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martes, noviembre 10, 2015

La Real, un caramelo para entrenadores debutantes en Primera

Lillo, último entrenador de la Real con experiencia en Primera.
¿Qué tienen en común Eusebio Sacristán, David Moyes, Jagoba Arrasate, Philippe Montanier y Martín Lasarte? Todos ellos, obviamente, son los últimos entrenadores que ha tenido la Real Sociedad. Son todos los que ha contratado Jokin Aperribay. Y todos sin excepción debutaron en el banquillo txuri urdin, Eusebio lo hará la próxima jornada, sin haber dirigido nunca antes en sus carreras un encuentro de la Primera División española. Al margen del éxito o el fracaso con el que hayan podido salir del club, lo que está claro es que la única característica común en el perfil de todos estos entrenadores es el desconocimiento de la Primera División, y eso contrasta con la larga carrera previa en el fútbol español de los nombres que se llegaron a dar por seguros ante los últimos ceses de técnicos, el de Luis Aragonés si hubiera caído Montanier, el de Juande Ramos que parecía casi atado de haber sido destituido Moyes apenas una semana antes de cuando ha dejado el club, e incluso el de Pepe Mel como alternativa al británico cuando fue Arrasate el cesado.

Este fenómeno de dar el club a técnicos sin recorrido en la máxima categoría del fútbol español que ha convertido a la Real en un caramelo para debutantes, una apuesta que no deja de tener su riesgo, no es algo únicamente achacable a Aperribay, ya que de los últimos 14 técnicos, contando ya a Eusebio, sólo José María Amorrortu y Miguel Ángel Lotina se habían sentado en un banquillo de Primera, en 23 partidos el primero de ellos y en 221 el segundo, una experiencia, eso sí, que no impidió que fuera con Lotina con quien se produjo el descenso a Segunda de 2007. Entre ese listado de catorce técnicos se encuentran cuatro que vivieron la oportunidad de dirigir a la Real directamente desde sus categorías inferiores. Ese fue el caso de Roberto Olabe, quizá quien mejor ejemplifica este fenómeno por coger el equipo de manos de uno de los más importantes de la historia del club, John Toshack, Gonzalo Arconada, José Ramón Eizmendi y el propio Arrasate. Cuatro que serían cinco si contamos el efímero paso de Asier Santana como paso previo al fichaje de Moyes la pasada campaña.

En el lado opuesto al de las apuestas de cantera, los cinco técnicos extranjeros que han llegado a la Real en ese lapso de tiempo comentado, desde 2002 hasta ahora, Raynald Denoueix, Chris Coleman, Martín Lasarte, Phillipe Montanier y el ya citado Moyes, tampoco habían dirigido partidos no ya en Primera sino tampoco en España. Coleman es el único de ellos que no llegó a estar en una Real de Primera y sólo tuvo la opción de dirigir al equipo en Segunda. Para encontrar un técnico que sí tuviera experiencia en la máxima categoría de nuestro fútbol hay que retroceder hasta Juan Manuel Lillo, que estuvo en la Real en las temporadas 2007-2008 y 2008-2009, con un bagaje previo de 94 partidos en Primera repartidos en los banquillos de Salamanca, Oviedo, Tenerife y Zaragoza. Lillo fue el primer técnico de la era Aperribay, pero le llegó heredado de Iñaki Badiola, su predecesor en la Presidencia del club.

miércoles, mayo 27, 2015

RESUMEN DE LA TEMPORADA 2014-2015 (3) Los entrenadores: Arrasate fracasó, Moyes construyó el futuro

El hecho de que la Real tuviera tres entrenadores diferentes a lo largo de la temporada, aunque el segundo de ellos fuera interino, hace que el diagnóstico sobre el rendimiento del equipo txuri urdin no pueda ser positivo. Jagoba Arrasate comenzó la temporada con la clara misión de clasificar de nuevo a la Real para competiciones europeas y corregir la línea descendente con la que había finalizado la campaña anterior. No lo consiguió y fue cesado con una temprana eliminación en la Europa League y dejando al equipo en puestos de descenso tras diez jornadas. Asier Santana, técnico del Sanse, cogió el mando para un único partido, ante el Atlético de Madrid y consiguió motivar al equipo para superar al entonces vigente campeón de Liga con todo merecimiento. Y David Moyes llegó con el objetivo de eludir el descenso sin demasiadas preocupaciones, cosa que hizo, aunque sin superar el estado depresivo que ha marcado la temporada en su conjunto.

La decisión de dar el mando del equipo a Arrasate ya fue controvertida por su nula experiencia como técnico. Aunque su primera temporada acabara con un gran poso de decepción por la caída libre de los últimos meses y por el decepcionante papel en la Champions League, lo cierto es que hubo luces, especialmente la lucha durante toda la Liga en la parte alta de la tabla o la clasificación para las semifinales de la Copa del Rey por primera vez desde 1988. Pero todas esas luces se apagaron con la pretemporada. Arrasate cometió tres errores fundamentales: el cambio de sistema en el que tanto insistió acabó siendo un enorme fracaso por diferentes razones, no encontró la forma de que el estado físico del equipo se adecuara al modo de jugar que buscaba y no pudo frenar los inmensos problemas defensivos que tenía el equipo a nivel general.

Arrasate entendió que el 4-2-3-1 clásico de la Real ya no le valía tras la marcha de Griezmann y decidió apostarlo todo a un 4-4-2 que poblara el centro del campo por dentro, sin opciones en los extremos. Chory Castro y Vela tendrían que acomodarse a jugar por el centro. Pero Arrasate no tuvo en cuenta un factor esencial para jugar como pretendía: la velocidad. El ritmo de juego de la Real, lento casi siempre y muy lejos de los fulminantes picos de la temporada 2012-2013, hacía impensable el funcionamiento de ese esquema. Con todo, el técnico consiguió que se viera una versión parecida a lo que pretendía en los dos encuentros de la Europa League jugados en Anoeta, ante Aberdeen y Krasnodar, y ya en la Liga contra el Almería y el Valencia. Que en esos dos partidos ligueros sólo se sumara un punto es la mejor muestra de que el experimento salió mal..

La baja velocidad parecía consecuencia de que el estado físico de los realistas no era el adecuado. No sólo por las muchas lesiones que sufrió el plantel, sino porque los futbolistas no tenían el ritmo de juego necesario y llegaban asfixiados al final de casi todos los encuentros. La preparación física, de la que Arrasate no es el responsable directo pero sí la persona que podría haber tomado medidas para modificarla, fue otro enorme error. Incluso la planificación de la plantilla no fue la adecuada, porque se apostó por un tipo de jugador con más talento que velocidad. Y eso, además, también pasó factura en defensa. Arrasate bien decidió o bien comulgó con la decisión de reconvertir a Elustondo en central, algo que parecía obvio para casi todos que no iba a resolver los problemas defensivos, como así fue. Hasta la estrategia jugó en su contra y la defensa en zona de los balones parados naufragó por todas partes.

