivos pero el guardameta argentino de la Real mostró su autoridad por arriba.

La Real ganó su último partido de la temporada en Anoeta y al menos dejó un buen sabor de boca por lo que tendría que destacar siempre, por sus chicos de cantera y por sus extranjeros de calidad. Claro, que en ese segundo apartado también queda la malísima impresión que una vez más deja Vela. E incluso, por qué no decirlo, el comprobar que esta victoria realista ha puesto en aprietos al Rayo, cuando Vallecas es el mejor de los escenarios para vivir un partido de la Real. El equipo txuri urdin, incluso sin hacer el partido del siglo, ha mostrado una profesionalidad elogiable, la que tendría que mostrar siempre, y al menos ha sido capaz de dejar un triunfo a los suyos con un protagonismo que siempre alegra, el de dos chicos jóvenes que están llamados a dar muchas tardes de gloria a la Real. Eso es lo que cuenta. Y que al menos la Real llega a la última jornada en disposición de ser octava. Pírrico premio para un equipo que con sólo un poco más habría estado en la pelea por Europa. Qué pena da pensar eso.

sábado, abril 30, 2016

REAL SOCIEDAD 0 - REAL MADRID 1 Honroso esfuerzo

Illarra, en el choque ante el Real Madrid.
Era francamente difícil que la Real lograra la machada de vencer al Real Madrid tal y como lo había hecho hace unas semanas ante el Barcelona. La enorme cantidad de bajas que tenía la Real, silenciada por el aparato mediático que cree que el fútbol se acaba en los intereses de madridistas y culés, era una losa enorme para Eusebio, que aún así dispuso un once digno que, una vez solventados los primeros minutos de tanteo, respondió con un honroso esfuerzo, con orgullo y con muchas ganas de dar una alegría a Anoeta. No pudo hacerlo, porque no aprovechó sus escasas opciones reales de marcar y a pesar de que un majestuoso Rulli sostuvo al equipo con vida hasta el minuto 80, cuando Bale conectó un cabezazo imposible y le dio los tres puntos al Real Madrid para mantener a los de Zidane vivos en la lucha por la Liga. Pero lo intentó. Vistas las circunstancias, no es poco.

Para que ese generoso despliegue fuera posible, Eusebio volvió a sorprender con su once, apostando por un dibujo más reconocible y sin la posición cambiante de Reyes que se vio en El Madrigal. El mexicano, de hecho, se quedó en el banquillo, siendo esta la mayor sorpresa del equipo que formó el técnico realista, que dio galones a Mikel y Elustondo en el centro de la zaga, con los previstos Yuri y Zaldua en los laterales, un centro del campo formado por Markel, Illarramendi, con Zurutuza y Xabi Prieto junto a Bruma, la gran novedad del once, y Oyarzabal. El caso es que con este once, la Real hizo frente a la realidad clasificatoria y la falta de objetivos en esta Liga primero con una cierta resignación y poco a poco entrando en el partido, pero siempre un peldaño por debajo del Real Madrid, al que se notó con la necesidad de ganar para seguir luchan por la Liga.

No hubiera sido nada extraño que, después de unos minutos de tanteo inicial, el equipo madridista se hubiera puesto por delante en el primer cuarto del partido. La primera gran ocasión la tuvo en sus pies James, pero Rulli la despejó con los pies en el minuto 9. Tres después, Ramos remató a placer en un córner, por una pantalla claramente ilegal de Casemiro a Elustondo que se sancionó, pero mandó el balón fuera. De la misma forma, Bale tampoco encontró portería al cuarto de hora, y en el minuto 22 de nuevo fue el galés quien conectó un buen testarazo a pase de James, pero de nuevo sin probar a Rulli. La Real en esos minutos sufrió muchísimo por sus costados, tanto Yuri como Zaldua se veían incapaces de frenar a los madridistas, y su respuesta ofensiva se limitó a alguna cabriola de Bruma, la pelea incansable de Oyarzabal y un disparo lejano e inocente de Zurutuza.

Pero a partir de ahí la Real despertó, bien es cierto que por el corazón que hay que poner en los partidos contra el Real Madrid que por tener claro el juego que debía desplegar, y empezó a llegar con algo de peligro, aún sin poder concretarlo. Zaldua comenzó a animarse en ataque y combinó con Xabi Prieto para forzar un primer córner y desperezar a un Anoeta enchufado pese a todo. Después fue Bruma quien metió un buen centro desde la izquierda que el propio Prieto no pudo rematar con claridad, dejando el balón en las manos de Keylor. Zurutuza, que se convirtió en estos minutos en el mejor realista, estuvo a punto de plantarse solo ante el guardameta madridista tras un pase del capitán. El Madrid contestó con una jugada en la que Zaldua fue superado y primero Markel y después Elustondo tuvieron que sacar el balón con Rulli ya batido, pero la Real reaccionó bien, primero con una jugada de Bruma que acabó rematando desviado Zurutuza y después con la mejor combinación del partido, entre Bruma, Zuru y Prieto, que Zaldua remató con un trallazo desviado.

La Real llegó al descanso con la sensación de haber igualado un duelo que había comenzado claramente decantado para el bando madridista con sus claras ocasiones iniciales, pero con una factura importante, las amarillas que vieron Illarra y Markel, más justa la del primero que la del segundo por el celo de un Undiano Mallenco que pareció castigar demasiado en un partido que no lo merecía. En todo caso, la segunda parte comenzó como la primera, y el Madrid tuvo otra oportunidad en un córner, de nuevo un cabezazo de Bale que se marchó arriba. Pero esta vez la Real reaccionó antes, y en el minuto 51 ya puso a prueba a Keylor, con un córner al segundo palo que botó Bruma, sorprendente lanzador en el día de hoy, uno más a la nómina de quienes lanzan saques de esquina (dos, en realidad, porque al final fue Oyarzabal quien lanzó los córners), y que el guardameta madridista tuvo que despejar con la punta de los dedos. Bruma tuvo otras dos ocasiones desde la esquina casi a renglón seguido, después de una espléndida maniobra de Zurutuza dentro del área y un posterior disparo repelido por la defensa.

Según transcurrían los minutos de la segunda mitad, daba la impresión de que la Real tenía el partido mucho más controlado, desde luego mucho más que en su primera mitad. Pero justo en ese momento, la realidad le dio una bofetada al equipo txuri urdin y el Real Madrid tuvo su ocasión más clara, después de un despeje increíblemente fallido de Yuri, que dejó el balón muerto a pies de Bale dentro del área pequeña. Pero ahí emergió la figura de un inconmensurable Rulli, que hizo un paradón antológico con el pie, evitando lo que a todas luces parecía un gol cantado. La Real, no obstante, rondaba el área de Keylor. ¿El problema? Que a la Real le faltaban todos sus hombres de ataque. Ni Vela, ni Jonathas, ni Agirretxe. ¿Y quién remata a puerta? Complicado. Por eso, y a pesar de que el Madrid tenía importantes ausencias en ataque, hubo más disparos sobre la portería de Rulli. Bale estuvo otra vez cerca del gol tras el primero de los dos errores que cometió Elustondo en el partido.

Eusebio, sabedor de que la importancia del partido estaba en el centro del campo, introdujo el primer cambio a los 22 minutos de la segunda mitad. Reyes entró por Markel, para eliminar así el peligro de que el realista viera la segunda amarilla, y dando un perfil un poco más defensivo al equipo. Y aún así, la Real logró llegadas interesantes, como una buena maniobra de Oyarzabal que sirvió para provocar una amarilla a Casemiro que Undiano Mallenco no quiso mostrar por algún motivo difícil de explicar, sobre todo por ser una jugada calcada a la que sí le costó la amonestación a Illarra en la primera mitad. Rulli, no obstante, se mantuvo como el hombre más valioso de la Real con una nueva mano tras un pase de Jesé que se envenenó tras tocar en la pierna de Elustondo. Y justo a continuación, el segundo de los errores de Elustondo, que no empañan el gran esfuerzo que hizo, provocó una salida de Rulli, de nuevo perfecto, para que Jesé no hiciera gol.

Previendo que el Madrid tendría que hacer un último gran esfuerzo en el partido y no perder sus opciones en la Liga, Eusebio metió dinamita arriba: Bautista, recibido con una atronadora ovación por un Anoeta ávido de alegrías, por Bruma. Y esta vez sí, a diferencia de su testimonial debut en El Madrigal ya en el descuento, con algunos minutos para intentar hacer cosas, como por ejemplo un buen desmarque que Yuri no fue capaz de ver para meterle un buen balón. En cualquier caso, el Madrid convirtió la necesidad en virtud y se llevó el partido por calidad y acierto. Rulli volvió a salvar a la Real con una impresionante parada a disparo de Jesé desde la frontal, pero ya no pudo hacer nada para impedir el 0-1 en un formidable cabezazo de Bale, que le ganó la posición bien a Elustondo en un salto. A la Real le quedaban diez minutos para responder al tanto del Real Madrid. Y ahí, una vez más, se notaron la bajas y lo descompensado de las convocatorias de Eusebio. ¿Hombres de ataque? Ninguno. Por eso, lo único que le quedó al técnico realista fue poner a Héctor en el campo, por un Yuri que se marchó exhausto.

La Real, en cualquier caso, le puso un corazón inmenso al final del partido, incluso asumiendo que fútbol tenía poco y que las incontables bajas que tenía pesan decisivamente en la capacidad del equipo. Por eso, el peligro llegó a balón parado. El Madrid sufrió en esa suerte porque, además, reculó con descaro. La primera opción fue un cabezazo desviado, muy desviado, de Mikel González. Después llegó un sensacional testarazo de Zurutuza que obligó a que Keylor hiciera la mejor parada del encuentro. Y finalmente aconteció una jugada final en la que Rulli, después de algunas dudas, subió a rematar y acabó por los suelos sin que se viera claramente el motivo y sin que nadie llegara a rematar. Fue la última jugada porque, curiosamente, Undiano Mallenco indicó únicamente dos minutos de añadido. Nuevamente, él sabrá por qué tenía tanta prisa en acabar el partido cuando se habían hecho los seis cambios, ignorando las directrices del propio Comité de Árbitros de cuantificar cada sustitución en 30 segundos. Y él sabrá también si hubiera decretado lo mismo de mantenerse el 0-0 en el marcador.

