domingo, diciembre 18, 2011

RACING 0 - REAL SOCIEDAD 0 Doble injusticia, punto valioso

La Real ha vivido hoy una doble injusticia en El Sardinero. Por un lado, la arbitral, la que le ha vuelto a dejar con diez jugadores en un partido en el que no lo ha merecido. La expulsión de Iñigo Martínez, también responsabilidad suya como sucedió con la de Elustondo hace siete días, pero una frivolidad viendo lo que hemos visto en los últimos tiempos y en otros campos, ha dado al Racing muchas más opciones de las que con su juego ha tenido en el partido. Es lo que tiene que haya en el campo un árbitro como Velasco Carballo. Internacional, dicen. Por otro lado, la del marcador. La Real ha sido mucho más y mucho mejor que su rival, y ha generado casi todas las ocasiones del partido, incluso cuando estaba en inferioridad. Pero hoy, a diferencia de lo que sucedió en los últimos partidos, el equipo txuri urdin ha fallado las ocasiones que ha tenido. Que no han sido pocas dadas las circunstancias. El punto, al menos, permite mantener la dinámica positiva y mantener muy lejos las derrotas.

Montanier recuperó las sorpresas que marcaron sus decisiones en el primer tramo de la Liga y para sustituir a Elustondo optó por Demidov. Cuando llegó a la Real, se nos dijo que tenía experiencia como mediocentro y capacidad técnica para jugar ahí, pero Martín Lasarte no llegó a utilizarle en ese puesto. Vistos los antecedentes, es curioso que el técnico francés opte por descartar de antemano a Pardo y que no apueste por Mariga. Lo cierto es que la Real perdió capacidad para sacar el balón desde atrás, tarea que recayó más en Iñigo Martínez y en los laterales, con desigual éxito. El resto fueron los mismos de las últimas jornadas. Es decir, que la apuesta ha sido continuista. Y continuidad ha tenido esta Real, pues su resultado ha sido muy similar al que exhibió en Villarreal. La única diferencia es que, en esta ocasión, no ha habido peligro real de perder el encuentro salvo en un centro que se envenenó hasta estrellarse en el larguero y, sobre todo, por la expulsión. Porque rival tuvo poco. El Racing no fue nada de lo que cabía esperar, salvo en el comienzo del partido, cuando sí pareció que buscaba la portería de Bravo.

El equipo local se apagó en cuanto la Real dio el primer aviso. En el minuto 10, Griezmann, que se mantiene tan incisivo como estuvo en Copa ante el Granada aunque por desgracia no tuvo tanto acierto, se sacó un zapatazo que se estrelló en el palo. Qué poca suerte está teniendo el equipo txuri urdin esta temporada con la madera. El partido habría cambiado mucho, y muy a favor de la Real, porque, insisto, el Racing se mostró como un rival de poco poderío. El francés tuvo una nueva ocasión en el minuto 18, después de un jugadón de Agirretxe que colocó el balón en el segundo palo. Y en el minuto 37 tuvo Griezmann, gran partido el suyo, una tercera oportunidad de adelantar a la Real que Toño le sacó con la rodilla. El Racing, a cambio, sólo tuvo una oportunidad clara de gol, un balón en profundidad a Adrián que Bravo desbarató con su salida. Pero el balón era txuri urdin, eso era indiscutible en la primera mitad. Ahí es donde esta Real dio un paso más en su progresión. Fuera de casa, estaba teniendo más posesión, más ocasiones y mucha más sensación de peligro que el equipo local.

La clave del partido, aunque entonces no lo sabíamos, llegó en el último minuto de la primera mitad. Una falta a favor de la Real, la enésima que hizo el Racing por detrás y para cortar la salida del equipo txuri urdin desde su propio campo, desembocó en una trifulca que se saldó asombrosamente con dos tarjetas amarillas para jugadores realistas y una sola para un jugador racinguista, que además ni siquiera fue el que hizo la falta. Porque ese, Bernardo, ya tenía una tarjeta amarilla y se habría ido a la calle de ver la amonestación por esa infracción. Velasco Carballo tuvo con él los miramientos que no tuvo Undiano Mallenco hace una semana con Elustondo en Villarreal... y la que él mismo no tuvo con Iñigo Martínez, uno de los amonestados en ese minuto final de la primera mitad, en el minuto 54. Doble amarilla, roja y a la calle. La Real, por segunda jornada consecutiva, se quedó en inferioridad por no hacer prácticamente nada, excesivamente penalizada para las pocas faltas que comete. ¿Que se equivoca Iñigo Martínez? Como se equivocó Elustondo en Villarreal, sí. ¿Que las dos tarjetas pudieron ser justas? Puede ser. ¿Que el listón no es el mismo para la Real y sus rivales? Indudablemente. Y ya hemos visto demasiados ejemplos.

Con uno menos, el Racing tuvo un leve atisbo de mejoría, pero ni aún así fue capaz de poner en apuros a Bravo. Sólo en un centro chut de Álvaro que acabó estrellándose en el larguero, madera que, después de tantos puntos que se han ido al limbo por su culpa, esta vez sí se portó bien con la Real. Lo demás, en realidad, fue un quiero y no puedo que evidencia por qué el Racing es el penúltimo clasificado, aunque no haya perdido ningún partido desde su cambio de entrenador. Los locales no fueron capaces en ningún momento de ganar terreno a la Real ni de generar ocasiones. En defensa, con un gran Mikel González, nunca pareció que sólo había diez jugadores realistas en el campo. En ataque sí, porque las opciones disminuían proporcionalmente al crecimiento del cansancio de sus delanteros. Y, sin embargo, la Real tuvo dos ocasiones más para llevarse el partido. La primera en las botas, de quién si no, de Griezmann, que estuvo a punto de regatear a cinco defensores y al portero, que fue quien finalmente acabó con el jugadón que hizo el canterano francés. Ifrán, nada más saltar al terreno de juego, disparó desde fuera del área y el bote del balón estuvo a punto de jugarle una mala pasada a Toño.

Mencionado Ifrán es hora de evaluar los cambios de Montanier. Si inesperada fue la inclusión en el once de Demidov como mediocentro, también fueron algo sorprendentes los cambios que introdujo, por tiempo y por forma. Era evidente que con la expulsión de Iñigo Martínez, era Demidov el encargado de colocarse en el centro de la defensa. Pero Mariga tardó seis minutos más en saltar al césped. Y lo hizo por Aranburu, debilitando otra vez el centro del campo, como ya hizo el técnico francés en el Benito Villamarín. El segundo cambio fue ya en el minuto 72. Xabi Prieto por Agirretxe. Si bien la entrada del diez parecía lógica para iniciar jugadas, la salida del 9 privó al equipo de la única posibilidad de bajar un balón y aguantarlo de espaldas a la portería. Y el tercero es quizá el más discutible, pero por los pocos minutos que tuvo Ifrán. El uruguayo sustituyó a un Vela, de nuevo, desconectado en mucha del juego y que estaba haciendo ya muchas faltas. Ifrán, en forma como evidencian sus dos goles en los últimos partidos y sus dos intervenciones en el de hoy, merecía más minutos. Y seguramente los podría haber aprovechado de haberlos tenido. Da que pensar. Mucho.

Mirando el resultado, sacar un punto fuera de casa con diez jugadores siempre es bueno. Hacerlo en dos jornadas consecutivas, es estupendo. Y sumar así cinco jornadas sin perder, con nueve de quince puntos posibles, es una muy buena racha para cerrar el año. Lo malo es que hoy se podría haber ganado ante un rival muy, muy inferior. Y la lástima es pensar que, de haber ganado hoy, el equipo habría sumado 19 puntos, colocándose cuatro por encima del descenso y a cinco de Europa. Es decir, donde tiene que estar la Real a la espera de que tres buenos resultados seguidos le permitan luchar por Europa y tres negativos le obliguen a pelear por la permanencia. Lo que está lastrando la temporada es la racha en la que Montanier no aplicó el sentido común que nos está acercando a nuestro sitio natural en la Primera División. La entrada, por dónde ha entrado, de Demidov y no darle los minutos a Ifrán los minutos que pide el juego de Ifrán son rescoldos de aquella fase que las nieves invernales tienen que acabar apagando. Pero nos comemos el turrón con una muy relativa tranquilidad en la tabla. Felices, además, si el miércoles se hace historia en la Copa.

sábado, diciembre 17, 2011

PREVIA Racing - Real Sociedad. Que el turrón sepa más dulce

La Real cierra el año liguero (domingo, 19.45 horas, El Sardinero; Canal + Liga 2 y PPV) y llega a la época del turrón con la pretensión de que este producto navideño nos sepa aún más dulce de lo que ahora mismo es, después de tantas semanas sin conocer la amargura de la derrota. En la vorágine de sensaciones que siempre acumula cada temporada, vivimos ahora mismo los mejores momentos desde el inicio. Cuatro jornadas sin perder y con un leve colchón con respecto a los puestos de descenso que hace no tanto ocupaba el equipo txuri urdin. La sensatez preside ahora la toma de decisiones de Montanier, que además ha recuperado la forma de hombres clave en este equipo. Siguiente objetivo, encajar menos goles. Y la primera prueba de fuego para ello será Santander, siendo el Racing un rival directo en la lucha por la permanencia. Puntuar, y sobre todo ganar, hará que el turrón sepa aún más dulce antes de culminar el histórico resultado que puede deparar la Copa en unos días.

Montanier ha despejado muchas de las dudas que había con respecto al once inicial con la convocatoria que ha escogido para Santander. Vuelven los habituales en sus últimas alineaciones ligueras y se caen los que tuvieron algo más de protagonismo en la Copa. Así, entre los 18 están Bravo, Iñigo Martínez, Carlos Martínez, Vela y Agirretxe. En su lugar, dejan la lista de los elegidos Zubikarai (no le tocaba este partido en la rotación de portero suplente, a pesar de jugar el duelo copero ante el Granada), Elustondo (se retiró lesionado del partido del martes, pero también tiene que cumplir un partido de sanción, 2011 ha acabado para él), De la Bella (es, quizá, la ausencia más sorprendente, pues tenía opciones incluso de volver al once después de su buen encuentro ante el Granada), Sarpong (indiscutiblemente, el último atacante de la plantilla) y Llorente (que ahora está un paso por detrás de Ifrán). Siguen en el dique seco los otros dos pivotes, Illarramendi y Markel Bergara.

Bravo volverá a la portería. La ausencia de De la Bella confirma que Estrada tiene muchas opciones de seguir como lateral izquierdo (se jugará el puesto con Cadamuro) y Carlos Martínez volverá al derecho. Iñigo Martínez también será titular y su acompañante será Mikel González, con menos opciones para Demidov. Montanier ya insinuó en la rueda de prensa que el sustituto de Elustondo será Mariga y que Pardo no jugará de inicio. Parece probable que se repita el habitual 4-3-3 y que, sin mucho margen para cambiar los nombres por las lesiones, los otros dos mediocampistas sean los de las últimas jornadas, Aranburu y Zurutuza. Los que jugaron los últimos duelos ligueros fueron Griezmann, Vela y Agirretxe y todo apunta a que repetirán. Xabi Prieto, no obstante, tiene posibilidades de regresar al once. Ifrán y Ansotegi, junto al mencionado Pardo, son los inquilinos más probables del banquillo txuri urdin en Santander. Montanier abrió la puerta a la presencia de un atacante más en la lista, pero finalmente se ha decantado por mantener entre los 18 todo el bloque defensivo que tiene a sus órdenes.

La Real encabeza ahora mismo el pelotón de cola de la Liga y una victoria en Santander podría aupar al equipo a un nivel superior en la clasificación. Tiene 16 puntos y ocupa la duodécima posición. Los puestos europeos están todavía muy lejanos, a ocho puntos, pero el noveno clasificado, el Athletic, sólo tiene tres más. Por detrás es por donde se apelotonan los equipos, lo que hace que el equipo de Montanier sólo tenga un punto de ventaja con respecto al primer clasificado en puestos de descenso, el Sporting, que tiene 15. El Racing está con 13 y es penúltimo, lo que hace que sea vital no caer derrotado en este encuentro. El conjunto txuri urdin suma cuatro jornadas sin conocer la derrota, con dos victorias y otros tantos empates. El cántabro parece haber reaccionado con el cambio de entrenador y viene de empatar en San Mamés y de ganar en casa por la mínima en Villarreal, además de ganar 3-2 en el último minuto en el partido de ida de Copa ante el Rayo. La Real, que estará masivamente apoyada en las gradas del Sardinero, ha puntuado en sus dos últimas salidas y ha ganado dos encuentros como visitante.

