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viernes, mayo 30, 2025

RESUMEN DE LA TEMPORADA 2024-25 (5) Imanol, legado intachable en una despedida triste

Cuesta creer que Imanol Alguacil ya haya dejado de ejercer su trabajo como entrenador de la Real Sociedad. Cuesta porque su nombre estaba asociado a los triunfos más recientes del equipo, a las cinco clasificaciones europeas consecutivas y a la Copa lograda en la final de finales. Cuesta porque había dado una estabilidad sin precedentes desde que John Toshack siempre parecía estar dispuesto a rescatar al equipo. Pero cueste más o menos, la era Imanol ha llegado a su fin. Él mismo, en su preciosa despedida en Anoeta, dejó claro que se va porque ha dejado de ganar lo suficiente para seguir en el cargo. Le honra ese reconocimiento de que la temporada no ha sido la que él esperaba, por mucha polvareda en redes sociales que levantara en su momento el uso que hizo de la palabra "temporadón" para evaluar el rendimiento de los suyos. El temporadón es a nivel de implicación, de sufrimiento y de entrega, obviamente no de resultados. Y seguramente los resultados no han llegado porque a Imanol le ha faltado aquello que mejor hizo en todas las temporadas anteriores, encontrar la mejor versión de sus jugadores y hacer con eso un colectivo admirable, al principio más vistoso y después más rocoso, cogiendo primero lo mejor de una Real propia de Toshack y asimilando después la fortaleza defensiva que caracterizaba al aguerrido grupo de Ormaetxea. Pero eso está temporada ha saltado por los aires y el de Orio no ha logrado encontrar el camino correcto para solventarlo.

¿Que deberíamos juzgar en Imanol? ¿Su trayectoria, el legado que dejado en el club después de un lustro, o la temporada recién finalizada? ¿El discurso de una rueda de prensa de abril o mayo o el que ha implantado como parte del ADN de su Real durante el tiempo que se ha sentado en su banquillo? Quizás el debate más trascendente esté justo ahí, aunque por lo general nos resistamos a enfocarlo de esa manera. ¿Tiene lógica basar el adiós de un entrenador de la Real en un mal año, el último, de un ciclo de seis? ¿Entendemos por tanto que el fútbol es una ciencia lineal en la que una curva a la baja es imposible de remontar? ¿Hay tanta seguridad en las voces que entienden el cese de Imanol como algo necesario como para saber que el próximo curso, con las novedades que correspondan, habrían prolongado esa caída manteniendo al mismo entrenador? Haya más o menos resquemor en este momento hacia Imanol, se puede admitir el debate como lícito e incluso como necesario. No es tan fácil encontrar un entrenador capaz de llegar a un ciclo ganador y de mantenerlo durante tanto tiempo como para prescindir de él a la ligera. El tiempo, desde luego, dará y quitará razones a quienes defienden ambas posturas, que al final dependen de la Estrategia global del club.

Es indudable que el legado de Imanol es intocable. El de Orio ha dado al club una dimensión inesperada cuando aterrizó en su banquillo. Pocos, casi nadie, veían en el un técnico a largo plazo cuando se sentó por primera vez en el banquillo del primer equipo, en Ipurua en el primer y breve tramo, que venía a confirmar esa teoría cuando volvió al Sanse, y en el Santiago Bernabéu después, en el arranque de sus exitosos seis años y medio. De su mano, la Real ha sido un equipo siempre de la mitad alta de la tabla. Siempre. Incluso hubo algunos lunes que amanecimos con un periódico que ponía al equipo txuri urdin como primero en la clasificación. La pandemia cortó su período de mayor esplendor, de juego y de resultados, pero no impidió que el equipo se coronara en la final más inolvidable de todas, una en la que el rival fichó a un entrenador que nunca perdía con la Real con el firme propósito de ganar el partido de sus vidas y que sucumbió ante las artes tácticas de un Imanol que hizo que sus jugadores llevaran el partido hacia donde querían. Luchar siempre por Europa, jugar cada partido para ganarlo, sumar buenos resultados en ir creciendo en un gen competitivo que siempre salía en los finales de cada temporada, aunque se echará en falta, por unas razones o por otras, en el momento decisivo de las competiciones europeas.

Pero si el legado es innegable, también lo es que su despedida ha dejado un peor sabor de boca. Quién sabe lo que podría haber sido de haber logrado el merecido premio de la final de Copa o si hubiera podido competir en igualdad de condiciones en la eliminatoria que puso fin al sueño europeo, pero a Imanol le ha pasado factura justo eso. La Real se le cayó en muchos momentos, pero sobre todo en ese tramo final en el que siempre resurgía. Sabiendo que no estaba siendo la mejor de las temporadas, el equipo sí llegó a abril en disposición de lograr sus objetivos, pero tras caer en las copas, en la doméstica y en la europea, el equipo bajó los brazos. No en entrega, pero sí física y anímicamente, como si ya hubiera dado todo lo que tenía para este curso. Es lo que más se puede achacar a Imanol, eso que él mismo hace tras las derrotas de asumir la culpabilidad para exonerar a los jugadores, cuando él mismo sabe que muchos puntos han volado por errores que difícilmente se pueden achacar a movimientos tácticos o entrenamientos técnicos.

Sí ha costado entender algunas decisiones, y las explicaciones dadas no han terminado de satisfacer. Si el equipo estaba tan justo en lo físico, ¿por qué el entrenador insistió en decir que no había pedido refuerzos tras despoblar la delantera en el mercado invernal? Si la apuesta por Zubieta ha sido tan contundente en casos como los de Aramburu o Pablo Marín, ¿por qué parecía tan reacio a darle titularidades a Jon Martín cuando la defensa comenzó a ver sus fisuras? Si Oyarzabal era su opción preferente en la punta de ataque, ¿por qué se acometió una inversión tan fuerte en un delantero extranjero que no iba a venir con la etiqueta de titular? ¿Por qué jugadores como Turrientes u Olasagasti han parecido estar fuera de la dinámica durante tramos bastantes largos con un Zubimendi sobreexplotado? Hay, evidentemente, decisiones en todas estas cuestiones en las que la dirección deportiva también tiene mucho que decir, pero con temas que desgastan la figura del entrenador, que al final es el único que ha dado la cara públicamente.

Se ha popularizado el mantra de que Imanol se ha comportado con inmovilismo en lo táctico, y no es del todo cierto. Es verdad que sus cambios, en los que ha insistido siempre en mantener un sistema base, han eliminado el factor sorpresa del equipo en las segundas partes y es complicado no relacionar eso con el hecho de que el equipo no ha remontado ni un solo partido esta temporada. Que ponerse por debajo en el marcador sea un síntoma evidente de que el equipo ya no va a ganar es algo que merma mucho. Y no, Imanol no ha sabido tampoco dar al equipo los revulsivos que necesitaba para romper esas marcas. Pero sería injusto no apreciar que el técnico sí cambia. Detalles, formas de defender, impulsos por las bandas, extremos que buscan cosas diferentes en función del rival. ¿Ha funcionado? Muchos días no, y eso, obvio, forma parte del trabajo del responsable del equipo, pero su labor ha sido menos inmovilista de lo que se ha venido a decir, aunque este año ha explotado menos la diversidad de dibujos visibles que sí se apreció en otras temporadas.

Imanol es consciente de lo que ha conseguido en la Real, también de lo que se le ha escapado este año. Si no, probablemente habría firmado la oferta de renovación que el club le puso sobre la mesa muchos meses atrás. No parece que haya sido un acierto dilatar la decisión de su continuidad hasta el tramo final del campeonato, aunque no puede ser tan perjudicial en un equipo profesional, que ha de estar preparado para cualquier contingencia. Puede que nunca sepamos buena parte de la intrahistoria de este proceso que separa los caminos de Imanol y la Real, pero esa sensación de que nos falta información es inevitable. Si esto fuera un examen, sería difícil que Imanol llegara al aprobado en este curso, pero no parece que su trabajo sea lo único que ha conducido a que los resultados no hayan sido los satisfactorios en el grupo. Mucha suerte allá donde vayas, patrón, Anoeta supo despedir de la manera correcta a un entrenador que ha escuchado mucho ruido en redes sociales, pero que siempre ha tenido el apoyo del público donde tiene que tenerlo, en las gradas.

viernes, mayo 31, 2024

RESUMEN DE LA TEMPORADA 2023-2024 (5) Imanol, su temporada más complicada

Si para la Real ha sido un año complicado y exigente, es evidente que el principal afectado por esa situación es Imanol Alguacil. Y se ha notado, porque, aun dentro de su particular estilo personal, este es seguramente el año en el que más ha alzado la voz ante determinadas circunstancias, del calendario, de los arbitrajes y de la confección de la plantilla y su rendimiento. Nada demasiado grandilocuente, porque Imanol, siempre lo dice, no es un entrenador que busque excusas, dejando casi siempre la autocrítica para que se escuche dentro del vestuario y no ante los medios.

