viernes, junio 18, 2010

PREVIA Elche - Real Sociedad. El final del camino

Y llegamos al final del camino (sábado, 18.00 horas, Martínez Valero, sin televisión). Se acaba la temporada del ascenso y la Real pone fin a un periplo de tres años y 126 partidos en la Segunda División. Llega a su fin el sufrimiento de un equipo cuyo lugar no es éste, y llega después de cuatro días de intensas celebraciones que han hecho olvidar, tanto como la clasificación, que queda un último encuentro. Nada habrá en juego ante el Elche, pues la Real ya es campeona de la Segunda División y el conjunto local puede moverse un par de puestos arriba o abajo pero sin que cambie su futuro. Sólo cabe afrontar el partido como un merecido punto final, como el final del camino en Segunda, como el comienzo del nuevo periplo en Primera. Y, también, como la oportunidad para algunos jugadores de despedirse de la Real o de debutar con el primer equipo. Ya somos campeones, pero todos los partidos cuentan.

Tras la fiesta, llega el turno de los no habituales. La convocatoria de Martín Lasarte, la última de esta temporada, ofrece cuantiosas novedades. Lógicamente, muchas habrá también en el once inicial. Ocho de los titulares ante el Celta ni siquiera han viajado a Elche: Mikel González, Ansotegi, De la Bella, Diego Rivas, Aranburu, Griezmann (por sanción), Xabi Prieto (por la lesión que se produjo al celebrar el primer gol) y Bueno. Ese anuncio de que saltarán al campo los teóricos suplentes hace que haya dudas en todas las líneas, incluyendo la portería. Lo normal sería que Zubikarai cerrara la temporada bajo palos, pero no es descartable que Lasarte dé la alternativa a Mandaluniz, cerrando así una más que rocambolesca temporada de los porteros de la Real. Han jugado hasta ahora cuatro (si contamos los minutos que tuvo Carlos Martínez tras la expulsión de Zubikarai en Huelva) y uno de ellos, Bravo, hasta ha marcado un gol.

En defensa, Labaka, Esnaola (sólo un partido esta temporada) y Camaduro (que puede debutar con el primer equipo y que, como todos los canteranos que viajan a Elche está llamado a hacer la pretemporada con el primer equipo) optan por las dos plazas del centro. Lo normal sería que Dani Estrada volviera al equipo en lugar de Carlos Martínez y que Sarasola, único lateral zurdo de la convocatoria, sea titular por la izquierda. Para el doble pivote, Lasarte tiene la oportunidad de hacer debutar a Illarramendi y Albistegi, aunque parece que uno de los dos puestos titulares en esa parcela será para Elustondo. Las tres mediapuntas se las disputan Zurutuza, Nsue y tres jugadores que se despiden de la Real: Songo'o, Johnatan Estrada y Sergio. Agirretxe y Viguera son los dos atancantes con los que el equipo txuri urdin despedirá la temporada, siendo lo más normal que el primero sea titular y busque romper su sequía goleadora, que dura ya 21 partidos, desde que cerrara la cuenta ante el Cádiz en Anoeta el 9 de enero.

Nada hay en juego, decía. El gol de Zurutuza al Levante en Anoeta, el que llevó el 3-1 definitivo al marcador, hace ya campeona de Segunda a la Real, por mucho que el conjunto txuri urdin pierda su partido en Elche y el Levante gane en casa al Betis, que necesita la victoria y que el Hércules no gane para acompañar a Primera a los realistas y al Levante. La victoria de la Real serviría para mejorar el aspecto más débil de su temporada, los partidos como visitante de la segunda vuelta. No han sido unas estadísticas tan malas como pareció en algún momento, pero la superioridad no concretada ante algunos rivales y el sufrimiento de ver a los perseguidores cada vez más cerca acrecentó el nerviosismo sobre esta estadística. En todo caso, como visitante en la segunda mitad del campeonato sólo venció en Cádiz, empató cinco encuentros y cosechó cuatro de las siete derrotas que sufrió a lo largo de todo el torneo. La Real se despidió de la camiseta del centenario ante el Celta, ahora toca despedirse de la segunda equipación conmemorativa de esa efeméride en Elche.

Son 16 las visitas que la Real ha rendido a Elche, una ciudad que ofrece un balance relativamente positivo para el equipo txuri urdin. Han sido cuatro las victorias realistas, cinco los empates y siete las derrotas. Todos los partidos que ha perdido la Real en Elche, los siete, se han producido en Primera División. Con estrépito cayó el equipo realista en la temporada 67-68, en la de su regreso a Primera tras el ascenso de Puertollano. 5-0 fue el resultado aquel día. Pero en otras siete visitas, la Real logró puntuar, con tres victorias y cuatro empates. Los tres triunfos fueron por el mismo resultado, 1-2 (temporadas 1970-1971, 1973-1974 y 1977-1978). La Real no pierde en Elche desde la campaña 76-77, por 2-0. Desde entonces, ha jugado en cinco ocasiones, ha ganado dos y ha empatado tres. Entre ellas, las dos únicas contiendas con el Elche que se han producido en Segunda. En la primera temporada de este paso por la división de plata, la 07-08, se empató a cero, a pesar del partidazo que hizo.

La pasada temporada el Elche-Real Sociedad también sirvió, como servirá mañana, para cerrar la competición. Ganó la Real con justicia, y lo hizo por el mismo resultado que cosechó en sus triunfos en Primera, 1-2. Se adelantó el equipo ilicitano, pero una Real joven y plagada de canteranos le dio la vuelta al partido con cierta facilidad. Agirretxe hizo el primero, el noveno gol de la temporada, y Elustondo, que regresaba de la lesión que le tuvo lejos de los terrenos de juego durante casi toda la competición, hizo el de la victoria. En Elche debutó Alain Eizmendi. En Elche se despidió Juanma Lillo como entrenador de la Real. No fue el único en decir adiós sobre el césped a la camiseta txuri urdin. También lo hicieron Gerardo, Moha, Marcos y Castillo. La victoria supuso un bonito final para una triste campaña, en que la Real quedó en sexta posición y lejos, muy lejos, de la sensación de alegría y felicidad que deja ésta, la que todos sentimos tras ganarle al Celta en Anoeta.

El Elche, a pesar de llegar al final de la competición sin nada en juego y con problemas internos, cierra la temporada como el único equipo que ha ganado en Anoeta, en casa del campeón. Lo hizo en el último partido de la primera vuelta, por 0-1 y gracias a un clamoroso error de Claudio Bravo, quizá el único de la temporada. Intentó regatear a un delantero del Elche, perdió el balón y cometió un penalti que además conllevó su justa expulsión. Y no se habían jugado más que diez minutos. Zubikarai no pudo detener la pena máxima y la Real jugó a remolque todo el partido. Sacó todo su coraje y forzó, sobre todo en la primera parte, alguna oportunidad para empatar. La más clara, un penalti cometido sobre el inagotable Carlos Martínez. Xabi Prieto no estaba en el campo, y Bueno lo lanzó fuera. El Elche también acabó con diez, pero para entonces la Real ya estaba agotada por el esfuerzo y no consiguió siquiera llegar con claridad a la portería visitante. La derrota no empañó una portentosa primera vuelta, que la Real finalizó con 42 puntos. Esa primera vuelta cimentó el ascenso que acabamos de celebrar.

jueves, junio 17, 2010

Imágenes de una fiesta (y 3)

Para mí, Gorka Reizabal es uno de los nombres de oro del periodismo deportivo relacionado con la Real. Le vi sobre el césped de Atotxa con un micrófono de TVE en la mano, en aquellos viejos partidos de la UEFA que acostumbrábamos a jugar en los 80. Escuché emocionado sus palabras sobre la Historia del equipo en los vídeos que hizo en los años 90. Le seguí en la radio, cuando era el hombre en San Sebastián de la Cadena SER. Y tuve la enorme suerte de conocerle y, con el tiempo, entablar una amistad. El domingo estuvo en Anoeta con una camiseta muy especial, la que vistió Periko Alonso en su último partido con la Real, en la temporada 81-82, aquel encuentro que dio a la Real en Atotxa su segundo título de Liga. Qué envidia me dio por tener ese tesoro. Y qué alegría al ver que alguien como él la luce tan orgulloso. El lunes no le vi pero hablamos. "Un poco más contentos que ayer, fíjate la diferencia", me dijo. Y es verdad. El domingo estábamos en Segunda y el lunes en Primera. En la fiesta del lunes, yo le pillé desde abajo, pero él tuvo un lugar privilegiado dentro del Ayuntamiento y se ofreció a enviarme estas fotos.

La bandera y la gente. La Real, en definitiva. "Gente entusiasmada", me dice Gorka. Y es verdad, lo estábamos. Todos. ¿Por qué convertimos en su día a la Real en el centro de todas las polémicas? ¿Cuándo olvidamos que nuestro corazón, el de todos, es txuri urdin? Ojalá ya no lo olvidemos más.