Arrasate, en todo caso, puede lamentar que los jugadores no estuvieron a la altura y no dieron la cara por él donde debían darla, en el césped. En la sala de prensa todo eran buenas palabras y el respaldo a su técnico fue rocoso, pero a la hora de la verdad le fallaron, por muy mal que Arrasate hiciera las cosas en algunas cuestiones. La evidencia se tuvo con ese partido único de Santana. La forma en que lo encararon los realistas no tuvo nada que ver con cómo habían jugado en las fechas precedentes y el resultado premió esa entrega. Santana confirmó las dotes de motivador que demostraba en la banda de los partidos del filial, y eso le valió quedarse como segundo de Moyes en cuanto éste aterrizó en San Sebastián. El escocés llegó con prudencia e inteligencia, sin querer armar revoluciones desde el primer momento y confiando en el club, en Santana y en quien conocía el equipo más que él. Por esos, sus primeras alineaciones fueron continuistas.

Pero ya desde el principio Moyes tuvo un objetivo claro: había que cerrar la portería realista a cal y canto para conseguir victorias. El técnico escocés asumió que el número de ocasiones de gol que iba a generar la Real sería siempre escaso y que los partidos serían cerrados y de pocos goles, por lo que lo fundamental era encajar poco. Además de dar la titularidad a Rulli tras unos cuantos partidos en los que mantuvo la confianza en Zubikarai, dio protagonismo a Ansotegi ante el error de la reubicación de Elustondo y la baja forma de Mikel González. Y por eso, también para construir el equipo de otra manera, apostó por un doble pivote creativo, el formado por Pardo y Granero, recuperando las bandas con Chory Castro y Xabi Prieto casi como inamovibles, sobre todo el capitán y la presencia o ausencia de Vela determinaba el esquema de juego.

Moyes supo hacer de la Real el equipo rocoso que pretendía, pero no le dio la regularidad necesaria, no consiguió que diera el salto de calidad necesario fuera de Anoeta para ganar partidos con frecuencia y no terminó de encontrar soluciones para que el juego colectivo mejorara. En realidad, pocos fueron los partidos en los que de verdad se vio una actuación digna de destacar en su conjunto. Las ocasiones de gol brillaban por su ausencia en la mayoría de los encuentros, y el balón parado, a pesar de que Vela rompió la sequía de cinco años sin goles de falta directa, fue una tortura continua. El equipo, al menos, adquirió una firmeza de la que careció por completo en la etapa de Arrasate, e incluso supo darle un plus de competitividad que hizo que sus mejores momentos coincidieran con la lesión de su estrella, Vela, o que la actuación en el Camp Nou, aún con la derrota habitual, fuera la más digna en años.

Puestos a encontrar lo más brillante del trabajo de Moyes en la Real, hay que destacar su faceta de manager y su impresionante profesionalidad. El escocés ha dedicado sus primeros meses en San Sebastián a construir el futuro. Puede que en su función primordial, la de técnico, haya dejado alguna duda. Pero oírle hablar de la función del Sanse y de la filosofía de la Real, verle en campos de España y de Europa buscando jugadores, hablando sin tapujos de cuestiones como la mezcla entre cantera y fichajes o incluso de los horarios de la Liga. También de la deficiente labor de los árbitros, algo que siempre ha parecido tabú en la Real y a lo que Moyes dio incluso matices pedagógicos cuando explicó que en España se sacan demasiadas tarjetas amarillas o se señalan demasiadas faltas en comparación a otras ligas. Moyes ha sido valiente. Por supuesto, no ha acertado en todo, pero hay mucha expectación por ver hasta dónde puede llevar a una Real a la que entrene desde la pretemporada.

viernes, abril 10, 2015

Moyes supera en su primera vuelta las de Lasarte y Montanier, pero no la de Arrasate

Con la derrota en el Vicente Calderón, David Moyes ha cumplido una vuelta como entrenador de la Real. Aunque siempre hay que tener en cuenta las circunstancias añadidas a tener que debutar en mitad de la temporada y después de una situación traumática como el cese de su antecesor, Jagoba Arrasate, los fríos números indican que el escocés ha superado lo que hicieron Martín Lasarte y Philippe Montanier en los primeros 19 partidos de su debut en Primera en la Real, en la 2010-2011 en el caso del uruguayo (después de subir al equipo a Primera la campaña anterior) y en la 2011-2012 para el francés. Moyes, sin embargo, se ha quedado por detrás de los números que logró la Real de la mano de Arrasate en la 2013-2014. Pero no hay tanta distancia con respecto a los mejores datos y los condicionantes hablan mejor aún a favor del técnico escocés.

Repasando los números, el actual entrenador realista ha sumado 28 puntos en sus primeros 19 partidos. Casi todos los detalles circunstanciales de esta primera vuelta completa han jugado en su contra. Como todos sus antecesores, ha jugado un partido menos en Anoeta que fuera. En cambio, su arranque en la Real ha tenido muchos aspectos que no hay que olvidar a la hora de valorar las cifras: la de Moyes es la plantilla más corta que ha tenido el equipo desde 2010, algo que además se agrava teniendo en cuenta que ha sido el único entrenador que no ha disfrutado de ningún fichaje; la lesión de Vela (sin él, la Real no había ganado nunca); el lastre de no haber ganado fuera de casa hasta el encuentro disputado en Getafe, el octavo que dirigió a domicilio y a los que hay que sumar cinco más con Arrasate como técnico, lo que condiciona el estado anímico de sus jugadores; o que fue el entrenador que cogió el equipo en peor situación, luchando por no descender, y no con subidones anímicos como el ascenso o Europa.

En la clasificación de las últimas 19 jornadas, la Real sería séptima. Es decir, ocuparía la plaza que daría acceso a la Europa League si el Barcelona es campeón de Copa, la misma que acabó alcanzando el equipo la pasada campaña. Sólo los seis equipos que ahora mismo ocupan las posiciones europeas han sumado más que el equipo txuri urdin en este espacio de tiempo. Para calibrar justamente lo conseguido en estas jornadas desde el aterrizaje de Moyes, los realistas han sumado, por ejemplo, los mismos puntos que el Athletic, al que superaría por average, uno más que el Rayo o cuatro más que el Málaga, que se habría convertido en rival directo de haber conseguido el equipo una victoria en La Rosaleda hace pocos días. La la pasada temporada, la 2013-2014, la Real de Arrasate culminó la primera vuelta en la sexta posición, una por delante de la que ocuparía el equipo de Moyes, aunque logró 32 puntos, cuatro más. Nada que ver con la undécima posición de la Real de Lasarte en la 2010-2011, que logró 25 puntos, y sobre todo la decimoquinta del equipo de Montanier en la 2011-2012, con apenas 21 puntos.

