viernes, abril 18, 2014

PREVIA Real Sociedad - Espanyol. Una reacción obligada

Chory Castro, en el partido de la temporada pasada.
La Real lleva dos meses acumulando tantas decepciones hasta el punto de que la percepción actual de la temporada es terriblemente negativa. Por eso, la reacción es obligada en los cinco partidos que quedan para finalizar la temporada, empezando por el primero (sábado, 20.00 horas, Anoeta, Canal + Liga, Gol TV). En todo caso, ya hay algo irrecuperable, y es que el objetivo de la temporada ya ha cambiado. Regresar a la Champions es virtualmente imposible y el empate en Vigo hizo que el equipo cayera a la séptima posición, que obligaría a jugar dos rondas previas de la Europa League. Los de Jagoba Arrasate aún dependen de sí mismos para ser sextos, puesto que en la última jornada el Villarreal visitará Anoeta, y lo ideal sería poder luchar por la quinta plaza, aunque esa también se ha puesto difícil con el exiguo ritmo de puntuación que ha exhibido el equipo txuri urdin en estos dos últimos meses. Meses que han multiplicado la crítica a Arrasate precisamente cuando el club está en disposición de anunciar su renovación. Anoeta hablará.

La lista de Arrasate para este encuentro ofrece una muy agradable sorpresa, que es la convocatoria de Pablo Hervías, que podría convertirse en el cuarto canterano en debutar esta temporada con el primer equipo, después de Zaldua, Gaztañaga y Sangalli. Las bajas a las que ha tenido que hacer frente son ya conocidas, Griezmann e Iñigo Martínez por acumulación de amonestaciones. Además, se queda fuera por decisión técnica José Ángel. En su lugar, regresan al grupo de 18 Ansotegi y De la Bella, los dos directos al once inicial viendo las ausencias. Zurutuza, que se había resentido en alguno de los entrenamientos de la semana, ha entrado finalmente en la convocatoria. Fuera se quedan los ya habituales Estrada y Ros, que parecen estar en sus últimas semanas como jugadores realistas. Y una vez más, sólo hay cinco defensas en la convocatoria, esta vez con un único recambio en el lateral y ninguno para el centro.

Con esta lista, las cuestiones más claras, como casi siempre, van a estar en la línea defensiva. Bravo estará bajo palos, y la defensa podría ser la misma del ascenso: Carlos Martínez, Mikle González, Ansotegi y De la Bella. La única posibilidad de cambio es la entrada de Zaldua. Si impera la lógica prevista, Markel seguirá siendo fijo en el centro del campo y la situación física de Zurutuza podría devolver después de muchas semanas la titularidad a Rubén Pardo. En ataque, lo normal sería que jugaran Canales, Vela, Chory Castro y Agirretxe. De esta forma, el banquillo lo completarían Zubikarai, Elustondo, el potrillo Hervías y Seferovic como revulsivos para la segunda mitad. Que cualquiera de ellos entre en el once sería una sorpresa, pero adelantar la rueda de prensa un día por la renovación de Arrasate ha limitado aún más las pocas pistas que suele dar el técnico realista sobre el once.

La Real arranca esta trigésimo cuarta jornada en la séptima posición, la que da acceso a la Europa League gracias a que los finalistas de Copa jugarán la Champions, con 51 puntos, uno por debajo del sexto clasificado, el Villarreal, y cinco por detrás del quinto, el Sevilla. El cuarto queda ya a una distancia de once puntos con quince en juego, inalcanzable aunque las matemáticas aún digan lo contrario. El equipo txuri urdin vuelve a su fortín de Anoeta, donde ha ganado diez de los dieciséis partidos que ha jugado, con tres derrotas y otros tantos empates, y donde es el quinto máximo goleador como local. En los últimos ocho partidos, sólo ha conseguido la victoria en dos, otros tantos empates y ha sufrido nada menos que cuatro derrotas. El Espanyol es noveno con 41, a diez del puesto europeo de la Real y a salvo de problemas con el descenso. Como visitante tiene una cifras parecidas a las de la Real, con cuatro victorias, siendo el primer equipo en ganar en el nuevo San Mamés en Liga, y ocho derrotas. Lleva tres jornadas sin ganar.

La historia es muy favorable a la Real contra el Espanyol en suelo donostiarra. Se han visto en 65 ocasiones. De ellas, 63 han sido en Primera División, y el balance es de 40 victorias realistas, doce espanyolistas y once empates. Además, se vieron en las caras en la promoción de permanencia de la temporada 1954-1955 (2-1 para la Real) y una vez en Segunda División (3-0 también para el equipo txuri urdin). La mayor goleada de la Real, 6-1, se produjo en dos ocasiones, en las campañas 1932-1933 con goles de Chivero, tres de Urtiberea, Tolete e Insausti; y 1943-1944 con dos tantos de Ontoria y Unamuno, y uno de Bidegain y Pérez. La victoria más holgada del Espanyol, 0-2, se dio en tres ocasiones, en las temporadas 1959-1960, 1982-1983 y 2004-2005. Curiosamente, cuando el equipo barcelonés marcó tres goles no consiguió ganar, siempre se dio un empate a tres, en las Ligas 1933-1934, 1976-1977 y 1986-1987. En Anoeta son ya 16 los choques, con ocho victorias para la Real, cinco para el Espanyol y tres empates.

En el partido de la temporada pasada, la 2012-2013, el Espanyol consiguió el último de sus once triunfos en Donostia. Y la Real no mereció perder por lo que sucedió en el partido, pero los errores de Montanier y del equipo resultaron fatales. El francés alineó a Estrada de extremo ante la ausencia de Griezmann y no dio un solo minuto a Pardo a pesar de no tener a Zurutuza y Elustondo y retirarse Markel lesionado. Con un fútbol lento, la Real fue mejor que el Espanyol, que se limitó a esperar atrás y a rezar por no encajar ningún gol. No lo hizo, Anoeta coreó "Montanier dimisión" y el disgusto fue aún mayor cuando en el minuto 77 Colotto hizo el 0-1 en un córner muy mal defendido. En el partido de la primera vuelta de la presente temporada, la 2013-2014, la Real venció en Cornellá-El Prat por 1-2. No fue un buen partido y la Real tuvo que remontar el gol de Córdoba. Cuando Pardo entró al campo, el equipo txuri urdin empezó a jugar. Griezmann hizo el empate y un centro del propio Pardo rebotó en Stuani y se envenenó para hacer el 1-2.

martes, abril 15, 2014

Los cambios son inútiles para la Real

Pardo, relevo habitual y con no muchos minutos.
La Real lleva años dejando la sensación de que los tres cambios de futbolistas que permite el reglamento son inútiles como arma para ganar los partidos. Sucedió con Martín Lasarte, con más claridad todavía en la etapa de Philippe Montanier y es inevitable la sensación de que este problema se ha acrecentado incluso algo más con Jagoba Arrasate en el banquillo. Analizar las sustituciones confirma que no se está sacando a los cambios el partido que permite la plantilla de la Real. Y la evidencia más notoria está en que sólo uno de los 56 goles que ha logrado el equipo txuri urdin en lo que llevamos de Liga, nada más que uno, lo ha conseguido un jugador que Arrasate ha colocado sobre el césped saliendo desde el banquillo. Y fue muy poco decisivo, puesto que se trató del 5-0 a Osasuna, logrado por Seferovic el día que tuvo la ocurrencia de mandar callar a la afición de Anoeta, en el minuto 87. Desde entonces, duodécima jornada, ningún suplente ha logrado marcar.

Hay más datos que confirman que los cambios son uno de los puntos débiles de la gestión de Arrasate. El tiempo medio que pasa un suplente realista sobre el césped es de 20,3 minutos, lo que acerca los cambios a ese minuto 70 que tantas veces se intuye como tardío y que con Montanier en el banquillo ya provocó justificadas chanzas sobre esa falta de capacidad de reacción. Tan poco valor se le da a los cambios que, de los 33 partidos que ya se han jugado de Liga, en cuatro de ellos no llegó a agotar los relevos el técnico txuri urdin. Y como muestra de que no encuentra en ellos la herramienta para ganar los partidos igualados, hay que destacar que la Real sólo sacó los tres puntos de uno de esos cuatro partidos en los que despreció la tercera sustitución, 1-0 ante el Valencia hace muy pocas jornadas. Arrasate tampoco utilizó su tercera bala en el empate a uno en Anoeta ante el Sevilla de la primera vuelta, la derrota ante casa ante el Rayo por 2-3 y en el empate a dos en Valladolid.

La inacción de las sustituciones se hace patente al comprobar que la Real apenas variaría su puntuación actual con o sin cambios. Tras hacer la primera sustitución ha mejorado sus marcadores hasta el punto de ganar ocho puntos (ganó uno en Elche y en Anoeta contra el Sevilla, y tres contra el Celta en casa y contra el Espanyol en Cornellà-El Prat), pero dejó escapar los mismos (perdió uno en Vallecas, Sevilla y Vigo, otro en los partidos jugados en Anoeta ante Rayo y Real Madrid, partidos todos ellos que tenía empatados, y dos en Valladolid, donde sin cambios iba ganando). Después de hacer el tercer relevo y agotar esta vía reglamentaria también hay igualdad casi total, cuatro puntos ganados y tres perdidos. De esta manera se terminó de remontar al Celta en Anoeta el partido que se estaba igualando y lo mismo se hizo en Cornellà-El Prat ante el Espanyol. Pero de nuevo el empate en Valladolid restó dos puntos que se tenían al hacer el último relevo y la derrota en Almería en el descuento se llevó el ya insuficiente premio del empate.

De forma individual, los datos de los jugadores también son relevantes. De los 24 jugadores de campo que ha alineado Arrasate a lo largo de la temporada (toda la primera plantilla salvo Ifrán que no llegó a jugar antes de marcharse cedido al Deportivo, más los potrillos Zaldua, Gaztañaga y Sangalli), 17 han tenido minutos empezando desde el banquillo. Los seis que de momento han sido titulares o no han jugado son Iñigo Martínez, Markel Bergara, José Ángel, Cadamuro, Zaldua y Carlos Martínez. Salvo Markel, todos defensores, la linea que menos se ve afectada por los cambios. Los que más partidos han jugado saliendo desde el banquillo son dos jugadores que tendrían que gozar de jerarquías muy diferentes en el once, Rubén Pardo y Haris Seferovic, ambos con trece encuentros. Ambos presentan además medias de minutos muy bajas y por debajo de la del equipo en conjunto, de 17,7 minutos por encuentro jugado de suplente en el caso del centrocampista y de 14,2 en el caso del delantero.