Gorka con Mikel Aranburu. El capitán es el único jugador que queda en la plantilla de aquellos que lograron el subcampeonato y el único que permanece de los tiempos de Gorka como informador de la Real. "Me alegro especialmente por él, por su fidelidad, por recuperar lo que era suyo y nuestro tras una travesía del desierto, a veces sin cantimplora", explica Gorka. Yo también me alegré mucho por Aranburu, yo también. Se merecía una alegría un jugador que vivió palos como no ganar la Liga, el descenso, el no ascenso de Vitoria o la gravísima lesión que sufrió en Santander.

"Un hombre sensato, con un discurso lleno de contenido, sin apenas tópicos, brillante, que rezuma liderazgo. Aterrizó sano, sin esa enfermedad mental colectiva que había desgarrado a la Real durante ya demasiado tiempo. Un singular psiquiatra que sublimó y encauzó todas las demás devastadoras locuras para volvernos locos pero de alegría". Lo dice Gorka, lo suscribo yo. Bravo, Martín, bravo.

La misma imagen del ascenso de 1967, de las Ligas de 1981 y 1982 y de la Copa de 1987. En Alderdi Eder y con miles de realistas ahí abajo. "Con otros protagonistas, pero todos de la Real", me dice Gorka. Y es verdad también. Esa es también la grandeza de este equipo, que en el fondo no es más que un legado que se va transmitiendo. No queda más remedio, pensaréis algunos. Pero no es verdad. Se puede trabajar en la Real sin quererla. Se pueden cantar los goles de la Real sin sentirlos tanto. Pero no es lo mismo.

Una curiosidad que me destaca Gorka. El portero de Puertollano fue Zubiarrain. El de este ascenso, Zubikarai. Zubi, en los dos casos, aunque no sea así como les conocemos. Y zubi, en euskera, significa puente. "En este gran puente de 43 años la Real ha disfrutado de grandes y míticos pilares, o sea, porteros que primero dieron gran rendimiento y luego fueron el maná pues ayudaron a cuadrar presupuestos", afirma. Arconada, "el más grande", claro. Y ahora una duda y un deseo: "¿Volverá la portería de la Real a ser como antaño el portal de los prodigios?". Yo creo que sí. El año que viene habrá dos porteros de Zubieta en Primera y veremos si Bravo juega aquí o en otro equipo. En la Real siempre habrá grandes guardametas. Y una anécdota interna de la fiesta. Martín Lasarte le decía a Zubikarai que, con su txapela, parecía el Celedón de las fiestas de Vitoria.

Y estas dos fotos son especiales. Son especiales porque en ellas aparecen los dos hijos de Gorka, pero son especiales también porque hablan del futuro. Ellos son el futuro. El de la Real y de otras muchas cosas. En esas fotos a lo mejor hay algún periodista deportivo que dentro de unos años nos cuenta las hazañas del equipo txuri urdin. A lo mejor hay algún peñista que dedica su ocio a seguir a la Real por los campos de la Liga española. A lo mejor, por qué no soñar, hay algún futuro jugador de la Real, ya sea del primer equipo masculino o del femenino. Pero lo que seguro que hay es un montón de jóvenes aficionados que ya han tenido su primera gran alegría con la Real. Ellos, y sobre todo ellas porque el mundo del fútbol ha estado mucho tiempo alejado de ellas, tienen mucho que decir en el futuro. Pero para ello hay algo que no pueden olvidarse de hacer: soñar. Con la Real y con lo que deseen.

Imágenes de una fiesta (2)

En las grandes ocasiones, en los días más trascendentes para la Real, San Sebastián se viste de txuri urdin. El día del ascenso no podía ser menos y a las ya tradicionales banderas en centenares de balcones donostiarras se unieron otros muchos motivos con los colores de su equipo. Ningún gesto es demasiado pequeño para demostrar el amor a unos colores. Ni siquiera la escultura del gran Alberto Ormaetxea se libró de tener decorado su rostro con el blanco y el azul que siempre tenía presentes en su corazón. Y es que había que celebrar un ascenso nada menos...

miércoles, junio 16, 2010

Imágenes de una fiesta (1)

La del ascenso de 2010 es la fiesta de varias generaciones de realistas. Por un lado, están los de toda la vida, los que sí vivieron las grandes gestas del club. Por otro, los más jóvenes, los que están aprendiendo todavía a querer a la Real y sufrir con ella. Y también está la gente intermedia, la que se sabe de memoria toda la historia en Anoeta, pero para quienes Atotxa es sólo un viejo y entrañable recuerdo. Todos disfrutamos del ascenso. Y todos estábamos, de una u otra forma, sobre el césped de Anoeta. Los primeros de la mano de Lasarte, curtido en mil batallas, aunque hasta ahora fueran lejanas. De realistas de ya muchos años de cariño al club, como el delegado Juantxo Trecet o el masajista Iñaki Anza. Los más jóvenes, identificados con Griezmann. Y los que han crecido en Anoeta, con jugadores como Aranburu o Xabi Prieto. Y todos unidos, todos de la mano. "No se desunan", pidió Lasarte en su discurso. Cuánta razón tiene. Estaremos de acuerdo o no con las decisiones que se toman, pero la Real tendría que unirnos siempre. En los buenos momentos es fácil. Ya veremos en los malos.

Sigo pensando que Anoeta es especial, más especial de lo que muchos quieren creer y, quizá, de lo que el recuerdo de Atotxa permite pensar. Es obvio que el vetusto campo de Duque de Mandas, desaparecido ya hace más de una década era único e irrepetible. Es obvio que las pistas de atletismo estorban a la simbiosis de la afición con el equipo ("Aperri, quita las pistas", fue el cántico de Zurutuza tanto en la celebración en el césped como en el balcón del Ayuntamiento un día después). Pero negad ahora que no se os pone la piel de gallina al ver a más de 30.000 personas en Anoeta. Negad que no os emociona verlo teñido con un mosaico así en un día grande (o en el partido del centenario, o aquel día que celebramos el subcampeonato de 2003 contra el Atlético de Madrid). Anoeta es nuestra casa. Con o sin pistas de atletismo. Y que sea un recinto caluroso no depende más que de nosotros, de los realistas.

Lasarte se reía estos días en algunas entrevistas del tópico de que el guipuzcoano es soso. Seguro que tenía en su cabeza el recibimiento al equipo. El de hace dos semanas, antes de jugar contra el Villarreal B, fue apoteósico, pero se quedó en nada comparado con el que vivió el equipo antes de enfrentarse al Celta y escribir la hermosa página del ascenso. Y la memoria, que es demasiado selectiva a veces, se quedará con esta imagen, pero por impresionante que sea no puede hacernos olvidar que ésto es lo fácil. No tiene demasiada complejidad apoyar a un equipo ganador. Lo duro, lo difícil, lo meritorio, es darle al equipo ese plus que necesita en los días malos. O fuera de Anoeta. Viendo a tanta gente volcada con la Real, no dejaba de acordarme de aquel partido que jugó la Real en el Sánchez Pizjuán contra el Sevilla Atlético, hace dos temporadas, en sus primeros días en Segunda. Apenas unos pocos centenares de personas en la grada y un ambiente de campo de barrio. Eso ha sido la Segunda División para la Real, una tortura alejada de lo que merece y de lo que es capaz de generar. A nadie se le olvidará el partido del ascenso. A mí tampoco aquella tarde en el Pizjuán.

Porque de aquella tarde y de otras muchas tristezas, sobre todo la de Vitoria, una herida que queda ahora cerrada, se llega a lo que celebró Anoeta al final. Con los jugadores sobre el césped y con un hermoso recuerdo. "Lo hemos logrado", decían sus camisetas, que llevaban un enorme número 12 en la espalda. Hemos sido el jugador número 12 y el ascenso es también nuestro. Pero con "nuestro" no quiero decir sólo de los 32.000 que había en Anoeta. Ni mucho menos. El ascenso es de muchas personas más. Diego Rivas fue el que se acordó de ellos, de nosotros, de todos. De los que se habían quedado fuera. De los que son de fuera. De los que no tienen acento vasco, de los que sufren en la soledad y en la distancia que tan bien quedaron reflejadas en el anuncio con el que ahora se ha celebrado este ascenso, personificándolo todo en un realista canario. Por eso, y tengo que decirlo, me decepcionó algo el detalle de que Aranburu, que habló como capitán de la Real, lo hiciera sólo en euskera. El brazalete significa mucho y fuimos muchos los que no supimos que nos decía nuestro capitán hasta leerlo en la prensa al día siguiente.

Consumado el ascenso, la vuelta de honor fue preciosa. La importancia de los aficionados creo que ya ha quedado fuera de toda duda, y los jugadores lo entendieron. Por eso era esencial detenerse en todos y cada uno de los sectores del campo para aplaudir a quienes se han dejado la garganta, las manos y el corazón (también la cartera, que no es barato seguir a este equipo durante toda la competición, sea viajando o sea pagando el abono) apoyando a la Real. Anoeta hubiera podido acoger en el día del ascenso a muchos más realistas de los que caben en el recinto. Pero no olvidemos que han sido 15.000 los fieles de verdad, los que han estado allí todos los días. Contra el Alicante, contra el Eibar y contra el Racing de Ferrol. Y toda esa gente se merecía una foto aún más hermosa. Faltaba una copa, la que nos darán de forma fría en una asamblea y no sobre el campo. Otro fallo más de esta Liga de Fútbol Profesional que no hace honor a su nombre en demasiadas cosas.

