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miércoles, mayo 18, 2016

RESUMEN DE LA TEMPORADA 2015-2016 (3) Fracaso de Moyes, irregularidad de Eusebio

Resulta difícil entender la dinámica en la que se ha metido la Real en cuestión de entrenadores porque ninguno parece ser capaz de responder al reto de dirigir a este equipo. Desde el ascenso, todos, de una u otra manera, han tenido sus éxitos, por puntuales que fueran. Todos parecieron en un momento dado el adecuado para llevar a la Real a buen puerto. Pero ninguno ha convencido de tal manera que se le perciba como el conductor ideal para el futuro del club. Martín Lasarte, Philippe Montanier, Jagoba Arrasate, David Moyes y ahora Eusebio Sacristán. Todos han tenido sus momentos de gloria, sus partidos o tramos de las temporadas en los que han puesto sobre la mesa una capacidad técnica y unos logros deportivos notables. Pero la Real sigue sin dar el salto de calidad que se le presupone por plantilla. Quizá, de entre todos ellos, el fracaso de David Moyes sea el más notable, porque en sus manos tuvo el grupo de jugadores más caro de la historia del club y un calendario asequible, pero sin embargo naufragó hasta llegar a su despido en el mismo punto en el que el propio escocés cogió las riendas del equipo de manos de Arrasate un año antes.

Sorprende que Moyes fuera incapaz de enderezar el rumbo del equipo con una pretemporada de por medio, sobre todo porque la sensación que se dio es que el escocés era el entrenador en esta etapa en Primera que más poder tuvo a la hora de manejar el proyecto en toda su dimensión. Lasarte, Montanier y Arrasate no tuvieron tantas cotas de poder. Y quizá por ello siempre se notaron discrepancias con la dirección deportiva. Puede que ahí estuviera la clave de las carencias en la confección de la plantilla, que al final también pesó en el devenir del técnico, pero no se puede negar que mimbres tenía Moyes para, al menos, transmitir alguna idea de juego, cosa que no llegó a hacer en ningún momento. Porque el problema de la Real era justo eso, que no sabía a qué jugaba. Si Moyes lo sabía, desde luego nunca pareció que los futbolistas sí tuvieran ese conocimiento. No se puede obviar la responsabilidad de los propios jugadores, que transmitieron sensaciones muy parecidas con Arrasate, pero de Moyes, un técnico con una larga trayectoria en la Premier y con un paso incluso por un banquillo con tanto calibre como el del Manchester United no puede dejar tan poca influencia y tan poco valentía en un equipo que aspira a crecer y que, de hecho, hizo con él una importante inversión para lograr ese objetivo.

El caso es que Moyes no supo sacar fútbol de su plantilla y, de esa manera, los resultados tampoco llegaron. La Real tiró a la basura un comienzo de temporada asequible sin que el técnico escocés fuera capaz de encontrar soluciones. Incluso se mostraba particularmente satisfecho del rendimiento del equipo cuando sus resultados eran bastante pobres, cuando las victorias no llegaban (incluso dejó la Real sin haber conseguido un sólo triunfo en Anoeta) y su destitución parecía un hecho inevitable cuando se habían cumplido apenas los dos primeros meses del campeonato. Jokin Aperribay, que siempre se ha mostrado reacio a despedir entrenadores, no lo había hecho hasta un año antes con el propio Arrasate, se vio obligado a repetir el movimiento prácticamente en el mismo punto del campeonato. La Real de Moyes cerró su corta trayectoria sin patrón de juego, sin recuperar a sus mejores futbolistas de un mal momento, con una mala decisión de prioridades en las alineaciones (la suplencia de Agirretxe en los tres primeros partidos es el mejor ejemplo de esto) y sin una apuesta decidida por la cantera. Salvo la primera aparición de Oyarzabal, y la apuesta por Agirretxe una vez visto que superaba a Jonathas en todo, Moyes no dejó gran legado en las jornadas que dirigió al equipo.

Para relevar a Moyes, el Consejo eligió a Eusebio Sacristán. Y su mismo nombramiento fue un cambio de dirección también bastante complejo. De un técnico con experiencia en Champions se pasó a un debutante en Primera División. De un representante de la vieja escuela británica, a un defensor del fútbol de toque. De un sargento, a un técnico mucho más afable. Y de uno del que los futbolistas recelaban, a uno con el que parecieron conectar enseguida, y así lo manifestaron varios integrantes del vestuario en sus declaraciones públicas. Pero lo que importa es lo que se ve en el césped, y ahí el cambio sí pareció notarse, sobre todo al principio. La Real de Eusebio no empezó con malos resultados, como tampoco lo hizo la de Moyes, y el juego sufrió una transformación. El equipo txuri urdin pasó a dominar la posesión del balón. Tenía serias dificultades para crear ocasiones de gol, un problema heredado y que no se agravó por la sensacional racha goleadora de Agirretxe, pero buscaba generar fútbol, quería la pelota y que sus jugadores de más calidad fueran los protagonistas. Pero la sorpresa vino por donde pocos la esperaban, y es que la Real también empezó a defender mejor. Eso, y la buena puesta en escena del equipo en el Santiago Bernabéu, invitó a pensar que esta vez el club sí había acertado de pleno con su entrenador.

