lunes, mayo 10, 2010

...Y ahora a comer como locos

Comer por Donosti no es problema. Siempre hay sitios que merecen la pena, y cada visita es una buena oportunidad para descubrir uno nuevo. Pero, claro, cuando uno entra en Txalanta, en la zona de Riberas, y ve todo un panel con bocadillos con nombres de jugadores históricos de la Real, la cosa hasta mejora. Se come bien, francamente bien, pero fuimos de menú. Con ganas me quedé de pedir un Satrústegui (chorizo a la sidra) o un Karpin (tortilla de chorizo), pero habrá otra ocasión para hacerlo seguro. Más que nada porque en otro tablón lo dejaba todo muy claro. El "Aúpa Real" ya despierta el entusiasmo. Y, como ahí se dice, vamos a ascender, sí. Pero es el mensaje final el que actúa de gran motivador para todo eso: "y ahora a comer como locos". Que hay que coger fuerzas para animar.

Gal fue txuri urdin. La afición realista lleva años dando lecciones de saber estar, de desplazamientos masivos y, sobre todo, ha conseguido algo que parece casi imposible para la mayoría de aficionados a este deporte: igualar fuerzas y cánticos en estadios rivales cuyos equipos se andan jugando la vida. Ocurrió el sábado en Irún, donde no es aventurado decir que la mitad del estadio animaba a la Real a pesar de que el Real Unión lucha por permanecer en Segunda. Ocurrió en Vitoria hace dos años, y eso que el Alavés se jugaba también el descenso a Segunda B y, decían entonces por allí, la desaparición del club. Ocurrió hace siete años en Vigo, cuando el Celta nos quitó una Liga y se clasificó para la Champions. Qué cosas, en los desplazamientos más bonitos y masivos de su afición, la Real no consigue ganar. No ganó en Irún, y tampoco ganó en otros viajes multitudinarios de esta temporada, como Huesca, Salamanca o Vallecas. Ojalá haya más suerte en el futuro, porque esta afición se lo merece.

Lo que está claro es que la forma de disfrutar del fútbol ha cambiado, y no sólo porque el cartel del partido fuera una foto del último encuentro que jugaron Unión y Real allá por 1964. En Gal muchos de entre los más jóvenes optaron por ver el partido junto a la valla y así muchos de los que querían verlo sentados no pudieron hacerlo en buenas condiciones. Antes el fútbol era de pie y se deseaba que fuera sentado. Ahora es sentado y muchos quieren verlo de pie. Qué cosas. Y encima en Irún, en un campo con sabor añejo y en una ciudad en la que la visita de la Real fue todo un acontecimiento. El caso es que la fiesta fue, partido al margen, total. Irún acogió a los realistas con cariño y cariño es lo que se encontraron de vuelta. Cánticos a favor de uno y otro equipo con total respeto y hasta una batukada que amenizó el desarrollo del encuentro desde la grada y en el descanso desde el césped. Un bonito día de fiesta se vivió en Gal, sí. Un gran día para jugar al fútbol, una magnífica jornada para redescubrir que ésto es el fútbol. Lástima que no cayeran tres puntos para redondear la experiencia.

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