Racing de Santander y Real Sociedad se han visto las caras en la ciudad cántabra en 48 ocasiones, 38 de ellas en Primera División. El equipo txuri urdin está bastante acostumbrado a puntuar allí, pues sumando victorias (diez) y empates (otros diez) supera el número de derrotas (18), algo de lo que no puede presumir en demasiados campos de la Liga española. En las últimas trece visitas, la Real logró ganar en siete partidos (incluyendo cuatro victorias consecutivas entre la 2000-2001 y la 2004-2005) y empatar en otros dos. La mayor goleada realista fue el 2-5 de la temporada 1930-1931, en la que, cosas del fútbol, tanto donostiarras y santanderinos lucharon por el título liguero hasta la última jornada. Los goles fueron obra de Baragaño en propia puerta, Bienzobas, Cholín y Garmendia (en dos ocasiones). El 7-1 de la campaña 1932-1933 fue el triunfo local más contundente. En Segunda, la estadística es mucho más favorable al Racing, que ganó siete de los diez partidos disputados. La Real sólo venció allí en la categoría de plata con el 1-4 de la temporada 1962-1963, con tantos de Matute, dos de Arzak y Amas. El Racing ganó 4-0 en dos ocasiones (45-46 y 66-67) y 5-3 en la 44-45.

La pasada temporada, la 2010-2011, la Real salió inmerecidamente derrotada de El Sardinero. Martín Lasarte se equivocó al modificar el sistema y plantar una defensa de cinco jugadores ante un equipo que ni mucho menos destacaba por sus virtudes goleadoras, a pesar de la sangría en defensa que venía arrastrando desde semanas atrás. Sin ninguna opción en ataque, la Real apostó por llegar 0-0 al descanso y no lo consiguió. Una pérdida de balón de Aranburu permitió disparar a Kennedy, el balón rebotó en el tacón de De la Bella y se coló en la portería sin que Bravo pudiera hacer nada. Con el partido perdido, Lasarte cambió el esquema y la Real comenzó a arrollar al Racing. En la media hora final, pudo marcar media docena de goles. Sólo hizo uno, y su autor fue Griezmann. En un contraataque, el Racing hizo el segundo, pero el equipo txuri urdin siguió mandando. Y tuvo el empate en el descuento, en una falta que lanzó Ifrán, el mejor del partido, que se estrelló en el palo y Toño cogió sobre la línea cuando atravesaba la línea de gol. Con esta derrota, la Real sumaba su quinta jornada sin ganar y, enterrando definitivamente sus opciones de luchar por Europa, se condenaba a sufrir hasta el final.

jueves, diciembre 15, 2011

Una gestión sensata de la plantilla

Aunque no conecto habitualmente con lo que dice Montanier en las ruedas de prensa, y quizá de ahí nace la desconfianza que ha predominado esta temporada y que el francés ha venido respaldando con sus extraños movimientos sobre el terreno de juego durante los tres primeros meses de competición, la Copa ha venido a dejar dos declaraciones suyas en las que estoy plenamente de acuerdo. Y como creo que son acertadas, aún habiéndole criticado mucho en semanas anteriores, no me duele en absoluto reconocerlo. Y aplaudirle, por supuesto. La primera fue catalogar la Copa como la mejor oportunidad que tiene la Real de ganar un título. Comulgo con esas palabras en primer lugar porque evidencian una realidad. No creo que nadie vea como algo posible que la Real remonte los 21 puntos que ya le sacan el Barcelona y el Real Madrid en la clasificación y gane en mayo la Liga. Y en segundo lugar, y esto es mucho más trascendente, porque reivindica la gloriosa historia txuri urdin.

Son 23 años los que lleva la Real sin eliminar a un equipo de Primera, y en ese tiempo las decepciones contra equipos menores, por historia, por presupuesto y por categoría, han sido incontables. Hace unos años me aposté con un grupo de amigos que el equipo rompería ese histórico mal fario y eliminaría a un conjunto de la máxima categoría. La Real respondió a mi ingenua valentía cayendo eliminada en Zamora, en la primera eliminatoria, fallando un penalti durante el partido y los cuatro que llegó a lanzar en la tanda que resolvió el empate a uno de los 120 minutos jugados. Antes de que la aquel glorioso equipo de los Arconada, Górriz, Zamora, Bakero y Begiristian ganara 0-4 en el Bernabéu en las semifinales de la Copa que se jugaron en 1988, este torneo añadió grandes hazañas a la historia del club. La final de Santander de 1928, la semifinal de los pitos en el Bernabéu del 51, el 10-1 al Mallorca Atlético y el título en La Romareda de 1987. Es que hasta la Real nació con un título de Copa, el de 1909 que logró el Club Ciclista San Sebastián que después desembocaría en el equipo que conocemos hoy.

Casi nadie recuerda hoy la historia y por eso estamos condenados a repetir los errores del pasado. Montanier, en cambio, acertó con su forma de encarar el torneo. Y también acertó en lo que dijo el pasado lunes: la Real tiene una plantilla con veinte titulares. Los tiene, yo etngo absoluta confianza en ello. El problema es que era el propio técnico francés quien parecía no creérselo hasta hace muy pocas fechas. Sus movimientos no respondían a esa creencia en muchos aspectos, y la delantera era la línea que mejor lo demostraba. Montanier ha venido diciendo que tiene siete delanteros, que sólo caben cinco en la convocatoria y que sólo tres pueden ser titulares. Hasta ahí, no hay ningún problema. Son sus cálculos y son perfectamente respetables, entre otras cosas porque son lógicos. Pero la lógica no presidía hasta ahora sus decisiones en esta línea. Agirretxe salió del equipo en plena racha goleadora, Sarpong llegó a jugar de titular por encima de otros más preparados, Llorente e Ifrán vivieron un ostracismo injustificado y que el mismo Montanier no ha sabido justificar, Xabi Prieto se mantuvo contra viento y marea a pesar de su bajo estado de forma, y Vela pasó por puestos que no son los suyos.

Mirad ahora lo que ha sucedido en los últimos cuatro partidos, los tres de Liga y el de Copa. En ese periodo, los delanteros han participado en diez de los once goles marcados por la Real (excepción hecha de la maravilla de Iñigo Martínez en el descuento ante el Betis). Agirretxe, Vela, Llorente y Griezmann han marcado al menos un gol y participado en la jugada de otro. Xabi Prieto e Ifrán sólo han marcado por partida doble. Todos salvo Ifrán han tenido al menos una oportunidad como titular. Todos, menos Sarpong obviamente, han tenido su oportunidad en estos cuatro partidos y todos lo han aprovechado para ayudar a la Real. Y situaciones límite como la del Málaga permiten que cinco de ellos convivan en el césped (en el descuento estaban Agirretxe, Llorente, Vela, Ifrán y Griezmann). Es evidente que el uruguayo es el que menos cuenta para Montanier, pero eso es una cuestión de preferencias sobre la que el entrenador tiene potestad, con o sin el consenso de la gente. Pero las cifras demuestran que esta gestión es la mejor forma de hacer las cosas. La que merecen unos jugadores que lo dan todo cuando juegan y ofrecen resultados porque son muy buenos.

Es cierto que los resultados están dando la razón a esta nueva manera de repartir los minutos. Pero ganar no es lo que salva la cabeza de Montanier en primera instancia y deja después en la Real una sensación diametralmente opuesta a la que teníamos hace sólo un mes. Es la sensatez. Esa que, ahora sí, parece haberse instalado en las decisiones de Montanier. Todos van a querer jugar más siempre. Es más, no querría en mi equipo a un jugador que se conforme con los escasos minutos que han tenido en estos cuatro últimos partidos Ifrán o Demidov, por no hablar ya de Pardo. Pero lo que mide el éxito de un entrenador es que todos puedan jugar si se lo ganan. Y ahora mismo en la Real el premio de la titularidad se lo están ganando muchos. En eso también tendrá su parte de responsabilidad Montanier, que es el gestor de esta plantilla. Y como tal, se dice, del mismo modo que se dice cuando se le ve responsable de los errores.

martes, diciembre 13, 2011

REAL SOCIEDAD 4 - GRANADA 1 Así, sí

Esta sí se parece a la Real que nos prometieron en verano. Así, sí. Por fin, así, sí. Porque así no hubiera pasado nada si la Real gana este partido 3-1 o 3-2. O incluso si no lo gana. Sí hubiera pasado que la eliminatoria no hubiera parecido tan decantada como lo está ahora mismo, desde luego, pero la imagen, las sensaciones, las cosas que realmente nos tiene que importar a la hora de evaluar el rendimiento de este equipo, le habrían dado la razón a la Real y a Montanier incluso en la derrota. Hoy sí ha habido jugadores dando su verdadero nivel. Hoy sí ha habido velocidad con el balón. Hoy sí se ha buscado la portería rival por encima de todas las cosas. Claro que ha habido algunas lagunas, defensivas y ofensivas. Pero la Real hizo un partido espléndido, pletórico, propio de esta competición de Copa que, quién sabe, parece que por fin se aprecia en su justa medida y se honra como merece. A todo esto, por supuesto, contribuyeron el bajo nivel del Granada y sus bajas, pero incluso con su equipo titular no parece probable que le remonte un 4-1 en la vuelta a una Real así. Todo pinta francamente bien. Con sentido, sí. Así, sí. De verdad.

Ni las rotaciones acabaron con el sentido común que, salgan mejor o peor las cosas, viene presidiendo la elección de los once titulares por parte de Montanier desde hace unas pocas semanas. Casualidades de la vida, casi desde que la Real empezó a desterrar la sensación de derrota que le perseguía antes incluso de que empezaran los partidos. Como estaba prometido, mucho movimiento en el equipo. De los titulares de Villarreal sólo jugaron Mikel González, Elustondo, Zurutuza y Griezmann. Eso le da la razón al técnico francés en aquello que dijo de que tiene veinte titulares. Los tiene, yo llevo mucho tiempo convencido de ello a pesar de que casi nadie parecía estar de acuerdo conmigo. Y ahora, por fin, Montanier parece haber visto algunas cosas que parecían evidentes desde hace mucho tiempo. Quizá sea sólo el espíritu de la Copa, pero bienvenido sea, aunque sólo aguante en estos encuentros de miércoles a los que tanto cariño les hemos tenido siempre algunos, incluso en los momentos de peor bochorno que nos ha venido ofreciendo el equipo txuri urdin en los últimos y demasiado largos años.

El arranque del partido no pudo ser mejor, porque evidenció que este equipo puede marcar goles con facilidad con algo de velocidad, con una buena presión arriba y con sus laterales proyectándose en ataque. Y eso, en apenas siete minutos, se tradujo en un claro 2-0. 2-0 a los siete minutos, sí, no era un sueño ni un espejismo. Era la Real honrando la Copa. El primero es un pase desde la banda derecha de Camaduro, qué cosas, a pierna cambiada, que encuentra un precioso remate de volea de Griezmann, con ciertas similitudes con el que le anularon correctamente en Villarreal pero mucho más limpio y bonito. Un golazo se mire como se mire. Gran pase y gran desmarque, armas imprescindibles para que esta Real tantas veces tan estática sea capaz de sorprender a las defensas rivales. El segundo gol vino por la capacidad de presión que con cierta frecuencia vimos la temporada pasada, sobre todo en la primera vuelta, y que ahora parecía algo olvidada. Gracias a ese sacrificio, Griezmann robó el balón, disparó ante la parsimonia de la defensa, pero se la sacó Julio César. Y ahí apareció Llornte, su garra y su furia, peleando el balón para dejarlo muerto a pies de Xabi Prieto, que sólo tuvo que empujarlo al interior de la portería.

