lunes, junio 11, 2012

AQUELLOS MARAVILLOSOS CROMOS: Meho Kodro

El cromo de la temporada 1994-1995 fue el último en el que se pudo ver a Meho Kodro llevando la camiseta de la Real Sociedad. Con su traspaso al Fútbol Club Barcelona se ponía fin a una exitosa estancia de cuatro campañas en el equipo txuri urdin. Este cromo tiene doble valor porque es de los que hacían trampa. A veces colocaban fotografías de otras temporadas, como es el caso, ya que la imagen de Kodro no pertenece a la recién finalizada 1993-1994 o a la pretemporada de la 1994-1995, que es el material que solía utilizarse. En la foto de Kodro es fácil deducirlo. Primero, porque el fondo es el viejo y añoado Atotxa, cuando Anoeta había sido inaugurado un año atrás. Y segundo porque la equipación que viste es de Rasan y no de Astore, marca que también se ligó a la Real en el verano de 1994.

En el momento de imprimir este cromo, Kodro venía de hacer la mejor temporada de su vida. La mejor que había hecho jamás un delantero de la Real. No es este un equipo pueda presumir de tener goleadores que se salieran de las tablas, pero no hay que olvidar que el máximo anotador de la primera Liga de la historia, la 1928-1929, Paco Bienzobas, vestía la camiseta txuri urdin. Es el único realista que figura en el palmarés del Trofeo Pichichi. Aún así, nadie en este equipo había metido nunca 23 goles en una sola temporada y en Primera División. Kodro lo hizo en la 1993-1994. Quién nos iba a decir que en la siguiente temporada sería incluso capaz de batir ese registro. En la 1994-1995 llegó a los 25. Sigue siendo, hoy en día, la mejor marca en Liga de un delantero de la Real. Y a nadie se le olvidará nunca que los tres últimos llegaron en el memorable derbi del 5-0 al Athletic.

Parece imposible que la Real retenga a un delantero que ha marcado 48 goles en dos temporadas. Lo sería ahora, y así lo fue entonces. El Barcelona pagó los 700 millones de pesetas de su cláusula de rescisión, porque Kodro además quería dejar dinero en las arcas de la Real, y el bosnio se fue a probar suerte a la Ciudad Condal. No la tuvo. Ni allí, ni en el Tenerife después. El impresionante goleador que se había visto en la Real, el que trajo Toshack para hacer una prueba en Zubieta casi de incógnito, no terminó nunca de aparecer. Será que la camiseta a rayas blancas y azules le daba una magia que no encontró en ningún otro sitio. Y eso que cuando llegó a la Real vivió momentos difíciles. Se lesionó en su debut, en la temporada 1990-1991 y contra el Racing. Aún así, fue capaz de marcar 13 goles que ayudaron a que el equipo se clasificara para la Copa de la UEFA. En la siguiente temporada, su registro fue menor. Se quedó en doce goles. No era fácil pensar que su explosión llegaría a partir de ahí.

Con el permiso de Kovacevic, Kodro es el último delantero clásico que ha tenido la Real, antes de que Bosman revolucionara el mercado futbolístico y de que otras formas de jugar al fútbol se instalaran en la Liga española y en todo el mundo. Kodro remataba todo balón que le llegaba. Le daba igual con qué parte del cuerpo lo hacía o si el remate era limpio o trompicado. Y su disparo... Su disparo era salvaje. Por eso hubo que ponerle nombre. Era el kodrazo. Y aunque no sirviera para nada, el Real Madrid, una de sus víctimas preferidas, encajó el primero. Ninguno, eso sí, como el que dio el empate en la temporada 1994-1995, en Anoeta, en el tiempo de descuento y desde una distancia que entonces parecía inasumible. Kodro es también el último jugador de la Real que ha marcado cuatro goles en un partido, al Tenerife y en esa misma temporada 1994-1995. Sacaba las faltas, tiraba los penaltis, tenía un gran remate de cabeza, marcó goles de todos los colores. Kodro, uno de los grandes.