Ese dato revela que Arrasate piensa en Seferovic como revulsivo desesperado, aún cuando sólo ha marcado un gol en esos trece partidos que arrancó en el banquillo, y que a Pardo no le da casi nunca periodos largos de tiempo para que pueda dominar el centro del campo.  Y las comparaciones acrecientan esa sensación. De los suplentes con un número de partidos reseñable, otro centrocampista, Zurutuza, tiene una media de 29,3 minutos con los 207 jugados en sus siete duelos iniciados en el banquillo, mientras que Agirretxe eleva esos números hasta los 31 minutos de media, con 217 minutos en siete partidos. Pero si hay un jugador que se puede quejar de los pocos minutos que tiene de esta forma, ese es Chory Castro. El uruguayo tiene la media más baja de minutos como relevo de toda la plantilla, sólo 8,7 minutos, cifra que resulta de los escasísimos 78 minutos que ha disfrutado en los nueve encuentros que disputó sin formar parte del once inicial. Es el único que tiene menos de diez minutos de media saliendo el banquillo. Comparativamente, Griezmann suma una media de 25 en los tres choques que ha tenido y Vela se queda en 17 en dos partidos.

sábado, abril 12, 2014

CELTA 2 - REAL SOCIEDAD 2 Jagoba, culpable... pero no el único

José Ángel, en un lance del partido.
Nueva decepción de la Real, que no consiguió más que un empate en un partido que dejó marchar con superioridad numérica y por una lectura asombrosamente equivocada del partido. Y la responsabilidad, la culpabilidad, es de Jagoba Arrasate en un porcentaje importante. El discurso que quedó agotado en la derrota ante el Real Madrid fue, precisamente, el que mantuvo el técnico realista en Vigo. El tan pretendido equilibrio de sus configuraciones predilectas del centro del campo no existe, y sin embargo insiste en él. La calidad dio la ventaja a la Real, y la superioridad numérica nada más arrancar la segunda mitad por la justísima expulsión de Aurtenetxe debió bastar para ganar el partido, pero a Arrasate se le olvidó, incluso durante más tiempo del habitual, que en el fútbol se pueden hacer hasta tres cambios. La mayoría de los jugadores contribuyeron al despropósito con el que Arrasate dirigió el partido, pero duele que el técnico no vea realidades tan obvias, no ya en situaciones complicadas como es ponerse por debajo en el marcador ante el Madrid, sino en tener un gol de ventaja en Balaídos contra un Celta con diez.

Y eso que el arranque del partido dio la impresión de que, por fin, se podía conseguir una victoria cómoda. La diferencia real entre la calidad del equipo txuri urdin y el celtiña es, probablemente, la que se vio en los veinte primeros minutos del partido, donde la Real debió conseguir una muy holgada diferencia en el marcador, sin la necesidad de forzar demasiado la máquina o imprimir al partido un ritmo demasiado endiablado. Pero la diferencia entre el empuje y la ilusión de uno y otro conjunto se vio en el resto del encuentro y sobre todo en el tramo final, después de que el Celta empatara a algo menos de diez minutos del final y Luis Enrique se viera obligado a echar a los suyos atrás porque, de tanto entusiasmo, se iban a por la victoria descuidando la defensa e infravalorando el punto que habían conseguido con uno menos. Se puede pensar que el problema de la Real es físico de una forma completamente lícita y argumentada, pero lo que hoy provocó que los de Arrasate perdieron dos puntos fue mucho más psicológico y emocional. La Real no tiene alma ahora mismo.

Así, el partido se empezó a perder cuando no se consiguió ganar en el mejor tramo de juego realista en más de un mes, los primeros minutos del partido. El comienzo del choque en Vigo fue exactamente lo que cabía esperar tras las palabras de confianza en sí mismos y sus posibilidades que se escucharon durante la semana en boca del técnico y sus jugadores. A los dos minutos, Canales remató de cabeza a las manos de Yoel una sensacional jugada trenzada entre Zaldua y Vela. A los siete, Agirretxe no llegó a adelantarse al guardameta por muy poco tras un buen centro de Griezmann. Sólo dos córners mal botados en corto afeaban un espléndido arranque txuri urdin, en el que además se estaba recuperando la variedad en su forma de llegar hasta la portería de Yoel. El 0-1, en el minuto 8, fue de todo menos una sorpresa. Canales probó fortuna desde fuera del área, despejó la defensa y el balón cayó de nuevo a los pies del ex valencianista que no se lo pensó y enganchó otro zurdazo que, este sí, llegó al fondo de las mallas. Muy buen gol de Canales, el primero que marca en la Real.

Con el 0-1, la Real siguió mandando y generando ocasiones de peligro. Vela provocó el despeje de un nervioso Yoel que Griezmann, con un poco más de chispa, habría cazado. Iñigo pudo marcar en dos córners de forma casi consecutiva, y el propio Griezmann estuvo cerca del gol en un disparo tras recortar, aunque dio la impresión de que un centro por delante de la defensa y de primeras habría encontrado un rematador claro. Fueron veinte minutos notables, muy cerca del sobresaliente, en los que sólo faltó algo más de acierto, porque la Real había puesto el partido en situación no ya de ganar sino incluso de golear. Pero de repente, y no es algo nuevo, la Real desapareció. El Celta, que no había llegado al área de Bravo en esos veinte primeros minutos, se hizo dueño y señor del partido. Y los motivos son claros. Markel ni roba balones ni corta el juego de otra forma (ni por posición ni por faltas, no llegó a hacer una en todo el partido), Zurutuza parece tener gasolina sólo para esos minutos y un Canales multiplicado no basta para lo que necesita el equipo. Si a eso se añade la indolencia de los extremos, sobre todo de un irreconocible Griezmann, que dejaron tirados a los laterales, se entiendo por qué el Celta empezó a llegar en oleadas.

José Ángel evitó el primer gol del conjunto local en esa primera llegada de peligro, Bravo tuvo que hacer dos paradas de forma casi consecutiva, la primera en un disparo de Nolito escorado hacia la izquierda y la segunda con un lanzamiento desde fuera del área de Krohn-Delhi, y Bermejo no fue capaz de enganchar la pelota en condiciones cuando lo tenía todo a favor en la frontal del área. El gol se veía venir, pero llegó de una forma inesperada. Bermejo, que dedicó toda la primera mitad a pelear y a tirarse a la piscina, sacó petróleo del marcaje de Iñigo Martínez y la deficiente actuación de Estrada Fernández. Primero le provocó una tarjeta amarilla tirándose sin motivo en el centro del campo para engañar al árbitro, y después exageró de una forma desmedida un contacto en el interior del área para que la Real tuviera que afrontar otro penalti en contra. Puede ser penalti, pero el propio Bermejo despierta dudas en la infracción por su forma de actuar. La duda crece por la decisión del árbitro de no mostrar la que habría sido segunda amarilla a Iñigo. Bravo adivinó que Nolito lo lanzaría a su izquierda, pero no pudo llegar al balón.

Empate en el minuto 37 y vuelta a empezar. De hecho, fue así, porque el Celta dio un pequeño paso atrás y la Real volvió a coger la iniciativa del partido. Vela tuvo una ocasión de volver a poner en ventaja al equipo txuri urdin de forma casi inmediata, pero su disparo se fue por encima del larguero, y a continuación una espléndida dejada de cabeza de Agirretxe la aprovechó Griezmann para ejecutar un buen giró y clavar el balón en la portería. La Real tenía de nuevo la ventaja en el marcador ya antes del descanso y Aurtenetxe se la dio nada más comenzar la segunda parte en el número de efectivos en el campo. Una alocada e incomprensible entrada sobre Vela le mandó al vestuario, probablemente en la única decisión en la que un fallón Estrada Fernández pareció tener bajo control el partido. Era el minuto 47. La Real, que ya había generado una primera ocasión tras el descanso en una buena jugada de Canales que Zurutuza mandó de forma indolente por encima del larguero, lo tenía absolutamente todo a favor. Y fue a partir de ahí donde se comenzó a perder el partido y donde se forjó la principal culpabilidad de Arrasate.

Se puede llegar a aceptar, aunque ya a regañadientes, su apuesta en el centro del campo y el empecinamiento en que Pardo no pueda formar parte de ella por ese pretendido equilibrio que es precisamente lo que la Real ha perdido en su defensa. Pero lo que no se puede aceptar es que Arrasate viva ajeno a la realidad, que es lo que le sucedió hoy. Era obvio que el Celta se iba a ir a por el empate, y que Luis Enrique iba a hacer cambios, uno doble introdujo en el minuto 61 para jugárselo todo a una carta. Aún así, el técnico del Celta dio a Arrasate casi un cuarto de hora de ventaja para poder analizar el momento del partido y actuar. Hay que insistir de nuevo en que Markel y Zurutuza siempre estuvieron lejos de controlar el centro del campo, incluso en los mejores momentos de la Real, por lo que la superioridad numérica era el momento ideal de reforzar esa zona y aniquilar las esperanzas del Celta. Arrasate, en cambio, optó por la misma fórmula de siempre, la que está agotada aunque de vez en cuando pueda salir bien. Mantuvo su centro del campo y apostó por la posibilidad de lograr el 1-3 al contragolpe con esa confianza ciega que siempre tiene en su once inicial, sin posibilidad de autocrítica o cambio.

Ahí entra en juego, eso sí, la responsabilidad de los futbolistas, porque la Real tuvo ocasiones de sobra para hacer ese tercer gol y acabar con el partido. Pero en casi todas las decisiones que se tomaron parecieron equivocadas, especialmente en un Griezmann que ahora mismo es el mejor termómetro del estado de ánimo futbolistico que tiene el equipo: bajo cero. Que vaya a cumplir un partido de sanción tras la tarjeta que vio en Balaídos es casi una buena noticia. En realidad, era imposible disociar esos dos aspectos del juego ya mencionados. Por un lado, el ataque realista parecía siempre equivocado, aunque generara las suficientes ocasiones de gol como para matar el partido. Por otro, el equipo pedía a gritos el cambio en el centro del campo que Jagoba no introducía. Y quizá la explicación haya que buscarla en su negativa a decir que el problema de la Real, o al menos uno de ellos, está en la faceta física. Quizá de ahí su empeño en confiar en sus onces iniciales más allá de lo que ahora mismo pueden dar. Pero con la duda, contra diez, con un claro agujero en el centro y con el marcador en ventaja, se antoja difícil de entender que el primer cambio llegara en el minuto 76 y porque Canales pareció pedirlo, exhausto de correr no ya por tres sino por cinco.

Ese primer cambio de la Real, la entrada de Pardo (¿es la tarjeta amarilla que vio por cortar una contra una muestra de frustración?), se produjo cuando el Celta ya había realizado sus tres sustituciones, lo que evidencia la actitud de uno y otro equipo ante el partido. Y es verdad que se podría haber hecho el 1-3 con lo que había en el campo, pero lograr los tres puntos no habría sido más que un parche al análisis. Lo cierto es que la Real nunca dio la sensación de tener un jugador más sobre el campo, y el dominio de la pelota fue en esos minutos del Celta aunque no tuviera ocasiones de gol demasiado claras. Pero alguna tenía que llegar y llegó en el minuto 82. El empate, ademas, llegó de la peor manera posible. Porque si hubiera sido una jugada individual, un error puntual o una jugada a balón parado, el análisis también se podría haber maquillado. Pero llegó en jugada, con varios toques y con Santi Mina disparando desde dentro del área sin marca alguna. Increíble que con la superioridad numérica no sea bastante con la línea defensiva y los tres centrocampistas para bloquear ese tipo de jugadas.

Por supuesto, con el empate llegaron las prisas y antes incluso de sacar de centro Seferovic estaba ya sobre el césped. También dio la impresión de que el cambio fue más obligado que decidido, porque en la jugada anterior al gol Agirretxe ya no había seguido la salida de balón del Celta. Seferovic, que sigue siendo intrascendente en sus ya escasos minutos, no tuvo en esos instantes finales más que una ocasión nada clara para disparar a portería. Eso fue el mejor síntoma de que la Real nunca estuviera cerca del empate. Lo que sí resulta curioso es que esa Real que, aún sin decirlo claramente, parece escudarse en el tema físico, lo prolongado de la temporada y la carga de partidos para justificar los malos resultados de las últimas semanas, con el 2-2 sí presionó arriba. Sí trató de ahogar al Celta. Incluso acabó el partido forzando un córner en el área rival. O sea que, en realidad, el físico sí puede darles, aunque sea para afrontar 45 minutos contra diez jugadores del equipo rival. Y ahí es donde Jagoba no tiene la culpa y hay que achacársela a los jugadores, por mucho que su técnico transmita o no confianza, entienda o no los partidos y haga o no los cambios antes del minuto 70.

