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martes, noviembre 10, 2015

La Real, un caramelo para entrenadores debutantes en Primera

Lillo, último entrenador de la Real con experiencia en Primera.
¿Qué tienen en común Eusebio Sacristán, David Moyes, Jagoba Arrasate, Philippe Montanier y Martín Lasarte? Todos ellos, obviamente, son los últimos entrenadores que ha tenido la Real Sociedad. Son todos los que ha contratado Jokin Aperribay. Y todos sin excepción debutaron en el banquillo txuri urdin, Eusebio lo hará la próxima jornada, sin haber dirigido nunca antes en sus carreras un encuentro de la Primera División española. Al margen del éxito o el fracaso con el que hayan podido salir del club, lo que está claro es que la única característica común en el perfil de todos estos entrenadores es el desconocimiento de la Primera División, y eso contrasta con la larga carrera previa en el fútbol español de los nombres que se llegaron a dar por seguros ante los últimos ceses de técnicos, el de Luis Aragonés si hubiera caído Montanier, el de Juande Ramos que parecía casi atado de haber sido destituido Moyes apenas una semana antes de cuando ha dejado el club, e incluso el de Pepe Mel como alternativa al británico cuando fue Arrasate el cesado.

Este fenómeno de dar el club a técnicos sin recorrido en la máxima categoría del fútbol español que ha convertido a la Real en un caramelo para debutantes, una apuesta que no deja de tener su riesgo, no es algo únicamente achacable a Aperribay, ya que de los últimos 14 técnicos, contando ya a Eusebio, sólo José María Amorrortu y Miguel Ángel Lotina se habían sentado en un banquillo de Primera, en 23 partidos el primero de ellos y en 221 el segundo, una experiencia, eso sí, que no impidió que fuera con Lotina con quien se produjo el descenso a Segunda de 2007. Entre ese listado de catorce técnicos se encuentran cuatro que vivieron la oportunidad de dirigir a la Real directamente desde sus categorías inferiores. Ese fue el caso de Roberto Olabe, quizá quien mejor ejemplifica este fenómeno por coger el equipo de manos de uno de los más importantes de la historia del club, John Toshack, Gonzalo Arconada, José Ramón Eizmendi y el propio Arrasate. Cuatro que serían cinco si contamos el efímero paso de Asier Santana como paso previo al fichaje de Moyes la pasada campaña.

En el lado opuesto al de las apuestas de cantera, los cinco técnicos extranjeros que han llegado a la Real en ese lapso de tiempo comentado, desde 2002 hasta ahora, Raynald Denoueix, Chris Coleman, Martín Lasarte, Phillipe Montanier y el ya citado Moyes, tampoco habían dirigido partidos no ya en Primera sino tampoco en España. Coleman es el único de ellos que no llegó a estar en una Real de Primera y sólo tuvo la opción de dirigir al equipo en Segunda. Para encontrar un técnico que sí tuviera experiencia en la máxima categoría de nuestro fútbol hay que retroceder hasta Juan Manuel Lillo, que estuvo en la Real en las temporadas 2007-2008 y 2008-2009, con un bagaje previo de 94 partidos en Primera repartidos en los banquillos de Salamanca, Oviedo, Tenerife y Zaragoza. Lillo fue el primer técnico de la era Aperribay, pero le llegó heredado de Iñaki Badiola, su predecesor en la Presidencia del club.

viernes, abril 10, 2015

Moyes supera en su primera vuelta las de Lasarte y Montanier, pero no la de Arrasate

Con la derrota en el Vicente Calderón, David Moyes ha cumplido una vuelta como entrenador de la Real. Aunque siempre hay que tener en cuenta las circunstancias añadidas a tener que debutar en mitad de la temporada y después de una situación traumática como el cese de su antecesor, Jagoba Arrasate, los fríos números indican que el escocés ha superado lo que hicieron Martín Lasarte y Philippe Montanier en los primeros 19 partidos de su debut en Primera en la Real, en la 2010-2011 en el caso del uruguayo (después de subir al equipo a Primera la campaña anterior) y en la 2011-2012 para el francés. Moyes, sin embargo, se ha quedado por detrás de los números que logró la Real de la mano de Arrasate en la 2013-2014. Pero no hay tanta distancia con respecto a los mejores datos y los condicionantes hablan mejor aún a favor del técnico escocés.

Repasando los números, el actual entrenador realista ha sumado 28 puntos en sus primeros 19 partidos. Casi todos los detalles circunstanciales de esta primera vuelta completa han jugado en su contra. Como todos sus antecesores, ha jugado un partido menos en Anoeta que fuera. En cambio, su arranque en la Real ha tenido muchos aspectos que no hay que olvidar a la hora de valorar las cifras: la de Moyes es la plantilla más corta que ha tenido el equipo desde 2010, algo que además se agrava teniendo en cuenta que ha sido el único entrenador que no ha disfrutado de ningún fichaje; la lesión de Vela (sin él, la Real no había ganado nunca); el lastre de no haber ganado fuera de casa hasta el encuentro disputado en Getafe, el octavo que dirigió a domicilio y a los que hay que sumar cinco más con Arrasate como técnico, lo que condiciona el estado anímico de sus jugadores; o que fue el entrenador que cogió el equipo en peor situación, luchando por no descender, y no con subidones anímicos como el ascenso o Europa.

En la clasificación de las últimas 19 jornadas, la Real sería séptima. Es decir, ocuparía la plaza que daría acceso a la Europa League si el Barcelona es campeón de Copa, la misma que acabó alcanzando el equipo la pasada campaña. Sólo los seis equipos que ahora mismo ocupan las posiciones europeas han sumado más que el equipo txuri urdin en este espacio de tiempo. Para calibrar justamente lo conseguido en estas jornadas desde el aterrizaje de Moyes, los realistas han sumado, por ejemplo, los mismos puntos que el Athletic, al que superaría por average, uno más que el Rayo o cuatro más que el Málaga, que se habría convertido en rival directo de haber conseguido el equipo una victoria en La Rosaleda hace pocos días. La la pasada temporada, la 2013-2014, la Real de Arrasate culminó la primera vuelta en la sexta posición, una por delante de la que ocuparía el equipo de Moyes, aunque logró 32 puntos, cuatro más. Nada que ver con la undécima posición de la Real de Lasarte en la 2010-2011, que logró 25 puntos, y sobre todo la decimoquinta del equipo de Montanier en la 2011-2012, con apenas 21 puntos.