El caso es que la Real empeoró un poco más sus datos en Anoeta esta temporada con una nueva derrota, aunque esta vez sí se notó que los condicionantes afectaron demasiado. El equipo txuri urdin dio la cara como pudo y durante 90 minutos, pero acusó las bajas. Y también, obviamente, se vio mermada por el hecho de que en este partido no había en juego más que el honor. Y el honor, al menos, se defendió esta vez con orgullo, con corazón y con el sentimiento txuri urdin que se exige a este equipo. Porque así, en realidad, da igual el resultado del partido. Si el equipo se deja todo lo que tiene, por poco que sea, por mucho que le afecten las circunstancias en su contra que objetivamente había en este encuentro, el juicio a la Real sólo puede ser positivo. Incluso dentro de este lento final de una Liga que va a dejar un muy mal recuerdo y en el que ya no queda más que lo que ha hecho la Real ante el Real Madrid: competir.

domingo, abril 24, 2016

VILLARREAL 0 - REAL SOCIEDAD 0 Un punto sin emoción

Empate en El Madrigal.
Habida cuenta de los dos sacos de goles que se había llevado la Real en El Madrigal en sus dos últimas apariciones, un punto tendría que saber francamente bien. Pero el 0-0 que arrancaron los de Eusebio les hace sumar un punto sin emoción, que no sirve de mucho y que no cura las heridas abiertas por esta decepcionante temporada. Es difícil sacarse de la cabeza la impresión de que el Villarreal fue un rival pobre porque estaba pensando en su semifinal europa ante el Liverpool y que si hubiera tenido enfrente un equipo con algo en juego, aunque fuera uno tan pobre como el Getafe de hace unos días, habría sufrido lo indecible. Pero eliminando las circunstancias, la Real fue mejor que el Villarreal y pudo ganar. Debió hacerlo, pero su estrella, Vela, ha perdido toda la magia, y otro árbitro más, esta vez Fernández Borbalán, demostró que es más fácil pitar un penalti en contra que a favor. Y así, 0-0. Un punto más, una jornada menos.

Para lograr ese empate, y probablemente pensando que ese resultado no era nada malo, Eusebio dispuso en El Madrigal a una Real dispuesta a aguantar el chaparrón del Villarreal, quizá aleccionado por la historia reciente y pensando en que en las dos últimas visitas del equipo a este estadio acabó goleada por 5-1 y por 4-0. Reyes se colocó en el centro de una defensa de cinco, con Iñigo a su izquierda y Elustondo a la derecha, con Zaldua y Yuri en los laterales, Markel e Illarra por delante, y con un ataque conformado por Zurutuza en la izquierda, Oyarzabal en la derecha y Vela en punta. ¿Cuál fue el problema del planteamiento? Que el Villarreal se tomó el partido con una calma tremenda, derivada de la tranquilidad de dar ya casi por conseguida la cuarta plaza, aunque en realidad no sea así, y de la tensión que sí le ofrece la semifinal de la Europa League. Así que el partido rápidamente tomó un cariz que ya quisieran los de pretemporada, con dos equipos dispuestos a hacer más bien poco.

Por supuesto, si a alguien beneficiaba este hecho a priori era a la Real, que vio que el partido era tan aburrido y el Villarreal se lo había tomado de tal manera que simplemente con tocar un poco el balón llegaba con cierta facilidad a las inmediaciones del área de Asenjo. Sin ocasiones demasiado claras, por supuesto, a excepción de un cabezazo muy franco de Elustondo en el segundo palo tras un saque de córner que el canterano realista no fue capaz de poner entre los tres palos a pesar de haber logrado una gran ventaja con su desmarque. Esto, que fue lo primero digno de mención del partido, llegó al cuarto de hora. La respuesta del Villarreal fue la de tomarse el encuentro con un poquito más de seriedad. No mucha, pero sí suficiente para generar tres ocasiones muy claras. Primero una buena parada de Rulli a disparo de Soldado, después el larguero evitó el gol de Bruno en una falta ejecutada con maestría y a la media hora Iñigo Martínez hizo un corte providencial para evitar que Bakumbu fusilara al guardameta argentino de la Real.

Los de Eusebio, mientras tanto, seguían a lo suyo. Viendo que el Villarreal dejaba jugar con mucha comodidad, Reyes dio un paso adelante y se colocó de mediocentro, donde completó un encuentro bastante completo. De ahí que Markel, en algo que todavía sorprende cada vez que se ve, se acostumbrara a meterse en el área de Asenjo buscando el gol casi como el mediapunta que no dispuso el técnico realista sobre el césped. En el tramo final de la primera mitad, la Real tuvo una ocasión clarísima para ponerse por delante, cuando Zurutuza dejó sentado a Bailly dentro del área pero no tuvo la velocidad suficiente para disparar antes de que Asenjo se le lanzara a los pies para arrebatarle el balón. Viendo la escasa tensión competitiva que mostraron los dos equipos, fue toda una sorpresa ver la poca deportividad de Castillejo, que sin venir a cuento, y con la complicidad de la mirada perdida del horrendo Fernández Borbalán, le soltó a Markel un codazo en la nuca en una jugada sin peligro alguno en el centro del campo.

Precisamente fue Markel el primer jugador en asomarse a la portería rival en el segundo tiempo, cuando no habían transcurrido más que 30 segundos. Su disparo, que rebotó en un defensa a pesar de que la ceguera de Fernández Borbalán bastó para no conceder un claro córner, se marchó muy cerca de la escuadra a la derecha de Asenjo. El colegiado, incapaz de dirigir con acierto incluso un partido tan sencillo como el que le brindaron Villarreal y Real Sociedad, dejó su particular sello en las dos siguientes jugadas destacadas. Primero mostró una tarjeta a Vela, él sabrá por qué, cuando había caído al suelo en una jugada no muy lejos de la frontal del área, sin tirarse ni pedir nada. Esa tarjeta, por cierto, hará que el mexicano se pierda el encuentro de la próxima jornada ante el Real Madrid, lo cual, visto lo visto, es difícil decir si es bueno o malo para la Real. Y después Fernández Borbalán se tragó un flagrante agarrón a Oyarzabal dentro del área, en otro penalti más que se va al limbo esta temporada y que al final habría servido para ganar en Villarreal.

Vela completó la noche fallando la más clara ocasión del partido para la Real. Un buen robo de Markel le permitió quedarse completamente solo delante de Asenjo, pero el guardameta apenas tuvo que esperar de pie la ingenua vaselina que intentó el mexicano, probablemente la peor opción en una jugada que podría haber concluido él mismo de rosca o dando un pase al mismo Markel o a Oyarzabal para que marcaran a placer. Pero una opción, no obstante, que el mismo Vela habría marcado con calidad hace no tanto tiempo. Marcelino vio perfectamente la escasa tensión de su equipo, acentuada de hecho en la segunda mitad, e introdujo sus tres cambios antes del minuto 70. Para entonces, Eusebio no había hecho ninguno. Estos, con dominio realista y un gran trabajo defensivo, pero sin más ocasiones de gol, llegaron a partir del minuto 82. Eusebio retiró primero a Reyes para colocar a Xabi Prieto, y no parece casualidad que fuera entonces cuando llegaron las únicas ocasiones del Villarreal en toda la segunda mitad, sobre todo un disparo de Bakambu que se plantó solo ante Rulli, que despejó cerrando las piernas, aprovechando un resbalón de Iñigo Martínez.

En realidad, ese fue el final del partido, ya que apenas se llegó a jugar algo más, sobre todo porque la Real empleó el último minuto y el descuento en hacer dos cambios más, cambios de esos que no sirven para mucho que más que dar por bueno el punto a pesar de que por dominio debió ganar y por ocasiones pudo hacerlo. Pero los cambios, con todo, fueron bastante significativos, más de lo que pudiera parecer. Primero entró Héctor por Vela. La razón táctica del cambio, difícil de entender. Cambiar de posición a Oyarzabal para que jugara apenas un minuto en punta, bastante raro. Y mucho más raro fue el último relevo que decretó Eusebio, para dar a Bautista un debut algo tristón en Primera, con sólo un minuto sobre el campo y sin llegar a tocar la pelota, entrando precisamente por Oyarzabal. Si en un partido sin tensión y ante un rival apetecible no puede permitirse la Real darle al menos veinte minutos a un chaval del Sanse que en apenas ese minuto tuvo los arrestos suficiente para luchar por un centro imposible, presionar la salida e incluso encararse levemente con un defensa del Villarreal, es que no entendemos lo que la cantera significa para este club. Pero al menos ya ha debutado. Ojalá sea el primero de muchos días.

