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miércoles, mayo 23, 2018

RESUMEN DE LA TEMPORADA 2017-2018 (3) Eusebio dilapida su propio éxito

Dicen que el fútbol es un deporte sin memoria, y puede que sea cierto. Eusebio Sacristán, desde luego, puede sentir que esa máxima se cumple por la forma en la que se puso fin a su etapa en la Real Sociedad, pero nadie podrá negar que fue él mismo quien dilapidó su propio éxito. Porque lo tuvo, y al margen del nivel de aceptación que tuviera su modelo futbolístico no se puede negar que iluminó a un equipo que estaba en una espiral bastante oscura. Cuando cogió el banquillo del que el club sacó a David Moyes, se encontró con un equipo con buena materia prima, no en vano seguía buena parte de la plantilla que había llegado a la Champions League un par de años antes, pero que estaba anímica y futbolísticamente hundido. En media temporada le devolvió la autoestima. En la siguiente, con tramos de muy buen fútbol, llevó a la Real a la parte alta de la tabla y a Europa. Pero ahí, en la siempre difícil temporada de tres competiciones, falló en casi todo.

Eusebio arrancó la temporada con un mensaje claro: el once tipo de la 2016-2017 era historia. Jugar Liga, Copa y Europa League obligaba a estirar la plantilla. Pero el técnico hizo de la política de rotaciones su primer problema. No solo no fue capaz de implicar a toda la plantilla, dejando un grupo de marginados bastante amplio y constantemente señalado, de lo que puedan dar fe por ejemplo Rubén Pardo o Aritz Elustondo, sino que además no fue capaz de replicar el nivel que dieron los puntales del equipo para llegar a la competición continental. En realidad, casi ningún jugador alcanzó lo que puede dar, y en eso, cuando es algo tan extendido en una plantilla, algo tiene que ver el entrenador. Esa falta de confianza en el grupo hizo que en sus últimos meses, ya sin la Copa, apostara de nuevo por un once tipo, pero eso acabó sobrecargando y agotando sobre todo a su centro del campo ideal, Illarra, Zurutuza y Xabi Prieto. Los tres tuvieron lesiones y problemas para llegar al minuto 90 con demasiada frecuencia.

Eso era, además, un mal endémico del equipo. A la Real de Eusebio le pesaba todo en los partidos. El técnico nunca fue capaz de frenar la sangría de goles que destrozó su esquema táctico primero y a sus dos porteros después. Falló en el cambio de sistema, cuando apostó por una defensa de cinco que naufragó en Villarreal, y no supo gestionar con qué hombres podía sustentar sus apuestas. El ejemplo claro es el momento en el que sentó a Rulli en aquel encuentro en el Estadio de la Cerámica y dejó a Toño a los pies de los caballos, con un sistema nuevo que apenas ensayó, ante un rival que olía la sangre y debajo de una portería que estaba siendo examinada con lupa después de los constantes errores de Rulli. No hay más que ver lo que dijeron, tras su cese, algunos jugadores de la plantilla como Juanmi o Elustondo, o la sangrante comparación de la exigencia física de sus entrenamientos que hicieron los cedidos Markel Bergara o Joseba Zaldua.

Pero lo que realmente cavó la tumba de Eusebio fue su falta de autocrítica. En su primera temporada fue capaz de amoldar su apuesta de toque a una mayor fortaleza defensiva, y eso de hecho fue lo que propició su mayor racha de victorias consecutivas, incluyendo una en San Mamés, pero en su campaña final siguió avanzando sin parecer darse cuenta de que lo hacía en dirección a un precipicio. Siempre hablaba de que la Real estaba en el camino correcto, de que perseverando se iban a lograr resultados. Y eso tenía su sustento en el gran poderío ofensivo que ha mostrado la Real, indudable por cantidad y por variedad de goleadores, pero no en un fútbol real. Cada balón a la espalda de la defensa era un drama. Con demasiada frecuencia asistíamos a partidos en los que un dominio abrumador de la pelota apenas se traducía en ocasiones de peligro. El primer tiro a puerta del rival era gol con frecuencia. Y los cambios rara vez servían para algo positivo. El ocasional espectáculo ofensivo no tenía el equilibrio necesario para que eso redundara con regularidad en éxitos en forma de triunfos y puntos.