Balaídos, eso sí, demuestra una vez más que Arrasate tiene que tomar otro rumbo. Eliminado Elustondo de la ecuación con la que la Real hizo el ridículo en Vigo dejando empatar por un rival con uno menos, las combinaciones para conseguir algo positivo se van acabando. Parece obvio que Canales es, con una diferencia abismal, el único jugador del centro del campo que está respondiendo como se espera de él. Hoy en el banquillo estaban Pardo y un Granero que no llegó a reaparecer, además del propio Elustondo, y en San Sebastián se quedó Ros. Las victorias tapan análisis, pero las derrotas (la de hoy lo es como poco en el plano moral) los magnifican, y el de hoy indica que Arrasate no ha querido o no ha sabido mover ficha. Habla muchas veces de que no está condicionado por lo que se publica o se dice, pero a veces parece estar atenazado en formas demasiado cercanas a lo que concierne al aficionado. La Real debió golear en Vigo y salió con un descorazonador empate. Y el técnico txuri urdin tenía que haberlo visto, antes de formar una alineación en la que varios jugadores daba la impresión de que no debían estar y durante el partido cuando todo se puso a favor y no actuó. Por eso Jagoba es culpable. Pero que el titular no esconda que hay más.

viernes, abril 11, 2014

PREVIA Celta - Real Sociedad. El último empujón

Iñigo Martínez, en el partido de la temporada pasada.
La Real afronta el partido en Vigo (sábado, 16.00 horas, Balaídos, Canal + Liga, Gol TV) con la necesidad de darle el último empujón a la temporada para certificar cuanto antes la clasificación europea, aunque sus últimos resultados, ante equipos de la parte baja de la tabla como el Rayo o el Almería o de la zona noble como el Real Madrid, hayan convertido en un objetivo casi imposible luchar hasta el final por la cuarta plaza. La imagen que transmite la Real es la de un equipo desgastado y eso puede afear el resultado de la campaña si ese último empujón no llega. No parece que la plaza europea esté en peligro, sobre todo porque la amenaza más cercana, el Valencia, tiene ya más opciones de lograr el premio a través de la Europa League que de la competición doméstica, y ya sólo queda saber cuál será la posición final de la Real, si tiene que disputar alguna ronda previa en agosto y cuántas, porque eso sí que está en juego, aunque parezca que la quinta, la sexta o la séptima plaza tienen el mismo premio europeo. Y para ello, nada mejor que ganar y hacerlo con una buena imagen, la que el equipo ha dejado de ofrecer en las últimas semanas.

La convocatoria para viajar a Vigo ha deparado una de las noticias más esperadas por el aficionado txuri urdin: el regreso al grupo de Granero tras la gravísima lesión de rodilla que se produjo en el primer partido de la fase de grupos de la Champions League, en septiembre del año pasado. Ocupa el puesto de Ros, un jugador con el que Jagoba Arrasate ya contaba poco y que ya no cuenta nada más que para rellenar el número de 18 en alguna lista desde que se superaron los cuartos de final de la Copa del Rey. Hay un segundo cambio en la convocatoria ofrecida por el técnico txuri urdin con respecto al grupo que hizo frente al partido en Anoeta contra el Real Madrid, y es el regreso de Zaldua, que ocupa el lugar de Ansotegi. Eso quiere decir que en esta ocasión no habrá un central de recambio en el banquillo. José Ángel recuperado de la lesión que sufrió ante el Madrid, está entre los 18. Se quedan fuera, además de los mencionados Ansotegi y Ros, Estrada y los todavía no recuperados De la Bella y Xabi Prieto.

En la retaguardia del equipo sólo hay una duda, el ocupante del lateral derecho. Con Bravo en la portería, Mikel González e Iñigo Martínez en el centro y José Ángel en la izquierda, sólo falta por saber si Carlos Martínez seguirá en el once o si la banda diestra la ocupa Zaldua. Markel es seguro en el centro del campo, y parece que la opción más probable para completarlo es que Pardo recupere la titularidad y que Canales la mantenga. En el ataque, ya sin necesidad de rotaciones para enfilar el último mes y medio de competición, da la impresión de que jugarán Griezmann, Vela y Agirretxe, recuperando el dibujo más habitual que se abandonó en el choque contra el Real Madrid. De ser esos los planes de Arrasate, el banquillo lo completarían Zubikarai, Elustondo, Zurutuza, Granero, Chory Castro y Seferovic, aunque en el centro del campo las posibilidades son muchas y ninguna es descartable a tenor de lo visto en los partidos anteriores.

Con 50 puntos, la Real arranca la trigésimo tercera jornada en la sexta posición, tres puntos por debajo del Sevilla, uno por encima del Villarreal y con nueve de ventaja sobre el octavo, el Valencia, el primero que se quedaría fuera de Europa ahora mismo. El Celta es decimotercero, con 36 puntos y un colchón de cinco sobre la zona de descenso. El equipo txuri urdin necesita imperiosamente mejorar sus números como visitante, puesto que ahora mismo es el décimo equipo de la Liga en ese aspecto. Sólo suma un punto en las últimas tres salidas y cuatro de los últimos quince en juego, además de ser el quinto que más goles ha encajado lejos de su estadio. Los realistas apenas han sumado una victoria en los cuatro últimos partidos ligueros. El equipo vigués ha conseguido tantos puntos en casa como a domicilio, aunque ha sumado menos victorias en Balaídos, sólo cuatro en dieciséis partidos, que lejos de su feudo. Con su última victoria en casa, ante el Sevilla por 1-0, el Celta rompió una racha de cuatro partidos sin ganar como local, y en general ha sumado sólo siete de los últimos 24 puntos en juego.

La historia está claramente del lado del Celta y convierte Vigo en una plaza compleja para la Real, que sólo ha ganado allí en once de las 50 veces que ha jugado un partido de Liga. De ellos, 41 han sido choques de Primera División, con 23 victorias para el equipo vigués, nueve para el donostiarra y otros nueve empates. La mayor goleada realista es el 2-5 de la temporada 2003-2004, con goles de Kovacevic, Milosevic en propia puerta, Xabi Alonso y dos de Nihat que sirvieron para que se cesara a Lotina como técnico del Celta. El equipo gallego nunca ha podido superar el 6-1 que logró ante la Real en su primer enfrentamiento, en la temporada 1941-1942. Completan el cuadro estadístico nueve duelos en Segunda División, con dos victorias para la Real, cuatro para el Celta y tres empates. Eso sí, contando entre Primera y Segunda , la Real sólo ha perdido en una de las últimas siete visitas a Balaídos, ganando dos y empatando el resto, y no encaja más de un gol precisamente desde aquel partido de la 2003-2004. Balaídos siempre será el campo en el que se escapó el merecido título de Liga de la campaña 2002-2003, con aquella derrota por 3-2.

En el Celta - Real Sociedad de la pasada temporada, la 2012-2013, el equipo de Montanier perdió una espléndida ocasión de sacar los tres puntos de Balaídos. La Real no afrontó el partido con la concentración necesaria y dejó al Celta el manejo en el centro del campo, con Elustondo como parche ante las bajas en el centro de la defensa. Krohn-Deli aprovechó la debilidad defensiva de la Real para adelantar al Celta pasada la media hora de la primera mitad. Nada más comenzar la segunda, Augusto Fernández dejó a su equipo con diez por una mano absurda. La Real se conformó con empatar, con un gol de cabeza de Elustondo a la salida de un córner y ni contra diez buscó con decisión la victoria, sin llegar a forzar ni una sola ocasión de gol de ahí al final. En la primera vuelta de la presente temporada, la 2013-2014, Carlos Vela hizo historia al anotar cuatro goles ante el Celta. Los goles del mexicano sirvieron para dar la vuelta al 1-3 que campeaba en el marcador de Anoeta a falta de 30 minutos para el final, pero una Real arrolladora consiguió una victoria de fe que, en realidad y por fútbol, debió llegar antes y con menos tintes épicos.

lunes, abril 07, 2014

Rubén Pardo sigue sin contar en los partidos grandes

El único partido grande completo de Pardo, con gol en el 90'.
La situación de Rubén Pardo en la Real se está convirtiendo en todo misterio que nadie termina de explicar. Cumple su tercera temporada con el primer equipo, la primera de ellas con dorsal del filial pero como miembro en realidad de pleno derecho, y es inevitable seguir sintiendo todavía hoy que no tiene la condición de titular, o al menos de hombre importante, que su calidad y sus números merecerían. Es indudable que cada temporada ha ido contando más que la anterior, pero sigue sin ser una opción preferente. En la temporada 2011-2012, Phillipe Montanier le dio sólo 346 minutos en quince partidos, apenas dos de ellos como titular. El francés siguió infrautilizando al riojano en la siguiente Liga, con 1.086 minutos en 25 partidos disputados pero sólo diez de ellos como parte del once inicial. Y aunque con Jagoba Arrasate sigue mejorando sus números y superando los precedentes, acumulando ya 1.645 minutos en la Liga, con 30 partidos jugados y 18 como titular, nunca es una opción fija para el técnico realista en los partidos grandes.

Esos datos generales, escasos para el potencial del jugador y las esperanzas que hay puestas en él, tienen un claro reflejo en esos partidos. Se han jugado ya 23 partidos ante el Real Madrid, Barcelona, Atlético de Madrid (hoy los tres grandes de la Liga de forma indiscutible) y Athletic de Bilbao (el derbi tiene esa misma consideración de partido destacado) y los datos son demoledores. Pardo ha tenido minutos en poco más de la mitad, en catorce, sólo ha sido titular en tres de ellos, apenas ha jugado uno de forma completa y no llegó a saltar al campo en nueve, estando en el banquillo en ocho de los que no disputó (no estuvo convocado por molestias en el Bernabéu esta presente temporada). Obviamente, tampoco se pueden considerar minutos trascendentes, ni para su consolidación en el juego del equipo ni para ayudar en su formación (si es que todavía se puede pensar que está en esa etapa) los cambios para perder tiempo o con resultados ya cerrados, algo que sucedió en cinco de esos duelos.

No parece casualidad que su único partido completo en este grupo de encuentros fuera el derbi en Anoeta de esta temporada, en el que marcó el definitivo 2-0 ya en el descuento. O que los otros dos en los que también fue titular, la visita al Camp Nou de la temporada 2011-2012 y la del Bernabéu de la 2012-2013, fueran las dos únicas derrotas honrosas en esos estadios desde que la Real regresó a Primera, 2-1 y 4-3 respectivamente, aunque la Real no diera una imagen del todo buena en ninguno de esos dos partidos. O, por poner la mirada en los dos técnicos que han manejado la presencia de Pardo en el campo desde que alcanzó el primer equipo, que sólo en el mencionado choque ante el Athletic fuera titular por delante de algún centrocampista apto (Elustondo estuvo en el banquillo). Todos los centrocampistas del equipo, a excepción de Ros, han jugado estos partidos por delante de él. Incluso Mariga fue titular en el primer derbi en Anoeta de Montanier.

