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jueves, septiembre 04, 2025

Corazón Txuri Urdin, el podcast. La agresión de Arzeno que Prados García convirtió en falta de Jankauskas

Una jugada no cambia una temporada, pero no cabe duda que empezar bien una Liga marca mucho. Si la Real no lo hizo en la temporada 2000-01 fue porque el árbitro del Real Sociedad - Racing de la primera jornada, Prados García, decidió transformar una alevosa agresión de Arzeno a Jankauskas que llegó ya en el descuento de un partido que en ese momento ganaba el equipo txuri urdin por 2-1 en una falta a favor del equipo cántabro. A Jankauskas le tuvieron que poner siete puntos en la ceja, mientras en el saque de esa imaginada infracción el Racing lograba el gol del empate y arrebataba a la Real dos merecidos puntos.

La jugada provocó una agria polémica que llevó a la Real a denunciar a Arzeno para que fuera sancionado con justicia, después de que este se pronunciara con cinismo sobre la jugada. Todo lo acontecido en el partido y en los días posteriores centra el episodio de esta semana de Corazón Txuri Urdin, el podcast de historias sobre la Historia de la Real Sociedad, que podéis escuchar en este enlace.

Y como hacemos todas las semanas, os recordamos que el podcast se puede escuchar también en Spotify, en este enlace. Además, os indicamos una vez más que agradeceremos cualquier sugerencia que tengáis para seguir alimentando este espacio.

martes, junio 03, 2025

RESUMEN DE LA TEMPORADA (7) Qué difícil es arbitrar

Uno de esos tópicos que cansan hasta la saciedad es aquel de qué difícil es arbitrar. Cualquier profesión es difícil, mucho más si no se domina o si no hay unas normas claras que aplicar. Da igual en qué profesión estéis pensando, todo es difícil si se hace mal o si no se sabe hacer. Y sí, se arbitra mal porque el fútbol es el único deporte que presume de sus desigualdades, dicen algo así como que es la salsa del fútbol. Pero es que el fútbol es también el único deporte que no es capaz de explicar esas jugadas y el único en el que un mismo reglamento sirve para justificar una decisión y la contraria en situaciones prácticamente idénticas. Qué difícil es arbitrar, sí, lo cuando cuando se hace de manera honesta y justa y el error, esto sí, se entiende como parte del juego, pero qué fácil podría ser en muchas situaciones con autocrítica y colaboración con quienes, por mucho que a veces parezca que les molesta, son los auténticos protagonistas del juego.

La temporada de la Real quedó marcada para siempre con una triste noche, la del 13 de marzo. Aquel día, Old Trafford vivió el que parece uno de los mayores escándalos arbitrales de la historia de la Europa League... sin que pasara absolutamente nada. El francés Benoît Bastien tuvo que decidir sobre cuatro jugadas de penalti y una expulsión. Se equivocó en todas y en todas decidió a favor del Manchester United. Otros sabrán mucho más de estadística, pero es algo que parece improbable que sucede si se está aplicando justicia correctamente. Una semana después de aquello, Bastien estaba arbitrando el partido entre Bulgaria e Irlanda de la Liga de Naciones, torneo organizado por la misma UEFA que le envió a arbitrar el Manchester United - Real Sociedad. Será que, como dicen por ahí, el equipo txuri urdin no tiene repercusión mundial.

Aquel día sirvió para certificar que lo del arbitraje europeo no existe, es una leyenda que se aplica solo a algunos que visten otras camisetas, como también quedó claro cuando el arbitraje del belga Lawrence Visser decidió desnivelar al Lazio - Real Sociedad expulsando a Aihen antes de la media hora de juego con dos faltas que a esos otros equipos que todos tenemos en mente jamás se las sacarían. ¿Eran justas con el reglamento en la mano? Igual sí, aunque ahora sea francamente difícil saber qué es cada cosa según un manoseado reglamento que ya no aclara nada, pero el problema está en el agravio comparativo. Y ahí los arbitrajes europeos conectan con los españoles, que son expertos en esa injusta aplicación de las normas, algo que han convertido en un arte que incluso retuerce las voluntades de los propios aficionados de los equipos que en realidad han sido perjudicados.

Un ejemplo claro. O, mejor dicho, dos. Las expulsiones de Zubeldia en el Benito Villamarín y de Aritz en Montjuic contra Betis y Barcelona respectivamente fueron muy parecidas, aunque el propio Imanol quiso diferenciarlas. Dos faltas en el centro del campo cometidas por un supuesto último defensor a cuarenta metros de la portería de Remito. Ambas fueron sancionadas con roja directa. Ni VAR, ni nada. Si se buscan hay muchas jugadas idénticas juzgadas con distinto rasero, pero el culmen de este disparate fue ver en un Barcelona - Real Madrid, cómo no, una falta de un último defensor, no a cuarenta metros de la portería sino en el mismo borde del área, que se castigó con tarjeta amarilla. Por mucho que quieran negarlo, no se pita igual a equipos de distinta camiseta o con distintos objetivos en la Liga, y eso, se mire como se mire, se llama adulterar la competición.

