La realidad es tozuda y acaba dando la razón a quienes quieren verla. De hecho, es fácil tratar de dar una explicación a todo lo que sucede. Facilísimo. Lo que no es tan fácil es darla cuando nos vale tanto esa explicación como la contraria. Y hablando de la Real llevamos demasiado tiempo colocados en esa situación. Lo difícil es mantener una teoría aunque todos los que mandan, en los medios de comunicación y en el campo, defiendan lo contrario. Pero la realidad, ah, la realidad, es tan tozuda que acaba poniendo a todo el mundo en su sitio. El partido contra el Sevilla viene a marcar un antes y un después en la temporada del equipo txuri urdin, porque ha servido para desenmascarar demasiados de los tópicos con los que se razonaban bastantes realidades de la Real. Y la primera de ellas, como no podía ser de otra manera, lleva el nombre de Rubén Pardo.
Este fútbol globalizado en el que vivimos hace que no podamos vivir engañados. Antes no podíamos ver al Sanse y no veíamos los partidos de las categorías inferiores de la selección. Hoy sí. Y todos vimos la exhibición de Pardo en el Europeo Sub-19 del pasado verano. Todos vimos ahí un jugador más que preparado para dar el salto al primer equipo, como hace poco más de dos años vimos a Griezmann preparado para ser titular en la Real. A Lasarte se le recriminó que empezará la temporada desde el banquillo y no tardó más que dos partidos en ver la realidad. Montanier ha querido ser más tozudo que la realidad y ha acabado sucumbiendo. Pardo ofrecía cosas que la primera plantilla no tenía, y Montanier no las supo aprovechar desde el inicio.
Hoy todo el mundo se congratula de la irrupción de Rubén Pardo y yo sigo lamentando los meses que hemos perdido con él. Nada grave, por supuesto, porque le queda una larguísima carrera como futbolista profesional en la que, ojalá, dé muchas alegrías a la Real. Pero no puedo olvidar que el entrenador de la Real, después de hacer la pretemporada, después de ver el Europeo Sub-19 y después de tener a Pardo un par de semanas bajo su mando decidió seguir adelante con la petición de un fichaje. Para mayor escarnio, con el fichaje de Mariga. Me sigue pareciendo indecente que en un equipo como la Real Mariga haya jugado 14 partidos como titular, con un resultado ínfimo, mientras Pardo guardaba intacta toda su ilusión en el banquillo o en la grada. Pero al menos la realidad ha ganado el pulso. Ha tardado seis meses, pero ha ganado.
La de Pardo no es la única realidad que ha puesto al descubierto la victoria ante el Sevilla. Demasiadas veces hemos justificado la derrota en la edad de la plantilla. Que si es demasiado joven, que si es demasiado inexperta, que si tiene que aclimatarse a la Primera División. A Espanyol o Athletic nadie les dice eso, a pesar de ser incluso más jóvenes que la Real en muchos partidos. Ante el Sevilla jugaron Cadamuro, Iñigo Martínez, Carlos Martínez, Markel Bergara, Pardo, Griezmann, Vela y Agirretxe. Ninguno de ellos llega a los 25 años. Y ganamos. Ganamos bien. Y con participación decisiva de unos cuantos de estos jugadores. ¿Si hubiéramos perdido lo hubiéramos justificado en la edad? Seguramente sí. ¿O en que jugaron nueve canteranos de inicio? Puede que también. Pero Zubieta no es una limitación, al contrario. Es de lo que más le agradezco a Aperribay, su confianza en el equipo que tenemos. Otra realidad al descubierto.
No es el único que cree en las posibilidades de lo que tenemos. "Nosotros siempre miramos hacia arriba. Mirar hacia abajo puede inducir a señales equívocas. Tenemos potencial para mirar hacia arriba, pero no podemos descuidarnos ni relajarnos". Eso lo dijo ayer Bravo. Contrasta con lo que dijo Markel antes del partido. Que el Sevilla no era de nuestra Liga. Como si por eso perder fuera lo normal. Y no, no lo es. No lo es en ningún caso, pero mucho menos en Anoeta. Hay que ser ambiciosos. Realistas, pero ambiciosos. Y de nuestra Liga son 19 equipos más. ¿Habríamos ganado cuatro puntos en las dos últimas visitas del Barcelona en Anoeta si pensáramos que no es de nuestra Liga? Pensemos en llegar a 45 cuanto antes, sí, pero con margen para hacer más cosas. La falta de ambición es lo que nos costó la Copa más fácil que tendremos en décadas. La falta de ambición es lo que ha estado a punto de tirar esta temporada por la borda.
Pero la realidad es tozuda. Y ahora nos sonríe más de lo que nos ha sonreído en toda la temporada. Porque ahora las lesiones no impiden que la gente crea que la Real tiene una buena plantilla, y eso que ante el Sevilla faltaron Elustondo, Zurutuza, Illarramendi y De la Bella, además de un Griezmann que empezó en el banquillo tocado. Nadie se escuda en la edad de nuestros futbolistas para anticipar una debacle. Nadie teme ya que un jugador de fuera mediocre le pueda quitar el puesto a Pardo. Y nadie ve un lastre en Zubieta, en la falta de dinero, en tener un único fichaje que se mantiene en el equipo desde el verano o en no haber recurrido al mercado de invierno. Claro, hemos ganado el último partido. ¿Cómo se explicaría una derrota en Granada? Volveríamos a los tópicos. No lo dudo. Así que me conformaré con que Montanier no intente ser más tozudo que la realidad para así aspirar a más de lo que tenemos. Porque podemos llegar.
jueves, febrero 16, 2012
lunes, febrero 13, 2012
REAL SOCIEDAD 2 - SEVILLA 0 Tres puntos de oro y alguna que otra gran noticia
Ganar lo es todo en esto del fútbol, y la Real ha ganado. Y aunque el equipo sigue dejando sombras muy visibles, hoy el rival ha sido un Sevilla muy pobre que ha facilitado la victoria txui urdin e incluso ha propiciado alguna que otra gran noticia en el bando local. Como el debut goleador de Rubén Pardo, coronando una muy solvente actuación. Como la participación decisiva de Vela, a pesar de su habitual desconexión con respecto al juego. Como la recuperación de Xabi Prieto, que ha vuelto a ser el jugador más inteligente sobre el césped. Como Iñigo Martínez y su crecimiento imparable. ¿Las sombras? Los cambios, otra vez raros. El final, en el que ha dejado tocar al Sevilla, que afortunadamente no fue capaz de plantear ni la más mínima oposición a la Real. Hoy los de Montanier han ganado con todo merecimiento. En esta Liga de tan bajo nivel a partir de la cuarta posición, no hace falta tanto para ganar partidos. Y la Real, que había perdido de vista esa noción en buena parte de la primera vuelta, tiene más que eso. Ahí es donde surgen las dudas. Pero las dudas con puntos, menos dudas son. Granada tiene pinta de ser importante en el devenir de este equipo.
Curioso lo que sucedió antes del partido. Dos horas antes, Elustondo se caía de la convocatoria, dice el parte oficial que por una elongación en el muslo e Illarramendi ocupó su lugar entre los 18 escogidos. ¿Cuándo se ha producido esa lesión? ¿Incluyó Montanier a Elustondo ya lesionado? ¿Y quién hubiera sido el centrocampista que se hubiera quedado fuera del once titular de haber estado Elustondo? Las incógnitas siempre sobrevuelan. Pero con incógnitas o sin ellas, el caso es que el centro del campo lo formaron Markel, Pardo y Aranburu. Griezmann no fue titular, como parecía cantado tras sus molestías durante la semana, lo que permitió el regreso de Xabi Prieto al once y la inclusión de Vela por la izquierda, con Agirretxe en punta. Y atrás lo previsto, con Cadamuro como lateral izquierdo, posición que sigue siendo la más floja de este equipo (sobre todo en la primera mitad, el próximo internacional argelino sufrió con Navas, al que nunca supo si dar metros o si marcar de cerca). El caso es que el partido empezó tan frío como la noche. Los valientes no estaban sobre el césped sino en la grada. 18.000, un lunes por la noche y con temperaturas como las que tenemos en estos días. Tiene más mérito del que muchos reconocerán.
Los primeros diez minutos fueron aburridísimos, parecía que en línea con lo que estamos viendo durante toda la temporada. Y tuvo continuidad más adelante, aunque con pequeños destellos. Porque en la primera parte fueron destellos los que iluminaron a la Real. El primero, de Pardo, con un pase descomunal que superó a toda la defensa sevillista y que Vela envío a la cruceta después de un control un pelín largo. Otro palo más en una temporada en la que la madera se ha convertido en un enemigo más. Xabi Prieto estuvo a punto de adelantar a la Real peinando con la cabeza un córner a muy baja altura y en el primer palo. Agirretxe rondó el gol con un precioso disparo que se marchó rozando el poste. Y Palop evitó a bocajarro el gol de Vela cuando el mexicano estuvo a punto de culminar una espléndida jugada que inició Xabi Prieto desde la izquierda y en la que Carlos Martínez, incansable durante todo el partido y cada vez más cerca de su mejor nivel, puso un centro maravilloso. Juego lo que se dice juego no mostró demasiado la Real en esos minutos, al menos no en la faceta ofensiva. No se vislumbraba un plan claro de ataque, aunque la mínima presión hacía perder el balón al Sevilla con facilidad. Eso hizo que hubiera mucho peligro rondando el área de Palop y, lo dicho, unos cuantos destellos de calidad individual.
¿Y el Sevilla? Ni con entrenador nuevo. La línea descendente del equipo hispalense es evidente y en ningún momento inquietó a la Real. Negredo mandó un gran cabezazo a la parte superior del larguero, bien cerrado por Iñigo Martínez en el salto y con todo bajo control por parte de Bravo. Y absolutamente nada más. Tirando de tópico, Michel tiene un enorme trabajo por delante porque su equipo ni olió los momentos más bajos de la Real, esos momentos de frialdad que suele tener en casi todos los partidos y que especialmente se notan en los primeros minutos de las dos mitades de los encuentros. Porque la segunda mitad empezó más o menos igual que la primera. Tan fría como la noche. Lo primero a reseñar sucedió en el minuto 11 y hablaba muy mal de la Real. Un contraataque que Reyes lanzó desde su campo sin que nadie se atreviera a meter el pie obligó a Iñigo Martínez a zanjarlo con contundencia, ya en campo propio y con la consiguiente tarjeta amarilla. Justísima, por cierto. Ahí no olía tan bien el partido, y más cuando Iglesias Villanueva se desentendió en un claro agarrón dentro del área a Xabi Prieto. Ya se sabe, penaltis y rojas a favor se ven pocas por estos lares. El árbitro se retrató al permitir 60 minutos de pérdidas de tiempo de Palop y advertir a Bravo en la primera que tuvo con la Real ya en ventaja.
El partido cambia, precisamente, gracias a Prieto. Es evidente que, siendo benévolos en la apreciación, no está siendo la mejor temporada del 10, pero su calidad es indudable. Ha sostenido al equipo en sus peores años y no sé si hemos sabido agradecérselo como se merecía. Su visión de juego en la ocasión de Vela en la primera mitad ya hacía pensar que hoy podía ser el día de su recuperación. Y lo fue. Volvió loca a la defensa sevillista, sobre todo en la segunda mitad, forzó la cuarta parte de las faltas que sufrió la Real, e inició la jugada del 1-0 con un centro precioso de rosca al interior del área. Aranburu, en una de las pocas ocasiones en que mostró su llegada al área, peleó el balón en la posición del 9 y el el cuero llegó al segundo palo, donde Vela enganchó una volea, que botó en el césped y se coló en el interior de la portería sin que Palop pudiera hacer nada. Con más o menos fútbol, y sigo pensando que menos aunque con muchos chispazos interesantes, lo cierto es que nadie podrá decir que el 1-0 era injusto. Por presencia, por colocación y por ocasiones. Cosa poco frecuente en la Real, el equipo se aprestó a cerrar el partido lo antes posible. Y lo consiguió casi en su siguiente jugada de peligro.
Sólo tres minutos después, otra vez Prieto lanzó el contraataque hacia Vela, que desde el pico izquierdo del área cedió al balón hacía atrás, donde llegó Pardo como una bala y enganchó un precioso zapatazo para hacer el 2-0. Creo que hay pocas cosas más emocionantes que ver el primer gol de un potrillo. Más si es en Anoeta. Y más si sirve para ganar. Sigo convencido de que hemos desperdiciado toda la primera mitad de la temporada con Pardo, dándole los minutos de la basura que hoy, por ejemplo, le han vuelto a tocar a Llorente, otro habitual de es tramo. Hoy Pardo ha demostrado que tiene hechuras más que suficientes para comandar a este equipo en Primera División. No hay nadie en la plantilla que tenga su cambio de juego. No hay nadie, salvo Illarramendi, que tenga su visión del juego y del partido. No creo que la edad que marque su DNI sea un factor a tener en cuenta. Aterra pensar que hace sólo dos semanas había en la Real un jugador que se llamaba Mariga y que, éste sí, taponaba la progresión de un canterano de la deslumbrante categoría de Pardo. Y no creo que hoy haya tocado techo o, siquiera, hecho un partido perfecto. Pero Pardo cojo ofrece más que Mariga, y eso se veía desde la pretemporada. Su gol es una noticia maravillosa. Y ver su cara de felicidad celebrándolo no tiene precio. Me disculpen los demás centrocampistas de la Real, pero me muero por ver un trivote formado por Illarramendi, Pardo y Zurutuza.
A diferencia de otras jornadas, en los que partidos aparentemente cerrados se complicaron sin motivo (o con un motivo bastante identificable, pese a quien pese), esta vez el Sevilla no andaba para muchos trotes y facilitó la labor de la Real. Ya con el 2-0, Michel movió su banquillo y colocó al temido Kanouté, que no olió apenas el balón. Montanier decidió que era el momento de arropar su defensa y hacer su centro del campo más defensivo para fiar las posibilidades del 3-0 a la velocidad. Griezmann entró por Agirretxe, peleón y agradecido como siempre pero reñido con el gol desde hace demasiadas semanas, e instantes después Montanier retiró del césped a Pardo para colocar a Demidov de pivote. Ahí es cuando la Real perdió por completo el dominio del centro del campo, desestimó la posibilidad de que su delantero bajara balones para lanzar contraataques y concedió alguna ilusión al Sevilla. Pero, como decía, el equipo visitante no estaba para nada y no lo aprovechó. Sí para rondar la frontal del área de Bravo, pero en ningún momento para exigir ninguna intervención seria del chileno. En eso tuvieron mucho que decir Mikel González (que además supo leer la necesidad de arrancar desde atrás con el balón en la primera mitad) y, sobre todo, un inconmensurable Iñigo Martínez, que no para de crecer. El final fue plácido.
La Liga se ha convertido en un absurdo galimatías muy difícil de descrifrar. Empezó el partido la Real temiendo el descenso, con sólo un punto de diferencia con respecto al antepenúltimo clasificado. Y lo acabó, ganando además el average particular al Sevilla, pensando que Europa está a cuatro y la Champions League, nada menos, a cinco. Es lo que tiene que haya prácticamente 17 equipos luchando por todo, con nueve puntos separando al cuarto del decimoctavo. A pesar de que todavía no me he sacudido ni la preocupación ni la desilusión que viene marcando esta temporada hasta ahora, insisto en lo que dije hace un par de jornadas: con todo, cualquier objetivo ilusionante sigue siendo posible todavía. Por eso parece que el de Granada puede ser un partido fundamental para decidir qué futuro le espera a la Real en lo que queda de temporada. Sumar de tres en tres en una Liga tan igualada es oro puro. Y sumarlo junto a las grandes noticias que ha dejado el partido de hoy mitiga incluso las dudas que se generan con la ausencia de Elustondo, la convocatoria fantasma de Illarramendi, la injustificada ausencia de Pardo en la primera parte de la temporada, los cambios de Montanier o la ausencia de un plan claro par aganar partidos. Porque todo eso se supera, como he dicho en las victorias o en las derrotas, sólo con sentido común.
Curioso lo que sucedió antes del partido. Dos horas antes, Elustondo se caía de la convocatoria, dice el parte oficial que por una elongación en el muslo e Illarramendi ocupó su lugar entre los 18 escogidos. ¿Cuándo se ha producido esa lesión? ¿Incluyó Montanier a Elustondo ya lesionado? ¿Y quién hubiera sido el centrocampista que se hubiera quedado fuera del once titular de haber estado Elustondo? Las incógnitas siempre sobrevuelan. Pero con incógnitas o sin ellas, el caso es que el centro del campo lo formaron Markel, Pardo y Aranburu. Griezmann no fue titular, como parecía cantado tras sus molestías durante la semana, lo que permitió el regreso de Xabi Prieto al once y la inclusión de Vela por la izquierda, con Agirretxe en punta. Y atrás lo previsto, con Cadamuro como lateral izquierdo, posición que sigue siendo la más floja de este equipo (sobre todo en la primera mitad, el próximo internacional argelino sufrió con Navas, al que nunca supo si dar metros o si marcar de cerca). El caso es que el partido empezó tan frío como la noche. Los valientes no estaban sobre el césped sino en la grada. 18.000, un lunes por la noche y con temperaturas como las que tenemos en estos días. Tiene más mérito del que muchos reconocerán.
Los primeros diez minutos fueron aburridísimos, parecía que en línea con lo que estamos viendo durante toda la temporada. Y tuvo continuidad más adelante, aunque con pequeños destellos. Porque en la primera parte fueron destellos los que iluminaron a la Real. El primero, de Pardo, con un pase descomunal que superó a toda la defensa sevillista y que Vela envío a la cruceta después de un control un pelín largo. Otro palo más en una temporada en la que la madera se ha convertido en un enemigo más. Xabi Prieto estuvo a punto de adelantar a la Real peinando con la cabeza un córner a muy baja altura y en el primer palo. Agirretxe rondó el gol con un precioso disparo que se marchó rozando el poste. Y Palop evitó a bocajarro el gol de Vela cuando el mexicano estuvo a punto de culminar una espléndida jugada que inició Xabi Prieto desde la izquierda y en la que Carlos Martínez, incansable durante todo el partido y cada vez más cerca de su mejor nivel, puso un centro maravilloso. Juego lo que se dice juego no mostró demasiado la Real en esos minutos, al menos no en la faceta ofensiva. No se vislumbraba un plan claro de ataque, aunque la mínima presión hacía perder el balón al Sevilla con facilidad. Eso hizo que hubiera mucho peligro rondando el área de Palop y, lo dicho, unos cuantos destellos de calidad individual.
¿Y el Sevilla? Ni con entrenador nuevo. La línea descendente del equipo hispalense es evidente y en ningún momento inquietó a la Real. Negredo mandó un gran cabezazo a la parte superior del larguero, bien cerrado por Iñigo Martínez en el salto y con todo bajo control por parte de Bravo. Y absolutamente nada más. Tirando de tópico, Michel tiene un enorme trabajo por delante porque su equipo ni olió los momentos más bajos de la Real, esos momentos de frialdad que suele tener en casi todos los partidos y que especialmente se notan en los primeros minutos de las dos mitades de los encuentros. Porque la segunda mitad empezó más o menos igual que la primera. Tan fría como la noche. Lo primero a reseñar sucedió en el minuto 11 y hablaba muy mal de la Real. Un contraataque que Reyes lanzó desde su campo sin que nadie se atreviera a meter el pie obligó a Iñigo Martínez a zanjarlo con contundencia, ya en campo propio y con la consiguiente tarjeta amarilla. Justísima, por cierto. Ahí no olía tan bien el partido, y más cuando Iglesias Villanueva se desentendió en un claro agarrón dentro del área a Xabi Prieto. Ya se sabe, penaltis y rojas a favor se ven pocas por estos lares. El árbitro se retrató al permitir 60 minutos de pérdidas de tiempo de Palop y advertir a Bravo en la primera que tuvo con la Real ya en ventaja.
El partido cambia, precisamente, gracias a Prieto. Es evidente que, siendo benévolos en la apreciación, no está siendo la mejor temporada del 10, pero su calidad es indudable. Ha sostenido al equipo en sus peores años y no sé si hemos sabido agradecérselo como se merecía. Su visión de juego en la ocasión de Vela en la primera mitad ya hacía pensar que hoy podía ser el día de su recuperación. Y lo fue. Volvió loca a la defensa sevillista, sobre todo en la segunda mitad, forzó la cuarta parte de las faltas que sufrió la Real, e inició la jugada del 1-0 con un centro precioso de rosca al interior del área. Aranburu, en una de las pocas ocasiones en que mostró su llegada al área, peleó el balón en la posición del 9 y el el cuero llegó al segundo palo, donde Vela enganchó una volea, que botó en el césped y se coló en el interior de la portería sin que Palop pudiera hacer nada. Con más o menos fútbol, y sigo pensando que menos aunque con muchos chispazos interesantes, lo cierto es que nadie podrá decir que el 1-0 era injusto. Por presencia, por colocación y por ocasiones. Cosa poco frecuente en la Real, el equipo se aprestó a cerrar el partido lo antes posible. Y lo consiguió casi en su siguiente jugada de peligro.