La Real, esta extraña Real que sucumbe de forma consecutiva ante los dos peores equipos de la segunda vuelta y dejándose remontar, la misma que ha sido capaz de salir victoriosa de San Mamés y el Sánchez Pizjuán e imbatida de El Madrigal, ha sumado con este empate el punto que ha certificado matemáticamente el único objetivo que se ha permitido en esta trsitísima temporada, la salvación. El Sporting, que ahora cierra la zona de descenso, tiene 32. La Real, 42. Y quedan nueve por jugarse. La Liga, ahora ya sí del todo, se ha terminado. Desde luego, no procede felicitarse por este logro. Ilusión queda poca para los tres partidos que restan y Eusebio, de momento, no ha sido capaz de recuperar ni siquiera una pizca a pesar de que, fríamente, ha sacado un buen empate de un campo difícil. Pero las circunstancias han pesado tanto en este encuentro que es difícil recibirlo con más alegría. Al menos sirve para sumar y para recuperar la posición al Eibar. Así de pírricos son los propósitos que le quedan a la Real en esta Liga.

jueves, abril 21, 2016

REAL SOCIEDAD 1 - GETAFE 2 Derrota de una Real patética que exige una revolución

De la Bella, de lo poco rescatable ante el Getafe.
La Real es, hoy por hoy, un equipo patético. Es indigno jugar un partido como lo ha hecho el equipo de Eusebio ante el Getafe. Un Getafe horrible, que ha demostrado por qué llevaba 13 jornadas sin ganar y un marcador de 21-0 en sus partidos como visitante, y que si ahora mismo tiene alguna posibilidad de seguir en Primera es porque la Real da pena. Aún así, ha ganado 1-2. Y da tanta pena lo que se ha visto que exige una revolución. Ha sido un espectáculo penoso. Indigno de la camiseta que llevan. No puede ser que, año tras año, cuando sienten que han cumplido objetivos mínimos, se dejen llevar y protagonicen actuaciones tan paupérrimas como las de este encuentro. No es ya que adulteren la Liga, que lo hacen, es que son un insulto a quienes se dejan el dinero, el tiempo y la vida para disfrutar con el fútbol y con la Real. Y nadie parece ser consciente en el club de cuánto daño está haciendo esto. Cuántos niños están perdiendo su afición por la Real. Cuando adultos están desvinculándose emocionalmente de su equipo de siempre. Otra derrota humillante y otro final de temporada que se antoja triste y árido.

El once de Eusebio no fue nada revolucionario, lo que de alguna manera hacía anticipar la debacle. Obviamente, la principal novedad estaba en la portería, donde Oier ocupaba el puesto del sancionado Rulli. Los otros cambios, en realidad, eran bastante naturales. Ni la entrada de De la Bella por Yuri, la de Pardo por Illarramendi, ni la Jonathas por Prieto suponen cambios radicales. En cualquier caso, el temor era evidente, y es que la Real no se tomara muy en serio el partido, habida cuenta su situación clasificatoria y despreciando la posibilidad de acercarse a cinco puntos del Sevilla, séptimo clasificado. ¿Temor? No, certeza en realidad. Las enseñanzas de los últimos años no han calado en el club, que hace tiempo que dejó de dar importancia al estado de ánimo de sus aficionados después de temporadas de fracasos y desilusiones, y Eusebio, que sí ha demostrado ser un gran motivador en las grandes noches, no ha sido todavía capaz de frenar esta apatía de los días más pequeños.

Lo sorprendente es que el rival, un Getafe que en teoría llegaba a Anoeta jugándose la vida, demostró ser un equipo horrendo, justificando claramente esas trece jornadas sin conocer la victoria que se trajo a este encuentro y que la Real, obviamente, premió con regalos a granel. De haber tenido enfrente un rival de verdad y seriamente metido en la competición, la Real habría salido goleada. No hay más que recordar lo que hizo el Granada hace un año en Anoeta, de donde salió con un triunfo nada menos que por 0-3 para coronar otra inane actuación txuri urdin cuando nada tenía ya en juego. Y ojo, que el calendario todavía ofrece el viaje a Villarreal y la visita del Real Madrid a Anoeta. Para colmo, el partido comenzó torcido para los azulones, que en San Sebastián jugaron de rojo, ya que en poco más de un cuarto de hora, tenía dos jugadores amonestados, que además salen de Anoeta sancionados para la próxima jornada, uno de ellos, Roberto Lago, además lesionado, y claramente superados por una Real jugando a medio gas.

El equipo txuri urdin, con lo mínimo, parecía ser infinitamente mejor que el Getafe. De la Bella, con diferencia el mejor atacante realista, era una pesadilla para la defensa visitante cada vez que subía la banda. Eso sí daba igual que para la ocasión la Real jugara con un delantero centro por primera vez en semanas, porque Jonathas sigue siendo incapaz de aportar nada al equipo, ni siquiera un olfato de nueve que debió dejarse en Elche, como se vio en un centro espléndido de De la Bella que se quedó sin rematador. Oyarzabal fue el otro gran protagonista de lo mejor del equipo de Eusebio y suyo fue el mérito de que el 1-0 subiera al marcador. De la Bella efectuó con presteza un saque de banda para que el canterano tuviera tiempo y colocación para meter el balón en el área. Sin remate claro, el rechace de Guaita cayó muerto a los pies de Vela para que hiciera gol casi sin querer. La forma en que el mexicano celebró el tanto, con una frialdad casi insultante para el fútbol profesional en el que nos movemos y llevando de nuevo el brazalete de capitán, fue la mejor demostración del poco interés que tenía el partido para el equipo txuri urdin.

Tras el gol, la Real se dejó llevar definitivamente, cumpliendo los peores augurios de quienes temían que el equipo no mostrara afán competitivo alguno en estos duelos que restan para alcanzar las soñadas vacaciones. La segunda mitad del primer acto fue una oda a la desidia en la que un Getafe igualmente horrendo parecía que no iba a marcar ni aunque un jugador de la Real cogiera el balón con las dos manos y lo impulsara dentro de la portería de Oier. Moi Gómez pifió primero un remate franco en el punto de penalti. Después Pardo frenó con un notable esfuerzo una contra del equipo getafense que pareció nacer en fuera de juego. E Iñigo Martínez hizo el regalo habitual que sigue manchando su hoja de servicios intentando un regate absurdo en la línea de fondo, resbalándose, y dejándole el balón a Sarabia, cuyo centro al segundo palo lo acabó mandando Buendía a las nubes en una posición inmejorable. Pese a la nula categoría que demostró el Getafe, el empate se olía y acabó llegando segundos antes del minuto 45, al rematar Sarabia con toda la ventaja del mundo un centro de Álvaro Vázquez.

Cuando se llegó al descanso, cada equipo había disparado una vez entre los tres palos. Así de malo era el partido, con un equipo incapaz y otro al que ya es difícil poner calificativos. Ni Oier ni Guaita habían hecho parada alguna. Y el resultado, por tanto, era de 1-1. Tan malo fue lo de la primera mitad, que la Real al menos pareció salir tras el descanso pensando que algo más tenía que hacer. Pudo adelantarse por medio de Vela, que intentó por enésima vez esta temporada sin éxito su rosca habitual, estrellándola esta vez en un defensa. Jonathas gozó de un cabezazo totalmente desmarcado, pero su remate tuvo una precisión inexistente e inusual para alguien que presume de ser un delantero. Y entre ambas acciones, un balón que Vergini impulsó con la mano al girarse sobre el suelo bien pudo ser penalti. No señaló nada Sánchez Martínez, un árbitro tan malo como malencarado que consintió muchas acciones del Getafe que merecieron tarjeta y que, sin embargo, no dudó en amonestar por ejemplo a Granero por protestar. Y es que Anoeta sigue siendo una plaza increíblemente cómoda en la que arbitrar.

El ejemplo no tardó en llegar, incluso asumiendo que pudo estar bien señalado. Oier, hasta entonces prácticamente inédito, midió francamente mal una salida a los pies de Álvaro Vázquez, que vio el cielo abierto cuando el guardameta realista se fue innecesariamente al suelo, dejó la pierna atrás y se dejó caer sin más. ¿Penalti? Probablemente. Pero qué fácil caen los futbolistas profesionales de hoy en día. Y qué fácil pitan penalti algunos árbitros, sobre todo si lo comparamos con el barrido que sufrió Vela hace muy pocos días en Eibar y que Melero López no quiso señalar. Ante el Getafe, Sánchez Martínez sí tuvo ganas de pitar. Pitó, y el Getafe no perdonó. Álvaro Vázquez lanzó el balón sin mirar y por el centro de la portería, pero Oier ya se había vencido hacia su derecha. Como en Eibar, y ante un rival en crisis y con incontables jornadas sin ganar, la Real se dejó remontar un marcador a favor. Y lo peor de todo es que ya no sorprenden situaciones así.

Eusebio quiso reaccionar pronto, pero de nuevo padeció las deficientes convocatorias que confecciona. ¿Delanteros? Ninguno. ¿Hombre con gol? Menos aún, porque al Sanse no se le han dado las oportunidad que probablemente ha merecido visto el rendimiento del primer equipo.Y cuánto daño le ha hecho a la Real la lesión de Agirretxe, con cuyos goles habría conseguido que la temporada hubiera sido muy diferente. El técnico realista señaló claramente a Pardo, levemente silbado, para colocar sobre el césped a Granero. Y se rindió a la evidencia, como lo había hecho en las jornadas precedentes cuando le dejó sin minuto alguno, de que su delantero no lo parece y sentó a Jonathas, con protestas más evidentes aún por parte del público, poniendo en el campo a Bruma, tan revolucionado como siempre. Poco efectos tuvieron los cambios sobre el partido, tampoco la posterior sustitución de Markel para dar entrada a Xabi Prieto, que es todo lo ofensivo que podía hacer Eusebio. Y el caso es que la Real tuvo opciones para empatar, sobre todo un buen remate de Vela a pase de Elustondo que se fue algo cruzado o un disparo lejano de Granero que Guaita envió a córner, incluso alguna acción de Bruma, muy prometedora pero mal acabada.