Se puede decir que el resto de los entrenadores sabía cómo jugaba la Real mejor que el inquilino del banquillo de Anoeta. Cuando la fórmula funcionaba, era espléndida. Es lo que llegó al equipo txuri urdin a Europa, y lo que provocó picos de gran fútbol, como ante el Villarreal o en la primera parte ante el Barcelona. Pero Eusebio no supo aprender, no tuvo la capacidad de adaptarse, ni siquiera gestionó correctamente con la dirección deportiva la composición de una plantilla que para él tenía diferentes niveles, y perdió el rumbo que tan claro decía tener. Su apuesta fue una huida hacia adelante, un cerrar los ojos y confiar en los astros volvieran a alinearse por sí solos. Y con eso desplazó a algunos jugadores, quemó a otros y no fue capaz de mantenerse a flote. Tan dura fue su caída que Aperribay, un presidente tan poco incisivo con sus entrenadores, acabó cesándole después de desear que se mantuviera durante años en el equipo. Y, aunque le pese al técnico, fue un cese tan justo como necesario viendo la deriva en la que había caído la Real.

miércoles, enero 24, 2018

¿Cuánta paciencia tuvo la Real con los entrenadores que cesó?

Eusebio, técnico de la Real.
La Real, dicen, no va a cesar a Eusebio Sacristán por el momento salvo hecatombe. Lógicamente, no hay un punto invariable que se pueda aplicar en todos los casos, en el que se pueda considerar que un entrenador pasa de ratificable a cesable, porque hay muchos factores que sirven para evaluar la situación. No hay dos situaciones análogas, ni siquiera dentro del mismo club o con los mismos dirigentes, pero viendo que sobrevuelan rumores sobre la destitución y que es un tema ya recurrente en las conversaciones de los aficionados en las redes sociales, no está de más evaluar hasta dónde ha estirado su paciencia la dirección del club con los entrenadores de los ha prescindido en el pasado más reciente.

Desde que la Liga premia la victoria con tres puntos, la Real ha cesado a diez entrenadores jugando en Primera División. Eso excluye dos salidas más, ambas en la temporada 2007-2008 en Segunda, las de Chris Coleman, que dimitió tras la llegada a la presidencia de Iñaki Badiola, y la de José Ramón Eizmendi, que dejó su puesto a Juan Manuel Lillo. Así, los cesados en estas algo más de dos décadas han sido hasta ahora Salva Iriarte en la temporada 1995-1996, Bernd Krauss en la 1999-2000, Javier Clemente y Periko Alonso en la 2000-2001, John Toshack en la 2001-2002, José María Amorrortu y Gonzalo Arconada en la 2005-2006, José Mari Bakero en la 2006-2007, Jagoba Arrasate en la 2014-2015 y, finalmente, David Moyes en la 2015-2016.

Para evaluar si se está teniendo más paciencia con Eusebio que con otros técnicos, vamos a recurrir a tres porcentajes, el de puntos conseguidos, el de derrotas cosechadas y el de triunfos logrados. Y para que la comparación tenga razón de ser, vamos a contar con los datos de la Real de la presente campaña en su caída libre, es decir, prescindiendo de las tres primeras victorias que logró en las tres primeras jornadas. En ese nefasto tramo de la Liga, el equipo entrenado por Eusebio ha sumado 11 de los 51 puntos en juego, el 21,56 por ciento de los puntos en disputa, ha perdido nueve de los 17 partidos jugados, el 52,94 por ciento, y apenas ha ganado tres de esos 17, el 17,64 por ciento. Esos son los números que han puesto al actual entrenador txuri urdin en el disparadero. ¿Son mejores o peores que los que tenían los diez cesados desde que cayó Iriarte?

En general, peores que la media. Empecemos a comprobarlo por los puntos sumados. Ese 21,56 por ciento de los puntos en juego logrado por Eusebio en estos últimos 17 partidos solo superan los logros de dos de los diez técnicos mencionados antes de su despido, el 20 por ciento de Arrasate (seis de 30), y el paupérrimo 9,5 por ciento de Bakero (solo dos de 21). Con quien menos paciencia se tuvo en este sentido fue con Iriarte, que cuando fue cesado había conseguido para la Real el 35,7 por ciento de los puntos en disputa, 15 de 42. El 35 por ciento de los puntos posibles, que al final de la temporada serán los 40 ansiados por todos los que equipos que buscan la permanencia, lo rozaban la Real de Amorrortu (34,9, 22 puntos de 63 posibles) y la de Toshack (34,4, 30 de 87).

Vayamos a las derrotas, que al final es lo que provoca una sensación tan triste como la del pasado domingo. Ahí la Real de Eusebio está en el grupo medio, con cinco datos peores y otros tantos mejores. Hay tres entrenadores que sufrieron lo indecible en este sentido. El que más, Arconada, que vivió seis derrotas en los ocho partidos que jugó (75 por ciento), pero muy cerca andan Bakero (cinco de siete, 71,4 por ciento) y Periko Alonso (siete de diez, lógicamente el 70 por ciento). El 52,94 por ciento de derrotas de la racha actual de la Real de Eusebio mejora los datos también de los equipos de Moyes (54,54 por ciento) y Arrasate (60 por ciento). La Real que menos perdía antes del cese de su técnico era la de Krauss, que cayó en cuatro de los nueve partidos que llegó a dirigir, el 44,4 por ciento.

