
El partido fue malo y desangelado. Un claro paso atrás con respecto a lo que ofreció la Real hace sólo una semana en Anoeta ante el Málaga. El planteamiento fue extraordinariamente defensivo y cedió toda la iniciativa al Sevilla Atlético. La Real no apostó nunca por tener el balón ni por tener la posesión, hasta el punto de que en algunas fases del partido apenas pasó del 20 por ciento. Decir que esa cifra es insuficiente, es quedarse muy corto. Markel demostró inteligencia, pero le faltó presencia. Delibasic se peleó hasta con su sombra, pero no consiguió bajar un solo balón. Sólo la defensa estuvo a buen nivel (segundo partido consecutivo con la portería a cero) y Riesgo tan sólido como durante toda la temporada. Lo mejor de la Real sigue en la portería.

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Siempre hay algo. Y eso no es justo para con las decenas de realistas que estuvimos en el Pizjuán, que pese a todo seguimos animando al equipo, seguimos viéndole en estadios muy lejanos de San Sebastián (o de Madrid, como es mi caso), y seguimos aplaudíendoles cuando se retiran del cesped a pesar de que el espectáculo sea tan triste como lo fue el de Sevilla. Triste porque se oían los gritos de los jugadores sobre el cesped. Eso te deja bien claro que estás viendo un partido de categoría inferior. Y eso es triste porque es la Real el equipo que jugaba, un equipo con casi cien años de historia, con dos Ligas, una Copa del Rey y una Supercopa en su palmarés, un equipo que hace tres años estaba jugando contra la Juventus en la Champions Legue. Retazos de una historia que hoy está casi olvidada por el pobre momento en el que vivimos.
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De la primera parte, no hay absolutamente nada rescatable en el juego de la Real, salvo las intervenciones de Riesgo, portero que demuestra casi todas las semanas que es de Primera. En la segunda parte, Xabi Prieto lo intentó sin suerte en un par de ocasiones. Sólo hubo un par de jugadas trenzadas, y en las dos tuvo una especial participación Castillo subiendo su banda. Tenemos dos buenos laterales, Castillo y Carlos Martínez, que saben incorporarse y centrar y no sé si lo estamos aprovechando todo lo bien que podríamos. Gari, que salió en la segunda mitad, también contribuyó a dar movilidad al equipo y su buen trabajo permitió que no se notara la inferiodidad numérica en los últimos diez minutos. La mirada de Coleman desde el banquillo no alteró el devenir del partido.

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El sábado salí del campo viendo el vaso totalmente vacío porque no hubo nada esperanzador. Pero, con el devenir de los días, pienso más en el siguiente partido, en la oportunidad de volver a sumar tres puntos. Y pienso que queda menos para que se acabe la pesadilla institucional, para que sepamos quién dirige la Real, para que se acaben las discusiones sobre el futuro o sobre el modelo del club. E irremediablemente vuelvo a pensar en una victoria del cuadro txuri urdin y en el siguiente viaje que voy a hacer para ver a mis jugadores en directo. "Esto es lo que hay, y hay que seguir"....
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