Eso es verdad que dificulta el análisis en profundidad sobre ciertas decisiones que el técnico haya podido tomar durante el año, que al final son las que encuentran eco en los medios de comunicación y las redes sociales, las que por alguna extraña razón hacen necesario que haya que reivindicarle año tras año, pero no podemos perder de vista lo fundamental: que Imanol ha incorporado a la Real un gen competitivo descomunal. No hay otra forma de entender que haya instalado al equipo txuri urdin en la parte alta de la tabla de manera casi ininterrumpida durante los cinco años completos que se ha sentado en el banquillo realista. Es el máximo responsable de que la Real se haya clasificado para competiciones europeas por primera vez en su historia y así hay que reconocérselo.

Las expectativas de esta temporada eran muy altas, y es cierto que ha habido dos mazazos emocionales que afectaron y mucho a la visión del aficionado: que se perdiera la opción de jugar otra final de Copa y que el sueño de seguir vivos en la Champions se esfumara con relativa facilidad. Eso también ha hecho que se viera con más claridad que el juego del equipo, desde un punto de vista preciosista, se haya situado en uno de los puntos más bajos de la etapa de Imanol en la Real. Pero incluso así, con un equipo agotado, con lesiones acechando durante todo el curso, Imanol ha creado un ejército de gladiadores que se dejan la piel en cada partido y que, ojo, en los momentos clave de la temporada han dado la cara y sumado lo necesario para llegar a los objetivos cuando seguramente muchos ya no confiaban en ellos.

La Real de Imanol se ha ido transformando con el tiempo, ya no es la misma que vimos antes de la pandemia, pero los cambios han sido progresivos y, de alguna manera, naturales. Su fútbol ofensivo se ha visto resentido esta temporada por la alarmante falta de gol. El técnico, no obstante, no ha parado de buscar variantes, tanto tácticas, con esquemas distintos, también amoldados al escenario y al rival, y probando a sus jugadores en distintas posiciones. Que se lo digan a Oyarzabal, que se ha movido en todas las variantes de ataque y acompañado de casi todos sus compañeros. Esto mismo es lo que ha llevado a la Real a ser uno de los equipos con mayor número de goles anotados a balón parado. Brais incluso ha marcado tres goles de falta, y a final de temporada, con Turrientes como mayor exponente, se ha visto al equipo con más ganas de probar desde fuera del área, en contraposición a la seña de identidad previa que era casi llevar el balón hasta la portería rival.

En defensa, las sensaciones también pueden ser distintas a la realidad. Puede parecer que la Real ha perdido entereza defensiva porque se le han ido bastantes puntos contra equipos de teórica menor entidad y en los últimos minutos, pero a la vez su portero, Remiro, ha luchado por el Trofeo Zamora hasta la última jornada y ha dejado su portería a cero en más de veinte partidos de la temporada, merced a un trabajo defensivo en el que participan todos, desde la presión y desde las faltas cuando son necesarias. Todo esto no se consigue sin un intenso trabajo entre semana, sin una planificación estratégica y sin hacer que toda la plantilla acompañe en la idea de juego, y eso, sí, es otro de los méritos de Imanol.

Puede que su gran debe de la temporada, en todo caso, haya sido la gestión de la plantilla, pero no en lo que se puede ver en un primer vistazo superficial a la temporada, las rotaciones en sí mismas, sino en los efectos que ha conseguido. Más que en otras temporadas, los datos arrojan que no ha sido capaz de hacer jugadores que estaban llamados a marcar una diferencia dieran lo mejor de sí mismos, como Cho antes de abandonar el barco o un Sadiq que tiró la toalla antes de tiempo. Y quizá este año haya sido en el que más complicado lo haya tenido Zubieta para brillar en el primer equipo. No siempre, claro, y ahí están los jugadores ya consolidados en el equipo, pero la presencia de Díaz de Zarate u Olasagasti ha sido testimonial, incluso la de Turrientes durante algunos tramos de la temporada, y eso se une a las salidas en verano de Gorosabel, Guevara, Sola, Navarro o Karrikaburu, ya sea como traspasados o como cedidos.

Es obvio que Imanol ha tenido preferencias claras y que hay jugadores a los que le ha costado sustituir. Zubimendi ha sido el ejemplo más claro, ya que es el que menos ha podido descansar. ¿Están las lesiones que sufre la Real detrás de esta exigencia? Eso es algo que no podemos saber a ciencia cierta, aunque el debate esté en las tertulias de los aficionados. De lo que sí podemos dar fe es de que las dolencias físicas han lastrado mucho a la Real, esta temporada más que nunca, han impedido que sus figuras pudieran tener el descanso necesario en los tramos menos exigentes del curso e incluso que algunos jugadores llegaran a coger el punto óptimo de forma en toda la temporada, caso de Silva u Odriozola. Llegar al final de la temporada con jugadores vitales como Merino, Zubimendi, Oyarzabal o Brais en un estado de agotamiento palpable es un riesgo enorme.

¿Podría jugar la Real como lo hace sin esa exigencia física? Seguramente no, y quizá la gran innovación que necesita el equipo no se refiere a su entrenador y sus capacidades, sino a la perfección de una preparación que permita ir un punto más allá. Con Imanol, lo que está claro, es que hay bajones en la temporada que se repiten año tras año. La duda es cómo solucionarlos o, al menos, cómo llevarlos a las semanas en las que menos daño puedan hacer en las aspiraciones del equipo. Imanol tiene cinco cambios para contribuir a esa tarea y aunque tampoco se ve una mala gestión en ese sentido, sí que hay que ser conscientes de que hay un cierto murmullo en la grada por la tardanza en dar la vuelta, o al menos intentarlo, en algunos partidos.

Es igualmente obvio que la idea de Imanol ha calado en sus jugadores y es eficaz. Juego desde atrás con un Remiro indispensable, presión alta arriba, mucho toque y reacciones contundentes para contrarrestar las pérdidas de balón, por mucho que ello haya supuesto un incremento en el número de las faltas que señalan los colegiados a la Real, hasta extremos que hace no tanto parecían insospechables en el equipo txuri urdin. Eso es una idea, una interiorizada y que todos los que juegan la defienden a muerte. ¿Puede haber mejor reivindicación que esta de un entrenador?

Año tras año da la sensación de que hay una cierta idea de que Imanol es un entrenador de transición, en formación y con más defectos de los que se le reconocen a técnicos de fuera, pero año tras año Imanol se consolida todavía con más fuerza, sigue llevando a la Real hasta donde se espera que se mueva en la parte alta de la tabla, y ha conseguido llegar ya a un número de años en el banquillo que no se veía desde los tiempos de Ormaetxea. Por algo será. Imanol o barbarie, dicen por las redes sociales, y cada día que pasa, más en una temporada en el que en ese mismo escenario se ha hablado de cambio de ciclo de una manera muy apresurada, es una frase que cobra más sentido. Y es que encima ha salido de todo este trance con más fuerzas de continuar.

jueves, agosto 17, 2023

Corazón Txuri Urdin, el podcast. La victoria del Sanse en el Santiago Bernabéu

En la temporada 1990-1991, la Real consiguió el hito de ganar por primera vez en partido liguero jugado en el Santiago Bernabéu, pero es bastante más desconocido que el Sanse hizo lo propio con el Castilla en el duelo de filiales que se vivió en la fase de ascenso a Segunda de aquella misma campaña. Es verdad que el partido ya no tenía trascendencia, pero Luis Pérez dio el triunfo aquel día, la primera vez que los dos filiales se vieron las caras.