Sólo tres minutos después, otra vez Prieto lanzó el contraataque hacia Vela, que desde el pico izquierdo del área cedió al balón hacía atrás, donde llegó Pardo como una bala y enganchó un precioso zapatazo para hacer el 2-0. Creo que hay pocas cosas más emocionantes que ver el primer gol de un potrillo. Más si es en Anoeta. Y más si sirve para ganar. Sigo convencido de que hemos desperdiciado toda la primera mitad de la temporada con Pardo, dándole los minutos de la basura que hoy, por ejemplo, le han vuelto a tocar a Llorente, otro habitual de es tramo. Hoy Pardo ha demostrado que tiene hechuras más que suficientes para comandar a este equipo en Primera División. No hay nadie en la plantilla que tenga su cambio de juego. No hay nadie, salvo Illarramendi, que tenga su visión del juego y del partido. No creo que la edad que marque su DNI sea un factor a tener en cuenta. Aterra pensar que hace sólo dos semanas había en la Real un jugador que se llamaba Mariga y que, éste sí, taponaba la progresión de un canterano de la deslumbrante categoría de Pardo. Y no creo que hoy haya tocado techo o, siquiera, hecho un partido perfecto. Pero Pardo cojo ofrece más que Mariga, y eso se veía desde la pretemporada. Su gol es una noticia maravillosa. Y ver su cara de felicidad celebrándolo no tiene precio. Me disculpen los demás centrocampistas de la Real, pero me muero por ver un trivote formado por Illarramendi, Pardo y Zurutuza.
A diferencia de otras jornadas, en los que partidos aparentemente cerrados se complicaron sin motivo (o con un motivo bastante identificable, pese a quien pese), esta vez el Sevilla no andaba para muchos trotes y facilitó la labor de la Real. Ya con el 2-0, Michel movió su banquillo y colocó al temido Kanouté, que no olió apenas el balón. Montanier decidió que era el momento de arropar su defensa y hacer su centro del campo más defensivo para fiar las posibilidades del 3-0 a la velocidad. Griezmann entró por Agirretxe, peleón y agradecido como siempre pero reñido con el gol desde hace demasiadas semanas, e instantes después Montanier retiró del césped a Pardo para colocar a Demidov de pivote. Ahí es cuando la Real perdió por completo el dominio del centro del campo, desestimó la posibilidad de que su delantero bajara balones para lanzar contraataques y concedió alguna ilusión al Sevilla. Pero, como decía, el equipo visitante no estaba para nada y no lo aprovechó. Sí para rondar la frontal del área de Bravo, pero en ningún momento para exigir ninguna intervención seria del chileno. En eso tuvieron mucho que decir Mikel González (que además supo leer la necesidad de arrancar desde atrás con el balón en la primera mitad) y, sobre todo, un inconmensurable Iñigo Martínez, que no para de crecer. El final fue plácido.
La Liga se ha convertido en un absurdo galimatías muy difícil de descrifrar. Empezó el partido la Real temiendo el descenso, con sólo un punto de diferencia con respecto al antepenúltimo clasificado. Y lo acabó, ganando además el average particular al Sevilla, pensando que Europa está a cuatro y la Champions League, nada menos, a cinco. Es lo que tiene que haya prácticamente 17 equipos luchando por todo, con nueve puntos separando al cuarto del decimoctavo. A pesar de que todavía no me he sacudido ni la preocupación ni la desilusión que viene marcando esta temporada hasta ahora, insisto en lo que dije hace un par de jornadas: con todo, cualquier objetivo ilusionante sigue siendo posible todavía. Por eso parece que el de Granada puede ser un partido fundamental para decidir qué futuro le espera a la Real en lo que queda de temporada. Sumar de tres en tres en una Liga tan igualada es oro puro. Y sumarlo junto a las grandes noticias que ha dejado el partido de hoy mitiga incluso las dudas que se generan con la ausencia de Elustondo, la convocatoria fantasma de Illarramendi, la injustificada ausencia de Pardo en la primera parte de la temporada, los cambios de Montanier o la ausencia de un plan claro par aganar partidos. Porque todo eso se supera, como he dicho en las victorias o en las derrotas, sólo con sentido común.
domingo, febrero 12, 2012
PREVIA Real Sociedad - Sevilla. Fría noche de incógnitas
La Real recibe al Sevilla (lunes, 21.00 horas, Anoeta; Canal + Liga 2, Gol TV) en lo que será una fría noche de incógnitas. Fría gracias al galimatías de horarios al que nos somete la Liga Profesional. En Italia se trasladan horarios por la ola de frío, pero en España hemos convertido al espectador en el aspecto menos importante del juego. Aquí hará frío. ¿Frío también sobre el césped? Eso dependerá, como siempre que hay incógnitas en el futuro del equipo, de la propia Real, de la cara que decida mostrar. Parte de la satisfacción con la que casi todos salieron del Camp Nou puede haberse borrado viendo que anoche Osasuna sacó tres puntos ante el campeón, pero no hay tiempo para lamentos. Ganar permite respirar. Perder ahonda en el sufrimiento que Montanier ya ha augurado para lo que nos queda de temporada. ¿Por qué lo ha hecho? Los caminos del técnico francés suelen ser bastante inexplicables. Pero toca el Sevilla. Toca hacer de Anoeta ese fortín que no termina de llegar.
Montanier tenía poco margen para la sorpresa para confeccionar la convocatoria para hacer frente al Sevilla, y ninguna ha introducido en su lista de 18. Sólo hay un jugador que se queda fuera por decisión técnica y es Ansotegi, cuatro central de la plantilla ya desde el comienzo de la temporada y el jugador que menos minutos ha disputado en Liga (sólo más que Sarpong, ya fuera del equipo). De la Bella, Illarramendi y Zurutuza son los que no entran por cuestiones físicas, aunque el regreso de los tres se antoja ya cercano. Markel, Griezmann e Ifrán, a pesar de haber sido duda en algún momento de la semana, han entrado en la convocatoria y no hay ningún jugador de más como en listas precedentes, con lo que si el técnico francés lo desea podrán ser también titulares. Lo único que se puede considerar más o menos novedoso en los 18 elegidos para enfrentarse al Sevilla es que los seis atacantes están entre ellos, en contra de lo que el propio Montanier ha defendido durante buena parte de la temporada. Es decir, que opta por cambiar el balance entre defensa y ataque en los convocados antes que recurrir al Sanse, del que sólo Ros ha sido convocado en una ocasión, la semana pasada.
El entrenador txuri urdin ha abierto la puerta a introducir algún cambio en el once que se midió al Barcelona, pero no está claro por dónde tirará en algunos puestos. No hay dudas en la portería, donde Bravo será el titular, dejando a Zubikarai en el banquillo. En defensa ya aparece la primera duda que planea sobre el once inicial. Iñigo Martínez y Mikel González serán los centrales, presumiblemente por delante de Demidov. Y parece que los laterales serán Carlos Martínez y Cadamuro, aunque Estrada tiene opciones en ambas bandas. Montanier tiene sólo cuatro centrocampistas para tres puestos: Elustondo, ya recuperado, Markel Bergara, Aranburu y Pardo. Aunque alinear al más joven del cuarteto sería la demostración de que ponerle en el Camp Nou no fue una decisión que Montanier adoptó sólo como consecuencia de la necesidad, sería una sorpresa que el suplente no fuera Pardo. Demidov parece más un recambio de emergencia en el centro del campo que una opción real. En ataque, lo más probable es que jueguen Griezmann, Vela y Agirretxe, dejando a Xabi Prieto, Ifrán y Llorente en el banquillo.
La Real comenzó la jornada en la decimoquinta posición, con sus 24 puntos, dos por encima del descenso y a seis de los puestos europeos. El sábado colocó al equipo un peldaño más abajo pero confirmó que no acabará la jornada en zona de descenso. Eso sí, perder reduciría aún más la separación con la zozobra, a un punto. Empatar la mantendría. Ganar nos elevaría de nuevo a la parte media de la clasifación que ocupamos hace una semana, antes de perder en Barcelona y nos colocaría a cuatro puntos de Europa, la misma diferencia que podría haber con el antepenúltimo clasificado. La Liga en un puño Suma la Real sólo dos derrotas en las últimas diez jornadas, pero como local sólo ha sumado tres victorias de diez partidos. Un equipo ha sumado menos, el colista Zaragoza. El Sevilla, con apenas dos puntos más que la Real por mucho que aspirara a comienzos de temporada a jugar la Champions, llega con entrenador nuevo, Michel. ¿Victoria segura? Para eso tendrá que romper la peligrosa tendencia en que está inmerso, pues ha sumado dos de los últimos 21 puntos en juego. Como visitante, sólo ha ganado un partido... en casa del colista Zaragoza.
Si hay un jugador engañoso en este partido, es la estadística, la historia entre estos dos equipos. El Sevilla apenas ha ganado en seis partidos de los 52 que ha jugado en Donostia, todos ellos en Primera División. La Real ganó en 30 de ellos y los 16 restantes se saldaron en empate. Sin embargo, la mitad de estas victorias sevillistas llegaron en las últimas tres ocasiones en las que ha jugado en Anoeta, dos antes del descenso de la Real y la última la temporada pasada. El conjunto andaluz no conoció la victoria en Atotxa entre las temporadas 55-56 y 85-86, 22 partidos de los que perdió 17. La mayor goleada txuri urdin fue el 5-0 de la campaña 1949-1950, con goles de Epi, Caeiro, Basabe y dos de Pérez Payá. El triunfo más claro del Sevilla fue el 1-3 de la temporada del descenso, la 2006-2007, en el primer partido de la temporada en Anoeta y auténtico comienzo del fin, anotando aquel gol realista Díaz de Cerio en su debut goleador con el primer equipo. La última victoria realista se remonta a la temporada 2004-2005, con un solitario gol de Kovacevic.
La pasada temporada, la 2010-2011, la Real no mereció sucumbir ante el Sevilla en Anoeta. El resultado final fue de 2-3, pero el conjunto txuri urdin hizo sobrados méritos no ya para empatar sino para ganar el partido. Diego Rivas adelantó a los realistas con su segundo gol de la temporada, pero apenas dos minutos después Kanouté empató a la salida de un corner. La Real gozó de varias ocasiones antes del descanso y Llorente hizo el merecido 2-1. Pero en dos minutos, ya en la segunda mitad, el Sevilla le dio la vuelta al partido, gracias al partidazo de Kanouté y a la entrada en el campo de Negredo, que Lasarte desde el banquillo y el equipo desde el campo no supieron replicar. Luis Fabiano hizo el segundo y el propio Kanouté el tercero. La Real tiró entonces más de corazón que de fútbol, tuvo bastantes llegadas al área contraria, pero sus ocasiones de gol no fueron demasiado nítidas. Aún así, el fútbol fue muy injusto con la Real aquel día, en el que sumó su cuarta derrota consecutiva sin haber merecido en realidad ninguna.
En el partido de ida de la presente temporada, la Real perdió 1-0 en el Sánchez Pizjuán. Ese es el resultado que tendrán que remontar los de Montanier si quieren superar al Sevilla en el golaverage particular y coger ventaja en hipotéticos empates al final. Aquel partido fue el primero en el que el técnico francés sorprendió con rotaciones inmotivadas. Dos de los mejores jugadores de la Real en el arranque liguero, Illarramendi y Agirretxe, se quedaron en el banquillo en el arranque de una semana de tres partidos. Cuando ambos entraron, en los veinte minutos finales, fue cuando el equipo estuvo más cerca de conseguir algo en su viaje a la ciudad hispalense. Pero ya fue tarde. El equipo no tuvo el control del juego hasta el tramo final y sufrió en exceso por la retirada lesionado de Xabi Prieto. Ifrán batalló en punta en su primer partido como titular que, paradójicamente, le supuso el inicio de su ostracismo esta temporada. Kanouté una vez más fue el autor del gol sevillista que ajustició a una Real que en realidad nunca batalló por el triunfo en el Sánchez Pizjuán.
Montanier tenía poco margen para la sorpresa para confeccionar la convocatoria para hacer frente al Sevilla, y ninguna ha introducido en su lista de 18. Sólo hay un jugador que se queda fuera por decisión técnica y es Ansotegi, cuatro central de la plantilla ya desde el comienzo de la temporada y el jugador que menos minutos ha disputado en Liga (sólo más que Sarpong, ya fuera del equipo). De la Bella, Illarramendi y Zurutuza son los que no entran por cuestiones físicas, aunque el regreso de los tres se antoja ya cercano. Markel, Griezmann e Ifrán, a pesar de haber sido duda en algún momento de la semana, han entrado en la convocatoria y no hay ningún jugador de más como en listas precedentes, con lo que si el técnico francés lo desea podrán ser también titulares. Lo único que se puede considerar más o menos novedoso en los 18 elegidos para enfrentarse al Sevilla es que los seis atacantes están entre ellos, en contra de lo que el propio Montanier ha defendido durante buena parte de la temporada. Es decir, que opta por cambiar el balance entre defensa y ataque en los convocados antes que recurrir al Sanse, del que sólo Ros ha sido convocado en una ocasión, la semana pasada.
El entrenador txuri urdin ha abierto la puerta a introducir algún cambio en el once que se midió al Barcelona, pero no está claro por dónde tirará en algunos puestos. No hay dudas en la portería, donde Bravo será el titular, dejando a Zubikarai en el banquillo. En defensa ya aparece la primera duda que planea sobre el once inicial. Iñigo Martínez y Mikel González serán los centrales, presumiblemente por delante de Demidov. Y parece que los laterales serán Carlos Martínez y Cadamuro, aunque Estrada tiene opciones en ambas bandas. Montanier tiene sólo cuatro centrocampistas para tres puestos: Elustondo, ya recuperado, Markel Bergara, Aranburu y Pardo. Aunque alinear al más joven del cuarteto sería la demostración de que ponerle en el Camp Nou no fue una decisión que Montanier adoptó sólo como consecuencia de la necesidad, sería una sorpresa que el suplente no fuera Pardo. Demidov parece más un recambio de emergencia en el centro del campo que una opción real. En ataque, lo más probable es que jueguen Griezmann, Vela y Agirretxe, dejando a Xabi Prieto, Ifrán y Llorente en el banquillo.
La Real comenzó la jornada en la decimoquinta posición, con sus 24 puntos, dos por encima del descenso y a seis de los puestos europeos. El sábado colocó al equipo un peldaño más abajo pero confirmó que no acabará la jornada en zona de descenso. Eso sí, perder reduciría aún más la separación con la zozobra, a un punto. Empatar la mantendría. Ganar nos elevaría de nuevo a la parte media de la clasifación que ocupamos hace una semana, antes de perder en Barcelona y nos colocaría a cuatro puntos de Europa, la misma diferencia que podría haber con el antepenúltimo clasificado. La Liga en un puño Suma la Real sólo dos derrotas en las últimas diez jornadas, pero como local sólo ha sumado tres victorias de diez partidos. Un equipo ha sumado menos, el colista Zaragoza. El Sevilla, con apenas dos puntos más que la Real por mucho que aspirara a comienzos de temporada a jugar la Champions, llega con entrenador nuevo, Michel. ¿Victoria segura? Para eso tendrá que romper la peligrosa tendencia en que está inmerso, pues ha sumado dos de los últimos 21 puntos en juego. Como visitante, sólo ha ganado un partido... en casa del colista Zaragoza.
Si hay un jugador engañoso en este partido, es la estadística, la historia entre estos dos equipos. El Sevilla apenas ha ganado en seis partidos de los 52 que ha jugado en Donostia, todos ellos en Primera División. La Real ganó en 30 de ellos y los 16 restantes se saldaron en empate. Sin embargo, la mitad de estas victorias sevillistas llegaron en las últimas tres ocasiones en las que ha jugado en Anoeta, dos antes del descenso de la Real y la última la temporada pasada. El conjunto andaluz no conoció la victoria en Atotxa entre las temporadas 55-56 y 85-86, 22 partidos de los que perdió 17. La mayor goleada txuri urdin fue el 5-0 de la campaña 1949-1950, con goles de Epi, Caeiro, Basabe y dos de Pérez Payá. El triunfo más claro del Sevilla fue el 1-3 de la temporada del descenso, la 2006-2007, en el primer partido de la temporada en Anoeta y auténtico comienzo del fin, anotando aquel gol realista Díaz de Cerio en su debut goleador con el primer equipo. La última victoria realista se remonta a la temporada 2004-2005, con un solitario gol de Kovacevic.
La pasada temporada, la 2010-2011, la Real no mereció sucumbir ante el Sevilla en Anoeta. El resultado final fue de 2-3, pero el conjunto txuri urdin hizo sobrados méritos no ya para empatar sino para ganar el partido. Diego Rivas adelantó a los realistas con su segundo gol de la temporada, pero apenas dos minutos después Kanouté empató a la salida de un corner. La Real gozó de varias ocasiones antes del descanso y Llorente hizo el merecido 2-1. Pero en dos minutos, ya en la segunda mitad, el Sevilla le dio la vuelta al partido, gracias al partidazo de Kanouté y a la entrada en el campo de Negredo, que Lasarte desde el banquillo y el equipo desde el campo no supieron replicar. Luis Fabiano hizo el segundo y el propio Kanouté el tercero. La Real tiró entonces más de corazón que de fútbol, tuvo bastantes llegadas al área contraria, pero sus ocasiones de gol no fueron demasiado nítidas. Aún así, el fútbol fue muy injusto con la Real aquel día, en el que sumó su cuarta derrota consecutiva sin haber merecido en realidad ninguna.
En el partido de ida de la presente temporada, la Real perdió 1-0 en el Sánchez Pizjuán. Ese es el resultado que tendrán que remontar los de Montanier si quieren superar al Sevilla en el golaverage particular y coger ventaja en hipotéticos empates al final. Aquel partido fue el primero en el que el técnico francés sorprendió con rotaciones inmotivadas. Dos de los mejores jugadores de la Real en el arranque liguero, Illarramendi y Agirretxe, se quedaron en el banquillo en el arranque de una semana de tres partidos. Cuando ambos entraron, en los veinte minutos finales, fue cuando el equipo estuvo más cerca de conseguir algo en su viaje a la ciudad hispalense. Pero ya fue tarde. El equipo no tuvo el control del juego hasta el tramo final y sufrió en exceso por la retirada lesionado de Xabi Prieto. Ifrán batalló en punta en su primer partido como titular que, paradójicamente, le supuso el inicio de su ostracismo esta temporada. Kanouté una vez más fue el autor del gol sevillista que ajustició a una Real que en realidad nunca batalló por el triunfo en el Sánchez Pizjuán.
miércoles, febrero 08, 2012
Pues yo estoy preocupado
Lo admito, yo estoy preocupado. Vivimos días de una aparente euforia por la actuación de la Real en el Camp Nou, por la insuperable presencia de canteranos en la primera plantilla txuri urdin de la que siempre tenemos que felicitarnos y no lo hacemos con la suficiente ilusión y hasta por la salida de Mariga por bien que ahora quiera jugar en el Parma según dicen las crónicas. Pero yo, optimista habitual cuando se trata de la Real, estoy preocupado. Preocupado, que no pesimista, no confundamos. Quien me lea con cierta frecuencia sabe lo que pienso de los jugadores que visten la camiseta realista y sabe que confío plenamente en su capacidad no sólo para seguir en Primera sino para pensar en cotas mucho más altas. En eso coincido con el presidente Aperribay, sí, tenemos equipo para mucho más que la permanencia. Pero, sin embargo, en ese empeño estamos y por cerca que esté cuesta pensar en algo más.
Como me temía, me he quedado solo pensando que en Barcelona nunca tuvimos opciones reales de puntuar. Cierto que no hicimos el ridículo, pero ¿nos conformamos con eso? No se trata de infravalorar lo bueno que hizo la Real en el Camp Nou, que alguna cosa sí hizo, pero miremos al Barcelona que teníamos enfrente. Guardiola tiene ocho campeones del mundo en su plantilla. Contra los de Montanier jugaron de inicio sólo tres, Víctor Valdés, Puyol y Cesc. Para mí eso es una oportunidad inmejorable de haber traído algo del Camp Nou, por muchas bajas que lleváramos nosotros. Aun estando en baja forma su Balón de Oro, Messi se bastó para poder solucionar el solo el partido. Tengo la convicción de que si el Barça pidió la hora fue por deméritos propios y no por los méritos de la Real, que en ataque limito a la garra de un Griezmann que pasa por su mejor momento. ¿Fuimos nosotros los que asustamos al Barcelona? ¿Nosotros? No, no lo creo. Dimos la cara, desde luego. Pero ante un Barcelona normal o con algún titular más lo más probable es que nos la hubieran partido.
Barcelona no me relajó, como tampoco la goleada al Sporting. En 85 minutos de partido, quitando los cinco primeros y el descuento, el resultado fue de empate a uno. Vi destellos, pero no vi planes. Vi calidad individual, pero no un equipo tan trabajado como para ganar partidos. Y vi la irregularidad de la que es presa este equipo desde que Montanier cogió las riendas. Esa irregularidad no la veo en los resultados, que también, sino en su juego. Porque, claro, parece imposible contestar a un equipo que lleva sumados quince de los últimos 27 puntos posibles. Pero es que mi contestación no es a los resultados. Se puede ganar jugando mal, como se le ganó en Anoeta al Granada, y se puede perder jugando muy bien, como nos sucedió en Mallorca o en Valencia ante el Levante. Ahora se dice que el pico más bajo de la temporada fue el 6-1 copero en Mallorca, pero ese pico llegó cuando el equipo llevaba seis jornadas sin perder en Liga, el que también decían que era el momento más álgido de la temporada. También en este tramo llegó el 0-4 del Atlético de Madrid, con siete partidos sin perder y tras ganar en Valencia. Irregularidad en estado puro.