Con Arrasate la Real logró sus mejores resultados en esa primera vuelta de su técnico tanto en casa (veinte puntos en nueve partidos) como a domicilio (doce, en diez), pero el equipo entrenado por Moyes no puede quejarse. En Anoeta ha sumado los mismos puntos que en la 2013-2014 con el mismo número de victorias y empates, seis y dos, con la única derrota cosechada ante el Rayo Vallecano desde que el escocés entrena al equipo. Estos números doblan los de Montanier en la 2011-2012, que se quedó en apenas diez puntos, con dos victorias, cuatro empates y tres derrotas en el estadio donostiarra. Y lejos de él, aunque la cifra de puntos de la Real de Moyes es la menor de estas cuatro temporadas comparadas, ocho (Arrasate sumó doce, Montanier once y Lasarte diez), el equipo ha igualado el menor número de derrotas, cuatro. Esas son las mismas que cosechó la Real en la primera vuelta de Arrasate, por las cinco y seis que sufrieron en el banquillo respectivamente Montanier y Lasarte.

Que la mejora defensiva es una de las claves de la Real de Moyes queda demostrado viendo que en sus 19 primeros partidos el equipo sólo ha encajado 24 goles, la menor cifra de estos cuatro casos. Lo que más se acerca, y la distancia es notable, son los 28 tantos que recibió con Arrasate, y en el lado opuesto están los 31 que encajó el equipo en los 19 primeros partidos de Lasarte. Y si el cuadro realista no mejora todavía más el resultado global de esta vuelta con Moyes es precisamente porque sus cifras goleadoras no son espectaculares, aunque sí notables. Con el escocés, los jugadores realistas han anotado 22 goles en estos 19 encuentros. Es decir, igualdad absoluta con respecto a los encajados, igualando el saldo goleador negativo que tuvo el equipo en su primera vuelta con Lasarte (-2) y marcando mucha distancia con el equipo de Montanier (-10). Los 22 logrados con Moyes son cinco goles más de los que hizo la Real de la mano del francés, aunque están muy lejos de los 36 anotados la pasada temporada con Arrasate.

La estabilidad y la mejora defensiva que ha logrado Moyes también se puede ver en otros datos. Para empezar, ha igualado los seis partidos en los que estuvo sin recibir gol la Real de Arrasate. Pero al mismo tiempo ha hecho que los dientes de sierra de su trayectoria sean menos pronunciados. Su racha sin ganar sólo ha llegado a los tres partidos, en dos ocasiones y sumando dos puntos en cada una de ellas. Nada que ver con los seis y ocho jornadas consecutivas sin sumar de tres en tres que estuvieron respectivamente los equipos de Arrasate y Montanier en sus primeras vueltas completas. La Real de Lasarte también estuvo tres sin ganar, pero fueron tres derrotas. Además, ha sumado cuatro sin perder, algo que sólo mejoran las cinco victorias consecutivas con Arrasate. Y aunque el equipo con Moyes no es demasiado goleador, sí distribuye bien sus tantos. Así, sólo ha estado sin marcar en cuatro partidos, a uno de la mejor marca (tres, con Arrasate), y mejorando mucho los nueve encuentros a cero con Montanier.

miércoles, abril 08, 2015

Sin delantero centro, dos victorias en veinte partidos a domicilio desde el ascenso

El último triunfo sin nueve, 0-1 en el Calderón en la 2012-2013.
Desde que la Real volvió a Primera División en el verano de 2010, uno de los movimientos más habituales de sus entrenadores en los partidos más complicados y previsiblemente duros que afronta el equipo lejos de Anoeta es sentar al delantero centro. Jugar con eso que se ha llamado falso nueve, o colocar en punta a jugadores que no están llamados a ocupar esa demarcación. David Moyes lo hizo en el Vicente Calderón y ese movimiento táctico volvió a fallar. Lo extraño es que siga siendo una fórmula tan habitual, cuando es una que no ha dado resultados casi nunca en estos cinco años. No es que sacar un punta nato sea la panacea y dé mejores resultados, pero Philippe Montanier, Jagoba Arrasate y el propio Moyes han optado por esa solución en veinte partidos en las últimas cuatro temporada (Martín Lasarte no lo hizo nunca, siempre alineó a Llorente, Tamudo, Agirretxe o Ifrán) y la Real sólo ha conseguido ganar en dos ocasiones, ambas en la temporada 2012-2013.

Ya no es que la Real no consiga victorias de esta manera, es que apenas ha sumado puntos. De los 60 posibles a los que ha optado fuera de casa y sin delantero centro, apenas ha logrado once, con esas dos victorias y cinco empates. El apartado goleador, además, es paupérrimo. El equipo txuri urdin apenas ha convertido de esta manera quince goles, menos de uno por encuentro, y sin embargo ha encajado nada menos que 42. En casi la mitad de estos encuentros, en nueve, no consiguió perforar la meta rival. Y a pesar de las claras intenciones defensivas que acarrea jugar sin delantero, sólo logró dejar su portería a cero en dos ocasiones. El castigo a este planteamiento fue mucho más cruel en cuatro de estos veinte partidos, en los que la Real encajó el 1-0 antes del primer cuarto de hora. Le sucedió en el Rayo 4 - Real 0 de la 2011-2012, en el Barcelona 5 - Real 1 de la 2012-2013, y esta misma temporada en este encuentro en el Calderón y en el 4-1 del Bernabéu.

De los cuatro técnicos que han apostado por esa fórmula, Montanier fue el que más insistió con ella. En su primera temporada en la Real jugó así en seis de sus 19 partidos a domicilio. El francés optaba con mucha facilidad por colocar a Vela como punta. Sin embargo, los resultados con este esquema fueron muy pobres: cuatro derrotas (3-2 contra el Levante, 4-0 contra el Rayo, 2-0 contra el Athletic y 1-0 contra el Getafe) y dos empates. El único éxito que se puede apuntar es el empate en Cornellá-El Prat, puesto que fue el mexicano quien puso a la Real 0-2 en la primera mitad, aunque aquel partido al final se acabara empatando. En Málaga, el empate fue a uno. Parecía que las cosas no iban a cambiar en la siguiente temporada, puesto que Montanier sumó tres derrotas más de esta forma (5-1 ante el Barcelona, 2-1 ante el Levante y 2-0 ante el Betis), pero luego ganó dos encuentros sin nueve, 1-2 en Zaragoza y 0-1 curiosamente en el Calderón. Al técnico francés le costó confiar en Agirretxe, vivió la imposibilidad de Llorente para competir al máximo nivel después de que la hernia le tuviera fuera de combate media temporada e Ifrán nunca fue de su gusto.

