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martes, junio 22, 2010

Resumen de la temporada (2). Los héroes del ascenso

1. Bravo (9)
Año espectacular del chileno, como el anterior. Muchos han sido los partidos en los que ha salvado puntos y ganó los tres ante el Nastic con su gol de falta, una de las imágenes de la temporada. Es un portero de Primera. No pudo repetir Trofeo Zamora por la lesión y por el Mundial. Enorme.

2. Carlos Martínez (8)
Maravillosa segunda vuelta del bravo lateral navarro, después de estar inédito en la primera por su lesión de pretemporada y por el buen papel de Estrada. Complemente ideal para Xabi Prieto gracias a sus contantes subidas por banda, este año se ha destapado incluso como un buen asistente con la pierna izquierda.

3. Mikel González (9)
Es el mejor central de la plantilla y lo ha demostrado. Le costó porque Lasarte tiró de él para cubrir la banda izquierda (incluso la derecha) en la primera vuelta, pero acabó formando una espléndida pareja con Ansotegi. Su gol ante el Villarreal B, el primero en la Real, fue el colofón perfecto a un gran año.

4. Elustondo (6)
Lasarte quiso darle el protagonismo en el centro del campo. En algunos partidos pareció cogerlo, pero en general le costó bastante. Una nueva lesión le mantuvo alejado del equipo en el tramo final de la temporada y, quizá, lastró la valoración que se pueda hacer de su año.

5. Markel (5)
No termina de arrancar. Tuvo oportunidades y minutos en la primera vuelta y no lo hizo mal, pero tampoco convenció del todo. Sus mejores momentos fueron siempre saliendo del banquillo. En la segunda vuelta, además de alguna lesión, no contó prácticamente nada para Lasarte.

6. Labaka (9)
Pocos confiaban en él y muchos se habrán sorprendido de su gran temporada. Segurísimo atrás, acertado de cara a gol. Es el tercer central de la plantilla, sí, pero a un nivel parejo al de sus compañeros. Sin duda, ha sido su mejor campaña en la Real.

7. Songo'o (3)
Un fichaje invernal que parecía interesante y acabó en inmensa decepción. Debutó asistiendo a Labaka ante Las Palmas y ahí se acabó el papel de Songo'o en la Real. Se despidió jugando en Elche, pero convenció tan poco que a Lasarte le costó incluso hacerle hueco en las convocatorias.

8. Nsue (7)
Él se proclamó delantero, pero sólo jugó dos partidos en ese puesto y sin mucho acierto. Fue el comodín de la Lasarte por la derecha, por la izquierda y en la mediapunta, y ahí sín rindió. Comenzó siendo el mejor, pero se marchó con la selección sub-20 y lo notó. Fue el jugador número 12 y autor de goles importantes.

9. Agirretxe (6)
El Agirretxe de la primera vuelta logró el aval para ser un delantero de referencia en la Real del futuro con seis goles y una participación importante en el juego. El de la segunda vuelta se pasó 21 jornadas sin marcar. La segunda temporada en el primer equipo es la más difícil, sí.

10. Xabi Prieto (9)
Portentoso. Es ya, por derecho propio, el líder de este equipo. Es su máximo asistente y el segundo máximo goleador. Es de nuevo el lanzador infalible de penaltis y el jugador más desequilibrante de la Real. ¿Que le falta carácter? A veces el carácter no se demuestra gritando.

11. Aranburu (8)
Comenzó con dudas pero terminó a un altísimo nivel, siendo el sostén del equipo en el pivote junto a Rivas. No terminó de cuajar en la mediapunta, tampoco por la izquierda, pero la Real agradeció su trabajo y sus conducciones en partidos complicados. Debió marcar más goles.

13. Zubikarai (9)
Algo tiene este portero que en casi todos los partidos que juega deja alguna gran parada para el recuerdo. Condiciones tiene de sobra para ser portero de la Real, aunque tiene que mejorar sus salidas por alto. Que no se haya notado la ausencia de Bravo dice muchísimo en su favor.

14. Esnaola (-)
Sólo dos partidos, notable el de su debut e incalificable el segundo por ser el relajado encuentro final en Elche. En su aparición demostró ser un central válido para la Real, al menos en Segunda y a pesar de no haber contado para Lasarte.

15. Ansotegi (9)
El crecimiento de Ansotegi esta temporada es difícilmente calculable. Espléndido campeonato el suyo, minimizando por completo sus defectos y explotando al máximo sus virtudes. No es el mejor, pero sí ha dado el mejor rendimiento de la zaga, y encima con cuatro goles anotados. Brillante.

16. Sarasola (-)
Otro canterano cuyo papel ha sido testimonial. Partía como segundo lateral izquierdo, llegó a jugar por el bajo rendimiento inicial de De la Bella y acabó como tercero, por detrás de Mikel González. Nada reseñable en sus tres partidos jugados.

17. Zurutuza (7)
Tiene calidad para aburrir, pero ha tenido una temporada plagada de lesiones. Hasta dónde puede rendir sin tanta interrupción en su ritmo es de momento una incógnita, pero lo visto invita al optimismo. Si tuviera un punto más de velocidad, no habría forma de evitar que se le considerara un crack y su fichaje por un grande.

18. Viguera (-)
El último jugador de la primera plantilla en debutar. Es difícil entender por qué se le subió al primer equipo y por qué no se le cedió en invierno si tan poco se confiaba en él. No desentonó, pero sus cuatro aspariciones son insuficientes para juzgarle.