Pero en realidad era imposible, e incluso pudo encajar algún gol más. La Real perdió porque no quiso jugar. Habrá excusas de todos los colores, pero cuando esta situación se repite siempre es porque tiene unas causas enquistadas. La Real, hoy por hoy, demuestra siempre que sólo tiene ambición en momentos puntuales, y no entiende el daño que está haciendo a su gente dejándose llevar de esta manera. Esta derrota ante un colista que demostró por qué lo era es de las que hacen daño. O, mejor dicho, de las que deberían hacer daño. Porque, en realidad, no lo va a hacer. No va a provocar una catarsis, una revolución o siquiera un atisbo de autocrítica. Y eso es lo peligroso. Jagoba Arrasate, David Moyes y ahora Eusebio encadenan tres finales de temporada terribles. Los dos primeros ya vivieron las consecuencias al iniciar la siguiente temporada. O las cosas cambian, o el futuro de Eusebio ya parece escrito para ser cesado en noviembre cuando la Real, otra vez más, prolongue un patético final de campaña. Pero antes, hay que insistir en ello, quedan cuatro partidos más. Cuatro ocasiones de que la herida sea más o menos profunda.

sábado, abril 16, 2016

EIBAR 2 - REAL SOCIEDAD 1 Atraco en Ipurúa

La Real perdió en Ipurúa.
Se rompió en Eibar la racha triunfal de la Real, y se rompió de la manera más insospechada. Como ya nos hemos visto en tesituras como esta, era fácil pensar que el equipo de Eusebio no iba a mantener la intensidad que permitió que el líder hincara la rodilla en Anoeta. No es nuevo. Y siendo además Eibar el escenario del partido, quien más quien menos podía intuir algo parecido a lo que finalmente sucedió en el partido. Pero no estaba en los cálculos que la Real dejara pasar un gol de ventaja, un golazo de Zurutuza, y sobre todo que fuera el árbitro, Melero López, quien decantara el marcador del lado del Eibar. El primero de los goles locales llegó como consecuencia de una extraña ley de la ventaja que propició un posterior error realista, pero sobre todo omitió un penalti flagrante que nadie es capaz de explicar por qué no se pitó. No es que estos tres puntos cambiaran la vida de la Real, pero eso no es excusa para tan nefasta actuación arbitral.

Antes de que Melero López fuera el hombre más determinante sobre el césped, Ipurúa vio un partido con ritmo pero sin demasiada calidad. Eusebio hizo sólo dos cambios en el once que dispuso ante el Barcelona y Jonathas se mantuvo como suplente. Como era de prever, Iñigo volvió al equipo titular, y el técnico realista colocó a Markel en el lugar de Granero. El resto, los mismos. Y como sucediera ante el Barcelona, el comienzo fue inmejorable, con un espectaclar golazo de Zurutuza que puso por delante a la Real. El origen del gol, un saque de banda que el realista de Rochefort recibió con un control con el que ya sorteó a un primer defensor. El balón se le quedó tan franco para conectar un disparo que ni Zurutuza, un futbolista que busca el gol con menos frecuencia de lo que realmente debería, no pudo resistirse. Y la parábola que describió su lanzamiento sirvió para certificar un fantástico gol que prolongaba el estado de gracia de la Real.

Ni siquiera el susto que dio Rulli a la parroquia realista, que arriesgó en exceso en un doble regate fuera de su área, sirvió para que el Eibar se metiera claramente en el partido. Y es que la Real se mantuvo atrás con la misma firmeza que venía mostrando en las dos últimas jornadas, las que sirvieron para romper aquella racha de cinco jornadas sin ganar que puso en peligro la temporada hace no tanto. Pero se tenía que notar que este derbi guipuzcoano se jugó en tierra de nadie, y el control de la Real no fue excesivamente férreo ni las intentonas del Eibar demasiado intensas. Lo más peligroso, de hecho, fueron jugadas que no llegaron a concretarse, la de los locales anulada por el árbitro antes de que Rulli la desbaratara con su salida y la de la Real un centro de Elustondo que Riesgo atrapó antes de que Zurutuza pudiera rematar.

En todo caso, el Eibar consiguió empatar en un buen centro desde la banda derecha que remató Enrich. El jugador azulgrana le benefició que el balón rebotara en el brazo de Reyes, y de esa manera esquivó la estirada de Rulli, que no pudo hacer ya gran cosa para evitar el gol. El tanto hizo que los locales vivieron sus mejores momentos, al menos rondando el área realista, pero sin demasiadas ocasiones de ponerse por delante en el marcador. Enrich sí que estuvo cerca de lograr el segundo del Eibar en un nuevo cabezazo, pero en esta ocasión el balón se fue por encima del larguero. Aunque la segunda parte pareció comenzar con las mismas señas de identidad, fue la Real el equipo que lo intentó por primera vez. Un fantástico centro de Xabi Prieto encontró la cabeza de Markel y este se topó con una espléndida intervención de Riesgo, que evitó el 1-2, sacando el balón de la esquina inferior de su portería con una gran estirada a su izquierda.

Con esa opción, la Real pareció recuperar el mando del partido, hasta el punto de que el equipo realista llegó a marcar. Pero Markel corrió hacia atrás desde una posición de fuera de juego para rematar el centro de Vela y el árbitro anuló acertadamente el tanto. En todo caso, fue una sensación efímera y por culpa de un doble error individual. Tras una jugada que probablemente debió acabar con una mano del Eibar dentro del área realista que el árbitro dejó seguir, un mal balón de Zurutuza hacia atrás lo recuperó Borja Bastón, que metió un centro al área que Rulli midió bastante mal y permitió que Escalante rematara a placer y sin dificultad para hacer el 2-1. La reacción e la Real no fue mala, pero sin demasiado peligro. Eusebio reaccionó con un cambio bastante razonable, recuperando el dibujo más reconocible, con un nueve, con Jonatahas por Xabi Prieto.

La Real estuvo cerca de lograr el empate a balón parado, con una falta botada por Illarramendi que Markel, que parece haberse convertido en el mejor rematador de cabeza del equipo en las últimas semanas, estuvo cerca de colocar en el interior de la portería. Los de Eusebio sí estaban cerca del área de Riesgo, pero lejos del gol. La entrada de Bruma por Zurutuza tampoco pareció cambiar el panorama, aunque poco a poco pareció evidente que el Eibar retrasó sus líneas y buscó alguna contra con la que acabar el partido. Y estuvo más cerca el 3-1 que el 2-2 en una contra en la que Rulli compensó el error del gol evitando que Keko cerrara definitivamente el portero. El propio Keko pudo marcar de nuevo, pero en esta ocasión fue Reyes quien salvó los muebles enviando el balón a córner. Y casi a renglón seguido, Escalante la rompió sin encontrar la portería.

Como sucedió en la nefasta racha que destrozó las opciones de la Real esta temporada, Eusebio volvió a echar en falta delanteros en su banquillo. Y eso es algo que está en su debe, porque tiene un filial que, pese a la confianza que ha depositado en Elustondo y Oyarzabal, no parece haber terminado de explotar. Este problema se ha puesto sobre la mesa cada vez que el equipo se ha puesto por debajo en el marcador, y aún no se ha solucionado. Esa es la responsabilidad en la Real, pero lo triste, lo que pasa tantas veces en esta Liga, es que fue el árbitro quien decidió el resultado del partido. Un entradón de Juncá a Vela dentro del área, cuando el mexicano ya había centrado, lo omitió Melero López de una forma absolutamente inexplicable. Quien diga que arbitrar es difícil, que vea esta jugada y que se replantee sus convicciones, porque el problema arbitral es mucho más intenso que ese azar compensatorio del que se habla en tantas ocasiones. Eso es penalti. No hay discusión ni disculpa. Y no pitarlo es algo que ha de ser explicado y que no se va a explicar.

Probablemente, la Real no mereció puntuar en Ipurúa. No jugó un buen partido, no aprovechó la ventaja que logró en el marcador y las constantes que permitieron lograr el triunfo ante rivales de la entidad de Sevilla y Barcelona apenas se vieron con cuentagotas, con lo que un simple esfuerzo del Eibar fue suficiente para voltear el resultado y que el equipo txuri urdin siga contando por derrotas sus visitas a Ipurúa en Primera. Pero Melero López fue quien decidió el partido, primero dejando seguir la jugada del primer gol después de una clara mano, por mucho que después fueran las deficiencias de la Real lo que provocara el tanto del empate, y después con su vergonzosa decisión de no señalar un penalti de libro, que además zanjó con una amarilla a Iñigo Martínez por protestar. La temporada está acabada y se ha notado en Eibar, que también la cierra satisfactoriamente con estos tres puntos, pero que decida el árbitro es algo que no debería permitirse.

domingo, abril 03, 2016

SEVILLA 1 - REAL SOCIEDAD 2 Sufrimiento con premio

Celebrando el 0-1, el gol de Markel.
Cuando las victorias llegan en el fútbol después de sufrirlas, saben francamente bien. Puede que dentro de unos años nadie recuerde la forma en la que la Real ganó en el Ramón Sánchez Pizjuán en la temporada 2015-2016, pero ahora mismo es uno de esos triunfos que da gusto saborear. La Real ganó con dos acciones a balón parado, ambas botadas por un Illarramendi que impartió una clase magistral en la noche sevillana, y sobreviviendo a casi media hora en inferioridad numérica tras una doble temeridad de quien estaba llamado a ser uno de los héroes del partido, Markel Bergara, autor del 0-1 con un preciso testarazo, del penalti que supuso el 1-2 y protagonista de la expulsión que pudo ser el arma decisiva del Sevilla para remontar a la Real. Pero no lo hizo, porque diez jabatos de txuri urdin, por mucho que vistieran un uniforme rojo, pusieron todo su sacrificio y entrega en el césped para conservar una victoria valiosísima. Esta vez el sufrimiento tuvo premio.

Y para lograr esos tres puntos que acercan a la Real al único objetivo clasificatorio que le queda ya esta temporada, una salvación holgada, el once con el que Eusebio hacía frente al dificilísimo partido del Sánchez Pizjuán dejaba noticias trascendentes antes incluso de que el balón echara a rodar. Además de la ya conocida ausencia de Pardo, el técnico dejaba en el banquillo a Elustondo y Jonathas, apostando por jugar sin un 9 claro y con un centro del campo fortificado con Markel, Illarra, Zurutuza y Xabi Prieto, otra vez más el jugador más claramente desconectado del juego pero sin entrar en rotaciones. La apuesta era más o menos previsible. Lo que nadie podía prever es que se comenzaría a hacerse buena a balón parado. No se había llegado al minuto 2 de partido, y la Real ya iba por delante en el marcador. ¿Habría sido una buena apuesta si el Sevilla hubiera cogido el mando del juego como acostumbra? Probablemente sí, porque la presión del equipo txuri urdin en zonas muy adelantadas del campo fue inmensa desde el principio.