Parece evidente que Pardo sigue sin ser una de las elecciones predilectas de Arrasate como no lo era de Montanier, ni en general ni, como apuntan estos datos, en los partidos grandes. Es verdad que el técnico vizcaíno ha dado algo más de confianza al jugador riojano, pero también que cuando tiene a todos sus centrocampistas disponibles es mucho más proclive a alinear a Markel, Elustondo y Zurutuza en posiciones en las que podría jugar Pardo, por mucho que éstos no mejoren las prestaciones de Pardo, sea por calidad o por estado de forma. Y cada vez que se intuye un partido físico, incluso sin grandes rivales de por medio, se prescinde con mucha facilidad del 14 realista. Ahí radica el misterio. Pardo es un jugador que ha demostrado que cubre mucho campo, que tiene buenos números en la recuperación del balón, y que además aporta en el juego ofensivo del equipo, nada menos que con ocho asistencias de gol (el segundo mejor del equipo en esta faceta, dos por detrás de las diez de Vela) y tres tantos. Y sin embargo, por mucho que demuestre, Pardo sigue sin disfrutar de los partidos grandes desde donde debería hacerlo, desde el campo.

sábado, abril 05, 2014

REAL SOCIEDAD 0 - REAL MADRID 4 La Real agota su discurso y destruye su crédito

Markel, sobrepasado por Modric.
Que el Real Madrid gane en Anoeta es algo que puede entrar en los cálculos de cualquiera. Que gane de esta forma, no. Porque hoy la Real hizo algo más que perder un partido. Hoy la Real agotó su discurso y destruyó su crédito. Esto es fútbol, y esa sensación puede cambiar en el próximo partido, pero sería absurdo negar la evidencia. Hoy la Real no jugó para ganar, aunque viera el camino para hacerlo en los primeros minutos del partido. Hoy no creyó nunca en la remontada, aunque enfrente no tuviera un Real Madrid tan salvajemente arrollador como se podría haber esperado por su potencia o como algunos quieran pensar por el marcador final. Hoy muchos de sus jugadores no dieron la talla, con mucha más claridad incluso que su entrenador, aunque vaya a ser en él y algunas de sus desacertadas decisiones donde seguramente se ponga el foco. Hoy nunca transmitió a la grada la sensación de partido grande, aunque fue la afición la que terminó dando la sensación de grandeza animando con el 0-4 como si el partido estuviera igualado. Y hoy se limitó a colocar una alfombra roja para que el Real Madrid, encima, acabara goleando. Ha sido la victoria más fácil del Madrid en Anoeta. Y una difícil de asimilar.

El resultado final y la forma en que se convirtió en realidad acaba siendo aún más sangrante recordando el primer cuarto de hora del partido, en el que la Real sí dio la talla o, al menos, dejó entrever que sabía como hacer daño a su rival. El Madrid, con el cansancio acumulado de su partido de Champions, estaba francamente incómodo sobre el césped de Anoeta. Arrasate había dispuesto un esquema muy parecido al que desplegó ante el Barcelona, pero con algunas diferencias. Esta vez el objetivo era presionar arriba, que el equipo de Ancelotti le costara sacar el balón y tuviera que recurrir a pelotazos largos que dieran ventaja a la defensa. Esa era la primera parte del plan y comenzó saliendo francamente bien, porque el Madrid no sabía salir de su área. Ni Xabi Alonso, ni Illarramendi, ni Modric encontraban las salidas. La segunda parte de ese plan era que los ataques realistas fueran fulminantes y que partieran desde fuera en diagonales hacia dentro. Y esa segunda parte también estaba funcionando. En ese primer cuarto de hora, Griezmann, Vela y hasta Elustondo en dos ocasiones encontraron esas diagonales y sorprendieron a la defensa madridista, aunque sin encontrar la portería.

No quiere decir eso que la apuesta de Arrasate, entre la valentía y la cerrazón por diversos motivos, saliera enteramente bien. Y el problema no estuvo en la pizarra, que los primeros minutos demostraron al menos válida, sino en la elección de los jugadores que la llenaban. Es llamativo que, teniendo donde elegir, Pardo sea siempre el jugador que no disputa los partidos grandes. Mucho más cuando los nombres escogidos para rellenar el once han demostrado ya más de una vez en la presente temporada que no están en disposición de ser los idóneos. Markel es un jugador mucho más sobrepasado de lo que aparenta y ni siquiera se vio ante el Madrid su capacidad para destacar cuando peor juega la Real. Elustondo es, directamente, un jugador intrascendente, que sólo fue capaz de hacer las mencionadas diagonales pero que nunca fue capaz de encontrar la pelota ni de obstaculizar, como tampoco hizo Markel, la salida del Madrid. El caso de Elustondo es, en ese sentido, mucho más grave. Y Zurutuza no está en forma. No la está recuperando con los muchos minutos que le está dando Jagoba y, en cambio, la sangría en el centro del campo continúa. De esa forma, Canales, el más y mejor entregado a la causa, recorre una enorme cantidad de campo sin demasiado éxito.

Ahí es donde se le empezó a ir el partido a la Real, en el desgaste progresivo de su ya precario centro del campo, y no por la calidad del Madrid. Y, aunque pasara algo desapercibido, también se escapó el partido por la lesión de José Ángel, por un bocadillo. Dentro del buen tono que mostró la Real en ese arranque de partido, el que mejor lo estaba leyendo tanto en defensa como en ataque era José Ángel. En el esquema sin delantero que dispuso Arrasate los laterales debían tener una importancia capital, tanto en la salida de balón como en las opciones ofensivas. Y al cuarto de hora el técnico tuvo que colocar a Ansotegi en el campo y desplazar a Mikel González a la banda. Mikel que está completando una temporada bastante deficiente se veía así en la peor de las posiciones posibles y la Real perdía a su mejor estilete ofensivo de entre los hombres que debían apoyar a Griezmann y Vela. Tras el cambio, que se produjo en el minuto 17, la Real se fue desinflando poco a poco. Y por su propia inercia, porque el Madrid era incapaz de dar dos pases seguidos que le llevaran a posiciones de peligro. Simplemente ganó metros porque la Real los fue perdiendo.

En toda la primera mitad, no hubo que reseñar más que dos jugadas de verdadero peligro, una en cada área. La de la Real llegó en el primer tercio, el único momento en que creyó en la victoria como se ha apuntado, con un buen cabezazo de Griezmann, su única acción trascendente del partido por está irreconocible tras alcanzar la internacionalidad, tras un pase de Vela. En esos minutos, el equipo rondaba la frontal del área y dando cierta sensación de peligro, pero Diego López se fue prácticamente inédito de Anoeta, a excepción de un auténtico paradón tras un remate de Vela que Hernández Hernández, a instancias de un linier groseramente equivocado, anuló por un fuera de juego inexistente (su compañero en la otra banda también pitó otro absolutamente indecente en una jugada en la que Isco recibió el balón estando habilitado). La ocasión del Madrid llegó en el minuto 45. Y fue gol. Illarramendi culminó su traición al corazón realista que perpetró con su huida el pasado verano marcando tras un despeje no muy afortunado de Bravo, en una jugada en la que Elustondo perdió un balón absurdo en el área madridista que después ningún realista supo leer. Ni el guión más cruel se había escrito de antemano pensando en un gol de Illarramendi.

Con ese golpe, tan psicológico por el minuto en que llegó como cruel por su protagonista, se acabó la Real. Y comenzó a desangrarse rápidamente. Se desmoronó físicamente, sin que haya una justificación en el ritmo del partido, siempre mucho más lento de lo que cabía esperar. Se autodestruyó anímicamente, y en eso la responsabilidad no puede ser únicamente del entrenador. Y fracasó tácticamente. Esto último, de ser visible, tendría que acabar de una vez por todas con el discurso que lleva a cambiar los planteamientos para fortalecer el centro del campo. La Real no fue fuerte en esa zona. No robó balones. No hizo faltas. No sujetó los ataques del Madrid. No hay una Real más fuerte con Markel y Elustondo en el centro. Sencillamente no la hay. Como todos los jugadores, podrán estar mejor o peor según sus capacidades personales y lo bien que se asocien, pero la fortaleza que aportan ambos es un mito ya imposible de creer. Y probablemente también analizados por separado. Si a eso unimos una moral que se fue minando por la deficiente defensa de las jugadas de estrategia (Ramos y Bale remataron a placer sendos córners, el primero de ellos mandando el balón al larguero), no había más opción que la derrota.

Y esta se certificó ya con el 0-2, que llegó por un clamoroso fallo de Bravo precisamente en la suerte futbolística que mejor domina, el golpeo con el pie. Un precipitado y fallido saque del chileno rozó en la espalda de Ansotegi y cayó en los pies de Bale, que viendo la portería desocupada colocó el balón entre los tres palos y sentenció el encuentro. Era el minuto 65, y las sensaciones no podían ser peores, ya que incluso un minuto antes Benzema había estrellado de nuevo en el larguero un precioso zapatazo. Nadie en ese momento pensó en la remontada. Anoeta se quedó en silencio sin llegar a comprender la falta de fe de un equipo que precisamente contó con esa cualidad como una de las fundamentales para todos los méritos que había mostrado en los últimos años. El gol, además, invalidó la tentativa ofensiva de Arrasate, que retiró al desaparecido Zurutuza para colocar por fin a Agirretxe sobre el campo. No hubo tiempo de comprobar si había posibilidades de compensar lo mucho que se notó que no hubiera un delantero centro en el campo en algunas jugadas de la primera mitad.

El tercer cambio no contribuyó demasiado a que el equipo encontrara esa fe. Retiró a Mikel González (un cambio, por ciento, que se está convirtiendo en algo habitual), para poner sobre el verde a Pardo y dejar una defensa tan inédita como inaudita, con Elustondo como central al lado de Ansotegi e Iñigo Martínez como lateral izquierdo. Este es el riesgo de no tener laterales en el banquillo, una decisión que suele adoptar con frecuencia Arrasate. Ros, obviamente, ya no cuenta ni para ese papel de parche de emergencia cuando faltan cuatro de los cinco laterales puros que puede alinear el técnico txuri urdin, por lo que es evidente que hay un claro error en la confección de la lista. No es un error nuevo, pero sus consecuencias sí se han visto hoy con más claridad que nunca. A partir de ahí, la goleada era más que previsible. Pudieron marcar Isco, Benzema, Di María y, en lo que hubiera sido un requiebro demasiado cruel con la afición, Xabi Alonso de falta, pero lo hicieron Pepe, de forma nada casual en otro córner mal defensivo, y Morata, al culminar un contragolpe en el que, sin noticias de Elustondo, Markel corrió detrás de una sombra naranja como durante todo el encuentro.