Eso mismo se ve en el que, se dijo entonces, era un gran arranque liguero. ¿Jugó tan bien la Real en Gijón en el estreno de la temporada? No, pero se ganó con solvencia ante un rival inferior. ¿Fue tan brillante la remontada ante el Barcelona? Desde luego, pero hizo que muchos olvidaran una horrenda primera parte en la que el Barça pudo igualar si hubiera querido aquel 0-6 que nos endosó en la temporada 2000-2001 en sólo 45 minutos. Cada vez que llega una nueva jornada de Liga, no me aventuro con tanta facilidad a decir "hoy ganamos". Ya no tengo esa convicción porque no sé qué Real voy a encontrarme. Ese pensamiento de seguridad sí me vino en todos y cada uno de los partidos importantes de la era Lasarte. En Segunda ante los rivales por el ascenso, y todos cayeron en Anoeta. O en Cádiz, tarde gloriosa sin comparación. O el día del ascenso. En Primera cuando la permanencia estaba en juego. La Real ganó los tres partidos finales en casa en los que se fraguó el objetivo. Ante Sporting, Barcelona y Zaragoza. Y hubieran sido cuatro triunfos si ante el Getafe hubiera sido necesario ganar.
domingo, febrero 05, 2012
BARCELONA 2 - REAL SOCIEDAD 1 Desconcertante
Esta Real de Philippe Montanier es absolutamente desconcertante y ya parece que lo es sin remedio. Porque, claro, uno mira el marcador y cómo el Barcelona ha terminado pidiendo la hora y da la impresión de que el equipo txuri urdin ha hecho un gran partido en el Camp Nou, a pesar de salir sin premio. Ha marcado, cosa que sólo había hecho el Betis, y ha estado en el partido hasta el final, cosa que directamente no había hecho nadie. ¿Pero realmente ha podido ganar la Real? Igual me quedo solo diciendo ésto, pero yo nunca he tenido esa sensación. No veía el plan para marcar, aunque efectivamente marcamos. No veía cómo podíamos parar a Messi y compañía, a pesar de que les paramos durante muchos minutos. No entendí una vez más los cambios, ahondando la brecha que hay entre lo que veo y lo que piensa el técnico. Muchos minutos pasaron sin que la Real creyera en la victoria ante un Barça a ritmo menor y aún así pudo rascar algo del Camp Nou. Y Bravo evitó una goleada a pesar de haber propiciado la derrota con dos salidas equivocadas. ¿Es posible encontrar más contradicciones en un solo partido? Así es la Real de Montanier.
Para el partido imposible que siempre es el del Camp Nou, el técnico francés planteó un once coherente. Colocó a Pardo en el centro del campo junto a Aranburu y Markel, a Cadamuro de lateral izquierdo en lugar de Estrada y a Xabi Prieto en la línea de tres atacantes en lugar de Vela. El encuentroo fue toda una trampa para Pardo, porque tenía que enfrentarse a un imposible, parar la maquinaria culé e iniciar el juego txuri urdin. Imposible, y no sólo por la entidad del rival, por mucho que Guardiola viera más claras las opciones en Copa que en Liga y presentara un once con tres chavales del filial. Imposible porque la Real no quería el balón, y así Pardo no puede explotar sus cualidades. No lo quiere habitualmente, con lo que no hay que echarle mucha imaginación para saber lo que iba a hacer en el Camp Nou. Pardo se pasó muchos minutos del partido persiguiendo sombras, y eso no es responsabilidad suya. Y, paradójicamente, cuando la Real empezó a soñar con sacar algo de Barcelona tras el gol de Vela, y justo después de que el canterano pudiera hacer su primera apertura a banda del partido, Montanier decidió sacrificarle. Qué cosas.
La receta del entrenador realista estaba más que clara: apelotonar hombres por el centro, dejar que los laterales se midieran con los jóvenes Tello y Cuenca y buscar algún balón largo que pudieran cazar Griezmann o Ifrán. Suena escaso para una empresa de la envergadura de puntuar en el Camp Nou. El primer síntoma fue negativo. Mano a mano de Messi con Bravo, que el chileno cierra con una mano antológica. El segundo síntoma, positivo. Ifrán devuelve el mano a mano y, resolviendo un poco peor y más al bulto que el argentino del Barça, propicia la parada de Valdés. El tercer síntoma cobraba visos de ser definitivo. Messi asiste a Tello y Bravo equivoca la salida para permitir un gol fácil al barcelonista. En ese pase no había un gol, sí una jugada de peligro, pero nunca un 1-0 terminado. Con su salida, el chileno le regaló a Tello esa posibilidad. Tengo la impresión de que era una de las lecciones que traía desde la caseta, salir a taponar los balones que cayeran a la banda y ayudar así a unos laterales a los que se iba a dejar algo desprotegidos adrede. En esa jugada salió mal. Era el minuto 9. El mismo en el que el Barça comenzó el 5-0 de la temporada pasada.
Con el 1-0 no se alteraron lo más mínimo los planes de la Real. Ya sabemos que Montanier es un hombre de ideas fijas y que los cambios radicales en sus planteamientos sólo pueden llegar, si llegan, en los últimos minutos de partido. Eso dejaba el partido en manos de lo que el Barça quisiera hacer. Siempre he pesando que ese, al margen de tener una plantilla corta (lo que se acentúa con las lesiones, como hoy la de Busquets; muy mala suerte en su encontronazo con Carlos Martínez, su rodilla se quedó incrustada bajo los tacos de la puntera del lateral realista), es el único punto débil de este Barça. La suficiencia de sentir que tiene el partido ganado le provoca a veces perder puntos, como sucedió sin ir más lejos en Anoeta, donde su control fue aún más claro que aquí. Hoy no ha sido el caso, pero si el partido ha estado abierto hasta el final ha sido por ese motivo. Los de Guardiola apabullaron a la Real en todo (toque, posesión, zona de influencia) sin necesidad de generar mucho fútbol u ocasiones de gol. Messi tuvo un par, a las que Bravo respondió de maravilla, como también atajó un disparo de Thiago. Cesc lanzó arriba otra buena ocasión aún en la primera mitad. La resistencia de la Real estaba resultando mínima, apoyada en un buen trabajo de su defensa, eso sí.
Segunda mitad y, como era de esperar, sin cambios. A los siete minutos de la reanudación, Griezmann tuvo el empate tras pelear con furia un balón a Mascherano, pero Valdés respondió bien. Hasta ese momento, el empuje del francés fue el único argumento que tuvo la Real en ataque. El único. No sé hasta qué punto se puede considerar una oportunidad para Ifrán (sólo unos minutos después de esa ocasión tuvo que retirarse lesionado, lo que dejó con la incógnita de cuál habría sido el cambio que hubiera hecho Montanier... y cuándo lo hubiera hecho) el colocarle como una isla a cuarenta metros de la portería de Valdés. Aranburu apenas podía descolgarse en ataque, temeroso de dejar en inferioridad a Pardo y Markel, Xabi Prieto casi no llegó a contactar con el balón en todo el encuentro y los laterales estuvieron una hora sin pisar la línea del centro del campo. Pero esa ocasión de Griezmann, como la de Ifrán en la primera mitad, pudieron cambiar el rumbo del encuentro. Si Messi no hubiera llegado a este partido sin tres jornadas sin marcar y con alguna que otra crítica de la prensa no afín en el ambiente, lo más probable habría sido más de un gol suyo, porque ocasiones y llegadas hasta las inmediaciones de Bravo tuvo de sobra. Hasta que marcó.
Minuto 72, 2-0. Alves a Messi, otra mala salida de Bravo y partido resuelto. Resuelto sin ofrecer nada del otro mundo. Sí se vio el cuaderno táctico del Barça durante el partido, pero no la velocidad y la intensidad necesarias. Evidentemente, no estaban sobre el campo Xavi, Iniesta, Abidal, Busquets o Alexis, con lo que es normal ese bajón. Pero es que incluso a una marcha menor, el Barça pasó por encima a una Real que no supo oponer intensidad, presión o raza, sólo cierta colocación. Con algo más del lado realista, probablemente, el partido habría sido muy diferente. Pero la Real salió a jugar contra el Barça del 5-0 de la temporada pasada y no se dio cuenta de que enfrente estaba una versión bastante inferior a aquella. Por eso no hubo nada que hacer durante largos minutos. Fue lo único que ofreció la Real en ataque lo que le devolvió la vida y le permitió soñar en los últimos minutos: la garra, de éste sí, de Griezmann. Robo a Thiago, pase en profundidad a Vela (sustituto de Ifrán) y fantástica definición del mexicano. Sólo habían pasado dos minutos del gol de Messi. El tanto de la honra despertó al banquillo, que tres minutos después se jugó la heroica.
En el 77, Llorente entró por Pardo. En el 83, Agirretxe por Xabi Prieto. Cambios como éstos, que quizá en otro contexto podrían ser elogiables, ahondan aún más en el desconcierto que Montanier plantea a la hora de gestionar su plantilla. Cuando se le pregunta por el ostracismo de Ifrán o Llorente, aduce que sólo necesita cinco delanteros en la convocatoria, pero resulta que va al Camp Nou, nada menos, y acaba haciendo jugar a seis y termina el partido con cuatro sobre el césped, que igual hubieran sido cinco si no se llega a lesionar Ifrán. Esa medida desesperada fue la que le dio frutos jugando contra el Málaga. Y el caso es que en el Camp Nou sirvió para meter el miedo en el cuerpo de todo jugador, técnico, directivo y aficionado culé. Más paradojas, lo hizo sin necesidad de generar ocasiones de peligro, porque lo más claro que tuvo el equipo txuri urdin para empatar fue un flojo cabezazo de Agirretxe ya en el tiempo de descuento. Y así llegamos al final de un partido que la Real perdió por un solo gol pero que, por alguna extraña razón, nunca dio la sensación de poder ganar o empatar.
Lo que a esta Real le falta, indudablemente, es espíritu. Porque hoy era el día para sacar algo del Camp Nou. Viendo las ausencias en el once y el rendimiento del Barcelona, y a pesar de admitir que con una marcha podría haber goleado, me queda una irremediable sensación de oportunidad perdida. Luego pienso en que Cadamuro ha hecho un gran partido y le ha ganado la partida a Cuenca. Pienso en que Iñigo Martínez y Mikel González (pudo hacer dos penaltis por mano, me pareció más el primero que el segundo) han estado sobresalientes. Pienso en que Griezmann solito ha sido capaz de generar tres ocasiones de gol en el Camp Nou. Y pienso, una vez más, que esta Real es mejor de lo que entre todos, y creo que fundamentalmente desde su banquillo, le estamos haciendo creer. Hoy he añorado más que nunca a Illarramendi y a Zurutuza, y me ha dado por imaginar que habrían hecho en un centro del campo con Pardo, en un ataque con Agirretxe o Llorente que fijara a la defensa culé, con un Prieto con más confianza y con dos laterales ofensivos como siempre ha tenido la Real. Lo pienso para contrarrestar otro partido en un gran escenario que me deja ni frío ni calor. Con 24 puntos, todavía cuarto por encima del descenso a falta de que jueguen cinco de los siete equipos que tenemos por detrás, y a seis de Europa, que probablemente el lunes serán siete u ocho. Pues eso, ni frío ni calor. Como toda la temporada.
Para el partido imposible que siempre es el del Camp Nou, el técnico francés planteó un once coherente. Colocó a Pardo en el centro del campo junto a Aranburu y Markel, a Cadamuro de lateral izquierdo en lugar de Estrada y a Xabi Prieto en la línea de tres atacantes en lugar de Vela. El encuentroo fue toda una trampa para Pardo, porque tenía que enfrentarse a un imposible, parar la maquinaria culé e iniciar el juego txuri urdin. Imposible, y no sólo por la entidad del rival, por mucho que Guardiola viera más claras las opciones en Copa que en Liga y presentara un once con tres chavales del filial. Imposible porque la Real no quería el balón, y así Pardo no puede explotar sus cualidades. No lo quiere habitualmente, con lo que no hay que echarle mucha imaginación para saber lo que iba a hacer en el Camp Nou. Pardo se pasó muchos minutos del partido persiguiendo sombras, y eso no es responsabilidad suya. Y, paradójicamente, cuando la Real empezó a soñar con sacar algo de Barcelona tras el gol de Vela, y justo después de que el canterano pudiera hacer su primera apertura a banda del partido, Montanier decidió sacrificarle. Qué cosas.
La receta del entrenador realista estaba más que clara: apelotonar hombres por el centro, dejar que los laterales se midieran con los jóvenes Tello y Cuenca y buscar algún balón largo que pudieran cazar Griezmann o Ifrán. Suena escaso para una empresa de la envergadura de puntuar en el Camp Nou. El primer síntoma fue negativo. Mano a mano de Messi con Bravo, que el chileno cierra con una mano antológica. El segundo síntoma, positivo. Ifrán devuelve el mano a mano y, resolviendo un poco peor y más al bulto que el argentino del Barça, propicia la parada de Valdés. El tercer síntoma cobraba visos de ser definitivo. Messi asiste a Tello y Bravo equivoca la salida para permitir un gol fácil al barcelonista. En ese pase no había un gol, sí una jugada de peligro, pero nunca un 1-0 terminado. Con su salida, el chileno le regaló a Tello esa posibilidad. Tengo la impresión de que era una de las lecciones que traía desde la caseta, salir a taponar los balones que cayeran a la banda y ayudar así a unos laterales a los que se iba a dejar algo desprotegidos adrede. En esa jugada salió mal. Era el minuto 9. El mismo en el que el Barça comenzó el 5-0 de la temporada pasada.
Con el 1-0 no se alteraron lo más mínimo los planes de la Real. Ya sabemos que Montanier es un hombre de ideas fijas y que los cambios radicales en sus planteamientos sólo pueden llegar, si llegan, en los últimos minutos de partido. Eso dejaba el partido en manos de lo que el Barça quisiera hacer. Siempre he pesando que ese, al margen de tener una plantilla corta (lo que se acentúa con las lesiones, como hoy la de Busquets; muy mala suerte en su encontronazo con Carlos Martínez, su rodilla se quedó incrustada bajo los tacos de la puntera del lateral realista), es el único punto débil de este Barça. La suficiencia de sentir que tiene el partido ganado le provoca a veces perder puntos, como sucedió sin ir más lejos en Anoeta, donde su control fue aún más claro que aquí. Hoy no ha sido el caso, pero si el partido ha estado abierto hasta el final ha sido por ese motivo. Los de Guardiola apabullaron a la Real en todo (toque, posesión, zona de influencia) sin necesidad de generar mucho fútbol u ocasiones de gol. Messi tuvo un par, a las que Bravo respondió de maravilla, como también atajó un disparo de Thiago. Cesc lanzó arriba otra buena ocasión aún en la primera mitad. La resistencia de la Real estaba resultando mínima, apoyada en un buen trabajo de su defensa, eso sí.
Segunda mitad y, como era de esperar, sin cambios. A los siete minutos de la reanudación, Griezmann tuvo el empate tras pelear con furia un balón a Mascherano, pero Valdés respondió bien. Hasta ese momento, el empuje del francés fue el único argumento que tuvo la Real en ataque. El único. No sé hasta qué punto se puede considerar una oportunidad para Ifrán (sólo unos minutos después de esa ocasión tuvo que retirarse lesionado, lo que dejó con la incógnita de cuál habría sido el cambio que hubiera hecho Montanier... y cuándo lo hubiera hecho) el colocarle como una isla a cuarenta metros de la portería de Valdés. Aranburu apenas podía descolgarse en ataque, temeroso de dejar en inferioridad a Pardo y Markel, Xabi Prieto casi no llegó a contactar con el balón en todo el encuentro y los laterales estuvieron una hora sin pisar la línea del centro del campo. Pero esa ocasión de Griezmann, como la de Ifrán en la primera mitad, pudieron cambiar el rumbo del encuentro. Si Messi no hubiera llegado a este partido sin tres jornadas sin marcar y con alguna que otra crítica de la prensa no afín en el ambiente, lo más probable habría sido más de un gol suyo, porque ocasiones y llegadas hasta las inmediaciones de Bravo tuvo de sobra. Hasta que marcó.
Minuto 72, 2-0. Alves a Messi, otra mala salida de Bravo y partido resuelto. Resuelto sin ofrecer nada del otro mundo. Sí se vio el cuaderno táctico del Barça durante el partido, pero no la velocidad y la intensidad necesarias. Evidentemente, no estaban sobre el campo Xavi, Iniesta, Abidal, Busquets o Alexis, con lo que es normal ese bajón. Pero es que incluso a una marcha menor, el Barça pasó por encima a una Real que no supo oponer intensidad, presión o raza, sólo cierta colocación. Con algo más del lado realista, probablemente, el partido habría sido muy diferente. Pero la Real salió a jugar contra el Barça del 5-0 de la temporada pasada y no se dio cuenta de que enfrente estaba una versión bastante inferior a aquella. Por eso no hubo nada que hacer durante largos minutos. Fue lo único que ofreció la Real en ataque lo que le devolvió la vida y le permitió soñar en los últimos minutos: la garra, de éste sí, de Griezmann. Robo a Thiago, pase en profundidad a Vela (sustituto de Ifrán) y fantástica definición del mexicano. Sólo habían pasado dos minutos del gol de Messi. El tanto de la honra despertó al banquillo, que tres minutos después se jugó la heroica.
En el 77, Llorente entró por Pardo. En el 83, Agirretxe por Xabi Prieto. Cambios como éstos, que quizá en otro contexto podrían ser elogiables, ahondan aún más en el desconcierto que Montanier plantea a la hora de gestionar su plantilla. Cuando se le pregunta por el ostracismo de Ifrán o Llorente, aduce que sólo necesita cinco delanteros en la convocatoria, pero resulta que va al Camp Nou, nada menos, y acaba haciendo jugar a seis y termina el partido con cuatro sobre el césped, que igual hubieran sido cinco si no se llega a lesionar Ifrán. Esa medida desesperada fue la que le dio frutos jugando contra el Málaga. Y el caso es que en el Camp Nou sirvió para meter el miedo en el cuerpo de todo jugador, técnico, directivo y aficionado culé. Más paradojas, lo hizo sin necesidad de generar ocasiones de peligro, porque lo más claro que tuvo el equipo txuri urdin para empatar fue un flojo cabezazo de Agirretxe ya en el tiempo de descuento. Y así llegamos al final de un partido que la Real perdió por un solo gol pero que, por alguna extraña razón, nunca dio la sensación de poder ganar o empatar.
Lo que a esta Real le falta, indudablemente, es espíritu. Porque hoy era el día para sacar algo del Camp Nou. Viendo las ausencias en el once y el rendimiento del Barcelona, y a pesar de admitir que con una marcha podría haber goleado, me queda una irremediable sensación de oportunidad perdida. Luego pienso en que Cadamuro ha hecho un gran partido y le ha ganado la partida a Cuenca. Pienso en que Iñigo Martínez y Mikel González (pudo hacer dos penaltis por mano, me pareció más el primero que el segundo) han estado sobresalientes. Pienso en que Griezmann solito ha sido capaz de generar tres ocasiones de gol en el Camp Nou. Y pienso, una vez más, que esta Real es mejor de lo que entre todos, y creo que fundamentalmente desde su banquillo, le estamos haciendo creer. Hoy he añorado más que nunca a Illarramendi y a Zurutuza, y me ha dado por imaginar que habrían hecho en un centro del campo con Pardo, en un ataque con Agirretxe o Llorente que fijara a la defensa culé, con un Prieto con más confianza y con dos laterales ofensivos como siempre ha tenido la Real. Lo pienso para contrarrestar otro partido en un gran escenario que me deja ni frío ni calor. Con 24 puntos, todavía cuarto por encima del descenso a falta de que jueguen cinco de los siete equipos que tenemos por detrás, y a seis de Europa, que probablemente el lunes serán siete u ocho. Pues eso, ni frío ni calor. Como toda la temporada.
viernes, febrero 03, 2012
PREVIA Barcelona - Real Sociedad. No hay mejor oportunidad que la presente
¿Es tan imposible ganar en Barcelona? Sólo hay una forma de hacerlo, pensando que la presente (sábado, 22.00 horas, Camp Nou, La Sexta, autonómicas) es la mejor de las oportunidades. Jugar como si fuera la única, como si no volviéramos a tener otra la próxima temporada. Hay condicionantes que ayudan, como que el Barcelona esté entre medias de una dura semifinal de Copa ante el Valencia, las lesiones que afectan a la plantilla de Pep Guardiola o la escasa efectividad en los últimos partidos de Messi, alma mater goleadora de este Barça. Pero la Real también presenta bajas. Ganó en Valencia, pero se acobardó ante el Real Madrid. Al Barcelona le dejó jugar y le acabó remontando. Será, indudablemente, un duelo de canteras. La global del Barcelona y la pequeña de Zubieta de la Real. Será un partido de esos imposibles, en el que la Historia machaca las aspiraciones del modesto. ¿Pero quién dijo que los imposibles no pueden convertirse en posibles alguna que otra vez? Con soñarlo y lucharlo, independientemente del resultado, es suficiente.