Pero ahí nació un nuevo problema. La Real comenzó a ser un equipo terriblemente irregular, motivado y desmotivado sin razón aparente en rachas largas. Con Eusebio se han encadenado hasta tres rachas de al menos cuatro partidos sin conocer la victoria, pero también una de cuatro triunfos consecutivos. Se ha visto a una Real capaz de triunfar en estadios tan complicados como el Sánchez Pizjuán, San Mamés o Mestalla, y haciéndolo además con partidos marcados por un carácter que la propia Real suele negarse a sí misma. Incluso se venció al campeón, al Barcelona, haciendo de Anoeta su estadio más temido con diferencia, pero también se ofrecieron partidos lamentables como la triste derrota en San Sebastián ante el Getafe, equipo que finalmente descendió, o la sonrojante goleada encajada en El Molinón ante el Sporting, conjunto que como el azulón se jugó la permanencia en la última jornada de Liga. La conclusión en este sentido es que Eusebio sabe convencer a sus jugadores en las grandes citas, pero por el momento no para afrontar un torneo que premie la regularidad. La irregularidad del equipo parece ser la misma que ha mostrado el entrenador.

En este sentido, Eusebio tuvo arranques de entrenador bastante inexplicables, como la forma en la que despreció la Copa del Rey, considerándola poco más o menos que su pretemporada particular para ver a los jugadores que no tenían hasta ese momento la confianza de estar en el once tipo de la Liga, o la forma en la que gestionó las semanas de tres partidos, con el pobre pico que supuso su incomprensible once del Vicente Calderón. Pero no le tembló la mano para probar jugadores en puestos extraños, con aciertos puntuales como el de Reyes en el centro del campo y fracasos lamentables como la ubicación de De la Bella como central ante el Atlético de Madrid. Y aunque en algunos casos tuvo demasiados reparos en apostar por la cantera, siendo difícil de entender por qué tardó tanto en dar minutos a Bautista teniendo a Agirretxe lesionado y a Jonathas en sequía absoluta de goles y fútbol, no tuvo problema en acabar dando galones tanto a Elustondo en defensa, incluso como central, y a Oyarzabal en el ataque, lo cual, en un equipo como la Real, merece la pena ser destacado.

David Moyes fue un fracaso. No es malo reconocerlo. Y Eusebio Sacristán es todavía una incógnita. Tampoco es un problema decirlo. El caso es que si el técnico txuri urdin sabe jugar sus cartas, puede ser un líder interesante para el futuro de la Real, pero tiene que acreditar una capacidad de aprender de sus propios errores que todavía no ha mostrado. La Real es un club que tiene que aspirar a mucho más de lo que ha hecho esta temporada. No se le exige Europa, pero sí luchar por ella. Es lo mínimo, y más viendo la notable inversión económica hecha para confeccionar la plantilla. La Real, incluso con el pobre bagaje de puntos que le dejó Moyes, estuvo en dos ocasiones en condiciones de meterse en la pelea, después de ganar 0-1 al Athletic y tras superar al Barcelona en Anoeta, y Eusebio no consiguió mentalizar al equipo de que esa era su lucha en ninguna de esas dos ocasiones. Eso, sumado al pobre fútbol de algunos partidos, despierta las dudas legítimas sobre el técnico. Pero se han visto cosas buenas que ayudan a pensar que, con una gestión adecuada de la renovación de la plantilla y una pretemporada acertada, se puede volver a colocar a la Real donde se merece.

martes, noviembre 10, 2015

La Real, un caramelo para entrenadores debutantes en Primera

Lillo, último entrenador de la Real con experiencia en Primera.
¿Qué tienen en común Eusebio Sacristán, David Moyes, Jagoba Arrasate, Philippe Montanier y Martín Lasarte? Todos ellos, obviamente, son los últimos entrenadores que ha tenido la Real Sociedad. Son todos los que ha contratado Jokin Aperribay. Y todos sin excepción debutaron en el banquillo txuri urdin, Eusebio lo hará la próxima jornada, sin haber dirigido nunca antes en sus carreras un encuentro de la Primera División española. Al margen del éxito o el fracaso con el que hayan podido salir del club, lo que está claro es que la única característica común en el perfil de todos estos entrenadores es el desconocimiento de la Primera División, y eso contrasta con la larga carrera previa en el fútbol español de los nombres que se llegaron a dar por seguros ante los últimos ceses de técnicos, el de Luis Aragonés si hubiera caído Montanier, el de Juande Ramos que parecía casi atado de haber sido destituido Moyes apenas una semana antes de cuando ha dejado el club, e incluso el de Pepe Mel como alternativa al británico cuando fue Arrasate el cesado.