Y finalicemos con las victorias. Ahí comprobamos que la Real de Eusebio solo gana más que las de tres de los diez entrenadores despedidos. Su 17,64 por ciento de triunfos solo mejora la cifra de los equipos dirigidos por Clemente (una en seis partidos, el 16,6 por ciento), Arrasate (una en diez, un evidente 10 por ciento) y, por supuesto, la de Bakero, que no llegó siquiera a conocer la victoria en los siete partidos que le dio la directiva realista antes de despedirle en la dramática temporada que concluyó con el descenso txuri urdin. En el lado opuesto, tanto Iriarte como Amorrortu fueron cesados a pesar de que la Real, con ellos, ganó el 28,5 por ciento de los partidos, cuatro de catorce en el caso del primero y seis de 21 en el del segundo.

¿Conclusión? No la hay, en realidad, precisamente porque ninguna situación es idéntica a otra. Eso sí, es evidente que Eusebio no puede agarrarse a los números del pasado ni tampoco rasgarse las vestiduras si llega un fatal desenlace para su futuro en el banquillo realista. La caída libre de la Real no se justifica solo en los números mencionados, pero es evidente que son unos cuantos los entrenadores que han perdido el banquillo txuri urdin con datos mejores que los que presenta el equipo en esta desastrosa racha de 17 partidos que ha situado a los realistas en una posición que nadie podía imaginar hace cuatro meses. Pero es en la que está. La cuestión es saber hasta dónde se puede estirar la paciencia si los buenos resultados no empiezan a llegar cuanto antes.

jueves, octubre 19, 2017

Tercer hito goleador histórico de la Real de Eusebio

Los realistas celebran el 0-6 ante el Vardar.
Suele suceder que con el paso de los años se valoran más las cosas. Y da la sensación de que dentro de un tiempo daremos mucha más valía a lo que estamos viviendo ahora mismo. El 0-6 logrado por la Real Sociedad ante el Vardar se ha convertido en el tercer hito goleador que la Real de Eusebio Sacristán escribe con letras de oro en las páginas del libro de historia del club txuri urdin. El tercero. Como si fuera fácil lograr uno. Y no olvidemos que Eusebio llegó a la Real hace dos años. Curiosamente, los tres récords, uno de ellos igualado, le emparentan con la Real de Bernd Krauss, una de las que más grato recuerdo ha dejado en el tiempo.

Efectivamente, este 0-6, firmado con un repoker de Willian José (no veíamos uno en la Real desde que Vela hizo los cuatro goles de la remontada en Anoeta al Celta, 4-3, en noviembre de 2013) y sendos tantos de Oyarzabal y De la Bella, es la mayor goleada lograda por la Real en competiciones europeas. Cuando el delantero brasileño convirtió su cuarto gol, de hecho era ya la primera ocasión en que el equipo realista hacía cinco goles fuera de casa en el Viejo Continente. El anterior registro era el 2-4 logrado en la temporada 1998-1999 ante el Sparta de Praga, con Krauss como entrenador y goles de Kovacevic por partida doble, Aldeondo y De Pedro.

Este resultado bate pero no deja sin efecto los otros dos récords goleadores que tiene la Real de Eusebio. Esta misma temporada, en la  misma Europa League, se logró ante el Rosenborg la victoria más abultada lograda como local, un 4-0 logrado con dos goles de Llorente, otro de Zurutuza y uno más en propia puerta de Skjelvic. Esta goleada  del equipo de Eusebio superó por un tanto al equipo de Krauss, que en la mencionada UEFA 1998-1999 había logrado el hasta entonces triunfo europeo más abultado logrado en San Sebastián, el 3-0 ante el Dinamo de Moscú, con doblete de Kovacevic y un tanto más de De Paula. Atotxa nunca vio grandes goleadas europeas y el marcador más holgado fue de 2-0, al Inter en la UEFA de la temporada 1979-1980, al Celtic de Glasgow y al Sporting de Portugal en la Copa de Europa 1982-1983 y al Vitoria de Guimaraes en la UEFA 1992-1993.