Philippe Montanier se lleva a Barcelona 19 jugadores, algo que está convirtiéndose en costumbre para el técnico galo. La noticia está en el regreso a la lista de Demidov tras no jugar ante el Sporting, y la inclusión de Agirretxe, que acabó tocado precisamente ese partido. El primero era dudoso para el Camp Nou y el segundo parecía descartado esta misma mañana, pero los dos han entrado. Si ambos estuviean para jugar, el nombre añadido a la lista y que tiene todas las papeletas para quedarse en la grada (para así poder jugar el domingo con el Sanse) es Javi Ros, que entra así en la primera convocatoria de la temporada. Con la recuperación de estos dos jugadores, Montanier elude tener que tirar del Sanse con más intensidad para cubrir las ya de por sí numerosas bajas que tiene. Illarramendi, Elustondo y Zurutuza le dejan un agujero bastante profundo en el centro del campo, y a eso hay que añadir la ausencia de De la Bella. Xabi Prieto, en cambio, se ha recuperado de las molestias en el tobillo que tuvo durante la semana y ha entrado en la lista sin problemas.
La continuidad ya no es una opción para Montanier por las dos bajas que tiene en el centro del campo. La defensa, en cambio, parece que sí será la misma que jugó la pasada jornada. Es decir, Bravo en la portería, con Carlos Martínez y Dani Estrada en los laterales y Mikel González e Iñigo Martínez en el centro. Ansotegi y Cadamuro esperarán su oportunidad en el banquillo, a la espera de ver qué sucede con Demidov. Porque él es precisamente una de las opciones que tiene Montanier para solucionar la papeleta en el centro del campo, no sería la primera vez que le usa esta temporada. Aranburu y Markel parecen fijos en esa zona. Sería muy decepcionante que, ante tantas bajas, Pardo no tuviera aquí su primera gran oportunidad. Otra opción, menos realista, es que Xabi Prieto haga de Zurutuza. En ataque, Griezmann es el único que parece seguro. Agirretxe está siendo el delantero titular, pero es duda y muchos apostaban por Ifrán como delantero. Si la apuesta es la velocidad, Vela completaría el tridente por la derecha, donde Prieto también tiene opciones. Llorente lo tiene indudablemente más difícil y seguramente estará en el banquillo junto a Toño Ramírez.
Sólo los números de ambos equipos en la presente temporada ya asustan. Tras su goleada al Sporting en Anoeta, la Real es duodécima con 24 puntos. El Barcelona es segundo con 45, más del doble. El equipo de Montanier ha alcanzado una inestable tierra de nadie, a cuatro puntos del descenso, a cinco de Europa, siendo el cuarto mejor equipo de la Liga desde que cayera goleado en Vallecas. Como visitante, está dando guerra y no pierde precisamente desde el 4-0 del Rayo hace cinco salidas. Lejos de Anoeta la Real ha ganado tres partidos y ha empatado otros dos de los diez que ha jugado. Pero el Barcelona es el mejor equipo como local. Diez partidos, nueve victorias y un empate. Es el único que no conoce la derrota en casa. Ha marcado 43 goles y ha recibido sólo dos, los dos que le hizo el Betis en el último partido liguero que acogió el Camp Nou, a los que hay que sumar el empate a dos del Real Madrid en el Copa, que no impidió que los de Guardiola accedieran a las semifinales por su triunfo en el Bernabéu. El Barça, en todo caso, se ha dejado una derrota y tres empates en los últimos ocho encuentros, lo que abre cierta puerta a la esperanza.
La Historia, en cambio, da una severa bofetada a las aspiraciones de la Real de cara a este encuentro. No sólo ya por los datos generales de este duelo, por los 65 partidos jugados, todos ellos en Primera División, de los que 55 acabaron con triunfo del Barcelona, sólo tres con victoria del equipo realista y siete más resultaron en empate. Es que nada menos que las últimas catorce visitas de la Real fueron derrotas. No puntúa un equipo realista desde la temporada 94-95, con Salva Iriarte como entrenador, con un gol en el minuto 92, de Imaz tras rebotar en la espalda de Koeman, y y jugando con diez por la expulsión de Fuentes. Ningún jugador txuri urdin actual sabe lo que es, no ya puntuar, sino marcar en el Camp Nou, porque el último en hacerlo fue Nihat en el 2-1 de la 2002-2003. Como curiosidad, el ahora entrenador culé, Guardiola se hizo el propia puerta el 3-1 de la 199-2000. Las tres victorias de la Real allí fueron sonadas, 1-3 en las temporadas 78-79 (Satrústegui, Idígoras y Zamora) y 90-91 (Atkinson y dos de Aldridge ante el Dream Team ya campeón de Liga), y 2-3 en la 85-86 (dos de Zamora y Gajate). El 8-2 de la temporada 50-51 es la mayor goleada conseguida por el conjunto culé ante el donostiarra, al que ha marcado nada menos que 165 goles en sus 55 visitas anteriores, por sólo 36 tantos de color txuri urdin.
En el partido de la pasada temporada, la 2010-2011, la Real fue un invitado de primera fila a una goleada inevitable. El 5-0 final se llevó por delante una buena salida del equipo de Martín Lasarte que ya nadie recuerda, pero fue una salida que no llegó ni a los diez minutos de juego. Cuando el Barcelona marcó su primer gol en el minuto 9, obra de Villa tras un jugadón de Messi y Pedro, el partido estaba ya acabado. La Real se deshizo y la única pregunta que dejó en el aire era cuántos goles más iba a anotar el Barça. Y eso que el equipo blaugrana no se portó mal. Iniesta hizo el segundo antes del descanso, dejando mínimamente abierto el partido, pero a los dos minutos de la reanudación Messi hizo el tercero. La Real ya sólo tenía la opción de esperar el final del partido. Pero lo hizo mal, bajó los brazos y dejó una pobre sensación de falta de competitividad en un escenario inmejorable, que debía corroborar el gran arranque liguero de los de Lasarte. Al final, el Barça se conformó con redondear el 5-0 en los últimos minutos con un gol de Pedro y otro más de Messi. La derrota fue la única opción porque la Real sólo se dejó pensar en algo más durante nueve minutos.
Philippe Montanier se lleva a Barcelona 19 jugadores, algo que está convirtiéndose en costumbre para el técnico galo. La noticia está en el regreso a la lista de Demidov tras no jugar ante el Sporting, y la inclusión de Agirretxe, que acabó tocado precisamente ese partido. El primero era dudoso para el Camp Nou y el segundo parecía descartado esta misma mañana, pero los dos han entrado. Si ambos estuviean para jugar, el nombre añadido a la lista y que tiene todas las papeletas para quedarse en la grada (para así poder jugar el domingo con el Sanse) es Javi Ros, que entra así en la primera convocatoria de la temporada. Con la recuperación de estos dos jugadores, Montanier elude tener que tirar del Sanse con más intensidad para cubrir las ya de por sí numerosas bajas que tiene. Illarramendi, Elustondo y Zurutuza le dejan un agujero bastante profundo en el centro del campo, y a eso hay que añadir la ausencia de De la Bella. Xabi Prieto, en cambio, se ha recuperado de las molestias en el tobillo que tuvo durante la semana y ha entrado en la lista sin problemas.
La continuidad ya no es una opción para Montanier por las dos bajas que tiene en el centro del campo. La defensa, en cambio, parece que sí será la misma que jugó la pasada jornada. Es decir, Bravo en la portería, con Carlos Martínez y Dani Estrada en los laterales y Mikel González e Iñigo Martínez en el centro. Ansotegi y Cadamuro esperarán su oportunidad en el banquillo, a la espera de ver qué sucede con Demidov. Porque él es precisamente una de las opciones que tiene Montanier para solucionar la papeleta en el centro del campo, no sería la primera vez que le usa esta temporada. Aranburu y Markel parecen fijos en esa zona. Sería muy decepcionante que, ante tantas bajas, Pardo no tuviera aquí su primera gran oportunidad. Otra opción, menos realista, es que Xabi Prieto haga de Zurutuza. En ataque, Griezmann es el único que parece seguro. Agirretxe está siendo el delantero titular, pero es duda y muchos apostaban por Ifrán como delantero. Si la apuesta es la velocidad, Vela completaría el tridente por la derecha, donde Prieto también tiene opciones. Llorente lo tiene indudablemente más difícil y seguramente estará en el banquillo junto a Toño Ramírez.
Sólo los números de ambos equipos en la presente temporada ya asustan. Tras su goleada al Sporting en Anoeta, la Real es duodécima con 24 puntos. El Barcelona es segundo con 45, más del doble. El equipo de Montanier ha alcanzado una inestable tierra de nadie, a cuatro puntos del descenso, a cinco de Europa, siendo el cuarto mejor equipo de la Liga desde que cayera goleado en Vallecas. Como visitante, está dando guerra y no pierde precisamente desde el 4-0 del Rayo hace cinco salidas. Lejos de Anoeta la Real ha ganado tres partidos y ha empatado otros dos de los diez que ha jugado. Pero el Barcelona es el mejor equipo como local. Diez partidos, nueve victorias y un empate. Es el único que no conoce la derrota en casa. Ha marcado 43 goles y ha recibido sólo dos, los dos que le hizo el Betis en el último partido liguero que acogió el Camp Nou, a los que hay que sumar el empate a dos del Real Madrid en el Copa, que no impidió que los de Guardiola accedieran a las semifinales por su triunfo en el Bernabéu. El Barça, en todo caso, se ha dejado una derrota y tres empates en los últimos ocho encuentros, lo que abre cierta puerta a la esperanza.
La Historia, en cambio, da una severa bofetada a las aspiraciones de la Real de cara a este encuentro. No sólo ya por los datos generales de este duelo, por los 65 partidos jugados, todos ellos en Primera División, de los que 55 acabaron con triunfo del Barcelona, sólo tres con victoria del equipo realista y siete más resultaron en empate. Es que nada menos que las últimas catorce visitas de la Real fueron derrotas. No puntúa un equipo realista desde la temporada 94-95, con Salva Iriarte como entrenador, con un gol en el minuto 92, de Imaz tras rebotar en la espalda de Koeman, y y jugando con diez por la expulsión de Fuentes. Ningún jugador txuri urdin actual sabe lo que es, no ya puntuar, sino marcar en el Camp Nou, porque el último en hacerlo fue Nihat en el 2-1 de la 2002-2003. Como curiosidad, el ahora entrenador culé, Guardiola se hizo el propia puerta el 3-1 de la 199-2000. Las tres victorias de la Real allí fueron sonadas, 1-3 en las temporadas 78-79 (Satrústegui, Idígoras y Zamora) y 90-91 (Atkinson y dos de Aldridge ante el Dream Team ya campeón de Liga), y 2-3 en la 85-86 (dos de Zamora y Gajate). El 8-2 de la temporada 50-51 es la mayor goleada conseguida por el conjunto culé ante el donostiarra, al que ha marcado nada menos que 165 goles en sus 55 visitas anteriores, por sólo 36 tantos de color txuri urdin.
En el partido de la pasada temporada, la 2010-2011, la Real fue un invitado de primera fila a una goleada inevitable. El 5-0 final se llevó por delante una buena salida del equipo de Martín Lasarte que ya nadie recuerda, pero fue una salida que no llegó ni a los diez minutos de juego. Cuando el Barcelona marcó su primer gol en el minuto 9, obra de Villa tras un jugadón de Messi y Pedro, el partido estaba ya acabado. La Real se deshizo y la única pregunta que dejó en el aire era cuántos goles más iba a anotar el Barça. Y eso que el equipo blaugrana no se portó mal. Iniesta hizo el segundo antes del descanso, dejando mínimamente abierto el partido, pero a los dos minutos de la reanudación Messi hizo el tercero. La Real ya sólo tenía la opción de esperar el final del partido. Pero lo hizo mal, bajó los brazos y dejó una pobre sensación de falta de competitividad en un escenario inmejorable, que debía corroborar el gran arranque liguero de los de Lasarte. Al final, el Barça se conformó con redondear el 5-0 en los últimos minutos con un gol de Pedro y otro más de Messi. La derrota fue la única opción porque la Real sólo se dejó pensar en algo más durante nueve minutos.
martes, enero 31, 2012
Las dudas que deja Mariga
Es difícil encontrar una noticia que genere reacciones tan unánimes como la marcha de Mariga. El primer keniata de la historia de la Liga ya es pasado. Su fichaje es la historia de un fracaso a todos los niveles que tendría que provocar una reflexión que, lamentablemente, no va a llegar. Lo único que nos va a quedar de Mariga es el mal recuerdo de esos 18 partidos que ha jugado con la camiseta txuri urdin, trece de ellos como titular. Quedará el retrato de ese jugador lento, escasamente rocoso, que no robaba balones y que perdía unos cuantos, que tenía un disparo horrible, que estaba en la antítesis del box to box del que nos hablaron y que sólo encontró la confianza de un entrenador que le puso en el campo en un elevadísimo porcentaje de las ocasiones en las que le tuvo a su disposición.
Mariga personifica las sensaciones que está dejando esta extrañísima temporada llena de altibajos. Y la culpa es de casi todos los que forman parte de la Real. El propio Mariga fracasa a nivel personal. Yo no sé si vino a la Real con ganas de jugar o con ganas de cobrar, pero si lo que hemos visto es todo lo que puede hacer lo tiene muy crudo para sobrevivir en esto del fútbol. El club se equivocó al romper la máxima que tiene que regir el fichaje de todo jugador foráneo: la mejora de lo que ofrece Zubieta. Es evidente que Mariga no cumplía esa condición, aunque se tenga la disculpa de la procedencia del jugador. Cuando uno consigue un jugador del Inter, es fácil suponer, aunque sea equivocadamente como ha sido en este caso, que algo sabrá hacer. Ojalá esto sirva de aviso para el futuro.
Lo que no es tan aceptable es la facilidad con la que olvidamos. O con la que olvidan quienes rigen los destinos de la Real y quienes los comentan en la prensa. A Martín Lasarte se le cesó, entre otros motivos más o menos claros, por contar con Diego Rivas y no con Illarramendi. Esta temporada el canterano que ha perdido oportunidades por la presencia del keniata es Rubén Pardo. Pero hay diferencias entre un caso y otro. Rivas fue uno de los mejores de la Real la pasada campaña, como también lo fue en la temporada del ascenso. Era un jugador, además, que contaba con el favor de la grada. Mariga no puede decir ni una cosa ni la otra, pero dispuso del respaldo inquebrantable del entrenador durante tres meses largos. Recordemos que Mariga estuvo en la convocatoria ante el Atlético, aunque fue finalmente el descartado, cuando las negociaciones para que saliera de la Real estaban en teoría bastante avanzadas.
Ese detalle fue el último de los inexplicables acontecimientos que han rodeado la estancia de Mariga en Donostia, alabado hasta la saciedad en la prensa afín al club antes incluso de que comenzara a jugar de txuri urdin, y después de su llegada a pesar de la mirada atónita del aficionado que no era capaz de entender qué veían en este jugador. Aquel fue el penúltimo detalle, en realidad, porque estos últimos días hemos asistido al lamentable espectáculo de ver al entrenador y al presidente poco menos que renegar de su fichaje. El segundo se lo achacaba al primero y el primero, como quitándose el marrón de encima, que ya tiene unos cuantos por su cuenta, decía que era cosa de todos. ¿Y Loren? A ver qué dice. Aun siendo malo y celebrando su marcha, me da pena que un ex jugador de la Real reciba esas puñaladas por la espalda cuando no puede defenderse y, desde luego, resta valor y fiabilidad a todo lo que puedan decir los actuales responsables del club.
Mariga ya es historia, y lo celebro, pero no termino de quedarme tranquilo. Ni se han dado explicaciones, ni sabemos demasiadas cosas de lo que ha sucedido con él, ni tenemos del todo claro a quién pedirle cuentas por su fichaje. Dudar de todos es lícito cuando nadie cuenta las cosas.
Mariga personifica las sensaciones que está dejando esta extrañísima temporada llena de altibajos. Y la culpa es de casi todos los que forman parte de la Real. El propio Mariga fracasa a nivel personal. Yo no sé si vino a la Real con ganas de jugar o con ganas de cobrar, pero si lo que hemos visto es todo lo que puede hacer lo tiene muy crudo para sobrevivir en esto del fútbol. El club se equivocó al romper la máxima que tiene que regir el fichaje de todo jugador foráneo: la mejora de lo que ofrece Zubieta. Es evidente que Mariga no cumplía esa condición, aunque se tenga la disculpa de la procedencia del jugador. Cuando uno consigue un jugador del Inter, es fácil suponer, aunque sea equivocadamente como ha sido en este caso, que algo sabrá hacer. Ojalá esto sirva de aviso para el futuro.
Lo que no es tan aceptable es la facilidad con la que olvidamos. O con la que olvidan quienes rigen los destinos de la Real y quienes los comentan en la prensa. A Martín Lasarte se le cesó, entre otros motivos más o menos claros, por contar con Diego Rivas y no con Illarramendi. Esta temporada el canterano que ha perdido oportunidades por la presencia del keniata es Rubén Pardo. Pero hay diferencias entre un caso y otro. Rivas fue uno de los mejores de la Real la pasada campaña, como también lo fue en la temporada del ascenso. Era un jugador, además, que contaba con el favor de la grada. Mariga no puede decir ni una cosa ni la otra, pero dispuso del respaldo inquebrantable del entrenador durante tres meses largos. Recordemos que Mariga estuvo en la convocatoria ante el Atlético, aunque fue finalmente el descartado, cuando las negociaciones para que saliera de la Real estaban en teoría bastante avanzadas.
Ese detalle fue el último de los inexplicables acontecimientos que han rodeado la estancia de Mariga en Donostia, alabado hasta la saciedad en la prensa afín al club antes incluso de que comenzara a jugar de txuri urdin, y después de su llegada a pesar de la mirada atónita del aficionado que no era capaz de entender qué veían en este jugador. Aquel fue el penúltimo detalle, en realidad, porque estos últimos días hemos asistido al lamentable espectáculo de ver al entrenador y al presidente poco menos que renegar de su fichaje. El segundo se lo achacaba al primero y el primero, como quitándose el marrón de encima, que ya tiene unos cuantos por su cuenta, decía que era cosa de todos. ¿Y Loren? A ver qué dice. Aun siendo malo y celebrando su marcha, me da pena que un ex jugador de la Real reciba esas puñaladas por la espalda cuando no puede defenderse y, desde luego, resta valor y fiabilidad a todo lo que puedan decir los actuales responsables del club.
Mariga ya es historia, y lo celebro, pero no termino de quedarme tranquilo. Ni se han dado explicaciones, ni sabemos demasiadas cosas de lo que ha sucedido con él, ni tenemos del todo claro a quién pedirle cuentas por su fichaje. Dudar de todos es lícito cuando nadie cuenta las cosas.
domingo, enero 29, 2012
REAL SOCIEDAD 5 - SPORTING 1 Lo inexplicable de una goleada
Qué difícil es a veces predecir el fútbol Y explicarlo ya ni os cuento. La Real ha goleado hoy. 5-1 nada menos, lo que nos obliga a retroceder unos cuantos años para encontrar precedentes de cinco goles realistas, hasta el 1-5 en Málaga de la temporada 2004-2005 y en Anoeta al 5-0 contra el Rayo de la 2002-2003. Y ha goleado de la forma más inexplicable. Zurutuza marcó dos goles en los tres primeros minutos del partido, después le rompieron la nariz y Montanier decidió buscar el contraataque para cerrar el partido. Se cerró, los gijoneses dominaron en todos los conceptos del fútbol en Anoeta por encima de la triste actuación de la Real y sin necesidad de hacer gran cosa. Y marcó. Metió el miedo del cuerpo. Evidenció las carencias estratégicas de la Real. Pudo empatar. Perdonó. La Real hizo después el tercero a balón parado. Y el cuarto y el quinto aprovechando que el Sporting bajó los brazos. Yo me acuerdo cuando las goleadas de color txuri urdin venían en grandes partidos. La de hoy no sé de dónde ha venido. Pero ha sido un 5-1, se ha ganado el average contra el Sporting y se han sumado tres puntos fundamentales para respirar.
Montanier cumplió con el esquema previsto y alineó un equipo muy similar al de jornadas anteriores, con el relevo obligado de Iñigo Martínez por Demidov y con el más o menos esperado de Carlos Martínez por Cadamuro, desplazando a Estrada a la izquierda. De planteamientos se puede hablar poco viendo cómo empezó el partido. En el minuto 2, la Real marcó un golazo colectivo, un jugadón que evidencia que hay mucha calidad en este equipo, aunque su entrenador no consiga sacarle partido.Griezmann fue quien asistió a Zurutuza para que marcara su primer gol de la temporada. En el siguiente ataque de la Real, el pelirrojo volvió a anotar, esta vez a pase de Vela. Ver para creer. Otro hecho inverosímil que juega a favor de Montanier esta temporada. Pero como la felicidad no puede ser completa, Zurutuza se marchó con la nariz rota a consecuencia de un temerario cabezazo de Gregory que González González no entendió como falta, aumentando el número de lesiones graves (éste fue el que ignoró la fractura de tibia y peroné de Díaz de Cerio ante el Eibar) que no ve. Al menos esta vez paró el juego. Y querrá que le demos las gracias.