19. Diego Rivas (9)
Lillo le recuperó para la Real, pero Lasarte ha hecho de él un titán. Maravilloso trabajo de contención en el centro del campo, ha habido partidos en que el equipo sólo se apoyaba en él. Que la gente llegara a cantar "Rivas, quédate" da una idea de su temporadón.

20. Bueno (7)
Máximo goleador del equipo con doce goles. Y eso sin hacer pretemporada, llegando tarde y mal después de la Navidad y con una posterior lesión. Cuatro goles decisivos en los dos días en que la Real se jugaba el ascenso, aportó esa dosis de mala leche sudamericana que Zubieta no produce.

21. Johnatan Estrada (2)
Un absoluto fracaso, el prototipo de lo que no debe de ser un fichaje foráneo en la Real. Sorprende que en la pretemporada ilusionara, porque cuando empezó la competición se convirtió en un extremo sin velocidad, sin calidad y sin presencia. Dio una asistencia en Huelva. Y nada más.

22. Estrada (8)
Toda una sorpresa. Reconvertido al lateral drecho, y tras un inicio dubitativo que incluso costó la victoria en Las Palmas, acabó haciéndose dueño del puesto. Una lesión en Villarreal le hizo perderse toda la segunda vuelta, pero todas las dudas sobre él de las dos temporadas anteriores desaparecieron de golpe.

23. Sergio (5)
La irrupción de Zurutuza redujo la presencia de Sergio a la mínima expresión. Cuando salió tampoco fue muy decisivo, salvo con su asistencia a Griezmann ante el Recre. Tiene cierta calidad pero no velocidad, y no termino de encontrarse en su segunda y última temporada en la Real.
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24. De la Bella (8)
Nada tiene que ver el De la Bella de la primera vuelta con el de la segunda, absolutamente nada. Quedémonos con el segundo, un lateral serio atrás, con una capacidad física extraordinaria, llegada al área rival e incluso disparo a puerta. De lo mejor del tramo más decisivo del campeonato.
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25. Riesgo (9)
Se marcha de la Real sin haber llegado a triunfar de verdad, pero es un gran portero. Jugó siete partidos y en ninguno de ellos perdió la Real. Grandes paradas, mucha solvencia y bastante más madurez de la que muchos esperaban de él. Como Eñaut, hizo que nadie se acordara de Bravo.
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26. Illarramendi (-)
Llevamos tiempo oyendo hablar de él, lo mejor es que ya ha dado el salto y se ha dejado ver con los mayores ante el Elche. Fue titular, y eso ya es algo.
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27. Griezmann (9)
Un diamante en bruto que ya es toda una realidad. Pasó un mal momento a los dos tercios de Liga, pero esa fue por la preparación y no puede hacer olvidar la ilusión que despertó, la calidad que demostró, sus goles decisivos en la primera vuelta y que fue determinante cuando la Real se jugó el ascenso. Tiene pinta de crack si le cuidamos.
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33. Albistegi (-)
Se puede decir de él casi lo mismo que de Illarramendi. Zubieta sigue funcionado y eso es una gran noticia. Ahora sólo falta que, como Griezmann, se afiancen en el primer equipo.

Resumen de la temporada (1). Un logro celebrado pero no del todo valorado

La temporada 2009-2010 ha sido la del ascenso a Primera División. Un ascenso esperado durante tres largos años, necesario por lo que significa la Real. Imprescindible, probablemente, para garantizar la futura supervivencia de este club, a nivel económico y a nivel deportivo. La Segunda no era el sitio de la Real. Y después de tantos disgustos y sinsabores, el equipo txuri urdin ha logrado al fin una alegría de las que quedan escritas con letras de oro en los libros de Historia. Y aunque la temporada termina con una inmejorable sensación de fiesta, lo cierto es que me queda cierta sensación de que no se ha valorado en su justa medida el logro conseguido por la Real. Muchos dirán ahora que la Real tenía que subir sí o sí, pero las circunstancias no invitaban precisamente al optimismo no hace tanto tiempo.

Echemos la vista atrás, hasta finales de agosto de 2009. La Real comenzaba su tercer año en Segunda sumida en un mar de dudas, a pesar del buen nivel del equipo ante el Real Madrid en la fiesta del centenario. Aunque esos mismos ahora lo negarán, mucha gente (con motivos lícitos) no confiaba en el equipo, un bloque similar al de la temporada anterior pero con notables bajas. Venía un entrenador nuevo y desconocido como tal, el único extranjero de la categoría cuando muchos querían a alguien que conociera ya la Segunda División. Habían llegado dos jugadores extranjeros, uno ilusionante en pretemporada pero desinflado desde el primer minuto de competición y otro que no sería presentado oficialmente hasta ya comenzado el torneo después de numerosos problemas con su fichaje. Una tercera incorporación era un lateral catalán para nosotros desconocido.

Aranburu, el capitán, seguía convaleciente de la lesión que se produjo la temporada anterior. Carlos Martínez cayó en el primer entrenamiento de la temporada y dejaba la primera plantilla sin ningún lateral diestro y con el improvisado Dani Estrada para tapar ese agujero. Zurutuza, la sensación de los partidos amistosos, se lesionó también. La Real llegó a la tercera jornada sin haber ganado y ya eliminado, para variar, de la Copa del Rey, a pesar de haber jugado en casa ante el Rayo. Casi todas sus esperanzas estaban puestas en un chaval de 18 años que había deslumbrado en la pretemporada, Griezmann. ¿Suficiente para subir? Probablemente no. Muchos pensaron entonces que la ilusión del partido del centenario ante Cristiano Ronaldo, Kaká y Xabi Alonso se quedaría en nada. Y se equivocaron.

