Es curioso. Jugó más de 300 partidos con la Real pero mi primer recuerdo de Genaro Celayeta es un cromo, de esos álbumes de fútbol que coleccionábamos todos los niños, con la camiseta del Sabadell, el equipo al que se marchó tras abandonar la Real y en el que jugó tres años antes de retirarse. Curioso e injusto con la trayectoria de alguien tan importante en la historia de la Real. Ahora más que nunca siento no haberle visto jugar en Atotxa.
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Nunca le vi jugar con la camiseta txuri urdin, cuestiones de la edad, de ser tan niño cuando Genaro Celayeta recorría la banda derecha con aquel equipo campeón. Pero ayer, cuando leí la noticia de que ha muerto, noté una pérdida irreparable. Como cuando hace tan poco tiempo murió Alberto Ormaetxea. Se nos ha ido un campeón, uno de los pocos que tenemos. Y eso duele en lo más hondo del corazón.
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Sus compañeros le llamaban el casero ilustrado. Su nombre no es el que recuerda todo el mundo cuando se habla de aquella Real de comienzos de los 80. La gente menciona a Arconada, a Zamora, a López Ufarte, a Satrústegui... Hoy mucha gente, sobre todo los no realistas, al abrir la prensa y ver la noticia de la muerte de Genaro Celayeta, habrá tenido que hacer mucha memoria para acordarse de él. Algunos lo habrán hecho, seguramente la mayoría no. Pero eso no le quita valor. Es uno de nuestros campeones.
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Pero, ahora que se ha ido, ahora que un cáncer se lo ha llevado sin que muchos realistas supiéramos siquiera que estaba enfermo, descubrimos que su figura era aún más grande de lo que suponíamos. Todos, incluso los que no le vimos jugar, nos estremecimos en el verano de 2000 cuando Unai Celayeta, su hijo, jugador del equipo juvenil de la Real, se mató en un accidente de tráfico cuando iba a entrenar a Zubieta. Todos, sin excepción. Dicen los que le conocían que, en realidad, nunca superó aquel triste suceso. ¿Quién podría? Pero, a pesar de todo, después de aquello tuvo otra hija, la pequeña Amaia, de sólo cuatro años, que crecerá ya sin su padre y que descubrirá poco a poco lo que significa para todos que fuera un campeón. ¡Qué forma de querer a la vida la de este campeón y la de su familia! Qué lección para todos.
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La última vez que vi a Genaro Celayeta fue en el acto que organizó la Real para celebrar el 25 aniversario del primer título de Liga. Aitor López Rekarte le entregó su txapela. Y el bueno de Genaro la cogió con humildad, sabiendo que mucha gente tendrá que hacer un gran esfuerzo de memoria para reconocer en las fotos al que fue el lateral derecho de aquel equipo campeón. Pero le recordaremos, claro que le recordaremos. Porque él también contribuyó a hacer felices a muchos realistas en su día y él nos ha hecho a todos, aunque no viviéramos aquellas gloriosas jornadas, sentirnos orgullosos de lo que hizo.

Hoy quiero, como siempre, que gane la Real. Pero cada gol que metan los jugadores de la Real, me hará pensar todavía más en Genaro Celayeta. Cada gol va por él, lo cantaré por él. La victoria va por él. Y el silencio que vivirá Anoeta dentro de una semana será el mejor homenaje que se le puede hacer a un campeón. No estaré allí presente, pero me sumaré desde aquí, como debemos hacer todos los realistas. Se me acaban las palabras y sólo queda la tristeza de despedir a un campeón. Mi más sincero pésame a su familia y mi más emocionado recuerdo. Hasta siempre.