Podemos pensar en otras muchas jugadas que han rozado el absurdo. La roja a Oyarzabal en una jugada que en vivo fue sancionada con falta del Alavés y que no deja de ser un incidente de juego sin maldad ni intención ahora por lo visto hay que asumirla como algo no solo normal, sino incluso lógico. La mano que, VAR mediante, no se quiso pitar en el área del Celta en su visita a Anoeta, siendo además el partido que sentencia de una manera evidente las opciones de la Real de pelear hasta el final por la Europa League, cuando una igual de accidente se entiende como un penalti clarísimo en su ya intrascendente visita al Bernabéu de la última jornada. O el famoso penalti residual, como lo llaman ahora, que Martínez Munuera pitó a Aramburu sobre Vinicius, cuando tantos otros han dejado de señalarse a favor de la Real. Han sido tantas las situaciones absurdas e injustas que sería imposible recopilarlas todas, y lo que a veces resulta agotador es que, sin análisis, la única vía que parece quedar para alzar la voz sea la ironía en las redes sociales oficiales del club.

Con todo, podemos seguir mirando a situaciones de lo más llamativo. Juntar dos datos como que Kubo ha sido el jugador que más faltas ha recibido con el hecho de que la Real ha sido un equipo que no ha jugado ni un solo minuto en superioridad numérica por expulsión del rival es una llamada a la reflexión evidente. Da la sensación de que con la Real el arbitraje ha sido en general muy quisquilloso a la hora de castigar sus faltas en la presión alta y muy permisivo a la hora de castigar las infracciones sufridas. Si con el evidente bajón en muchas facetas del juego experimentado por el equipo txuri urdin se le elimina una de las armas que sí ha sabido aplicar en distintas fases de la temporada (¿recordamos cómo llegó al gol de la temporada 2023-24 al Inter hoy campeón de Europa y alimentamos la duda de si hoy o en la Liga se hubiera pitado falta...?). el resultado lógicamente supone una piedra más en el camino que la Real no supo culminar con la sexta clasificación consecutiva para competiciones continentales.

Gil Manzano fue uno de los árbitros que se significó, sobre todo con una actuación en Sevilla contra el Betis ya mencionada, pero que incluso hizo que el siempre comedido Imanol levantara la voz. ""i lo ha pitado lo habrá visto claro, aunque creo que lo podía haber revisado, era evitable y teniendo el VAR además. Había muchas ganas de pitarlo, igual que el penalti", dijo tanto de la referida expulsión de Zubeldia como de la pena máxima que le señaló a Aihen, elementos clave para que el Betis ganara aquel día con un claro 3-0 que le permitió al equipo txuri urdin en la tabla y dispararse a un final de Liga extraordinario que le permitió clasificarse para la Europa League e incluso soñar en algún momento con disputar alguna plaza Champions. Cómo debió ver el Comité Técnico de Árbitros estas jugadas para no interponer una denuncia contra Imanol por sus palabras, algo que han hecho con tantos y tantos protagonistas de la Liga que se han quejado en términos parecidos.

¿Se ha quedado la Real fuera de Europa por los arbitraje? No, aunque no hay que olvidar que el claro fuera de juego de Mbappé en una jugada clave para que la Real no mantuviera en el Santiago Bernabéu el 1-3 que le habría llevado a la final de Copa podría haber cambiado la historia de esta temporada de una manera evidente. No, la Real ha sumado muchos deméritos que, sobre todo en la Liga, han hecho que esté muy lejos del nivel que tendría que haber demostrado. Pero tampoco parece razonable escudarse de manera continua en un mal juego o unos escasos resultados para eliminar de la ecuación la influencia del arbitraje, sus enormes desigualdades y su nivel por momentos bajísimo. Ni el propio colectivo arbitral parece estar dispuesto a manejar, con lo cual todo esto se convierte en una queja anual que no sirve para nada, pero es imprescindible que este grito no decaiga. Si el fútbol no encuentra justicia por esta vía, está en serio peligro de convertirse en algo mucho más feo de lo que ha sido siempre. Y urge ponernos ya manos a la obra.

jueves, abril 03, 2025

Corazón Txuri Urdin, el podcast. La anécdota por el sueldo arbitral del Real - Sporting de la 1985-86

Cuánto juego dio el dinero que cobró Calvo Córdova por arbitrar el Real Sociedad - Sporting de Gijón de la temporada 1985-86, un dinero que le costó lo suyo ganarse, muy protestado por la afición local y que acabó donado y siendo objeto de un divertido equívoco televisivo.

Lo que sucedió con aquellas 15.000 pesetas centra el episodio de esta semana de Corazón Txuri Urdin, el podcast de historias sobre la Historia de la Real Sociedad, que podéis escuchar en este enlace.

El podcast, lo recordamos una semana más, también se puede escuchar en Spotify, en este enlace. Como siempre, os animamos a hacernos llegar sugerencias, partidos, anécdotas, personajes que queráis ver en este podcast.

jueves, febrero 27, 2025

Corazón Txuri Urdin, el podcast. El insulto de Toshack que solo Pajares Paz escuchó

En la temporada 1991-92, el Real Sociedad - Osasuna que se disputó en Atotxa fue un partido malo, que no ofreció ninguna razón de peso para entrar en la Historia más que por un incidente arbitral de lo más curioso. Pajares Paz, colegiado del encuentro, decidió expulsar al entrenador realista, John Toshack. En el acto explicó que fue por unos insultos que el galés negó... y que las imágenes de televisión probaron que jamás profirió contra el árbitro.