Arrasate dispuso de dos nueves claros desde el principio, Agirretxe y Seferovic. Aún así, en su primera temporada jugó en cuatro ocasiones sin ninguno de los dos, también con unos resultados bastante nefastos. Un empate a cero ante el Levante, dos derrotas por 4-0 ante el Atlético y 1-0 ante el Sevilla y otra igualada más, a uno, en San Mamés, y con un gol anotado precisamente por Agirretxe saliendo desde el banquillo. En el tiempo que Arrasate aguantó en el banquillo realista en la presente temporada, con Finnbogason como reemplazo de Seferovic, repitió esta disposición en Vigo, donde la Real se puso 2-0 por debajo en el marcador y Agirretxe, de nuevo como suplente, lideró la remontada y marcó el primero de los goles. Moyes ha sumado ya otros cuatro encuentros sin nueve, con tres derrotas contundentes (4-0 en Villarreal, 4-1 en el Bernabéu y el 2-0 del Calderón) y un empate, a uno en Granada. En estas dos últimas temporadas, la excusa para jugar sin nueve pasa por el bajo nivel dado por los fichajes, tanto Seferovic como Finnbogason, que hasta ahora han sumado entre los dos sólo 13 partidos como titulares en la Liga.

martes, octubre 28, 2014

Arrasate, peor que todos los entrenadores cesados salvo Bakero en la 2006-2007

Arrasate, en Córdoba.
Jagoba Arrasate sigue siendo entrenador de la Real Sociedad. Es conocida la resistencia de Jokin Aperribay a prescindir de un técnico con la temporada en marcha, y de hecho su Consejo de Administración ha prescindido ya de tres entrenadores pero siempre al final de las campañas (Juanma Lillo en el verano de 2009, Martín Lasarte en el de 2011 y Philippe Montanier en el de 2013), pero al margen de todas las sensaciones y de las deficiencias tácticas y técnicas del juego del equipo, hay un dato que avala el cese de Arrasate. Como es sabido, el conjunto txuri urdin ha sumado hasta ahora en la Liga 6 puntos de los 27 posibles. Esto supone el 22,2 por ciento de los que se han puesto en juego. Pues bien, sólo uno de los diez entrenadores realistas que han perdido su puesto en el transcurso de la competición desde que el equipo juega en Anoeta (no contaría Chris Coleman, puesto que dimitió en la campaña 2007-2008) presentaba peores números que Arrasate. Y seguro que no produce mucha tranquilidad recordar que ese técnico era José Mari Bakero en la temporada 2006-2007, la del descenso a Segunda. Bakero apenas sumaba 2 de los 21 que llegó a disputar, sólo el 9,5 por ciento.

Llama la atención que incluso algunos periplos de técnicos realista de los que se guarda un recuerdo terriblemente negativo tuvieran en realidad mejores números que Arrasate en este comienzo de temporada. Los dos ejemplos más evidentes son los efímeros pasos por la Real de Periko Alonso en la temporada 2000-2001 y de Gonzalo Arconada en la 2005-2006. El primero, que sustituyó a Javier Clemente tras la jornada sexta, entrenó a la Real en diez partidos, uno más de los que lleva Arrasate, sumando dos victorias y un empate, 7 puntos de 30, el 23,3 por ciento. El segundo también reemplazó a otro técnico, en este caso a José María Amorrortu, dirigió al equipo en ocho encuentros, uno menos de los que llevamos esta temporada, de los que ganó dos y perdió seis, es decir, sumó 6 puntos de 24 posibles, el 25 por ciento.

No obstante, la actual posición de la Real, la decimoséptima, no es la peor que ha ocupado el equipo antes de los ceses de los últimos treinta años, once ya con el del propio Arrasate. Así, en la temporada 2000-2001, el conjunto txuri urdin, hasta ese momento entrenado por Clemente, transitaba en la decimoctava posición. Una más abajo llegó a caer la de John Toshack en la siguiente, la 2001-2002. Y la Real era colista cuando en esa misma campaña 2000-2001 fue cesado Periko Alonso y en la 2006-2007 cuando fue Bakero el que tuvo que dejar su puesto por los malos resultados. En las temporadas 1994-1995 y 1999-2000, el propio Toshack y Bernd Krauss fueron destituidos ocupando la decimoséptima posición, la misma que ocupa ahora mismo la Real de Arrasate.

Con todo, los cambios de entrenador se pueden evaluar de forma positiva en la historia reciente de la Real. Casi siempre se mejoró la posición final con respecto al momento del cese, a excepción sobre todo del único relevo que se produjo en Segunda, el de Juanma Lillo por José Ramón Eizmendi. En este caso, y aunque los números de Lillo mejoraron ligeramente los de Eizmendi (el 60,6 por ciento de los puntos disputados por el segundo, por el 51,5 del primero), la Real no se movió de la cuarta plaza. De hecho, cuando el camino era cuesta abajo el club decidió siempre un segundo cese y el nombramiento de un tercer entrenador en una campaña. Sucedió en las 2000-2001 y 2005-2006. En la primera, Clemente dejó el equipo decimoctavo, cayó a la última posición con Periko y Toshack lo llevó hasta la decimotercera plaza. En la segunda, la de peor resultado en esta dinámica, la Real era decimoquinta cuando cesó a Amorrotu, descendió hasta la decimoctava posición con Arconada y remontó hasta la decimosexta con Bakero.

El relevo que mejor resultado le dio a la Real en estas tres décadas fue, indiscutiblemente, el de Roberto Olabe por John Toshack en la temporada 2001-2002. El también ex guardameta realista sumó como técnico un 28,4 por ciento más de puntos que el galés y sumó nada menos que el 62,9 por ciento de los puntos que había en juego en las nueve jornadas finales del campeonato, algo casi milagroso para un equipo que se jugaba la vida (cinco victorias y dos empates en nueve partidos) e indudablemente decisivo para que entonces se mantuviera la categoría. El mayor ascenso en la tabla se produjo en la temporada 1995-1996. Cesado Salva Iriarte con la Real en la decimosexta posición, Javier Irureta logró auparla hasta la séptima y, de hecho, pelear por una plaza en la Copa de la UEFA prácticamente hasta el final de la temporada, lo que podría ser un buen espejo en el que mirarse para esta temporada.