A la espera del partido del Athletic, la sensación final es tan pobre ante un Madrid nada esplendoroso que pocos habrá ya que piensen en las opciones de Champions. Lo único que ya sabe es que el Villarreal no acabará esta jornada por delante y hay que esperar al resultado del Sevilla, pero lo importante siempre es lo que haga el equipo txuri urdin y hoy fracasó rotundamente. No por perder ante el Real Madrid que, hay que insistir en ello, es algo relativamente factible. No en vano los de Ancelotti han ganado ya 24 partidos. Pero perder sin un mínimo atisbo de resistencia es muy doloroso. Sobre todo porque este partido estaba marcado en rojo en el calendario. Anoeta como fortín. Un Real Madrid que no pierde ahí desde hace diez años. Y con la persecución al Athletic por la Champions como ilusión, incluso dentro de la desilusión a la que la propia Real ha dado rienda suelta en el último mes. Por eso este 0-4 es una fracaso. Porque la sensación que dejó es curiosamente similar a la del partido del centenario, en 2009, también ante el Real Madrid. La Real, aquel día, corrió, sufrió, quiso plantar cara, pero perdió fácil. ¿La diferencia? Que esta Real es de Champions y que aquella, que era de Segunda, sólo cayó por 0-2 y no dejó de creer hasta el final.

viernes, abril 04, 2014

PREVIA Real Sociedad - Real Madrid. No hay rival demasiado grande

Xabi Prieto hizo dos goles al Madrid en el 3-3 de la 2012-2013.
Si la Real quiere seguir aspirando a la cuarta plaza para regresar a la Champions, ha de tener claro que no hay un rival que sea demasiado grande, empezando por su partido ante el Real Madrid (sábado, 20.00 horas, Anoeta, Canal + 1). Y sabiendo también que no va a jugar de aquí al final de la temporada contra uno más grande que el equipo madridista. Además de la necesidad de sumar los tres puntos para que alcanzar al Athletic no se convierta en una utopía, hay incontables motivaciones. Lucir ante el Madrid sirve para que el mundo entero vea la camiseta txuri urdin, pero es que además es un equipo que no cae en Anoeta desde hace nada menos que diez años, precisamente en la última temporada en la que la Real jugó Champions. Las señales que ha emitido la Real en las últimas semanas no invitan al optimismo, pero todo es posible cuando Anoeta y el equipo se funden en esa comunión que ya ha dado tantas jornadas de gloria. El Madrid jugará presionado por los resultados de Barcelona y Atlético, la Real sólo sabrá el del Villarreal. Todo cuenta para construir lo que ha de ser una gran noche de fútbol.

Jagoba Arrasate no ha terminado la semana con buenas noticias, porque se le han caído hasta tres jugadores en los últimos entrenamientos, jugadores que además tenían sus opciones de entrar en el once inicial. Xabi Prieto fue el primero en despedirse del partido por un esguince de tobillo, y en el último entrenamiento se confirmó que también se lo perderán Zaldua y De la Bella, el primero por una contusión en el tobillo y el segundo por una sobrecarga en el muslo. De la Bella es, precisamente, el único jugador de campo que sale de la convocatoria que formó el técnico realista para jugar en El Sadar, y su puesto lo ocupa Ros. También regresa a la lista Zubikarai en lugar de Royo, después de algunas semanas de ausencia. Junto a los ausentes por lesión se quedan fuera Estrada y Granero, ambos recuperados de sus largos periodos de baja pero sin haberse reintegrado a las convocatorias. Se había especulado con la posibilidad de que el segundo regresara al grupo para este partido tan especial para él, pues se hizo como futbolista en la cantera del Real Madrid.

Bravo estará bajo palos, y en la defensa la única duda está en conocer el nombre del central que acompañará a Iñigo Martínez. Mikel González jugó en Pamplona muy por debajo de su nivel, aunque en principio sus características le dan ventaja sobre Ansotegi. Los laterales serán los dos únicos que figuran en la convocatoria, Carlos Martínez y José Ángel. A partir de ahí, todo depende del esquema que use Arrasate. Si opta por un dibujo parecido al del partido ante el Barcelona, lo más probable es que jueguen Markel, Elustondo, Pardo o Zurutuza y Canales en el centro del campo, con Griezmann y Vela en el ataque. Si plantea un esquema más cercano al habitual de toda la temporada, entraría Agirretxe en el lugar de uno de los cuatro centrocampistas, a escoger entre los tres últimos porque todo parece indicar que Markel y Elustondo son fijos para este partido. Zubikarai, Ros, Chory Castro y Seferovic parecen tener bastantes menos opciones de entrar en el once y estarán en el banquillo.

Tras el empate en El Sadar, la Real mantuvo la sexta posición con 50 puntos, los mismos que el Sevilla que es quinto, uno más que el Villarreal, sexto, y seis menos que el Athletic, cuarto. El Real Madrid es tercero con 73 puntos, dos menos que el Barcelona y tres menos que el Atlético. La Real ha hecho un fortín de Anoeta, donde ha ganado diez de los quince partidos que ha jugado y sólo ha perdido dos, curiosamente antes los otros dos equipos madrileños, el Atlético (1-2) y el Rayo (2-3). El equipo blanco ha salido victorioso de diez de sus dieciséis desplazamientos, aunque sólo ha ganado uno de los últimos tres (0-1 en Málaga). Barcelona y Sevilla, ambos por 2-1, son los únicos equipos que han batido al Real Madrid lejos del Santiago Bernabéu. La Real ha marcado 34 goles como local, sólo ha recibido once, y el Madrid ha hecho 36 como visitante, encajando 18. Vuelven a Anoeta dos ex realistas que han decepcionado a la afición por diferentes motivos, Xabi Alonso e Illarramendi. Habrá que ver cómo será el recibimiento.

La historia habla de una enorme intensidad en los Real Sociedad - Real Madrid, duelos en los que la estadística da ventaja al equipo blanco. Se han enfrentado en Donostia en 66 ocasiones, todas ellas en Primera División, con un balance de veinte triunfos para la Real, 25 para el Madrid y 21 empates. En Anoeta han sido 17 los choques, con seis victorias locales, otras tantas visitantes y cinco empates, aunque ya han pasado diez años y seis partidos (dos empates y cuatro derrotas) desde la última vez que la Real logró los tres puntos, con el 1-0, gol de Karpin, de la temporada 2003-2004. El 6-2 de la 1950-1951 sigue siendo la mayor goleada txuri urdin ante el conjunto merengue, con tres goles de Igoa, y uno de Caeiro, Epi y Basabe. En Anoeta, destaca el 3-0 de la Liga 2001-2002 y los dos 4-2 de la 1997-1998 y el más memorable de todos, el de 2002-2003. La mayor goleada madridista es el 1-5 de la campaña 1992-1993, aunque marcó un gol más en el 3-6 de la 1953-1954.

La pasada temporada, la 2012-2013, el partido, que se jugó en la penúltima jornada, acabó con un vibrante empate a tres. El Madrid llegó con la temporada finalizada y la Real necesitaba ganar para conservar la cuarta plaza. Un fallo de Mikel González permitió que Higuaín adelantara al Madrid en el inicio. En un vendaval de clarísimas ocasiones de gol de la Real, el Madrid se puso 0-2 por mediación de Callejón, ya en la segunda parte. Cinco minutos después un penalti por mano de Khedira transformado por Xabi Prieto dio vida a la Real. Griezmann hizo el empate de cabeza en el minuto 77, pero dos más tarde el propio Khedira hizo el 2-3. La Real nunca se rindió y acabó empatando el partido en el descuento, en un jugadón con un pase al área de un portentoso Carlos Martínez que dejó Agirretxe y transformó Prieto. El fútbol no premió a la Real con una justa victoria. En el partido de la primera vuelta de la presente temporada, la 2013-2014, la Real se paseó como alma en pena por el Bernabéu y perdió 5-1. Griezmann hizo el tanto realista.

miércoles, abril 02, 2014

La Real sólo ha ganado cinco veces en casa a Real Madrid, Athletic y Barcelona en la misma Liga

Así celebró Griezmann su gol al Athletic esta temporada.
La Real ya ha ganado en la presente temporada al Athletic por 2-0, con goles de Griezmann y Pardo, y al Barcelona por 3-1, con tantos de Elustondo (aunque en el acta se le adjudicó a Song en propia puerta), Griezmann y Zurutuza para superar el de Messi. Como bien es sabido, estos dos equipos son, junto al Real Madrid, los únicos que jamás han descendido a Segunda División. El equipo txuri urdin está en disposición, por tanto, de derrotar como local a estos tres conjuntos, y eso es algo bastante excepcional en la historia realista, pues de las 67 temporadas que ya ha completado en Primera de División, sin contar la actual, sólo ha conseguido esas tres victorias en cinco ocasiones. Siempre que las logró estuvo en disposición de luchar por el título de Liga, y ni siquiera en todas las campañas en las que pudo ganar el título batió a esos tres equipos, puesto que en su segunda Liga, en la campaña 1981-1982, el Barcelona escapó de Atotxa con un empate a uno.

La primera vez que la Real consiguió batir a estos tres equipos fue en la temporada 1930-1931, en la tercera Liga de la historia. Primero venció al Barcelona por 4-1, con dos goles de Bienzobas, uno de Cholín y otro de Mariscal, por el de Arnau para el equipo blaugrana. Después batió al Real Madrid por 2-1, remontando con dos tantos de Bienzobas el que había conseguido el madridista Olaso. Y finalmente, también con gol de Bienzobas, superó 1-0 al Athletic. La Real fue tercera en la clasificación final, en un emocionante triple empate a puntos final con el propio equipo bilbaíno, que fue el que se llevó el título, y el Racing de Santander. Eso sí, la emoción duró hasta la penúltima jornada, que fue en la que el Athletic consiguió proclamarse campeón.

Hubo que esperar nada menos que veinte años para ver de nuevo en Atotxa las derrotas de estos tres conjuntos. El Real Madrid fue el primero en ser superado con un enorme 6-2, con tres goles de Igoa y uno de Caeiro, Epi y Basabe para la Real, mientras que Marculeta en propia puerta y Cabrera hicieron los tantos madridistas. El Athletic también fue goleado, 3-0, con dos tantos de Epi y uno de Caeiro. Y también tres goles se llevó el Barcelona, obra de Epi en dos ocasiones y de Pérez, aunque el resultado fue de 3-1. El tanto blaugrana lo hizo Basora. Aunque durante mucho tiempo la Real estuvo metida en la lucha por la Liga, finalmente el equipo de Benito Díaz cayó a la quinta posición, la más baja que ha ocupado el conjunto txuri urdin batiendo a los tres históricos en su campo.

Para la siguiente ocasión en que se produjeron estas tres victorias tuvieron que pasar casi treinta años más. Fue en la temporada de la imbatibilidad, la 1979-1980. La primera de ellas fue un emocionante 4-3 ante el Barcelona que Diego subió al marcador en el último minuto del partido, después de que Alonso, Kortabarria y Satrústegui marcaran para la Real y Carrasco, Heredia y Tente Sánchez lo hicieran para el Barça. Después sucumbió el Real Madrid con un 4-0 histórico. Los goles de López Ufarte de penalti, Satrústegui, Zamora y Heras certificaron la primera derrota madridista en Atotxa después de 22 años. 4-0 fue también el resultado que registró el marcador en la visita del Athletic, siendo los goleadores Satrústegui, Zamora, Olaizola e Idígoras. A la Real se le escapó esta Liga por su única derrota del torneo, 2-1 en el Sánchez Pizjuán, y fue subcampeona por primera vez en su historia.