Con esa ventaja, la Real dio un pequeño paso atrás y dejó que el Granada se animara, aunque sólo pudo crear peligro a balón parado. ¿Y quien apareció ahí? Zubikarai. El guardameta del ascenso, honor que nadie le quitará nunca, es un tipo especial. Sabe cuál es su lugar en este equipo y cada pequeña aparición que puede tener la compensa con grandes actuaciones. En esos minutos, sacó tres balones consecutivos que hicieron recordar su celebradas paradas de los años en Segunda. El partido se enfrió, Anoeta tuvo tiempo para murmurar cada vez que Mariga se acercaba a la pelota y ese malísimo árbitro que es Ayza Gámez, que además se trajo un linier que toda decisión dudosa se la entregaba al Granada, se sumó a la fiesta contra el keniata mostrándole tarjeta amarilla en un lance que no era ni falta. Justo en ese momento, Montanier preparó la entrada de Pardo a la media hora de partido. Salió por Elustondo, que se llevó la mano a la parte posterior del muslo pero que se retiró del campo trotando. Puede que fueran unas molestias ante las que no había necesidad arriesgar. Bien el técnico francés. Sorprendió, en todo caso, que quien se colocara de cuatro fuera Mariga, precisamente por esa amonestación con la que le lastró el colegiado.

Pero aquí hay que hablar de un cambio en la actitud de Montanier. Que el técnico apueste por Mariga en una situación en la que tiene tres de sus centrocampistas lesionados es una decisión que compete al entrenador. Se puede estar o no de acuerdo, con ésta o con otras decisiones, pero ahora sí se entienden las razones del técnico. Es eso y no otra cosa lo que ha puesto en alerta a muchos aficionados realistas con respecto a las decisiones del sucesor de Martín Lasarte. Pero hoy fue sensato. Con el once, con este primer cambio obligado y con sus órdenes desde la banda. Tocar, tocar y tocar, decía a sus jugadores. Y la Real se puso a tocar. Porque sabe hacerlo, aunque muchos le nieguen esa capacidad. Cierto es que en lo que quedaba de primera mitad apenas generó peligro, aunque sí rondó el área del Granada en alguna ocasión. Y es que si Zurutuza lucha, si Xabi Prieto asume un papel protagonista (¿por qué no fue tarjeta esa clarísima zancadilla cuando desbordó a su par?), si Griezmann se erige de nuevo en el niño adorado por Anoeta y si Llorente lucha hasta la extenuación, no hay nada que reprochar a la Real.

El comienzo de la segunda mitad fue calcado al de la primera, y la Real tuvo dos ocasiones espectaculares en los primeros diez minutos. Si es que algo de razón tendríamos los que lamentábamos que el equipo txuri urdin tirara sistemáticamente minutos y minutos al salir de los vestuarios. Griezmann, terriblemente incisivo durante todo el partido, tuvo un gol fácil ante una mala salida del meta del Granada pero su vaselina se marchó lejísimos de la portería. A los pocos minutos, Julio César comenzó su recital sacándole un mano a mano a Llorente, que peló con insistencia un balón con la defensa hasta que fue capaz de sacar el disparo. No fue gol, pero fue la demostración de que Llorente está para tener muchos minutos en esta Real, incluso cuando su presión aparece como algo un tanto desconectada del juego del equipo. Pero sólo esas dos apariciones, la lucha en el segundo gol y esta ocasión, justifican de sobra los minutos que pueda tener. El partido estaba controlado e incluso parecía factible conseguir más goles que sentenciaran la eliminatoria.

Pero esto es la Copa del Rey. Un 2-0 es un gran resultado, un 2-1 una decepción que obliga a pelear a muerte en la vuelta. El Granada lo entendió y, después de una clarísima ocasión de Geijo que sacó Zubikarai con maestría, Fabri cambió el tono del partido con los cambios. La Real, no obstante, respondió como debe de hacerlo en estas situaciones: buscando un gol más. Griezmann volvió a tenerlo, después de un maravilloso desmarque que le dejó solo ante Julio César, pero su disparo, que parecía más sencillo, se marchó fuera. Y a continuación el francés inició la jugada del tercero, abriendo el balón a la banda izquierda para que De la Bella certificara su espléndido regreso al once inicial con una asistencia maravillosa al segundo palo que Xabi Prieto envió a la red, marcando su segundo gol de la noche. Tuvo una más Griezmann antes de marcharse a los vestuarios, ovacionado por Anoeta como en sus mejores tardes. Y es que cuando Griezmann habla en el campo y con tanta elocuencia, ¿quién puede resistirse a su encanto? En su lugar entró Ifrán, otro cambio en el que fue fácil entender qué quería conseguir Montanier. Lógica. Al fin.

El Granada, no obstante, se sabía eliminado y se fue a buscar un gol que le metiera en la eliminatoria. Y lo convirtió en una magnífica jugada, buen pase al espacio de Benítez y fácil remate ante la salida de Zubikarai del delantero visitante. 3-1 y partido nuevo para los 18 minutos finales. Pero un partido que, de nuevo, la Real entendió a la perfección. ¿Qué hizo? Buscar el cuarto. Lo acabó consiguiendo en el descuento, pero pudo hacerlo antes. Y en esa parte del encuentro hay que destacar a Ifrán. No sé si irá, pero si lo hace me quedaré con la sensación de que hemos desperdiciado a un jugador más que aprovechable. Primero forzó la intervención de la noche, rematando de cabeza, abajo y junto al palo, un precioso pase de un recuperado Xabi Prieto. Después cogió el balón para lanzar una falta, con la misma seguridad que aquella de Santander del año pasado, y provocó otro paradón de Julio César, cuyo rechace envió a la escuadra, qué le habremos hecho esta temporada a los palos, Llorente. Y después, ya en el descuento, consiguió el premio del gol con un precioso disparo desde la frontal del área, en una jugada que había iniciado Pardo. Qué facilidad tiene el canterano para hacer lo que siempre es necesario.

Se podrá decir que en defensa hubo algunos nervios cuando más apretaba el Granada. Se podrá argumentar que la Real pudo haber matado el partido mucho antes materializando algunas de las ocasiones que tuvo. Se podrá defender que se dejó al Granada entrar en la eliminatoria de cierta forma con su gol. Y más cosas. Seguro que sí. Pero esto es la Real, y que haga tantas cosas bien sólo se puede aplaudir con sinceridad a pesar de los detalles mejorables. Xabi Prieto, Griezmann y De la Bella, tres titulares que hasta hoy no habían aparecido demasiado, han vuelto. Pardo ha demostrado que merece tener minutos. Llorente e Ifrán han respondido a sus largas jornadas de ostracismo cumpliendo con lo que se les pide. Elustondo parece asentado en el centro del campo. Si hasta Mariga, sin lanzar cohetes, parece mejor de lo que nos ha enseñado hasta ahora. La verdad es que, resultado al margen, hoy es el día que más satisfecho me ha dejado la Real, al mismo nivel que la segunda parte ante el Barcelona, el lento dominio en Mallorca y los veinte minutos iniciales de la segunda mitad ante el Athletic. Así sí tiene que jugar la Real. Así tiene que entender el desarrollo de los partidos. Así los cambios sí parecen tener sentido. Y así, cosas que tiene la vida, la Real está a las puertas de eliminar en la Copa a un equipo de Primera División por primera vez en 23 años. Así, sí.

lunes, diciembre 12, 2011

PREVIA Real Sociedad - Granada. ¿Importará por fin la Copa?

No pasa un año sin que nos hagamos la misma pregunta: ¿importará por fin la Copa en la temporada de la Real? El Granada es el rival que nos ha tocado en suerte esta temporada (martes, 21.00 horas, Anoeta, Canal + Liga 2), un Primera, pero tanto daría que fuera el Hospitalet, el Mirandés o el Beasain, equipos con los que se ha cruzado la Real en los últimos años y que han dejado en la cuneta al conjunto txuri urdin. La historia reciente es muy severa con la Real en esta competición, tanto que la pregunta de si se va a tirar este torneo de nuevo está más que justificada. Sigue siendo la opción más factible de ganar un título, pero los donostiarras continúan despreciándola año tras año. Al comienzo de la temporada, Philippe Montanier habló de la Copa en estos términos, como la posibilidad de ser campeones de algo, pero habrá que ver qué piensa ahora, con el equipo metido en el grupo de cola y recién salido de dos ultimátums sobre su cabeza. Y tras tres semanas repitiendo el mismo once, habrá que ver cómo se las arregla el técnico francés para recuperar las rotaciones.

El mensaje de Montanier con la convocatoria se puede entender de dos maneras. Los más negativos pensarán que la Copa no tiene ahora mismo el mismo nivel de importancia que la Liga. Los más positivos se adherirán al mensaje que mandó el propio Montanier al afirmar que tiene veinte titulares y una plantilla muy homogénea. Lo que está claro es que hay muchos cambios en la lista y habrá también mucho movimiento en el once titular, según anunció el técnico francés. Cuatro de los titulares ante Villarreal, Málaga y Betis no están entre los 19 jugadores que ha citado el entrenador txuri urdin. Descansan Bravo, Carlos Martínez, Iñigo Martínez y Vela. En su lugar, y dado que Montanier ha llamado a un jugador más de los que podrá sentar en el banquillo (entre equipos de Primera sí se puede convocar a 18), entran cinco jugadores: Zubikarai, que Montanier ya ha anunciado que ocupará la portería en este encuentro copero, Ansotegi, De la Bella, Sarpong y Llorente. Más allá de los descansos que da el técnico, sólo se quedan fuera los dos jugadores que quedan en la enfermería, Illarramendi y Markel Bergara.

No es fácil adelantar el once de Montanier, más teniendo en cuenta que un jugador de los convocados no se vestirá de corto, aunque algunas cosas sí están claras. Zubikarai estará en la portería y lo más normal es que Estrada y De la Bella ocupe los laterales, con Cadamuro en la recámara. Lo más normal es que Demidov regrese al once en el centro de la defensa. Su acompañante saldrá de la terna que forman Mikel González, Ansotegi y el ya mencionado Cadamuro. Por delante, Montanier tendrá que elegir teniendo en cuenta el descanso obligado de Elustondo en el próximo partido liguero. Lo lógico es que juegue él y que Pardo, Mariga, Aranburu y Zurutuza se jueguen los otros dos puestos. Sería extraño que Mariga no fuera titular. Por delante, Xabi Prieto volverá con toda probabilidad a la banda derecha y la otra banda se la juegan Griezmann, Ifrán y Sarpong, al que el técnico francés suele dar muchos minutos en los amistosos. Veremos en la Copa. Arriba, lo normal sería que jugara Llorente y que Agirretxe descansara en el banquillo. Toño Ramírez completa la convocatoria.

La Copa del Rey es un torneo antaño muy bonito para la Real pero que se ha convertido en una pesadilla recurrente desde hace más de dos décadas. El equipo txuri urdin no supera una eliminatoria contra un rival de Primera División desde que superara al Real Madrid en las semifinales de la temporada 1987-1988 y jugara así su segunda final consecutiva. La última vez que superó una ronda fue en la 2008-2009, contra el Zaragoza a partido único en Anoeta. Oviedo, Burgos y Zaragoza (en Segunda) son los únicos rivales a los que eliminado el conjunto realista en las últimas trece temporadas. La pasada temporada, el Almería derrotó en los dos partidos a la Real en la primera ronda que jugó. Por designio de este infame calendario que tenemos, la Real jugará dos días después de hacerlo en Villarreal, aunque el Granada no tendrá más descanso. Los locales llegan a este encuentro después de cuatro jornadas ligueras sin perder y los andaluces de su derrota en Getafe, pero sumando ocho de los últimos quince puntos. Fuera de casa, este equipo ha ganado dos de sus siete partidos y ha marcado tres goles. Dejar la puerta de Bravo a cero será una garantía para la vuelta. La respuesta de Anoeta, ante un rival con poco caché y el frío invernal, es toda una incognita.

Real Sociedad y Granada ya se han visto las caras en la Copa, en un único precedente, también a doble partido como sucederá en este segundo enfrentamiento. Fue en la temporada 44-45, cuando los andaluces estaban en Primera y los donostiarras en Segunda. Tras eliminar en su primer duelo al Deportivo de la Coruña, la Real cayó ante los andaluces. Se notó la diferencia de categoría y el 3-0 de la ida fue una pesada losa que no se pudo superar con el 2-1 de la vuelta. Pérez y Arbiza hicieron los goles del conjunto txuri urdin. En Liga, entre Primera y Segunda, son veinte los enfrentamientos entre ambos equipos que han tenido lugar en San Sebastián, y el dominio es claramente para la Real. En la máxima categoría son 16 encuentros y 13 triunfos locales, por sólo dos del Granada. El más abultado, el 6-1 de la temporada 54-55, en la promoción por la permanencia, con tres goles de Igoa, dos de Sarasqueta y uno de Zubillaga. En Segunda, de los cuatro partidos jugados dos se saldaron con empate y cada equipo ganó uno. El de la Real, el 5-1 de la temporada 48-49, con tantos de Gastón, Ontoria de penalti, Alsúa, Rey en propia puerta y Caeiro.