Y el tercer récord con el que cuenta la Real de Eusebio es el de la mayor goleada como visitante en Primera División, el 0-5 logrado en febrero de 2016 ante el Espanyol, con dos tantos de Jonathas y uno respectivamente de Vela, Oyarzabal y Diego Reyes. En esta ocasión, Eusebio no consiguió superar a Krauss, solo igualar el 0-5 que el equipo dirigido por el alemán logró en la temporada 1997-1998 en Oviedo, con dos goles de De Paula, y uno de Idiakez, De Pedro y Kovacevic. Para ver un resultado superior a estos 0-5 o a este 0-6 hay que retroceder nada menos que a la temporada 1946-1947, cuando una Real en Segunda División superó por 0-7 al Barakaldo, un marcador firmado por Pérez, Vázquez, Campos en tres ocasiones, Castivia y Ontoria. No obstante, el récord goleador de la Real a domicilio fue el 0-8 que endosó, también el Segunda a la madrileña Agrupación Deportiva Ferroviaria en la temporada 1942-1943, con tres goles de Bidegain y Unamuno y dos más de Ontoria.

miércoles, mayo 24, 2017

RESUMEN DE LA TEMPORADA 2016-2017 (3) Eusebio, el camino correcto… con matices

Si hay algo que se puede decir de Eusebio Sacristán es que ha sabido dar con la tecla que hace funcionar a la Real Sociedad. Cuando el equipo txuri urdin ha alcanzado su pico, no es descabellado decir que ha alcanzado un nivel superior al de cualquier otro equipo de la Liga, incluso al de quienes han luchado por el título. Pero Eusebio sabe, o tendría que saber, que detrás del brillante hacer del equipo esta temporada hay puntos de mejora evidentes en su gestión. El fútbol es absolutamente impredecible, y nadie puede asegurar que con esos aciertos se podría haber optado a un puesto superior en la clasificación final, pero parece claro que eso habría puesto a la Real en una disposición mucho mejor para afrontar tramos de la temporada en los que se han apreciado las limitaciones del eso sí espléndido modelo escogido.

Hay dos decisiones que marcan de una manera bestial el trabajo de Eusebio en esta Real, dos decisiones que cuando se han ejecutado bien han dado unos réditos sensacionales, no hay que perder eso de vista en ningún momento porque la temporada de la Real bien merece un reconocimiento unánime en líneas generales, pero que también han provocado algunos problemas. Hablamos, en primer lugar, del estilo, ese juego de toque desde atrás que hace que la Real siempre haya querido el balón, dominar los partidos desde la posición, tocar la pelota desde su portero y llevarla siempre con pases precisos y con intención hasta la portería rival, y añadir a eso una presión muy alta e intensa. La Real, en ese sentido, ha sido un equipo que ha jugado a ser grande y lo ha conseguido durante muchos tramos de la temporada.

Pero cuando las fuerzas comenzaron a fallar y cuando las lesiones hicieron mella en el equipo, las carencias que tiene esa visión del fútbol se pusieron de manifiesto con claridad. En unos cuantos partidos, la Real se perdió en un juego de toque interminable en el que tirar a puerta se convertía en una quimera y, por tanto, en un claro obstáculo para sumar. Lógicamente, cuanto más conocimiento tenían los rivales de esta manera de jugar, más difícil se hacía lograr el resultado óptimo. Si la sorpresa se pierde, también se van algunas de sus posibilidades. A eso Eusebio nunca terminó de encontrar soluciones que fueran más allá del cambio de cromos. Nunca hubo un plan B, probablemente porque Eusebio no lo ha encontrado en la plantilla que ha manejado.

En este sentido, la gestión del partido no ha estado entre los puntos fuertes del técnico realista. A eso hay que añadir el segundo de los signos de identidad de Eusebio, ya insinuado en las líneas anteriores: la gestión de la plantilla. Eusebio ha apostado por un once tipo, claro y evidente. Saberse un once de carrerilla es algo positivo, porque habla de lo bien trabajada que está esa estructura. Pero el técnico txuri urdin no ha sido capaz de llevar ese espíritu a toda la plantilla, lo que ha hecho que la fuerza de su once ha decaído demasiado cuando no ha estado disponible en su totalidad. Eusebio declaró en la pretemporada que quería una plantilla corta y no la ha tenido, y eso desde luego parece haberle pasado factura de una manera evidente, porque cada vez que se le ha roto su once tipo, sobre todo en el centro del campo y la delantera, las fisuras han quedado a la luz.

En otras palabras, Eusebio no ha sabido manejar a sus peones todo lo bien que habría sido deseable. Con un once tipo tan claro, ha habido demasiados jugadores que se han sentido lejos de la titularidad y que, cuando la han disfrutado, no han aportado demasiado. Tampoco los jugadores que el técnico ha utilizado como recambios habituales durante los partidos han tenido la importancia deseable, aunque curiosamente eso se ha notado menos en el tramo final de la temporada. Los cambios, de hecho, se han sumado a los puntos a mejorar del técnico realista, casi siempre predecibles, a veces difíciles de entender y muy pocas veces de trascendencia manifiesta en los partidos. Todo lo bien que ha sabido dirigir a doce o trece jugadores no ha sido capaz de llevarlo hasta toda la plantilla.