Aunque la imagen, en la que se ve a Iñaki Alonso, pertenece al partido jugado en Atotxa entre los dos filiales, todo lo que sucedió en torno a aquel encuentro, el último que disputó Imanol con el Sanse logrando así un récord insuperable de haber ganado al Real Madrid en su campo con el filial, con el primer equipo y además entrenándolo, centra el episodio de esta semana de Corazón Txuri Urdin, el podcast de historias sobre la Historia de la Real Sociedad, que podéis escuchar en este enlace.

Ya sabéis que el podcast se puede escuchar en Spotify, en este enlace, y también en Google Podcasts, en este otro enlace. ¿Sugerencias para seguir nutriendo este podcast txuri urdin? Estaremos encantados de recibirlas.

jueves, junio 08, 2023

RESUMEN DE LA TEMPORADA 2022-2023 (4) Imanol o barbarie

Imanol o barbarie, se ha llegado a leer en redes sociales en alguna ocasión en la que los resultados no eran los deseados y había quien pensaba que el banquillo txuri urdin podía estar en mejores manos, y la verdad es que es una frase a la que no le falta cierta razón. No porque Imanol sea el entrenador perfecto o porque quien tenga la suerte de sucederle en el cargo, ojalá que dentro de mucho tiempo, vaya a tener necesariamente que fracasar en su empeño, pero es francamente difícil imaginar un técnico más adecuado para la Real que quien ahora mismo ocupa su banquillo. Esto es así por muchas razones, pero podemos quedarnos con una fundamental y a todas luces indiscutible. De las 152 jornadas de Liga en las que Imanol se ha sentado en el banquillo, el equipo txuri urdin ha estado en puestos europeos en 140 de ellas. El dato es una salvajada, se mire como se mire, pero evidencia algo de enorme calado: con Imanol nos hemos olvidado de mirar hacia abajo y la ambición de estar todavía un peldaño más arriba no ha dejado de crecer. Ojo, lo decimos en un equipo que hace quince años estaba en Segunda División peleando contra el peligro de no volver a la élite.

De aquello hay otros responsables, por supuesto, pero Imanol es ya una parte esencial de la historia reciente de la Real. Es de Orio, sí, y no es mediático. Pero es tan de la Real como el más forofo de los aficionados, puede que más aun, y mucho mejor entrenador de lo que se le ha reconocido en muchas ocasiones. Podremos discutirle que ponga a Rico en lugar de a Aihen, que siga dando minutos al criticado Gorosabel, que apostara por Oyarzabal cuando era patente que no tenia ritmo, que no diera bola a Navarro cuando en la Copa se salía y no teníamos soluciones arriba, que no haga los cambios pronto, que el equipo siempre se le caiga en una época más o menos parecida de cada temporada o que sea exageradamente fiel a una idea concreta de juego que nos haya llevado a estrellarnos en los grandes duelos europeos que hemos vivido. Podemos, desde luego. ¿Pero para qué? Eso no deja de ser una tertulia de bar a la que le falta la información que el técnico procesa, la de los entrenamientos. Y los resultados que está conseguido de sus plantillas avalan su trabajo, su idea, su forma de ser y de entrenar. ¿Se puede mejorar? Obvio, aunque con la progresión que lleva el equipo bajo su mando, progresar ya supone entrar en el terreno de lo que para muchos puede ser un imposible.

El nombre de Imanol, ese que se ha sumado esta temporada al palmarés del Premio Miguel Muñoz que distingue al menor entrenador de Primera, y eso no es algo que decida precisamente la esfera txuri urdin,, está ya inscrito en un selecto grupo de entrenadores de la historia de la Real, incluso ya mirando por encima del hombro a nombres legendarios. Quien ha ganado más veces que nadie en el Santiago Bernabéu entrenando a la Real, ha roto también la maldición de tres décadas del Camp Nou. Pero anécdotas puntuales al margen, ha llevado a la Real a Europa por cuarta temporada consecutiva. Con las lógicas diferencias, eso es algo que sólo había hecho Alberto Ormaetxea. Palabras mayores. Y puede que no se valore lo suficiente, pero lo ha hecho además sin darlo por hecho en ningún momento, sin restarle méritos a los logros del equipo, sin asumir que, justo o no, estos eran los puestos que pertenecían a la Real. Siempre ha dado valor a los suyos y nunca se ha puesto por encima de nadie. Puede que no sea lo más mediático, pero no se puede poner en duda su eficacia.

Tampoco parece que se haya valorado en su justa medida el crecimiento técnico y táctico que ha experimentado el equipo. Cada vez tiene más variantes, las que se inventó para suplir la ausencia de Oyarzabal y para volver a incorporarle al equipo, hasta la defensa de cinco ya da menos miedo que hace no tanto tiempo cuando la aplica en momentos puntuales, y con los fichajes de este curso ha podido experimentar con ideas distintas, en las que los puñales por banda no son los laterales sino extremos como Kubo, Cho y Barrenetxea. Cierto es que ha dejado muy clara la existencia de una segunda unidad compuesta por potrillos y que ha gozado de menos oportunidades, sobre todo en el tramo decisivo del curso, cuando los Turrientes, Guevara o Navarro apenas si han aparecido, pero aún así da la sensación de que es un entrenador con el que todos sus jugadores van a muerte, y eso es algo vital en un vestuario. Ver a Imanol jaleado por sus jugadores cuando golpea el baúl metálico es la anécdota, lo trascendente es que eso mismo se siente después en el campo. La forma en la que ha hecho crecer a magos como Odegaard en su momento o Kubo en este curso es digna de elogio.

Por poner los pies en la tierra, un ejercicio siempre complicado cuando el resultado es tan bueno, podemos pensar que sigue sin encontrar la cura para esos períodos negros de la temporada, los que hasta ahora solían llegar en noviembre pero que el atípico Mundial de Qatar retrasaron. O que con algunos jugadores no ha sabido encontrar cómo aprovecharles más, a algunos como Illarra o Navarro cuando mejor parecían estar, y a otros directamente condenándoles a un cierto ostracismo. Es verdad que esto último obedece a que Imanol ha impuesto una competencia feroz en la que medio equipo está cada semana en el alero para fortalecer su guardia pretoriana, la que forman los innegociables Remiro, Zubeldia, Le Normand, Zubimendi, Merino y Silva, pero lidiar con el peligro de haya jugadores fuera de tono es evidente. Da igual, con Imanol todo parece brillar. Y con su brillo, luce la Real de una manera maravillosa. Había quien pensaba que estaba de paso, pero la Real ha encontrado un entrenador que podría marcar una época, una que con lo conseguido hasta ahora ya es inolvidable.

sábado, mayo 28, 2022

RESUMEN DE LA TEMPORADA 2021-2022 (5) Imanol, el. comandante ideal

Es extraño el mundo que están dejando las redes sociales, porque crean una realidad paralela a la que le damos tanta importancia como la que podemos ver, oír y tocar. Y la tiene, ojo. Esto pasa en la vida, como también en el fútbol, que no deja de ser un reflejo social de primer orden, y en clave txuri urdin la figura de Imanol Alguacil es la constatación perfecta de este fenómeno. Partido tras partido, y de una forma acentuada cuando la Real no gana, se discute su once inicial, sus cambios y cuándo llegan, su forma de jugar, sus preferencias por uno u otro futbolista y la manera en la que gestiona el refuerzo que supone el Sanse. Pero llega el partido de la siguiente jornada en Anoeta y esa teórica división no se ve en la grada. Cuando la Real fue superada por el colista, el Levante, en un partido decidido injustamente por el colegiado de turno, Arberola Rojas, se llegó a pedir un fin de ciclo. Y dos semanas después, todos hemos gozado con Imanol felicitando a los suyos por haber logrado el objetivo europeo. Fútbol. Y sí, también la vida.