Fue así, de hecho, como llegó la primera falta lateral, esa suerte estratégica que tan poco interés parece tener para la Real desde hace demasiado tiempo y que partidos como este demuestran lo importante que es para el fútbol actual. Pues bien, Illarra puso un balón perfecto al corazón del área y Markel lo cabeceó como si fuera un auténtico killer del área. 0-1, de la manera más insospechada viendo los antecedentes y con un protagonista como poco sorprendente. Pero Illarra y Markel, artífices del gol, se convirtieron pronto en los artífices de que la Real dominara el partido a su antojo. Ellos encabezaron una presión para la que contagiaron hasta a Vela y robaron tal cantidad de balones que el Sevilla no sabía ni por dónde le venían los jugadores vestidos de rojo, hasta el punto de que su única respuesta era la de cometer continuas faltas que un Clos Gómez aparentemente valiente para el escenario que pisaba no quiso sancionar con demasiadas amarillas aunque los locales las merecieran con creces.

El equipo de Unai Emery no dio demasiadas señales de vida hasta el minuto 17, cuando Reyes dispuso de una buena falta en la frontal del área que estrelló sobre la barrera. El dominio de la Real en el centro era tan absoluto que no sólo conseguía dificultar enormemente la salida del Sevilla, sino que lograba que no sucediera gran cosa en el encuentro, lo que con el 0-1 campando en el marcador era una noticia espléndida. El despertar del conjunto local no se produjo hasta poco antes de la media hora, cuando Rami reclamó un penalti por una temeraria acción de Yuri, que pareció atropellarle. Clos Gómez lo tuvo tan claro que hasta amonestó al sevillista por las protestas, pero lo cierto es que poco se hubiera podido lamentar que esa jugada hubiera acabado en los once metros. Hasta ese momento, Rulli no había tenido que hacer ni una sola parada. En apenas tres minutos, tuvo que hacer tres intervenciones. Primero, despejó dos disparos consecutivos en la misma jugada, después salió con valentía a los pies de Gameiro y frenó su lanzamiento.

Casi a continuación, la Real golpeó por segundo vez y casi con los mismos protagonistas. Illarra colgó otra falta al área, esta vez desde una posición más centrada y alejada de la portería sevillista, y Markel buscó de nuevo el remate. Pero el balón lo golpeó Krychowiak, convirtiendo la salida de Sergio Rico en una autopista hacia el 0-2, premio para el solidario esfuerzo de la Real y pleno absoluto en sus disparos entre los tres palos. El Sevilla estaba en shock, y era mérito absoluto del equipo de Eusebio. Dónde podría estar esta Real si exhibiera tanto sacrificio, solidaridad y compromiso siempre... Pero como no lo hecho en demasiados momentos, esta victoria momentánea que ostentaba en el Sánchez Pizjuán era oro puro. Y la idea para mantenerla era clara, seguir presionando lo más arriba posible. Pero el plan se torció de mala manera cuando nada hacía presagiar que iba a ser así. La salida tras el descanso mantuvo las constantes de la primera parte, pero un minuto fatídico iba a cambiar el partido.

A los cuatro minutos del segundo acto, Carlos Martínez cayó lesionado en una jugada muy al límite del atacante sevillista en un balón que el lateral realista ya había despejado a córner. Sus gestos de dolor no dejaban lugar a las dudas, y el puñetazo que el bueno de Charly pegó en el suelo mientras se retorcía en el césped confirmaba su mal fario, precisamente en el día en el que Eusebio le había dado la gran oportunidad de la titularidad para dejar definitivamente atrás su mala racha con las lesiones. En ese córner, todavía con diez realistas en el campo, Markel cometió un penalti clamoroso sobre Ramí, que le costó además la tarjeta amarilla. Gameiro disparó desde los once metros, Rulli adivinó que el balón iba hacia el lado derecho de su portería, pero se le coló prácticamente por debajo del cuerpo. 1-2 y el partido parecía abrirse. Pero la Real, ya con Elustondo en el campo, respondió bien, e incluso siguió acercándose al área de Rico, con una falta con la que Illarra intentó sorprender a la defensa sevillista y un remate poco claro de Iñigo en el córner posterior.

El Sevilla no parecía meterse con demasiada fuerza en el partido a pesar de recortar la distancia en el marcador, y no lo hizo hasta pasado el cuarto de hora, cuando Iñigo se convirtió en el protagonista, en el titán de la defensa realista que cortaba todo balón que llegaba al área. Eusebio ya había metido en el campo a Granero para sustituir a un extenuado Zurutuza, buen partido en su regreso a la titularidad, y seguro que ya estaba pensando la manera en la que aprovechar el arreón final del Sevilla, bien con Jonathas o con Bruma, cuando Markel se obcecó en pasar de héroe a villano, de ser el autor del primer gol y de haber robado multitud de balones, a poner el partido en peligro primero con el penalti y después con su expulsión. Sorprende, con la precisión con la que estaba actuando, lo tardía de la entrada que le hizo a Banega. Su segundo amarilla, completamente indiscutible. Markel abocó a la Real a más de 25 minutos de sufrimiento ante un Sevilla volcado y con sólo diez jugadores en el campo.

Y es verdad que esas son las situaciones que peor ha venido manejando la Real en su historia reciente, con lo que el pánico estaba completamente justificado. Pero el equipo txuri urdin respondió prolongando el sacrificio solidario que le había servido para ponerse 0-2 en el Pizjuán y consiguió aguantar el resultado de una manera admirable. Lo hizo, obviamente, reculando unos cuantos metros, pero mostrando un esfuerzo descomunal, además de todos sus integrantes. Vela, aunque ya cazó pocos balones, hizo lo que pudo como delantero único, Oyarzabal se convirtió casi en un lateral más y lo sorprendente fue que lograra acabar el partido en pie. Illarra terminó de firmar una actuación portentosa, de talla internacional aunque su paso por el Real Madrid haya hecho que mucha gente se ha olvidado del pedazo de futbolista que es. Y así todo el equipo con su entrega que supera incluso que el cien por cien.

Rulli, nervioso por alto, estaba portentoso por bajo y entre los palos, y primero despejó muy bien un disparo de Vitolo y después atrapó un balón a los pies del mismo delantero sevillista. Este, por cierto, le golpeó por segunda vez en el partido con un balón ya atrapado, y en ambas ocasiones después de haber visto ya una amarilla. Clos Gómez no quiso estar tan certero con el atacante local como lo estuvo a la hora de mostrarle las dos amarillas a Markel. Incluso se le puede echar en cara algo de cinismo, porque la siguiente vez que Rulli cogió el balón le acabó mostrando tarjeta amarilla por perder tiempo. Era todavía el minuto 76 y eso, con el arbitraje español, es la mejor garantía de que no va a haber un nuevo castigo por demorar los saques, así que Rulli disfrutó de carta blanca para ayudar a que sus compañeros cogieran oxígeno. Antes de que el guardameta argentino despejara un nuevo disparo de Banega, Gameiro tuvo una ocasión que se marchó rozando el palo, y después fue Iborra quien lo intentó sin fortuna, con una Real muy bien parapetada atrás.

Obviamente, los minutos finales supusieron una multiplicación del sufrimiento de los de Eusebio, pero la Real hizo muy bien las cosas y mereció los tres puntos que logró mantener. Le faltó cazar algún balón largo que diera algo más de desahogo, pero no tenía sobre el césped a los jugadores adecuados o en la mejor de las condiciones para poner desplegar esa forma de jugar. Así, la mejor arma de la Real era la pérdida de tiempo. Eusebio contribuyó sacando en el minuto 86 a Mikel González en lugar de Vela para formar una contundente acumulación de jugadores en el área, y Yuri vio también la tarjeta amarilla por demorar un saque de banda. La concentración de la Real permitió que los últimos minutos no se vivieran dentro del área de Rulli, que incluso pudo llegar al final del partido algo más tranquilo de lo que había vivido los minutos posteriores a la expulsión de Markel.

La Real sumó así tres puntos de oro en el Sánchez Pizjuán. El resultado, el mismo que se logró hace apenas tres años, se celebró de la misma forma a pesar de que los objetivos eran casi contrapuestos. En 2013, la Real prácticamente acarició la clasificación para la Champions League con aquel triunfo. Ahora, prácticamente ha certificado la permanencia en Primera y ha dado una tranquilidad valiosísima para afrontar con moral el choque ante el Barcelona, buscando prolongar una racha sin que el equipo blaugrana gane en Anoeta que ya asciende a cinco temporadas. Y como el fútbol tiene cosas graciosas con las que trazar bonitos recuerdos, ya en el partido de ida Krychowiak se había marcado en propia puerta uno de los dos goles con los que el equipo de Eusebio superó al de Emery. Y por si fuera poco en aquel partido de 2013 el Sevilla también se marcó el gol que supouso la victoria en fuera de juego. Fue Rakitic, ahora en el Barcelona. Los guiños del destino reforzaron en Sevilla el valor del sacrificio realista.

sábado, marzo 19, 2016

REAL SOCIEDAD 0 - LAS PALMAS 1 La Real está muerta

Elustondo, de lo poco mínimamente salvable.
Ya no hay ninguna duda, la Real está muerta. Las Palmas, ganando 0-1 en Anoeta, ha terminado de matarla. Y como Eusebio no consiga insuflarle siquiera un aliento de vida, y más bien pronto, todavía acabará esta lamentable temporada sufriendo para mantener la categoría. La Real está muerta porque no reacciona ante nada. No por falta de esfuerzo, sino porque no encuentra la manera de responder a ninguna de las situaciones a las que tiene que hacer frente en los partidos. ¿Equipo cerrado? Sufre. ¿Equipo abierto? Lo mismo. ¿Marcador en contra? Ya podemos ponernos a rezar. ¿Actuación arbitral dañina? Ni pizca de carácter siquiera para sembrar la duda. Y sí, la Real lo intenta, se deja la vida, corre hasta la extenuación. Pero no puede. Igual es que no sabe, porque ya son demasiados partidos en los que esto sucede. Y si no sabe, es que urge cambiar algo. O todo. Porque si en una temporada no se es capaz de ganar un partido de cuatro a Las Palmas, es que la Real está en estado de ruina.