Los tres peores registros en cuanto a entrenadores contratados como revulsivos se los quedan Clemente, Bakero y Miguel Ángel Lotina. El primero, en la temporada 1999-2000, sólo logró sumar un 10,4 por ciento más de puntos que su predecesor, Krauss, siendo esta la menor diferencia entre un técnico que comenzó la temporada y su relevo. El segundo, en la temporada 2005-2006, es el que peor porcentaje de puntos sumó entre los entrenadores contratados a mitad de temporada y que acabaron la Liga, sólo un 19,4 por ciento. Y el tercero, en la 2006-2007, fue el que menos posiciones consiguió mejor al equipo con respecto a su antecesor, sólo una, de la última en la que estaba con Bakero a la penúltima en la que concluyó con Lotina, lo que dio con los huesos de la Real en Segunda División después de 40 años ininterrumpidos en la máxima categoría del fútbol español.

miércoles, mayo 21, 2014

RESUMEN DE LA TEMPORADA 2013-2014 (3) Arrasate, de más a menos

La valoración de Jagoba Arrasate es probablemente la más complicada de hacer en esta temporada 2013-2014 recién finalizada. Casi con seguridad, es el nombre que más debate ha generado a lo largo de la campaña, antes incluso de que se empezara a competir. Y es que la apuesta del Consejo de Administración que preside Jokin Aperribay fue arriesgada, al dar el mando de un equipo de Champions a un entrenador sin experiencia profesional. El club ha demostrado su satisfacción con el técnico de la forma más obvia posible: renovándole, y haciéndolo además por dos años, una duración que no ofreció a Philippe Montanier en la propuesta que le hizo al francés para que continuara y que éste rechazó. Obviamente, y con la salvedad de que el séptimo puesto sólo es europeo porque los finalistas de Copa irán a la Champions, Arrasate ha cumplido con los objetivos que se le pidieron, clasificando de nuevo a la Real para Europa. ¿Suficiente para despejar las dudas que se generaron con su contratación? Probablemente no, pero eso tampoco puede esconder los elementos más positivos de su primera temporada.

Si atendemos al carácter de debutante de Arrasate, no hay muchos entrenadores de la Real que hayan conseguido llevar al equipo a competiciones europeas en su primer intento. Lo hicieron José Antonio Irulegi, Alberto Ormaetxea y Bernd Krauss, aunque sólo el primero lo había conseguido con el equipo disputando ya competiciones continentales al mismo tiempo de la Liga, como era el caso de esta temporada. Mejores debuts en el banquillo de la Real en la competición de Liga sólo los han tenido, por orden de menor a mayor antigüedad, Raynald Denoueix (segundo en la 2002-2003), los mencionados Krauss (tercero en la 1997-1998) y Ormaetxea (cuarto en la 1978-1979), y Harry Lowe (tercero, en la 1930-1931). Y no se puede olvidar tampoco que su Real ha llegado a las semifinales de la Copa del Rey, algo que no conseguía la Real desde la temporada 1987-1988 y que rompe un cuarto de siglo de sinsabores continuos en el torneo del KO. Pudo ser incluso mejor, pero la actuación arbitral atropelló las opciones de la Real de ser finalista. Y como técnico de un equipo de cantera, no hay que olvidar que hizo debutar a cuatro jugadores del Sanse.

Fríos datos al margen, lo cierto es que Arrasate no ha terminado de convencer en dos aspectos fundamentales en el fútbol moderno. El primero, el psicológico. Philippe Montaneir tampoco era un motivador de primer orden (el último que ha tenido la Real fue Martín Lasarte), pero Arrasate no ha sido capaz de convencer a su equipo de los retos que tenía en el tramo final de la temporada, como tampoco de que jugar la Champions era algo más que disfrutar de la máxima competición continental. El segundo, la preparación física. En esto él no es el principal responsable, pero forma parte de su cometido como técnico saber de las flaquezas de su plantilla. Y en ese sentido es obvio que la temporada ha ido de más a menos. Como el propio técnico, que acalló las dudas iniciales con la brillante clasificación en la previa de la Champions ante el Olympique de Lyon y solventó la primera mala racha de resultados con otra brillante que incluso le hizo merecedor al premio que otorga la LFP al mejor entrenador en el mes de diciembre. Eso y partidos como el que vivió Anoeta ante el Barcelona en Liga hablan muy bien de Arrasate como entrenador.

Lo preocupante es la irregularidad mostrada y que no ha terminado de dar una imagen de firmeza en sus acciones. No en todas, al menos. Porque no le tembló la mano para sentar nada menos que al capitán, a Xabi Prieto, cuando Canales evidenció un estado de forma muy superior, o a Carlos Martínez cuando Zaldua le adelantó claramente en rendimiento, incluso para las polémicas titularidades que dio a Zubikarai. Acertadas o equivocadas, fueron decisiones valientes que supo defender. Pero otras, como la insistencia en Elustondo cuando cada actuación empeoraba la anterior (y aunque es sintomático que en la última convocatoria se quedara fuera) o en un Zurutuza fuera de forma, así como el apartar a Pardo de los partidos importantes por sistema, fueron más difíciles de entender. También se atisba falta de firmeza, o muchas dudas, en los cambios tardíos (que en algunas ocasiones incluso no llegó a agotar), y que no supiera encontrar soluciones a los grandes problemas del tramo final de la temporada, el progresivo declive del equipo en la imagen y en la clasificación y el enorme número de goles encajados.

Ahí, en ese último dato, ha estado el gran problema de la primera campaña de Arrasate. Muchas de sus decisiones más discutidas o los sacrificios más debatidos con respecto a la temporada pasada (aunque hay que asumir que la marcha de Illarramendi impedía jugar de la misma forma en más de un sentido) se adoptaron por el pretendido equilibrio del equipo. Y ese equilibrio no llegó más que en contadas ocasiones. El talento del equipo en ataque ha hecho que el número de goles anotado sea notable aunque algo por debajo del excepcional registro de la pasada campaña (tanto que en los dos primeros tercios de la Liga estuvo parejo), pero el de tantos encajados ha crecido. La Real recibió 55 goles en Liga, ocho más que la Real que descendió en 2007, y muchas goleadas que han minimizado que en once partidos Bravo dejó su portería a cero. Y es aún más llamativo este dato cuando el propio técnico ya ha dicho que no ve prioritario reforzar la defensa. Tampoco se puede olvidar que no han jugado en su favor las lesiones, que han afectado a toda la línea defensiva salvo a Iñigo Martínez. El central, de hecho, ha sido uno de los cinco intocables de Arrasate, junto a Bravo, Markel, Griezmann y Vela.