Toda esa gente de la Real es la que más ha sufrido durante la temporada. Los miedos, las derrotas, los nervios, la ansiedad, el "otra vez se nos escapa", el "aurten bai" ("este año sí"). Eso lo padecen los jugadores, sí, pero es el sufrimiento del aficionado. Por eso la fiesta del lunes era la fiesta de la gente. Por eso tantos se agolparon en la puerta de Anoeta esperando la salida del autocar descapotable que llevaba a la plantilla, por eso tantos tenían tantas ganas de disfrutar de ese momento que desafiaron a la lluvia que regó San Sebastián con una fuerza inusitada apenas unos minutos antes del comienzo de la fiesta. Pero es que el cielo donostiarra también es txuri urdin, no lo dudéis. Se puso a llorar de felicidad en cuanto el árbitro pitó el final del partido ante el Celta y la Real se convirtió en equipo de Primera. Nos dejó que lo celebráramos a gusto esa misma noche. Al día siguiente, no pudo reprimir las lágrimas de felicidad, pero supo mantener la compostura para que todos saliéramos a la calle a vivir un momento tan especial sin tener que mojarnos. Y cuando la fiesta acabó, lloró de nuevo. Qué bonitas son esas lágrimas.

Todos vivimos el momento y lo recordaremos siempre. Estas chicas vieron la cámara y, quizá pensando que estaba allí por parte de algún medio de comunicación más importante que este pequeño rincón, me pidieron que les hiciera una foto. No sé si llegarán a verla, pero su entusiasmo y su cariño por la Real bien merece que la publique. Y es que son bonitas son las sonrisas de los aficionados. Sobre todo si van revistidas de los colores de la Real. Ese es un triunfo que ha costado mucho conseguir. Llevo ya unas cuantas semanas felicitándome de que se vean ahora muchas más camisetas de color txuri urdin que antes (y también más camiseta de la Real que de otros equipos). Gorka Reizabal me contó que hace ya muchos años nadie llevaba una camiseta blanquiazul para animar a la Real y que hubo una precursora que se puso el mundo por montera y, a pesar de ser criticada, se enfundó su camiseta. Eso es cariño. Ella no pudo ver el ascenso porque hace tiempo que nos dejó (como también nos dejaron, y no paré de acordarme de ellos y de lo que me hubiera gustado que alguien lo hiciera públicamente, Alberto Ormaetxea, Genaro Celayeta o José Luis Orbegozo), pero le hubiera encantado esta imagen. Va por ti, Tina.

Y va por Martín. Lo de Lasarte es algo impresionante. Habrá quien dude de él como entrenador, quien piense que, quizá, su forma de plantear los partidos nos va a hacer sufrir en Primera División. Ahora nadie lo dirá, porque está claro que el mundo no está pensado para rebatir a los ganadores. En cualquier caso, todos hemos aprendido a respetar y a querer a este entrenador uruguayo. Nos ha ganado, y no sólo porque los resultados le hayan acompañado. Siempre tan serio en su trabajo, siempre tan correcto en sus formas (excepto aquel día ante el Levante, cuyo arranque de cólera también encontró la simpatía de los realistas), siempre tan preciso cuando habla. Nos faltaba verle tan feliz como nosotros. Y con el ascenso lo hemos conseguido. Recuerdo ahora cómo celebró el triunfo ante el Villarreal B. Un poco apartado de los demás, cerrando los puños, gritando y mirando hacia el suelo. Me vi reflejado en él. Como me vi reflejado en sus gestos de ánimo con los brazos cuando llegó a Anoeta el domingo. O con el entusiasta agitar de su bufanda sobre el autocar. Incluso cuando cedió todo el protagonismo de la fiesta a los jugadores. A él le tocaba disfrutar. Y se lo merece.

Hay quien lamenta que la Real no tenga un lugar como Cibeles o Canaletas para celebrar sus triunfos. Quizá sea porque lo veo desde fuera, pero para mí ese lugar siempre ha sido y siempre será Alderdi Eder y el Ayuntamiento. Es ahí donde espero ver a mis campeones, en ese balcón, junto a una bandera txuri urdin. Es ahí donde disfruté viéndoles alegres por el triunfo conseguido. "Esto no nos lo va a quitar nadie, ¡nadie!", gritó desde allí Mikel González. Y es verdad. Manu Sarabia, ahora comentarista de Canal + y en tiempos jugador del Athletic de Bilbao, dijo con cierta sorna que la Real ya le saca dos títulos de Segunda a los bilbaínos. En realidad son tres los títulos de Segunda División que figuran en el palmarés realista, pero la verdad es que no me importa lo que puedan decir otros. También merece la pena recordar aquí lo que dijo Lasarte, aquello de que el fútbol da más penas que alegrías y que por eso hay que disfrutar de las segundas. Y ya lo creo que disfrutamos la que supone este ascenso. Es un gran logro. Lo es. Aunque algunos tengan miras más cortas y piensen que no.

Mokoka puso la nota de color. Estos chicos que colgaron en Youtube su particular versión del Moving de Makako animaron la fiesta en el Ayuntamiento. No sé si a todos se les puso la piel de gallina cuando la letra llegó al punto en que dice "podré jugar contra el Madrid" y, sobre todo, cuando el cantante intercaló un par de palabras más en esa línea: "y ganar". Somos grandes y es hora de que lo demostremos donde corresponde, en la Primera División. Y ahora mismo somos grandes porque los jugadores han creído que lo somos. Por eso uno no podía dejar de disfrutar de sus bromas (Johantan Estrada manteado por sus compañeros, el único, y con toda la gente coreando "Cocoliso, Cocoliso"; ver para creer...), sus risas (Diego Rivas presentado a De la Bella como "el tío que más calzoncillos vende a este lado del Atlántico"), sus bailes (¡cómo disfrutaron Griezmann o Nsue!), sus "camarero" (por mucho que Songo'o no se sepa a estas alturas la canción de San Fermín) y su juerga. Porque también es la nuestra. Y por eso Sergio, casi despidiéndose de la Real, nos recordó en Anoeta y Alderdi Eder ese cántico que a todos nos pone la piel de gallina. "Que sí, joder, que vamos a ascender". Hemos ascendido.

Y si en alguien hay que personalizar toda esta felicidad es en Antoine Griezmann. Verle tan sonriente, disfrutando tanto del momento, nos hará recordar para siempre lo que significa este equipo y lo que supone este éxito en la historia del club. Hay quien decía que esto no hay que celebrarlo, que somos la Real y que debíamos estar por encima de triunfos menores. No estoy de acuerdo. Puertollano es una de las grandes picas de nuestra existencia. Ahora también lo es este ascenso, porque se ha conseguido en unas circunstancias muy difíciles, más de lo que hemos admitido hasta ahora (y no me refiero a la economía del club sino a la parcela deportiva). Griezmann es un triunfo en medio de esa tormenta de dificultades. Es un chaval, muy joven todavía, que se ha hecho camino hasta ahora en este mundo del fútbol gracias a su calidad (que le llevó a sentar a un fichaje personal del entrenador), a su cariño por estos colores (demostrado desde el primer día en que le vimos y hasta ahora, renovando con la Real a pesar de que los medios de comunicación habían hablado de interés de algunos equipos grandes) y a su desparpajo. Antoine es la Real. Y lo seguirá siendo por muchos años, ojalá que sí.

REAL SOCIEDAD 2 - CELTA 0 Campeones

Campeones. Campeones de verdad. La Real es ya equipo de Primera División. Ante el Celta se escribió la más hermosa página de la Historia más reciente de este equipo, la que por fin devuelve las alegrías en color txuri urdin a los libros que repasan la vida del equipo de nuestros amores. La primera página de su segundo centenario de vida. Y aunque esa brillante página nace de un partido (más bien de toda una temporada), lo cierto es que el 13 de junio de 2010 no se recordará por la contienda deportiva con el Celta. No va a ser Gijón, porque no hubo un gol en el último minuto. No va a ser Zaragoza, porque el portero no paró un penalti en la tanda decisiva. No va a ser Puertollano, aunque sean pocos los que recuerde que allí se jugó un partido contra un equipo llamado Calvo Sotelo que acabó con empate a dos. Lo que permanecerá en nuestra memoria colectiva de este día no será el 2-0 al Celta, sino la fiesta, la alegría, la más pura felicidad que invadió nuestros corazones cuando Xabi Prieto marcó el primer gol, cuando Carlos Bueno hizo el segundo y cuando el árbitro señaló el final del partido. Pero es ese partido lo que nos ha llevado hasta ese éxtasis sublime, y del partido vamos a hablar.