No es ningún secreto, Imanol no es perfecto. Si leemos todo lo que hace en los partidos, seguro que encontramos grietas en sus acciones. Nunca va a acertar en todos los onces, ni mucho menos en todos los cambios de futbolistas que haga durante los encuentros, ni en los nombres ni en los momentos en los que se decida a mover el banquillo. A veces habrá otros entrenadores, los rivales, que acierten más que él, e incluso en días en los que el técnico consiga un nivel de acierto descomunal en los partidos habrá un delantero realista que falle una ocasión clamorosa que impida al equipo txuri urdin. ¿Pero quién sería más perfecto¿ Hemos tenido entrenadores de todo tipo en los últimos años, entrenando a jugadores, nuestros jugadores, de muy alto rango, y este nivel competitivo durante tanto tiempo no lo ha conseguido ninguno. ¿A pesar de Imanol, como a veces se llega a leer? Las casualidades en el fútbol no duran tres años.

Además, si analizamos lo que le ha venido sucediendo en los últimos tres años a la Real, vemos que la evolución, llegue hasta donde llegue, procede en buena medida desde el banquillo. La fortaleza defensiva creciente del equipo txuri urdin es trabajo táctico. Los cambios en el sistema de juego, durante los partidos y desde el inicio, con ese salto evidente del 4-2-3-1 al 4-4-2 con el que la Real ha terminado la temporada, son formas de afrontar los problemas que le han ido surgiendo al técnico, desde la lesión de un referente tan gigantesco como Oyarzabal hasta la alarmante falta de gol que ha mermado las opciones de los realistas de cara a logros clasificatorios mayores. La ambición adquirida en la Copa, que no se puede ni se va a ganar todos los años, es una marca de su entrenador. Y aunque no gustara la forma en la que se afrontó el duelo europeo decisivo ante el Leipzig, fue una muestra de aprendizaje con respecto a lo que salió mal contra el Manchester United un año atrás.

No, Imanol no es perfecto, pero es muy buen entrenador, mucho mejor de lo que seguramente se le reconoce, dentro y fuera del entorno txuru urdin. Podemos no compartir algunos de sus mensajes públicos, como el de no elevar casi nunca la voz contra los árbitros, o incluso la forma en la que ha tratado de incentivar a los potrillos para que den un paso más en su formación y sean aptos para el primer equipo (lo que dijo de Karrikaburu levantó una cierta y razonable polémica). Pero no se trata de que Imanol contente a nadie con lo que hace. Lo ha dicho, y es cierto, los resultados mandan en el fútbol, y los suyos son muy buenos. Y la plantilla va a muerte con él, incluso los que no juegan, que están tan implicados como el que más minutos juegue, cosa que se ha dicho por ejemplo estos días de un tipo como Monreal.

Y puede parecer una tontería, pero el hecho de que la sangre de Imanol sea txuri urdin es un lujo del que casi ningún equipo puede presumir a estos niveles. Si la Real es un club de cantera, el banquillo no es mal sitio para que eso también se demuestre, porque el nivel de implicación que hemos visto en los últimos tiempos a las figuras de Oyarzabal, Xabi Prieto o Aranburu, por citar a los tres grandes capitanes que hemos tenido, es algo que desde el banquillo también se puede aportar. Imanol lo ha demostrado, cumplió con el sueño de ser campeón con la Real, con su Real, con la nuestra, y día tras día se convierte en un pilar esencial del realismo contemporáneo. Imanol es de Orio, y es de la Real. Lo demuestra cada día, compitiendo contra gigantes que todavía están un peldaño por encima pero a los que hace sufrir con unas puntuaciones regulares y con rasgos de que su crecimiento todavía no ha terminado.

El día que haya un fin de ciclo en la Real porque el tiempo de Imanol se haya consumido será seguramente el día en el que nos demos cuenta de verdad de todo lo que se ha conseguido bajo su mando. No se trata de remar todo lo que hace, no. Se trata de entender que el fútbol es un deporte, que a veces el rival es mejor, que uno mismo puede fallar, pero siempre dejándolo todo. Eso es la Real, así es Imanol, y la conjunción entre ambos, club y entrenador, es lo mejor que nos ha podido pasar.

lunes, agosto 02, 2021

Los retos de la Real para la temporada 2021-2022

Cada temporada es un reto para cualquier equipo, pero para uno que está saboreando las mieles del éxito como la Real Sociedad los retos son cada vez más ambicioso, e incluso históricos en algún caso. Estos son algunos de los retos esenciales que asume el equipo txuri urdin en la temporada que está a punto de comenzar.

· Clasificarse tres veces seguidas para competiciones europeas por segunda vez

Hasta la fecha, la Real Sociedad solo ha conseguido una vez el hito de encadenar tres clasificaciones para una competición europea en tres temporadas consecutivas. Lo hizo en los años gloriosos, tras el subcampeonato de Liga de la temporada 1979-1980 y los dos títulos de 1981 y 1982. Desde entonces, solo en dos ocasiones logró el doblete, primero con la Copa de la temporada 1986-1987 que le permitió jugar la Recopa y con el subcampeonato de la 1987-1988 que le llevó a la Copa de la UEFA, y después con el pase a la Champions League en la 2012-2013 y para la Europa League en el curso siguiente. Imanol ha llevado a la Real a Europa en las dos últimas campañas, en ambas ocasiones a la Europa League y busca un registro histórico que le colocaría, aunque lógicamente con puestos más bajos, a la altura de Alberto Ormaetxea.

· Volver a mejorar en la clasificación

Imanol llevó al equipo en la temporada 2018-2019 a la novena posición, mejorando la duodécima del curso anterior. Mejoró el resultado del equipo en la Liga un año después, con la sexta plaza de 2020, y repitió esa mejora en 2021 cuando cerró la Liga en quinta posición. Mejorar una vez más supondría nada que dar el salto a la Champions, a las cuatro primeros posiciones de la Liga.  La única vez en toda su historia que la Real acumuló tres temporadas consecutivas mejorando su clasificación en el torneo de la regularidad fue coincidiendo con su era más gloriosa, partiendo de la décima posición de la temporada 1977-1978, pasando a la cuarta de la 1978-1979 en el debut de Ormaetxea como entrenador txuri urdin, la segunda plaza de la 1979-1980 y la ya inmejorable primera de la 1980-1981.

· Superar los octavos de final en Europa después de 33 años

Con la Copa de la temporada 2019-2020 que finalmente se celebró en 2021 se puso fin a 34 años sin que la Real levantara un título, tras la Copa de 1987. Y son 33 los que habrán pasado cuando la Real aspire esta temporada a meterse en los cuartos de final de la Europa League desde la última vez que alcanzó esa ronda en un torneo continental. Lo logró en la temporada 1988-1989, en la Copa de la UEFA, tras superar siempre en eliminatorias a doble partido a Dukla de Praga, Sporting de Lisboa y Colonia. El equipo txuri urdin sucumbió en cuartos ante el Sttutgart alemán, que finalmente llegó a la final para perderla en los penaltis contra el Nápoles de Diego Armando Maradona.

· Jugar una final de Copa dos años seguidos.

Dado que la final de Copa que jugó y ganó en 2021 era la correspondiente a la temporada 2019-2020, es un quiebro algo tramposo de la historia, pero sigue siendo cierto que si la Real jugara la final de esta competición en el curso 2021-2022 serían dos años consecutivos participando en el último partido copero. Y eso es algo que la Real solo ha hecho en dos ocasiones en su historia. Lo hizo en sus orígenes, cuando ganó la Copa de 1909 bajo la denominación de Club Ciclista San Sebastián y disputó la de 1910 como Vasconia para poder cumplir con la antigüedad obligada por el reglamento, y lo repitió en los años 80 del pasado siglo, en 1987 saliendo victoriosa de La Romareda en la tanda de penaltis ante el Atlético de Madrid y cayendo derrotada con el gol de Alexanco contra el Barcelona en la de 1988, en el Santiago Bernabéu.

· Hacer que la vuelta del público convierta Anoeta en un fortín

A nadie se le escapa que la ausencia de público le ha hecho mucho a daño a unos equipos más que a otros, y la Real ha sido de los que más ha añorado a su gente. La pasada temporada la Real apenas sumó 26 puntos en casa, nueve victorias en 19 partidos, y si añadimos los partidos a puerta cerrada de la campaña anterior, la 2019-2020, cuando comenzó la pandemia, el equipo txuri urdin tiene incluso peores números. En total, los de Imanol han jugado en Anoeta 25 partidos sin público, de los que han ganado diez (apenas el 40 por ciento), ha empatado ocho y ha perdido siete (el 28 por ciento). Y ha sumado por tanto 31 puntos de los 75 que había en juego, apenas el 41,3 por ciento de los mismos. Tardaremos en ver un Anoeta cerca del lleno por las normas derivadas de la pandemia, pero el público se tiene que hacer notar, también en los resultados del equipo.