Todo lo que sucedió en ese rifirrafe entre el galés y el árbitro, así como la sanción que impusieron al técnico txuri urdin y después le quitaron centra el episodio de esta semana de Corazón Txuri Urdin, el podcast de historias sobre la Historia de la Real Sociedad, que podéis escuchar en este enlace.

Ya lo sabéis, y si no lo recordamos, el podcast se puede escuchar también en Spotify, en este enlace. Y os decimos una vez más que estamos abiertos a atender cualquier sugerencia que podáis tener para crear nuevas historias.

lunes, junio 03, 2024

RESUMEN DE LA TEMPORADA 2023-2024 (7) Otra temporada nefasta del arbitraje

Si estamos hablando de una temporada en la que la Real dejó de jugar una final de Copa por una semifinal a doble partido con decisiones en ambos partidos que afectaron claramente al resultado, la conclusión más inmediata y evidente es que el arbitraje sigue viviendo días muy oscuros. Días que la implantación del VAR no solo no ha conseguido enterrar, sino que los ha acentuado. Con cada nuevo paso que se quiere dar, la situación parece todavía peor y el fútbol es cada vez menos fútbol, la poca credibilidad que se pudiera tener en el arbitraje está en una caída sin frenos y a nadie parece importarle. Nadie aporta soluciones, no hay quejas globales y organizadas, y el fútbol sigue sufriendo, víctima también de un madridbarçismo cada vez más insoportable. Arbitralmente, ha sido otra temporada nefasta

La Real, decíamos, no consiguió eliminar al Mallorca en las semifinales de la Copa del Rey. Resultó decisivo que Tierney marcara el que habría sido su primer gol con la Real ya en la prórroga, con 1-1 en el marcador, y Gil Manzano no le diera validez. En España no existe tecnología de gol porque no quieren sus dirigentes, y eso tuvo un efecto de trascendencia insuperable aquel día, en el que Pizarro Gómez desde el VAR no se atrevió a decirle al árbitro de campo, seguramente con la lógica de no tener una toma definitiva, que la Real había marcado. Aquello, que tendría que haber sido un escándalo definitivo, apenas se comentó. Desde luego, se habló mucho más de un gol fantasma del Barcelona en el Bernabéu unos días después que habría servido, en el mejor de los casos, para retrasar el alirón del equipo blanco. Aquello sí generó ruido.

Pero es que en el partido de ida, en Mallorca, hubo un claro derribo a Barrenetxea dentro del área del que ni Muñiz Ruiz desde el campo ni González Fuertes desde el VAR quisieron saber nada. Es la tónica en el fútbol español, donde ya se ha normalizado que media docena de partidos cada jornada tengan mucha polémica, resultados afectados directamente por el uso o no uso del VAR y criterios de una disparidad absoluta entre un arbitro y el que pita la semana siguiente. Lo vimos, por ejemplo, con las manos. Una de Carvajal en la visita del Real Madrid Anoeta, con 0-1 en el marcador y en los minutos finales, fue ignorada por Munuera Montero desde el campo, y rápidamente zanjada por Busquets Ferrer con el videoarbitraje, a pesar de las protestas de Becker, y sin embargo el VAR de Iglesias Villanueva se tomó su tiempo para indicar a Arberola Rojas que mandara al punto de penalti una mano de Odrizola contra el Barcelona en Montjuic tres minutos después de que se produjera para sorpresa hasta del equipo blaugrana.

Munuera Montero, nuevamente, ha sido uno de esos árbitros a tener en cuenta en la vida de la Real. Queda ya para la historia negra lo que hizo en el Metropolitano en perjuicio del equipo txuri urdin, coronando su siempre sibilina actuación con dos acciones de penalti sobre las que decidió de manera tan desigual como injusta. Prieto Iglesias le llamó la atención desde el VAR por una clara mano de Morata dentro del área, fue a verla al monitor y decidió mantener su criterio. Lo sorprendente vino unos minutos después, cuando una mano de Carlos Fernández, en el suelo y de espaldas, sí fue sancionada como penalti. Sin esperar a ninguna indicación del VAR, sin ir a verlo siquiera a la pantalla, ahí sí tuvo los arrestos de responder a las inmediatas protestas de los jugadores de la Real con una vehemencia inverosímil. "Es una mano como una catedral", les decía. El colegiado fue a la nevera por esta actuación, lo que no impidió al Comité volver a enviarle a Anoeta contra el Madrid cuando la Real luchaba por conseguir su plaza europea. Munuera Montero es, desde luego, la peor noticia que puede recibir la Real antes de un partido.

Ojalá fuera el único nombre que nos hace temblar, pero no es así. Y no es asumible que el arbitraje genera estas sensaciones. Durante muchas jornadas, se aceptó como algo inamovible lo que dictara el VAR, los colegiados no se atrevían desde el campo a llevarles la contrario (hasta Munuera Montero en el Metropolitano, claro). La Liga, de hecho, ya empezó con un show en ese sentido cuando Hernández Maeso señaló en la primera jornada un penalti que pareció claro sobre Oyarzabal en la visita del Girona a Anoeta, penalti que se despitó porque Jaime Latre desde la pantalla le dijo que no era nada. Cuando Stuani agredió a Le Normad dentro del área, ahí el colegiado VAR no vio nada, qué cosas, y Jaime Latre zanjó la cuestión con tarjeta amarilla para los dos por "discutir" con un rival. El propio Jaime Latre, desde el VAR, no fue tan intervencionista con penaltis que le hicieron a Oyarzabal en Anoeta contra el Granada o a Turrientes contra el Getafe, por citar jugadas que se produjeron en un plazo cercano.