Para hacerlo, más que del juego hay que hablar esta vez de nombres propios. Los de alineación de Martín Lasarte, para empezar. Los previstos, aquellos en los que el técnico uruguayo más ha confiado a lo largo de la temporada. Quizá el once de gala de esta temporada para el recuerdo, con Zubikarai en la portería, Carlos Martínez, Ansotegi, Mikel González y De la Bella en defensa, Diego Rivas y Aranburu en el medio centro, con Xabi Prieto, Zurutuza, Griezmann y Bueno en ataque. Hay que hablar de Xabi Prieto. El mejor jugador de esta Real fue también el autor del primer gol en el día del ascenso. Temporadón el suyo y gran reto el que le espera en Primera División. Abandonó esa categoría como un canterano prometedor más, tapado por el brillo de los grandes jugadores que nos quedaban o por los fichajes foráneos de aquella triste temporada, y regresa como el líder del equipo. Es una delicia verle con el temple necesario como para repetir con acierto el lanzamiento de un penalti decisivo tantas veces como lo estime necesario un árbitro.

Hay que hablar del árbitro, sí. Pero esta vez en un tono diferente al de jornadas precedentes. Teixeira Vitienes señaló un penalti a favor de la Real, el segundo en otras tantas jornadas consecutivas en Anoeta y maquilló así un poco la estadística de los colegiados con el equipo txuri urdin esta temporada. Menos mal que llegó un segundo gol, porque si no habría que haber entendido que el ascenso se lograra de penalti como un intrincado guiño del destino. Y es que hemos vivido una temporada en que los árbitros han querido sabe muy poco de lo que sucedía en las áreas rivales. Menos mal que al final la cosa ha cambiado un poco, porque esta Real llevaba camino de hacer historia y ascender sin haber convertido un sólo lanzamiento desde los once metros. Xabi Prieto tiró éste, el más importante de su carrera hasta hoy, y escribió así su nombre en la historia realista con letras de oro (por mucho que después se lesionara en la celebración, que hasta para eso tiene infortunio esta Real, incluso su día más feliz).
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La jugada del penalti deja dos nombres propios más, dos que sin lugar a dudas han sido igual de decisivos que Xabi en la consecución del ascenso. La pena máxima llega por dos cosas. En primer lugar, porque Carlos Bueno es mejor delantero de lo que le hemos visto en algunos tramos de la temporada. La dejada que le hace a Griezmann para que éste encare en velocidad a la defensa celtiña es de lujo. Y la decisión con la que arranca el joven potrillo francés es sencillamente espectacular. Mucho se ha hablado de Griezmann, y casi siempre bien. No es para menos. Pero en el tramo intermedio de la temporada quizá mucha gente le exigió que cargara con un peso excesivo en este equipo, y el chaval salió airoso. En Cádiz dio las tres asistencias a Carlos Bueno. En Anoeta ante el Celta forzó el penalti y dio el pase del segundo gol al delantero uruguayo, dejando la bola con la cabeza tras un magnífico envío de Nsue. Es maravilloso ver a un canterano, por mucho que no sea guipuzcoano, mostrar con tanto orgullo su deseo de vestir la camiseta de la Real. Otros prefieren ser el quinto o el sexto delantero del equipo del otro lado de la autopista.
Bueno es otro de los nombres propios de este equipo en el soñado día del ascenso. Cuatro goles en los dos partidos más decisivos de la temporada. Quién sabe hasta donde puede rendir el charrúa si finalmente se queda y tiene una campaña normal, sin retrasos, problemas de visado o lesiones. Zubikarai no tuvo trabajo ante el Celta, pero es otro de los nombres a destacar. Se convirtió, casi por casualidad, en el portero del ascenso y se lo ha merecido. Por supuesto que Bravo y Riesgo también, pero Eñaut tiene ángel, tiene algo que le hace ganarse el cariño de todos. Contra los gallegos no tuvo que hacer su paradón habitual, pero su nombre personfica una prodigiosa temporada de la defensa realista, que ha encontrado tres centrales de gran categoría y otros tantos laterales de garantías. Si aparcamos por un segundo la ilusión por el ascenso, sólo por un segundo, veremos que la mejor noticia de la temporada es ésta y ojalá los frutos de este trabajo se recojan en Primera.
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Decía que se recordará la fiesta más que el propio partido y así será. Sobre todo porque enfrente hubo un rival que demostró que no se jugaba, ni por asomo, lo mismo que la Real. El Celta de 2003 luchaba por la Champions, éste ya había dado por finalizada su temporada. El resultado sólo podía ser una victoria de la Real. Es cierto que los gallegos pelearon con decoro e incluso tuvieron la posibilidad de adelantarse en el marcador con un disparo al larguero en la primera mitad. Pero el Celta se acabó en buena medida con el gol de Xabi Prieto y definitivamente con el de Bueno. Los gallegos, no obstante, escribieron una digna página en estos hermosos enfrentamientos con la Real que se han producido en los últimos años. No se dejaron la vida aparentemente sólo por el dinero, como en su día hicieron Osasuna o Racing. Se comportaron como profesionales, jugaron un partido y lo perdieron. Ojalá que la próxima vez que nos veamos sea en Primera.

Una vez más, el mérito de la Real para ganar este partido estuvo en hacer una correcta lectura del mismo. La ansiedad, la inminente fiesta, las ganas de subir en casa. Todo eso pesa. El equipo realista salió a por el triunfo, y en los primeros cinco minutos ya había forzado algún córner. Vio que así no iba a ganar el partido, que el Celta estaba bien ordenado (aunque en una jugada de magia entre Xabi Prieto, Zurutuza y Aranburu ya pudo asaltar la defensa gallega en la primera mitad) y se limitó a esperar su oportunidad, sabiendo que con el empate bastaba para subir a Primera y, supongo, que en los demás campos se estaban produciendo bastantes resultados que no ponían en peligro ese ascenso. Y así se dedicó a explotar esas contras que, este año sí, es capaz de hacer, con pases precisos, dejadas maravillosos y arrancadas explosivas. Así llegó el primer gol, así se acabó el partido, así subió la Real, escribiendo una bellísima página en su Historia.
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Después de nueve larguísimos meses de competición, ha llegado la hora en que mirar la clasificación sólo produce orgullo y felicidad. Ya no hay que atender a los rivales o pensar cómo será el próximo rival y cómo está situado en la tabla, ya no hay que hacer cuentas. La Real es de Primera. Y no sólo eso, sino que lo ha conseguido a lo grande. La Real es de Primera y es campeona de Segunda. Tiene mucho mérito, porque eso corona al equipo txuri urdin como el mejor de la categoría. Ha sido líder durante la mitad del campeonato, ha estado en ascenso durante más de dos tercios largos de la competición. Y aunque no todo el mundo estará de acuerdoal margen de lo que diga la tabla, es que ha sido el mejor conjunto de la categoría. Lo dicen sus números, lo dice su juego y, sobre todo, lo dice su corazón. Ese que no ha dejado de latir gracias a un entrenador que ya ha entrado en la Historia de la Real, gracias a unos jugadores que se han dejado la piel por la camiseta que vestían y gracias a una afición, la que ha mantenido Anoeta con 15.000 personas incluso en los peores momentos, que no ha dejado de animar. Somos campeones. Ya podemos proclamarlo con orgullo.

viernes, junio 11, 2010

PREVIA Real Sociedad - Celta. La hora de la gloria

Llegó la hora de la gloria (domingo, 18.00 horas, Anoeta, Canal +). Llegó el momento en el que la Real, después de tres años en Segunda, va a certificar su regreso a la élite del fútbol español. Un punto basta, pero esta Real es ambiciosa y quiere sumar los tres para volver así de la mejor forma posibile: como campeón de la categoría de plata. Es cierto que se ha hablado más de la fiesta que del partido, pero en ningún corazón txuri urdin cabe pensar en una derrota. Martín Lasarte y los suyos han demostrado durante toda la temporada una profesionalidad intachable y el último partido de la temporada en Anoeta no va a ser menos. Saben que hay un partido, saben que a la competición le quedan 180 minutos. Y saben que más de 30.000 personas estarán en Anoeta animando desde el principio hasta el fin para ver sus sueños de ascenso hechos realidad. El rival no se juega nada, la Real tiene todo ante sí. A jugar. A disfrutar. Y a ganar. Por la real y por su gente, por su escudo y por el futuro.

Es un partido trascendental en la Historia moderna del club txuri urdin, pero durante la semana se ha hablado mucho más de la fiesta que del partido. Y de éste se ha incidido más en que el Celta llega ya salvado y sin nada en juego antes que en la dificultad que seguro planteará o de la posibilidad de que llegue primado por los rivales en la carrera por el ascenso. Lasarte repite la convocatoria de Cádiz, y no sería de extrañar que también repitiera el once inicial que salió brillantemente victorioso del Ramón de Carranza, pues el técnico uruguayo ha dejado claro en qué jugadores tiene depositada su confianza. De esta forma, jugarían Zubikarai en la portería; Carlos Martínez, Mikel González, Ansotegi y De la Bella en defensa; Rivas y Aranburu por delante; el trivote de calidad que conforman Xabi Prieto, Zurutuza y Griezmann; y Bueno en punta. Nsue, Agirretxe, Sergio, Elustondo, Dani Estrada y Labaka esperarán su oportunidad en el banquillo, junto a Mandaluniz, el circunstancial portero suplente. Todos ellos tendrán el honor de defender la camiseta de la Real el día que, ojalá, recordaremos en el futuro como el del ascenso.