Desde el principio el técnico realista dejó claro que su sistema de juego predilecto era el 4-3-3, el que Montanier no puedo hacer funcionar. La principal variación que ha aplicado en el dibujo sin romperla es la colocación de los tres centrocampistas (su mayor rompecabezas durante la temporada por los nombres que han ido rellenando cada puesto), y eso le ha llevado en alguna ocasión a cambiar a un 4-2-3-1, el esquema con el que por fin su predecesor en el cargo, tras año y medio en el banquillo, supo sacar el juego que tenía el equipo. Y no ha dudado en apostar por un refuerzo más contundente del centro del campo, sobre todo en partidos ante los equipos más grandes de la Liga, dejando únicamente dos atacantes, que normalmente fueron Griezmann y Vela. Es decir, una clara apuesta por otorgar la posesión del balón al rival y buscar el contragolpe. Su gran triunfo táctico fue el partido de Liga en Anoeta contra el Barcelona, cuando mostró una superioridad absoluta sobre el finalmente subcampeón de Liga, mayor que la que enseñó en las tres temporadas anteriores, en las que el equipo blaugrana tampoco consiguió ganar en el estadio donostiarra.

Pero a partir de ese partido, coincidiendo con el declive físico de la Real, se ha ido produciendo un cambio razonado en la opinión generalizada sobre Arrasate. De más a menos. Hasta entonces, poco se le podía discutir. Detalles y nombres sí, porque es imposible que ningún entrenador contente a toda una afición siempre, pero supo ir sacando un rendimiento más que aceptable de su equipo, asumiendo que el juego nunca fue tan brillante como en los mejores momentos de la pasada temporada o con el muy mal resultado en la Champions League. Pero la Real estaba arriba, luchaba por Europa (que es el lugar al que, por plantilla y los condicionantes de la Liga, sí debe aspirar siempre esta Real), goleaba con facilidad y convirtió Anoeta en un fortín, del que sólo dejó escapar cuatro victorias en todo el curso, sólo una de ellas en la primera vuelta. No obstante, a partir del choque contra el Barça, el día que le reivindicó con más fuerza como técnico de primer nivel (tampoco se puede obviar que, a pesar del carácter poco batallador que se le achaca, fue una consecuencia emocional de aquella ya famosa rebelión ante el poderoso, aquel "tenemos escudo" que espetó ante las burlas del Barcelona por la eliminación copera), todo ha ido cuesta abajo.

Teniendo en cuenta todo y con los defectos que se le han visto, Arrasate no ha demostrado ser peor entrenador que Montanier. O que cualquier que haya aterrizado en la Real desde fuera durante los últimos años, ya que ninguno ha generado unanimidad, ni siquiera Martín Lasarte en el año del ascenso o Denoueix pasada la euforia de una temporada que casi acaba en el tercer título de Liga. Obviamente, en el fútbol profesional lo de no tener experiencia no sirve de mucho para explicar el rendimiento en una temporada y tampoco se puede obviar que sus estrellas, Vela y Griezmann, han sostenido al equipo con sus actuaciones individuales en más de una jornada. Pero es también evidente que, con las salvedades que se quiera, Arrasate ha mantenido a la Real en la élite, que ha tenido que afrontar una de las temporadas con más partidos de la historia del equipo y que aún así ha logrado la clasificación europea. Puede saber a poco, y hay razones evidentes para pensar que el equipo tendría que haber repetido la cuarta plaza o al menos batallarla más. En todo caso, la renovación no parece injusta, pero hay puntos muy obvios que Arrasate debe mejorar. Tantas luces y sombras como en la valoración general de la Real.

domingo, octubre 06, 2013

"Jagoba, mueve el banquillo"

Antes del partido, fiesta de las aficiones.
Vallecas es algo tan bonito para un aficionado de la Real que cometeríamos un error si no lo repitiéramos cada vez que se produce, si no recordáramos lo mismo que el club vallecano enfatiza por megafonía antes de cada Rayo Vallecano - Real Sociedad, que el fútbol es un deporte que tiene que unir a las aficiones. Eso sucede siempre en este encuentro, siempre, sin excepción y para orgullo del seguidor franjirrojo y del txuri urdin. Pone la piel de gallina que una enorme pancarta realizada por aficionados locales recordara el nombre de Aitor Zabaleta. O que la afición txuri urdin se uniera a la ya clásica reivindicación de los emblemáticos Bukaneros ("Presa, vete ya"), y que incluso coreara el nombre del Rayo en los prolegómenos del partido. Ese aplauso cruzado entre las dos aficiones es siempre lo más bonito que deja una jornada al año, aunque los grandes medios de comunicación vivan únicamente pendientes del resultado y los detalles más absurdos de los partidos de sus dos únicos equipos. Peor para ellos.

Es cierto que el modesto estadio madrileño no vivió ayer una invasión txuri urdin como la que aconteció la pasada temporada, Aún así, fue notable. "No te has pasado conduciendo y estaremos en Donosti, ¿verdad?", le decía un aficionado del Rayo a otro cuando se dispersó la marea realista que recibió a su equipo. Pero esta invasión tiene aún más mérito, porque no va acompañada de una racha de triunfos ni sigue al mismo equipo arrollador de hace unos meses. Hay una diferencia entre viajar para ver ganar a la Real y viajar para ver a la Real. Y así, varios centenares de realistas poblaron una de las gradas superiores del estadio, llegados desde Gipuzkoa pero también desde los sitios más dispares, también por supuesto de Madrid. Y no pararon de animar en todo el partido. La suya fue la enésima demostración de fervor, fidelidad y saber estar en un campo del fútbol español. Y es en la derrota cuando más agradecen gestos de sus jugadores, gestos que ayer no llegaron de la forma merecida. Cuando hace unos meses la Real venció en este mismo escenario por 0-2 y parecía afianzar de una forma casi definitiva esa gran cuarta plaza que finalmente consiguió con algo más de sufrimiento, todo eran risas y alegría. Eso es fácil de compartir. La derrota de ayer no. Así que no queda más que felicitar al jugador que sí tuvo un gesto para con el aficionado y lamentar que no fuera algo meditado, organizado y general.

