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jueves, septiembre 26, 2024

Corazón Txuri Urdin, el podcast. Primer gol de Celayeta... y a la Copa de la UEFA

Fueron seis los goles que marcó Genaro Celayeta en su trayectoria en la Real Sociedad, que se extendió hasta los 302 partidos, una buena cifra para un lateral al que se recuerda por su buen trabajo atrás y no tanto por su proyección ofensiva. El primero de sus goles, además, tuvo un valor importantísimo, puesto que sirvió para certificar la clasificación de la Real para la Copa de la UEFA.

Ese gol llegó al final de su temporada de debut con el primer equipo, la 1978-1979, cuando Alberto Ormaetxea ya le había hecho disputados más de 30 partidos, en Atotxa y con Las Palmas como rival. Los canarios llegaron a la penúltima jornada a solo un punto de la Real, que era cuarta, y aquel partido era una final que la Real ganó por 2-0, inaugurando Celayeta el marcador. Todo lo que sucedió en ese final de la Liga centra el episodio de esta semana de Corazón Txuri Urdin, el podcast de historias sobre la Historia de la Real Sociedad, que podéis escuchar en este enlace.

El podcast, como os recordamos siempre, se puede escuchar en Spotify, en este enlace. Y también os pedimos que nos ayudéis con vuestras sugerencias, cualquier personaje, partido o dato del que queráis que habemos no tenéis más que indicárnoslo.

martes, noviembre 01, 2011

Día de difuntos

Con el cuerpo de funeral que nos está dejando la Real en las últimas semanas, llega el día de difuntos. Y hoy me acuerdo especialmente de dos de esas personas que han dejado huella en el conjunto txuri urdin y que ya no están entre nosotros. Genaro Celayeta y José Luis Orbegozo. Me acuerdo de ellos porque nos dejaron cuando la Real estaba todavía en Segunda División. Puede parecer una tontería, ya que lo más importante para sus personas queridas eran Genaro y José Luis, no el lateral de aquella Real campeona y el presidente en la época más gloriosa del club realista, pero siempre he pensado que para ellos tuvo que ser duro dejarnos con la Real en el pozo de la Segunda División. Ellos, que tanto quisieron a este equipo y que tanto hicieron por convertirlo en un grande, tienen un último recuerdo triste. Espero que desde donde estén pudieran ver el ascenso, espero que sigan viendo los triunfos del equipo.

Insisto, puede parecer una tontería, y no quiero parecer agorero ni macabro, pero todos nosotros vamos a tener algún día un último partido de la Real, un último recuerdo teñido de blanco y azul con el que nos iremos a la tumba. Todos nos vamos a marchar de este mundo en algún momento y, si tenemos el corazón txuri urdin, seguro que, entre el recuerdo y el cariño a las personas que realmente nos importan, dedicaremos alguno de nuestros últimos pensamientos a la Real. En lo bien o lo mal que lo hizo el último día, en el aplauso que nos arranca la jugada o el gol de tal jugador, en la pifia que hizo ese tuercebotas que no entendemos cómo puede estar vistiendo la camiseta realista. Ya sabéis, el fútbol no es una cuestión de vida o muerte, sino algo mucho más importante. Y la Real es incluso más importante que el fútbol.

En el fondo, eso es lo que más me enfada de dar la imagen que se dio el sábado. Hasta ocho días después, la Real no volverá a saltar a un terreno de juego. Asumo que los profesionales quieren ganar siempre y que toman sus decisiones en base a ese objetivo. Pero lo que no sé si asumen es lo que pensamos, sentimos y sufrimos todos los que de verdad llevamos el blanco y el azul en la sangre. Todos los que semana a semana, día a día, nos sentimos orgullosos de ser de la Real. Todos los que queremos que nuestro equipo siga siendo lo que tiene que ser, el más especial de los clubes, el más humilde y el más batallador, por grandes que sean las adversidades. Esa Real no se vio el sábado. Esa Real apenas se ha visto esta temporada.