Hubo tres puntos de inflexión en otras tantas jornadas consecutivas. El primero, la victoria en el último minuto en Tarragona gracias a un gol de Carlos Bueno que no llegó a traspasar la línea de meta, una de las pocas decisiones arbitrales que beneficiaron a la Real en toda la temporada. El segundo, el gol de Griezmann ante el Huesca, que abrió el camino de la primera victoria en Anoeta, siendo el estreno anotador del potrillo francés y además en su primer partido como titular. Y el tercero, la espectacular victoria en Soria ante el Numancia por 1-3, con un partidazo de Xabi Prieto, Zurutuza y Agirretxe, quien sumaba ya cuatro goles. A partir de ahí, la Real creyó de verdad en lo que estaba haciendo y en lo que le decía su entrenador, Martín Lasarte. El uruguayo ha reconocido que ese fue el día en que todo cambió a mejor.
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Ese día en Soria, tras la sexta jornada de Liga, la Real entró en los puestos de ascenso, para no abandonarlos ya en toda la temporada. El primer asalto al liderato llegó sólo una semana después, venciendo en Anoeta al Salamanca con goles de Griezmann y Ansotegi. Los tres primeros intentos de mantener la primera plaza se vieron frustrados por Levante, Hércules y Rayo (a pesar del enorme partidazo en Vallecas que acabó con un 3-3 en el marcador). Pero el equipo txuri urdin fue cimentado su futuro en Primera gracias a una espléndida trayectoria en Anoeta, donde llegó a encadenar ocho victorias consecutivas, récord histórico en el estadio inaugurado en 1993. Como visitante, el conjunto de Lasarte fue conseguiendo bastantes puntos, lo que le permitió llegar al parón invernal en la primera posición, entonces ya en una dura pugna con el Hércules, después del gran arranque de Liga de un Cartagena que acabaría desinflado.

Cuando la Real ha sido campeona de invierno, nunca ha conseguido ser campeona al final. Así ha sido a lo largo de su Historia, y quizá por eso el destino llevó al conjunto txuri urdin a perder en casa ante el Elche, en el último partido de la primera vuelta, el único en Anoeta del que saldría derrotado. La Real llegó al ecuador de la temporada en el segundo puesto de la tabla, con unos magníficos 42 puntos, y así comenzó una trayectoria muy dispar en la segunda vuelta. Como locales, los de Lasarte eran arrolladores y destrozaron sobre todo a los rivales directos (Levante y Hércules). Y para entonces Anoeta ya había vivido el momento cumbre de esta y de muchas temporadas, el gol de falta marcado por Bravo al Nastic. Como visitante, y a pesar de buenos partidos como el jugado en inferioridad numérica en Cartagena, la victoria se resistía con insistencia en encuentros en los que lo más fácil parecía que los tres puntos volaran a San Sebastián.
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El pequeño bajón que todos los equipos de la cabeza de tabla sufren siempre, coincidió para la Real con la ausencia de jugadores como Elustondo o Xabi Prieto (casualmente, ambos se lesionaron un año antes, de más larga duración en ambos casos, y también coincidió ese hecho con un descenso notable del nivel de juego del equipo, entonces en manos de Juanma Lillo). La ventaka con respecto al cuarto clasificado, que llegó a rozar los diez puntos en algún momento de la temporada, poco a poco iba reduciéndose porque cada vez eran más equipos los que aspiraban a subir. A la pelea se habían sumado ya un Levante que estaba protagonizando una segunda vuelta espectacular, el Betis al que todos esperaban, el Numancia que seguía teniendo la tercera plaza a tiro aunque le costara arrancar e incluso el Elche, que se escudaba en un calendario favorable para seguir soñando.

Si en cuanto a puntos y distancias el ascenso estaba muy reñido, en cuando a la posición de Líder no. La Real alcanzó la primera plaza de nuevo con su emapte en Salamanca, en la jornada 28, y ya no lo abandonó más. El equipo agudizó su crisis goleadora a falta de un cuarto de Liga para el final. En nueve jornadas, desde la derrota en Córdoba hasta la de Sevilla ante el Betis, sólo anotó tres goles, aunque pudo sumar diez valiosos puntos. Los más agoreros volvieron a temer por el ascenso. Las dudas se solventaron con dos victorias de categoría. La prikmera, en un Anoeta casi repleto, ante el Villarreal B. La segunda, en una maravillosa exhibición en Cádiz. Sólo faltaba rubricar el ascenso una semana más tarde, en casa y ante el Celta. Y la Real, a falta del traspiés resacoso en Elche, era ya equipo de Primera.
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La Real fue el equipo que más jornadas estuvo en ascenso. El que durante más tiempo ocupó el liderato. Hizo de Anoeta el deseado fortún para subir. Pero durante muchos tramos de la temporada parecía que muchos, entre los realistas que no desde fuera, pensaban que la Real acabaría cayendo de las tres primeras plazas. Que el drama de Vitoria se repetiría. O incluso que el ascenso es lo mínimo que se podía pedir a la Real y, por tanto, no había nada que celebrar. Eso es infravalorar su logro. La plantilla se configuró en las más difíciles condiciones de los tres años en Segunda. Era, quizá, la temporada en la que menos se confiaba en el ascenso por las incógnitas que se cernían sobre un equipo, dirigido por un entrenador al que nadie conocía en agosto, y que venía de acumular disgustos en los tres años anteriores. Y hoy los miembros de ese equipo son los héroes del ascenso. Así es el fútbol. Y lo hemos celebrado a lo grande. Pero no nos olvidemos de valorar este ascenso como de verdad se merece.