En la siguiente temporada, la 1980-1981, la que se saldó con el título de Liga conseguido de forma inolvidable en Gijón con el mítico gol de Zamora, Athletic, Barcelona y Real Madrid también salieron de vacío de Atotxa. El primero en pasar por el viejo estadio donostiarra fue el Barça, derrotado por 2-0 gracias a los tantos de Idígoras y Uralde. El Athletic fue goleado, 4-1, con sendos dobletes de López Ufarte y Satrústegui, a los que los rojiblancos sólo pudieron oponer un postrero tanto de Endika. Y el Real Madrid cayó en Atotxa por 3-1. Diego adelantó a la Real, empató García Hernández, Alonso hizo el segundo de la Real y Zamora cerró la victoria con un tanto tan importante como el de Gijón, pues permitía superar el 1-0 con el que perdió el equipo txuri urdin en el Santiago Bernabéu, daba el average particular a los de Alberto Ormaetxea y hacía valer el empate a puntos final para que el título volara a Donostia.

La última vez que la Real consiguió ganar a Athletic, Barcelona y Real Madrid fue, además, la única ocasión en que esos tres triunfos se han celebrado en Anoeta. Fue en la temporada 2002-2003. La Real superó al Athletic por 4-2 en la primera jornada, con goles de Karpin, Nihat en dos ocasiones y Kovacevic. Gurpegi, el mismo día que dio el famoso positivo en el control antidoping, hizo los dos goles del Athletic. A continuación sucumbió al Barcelona por 2-1, remontando con dos tantos de Kovacevic el que marcó Kluivert para el equipo catalán. Y finalmente el Real Madrid salió goleado en uno de los partidos más memorables de la historia de Anoeta por 4-2. Dos goles hizo Kovacevic y uno convirtieron Nihat y Xabi Alonso para la Real, siendo Ronaldo y Portillo los goleadores madridistas. La Real tuvo que conformarse con ser subcampeona en aquella temporada tras la derrota por 3-2 en Vigo de la penúltima jornada.

domingo, marzo 30, 2014

OSASUNA 1 - REAL SOCIEDAD 1 La falta de grandeza cuesta dos puntos

Chory remata la asistencia de Vela para hacer el 0-1.
La Real jugó sin grandeza en Pamplona, asumiendo su mal estado de forma como un freno para su fútbol, y eso le costó dos puntos. No tuvo grandeza a la hora de escoger el once inicial, presumiendo una vez más algo que Osasuna ya no es. El Sadar, en tiempos, era un estadio del que costaba sangre, sudor y lágrimas sacar algo positivo y ya no lo es, como evidencia el hecho de que sólo haya ganado cinco de los quince partidos que ha jugado o que hayan sacado de allí los tres puntos equipos como el Granada, el Levante o el Almería. No hubo grandeza a la hora de matar el partido, y en esto la Real de Jagoba Arrasate es reincidente. Tampoco la hubo en los cambios del técnico. Pero tampoco la hubo en demasiados jugadores, que parecen haber bajado los brazos y renunciado a recuperar el nivel de la temporada pasada o incluso de los mejores momentos de la presente. Si a eso se suma una calamitosa defensa en las jugadas a balón parado, el resultado era más que predecible, a pesar del tempranero gol de Chory Castro. Y pudo ser peor, porque el único equipo que pudo ganar al final fue Osasuna.

El debate es el mismo que ya ha marcado irremediablemente la temporada: el del centro del campo. La Real tiene dinamita arriba, aunque no siempre consiga sacarle todo el partido que podría, y la línea defensiva se mantiene con cierta solvencia a pesar de los muchísimos problemas de lesiones y la baja forma de alguno de sus integrantes. Pero el centro del campo es un quebradero de cabeza continuo desde el comienzo de la competición. Ya es irremediablemente polémico que Elustondo ocupe un puesto de titular, mucho más si es además acompañando a Markel Bergara, un doble pivote nefasto que jamás ha ganado por sus acciones punto alguno para la Real, pero además porque eso es un claro mensaje conservador. La Real, con ellos, apuesta con fuerza para que no haya fútbol vistoso ni combinativo, presumiendo al rival una fortaleza que, hay que insistir en ello, Osasuna no tiene. Y es un error continuo y retierativo, porque antes de Arrasate tanto Lasarte como Montanier apostaron en Pamplona por esta dupla que tan poco aporta.

Si a eso  se añade la insistencia en un Zurutuza que una vez más evidenció que cuando está fuera de forma no huele un solo balón en el partido, era evidente que la Real no iba a ganar por fútbol. Mucho más si Pardo no forma parte de la ecuación, algo que sigue siendo incomprensible, porque su presencia suele coincidir con los mejores partidos del equipo e incluso con sus mejores resultados. A falta de fútbol, la apuesta tenía que pasar irremediablemente por la calidad de quienes sí estaban en el campo. Y eso apuntaba directamente a Carlos Vela. El mexicano tuvo la primera ocasión de gol nada más arrancar el encuentro, antes incluso de que se cumpliera el primer minuto y, como un puñal, se introdujo en la defensa de Osasuna en el minuto siete para asistir a Chory Castro y que éste, en su regreso a la titularidad, batiera con facilidad a Andrés Fernández. Con el temprano 0-1, no se podían poner mejor las cosas ante un Osasuna que tenía dos problemas: los nervios por haber caído en descenso antes de jugar y su nulidad ofensiva, con un gol en los últimos cinco partidos.

No obstante, el choque estuvo muy lejos de transcurrir bajo control de la Real, que es lo que, hay que insistir en ello, lleva a apostar por un centro del campo como el que dispuso Arrasate para dejar sin jugar a Pardo. Ese es el tan cacareado equilibrio que no sirve para sumar al ritmo que sí permite la calidad, la que dio los tres puntos hace sólo tres días ante el Valladolid con una genial asistencia del riojano. Aún así, la primera mitad fue de la Real. Mientras el equipo txuri urdin llegaba con cierta asiduidad a la portería de Andrés Fernández, con remates peligrosísimos como el cabezazo de Agirretxe que forzó la mejor parada del guardameta osasunista o con centros peligrosos de De la Bella o Chory Castro que no terminaron de encontrar remate, Osasuna era incapaz de dar dos pases seguidos y sólo reaccionaba a balón parado. Contó con la inestimable colaboración de otro horrendo árbitro, Fernández Borbalán, que alternó un claro color casero con un absoluto descontrol y que en esos minutos regaló hasta tres ocasiones claras a Osasuna, dos en faltas laterales que sólo vio él y otra más en un córner que se inventó.

No es la primera vez que la Real no entiende que el 0-1 ante un equipo de la parte baja ha de ser un golpe suficiente como para no pasar apuros en la búsqueda del segundo gol que mate el partido. Y no es la primera vez tampoco que esa falta de grandeza para ir a sentenciar el encuentro acaba costando puntos a los de Arrasate. Hoy costó dos. Porque en la segunda parte el buen nivel de la Real duró tres minutos. Nada más arrancar, y después de tanto tiempo sin probar un saque de banda en largo, Chory puso uno en el interior del área para que un Zurutuza absolutamente desmarcado lanzara el balón fuera, sin probar siquiera los reflejos de Andrés. Y dos minutos después un fortísimo pelotazo de Iñigo Martínez desde el centro del campo, esta vez con más apariencia de despeje que de disparo como aquellos que conectó hace un par de años ante Athletic y Betis, se estrelló en el larguero sin que Andrés supiera realmente donde estaba el balón. Ahí se acabaron las oportunidades de la Real para sentenciar y comenzó un innecesario sufrimiento que pareció francamente evitable.

El empate de Osasuna llegó como tenía que llegar, a balón parado. La Real no defendió bien estas jugadas en todo el encuentro y cuando un remate cogió portería se convirtió en gol. Su autor, Oriol Riera, ante la absoluta pasividad de un Mikel González que no llegó a saltar siquiera para molestar y que está muy por debajo del jugador que fue la temporada pasada. Es verdad que el equipo txuri urdin reaccionó bastante bien al gol osasunista, en lo que fue el único atisbo real de grandeza en todo el encuentro, pero la reacción se vio algo abortada por el primer cambio de Arrasate, tardío y difícil de explicar, al retirar a Chory Castro, con diferencia uno de los mejores del partido, muy participativo, para dar entrada a Griezmann. El problema de la Real era otro, estaba en el centro del campo, e incluso para dar entrada al francés se podría haber optado por un cambio más ofensivo que le devolviera a la mediapunta en la que tan bien rindió en un par de partidos con Montanier, uno que respondiera realmente a las exigencias del partido. Arrasate fue conservador y excesivamente respetuoso con las jerarquías de calidad del equipo.

A partir de ese minuto 68 en que se produjo el cambio, la Real no tuvo ya ninguna ocasión clara para conseguir el triunfo. Una faltita de Griezmann, una más de un equipo que lleva camino de cerrar su ¡cuarta! temporada consecutiva sin marcar un gol de libre directo, alguna que otra arrancada de un Vela desquiciado por las incontables faltas que sufrió (unas cuantas de ellas no señaladas) y por las peticiones de la grada para que viera la segunda amarilla (la primera es de las más indignantes que se han visto en toda la temporada), y muy poquito más. Si acaso, que el mexicano pidiera penalti ya en el descuento en una jugada que no se llegó a ver repetida por televisión. Tal era el descontrol, insistiendo de nuevo en que sin Pardo en el campo y sí con Markel y Elustondo en él, que el propio Markel lesionó a Carlos Martínez en un salto en el que nadie sabe por qué fueron los dos a buscar la pelota, dejando al lateral con el ojo a la funerala, y encima indicando al banquillo que no hacía falta el cambio cuando al bravo realista se le cerró un ojo por la enorme hinchazón que le provocó el golpe.

Fruto de ese extrañísimo e injustificable desquiciamiento, la Real pudo perder hasta el punto que ya tenía en un descuento esperpéntico, en el que Osasuna gozó de hasta tres ocasiones de gol, con una defensa realista zozobrando y con una mano salvadora de un desesperado Bravo ya en el minuto 94. Y esas ocasiones llegaron con tres centrales y dos mediocentros defensivos en el campo, con Ansotegi (de lateral, supliendo a Carlos Martínez por la ausencia de un especialista en el banquillo), Mikel González, Iñigo Martínez, Markel Bergara y Elustondo. Ni Canales ni Griezmann consiguieron entrar en juego lo suficiente como para que la Real pudiera terminar el encuentro atacando, sin que se pueda personalizar en ellos culpa algina, porque la falta de grandeza venía de mucho más atrás. También es verdad que el ex valencianista entró al campo con sólo 14 minutos por jugarse, de nuevo ese mal ya visto tantas veces de hacer cambios cuando el marcador no sonríe y sin apenas tiempo, y que Jagoba, si no hubiera sido por la retirada obligada de Carlos Martínez, ni siquiera habría agotado los cambios en un partido que desde la misma Real se planteó como uno físico.