Pocas veces se desnivela de una forma tan rotunda un partido en tan solo tres minutos. Pero, claro, esto es la Real Sociedad, e incluso cuando acaba goleando de forma rotunda tiene que haber largos minutos de sufrimiento. Quizá la explicación esté en el cambio que hizo Montanier. Fue Markel Bergara quien suplió a Zurutuza y la verdad es que no cumplió con el cometido que tenía el jugador lesionado. El centro del campo de la Real perdió toda iniciativa y cedió el balón al Sporting. El tema es que los gijoneses, en un momento muy malo, no saben qué hacer con el balón, o al menos no supieron manejarlo con acierto en toda la primera mitad, poniendo en peligro a Bravo sólo con un tiro alejado de Cases. La Real tuvo un par de acercamientos más o menos afortunados, pero nada que no pudiera controlar con tranquilidad Juan Pablo. El partido era bastante malo. Mucho. Y la Real no se parecía en nada a la que arrancó el partido con aquella jugada de toque que culminó Zurutuza.
El descanso cambió algo y a peor. El Sporting marcó en el primer minuto de la reanudación, abriendo un partido nuevo. Un gol de diferencia se puede recortar en cualquier momento. Los asturianos lo sabían tan bien como los realistas, y si unos no conseguían poner nada de fútbol pero efectivamente dominaban la posesión, los otros directamente no sabían de qué iba el partido, despejando los balones sin más intención de construir nada. El clásico error de este equipo. Otra vez la Real naufragaba en un partido que tenía bajo control. Había roto esa tendencia de tirar minutos y minutos con malas entradas en los encuentros y eso parecía sentarle tan mal como lo contrario. Es el sino del equipo dirigido por Montanier. Y una vez más el técnico galo tampoco fue capaz de hacer nada positivo desde el banquillo. Se podrá decir que se habla siempre del ausente y que la lesión de Zurutuza fue mala suerte, pero como Montanier había dejado fuero de la lista a Pardo, incomprensible su convocatoria, porque es un lujo absurdo que no juegue, ni con la Real ni con el Sanse, sólo le dejaba opciones atacantes. Y a Markel para suplirle, cortando las alas del equipo con tres de sus pivotes más defensivos sobre el césped.
Sin capacidad para influir en el juego en el centro del campo, Montanier decidió que Ifrán sustituyera a Agirretxe. El máximo goleador realista está siendo siempre el primer cambio, y aunque no hizo el mejor de los partidos Montanier suele errar en el concepto. La Real perdió a su batallador por alto y fue incapaz de generar respuestas rápidas con la presencia del uruguayo, que a pesar de su ostracismo y de que pueda hablar también en la rueda de prensa, lo deja todo sobre el césped. Pasaban los minutos y se mascaba más el gol del empate que la sentencia. Pero llegó una jugada absurda del Sporting, en la que su defensa se hizo un lío y permitió a Griezmann robar un balón casi de gol. Reaccionó Gálvez para tirar el balón a córner, pero en ese saque de esquinas las marcas fueron tan terribles que Elustondo entró absolutamente solo en el área pequeña para anotar el 3-1. Segundo gol a balón parado de la temporada. Está siendo peligroso decir esto esta campaña con la Real, pero el partido estaba finiquitado. Y está vez sí se quedó así, porque el Sporting bajó los brazos y permitió a la Real sentenciar. Aranburu hizo el cuarto al recoger el rechace de una falta directa botada por Ifrán y Griezmann celebró su partido cien de txuri urdin con su tercer gol de la Liga. Ambos llegaron en el descuento y transformaron una victoria sufrida en una goleada abultadísima.
A pesar del mal partido de la Real, la victoria fue justa. La goleada fue extraña, porque dos goles llegaron en los tres primeros minutos y otros dos en los tres últimos. Entre medias, la Real fue un compendio de imprecisiones, de errores y de sufrimiento. Montanier ha conseguido que el equipo txuri urdin cambie por completo los planteamientos canónicos del fútbol. La mayoría de los conjuntos intentan hacer las cosas bien sobre el césped para así intentar ganar partidos. La Real no. La Real quiere llegar primero a la victoria sin importar demasiado cómo, sin comprender qué nos hace ganar. Le sucedió en Anoeta ante el Granada o en este mismo encuentro ante el Sporting. Sí, hubo un par de jugadas meritorias, una fugaz y por confirmar explosión ofensiva de Zurutuza, una cierta mejora defensiva a pesar del sufrimiento de algunos minutos gracias al regreso de los jugadores que todos sabemos titulares. Pero en el lado contrario hay demasiadas cosas que fallan. Y eso, cuando se han jugado 20 partidos, no son síntomas sino definiciones de lo que es un equipo. La Real es el equipo que jugó del minuto 5 al 90. Y en esos 85 minutos el resultado fue de empate a uno. Pero como el fútbol también vive de las cosas raras, el resultado fue de cinco a uno y la Real sumó tres puntos de gran valor que le dan la duodécima posición y colocan un hueco de cuatro con respecto a los puestos de descenso. Qué cosas.
Montanier cumplió con el esquema previsto y alineó un equipo muy similar al de jornadas anteriores, con el relevo obligado de Iñigo Martínez por Demidov y con el más o menos esperado de Carlos Martínez por Cadamuro, desplazando a Estrada a la izquierda. De planteamientos se puede hablar poco viendo cómo empezó el partido. En el minuto 2, la Real marcó un golazo colectivo, un jugadón que evidencia que hay mucha calidad en este equipo, aunque su entrenador no consiga sacarle partido.Griezmann fue quien asistió a Zurutuza para que marcara su primer gol de la temporada. En el siguiente ataque de la Real, el pelirrojo volvió a anotar, esta vez a pase de Vela. Ver para creer. Otro hecho inverosímil que juega a favor de Montanier esta temporada. Pero como la felicidad no puede ser completa, Zurutuza se marchó con la nariz rota a consecuencia de un temerario cabezazo de Gregory que González González no entendió como falta, aumentando el número de lesiones graves (éste fue el que ignoró la fractura de tibia y peroné de Díaz de Cerio ante el Eibar) que no ve. Al menos esta vez paró el juego. Y querrá que le demos las gracias.
Pocas veces se desnivela de una forma tan rotunda un partido en tan solo tres minutos. Pero, claro, esto es la Real Sociedad, e incluso cuando acaba goleando de forma rotunda tiene que haber largos minutos de sufrimiento. Quizá la explicación esté en el cambio que hizo Montanier. Fue Markel Bergara quien suplió a Zurutuza y la verdad es que no cumplió con el cometido que tenía el jugador lesionado. El centro del campo de la Real perdió toda iniciativa y cedió el balón al Sporting. El tema es que los gijoneses, en un momento muy malo, no saben qué hacer con el balón, o al menos no supieron manejarlo con acierto en toda la primera mitad, poniendo en peligro a Bravo sólo con un tiro alejado de Cases. La Real tuvo un par de acercamientos más o menos afortunados, pero nada que no pudiera controlar con tranquilidad Juan Pablo. El partido era bastante malo. Mucho. Y la Real no se parecía en nada a la que arrancó el partido con aquella jugada de toque que culminó Zurutuza.
El descanso cambió algo y a peor. El Sporting marcó en el primer minuto de la reanudación, abriendo un partido nuevo. Un gol de diferencia se puede recortar en cualquier momento. Los asturianos lo sabían tan bien como los realistas, y si unos no conseguían poner nada de fútbol pero efectivamente dominaban la posesión, los otros directamente no sabían de qué iba el partido, despejando los balones sin más intención de construir nada. El clásico error de este equipo. Otra vez la Real naufragaba en un partido que tenía bajo control. Había roto esa tendencia de tirar minutos y minutos con malas entradas en los encuentros y eso parecía sentarle tan mal como lo contrario. Es el sino del equipo dirigido por Montanier. Y una vez más el técnico galo tampoco fue capaz de hacer nada positivo desde el banquillo. Se podrá decir que se habla siempre del ausente y que la lesión de Zurutuza fue mala suerte, pero como Montanier había dejado fuero de la lista a Pardo, incomprensible su convocatoria, porque es un lujo absurdo que no juegue, ni con la Real ni con el Sanse, sólo le dejaba opciones atacantes. Y a Markel para suplirle, cortando las alas del equipo con tres de sus pivotes más defensivos sobre el césped.
Sin capacidad para influir en el juego en el centro del campo, Montanier decidió que Ifrán sustituyera a Agirretxe. El máximo goleador realista está siendo siempre el primer cambio, y aunque no hizo el mejor de los partidos Montanier suele errar en el concepto. La Real perdió a su batallador por alto y fue incapaz de generar respuestas rápidas con la presencia del uruguayo, que a pesar de su ostracismo y de que pueda hablar también en la rueda de prensa, lo deja todo sobre el césped. Pasaban los minutos y se mascaba más el gol del empate que la sentencia. Pero llegó una jugada absurda del Sporting, en la que su defensa se hizo un lío y permitió a Griezmann robar un balón casi de gol. Reaccionó Gálvez para tirar el balón a córner, pero en ese saque de esquinas las marcas fueron tan terribles que Elustondo entró absolutamente solo en el área pequeña para anotar el 3-1. Segundo gol a balón parado de la temporada. Está siendo peligroso decir esto esta campaña con la Real, pero el partido estaba finiquitado. Y está vez sí se quedó así, porque el Sporting bajó los brazos y permitió a la Real sentenciar. Aranburu hizo el cuarto al recoger el rechace de una falta directa botada por Ifrán y Griezmann celebró su partido cien de txuri urdin con su tercer gol de la Liga. Ambos llegaron en el descuento y transformaron una victoria sufrida en una goleada abultadísima.
A pesar del mal partido de la Real, la victoria fue justa. La goleada fue extraña, porque dos goles llegaron en los tres primeros minutos y otros dos en los tres últimos. Entre medias, la Real fue un compendio de imprecisiones, de errores y de sufrimiento. Montanier ha conseguido que el equipo txuri urdin cambie por completo los planteamientos canónicos del fútbol. La mayoría de los conjuntos intentan hacer las cosas bien sobre el césped para así intentar ganar partidos. La Real no. La Real quiere llegar primero a la victoria sin importar demasiado cómo, sin comprender qué nos hace ganar. Le sucedió en Anoeta ante el Granada o en este mismo encuentro ante el Sporting. Sí, hubo un par de jugadas meritorias, una fugaz y por confirmar explosión ofensiva de Zurutuza, una cierta mejora defensiva a pesar del sufrimiento de algunos minutos gracias al regreso de los jugadores que todos sabemos titulares. Pero en el lado contrario hay demasiadas cosas que fallan. Y eso, cuando se han jugado 20 partidos, no son síntomas sino definiciones de lo que es un equipo. La Real es el equipo que jugó del minuto 5 al 90. Y en esos 85 minutos el resultado fue de empate a uno. Pero como el fútbol también vive de las cosas raras, el resultado fue de cinco a uno y la Real sumó tres puntos de gran valor que le dan la duodécima posición y colocan un hueco de cuatro con respecto a los puestos de descenso. Qué cosas.
sábado, enero 28, 2012
PREVIA Real Sociedad - Sporting. Trascendencia en enero
Hablar de un partido transcendente en enero puede parecer exagerado, pero la visita del Sporting a Donostia (domingo, 16.00 horas, Anoeta, Canal + Liga 2) indudablemente lo es. Con una primera vuelta insuficiente, con una goleada en el último partido en casa todavía escociendo, con la eliminación de la Copa del Rey y la forma en que se produjo aún en la retina, con tantos sinsabores en una temporada ideada desde el club para crecer y siendo además el visitante un rival directo que ahora mismo ocupa posición de descenso, no ganar agravaría mucho la delicada situación del enfermo. Porque la Real es ahora mismo un enfermo en el que hay muchas cosas que no salen bien y no conviene cerrar los ojos antes eso. Ganar las enmascara, las enmascaró durante los dos meses sin perder que vivimos hasta la semana pasada, pero no soluciona los problemas. De una u otra forma, los que hay en juego ante el Sporting son tres puntos más importantes de lo que muchos pueden creer.
No había muchos margen posible para las sorpresas en la convocatoria, pero Montanier ha decidido que la duda se despeje minutos antes del partido. 20 jugadores tenía disponibles y 19 están en la convocatoria, siendo Sarpong el único que no entra por cuestiones técnicas. Y eso, evidentemente, no se puede considerar ya una sorpresa a estas alturas. Mariga está con pie y medio fuera de la Real y ya parece seguro que no volverá a vestir de txuri urdin. Una buena noticia se mire como se mire, tras el bajísimo rendimiento ofrecido por el jugador. Las bajas son las conocidas. Illaramendi, De la Bella y Demidov no estarán ante el Sporting por problemas físicos. Y el resto de los jugadores están en la lista. Contra el Atlético de Madrid, Montanier conservó entre los elegidos a un delantero más de los que acostumbra a tener en el banquillo, con lo que habrá que ver qué decide en esta ocasión. Si es fiel a sus costumbres, el jugador que vea el partido desde la grada estará entre Ifrán y Llorente, dos que ya han dejado claro en público que no sienten que el entrenador confíe en ellos.
Durante la semana se ha hablado mucho de que Montanier tiene intención de repetir en la medida de lo posible el once habitual de las últimas semanas, con el único cambio obligado de Iñigo Martínez, que regresaría tras dos partidos de sanción y uno de suplencia, por Demidov. Si es así, jugarán Bravo en la portería; Estrada, Mikel González, Iñigo Martínez y Cadamuro en la línea defensiva; Elustondo, Aranburu y Zurutuza en la media; con Vela, Griezmann y Agirretxe en punta. Sin embargo, la debacle ante el Atlético de Madrid abre la puerta a más cambios en el once inicial. Quizá el cambio más previsible sería la entrada de Xabi Prieto por Vela. Tampoco sería descabellado que, después de algunas semanas ya recuperado, Carlos Martínez recuperara el carril derecho, presumiblemente llevando a Cadamuro al banquillo y a Estrada a la izquierda. Muchas menos opciones de entrar en el once parecen tener Ansotegi, Markel, Pardo, Ifrán y Llorente, aunque, recordemos, a Montanier le gustan las sorpresas. Toño Ramírez será el portero suplente en esta ocasión.
La Real ocupa la decimoquinta posición, con 21 puntos. A seis de Europa, y a dos del descenso. El Sporting está tres por debajo, con 18 y en el penúltimo escalón de la tabla. Con este duelo no sólo se abre la segunda vuelta, sino también los cálculos por el average que pueden decidir posibles empates. El 1-2 de la ida, con dos goles de Agirretxe, hace que la victoria y el empate le den al conjunto txuri urdin la ventaja en ese sentido. La goleada en Anoeta del Atlético de Madrid truncó una racha de los de Montanier de siete partidos sin conocer la derrota, racha afeada por la vergonzosa eliminación copera en Mallorca. No obstante, su trayectoria como local es deficiente, con sólo dos victorias en nueve partidos, ambas por la mínima ante Granada y Málaga. El Sporting sólo ha puntuado en tres partidos a domicilio, las victorias ante Mallorca y Rayo y el empate en Zaragoza y apenas ha sumado tres de los últimos doce puntos en juego. Hubo pitos y momentos de indiferencia en la grada de Anoeta hace sólo una semana. Cómo responderá la afición esta vez, después de las absurdas críticas realizadas desde algunos medios, dependerá sobre todo de lo que pueda ofrecer el equipo.
La estadística está de parte de la Real en sus enfrentamientos en Donostia contra el Sporting. De los 43 partidos disputados, 24 se saldaron con victoria local, por sólo nueve de los gijoneses y diez empates. 34 de esos encuentros tuvieron lugar en Primera División, con 18 victorias para la Real, siete para el Sporting y nueve empates. Los últimos cinco enfrentamientos, muy separados en el tiempo por los años en Segunda de ambos equipos, se saldaron con tres victorias para la Real y dos empates. El Sporting no vence en San Sebastián en partido de Primera desde la temporada 1993-1994, 0-1. La mayor goleada realista es el 4-1 de la temporada de la imabitibilidad, la 79-80. Los goles los hicieron Satrústegui, Alonso (dos) y Amiano. El 0-2 de la campaña 74-75 es el triunfo más claro de los asturianos. En Segunda, el balance es igualmente favorable a la Real, con seis victorias y un empate en los nueve partidos disputados. No obstante, el último duelo, el de la temporada 2007-2008 fue el segundo de los triunfos del Sporting, 0-1, y sirvió para que la Real viviera dos años más en la división de plata.
La pasada temporada, la 2010-2011, la Real venció al Sporting en un partido clave para conseguir la permanencia en Primera. Quedaban sólo siete encuentros para acabar la temporada y el panorama no estaba tan claro: cuatro eran contra equipos que se clasificaron finalmente para Europa. Por ello, ganar a los gijoneses, más relajados en la tabla que los donostiarras, era vital. Fue un partido igualado, jugado de poder a poder pero con poco fútbol y muchísimo ambiente en la grada. El Sporting marcó un gol en fuera de juego, pero el árbitro lo anuló correctamente. Diez minutos más tarde, a la media hora, Griezmann adelantó a la Real con un gran cabezazo, aprovechando el resbalón de su marcador. Los visitantes empataron con un disparo lejano de De las Cuevas cuando quedaban veinte minutos. Pero Griezmann, estelar aquel día, hizo el 2-1 definitivo cuando quedaban diez para el final, con un disparo que rebotó en dos defensas y despistó completamente al portero. La Real supo sufrir y aguantar la victoria, primera de las tres seguidas que encadenó en Anoeta (después cayeron Barcelona y Zaragoza) en el tramo final de la temporada para certificar una más que merecida permanencia.
No había muchos margen posible para las sorpresas en la convocatoria, pero Montanier ha decidido que la duda se despeje minutos antes del partido. 20 jugadores tenía disponibles y 19 están en la convocatoria, siendo Sarpong el único que no entra por cuestiones técnicas. Y eso, evidentemente, no se puede considerar ya una sorpresa a estas alturas. Mariga está con pie y medio fuera de la Real y ya parece seguro que no volverá a vestir de txuri urdin. Una buena noticia se mire como se mire, tras el bajísimo rendimiento ofrecido por el jugador. Las bajas son las conocidas. Illaramendi, De la Bella y Demidov no estarán ante el Sporting por problemas físicos. Y el resto de los jugadores están en la lista. Contra el Atlético de Madrid, Montanier conservó entre los elegidos a un delantero más de los que acostumbra a tener en el banquillo, con lo que habrá que ver qué decide en esta ocasión. Si es fiel a sus costumbres, el jugador que vea el partido desde la grada estará entre Ifrán y Llorente, dos que ya han dejado claro en público que no sienten que el entrenador confíe en ellos.
Durante la semana se ha hablado mucho de que Montanier tiene intención de repetir en la medida de lo posible el once habitual de las últimas semanas, con el único cambio obligado de Iñigo Martínez, que regresaría tras dos partidos de sanción y uno de suplencia, por Demidov. Si es así, jugarán Bravo en la portería; Estrada, Mikel González, Iñigo Martínez y Cadamuro en la línea defensiva; Elustondo, Aranburu y Zurutuza en la media; con Vela, Griezmann y Agirretxe en punta. Sin embargo, la debacle ante el Atlético de Madrid abre la puerta a más cambios en el once inicial. Quizá el cambio más previsible sería la entrada de Xabi Prieto por Vela. Tampoco sería descabellado que, después de algunas semanas ya recuperado, Carlos Martínez recuperara el carril derecho, presumiblemente llevando a Cadamuro al banquillo y a Estrada a la izquierda. Muchas menos opciones de entrar en el once parecen tener Ansotegi, Markel, Pardo, Ifrán y Llorente, aunque, recordemos, a Montanier le gustan las sorpresas. Toño Ramírez será el portero suplente en esta ocasión.
La Real ocupa la decimoquinta posición, con 21 puntos. A seis de Europa, y a dos del descenso. El Sporting está tres por debajo, con 18 y en el penúltimo escalón de la tabla. Con este duelo no sólo se abre la segunda vuelta, sino también los cálculos por el average que pueden decidir posibles empates. El 1-2 de la ida, con dos goles de Agirretxe, hace que la victoria y el empate le den al conjunto txuri urdin la ventaja en ese sentido. La goleada en Anoeta del Atlético de Madrid truncó una racha de los de Montanier de siete partidos sin conocer la derrota, racha afeada por la vergonzosa eliminación copera en Mallorca. No obstante, su trayectoria como local es deficiente, con sólo dos victorias en nueve partidos, ambas por la mínima ante Granada y Málaga. El Sporting sólo ha puntuado en tres partidos a domicilio, las victorias ante Mallorca y Rayo y el empate en Zaragoza y apenas ha sumado tres de los últimos doce puntos en juego. Hubo pitos y momentos de indiferencia en la grada de Anoeta hace sólo una semana. Cómo responderá la afición esta vez, después de las absurdas críticas realizadas desde algunos medios, dependerá sobre todo de lo que pueda ofrecer el equipo.