Eusebio sacó el once más fácil, el más factible, el de más nivel, pero en el que no se pasa factura a la paupérrima temporada de muchos de sus futbolistas. Ni una sola sorpresa en el once. Diego Reyes por delante de Mikel González. Illarra y Pardo manejando el juego del equipo. Oyarzabal siendo ya insustituible. Y Vela completamente perdonado después de su salida nocturna en Madrid. El mensaje, claro: los pesos pesados tenían que ser los que lograran la victoria que diera la necesaria tranquilidad clasificatoria. La salida de la Real, a pesar de la frialdad de la tarde donostiarra, fue positiva. Nada para tirar cohetes, pero Las Palmas perdía el balón sin llegar a la línea del centro del campo porque la presión era intensa, y eso permitió las primeras opciones de gol. Primero probó suerte Illarramendi con una falta directa, en inmejorable posición, pero lanzó el balón arriba. Y después fue Pardo, también desde la frontal pero en juego, con un disparo que atrapó Javi Varas sin moverse del sitio.

No tardó en convertirse Mateu Lahoz en el primer gran protagonista del partido. Primero volvió a recordar lo mucho que le cuesta pitar faltas a favor del equipo de casa, algo que no es nada nuevo en partidos de la Real. Después hubo una jugada, un centro desde la banda derecha, en la que se pidieron dos penalti consecutivos, primero a Jonathas y después a Yuri, y los dos pudieron ser penas máximas bastante señalables, sobre todo la primera. A renglón seguido, el colegiado no tuvo ninguna duda en señalar penalti en el área contraria, y esta vez acertando, ante la enésima temeridad de Iñigo Martínez, mostrando de nuevo de forma evidente la razón por la cual no es un fijo en las convocatorias de la selección española y quién sabe si las reticencias de la Real a darle el contrato que sus condiciones merecerían. Su zancadilla a Aythami fue clarísima e innecesaria. Pero Jonathan Viera telegrafíó su disparo de tal manera que Rulli despejó el penalti con seguridad.

Disponer del penalti, a pesar de desperdiciarlo, sí desperezó a Las Palmas, algo a lo que también contribuyeron algunos errores de la Real. Un mal pase de Yuri, bastante impreciso en el encuentro, le costó la amarilla a Illarramendi por un claro agarrón. La respuesta realista fue un cabezazo de Vela, que arrancó metido en el partido para ir diluyéndose sin remedio y que no tardó en provocar la amarilla para Garrido, que Varas atrapó sin muchos problemas. El peligro de la Real se alternaba en las dos bandas, pero la derecha, con Xabi Prieto allí volcado, cobraba ventaja gracias a los balones que metían tanto Elustondo como Vela. El mexicano, de hecho, puso un balón de oro a Jonathas, que pifió el remate, a pesar de estar libre de marca, en la enésima demostración de que su nivel está siendo demasiado pobre para la inversión económica que ha hecho el club y la confianza que ha deposito en él Eusebio tras la lesión de Agirretxe y tras su efímera buena racha goleadora.

Aunque Las Palmas no conseguía generar ocasiones claras de gol, el partido estaba mucho más abierto de lo que le interesaba a la Real y sobrepasando el ecuador de la primera mitad se podía dar por equilibrado. A excepción de cuando Oyarzabal entraba en juego y ponía algo de luz, a los realistas les costaba mucho todo, atacar y defender. Para muestra, otra de Jonathas, que tras una salida defectuosa de Javi Varas lo único que pudo hacer fue apoyarse en su marcador y echar el balón hacia atrás. Y para seguir con el espectáculo dantesco en el que poco a poco se iba convirtiendo el partido, Mateu Lahoz decidió volver a convertirse en el protagonista. Lo que nunca debe de ser un árbitro. El colegiado señaló un libre indirecto dentro del área, por un juego peligroso cometido por Iñigo Martínez. ¿Lo era? Sí. ¿Se pita? Nunca. Y para colmo, Mateu dio validez al gol cuando el libre indirecto no fue tal, el balón no pareció moverse con el primer toque antes de que disparara William José, y si lo hizo fue mínimamente. Mateu no dudó, claro.

En todo caso, para complementar el show del colegiado, que tampoco es sorprendente a pesar de la buena fama que sigue teniendo, la Real también aportó el suyo. El balón entró llorando, después de que nadie de la barrera colocada sobre la línea de gol emprendiera siquiera una mínima carrera para obstaculizar el disparo. Como si nadie quisiera evitar el gol. El 0-1 provocó el incendio que se esperaba ante la increíblemente triste temprorada de la Real. Hasta los primeros silbidos de la grada, que se hicieron más palpables cuando el equipo enfiló el túnel de vestuarios para el descanso, denotaban la apatía que merece este decepcionante equipo que, con muy pocas excepciones, no se está ganando el derecho a seguir vistiendo esta camiseta. Y Las Palmas olió la sangre y estuvo cerca de marcar el segundo en varias ocasiones, la más clara ya en el descuento a cargo de El Zhar, que se topó con el cuerpo de Rulli. Para colmo, la Real tenía que dar gracias por marcharse al descanso perdiendo sólo por un gol, y ese agradecimiento se lo tenía que dar a su guardameta, muy seguro ante Las Palmas.

La debacle en la que se estaba convirtiendo el partido sí pareció espolear a la Real en el segundo tiempo, con un Pardo dominante, pero que también fue desapareciendo, como el equipo en su conjunto. En todo caso, en esos minutos el balón rondó el área de Las Pal mas y en sólo cinco minutos el equipo realista generó dos clarísimas ocasiones de gol, una a placer que Jonathas de nuevo volvió a tirar fuera incomprensiblemente (por si acaso, y aunque estaba en línea con el balón, el asistente de Mateu señaló fuera de juego), y después una maravillosa rosca de Oyarzabal que encontró el paradón de Javi Varas. A pesar del justificado enfado de la afición, ese poquito bastó para que se enchufara al encuentro, una lección que el equipo no suele aprender, que va a estar a los suyos de su lado a poco que les ofrezca. Y quien ofrece en esta Real es Oyarzabal, a quien los jugadores de Las Palmas no paraban de frenar en falta y eso, al menos, permitía una acumulación de tarjetas que, cómo no, no se aprovechó. Como las jugadas de estrategia, otro enorme lunar para el equipo de Eusebio.

El partido entró en una situación muy similar a la que ya se vivió en Vigo. A remolque en el marcador y presionando al rival en el área. Pero, claro, esa situación hace que cada salida de Las Palmas se convirtiera en peligro asegurado, por mucho que el equipo canario no supiera cerrar el partido a pesar de las evidentes facilidades que fue dando la Real con el paso de los minutos. Así, al cuarto de hora, Tana probó suerte desde la frontal y volvió a toparse con la espléndida parada de Rulli, con diferencia el mejor realista del partido. Tras esa jugada, Eusebio movió ficha con lo poquito que tenía en el banquillo y quizá lamentando su frase de la víspera, esa en la que dijo manejar otras alternativas a la convocatoria de Bautista. Zurutuza entró en el campo por un Xabi Prieto desaparecido una semana más y que escuchó algunos silbidos. Pero la Real seguía sin reaccionar en serio, e incluso fue Las Palmas quien más cerca estuvo del gol, en una contra que Illarra supo resolver cuando la situación parecía realmente peligrosa.

Zurutuza dinamizó la línea de ataque y empezó a meter buenos balones. Y cuando fue él quien se internó en el área y fue derribado por David García, Mateu Lahoz decidió que lo de pitar penaltis para los dos equipos no iba con él. Tan malo es, que regaló un córner que en ningún caso se había producido. Pero la Real había colocado el partido en un todo o nada. Sin apenas defensas, cada balón despejado por Las Palmas tenía opciones de convertirse en un contraataque que acabara siendo el 0-2. En una de esas jugadas, Elustondo tuvo que hacer una falta clara y vio la amarilla. Y, en realidad, los realistas no eran capaces de transformar su desesperación en peligro, porque los llamados a marcar diferencias, Vela y Jonathas, desparecieron. Sin opciones de ataque, y de eso sólo tiene la culpa él cuando hay un filial para solventar estas situaciones, las decisiones de Eusebio en el partido no eran más que colocar hombres de refresco, sin cambio táctico alguno. Primero metió a Carlos Martínez por Elustondo y después a Granero por Pardo.

Pero la Real se pasó tantos minutos sin generar ocasiones claras de gol que dio la impresión de que Las Palmas estaba haciendo lo que quería. Muchos centros a ninguna parte, muchos balones metidos sin que ningún realista los entendiera, Granero generó estupefacción con alguno de ellos, y el último remate de Jonathas, forzado pero sin conseguir siquiera que el balón saliera dirigido hacia la portería de Javi Varas fue el perfecto resumen de otro partido más en el que la Real ofreció una imagen deplorable. Dado que el empate parecía absolutamente imposible, lo que resulta increíble en esos minutos es que no llegara el 0-2. Lo tuvo Dani Cstellano, pero su remate para coronar la enésima contra de Las Palmas fue horrible. El final del partido, de los más tristes que se recuerdan porque no hubo ni la más mínima opción de empatar.