· Romper la tremenda racha negativa del Camp Nou

La Real ha salido derrotada del Camp Nou en los últimos 23 encuentros de Liga en los que ha visitado al equipo de la Ciudad Condal, un registro dramático que no ha igualado ningún otro equipo en la Historia de la Liga. Nadie ha perdido 23 veces seguidas en ese campo, solo la Real. La última vez que el equipo txuri urdin puntuó en el coliseo blaugrana fue en la temporada 1994-1995, con un empate postrero logrado por Imaz. Los hoy entrenadores de los dos equipos, Koeman e Imanol, estaban en el campo aquel día. Para comprobar si se prolonga la dramática racha negativa de la Real en el Camp Nou no habría que esperar mucho, ya que es el primer desplazamiento que hará el equipo de Imanol, en la primera jornada de Liga.

· Recuperar a Asier Illarramendi

Un capitán tiene que tener un papel protagonista, y el de la Real no lo está teniendo por las lesiones. En las dos últimas temporadas, Asier Illarramendi ha jugado apenas 726 minutos repartidos en doce partidos, a una media de sesenta minutos por encuentro. Es muy poco tiempo en el terreno de juego para un jugador de la categoría de Illarra y, sobre todo, es una alerta de primer nivel para un futbolista por el que la Real hizo un gran esfuerzo económico para traerle de vuelta y que pelea para no sufrir una retirada prematura, como le sucedió hace no tanto tiempo a Imanol Agirretxe. Esta temporada, desde luego, es clave para saber cuál será el papel de Illarra en la Real y en el mundo del fútbol.

· Rentabilizar la nueva posición del Sanse

La Real afronta una situación inédita en su historia moderna con la presencia del Sanse en Segunda División. Gestionar esa posición será vital para el éxito de la temporada. El Sanse tiene que competir en la categoría de plata, pero no debe olvidar su papel de formación. No hay que olvidar que en las dos últimas campañas, los cinco potrillos debutantes lo hicieron de manera testimonial. Robert Navarro y Jon Pacheco han sado el salto a la primera plantilla este verano, con solo uno y dos partidos respectivamente. Hay chavales en el Sanse que apuntan a llegar al primer equipo, y dos del primer equipo, Sangalli y Roberto López, que han apostado por bajar un peldaño para volver con más fuerza, y el trabajo conjunto de Xabi Alonso e Imanol será fundamental para que se les saque el mayor provecho a los futbolistas en una u otra categoría.

sábado, mayo 29, 2021

RESUMEN DE LA TEMPORADA 2020-2021 (6). Imanol, corazón txuri urdin

La inmediatez en la que estamos sumidos y el poder que tienen hoy en día las redes sociales hacen que no podamos valorar en su justa medida lo que estamos viviendo. Eso es una realidad más o menos matizable, pero en la que Imanol Alguacil encaja perfectamente. El hecho es que en sus dos primeras temporadas completas como entrenador del primer equipo de la Real ha sido capaz de clasificarlo para competiciones europeas en ambas campañas y al mismo tiempo ha inscrito su nombre en la historia del club con letras de oro por ser el que ha conseguido un título, la Copa del Rey, después de 34 años de sequía y lejos ya de la gloria del equipo de los años 80. Eso, insistimos, son hechos. Las razones y momentos de sus cambios de jugadores o posicionamientos tácticos es algo que entra en lo opinativo, pero cuando dentro de treinta o cincuenta años alguien mire al palmarés de Imanol en estos años, quien sabe los primeros de cuántos, lo tendrá que hacer con admiración.

Podemos pensar que Imanol es, por encima de todo, lo que nos enseñó al finalizar su rueda de prensa tras la final de la Copa del Rey. Un tipo que se quita una americana, se enfunda una camiseta de la Real y lanza un cántico apasionado a los aficionados. Y lo es en cierta medida, desde luego. Va a ser difícil que encontremos un técnico que quiera tanto a la Real como la quiere Imanol, y eso, aunque el fútbol hiperprofesionalizado de hoy en día lo discuta, es un valor esencial. Por lo menos lo es para entrenar a este equipo ahora mismo y debería serlo en el futuro, no de manera absoluta ni menospreciando a otros técnicos que puedan venir de fuera, no nos olvidemos de lo que entrenadores como Toshack o Krauss han hecho por la Real, pero es también indudable que necesitamos en nuestra historia gente como Benito Díaz o Alberto Ormaetxea. Imanol es un valor seguro. Y lo es no solo por su forofismo, el mismo que podemos tener cualquiera de nosotros, sino porque además ha construido una Real espléndida.

Desde luego, el debate ha estado vivo desde siempre, y lo seguirá estando. ¿Cuánto hace un entrenador para que el equipo sea realmente suyo y cuánto es mérito de los jugadores? Porque es evidente que Imanol se ha encontrado y ha ayudado a formar una plantilla notable en estos dos años. ¿Pero por qué menospreciar la aportación del técnico de Orio? Ha sido cabezón en muchos aspectos, positivios y quizá también negativos, pero ha conseguido naturalizar hasta elementos que parecían imposibles. La salida de balón desde el portero fue muy criticada en sus primeras fases, por el riesgo que conllevaba y los errores que se vieron, y sin embargo hoy es tan natural que habrá pocos aficionados que sientan nervios con el balón en los pies de Remiro mirando a sus centrales abiertos dentro del área para iniciar jugada. Hemos visto con hilaridad el famoso trenecito de los córners, y no, no ha dado ningún gol, pero ha puesto de manifiesto que en Zubieta se trabaja la estrategia, cueste más o menos transformar esas jugadas, que en el caso de la Real ha dado buenos números esta temporada.

Imanol ha sabido resistir a todo y ha mostrado una capacidad de adaptabilidad que poco se le ha reconocido. Ha tenido que ir transformando su Real según recibía golpes. Planteó un equipo que bailara al son de Odegaard y se quedó sin él, lo modificó para adaptarse a Silva y no perdió ni un ápice de fútbol. Tuvo que jugar si su referencia, y aprendió que la Real podía conseguir juego y victorias sin su fichaje estrella. Afrontó tramos de la temporada casi sin centro del campo y se atrevió a buscar nuevos sistemas. del 4-3-3 al 4-4-2. Empleó la gasolina de la presión alta hasta que pudo hacerlo, y después vio que sufrir también entraba en el catálogo de su equipo. Y cuando todos pensábamos que el gran mérito de la Real estaba en su ataque, Imanol ha construido un muro en torno a su portería, además con una defensa cogida con alfileres en cuanto a número de efectivos, sin incorporaciones en esa zona y entre las críticas de prácticamente todo el mundo. Han sido x porterías a cero en todas las competiciones a lo largo de esta temporada, y eso no se consigue por casualidad.

Cuando Imanol ha abogado por el fútbol de antes, generalmente cuando se le ha preguntado por el VAR, el técnico puede haber dejado caer que tampoco le gusta eso de los cinco cambios. ¿Puede ser ese su talón de Aquiles? Puede, desde luego. No todos sus cambios han surtido efecto, aunque muchas veces se le ha responsabilizado de ausencias personales que tenían razones físicas detrás, y en ese terreno ha logrado gestionar al grupo para llegar al final con poca gasolina y con muchos efectivos tocados, sí, pero con apenas un par de ausentes por lesión. La cuestión es que Imanol es un técnico al que no le tiembla la mano para mover banquillo y plantilla, y lo ha demostrado en muchas ocasiones. Si ha visto razones para jugar los últimos minutos de un partido con Bautista y no con Isak, lo ha puesto en práctica. Si ha considerado que Zubeldia debía jugar en el centro de la defensa por delante de Sagnan, lo ha escogido. Y si la necesidad le ha obligado a tirar del Sanse, aunque este año haya sido en mucha menor medida que el anterior, lo ha hecho.