Este fenómeno de dar el club a técnicos sin recorrido en la máxima categoría del fútbol español que ha convertido a la Real en un caramelo para debutantes, una apuesta que no deja de tener su riesgo, no es algo únicamente achacable a Aperribay, ya que de los últimos 14 técnicos, contando ya a Eusebio, sólo José María Amorrortu y Miguel Ángel Lotina se habían sentado en un banquillo de Primera, en 23 partidos el primero de ellos y en 221 el segundo, una experiencia, eso sí, que no impidió que fuera con Lotina con quien se produjo el descenso a Segunda de 2007. Entre ese listado de catorce técnicos se encuentran cuatro que vivieron la oportunidad de dirigir a la Real directamente desde sus categorías inferiores. Ese fue el caso de Roberto Olabe, quizá quien mejor ejemplifica este fenómeno por coger el equipo de manos de uno de los más importantes de la historia del club, John Toshack, Gonzalo Arconada, José Ramón Eizmendi y el propio Arrasate. Cuatro que serían cinco si contamos el efímero paso de Asier Santana como paso previo al fichaje de Moyes la pasada campaña.

En el lado opuesto al de las apuestas de cantera, los cinco técnicos extranjeros que han llegado a la Real en ese lapso de tiempo comentado, desde 2002 hasta ahora, Raynald Denoueix, Chris Coleman, Martín Lasarte, Phillipe Montanier y el ya citado Moyes, tampoco habían dirigido partidos no ya en Primera sino tampoco en España. Coleman es el único de ellos que no llegó a estar en una Real de Primera y sólo tuvo la opción de dirigir al equipo en Segunda. Para encontrar un técnico que sí tuviera experiencia en la máxima categoría de nuestro fútbol hay que retroceder hasta Juan Manuel Lillo, que estuvo en la Real en las temporadas 2007-2008 y 2008-2009, con un bagaje previo de 94 partidos en Primera repartidos en los banquillos de Salamanca, Oviedo, Tenerife y Zaragoza. Lillo fue el primer técnico de la era Aperribay, pero le llegó heredado de Iñaki Badiola, su predecesor en la Presidencia del club.

miércoles, mayo 27, 2015

RESUMEN DE LA TEMPORADA 2014-2015 (3) Los entrenadores: Arrasate fracasó, Moyes construyó el futuro

El hecho de que la Real tuviera tres entrenadores diferentes a lo largo de la temporada, aunque el segundo de ellos fuera interino, hace que el diagnóstico sobre el rendimiento del equipo txuri urdin no pueda ser positivo. Jagoba Arrasate comenzó la temporada con la clara misión de clasificar de nuevo a la Real para competiciones europeas y corregir la línea descendente con la que había finalizado la campaña anterior. No lo consiguió y fue cesado con una temprana eliminación en la Europa League y dejando al equipo en puestos de descenso tras diez jornadas. Asier Santana, técnico del Sanse, cogió el mando para un único partido, ante el Atlético de Madrid y consiguió motivar al equipo para superar al entonces vigente campeón de Liga con todo merecimiento. Y David Moyes llegó con el objetivo de eludir el descenso sin demasiadas preocupaciones, cosa que hizo, aunque sin superar el estado depresivo que ha marcado la temporada en su conjunto.

La decisión de dar el mando del equipo a Arrasate ya fue controvertida por su nula experiencia como técnico. Aunque su primera temporada acabara con un gran poso de decepción por la caída libre de los últimos meses y por el decepcionante papel en la Champions League, lo cierto es que hubo luces, especialmente la lucha durante toda la Liga en la parte alta de la tabla o la clasificación para las semifinales de la Copa del Rey por primera vez desde 1988. Pero todas esas luces se apagaron con la pretemporada. Arrasate cometió tres errores fundamentales: el cambio de sistema en el que tanto insistió acabó siendo un enorme fracaso por diferentes razones, no encontró la forma de que el estado físico del equipo se adecuara al modo de jugar que buscaba y no pudo frenar los inmensos problemas defensivos que tenía el equipo a nivel general.

Arrasate entendió que el 4-2-3-1 clásico de la Real ya no le valía tras la marcha de Griezmann y decidió apostarlo todo a un 4-4-2 que poblara el centro del campo por dentro, sin opciones en los extremos. Chory Castro y Vela tendrían que acomodarse a jugar por el centro. Pero Arrasate no tuvo en cuenta un factor esencial para jugar como pretendía: la velocidad. El ritmo de juego de la Real, lento casi siempre y muy lejos de los fulminantes picos de la temporada 2012-2013, hacía impensable el funcionamiento de ese esquema. Con todo, el técnico consiguió que se viera una versión parecida a lo que pretendía en los dos encuentros de la Europa League jugados en Anoeta, ante Aberdeen y Krasnodar, y ya en la Liga contra el Almería y el Valencia. Que en esos dos partidos ligueros sólo se sumara un punto es la mejor muestra de que el experimento salió mal..