Hay miedo, palpable, cada vez que hay una entrada medio dudosa, y eso que este año la Real se ha librado de sufrir expulsiones VAR, las dos que ha tenido en esta temporada las decretó directamente el colegiado de campo. Pero a favor, otra historia. Podemos acordarnos de la salvaje entrada de Mosquera a Zubimendi en el partido de Mestalla que Hernández Hernández dejó en amarilla con la connivencia de Del Cerro Grande, otro que siempre ha sido bastante peligroso para la Real; la roja que el ya mencionado Arberola Rojas no quiso sacar a Araujo en Anoeta por una violenta acción sobre Aihen, acción que acabó siendo decisiva pues él fue el autor del 0-1 con el Barcelona ganó en Donostia; la patada en la frente que Gundogan le da a Le Normand sin efecto alguno en el arbitraje de nuevo de Arberola Rojas, cuando esa misma jugada, en otros partidos de la Liga, venía de provocar no menos de dos expulsiones; o las dos flagrantes e injustificadas agresiones de Alcaraz a Kubo en el partido de Cádiz que ni Iglesias Villanueva ni Pizarro Gómez quisieron ver.

La conclusión es que el arbitraje es ahora mismo una lotería. Han conseguido que nadie sepa qué se va a pitar, cuándo va a entrar el VAR y por qué se impone o no su criterio. Mediada la temporada decidieron hacer públicos los audios de las jugadas en las que el VAR cambiara el criterio arbitral, y eso no ha hecho más que demostrar la arbitrariedad con la que se actúa. ¿Y por qué no todas las conversaciones? ¿Por qué no escuchamos lo que hablan cuando no hay modificación? ¿Por qué no supimos por qué la mano de Carvajal no era penalti o por que la acción sobre Oyarzabal con el Barcelona en Anoeta tampoco nos mandó a los once metros? Y ya que estanos, ¿por qué esas conversaciones no se escuchan en directo? ¿Por qué da la sensación de que cada decisión que toma el Comité Técnico de Árbitros no es más que una huida hacia adelante para tapar aquello que no quieren, no pueden o no saben corregir? Si no se se asume que, ahora mismo, no sabemos qué se pita ni por qué es imposible solucionar el problema.

En los partidos de la Real hay un síntoma claro de que las cosas no van bien con los árbitros: los gestos de ciertos jugadores. Hay que ver las caras de Merino, Oyarzabal o Brais, pero el más claro y vehemente ha sido Traoré, que con frecuencia parece no dar crédito a lo que hacen demasiados colegiados en demasiados partidos. Y no parece un jugador especialmente protestón sin motivo. Tampoco Becker, y aún así la única tarjeta amarilla que vio en sus primeros meses como realista fue por protestar. Como aquella de Le Normand contra el Real Madrid por un córner que el asistente inventó a menos de dos metros de la jugada, y que tuvo el mismo castigo, una amarilla, que la protesta organizada de media docena de jugadores del Real Madrid unos minutos, protestas de un estilo que jamás se ven en la Real aunque eso no genere en los árbitros el respeto que seguramente merecería. ¿Criterio? No lo hay en las protestas, no lo hay en las manos, no lo hay en las rojas, no lo hay en los agarrones, no lo hay para ir o no al monitor, no lo hay desde el VAR para llamar o no al árbitro, no lo hay en los descuentos, no lo hay, en definitiva, en nada.

Nadie pretende insinuar que esto es una persecución contra la Real, porque esto es algo que se ve, lo hemos dicho, en media docena de partidos por jornada, con polémicas además que crecen a medida que lo que está en juego es cada vez más decisivo. Pero mientras el análisis arbitral vaya solo a eso, a una polémica puntual e interesada de un equipo concreto, no hay nada que hacer. El estamento arbitral seguirá en una posición acomodada, sin tener que dar explicaciones de nada, jugando con el reglamento a su antojo sin que se unifiquen criterios incluso en jugadas que parecen fáciles, deteniendo el juego durante tanto tiempo que aburre a cualquiera para tomar decisiones que incluso con la primera de las repeticiones televisivas ya parece clara. Hace falta un cambio radical, y sin embargo no podemos expresar más que el convencimiento descorazonador de que dentro de un año las sensaciones seguirán siendo las mismas.

lunes, junio 12, 2023

RESUMEN DE LA TEMPORADA 2022-2023 (6) El problema arbitral sigue sin solución

Carlos del Cerro Grande dirigió su último partido como profesional en Anoeta. El Comité Técnico de Árbitros decidió que el estadio donostiarra fuera el escenario en el que dijera adiós al arbitraje desde el césped. Su dirección del Real Sociedad - Sevilla quedó marcada por un claro penalti no pitado sobre Brais, por dar el gol sevillista después de una falta sobre Carlos Fernández y de anular después un gol de Pacheco por una falta del delantero realista que pareció mucho más liviana que la que dejó sin señalar en el tanto sevillista. El final de la temporada, en un partido en el que no había nada en juego, hizo recordar que Del Cerro Grande fue el colegiado que contribuyó hace ya más de una década a que la Real no subiera, dando como legal aquel gol en fuera de juego del Sporting, pero sobre todo fue la certificación de que el arbitraje pasa por un momento delicadísimo, por mucho que no se quiera ver y eso que hay incontables cosas que ya se ven.