La pitada con la que Anoeta despidió a su equipo fue merecidísima. La Real, sí, está muerta. No está enterrada porque el nivel de la Liga es lamentable, y, con todo, el colchón sobre el descenso sigue siendo amplísimo, de ocho puntos. Pero eso es lo único que puede celebrar la Real, que hay demasiados equipos de un nivel lamentable o que no se han dado cuenta, como Las Palmas, que está dos puntos por debajo, que son mucho mejores que la Real. Cuatro partidos ante los canarios. Ni una victoria. Eliminados de la Copa. Un entrenador cesado por el desastre que se vivió en las islas. Y ahora una derrota demoledora. La Real suma cinco jornadas sin ganar, dos puntos de quince posibles. En esta situación, casi parece una burla hacia los aficionados que aquellas cuatro victorias seguidas, ya olvidadas, pudieran hacer pensar en Europa. Este equipo no lo merece. Como la afición no merece este equipo. Y ojo, que en el calendario vienen curvas y la Real no está salvada.

sábado, marzo 12, 2016

CELTA 1 - REAL SOCIEDAD 0 Otra temporada desperdiciada

Illarra, en el partido de Balaídos.
Se acabó. Otra temporada a la basura, otra Liga desperdiciada, otra Real con aspiraciones, y esta vez además con una importante inversión económica de por medio, que se queda en tierra de nadie, Y cuando son ya tres consecutivas, igual hay que pensar que el problema es de calado. La Real perdió en Balaídos ante un Celta bastante escaso, que marcó un gol al cuarto de hora y con eso le bastó para aguantar a una Real primero desastrosa y después impotente. Ni sin Vela ni con él. Se acabó la temporada, porque la séptima plaza estará al final de esta jornada a una distancia que hay que considerar como imposible, a un mínimo de nueve puntos y a un máximo de diez, ya más lejos que las posiciones de descenso que tampoco serán un problema en cuanto el equipo de Eusebio vuelva a ganar algún partido, después de acumular ya cuatro sin vencer. La tristeza se ha instalado en el equipo txuri urdin y ya sólo queda languidecer otros dos meses más para llegar a las vacaciones.

Puede que esto también sea consciencia de lo poco en serio que se toma a sí misma la Real. Una hora antes del partido, y al mismo tiempo que se confirmó que Reyes estaría en el centro del campo, Elustondo en el centro de la defensa y Zaldua en el lateral diestro, Eusebio desveló la gran incógnita: Vela comenzaba el encuentro en el banquillo. Antes de que el balón echara a rodar, resultaba difícil evaluar la idoneidad de la decisión, puesto que si el castigo estaba levantado es casi imposible de entender la suplencia del teórico mejor realista, como fue imposible entenderla en el Vicente Calderón pero con el añadido de que la Real llegó a Balaídos con la necesidad de ganar para no quemar la última bala europea ante un equipo que sería rival directo en esa pelea. Y si la Real de verdad creía en esa posibilidad, que parece que no, su puesta en escena en el campo del Celta sólo puede calificarse de mediocre. Si esto era una final, nadie en la Real pareció darse por enterado.

No hay más que ver cuál fue el primer disparo de la Real, un lanzamiento desviadísimo de Illarramendi que llegó en el minuto 43 de la primera mitad. Antes de eso, Sergio apenas tuvo que levantar los brazos para cazar un centro chut de Pardo, ese fue todo su trabajo en una primera mitad lamentable del equipo de Eusebio, que siempre estuvo a merced de un Celta que ni siquiera tuvo que hacer nada del otro mundo para imponerse al equipo txuri urdin. Con llevar el balón a zonas cercanas al área de Rulli, la Real temblaba. Temblaba por el centro, donde Reyes no era capaz de anticiparse, temblaba por las bandas, donde sobre todo Zaldua pero también Yuri sufrían bastante. Temblaba hasta en la portería, porque Rulli estuvo a punto de patear muy tarde ante la presión celtiña. Y temblaba incluso en la salida desde el campo del Celta, porque tanto Illarramendi como Pardo parecían tener orden de presionar muy arriba y, una vez superados, se quedaban sin presencia activa en el partido. Coronando eso con un nuevamente desafortunadísimo Jonathas, el desastre era total.

Sólo hay una pequeña salvedad a ese desastre, y es el entusiasmo de Oyarzabal, el único que intentó alguna cosa razonable por mucho que esta no fuera su tarde. El resto, muy por debajo del nivel que se esperaba de ellos, con menciones de honor para el capitán, Xabi Prieto, incapaz de regatear a nadie o de que uno de sus centros llega a zona de remate, y para un Jonathas que no aporta absolutamente nada al juego del equipo y que sin goles se muestra como un jugador limitadósimo, Así, perder por la mínima al descanso, como sucedió en el Calderón, era la mejor de las noticias. Y eso que el gol del Celta fue, en realidad, su primer disparo ente los tres palos, en realidad el único del partido, y llegó después de quince minutos en los que no había sucedido prácticamente nada en el encuentro. Pero cuando un balón largo cogió la espalda de Yuri, parecía evidente que había peligro. Iago Aspas controló bien y ejecutó una bonita vaselina que evitó a Rulli. Tampoco es que el Celta tuviera mucho más peligro, aunque en el último minuto de la primera mitad sí tuvo que sacar una buena mano abajo el argentino para evitar que un centro de Wass tuviera más peligro dentro del área pequeña.

Para entones, la Real había dejado un absoluto ejercicio de mediocridad, que tampoco es nuevo, que pudo haberse maquillado si Martínez Munuera, un árbitro tremendamente permisivo con los de casa (con el triple de faltas cometidas, el Celta sólo vio una tarjeta más que la Real, y fue por perder tiempo), hubiera señalado lo que pareció un claro penalti a Oyarzabal tras una falta lateral botada por Pardo hacia el segundo palo. Como el carácter tampoco sobra en la Real, el chaval de 18 años se quedó solo en la protesta, como hace unas semanas el de 20 se quedó tirado en el césped tras una entrada criminal sin que a sus compañeros pareciera importarles demasiado. Tan mala había sido la primera mitad, que cualquier cosa que se viera en la segunda mejoraría sin duda la triste imagen que había dejado la Real. De esa manera, no empezaron mal los de Eusebio, que con muy poquito consiguieron encerrar al Celta en su área. Los de Berizzo apenas salieron dos veces con peligro de su campo, y no llegaron a provocar que Rulli tuviera que intervenir. Un balón de Aspas que se paseó por la línea de gol fue su única opción clara de hacer el 2-0, y eso que la Real se volcó.

Con todo, la reacción txuri urdin tuvo el mismo lento y cansino ritmo de tantas otras ocasiones. El partido, de hecho, se parecía bastante al de la temporada pasada, aunque esta vez no estaban ni Chory ni Agirretxe para revolucionarlo. El primer disparo a puerta, y con escaso peligro, no llegó hasta el minuto 55, cuando Xabi Prieto cabeceó a las manos de Sergio otra falta lateral botada por Pardo, que sigue mostrando una buena mejoría en esa suerte. Cuando se produjo esa jugada, Eusebio ya había decidido meter a Vela en el campo, cosa que hizo tras la siguiente jugada. Diez minutos más tarde de lo que lo hizo en el Calderón, el técnico realista reordenó al equipo con más lógica. Sentó a Zaldua, acribillado a faltas por la defensa del Celta cada vez que osaba cruzar la línea del centro del campo, con lo que Elustondo pasó al lateral, Reyes al centro de la zaga, e Illarra y Pardo retrasaron su posición para organizar el juego. Haríamos bien en pensar que, incluso jugando mal, de esta manera la Real al menos dominó el partido, la posesión, el balón y hasta las ocasiones jugando en el campo de un equipo que sí va a luchar hasta el final de la temporada por estar en Europa.

A pesar de las críticas que merece el partido de la Real, cuando la segunda mitad llegaba a su ecuador la derrota ya era bastante injusta oponiendo sus méritos a los del Celta. Oyarzabal metió un espléndido balón a Vela entrando por la derecha y su disparo, después de rebotar en un defensa, se estrelló en el lateral de la red. En ese córner, Oyarzabal, con el cuerpo mal colocado, lanzó el balón muy arriba desde una posición interesante. Y apenas dos minutos después de esas dos jugadas fue Jonathas, otra vez desaforunadísimo en todas las facetas del juego, quien envió el balón arriba desde el interior del área, en teoría la zona en la que tendría que tener un porcentaje de acierto mucho más elevado. El segundo cambio de Eusebio quiso mantener el dibujo y las pretensiones, pero dando más mordiente ofensiva. Xabi Prieto dejó el campo después de otra triste actuación y entró Bruma. El guineano con nacionalidad portuguesa tuvo una buena opción de marcar en el minuto 84, después de un buen caracoleo en el área y un disparo junto al palo que detuvo Sergio con seguridad.

Antes, Jonathas quiso desviar un envío desde la izquierda que no le generó muchos problemas al guardameta del Celta. Y Eusebio quemó sus naves con uno de esos cambios inofensivos que, semana tras semana, nos recuerdan los muchos desequilibrios no sólo ya de la plantilla realista sino también de las convocatorias de Eusebio, que no se sabe muy bien por qué no echa mano del Sanse cuando las bajas afectan con tanta severidad a sus hombres de ataque. Buscando una victoria, al menos un empate que tampoco habría servido para mucho, un cambio de Héctor por Yuri a cinco minutos del final no va a aportar demasiado. Y aún así la Real volvió a merecer el empate en esos minutos finales, Illarra estuvo cerca de lograrlo primero con un disparo franco y después con un barullo final en el área. El partido, eso sí, murió en el área del Celta, reflejo de la superioridad realista en la posesión, pero lo hizo sin que Sergio tuviera que erigirse en héroe de la tarde, muestra de que a la Real le sigue costando una barbaridad generar peligro claro y de que echa muchísimo de menos a Agirretxe.