Con Arrasate la Real logró sus mejores resultados en esa primera vuelta de su técnico tanto en casa (veinte puntos en nueve partidos) como a domicilio (doce, en diez), pero el equipo entrenado por Moyes no puede quejarse. En Anoeta ha sumado los mismos puntos que en la 2013-2014 con el mismo número de victorias y empates, seis y dos, con la única derrota cosechada ante el Rayo Vallecano desde que el escocés entrena al equipo. Estos números doblan los de Montanier en la 2011-2012, que se quedó en apenas diez puntos, con dos victorias, cuatro empates y tres derrotas en el estadio donostiarra. Y lejos de él, aunque la cifra de puntos de la Real de Moyes es la menor de estas cuatro temporadas comparadas, ocho (Arrasate sumó doce, Montanier once y Lasarte diez), el equipo ha igualado el menor número de derrotas, cuatro. Esas son las mismas que cosechó la Real en la primera vuelta de Arrasate, por las cinco y seis que sufrieron en el banquillo respectivamente Montanier y Lasarte.

Que la mejora defensiva es una de las claves de la Real de Moyes queda demostrado viendo que en sus 19 primeros partidos el equipo sólo ha encajado 24 goles, la menor cifra de estos cuatro casos. Lo que más se acerca, y la distancia es notable, son los 28 tantos que recibió con Arrasate, y en el lado opuesto están los 31 que encajó el equipo en los 19 primeros partidos de Lasarte. Y si el cuadro realista no mejora todavía más el resultado global de esta vuelta con Moyes es precisamente porque sus cifras goleadoras no son espectaculares, aunque sí notables. Con el escocés, los jugadores realistas han anotado 22 goles en estos 19 encuentros. Es decir, igualdad absoluta con respecto a los encajados, igualando el saldo goleador negativo que tuvo el equipo en su primera vuelta con Lasarte (-2) y marcando mucha distancia con el equipo de Montanier (-10). Los 22 logrados con Moyes son cinco goles más de los que hizo la Real de la mano del francés, aunque están muy lejos de los 36 anotados la pasada temporada con Arrasate.

La estabilidad y la mejora defensiva que ha logrado Moyes también se puede ver en otros datos. Para empezar, ha igualado los seis partidos en los que estuvo sin recibir gol la Real de Arrasate. Pero al mismo tiempo ha hecho que los dientes de sierra de su trayectoria sean menos pronunciados. Su racha sin ganar sólo ha llegado a los tres partidos, en dos ocasiones y sumando dos puntos en cada una de ellas. Nada que ver con los seis y ocho jornadas consecutivas sin sumar de tres en tres que estuvieron respectivamente los equipos de Arrasate y Montanier en sus primeras vueltas completas. La Real de Lasarte también estuvo tres sin ganar, pero fueron tres derrotas. Además, ha sumado cuatro sin perder, algo que sólo mejoran las cinco victorias consecutivas con Arrasate. Y aunque el equipo con Moyes no es demasiado goleador, sí distribuye bien sus tantos. Así, sólo ha estado sin marcar en cuatro partidos, a uno de la mejor marca (tres, con Arrasate), y mejorando mucho los nueve encuentros a cero con Montanier.

lunes, mayo 30, 2011

Son las formas (y el fondo)

Dijo Darko Kovacevic cuando salió de la Real que el club le había tratado como a una bolsa de basura. Y me duele reconocer que creo que eso podrían decirlo también algunos de los que salen ahora del club, después de la primera temporada en Primera tras el ascenso. Mucho se está hablando estos días de si el cese de Martín Lasarte es un acierto o un error, de si Rivas y Tamudo han dejado la Real por uno u otro motivo. Salen ellos y después les replica el director deportivo. Y hemos vuelto, siquiera por unos instantes y por temas muy puntuales, al frentismo que teníamos antes de que el descontento estallara en la cristalización de aquella grandilocuente candidatura a la Presidencia de la Real de Iñaki Badiola. Aquella época en que los nuestros eran muy buenos y a los que no lo eran, por el contrario, les asignábamos el papel de malos. Aquello convirtió a la Real en un equipo más, con la diferencia de que la Real no sabe ser un equipo más. Por eso sufrió lo que sufrió. El "no se desunan" de Lasarte tiene ahora más sentido que nunca.

Quienes se han puesto incondicionalmente del lado del Consejo presidido por Jokin Aperribay y del de su director deportivo, Loren Juarros, se equivocan en algo muy evidente. El problema de base no es el cese de Lasarte o que no se renueve a Rivas y Tamudo. Eso es una decisión deportiva y directiva que es tan lícita y debatible como la de su continuidad. Lo que enturbia esa decisión es la forma en que se lleva a cabo y en la que luego se explica. Se ha dicho, Loren también en la rueda de prensa de hoy, que el ciclo de Lasarte estaba agotado. ¿Cambian los ciclos de la Real en función de lo que se ve en dos meses? Porque ese es el tiempo que transcurrió entre el momento de su renovación y el de las primeras dudas manifestadas en el seno del club. Si dos meses lo cambian todo, nos estamos equivocando y estamos entrando de nuevo en una dinámica peligrosa. ¿Por qué no se fue claro con Diego Rivas desde el principio? Chaval, no vas a renovar. Si te dejas la piel hasta el último día, jugarás. Si no, por el bien del equipo, vas a chupar banquillo. Punto. No es ni el primer ni el último jugador que se marcha después de terminar su contrato. Pero se habló de potergar este asunto al final de la temporada, porque no tocaba, cuando ahora se confiesa que la decisión sobre Lasarte viene de lejos. Incongruente.

Es terrible que en este momento tengamos que entrar en guerras de declaraciones con jugadores que lo han dado todo por la camiseta txuri urdin. Tamudo dijo que Loren le comunicó días antes del vital partido del Zaragoza que no iba a seguir. Loren le ha llamado mentiroso claramente. Lasarte dejó caer que hubo presiones para que Rivas no jugara, y el propio Rivas explicó que un jugador fue a preguntarle, por delegación, si ya tenía firmado con el Getafe antes de jugarnos la salvación en la última jornada contra el equipo madrileño. Loren les ha dejado también a ambos por mentirosos. Tiendo a creer al ya ex entrenador y a los dos jugadores que no vestirán de blanquiazul el año que viene, porque los tres me han demostrado una honestidad profesional y un cariño hacia los colores que llevo en mi corazón que para sí quisieran algunos jugadores que han mamado lo que es la Real Sociedad desde niños. Sirva de nuevo esta pequeña nota para agredecerles a los tres que lo hayan dado todo, sobre todo desde que intuyen (o saben, lo mismo da) que no iban a estar en la Real en la temporada 2011-2012. Porque desde ahí el compromiso era con ellos mismos pero también con nosotros, con los aficionados.