Las cuentas esta semana son todavía más claras que hace una semana y no harán falta transistores si los nuestros cumplen, puesto que la Real depende de sí misma. Con un punto, certificará el ascenso a Primera División y mantendrá el liderato de cara a la última jornada. Con tres puntos, será ya campeón de Segunda. Perdiendo también podría subir. Lo hará si descarta completamente la posibilidad de triple empate con Levante y Hércules al final, la única carambola en la que se quedaría fuera (y para la que tendría que perder sus dos partidos, ante el Celta y dentro de una semana ante el Elche, y que el Betis quedara por encima). Los alicantinos juegan en casa ante el Rayo, que tiene cuatro puntos de colchón para mantener la categoría; los levantinos en su casa ante el Castellón; y los béticos fuera ante un Salamanca que está dos puntos por encima de los puestos de descenso a Segunda B. Para impedir ese triple empate con el conjunto bético por delante, basta con que Betis o Hércules no ganen. Esta jornada, por fin, todos los partidos serán a la misma hora, con lo que la fiesta, en caso de que el equipo de Lasarte sea capaz de ganar o empatar, será sobre el campo. Y en Anoeta.

No deja de ser irónico que el rival de un día tan importante para la Historia del club sea el Celta. Ante los gallegos se perdió la oportunidad en la temporada 2002-2003 de alcanzar la tercera Liga de la Historia del club. Ante el mismo rival se consiguió certificar la última permanencia en Primera que logró la Real, también en la penúltima jornada, de la campaña 2005-2006 (y también hacía falta sólo un empate para alcanzar el objetivo, justo lo que se consiguió, a dos goles). Aranburu es el único realista que estuvo presente en ambas citas. Muchos son los realistas que este domingo se pueden quitar la espina del descenso. Bravo, Riesgo, Labaka, Ansotegi, Mikel González, Estrada, Elustondo, Rivas, Xabi Prieto, Agirretxe y el propio capitán ya habían debutado con el primer equipo para entonces. Ellos vivieron el descenso y tienen una herida que cerrar. Todo corazón txuri urdin siente lo mismo y el lleno que vivirá Anoeta se quedará corto y no reflejará el número de almas realistas que gozará con el ascenso. Qué curioso que el Celta esté a punto de devolvernos algo de lo que el fútbol se nos ha llevado en los últimos años.

Históricamente, el Celta ha sido un rival relativamente asequible para la Real en San Sebastián. De los 48 partidos jugados, 29 han acabado con victoria txuri urdin y 14 en empate. Los celtiñas se han llevado el triunfo de tierras donostiarras en cinco ocasiones. Para encontrar el último éxito del Celta hay que remontarse a la temporada 99-00, cuando el marcador fue de 0-2. No obstante, el conjunto vigués sólo ha perdido en dos de sus últimas nueve visitas, 1-0 el año del subcampeonato y 3-1 en el año del descenso. La mayor victoria de la Real es el espectacular 7-3 de la temporada 52-53, con dos goles de Echebeste e Igoa, uno de Carlos y Barinaga y uno más, éste en propia puerta, de Juan Francisco. En Segunda han sido ocho los enfrentamientos hasta la fecha y sólo en una ocasión venció el Celta, gracias al 1-2 de la campaña 64-65. Y aunque de los siete partidos restantes cinco acabaron con el triunfo realista, lo cierto es que las dos últimas visitas del Celta a Anoeta han acabado con empate en el marcador.

La temporada pasada fue ante el Celta cuando parecieron morir las escasísimas oportunidades de ascenso que le quedaban a la Real en el tramo final de la temporada. Quedaban siete jornadas para acabar el campeonato y eran ocho los puntos a remontar al tercer clasificado. Los visitantes lograron un claro 0-2 en una primera mitad desesperante, que provocó los silbidos de la grada de Anoeta. Aranburu, además, cayó lesionado (y esa es la lesión que le impidió empezar esta temporada) En la segunda mitad la Real de Lillo no mejoró, pero a media hora del final se encontró con un penalti transformado por Abreu y una expulsión del defensa que sacó el balón con la mano. No fue la única. El Celta se quedó con nueve, y con dos jugadores más el equipo txuri urdin fue capaz de empatar. No lo hizo gracias a su fútbol, aunque sea difícil encontrar la causa precisa por la que la Real, ofreciendo tan poco, fue capaz de remontar el partido. El gol lo marcó Necati, el único que consiguió con la camiseta txuri urdin. Incluso hubo quien pensó que podría llegar el tercero, pero a aquella Real le faltaba un punto de la confianza que sí tiene ésta que está a punto de subir a Primera.

En la primera vuelta, la Real consiguió el triunfo gracias a un solitario gol de Nsue a pase de Xabi Prieto. Fue un mal partido de los de Lasarte, que salieron al campo con un punto de relajación y dejaron que el Celta dominara. En todo caso, los locales no tuvieron grandes ocasiones de peligro y la Real si gozó de alguna. El gol dio paso a los mejores minutos visitantes y a sus mejores oportunidades de gol, con constantes apariciones de Xabi Prieto, el mejor del partido, pero el marcador no se movió más. Pese a lo corto del marcador, el triunfo nunca pareció en auténtico peligro para una Real que se estaba acostumbrando a ganar, independientemente del juego que ofreciera. El de Balaídos fue el partido que permitió el regreso de Carlos Martínez a la titularidad después de casi una vuelta entera en el banquillo por la lesión que sufrió en el primer entrenamiento de la pretemporada. La Real sumaba su décima jornada sin perder y alcanzaba los 42 puntos y un más que sólido liderato. Hasta la victoria de Cádiz hace una semana, fue el último partido ganado como visitante.

(Nota. Sobra decir que no puedo ni voy a perderme esta jornada histórica. Crónica del partido y, si se logra el objetivo, de las celebraciones las tendréis el miércoles)

jueves, junio 10, 2010

Así se vive un ascenso

Decía ayer que nunca he vivido un ascenso. Yo no había nacido cuando se produjo aquel feliz día de Puertollano sobre el que tantas historias hemos oído ya. Pero hay un gran amigo de este blog y de este humilde realista que sí lo vivió. Gorka Reizabal estuvo allí y, como él mismo me ha dicho, con aquel ascenso como punto de inflexión empezó a cambiar su vida en muchos sentidos. Todo eso se lo contó a un redactor de El Diario Vasco, tal y como quedó plasmado en su edición del pasado sábado. Os invitó a leerlo, porque es una maravilla compartir los recuerdos de alguien como Gorka.

Yo todavía no sé qué sensaciones tendré el domingo (porque vamos a subir el domingo, que nadie lo dude). No tengo ni idea de qué haré en el momento en que se acabe el partido y el sufrimiento de tres durísimos años en Segunda. No he hecho extrañas promesas, ni me voy a tirar de cabeza a las aguas de La Concha o me voy a pintar el pelo de blanco y azul. Por el momento, sólo sé que seré feliz, pero eso todavía no me prepara para todo lo que voy a sentir. Gorka ya lo ha vivido, pero ahora lo vivirá otra vez. Será, como yo, otro txuri urdin feliz. Y me alegrará poder estar con él para saber lo que siente ahora.

miércoles, junio 09, 2010

La piel del oso

En condiciones normales, no me gusta vender la piel del oso antes de cazarlo. Trasladado eso a nuestra vida en txuri urdin, no es bueno hablar del ascenso y de la fiesta posterior antes de que efectivamente seamos otra vez un equipo de Primera División. Pero, francamente, voy a dejar de lado las supersticiones, las leyes, las costumbres y los gafes. Siento en el alma que tengo que vender ya la piel del oso. Tengo que proclamar que la Real va a recuperar el lugar que merece. Y no lo hago porque las probabilidades de lograr el objetivo sean elevadísimas (sólo una posibilidad, una, aleja a la Real de Primera: el triple empate con Levante y Hércules, con el Betis por delante). No, no es eso. Lo hago porque tengo unas ganas terribles de celebrar por fin algo grande con la Real.

Claro que he vivido grandes tardes viendo al equipo txuri urdin. Épicas victorias antes rivales históricos y de una calidad superlativa. Vi a una Real gloriosa ganar 0-4 en el Bernabéu o 4-2 al Madrid de los galácticos en Anoeta. He visto partidos muy felices, como alguna salvación del equipo cuando coqueteaba con el descenso. Pero no he sentido en mi interior una alegría de las de verdad, de esas que quedan escritas en los libros, no ya de Historia txuri urdin, sino del fútbol. Un título o un ascenso son los dos únicos eventos que pueden alcanzar esa categoría. No viví Puertollano. No estuve en Gijón. No pisé las gradas de Atotxa un año después. Ni siquiera tengo más que unos recuerdos poco claros de Arconada deteniendo aquel penalti que nos dio la Copa.