Podría despotricar aquí y ahora contra todo y contra todos, contra el entrenador, contra los jugadores, contra el director deportivo. Puede que incluso tuviera razón. Pero no lo voy a hacer. Y si no lo hago es porque sé que el domingo a media tarde me volveré a enfundar la camiseta de la Real con el mismo orgullo de siempre, con la misma ilusión que lo hice el sábado pasado. Con el mismo deseo de que la Real sea la Real, en la victoria y en la derrota. Y confiando en que, cuando se marche un realista, lo haga feliz de serlo. "El día que me muera, yo quiero mi cajón pintado de de azul y blanco, como mi corazón", dice uno de esos afortunados cánticos que calan hondo en la afición. Yo lo canto sintiendo sus palabras. Hoy más que nunca. Ganemos o perdamos.

domingo, febrero 10, 2008

Hasta siempre, Genaro

Es curioso. Jugó más de 300 partidos con la Real pero mi primer recuerdo de Genaro Celayeta es un cromo, de esos álbumes de fútbol que coleccionábamos todos los niños, con la camiseta del Sabadell, el equipo al que se marchó tras abandonar la Real y en el que jugó tres años antes de retirarse. Curioso e injusto con la trayectoria de alguien tan importante en la historia de la Real. Ahora más que nunca siento no haberle visto jugar en Atotxa.
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Nunca le vi jugar con la camiseta txuri urdin, cuestiones de la edad, de ser tan niño cuando Genaro Celayeta recorría la banda derecha con aquel equipo campeón. Pero ayer, cuando leí la noticia de que ha muerto, noté una pérdida irreparable. Como cuando hace tan poco tiempo murió Alberto Ormaetxea. Se nos ha ido un campeón, uno de los pocos que tenemos. Y eso duele en lo más hondo del corazón.
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Sus compañeros le llamaban el casero ilustrado. Su nombre no es el que recuerda todo el mundo cuando se habla de aquella Real de comienzos de los 80. La gente menciona a Arconada, a Zamora, a López Ufarte, a Satrústegui... Hoy mucha gente, sobre todo los no realistas, al abrir la prensa y ver la noticia de la muerte de Genaro Celayeta, habrá tenido que hacer mucha memoria para acordarse de él. Algunos lo habrán hecho, seguramente la mayoría no. Pero eso no le quita valor. Es uno de nuestros campeones.
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Pero, ahora que se ha ido, ahora que un cáncer se lo ha llevado sin que muchos realistas supiéramos siquiera que estaba enfermo, descubrimos que su figura era aún más grande de lo que suponíamos. Todos, incluso los que no le vimos jugar, nos estremecimos en el verano de 2000 cuando Unai Celayeta, su hijo, jugador del equipo juvenil de la Real, se mató en un accidente de tráfico cuando iba a entrenar a Zubieta. Todos, sin excepción. Dicen los que le conocían que, en realidad, nunca superó aquel triste suceso. ¿Quién podría? Pero, a pesar de todo, después de aquello tuvo otra hija, la pequeña Amaia, de sólo cuatro años, que crecerá ya sin su padre y que descubrirá poco a poco lo que significa para todos que fuera un campeón. ¡Qué forma de querer a la vida la de este campeón y la de su familia! Qué lección para todos.
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La última vez que vi a Genaro Celayeta fue en el acto que organizó la Real para celebrar el 25 aniversario del primer título de Liga. Aitor López Rekarte le entregó su txapela. Y el bueno de Genaro la cogió con humildad, sabiendo que mucha gente tendrá que hacer un gran esfuerzo de memoria para reconocer en las fotos al que fue el lateral derecho de aquel equipo campeón. Pero le recordaremos, claro que le recordaremos. Porque él también contribuyó a hacer felices a muchos realistas en su día y él nos ha hecho a todos, aunque no viviéramos aquellas gloriosas jornadas, sentirnos orgullosos de lo que hizo.
Hoy quiero, como siempre, que gane la Real. Pero cada gol que metan los jugadores de la Real, me hará pensar todavía más en Genaro Celayeta. Cada gol va por él, lo cantaré por él. La victoria va por él. Y el silencio que vivirá Anoeta dentro de una semana será el mejor homenaje que se le puede hacer a un campeón. No estaré allí presente, pero me sumaré desde aquí, como debemos hacer todos los realistas. Se me acaban las palabras y sólo queda la tristeza de despedir a un campeón. Mi más sincero pésame a su familia y mi más emocionado recuerdo. Hasta siempre.