El empate habría sido un mal menor, un consuelo que hubiera podido mantener aún alguna esperanza en el caso de que se vuelvan a conectar un par de victorias seguidas, pero la derrota obliga a poner los pies en el suelo y asumir que esto se ha acabado. A la Real ya sólo le resta conseguir un par de victorias más cuanto antes para certificar ya la permanencia y no ver cómo los puestos de descenso puedan acercarse algo en las próximas jornadas, porque Europa es ya una quimera. La derrota en Balaídos no sólo se ha llevado por delante todas las reservas de ilusión que pudieran quedar en esta temporada, sino que también ha puesto en entredicho la calidad del equipo. El vestuario dio la cara por Vela y pidió que entrara en la convocatoria. Si después de mostrar semejante compromiso de puertas hacia dentro, lo que opusieron al Celta es todo lo que pueden hacer en el césped, muy mal van las cosas en la Real. Y así no es de extrañar que otra temporada más pase al olvido de una manera tan temprana, cuando quedan todavía nueve jornadas por jugarse.

domingo, marzo 06, 2016

REAL SOCIEDAD 1 - LEVANTE 1 Todo no fue suficiente

Iñigo protagonizó varias arrancadas.
El Levante volvió a atragantarse a la Real en Anoeta. El equipo de Eusebio, esta vez sí, lo dio absolutamente todo para ganar. Supo entender el partido, por dónde podía generar ocasiones, en qué jugadores debía apoyarse, dónde estaban las posibilidades de hacer goles, y ese todo no fue suficiente para ganar. Es lo que tiene el fútbol, probablemente uno de los deportes que menos aprecio tiene por la justicia a la hora de dirimir triunfadores. Porque si con lo que se dejaron en el campo Reyes, Iñigo Martínez, Pardo y sobre todo un descomunal Oyarzabal no es suficiente para ganar, es que el fútbol no es un deporte justo. El Levante sudó sangre para conseguir un punto que a priori no le va a servir de mucho y la Real cierra una semana catastrófica en la que ha sumado un punto de nueve y supedita al éxito en su visita la próxima semana a Vigo todas las pocas posibilidades que le quedan de llegar al final de la temporada luchando por Europa. Todo no fue suficiente, no. Maldito fútbol.

Dijo Eusebio en la rueda de prensa previa al partido que no se arrepentía del once y del planteamiento que dispuso en el Vicente Calderón, pero era evidente que no iba a repetir en dos ocasiones consecutivas un mensaje tan claramente derrotista. Ante el Levante volvió el mejor plan que puede alinear el técnico ahora mismo, con ligeros matices que sí se pueden debatir. Las únicas dudas que habían eran un central y un centrocampista. En el primero de esos duelos, Reyes le ganó la partida a Mikel, y en el segundo Xabi Prieto a Granero, dejando claro que para Eusebio el capitán tampoco entra en rotaciones de forma habitual sea cual sea su estado de forma. Esa, de hecho, fue una de las perores decisiones del técnico, porque el capitán no encuentra su mejor versión. Ni se acerca. Y es una pena, porque es muy llamativo el desequilibrio con Oyarzabal, que sigue siendo de lo más destacado del equipo. Es más, dejar a este chaval en el banquillo se ha convertido ya en una decisión incomprensible.

La forma en la que la Real saltó al césped de Anoeta fue peculiar. El partido se jugó a un ritmo alto y con un riesgo evidente. No es que eso sea reprochable, pero en los tiempos del equilibrio y el control casi sorprende que un partido se juegue como antaño, a ver quién acierta más en ataque en lugar de a quién defienda mejor. Quizá por eso, la primera ocasión del partido fue un disparo de Morales que no encontró portería. Y quizá por eso Oyarzabal fue claramente el mejor realista en esos minutos de arranque del partido, siendo un incordio constante para la defensa del Levante y coronando francamente bien la insistencia por las bandas del equipo txuri urdin. Con Illarramendi y sobre todo un espléndido Rubén Pardo hartándose a robar balones en el centro del campo, el problema de la Real era que no conseguía poner buenos centros, porque la superioridad por las bandas la lograba prácticamente en todas sus jugadas de ataque.

El 1-0 pudo llegar desde el punto de penalti, cuando Vela fue arrollado por la espalda dentro del área, pero Pérez Montero, que perdonó varias amarillas al Levante amparándose en la ley de la ventaja, no paró el juego. Casi a continuación, Jonathas también reclamó una pena máxima que, como su caída en el Calderón, no pareció gran cosa. Pero en ese córner, la Real sí consiguió adelantarse. A falta de un primer remate, el balón botado desde la esquina acabó llegando a Yuri, que puso la directa hasta la línea de fondo, sorprendió a la defensa levantinista, y su centro lo cazó Reyes, que se quedó libre de marca y disparó con todas sus fuerzas contra el cuerpo de Mariño, que no acertó a evitar el gol. Su rabia al celebrarlo demostró que no se ha olvidado de que su autogol comenzó a cavar la tumba de la pobre Real que se vio en el Calderón. Jonathas debió hacer el 2-0 casi a continuación, pero su cabezazo, en muy buena posición, salió flojito, y Oyarzabal confirmó lo mucho que alteraba al Levante forzando la amarilla para Feddal.

A pesar de que el partido pintaba francamente bien con el gol que abrió el marcador, la Real perdió el control durante unos pocos minutos. En ese tramo, Verdu pudo empatar, pero su volea picada contra el suelo se marchó sin encontrar portería. Lerma lo intentó con un fantástico disparo desde fuera del área que Rulli repelió con muchísima solvencia. Pero en el subsiguiente córner sí llegó la igualada. Fue un gol bastante extraño, y que probablemente el guardameta argentino de la Real debió evitar. El lanzamiento desde la esquina llegó hasta la frontal del área pequeña, en una situación en la que Rulli debió salir con firmeza para coger el balón arriba, donde no pueden llegar los delanteros. No lo hizo, hubo un despeje de Reyes y el mexicano, en el suelo, estorbó ligeramente al arquero, que no pudo evitar la vaselina en la que se convirtió el cabezazo a puerta de Deyverson. A la Real le tocaba otra vez remar, y lo cierto es que lo hizo bastante bien, sobre todo a partir del descanso, pero el gol del triunfo debió llegar ya en la primera mitad.

El recital de centros de Oyarzabal, menudo partidazo el suyo y menudo esfuerzo que Anoeta reconoció como se merece, comenzó a la media hora. Un envío precioso con rosca lo desaprovechó Vela de forma incomprensible cuando todo Anoeta, las más de 18.000 valientes que desafiaron a la lluvia, ya estaba cantando el gol. La insistencia de la Real provocó el embotellamiento del Levante en su propia área, y sólo el desatino en los centros, destacando un francamente pobre Xabi Prieto, impedía que el claro dominio txuri urdin se transformara en ocasiones claras de gol. Si el tramo final de la primera mitad fue así, la segunda parte no hizo más que acentuar el dominio realista. A ello contribuyó que Eusebio no esperase ni un minuto para dejar fuera a Prieto y colocar a Granero en el campo. Y aunque la primera ocasión tras el descanso fue para el Levante, un disparo de Toño García que Rulli envió a córner, el segundo tiempo fue un monólogo realista, con un corazón inmenso que por ejemplo Iñigo personificó con varias arrancadas desde la defensa.

La primera gran ocasión para la Real fue un disparo de Vela, una de sus habituales roscas desde la izquierda. Aunque el tiro sí se pareció mucho a los que el mejor Vela ha mostrado en la Real, se le fue arriba. Pérez Montero, todo un cómplice de las pérdidas de tiempo del Levante (tres minutos de descuento, el estándar inmutable cuando cualquier equipo quiere sacar un empate de Anoeta) y en las faltas con las que se ensañaba con jugadores con dorsal del filial, señaló a instancia de su asistente un inexistente fuera de juego de Vela cuando encaraba solo a Mariño. Jonathas, en el único balón que pudo controlar de forma decente, fue derribado por Verza, que vio la amarilla. Oyarzabal probó fortuna entrando como una flecha en carrera tras un buen pase de Granero, pero su disparo se fue arriba. Y ahí es cuando Eusebio debió mirar a su banquillo y asumir que su convocatoria tenía un gravísimo error. Puso a Bruma en el campo, retirando a Pardo. Y después de eso, ¿qué? Sólo le quedaban centrales y laterales. Así que después de eso, nada. En un partido de una enorme exigencia física, la Real no agotó sus cambios porque no tenía con qué agotarlos en este escenario.

A Eusebio no le quedó más remedio que encomendarse a lo que tenía en el campo. Y la verdad es que debió ser suficiente para ganar. Bruma, que como siempre combinó buenas acciones con otras en las que no parecía saber qué estaba haciendo, puso un centro que Vela remató de cabeza de forma forzada. A continuación, con un pase excepcional, Oyarzabal dejó completamente solo a Bruma, que puso muy bien el cuerpo para permitirse el disparo, pero incomprensiblemente este no encontró portería. El propio Oyarzabal, que estaba en todas, remató alto en posición forzada, y el chaval fue el encargado de poner una nueva asistencia de oro para que Bruma tampoco fuera capaz de hacer el ansiado 2-1. En los diez minutos finales, el gol pudo llegar más por empuje que por fútbol o por ocasiones claras, pero la Real ya había merecido con creces el triunfo. El Levante, con muy poco, fue capaz de sacar el punto que perseguía y con el que parecía conformarse desde que logró el gol del empate. La Real, extenuada, se quedó otra vez con la miel en los labios.

Eusebio paga con este inmerecido empate el peligro de no tomar en serio todos los partidos. No salir a disputar el encuentro del Calderón ha hecho que los dos pinchazos consecutivos en Anoeta penalicen todavía más. Europa se va y el equipo txuri urdin, a falta de diez partidos, corre el riesgo de terminar otra temporada más en tierra de nadie, sin peleas y sin objetivos. Le queda, efectivamente, una bala, y es que el calendario ha tenido a bien enfrentarle la próxima jornada contra el equipo que ostenta ahora mismo la séptima posición, el Celta. Si la Real no vence en Balaídos, esa posición quedará a un mínimo de siete puntos, que podrían llegar a ser diez. Una remontada de más de un punto por jornada se antoja una tarea titánica. La Real está pagando su pésimo arranque de temporada, su mala planificación y su puntual desidia en momentos clave de la temporada. Y es una lástima, porque, si se piensa en la irrupción de Oyarzabal, esta temporada tenía todavía más mimbres para ser importante.