

Positiva fue su apuesta por la cantera para el nuevo proyecto deportivo, pero a nadie se le escapa que no fue una decisión voluntaria, sino forzada por la muy precaria situación económica. Lo que resulta incomprensible es que, una vez hecha esta apuesta, una vez conformada una plantilla con jóvenes procedentes de Zubieta, una vez contratado un director deportivo y una vez confiado el proyecto a un entrenador extranjero, De la Peña decidiera dimitir ya iniciada la temporada. Fue un error de grandes proporciones. Fue una hipoteca más para el futuro de la Real. Fue una piedra en el camino de quien llegara tras ella.
Juan Larzabal asumió la presidencia de forma transitoria y puso fin a la nefasta etapa de Denonerreala en el club. Se metió en un charco con Iñaki Badiola y con los jugadores del primer equipo (a quienes reprochó no haber aceptado que se vinculara parte de su sueldo al ascenso) nada más aterrizar, pero al final cumplió con el papel de dirigente de transición que se le había encomendado. Dirigió la Junta en la que se eligió al nuevo presidente con mucha serenidad y pocos se acordaron en aquellos momentos que tenía vinculación directa con los (con todo merecimiento) denostados consejos que presidieron Miguel Fuentes y María de la Peña. Y eso tiene mérito.
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Badiola se convirtió en presidente sin rival. Nadie se atrevió a oponer su proyecto al ahora presidente de la Real. Durante semanas se habló de una candidatura alternativa, oficial si se quiere, con el respaldo de los paquetes de acciones que al parecer sigue controlando Denonerreala (y que podría ser la base opositora que tumbó todas las propuestas de Badiola en la última Junta). Se habló de Miguel Santos, quien finalmente declinó volver a ser candidato y ha mostrado una muy buena relación con Badiola en estos meses. Pero al final nadie dio el paso. Aún así, Badiola fue elegido con un enorme respaldo del 72 por ciento de las acciones.
Al presidente de la Real le han perdido las formas en muchos momentos de sus seis primeros meses en el club. Y lo más duro llegó al principio, cuando se le juntaron la dimisión de Coleman, el despido de Salva Iriarte, la polémica por la no contratación de Juan Carlos Oliva como entrenador y la consiguiente salida del club de Paco Aiestaran. Se equivocó también al enfrentarse a algunos jugadores de la primera plantilla, como Delibasic, al que incluso amenazó con quitarle la ficha en un último intento desesperado por traer a Zigic al equipo. El delantero del Valencia será para siempre la promesa incumplida de Badiola, a pesar de que lo más probable es que sea el club levantino el responsable de que no fuera traspasado.

La parcela deportiva le ha dado más de un dolor de cabeza a Badiola. Consiguió la compleja renovación de Xabi Prieto, y por ello hay que felicitarle. Demostró que tenía contactos para reforzar la plantilla con nivel (aunque el retraso en confeccionar el nuevo proyecto, tanto en fichajes como en renovaciones, está sembrando dudas en este aspecto). Pero poco a poco se fue debilitando la estructura técnica de Zubieta. Son muchos los entrenadores que se han marchado o que han sido despedidos, dos los directores deportivos de los que se ha prescindido (Aiestaran y Salva Iriarte) y el relevo no termina de llegar. Se ha hablado muchísimo de Francis Cagigao desde el mes de febrero, pero trabaje o no para la Real desde la sombra no termina de llegar. Y eso pesa.
Como pesa hoy en la Real el lastre que supone la crisis institucional. Lo único que está claro es que no todo el mundo rema en la misma dirección. Hay demasiados enfrentamientos, demasiadas historias que el aficionado no entiende ni comparte. Guste o no, es Badiola quien tiene que llevar adelante esta nave. ¿Le apoyaremos todos? Hoy dudo mucho que todos den ese valiente paso, por mucho peligro que aceche a la Real. Cuánta irresponsabilidad llevamos vivida en estos últimos tiempos...
1 comentario:
Digan lo que digan badiola se lo esta currando como nadie.Espero que para la proxima temporada nos solucione lo de ver a la real en tv.
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