Las formas fallan y la prensa desmiente. Loren ha negado que estuviera preparado el relevo de Lasarte en caso de no haber ganado al Sporting. Muchos medios apuntan que Meho Kodro, técnico del Sanse, estaba ya avisado para el salto al primer equipo en ese momento. Si es verdad, no entiendo el porqué de lo que ha dicho Loren. Si es verdad lo del director deportivo, no entiendo que todo el mundo considere esto un secreto a voces, prácticamente un hecho empírico y comprobable. Es decir, que entramos en la misma dinámica en la que vive el resto de la Primera División. Y no, no podemos ser como el resto. No lo somos. Si lo acabamos siendo, volveremos al pozo de la Segunda División. Pensé que esa lección, la que aprendimos hace cuatro años, había calado más. Cesar a un entrenador entra dentro de la lógica si no se cumplen los objetivos. Pero los objetivos están cumplidos y da la sensación de que no se sabe (o no se quiere) explicar qué motiva el cese. Pero antes de entrar en el fondo, seguimos con las formas.

No se puede prometer la renovación del equipo de Lasarte y ahora, aprovechando la coyuntura, dejarles tirados (al menos a otro profesional como la copa de un pino que es Pablo Balbi; ¿no se han acabado las lesiones musculares en el primer equipo? Pues a ver de quién es mérito). No se puede salir a una rueda de prensa y poner en duda el trabajo de un entrenador como Lasarte como lo ha hecho hoy Loren. No se puede escamotear a los aficionados la posibilidad de despedir a sus técnicos y entrenadores en el césped (menosl mal que Rivas y Tamudo nos lo permitieron, pero ¿y Lasarte...? ¿Cómo le agradezco yo ahora su trabajo en la Real?). Y no puede ser que el presidente de la Real se escude en escuetos, fríos e insuficientes comunicados oficiales para destituir a un entrenador que cuenta con el cariño de la afición. Yo no quería ver a Aperribay en la rueda de prensa de Lasarte, porque ha sido un cese. Pero tenía que dar la cara. No lo ha hecho todavía porque, en principio, parece que lo quiere hacer con un entrenador ya atado. No me parece un movimiento honesto para con la afición realista. Si se toma una decisión, se apechuga con ella. Se defiende en público. Y se apuesta por el futuro. Pero el silencio no ayuda.

¿El fondo de la decisión? No lo entiendo. Hemos dejado escapar gratis a uno de los mejores robadores de balones de la Liga (ya lo lamentaremos cuando venga a Anoeta con otra camiseta, ya...) y al máximo goleador de la Liga en activo (a pesar de la buena política de renovaciones de jugadores de la cantera, nos pasa muy a menudo que un talento se escape sin ganar nada a cambio, y de eso quien tiene que dar explicaciones, más allá de un simple "no" cuando le preguntan si va a dimitir, es Loren). Hemos dejado escapar a buen entrenador, en el que el club confiaba a ciegas muy poco antes de prescindir de él. Y lo hemos hecho por razones difíciles de entender y, de momento, mal explicadas. No creo que el club esté entendiendo la delicada mezcla de apuesta por la cantera y necesidad de resultados. A lo largo de la temporada, yo mismo pedí más valentía con, por ejemplo, Illlarramendi. Pero cesar a un entrenador por ese detalle, me parece una barbaridad con pocos precedentes, por no decir ninguno. Zubieta ha sido la base de la Real de Lasarte, aunque no haya debutado ningún canterano este año. ¿Ya hemos olvidado a Griezmann o Zurutuza? Y si Loren encuentra justificación en que Rivas cerraba el paso a Illarramendi, en Cornellá-El Prat Illarra jugó junto a Markel y en Riazor junto al manchego.

No me gusta el fondo de este delicado asunto en que se ha metido, solita, la dirección del club, pero sobre eso siempre se podrá debatir. Quizá venga un nuevo entrenador que haga un mejor trabajo táctico que Lasarte, que saque más jugadores de la cantera que el uruguayo, que consiga mejor resultados en Primera que el hombre que nos sacó de Segunda y hasta que nos caiga más simpático. Quizá. Si Aperribay y Loren no lo consiguen, si no aciertan, tendrían que entender, aunque seguramente no lo harán, que han hipotecado su futuro en la Real Sociedad al éxito de esta decisión por lo controvertido del fondo de su apuesta. Pero me gustan menos las formas. Porque son formas impropias de lo que esperamos de la Real. Formas que son las que hemos vivido en los periodos más oscuros de la historia reciente de este club. Y se están acumulando tantas cosas, que estamos cerca de alcanzar un punto de no retorno. Al margen de lo que decidan en la vía deportiva, que tienen el mandato de los accionistas para hacerlo, creo que el Consejo y el director deportivo de este club tendrían que reflexionar, porque no puede ser que la gente que salga de la Real no lo haga con el reconocimiento que merece.

martes, mayo 24, 2011

RESUMEN DE LA TEMPORADA (3). Martín Lasarte, otro técnico poco valorado

Si el objetivo de la temporada era la salvación, Martín Lasarte ha cumplido. Como cumplió con el de subir a la Real a Primera en la temporada anterior. Dos campañas, dos objetivos cumplidos. Pero no se terminó de valorar el ascenso como se merecía, cada vez lo tengo más claro, y tampoco se ha valorado adecuadamente esta permanencia (lo que conlleva y con qué mimbres se ha conseguido). Lasarte no es el entrenador perfecto (¿quién lo es?) y tiene errores que se han venido destacando cuando los ha cometido. Pero de los aciertos, por desgracia, se habla menos. Su valoración, como la del equipo, queda mediatizada por la forma en que se ha conseguido el objetivo, por el sufrimiento final y porque lo que tendrían que ser esperanzas e ilusiones se han convertido, para juzgarle, en obligaciones imprescindibles que la Real no puede tener nunca. Parece que esta segunda campaña en San Sebastián será la última para el entrenador del ascenso. Visto lo visto, se me hace difícil entender que se le rescinda el contrato que se le renovó a comienzos de la temporada.

Los grandes debes de la Real son los grandes debes de su entrenador. La debilidad defensiva es algo que no ha sido capaz de corregir en toda la temporada. No cambió con un fichaje en invierno, el de Demidov. Tampoco rotando entre los tres centrales canteranos de que disponía. Ni siquiera cambiando el sistema de juego con cinco defensas (sendas derrotas en Santander y Sevilla, dos partidos en los que sólo entró cuando se recuperó el esquema tradicional, el 4-2-3-1) o colocando un central en la banda. Tampoco ha sido capaz de frenar la sangría de goles encajados a balón parado, algo que tendría que prevenirse desde la pretemporada en Zubieta. Pero los grandes aciertos de la Real también son suyos. Y es innegable que con Lasarte la Real ha recuperado la fortaleza perdida en Anoeta. El equipo txuri urdin logró en casa 11 victorias y 35 puntos, un triunfo más y los mismos puntos que el Valencia, tercer clasificado. Su propio estadio fue lo que le llevó a Segunda en 2007 y lo que le privó de ascender en las dos primeras tentativas en Segunda. Lasarte cambió esa tendencia. En Primera, ante rivales de mucha más entidad, la ha mantenido. Eso es digno de aplauso y algo no tan sencillo de lograr como algunos creen. Las tendencias son tozudas y cambiarlas es complejo.