Quienes crecieron al calor de los resúmenes de Estudio Estadio cuando sólo teníamos dos canales de televisión recordamos un fútbol distinto. Había escándalos, por supuesto, y malos arbitrajes con errores descomunales. Pero es que ahora mismo es raro que en una jornada no haya cuatro o cinco partidos que cambian drásticamente por decisiones como poco discutibles de los encargados de impartir justicia. Si ni siquiera desde el Comité Técnico de Árbitros se plantean que haya un problema más allá del recibimiento que puedan tener los árbitros y hasta amenazan con plantes si los clubes siguen denunciando los atropellos que sufren, también hay que decir que estas son acciones que no siempre se emprenden de la manera más acertada, el problema tiene difícil solución. Dicen que los árbitros no pueden hablar, pero alguien tan discutible como Mateu Lahoz, que precisamente se caracteriza por hablar, ha sido un árbitro despedido con cariño. Dicen que las ruedas de prensa o escuchar las conversaciones de VAR no ayudarían, pero en otros países esto se empieza a normalizar.

Si entramos en este asunto en clave Real Sociedad, podríamos hacer acopio de jugadas y jugadas en las que no parece que se hayan tomado las decisiones más adecuadas. Tres expulsiones ha sufrido la Real por decisiones del VAR, y las tres tienen contrapuntos curiosos. La más sorprendente, la de Aritz en Anoeta ante el Valencia, en una jugada totalmente fortuita que, cierto, se ha castigado con más rojas... aunque no siempre, con un criterio tan flexible como quiera el árbitro. La de Merino en Mallorca, con Martínez Munuera pitando, llegó después de un festival de entradas contra jugadores realistas en el que destacó un Kang-Il Lee que se marchó sin tarjeta. La sensación es que el VAR mira cuando quiere, y que, una vez más, el criterio brilla por su ausencia, lo que hace que la competición esté adulterada. Si las mismas jugadas, muy parecidas, incluso análogas, no se arbitran igual, es evidente que no estamos jugando en igualdad de condiciones.

Contra los grandes, un poco lo de siempre.. Contra el Barcelona, asombró la permisividad de Munuera Montero, que no quiso ver, como tampoco desde su VAR, el codazo que Dembelé le asestó a Aihen sin estar el balón en juego y que ni siquiera pudimos apreciar con una repetición en condiciones por cortesía de Mediapro, o las tres entradas limítrofes con la agresión que sufrió Brais Méndez en el Camp Nou, en la Copa, antes de perder los nervios y marcharse él expulsado. Y contra el Real Madrid, a pesar de la victoria en Anoeta, todavía resulta incomprensible que no se pitara el penalti que Militao le hizo a Oyarzabal, por mucho que Pulido Santana después compensara con la expulsión de Carvajal. Pero si hay una jugada que despierta asombro por la pasividad de un colegiado, Melero López en este caso, fue la intercepción con la mano que hizo Nacho de un saque de banda de Illarramendi. Una tarjeta amarilla de libro que no quiso sacar y que después Imanol afeó con la mayor clase del mundo, haciendo exactamente lo mismo después en un saque de banda del Real Madrid... y llevándose, él sí, la justa amonestación por ello.

Con las manos uno ya no sabe qué es infracción y qué no. Dos así reclamó la Real contra el Betis en Anoeta, una de Sabaly y otra de Álex Moreno, acciones que en otros partidos y con otros equipos se han pitado, puede que lo haya hecho hasta el propio Iglesias Villanueva que aquel día no quiso saber nada. Y si nos vamos ya al derbi en San Mamés, con el manotazo con el que Vesga impidió que un remate de Merino llegara a la portería y que Soto Grado no quiso ver, es difícil creer que exista un consenso en el colectivo arbitral sobre qué es sancionable y qué no. Como no lo explican, no lo sabemos. Como el VAR actúa cuando quiere, la sensación de desamparo y desconcierto es absoluta. Y el nivel de autocrítica, como demuestran las intervenciones del máximo dirigente del Comité, Medina Cantalejo, brilla por su ausencia.

Pasa lo mismo con los fueras de juego, que se han convertido ya en cuestiones de fe. Hay que creerse las líneas que traza el VAR, que tampoco sabemos a ciencia cierta cómo se consiguen. Y a veces, ni eso, porque una de las escasísimas jugadas que o no se revisaron o no se llevaron a la retransmisión de esa manera, con esas líneas de colores que deben demostrar, o algo parecido, que la decisión adoptada es la correcta, fue el gol que encajó la Real en Valladolid y que acabó en el 1-0 definitivo de aquel día. En la toma general, parece que el atacante pucelano está en posición antirreglamentaria, pero no pasó nada. ¿Se solucionará esto con el fuera de juego semiautomático que se quiere implantar? Probablemente no, porque llegaremos al absurdo de olvidar para siempre el espíritu de la norma y de la posición en línea. El fuera de juego moderno parece existir solo para enfadar a todo el mundo.