La grada ocupada por la afición txuri urdin.
Y hubo un momento que también es necesario destacar. Mediada la segunda parte, el Rayo ya había agotado sus tres cambios cuando la Real todavía no había hecho el primero. "Jagoba, mueve el banquillo" gritó la afición. Quizá algo tímidamente, pero con la suficiente fuerza como para que se escuchara con nitidez. El cántico es continuación del que escuchaba Montanier ("gabacho, mueve el banquillo") y que tan poco gustaba en algunos sectores, que lo llegaron a tachar de falta de respeto. Pero la afición suele ser sabia, y más una como la de la Real, que jamás ha abandonado al equipo, en ninguna situación, ni siquiera en Segunda y en una ruina que por momentos parecía irreversible. Y si ve algo con tanta claridad como para unirse en un grupo amplio y corearlo, es que hay algo a lo que atender. "Entendíamos que el equipo estaba bien, que estaba muy entero. Los cambios normalmente suelen ser para buscar algo diferente. Tampoco veíamos por qué había que hacer los cambios porque el equipo estaba bien". Esa fue la respuesta de Arrasate en la rueda de prensa tras el partido.

Hace dos años, la Real salió de Vallecas como colista después de encajar un mucho más contundente 4-0 y fue el día en el que la gente entonó, una de las primeras veces que lo hizo, el famoso "Montanier, dimisión". Hace trece años fue en Vallecas donde se coreó con fuerza un "Clemente, vete ya" al que se unió la afición vallecana con la misma firmeza y cariño con la que la realista entonó ayer el "Presa, vete ya". "Jagoba, mueve el banquillo", pidió el aficionado txuri urdin, como se lo pedía a Montanier para arreglar uno de los defectos más comentados de su Real, la enorme tardanza en realizar las sustituciones, un mal que parece que se prolonga tras la marcha del francés. En Vallecas, Arrasate sólo hizo un cambio útil, en el minuto 70, y los dos últimos ya con el 1-0 en el marcador y para jugar los minutos de descuento. La Real jugará otros dos partidos lejos de Anoeta antes de que el estadio realista pueda pronunciarse, pero Vallecas siempre ha dejado pinceladas de sabiduría. Y de lo impresionante que es la afición de la Real. Esa es la mejor lección del partido de ayer.

domingo, agosto 18, 2013

Goleador y entrenador nuevos, victoria segura

El gol de Seferovic.
Dos de los estrenos que trajo el regreso de la competición liguera supusieron noticias muy satisfactorias tras unas cuantas semanas de dudas y debates. El nuevo delantero de la Real, Haris Seferovic, marcó en su primer partido y el entrenador, Jagoba Arrasate, ganó en su puesta de largo como técnico del primer equipo. Viejas leyes no escritas del fútbol que no siempre se cumplen, pero que llenan de ilusión al aficionado cuando ve los datos y recupera las sensaciones de ver a los suyos en competición. Seferovic no sólo marcó, sino que mostró unas condiciones espléndidas para moverse por todo el plano de ataque de la Real. Se abrió a las bandas, bajó a recibir, cubrió bien el balón de espaldas y siempre que pudo buscó la portería. Entre lo bueno está que, como le sucedía a Kovacevic, mostró su enfado por no marcar varias ocasiones claras en la primera mitad. Entre lo que le queda por mejorar, que no ganó balones por alto, a pesar de su estatura, como sí pueden hacer Agirretxe o Xabi Prieto de la actual plantilla txuri urdin. Pero debutar con gol, y además de espléndida factura, ya es una gran noticia.

Y no es tan habitual. Echando la vista atrás y recordando los otros 28 delanteros anteriores a Seferovic que han debutado en la Real desde que Aldridge llegó a Donostia en el verano de 1989, apenas tres consiguieron perforar la portería contraria en su primer encuentro, y sólo el primero contribuyó a una victoria. Aún contando en esta estadística desde la temporada 1989-1990, el primer delantero en marcar en su puesta de largo fue Aldeondo, a finales de la 1996-1997. Su gol fue el primero del 1-2 con el equipo txuri urdin en Compostela. En la jornada inaugural de la 1998-1999, Sa Pinto fue el autor de uno de los tantos realistas del 3-3 ante el Oviedo en Anoeta. Y en la 1999-2000, Jankauskas materializó el empate a uno en el Vicente Calderón. Han tenido que pasar doce años y medio para volver a ver un delantero debutante celebrando un gol. Grandes nombres de la historia txuri urdin como Kodro, Craioveanu, Kovacevic o Nihat, canteranos como Loinaz, Díaz de Cerio o Llorente y los integrantes de la actual plantilla Agirretxe o Ifrán no tuvieron la suerte de inaugurar su cuenta goleadora el día de su debut. Seferovic sí, y eso es una de las mejores conclusiones que deja el partido que abrió la presente temporada.

La puesta de largo de Jagoba.
Jagoba Arrasate es el otro gran nombre del día. Lo de "a entrenador nuevo, victoria segura" suele aplicarse más a técnicos que llegan al equipo con la temporada ya en marcha y para sustituir a un predecesor cesado, pero no podemos olvidar que Arrasate ha entrado en el banquillo de la Real de la mejor forma posible, ganando. Y no sólo eso. Su primer partido, aún siendo pronto para establecer conclusiones o comparaciones, le pone en el buen camino en muchos otros aspectos. No ha tocado lo que funcionaba del equipo que fue cuarto, dándole sus toques personales. Ha encontrado una forma de canalizar desde el centro del campo el brutal potencial del equipo a pesar de la marcha de Illarramendi. Evidencia que, aún con rotaciones (tanto forzadas como buscadas por la previa de Champions) el potencial del equipo no disminuye. Aplica sentido común en sus cambios durante el partido. Ha dado confianza, correspondida, a jugadores que vivieron un ostracismo (fuera obligado o incomprensible) con Montanier. Y desde el primer día ha demostrado que va a contar con el Sanse, con los minutos que dio a Gaztañaga. Casi nada.

Desde el debut en el banquillo realista de Alberto Ormaetxea, otros 22 técnicos han pasado ya por la experiencia del primer partido como entrenador txuri urdin. Y la máxima de "a entrenador nuevo, victoria segura" no se ha cumplido siempre ni mucho menos. Javier Irureta (0-1 en Mestalla), Roberto Olabe (1-0 en Anoeta al Español), Raynald Denoueix (4-2 al Athletic), Gonzalo Arconada (2-1 al Mallorca), José Ramón Eizmendi (1-3 en Córdoba), Juanma Lillo (2-1 al Hércules), Philippe Montanier (1-2 en Gijón) y ahora Jagoba Arrasate pudieron celebrar su estreno con la victoria. Ocho de ellos, la tercera parte de este grupo de 23 entrenadores que han pasado por el club desde 1978. Diez de esos 23 iniciaron la temporada en su primer encuentro, y en ese grupo el balance es de tres debuts afortunados, cuatro empates y tres derrotas. Sólo un entrenador debutante en la Real ha perdido en un estreno como local, Chris Coleman, con el 0-2 que sacó el Castellón de Anoeta en la 2007-2008. Ni el propio Ormaetxea, John Toshack, Marco Boronat o Javier Expósito debutaron con victoria. Así, Jagoba ya ha puesto la primera piedra de su proyecto.

sábado, junio 08, 2013

¿Qué hubieran dicho las redes sociales del nombramiento de Olabe?