Lasarte destaca por una gran gestión del vestuario, donde los que no juegan (incluso los que no juegan aunque lo merezcan) son parte integrante, activa y solidaria del grupo. El entrenador realista tuvo desde el principio un grupo claro de titulares, en el que es difícil entrar si no estás desde el principio (que se lo digan a Agirretxe, que fue el máximo goleador de la pretemporada y, aunque fue el delantero que menos jugó en Liga, es el que mejor porcentaje anotador tiene). Lasarte falla, en cambio y con cierta frecuencia, a la hora de leer el desarrollo de los partidos. Sus cambios suelen llegar tarde y, en algunas ocaiones, le ha faltado cierta valentía en esas sustituciones. Mejorando eso, la Real habría conseguido algunos puntos más y la tranquilidad de la permanencia unas cuantas jornadas antes. Queda la duda de si el escasísimo número de empates es por una falta de aprendizaje en esto que ahora se llama competir o por una valentía inusitada, la que da más valor a una victoria que a dos empates y la que surge del deseo de conseguir tres puntos cada fin de semana. Creo que es una mezcla de las dos cosas, y el año de experiencia que han adquirido los jugadores (y el propio Lasarte) jugaría a su favor la próxima temporada.

No creo que se haya reconocido el mérito que tiene haber dejado en Primera a practicamente el mismo bloque que logró el ascenso. Eso mismo puede ser un fallo en la planificación de la plantilla, pero eso es más achacable al director deportivo, Lorenzo Juarros, que al entrenador. A éste último se le tiene que pedir que saque rendimiento de lo que le dan. ¿Lo ha conseguido? Con unos jugadores sí y con otros no, pero en general la respuesta ha sido notable y poco apreciada. Es mérito de Lasarte que sólo haya habido una ausencia que verdaderamente ha notado la Real a lo largo de la temporada, la de Joseba Llorente. Y es que uno de los pilares del juego txuri urdin era la presión arriba, la que ahogó, por ejemplo, a Villarreal y Real Madrid en los dos primeros partidos de la Liga en Anoeta. Con Llorente, es más que probable que la Real no hubiera sufrido tanto para mantener la categoría. Los cambios en la forma de jugar no le han sentado bien a Lasarte, y eso va por eliminar parte de esa presión para acomodar el sistema ofensivo a la entrada de Tamudo, pero también para los mencionados y limitados cambios de esquema con objetivos defensivos y ofensivos (fracasaron sus pocos intentos de jugar con dos arriba). La Real de Lasarte ha jugado mejor cuando se ha parecido a la Real de Lasarte.

El entrenador realista siempre deja momentos para el recuerdo en sus ruedas de prensa y en sus entrevistas. Siempre hace reflexiones interesantes. Y siempre demuestra un gran conocimiento sobre lo que es y sobre lo que debe de ser la Real, el que no mostraron otros técnicos en su paso por Anoeta como Lotina o Clemente. Eso tampoco se le ha valorado. Creo que sólo cometió un desliz en esa seguridad que le caracteriza y fueron sus palabras en Riazor, cuando tras la derrota allí de la Real descartó que el equipo estuviera listo para pelear por cotas que no fueran mayores que la permanencia. Creo que ahí cercenó una ilusión que este equipo se había ganado sobre el césped y su enfado dio la sensación contraria de la que seguramente buscó. El entorno (¿el Consejo de Administración?) lo aprovechó para multiplicar sus dudas sobre él, dudas que se acrecentaron con esa racha de siete jornadas sin conocer la victoria, con ese punto de 21 que condeó al equipo a olvidarse de sueños europeos y sufrir hasta el final. Pero la forma no resta méritos al fondo. El objetivo está conseguido, y se ha conseguido con momentos de brillantez. Fue formidable la batalla táctica que plantó a equipos como Real Madrid y Barcelona en Anoeta. O la fe que le inculcó al equipo para ganar partidos como los de Sporting y Zaragoza.

Destacando estos cuatro partidos, todos ellos en Anoeta, queda en evidencia otro de los puntos débiles de la Real de Lasarte: jugar a domicilio. Cierto es que ha habido buenos partidos (las goleadas en Getafe y Gijón, la victoria en Málaga) y notables actuaciones sin premio (en El Madrigal o en San Mamés, la segunda parte en Santander o la primera en Cornellá-El Prat), pero han sido demasiadas las actuaciones deficientes lejos de Anoeta. El problema no es de fútbol, sino mental y de motivación, y eso es una cuestión que debe resolver el técnico. Y no lo ha conseguido hacer en esta temporada. La pasada sí lo logró, de hecho se consiguió el ascenso gracias a la espectacular victoria en Cádiz después de una segunda vuelta como visitante casi tan errática como la de esta campaña. Pero en ésta ha fallado algo. Quizá sea sólo que en la segunda vuelta se concentraron las visitas a casi todos los estadios más complicados de la Liga (El Madrigal, Bernabéu, Calderón, San Mamés, Mestalla, Sánchez Pizjuán...), pero la Real siempre ha sido capaz de plantar cara a los mejores equipos incluso en sus terrenos de juego. Fortaleza en Anoeta y endeblez fuera. 35 puntos contra diez. Eso mató el espíritu que Lasarte proyectaba al exterior.

¿Suficiente para cesarlo? Yo diría que no. En absoluto. La Real no puede seguir cambiando de entrenador cada año o cada dos. Sobre todo cuando no hay motivos reales para prescindir de un técnico que tiene contrato en vigor y que ha realizado las tareas que se le han exigido. Ascenso y permanencia. Lo que tiene que tener la Real. No puede ser éste un club que pierda la confianza en un profesional tan elegante y fiable como Lasarte por los resultados negativos de dos meses de una competición. No puede ser que a Lasarte, o al que venga, se le exija ya el año que viene una clasificación europea o, siquiera, una salvación sin apuros sí o sí. Lasarte es un muy buen técnico. Si se va, tiene que hacerlo por la puerta grande. Pero me temo que se irá como otro entrenador poco valorado en la historia de la Real, a pesar de sus logros.

miércoles, abril 20, 2011

El enfado de Lasarte

Martín Lasarte está enfadado. Y yo me sumo sin dudarlo a ese enfado. El técnico confesaba sus sensaciones en una fantástica entrevista que publicó este martes Noticias de Gipuzkoa. Yo lo vengo diciendo desde hace mucho tiempo. ¿El motivo del enfado? La dichosa manía que tenemos de pensar que somos lo que no somos, la de no valorar lo que conseguimos, la de que siempre pensemos que lo de los demás es mejor. Entiendo perfectamente al técnico uruguayo. No compartí su forma de alertar sobre este asunto, aquella derrotista afirmación en la sala de prensa de Riazor en la que calificó de imposible llegar a Europa, pero llegamos al mismo diagnóstico. Mi análisis, en todo caso, va aún más lejos porque esta sensación no es nueva en la historia reciente de la Real. Él no la vivió entonces. Yo sí. Por eso él está enfadado mientras que yo estoy enfadado y además preocupado.