jueves, junio 17, 2010

Imágenes de una fiesta (y 3)

Para mí, Gorka Reizabal es uno de los nombres de oro del periodismo deportivo relacionado con la Real. Le vi sobre el césped de Atotxa con un micrófono de TVE en la mano, en aquellos viejos partidos de la UEFA que acostumbrábamos a jugar en los 80. Escuché emocionado sus palabras sobre la Historia del equipo en los vídeos que hizo en los años 90. Le seguí en la radio, cuando era el hombre en San Sebastián de la Cadena SER. Y tuve la enorme suerte de conocerle y, con el tiempo, entablar una amistad. El domingo estuvo en Anoeta con una camiseta muy especial, la que vistió Periko Alonso en su último partido con la Real, en la temporada 81-82, aquel encuentro que dio a la Real en Atotxa su segundo título de Liga. Qué envidia me dio por tener ese tesoro. Y qué alegría al ver que alguien como él la luce tan orgulloso. El lunes no le vi pero hablamos. "Un poco más contentos que ayer, fíjate la diferencia", me dijo. Y es verdad. El domingo estábamos en Segunda y el lunes en Primera. En la fiesta del lunes, yo le pillé desde abajo, pero él tuvo un lugar privilegiado dentro del Ayuntamiento y se ofreció a enviarme estas fotos.

La bandera y la gente. La Real, en definitiva. "Gente entusiasmada", me dice Gorka. Y es verdad, lo estábamos. Todos. ¿Por qué convertimos en su día a la Real en el centro de todas las polémicas? ¿Cuándo olvidamos que nuestro corazón, el de todos, es txuri urdin? Ojalá ya no lo olvidemos más.

Gorka con Mikel Aranburu. El capitán es el único jugador que queda en la plantilla de aquellos que lograron el subcampeonato y el único que permanece de los tiempos de Gorka como informador de la Real. "Me alegro especialmente por él, por su fidelidad, por recuperar lo que era suyo y nuestro tras una travesía del desierto, a veces sin cantimplora", explica Gorka. Yo también me alegré mucho por Aranburu, yo también. Se merecía una alegría un jugador que vivió palos como no ganar la Liga, el descenso, el no ascenso de Vitoria o la gravísima lesión que sufrió en Santander.

"Un hombre sensato, con un discurso lleno de contenido, sin apenas tópicos, brillante, que rezuma liderazgo. Aterrizó sano, sin esa enfermedad mental colectiva que había desgarrado a la Real durante ya demasiado tiempo. Un singular psiquiatra que sublimó y encauzó todas las demás devastadoras locuras para volvernos locos pero de alegría". Lo dice Gorka, lo suscribo yo. Bravo, Martín, bravo.

La misma imagen del ascenso de 1967, de las Ligas de 1981 y 1982 y de la Copa de 1987. En Alderdi Eder y con miles de realistas ahí abajo. "Con otros protagonistas, pero todos de la Real", me dice Gorka. Y es verdad también. Esa es también la grandeza de este equipo, que en el fondo no es más que un legado que se va transmitiendo. No queda más remedio, pensaréis algunos. Pero no es verdad. Se puede trabajar en la Real sin quererla. Se pueden cantar los goles de la Real sin sentirlos tanto. Pero no es lo mismo.

Una curiosidad que me destaca Gorka. El portero de Puertollano fue Zubiarrain. El de este ascenso, Zubikarai. Zubi, en los dos casos, aunque no sea así como les conocemos. Y zubi, en euskera, significa puente. "En este gran puente de 43 años la Real ha disfrutado de grandes y míticos pilares, o sea, porteros que primero dieron gran rendimiento y luego fueron el maná pues ayudaron a cuadrar presupuestos", afirma. Arconada, "el más grande", claro. Y ahora una duda y un deseo: "¿Volverá la portería de la Real a ser como antaño el portal de los prodigios?". Yo creo que sí. El año que viene habrá dos porteros de Zubieta en Primera y veremos si Bravo juega aquí o en otro equipo. En la Real siempre habrá grandes guardametas. Y una anécdota interna de la fiesta. Martín Lasarte le decía a Zubikarai que, con su txapela, parecía el Celedón de las fiestas de Vitoria.

Y estas dos fotos son especiales. Son especiales porque en ellas aparecen los dos hijos de Gorka, pero son especiales también porque hablan del futuro. Ellos son el futuro. El de la Real y de otras muchas cosas. En esas fotos a lo mejor hay algún periodista deportivo que dentro de unos años nos cuenta las hazañas del equipo txuri urdin. A lo mejor hay algún peñista que dedica su ocio a seguir a la Real por los campos de la Liga española. A lo mejor, por qué no soñar, hay algún futuro jugador de la Real, ya sea del primer equipo masculino o del femenino. Pero lo que seguro que hay es un montón de jóvenes aficionados que ya han tenido su primera gran alegría con la Real. Ellos, y sobre todo ellas porque el mundo del fútbol ha estado mucho tiempo alejado de ellas, tienen mucho que decir en el futuro. Pero para ello hay algo que no pueden olvidarse de hacer: soñar. Con la Real y con lo que deseen.