En la presente temporada, la 2011-2012, estos dos equipos ya han jugado el partido liguero en Anoeta, con referente director de este encuentro de ida de la Copa por el escenario en que se va a disputar. Fue el cuarto partido de la competición, el correspondiente a la quinta jornada, y se jugó también entre semana, un lunes. La Real venía de cosechar en Sevilla su primera derrota de la campaña y ofreció un mal partido, nada que ver con la vibrante remontada al Barcelona del anterior encuentro disputado en Anoeta. Fue un partido de bajísimo nivel, con escasas ocasiones de gol y muchas imprecisiones en todas las facetas del juego. El triunfo se quedó en Donostia gracias a un muy afortunado gol de Dani Estrada en la segunda mitad. El lateral, que suplía al lesionado Carlos Martínez, lanzó un balonazo desde la línea de banda que poco a poco se fue envenenando y acabó sorprendiendo al meta del Granada. El equipo andaluz apenas inquietó la portería de Bravo, por lo que la victoria no llegó a estar en riesgo. Fue la primera de la temporada en Anoeta, la segunda después de la conseguida en Gijón. La Real llevaba entonces siete de doce puntos posibles. Después de estos, comenzó la nefasta racha que todos recordamos.

domingo, diciembre 11, 2011

VILLARREAL 1 - REAL SOCIEDAD 1 De lo mínimo sale un punto

La Real se trae un punto de Villarreal. Un punto bueno, porque puntuar fuera de casa siempre es importante y porque permite seguir con una buena racha en la que la derrota ha quedado olvidada. Pero un punto que deja un sabor de boca un tanto extraño. El partido fue bastante malo, con incontables errores en el pase y en la concepción del juego, pero estaba del lado del conjunto txuri urdin gracias al gol de Aranburu. La expulsión de Elustondo, que hay que atribuir a la inocencia del propio futbolista y a la incompetencia del árbitro a partes iguales, facilitó al Villarreal que consiguiera el empate y buscara el segundo gol, más con la posesión y la ubicación en el campo que con peligro real. La Real hizo lo mínimo en El Madrigal para sacar un punto y casi se lleva tres. Montanier hizo, de nuevo, cambios extraños y Griezmann la tuvo en el descuento, lo que hubiera perpetuado los finales de infarto una semana más. Pero se pudo perder, y el empate se antoja justo en un partido malo y raro. El punto siempre es bueno. Que cada cual se quede con lo que prefiera.

Una de las leyes no escritas del fútbol dice que empatar fuera de casa es bueno. Y lo es. Aunque ya es la cuarta jornada que acumula la Real sin conocer la derrota, y sumando ocho de doce puntos posibles, este empate deja un sabor de boca extraño. Que el Villarreal ya no sea el equipo que era el año pasado contribuye a la confusión que deja este encuentro. Que la calidad del fútbol de ambos equipos haya sido escasísima, con numerosas pérdidas de balón incluso en los pases más fáciles, y que el árbitro haya tenido un papel importante en la resolución del partido, con una labor casera, hacen que lo visto sea un pequeño gran galimatías que sólo se puede resumir con certeza mirando el resultado. Ni Villarreal ni Real Sociedad han hecho méritos para ganar el partido, luego el empate es un resultado justo. Los locales se quejarán de que han llegado mucho más a la portería de Bravo, el mejor txuri urdin en el campo, y los realistas lamentarán que iban ganando y se han dejado dos puntos que se podrían haber ganado con cierta facilidad.

Montanier apostó por el mismo once de las dos últimas semanas. Se puede interpretar como una rectificación a tiempo del entrenador para dar serenidad y lógica a lo que hasta ahora no lo tenía, o también como que sus explicaciones para los continuos cambios de las jornadas anteriores no tenían, en realidad, ningún sentido. A pesar de que el centro del campo formado por Elustondo, Aranburu y Zurutuza ha reunido muchos elogios tras los últimos partidos, sigue lejos de la perfección. Mejora, indudablemente, las prestaciones que ha dado hasta ahora Mariga, pero tiene sus defectos. Por estos defectos, el Villarreal jugó muchísimos minutos en la frontal del área de Bravo y la Real no encontró muchas formas de salir de su propia área o de mantener el balón. El meta chileno, no obstante, sólo tuvo que emplearse a fondo en un disparo de Valero que sacó bien a un lado. Marco Rubén tuvo también un buen disparo cruzado para marcar, pero se le marchó fuera por poco. ¿La Real? Muy poca cosa en ataque, apenas un par de disparos lejanos y que se macharon fuera.

Undiano Mallenco ya adquirió buena cuota de protagonismo en la primera mitad. Tres de las cuatro primeras faltas de la Real se saldaron con tarjeta amarilla y una de ellas adquirió después trascendencia. No es que se puedan discutir individualemente, pero el Villarreal no vio también algunas que mereció, más con un rasero tan bajo, y eso sin pensar en la comparación con otros arbitrajes que ha tenido la Real cuando sus mejores jugadores han sido acribillados por los rivales. En esos primeros 45 minutos, el colegiado anuló dos goles, uno por cada bando. En eso acertó. Marco Rubén le hizo falta a Bravo y Griezmann estaba en fuera de juego. Lástima, porque fue el único golpeo acertado del francés en el partido. Es en la segunda mitad cuando Undiano comenzó a equivocarse más gravemente. Por una faltita de nada, enseñó a Elustondo la segunda amarilla. Temeridad inconsciente del cuatro realista, porque con una amonestación no se debe hacer eso, pero si Undiano expulsa a un jugador por algo tan liviano los partidos acaban con la mitad de futbolistas. Luego no tuvo tanta facilidad para sacar tarjetas cada vez que un jugador local caía desmayado en el área buscando el penalti que coronara la lamentable actuación arbitral.

Para cuando se produjo la expulsión, la Real ya ganaba por 0-1. Aranburu anotó su primer gol de la temporada después de una jugada tan extraña como el partido. Un balón largo de Vela lo recogió Aranburu cerca de la línea de fondo, dio varios toques al balón para colocarse de frente a la portería sin oposición de la defensa y disparó a placer. Golazo, como suele hacer el capitán cuando anota. Pero qué fácil pareció, gracias a un Villarreal muy, muy blandito hasta ese momento. La Real había contenido más o menos bien al Villarreal, pero que a nadie se le escape el dato de que el gol de Aranburu fue el único disparo entre los tres palos del equipo de Montanier. Lo flojo que está en esta temporada su rival de esta tarde hizo que el partido estuviera muy controlado entonces, cuando discurría por el minuto 7 de la segunda mitad. Y así habría seguido, probablemente, de no mediar la expulsión. Y digo probablemente porque el sufrimiento de la última media hora aparece por el empuje de un equipo local en horas muy bajas, pero también porque la Real no hizo absolutamente nada para evitarlo. Ni desde el campo ni desde el banquillo.

No terminan los jugadores de la Real de encontrar su mejor forma, de destacar gracias a sus virtudes, y no consigue Montanier sacar de ellos más de lo que estamos viendo. Los cambios del francés volvieron a ser raros, insisto, como el partido, aunque conociendo ya al técnico de estos meses que lleva en marcha la temporada no creo que muchos los consideraran sorprendentes. El primero fue quitar a Agirretxe para sacar a Mariga. Obviando que en el banquillo hay un cuatro más puro (Rubén Pardo; me sigo preguntando qué hace en las convocatorias del primer equipo si no juega más), la Real sacrificaba la posibilidad de que su delantero bajara balones y provocara segundas jugadas en favor de una fortaleza en el centro que, se diga lo que se diga, Mariga no aporta. Casi todos los balones divididos en los que estuvo presente acabaron en los pies de jugadores con camiseta amarilla. Apenas un minuto después de ese relevo, el Villarreal ya había hecho los tres que le permite el reglamento. Críticas se podrán hacer las que quieran al equipo castellonense, pero que se fue a por el partido es indudable. Y tres minutos después de agotar sus cambios, logró marcar gracias a una defensa muy, muy blandita de una jugada más. Marco Rubén hizo el emapte.

Quedaban más de veinte minutos para el final y ya estaba más que claro que lo único a lo que aspiraba Montanier era a contener el resultado. Lo mismo que hizo en Vallecas, incluso cuando perdía 3-0. Lo mismo que hizo en Gijón aunque saliera bien y la Real se trajera de allí los tres puntos. Sólo Griezmann, en el descuento, tuvo una ocasión que tendría que haber colocado entre los tres palos, al menos provocar una parada o un córner, pero que lanzó directamente fuera. Antes de eso, Montanier decidió quitar a Zurutuza para poner a Cadamuro. Y en la banda derecha como medio atacante, algo que tampoco es nuevo y que sigue chirriando, esta vez más con Xabi Prieto esperando. Vela se quedó como delantero, y si ya es un jugador que conecta poco en la banda ese movimiento le sacó directamente del partido. El mexicano fue el tercer relevado, y entonces entró Xabi Prieto en el partido. Ni Pardo para meter calidad, ni Xabi Prieto en primer lugar para dar pausa al partido, ni Ifrán al final para buscar la velocidad. Algo falla cuando los jugadores de la Real viven siempre la vorágine de los últimos minutos fuera de puesto. Cadamuro en la banda y Xabi Prieto acabó en punta, y es imposible que su presión sirva para algo en estas circunstancias.

La Real, en todo caso, aguantó el empate gracias a que Bravo estuvo muy seguro en toda la segunda mitad, dejando atrás alguna salida dubitativa de la primera mitad. Eso, se mire como se mire y se haya desarrollado como se haya desarrollado el partido, es una noticia positiva, porque permite sumar por cuarta jornada consecutiva. Sumar con diez, a pesar de que sabe a poco lo que hizo el equipo a partir de la expulsión, también es importante. Marcar en el único tiro a puerta, a pesar de que podemos congratularnos de la efectivdad, tiene que ser un motivo para la reflexión, porque con ese bagaje lo normal es que el equipo txuri urdin sume pocos puntos. La Real, ahora mismo, transita en la undécima posición de la clasificación, pero es un lugar un tanto engañoso. Los de Montanier son los primeros de un grupo de nada menos que cinco equipos que suman 16 puntos. Sólo uno separa a la Real de los puestos de descenso. La Liga está rota y los nuestros están en la parte de cola. Encabezándolo prácticamente, sí, pero en la parte de cola. En eso Montanier sí tiene razón. Ganar un partido no cambia la situación. Ya no. Pero perderlo se convierte en algo preocupante. La próxima estación es Santander y ante un equipo que, haga lo que haga hoy, estará en puestos de descenso. Será muy importante ese partido que cerrará el año liguero.

sábado, diciembre 10, 2011

PREVIA Villarreal - Real Sociedad. Más allá del azar

La Real busca demostrar que hay algo más allá del azar siempre imprescindible para ganar dos partidos seguidos en el descuento y de la forma en que se los ha llevado el equipo de Philippe Montanier (domingo, 16.00 horas, El Madrigal; Canal + Liga 2, Gol TV). Una vez que ha dejado los puestos de descenso y que se ha acostumbrado a sumar de forma consecutiva, el conjunto txuri urdin tiene la posibilidad de seguir avanzando, que era el objetivo primordial fijado desde el club para esta temporada, en un mes de diciembre en el que la eliminatoria copera ante el Granada y los dos partidos fuera de casa ante Villarreal y Racing podrían marcar casi definitivamente el devenir de la campaña. Hasta ahora, la Liga ha sido un carrusel de emociones, en realidad más negativas que positivas, que ha colocado a la Real casi en mitad de la tabla. ¿Y partir de ahora? Villlarreal, un campo históricamente propicio para los donositarras, ofrecerá la primera respuesta.