Preocupado, pero no por las siete jornadas sin ganar que ya han quedado atrás. Esas rachas las tienen todos los equipos, a veces más acusadas, a veces menos. Ni tampoco estoy preocupado por el riesgo de descender a Segunda. No, eso no me preocupa tanto como el hecho de que la Real deje de ser la Real. Porque cuando dejó de serlo es precisamente cuando se fue a Segunda y ahora sigue siendo lo que tiene que ser. Aunque no sé si con mucho margen. En la entrevista, Lasarte dejaba entrever, o al menos yo así lo entiendo, cierto malestar por los rumores que hablaban de su cese en caso de no ganar al Sporting. Quizá malestar con el club, quizá incluso con algunos jugadores. Quizá. Eso forma parte de la intrahistoria del vestuario que no vamos a conocer. Pero Lasarte no personaliza en sí mismo. No se siente maltratado personalmente, sino que cree que no se valora al equipo, su trabajo, su esfuerzo y su realidad. Insisto, estoy totalmente de acuerdo con él porque no entiendo que, como se ha publicado, el club pudiera ya tener un entrenador preparado para coger el relevo de Lasarte.

El técnico uruguayo lamenta que nadie se dé cuenta de que el fichaje estrella de la Real para su regreso a Primera, Llorente, va a perderse nada menos que toda la segunda vuelta. Es lo mismo que le pasó a Lillo hace no tanto tiempo. Nadie valoró que en un intervalo de poco más de un mes se quedara por culpa de lesiones importantes sin Elustondo, Xabi Prieto y Díaz de Cerio, y no subir fue un fracaso inexcusable que se lo llevó por delante. Se queja de que no se valore la irrupción de nuevos talentos de la cantera, nombrando obviamente a Griezmann y Zurutuza. Y cantera era lo que reclamamos cuando nos fuimos a Segunda con Germán Herrera, Jesuli, Gerardo, Víctor López y menos potrillos que nunca. Ahora la tenemos y lo despreciamos. ¿Sabéis que Xabi Prieto lleva once asistencias en Liga? No se valora, como tampoco se valoró que en la 2002-2003 fuera De Pedro el máximo asistente de la Liga, por encima de un Balón de Oro como Luis Figo. La Real tiene ahora 38 puntos. ¿Sabéis cuántos tenía el año del descenso? 27. Once menos. Y negad que albergábais aunque fuera una mínima esperanza de salvación antes de que muriera en aquel penalti que falló Savio. Pero este año se veía el pozo de Segunda aquí al lado.

Dice Lasarte que fuera se nos valora más. Y estoy totalmente de acuerdo. Yo creo que este equipo tiene potencial para codearse con Athletic, Espanyol, Sevilla o Atlético de Madrid en una pelea por Europa. Estoy convencido de ello. Y creo que esos equipos, durante una buena parte del torneo, nos han visto con esas mismas opciones. Nosotros no las vimos. Porque nosotros siempre optamos por la vía destructiva, por la infravaloradora, por la negativa. Había que ganar al Sporting y se ganó. Pero somos muy malos, se dice. ¿Cómo ganó el Athletic en Pamplona? ¿Y el Villarreal al Zaragoza? ¿No vio el Madrid como un triunfo empatar en casa ante el Barcelona con una posesión a veces reducida al 20 por ciento? ¿No sufrió el Levante para vencer el Hércules? Nosotros somos los quitapenas. ¿Y qué dirá el Sporting, que es el equipo que ha sufrido las dos únicas remontadas en toda la temporada de este equipo al parecer tan malo que es la Real? Por lo visto, Bravo no paraba nada, pero ahora que lleva dos partidos brillantes nadie se acuerda de él.

Todo es así. Y es agotador, aunque lo voy a seguir haciendo porque lo considero necesario (tanto como decir lo que se hace mal para que pueda ser corregido), tener que salir cada semana a recordar lo bueno que tiene este equipo. Para empezar, 38 puntos. Ya quisieran tenerlos los ocho equipos que nos siguen en la tabla. Preguntad en Zaragoza, Alicante o Almería, preguntad. Obviamente, no somos perfectos. Ni creo que queramos serlo. Somos la Real. Y con eso basta. Pero nunca debemos ser menos que eso, porque entonces es cuando sí existe peligro. Cesar al entrenador a seis jornadas del final entra en ese conjunto de cosas que no esperaría nunca de la Real. Y menos si la situación no es desesperada. ¿Lo habría sido estar dos puntos por encima del descenso con seis partidos por jugarse en el año del regreso a Primera y con un equipo plagado de canteranos? Esa es la pregunta que tenemos que responder. Yo lo tengo claro. Y por eso sigo confiando, con sus aciertos y con sus errores, en Lasarte y en su equipo. Sigo confiando en la Real, vaya.

miércoles, abril 06, 2011

Con Lasarte, con el equipo

Cuando he dicho a lo largo de esta temporada que confiaba en el equipo, era una apuesta que incluía a Martín Lasarte en el lote. Veréis, soy un convencido de que una de las cuestiones que dieron con la Real en Segunda fue imitar a los demás y aceptar como imprescindible la vorágine de devorar entrenadores a la mínima. Para mí, que entre Ormaetxea y Toshack sumen 710 partidos en el banquillo txuri urdin y que los 16 entrenadores siguientes, entre ellos y Lasarte (¡16 nada menos!), se queden en 666 encuentros evidencia que algo estábamos haciendo mal. A la Real le hace falta continuidad. Siempre le ha hecho falta. No entiendo la impaciencia, cuando la paciencia es algo que forma parte de nuestro ser, de nuestro trabajo con la cantera. No comparto que a la mínima ya queramos echar al entrenador. No creo que estemos en ese punto, ni muchísimo menos. Y me duele la nula memoria que tenemos, no ya para recordar lo que pasó hace dos o tres años, sino hace menos de uno. Cuando en junio todos vitoreábamos a Lasarte por ser quien nos devolvió a Primera.