Y, en cambio, estuve en Vigo llorando sin consuelo por una Liga perdida, y una semana más tarde en Anoeta para celebrar sólo un subcampeonato tan meritorio como amargo. Pasé bajo un intenso sol y una gran tristeza el mal trago de Valencia, el descenso de la Real después de 40 años en la élite, tras quedarme helado, sin palabras y más desolado que nunca cuando Savio falló aquel penalti una semana antes. Sufrí en directo el varapalo de Vitoria y la pérdida de aquel ascenso que ya acariciábamos. Todos los malos días de la Historia reciente. He estado en todos. Y por mucho dolor que me causaran, por mucho que arrugaran mi corazón txuri urdin, ninguno de ellos ha provocado que quiera dejar solo a este equipo. No lo voy a hacer, sean cuales sean sus circunstancias.

Ahora, por fin, estamos en la antesala de una alegría. Once jugadores, siete en el banquillo, otros tantos en la grada, un cuerpo técnico, una directiva, 32.000 personas en el campo y miles más en bares y casas de los más insospechados rincones del mundo vamos a celebrar el domingo el ascenso. Perdonadme que me adelante, porque es verdad que no está conseguido y que hay una posibilidad de que no se consiga. Sé que el equipo no va a caer en esta euforia, porque me lleva demostrando toda la temporada que se puede confiar en él. Pero yo no puedo contenerme y pienso en el ascenso, en la fiesta, en la celebración. Y creo que es por la inmensa felicidad que me provoca este ascenso de la Real. De mi Real.

lunes, junio 07, 2010

"Ese Cádiz, oé"

Ellos no lo dicen así, claro. Ellos, con ese acento tan particular, dicen "Ese Cai, oé". Yo no. Yo decía 'Ese Cádiz, oé". Pero lo dije con el corazón en la mano, porque así lo sentía. Lejos de Anoeta (y antes de Atotxa), jamás había disfrutado tanto de un partido de fútbol, de su ambiente, del respeto entre aficiones, de la fiesta del deporte, como este fin de semana. Cádiz es un lugar único, mágico. Su afición, grande. Enorme. Por eso, cuando terminó el partido y todo el equipo y cuerpo técnico de la Real se acercó hasta uno de los fondos del Ramón de Carranza y se puso a aplaudir a esa gente maravillosa, todos los realistas nos sumamos.
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La Real y su gente estaban casi celebrando un ascenso. El Cádiz, en cambio, veía cómo va a tener que sufrir al menos otra semana más para permanecer en Segunda División. Qué fácil es pensar unos en su alegría y otros en su preocupación en esos momentos, olvidándose del otro. Pero no fue así porque había dos aficiones señoriales. La fiesta, el respeto y el cariño estaban ahí, al margen de la situación clasificatoria de cada uno. Sencillamente impresionante. Ojalá el Cádiz no baje a Segunda B, porque su afición se merece lo mejor. Y ojalá pronto podamos volver y que sea en Primera. Las dos aficiones que se juntaron en Cádiz son de esa categoría, jueguen donde jueguen sus equipos.

Porque luego los premios, los elogios y los reconocimientos se los llevan otros. No sé qué valoran a la hora de conceder galardones a la mejor afición, pero desde luego quienes eligen a esos premiados no han debido de ver mucho a la Real. O al Cádiz. No es tan fácil como parece ver una mezcla tan grande entre las aficiones de dos equipos. Y más cuando se trata de dos equipos tan lejanos. Nada menos que 1.132 kilómetros separan Cádiz de San Sebastián. El sábado por la tarde nada separaba a las aficiones de Cádiz y Real.
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Era de lo más común ver a aficionados cadistas con bunfadas blancas y azules, y viceversa. Y de lo más bonito. Yo cambié la mía porque me la pidió un chaval que me había ofrecido su mano para felicitarme por el ascenso. La que se quedó él dice "Aurten Bai". Y así es. "El auténtico submarino amarillo", dice la que me llevé de vuelta a casa. Y ya lo creo que sí. Fue sólo uno de los mil gestos de buena voluntad y de cariño vividos a lo largo del día. Desde el espectacular encargado de protocolo del Cádiz, que se proclamó encantado de recibirnos y atendernos, hasta la gente que, después del partido, se alegraba de nuestro más que seguro ascenso. Todo fue increíble. Como debiera ser en todos los sitios pero, cosas de la vida, es sólo en unos pocos.

Bien es verdad que la afición de la Real se hace querer. Más de mil kilómetros, decía, que había de distancia entre las casas de muchos realistas y el lugar del primer partido de la temporada en que podíamos subir. Y no fueron pocos los que se fueron para Cádiz por si acaso se daba la carambola y subíamos en la Tacita de Plata. Entre mil y dos mil, según qué medio de comunicación dé la cifra. Pero es que ya estuvieron muchos en Huesca. Y en Soria. Y en Salamanca. Y en Vallecas. Y en Irún. Y es que en todos los campos de Segunda se ven algunas camisetas de la Real. Ni un solo incidente en toda la temporada. Sólo fiesta, sólo hermandad, sólo animar a su equipo. Qué maravilla de afición tenemos.
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Porque impresionante fue el recibimiento al equipo en el Carranza, como ya lo fue la semana pasada en Anoeta antes de ganar al Villarreal B, e impresionante fue la despedida. "Adiós, adiós, adiós, hemos venido a despedirnos de la Segunda División", no parábamos de cantar. Emocionante fue ver la salida de los jugadores. Emocionante fue el pequeño homenaje que se le hizo a un realista al que no tuve el placer de conocer, a Antonio Chimeno, de la Peña Nazarena. Y es que la Real no es sólo San Sebastián, no es sólo Guipúzcoa. La Real somos todos. Y a veces también se olvida que hay mucho corazón txuri urdin diseminado por otras provincias. Yo no me cansaré de reivindicar a esos otros realistas que no tenemos la posibilidad de ver al equipo cada quince días.

Y es que fuimos todos, tras disfrutar de la gran victoria de la Real, los que estuvimos en Cádiz y los que no, nos pasamos el fin de semana pendientes de la radio y el televisor. Cosas de esta Liga que sólo pretende ser la mejor del mundo pero que, por cosas como ésta, no lo puede ser. Teníamos la opción de subir el sábado si el Betis no ganaba al Numancia. Los de Gonzalo Arconada dieron guerra en la primera mitad, pero en la segunda ganaron los andaluces. Ya el domingo teníamos que esperar a que el Real Unión venciera al Levante, y lo hizo. Cierto es que necesitaban la victoria para seguir vivos, pero ya no me acordaba de cuál fue el último favor que nos hizo un equipo vasco. Igual aprendemos para el futuro, quién sabe.
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Quedaba el segundo requisito para subir esta jornada. Si, además de la derrota del Levante, el Cartagena ganaba al Hércules, estábamos en Primera. Hasta tiraron al larguero los locales, pero el balón no entró. Tuvimos la incógnita hasta las once menos diez de la noche del domingo, 27 horas después de que nosotros ya celebráramos el ascenso virtual en el Carranza y con una compañía cadista inigualable. Será en Anoeta. Qué pena que allí no haya gaditanos con los que compartir ese momento. Yo no sé los demás, pero en las dos jornadas que quedan voy a mirar con atención el resultado del Cádiz. Y espero celebrar su permanencia, ya a la misma hora en la que nosotros, por fin, nos despediremos de Segunda.

CÁDIZ 1 - REAL SOCIEDAD 3 Aquí está el equipo txapeldun

Pocas veces un cántico adquirió tanto sentido en un partido de la Real. "Aquí está, éste es el equipo txapeldun". Lo es, ya lo creo que lo es. La Real es de Primera y la Real es el equipo campeón. Las matemáticas nos dicen que todavía no es ni una cosa ni la otra, pero no creo que quede un solo seguidor txuri urdin que albergue dudas a estas alturas. El equipo de Martín Lasarte triunfó en Cádiz, donde nunca un conjunto realista había logrado sacar los tres puntos , rompió el maleficio de la segunda vuelta como visitante (y ante uno de los mejores equipos locales de la segunda mitad del campeonato) y ganó con una gran suficiencia en una jornada en la que sólo uno de sus rivales logró también el triunfo. Y, lo más importante de todo, dio el penúltimo paso para regresar al lugar que le corresponde: la Primera División. El ascenso es ya una realidad. Sólo queda que las matemáticas nos den la razón y confirmen el premio que merecen, con todos los honores, tanto el equipo como su modélica afición, para la que no hay palabras que le puedan hacer justicia.

Lo mejor del triunfo es que se consiguió de la mejor manera posible. Lasarte no tuvo dudas, como no las ha tenido en el tramo más complicado de la temporada, y puso sobre el césped a su mejor once. Nada de pensar en un empate, nada de salir a ver qué hacía el Cádiz, un equipo necesitado de puntos para eludir el descenso pero que dio mejor imagen en Anoeta hace una vuelta que en el Carranza. Aranburu junto a Rivas. El tridente de mayor calidad por detrás de Bueno. Carlos Martínez en el lateral derecho. Todas las dudas resueltas: jugó el mejor equipo posible, el más rodado y el más ofensivo. Poco tiene el fútbol de ciencia exacta y nada hay seguro en este deporte, pero Lasarte sabía que con esos ingredientes sobre el campo la victoria estaba mucho más cerca. Y lo curioso es que esa victoria se cimentó en eso que hace no pocas semanas se daba por perdido ya: la pegada.