Puede que la noche de Turín ante el Manchester sea el mayor borrón de la temporada, porque Imanol murió con su idea, pero murió a lo grande, sin ver las consecuencias de hacerlo cuando todavía estábamos en el partido de ida de una eliminatoria de 180 minutos. Sorprendió, incluso asumiendo que el United era una piedra demasiado dura para el momento en el que se encontró con la Real, que no buscara soluciones que sí supo aplicar, por ejemplo, en una final de Copa en la que dejó perplejo al Athletic por su puesta en escena, minimizando hasta el extremo los caminos de su rival hacia el gol de una forma que se le presupone a equipos mucho más rocosos de lo que se considera a la Real. Y es que esta Real de Imanol ha demostrado que sabe moverse en distintos registros. Si no lo hubiera hecho, no habría logrado los objetivos de esta temporada con la brillantez con la que lo ha hecho.

¿Es Imanol un técnico perfecto? No, desde luego que no, y más en un deporte y en un país en el que todos somos entrenadores, ahora también a golpe de tuit. Pero es un gran entrenador, mucho mejor seguramente de lo que le estamos reconociendo mientras está sentado en el banquillo txuri urdin y a lo mejor eso es algo que podemos lamentar en el futuro. Además, tenemos la enorme suerte de que es muy de la Real, pasión que no impide que esté haciendo un trabajando sensacional al mando de la nave blanquiazul. Disfrutemos con él.

jueves, septiembre 10, 2020

Corazón Txuri Urdin, el podcast. El debut de Imanol como jugador

Imanol Alguacil ha demostrado en muchas ocasiones que confía en los jóvenes jugadores de la cantera. Él mismo lo fue un día, cuando le llegó la oportunidad de debutar en septiembre de 1990 por una lesión de Fuentes. Imanol era un muchacho de Orio que veía lejano no solo encontrar un sitio en la Real sino incluso jugar en aquella jornada ante el Oviedo, pero lo hizo. No fue un debut de buen recuerdo, puesto que el equipo perdió, pero sirvió para conocer a un chico que hizo carrera en la Real, lejos de ella y ahora como técnico.

Aquel debut es el tema en el que centramos el episodio de esta semana en Corazón Txuri Urdin, el podcast de historias sobre la Historia de la Real Sociedad, que podéis escuchar en este enlace.

Y, como siempre, cualquier sugerencia que tengáis para futuras entregas será muy bien recibida.

jueves, julio 23, 2020

RESUMEN DE LA TEMPORADA 2019-2010 (4) Imanol, el técnico ideal

Parece mentira el nivel de discusión que se alcanza en nuestros días y los absolutos con los que juzgamos a un equipo o a su entrenador por alguna derrota o una racha negativa. O por un punto más o menos conseguido a lo largo de 38 jornadas. Dentro de algunos años, a los realistas de aquel tiempo seguramente les parecerá poco verosímil que hubiera dudas con respecto a la figura de un entrenador que tuvo a la Real durante toda la temporada en puestos europeos, que finalmente logró ese premio, y que llevó al equipo a la final de la Copa del Rey, pero así ha sido. Y por supuesto en ocasiones con argumentos que merecen respeto. Imanol Alguacil ha generado dudas entre sectores relativamente amplios de la afición txuri urdin, no hay por que esconderlo aunque eso nunca se haya manifestado en el campo, al menos durante el tiempo en el que la afición pudo entrar a Anoeta para disfrutar y sufrir con los suyos, pero es también difícil esconder que sus méritos al frente de la Real son indudables. Sexta plaza, clasificación europea y final de Copa. Poco margen hay para mejorar eso si se mira friamente.

Quizá sea el momento de darnos cuenta de que nunca va a haber un entrenador que guste a todos por igual. Ni por nombre, ni por trayectoria, ni por perfil. La Real ha tenido en los últimos años a técnicos de alta experiencia internacional, debutantes en Primera y procedentes de la casa, formados en la Liga y conocedores de sus entresijos, absolutamente de todo y ninguno nos ha valido más allá de los triunfos que puntualmente haya podido ir consiguiendo. El equipo txuri urdin ha dado tumbos en el fútbol preferido de sus técnicos, y ha pasado de un mediático Moyes a un inexperto Arrasate, de un resultadista como Garitano a un amante del fútbol de toque como Eusebio. Imanol llegó desde el Sanse, resucitó dos veces a la Real y por eso se le encargó la labor de dirigir una temporada desde el principio, una temporada además que tenía unas características muy especiales, incluso antes de que la pandemia rompiera la competición por la mitad y obligara a llegar alfinal de una manera muy distinta a la esperada.

La pasada campaña se distinguió por el altísimo número de canteranos que debutó en la Real. Eso provocó que entre las caras nuevas que tuvo la primera plantilla para afrontar este curso hubiera cuatro jugadores procedentes del Sanse: Le Normand, Aihen, Guevara y Barrenetxea. Pero también se notó en que de los fichajes realizados solo Portu tenía experiencia real en Primera División. Imanol, en ese contexto de inexperiencia generalde la plantilla más joven de la categoría, no solo dio con la tecla para que la Real hiciera el mejor juego posible, sino que dio un protagonismo tremendo a jugadores de cortaedad, los de la casa y los fichajes. Incluso algunos de los que podríamos catalogar como los más veteranos del equipo, como Merino u Oyarzabal, no llegan siquiera a los 25 años. ¿Pecados de juventud en la resolución de los partidos? Unos cuantos, desde luego, pero eso no merma el trabajo de Imanol con ellos.

El técnico realista, es también cierto, ha mezclado partidos de gestión brillante, tanto en su preparación como en las decisiones que ha adoptado durante el mismo, con otros en los que no ha estado a la altura de lo que exigía el rival. Hay días que los ha dispuesto en la pizarra de una manera absolutamente brillante y otros en los que ha sido superado por el contrincante, duelos que ha sabido reconducir en la segunda mitad y otros en los que sus cambios han restado más que sumado al equipo. Sí, cierto. Imanol no es perfecto, digámoslo claramente, pero como no lo ha sido ningún entrenador anterior. Eso sí, quedarnos en el caso del oriotarra con lo que le ha salido mal o con sus decisiones equivocadas hace que minimicemos la magnitud de la situación con la que ha tenido que lidiar, no solo el cambio casi radical en el equipo desde que lo cogió por primera vez o la juventud de sus peones, sino también el duro calendario al que ha hecho frente y las injusticias del tramo final.

Las circunstancias de la temporada complican sobremanera el análisis, pero podemos decir con claridad que Imanol ha sabido darle a la Real unas características muy precisas. El balón está en el centro de todo, su salida se produce desde atrás, desde el portero, intentando esquivar el pelotazo, aunque sin desdeñar esa opción para sorprender al rival, como hizo por ejemplo en Eibar o en Miranda, en la Copa. Cuando el rival tiene la pelota, presión alta, para recuperar lo más cerca de la portería. Laterales ofensivos. Y siempre un mediocentro que sepa leer el partido, incrustarse entre los centrales y ayudar en la salida de balón. Cómo ha jugado su Real, y lo ha hecho a pesar de sufrir el duro golpe de perder a su guía, Illarramendi, por una temprana lesión.

Imanol no solo ha dotado de su carácter al equipo, sino que además le ha dado diferentes registros que puntualmente han servido bastante bien. A la Real de Eusebio, que por su forma de tratar el balón podría ser la más cercana a la última de entre los últimos cursos, se le cogió el truco con relativa facilidad tras el éxito de llegar a competiciones europeas. Eusebio no supo adaptarse a esa situación. Imanol sí lo ha hecho. Ha cambiado el esquema tantas veces como lo ha necesitado su equipo, ha hecho que hasta su defensa de tres centrales sea un camino para superar a rivales en mejor forma, aunque en la histórica noche copera del Bernabéu añadiera algo de incertidumbre al resultado final. Ha trabajado la estrategia como pocos y se ven formas muy distintas de buscar el gol en ataque como defensas maravillosas y después imitadas como la manera en la que se impidieron los temidos lanzamientos de falta de Messi.