Eso no quiere decir que yo no vea los problemas del equipo o los errores del propio Lasarte, claro está. Lo mío no es un voto en blanco, no es un apoyo a ciegas, no es un mantenerle a toda costa. Es un respaldo consecuente con la forma de entrenar de alguien que ha conseguido sacar muy buen provecho a la plantilla de la Real. Si un bache basta para que nos lo queramos cargar, algo falla. Indudablemente. Por descontado, técnico y jugadores tienen su cuota de responsabilidad. Mucha. Casi toda. Pero me niego a cerrar los ojos antes el derrotismo absoluto con el que afrontamos cualquier situación y que lastra las posibilidades del equipo. Hablo de la prensa y de los aficionados. Solemos despreciar las virtudes de los nuestros y todo aquello que es positivo con demasiada facilidad. A veces lo damos incluso por sentado. Y no es así. Pero nos cuesta horrores el elogio. Sí, Anoeta se llena cuando las cosas van bien y está bastante más vacío cuando se pierden partidos. Pero no es sólo eso. Es que la crítica suele ser dañina, destructora, desalentadora. Cuando ganamos es porque el rival es muy malo, cuando perdemos es inaceptable que lo hagamos ante un rival cualquiera. No lo entiendo tampoco. El problema es siempre nuestro. Nunca hay mala suerte, nunca hay un árbitro que nos perjudica, nunca parece jugar el rival. Asumiendo todo lo criticable, no me parece justo.

Todos los realistas llevamos un entrenador dentro y casi todos decimos en alto nuestras soluciones. Yo tengo las mías, claro. Yo creo que es imperdonable el poco poderío de la Real a balón parado, que no aprovechemos mucho más a dos jugadores que van tan bien por alto como Xabi Prieto y Carlos Martínez. No entiendo por qué no se le da la alternativa definitivamente a Illarramendi, cuando los dos días que ha jugado ha sido el mejor y ha aportado frescura y cosas nuevas, o que Zurutuza no haya sido el mediocentro creativo en ningún once inicial, siquiera por probar. No comparto que Agirretxe haya contado con tan pocos minutos desde la lesión de Llorente, cuando es evidente que el trabajo de presión que garantizaba el gran fichaje de la temporada no lo puede hacer Tamudo (Agirretxe tampoco, pero su perfil se acerca más... y encima ha marcado cuando ha jugado). No me gusta que desperdiciemos a Mikel González en la banda convirtiéndole en un jugador vulgar cuando sigue siendo el mejor central de la plantilla. Y desde luego lamento que el equipo baje los brazos con tanta facilidad cuando se pone con el marcador en contra.

Estas cuestiones son posibilidades para Lasarte, materias que puede trabajar en Zubieta o aplicar antes de los partidos e incluso durante los mismos. Es sabido que los cambios no son su fuerte (por añadir una crítica más, para mí es incomprensible que Griezmann deje el campo para que entre un Sarpong que o nos engañó mucho en sus primeras apariciones o desde luego no tiene el nivel para jugar en la Real y es un nuevo Jonathan Estrada), pero para eso tiene un equipo técnico. Para eso tiene capitanes. Y para eso están los medios de comunicación y los aficionados, para alertarle de que algo falla, incluso si no lo dijera la clasificación. Lo que tengo claro es que entre todos hemos conseguido convertir una meritoria temporada de regreso a Primera División en una Liga más, que está incluso en riesgo de ser un sufrimiento que recuerde a los de las temporadas anteriores al descenso si no se corona con un broche de oro, es decir, la salvación holgada y algún triunfo sonado (y sigo teniendo entre ceja y ceja la visita del Barcelona, aunque fuera de Anoeta hay bastantes partidos tan apetecibles como complicados).

La Real no va a bajar. Me sorprende, de hecho, que haya tantos pensamientos negativos que crean que sí lo va a hacer cuando hay seis puntos de margen todavía. A mí lo que me preocupa y lo que me ocupa son las sensaciones. Esas que durante toda la temporada me decían que este equipo tenía aún más capacidad de lo que mostraba la clasificación y que ahora hemos perdido. Me gustaría que quienes piensan que la Real será uno de los tres que se irá a Segunda me dijera que cuatro equipos van a adelantar al txuri urdin en la clasificación de aquí al 22 de mayo. Porque el Almería tendría que sumar diez puntos más. El Hércules y el Málaga, seis. El Zaragoza, al menos cinco (queda por jugar el partido de vuelta, en Anoeta, con un ajustado 2-1 en la ida para el average particular). El Getafe y el Deportivo, dos (ambos tienen el average perdido, salvo que pensemos que los madrileños pueden ganar 0-5 en la última jornada de Liga). El Sporting, tendría que hacer lo mismo que la Real y además vencer en Anoeta. Son muchos los candidatos y demasiados realistas ven en Segunda a los suyos. Yo no. Las malas rachas no duran cien años. La nuestra se romperá. Si no en el Calderón, seguro dentro de diez días contra el Sporting. Eso sí sería una final. Mientras tanto, yo sigo con Lasarte y con el equipo.

jueves, junio 24, 2010

Resumen de la temporada (3). Martín Lasarte, un ganador

Martín Lasarte es el técnico del ascenso de la Real en 2010. Sólo eso ya le garantiza un lugar importante en la Historia del club, pues es el auténtico artífice de la primera página brillante de su segundo centenario de vida. En la Real tendemos a olvidar el papel de los entrenadores. Alberto Ormaetxea siempre lamentó que no se reconociera la vital importancia de su trabajo al frente de la Real campeona de los 80. Toshack siempre pareció tener al menos los mismos detractores que admiradores. Con Lasarte, al menos por el momento, no ha sucedido esto. Sí hay quien piensa que es un técnico algo defensivo y que eso nos puede hacer sufrir más de la cuenta en Primera, pero creo que prácticamente nadie le niega su papel en este ascenso. Eso es algo de lo que el entrenador uruguayo puede y debe mostrarse orgulloso. Llegó a un club muy dividido y ahora entrena a un equipo que ha conseguido que estemos todos juntos tras él.

Lasarte, que jugó en el Deportivo de la Coruña como central, llegó como un entrenador desconocido, sería absurdo alardear ahora de que ya sabíamos quién venía. Fue una apuesta de Loren. Y llegó con varios problemas importantes que resolver. La plantilla había formado con Juanma Lillo una piña importante. El entrenador era una pieza más de un vestuario muy unido frente a todas las adversidades que le había tocado vivir en los últimos tiempos. Además, no había dinero para confeccionar una plantilla más potente que las dos que no pudieron conseguir el ascenso en 2008 y 2009. La política de cantera no fue tanto un problema como una condición asumida con bastante satisfacción por el técnico y su equipo, pero era, en el fondo, una limitación más para su trabajo como entrenador. Desde su primer discurso, el día de su presentación, Lasarte dejó muy claro que no tenía más que un objetivo: el ascenso. Proclamarlo a pesar de las dificultades dejó muy claro que era un ganador. Sólo faltaba que las circunstancias y esos pequeños detalles que cuentan tanto en el fútbol le dieran la razón. Y ya lo creo que se la dieron.