La baja velocidad parecía consecuencia de que el estado físico de los realistas no era el adecuado. No sólo por las muchas lesiones que sufrió el plantel, sino porque los futbolistas no tenían el ritmo de juego necesario y llegaban asfixiados al final de casi todos los encuentros. La preparación física, de la que Arrasate no es el responsable directo pero sí la persona que podría haber tomado medidas para modificarla, fue otro enorme error. Incluso la planificación de la plantilla no fue la adecuada, porque se apostó por un tipo de jugador con más talento que velocidad. Y eso, además, también pasó factura en defensa. Arrasate bien decidió o bien comulgó con la decisión de reconvertir a Elustondo en central, algo que parecía obvio para casi todos que no iba a resolver los problemas defensivos, como así fue. Hasta la estrategia jugó en su contra y la defensa en zona de los balones parados naufragó por todas partes.

Arrasate, en todo caso, puede lamentar que los jugadores no estuvieron a la altura y no dieron la cara por él donde debían darla, en el césped. En la sala de prensa todo eran buenas palabras y el respaldo a su técnico fue rocoso, pero a la hora de la verdad le fallaron, por muy mal que Arrasate hiciera las cosas en algunas cuestiones. La evidencia se tuvo con ese partido único de Santana. La forma en que lo encararon los realistas no tuvo nada que ver con cómo habían jugado en las fechas precedentes y el resultado premió esa entrega. Santana confirmó las dotes de motivador que demostraba en la banda de los partidos del filial, y eso le valió quedarse como segundo de Moyes en cuanto éste aterrizó en San Sebastián. El escocés llegó con prudencia e inteligencia, sin querer armar revoluciones desde el primer momento y confiando en el club, en Santana y en quien conocía el equipo más que él. Por esos, sus primeras alineaciones fueron continuistas.

Pero ya desde el principio Moyes tuvo un objetivo claro: había que cerrar la portería realista a cal y canto para conseguir victorias. El técnico escocés asumió que el número de ocasiones de gol que iba a generar la Real sería siempre escaso y que los partidos serían cerrados y de pocos goles, por lo que lo fundamental era encajar poco. Además de dar la titularidad a Rulli tras unos cuantos partidos en los que mantuvo la confianza en Zubikarai, dio protagonismo a Ansotegi ante el error de la reubicación de Elustondo y la baja forma de Mikel González. Y por eso, también para construir el equipo de otra manera, apostó por un doble pivote creativo, el formado por Pardo y Granero, recuperando las bandas con Chory Castro y Xabi Prieto casi como inamovibles, sobre todo el capitán y la presencia o ausencia de Vela determinaba el esquema de juego.

Moyes supo hacer de la Real el equipo rocoso que pretendía, pero no le dio la regularidad necesaria, no consiguió que diera el salto de calidad necesario fuera de Anoeta para ganar partidos con frecuencia y no terminó de encontrar soluciones para que el juego colectivo mejorara. En realidad, pocos fueron los partidos en los que de verdad se vio una actuación digna de destacar en su conjunto. Las ocasiones de gol brillaban por su ausencia en la mayoría de los encuentros, y el balón parado, a pesar de que Vela rompió la sequía de cinco años sin goles de falta directa, fue una tortura continua. El equipo, al menos, adquirió una firmeza de la que careció por completo en la etapa de Arrasate, e incluso supo darle un plus de competitividad que hizo que sus mejores momentos coincidieran con la lesión de su estrella, Vela, o que la actuación en el Camp Nou, aún con la derrota habitual, fuera la más digna en años.

Puestos a encontrar lo más brillante del trabajo de Moyes en la Real, hay que destacar su faceta de manager y su impresionante profesionalidad. El escocés ha dedicado sus primeros meses en San Sebastián a construir el futuro. Puede que en su función primordial, la de técnico, haya dejado alguna duda. Pero oírle hablar de la función del Sanse y de la filosofía de la Real, verle en campos de España y de Europa buscando jugadores, hablando sin tapujos de cuestiones como la mezcla entre cantera y fichajes o incluso de los horarios de la Liga. También de la deficiente labor de los árbitros, algo que siempre ha parecido tabú en la Real y a lo que Moyes dio incluso matices pedagógicos cuando explicó que en España se sacan demasiadas tarjetas amarillas o se señalan demasiadas faltas en comparación a otras ligas. Moyes ha sido valiente. Por supuesto, no ha acertado en todo, pero hay mucha expectación por ver hasta dónde puede llevar a una Real a la que entrene desde la pretemporada.

miércoles, abril 29, 2015

Pardo cumple 100 partidos en Primera siendo imprescindible para Moyes

Pardo cumplió en San Mamés 100 partidos en Primera.
Rubén Pardo sigue sumando y San Mamés fue el escenario de su partido número 100 en Primera División. A sus 22 años, cumplirá 23 en octubre, esa cifra que llega hasta los 121 partidos en todas las competiciones es importante. Lo es aunque sea difícil quitarse de la cabeza la idea de que tendrían que ser mucho más partidos los que figuraran en las estadísticas del riojano. Y es que hasta la llegada de David Moyes, ningún técnico ha parecido confiar del todo en él para darle el mando de la Real que siempre ha estado dispuesto a asumir y a pesar de las espléndidas actuaciones que protagonizó en sus primeras apariciones con el primer equipo, con el que debutó una semana después de haber cumplido 19 años, en octubre de 2010. El escocés ha sido quien le ha dado por fin galones, superando así debates sobre su posición en el campo, su capacidad para jugar de mediocentro defensivo o incluso sobre la posibilidad de que no llegara a explotar con la categoría que muchos le adjudicamos en cuanto irrumpió en la élite. Pardo es hoy un imprescindible para Moyes.