La estadística está de parte de la Real en sus enfrentamientos en Donostia contra el Sporting. De los 43 partidos disputados, 24 se saldaron con victoria local, por sólo nueve de los gijoneses y diez empates. 34 de esos encuentros tuvieron lugar en Primera División, con 18 victorias para la Real, siete para el Sporting y nueve empates. Los últimos cinco enfrentamientos, muy separados en el tiempo por los años en Segunda de ambos equipos, se saldaron con tres victorias para la Real y dos empates. El Sporting no vence en San Sebastián en partido de Primera desde la temporada 1993-1994, 0-1. La mayor goleada realista es el 4-1 de la temporada de la imabitibilidad, la 79-80. Los goles los hicieron Satrústegui, Alonso (dos) y Amiano. El 0-2 de la campaña 74-75 es el triunfo más claro de los asturianos. En Segunda, el balance es igualmente favorable a la Real, con seis victorias y un empate en los nueve partidos disputados. No obstante, el último duelo, el de la temporada 2007-2008 fue el segundo de los triunfos del Sporting, 0-1, y sirvió para que la Real viviera dos años más en la división de plata.
La pasada temporada, la 2010-2011, la Real venció al Sporting en un partido clave para conseguir la permanencia en Primera. Quedaban sólo siete encuentros para acabar la temporada y el panorama no estaba tan claro: cuatro eran contra equipos que se clasificaron finalmente para Europa. Por ello, ganar a los gijoneses, más relajados en la tabla que los donostiarras, era vital. Fue un partido igualado, jugado de poder a poder pero con poco fútbol y muchísimo ambiente en la grada. El Sporting marcó un gol en fuera de juego, pero el árbitro lo anuló correctamente. Diez minutos más tarde, a la media hora, Griezmann adelantó a la Real con un gran cabezazo, aprovechando el resbalón de su marcador. Los visitantes empataron con un disparo lejano de De las Cuevas cuando quedaban veinte minutos. Pero Griezmann, estelar aquel día, hizo el 2-1 definitivo cuando quedaban diez para el final, con un disparo que rebotó en dos defensas y despistó completamente al portero. La Real supo sufrir y aguantar la victoria, primera de las tres seguidas que encadenó en Anoeta (después cayeron Barcelona y Zaragoza) en el tramo final de la temporada para certificar una más que merecida permanencia.
miércoles, enero 25, 2012
Mi reino por una tarjeta roja a un rival
Podría seguir exprimiendo la decepción que me provoca esta Real de Montanier, desesperarme con la interminable t todavía no del todo segura marcha de Mariga o flagelarme por la negativa comparación entre este equipo y el de la temporada pasada al final de la primera vuelta. Pero no lo haré, dejemos que pase el tiempo y pensemos que ganar al Sporting cura las heridas, al menos hasta el siguiente partido. Ya que por lo visto no conviene lanzar mensajes a Montanier, como tampoco a Aperribay o Loren, y menos aún a los poderes fácticos mediáticos que estos días han considerado que la afición es parte fundamental de los males de la Real y específicamente de su derrota del pasado fin de semana, voy a clamar un poco en el desierto con una petición de lo más peregrina: quiero que un jugador rival del equipo txuri urdin vea una tarjeta roja. Ya veis con qué poco me conformo. Pero es que quiero asegurarme de que la norma de la expulsión sigue vigente para nuestros adversarios. Muchos ejemplos indican lo contrario, el del Atlético de Madrid el pasado sábado es sólo uno más.
Lleva la Real esta temporada 19 partidos de Liga y cuatro de Copa. La pasada temporada jugó 38 de Liga y dos de Copa. Un total de 63 en dos campañas. ¿Sabéis cuántas tarjetas rojas han beneficiado a los realistas en ese tiempo? Una. Turienzo Álvarez expulsó a Damiá, de Osasuna, el 14 de febrero de 2011, en la jornada 23 de Liga, por cortar en falta una internada de Tamudo en el área. Podría haber sido roja directa, pero para evitar complicaciones el colegiado lo dejó en amarilla. Como era la segunda, ¿qué más da?, debió de pensar. ¿Sabéis cuántos minutos tuvo la Real de superioridad numérica? Un minuto del descuento de un partido que ya iba ganando por 1-0, con gol del mismo Tamudo. A esa estadística hay que sumar cinco partidos más de la 2009-2010. La última roja que sí dio una superioridad real al equipo txuri urdin llegó el 14 de mayo de 2010. El Castellón visitó Anoeta y se quedó hasta con ocho jugadores. Mantecón vio la segunda amarilla en el minuto 72. Dani Pendín y Rafita en el 89. Piñeiro Crespo era el árbitro que escribió la historia aquel día.
Vuelvo a insistir en el dato, porque igual a alguno no le parece lo suficientemente impactante. Los rivales de la Real han visto una tarjeta roja en los últimos 68 partidos. Supongo que nadie será tan ingenuo de pensar que en esos 68 partidos no ha habido motivos para alguna que otra expulsión de un rival txuri urdin. El dato excede toda lógica que se quiera aplicar. Sólo con los datos de la temporada pasada, todos los equipos de Primera División tuvieron más superioridades que la Real. El Getafe, equipo que se salvó junto a la Real en la última jornada, vio hasta a diez rivales expulsados. El Athletic y el Villarreal, once. Sólo la temporada pasada. Casualmente, aquel partido contra el Castellón en Segunda, el último en el que una roja ha dado ventaja a la Real en mucho tiempo, acabó en empate a cero. Pero las expulsiones, normalmente, cuestan puntos a los equipos que las sufren. La Real lo ha vivido en sus carnes esta misma temporada, ya que dio por perdido este año su partido en Vallecas tras la expulsión de Iñigo Martínez, y en Villarreal se fueron dos puntos por esa inferioridad numérica por cuestiones arbitrales.
Mi reino por una tarjeta roja a un rival. Aunque sólo sea por la satisfacción de saber que siguen siendo una posibilidad.
Lleva la Real esta temporada 19 partidos de Liga y cuatro de Copa. La pasada temporada jugó 38 de Liga y dos de Copa. Un total de 63 en dos campañas. ¿Sabéis cuántas tarjetas rojas han beneficiado a los realistas en ese tiempo? Una. Turienzo Álvarez expulsó a Damiá, de Osasuna, el 14 de febrero de 2011, en la jornada 23 de Liga, por cortar en falta una internada de Tamudo en el área. Podría haber sido roja directa, pero para evitar complicaciones el colegiado lo dejó en amarilla. Como era la segunda, ¿qué más da?, debió de pensar. ¿Sabéis cuántos minutos tuvo la Real de superioridad numérica? Un minuto del descuento de un partido que ya iba ganando por 1-0, con gol del mismo Tamudo. A esa estadística hay que sumar cinco partidos más de la 2009-2010. La última roja que sí dio una superioridad real al equipo txuri urdin llegó el 14 de mayo de 2010. El Castellón visitó Anoeta y se quedó hasta con ocho jugadores. Mantecón vio la segunda amarilla en el minuto 72. Dani Pendín y Rafita en el 89. Piñeiro Crespo era el árbitro que escribió la historia aquel día.
Vuelvo a insistir en el dato, porque igual a alguno no le parece lo suficientemente impactante. Los rivales de la Real han visto una tarjeta roja en los últimos 68 partidos. Supongo que nadie será tan ingenuo de pensar que en esos 68 partidos no ha habido motivos para alguna que otra expulsión de un rival txuri urdin. El dato excede toda lógica que se quiera aplicar. Sólo con los datos de la temporada pasada, todos los equipos de Primera División tuvieron más superioridades que la Real. El Getafe, equipo que se salvó junto a la Real en la última jornada, vio hasta a diez rivales expulsados. El Athletic y el Villarreal, once. Sólo la temporada pasada. Casualmente, aquel partido contra el Castellón en Segunda, el último en el que una roja ha dado ventaja a la Real en mucho tiempo, acabó en empate a cero. Pero las expulsiones, normalmente, cuestan puntos a los equipos que las sufren. La Real lo ha vivido en sus carnes esta misma temporada, ya que dio por perdido este año su partido en Vallecas tras la expulsión de Iñigo Martínez, y en Villarreal se fueron dos puntos por esa inferioridad numérica por cuestiones arbitrales.
Mi reino por una tarjeta roja a un rival. Aunque sólo sea por la satisfacción de saber que siguen siendo una posibilidad.
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sábado, enero 21, 2012
REAL SOCIEDAD 0 - ATLÉTICO DE MADRID 4 El desastre anunciado
Podemos ponernos las vendas que queramos, y Valencia ayudó a muchos a mirar a otro lado o a no ver ciertas cosas, pero lo de hoy ha sido la muerte más anunciada de la historia. Esta es la Real de Philippe Montanier. Esta y no otra. Esto es lo que se venía venir. Un equipo triste, sin ideas, sin soluciones y con un desbarajuste descomunal en su pizarra. Con reacciones tardías. Sin motivación. Goleado sin tener enfrente un rival de tanta categoría, vencido sin apenas resistencias. Sin hacer de Anoeta el campo aguerrido que tendría que ser. Esto es lo que hay y esto es lo que nos espera. Ya son muchas las vergüenzas que ha ofrecido la Real esta temporada, desilusionante y desasosegante a partes iguales. Sangrante. Hiriente. Triste, muy triste. Y, sí, el equipo no ha dado la talla. Muchos jugadores tampoco. Pero la Real no tiene dirección. Es un equipo débil, hundido, sin recursos. Y qué pena, porque sigo convencido que tiene plantilla para estar, sin duda, entre los diez mejores de la Liga. Pero esta Real es un desastre. Anunciado. Y, ojo, que vienen curvas.
La alineación de Montanier fue continuista. Sólo hubo un cambio con respecto a Valencia y el técnico francés añadió otra sorpresa. Xabi Prieto perdió su puesto en favor de Vela y en el centro de la defensa se mantuvieron Demidov y Mikel González, dejando a Iñigo Martínez en el banquillo. A saber cómo habría sido el partido de haberse iniciado de verdad con 0-0, pero es que nada más saltar la Real se encontró un gol en contra. En cualquier caso, Montanier naufragó. Apostó prácticamente por el mismo once y no fue capaz de entender las particularidades del partido. Y más teniendo en cuenta dos factores que venían bien anunciados en los medios de comunicación durante los últimos días: por un lado, el carácter agresivo que Simeone ha imprimido al Atlético, que se tradujo en constantes faltas y en una presión de la que su equipo nunca supo salir; por otro, el arbitraje de Muñiz Fernández, que ante la duda ya sabemos hacia qué lado pita. Ambas cosas jugaron en contra de la Real y ambas ayudaron, no sólo ya a decantar la victoria, sino incluso al abultado marcador final.
El balance de la Real hoy es lamentable. A todos los niveles y en todas las facetas del juego. ¿Qué es lo que más rabia da? Que enfrente no había en realidad más que un rival ordenado y con dos ideas claras. Cierto es que en la primera jugada del partido se pone por delante, y ahora vamos al tema arbitral, pero es que la Real jamás ha sabido jugar al fútbol. No es una sorpresa que los de Montanier tarden en entrar en los partidos. Hoy directamente no han llegado a entrar y cada decisión que ha adoptado ha empeorado el panorama. Han fallado los jugadores, ha fallado el equipo y ha fallado el entrenador. El gol del Atlético de Madrid llega por cuatro factores. Primero Elustondo falla en el despeje y el balón sale despedido hacia la línea de fondo. Después, no hay cierre desde el lateral, en este caso Cadamuro. Y finalmente Demidov defiende con los brazos abiertos un centro de Diego. Bravo tampoco olió el lanzamiento desde los once metros de Falcao, a pesar de que no es precisamente el primer penalti que lanza en España. Todo falló. Y todo lo que falló en esa jugada fue metáfora del partido.
¿Capacidad de reacción? Ninguna. La Real de Montanier se ha venido sujetando en tres factores, que no siempre han coincidido en todos los partidos de esta ya quebrada racha de siete partidos sin perder, pero que han permitido sumar puntos. Por un lado, su fortaleza defensa. Por otro, quizá el principal, el buen funcionamiento del centro del campo que forman Elustondo, Aranburu y Zurutuza. Y, finalmente, en la efectividad de los de arriba. Hoy todo 2fue un gran naufragio. Con fallos atrás, sin ideas en medio y sin balón arriba. Sólo la desesperante actuación de Muñiz Fernández ponía algo de picante al partido y encendía a la grada. Ignorando las cuantiosas faltas del Atlético de Madrid, hubo un momento en que la Real había hecho tres faltas y llevaba otras tantas amarillas (incluida la que, en un acto de provocación más, el colegiado le sacó a Zubikarai en el banquillo), y el Atlético de Madrid vio la primera amonestación en su octava falta. Así es imposible que un partido tenga ritmo o que se controle el centro del campo, pero los árbitros premian estrategias como las del Atlético. Así tenemos el fútbol que tenemos.
Para colmo, la aguda vista que demostró para ver el claro penalti de Demidov no la mostró cuando Juanfran repelió seguramente con el brazo un disparo del desaparecido Zurutuza. Ya empieza a dar igual que las infracciones sean claras o no, el problema es que siempre tenemos la certeza de que a favor de la Real no se pitan. Y esta vez, o hubo sorpresa, Muñiz tampoco la pitó. Gran estadística la suya, trece partidos arbitrados al equipo txuri urdin y una sola victoria. Impresionante. Esa jugada que alejó el empate de la Real, por mucho que tampoco mereciera marcar un gol, aconteció en el minuto 40. Antes de eso no había sucedido prácticamente nada en un partido de ínfima calidad. Griezmann tuvo una medio ocasión, pero su disparo, forzado, llegó débil a las manos de Courtois. El único tiro a puerta, una falta blandita pero que al menos probó al meta rojiblanco botada por Elustondo. El Atlético ni siquiera puso a prueba a Bravo en esta primera mitad. Sí, los colchoneros presionaron arriba e impidieron toda salida de la Real, pero ahí acabaron sus méritos futbolísticos.
Montanier, una vez más, debió de entender que todo iba de maravilla, porque no cambió nada en el descanso. Y la Real se encontró con el mismo castigo que en la primera mitad, un gol en contra en el primer minuto. Este tanto, de Adrián, vino a retratar el defecto de que la Real saltara al campo con una defensa de suplentes cuando casi todos los titulares están disponibles. Ni Loren ni Montanier lo entienden, pero Cadamuro no es lateral. Puede jugar algún día, como algún día sobrevivió en Segunda Mikel González en ese puesto. Pero no ser el titular habitual. La sorpresa del once, insisto, fue que no regresara a él Iñigo Martínez. Demidov, Cadamuro, incluso Estrada, son los segundos espadas. Alguno sale más airoso que otro, pero sorprenden estas cosas. Sonará igual a oportunista, pero se veía venir. Y el Atlético de Madrid se movió como quiso en esta situación. Gracias al cielo, hasta ese minuto no había querido moverse mucho. Toda la defensa, con Demidov en primera línea, se unió a la fiesta pidiendo un fuera de juego inexistente y restando todo valor a la parada que Bravo hizo en el primer remate de Adrián. El segundo era ya imparable. 0-2 y el partido estaba perdido. Indudablemente.
Los cambios ya llegaban tarde, pero es que sirvieron para profundizar en la herida que ya tenía la Real. Montanier, en un movimiento imposible de explicar, colocó a Xabi Prieto como carrilero, por detrás de Vela, y sacando del campo a Cadamuro, por cierto silbado en algunos momentos del encuentro, víctima de la lamentable vorágine en la que está inmerso el equipo. Mientras duró el impulso inicial de la entrada al campo del 10 realista, se consiguieron forzar algunas faltas por su banda. El juego, desaparecido Griezmann, estaba volcado por la derecha de la Real. Pero Montanier colocó a Prieto entre la espada y la pared, con la obligación de recorrer 70 metros en todas las jugadas. No sé si fue un movimiento producto de la desesperación o si es que no conoce en absoluto a Xabi. Era el minuto 57. Un cuarto de hora después, y sin que la Real hubiera inquietado más que en una falta de Elustondo (la cuarta al borde del área; Vela y Griezmann naufragaron en sus tentativas), Montanier complicó aún más el cuadro quitando al otro lateral, Estrada, para sacar a Ifrán. Y ahí el desbarajuste fue tal que la goleada del Atlético era una certeza.
Desde el minuto 82 al 90, el Atlético pudo marcar cuatro goles. Sólo hizo dos. Ya no sé si darle las gracias o lamentarlo, porque no sé cuántos ridículos hacen falta en una temporada para que se vean ciertas cosas. Esos fueron los minutos, por cierto, que jugó Llorente, que tiene que estar desquiciado de disputar finales imposibles o absurdos. Es triste ver a un jugador que quiere tanto a la Real maniatado y sin poder ayudar. Los dos últimos goles del Atlético fueron reflejo del caos defensivo. Sin laterales, con Elustondo de cierre en una defensa de tres, y con Xabi Prieto y Griezmann de falsos laterales. Era evidente que el centro del campo hacía aguas, pero Montanier no fue capaz de introducir cambios ahí, sin su escudero Mariga, el descartado de su convocatoria y ojalá viviendo sus últimas horas como txuri urdin, y sin Pardo, al que manda a jugar con el Sanse sin haberle dado una oportunidad real. Con Ifrán corriendo como loco sin saber muy bien cuál era su posición en el campo y con un Vela que, llegados al ecuador de la temporada, adquiere ya aire de decepción. Y la Real ya no fue capaz de colocar más balones en el área, porque sólo Estrada intentaba meter centros como un descosido y Montanier le envió a la ducha.
Cansa que durante tantas jornadas se sigan viendo los mismos defectos y que algunos buenos resultados circunstanciales los oculten. Si el centro del campo no tiene un buen día, el partido está perdido. Si los buenos no juegan, no hay nada que hacer. Si desde el banquillo no sólo no hay soluciones sino que se empeora lo que hay en el césped, algo hay que hacer. Si algunos jugadores sólo cuentan para jugar los minutos de la basura, hay que decirlo claramente. Si no somos capaces de generar peligro a balón parado o si vamos a utilizar esquemas rocambolescos como el de los últimos minutos de hoy, hay que trabajar ambas facetas en Zubieta. Y así hasta el inifinito. Porque la Real de Montanier es este decepcionante equipo. Triste y sin recursos. Aunque haya días buenos, o malos del rival, que eso también cuenta. Y, por supuesto, que no se nos olvide esta imparable tendencia de resucitar muertos: el Atlético no había ganado fuera. Hoy lo hizo. Acaba la primera vuelta y la Real suma 21 puntos. Qué lejos en todo de los 25 de Lasarte del año pasado a estas alturas. Y todavía queda lo peor. Si no estuviera tan triste, estaría asustado. Pero es que ahora mismo ni siento ni padezco. Porque esto se veía venir. Y lo veremos más veces.
La alineación de Montanier fue continuista. Sólo hubo un cambio con respecto a Valencia y el técnico francés añadió otra sorpresa. Xabi Prieto perdió su puesto en favor de Vela y en el centro de la defensa se mantuvieron Demidov y Mikel González, dejando a Iñigo Martínez en el banquillo. A saber cómo habría sido el partido de haberse iniciado de verdad con 0-0, pero es que nada más saltar la Real se encontró un gol en contra. En cualquier caso, Montanier naufragó. Apostó prácticamente por el mismo once y no fue capaz de entender las particularidades del partido. Y más teniendo en cuenta dos factores que venían bien anunciados en los medios de comunicación durante los últimos días: por un lado, el carácter agresivo que Simeone ha imprimido al Atlético, que se tradujo en constantes faltas y en una presión de la que su equipo nunca supo salir; por otro, el arbitraje de Muñiz Fernández, que ante la duda ya sabemos hacia qué lado pita. Ambas cosas jugaron en contra de la Real y ambas ayudaron, no sólo ya a decantar la victoria, sino incluso al abultado marcador final.
El balance de la Real hoy es lamentable. A todos los niveles y en todas las facetas del juego. ¿Qué es lo que más rabia da? Que enfrente no había en realidad más que un rival ordenado y con dos ideas claras. Cierto es que en la primera jugada del partido se pone por delante, y ahora vamos al tema arbitral, pero es que la Real jamás ha sabido jugar al fútbol. No es una sorpresa que los de Montanier tarden en entrar en los partidos. Hoy directamente no han llegado a entrar y cada decisión que ha adoptado ha empeorado el panorama. Han fallado los jugadores, ha fallado el equipo y ha fallado el entrenador. El gol del Atlético de Madrid llega por cuatro factores. Primero Elustondo falla en el despeje y el balón sale despedido hacia la línea de fondo. Después, no hay cierre desde el lateral, en este caso Cadamuro. Y finalmente Demidov defiende con los brazos abiertos un centro de Diego. Bravo tampoco olió el lanzamiento desde los once metros de Falcao, a pesar de que no es precisamente el primer penalti que lanza en España. Todo falló. Y todo lo que falló en esa jugada fue metáfora del partido.
¿Capacidad de reacción? Ninguna. La Real de Montanier se ha venido sujetando en tres factores, que no siempre han coincidido en todos los partidos de esta ya quebrada racha de siete partidos sin perder, pero que han permitido sumar puntos. Por un lado, su fortaleza defensa. Por otro, quizá el principal, el buen funcionamiento del centro del campo que forman Elustondo, Aranburu y Zurutuza. Y, finalmente, en la efectividad de los de arriba. Hoy todo 2fue un gran naufragio. Con fallos atrás, sin ideas en medio y sin balón arriba. Sólo la desesperante actuación de Muñiz Fernández ponía algo de picante al partido y encendía a la grada. Ignorando las cuantiosas faltas del Atlético de Madrid, hubo un momento en que la Real había hecho tres faltas y llevaba otras tantas amarillas (incluida la que, en un acto de provocación más, el colegiado le sacó a Zubikarai en el banquillo), y el Atlético de Madrid vio la primera amonestación en su octava falta. Así es imposible que un partido tenga ritmo o que se controle el centro del campo, pero los árbitros premian estrategias como las del Atlético. Así tenemos el fútbol que tenemos.