Imágenes de una fiesta (2)

En las grandes ocasiones, en los días más trascendentes para la Real, San Sebastián se viste de txuri urdin. El día del ascenso no podía ser menos y a las ya tradicionales banderas en centenares de balcones donostiarras se unieron otros muchos motivos con los colores de su equipo. Ningún gesto es demasiado pequeño para demostrar el amor a unos colores. Ni siquiera la escultura del gran Alberto Ormaetxea se libró de tener decorado su rostro con el blanco y el azul que siempre tenía presentes en su corazón. Y es que había que celebrar un ascenso nada menos...

miércoles, junio 16, 2010

Imágenes de una fiesta (1)

La del ascenso de 2010 es la fiesta de varias generaciones de realistas. Por un lado, están los de toda la vida, los que sí vivieron las grandes gestas del club. Por otro, los más jóvenes, los que están aprendiendo todavía a querer a la Real y sufrir con ella. Y también está la gente intermedia, la que se sabe de memoria toda la historia en Anoeta, pero para quienes Atotxa es sólo un viejo y entrañable recuerdo. Todos disfrutamos del ascenso. Y todos estábamos, de una u otra forma, sobre el césped de Anoeta. Los primeros de la mano de Lasarte, curtido en mil batallas, aunque hasta ahora fueran lejanas. De realistas de ya muchos años de cariño al club, como el delegado Juantxo Trecet o el masajista Iñaki Anza. Los más jóvenes, identificados con Griezmann. Y los que han crecido en Anoeta, con jugadores como Aranburu o Xabi Prieto. Y todos unidos, todos de la mano. "No se desunan", pidió Lasarte en su discurso. Cuánta razón tiene. Estaremos de acuerdo o no con las decisiones que se toman, pero la Real tendría que unirnos siempre. En los buenos momentos es fácil. Ya veremos en los malos.

Sigo pensando que Anoeta es especial, más especial de lo que muchos quieren creer y, quizá, de lo que el recuerdo de Atotxa permite pensar. Es obvio que el vetusto campo de Duque de Mandas, desaparecido ya hace más de una década era único e irrepetible. Es obvio que las pistas de atletismo estorban a la simbiosis de la afición con el equipo ("Aperri, quita las pistas", fue el cántico de Zurutuza tanto en la celebración en el césped como en el balcón del Ayuntamiento un día después). Pero negad ahora que no se os pone la piel de gallina al ver a más de 30.000 personas en Anoeta. Negad que no os emociona verlo teñido con un mosaico así en un día grande (o en el partido del centenario, o aquel día que celebramos el subcampeonato de 2003 contra el Atlético de Madrid). Anoeta es nuestra casa. Con o sin pistas de atletismo. Y que sea un recinto caluroso no depende más que de nosotros, de los realistas.

Lasarte se reía estos días en algunas entrevistas del tópico de que el guipuzcoano es soso. Seguro que tenía en su cabeza el recibimiento al equipo. El de hace dos semanas, antes de jugar contra el Villarreal B, fue apoteósico, pero se quedó en nada comparado con el que vivió el equipo antes de enfrentarse al Celta y escribir la hermosa página del ascenso. Y la memoria, que es demasiado selectiva a veces, se quedará con esta imagen, pero por impresionante que sea no puede hacernos olvidar que ésto es lo fácil. No tiene demasiada complejidad apoyar a un equipo ganador. Lo duro, lo difícil, lo meritorio, es darle al equipo ese plus que necesita en los días malos. O fuera de Anoeta. Viendo a tanta gente volcada con la Real, no dejaba de acordarme de aquel partido que jugó la Real en el Sánchez Pizjuán contra el Sevilla Atlético, hace dos temporadas, en sus primeros días en Segunda. Apenas unos pocos centenares de personas en la grada y un ambiente de campo de barrio. Eso ha sido la Segunda División para la Real, una tortura alejada de lo que merece y de lo que es capaz de generar. A nadie se le olvidará el partido del ascenso. A mí tampoco aquella tarde en el Pizjuán.

Porque de aquella tarde y de otras muchas tristezas, sobre todo la de Vitoria, una herida que queda ahora cerrada, se llega a lo que celebró Anoeta al final. Con los jugadores sobre el césped y con un hermoso recuerdo. "Lo hemos logrado", decían sus camisetas, que llevaban un enorme número 12 en la espalda. Hemos sido el jugador número 12 y el ascenso es también nuestro. Pero con "nuestro" no quiero decir sólo de los 32.000 que había en Anoeta. Ni mucho menos. El ascenso es de muchas personas más. Diego Rivas fue el que se acordó de ellos, de nosotros, de todos. De los que se habían quedado fuera. De los que son de fuera. De los que no tienen acento vasco, de los que sufren en la soledad y en la distancia que tan bien quedaron reflejadas en el anuncio con el que ahora se ha celebrado este ascenso, personificándolo todo en un realista canario. Por eso, y tengo que decirlo, me decepcionó algo el detalle de que Aranburu, que habló como capitán de la Real, lo hiciera sólo en euskera. El brazalete significa mucho y fuimos muchos los que no supimos que nos decía nuestro capitán hasta leerlo en la prensa al día siguiente.