Estaba claro que el regreso a la lista de Xabi Prieto, tras haber sido el descartado antes del encuentro en Anoeta ante el Málaga, iba a cambiar la convocatoria de Montanier para el viaje a Villarreal. Y estaba claro también que Ramírez iba a sustituir a Zubikarai en la habitual rotación de porteros cada dos partidos. Pero, aún así, Montanier ha dejado también en esta convocatoria el marchamo a sorpresa que siempre le gusta ofrecer. Primero, porque había expectación por saber a quién sustituiría Prieto. El elegido del técnico francés ha sido Llorente, que de esta forma se pierde el encuentro en el campo de su anterior equipo y recupera el nada apreciable lugar de último delantero del equipo (Sarpong no parece entrar en esas listas). Además, hay una tercera novedad. Entra Cadamuro en lugar de un Ansotegi que no participó en el último entrenamiento por molestias gastrointestinales. En todo caso, el central tenía papeletas para quedarse fuera, junto a los lesionados Markel e Illarramendi, además de De la Bella (ya recuperado pero con el que Montanier no parece querer que fuerce) y el mencionado Sarpong.

Montanier, como ya hiciera hace una semana, ha abierto la puerta a que el once titular sea el mismo que jugó contra el Betis y contra el Málaga, primer día de la temporada en que los escogidos fueron los mismos que en el partido anterior. De esta forma, Bravo estaría en la portería, con Carlos Martínez y Estrada en las bandas; Iñigo Martínez y Mikel González por el centro; los tres centrocampistas serían Elustondo, Aranburu y Zurutuza; con Griezmann, Vela y Agirretxe en el ataque. Que el martes haya partido de Copa puede hacer que Montanier haga cambios o que, en cambio, se los deje para el duelo contra el Granada. De esta forma, tampoco sorprendería demasiado que fueran titulares Demidov en el centro de la zaga, Mariga en el centro del campo (presumiblemente por Aranburu y después de que el keniano no haya jugado un minuto en los dos últimos partidos) o Xabi Prieto en la banda derecha (y aquí sí parece arriesgado decir a quién sustuiría). A pesar de su salvador gol en el descuento, y después de sus desmentidas declaraciones sobre su regreso a Uruguay, Ifrán parece un seguro suplente, del mismo modo que Cadamuro y Rubén Pardo, que sigue teniendo un hueco entre los mayores.

Sus dos agónicas victorias consecutivas y en el descuento han hecho que la Real abandone los puestos de descenso e incluso ponga tierra de por medio con  respecto a esas tres últimas plazas. Comienza la jornada en la decimotercera posición con quince puntos, tres más que el último equipo en zona de peligro, el Racing (próximo rival en Liga), aunque muy lejos todavía, a ocho puntos, de las plazas europeas. El equipo txuri urdin suma siete de los últimos nueve posibles, siendo el segundo mejor equipo de ese tramo sólo por detrás del Real Madrid. Como visitante, ganó su último partido, en el Benito Villamarín, rompiendo una racha de cinco derrotas consecutivas tras ganar en el primer encuentro de la temporada en El Molinón. El Villarreal tiene un punto menos que la Real, 14, y está viviendo una temporada complicada. Después de caer eliminado de la Champions, donde ha perdido todos los partidos, y de dos derrotas consecutivas en Liga como visitante, busca enderezar su trayectoria. El Madrigal, en todo caso, no le da malos números: tres victorias (incluyendo los dos últimos), dos empates y una sola derrota (ante el Levante, cuando todavía era líder).

Villarreal es una plaza históricamente propicia para el conjunto txuri urdin, y donde además ha logrado victorias muy importantes para sus objetivos. Son nueve los encuentros disputados entre Villarreal y Real Sociedad, todos ellos en Primera División, con un saldo de tres victorias para cada equipo y tres empates. El mayor triunfo realista es el 1-3 de la temporada 2000-2001, que dio tres puntos vitales para la permanencia en la máxima categoría gracias a los goles de Rekarte, Tayfun e Idiákez y a un soberbio partido de Xabi Alonso, con una antológica asistencia en el gol del turco. El Villarreal nunca ha conseguido golear a la Real en su campo, y su victoria más holgada es el 2-0 que logró en la campaña 2003-2004. El Madrigal asistió en la temporada 2002-2003 al triunfo del equipo de Denoueix cuando ya era líder. Aquel 0-1, con gol de Nihat, era el octavo de los 19 partidos que finalmente estuvo sin conocer la derrota en la campaña del subcampeonato. También trascendente para la permanencia fue el 0-2 de la 2005-2006, con goles de Mikel Alonso y Mark González y con el Villarreal inmerso en las semifinales de la Champions que después perdió contra el Arsenal.

La pasada temporada, la 2010-2011, fue la última vez que se vieron las caras Villarreal y Real Sociedad en El Madrigal. El equipo de Martín Lasarte completó un partido más que aceptable y no mereció salir derrotado de tierras castellonenses, pero aquel día decidió la inspiración de Rossi. La Real decidió aguantar atrás las acometidas iniciales del Villarreal, que no supo cómo crear peligro en la portería de Bravo en el primer tramo del encuentro, sí después, haciendo que el chileno fuera uno de los mejores. Estrada mandó un afortunado balón al larguero y Aranburu y Labaka pudieron adelantar al equipo txuri urdin. Fue el capitán realista quien finalmente hizo el merecido 0-1. Dos lamentables pérdidas de balón de Markel Bergara y Xabi Prieto costaron los dos goles de Rossi con los que el Villarreal remontó el partido. Después de eso, el equipo realista apenas tuvo posibilidades de recuperar siquiera un punto. Illarramendi debutó en Primera y Llorente jugó por última vez en la campaña antes de que la hernia la impidiera participar más. Aquel encuentro, el primero de la segunda vuelta, marcó el inicio de la horrible trayectoria del equipo como visitante, en el que todos sus partidos se saldaron con derrotas.

jueves, diciembre 08, 2011

Aitor Zabaleta, trece años después

Hace trece años estaba sentado en la grada del estadio Vicente Calderón viendo un partido de fútbol que había perdido toda importancia antes de empezar. Y era trascendente, ya lo creo que lo era. Pero horas antes de que empezara el encuentro fue apuñalado Aitor Zabaleta, junto a una de las puertas del estadio rojiblanco, de forma tan cobarde como absurda. Fue un deleznable acto de unos tipejos a los que no se puede llamar seres humanos, descerebrados que encuentran en el fútbol la excusa para desplegar una violencia que no debiera tener cabida en ningún aspecto de la vida. Aquella madrugada, del 8 al 9 de diciembre de hace justo trece años, Aitor Zabaleta murió. Fue un asesinato sin sentido. Lo digo como si alguno tuviera sentido, pero éste, desde luego, tuvo menos sentido que la mayoría y trastocó las ideas de todos los que vemos el fútbol como una hermosa fiesta.

Aquella debía ser una bonita noche europea, de esas que no hemos tenido tantas como nos gustaría. Pero hoy no recuerdo prácticamente nada de aquel partido. Sólo el espectacular despliegue físico y futbolístico que hizo Juan Gómez. A medias el gol de Javi Gracia que forzó la prórroga. Pero nada más. No recuerdo ninguno de los cuatro goles del Atlético de Madrid. No me vienen a la memoria ni la alineación ni los cambios de Bernd Krauss. No recuerdo haber sentido nervios al comienzo del tiempo extra. Ni siquiera el mal arbitraje de un portugués más allá de saber eso, que fue malo. Y que yo no me acuerde de un partido en el que he estado, los que me conocen lo saben, es algo extraordinario. Pero es que aquella noche sucedió algo extraordinario. Tristemente extraordinario.

Han pasado trece años de aquello y todavía lo siento como la peor de las pesadillas que me ha tocado vivir como aficionado txuri urdin. Recuerdo llegar a los aledaños del Vicente Calderón junto a otras tres personas y, sin saber todavía nada, notar que había un ambiente de odio, rabia y violencia como jamás había visto y nunca he vuelto a ver en torno a un campo de fútbol. Dentro del Calderón me contaron lo que había pasado. No había móviles, no había Internet, no pude enterarme antes. Y cuando me dieron la noticia de que habían apuñalado a uno que llevaba la misma camiseta que yo, me quedé en blanco, como ido. El fútbol se acabó antes de empezar porque unos miserables energümenos decidieron que la tragedía debía imponerse a lo que tenía que ser un bonito duelo deportivo. Dicen las crónicas, sobre todo las crónicas que se redactaron en las redacciones colchoneras, que el encuentro sí fue bonito, pero yo no lo sé. Yo tenía la cabeza en otro lado.

Todavía no sé por qué se jugó aquel partido, no entiendo por qué no se suspendió. Lo que sí sé es que el mundo se derrumbó con la primera noticia y, aún con más fuerza, cuando a la mañana siguiente me enteré de que Aitor había muerto. Han pasado trece años y siento todavía la misma sensación de miserable vacío que entonces. Y ahora, cada vez que me siento en un campo de fútbol rodeado de aficionados con la camiseta txuri urdin, cada vez que se corea su nombre, se me pone la piel de gallina. El recuerdo de Aitor Zabaleta siempre estará presente.

martes, diciembre 06, 2011

Confusión, resultadismo y el peso de la camiseta

Lo reconozco, ya no entiendo nada. Alguna cosa sí, pero pocas en realidad. El caso es que la Real se ha convertido en un misterio insondable en el que es imposible saber qué va a suceder, qué se va a criticar, con qué argumentos se va a defender a sus responsables,quiénes son los buenos o cualquier otro detalle. Ocho jornadas sin ganar y dos victorias agónicas han transformado lo que debía ser la temporada del crecimiento, eso es lo que se nos dijo cuando se cesó a Martín Lasarte, en un galimtías que puede acabar mal o puede acabar bien porque lo hemos supeditado al resultadismo y al destino. Sigo sin ver patrones fijos, no ya futbolísticos sino incluso emocionales. Sigo sin saber qué jugadores están llamados a ser importantes en este equipo y cuáles optan a ser mejorados por otros. Sigo sin saber a qué juega la Real de Montanier y, por encima de todo, no comprendo que ganar o perder sea la única guía a la que atenernos para saber algo.

Es decir, si ganamos partidos, sea de la forma que sea, tiraremos hacia adelante con lo que tenemos, nos guste o no. Si no los ganamos, no nos importará tomar otros caminos. Esa es la única certeza que tenemos ahora mismo a tenor de los mensajes que se nos transmiten. Dos victorias seguidas certifican la continuidad de Montanier, del mismo modo que ocho partidos sin ganar determinaron los ultimátums que tan in extremis salvó. No me parece ésta la mejor manera de crecer. A pesar de que Montanier ironice con el tema, que hace bien, tener al entrenador constamente amenazado con el cese no es una base sólida para el futuro. Después de que se diera por hecho el cese, que se vivieran dos partidos muy cercanos a esa situación, que salieran nombres de un buen puñado de entrenadores y que muchos dieran por seguro el fichaje de Luis Aragonés, ahora se dice que Montanier sigue hasta Navidad. Dos partidos de Liga lejos de Anoeta y la eliminatoria copera ante el Granada decidirán qué pasa después. Y si caemos, ¿qué?

Ese resultadismo está escondiendo muchas cosas dignas de análisis. Esta semana todos los medios de comunicación han buscado a Diego Ifrán, autor del golazo que dio la victoria ante el Málaga. Es el jugador del momento. Pero resulta que ese mismo jugador es el que estaba condenado al ostracismo por Montanier, del que ya se hablaba como uno de los que podría dejar el club en el periodo de fichajes de enero igual que se especuló que podría salir al Hércules en verano. Montanier dice que tiene siete delanteros e Ifrán es ahora mismo el séptimo. El uruguayo reconoce en las entrevistas de estos días que es obvio que Montanier no confía en él. Y sin embargo, calidad tiene, como evidencia el postrero gol del domingo. ¿Puede un equipo como la Real prescindir de jugadores así? Desde luego que no. Y más cuando se trata de un delantero en un equipo que llevaba cinco jornadas sin marcar de las seis últimas antes del milagro de Sevilla. Montanier comete con Ifrán un error más grande aún que el que cometió Martín Lasarte el año pasado con Agirretxe.

No puedo olvidarme del de Usurbil, no. Es un jugador poco valorado y que, en mi humilde opinión, está a un nivel altísimo esta temporada. Altísimo de verdad. Es impagable el esfuerzo que hace jugando de espaldas, creando segundas jugadas, sacrificándose en labores más oscuras del fútbol. Tan oscuras que casi nadie se ha dado cuenta de que él fue quien dio la asistencia a Vela en Sevilla y que él es quien mete el balón en el área para que Ifrán marque el 3-2 ante el Málaga. Agirretxe personifca lo que creo que en estos momentos está elevando a la Real por encima del lugar que ocupaba hace sólo dos semanas: el talento de sus jugadores. Simepre he dicho que el equipo txuri urdin tiene mucho más de lo que se le reconoce. Mucha más calidad (mirad los goles de Iñigo Martínez y Vela, o las combinaciones de la primera mitad ante el Málaga) y mucha más entrega (dos victorias consecutivas en el último minuto). Normalmente lo que se dice es que tenemos una plantilla normalita y que no tiene carácter. Nunca he estado de acuerdo. Y, ojo, que hemos ganado dos partidos sin Xabi Prieto y sin Illarramendi, dos de los mejores.