Siempre tuvo las ideas claras. Su sistema de juego fue el 4-2-3-1, abandonando la defensa de tres que utilizó Lillo en bastantes tramos de la campaña anterior. Formó casi desde el principio un grupo de jugadores escogidos, los catorce o quince que iban a representar sus ideas sobre el césped, y a los demás los utilizó sólo cuando no le quedó más remedio. Hacer eso y mantener un vestuario feliz es algo que no se consigue por casualidad. Ni tampoco por el simple hecho de ir en cabeza de la clasificación durante buena parte de la temporada. Lasarte supo ganarse el respeto de los suplentes y hasta de los no convocados. Todos estaban a una en su equipo, a pesar de algún pequeño desliz que otro (como aquellas declaraciones de Asier Riesgo cuando renovó Bravo o aquel retraso en un entrenamiento de Johantan Estrada que le situaba más fuera que dentro de la plantilla utilizable). Por eso siempre se respiró tranquilidad cuando hubo lesiones importantes (como la de Bravo) o sanciones de varios jugadores (como la que llevó a Esnaola a un debut que nadie esperaba bajo otras circunstancias).

Lasarte no dudó en dar galones. Se los dio a Ansotegi en el centro de la defensa, por encima de Mikel González, cuya calidad utilizó mucho en la banda. Se los dio a Elustondo, incluso cuando el rendimiento del centrocampista no estaba siendo el que todos queríamos, y a Aranburu, cuando muchos pensaban que el capitán no podría llegar a ofrecer en toda la temporada el rendimiento que dio en el tramo final de la temporada. Se los dio a Diego Rivas, a pesar de que en todos los mentideros esté el convenimiento (cierto o no) de que es un jugador que no gusta al Consejo realista y que no tardará en salir del club, sea este año si hay ofertas, sea el que viene cuando cumpla contrato. Se los dio a Xabi Prieto (quizá siguiendo directrices del Consejo, que ya le ofreció el número 10 en su camiseta con ese fin) y a Griezmann en el centro del campo más ofensivo. La apuesta por el joven potrillo francés tiene más mérito todavía porque sentó a uno de sus fichajes, Johanatan Estrada, el único jugador que trajo habiéndole entrenado ya. Y se los dio a Carlos Bueno, porque para él era el prototipo de extranjero que en la Real debe marcar las diferencias.

No se casó con nadie, y bien lo puede decir Johantan Estrada, sí, pero también otros. De la Bella empezó fatal la temporada, y no dudó en sentarle a pesar de ser un fichaje foráneo. Sarasola no tuvo nivel para suplirle, y ni su condición de canterano le mantuvo en el once. Apostó por Elustondo, pero cuando se recuperó de su lesión no consiguió otra vez el puesto de indiscutible sólo por ser él y, de hecho, no terminó como titular. De Carlos Martínez no quiso saber nada en toda la primera vuelta, porque Dani Estrada le dio un rendimiento fabuloso en su reconversión al lateral derecho. El único movimiento que, quizá, podría tener algo de capricho, fue el de colocar a Bueno casi siempre en lugar de Agirretxe. Lo que pasa es que el canterano estuvo toda la segunda vuelta sin responder a las expectativas, facilitando la decisión de Lasarte en favor de su paisano. Y tuvo muy claro siempre que la Real tenía una forma de jugar. Para algunos no fue demasiado vistosa, pero fue muy profesional, muy efectiva, muy bonita a ratos (el partido en Soria, en Anoeta ante el Betis), pero ganadora siempre.

El técnico de la Real siempre ha estado en su sitio. Ha sido respetuoso con todos (incluso con los árbitros y en los días mas difíciles), ha dado lecciones importantes en sus comparecencias ante la prensa, antes y después de los partidos. Ha demostrado un sentido común que no estamos tan acostumbrados a ver por aquí en los últimos años. Y siempre ha creído en su equipo. Siempre. Eso, con el pesimismo que había en este equipo (y del que el propio Lasarte, siguiendo la estela de Lillo, alertó en los primeros compases de la temporada), tiene un valor incalculable. Lillo también demostró esa fe, pero los resultados por desgracia no le dieron la razón. Sólo una vez perdió los papeles, ante el Levante en Anoeta, y su enfrentamiento con el banquillo rival (que le costó la expulsión) incluso engrandeció su figura a los ojos del seguidor realista. Su carácter marca. Su forma de vivir los partidos en la banda, también. Y no puedo más que sentirme identificado con él cuando recuerdo la forma en que celebró la victoria ante el Villarreal B, mirando al suelo, gritando con los puños cerrados, sólo por un instante. Lasarte es fútbol en estado puro.

El entrenador es el mejor fichaje que hizo la Real hace un año, pero hay cosas que quedan por mejorar. Ahora todo es felicidad y eso suprime algunos análisis, pero la plantilla con la que afrontó la temporada tenía carencias en su configuración. Quizá sea más un problema de la dirección deportiva de Loren que del entrenador, pero a falta de mayores detalles hay que lamentar algunas cosas. Por encima de todo, la gestión de la portería. Al final ha salido bien porque Bravo, Riesgo y Zubikarai han sido necesarios, pero no se puede anunciar la venta de dos porteros y que al final se queden todos. Como tampoco el trajín inclasificable (y muy poco criticado cuando es algo inconcebible) con Queco Piña tras la lesión de Riesgo. A la plantilla le faltaba claramente un lateral derecho, aunque ahí la apuesta de riesgo también salió bien. Y Johantan Estrada es un fracaso absoluto que en Primera hay que intentar evitar. ¿Y si no llega a aparecer Griezmann en esta Real?

Pequeños borrones, discutibles en todo caso, que no empañan lo que decía al principio, que Martín Lasarte es el entrenador que ha llevado a la Real a Primera después de tres años en Segunda. Y lo que es más importante, es el técnico que nos ha devuelto la sonrisa que perdimos cuando el equipo entró en aquella deriva que nos tuvo años coqueteando con el descenso y después llorando por haber perdido nuestro lugar en la élite. Gracias, Martín.

miércoles, mayo 26, 2010

Cuánta razón, Martín, cuánta razón...