Carlos Bueno y Antoine Griezmann se convirtieron en una sociedad deslumbrante, repitiendo lo que hace poco más de un año hicieron Marcos y Abreu ante el entonces líder de Segunda, el Xerez, en un partido que acabó con el mismo resultado que el de Cádiz, 1-3. El potrillo francés sirvió los tres goles (aunque en el segundo hay que dar más responsabilidad al error del portero) y el delantero uruguayo, ese que hace sólo un par de días decía que iba a dar la vida por la Real, los materializó. El primero fue una falta lateral que Bueno cabeceó sin oposición tras un desmarque que pareció demasiado sencillo. El segundo, el que cerró realmente el partido, lo consiguió el delantero realista con simple oportunismo, estando donde tenía que estar tras un centro del galo que no consiguió retener el portero. El tercero fue una jugada entre Xabi Prieto y Griezmann, quien después de un rechace de la defensa metió un espléndido pase al segundo palo para que el uruguayo cerrara la cuenta. Y Bueno pudo meter alguno más, sobre todo un uno contra uno que intentó resolver con una vaselina que cayó en las manos del portero.

De Griezmann es importante seguir hablando. Llevamos semanas oyendo que no tiene la misma chispa de hace algunos meses. Y es verdad. Pero parece que nos cuenta más decir que la calidad que tiene y la capacidad de sacrificio que derrocha en cada encuentro compensan con creces esa pequeña merma. Merma que, en todo caso, parece más que nada una cuestión física de un chaval de 19 años que no era todavía ni el titular del Sanse cuando subió al primer equipo y que se está notando más de cara a gol (no anota desde el 7 de marzo, ante el Numancia) que en el desarrollo del juego. En Cádiz, tres asistencias. Y si no es por el fuerte golpe que recibió en la nariz y la mezcla de cansancio y calor que ya le tenía en la reserva, podría haber aprovechado los espacios que dejó el equipo local para servir alguno más. Bueno y Griezmann fueron de lo mejor de la Real, pero sería injusto olvidar el partido de Xabi Prieto, que dominó el centro del campo ofensivo como quiso; o de Aranburu, al que da gusto ver cuando está en forma.

De la defensa poco más se puede decir que no se haya dicho ya en semanas precedentes. Bien es verdad que el Cádiz decepcionó, no terminó de entrar en el partido y que el tempranero gol de Bueno, el primero, le colocó en una posición ciertamente incómoda. Pero, aún así, también hay que atribuir al buen trabajo defensivo del equipo que Zubikarai no tuviera que hacer más intervenciones que algunas salidas y unos pocos blocajes a disparos lejanos y sin excesivo peligro. Esta vez no vimos su habitual paradón, no hizo falta. Y si hablamos de la defensa, es obligado hablar de Mikel González. Quizá ha hecho mejor temporada Ansotegi, y en eso tiene mucho que ver el desplazamiento a las bandas de su compañero por el centro en Cádiz, pero Mikel es el central de más categoría y calidad de la Real. Si llega a marcar en esta prodigiosa arrancada con posterior pared con Bueno, se cae la mitad del Carranza que queda en pie (la tribuna principal ha sido derribada para crear una nueva y más moderna; una pena que eso restara una pizca del maravilloso ambiente que se vivió).
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La Real ganó en Cádiz porque, una semana más, entendió cómo había que jugar el partido en todo momento. No salió a esperar al conjunto local, sino que cogió el toro por los cuernos y quiso dejar muy claro que el líder de Segunda vestía de txuri urdin. Tampoco se conformó con el 0-1, y ya desde la primera parte buscó aumentar la renta y sentenciar el partido. Del mismo modo, no dejó al Cádiz crecerse tras el descanso, logrando así que el resultado no estuviera en peligro en ningún momento. Ni siquiera con el postrero gol de los locales hubo nadie que pensara que el conjunto amarillo podía aspirar a la remontada. Fue un dominio absoluto de la situación el que ejerció el conjunto de Martín Lasarte. Y lo digo así, el conjunto de Martín Lasarte, porque ese es el gran mérito de este entrenador, darle a este equipo la inteligencia para entender cómo se puede vencer cualquier partido. El gol del Cádiz fue un fallo de concentración, pero tampoco le podemos pedir a un equipo que ya se estaba viendo en Primera y de fiesta que roce una perfección que no tienen ni los mejores equipos del mundo.

La Real salió reforzada de Cádiz, pero no sólo por lo que dice la clasificación (que ya es mucho), sino por la sensación que dejó sobre el césped del Ramón de Carranza. La Real debía ganar y ganó. La Real tenía que romper la mala racha como visitante (una vuelta entera sin ganar) y la rompió. La Real quería ganar en un estadio en el que jamás había logrado el triunfo y lo hizo. Todo eso lo logró con un estilo reconocible, con las armas que en la primera vuelta le hicieron colocarse en los puestos de ascenso, unos puestos que ya no ha abandonado y que ya no abandonará. El carácter de este equipo obliga hasta a los más escépticos a descartar en sus corazones la debacle que aleje a la Real del ascenso, la que dicen las matemáticas, la que nos impidió subir este fin de semana.
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A los rivales de la Real sólo les queda esperar una debacle y una carambola. Posible, sí. ¿Creíble? En absoluto. El equipo txuri urdin es líder, con tres puntos de ventaja sobre el segundo y seis sobre el cuarto. Sólo un triple empate a puntos puede alejar a los realistas del ascenso, y por ello tendrían que perder los dos partidos que queda, ante dos equipos que ya nada se juegan en esta Liga. La Real va a subir el domingo, y como guió a la Historia será ante el Celta de Vigo, el equipo ante el que se consiguió la última permanencia en Primera en 2006 y el equipo que privó a la Real de lograr su tercer título de Liga en 2003, ambos partidos de una penúltima jornada como el de la semana que viene. La Real es el equipo txapeldun. Y lo que es mejor, porque digan lo que digan no vale ganar de cualquier manera: merece serlo.

jueves, junio 03, 2010

PREVIA Cádiz - Real Sociedad. Un día de ilusión

Y llegó el día de la ilusión (sábado, 18.00 horas, Ramón de Carranza; ETB-1, Canal Sur, Telemadrid-La Otra). Quizá sea sólo el primer día de la ilusión, pues el ascenso no depende sólo de la Real en esta jornada. Pero tiene la primera oportunidad de regresar a Primera División y eso es muy grande. Llevamos tres años soñando con este día. Cádiz puede ser el nuevo Puertollano, el nuevo Gijón, aunque las sensaciones sean distintas por aquello de que la Real no sabrá si es nuevo equipo de Primera, aún ganando, hasta tres horas y media después del final de su partido. Pero hay que ganar para acabar con el sufrimiento, hay que ganar para que el ascenso sea ya una realidad, bien materializada en esta jornada o bien en la próxima en Anoeta ante el Celta. Y hay que ganar para que no llegue a la última etapa de esta Liga sin haber ganado un sólo encuentro como visitante en toda la segunda vuelta. Pequeño premio éste en comparación con el ascenso, pero ¿por qué no soñar con una felicidad completa?

A Cádiz viaja toda la plantilla por si hay ascenso (aunque sea volando de regreso), pero hay lista de 18 ya desde San Sebastián. La convocatoria de Martín Lasarte es casi la misma que hizo para afrontar el trascendental duelo en Anoeta de la semana pasada ante el Villarreal B. Sólo hay un cambio. Vuelve Carlos Martínez tras cumplir su partido de sanción y ocupa el puesto de Markel Bergara, lesionado. El resto serán los mismos. Y a pesar de esa continuidad, lo cierto es que hay varias incógnitas en el once del técnico txuri urdin. En la portería jugará Zubikarai, con Mandaluniz en el banquillo. En la defensa está la primera duda. Lasarte podría repetir la línea de retaguardia que alineó ante el Villarreal B (Mikel González y De la Bella en las bandas y Ansotegi y Labaka en el centro). Pero también podría recuperar un lateral diestro puro, bien Carlos Martínez (se echaron en falta sus subidas por la banda en el último partido), bien Dani Estrada (que lleva una vuelta sin jugar por la lesión que sufrió en Villarreal.

En el centro del campo también hay dudas. Elustondo ha jugado los últimos partidos saliendo desde el banquillo y quizá Lasarte opte por darle entrada ya entrada desde el inicio para conformar con Diego Rivas el doble pivote que ha elegido siempre cuando ha dispuesto de todos sus jugadores. De esta forma, Aranburu pasaría a la mediapunta y Zurutuza podría ser el sacrificado. En cualquier caso, tampoco se puede descartar que repita el centro del campo del último encuentro. Xabi Prieto es fijo en la banda derecha, y da la sensación de que Griezmann y Nsue se juegan la izquierda, aunque parece que el potrillo francés parte con ventaja. Arriba no hay dudas. Jugará de nuevo Carlos Bueno, que llegó muy justo de fuerzas al partido de Villarreal pero que ya ha tenido una semana más para entrenar. Agirretxe esperará en el banquillo la oportunidad de salir y marcar, tras seis meses ya de sequía anotadora.