Hay dos blancos fáciles en este partido, que son Arrasate y Elustondo. El primero erró desde el principio y no supo rectificar después, sumando errores subsanables desde su mejor día como técnico, cuando superó desde la pizarra al Barcelona. Y Elustondo añadió un partido más de intrascendencia a su pobre hoja de servicios. Pero no fueron los únicos. Zurutuza tendría que ser el primero en entender que sin estar a su nivel es más un estorbo que otra cosa. Mikel González tendría que saber que, si no está en su mejor forma, tiene que hacer las cosas mucho más sencillas, algo que Ansotegi sí controla. Carlos Martínez tiene que dar una voz de firmeza para pedir ayuda si sabe, y tiene que saberlo, que esta temporada está ofreciendo un nivel tan bajo. Y se podría seguir, porque casi nadie se libra. Pero la única realidad es que se han ido dos puntos que se debían haber ganado, probablemente con mucha más facilidad que los tres que se escaparon ante Rayo y Almería. Es una enorme desilusión en la lucha por la cuarta plaza tras una jornada que se antojaba perfecta, que lleva a la Real a estar en la tabla por debajo de su nivel.

sábado, marzo 29, 2014

PREVIA Osasuna - Real Sociedad. Para soñar hay que ganar lejos de Anoeta

Markel intenta un disparo en el 0-0 de la temporada pasada.
Sin tiempo casi para analizar la sufrida victoria ante el Valladolid y el bajón de juego que ha experimentado el equipo en el último mes, la Real viaja a Pamplona (domingo, 17.00 horas, Reyno de Navarra, Canal + Liga y Gol TV), un escenario en el que lleva ya demasiados años, más de una década, sin conseguir el triunfo. Y lo hace con la necesidad de romper además una segunda mala racha, la que tiene esta temporada lejos de Anoeta, donde sólo ha ganado un partido en lo que llevamos de año. Sólo ganando se mantendrá el sueño de llegar a la cuarta plaza, la que da acceso a la Champions League que ahora disputaría el Athletic, pero la victoria también es necesaria para consolidar su posición europea, la que batalla con Sevilla y Villarreal en estos momentos. El juego del equipo también estará en el punto de mira. Jagoba Arrasate afronta el último fin de semana en el que hará rotaciones por haber jugado tres partidos en sólo seis días y a partir de aquí sólo habrá un encuentro por semana hasta el final de la Liga.

Para el desplazamiento a Pamplona, Arrasate tenía una baja ya conocida, la de Xabi Prieto, que cumplirá un partido de sanción por acumulación de amonestaciones tras la amarilla que vio ante el Valladolid. El capitán también arrastra una dolencia que en todo caso también le habría impedido estar en el Reyno de Navarra. Zubikarai, como el pasado jueves, es también baja. Y Zaldua, que lleva unos cuantos partidos acabando también con algunas molestias, descansará en este encuentro. También se queda fuera Javi Ros, que ya difícilmente tendrá más minutos esta temporada. A cambio, los tres jugadores que vuelven a la lista son los dos laterales que no estuvieron ante el Valladolid, Carlos Martínez y De la Bella, además de Mikel González, que regresa tras cumplir un partido de sanción. Siguen esperando su oportunidad de unirse al grupo de convocados dos lesionados de larga duración ya con el alta médica, Estrada y Granero. Markel, que era duda para este encuentro, sí ha entrado finalmente en el grupo de los 18 convocados.

Las incógnitas en el once de Arrasate son más o menos las mismas que en las últimas jornadas, acentuadas por haber jugado la Real el pasado jueves. En defensa, son seguros Bravo en la portería, Carlos Martínez en la derecha e Iñigo Martínez por el centro. Las dudas están en uno de los dos centrales, presumiblemente con ventaja para Mikel González sobre Ansotegi, y en la izquierda, con José Ángel como más probable titular por delante de De la Bella. Markel, Elustondo, Pardo, Zurutuza y Canales cuentan, al menos desde fuera, con opciones similares para estar en una de las tres plazas del centro del campo. Y en ataque está por ver si, en esta última semana de la temporada con tres partidos, Arrasate hace alguna rotación. Sí parece probable que Agirretxe, que no fue titular ante el Valladolid, sí lo sea para afrontar el partido del Osasuna. No es descartable que el técnico dé descanso a Griezmann más que a Vela y Chory Castro vuelva a tener una oportunidad de inicio. En el banquillo estarán con seguridad Royo como guardameta suplente y Seferovic.

La Real jugará sabiendo los resultados de los dos equipos que le preceden en la tabla, Athletic y Sevilla, pero antes de que lo haga el Villarreal. Lo importante, no obstante, está en el Reyno de Navarra para el equipo txuri urdin, que arrancó la jornada en la sexta posición con 49 puntos, siete por debajo de la cuarta posición y nueve por encima de la octava, la primera que a priori se quedará sin premio europeo. Osasuna arrancó la jornada fuera del descenso, decimoséptimo, con 29. La Real sólo ha ganado uno de los seis partidos que ha jugado lejos de Anoeta en 2013, lo que convierte al equipo de Arrasate en el décimo de la Liga a domicilio, con 16 puntos y cuatro victorias (1-2 al Valencia y Espanyol, 1-3 al Granada y 0-1 al Málaga). El conjunto navarro es el tercero peor como local, y sólo ha ganado cinco de los catorce partidos que ha disputado en su estadio, lugar en el que ha perdido nada menos que siete. De hecho, el equipo de Javi Gracia suma cinco derrotas consecutivas, dos de ellas en casa, acumuladas tras el 3-0 al Atlético.

Históricamente el Reyno de Navarra, antes El Sadar, es un campo del que la Real ha sacado puntos. De los 37 partidos jugados en Pamplona ha ganado en trece ocasiones, empatado en otras siete y perdido en 17. 30 de estos encuentros se han producido en Primera, con un bagaje de diez victorias realistas, los siete empates y trece derrotas. La mayor goleada txuri urdin es el 0-3 que logró en dos ocasiones, en la temporada 1980-1981 con un hat-trick de Uralde, y en la 1983-1984 con goles de Begiristain, Bakero y Zamora. También 3-0 es el triunfo osasunista más holgado, logrado en la lejana campaña 1957-1958. El conjunto realista no vence en Pamplona desde el 2-3 de la temporada 2002-2003, empató la temporada siguiente, perdió en seis visitas consecutivas y de nuevo empató la pasada campaña. El cuadro histórico lo completan siete encuentros de Segunda, con cuatro victorias para la Real, todas ellas por sólo un gol de diferencia, y tres derrotas.

La pasada temporada, la 2012-2013, Osasuna y Real Sociedad empataron a cero en un partido muy decepcionante, sobre todo por parte del equipo de Montanier, que estaba luchando a falta de seis jornadas para el final por la codiciada cuarta plaza. El técnico francés hizo frente a un inofensivo Osasuna con un once creado con excesivas precauciones, con Cadamuro de lateral y con Markel y Elustondo formando el doble pivote. Con ritmo alto y poco fútbol, el choque acabó arrastrando también a Mateu Lahoz, que desquició a la Real a base de no pitar claras faltas. Sólo Agirretxe, saliendo al final desde el banquillo, puso algo de juego como para mover el marcador, aunque no hubo suerte. En el encuentro de la primera vuelta de la presente temporada, la 2013-2014, la Real logró la mayor goleada de su historia ante Osasuna, un contundente 5-0. Osasuna sólo opuso un disparo a puerta en todo el partido. Ansotegi, Iñigo Martínez, Griezmann, Chory Castro y Seferovic hicieron los tantos, con un Pardo brillante en las asistencias.

jueves, marzo 27, 2014

REAL SOCIEDAD 1 - VALLADOLID 0 Tres puntos demasiado sufridos

Así hizo Vela el gol del triunfo.
La Real cumplió y ganó al Valladolid, sumó tres puntos, recortó dos al Athletic y, con la victoria del Villarreal, todo se mantiene igual en ese trío de perseguidores por la última plaza de Champions. Pero fue una victoria con un elevado componente de sufrimiento, algo que no tendría que haberse dado vista la enorme diferencia que hay entre ambos equipos, no sólo en la clasificación sino por lo que han mostrado sobre el césped de Anoeta en sus respectivos momentos de mayor lucidez. Para llegar a esa situación, la Real se olvidó, de forma reincidente, de matar el partido, y permitió que el Valladolid dominara la posesión y tuviera alguna que otra ocasión de auténtico peligro como para haber dado un disgusto a la afición realista. Parece evidente que el equipo de Jagoba Arrasate necesita una inyección de autoconfianza, porque sus picos de juego demuestran que tiene el fútbol necesario, pero son mucho menos constantes de lo que lo han sido en los mejores momentos de la temporada. De ahí el sufrimiento, que a estas alturas de temporada puede provocar tanto un equipo que luche por el título como uno que luche por la vida, como es el caso del conjunto pucelano.

Hasta cinco cambios introdujo Arrasate en el once inicial con respecto al equipo que perdió en Almería, y tres de ellos llegaron en la retaguardia, aunque esos eran los que ya se conocían antes de que comenzara el encuentro porque sólo había cuatro defensores convocados. Pardo entró en la medular por Zurutuza, para acompañar a Markel y Canales, y Seferovic dio descanso a Agirretxe en la punta de ataque. En realidad, y aunque el partido no fuera nada brillante en su conjunto, todos esos movimientos salvo el del atacante surtieron el efecto deseado. Zaldua y José Ángel fueron de lo mejor de la Real, especialmente en la primera mitad que es cuando mejor jugó el equipo, porque a diferencia de partidos anteriores subieron sus bandas con mucha decisión y libertad, y los dos estuvieron bien en defensa. Ansotegi, como siempre, cumplió haciendo lo que sabe y sin complicarse hasta el nerviosismo final. Y Pardo, aún sin explotar sus mejores condiciones porque probablemente no esté desplegando su juego en la mejor posición posible, acabó resultando decisivo.

Y sin embargo, el partido no empezó nada bien para los intereses de la Real. Lo que sucedió fue que el Valladolid llegó a Anoeta consciente de que su posición en la tabla hace que cada partido pueda suponer tres puntos valiosísimos para luchar por la permanencia. Y jugó para ganarlos, algo que le honra a pesar de todos los problemas que tiene en su juego y, más claramente, en la tabla. Eso sí, hay tal diferencia de calidad entre los atacantes del equipo pucelano y los del donostiarra que los visitantes sólo fueron capaces de disparar una vez en toda la primera mitad, ni siquiera a puerta, cuando Javi Guerra mandó el balón por encima del larguero de Bravo tras recibir un mal despeje de Markel. Salvo por ese detalle de la falta de instinto asesino, el Valladolid dominó con claridad en el primer cuarto de hora y la Real no encontraba la forma siquiera de cruzar la divisoria con el balón controlado. Pero al borde de ese cuarto de hora, la Real evidenció la enorme diferencia entre uno y otro equipo con una eléctrica jugada. Vela cedió el balón para la subida de un excepcional Zaldua, que metió el balón dentro del área para el remate de Seferovic, que, a bocajarro, lo despejó Jaime.

El once inicial de la Real.
Esa jugada fue un pequeño oasis dentro del dominio del juego que tenía el Valladolid, que retomó en cuanto sacó de puerta. La Real había perdonado la primera ocasión en la que rompía esa superioridad visitante, pero no iba a dejar pasar una segunda. Un prodigioso pase de Pardo, su séptima asistencia de gol de la temporada, lo coronó Vela con una magnífica vaselina para superar la salida de Jaime. Un chispazo de calidad que, al final, marcó la diferencia y permitió que los tres puntos se quedaran en casa. Pero en ese momento el gol hizo que el partido cambiara radicalmente y se pusiera del lado de la Real con claridad. El equipo txuri urdin se sintió superior y se puso a jugar al fútbol con un instinto que había olvidado en las últimas semanas. Llegaba por las bandas con constantes subidas de Zaldua y José Ángel, por el centro con buenas combinaciones con Pardo y Canales a las que se sumaban Vela y Griezmann, e incluso probaba disparos lejanos, algo que hicieron tanto Griezmann como Canales. Incluso el ex valencianista pudo romper la interminable sequía en faltas directas, pero Jaime, al que Canales vio adelantado, reaccionó a tiempo.