Consumado el ascenso, la vuelta de honor fue preciosa. La importancia de los aficionados creo que ya ha quedado fuera de toda duda, y los jugadores lo entendieron. Por eso era esencial detenerse en todos y cada uno de los sectores del campo para aplaudir a quienes se han dejado la garganta, las manos y el corazón (también la cartera, que no es barato seguir a este equipo durante toda la competición, sea viajando o sea pagando el abono) apoyando a la Real. Anoeta hubiera podido acoger en el día del ascenso a muchos más realistas de los que caben en el recinto. Pero no olvidemos que han sido 15.000 los fieles de verdad, los que han estado allí todos los días. Contra el Alicante, contra el Eibar y contra el Racing de Ferrol. Y toda esa gente se merecía una foto aún más hermosa. Faltaba una copa, la que nos darán de forma fría en una asamblea y no sobre el campo. Otro fallo más de esta Liga de Fútbol Profesional que no hace honor a su nombre en demasiadas cosas.

Toda esa gente de la Real es la que más ha sufrido durante la temporada. Los miedos, las derrotas, los nervios, la ansiedad, el "otra vez se nos escapa", el "aurten bai" ("este año sí"). Eso lo padecen los jugadores, sí, pero es el sufrimiento del aficionado. Por eso la fiesta del lunes era la fiesta de la gente. Por eso tantos se agolparon en la puerta de Anoeta esperando la salida del autocar descapotable que llevaba a la plantilla, por eso tantos tenían tantas ganas de disfrutar de ese momento que desafiaron a la lluvia que regó San Sebastián con una fuerza inusitada apenas unos minutos antes del comienzo de la fiesta. Pero es que el cielo donostiarra también es txuri urdin, no lo dudéis. Se puso a llorar de felicidad en cuanto el árbitro pitó el final del partido ante el Celta y la Real se convirtió en equipo de Primera. Nos dejó que lo celebráramos a gusto esa misma noche. Al día siguiente, no pudo reprimir las lágrimas de felicidad, pero supo mantener la compostura para que todos saliéramos a la calle a vivir un momento tan especial sin tener que mojarnos. Y cuando la fiesta acabó, lloró de nuevo. Qué bonitas son esas lágrimas.

Todos vivimos el momento y lo recordaremos siempre. Estas chicas vieron la cámara y, quizá pensando que estaba allí por parte de algún medio de comunicación más importante que este pequeño rincón, me pidieron que les hiciera una foto. No sé si llegarán a verla, pero su entusiasmo y su cariño por la Real bien merece que la publique. Y es que son bonitas son las sonrisas de los aficionados. Sobre todo si van revistidas de los colores de la Real. Ese es un triunfo que ha costado mucho conseguir. Llevo ya unas cuantas semanas felicitándome de que se vean ahora muchas más camisetas de color txuri urdin que antes (y también más camiseta de la Real que de otros equipos). Gorka Reizabal me contó que hace ya muchos años nadie llevaba una camiseta blanquiazul para animar a la Real y que hubo una precursora que se puso el mundo por montera y, a pesar de ser criticada, se enfundó su camiseta. Eso es cariño. Ella no pudo ver el ascenso porque hace tiempo que nos dejó (como también nos dejaron, y no paré de acordarme de ellos y de lo que me hubiera gustado que alguien lo hiciera públicamente, Alberto Ormaetxea, Genaro Celayeta o José Luis Orbegozo), pero le hubiera encantado esta imagen. Va por ti, Tina.

Y va por Martín. Lo de Lasarte es algo impresionante. Habrá quien dude de él como entrenador, quien piense que, quizá, su forma de plantear los partidos nos va a hacer sufrir en Primera División. Ahora nadie lo dirá, porque está claro que el mundo no está pensado para rebatir a los ganadores. En cualquier caso, todos hemos aprendido a respetar y a querer a este entrenador uruguayo. Nos ha ganado, y no sólo porque los resultados le hayan acompañado. Siempre tan serio en su trabajo, siempre tan correcto en sus formas (excepto aquel día ante el Levante, cuyo arranque de cólera también encontró la simpatía de los realistas), siempre tan preciso cuando habla. Nos faltaba verle tan feliz como nosotros. Y con el ascenso lo hemos conseguido. Recuerdo ahora cómo celebró el triunfo ante el Villarreal B. Un poco apartado de los demás, cerrando los puños, gritando y mirando hacia el suelo. Me vi reflejado en él. Como me vi reflejado en sus gestos de ánimo con los brazos cuando llegó a Anoeta el domingo. O con el entusiasta agitar de su bufanda sobre el autocar. Incluso cuando cedió todo el protagonismo de la fiesta a los jugadores. A él le tocaba disfrutar. Y se lo merece.

Hay quien lamenta que la Real no tenga un lugar como Cibeles o Canaletas para celebrar sus triunfos. Quizá sea porque lo veo desde fuera, pero para mí ese lugar siempre ha sido y siempre será Alderdi Eder y el Ayuntamiento. Es ahí donde espero ver a mis campeones, en ese balcón, junto a una bandera txuri urdin. Es ahí donde disfruté viéndoles alegres por el triunfo conseguido. "Esto no nos lo va a quitar nadie, ¡nadie!", gritó desde allí Mikel González. Y es verdad. Manu Sarabia, ahora comentarista de Canal + y en tiempos jugador del Athletic de Bilbao, dijo con cierta sorna que la Real ya le saca dos títulos de Segunda a los bilbaínos. En realidad son tres los títulos de Segunda División que figuran en el palmarés realista, pero la verdad es que no me importa lo que puedan decir otros. También merece la pena recordar aquí lo que dijo Lasarte, aquello de que el fútbol da más penas que alegrías y que por eso hay que disfrutar de las segundas. Y ya lo creo que disfrutamos la que supone este ascenso. Es un gran logro. Lo es. Aunque algunos tengan miras más cortas y piensen que no.