Es por eso, y no por ganar o por perder, por lo que no entiendo a Montanier. Creo que tiene a una plantilla desaprovechada. Creo que no entiende los partidos (¿por qué ese ataque desaforado contra el Málaga no se vio, por ejemplo, contra el Espanyol?), creo que no sabe infundir a los jugadores el espíritu necesario para cada encuentro y que sus cambios, de hombres y de posiciones, no tienen razón de ser en numerosas ocasiones (qué poco se ha dicho que Griezmann acabó de lateral izquierdo ante el Málaga, como se dijo poco que durante unos minutos fue Zurutuza quien jugó de lateral derecho contra el Sporting). Pero si no entiendo al entrenador, tampoco entiendo a los que están por encima de él. Tan pronto le dicen que haga un grupo fuerte de catorce o quince jugadores como asisten a que uno que no comtaba marque el gol del triunfo en un partido. Tan pronto ponen en duda en público la gestión de los partidos del entrenador, como le ratifican contra viento y marea. Tan pronto piden confianza como se ponen a negociar con otros entrenadores sin destituir al que tienen.

No entiendo nada y por eso me agarro a aquello en lo que confío de esta Real: sus jugadores. Creo en ellos. Siempre he creído en ellos. Creo que el conjunto txuri urdin tiene una plantilla notable, en absoluto inferior a la de equipos que van a luchar por conseguir plaza europea en mayo. Lo creo de verdad. Pero entre unos y otros cometemos siempre la temeridad de infravalorar a los nuestros y pensar que los demás son mejores. El resultadismo engulle todo lo demás y yo siento no estar de acuerdo con ese planteamiento. No lo estoy cuando las cosas vienen mal dadas (algo de eso podrían decir Lillo o Lasarte) y no lo estoy cuando se ganan dos partidos seguidos. Que se han ganado en el minuto 91, por cierto. Y siu el resultadismo es nuestra única guía, corremos el riesgo de perder todo lo que tiene que marcar la diferencia en la Real. Yo lo tengo claro. Lo que ahora mismo sostiene a la Real es el peso de la camiseta que llevan sus jugadores, incluso en circunstancias adversas para tantos de ellos. Y si Xabi Prieto vuelve, y no me refiero sólo al alta médica, el equipo será aún más grande.

domingo, diciembre 04, 2011

REAL SOCIEDAD 3 - MÁLAGA 2 Los domingos por la tarde, milagro

Me preguntaba en la víspera qué vendría después de un milagro y jamás hubiera esperado que llegara otro milagro. Porque eso es lo que ha sucedido hoy en Anoeta, y además un milagro de dificilísima explicación. Porque es imposible hablar de este duelo sin destacar la brutal capacidad de reacción de la Real, que ha marcado dos goles en el tramo final del encuentro. Con un golazo de Vela. Con otro golazo de Ifrán. Se ganó a la torera, a la brava, a la heroica. Pero se ganó. Tres puntos importantísimos que, como la semana pasada, salvarán la cabeza de Montanier. Y servirán para olvidar que la Real estuvo a merced del Málaga, con un agujero enorme en el centro del campo que permitió a los malacitanos campar a sus anchas y rondar el área de Bravo, que no la portería, tanto como quisieron. Lo gracioso es que cuando la Real se puso a tocar el balón, hacía jugadas de mérito, demostrando que algo sí hay en esta plantilla. Pero el triángulo invertido del centro del campo no carbura en defensa, dejando a su suerte a una defensa que hoy, en la persona de Mikel González, falló. Está visto que el domingo por la tarde toca milagro.

La sorpresa de Montanier en el once inicial, toda vez que Xabi Prieto fue finalmente el jugador descartado de la convocatoria, fue que repitió a los mismos jugadores que ganaron en Sevilla hace una semana. Sorpresa, aunque de alguna manera lo anunció en la rueda de prensa del viernes, porque es la primera vez que sucede ver sobre el césped a los mismos jugadores que en la anterior jornada. Ante el Betis básicamente funcionó ese once, pero hoy no del todo. Elustondo de pivote único con Aranburu y Zurutuza por delante nunca consiguieron imponerse a los medios malacitanos, sobre todo a un Toulalan que recuperó una quincena de balones en el encuentro y provocaron que la defensa txuri urdin viviera siempre al límite. Habrá quien sienta como algo oportunista relacionarlo, pero me resulta difícil separar este hecho del error del gravísimo error de Mikel González que costó el 1-2 o, menos visible, de alguna salida al corte tardía de Iñigo Martínez. Esta situación, clara desde el inicio, se hizo mucho más evidente al comienzo de la segunda mitad, en la fase en la que el Málaga se adelantó. En ataque sí carburaba ese centro del campo y, dejando al margen a Elustondo, algo fallón con el balón, y cuando la posesión era txuri urdin se vieron buenas jugadas.

En una de esas jugadas, a los diez minutos, llegó el 1-0. Un buen centro de Estrada desde la banda izquierda encontró un maravilloso remate de cabeza de Agirretxe, picado y busando un ángulo imposible para Willy Caballero. El poste, otra vez el poste, se conjuró para evitar el gol txuri urdin, pero Demichelis no pudo frenar en su carrera hacia atrás e introdujo el balón en su propia portería. Pero de sobra es sabido que la gestión de los partidos no es el fuerte de la Real, no sólo ya de su entrenador. Cuando un equipo que lo está pasando mal se encuentra con ventaja en el marcador, se le supone un oficio que el conjunto txuri urdin nunca demuestra. Y, así, el empate a uno llegó en la primera ocasión de peligro del Málaga. Los de Pelligrini dominaban, tocaban y abusaban del centro del campo dispuesto por Montanier, pero no obligaron a Bravo a intervenir. El gol del empate fue una falta que pilló descolocadísima a la defensa. Cuando Isco metió el balón al segundo palo, ya era imposible evitar el gol. Ni Bravo, ni Carlos Martínez por delante, ni Agirretxe por detrás tenían opción alguna de evitar el remate de Rondón a pesar de, ellos sí, no estar mal posicionados.

Real y Málaga firmaron entonces una tregua con condiciones. El balón se repartía, pero la Real lo tenía lejos de la zona de peligro y el Málaga, pese a estar en esa situación estratégica, no lo llegaba a crear. Cazorla tuvo la ocasión visitante con un disparo cruzado y Zurtuza tuvo la local en un tiro desde fuera del área que tocó en la defensa y que Caballero sacó a córner. Poco más que decir de un partido raro. La Real estaba dando mejores sensaciones que en anteriores partidos en casa, porque estaba dejando claro que tiene jugadores como para tratar bien al balón, con un Agirretxe que cogió el mando de numerosas jugadas, con buenas dejadas de cabeza, mejores controles y una llegada desde atrás en la que debió hacer el segundo a pase de Carlos Martínez. Pero, al mismo tiempo, estaba a merced de lo que quisiera hacer el Málaga, que en ningún momento supo sacar partido de su superioridad pero que daba miedo cada vez que se acerca a las proximidades del área de Bravo. 1-1 al descanso y muchas dudas en el ambiente, porque el partido estaba terriblemente abierto.

Y lo que sucedió es que el Málaga se fue a por el partido en cuanto salió de los vestuarios, encerrando en su campo a la Real sin que nadie asumiera la responsabilidad de resolver el entuerto, ni desde el campo, ni desde el banquillo. Bravo sacó con solvencia una buena falta lanzada por Duda, pero nada pudo hacer por evitar el 1-2. Mikel González cometió un error de infantiles, en el que lo más difícil es saber qué pretendía hacer en realidad. Un balón que debió despejar nada más verlo se le atragantó, miró a un lado y a otro, buscando quizá una salida de Bravo que era imposible o un apoyo desde la banda que era arriesgadísimo. Seba Fernández se lanzó como un poseso contra el central txuri urdin, le arrebató el balón y marcó a placer el segundo tanto malacitano. La Real se había dejado remontar el partido, como ya le sucediera hace una semana en Sevilla. La gravedad entonces pasó porque eran dos goles de renta y por el cambio defensivo de Montanier. Ahora pasó por un gravísimo error individual que, insisto, me parece obligado ligar a la situación límite en que se convertía cada jugada para la última línea de cuatro.

Si ayer la pregunta era qué iba a suceder después de un milagro, el que protagonizó Iñigo Martínez en el Benito Villamarín, la pregunta tras el 1-2 era qué iba a hacer Montanier. Durante demasiados minutos la respuesta fue nada, y eso sigue siendo preocupante. El gol visitante llegó en el minuto 58 y su primer cambio no se produjo hasta el 74. Son demasiados minutos de regalo en los que dejar pasar el tiempo no era ningún beneficio para la Real. El primer cambio, no obstante, y sin enjuiciar si fue acertado a o no, fue valiente. Entró Ifrán y se marchó Aranburu. El capitán, aunque sigue teniendo una importancia capital en este equipo, está todavía en la misma situación que en pretemporada, sin encontrar su sitio en este esquema de tres mediocentros. Y pasó mas tiempo. Con sólo diez minutos por jugar, entró Llorente por Estrada, haciendo caso, tardíamente, a las insistentes peticiones desde la grada. Y con sólo seis minutos (sigo preguntándome qué sentido tiene contar así de exiguamente con un canterano), Pardo entró por Zurutuza. La Real tuvo la suerte de que Pellegrini se asustó. En lugar de optar por matar el partido con el tercer gol, aprovechando la velocidad de sus jugadores y los nervios del equipo txuri urdin, optó por el control. Quitó a Cazorla, Rondón y Sergio Sánchez para poner a Apoño, Van Nistelrooy y Camacho.

Montanier apostó por la épica. Tengo que decir que no se lo puedo reprochar. Cuando no hay mejores ideas, ese es el camino, y muchas veces lo he pedido cuando he visto a una Real que ni siquiera era capaz de hacer esa sencilla apuesta. El francés colocó toda la artillería en el campo y dispuso un 4-4-2, con Vela e Ifrán en las bandas y Llorente y Agirretxe como delanteros. Lo que se antoja incomprensible es colocar a Griezmann de lateral en un partido que se estaba perdiendo por 1-2. El esquema sirvió así para limitar parcialmente la heroíca, pero el fútbol volvió a sonreír a la Real. En ese arreón final, lo cierto es que el equipo txuri urdin sí fue capaz de generar las ocasiones de gol que no se habían visto hasta entonces. Sorprendentemente, el Málaga se asustó tanto como su entrenador. Un buen centro de Vela desde la derecha encontró un cabezazo forzado de Agirretxe, cuando detrás de él estaba Carlos Martínez (¡al diablo las posiciones sobre el campo!) en mejor posición. Elustondo la tuvo a continuación, con un fortísimo disparo que le sirvió a Caballero para hacer el paradón del partido. Aquel portero que se consagró vistiendo la camiseta del Elche ante una Real de verde y amarillo estaba dispuesto a amargar otra tarde a los realistas. Pero no fue así. Porque entonces se desencadenó el milagro. El segundo consecutivo.

Minuto 88. Mikel González (¿qué decía de las posiciones sobre el campo en una heroíca...?) peleó un balón dentro del área junto a Vela, que hasta entonces había estado bastante desafortunado y muy poco determinante, como durante casi toda la temporada. El mexicano luchó y el balón se le quedó en disposición de hacer una chilena. Y la hizo, que por algo es mexicano. Y marcó un golazo descomunal, su segundo de la temporada, que, en ese momento, estaba llamado a salvar la cabeza de Montanier como sucedió con el soberbio zapatazo de Iñigo Martínez. Noticia, por cierto, porque en ese momento la Real, a diferencia de lo que le suele suceder, sí pensó en el 3-2. Pardo se lanzaba como loco a por cada balón para iniciar jugada, viendo que arriba había movimiento por todas partes y que Griezmann y Carlos Martínez habían decidido que la posición de lateral era ya la más superflua del partido. Minuto 91. Es difícil saber cómo, pero Ifrán recibe el balón al borde del área, hace un fabuloso regate, le da tiempo a gustarse con un primer toque para acomodarse el balón y con toda la tranquilidad del mundo lo coloca con suavidad a la izquierda de Caballero. 3-2. Remontada. Delirio. Milagro, sí milagro. Porque el fútbol, cuando se vuelve loco, a veces te da alegrías como la de hoy. Milagro. Y van dos.