Podríamos seguir repasando jugadas puntuales, pero el problema arbitral no es solo ese. Se trata de que los árbitros entiendan el juego. Y por mucho que la Real de Imanol haya aprendido que su presión alta puede desembocar en un número elevado de faltas, a veces es difícil entender los conciertos de silbato a los que asiste y las tarjetas que eso ocasiona. O por qué sigue pareciendo tan fácil arbitrar en Anoeta volcando el campo hacia los intereses del rival, algo que es demasiado frecuente y que durante años se achacó a las pistas de atletismo. Pocos clubes y pocos jugadores respetan tanto a los árbitros como la Real, y eso contrasta y mucho con las caras de asombro que a veces se ha visto en jugadores como Merino, Silva u Oyarzabal ante determinadas decisiones del árbitro.

Ni siquiera Europa ha sido un bálsamo en este sentido. No hay que olvidar cómo logró la Roma la clasificación en Anoeta, en un partido en el que el rumano Istvan Kovacs no consiguió que se jugara de manera efectiva más que en 50 minutos, tolerando sin sanción y sin advertencia la ingente cantidad de tiempo perdido por el equipo de Mourinho. Esto, obviamente, demuestra que el problema arbitral no es exclusivo del fútbol español. Pero si no nos damos cuenta de todo lo que está sucediendo, de la arbitrariedad de las decisiones, de la triste ineficacia del VAR, de la falta de criterio y de tantas cosas que se ven semana a semana, con el caso Negreira y sus ramificaciones sobrevolando el ambiente, lo único que nos queda es sobrevivir partido a partido, como ha ido haciendo la Real para conseguir al final sus objetivos.

jueves, diciembre 01, 2022

Corazón Txuri Urdin, el podcast. Mano de Aduriz, penalti contra la Real

Asumiendo que la polémica es inevitable en las actuaciones arbitrales, pocas decisiones fueron más equivocadas que el penalti que se le sancionó a la Real en la jornada inaugural de la temporada 2006-2007 en San Mamés. Sí, fue la temporada en la que tanto el Athletic como el conjunto txuri urdin lucharon por no descender hasta el final, objetivo que los realistas no cumplieron pero los rojiblancos sí, y fue un curso muy marcado por un penalti inverosímil señalado por Undiano Mallenco a instancias de su linier, el famoso Fermín. Aduriz tocó el balón con la mano dentro del área de la Real y sin embargo se decretó un penalti que el mismo jugador transformó y celebró sin remordimiento alguno.

Todo lo que aconteció en torno a esa jugada centra el episodio de esta semana de Corazón Txuri Urdin, el podcast de historias sobre la Historia de la Real Sociedad, que podéis escuchar en este enlace.

Como cada semana, os recordamos que el podcast se puede escuchar en Spotify, en este enlace, y también en Google Podcasts, en este otro enlace. Toda recomendación que queráis hacernos para seguir ampliando este espacio será siempre muy bien recibida.

jueves, noviembre 24, 2022

Corazón Txuri Urdin, el podcast. La polémica arbitral previa a la final de Copa de 1988

La final de Copa de 1988 no pasó a la Historia de la Real precisamente por el buen recuerdo que dejó, y son muchas las razones para ello. Un aspecto de todos modos que se recuerda poco de aquella final es que en los días previos hubo polémica arbitral por la designación de Joaquín Ramos Marcos, que no gustó nada al vestuario blaugrana.

Todo lo que sucedió con dicha polémica, que nació en la prensa catalana y de la que afortunadamente no hubo que acordarse porque nada de lo que hizo Ramos Marcos afectó al resultado de la final, centra el episodio de esta semana de Corazón Txuri Urdin, el podcast de historias sobre la Historia de la Real Sociedad, que podéis escuchar en este enlace.

Lo indicamos siempre, recordad que el podcast se puede escuchar en Spotify, en este enlace, y también en Google Podcasts, en este otro enlace. Toda recomendación que queráis hacernos para seguir ampliando este espacio será siempre muy bien recibida.

jueves, agosto 18, 2022

Corazón Txuri Urdin, el podcast. El árbitro al que recusó la Real tras visitar el Camp Nou en la temporada 1969-1970

Soto Montesinos, así se llamaba el colegiado al que la Real recusó tras sufrir en el Camp Nou un arbitraje que privó de conseguir una victoria que mereció y que acarició, hasta que el árbitro, Soto Montesinos, decidió desequilibrar la balanza del partido que enfrentó al equipo txuri urdin y al Fútbol Club Barcelona en la temporada 1969-1970. Nunca ha sido fácil ganar en el Camp Nou, pero lo es mucho más si hay que jugar contra los elementos, como pasó aquel día desde que un justo penalti sirviera para que la Real subiera al marcador un meritorio empate a uno.

Ese penalti cambió el arbitraje, que desde entonces, como señalan las crónicas de la época, pasó a favorecer claramente al Barça en los pequeños detalles y, sobre todo, en los más decisivos en la anulación de un gol que pareció legal, el que habría sido el 1-2, y dando al Barcelona el penalti que a cinco minutos del final acabó subiendo el 2-1 definitivo al luminoso, el disparo al aire que se ve en la imagen. Todo lo que pasó en aquel partido centra el episodio de esta semana de Corazón Txuri Urdin, el podcast de historias sobre la Historia de la Real Sociedad, que podéis escuchar en este enlace.