Roberto Olabe, técnico en la temporada 2001-2002.
"Banquillo. Lo ha cambiado de cuajo el Consejo y tras su arriesgada a la vez que valiente decisión sólo queda apoyar a quienes han aceptado el compromiso de intentar mantener a la Real en la categoría de los grandes. Siempre estarán las comparaciones, pero será un debate estéril, porque nunca sabremos si con el anterior técnico el partido de ayer hubiera sido igual". Aunque casi podría pensarse que estas impresiones son actuales, Tito Irazusta escribía estas líneas en El Diario Vasco del día 18 de marzo de 2002, horas después del primer partido de Roberto Olabe en el banquillo de la Real. El Consejo presidido por José Luis Astiazarán decidió cesar a John Toshack tras caer el equipo txuri urdin en Anoeta por 0-2, un resultado que dio con los huesos realistas en la penúltima posición de la tabla. Y el reto de Olabe era ganar nada menos que cinco de los nueve partidos que quedaban para el final de la Liga para salvar a la Real. Los ganó, incluyendo un 3-0 al Real Madrid que después sería campeón de Europa. Y empató otros dos. Y la Real se salvó, cerrando la antesala del equipo que un año después logró el subcampeonato.

No pretendo con este recordatorio equiparar el caso de Olabe con el de Jagoba Arrasate, nuevo entrenador de la Real, aunque la comparación, como con cualquier otro técnico joven de la casa que en su día pasara al primer equipo (Ormaetxea llegó con 39 años, Salva Iriarte con 42, por citar casos en la memoria de todos) puede hacerse. De hecho, el salto de Olabe, con la misma edad que el nuevo entrenador de la Real, 35 años, fue aún más vertiginoso que el de Arrasate, porque el ex portero sólo tenía experiencia como técnico en el equipo juvenil, en el que estuvo tres años, y asumió la dirección del primer equipo incluso sin tener el pertinente carnet de entrenador, que aportó Jesús Mari Zamora como su segundo. Lo que sí digo, desde la más completa convicción, es que su inexperiencia en la élite no me convence como argumento para rechazar el nombramiento de Jagoba Arrasate, del mismo modo en el que la juventud no es algo que descalifique a un jugador u obligue a dosificarle. Hay futbolistas que con 17 años están más que preparados para jugar en la élite y otros que no. No veo por qué con un entrenador tiene que ser diferente.

Lo que sí me preguntó, cayendo en la comparación de la que hablaba, es qué hubieran dicho de la elección de Olabe las entonces inexistentes redes sociales, hoy motor de la opinión pública. Seguramente las críticas habrían surgido con el anuncio, alertando de la temeridad de dar el mando a un técnico tan joven y con tan poca experiencia, al igual que se habría visto el apoyo incondicional incluso de gente que desconociera la formación, la trayectoria o la capacidad del nuevo técnico. Es lo que está pasando con Jagoba Arrasate. Y la razón es obvia: no le conocemos. Pero como esto es fútbol, y por mucho que sea un baremo que está lejos de convencerme, todo dependerá de lo que pase con el dichoso balón. Si entra, la gente se olvidará mayoritariamente de las críticas. La Real de Olabe arrancó con dos victorias seguidas, 1-0 al Espanyol y 0-2 al Mallorca, con un gran fútbol. Seguro que ahí las críticas ya habrían sido menores en las redes sociales. Seguro que al perder 4-0 en Valencia o 3-0 ante el Betis regresaron. Y seguro que desaparecieron casi por completo con la goleada al Real Madrid y con el 1-3 en Valladolid que certificó la salvación.

Presentación de Jagoba Arrasate.
Esa situación describe a la perfección lo que ha sucedido con Philippe Montanier, calamitoso por ejemplo en su gestión de los partidos hasta el final aunque gracias a los buenos resultados consiguiera que cada crítica, por razonada que estuviera, pareciera casi una ofensa personal o un atentado al realismo. En lo que de él depende, Jagoba Arrasate ha arrancado bien su trayectoria como entrenador de la Real. Se le ve seguro en el discurso y en el ánimo. Casi nada de lo que ha dicho en su presentación ante los medios ha estado fuera de lugar, todo ha sido bien medido y no se ha metido en ningún jardín. Asume las dudas que pueda tener el aficionado y replica con confianza en sí mismo. Pero ahora queda que entre en el balón en la portería rival. No sé si la previa de Champions League es a estas alturas una ventaja o un inconveniente. Incluso aunque el sorteo de comienzos de agosto no sea benévolo, caer derrotados en una eliminatoria que sin duda será complicada será entendido desde algunos sectores como consecuencia de una elección temeraria para el banquillo. ¿Pero y si la Real pasa a la fase de grupos? Será interesante ver cómo sucede y cómo se explica.

Aún seguimos sin saber mucho sobre Jagoba Arrasate más allá de su historial y de su talante ante los medios. Evidentemente, las críticas son libres y entendibles. Quien crea que no se debe apostar por un técnico sin experiencia o quien crea que estar en Champions agrava esa situación debe decirlo. ¿Pero y si resulta que Arrasate es un buen entrenador? ¿Acaso no es un riesgo similar traer a alguien de fuera, por contrastado que sea , que, sin conocer a la plantilla, crea que hace falta traer un box to box? ¿O que pida  (y me acuerdo de Lotina) traer a cuatro jugadores de fuera que no le llegan a la altura de los tacos a cualquier chaval de Azpeitia? Tiempo al tiempo. Arrasate demostrará sobre el campo si la decisión ha sido acertada o equivocada, aunque el aval de los jugadores (ojo, más técnico que personal) es ya un buen punto de partida, más allá de la confianza que despierte la elección del Consejo y la Dirección Deportiva en cada aficionado. Arrasate tiene toda una pretemporada para demostrar qué Real nos quiere ofrecer y la previa de Champions como prueba de fuego. A mí, de momento, no me disgusta el paso dado por el club.