Gracias al escocés, esta ya es la temporada en la que más minutos ha jugado, récord que superó hace unos días, en el encuentro en Anoeta ante el Villarreal. Entre todas las competiciones, el riojano suma 2.334 minutos en la campaña 2014-2015, superando los 2.229 que estuvo sobre el césped en la 2013-2014, con Jagoba Arrasate como único entrenador. Pero la situación actual es completamente diferente a la de hace sólo unos meses, porque Pardo tiene ahora un papel mucho más trascendente en el equipo. En su primera temporada en el banquillo, Arrasate le dio 35 partidos en Liga, pero sólo en 21 fue titular. Moyes ya le ha utilizado en otros 21, sólo se quedó sin jugar un sólo minuto en el derbi contra el Athletic de la primera vuelta y en Elche. En ambos partidos estuvo en el banquillo, aunque a tierras alicantinas viajó con molestias. Pero de esos 21 encuentros, en 15 actuó como titular. Traducido en minutos, Pardo ha jugado con Moyes en Liga 1.816 minutos de los 2.070 posibles, es decir, el 87 por ciento del tiempo total. Con Arrasate fueron 1.896 minutos de un total de 3.420, sólo el 55,4 por ciento.

Fue toda una sorpresa que Arrasate relegara a Pardo a un papel tan secundario en su segunda temporada al frente del primer equipo, sólo jugó cuatro de los diez partidos de Liga que el ex técnico realista llegó a dirigir antes de su cese. Sorprendió sobre todo porque los números del futbolista con él habían mejorado muchísimo con respecto a los que tenía con Philippe Montanier. Basta decir que la suma de minutos que jugó Pardo en las dos temporadas del francés en el banquillo realista es claramente inferior incluso a la de los minutos que ya le ha dado Moyes en esta Liga. Con Montanier, Pardo jugó 346 minutos en la temporada 2011-2012 (repartidos en quince partidos, sólo dos como titular) y 1.086 en la 2012-2013 (25 partidos, apenas diez en el once inicial). Contando la Copa de ambas temporadas, en la que Pardo sí jugó como titular precisamente por ser suplente en Liga, Montanier le dio un total de 1.910 minutos, una cifra que está ya a punto de rebasar con Moyes, con quien suma 1.816 entre Liga y Copa.

viernes, abril 10, 2015

Moyes supera en su primera vuelta las de Lasarte y Montanier, pero no la de Arrasate

Con la derrota en el Vicente Calderón, David Moyes ha cumplido una vuelta como entrenador de la Real. Aunque siempre hay que tener en cuenta las circunstancias añadidas a tener que debutar en mitad de la temporada y después de una situación traumática como el cese de su antecesor, Jagoba Arrasate, los fríos números indican que el escocés ha superado lo que hicieron Martín Lasarte y Philippe Montanier en los primeros 19 partidos de su debut en Primera en la Real, en la 2010-2011 en el caso del uruguayo (después de subir al equipo a Primera la campaña anterior) y en la 2011-2012 para el francés. Moyes, sin embargo, se ha quedado por detrás de los números que logró la Real de la mano de Arrasate en la 2013-2014. Pero no hay tanta distancia con respecto a los mejores datos y los condicionantes hablan mejor aún a favor del técnico escocés.

Repasando los números, el actual entrenador realista ha sumado 28 puntos en sus primeros 19 partidos. Casi todos los detalles circunstanciales de esta primera vuelta completa han jugado en su contra. Como todos sus antecesores, ha jugado un partido menos en Anoeta que fuera. En cambio, su arranque en la Real ha tenido muchos aspectos que no hay que olvidar a la hora de valorar las cifras: la de Moyes es la plantilla más corta que ha tenido el equipo desde 2010, algo que además se agrava teniendo en cuenta que ha sido el único entrenador que no ha disfrutado de ningún fichaje; la lesión de Vela (sin él, la Real no había ganado nunca); el lastre de no haber ganado fuera de casa hasta el encuentro disputado en Getafe, el octavo que dirigió a domicilio y a los que hay que sumar cinco más con Arrasate como técnico, lo que condiciona el estado anímico de sus jugadores; o que fue el entrenador que cogió el equipo en peor situación, luchando por no descender, y no con subidones anímicos como el ascenso o Europa.