La Real suma ya quince puntos, siete de ellos conseguidos en las tres últimas jornadas, y ha pegado un salto importante en la clasificación (está, por si alguien quiere mirarlo, a seis puntos de Europa que serán ocho si el Sevilla gana esta noche en el Pizjuán ante el Getafe). Los dos ultimátums a Montanier se han saldado con agónicas victorias en el descuento, cuando el primero llegó al minuto 85 con la cabeza del entrenador en una bandeja y el segundo nada menos que hasta el 88. En Sevilla se recuperaron dos puntos que se habían perdido por el cambio defensivo, por mucho que Montanier lo siga defendiendo y no reconozca el error. En Anoeta tampoco dio el francés con la tecla para que funcionara el equipo, que logró tres puntos cuando no tenía ninguno por la vía heroica, es decir, en absoluto por los planteamientos futbolísticos del equipo. Montanier dijo que fueron los resultados los que motivaron las críticas hacia su trabajo, pero no tenía razón. Sí la hubiera tenido si lo hubiera planteado de otra forma, y es que no hubiera estado en la cuerda floja si hubiera ganado, porque está claro que el devenir de los partidos no decide el futuro de los entrenador. Sólo sus resultados. Y nadie puede negar que la Real ha sumado por primera este año vez dos victorias seguidas. Y qué dos victorias. Qué dos gritos de absoluta felicidad.

sábado, diciembre 03, 2011

PREVIA Real Sociedad - Málaga. Y después de un milagro, ¿qué...?

Después de un milagro, ¿qué? Esa es la duda que planea sobre el ambiente de la Real Sociedad ante la visita del Málaga (domingo, 16.00 horas, Anoeta; Canal + Liga 2, PPV). La sensación generalizada es que Philippe Montanier salvó la cabeza por el maravilloso gol que Iñigo Martínez hizo desde el centro del campo del Benito Villamarín, pero los milagros no suelen producirse todos los días, juegues bien o juegues mal. Así que la Real debe afrontar otro día de ultimátum para su entrenador, sin que nadie del club se haya atrevido a pronunciar esa palabra. Y lo hará, además, en casa. Donde hasta ahora sólo ha sido capaz de ganar un partido de los seis que ha jugado, ante el Granada. Lo hará con bajas, más o menos las mismas que ya tuvo la pasada jornada, contra un equipo que aspira a clasificarse para la Champions League (aunque también viene con bajas). Y lo hará, si las cosas no van bien durante los 90 minutos, con mucha gente dispuesta a mostrar el mismo desacuerdo con el entrenador, y con gente de más arriba, que se vivió en el último encuentro disputado en Anoeta, aquel aburrido 0-0 contra el Espanyol. A ver qué nos encontramos este domingo...

Para afrontar su segundo ultimátum, y después de una semana en la que ha sonado un puñado de nombres para sustituirle en el banquillo txuri urdin en caso de no vencer al Málaga, Montanier ha convocado a 19 jugadores. Siguen de baja Illarramendi, Markel Bergara, De la Bella y Cadamuro, lo que una semana más deja a la Real sin los dos jugadores llamados a pelear por el lateral izquierdo. Xabi Prieto, en cambio, sí se ha recuperado y ha entrado en la lista, pero es seguramente quien ha motivado que el técnico francés haya llamado a un jugador más de lo habitual. Antes del partido se conocerá el descarte y se sabrá si se afronta el partido con las mismas bajas que hace una semana. Además del regreso por confirmar del 10, hay una novedad en la lista. Vuelve a colarse entre los elegidos Diego Ifrán en lugar de Sarpong. No obstante, lo más probable es que el uruguayo se quede fuera si Xabi Prieto puede sentarse en el banquillo (en cuanlquier caso, parece imposible que sea de la partida). Rubén Pardo se mantiene en la convocatoria del primer equipo.

Sin haber vacíado la enfermería más que con la duda de Xabi Prieto, el propio Montanier abrió la puerta a repetir once por primera vez en la temporada. De ser así, jugarían Bravo en la portería, Carlos Martínez y Estrada en los laterales, con Iñigo Martínez (sobre él ya están los ojos de los equipos grandes) y Mikel González por el centro. Elustondo, Aranburu y Zurutuza estarían por delante, con Vela y Griezmann en las bandas y Agirretxe en punta. Sorprendió que hubiera dos centrales en la lista de Sevilla, y tanto Ansotegi como Demidov se mantienen en ella. Pardo no será titular, pues el propio técnico francés ha dicho que aún le falta, con lo que la única incógnita en el centro del campo pasa por saber si Montanier recuperará a Mariga en el once, tras escuchar los silbidos de Anoeta al ser sustituído ante el Espanyol. Prieto o Ifrán estarán en el banquillo junto a Zubikarai y Llorente, ya que no parece probable que el técnico normando siente a Agirretxe después de su gran partido en Sevilla, gol incluido (lleva cinco y es el máximo goleador del equipo).

El triunfo en el Benito Villamarín permitió a la Real salir de los puestos de descenso después de haber conocido incluso el amargo sabor del farolillo rojo, pero está fuera sólo por golaverage. Tiene los mismos puntos, doce, que el Sporting (decimoctavo) y Granada (decimosexto). Son los gijoneses los que ocupan plaza de descenso porque han encajado un gol más. El Villarreal, duodécimo, sólo tiene dos puntos más que la Real, uno menos de los tres que separan al equipo txuri urdin del colista, el Racing. El Málaga ocupa la quinta posición con 23 puntos y su mirada está en alcanzar la Champions League, a tiro de tres puntos y de un rival, el Levante, que a priori no iba a entrar en esa lucha. La Real sólo ha ganado un partido como local de los seis disputados, 1-0 al Granada. Desde entonces acumula dos empates y dos derrotas. El Málaga tiene números parejos como visitante: dos victorias, dos empates y tres derrotas, puntuó en las dos últimas y lleva cuatro jornadas sin perder. A pesar de haber salido en Sevilla de ocho jornadas sin ganar, el conjunto de Montanier acumula dos partidos sin perder. Y tiene el claro objetivo de reconvertir Anoeta en un fortín, único camino para sufrir menos esta temporada. Si no lo hace, no sería raro que la afición se pronunciara nuevamente contra Montanier y contra Loren.

El Málaga ha visitado San Sebastián en 29 ocasiones, 26 de ellas en Primera División. De ellas, La Real consiguió doce victorias, empató en nueve ocasiones y perdió en las cinco restantes. De las cinco últimas visitas en la máxima categoría sólo una se saldo con triunfo txuri urdin, el 3-0 (Ansotegi, Skoubo y Xabi Prieto) de la temporada 2005-2006 que supuso un importante paso para lograr la permanencia aquel año, y en los ocho partidos que se han disputado en Anoeta hay igualdad absoluta: dos triunfos para cada equipo y cuatro empates. La mayor goleada realista, también lograda en la lucha por mantenerse en Primera, fue el 4-0 de la campaña 2000-2001, con tantos de Idiákez, De Paula, Khokhlov y Tayfun. El Málaga logró su mejor resultado en Anoeta con el 1-3 de la campaña 2004-2005, el día en el que Agirretxe marcó su primer con la camiseta del primer equipo, en un partido en el que ya no había nada en juego. En Segunda, el balance es mucho más favorable a la Real, que ganó los tres partidos jugados (y subió en las dos primeras veces que se enfrentaron), destacando el 5-1 (dos goles de Gastón, y uno de Caeiro, Gastón y Ontoria).

Real Sociedad y Málaga se vieron las caras la pasada temporada, la 2010-2011, y fueron los andaluces los que se quedaron con los tres puntos en disputa en Anoeta. Y eso que la Real no hizo un mal partido, pero el equipo estaba en la peor fase de la temporada, en la que todo salía mal. El conjunto de Lasarte repitió errores de jornadas pasadas, pero estaba siendo mejor que el Málaga cuando, mediada la primera mitad, llegó el 0-1, una rara falta directa que botó Duda y que nadie acertó a despejar. En medio de un claro arbitraje anticasero de Undiano Mallenco, y después de que Willy Caballero respondiera con un paradón a un disparo a bocajarro de Diego Rivas que mereció ser el gol del empate, llegó el 0-2, obra de Rondón. Y ahí murió el partido porque la Real nunca creyó en la posibilidad de levantar un marcador que el Málaga subió al luminoso en las dos primeras jugadas de gol. El equipo andaluz había llegado a Anoeta siendo colista de Primera y se llevó un triunfo más cómodo por el marcador y por el desesperante final del partido que lo que había merecido por su trabajo a lo largo de los 90 minutos. Con esta derrota, la Real sumaba la cuarta de las siete jornadas que estuvo sin ganar en la segunda vuelta.

martes, noviembre 29, 2011

De la mala leche a la desconfianza

Algo debe de andar mal si estoy de mala leche después de haber ganado un partido fuera de casa con un gol tan extraordinario como el que Iñigo Martínez logró en Sevilla, un gol que no me voy a cansar nunca de ver y que no creo que debemos dejar de alabar como se merece. Pero es que llevo tres días así, de mala leche. Creo que el error que cometemos a menudo todos los que vemos un partido desde fuera es que queremos convertirnos en entrenadores. Es decir, que si el que de verdad se sienta en el banquillo no hace lo que queremos sentenciamos con mucha facilidad que se está equivocando. No sentimos normalmente la empatía suficiente con el entrenador como para ponernos en su sitio o para entender su responsabilidad. Por eso, nunca he sido resultadista. Por entendible que sea desde el punto de vista de la directiva, no me parece justo condenar a un entrenador por perder uno, dos o siete partidos. Montanier pensó el viernes que ahí estaba el problema de su situación en la Real, y lo que le sucedió el domingo en el Benito Villamarín viene a decirle que se ha equivocado. Otra vez.

Si Montanier está en el filo de la navaja no es porque la Real estuviera en puestos de descenso. Es porque prácticamente nadie entiende algunas de las decisiones que está tomando. Pero hay que ir más lejos de las sensaciones para entender el desgobierno que ahora mismo reina en la Real. Un ejemplo es lo sucedido tras el penalti que sufrió Griezmann. Resulta que el lanzador designado, en ausencia de Xabi Prieto, es Agirretxe (eso es lo que publica hoy Noticias de Gipuzkoa). Dijo Montanier que a veces quién chuta un penalti se decide por sensaciones, y estoy de acuerdo sólo en parte. Si el designado no se ve con fuerza para lanzar, entonces otro debe dar un paso al frente. Ahí entran en juego las sensaciones. Pero si el lanzador designado por el entrenador está con confianza, entonces no hay discusión posible. Si no, ¿para qué designar un lanzador? Que coja el balón quien crea que lo mete y listo. Pero las cosas no se hacen así. No creo que Agirretxe, increíblemente decisivo en Sevilla a pesar de su soledad de delantero (un gol, una asistencia, un balón al larguero y autor del disparo que provocó el paradón del partido), diera un paso atrás. La temporada pasada, Ramos se saltó esa jerarquía en el Madrid y se armó un considerable debate que incluso le llevó al banquillo. Aquí no va a pasar nada. Malo.

Mi opinión sobre Montanier empeora partido tras partido, pero no sólo la mía, sino la de gentes de dentro y de fuera de la Real, y eso es preocupante. Y eso que en Sevilla plantó un once coherente que me hizo dudar. Lo único que no terminó de gustar es que Llorente no fuera titular, pero no por el hecho de no jugar, sino más que nada porque de esta forma el técnico francés evidenciaba, una vez más, que no termina de confiar en él y que su alineación de la semana pasada era más una concesión de cara a la galería que algo hecho por convicción. Al menos, esa es la sensación que da. Y es que las críticas a Montanier van sobre eso, sobre sensaciones. La sensación en el minuto 72 es que la Real ya había ganado el partido en Sevilla, con el 0-2 marcado por Vela. Fue un partido en el que el mexicano marcó su primer gol, Griezmann (pese a la falta de confianza en el penalti) resurgió, Agirretxe batalló, el centro del campo encontró su sitio y la defensa estuvo firme y segura (partidazo de Mikel González y de Iñigo, gol aparte). A pesar de todos esos méritos, Montanier creyó que cambiarlo todo podía dar más garantías. Y ya sabemos lo que pasó. Centro del campo debilitado, defensa de cinco y dos goles en cinco minutos, ambos por el centro, marcados por un equipo que llevabas más de 600 minutos sin ver puerta.