Al Sanse, en cambio, sí ha sabido darle motivación, aunque no siempre acertara. Eusebio ha demostrado que le sobra fe en los potrillos. Si la temporada pasada se volcó con Oyarzabal, en esta ocasión ha depositado una confianza absoluta en Odriozola hasta el punto de permitir que haya sido una de las revelaciones de la Liga. Zubeldia también ha tenido sus opciones, y eso parecía más complicado viendo que el centro del campo titular era clave para entender el fútbol de Eusebio. El debe, quizá, ha estado en Bautista. El delantero del Sanse golpeó con fuerza la puerta del primer equipo con goles de todos los colores, en el filial y cada vez que Eusebio le dio minutos. Pero mereció más, fue necesario que tuviera más por la ausencia absoluta de Agirretxe y las lesiones de Willian José, y ahí Eusebio confió más en cambiar de posición a Oyarzabal, Vela y Juanmi antes que buscar a su 9 más puro, el que tenía en casa.

Sin abandonar tampoco la gestión de la plantilla, quizá haya sido una sorpresa la forma en la que afrontó la Copa, pero ahí merece el aplauso. En una época en la que todos los equipos rotan y, de alguna manera, menosprecian el torneo, Eusebio se ha tomado la competición del KO en serio. Muy en serio. Tanto como quizá no lo veíamos en la Real desde los tiempos de John Toshack. Ni suplentes, ni filiales, ni rotaciones. El mejor equipo posible siempre, desde el cruce con el Valladolid en la primera ronda hasta los cuartos de final contra el Barcelona. Ese es el camino para que la bochornosa historia reciente de la Real en este torneo se convierta en un mal sueño a olvidar. Los sorteos no fueron benévolos, pero el equipo txuri urdin dio la cara. Eusebio sabe que la Copa es la mejor manera de buscar un título y un camino factible para asegurar Europa sin las apreturas finales del calendario, y así siempre va a parecer más posible que haya éxitos futuros.

Con sus pros y sus contras, que siempre hay de los dos, lo que está claro es que Eusebio ha despertado a la Real del letargo en el que se sumió en la parte final de la etapa de Jagoba Arrasate y, sobre todo, con el fallido fichaje de David Moyes. Le ha devuelto el fútbol que llevó al conjunto realista a la Champions League con Philippe Montanier y ha habido tramos de la temporada en los que pareció que ese iba a ser el objetivo. Hemos soñado a lo grande con esta Real, y eso es consecuencia de una apuesta valiente, bonita y efectiva. Eusebio ha dado con la tecla. Si termina de afinar todos sus instrumentos, podemos estar a las puertas de una etapa gloriosa, brillante e incluso que se extienda en el tiempo, algo que en la Real nunca ha sido frecuente.

lunes, enero 30, 2017

La Real de Eusebio no entiende de remontadas

Iñigo, en el último partido sin remontada, el del Bernabéu.
Hay estadísticas que, por casuales que parezcan, ayudan a definir cómo es un equipo. Y se puede concluir que la Real de Eusebio no entiende de remontadas. Menos a favor que en contra, pero en general sí se puede afirmar con claridad que, en los partidos que juega el equipo txuri urdin desde que el vallisoletano es su entrenador, el que marca primero lo tiene prácticamente hecho para, al menos, no perder el partido y generalmente para ganarlo. Y eso tiene su importancia teniendo en cuenta el estilo de juego dominante de la Real, lo fácilmente que gana el equipo realista cuando deja a su rival sin anotar y que en los 47 encuentros de Liga disputados en esta etapa solo se ha producido un empate a cero, el que se vivió la pasada temporada en Anoeta ante el Villarreal.

Empecemos por el dato preocupante. La Real de Eusebio ha encajado el primer gol en 20 de esos encuentros y apenas ha sido capaz de darle la vuelta a un marcador. Fue la pasada temporada en Anoeta y ante el Eibar, en el tercer encuentro que dirigía Eusebio en la competición. El equipo armero se adelantó en el minuto 3 con un tanto de Borja, y un doblete de Agirretxe en los minutos 10 y 89 sirvió para certificar la única remontada hasta la fecha de la era Eusebio. En cinco partidos más la Real encajó primero, pero al menos sí fue capaz de empatar. Lo hizo la pasada temporada en Getafe y en Vallecas (en este encuentro empató en dos ocasiones tras recibir un gol) y en casa ante el Deportivo y el Málaga, y en la presente temporada ha repetido esa reacción ante el Espanyol también en Anoeta, aunque eso fue ya en la tercera jornada de Liga.

Los datos de remontadas completas en contra son, por desgracia, más numerosos. En 26 ocasiones comenzó marcando la Real y tres veces acabó el partido con una derrota txuri urdin. La pasada temporada se vivió esa situación con el Eibar en Ipurua (Zurutza adelantó a la Real en el minuto 6 y Sergi Enrich en la primera parte y Escalante en la segunda firmaron la victoria de los locales) y con el Getrafe en Anoeta (marcó primero Vela, pero Sarabia y Álvaro, este de penalti, remontaron para los madrileños), y en la presente ha sido el Athletic Bilbao el que volteó el derbi en San Mamés (Zurutuza abrió el marcador, Muniain, Aduriz y Williams golearon para el Athletic e Iñigo puso después el 3-2 final). Además, la Real acabó empatando otros dos partidos en los que había abierto el marcador, la pasada temporada en casa ante el Levante y en la presente, de nuevo en Anoeta, ante el Barcelona.