En la clasificación de las últimas 19 jornadas, la Real sería séptima. Es decir, ocuparía la plaza que daría acceso a la Europa League si el Barcelona es campeón de Copa, la misma que acabó alcanzando el equipo la pasada campaña. Sólo los seis equipos que ahora mismo ocupan las posiciones europeas han sumado más que el equipo txuri urdin en este espacio de tiempo. Para calibrar justamente lo conseguido en estas jornadas desde el aterrizaje de Moyes, los realistas han sumado, por ejemplo, los mismos puntos que el Athletic, al que superaría por average, uno más que el Rayo o cuatro más que el Málaga, que se habría convertido en rival directo de haber conseguido el equipo una victoria en La Rosaleda hace pocos días. La la pasada temporada, la 2013-2014, la Real de Arrasate culminó la primera vuelta en la sexta posición, una por delante de la que ocuparía el equipo de Moyes, aunque logró 32 puntos, cuatro más. Nada que ver con la undécima posición de la Real de Lasarte en la 2010-2011, que logró 25 puntos, y sobre todo la decimoquinta del equipo de Montanier en la 2011-2012, con apenas 21 puntos.

Con Arrasate la Real logró sus mejores resultados en esa primera vuelta de su técnico tanto en casa (veinte puntos en nueve partidos) como a domicilio (doce, en diez), pero el equipo entrenado por Moyes no puede quejarse. En Anoeta ha sumado los mismos puntos que en la 2013-2014 con el mismo número de victorias y empates, seis y dos, con la única derrota cosechada ante el Rayo Vallecano desde que el escocés entrena al equipo. Estos números doblan los de Montanier en la 2011-2012, que se quedó en apenas diez puntos, con dos victorias, cuatro empates y tres derrotas en el estadio donostiarra. Y lejos de él, aunque la cifra de puntos de la Real de Moyes es la menor de estas cuatro temporadas comparadas, ocho (Arrasate sumó doce, Montanier once y Lasarte diez), el equipo ha igualado el menor número de derrotas, cuatro. Esas son las mismas que cosechó la Real en la primera vuelta de Arrasate, por las cinco y seis que sufrieron en el banquillo respectivamente Montanier y Lasarte.

Que la mejora defensiva es una de las claves de la Real de Moyes queda demostrado viendo que en sus 19 primeros partidos el equipo sólo ha encajado 24 goles, la menor cifra de estos cuatro casos. Lo que más se acerca, y la distancia es notable, son los 28 tantos que recibió con Arrasate, y en el lado opuesto están los 31 que encajó el equipo en los 19 primeros partidos de Lasarte. Y si el cuadro realista no mejora todavía más el resultado global de esta vuelta con Moyes es precisamente porque sus cifras goleadoras no son espectaculares, aunque sí notables. Con el escocés, los jugadores realistas han anotado 22 goles en estos 19 encuentros. Es decir, igualdad absoluta con respecto a los encajados, igualando el saldo goleador negativo que tuvo el equipo en su primera vuelta con Lasarte (-2) y marcando mucha distancia con el equipo de Montanier (-10). Los 22 logrados con Moyes son cinco goles más de los que hizo la Real de la mano del francés, aunque están muy lejos de los 36 anotados la pasada temporada con Arrasate.

La estabilidad y la mejora defensiva que ha logrado Moyes también se puede ver en otros datos. Para empezar, ha igualado los seis partidos en los que estuvo sin recibir gol la Real de Arrasate. Pero al mismo tiempo ha hecho que los dientes de sierra de su trayectoria sean menos pronunciados. Su racha sin ganar sólo ha llegado a los tres partidos, en dos ocasiones y sumando dos puntos en cada una de ellas. Nada que ver con los seis y ocho jornadas consecutivas sin sumar de tres en tres que estuvieron respectivamente los equipos de Arrasate y Montanier en sus primeras vueltas completas. La Real de Lasarte también estuvo tres sin ganar, pero fueron tres derrotas. Además, ha sumado cuatro sin perder, algo que sólo mejoran las cinco victorias consecutivas con Arrasate. Y aunque el equipo con Moyes no es demasiado goleador, sí distribuye bien sus tantos. Así, sólo ha estado sin marcar en cuatro partidos, a uno de la mejor marca (tres, con Arrasate), y mejorando mucho los nueve encuentros a cero con Montanier.

miércoles, abril 08, 2015

Sin delantero centro, dos victorias en veinte partidos a domicilio desde el ascenso

El último triunfo sin nueve, 0-1 en el Calderón en la 2012-2013.
Desde que la Real volvió a Primera División en el verano de 2010, uno de los movimientos más habituales de sus entrenadores en los partidos más complicados y previsiblemente duros que afronta el equipo lejos de Anoeta es sentar al delantero centro. Jugar con eso que se ha llamado falso nueve, o colocar en punta a jugadores que no están llamados a ocupar esa demarcación. David Moyes lo hizo en el Vicente Calderón y ese movimiento táctico volvió a fallar. Lo extraño es que siga siendo una fórmula tan habitual, cuando es una que no ha dado resultados casi nunca en estos cinco años. No es que sacar un punta nato sea la panacea y dé mejores resultados, pero Philippe Montanier, Jagoba Arrasate y el propio Moyes han optado por esa solución en veinte partidos en las últimas cuatro temporada (Martín Lasarte no lo hizo nunca, siempre alineó a Llorente, Tamudo, Agirretxe o Ifrán) y la Real sólo ha conseguido ganar en dos ocasiones, ambas en la temporada 2012-2013.