No se puede decir que Imanol no trabaje, no. Pero es que además siente y transmite. Y quizá eso sea el gran valor del técnico. ¿Es mejor entrenador por ello? Seguramente no, pero si queremos que la Real sea algo diferente y especial, como lo ha sido siempre, tiene un valor importante que su técnico sienta el equipo como algo propio. Sobre el campo y en sus ruedas de prensa, Imanol traslada una confianza en sus jugadores, sean los que sean y estén en el estado en el que están, que solo puede considerarse como una de las claves del funcionamiento de este equipo. No es solo fútbol sobre el papel, es fútbol en estado puro. Es emoción, es sentimiento. Es ver cómo celebró el pase a la final de Copa o la soledad que escogió para gritar de rabia en solidad tras eliminar al Real Madrid, es ver esos abrazos quebrantaespaldas que da a sus futbolistas cuando logran algo grande o los golpes de chapa con los que el vestuario entona cánticos de éxito, es escucharle esas expresiones que solo un técnico de casa podría decir, como si estuviera en la sociedad viendo los partidos de la Real.

Por todo ello, y aún conociendo sus defectos, algunos de ellos mejorables con la experiencia, Imanol es el técnico ideal para la Real. Lo es por su visión de fútbol pero también por quién es y por lo que quiere a este club, porque entiende su esencia, porque respeta Zubieta como el que más, porque entiende los aspectos profesionales y los emotivos, porque creyó en la Real de la Copa como nadie lo ha hecho en décadas, porque, además, tiene todavía margen de mejora para convertirse en una figura fundamental de la historia de la Real Sociedad a poco que el club no se deje llevar por las derivas del fútbol moderno en cuanto una temporada las cosas salgan medio regular, incluso teniendo un porcentaje de victorias tremendo, que casi llega al 50 por ciento de los partidos que ha dirigido. No hay más que ver a Imanol para darse cuenta de que, hoy por hoy, nadie puede entender la Real mejor que él. Con sus imperfecciones, desde luego. Pero con mucho más acierto del que en ocasiones le hemos reconocido.

jueves, noviembre 14, 2019

Imanol busca ser el cuarto técnico realista que puntúe dos veces seguidas en el Bernabéu

Imanol, en el partido del Santiago Bernabéu de la pasada Liga.
El fútbol esconde pequeñas gestas que no son demasiado conocidas y que el presente saca a la luz. La Real no está demasiada acostumbrada a ganar en el Santiago Bernabéu, tanto que nunca lo ha hecho en dos ocasiones consecutivas. Imanol Alguacil aspira la próxima jornada a convertirse en el primer técnico txuri urdin que logra esa hazaña, después de conseguir el triunfo la pasada temporada por 0-2, con goles de Willian José de penalti nada más comenzar el encuentro y del ahora olvidado Rubén Pardo, que salió en la segunda mitad.

Ganar de nuevo en el Bernabéu sería histórico, pero también puntuar, ya que dos visitas al coliseo madridista sin derrota es algo que no tiene demasiados precedentes, solo se ha conseguido en cuatro ocasiones, y solo en tres de ellas con el mismo entrenador en el banquillo. José Ignacio Urbieta fue el primer entrenador en salir con algún punto del estadio del Real Madrid. Lo hizo con el mismo resultado en ambos encuentros, empatando a uno en las temporadas 1953-1954 y 1954-1955, en ambas ocasiones con el Madrid líder. En el primero de esos partidos, Echeveste hizo el gol realista en un día en el que quedó para el recuerdo el marcaje de Paz a Di Stéfano, y en el segundo fue Ontoria quien adelantó a la Real.

El siguiente entrenador en lograr puntuar en dos temporadas consecutivas en el Bernabéu fue el añorado Alberto Ormaetxea. Pero no lo hizo con el equipo que se convirtió en bicampeón de Liga, sino en sus dos últimas campañas al frente del equipo. En la 1983-1984 rascó un empate sin goles propiciado sobre todo por la descomunal actuación de Luis Arconada, y en la 1984-1985 una igualada a un tanto, haciendo López Ufarte el gol realista, neutralizado por el Real Madrid con un gol de Lozano en los minutos de un descuento que, según las crónicas, fue un regalo del árbitro Crespo Aurre.

La primera vez que se sumaron cuatro puntos seguidos en el Bernabéu hubo un doble protagonista. John Toshack, precisamente después de abandonar el Real Madrid, dirigió a la Real en su victoria en la capital de la temporada 1993-1994, con goles de Kodro y el propio Imanol Alguacil. Y en la siguiente temporada, con Salva Iriarte ya al frente del equipo txuri urdin, se consiguió un meritorio empate acero en un duelo que se había planteado como el enfrentamiento entre los dos grandes aspirantes al Pichichi, el madridista Zamorano, que finalmente fue quien se llevó el gato al agua, y el propio Kodro, que se quedó sin su oportunidad de luchar por el premio al lesionarse en las dos jornadas finales del campeonato.

El último entrenador realista en lograr dos visitas seguidas al Bernabéu sin salir derrotado fue Raynald Denoueix. En la temporada 2002-2003 presentó en Madrid la candidatura realista al título con un magnífico empate a cero, y en la siguiente campaña, en su último partido al frente de la Real, logró un descomunal 1-4 en la última jornada de la Liga 2003-2004, el día en el que Xabi Prieto se presentó en sociedad con un doblete, penalti a lo Panenka incluido, y De Paula y Kovacevic redondearon la cuenta. Aquella fue la última victoria de la Real en el Bernabéu hasta que llegó Imanol, un Imanol que ahora puede sumarse a este histórico grupo de entrenadores.

miércoles, enero 02, 2019

El día que Imanol jugó, marcó y ganó en el Santiago Bernabéu

Imanol, abajo y en primer plano, aquel día en el Bernabéu.
"Los puntos eran muy importantes para nosotros. Teníamos que sacar algo positivo como fuera y no hay mejor campo para hacerlo que el Bernabéu". Ojalá Imanol Alguacil pueda pronunciar estas mismas palabras en torno a las 20.30 horas del próximo 6 de enero, pero sí son las que pronunció el 24 de abril de 1994. Aquel día, el entonces lateral derecho txuri urdin y hoy entrenador del primer equipo, había contribuido con un gol a la segunda victoria conseguida por la Real Sociedad en el estadio del Real Madrid en toda la historia, un formidable 0-2 con John Toshack en el banquillo y un once formado por Alberto, el propio Imanol, Loren, Larrañaga, Pikabea, Lumbreras, Guruzeta, Oceano, Alkiza, Luis Pérez y Kodro, y en el que también jugaron Fuentes y Carlos Xavier ya en la segunda mitad.

La Real llegó aquella temporada al Santiago Bernabéu en la decimotercera posición con 31 puntos, dos por encima de la zona de promoción que cerraba el Rayo Vallecano y con ocho puntos todavía en juego. Es decir, todavía había que garantizar la permanencia. Y el equipo txuri urdin venció. Después de aguantar las acometidas blancas durante toda la primera mitad, en la primera jugada de la reanudación, Kodro culmina en carrera un jugadón sensacional de Alkiza con sensacional asistencia al hueco. El Madrid lo intenta, lanza incluso dos balones a los palos. Imanol fue quien cerró el marcador, después de dos regates sobre la línea de la frontal del área y un disparo seco con su pierna derecha. Fue uno de los siete goles que hizo con la camiseta de la Real.

Imanol podría haber tenido otro papel en el partido, porque mediada la segunda mitad tuvo una ocasión inmejorable para haber sentenciado mucho antes el encuentro. Llegó hasta el punto de penalti, donde recibió un pase de Kodro totalmente libre de marca, pero lanzó el balón fuera, a la izquierda de Buyo. El realista falló lo fácil y convirtió lo difícil, cosas del fútbol. "Menos mal que he metido en esa segunda o tercera ocasión, porque mi orgullo estaba dolido. Mi gol ha servido para ganar el partido y me marcho muy contento", decía entonces el realista, que salió del Bernabéu convencido de que "estos dos puntos nos van a dar mucha tranquilidad para afrontar los ´últimos partidos que nos quedan sin tanta presión". Ahora hay más partidos y más presión. ¿Pero y si sus frases del próximo día 6 se parecen a estas...?

jueves, mayo 24, 2018

RESUMEN DE LA TEMPORADA 2017-2018 (4) Imanol, un revulsivo memorable

Cuando Eusebio Sacristán fue cesado, la Real tomó una decisión complicada. No fichó a su verdadero sustituto, sino que optó por darle el mando del equipo de manera interina a Imanol Alguacil, entrenador de un Sanse que luchaba entonces por clasificarse para el play off de ascenso a Segunda División B. Si hubiera salido mal, el daño podría haber sido descomunal, con el primer equipo sufriendo, el filial descabezado y un entrenador de futuro quemado demasiado pronto precisamente porque parte del acuerdo era que regresara al segundo equipo para la próxima temporada. Pero gracias al trabajo de Imanol, nada salió mal. Al contrario. Para comprobar el espléndido resultado de la maniobra, no hay más que ver cómo recibió la afición a Imanol en Zubieta cuando acudió a ver el último partido del Sanse en la temporada regular, entre vítores y aplausos. Imanol, de manera casi inesperada, ha generado una ola de entusiasmo que parecía impensable hace apenas dos meses.