Mokoka puso la nota de color. Estos chicos que colgaron en Youtube su particular versión del Moving de Makako animaron la fiesta en el Ayuntamiento. No sé si a todos se les puso la piel de gallina cuando la letra llegó al punto en que dice "podré jugar contra el Madrid" y, sobre todo, cuando el cantante intercaló un par de palabras más en esa línea: "y ganar". Somos grandes y es hora de que lo demostremos donde corresponde, en la Primera División. Y ahora mismo somos grandes porque los jugadores han creído que lo somos. Por eso uno no podía dejar de disfrutar de sus bromas (Johantan Estrada manteado por sus compañeros, el único, y con toda la gente coreando "Cocoliso, Cocoliso"; ver para creer...), sus risas (Diego Rivas presentado a De la Bella como "el tío que más calzoncillos vende a este lado del Atlántico"), sus bailes (¡cómo disfrutaron Griezmann o Nsue!), sus "camarero" (por mucho que Songo'o no se sepa a estas alturas la canción de San Fermín) y su juerga. Porque también es la nuestra. Y por eso Sergio, casi despidiéndose de la Real, nos recordó en Anoeta y Alderdi Eder ese cántico que a todos nos pone la piel de gallina. "Que sí, joder, que vamos a ascender". Hemos ascendido.

Y si en alguien hay que personalizar toda esta felicidad es en Antoine Griezmann. Verle tan sonriente, disfrutando tanto del momento, nos hará recordar para siempre lo que significa este equipo y lo que supone este éxito en la historia del club. Hay quien decía que esto no hay que celebrarlo, que somos la Real y que debíamos estar por encima de triunfos menores. No estoy de acuerdo. Puertollano es una de las grandes picas de nuestra existencia. Ahora también lo es este ascenso, porque se ha conseguido en unas circunstancias muy difíciles, más de lo que hemos admitido hasta ahora (y no me refiero a la economía del club sino a la parcela deportiva). Griezmann es un triunfo en medio de esa tormenta de dificultades. Es un chaval, muy joven todavía, que se ha hecho camino hasta ahora en este mundo del fútbol gracias a su calidad (que le llevó a sentar a un fichaje personal del entrenador), a su cariño por estos colores (demostrado desde el primer día en que le vimos y hasta ahora, renovando con la Real a pesar de que los medios de comunicación habían hablado de interés de algunos equipos grandes) y a su desparpajo. Antoine es la Real. Y lo seguirá siendo por muchos años, ojalá que sí.

jueves, junio 10, 2010

Así se vive un ascenso

Decía ayer que nunca he vivido un ascenso. Yo no había nacido cuando se produjo aquel feliz día de Puertollano sobre el que tantas historias hemos oído ya. Pero hay un gran amigo de este blog y de este humilde realista que sí lo vivió. Gorka Reizabal estuvo allí y, como él mismo me ha dicho, con aquel ascenso como punto de inflexión empezó a cambiar su vida en muchos sentidos. Todo eso se lo contó a un redactor de El Diario Vasco, tal y como quedó plasmado en su edición del pasado sábado. Os invitó a leerlo, porque es una maravilla compartir los recuerdos de alguien como Gorka.

Yo todavía no sé qué sensaciones tendré el domingo (porque vamos a subir el domingo, que nadie lo dude). No tengo ni idea de qué haré en el momento en que se acabe el partido y el sufrimiento de tres durísimos años en Segunda. No he hecho extrañas promesas, ni me voy a tirar de cabeza a las aguas de La Concha o me voy a pintar el pelo de blanco y azul. Por el momento, sólo sé que seré feliz, pero eso todavía no me prepara para todo lo que voy a sentir. Gorka ya lo ha vivido, pero ahora lo vivirá otra vez. Será, como yo, otro txuri urdin feliz. Y me alegrará poder estar con él para saber lo que siente ahora.

miércoles, junio 09, 2010

La piel del oso

En condiciones normales, no me gusta vender la piel del oso antes de cazarlo. Trasladado eso a nuestra vida en txuri urdin, no es bueno hablar del ascenso y de la fiesta posterior antes de que efectivamente seamos otra vez un equipo de Primera División. Pero, francamente, voy a dejar de lado las supersticiones, las leyes, las costumbres y los gafes. Siento en el alma que tengo que vender ya la piel del oso. Tengo que proclamar que la Real va a recuperar el lugar que merece. Y no lo hago porque las probabilidades de lograr el objetivo sean elevadísimas (sólo una posibilidad, una, aleja a la Real de Primera: el triple empate con Levante y Hércules, con el Betis por delante). No, no es eso. Lo hago porque tengo unas ganas terribles de celebrar por fin algo grande con la Real.

Claro que he vivido grandes tardes viendo al equipo txuri urdin. Épicas victorias antes rivales históricos y de una calidad superlativa. Vi a una Real gloriosa ganar 0-4 en el Bernabéu o 4-2 al Madrid de los galácticos en Anoeta. He visto partidos muy felices, como alguna salvación del equipo cuando coqueteaba con el descenso. Pero no he sentido en mi interior una alegría de las de verdad, de esas que quedan escritas en los libros, no ya de Historia txuri urdin, sino del fútbol. Un título o un ascenso son los dos únicos eventos que pueden alcanzar esa categoría. No viví Puertollano. No estuve en Gijón. No pisé las gradas de Atotxa un año después. Ni siquiera tengo más que unos recuerdos poco claros de Arconada deteniendo aquel penalti que nos dio la Copa.