Dicho con otras palabras, la Real de Eusebio solo ha sido capaz de sumar ocho puntos después de empezar perdiendo, pero se le han escapado hasta trece en partidos que ya tenía encarrilados en el marcador. El dato es muy trascendente, sobre todo si tenemos en cuenta que este es un equipo que empata muy poco: siete de sus 47 partidos, un 14,9 por ciento. Y este dato es más contundente en la presente temporada, con dos empates en veinte partidos, un 10 por ciento. Además, en las 21 victorias de la Real tras adelantarse en el marcador, el rival se quedó a cero en quince, lo que quiere decir que marcar un solo gol le da al equipo txuri urdin muchísimas opciones de ganar un partido sin tener que hacer nada más. Esa seguridad que tiene la Real cuando se adelanta, contrasta con su fragilidad cuando se ponen las cosas complicadas, porque en diez de las catorce derrotas realistas tras marcar primero el rival ni siquiera hubo un gol que hiciera pensar en la remontada.

La Copa no mejora el escenario en absoluto. La pasada temporada, Las Palmas remontó el gol inicial de Bruma con dos tantos de Asdrúbal y Hernán, aunque en la vuelta fuera la Real la que igualó con un gol de Canales el que previamente había marcado Willian José, entonces jugador del equipo canario, reacción inútil porque no evitó la eliminación. Esta temporada, la Real marcó primero en cuatro ocasiones y solo ganó dos, calcando además los resultados. Marcó primero en Valladolid y ganó 1-3, abrió el marcador en Anoeta ante el Villarreal y firmó el mismo resultado. Pero en los partidos de vuelta de ambas eliminatorias fue el primer equipo en marcar y el partido acabó 1-1, aunque la reacción de sus rivales no impidió la clasificación realista. Contra el Barcelona encajó primero en los dos y ambos encuentros se saldaron con derrota, confirmando que la Real de Eusebio no entiende de remontadas.

miércoles, mayo 18, 2016

RESUMEN DE LA TEMPORADA 2015-2016 (3) Fracaso de Moyes, irregularidad de Eusebio

Resulta difícil entender la dinámica en la que se ha metido la Real en cuestión de entrenadores porque ninguno parece ser capaz de responder al reto de dirigir a este equipo. Desde el ascenso, todos, de una u otra manera, han tenido sus éxitos, por puntuales que fueran. Todos parecieron en un momento dado el adecuado para llevar a la Real a buen puerto. Pero ninguno ha convencido de tal manera que se le perciba como el conductor ideal para el futuro del club. Martín Lasarte, Philippe Montanier, Jagoba Arrasate, David Moyes y ahora Eusebio Sacristán. Todos han tenido sus momentos de gloria, sus partidos o tramos de las temporadas en los que han puesto sobre la mesa una capacidad técnica y unos logros deportivos notables. Pero la Real sigue sin dar el salto de calidad que se le presupone por plantilla. Quizá, de entre todos ellos, el fracaso de David Moyes sea el más notable, porque en sus manos tuvo el grupo de jugadores más caro de la historia del club y un calendario asequible, pero sin embargo naufragó hasta llegar a su despido en el mismo punto en el que el propio escocés cogió las riendas del equipo de manos de Arrasate un año antes.

Sorprende que Moyes fuera incapaz de enderezar el rumbo del equipo con una pretemporada de por medio, sobre todo porque la sensación que se dio es que el escocés era el entrenador en esta etapa en Primera que más poder tuvo a la hora de manejar el proyecto en toda su dimensión. Lasarte, Montanier y Arrasate no tuvieron tantas cotas de poder. Y quizá por ello siempre se notaron discrepancias con la dirección deportiva. Puede que ahí estuviera la clave de las carencias en la confección de la plantilla, que al final también pesó en el devenir del técnico, pero no se puede negar que mimbres tenía Moyes para, al menos, transmitir alguna idea de juego, cosa que no llegó a hacer en ningún momento. Porque el problema de la Real era justo eso, que no sabía a qué jugaba. Si Moyes lo sabía, desde luego nunca pareció que los futbolistas sí tuvieran ese conocimiento. No se puede obviar la responsabilidad de los propios jugadores, que transmitieron sensaciones muy parecidas con Arrasate, pero de Moyes, un técnico con una larga trayectoria en la Premier y con un paso incluso por un banquillo con tanto calibre como el del Manchester United no puede dejar tan poca influencia y tan poco valentía en un equipo que aspira a crecer y que, de hecho, hizo con él una importante inversión para lograr ese objetivo.