Yo era partidario de que Juanma Lillo continuará en la Real. No me duelen prendas al decirlo. Creo que es un muy buen entrenador al que no le acompañó la suerte en el banquillo txuri urdin . Ni la suerte, ni otras cosas. Cosas que ahora tampoco están acompañando a Martín Lasarte. El uruguayo lo sabe y lo dijo el lunes. Pero dijo mucho más que eso, y lo que dijo es lo que me lleva a mí ahora, como ya vengo haciendo desde hace meses, a ponerme incondicionalmente del lado de Lasarte. En todo. No es que un entrenador de la Real necesite demasiado para ganarme, no, pero si algo ha conseguido este técnico a lo largo de la temporada ha sido precisamente eso: ganarme. No estoy de acuerdo con todo lo que hace, por supuesto. Creo que no ha sabido resolver algunos de los problemas del equipo. Pero recordemos que el punto de partida era el mayor de los desconocimientos sobre él. No sabíamos quién era como entrenador, qué pretendía, qué iba a hacer, cómo encajaría. Y desde el minuto uno ha sido un tipo sensato y que se ha hecho respetar.

Pero vamos a lo que dijo Lasarte el lunes. Lo que lanzó es el mayor mensaje de tranquilidad que he escuchado a un entrenador de la Real en mucho tiempo. Ya hubiera querido Lotina haber sonado tan seguro cuando, hace tres años y una sola jornada para que se consumara el fracaso del descenso a Segunda, dijo que nos íbamos a mantener. Él no se lo creyó nunca. Lasarte no sólo se cree que vamos a ascender ahora, es que ha sido capaz de que mucha gente se lo crea. Porque, no nos engañemos, los escépticos han crecido en las últimas semanas. El miedo se ha instalado en un pedazo importante de la parroquia txuri urdin, a pesar de que su equipo sigue siendo líder. La arenga de Lasarte ha convertido el partido del Villarreal en la final del año. No lo es, porque lo que la Real tiene que hacer es ganar dos o tres partidos y tres quedarán tras el del sábado, pero lo parece. Anoeta vivirá ambiente de final, San Sebastián respirará épica todo el día. Objetivo conseguido.

Lasarte dijo más. Habló de los árbitros, claro. Pero lo hizo de la forma en que tenía que hacerlo. Él no habla de conspiraciones ni de villaratos. Él habla de lo que hay, de lo que cualquiera puede ver. Y lo que hay no es otra cosa que un trato diferente a la Real. Ahí está la clave. Pueden no pitarte un penalti. Pueden no pitarte muchos (Noticias de Gupuzkoa hacía ayer un repaso bastante completo de la lista de penaltis no pitados; lo digo por si hay alguien que todavía no se ha dado cuenta de cuánto nos han quitado los árbitros este año). Pero la clave es el trato. Da la sensación de que duele pitar un penalti a favor de la Real y que, en cambio, es muy fácil pitarlo en contra. En seis de las siete derrotas del equipo txuri urdin, el rival tuvo un penalti a favor. Cuatro de ellos acabaron 1-0 con gol desde los once metros. A favor, sólo uno en 38 jornadas (y para colmo, lo fallamos). No creo que haya habido un equipo en la historia reciente de la Segunda División que haya subido a Primera sin anotar un sólo gol de penalti. Los datos son duros. No los menospreciemos por criticar el juego del equipo, que eso es otra materia diferente.

El problema, con ser grave, sería controlable si sólo fuera eso. Pero Lasarte prosiguió, porque no es sólo un problema de penaltis no pitados, va mucho más allá. Y lo llevo diciendo tiempo. Lo he dicho en temporadas precendetes, y hay quien entendió que eran excusas de mal pagador. En absoluto. Pero me parece absurdo no querer ver que el comportamiento de los colegiados en este equipo fue una parte, más o menos importante, en el descenso de 2007, en los no ascensos de 2008 y 2009, y en que por el momento se haya retrasado el de 2010. La Real es un equipo modélico en muchos aspectos. No presiona al árbitro durante el partido, Anoeta no es un campo de riesgo para los golegiados (quienes, por cierto, al elegido al delegado de campo de la Real como el mejor de la categoría, por algo será...) ni para los rivales. No recurre a las malas artes, ni dentro ni fuera del campo. No es un equipo que recurra a las faltas de forma sistemática. No suele perder tiempo de forma innoble. No va contra nadie. Y, sin embargo, desde fuera sólo recibe palos.

¿Por qué? ¿Qué no sabemos? ¿Hay alguien que nos tenga un odio inconfesable en público y que está haciendo lo posible para que no subamos a Primera? No me gustan las teorías conspiratorias, pero es que son muchos años ya viendo cosas extrañas. Hasta el Comité de Competición ha tenido que hincar la rodilla y admitir ya hasta en tres ocasiones que la expulsión de un jugador rival no fue más que la invención del árbitro de turno (la última, la de Mikel González el domingo el Sevilla) ¿Alguien recuerda que la Real haya tenido recientemente un arbitraje a favor como el que tuvo el Betis el domingo ante los nuestros? Pues eso.

Lasarte lo dijo. Y lo dijo todo. El campo sin ley que fue el Ruiz de Lopera (un láser en la cara de Zubikarai, recogepelotas que desaparecieron en cuanto marcó el Betis, puertas abiertas y gente incluso en las escaleras, enviados especiales de medios guipuzcoanos rodeados de público bético), el lamentable arbitraje parcial (faltas que contra la Real eran tarjeta, contra el Betis no eran siquiera infracción, al propio Lasarte le amenazaron con la expulsión y Víctor Fernández pudo hacer lo que quiso, protestándolo todo y siempre fuera de su área técnica), el diferente trato que recibe la Real a lo largo de toda la temporada.

Pero ese es el mensaje de ayer, la lectura del pasado. El futuro pasa por el sábado. Pasa por entender, de una vez todas y si es que hay alguien que todavía no lo haya entendido, que el ascenso es de todos. Será del club, del equipo, de los técnicos, de los empleados, de los directivos y de la afición. El ascenso va a ser nuestro. Y va a ser, ya lo creo que sí. Lasarte lo dice y, como creo en todo lo que dijo, en eso también voy a seguirle. Me acuerdo ahora de dos frases. Me acuerdo de Westeveld, a tres jornadas del final de la Liga 2002-2003, diciendo que "con árbitros normales ya estaríamos de fiesta". Y me acuerdo de Toshack, en la 1994-1995, después de un penalti inexistente a favor del Real Madrid en Anoeta, diciendo que "ya está bien de decir loque la Real es un equipo simpático y que es bonito pitar aquí". Cuando razón tenía Sander, cuánta tenía J.B. Y cuánta razón en todo lo que has dicho, Martín, cuánta razón...