Una semana más, os recordamos que el podcast se puede escuchar en Spotify, en este enlace, y también en Google Podcasts, en este otro enlace. Y recordad también que si tenéis alguna sugerencia para enriquecer este podcast, estamos a vuestra disposición.

martes, mayo 31, 2022

RESUMEN DE LA TEMPORADA (7) Lo que los arbitrajes cambian una temporada

Minuto 77 del partido que la Real jugó en el Wanda Metropolitano ante el Atlético de Madrid, en la lejana y aparentemente intrascendente jornada décima. Luis Suárez marca el empate a dos al convertir un penalti. Unos segundos antes, su caída en el área había pasado totalmente desapercibida. Su intento de remate quedó en nada, pero Hernández Hernández decidió llamar a Munuera Montera para chivarle que Merino había rozado levemente al uruguayo en ese momento. Y Munuera Montero señaló un penalti increíble, uno de los que atenta contra el fútbol, una de esas jugadas para las que ninguno pensábamos que se había instaurado el VAR. Hagamos ahora un ejercicio de ciencia ficción. Sin ese gol, la Real habría ganado en Madrid y habría recibido al Atlético en Anoeta en la última jornada de Liga a solo tres puntos y con ventaja en el average. Lo que fue un partido en el que no había ningún objetivo clasificatorio en juego, tendría que haber sido, literalmente, una final por una plaza de Champions.

Ese y no otro es el poder de cambiar las cosas que tienen los árbitros, y el fútbol sigue viviendo en un estado de letargo inverosímil, sin entender que un mal trabajo de quienes tienen que impartir justicia puede alterar decisivamente los logros que consigue uno u otro equipo. A la Real también le pasó en la Copa, también con Martínez Munuera, que decretó a instancias del VAR un milimétrico fuera de juego que anuló el que habría sido el 1-1. En la retransmisión se vieron dos imágenes distintas con las famosas líneas trazadas desde el VAR, una que validaba el gol y otra que lo anularía. Inaudito. Tanto fue así que la empresa que presta los servicios del videoarbitraje, Hawk-Eye, tuvo que emitir un comunicado de disculpas en el que literalmente pidió un ejercicio de fe, asegurando que para anular el gol se usó la toma correcta, aunque la primera que se vio en televisión fue la que habría servido para dar por válido el gol. Y también pasó en Europa, con el penalti, asombroso, que sirvió para que el Leipzig empatara a dos en el partido de ida.

En las competiciones de eliminatorias, el daño es inmediato y de difícil solución, y la Real fue claramente perjudicada por lo que señalaron los árbitros principales y por lo que le dijeron, o no, los que estaban frente a la pantalla. Evidentemente, las ligas duran 38 jornadas y los árbitros no van a hacer que un equipo salte de luchar por la permanencia a hacerlo por clasificarse por competiciones europeas, ni viceversa. No se trata de eso, ni de hacer clasificaciones de ficción en las que el uso del VAR quita más o menos puntos. Pero sí que hay que dejar claro que las decisiones tienen trascendencia, y no se le da en su justa medida o se le da de tapadillo, como con la nevera inferida de Arberola Rojas en el tramo final de la temporada. El increíble penalti que pitó este colegiado a Mikel Rico a tres jornadas del final en el Ciutat de Valencia, en un partido que la Real perdió en el último minuto por esa pena máxima, provocó que el colegiado no volviera a pitar en lo que quedaba de Liga. Ni se anunció, ni se publicitó, ni salió el nuevo mandamás de los árbitros, Medina Cantalejo, a explicar nada. A Munuera Montero no le pasó lo mismo cuando pitó aquel penalti del Metropolitano.

¿Qué quiere decir esto? Que cualquier aficionado puede tener la sensación, casi la certeza, de que el criterio no existe, que los clubes están vendidos, porque no saben qué es penalti y qué no, de qué tiene que avisar el VAR y de qué no, cómo y cuándo se trazan las líneas de esos fuera de juego milimétricos que causan sonrojo por cómo adulteran el trabajo de los profesionales. ¿Por qué el propio Munuera Montero, que era quien estaba en la famosa sala de videoarbitraje, no le dijo a Arberola Rojas que lo que estaba pitando a la Real ante el Levante era una barbaridad, y sin embargo Del Cerro Grande sí se lo dijo a González Fuertes cuando este imaginó otro penalti, finalmente rectificado, que podría haber privado a la Real de la brillante victoria que logró en Villarreal? Son tantas las preguntas que cuando el máximo organismo arbitral sale a defender el trabajo de los suyos, con un corporativismo feroz y un nivel mínimo de autocrítica, no queda más que sentir lástima por el fútbol que se está construyendo. O por el que se está destruyendo, que es el que nos ha gustado siempre a todos.