Para colmo, la aguda vista que demostró para ver el claro penalti de Demidov no la mostró cuando Juanfran repelió seguramente con el brazo un disparo del desaparecido Zurutuza. Ya empieza a dar igual que las infracciones sean claras o no, el problema es que siempre tenemos la certeza de que a favor de la Real no se pitan. Y esta vez, o hubo sorpresa, Muñiz tampoco la pitó. Gran estadística la suya, trece partidos arbitrados al equipo txuri urdin y una sola victoria. Impresionante. Esa jugada que alejó el empate de la Real, por mucho que tampoco mereciera marcar un gol, aconteció en el minuto 40. Antes de eso no había sucedido prácticamente nada en un partido de ínfima calidad. Griezmann tuvo una medio ocasión, pero su disparo, forzado, llegó débil a las manos de Courtois. El único tiro a puerta, una falta blandita pero que al menos probó al meta rojiblanco botada por Elustondo. El Atlético ni siquiera puso a prueba a Bravo en esta primera mitad. Sí, los colchoneros presionaron arriba e impidieron toda salida de la Real, pero ahí acabaron sus méritos futbolísticos.
Montanier, una vez más, debió de entender que todo iba de maravilla, porque no cambió nada en el descanso. Y la Real se encontró con el mismo castigo que en la primera mitad, un gol en contra en el primer minuto. Este tanto, de Adrián, vino a retratar el defecto de que la Real saltara al campo con una defensa de suplentes cuando casi todos los titulares están disponibles. Ni Loren ni Montanier lo entienden, pero Cadamuro no es lateral. Puede jugar algún día, como algún día sobrevivió en Segunda Mikel González en ese puesto. Pero no ser el titular habitual. La sorpresa del once, insisto, fue que no regresara a él Iñigo Martínez. Demidov, Cadamuro, incluso Estrada, son los segundos espadas. Alguno sale más airoso que otro, pero sorprenden estas cosas. Sonará igual a oportunista, pero se veía venir. Y el Atlético de Madrid se movió como quiso en esta situación. Gracias al cielo, hasta ese minuto no había querido moverse mucho. Toda la defensa, con Demidov en primera línea, se unió a la fiesta pidiendo un fuera de juego inexistente y restando todo valor a la parada que Bravo hizo en el primer remate de Adrián. El segundo era ya imparable. 0-2 y el partido estaba perdido. Indudablemente.
Los cambios ya llegaban tarde, pero es que sirvieron para profundizar en la herida que ya tenía la Real. Montanier, en un movimiento imposible de explicar, colocó a Xabi Prieto como carrilero, por detrás de Vela, y sacando del campo a Cadamuro, por cierto silbado en algunos momentos del encuentro, víctima de la lamentable vorágine en la que está inmerso el equipo. Mientras duró el impulso inicial de la entrada al campo del 10 realista, se consiguieron forzar algunas faltas por su banda. El juego, desaparecido Griezmann, estaba volcado por la derecha de la Real. Pero Montanier colocó a Prieto entre la espada y la pared, con la obligación de recorrer 70 metros en todas las jugadas. No sé si fue un movimiento producto de la desesperación o si es que no conoce en absoluto a Xabi. Era el minuto 57. Un cuarto de hora después, y sin que la Real hubiera inquietado más que en una falta de Elustondo (la cuarta al borde del área; Vela y Griezmann naufragaron en sus tentativas), Montanier complicó aún más el cuadro quitando al otro lateral, Estrada, para sacar a Ifrán. Y ahí el desbarajuste fue tal que la goleada del Atlético era una certeza.
Desde el minuto 82 al 90, el Atlético pudo marcar cuatro goles. Sólo hizo dos. Ya no sé si darle las gracias o lamentarlo, porque no sé cuántos ridículos hacen falta en una temporada para que se vean ciertas cosas. Esos fueron los minutos, por cierto, que jugó Llorente, que tiene que estar desquiciado de disputar finales imposibles o absurdos. Es triste ver a un jugador que quiere tanto a la Real maniatado y sin poder ayudar. Los dos últimos goles del Atlético fueron reflejo del caos defensivo. Sin laterales, con Elustondo de cierre en una defensa de tres, y con Xabi Prieto y Griezmann de falsos laterales. Era evidente que el centro del campo hacía aguas, pero Montanier no fue capaz de introducir cambios ahí, sin su escudero Mariga, el descartado de su convocatoria y ojalá viviendo sus últimas horas como txuri urdin, y sin Pardo, al que manda a jugar con el Sanse sin haberle dado una oportunidad real. Con Ifrán corriendo como loco sin saber muy bien cuál era su posición en el campo y con un Vela que, llegados al ecuador de la temporada, adquiere ya aire de decepción. Y la Real ya no fue capaz de colocar más balones en el área, porque sólo Estrada intentaba meter centros como un descosido y Montanier le envió a la ducha.
Cansa que durante tantas jornadas se sigan viendo los mismos defectos y que algunos buenos resultados circunstanciales los oculten. Si el centro del campo no tiene un buen día, el partido está perdido. Si los buenos no juegan, no hay nada que hacer. Si desde el banquillo no sólo no hay soluciones sino que se empeora lo que hay en el césped, algo hay que hacer. Si algunos jugadores sólo cuentan para jugar los minutos de la basura, hay que decirlo claramente. Si no somos capaces de generar peligro a balón parado o si vamos a utilizar esquemas rocambolescos como el de los últimos minutos de hoy, hay que trabajar ambas facetas en Zubieta. Y así hasta el inifinito. Porque la Real de Montanier es este decepcionante equipo. Triste y sin recursos. Aunque haya días buenos, o malos del rival, que eso también cuenta. Y, por supuesto, que no se nos olvide esta imparable tendencia de resucitar muertos: el Atlético no había ganado fuera. Hoy lo hizo. Acaba la primera vuelta y la Real suma 21 puntos. Qué lejos en todo de los 25 de Lasarte del año pasado a estas alturas. Y todavía queda lo peor. Si no estuviera tan triste, estaría asustado. Pero es que ahora mismo ni siento ni padezco. Porque esto se veía venir. Y lo veremos más veces.
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Crónica
viernes, enero 20, 2012
PREVIA Real Sociedad - Atlético de Madrid. Cuentas pendientes
La visita del Atlético de Madrid (sábado, 20.00 horas, Anoeta, Canal + Liga) es un compendio de cuentas pendientes. La que todavía tiene la Real, todo el equipo, con su afición. Y no sólo ya por la humillante e histórica derrota copera, que la victoria en Valencia vino a minimizar de alguna manera, sino porque en Anoeta sólo ha ganado dos de los ocho partidos disputados en esta Liga. La que tiene Griezmann con todo el mundo, al enfrentarse por primera vez con el equipo con el que coqueteó en verano, en un duelo que le llega en su mejor momento de la temporada. La que tiene Muñiz Fernández con la Real, porque cada arbitraje suyo suele acabar en desastre perjudicial para la entidad txuri urdin. Y la que tiene el conjunto realista con el Atlético de Madrid después de la victoria colchonera de la pasada temporada, la primera que logró en Anoeta desde su inauguración en 1993. Y la cuenta pendiente más importante de todas, la de San Sebastián, un día después de la fiesta. Muchas cuentas pendientes, desde luego.
A pesar de que no se conocen tocados o dudas en la convocatoria, Philippe Montanier ha decidido llamar a 19 jugadores para el partido ante el Atlético. Si es fiel a sus palabras anteriores, el descartado será un jugador de ataque, ya que la entrada de Joseba Llorente en la lista convierte en seis los atacantes disponibles y el técnico francés gusta de llamar sólo a cinco. Ésta es una de las dos novedades en la lista, la otra el regreso de Iñigo Martínez tras sus dos partidos de sanción. Se caen del grupo Ansotegi, algo previsible, y Pardo, más sorprendente. El canterano jugará esta semana con el Sanse, sin que Montanier le haya integrado todavía y de verdad en la dinámica del primer equipo. De la Bella e Illarramendi son los dos únicos jugadores que están en la enfermería y el resto son descartes técnicos. El de Sarpong evidencia por completo, si no estaba claro ya a estas alturas, que no cuenta para nada y que el club debe esforzarse en buscarle una salida.
Sin saber quién será el descarte no parece fácil desentrañar la alineación con la que Montanier quiere hacer frente al Atlético de Madrid, pero hay varias cosas seguras. Bravo estará bajo palos y Zubikarai en el banco. Iñigo Martínez regresará al centro de la zaga, presumiblemente junto a Mikel González, y dejando a Demidov en el banquillo.. Cadamuro tiene todas las papeletas para seguir en la izquierda y Estrada en la derecha. Otra opción es el regreso de Carlos Martínez, pero supondría ya mover dos fichas atrás. Por delante de ellos, sería una sorpresa cualquier cosa que no sea repetir el trivote ganador de las últimas fechas, el que forman Elustondo, Aranburu y Zurutuza, más sin haber tenido ya partido el pasado miércoles. Markel y Mariga (no deja de sorprender su convocatoria, no ya sólo por motivos técnicos sino incluso si de verdad el club está negociando su salida) estarán en el banquillo. Y en ataque, son apariencia seguros Griezmann y Agirretxe. Xabi Prieto y Vela se juegan el tercer puesto, con muchas más opciones que Llorente o Ifrán independientemente de quién se quede fuera de la lista, algo que parece estar entre estos dos últimos.
La victoria de la Real en Valencia le permitió colocar los puestos de descenso a tres puntos. El equipo txuri urdin suma 21 puntos, ocupando la decimosexta posición. Ganar al Atlético le permitiría superarle en la tabla, ya que los colchoneros son décimos con 23. Los de Montanier sólo han ganado dos de los ocho partidos que han disputado en Anoeta y los ahora de Simeone aún no han ganado fuera, con dos empates en ocho salidas. Siendo el rival que es y tras ganar en Mestalla, no es de esperar que Anoeta se muestre hostil hacia los suyos por la eliminación copera. El árbitro tampoco ayuda. Muñiz Fernández tiene un historial muy negativo con la Real: doce partidos y una única victoria (¡nada menos que en 2002!), además de algún que otro escándalo con el Athletic sobre todo de por medio. El equipo txuri urdin lleva tres jornadas sin encajar un gol y la cuarta no la alcanza desde la temporada 1997-1998. El Atlético suma cuatro puntos de seis posibles desde que cambió de técnico. La Real lleva ya siete partidos ligueros sin perder, con tres victorias y cuatro empates.
El Atlético de Madrid ha visitado Donostia en 59 ocasiones, todas ellas en Primera División, y el dominio es claramente txuri urdin. Son 31 las victorias, más de la mitad de los duelos disputados, con las mismas derrotas que empates, catorce. La mayor goleada txuri urdin es el 6-1 de la temporada 51-52, con dos goles de Igoa y uno de Alsúa, Barinaga, Epi y Ontoria. Por contra, el triunfo más abultado del Atlético es el 0-4 de la 84-85. Los colchoneros no conocieron la victoria en Anoeta hasta la pasada campaña. En este estadio acumulan desde la temporada 1993-1994 diez derrotas y dos empates. Destaca el 4-1 de la campaña 1999-2000, con dos goles de De Paula y otros dos de Bonilla. El Atlético de Madrid se convirtió en uno de los rivales preferentes de la Real en la temporada 1998-1999, cuando vivieron seis duelos (Liga, Copa del Rey y Copa de la UEFA, con idéntico número de victorias para cada equipo, tres, pero eliminando los madrileños a los donostiarras en las dos competiciones del KO), uno de ellos bajo la sombra del asesinato de Aitor Zabaleta a las puertas del Vicente Calderón.
La temporada pasada, la 2010-2011, el Atlético se llevó una inmerecida victoria de Anoeta. Inmerecida porque la gran primera media hora de la Real tuvo que haber dejado mejores réditos que el 1-0 que marcó Llorente. E inmerecida, a pesar de la mejoría colchonera a partir de ese momento, por la desequilibrante actuación arbitral, que se cebó con la Real a la hora de señalar faltas, que perdonó la expulsión de Mario Suárez, que le escamoteó un claro penalti al equipo txuri urdin en una jugada que dio pie al contraataque que supuso el empate y que dio validez al segundo del Atlético a pesar del fuera de juego de Agüero. Entre el desconcierto de la Real, los visitantes marcaron el 1-3. Diego Rivas, con el último de los pocos goles que hizo de txuri urdin, un golazo, puso emoción al partido, pero ya en el descuento Mikel González cometió penalti, este sí claro y pitado, para que el Atlético redondeará el resultado hasta el 2-4 final. A la decimotercera visita del Atlético a Anoeta, los colchoneros consiguieron romper la maldición de este estadio. Con ayuda arbitral, pero la rompieron.
A pesar de que no se conocen tocados o dudas en la convocatoria, Philippe Montanier ha decidido llamar a 19 jugadores para el partido ante el Atlético. Si es fiel a sus palabras anteriores, el descartado será un jugador de ataque, ya que la entrada de Joseba Llorente en la lista convierte en seis los atacantes disponibles y el técnico francés gusta de llamar sólo a cinco. Ésta es una de las dos novedades en la lista, la otra el regreso de Iñigo Martínez tras sus dos partidos de sanción. Se caen del grupo Ansotegi, algo previsible, y Pardo, más sorprendente. El canterano jugará esta semana con el Sanse, sin que Montanier le haya integrado todavía y de verdad en la dinámica del primer equipo. De la Bella e Illarramendi son los dos únicos jugadores que están en la enfermería y el resto son descartes técnicos. El de Sarpong evidencia por completo, si no estaba claro ya a estas alturas, que no cuenta para nada y que el club debe esforzarse en buscarle una salida.
Sin saber quién será el descarte no parece fácil desentrañar la alineación con la que Montanier quiere hacer frente al Atlético de Madrid, pero hay varias cosas seguras. Bravo estará bajo palos y Zubikarai en el banco. Iñigo Martínez regresará al centro de la zaga, presumiblemente junto a Mikel González, y dejando a Demidov en el banquillo.. Cadamuro tiene todas las papeletas para seguir en la izquierda y Estrada en la derecha. Otra opción es el regreso de Carlos Martínez, pero supondría ya mover dos fichas atrás. Por delante de ellos, sería una sorpresa cualquier cosa que no sea repetir el trivote ganador de las últimas fechas, el que forman Elustondo, Aranburu y Zurutuza, más sin haber tenido ya partido el pasado miércoles. Markel y Mariga (no deja de sorprender su convocatoria, no ya sólo por motivos técnicos sino incluso si de verdad el club está negociando su salida) estarán en el banquillo. Y en ataque, son apariencia seguros Griezmann y Agirretxe. Xabi Prieto y Vela se juegan el tercer puesto, con muchas más opciones que Llorente o Ifrán independientemente de quién se quede fuera de la lista, algo que parece estar entre estos dos últimos.
La victoria de la Real en Valencia le permitió colocar los puestos de descenso a tres puntos. El equipo txuri urdin suma 21 puntos, ocupando la decimosexta posición. Ganar al Atlético le permitiría superarle en la tabla, ya que los colchoneros son décimos con 23. Los de Montanier sólo han ganado dos de los ocho partidos que han disputado en Anoeta y los ahora de Simeone aún no han ganado fuera, con dos empates en ocho salidas. Siendo el rival que es y tras ganar en Mestalla, no es de esperar que Anoeta se muestre hostil hacia los suyos por la eliminación copera. El árbitro tampoco ayuda. Muñiz Fernández tiene un historial muy negativo con la Real: doce partidos y una única victoria (¡nada menos que en 2002!), además de algún que otro escándalo con el Athletic sobre todo de por medio. El equipo txuri urdin lleva tres jornadas sin encajar un gol y la cuarta no la alcanza desde la temporada 1997-1998. El Atlético suma cuatro puntos de seis posibles desde que cambió de técnico. La Real lleva ya siete partidos ligueros sin perder, con tres victorias y cuatro empates.
El Atlético de Madrid ha visitado Donostia en 59 ocasiones, todas ellas en Primera División, y el dominio es claramente txuri urdin. Son 31 las victorias, más de la mitad de los duelos disputados, con las mismas derrotas que empates, catorce. La mayor goleada txuri urdin es el 6-1 de la temporada 51-52, con dos goles de Igoa y uno de Alsúa, Barinaga, Epi y Ontoria. Por contra, el triunfo más abultado del Atlético es el 0-4 de la 84-85. Los colchoneros no conocieron la victoria en Anoeta hasta la pasada campaña. En este estadio acumulan desde la temporada 1993-1994 diez derrotas y dos empates. Destaca el 4-1 de la campaña 1999-2000, con dos goles de De Paula y otros dos de Bonilla. El Atlético de Madrid se convirtió en uno de los rivales preferentes de la Real en la temporada 1998-1999, cuando vivieron seis duelos (Liga, Copa del Rey y Copa de la UEFA, con idéntico número de victorias para cada equipo, tres, pero eliminando los madrileños a los donostiarras en las dos competiciones del KO), uno de ellos bajo la sombra del asesinato de Aitor Zabaleta a las puertas del Vicente Calderón.
La temporada pasada, la 2010-2011, el Atlético se llevó una inmerecida victoria de Anoeta. Inmerecida porque la gran primera media hora de la Real tuvo que haber dejado mejores réditos que el 1-0 que marcó Llorente. E inmerecida, a pesar de la mejoría colchonera a partir de ese momento, por la desequilibrante actuación arbitral, que se cebó con la Real a la hora de señalar faltas, que perdonó la expulsión de Mario Suárez, que le escamoteó un claro penalti al equipo txuri urdin en una jugada que dio pie al contraataque que supuso el empate y que dio validez al segundo del Atlético a pesar del fuera de juego de Agüero. Entre el desconcierto de la Real, los visitantes marcaron el 1-3. Diego Rivas, con el último de los pocos goles que hizo de txuri urdin, un golazo, puso emoción al partido, pero ya en el descuento Mikel González cometió penalti, este sí claro y pitado, para que el Atlético redondeará el resultado hasta el 2-4 final. A la decimotercera visita del Atlético a Anoeta, los colchoneros consiguieron romper la maldición de este estadio. Con ayuda arbitral, pero la rompieron.
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martes, enero 17, 2012
Ilusiones
En este punto de la temporada, es todavía posible que la Real logre algún objetivo importante. Lo escribo y me cuesta creerlo. Parece mentira después de todo lo que ha sucedido, pero sigue siendo posible. El equipo está a cinco puntos de los puestos europeos, por lo que no es nada descabellado pensar que se puede llegar a ellos y culminar esta extraña temporada con un éxito. Hace siete semanas la Real era colista y hoy le saca diez puntos al equipo que ocupa esa posición. Las matemáticas no engañan y con sesenta puntos en juego sería absurdo que el equipo no pensara en que cotas mayores son posibles. Ganando al Atlético igualaría el registro de la primera vuelta de la temporada pasada, que concluyó pensando en Europa. El problema es que "ilusión" no es precisamente el término que está marcando la temporada. Han sido muchos los palos anímicos que hemos recibido. Hemos sido colistas, hemos experimentado la humillación en la Copa, hemos desperdiciado partidos tan bonitos como el derbi o el duelo ante el Real Madrid, hemos tenido al entrenador al borde del cese al menos en dos ocasiones.
Todo eso contribuye al cansancio anímico que agrava las crisis. Pero el caso es que el equipo da dos buenas noticias seguidas y ahí estamos ilusionados de nuevo. Cuando vienen mal dadas, sale mucha gente dispuesta a aniquilarlo todo, incluso lo que se hace bien, y eso también lo he lamentado muchas veces. Pero cuando hay triunfos la euforia se dispara sin medida. Y no me refiero a esas posibilidades de luchar por Europa, que no he mencionado por creer en ellas tanto como por simple aplicación de las matemáticas. Me refiero a los juicios rápidos. Parece que en Mestalla la Real jugó un partidazo sin igual y tampoco es eso. Ojo, no menosprecio ganar allí. Al contrario, lo valoro mucho por ser una plaza muy complicada, ahora y a lo largo de la historia. Pero se pasa por alto que el Valencia remató como quiso los córners que tuvo, y que si llega a adelantarse en la primera mitad habríamos visto otro partido. Se minimiza el efecto del once que sacó Emery, a todas luces suplente y en muchos casos decepcionante. Y se olvida que la Real no entró bien al partido, como de costumbre, y convirtió en gol su primer tiro a puerta, suerte que no suele acontecer en esto del fútbol.