El caso es que Moyes no supo sacar fútbol de su plantilla y, de esa manera, los resultados tampoco llegaron. La Real tiró a la basura un comienzo de temporada asequible sin que el técnico escocés fuera capaz de encontrar soluciones. Incluso se mostraba particularmente satisfecho del rendimiento del equipo cuando sus resultados eran bastante pobres, cuando las victorias no llegaban (incluso dejó la Real sin haber conseguido un sólo triunfo en Anoeta) y su destitución parecía un hecho inevitable cuando se habían cumplido apenas los dos primeros meses del campeonato. Jokin Aperribay, que siempre se ha mostrado reacio a despedir entrenadores, no lo había hecho hasta un año antes con el propio Arrasate, se vio obligado a repetir el movimiento prácticamente en el mismo punto del campeonato. La Real de Moyes cerró su corta trayectoria sin patrón de juego, sin recuperar a sus mejores futbolistas de un mal momento, con una mala decisión de prioridades en las alineaciones (la suplencia de Agirretxe en los tres primeros partidos es el mejor ejemplo de esto) y sin una apuesta decidida por la cantera. Salvo la primera aparición de Oyarzabal, y la apuesta por Agirretxe una vez visto que superaba a Jonathas en todo, Moyes no dejó gran legado en las jornadas que dirigió al equipo.

Para relevar a Moyes, el Consejo eligió a Eusebio Sacristán. Y su mismo nombramiento fue un cambio de dirección también bastante complejo. De un técnico con experiencia en Champions se pasó a un debutante en Primera División. De un representante de la vieja escuela británica, a un defensor del fútbol de toque. De un sargento, a un técnico mucho más afable. Y de uno del que los futbolistas recelaban, a uno con el que parecieron conectar enseguida, y así lo manifestaron varios integrantes del vestuario en sus declaraciones públicas. Pero lo que importa es lo que se ve en el césped, y ahí el cambio sí pareció notarse, sobre todo al principio. La Real de Eusebio no empezó con malos resultados, como tampoco lo hizo la de Moyes, y el juego sufrió una transformación. El equipo txuri urdin pasó a dominar la posesión del balón. Tenía serias dificultades para crear ocasiones de gol, un problema heredado y que no se agravó por la sensacional racha goleadora de Agirretxe, pero buscaba generar fútbol, quería la pelota y que sus jugadores de más calidad fueran los protagonistas. Pero la sorpresa vino por donde pocos la esperaban, y es que la Real también empezó a defender mejor. Eso, y la buena puesta en escena del equipo en el Santiago Bernabéu, invitó a pensar que esta vez el club sí había acertado de pleno con su entrenador.

Pero ahí nació un nuevo problema. La Real comenzó a ser un equipo terriblemente irregular, motivado y desmotivado sin razón aparente en rachas largas. Con Eusebio se han encadenado hasta tres rachas de al menos cuatro partidos sin conocer la victoria, pero también una de cuatro triunfos consecutivos. Se ha visto a una Real capaz de triunfar en estadios tan complicados como el Sánchez Pizjuán, San Mamés o Mestalla, y haciéndolo además con partidos marcados por un carácter que la propia Real suele negarse a sí misma. Incluso se venció al campeón, al Barcelona, haciendo de Anoeta su estadio más temido con diferencia, pero también se ofrecieron partidos lamentables como la triste derrota en San Sebastián ante el Getafe, equipo que finalmente descendió, o la sonrojante goleada encajada en El Molinón ante el Sporting, conjunto que como el azulón se jugó la permanencia en la última jornada de Liga. La conclusión en este sentido es que Eusebio sabe convencer a sus jugadores en las grandes citas, pero por el momento no para afrontar un torneo que premie la regularidad. La irregularidad del equipo parece ser la misma que ha mostrado el entrenador.

En este sentido, Eusebio tuvo arranques de entrenador bastante inexplicables, como la forma en la que despreció la Copa del Rey, considerándola poco más o menos que su pretemporada particular para ver a los jugadores que no tenían hasta ese momento la confianza de estar en el once tipo de la Liga, o la forma en la que gestionó las semanas de tres partidos, con el pobre pico que supuso su incomprensible once del Vicente Calderón. Pero no le tembló la mano para probar jugadores en puestos extraños, con aciertos puntuales como el de Reyes en el centro del campo y fracasos lamentables como la ubicación de De la Bella como central ante el Atlético de Madrid. Y aunque en algunos casos tuvo demasiados reparos en apostar por la cantera, siendo difícil de entender por qué tardó tanto en dar minutos a Bautista teniendo a Agirretxe lesionado y a Jonathas en sequía absoluta de goles y fútbol, no tuvo problema en acabar dando galones tanto a Elustondo en defensa, incluso como central, y a Oyarzabal en el ataque, lo cual, en un equipo como la Real, merece la pena ser destacado.