No hace falta ahondar más en la situación que se encontró Imanol al llegar al primer equipo, pero sí merece la pena detenerse en los grandes logros del técnico, que son muchos y que cobran más valor precisamente por la depresión por la que pasaba el equipo cuando cayó en sus manos. Quienes hubieran seguido su trayectoria previa en el Sanse sabían que la manera en la que Imanol construye sus equipos es desde la defensa. Dejar la portería a cero se convirtió en su primera obsesión. Y consiguió tan buen resultado que tardaron cinco partidos en hacerle un gol a su Real. Puede que eso mismo impidiera un triunfo en Eibar, en su partido de debut, en el que claramente priorizó no encajar a acabar marcando, pero después, con Anoeta como punto fuerte (cuatro victorias en los cuatro partidos que dirigió en el estadio realista), encontró la clave para hacer que el equipo mostrara todo lo que no había sido capaz de hacer hasta entonces.

Para empezar, Imanol cambió el esquema de juego. Del 4-3-3 de Eusebio se pasó al 4-2-3-1 que durante tanto tiempo ha usado la Real con éxito. De una manera inesperada y poco deseada, la lesión de Xabi Prieto puso fáciles las cosas para Imanol, porque dejó el mando del equipo a Illarramendi y Zurutuza. Pero, y ahí está el segundo gran acierto del técnico interino, probablemente el fundamental, integró a todos los jugadores en su plan. En apenas nueve partidos usó a toda su plantilla, exceptuando al lesionado Guridi e incluyendo al propio Prieto y a Carlos Martínez para que pudieran despedirse sobre el césped. Pero, además, utilizó a muchos jugadores de una manera mucho más inteligente de lo que lo hizo Eusebio. Aunque se vieran sus preferencias, nunca sintió la necesidad de repartir galones de titularidad ni de hacer que nadie se sintiera marginado. Recuperó a Pardo y a Elustondo, despreciados por su predecesor en el banquillo, tuvo tiempo hasta para intentar rehabilitar a Rulli, mostró lo que Januzaj puede hacer para convertirse en la estrella que tenía que ser o en lo que Juanmi, Oyarzabal o Canales pueden hacer si se les saca su máximo nivel.

Si en lo futbolístico Imanol supuso un salto hacia adelante, en lo emocional lo ha sido con mucha más claridad. Él mismo se descartó para continuar la próxima temporada, a pesar de que sus buenos números, y el hecho de recuperar la ilusión por luchar por la última plaza europea hasta la jornada 36, le convirtiera a ojos de muchos en candidato para seguir en el banquillo txuri urdin. Eso le hace ganar puntos por humildad. Su ambición es la Real, no el banquillo del primer equipo. Y quizá por eso celebra los goles casi como un aficionado más. O saluda a los jugadores a los que sustituye como lo haría un seguidor a la salida de Anoeta. Imanol ha logrado una implicación emocional con la Real que hacía mucho tiempo que no se veía. Y eso, aunque su aportación haya sido solo de nueve partidos, tiene un valor inmenso. Entre otras cosas porque resulta evidente que cualquier potrillo que llegue al primer equipo después de pasar por sus manos va a dar el salto sabiendo exactamente lo que es la Real. No se puede hacer más en menos tiempo, y por ello Imanol es, con diferencia, el mayor triunfador de la temporada txuri urdin.

martes, abril 17, 2018

Imanol, números históricos en sus primeros tres partidos

Imanol, en el encuentro ante Las Palmas.
Imanol Alguacil no cumplió aquel dicho de que a entrenador nuevo, victoria segura, pero nadie podrá quejarse de la forma en la que ha revitalizado a un equipo que parecía muerto y que en realidad solo estaba dormido. Muy dormido. Tres partidos han sido suficientes para verlo con claridad. Y es que el resultado en estos tres partidos no es nada habitual para un entrenador debutante en la Real, hasta el punto de que podemos calificarlo como histórico sin necesidad de exagerar un ápice, al menos en lo que se refiere a dos registros tan llamativos como trascendentes.

El primero, la portería a cero en los tres primeros encuentros. Cero goles encajados ante Eibar, Girona y Las Palmas. Tan histórico es que solo un entrenador de la Real podía presumir hasta ahora de haberlo conseguido en Primera en sus tres primeros encuentros en el equipo. Fue Ángel Segurola, que cogió el banquillo txuri urdin al comienzo de la temporada 1970-1971, en una etapa en la que se estaba empezando a consolidar la permanencia más extensa en Primera y a construir desde abajo los cimientos del equipo campeón de los 80. La Real arrancó entonces aquella Liga empatando a cero en Sabadell, ganando en Atocha al Elche por 2-0 y sumando una nueva igualada sin goles en Sarriá ante el Espanyol.

Eso sí, la marca de la Real de Segurola parece francamente difícil de batir en nuestros días, pues no encajó su primer gol hasta los 550 minutos de Liga, en el minuto 10 de la séptima jornada del campeonato. Vicente, del Granada, ponía en ese momento el primero de los dos goles que supusieron la primera derrota de la Real en el campeonato en el primer día en el que vio su portería perforada. Antes de eso, los de Segurola lograron dos empates a cero más, ante el Real Madrid en Atocha y en el Luis Casanova ante el Valencia, y ganaron al Sevilla por 1-0, hasta llegar a esos 550 minutos sin goles en contra. Para superar esa marca, la Real de Imanol deberá aguantar su portería a cero ante Atlético de Madrid y Athletic en Anoeta y Málaga y más de diez minutos ante el Sevilla como visitante.

El segundo registro que hace histórico este arranque del nuevo y en teoría por ahora efímero técnico realista es el número de puntos sumados. La Real de Imanol ha logrado siete de los nueve puntos en juego, el máximo histórico en este club, puesto que ninguno de sus entrenadores consiguió ganar sus tres primeros partidos en el equipo realista en Primera División. Y esos siete puntos son algo que solo había conseguido la Real con un nuevo entrenador en el banquillo y en la máxima categoría del fútbol español en tres ocasiones anteriores.

Lo hizo Benito Díaz en el arranque histórico del campeonato liguero, en la temporada 1928-1929, empatando en Atocha contra el Athletic, ganando 0-3 en el Metropolitano al Atlético y superando en San Sebastián al Barcelona por el mismo marcador. Lo repitió Roberto Olabe, el flamante nuevo director deportivo de la Real, cuando le dieron el equipo en la 2001-2002, tras el cese de John Toshack, ganando 1-0 al Espanyol en Anoeta, 0-2 al Mallorca en su estadio, y empatando en casa a uno con el Deportivo. Hasta Imanol, Olabe era el único que lo había conseguido tras un cese previo, cogiendo el equipo mediada la temporada. El último en lograr siete puntos de nueve posibles en su debut fue el siguiente técnico, Raynald Denoueix, ganando 4-2 al Athletic en Anoeta y 1-3 al Espanyol en el Lluís Companys y empatando a tres en Donostia ante el Betis.

Y se puede añadir un detalle más a tener en cuenta para entender la importancia de estos números, la diferencia de goles. La Real de Imanol tiene un claro 6-0. Para empezar, es solo el segundo de los seis últimos técnicos realistas que logran un saldo goleador favorable, el anterior fue Jagoba Arrasate (4-3 en el arranque de la temporada 2013-2014). Pero, sobre todo, el que ha logrado es el mejor saldo de la historia. Solo en una ocasión se había vivido un +6 en los tres primeros partidos de un técnico en la Real, el 7-1 de la mencionada campaña 1928-1929 bajo el mando del mítico Benito Díaz. Casi nada.