Ya no es que la Real no consiga victorias de esta manera, es que apenas ha sumado puntos. De los 60 posibles a los que ha optado fuera de casa y sin delantero centro, apenas ha logrado once, con esas dos victorias y cinco empates. El apartado goleador, además, es paupérrimo. El equipo txuri urdin apenas ha convertido de esta manera quince goles, menos de uno por encuentro, y sin embargo ha encajado nada menos que 42. En casi la mitad de estos encuentros, en nueve, no consiguió perforar la meta rival. Y a pesar de las claras intenciones defensivas que acarrea jugar sin delantero, sólo logró dejar su portería a cero en dos ocasiones. El castigo a este planteamiento fue mucho más cruel en cuatro de estos veinte partidos, en los que la Real encajó el 1-0 antes del primer cuarto de hora. Le sucedió en el Rayo 4 - Real 0 de la 2011-2012, en el Barcelona 5 - Real 1 de la 2012-2013, y esta misma temporada en este encuentro en el Calderón y en el 4-1 del Bernabéu.

De los cuatro técnicos que han apostado por esa fórmula, Montanier fue el que más insistió con ella. En su primera temporada en la Real jugó así en seis de sus 19 partidos a domicilio. El francés optaba con mucha facilidad por colocar a Vela como punta. Sin embargo, los resultados con este esquema fueron muy pobres: cuatro derrotas (3-2 contra el Levante, 4-0 contra el Rayo, 2-0 contra el Athletic y 1-0 contra el Getafe) y dos empates. El único éxito que se puede apuntar es el empate en Cornellá-El Prat, puesto que fue el mexicano quien puso a la Real 0-2 en la primera mitad, aunque aquel partido al final se acabara empatando. En Málaga, el empate fue a uno. Parecía que las cosas no iban a cambiar en la siguiente temporada, puesto que Montanier sumó tres derrotas más de esta forma (5-1 ante el Barcelona, 2-1 ante el Levante y 2-0 ante el Betis), pero luego ganó dos encuentros sin nueve, 1-2 en Zaragoza y 0-1 curiosamente en el Calderón. Al técnico francés le costó confiar en Agirretxe, vivió la imposibilidad de Llorente para competir al máximo nivel después de que la hernia le tuviera fuera de combate media temporada e Ifrán nunca fue de su gusto.

Arrasate dispuso de dos nueves claros desde el principio, Agirretxe y Seferovic. Aún así, en su primera temporada jugó en cuatro ocasiones sin ninguno de los dos, también con unos resultados bastante nefastos. Un empate a cero ante el Levante, dos derrotas por 4-0 ante el Atlético y 1-0 ante el Sevilla y otra igualada más, a uno, en San Mamés, y con un gol anotado precisamente por Agirretxe saliendo desde el banquillo. En el tiempo que Arrasate aguantó en el banquillo realista en la presente temporada, con Finnbogason como reemplazo de Seferovic, repitió esta disposición en Vigo, donde la Real se puso 2-0 por debajo en el marcador y Agirretxe, de nuevo como suplente, lideró la remontada y marcó el primero de los goles. Moyes ha sumado ya otros cuatro encuentros sin nueve, con tres derrotas contundentes (4-0 en Villarreal, 4-1 en el Bernabéu y el 2-0 del Calderón) y un empate, a uno en Granada. En estas dos últimas temporadas, la excusa para jugar sin nueve pasa por el bajo nivel dado por los fichajes, tanto Seferovic como Finnbogason, que hasta ahora han sumado entre los dos sólo 13 partidos como titulares en la Liga.

lunes, noviembre 17, 2014

El Aperribay ambicioso está feliz

Aperribay y Moyes, sonrientes en la presentación.
Tengo siempre en la cabeza un detalle sobre Jokin Aperribay que en su momento pasó muy desapercibido. En plena celebración por la cuarta posición que se logró al final de la temporada 2012-2013, el presidente de la Real exigió a sus jugadores que pagaran la apuesta que le debían, a pesar de el equipo hubiera quedado en esa posición y no en la tercera que él había vaticinado. Éramos pocos, muy pocos, los que veíamos ese potencial en la plantilla que manejaba Philippe Montanier, ya incluso desde el primer año del técnico francés en el banquillo txuri urdin, y que Aperribay fuera uno de ellos me resultó muy llamativo. Más si tenemos en cuenta que ni Montanier ni los jugadores se habían permitido siquiera hablar de Europa como uno de los objetivos de la temporada mientras su presidente les andaba comparando con la generación realista campeona de los 80. ¡Como para pensar en la Champions!