Y, en cambio, estuve en Vigo llorando sin consuelo por una Liga perdida, y una semana más tarde en Anoeta para celebrar sólo un subcampeonato tan meritorio como amargo. Pasé bajo un intenso sol y una gran tristeza el mal trago de Valencia, el descenso de la Real después de 40 años en la élite, tras quedarme helado, sin palabras y más desolado que nunca cuando Savio falló aquel penalti una semana antes. Sufrí en directo el varapalo de Vitoria y la pérdida de aquel ascenso que ya acariciábamos. Todos los malos días de la Historia reciente. He estado en todos. Y por mucho dolor que me causaran, por mucho que arrugaran mi corazón txuri urdin, ninguno de ellos ha provocado que quiera dejar solo a este equipo. No lo voy a hacer, sean cuales sean sus circunstancias.

Ahora, por fin, estamos en la antesala de una alegría. Once jugadores, siete en el banquillo, otros tantos en la grada, un cuerpo técnico, una directiva, 32.000 personas en el campo y miles más en bares y casas de los más insospechados rincones del mundo vamos a celebrar el domingo el ascenso. Perdonadme que me adelante, porque es verdad que no está conseguido y que hay una posibilidad de que no se consiga. Sé que el equipo no va a caer en esta euforia, porque me lleva demostrando toda la temporada que se puede confiar en él. Pero yo no puedo contenerme y pienso en el ascenso, en la fiesta, en la celebración. Y creo que es por la inmensa felicidad que me provoca este ascenso de la Real. De mi Real.

miércoles, junio 02, 2010

Que la insensatez no pueda con la alegría

Llegó por fin el primer fin de semana decisivo. La Real tendrá esta jornada su primera oportunidad de certificar matemáticamente su merecido ascenso a la Pirimera División. Puede ser un día alegre, feliz, una fiesta que hace tiempo que no recuerda la maltrecha afición txuri urdin. Y también puede ser una fiesta extraña, gracias a la insensatez de quienes tiene el poder en el fútbol español. Tanto la Real como el Levante pueden subir a Primera este fin de semana, pero eso no ha sido motivo suficiente para que la Liga de Fútbol Profesional haga que todos los partidos se jueguen a la misma hora. Como la Real será la primera en hacerlo, podría suceder que la noticia del ascenso le pillara en pleno vuelo de regreso a Donostia. Y a sus aficionados en las calles o bares de Cádiz o en los autocares y aviones en los que se desplazará a la ciudad andaluza. Surrealista.

La Liga hace coincidir los horarios de los partidos sólo en los dos últimos partidos. Uno más no habría hecho daño a nadie, más bien al contrario. Imaginaros que la Real sube gracias a su victoria en Cádiz. No habrá fotos de los jugadores celebrando el ascenso sobre el césped y con la gente, que es como corresponde hacerlo. No habrá grandes grupos de aficionados realistas con los suyos en ese momento. Se nos escamoteará una parte importante de la celebración, por mucha alegría que mostremos si cuando suene el pitido final del árbitro el resultado es favorable a la Real. Y todo por los intereses de las televisiones, que son las que manejan este chiringuito ya a su antojo. Y lo hacen incluso en perjuicio del espectáculo deportivo. A las seis de la tarde del sábado en Cádiz se esperan cerca de 30 grados. El equipo local quiso retrasar el horario del encuentro y la Real estaba obviamente de acuerdo. Al principio se dijo que fue ETB quien no lo permitó. Después que fue Canal Sur (que a las ocho da otro partido) y luego Mediapro (para no coincidir con su retransmisión del Betis-Numancia). Genial.

Al final todo esto me va a dar igual, pienso celebrar el ascenso por todo lo alto, esté donde esté en el momento en el que llegue y tenga o no la posibilidad de celebrarlo con mis jugdores, técnicos y amigos. Lo que está claro es que es un signo más de que la Liga española está a años luz de lo que se nos vende en casi todo, desde su calidad (tanto en Primera como en Segunda) hasta su organización (y ahí podríamos hablar de horarios, de la rendición por contrato a las televisiones, de los árbitros, del estado de los campos y de mil cosas más). pasando por lo que al final más nos importa a todos: el trato a los aficionados. Menos mal que la próxima semana el partido es en Anoeta, y el grueso de la afición no tendrá que viajar, pero los que sí quieran hacerlo desde fuera de tierras guipuzcoanas van a tener que mover sus reservas a última hora. Ojalá me equivoque, pero me temo que hasta que no termine la jornada de este fin de semana no sabremos los horarios de la próxima.

En cualquier caso, quiero que el ascenso llegue cuanto antes mejor, en esta misma jornada, tras el partido de Cádiz. Cierto que lograrlo ante el Celta daría un sentido de compensación a nuestro éxito, pues fue éste el equipo que nosprivó de aquella Liga de 2003, pero no tentemos a la suerte y cerremos esta temporada a la primera oportunidad. Quiero que el ascenso llegue a eso de las once y media de la noche, cuando el Betis finalice su partido en casa contra el Numancia de Gonzalo Arconada. Ya brindaré yo por el ascenso aunque el equipo ya no esté cerca. Ya celebraré con ellos ese triunfo soñado en Cádiz cuando salgan del Ramón de Carranza. La insensatez de esta Liga eterna, que no se acaba ni cuando el mundo entero está pensando ya en el Mundial, no va a poder con mi alegría.