La Real, en todo caso, no estuvo mal en Valencia, y hay signos de que se hacen unas cuantas cosas bien. No las suficientes como para mirar con relajación los puestos de abajo, pero unas cuantas. Y es que equipo hay, sigo convencido de ello. Pero conviene no olvidar que los varapalos han marcado ya esta temporada. Ese fenómeno de estar viviendo en una montaña rusa emocional es una constante a lo largo de los últimos tiempos y no hay que irse muy lejos en el tiempo para comprobarlo, pues casi existía el convencimiento de que disputar la final de la Copa del Rey era casi un hecho después del 2-0 al Mallorca del partido de ida de octavos. No hay nada que quiera más que ilusionarme de nuevo con la Real, pero ahora tengo que reconocer que me cuesta. Y no sólo por lo de Mallorca, no, que para mí el problema de este club es más profundo que una derrota, por muy dolorosa que pueda ser. Aunque entenderé a quien se quiera ilusionar, yo ahora mismo sólo tengo en mente que esta temporada de altibajos nos deje más cerca de los de arriba que de los de abajo. Ojalá el equipo me desmienta.
Todo eso contribuye al cansancio anímico que agrava las crisis. Pero el caso es que el equipo da dos buenas noticias seguidas y ahí estamos ilusionados de nuevo. Cuando vienen mal dadas, sale mucha gente dispuesta a aniquilarlo todo, incluso lo que se hace bien, y eso también lo he lamentado muchas veces. Pero cuando hay triunfos la euforia se dispara sin medida. Y no me refiero a esas posibilidades de luchar por Europa, que no he mencionado por creer en ellas tanto como por simple aplicación de las matemáticas. Me refiero a los juicios rápidos. Parece que en Mestalla la Real jugó un partidazo sin igual y tampoco es eso. Ojo, no menosprecio ganar allí. Al contrario, lo valoro mucho por ser una plaza muy complicada, ahora y a lo largo de la historia. Pero se pasa por alto que el Valencia remató como quiso los córners que tuvo, y que si llega a adelantarse en la primera mitad habríamos visto otro partido. Se minimiza el efecto del once que sacó Emery, a todas luces suplente y en muchos casos decepcionante. Y se olvida que la Real no entró bien al partido, como de costumbre, y convirtió en gol su primer tiro a puerta, suerte que no suele acontecer en esto del fútbol.
La Real, en todo caso, no estuvo mal en Valencia, y hay signos de que se hacen unas cuantas cosas bien. No las suficientes como para mirar con relajación los puestos de abajo, pero unas cuantas. Y es que equipo hay, sigo convencido de ello. Pero conviene no olvidar que los varapalos han marcado ya esta temporada. Ese fenómeno de estar viviendo en una montaña rusa emocional es una constante a lo largo de los últimos tiempos y no hay que irse muy lejos en el tiempo para comprobarlo, pues casi existía el convencimiento de que disputar la final de la Copa del Rey era casi un hecho después del 2-0 al Mallorca del partido de ida de octavos. No hay nada que quiera más que ilusionarme de nuevo con la Real, pero ahora tengo que reconocer que me cuesta. Y no sólo por lo de Mallorca, no, que para mí el problema de este club es más profundo que una derrota, por muy dolorosa que pueda ser. Aunque entenderé a quien se quiera ilusionar, yo ahora mismo sólo tengo en mente que esta temporada de altibajos nos deje más cerca de los de arriba que de los de abajo. Ojalá el equipo me desmienta.
domingo, enero 15, 2012
VALENCIA 0 - REAL SOCIEDAD 1 El extraño triunfo de la normalidad
El triunfo de la Real en Mestalla fue extraño y normal a la vez. ¿Cómo se hace eso? Fácil. Asumiendo que lo normal es lo que hace funcionar a este equipo, que lejos de las excentricidades y las presunciones de que las cosas no son lo que de verdad parecen. Aprovechando los puntos fuertes de sus piezas y minimizando los débiles. Sacando partido de que los demás sí tienen que pensar en más cosas además de su partido de cada fin de semana. Y fue extraño porque llegó de una forma diferente. Llegó de rebote, pero del rebote de una gran jugada de Griezmann que se pareció mucho a una que nos debió dar los tres puntos ante Osasuna. Extraña porque la providencia se nos apareció para impedir que una de esas excentricidades, dar una camiseta a Mariga, sea txuri urdin o amarilla, nos costara en el tramo final los tres puntos merecidos en la batalla. Extraña porque esta vez el árbitro no tuvo tanta prisa por pitar lo que no es. Fue el extraño triunfo de la normalidad. Y un pequeño respiro, no más, después de la histórica debacle de Mallorca.
Montanier retomó la lógica en la alineación que ha presidido el último tramo en la Liga y apostó por un equipo casi idéntico al que arrolló sin premio a Osasuna hace una semana. Sólo hubo una variante, que invita a pensar a quién y a quién no ha pasado factura la eliminación copera. Aunque quizá no fuera más que una rotación para administrar esfuerzos, que no se han notado en el rendimiento efectivo del equipo, eso sólo lo sabe el técnico francés. Vela dejó su sitio a Xabi Prieto, un cambio que pareció funcionar con el todavía insuficiente pero seguramente mejor partido liguero del diez txuri urdin. Qué importante es recuperarle. Con otro resultado, pero el partido en Valencia vino a confirmar ciertos defectos de la Real, de esos que por desgracia caen en el olvido cuando el resultado es favorable. El regreso al once de Mikel González fue la demostración de por qué un jugador en forma no debe salir del once a menos que está exhausto. Y con exhausto quiero decir muerto e inhabilitado para la práctica deportiva. Partidazo del central, en una temporada espléndida en la que no partía como titular. El otro defecto ya habitual de este equipo es lo tarde que entra en los partidos. En Valencia lo volvió a demostrar.
Esa falta de intensidad inicial, la misma que mostró en Mallorca, en Granada, en Vallecas, en Zaragoza, en los partidos en Anoeta contra Athletic o Barça hizo que el Valencia rondara el área de Bravo en el primer cuarto de hora y, de forma consecutiva, generara dos claras ocasiones de peligro. El disparo desde fuera del área de Pablo Hernández lo despejó con la seguridad habitual el guardameta chileno y el cabezazo de Aduriz tras el posterior córner lo sacó el larguero. Ya era hora de que los palos se aliaran con la Real, porque menuda temporada estamos viviendo en ese aspecto del juego. Con el gol anulado al propio Aduriz en el minuto 25, por un clarísimo e indiscutible fuera de juego, se acabó el Valencia. Emery rotó su once pensando en la Copa y vivió en primera persona el miedo que podía tenerle la Real a este mes de enero en caso de haber tenido el lógico éxito en la Copa. El Valencia tuvo un partido muy duro contra el Sevilla y le espera otra eliminatoria sin apenas preparación. Eso y la sensible baja de Soldado por sanción disminuyeron su potencial. Y la Real, después del arranque dubitativo, lo supo aprovechar.
Lo hizo de forma más lógica: jugando como sabe. El control del partido nació del centro del campo. De que Elustondo creciera, de que Araburu ofreciera una nueva lección (una de esas preguntas que nadie se hace cuando ganamos: ¿por qué Montanier prescindió del capitán con tanta facilidad en el primer tercio de la Liga?) y del trabajo inagotable de Zurutuza. Agirretxe se sacrificaba para poner su esfuerzo al servicio de los demás, y su juego de espaldas siempre da opciones a sus compañeros. Me da que el nueve txuri urdin ha aprendido mucho de Llorente, ese apestado para Montanier, desde que el Flaco ha vuelto al vestuario de la Real. Xabi Prieto, quizá con la misma progresión que Elustondo, comenzó a crecer. No tanto con el balón en los pies, ya que no tuvo una intervención decisiva en estos minutos finales de la primera mitad, pero sí entendiendo el juego, moviéndose a las posiciones en las que era necesario y buscando dar respiros a la defensa. Y los laterales comenzaron a subir sus bandas. La Real llegó al descanso siendo mejor que el Valencia. Nada del otro mundo, porque sólo disparó fuera en una ocasión el propio Xabi Prieto, pero lo necesario para demostrar que, cuando quiere, este equipo tiene firmeza.
Todos conocemos que Mestalla es un campo poco paciente con los suyos, y antes del intermedio ya se puso a pitar a los suyos, olvidando su tercera posición en la Liga detrás de los inalcanzables y su reciente clasificación para los cuartos de final de la Copa. Y por eso el descanso sólo podía verse como una mala noticia para la Real, acostumbrada a revivir muertos en situaciones muy parecidas a las que brindaba este encuentro en su ecuador. Pero esta vez no. Tras algún pequeño aviso sin excesivo peligro, el equipo txuri urdin convirtió en gol su primera llegada de absoluta claridad. Griezmann arrancó en el centro del campo una carrera muy similar a la que protagonizó ante Osasuna, colándose entre los rivales sin que ninguno pudiera detenerle. Su disparo lo repelió la defensa, rebotó primero en la pierna y después en el brazo del francés, que enganchó un nuevo disparo. Y ahí sucedieron dos cosas que este año han ido habitualmente en contra. Primero, el árbitro dejó seguir. No había infracción de ningún tipo, pero por menos se han anulado jugadas y goles. Segunda, el tiro de Griezmann rebotó de nuevo en la defensa y adquirió una parábola imposible para Alves. Un rebote que favorece. Al fin.
Tras el gol, la Real vivió quince minutos muy buenos, en los que se olía el 0-2 mucho más que el empate del Valencia, que ni se acercaba con peligro al área de Bravo, un espectador más en la segunda mitad salvo para demostrar su abrumadora seguridad en los balones que cruzan sus dominios. En el minuto 68, Montanier volvió a repetir errores en los cambios, sin contar la testimonial entrada de Carlos Martínez en el descuento con el único afán de perder tiempo. Entró Vela, y ahí sí hubo un claro acierto porque la Real se estaba moviendo bien al contraataque y necesitaba la velocidad del mexicano o de Ifrán (que nuevamente se quedó sin jugar un minuto y que seguro que está pensando ya en su posible marcha del equipo) para tratar de finiquitar el partido. Pero quitó a Agirretxe. Una semana atrás, su salida del campo frenó las posibilidades de juego de la Real ante el Osasuna. En Mestalla no se acusó tanto como entonces, pero se notó igualmente. A la Real le gusta tener su referencia arriba y su sacrificio suele ser bien aprovechado. Pero el error de Montanier más flagrante estuvo en su segundo cambio, dando una nueva oportunidad a Mariga que, de nuevo, estuvo a punto de salir muy mal.
No es cuestión de cargar las tintas sobre él, aunque bien que se esfuerza el keniata es que lo hagamos con su intrascendencia en cualquier aspecto positivo del juego, pero su caso se está convirtiendo en algo dificilísimo de entender. Es un jugador que no aporta absolutamente nada en el campo. Más bien al contrario. En Mestalla, de hecho, perdió un balón peligrosísimo en el descuento que le pudo haber costado dos puntos a la Real si el Valencia hubiera estado vivo. Y eso sin recordar que dos de esos cuatro fatídicos goles de Mallorca llegan con su marcaje. Pero ya no es sólo que juegue él. Es lo que provoca su presencia. Montanier se llevó 19 jugadores a la ciudad del Turia por las molestias de Elustondo, molestias que finalmente no le impidieron jugar los 90 minutos. El descartado fue Pardo. ¿Por qué hacer viajar a un chaval de 19 años si se va a quedar en la grada? En el banquillo se quedó Markel, que está viviendo lo mismo que el ahora aparentemente imprescindible Elustondo en el primer tercio del campeonato, en el que no entró en ningún momento tras recuperarse de una lesión, cuestión que ahora tampoco se recuerda para jugar la gestión de la plantilla de Montanier. Lo de Mariga, por cierto, no es sólo ya una cuestión de lo que hace en el campo. Ayer fue absolutamente sorprendente ver la enorme cantidad de minutos que tardó en prepararse para saltar al terreno de juego. No sé qué ha visto en él Montanier, es sencillamente asombroso.
Salvo ese susto provocado por Mariga, la cosa salió bien y los tres puntos volaron a Donostia. Tres puntos de oro. El Valencia nunca estuvo cerca de empatar, y eso es mérito de la Real. También y sobre todo de sus jugadores, de esos a los que el club desde todas sus instancias ha puesto en el punto de mira esta semana. Si no pasan muchas cosas raras en esta jornada de domingo, la Real aumentará la distancia con respecto a los puestos de descenso y, sobre todo, ganará tranquilidad para afrontar los dos partidos seguidos que tiene ahora en Anoeta, que en caso de haber perdido en Mestalla habrían adquirido la categoría de vitales. El equipo txuri urdin acumula siete jornadas sin perder y ahora debe convertir Anoeta en el ansiado fortín que no ha sido durante la primera vuelta para llegar al final de Liga sin apuros. La primera etapa de la desilusión abierta por el fiasco de Mallorca se solventó con buena nota. Más por el escenario de la victoria, en el que, ojo, sólo había ganado el Real Madrid, que por la excelencia futbolística del equipo. Pero sí quedó claro que cuando las cosas se hacen con normalidad, este equipo crece y gana. Por extraño que pueda parecer.
Montanier retomó la lógica en la alineación que ha presidido el último tramo en la Liga y apostó por un equipo casi idéntico al que arrolló sin premio a Osasuna hace una semana. Sólo hubo una variante, que invita a pensar a quién y a quién no ha pasado factura la eliminación copera. Aunque quizá no fuera más que una rotación para administrar esfuerzos, que no se han notado en el rendimiento efectivo del equipo, eso sólo lo sabe el técnico francés. Vela dejó su sitio a Xabi Prieto, un cambio que pareció funcionar con el todavía insuficiente pero seguramente mejor partido liguero del diez txuri urdin. Qué importante es recuperarle. Con otro resultado, pero el partido en Valencia vino a confirmar ciertos defectos de la Real, de esos que por desgracia caen en el olvido cuando el resultado es favorable. El regreso al once de Mikel González fue la demostración de por qué un jugador en forma no debe salir del once a menos que está exhausto. Y con exhausto quiero decir muerto e inhabilitado para la práctica deportiva. Partidazo del central, en una temporada espléndida en la que no partía como titular. El otro defecto ya habitual de este equipo es lo tarde que entra en los partidos. En Valencia lo volvió a demostrar.
Esa falta de intensidad inicial, la misma que mostró en Mallorca, en Granada, en Vallecas, en Zaragoza, en los partidos en Anoeta contra Athletic o Barça hizo que el Valencia rondara el área de Bravo en el primer cuarto de hora y, de forma consecutiva, generara dos claras ocasiones de peligro. El disparo desde fuera del área de Pablo Hernández lo despejó con la seguridad habitual el guardameta chileno y el cabezazo de Aduriz tras el posterior córner lo sacó el larguero. Ya era hora de que los palos se aliaran con la Real, porque menuda temporada estamos viviendo en ese aspecto del juego. Con el gol anulado al propio Aduriz en el minuto 25, por un clarísimo e indiscutible fuera de juego, se acabó el Valencia. Emery rotó su once pensando en la Copa y vivió en primera persona el miedo que podía tenerle la Real a este mes de enero en caso de haber tenido el lógico éxito en la Copa. El Valencia tuvo un partido muy duro contra el Sevilla y le espera otra eliminatoria sin apenas preparación. Eso y la sensible baja de Soldado por sanción disminuyeron su potencial. Y la Real, después del arranque dubitativo, lo supo aprovechar.
Lo hizo de forma más lógica: jugando como sabe. El control del partido nació del centro del campo. De que Elustondo creciera, de que Araburu ofreciera una nueva lección (una de esas preguntas que nadie se hace cuando ganamos: ¿por qué Montanier prescindió del capitán con tanta facilidad en el primer tercio de la Liga?) y del trabajo inagotable de Zurutuza. Agirretxe se sacrificaba para poner su esfuerzo al servicio de los demás, y su juego de espaldas siempre da opciones a sus compañeros. Me da que el nueve txuri urdin ha aprendido mucho de Llorente, ese apestado para Montanier, desde que el Flaco ha vuelto al vestuario de la Real. Xabi Prieto, quizá con la misma progresión que Elustondo, comenzó a crecer. No tanto con el balón en los pies, ya que no tuvo una intervención decisiva en estos minutos finales de la primera mitad, pero sí entendiendo el juego, moviéndose a las posiciones en las que era necesario y buscando dar respiros a la defensa. Y los laterales comenzaron a subir sus bandas. La Real llegó al descanso siendo mejor que el Valencia. Nada del otro mundo, porque sólo disparó fuera en una ocasión el propio Xabi Prieto, pero lo necesario para demostrar que, cuando quiere, este equipo tiene firmeza.
Todos conocemos que Mestalla es un campo poco paciente con los suyos, y antes del intermedio ya se puso a pitar a los suyos, olvidando su tercera posición en la Liga detrás de los inalcanzables y su reciente clasificación para los cuartos de final de la Copa. Y por eso el descanso sólo podía verse como una mala noticia para la Real, acostumbrada a revivir muertos en situaciones muy parecidas a las que brindaba este encuentro en su ecuador. Pero esta vez no. Tras algún pequeño aviso sin excesivo peligro, el equipo txuri urdin convirtió en gol su primera llegada de absoluta claridad. Griezmann arrancó en el centro del campo una carrera muy similar a la que protagonizó ante Osasuna, colándose entre los rivales sin que ninguno pudiera detenerle. Su disparo lo repelió la defensa, rebotó primero en la pierna y después en el brazo del francés, que enganchó un nuevo disparo. Y ahí sucedieron dos cosas que este año han ido habitualmente en contra. Primero, el árbitro dejó seguir. No había infracción de ningún tipo, pero por menos se han anulado jugadas y goles. Segunda, el tiro de Griezmann rebotó de nuevo en la defensa y adquirió una parábola imposible para Alves. Un rebote que favorece. Al fin.
Tras el gol, la Real vivió quince minutos muy buenos, en los que se olía el 0-2 mucho más que el empate del Valencia, que ni se acercaba con peligro al área de Bravo, un espectador más en la segunda mitad salvo para demostrar su abrumadora seguridad en los balones que cruzan sus dominios. En el minuto 68, Montanier volvió a repetir errores en los cambios, sin contar la testimonial entrada de Carlos Martínez en el descuento con el único afán de perder tiempo. Entró Vela, y ahí sí hubo un claro acierto porque la Real se estaba moviendo bien al contraataque y necesitaba la velocidad del mexicano o de Ifrán (que nuevamente se quedó sin jugar un minuto y que seguro que está pensando ya en su posible marcha del equipo) para tratar de finiquitar el partido. Pero quitó a Agirretxe. Una semana atrás, su salida del campo frenó las posibilidades de juego de la Real ante el Osasuna. En Mestalla no se acusó tanto como entonces, pero se notó igualmente. A la Real le gusta tener su referencia arriba y su sacrificio suele ser bien aprovechado. Pero el error de Montanier más flagrante estuvo en su segundo cambio, dando una nueva oportunidad a Mariga que, de nuevo, estuvo a punto de salir muy mal.
No es cuestión de cargar las tintas sobre él, aunque bien que se esfuerza el keniata es que lo hagamos con su intrascendencia en cualquier aspecto positivo del juego, pero su caso se está convirtiendo en algo dificilísimo de entender. Es un jugador que no aporta absolutamente nada en el campo. Más bien al contrario. En Mestalla, de hecho, perdió un balón peligrosísimo en el descuento que le pudo haber costado dos puntos a la Real si el Valencia hubiera estado vivo. Y eso sin recordar que dos de esos cuatro fatídicos goles de Mallorca llegan con su marcaje. Pero ya no es sólo que juegue él. Es lo que provoca su presencia. Montanier se llevó 19 jugadores a la ciudad del Turia por las molestias de Elustondo, molestias que finalmente no le impidieron jugar los 90 minutos. El descartado fue Pardo. ¿Por qué hacer viajar a un chaval de 19 años si se va a quedar en la grada? En el banquillo se quedó Markel, que está viviendo lo mismo que el ahora aparentemente imprescindible Elustondo en el primer tercio del campeonato, en el que no entró en ningún momento tras recuperarse de una lesión, cuestión que ahora tampoco se recuerda para jugar la gestión de la plantilla de Montanier. Lo de Mariga, por cierto, no es sólo ya una cuestión de lo que hace en el campo. Ayer fue absolutamente sorprendente ver la enorme cantidad de minutos que tardó en prepararse para saltar al terreno de juego. No sé qué ha visto en él Montanier, es sencillamente asombroso.
Salvo ese susto provocado por Mariga, la cosa salió bien y los tres puntos volaron a Donostia. Tres puntos de oro. El Valencia nunca estuvo cerca de empatar, y eso es mérito de la Real. También y sobre todo de sus jugadores, de esos a los que el club desde todas sus instancias ha puesto en el punto de mira esta semana. Si no pasan muchas cosas raras en esta jornada de domingo, la Real aumentará la distancia con respecto a los puestos de descenso y, sobre todo, ganará tranquilidad para afrontar los dos partidos seguidos que tiene ahora en Anoeta, que en caso de haber perdido en Mestalla habrían adquirido la categoría de vitales. El equipo txuri urdin acumula siete jornadas sin perder y ahora debe convertir Anoeta en el ansiado fortín que no ha sido durante la primera vuelta para llegar al final de Liga sin apuros. La primera etapa de la desilusión abierta por el fiasco de Mallorca se solventó con buena nota. Más por el escenario de la victoria, en el que, ojo, sólo había ganado el Real Madrid, que por la excelencia futbolística del equipo. Pero sí quedó claro que cuando las cosas se hacen con normalidad, este equipo crece y gana. Por extraño que pueda parecer.
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