El caso es que siempre he visto en esa confesión de Aperribay una de las razones no admitidas por las que Montanier no sigue siendo entrenador de la Real. Hay muchos aficionados que guardan un espléndido recuerdo del francés, pero pienso que Aperribay tiene clavada la misma espina que yo. Si no hubiera desperdiciado la primera temporada y si el equipo no hubiera dilapidado las diez primeras jornadas de la segunda, en las que sólo consiguió diez puntos (no olvidemos que Arrasate fue cesado con seis en ese mismo número de partidos), esa Real con una base casi idéntica a la del equipo que había logrado el ascenso a Primera más el ambicioso añadido de Vela podría haber logrado esa tercera plaza que fue para el Atlético de Madrid con diez puntos más que el equipo txuri urdin. Con esa frase, Aperribay se reveló como la persona más ambiciosa que hay en el entorno de la Real. No tengo ninguna duda al hacer esa afirmación, a pesar de que algunos de sus movimientos evidentes para todos no hayan contribuido a dar esa imagen.

Es absurdo pensar que Aperribay no ha cometido errores, y puede que el de Arrasate, por las razones que sea, sea el más claro de su mandato. Pero volviendo la mirada atrás sólo unos meses, este mismo verano no le tembló la mano al presidente realista para firmar los dos fichajes más caros de la historia del club, los de Vela y Finnbogason. Y ahora, sean o no ciertas las cifras que se han publicado (y que Aperribay ha negado), ha apostado con firmeza por traer al entrenador mejor pagado de los más de cien años de vida de la Real. El fichaje de David Moyes devuelve a Aperribay al terreno más ambicioso de su mandato en la parcela deportiva. Es más, le sitúa en las cotas más altas de ambición que le permite su cargo. El Aperribay ambicioso está feliz, y se le notó en la presentación del técnico escocés. Y Moyes, de momento, ha respaldado con todas sus afirmaciones esa ambición de Aperribay. Por encima de cualquier otro detalle, eso es lo que más ilusión despierta del nuevo entrenador. Justo lo que le ha faltado a la Real desde la eliminatoria de Lyon.

Desde aquella grandiosa eliminatoria, todo se ha ido torciendo poco a poco y a veces incluso sin razón. La Champions era para disfrutar, una experiencia muy bonita, y no importó que se sumara un único punto, que se anotara un triste gol que ni siquiera sirvió para sumar y que el último partido sobrara. La séptima posición en la Liga, pese a la debacle de los últimos meses de campeonato, era un objetivo cumplido, por mucho que eso obligara a disputar dos rondas previas que, curiosamente, acabaron siendo el principio del fin del ciclo de Jagoba Arrasate. Hasta Krasnodar parece que se asumió sin demasiada congoja pese a ser un ridículo de dimensiones históricas. Nadie parece haber acompañado a Aperribay en su ambición desde Lyon. La semifinal de Copa fue la mayor excepción a ese conformismo. La Real no la tiró, no se rindió pese al clarísimo perjuicio arbitral del partido de ida o a que jamás había remontada una eliminatoria así ante el Barcelona. El "tenemos escudo" de Jagoba, pese a todos los palos que ha recibido por su forma de actuar, y muchos de ellos merecidamente, fue uno de los pocos rasgos ambiciosos de la Real en ese periodo.

Moyes habla muy bien. Es convincente ya desde la mirada. Siempre sereno pero contundente. Parece tener muy claras las ideas y habló con una enorme sintonía con Aperribay en todo, desde la forma en que se fraguó su fichaje hasta las necesidades actuales del equipo. Sabe que todavía tiene que ver mucho más antes de tomar decisiones contundentes, pero por lo pronto, no me imagino al escocés sufriendo un arbitraje tan escandaloso como aquel de la semifinal de Copa en el Camp Nou y permaneciendo tan impasible como se muestra toda la Real en conjunto ante situaciones como esa. Moyes va a alzar la voz cuando sea necesario, dentro y fuera del vestuario, y da la sensación de que eso es justo lo que necesita esta plantilla que ayudó a Arrasate a caer con su conformismo. La proclama de Moyes sobre la importancia de ganar dentro de un modelo de crear fútbol que satisfaga al público es algo bastante novedoso. Montanier no hablaba así. Arrasate tampoco. Lasarte sí tenía esos ademanes, pero sabía de dónde venía, del infierno de Segunda donde la Real tenía otras exigencias. Ahora la Real está en disposición de dar ese salto ambicioso.

Aperribay nunca ha tenido un atisbo público de autocrítica (resulta evidente que internamente sí, dado que a un técnico del perfil de Arrasate le sucede otro del prestigio e historial de Moyes) y se retuerce incómodo en su butaca cuando hay alguna pregunta, pocas, que le saca de ese edén ambicioso en el que vive. No le gusta que le afeeen la designación de Arrasate, aunque fuera de un perfil más pequeño que este fichaje de Moyes y una aparente y nunca del todo bien explicada contradicción con ese carácter ambicioso. Pero ahora está claro que el giro es radical. Arrasate fracasó a la hora de hacer realidad la ambición de Aperribay, pero no fue el único. Illarramendi, Bravo y Griezmann no creyeron en ella y abandonaron el barco. Quienes se han quedado, llevan meses empequeñeciéndose salvo en las victorias ante Real y Atlético de Madrid. Y ahora Moyes es el primero que ha de responder a la ambición del presidente. De él depende que se haga realidad la apuesta que seguro que Aperribay ya ha lanzado a los suyos. Y la de llegar a la Champions la ganó.