El ascenso en esta jornada 40ª pasa por ganar en el Ramón de Carranza. Si no lo hace, la Real no podrá aspirar a ser equipo de Primera esta semana y tendrá que esperar al menos hasta la próxima. Pero si logra los tres puntos, todo corazón txuri urdin estará pendiente de lo que haga el Betis en casa ante el Numancia el mismo sábado a las 21.30 horas. Si los béticos empatan o pierden ante el equipo de Gonzalo Arconada, la Real sería ya equipo de Primera. En caso de que los sorianos no lograran empatar o ganar, hay una segunda vía para subir, aunque se antoja más complicada. En ella, el Levante tendría que perder en Gal ante el Real Unión el domingo a las siete de la tarde y, además, que el Cartagena le gane al Hércules en su duelo de las 21.00 horas, el que cierra la jornada. Es decir, que esta jornada la Real podría subir en pleno vuelo de regreso a San Sebastián o en la tarde-noche del domingo, pero nunca sobre el césped del Carranza.

Para el equipo txuri urdin, la segunda vuelta como visitante está siendo un duro trago. Todavía no ha ganado ningún partido y se va a cumplir ya toda una vuelta desde el últrimo triunfo. Fue el 16 de enero y ante el próximo rival en Anoeta, el Celta. Sin embargo, la Real sólo ha perdido una de sus tres últimas salidas, y fue en Sevilla y de penalti, en un partido en el que los de Lasarte fueron claramente perjudicados por el árbitro. En el ambiente hostil del Ruiz de Lopera, la Real fue mejor aunque perdiera y en Cádiz habrá un ambiente similar, ya que el público gaditano es sabedor de que su equipo está sólo dos puntos por encima de los puestos que envían al pozo de la Segunda B. No obstante, el ambiente se verá mermado por las obras que hay en la tribuna del Ramón de Carranza. Para ganar, el Cádiz tendrá que sudar lo suyo, y no sólo por el intenso calor que se espera a la hora del partido, sino porque la Real sólo ha encajado tres goles en los últimos siete partidos y dos han sido desde el punto de penalti (Betis y Villarreal B) y el otro en un córner (Cartagena).

La Historia no es nada propicia para la Real en Cádiz (ni la estadística en Andalucía esta temporada, donde ha perdido todos los partidos que ha disputado, en Córdoba, Huelva y Sevilla), aunque tirando de tópico las estadísticas están para romperse. Y es que el conjunto txuri urdin nunca ha ganado en esta ciudad andaluza. Han sido 14 los duelos tanto en Primera como en Segunda y los resultados se han repartido a partes iguales en empates y derrotas. La Real estuvo a punto de romper su gafe en el último de los doce enfrentamientos en Primera, en la temporada 05-06, pero un penalti injusto en los últimos minutos puso el empate a dos en el marcador. La nota optimista se puede extraer de que en los ocho últimos enfrentamientos entre ambos equipos, la Real sólo ha perdido dos. La derrota más abultada en Primera fue el 3-0 de la temporada 85-86, superada sólo por el primero de los tres duelos en Segunda, el 5-0 de la campaña 39-40.

Hace dos años, en la temporada 2006-2007, se produjo el último encuentro entre Cádiz y Real Sociedad, y fue en una situación similar a la actual. El conjunto gaditano luchaba por permanecer en Segunda y el txuri urdin por subir a Primera, aunque entonces era en una pugna por dos plazas contra Sporting y Málaga. Ninguno de los dos equipos consiguió su objetivo. Se adelantó la Real en una muy buena primera mitad gracias a un gol de Díaz de Cerio, pero el Cádiz reaccionó en un comienza eléctrico de la segunda mitad. Los locales anotaron dos goles y la Real se fue con todo hacia la portería rival. Cuando el partido estaba cerca de acabar, Delibasic marcó el empate a dos. Y, ya en el descuento, fue objeto de un claro penalti que el árbitro no quiso señalar. Entonces quedaban cinco partidos y la Real estaba cuatro puntos por detrás de la tercera plaza. Dio tiempo a coger a sus rivales, pero Vitoria acabó con el sueño. Que Cádiz nos brinde ahora un sueño nuevo.

En la primera vuelta, el Cádiz salió goleado de Anoeta. Pero era un Cádiz todavía entrenado por el ex realista Javi Gracia, que se despidió tras caer derrotado su equipo por 4-1. No fue en absoluto un mal visitante. Todo lo contrario. El Cádiz jugó un buen partido y puso las cosas muy difíciles a pesar del resultado final. Incluso se adelantaron los visitantes, aprovechando un fallo de Bravo, uno de los poquísimos que ha tenido este año. Pero la respuesta fue contundente y sirvió para sumar la octava victoria consecutiva en Anoeta. Sólo cinco minutos después del tanto cadista, empató Aranburu, que minutos antes había fallado un gol cantado. Agirretxe hizo el segundo, su hasta el momento último gol de la temporada. Elustondo hizo de falta directa el tercero, que rebotó en un defensa y despistó al portero. El cuarto fue de Griezmann, coronando un partidazo del equipo y personal. Y el quinto fue de Xabi Prieto, pero el árbitro decidió anularlo por un fuera de juego inverosímil, culminando también un nefasto y anticasero arbitraje. Es la mayor goleada de la temporada junto con la que sufrió en Anoeta el Real Unión.

(Nota. La Real puede ascender en Cádiz y en Cádiz hay que estar. La crónica del partido y sus fotos las podréis ver el lunes por la tarde-noche.)

miércoles, junio 02, 2010

Que la insensatez no pueda con la alegría

Llegó por fin el primer fin de semana decisivo. La Real tendrá esta jornada su primera oportunidad de certificar matemáticamente su merecido ascenso a la Pirimera División. Puede ser un día alegre, feliz, una fiesta que hace tiempo que no recuerda la maltrecha afición txuri urdin. Y también puede ser una fiesta extraña, gracias a la insensatez de quienes tiene el poder en el fútbol español. Tanto la Real como el Levante pueden subir a Primera este fin de semana, pero eso no ha sido motivo suficiente para que la Liga de Fútbol Profesional haga que todos los partidos se jueguen a la misma hora. Como la Real será la primera en hacerlo, podría suceder que la noticia del ascenso le pillara en pleno vuelo de regreso a Donostia. Y a sus aficionados en las calles o bares de Cádiz o en los autocares y aviones en los que se desplazará a la ciudad andaluza. Surrealista.

La Liga hace coincidir los horarios de los partidos sólo en los dos últimos partidos. Uno más no habría hecho daño a nadie, más bien al contrario. Imaginaros que la Real sube gracias a su victoria en Cádiz. No habrá fotos de los jugadores celebrando el ascenso sobre el césped y con la gente, que es como corresponde hacerlo. No habrá grandes grupos de aficionados realistas con los suyos en ese momento. Se nos escamoteará una parte importante de la celebración, por mucha alegría que mostremos si cuando suene el pitido final del árbitro el resultado es favorable a la Real. Y todo por los intereses de las televisiones, que son las que manejan este chiringuito ya a su antojo. Y lo hacen incluso en perjuicio del espectáculo deportivo. A las seis de la tarde del sábado en Cádiz se esperan cerca de 30 grados. El equipo local quiso retrasar el horario del encuentro y la Real estaba obviamente de acuerdo. Al principio se dijo que fue ETB quien no lo permitó. Después que fue Canal Sur (que a las ocho da otro partido) y luego Mediapro (para no coincidir con su retransmisión del Betis-Numancia). Genial.

Al final todo esto me va a dar igual, pienso celebrar el ascenso por todo lo alto, esté donde esté en el momento en el que llegue y tenga o no la posibilidad de celebrarlo con mis jugdores, técnicos y amigos. Lo que está claro es que es un signo más de que la Liga española está a años luz de lo que se nos vende en casi todo, desde su calidad (tanto en Primera como en Segunda) hasta su organización (y ahí podríamos hablar de horarios, de la rendición por contrato a las televisiones, de los árbitros, del estado de los campos y de mil cosas más). pasando por lo que al final más nos importa a todos: el trato a los aficionados. Menos mal que la próxima semana el partido es en Anoeta, y el grueso de la afición no tendrá que viajar, pero los que sí quieran hacerlo desde fuera de tierras guipuzcoanas van a tener que mover sus reservas a última hora. Ojalá me equivoque, pero me temo que hasta que no termine la jornada de este fin de semana no sabremos los horarios de la próxima.

En cualquier caso, quiero que el ascenso llegue cuanto antes mejor, en esta misma jornada, tras el partido de Cádiz. Cierto que lograrlo ante el Celta daría un sentido de compensación a nuestro éxito, pues fue éste el equipo que nosprivó de aquella Liga de 2003, pero no tentemos a la suerte y cerremos esta temporada a la primera oportunidad. Quiero que el ascenso llegue a eso de las once y media de la noche, cuando el Betis finalice su partido en casa contra el Numancia de Gonzalo Arconada. Ya brindaré yo por el ascenso aunque el equipo ya no esté cerca. Ya celebraré con ellos ese triunfo soñado en Cádiz cuando salgan del Ramón de Carranza. La insensatez de esta Liga eterna, que no se acaba ni cuando el mundo entero está pensando ya en el Mundial, no va a poder con mi alegría.