La mejor ocasión de esos buenos minutos realistas la tuvo en sus pies Vela, que estrelló el balón en el cuerpo del guardameta del equipo pucelano en un magnífico contragolpe por su afán de disparar con la izquierda. El rechace lo marró Seferovic con un muy mal disparo. Si el Valladolid sólo pudo oponer en la primera mitad el ya mencionado disparo de Javi Guerra, en la segunda mitad puso algo más en peligro la victoria realista. Pero de nuevo la primera ocasión verdaderamente clara de este acto fue para la Real, un disparo que se fabricó solo Seferovic, en su única acción realmente meritoria de otro partido francamente difícil para el suizo, y que provocó una nueva parada de Jaime, de largo el mejor jugador del Valladolid. A renglón seguido la Real vio cómo el partido estuvo a punto de escapársele. Larsson metió un sensacional pase a Óscar, que no pudo salvar la salida de Bravo cuando casi parecía más fácil que marcara el gol. Cuatro minutos después, una jugada de pizarra acabó con un claro disparo otra vez de Óscar, pero lo mandó arriba.

A partir de ahí, y era el minuto 61, el equipo realista sufrió mucho más porque sintió que ganar no era la única opción. Las dos ocasiones casi consecutivas del Valladolid habían encendido todas las alarmas. Afortundamente, Juan Ignacio Martínez no lanzó a los suyos a un ataque desaforado, sino que sus cambios fueron más refrescos que apuestas más ofensivas. Pero se temió por un gol del Valladolid entre otras cosas porque los cambios de Arrasate estuvieron muy lejos de funcionar, confirmando que el gran problema que tiene el equipo este año está en no haber dado con fórmulas constantes que hagan jugar a su centro del campo. Canales, fundido, dejó su sitio a un Xabi Prieto que está lejísimos de parecerse a su mejor versión y ni siquiera fue capaz de entrar en juego. Agirretxe tampoco encontró hoy caminos al gol cuando suplió a Seferovic, que tuvo una nueva ocasión con un disparo desde una posición algo escorada que de nuevo sacó Jaime con seguridad. Y la entrada de Elustondo por Pardo a seis minutos del final no sirvió tampoco para controlar más el partido.

En realidad, el agobio era más fruto del corto marcador, del bajo estado de forma de la Real como conjunto y de la facilidad con la que pierde la confianza que por la claridad de las oportunidades del Valladolid. De hecho, la mejor de sus llegadas en el tramo final se la tuvo que agradecer ya en el descuento a Del Cerro Grande, otro mal árbitro que, después de una labor bastante mala aunque afortunadamente no decisiva en el marcador, señaló un rocambolesco libre indirecto dentro del área de Bravo. La barrera, bien colocada y con la tensión necesaria, por mucho que el disparo se produjera desde la frontal del área grande y no desde una posición más cercana, evitó males mayores. El partido acabó muriendo en el área del Valladolid gracias a Vela, que forzó que el árbitro señalara la quinta falta sobre él, aunque en realidad recibió alguna más y oposita claramente a ser el jugador que más infracciones recibe de la Liga, cuando se disponía a entrar en el área. Justo antes del libre indirecto, una entrada de Víctor Pérez sobre Griezmann que debió saldarse con tarjeta roja se quedó en amarilla. Cuesta mucho que un rival salga expulsado de Anoeta. Cuesta demasiado.

El marcador definitivo.
Es indudable que lo mejor del partido es que la Real suma tres puntos y se mantiene en la lucha europea, en la misma posición con respecto al equipo que le precede en la tabla, el Sevilla, y el que le persigue, el Villarreal, porque los tres solventaron la jornada con victoria. Pero importa que está dos puntos más cerca del Athletic, ahora mismo a siete. La Real no está jugando bien en este tramo de la temporada, pero hay noticias positivas. Vela hoy sí tuvo algo de la chispa que no ha tenido otros días, Pardo volvió a ser decisivo en el centro del campo y los dos laterales hicieron un partido espléndido. Y sobre todo algo vital, además de mantener la portería a cero, y es que no es necesario que el equipo juegue bien para sacar adelante partidos que se van afeando con el paso de los minutos. Puede que sepa a poco, pero no hay que olvidar que Anoeta ha visto ya diez victorias de la Real en esta Liga, las mismas que logró la temporada pasada, cuando aún quedan cuatro partidos más como local. Repetir el éxito del pasado mes de junio, obviamente, está en que se empiecen a sumarse fuera de casa los puntos que se han escapado en las salidas más recientes.

miércoles, marzo 26, 2014

PREVIA Real Sociedad - Valladolid. La Real busca una victoria balsámica para creer de nuevo

El majestuoso gol de Griezmann al Valladolid de la 2012-2013.
Tras el varapalo de Almería, y en el partido central de la última semana de la temporada con tres encuentros, la Real busca una victoria balsámica que le haga creer de nuevo en sus posibilidades de luchar hasta el final por la cuarta plaza (jueves, 20.00 horas, Anoeta, Canal + Liga, Gol TV). Aunque muchas banderas se han plegado tras los puntos que se han escapado en las últimas semanas ante Rayo y Almería, dos equipos que están luchando por la supervivencia, queda tiempo para la remontada. Hay que hacer muy bien las cosas, pero son nueve puntos en otras tantas jornadas, que serían siete en ocho jornadas tras el empate del Athletic en Elche y el partido de la Real en Anoeta ante el Valladolid si los de Jagoba Arrasate logran el triunfo. Y torres mucho, pero mucho más altas han caído ya en la historia del fútbol. Obviamente, el Sevilla está ya en esa lucha también, como lo está el Villarreal, pero la Real no ha salido todavía de la misma. Europa es la meta. Y cuanto más alta sea la posición en la Liga, mucho mejor. Con eso en mente, sumar de tres en tres es la única medicina posible.

La convocatoria de Arrasate para este encuentro deja jugosos mensajes, matizados únicamente por el hecho de que estamos en una semana de tres partidos y a expensas de saber qué jugadores escogerá para la visita al Osasuna. Pero los dos jugadores que pagan la derrota de Almería con claridad son los dos laterales, Carlos Martínez y De la Bella. Ambos jugaron allí por la ausencia de Zaldua y José Ángel, que regresan ahora a la lista, y pasan directamente a la grada sin pasar por el banquillo. Hay una tercera novedad en la convocatoria, obligada, ya que Mikel González vio en Almería la quinta tarjeta amarilla de la temporada y tendrá que cumplir un partido de sanción. En su lugar, vuelve al grupo de los 18 elegidos Seferovic, en otro claro mensaje: sólo hay cuatro defensas en la lista (Elustondo y Markel son los que ya han jugado de centrales, para el lateral habría que improvisar en caso de cualquier contingencia, presumiblemente con Ros), en la que sí está toda la pólvora ofensiva. Todos los jugadores estaban ya disponibles salvo Zubikarai. Los otros dos descartados son Estrada y Granero.

A la vista de los convocados, no hay ninguna duda en la línea defensiva, en la que jugarán todos los elegidos, esto es, Bravo en la portería, Zaldua y José Ángel en los laterales y Ansotegi e Iñigo Martínez en el centro. El hecho de que sea el segundo de los tres partidos que jugará la Real en seis días abre la posibilidad a muchos cambios en el resto de demarcaciones. Es imposible anticipar cuáles son los planes del técnico para la línea medular, y ni siquiera el casi intocable Markel parece seguro. Se jugarán los tres puestos entre el jugador ya mencionado, Elustondo, Pardo, Canales, Zurutuza y Xabi Prieto. Y en el ataque sucede lo mismo. Si actúa como acostumbra, Arrasate dará descanso al menos a una de las dos grandes estrellas del equipo, con lo que Griezmann o Vela empezarían desde el banquillo para que jugara Chory Castro. A pesar de haber anotado en los dos últimos partidos, ni siquiera Agirretxe parece seguro en el once, lo que da opciones a Seferovic de jugar después de algún tiempo sin hacerlo. El banquillo lo completarán Royo y Ros, los únicos que parece con seguridad que no estarán en el once inicial.

El empate del Athletic en Elche deja a la Real, que jugará sabiendo los resultados de todos sus rivales menos del Villarreal (que juega a la misma hora), en disposición de recortar dos puntos con respecto a la cuarta plaza, ahora en los 56 puntos que tienen los bilbaínos. El equipo txuri urdin arrancó la jornada en la sexta plaza con 46. Su rival, el Valladolid, desde la penúltima con 27 puntos, dos por debajo de la salvación. La Real es un equipo muy fiable como local, donde ha sumado nueve victorias en los 14 partidos que ha disputado y sólo ha perdido dos, los mismos que el Real Madrid. Eso sí, está en una fase irregular, pues de los últimos cuatro ha empatado uno (0-0 ante el Levante) y ha perdido otro (2-3 ante el Rayo). Marcando más de un gol al Valladolid, pasaría a ser el cuarto más goleador en casa, tras los tres intocables. El Valladolid hace honor a su posición en la tabla y es el segundo peor equipo visitante de la Liga, superando sólo al Betis, apenas ha ganado un partido lejos de Pucela (0-3 al Rayo) y ha empatado otros cinco (a cero contra el Elche y el Getafe, a uno contra el Levante y el Málaga y a dos contra el Valencia).

La historia está claramente del lado de la Real en sus enfrentamientos en Donostia contra el Valladolid. De los 39 partidos disputados, 26 han caído del lado txuri urdin, por apenas tres victorias visitantes. En Primera han sido 36 los encuentros jugados, con 24 victorias para la Real, nueve empates y tres derrotas. El dato es Anoeta es más aplastante, pues en este estadio se han disputado doce de esos duelos, con diez triunfos realistas, un empate (en ocho de esos once partidos, la Real no encajó) y sólo una victoria visitante, el 1-3 de la temporada 2003-2004, precisamente la mayor goleada conseguida en San Sebastián por el conjunto pucelano. La más amplia victoria realista es el 6-0 logrado dos años antes, en la 2001-2002, con dos goles de Tayfun y uno de Xabi Alonso, Khokhlov, De Paula y Luiz Alberto. El cuadro se completa con un empate a cuatro en la fase de ascenso de la temporada 1942-1943 y dos partidos en Segunda ganados por la Real. El primero de ellos, el 14-2 de la 1940-1941, es la mayor goleada de la historia txuri urdin en partido oficial. Chipia marcó cinco goles, Bienzobas y Azpiazu sumaron un hat trick cada uno, Pedrín hizo dos e Izaga uno.

La pasada temporada, la 2012-2013, la Real barrió al Valladolid. En once minutos, entre el 32 y el 43, hizo tres golazos. Griezmann hizo el primero tras un sensacional control y pase de Mikel González, Agirretxe convirtió el segundo con un gran disparo a la media vuelta y mandando el balón a la escuadra y Griezmann repitió en el tercero recibiendo un formidable pase desde su campo de Zurutuza, que controlo y remató sin dejar caer la pelota. La Real dejó para la segunda parte el gol más hermoso del campeonato, una portentosa jugada en la que casi todos sus jugadores tocaron el balón, con paredes imposibles al primer toque y que culminó Xabi Prieto marcando el 4-0. El Valladolid marcó el gol del honor por medio de Javi Guerra en el minuto 87. En la primera vuelta de la presente temporada, la 2013-2014, el resultado en Zorrilla fue de empate a dos. La Real jugó muy bien durante 75 minutos, se puso 0-2 con dos tantos de Griezmann, se dejó empatar en el último cuarto de hora y pudo perder, pero Bravo detuvo un penalti ya en el descuento.