David Moyes fue un fracaso. No es malo reconocerlo. Y Eusebio Sacristán es todavía una incógnita. Tampoco es un problema decirlo. El caso es que si el técnico txuri urdin sabe jugar sus cartas, puede ser un líder interesante para el futuro de la Real, pero tiene que acreditar una capacidad de aprender de sus propios errores que todavía no ha mostrado. La Real es un club que tiene que aspirar a mucho más de lo que ha hecho esta temporada. No se le exige Europa, pero sí luchar por ella. Es lo mínimo, y más viendo la notable inversión económica hecha para confeccionar la plantilla. La Real, incluso con el pobre bagaje de puntos que le dejó Moyes, estuvo en dos ocasiones en condiciones de meterse en la pelea, después de ganar 0-1 al Athletic y tras superar al Barcelona en Anoeta, y Eusebio no consiguió mentalizar al equipo de que esa era su lucha en ninguna de esas dos ocasiones. Eso, sumado al pobre fútbol de algunos partidos, despierta las dudas legítimas sobre el técnico. Pero se han visto cosas buenas que ayudan a pensar que, con una gestión adecuada de la renovación de la plantilla y una pretemporada acertada, se puede volver a colocar a la Real donde se merece.

martes, noviembre 10, 2015

La Real, un caramelo para entrenadores debutantes en Primera

Lillo, último entrenador de la Real con experiencia en Primera.
¿Qué tienen en común Eusebio Sacristán, David Moyes, Jagoba Arrasate, Philippe Montanier y Martín Lasarte? Todos ellos, obviamente, son los últimos entrenadores que ha tenido la Real Sociedad. Son todos los que ha contratado Jokin Aperribay. Y todos sin excepción debutaron en el banquillo txuri urdin, Eusebio lo hará la próxima jornada, sin haber dirigido nunca antes en sus carreras un encuentro de la Primera División española. Al margen del éxito o el fracaso con el que hayan podido salir del club, lo que está claro es que la única característica común en el perfil de todos estos entrenadores es el desconocimiento de la Primera División, y eso contrasta con la larga carrera previa en el fútbol español de los nombres que se llegaron a dar por seguros ante los últimos ceses de técnicos, el de Luis Aragonés si hubiera caído Montanier, el de Juande Ramos que parecía casi atado de haber sido destituido Moyes apenas una semana antes de cuando ha dejado el club, e incluso el de Pepe Mel como alternativa al británico cuando fue Arrasate el cesado.

Este fenómeno de dar el club a técnicos sin recorrido en la máxima categoría del fútbol español que ha convertido a la Real en un caramelo para debutantes, una apuesta que no deja de tener su riesgo, no es algo únicamente achacable a Aperribay, ya que de los últimos 14 técnicos, contando ya a Eusebio, sólo José María Amorrortu y Miguel Ángel Lotina se habían sentado en un banquillo de Primera, en 23 partidos el primero de ellos y en 221 el segundo, una experiencia, eso sí, que no impidió que fuera con Lotina con quien se produjo el descenso a Segunda de 2007. Entre ese listado de catorce técnicos se encuentran cuatro que vivieron la oportunidad de dirigir a la Real directamente desde sus categorías inferiores. Ese fue el caso de Roberto Olabe, quizá quien mejor ejemplifica este fenómeno por coger el equipo de manos de uno de los más importantes de la historia del club, John Toshack, Gonzalo Arconada, José Ramón Eizmendi y el propio Arrasate. Cuatro que serían cinco si contamos el efímero paso de Asier Santana como paso previo al fichaje de Moyes la pasada campaña.

En el lado opuesto al de las apuestas de cantera, los cinco técnicos extranjeros que han llegado a la Real en ese lapso de tiempo comentado, desde 2002 hasta ahora, Raynald Denoueix, Chris Coleman, Martín Lasarte, Phillipe Montanier y el ya citado Moyes, tampoco habían dirigido partidos no ya en Primera sino tampoco en España. Coleman es el único de ellos que no llegó a estar en una Real de Primera y sólo tuvo la opción de dirigir al equipo en Segunda. Para encontrar un técnico que sí tuviera experiencia en la máxima categoría de nuestro fútbol hay que retroceder hasta Juan Manuel Lillo, que estuvo en la Real en las temporadas 2007-2008 y 2008-2009, con un bagaje previo de 94 partidos en Primera repartidos en los banquillos de Salamanca, Oviedo, Tenerife y Zaragoza. Lillo fue el primer técnico de la era Aperribay, pero le llegó heredado de Iñaki Badiola, su predecesor en la Presidencia del club.