Dicho todo esto y viendo los anteriores partidos, no creo que el entrenador esté capacitado para dar la vuelta a esta situación. Los jugadores sí, en ellos sí confío. Los jugadores ganarán partidos, incluso cuando todo se haga mal porque el fútbol es así de caprichoso. Montanier, quizá, también ganará alguno si sigue en su puesto. Pero lo que hay en el ambiente es la asunción de un fracaso del que nadie se quiere responsabilizar. Se dice, y así se ha publicado, que la Real ya tiene sustitutos para el francés y que estamos sólo a la espera de un nuevo traspiés para su cese. Eso es un error. Es tirar tiempo a la basura. Pero es que el error es mucho más profundo y se encuentra en las enigmáticas líneas que escribe Roberto Ramajo en As. Dice que el cese "resulta muy caro si no se dan unas determinadas circunstancias que esta semana no se cumplen". Lo único que ha cambiado tras el partido del Villamarín es que la Real ha salido de los puestos de descenso. ¿De verdad hay que entender que la Real ha firmado un contrato con un técnico en el que se ha incluido una cláusula que hace más costoso su despido si no estamos entre los tres últimos clasificados? ¿Esa es la confianza que se tenía en el entrenador que tenía que hacer crecer a la Real como Lasarte, según la directiva, no iba a ser capaz?

En su momento, ya dije que no me convencían los motivos por los que Aperribay y Loren decidieron que Lasarte no continuara siendo el entrenador de la Real. El voto de confianza en el nuevo entrenador ya se ha diluido por completo, cuando apenas hemos llegado al primer tercio de la Liga. Se da por hecho que en el minuto 85 del partido contra el Betis se había decidido ya cesar a Montanier, y no se ha hecho efectiva esa decisión porque un canterano de 20 años lanzó un prodigioso zapatato desde el centro del campo en el minuto 92 y entró. Si hubiera ido fuera, si Casto lo para, si el balón rebota en el larguero y no entra, Montanier habría sido cesado. Qué cosas, hemos convertido la continuidad del entrenador en una cuestión de azar. En verano echamos al entrenador sin tener recambio y ahora tenemos recambios pero no hay valor de dar el paso de echar al entrenador. Así es difícil tener claro lo que le va a suceder a esta Real, tanto como tener confianza en el futuro. El domingo estaba de mala leche, y eso que ganamos de amarillo y la derrota del Barça nos hace conservar, un año más, nuestro espectacular récord de imbatibilidad. Sigo de mala leche. Pero, además, mi desconfianza crece porque no sé si alguien tiene claro qué hacer para que no suframos esta temporada para celebrar la permanencia.

domingo, noviembre 27, 2011

BETIS 2 - REAL SOCIEDAD 3 San Iñigo Martínez

¿Cómo explicar lo que ha pasado hoy en el Benito Villamarín? Siguiendo lo que dijo Montanier en la víspera, aquello de que las críticas obedecen a las victorias, habría que alabar lo que hay hecho la Real en Sevilla. Pero no. Lo que el técnico francés no comprende es que las reacciones son a lo que se ve, no a lo que señala el marcador al final. Y es que Montanier casi destruye un partido que en el minuto 79 estaba ganado y finiquitado, ante un rival que estaba muerto, que no tenía gol y que marcó dos en cinco minutos. Pero hemos ganado.¿Por qué? Porque la Real ha descubierto un santo que se llama Iñigo Martínez. Que ya no es que haya marcado el mejor gol de la Liga, es que ha marcado los dos mejores. Idénticos. Valiosos. Y preciosos. Iñigo ha vuelto a marcar desde el centro del campo, como lo hizo ante el Athletic. Pero hoy lo ha hecho nada menos que en el descuento y con el resultado de dar a la Real tres puntos de oro. Eso es un milagro (que no oculta la genialidad del golpe del central realista) de esos que suceden una vez en la vida. Y es un milagro que no puede empañar que el partido estaba ganado y que Montanier casi lo pierde. Pero apareció San Iñigo Martínez. Santo de verdad.

No había mucho margen para la sorpresa en el once inicial, pero aún así Montanier ha dejado su habitual toque. Llorente se quedó en el banquillo y el delantero titular fue Agirretxe. Y Mariga fue también suplente, dejando su puesto a Elustondo (Pardo saltó al césped en los últimos diez minutos para intentar arreglar un desaguisado; para esto, a mi juicio, mejor que ayude al Sanse, que también lo está pasando mal), que debutaba así esta temporada. Quizá el movimiento táctico más destacable fue precisamente colocar a Elustondo como pivote único, con Aranburu y Zurutuza por delante. El comienzo del partido otorgó un espejismo: a los cinco minutos, Agirretxe tuvo una clarísima ocasión a la que respondió Casto con un paradón inconmensurable. Espejismo, digo, porque el dominio del balón y del campo fue del Betis. No es que el equipo de Pepe Mel supiera muy bien lo que hacer, porque apenas le generó peligro a Bravo (una parada, en realidad, en los primeros 45 minutos), pero el partido estaba en su terreno. Lo mejor que ofreció el equipo de Montanier es una fortaleza defensiva que, seguramente, encontró dos explicaciones. La primera, el gran estado de forma de sus centrales, que son lo mejor del equipo esta temporada. La segunda, un dibujo en el centro del campo más coherente y con jugadores más adecuados.

En el minuto 21 se produjo la jugada que tendría que haber sido clave en el partido. Casto le hizo un claro penalti a Griezmann, cuando el francés ya le había regateado y, desde el lateral del área pequeña, ya preparaba el disparo para marcar el 0-1. La infracción se quedó en amarilla, cuando la Real no ha disfrutado de esa benevolencia arbitral, sin ir más lejos, en el penalti que se le señaló en Vallecas a Iñigo Martínez. El Betis se mantuvo con once jugadores y la Real, para mayor desgracia, no cambió el 0-0 del marcador. Ya es mala suerte que para una vez que se le pita un penalti a la Real, le falte su infalible lanzador, Xabi Prieto. Griezmann asumió la responsabilidad y dejó claro que, ahora mismo y lejos de la protección que en su día le ofreció Martín Lasarte y otras personas a su alrededor, no está para asumir responsabilidades en este equipo. El francés es un gran jugador y no se le puede decir que le falte voluntad en los partidos, hoy ha derrochado trabajo y esfuerzo. Pero no le salen las cosas. No sé si es que tiene la cabeza en otro sitio, no comprendo cuál es la causa, pero le faltan muchas cosas. Y el penalti que ha lanzado, lo evidencia. Flojo y fuera. Jamás puede ser un gol un penalti así.

El fallo de Griezmann le pasó factura a la Real, que despareció del campo hasta el descanso.Y ahí se apareció la suerte de tener enfrente a un rival más deprimido incluso que la Real. El Betis no estaba para grandes gestas y no la protagonizó en estos minutos. El centro del campo txuri urdin encajaba en defensa, con un trabajo descomunal de Zurutuza y corrección por parte de sus acompañantes. Atrás había seguridad, la que no se había terminado de conseguir en muchos partidos anteriores, aunque sus laterales apenas se incorporaron al ataque. Y delante es donde estaban las dudas. Griezmann se quedaba en la voluntad. Vela sólo ofrecía individualidades, sin llegar a entrar nunca en la dinámica del equipo, como no lo ha hecho en toda la temporada. No pareció penalti una jugada en la que lo reclamó y que, en cambio, resultó ser el imperdonable desperdicio de un contraataque de cuatro realistas contra dos defensas béticos. Y Agirretxe se peleaba hasta con su sombra. Creo que lo que está haciendo el de Usurbil tiene un mérito increíble, porque le está tocando la parte más ingrata de su trabajo, la de pelear y pelear, sin ver necesariamente frutos. Pero esta vez el fútbol fue generoso con él y castigó a Montanier y a sus planteamientos. A los diez minutos de la segunda mitad, Agirretxe marcó el 0-1. De cabeza y en el córner más clásico posible. Al infierno con la pizarra de los gilicorners. El gol, además, era el premio a una actitud txuri urdin diferente.

Diferente porque, de nuevo, demostró que entra mal en los partidos, que tira las primeras partes y que cuando en las segundas se da cuenta de que es superior a sus rivales se los comienza a comer. Se comió así al Barcelona o al Athletic, ¿cómo no se iba a comer al Betis por mucho que el partido se jugara lejos de Anoeta? Además del gol, Griezmann estuvo a punto de marcar en un despeje del portero que le rebotó en la espalda, dio un mal pase a Agirretxe cuando éste estaba solo para marcar el gol y hubo un balón al larguero (¡uno más esta temporada!) que debió servir para sentenciar el partido. Y ahí es donde entró en juego Montanier. El equipo estaba defendiendo bien, pero el técnico decidió cambiar precisamente la defensa. Craso error. En otro giro sorprendente, el técnico francés decidió colocar una defensa de cinco, con Demidov y sacando a Elustondo del campo. El invento pareció salirle bien dos minutos después, cuando el inconmensurable Agirretxe batallón sin medida por un balón que sirvió en largo a Vela para que marcara el 0-2. Es su primer gol con la camiseta de la Real. Quedaban 18 minutos para el final y el partido tendría que haber quedado sentenciado. Pero quedaba el efecto del cambio de Montanier.

En primer lugar, queda claro que la Real no sabe jugar con defensa de cinco. Es lícito poner un autobús para defender un resultado, guste más o menos, pero la forma escogida por Montanier fue la equivocada. En lugar de quitar a alguno de los dos hombres de banda, a Griezmann o a Vela, retiró a un mediocentro. El centro estaba sosteniendo a la Real y Montanier lo desbarató. Y decir que una defensa de cinco no funciona en la Real no es cuestión de los resultados, es cuestión de ver los partidos. ¿Por dónde entró Higuaín para marcar el 0-1 del Real Madrid en Anoeta contra una defensa de cinco? Por el centro. ¿Por dónde entró Pereira para marcar el 1-2 del Betis hoy? Por el centro. Y sin presión desde el centro del campo, desmantelado con el primer cambio de los dos que hizo el técnico francés. Pereira hizo el primero a falta de diez minutos y el empate cuando quedaban cinco, tras recoger el rebote de una falta que no había cometido Vela pero que otro mal árbitro, Álvarez Izquierdo, no dudó en señalar. Este jugador, por cierto, fue uno de los cambios de Pepe Mel, un entrenador que probablemente será cesado tras esta derrota pero que al menos intenta ganar los partidos desde el banquillo. Mel se lanzó como loco a por el empate, dejó una defensa de tres y buscó abrir el partido por las bandas y por el centro. Y lo consiguió. Montanier quiso defender una victoria por la mínima. Y fracasó.

Cuando el partido estaba a punto de morir, apareció San Inigo Martínez. Hay que ponerle un monumento a este jugador, absoluta revelación de esta Liga para la Real y que ya ha marcado los dos mejores goles del campo. Y es un central, ojo. Otro golpeo absolutamente genial desde su campo se convirtió en el 2-3. Qué golazo. Qué obra de arte. Qué alegrón. Pero qué puntual también. Es decir, que este gol da tres puntos a la Real. Fuera de casa, que tiene aún más mérito. Marcando tres goles, que sí, que tiene su importancia. Pero no se puede escapar que la Real tiró el partido en cinco minutos de una forma lamentable, con la misma cobardía con la que ha jugado demasiados partidos ya esta temporada y ante un rival que demostró ser poca cosa y que, además, tenía a su público en contra. San Iñigo Martínez y su gol nos llevan a esta hora fuera de los puestos de descenso, pero los problemas de la Real siguen muy vivos. ¿Qué va a pasar ahora? No tengo ni idea. Pero el milagro de un santo, que además es un pedazo de futbolista, no puede esconder que el entrenador de la Real no tiene las ideas claras, no sabe cómo sacar rendimiento a las virtudes del equipo y que si no fuera por milagros como el de hoy o aquel de Estrada ante el Granada, estaríamos muy hundidos en el pozo. No lo estamos. Respiremos al menos. Pero toca reflexionar.