No hay forma. Es imposible hablar sólo de fútbol en el sainete en que se ha convertido la Real desde hace ya demasiado tiempo. El secreto a voces de los últimos días ya es público: Paco Aiestaran ha anunciado que se marcha de la Real Sociedad apenas 19 días después de llegar a San Sebastián. El golpe al proyecto de Iñaki Badiola es durísimo, puesto que era el gran nombre deportivo que consiguió sumar a su equipo, el mejor fichaje según dijimos casi todos. Eso es ya un engaño a los accionistas, puesto que seguro que muchos votaron movidos por la ilusión de tener a Aiestaran dominando la parcela deportiva. Y se va, además, dejando a la luz demasiados puntos oscuros que hacen dudar sobre la postura del presidente, sobre si ha engañado a propios y extraños o si su gestión deportivo es simplemente improvisada. Lo malo es que parece que ha hecho ambas cosas.A saber. A Aiestaran le convenció de que se sumara a su proyecto antes de las elecciones prometiéndole la última palabra en todo lo concerniente a la parcela deportiva. Aiestaran tendría libertad absoluta para decidir quién iba a conformar su equipo, quién sería el entrenador del equipo y qué jugadores conformarían las plantillas profesionales. Y la primera decisión que toma Badiola al respecto es vetar al entrenador y al secretario técnico escogidos por Aiestaran. ¿Engañó Badiola a Aiestaran cuando le explicó cuáles iban a ser sus funciones o el veto es una decisión improvisada para que no se vincule su proyecto a lo que Pitterman hizo en el Alavés? Recordemos que tanto Juan Carlos Oliva como Ramón Planes, los escogidos por Aiestaran, trabajaron en su día con el ucraniano.
La rueda de prensa de Aiestaran deja a las claras que Badiola ha engañado a todos los realistas al menos en dos ocasiones. La primera cuando restó importancia al compromiso adquirido por Aiestaran con Oliva, que era definitivo y no "uno de los 17 entrenadores" con los que había hablado. La segunda, al negar el domingo la dimisión de Aiestaran. El ya ex consejero aseguró que la decisión estaba tomada desde el pasado jueves, aunque trató de arreglarlo dándole una segunda oportunidad a Badiola para que aceptara los nombres que había escogido, y que no la quiso hacer pública antes para no perjudicar la preparación del partido de Córdoba. Badiola dio el asunto por zanjado, pero no precisamente con la dimisión de Aiestaran. Mal asunto si el presidente que nos iba a contar la verdad es cogido en un engaño así en su primer mes de mandato.
Si el engaño queda demostrado, la improvisación también. Badiola aseguró antes de las elecciones que su entrenador iba a ser Irureta. Después, y todavía no sabemos muy bien por qué, dijo que existían incompatibilidades con Aiestaran. Las mismas que llevaron a la calle a Salva Iriarte y que provocaron la dimisión de Coleman. Ahora ya no está Aiestaran y no tenemos ni director deportivo ni entrenador seguro hasta final de temporada. Badiola llegó a ofrecerle el banquillo a Aiestaran (no puede por contrato con el Liverpool), lo que tampoco dice muchas cosas buenas sobre la decisión de colocar, siquiera de forma interina, a Joserra Eizmendi. Éste queda públicamente como la última opción de Badiola. Menos mal que el bueno de Eizmendi se trajo la victoria de Córdoba.
Y, para colmo, no paran de salir nombres de técnicos a los que se ha dirigido la Real más o menos en serio. El último Miroslav Djukic, ex jugador de Valencia y Deportivo y seleccionador serbio. Djukic, que no quiso confirmar quién le llamó desde la Real (lo que deja sin aclarar si es uno de los "17 entrenadores" contactados por Aiestaran o si es una elección de Badiola), ha dicho que no puede compaginar ambos banquillos y que no dejará tirada a Serbia, que acaba de elegirle como técnico. Badiola debe aclarar cuanto antes si dejará a Eizmendi en el banquillo lo que queda de temporada o si va a traer otro técnico. No basta con decir que lo tiene en la cabeza y que pronto lo sabremos. Los días pasan y la inestabilidad en torno al equipo crece. Y ya queda la duda de si estamos siendo engañados por un presidente que sólo quiere ganar tiempo y tapar su improvisación en el terreno deportivo.
Lo de Aiestaran tiene una parte buena y una parte mala. La buena es que ha sido fiel a sus principios, dimite porque no le dejan hacer su trabajo como le habían prometido que iba a poder hacerlo. Y se marcha deseando lo mejor para la Real, que suba a Primera División, marcando una clara línea, que todos debieran tener igual de clara, entre el club y los nombres que pasan por él ("me ha fallado", ha dicho Aiestaran, en cambio, de Badiola). La mala es que sorprenden sus elecciones. No acabo de ver claro que el perfil de entrenador deseado por alguien tan prestigioso como Aiestaran sea un técnico que, al margen de su relación con Pitterman, sólo ha dirigido cinco partidos en Segunda División. Por alabar a Aiestaran y criticar a Badiola no se puede olvidar que el desconocimiento de la Segunda era uno de los principales motivos de crítica a Coleman. Sigue el frentismo, también en esto.
Y el sainete continúa. Con todo lo que está pasando, darle cien días de cortesía a Badiola, esperar siquiera a que cierre el mercado invernal para juzgarle, se está convirtiendo en una misión imposible. Sus éxitos serán los de la Real, que nadie busque en mis críticas un ataque interesado a Badiola, pero, por retomar las sensaciones que expresé aquí hace pocos días, mi miedo crece y mi expectación decrece. Al mismo tiempo, lo que crece es mi admiración por un grupo de futbolistas que está a un solo punto del ascenso en medio de la mayor locura en la que ha vivido este club en toda su historia. Todos los realistas debiéramos estar orgullosos de ellos y seguir animándoles como hasta ahora, contra viento y marea y pase lo que pase fuera del terreno de juego. Ellos son la Real. Sobre lo demás, tiempo al tiempo...