No tiene mucho sentido que uno u otro equipo se sienta perseguido, aunque, insistimos, sea una sensación hasta lícita entre los aficionados. Si realmente se dan esas circunstancias, es algo que solo se puede saber desde dentro y nunca hemos visto en España las conclusiones de una investigación seria en este sentido. Pero lo que sí es cierto es que año tras año se percibe una injusticia galopante que no resulta normal si el fútbol quiere abrazar la modernidad tecnológica y profesional que sí tienen otros deportes. Y la Real ha visto en sus partidos situaciones de lo más asombrosas a lo largo de este curso. Oyarzabal estuvo bien expulsado en Anoeta por la entrada que hizo en el partido ante el Villarreal, sin duda, pero ofende que apenas unas horas después de eso, por citar un ejemplo, Casemiro haga una entrada parecida y siga jugando. Si lo que pone Díaz de Mera en el acta del Real Sociedad - Betis para justificar la tarjeta roja a Silva es cierto, es una expulsión correcta, pero las cámaras captan menosprecios salvajes de otros jugadores con otras camisetas y no pasa nada. Mateu Lahoz ha permitido hasta empujones sin mandar a nadie a la ducha antes de tiempo.

Mateu Lahoz, por cierto, es protagonista de una de las decisiones más polémicas de la temporada de la Real, como ya lo fue un año atrás por esa expulsión a Illarramendi que ayudó decisivamente a que el Betis eliminara a la Real en la Copa y por la que no dudó en pedir disculpas al final del encuentro a la delegación realista, como si eso sirviera para compensar una derrota en un torneo como el del KO. Estamos en la jornada 15, Espanyol - Real Sociedad, minuto 65 y 0-0 en el marcador. Silva lanza un pase paralelo a la frontal del área, el balón rebota en Mateu Lahoz y cae en los pies de Isak, Mateu grita claramente "no mejora", para expresar que su toque no tiene por qué invalidar la jugada, y eso es algo que las cámaras de televisión captan a la perfección. A partir de ahí, Isak toca a Januzaj, este le lanza una pared por alto y el sueco marca. Incomprensiblemente, después de haber dejado seguir y sin cambiar el gesto del rostro, el colegiado anula el gol a instancias del videoarbitraje. ¿Y qué árbitro estaba ahí? Munuera Montero. No tiene sentido que algo que el árbitro ha visto claramente, una jugada que ha entendido y que hasta ha razonado a los jugadores en vivo, sea rearbitradada y además sin la mínima discusión que puede haber acudiendo el árbitro principal al monitor a ras de césped.

No, no ha sido la temporada de Munuera Montero con la Real, no. Y para muestra, otro partido más, el Alavés - Real Sociedad. La Real gana por 0-1 cuando Isak se planta solo delante del portero. Cuando va a tirar, Laguardia le da un empujón alevoso para desequibrirle y su disparo se va al palo. Martínez Munuera, árbitro VAR, no avisa de nada a Del Cerro Grande, que se desinhibe de la jugada para obstaculizar al realista de forma antirreglamentaria y el penalti se va al limbo. Y en cambio, en el minuto 56, un leve toque de Zubeldia sobre De la Fuente en un salto sí lo manda el colegiado a los once metros, de manera inmediata, sin pensarlo, y por supuesto sin que Munuera Montero le corrija. No hace falta insistir mucho más en que el problema está en el criterio, en la ausencia del mismo, en que nadie sabe qué va a ser penalti, fuera de juego, mano o tarjeta roja, ni siquiera con el mismo árbitro a los mandos.

El VAR vino para arreglar uno de los grandes problemas del fútbol y el bajo nivel arbitral que nunca se termina de reconocer y que solo sirve para protagonizar polémicas interesadas en los medios, la veleta que lo rige para aplicar criterios que nada tienen que ver no ya entre distintos partidos sino incluso dentro de uno mismo, están haciendo que la situación sea más negativa que nunca. No se entiende, y nadie lo explica, por qué el cabezazo a Merino en Valencia no es penalti, ni siquiera por qué en una retransmisión de una Liga que quiere considerarse como la mejor del mundo no llega a verse una repetición que enseñe sin lugar a dudas dónde está el penalti que pitan a favor de la Real en Elche, el que sí señaló Cuadra Fernández sobre Sorloth. O, por citar casos que no tuvieron incidencia en la victoria de la Real, por qué los dos goles del Granada en el 2-3 txuri urdin fueron ilegales, uno por venir de un córner que no fue y el otro por ser un penalti que no existió, sin que ninguno de los muchos árbitros que intervienen en el partido no dijeran nada.

El arbitraje es un problema. No duele reconocerlo, y más viendo el colofón que le dio a la temporada Del Cerro Grande en el partido en Anoeta contra el Atlético de Madrid, con una salvaje entrada a Sorloth de las que el VAR se supone que puede alertar y en la que el colegiado principal ni siquiera señaló fala. La Real es de los equipos que, por norma, más ayudan a los árbitros, y no se siente que se trate a los jugadores realistas con esa misma deferencia. El VAR no soluciona nada de lo que debía mejorar, y el criterio brilla por su ausencia y cambia radicalmente a la hora de arbitrar las jugadas más decisivas. No es un buen momento para el arbitraje y a la Real este año le ha tocado vivir una serie de situaciones extraordinarias, incluso la justa tarjeta amarilla a Isak por la paradinha en el penalti en Elche que no se había visto en la Liga española. Mucho que trabajar en este aspecto, y, por desgracia, mucho que seguir reclamando desde este lado del fútbol.

jueves, marzo 31, 2022

Corazón Txuri Urdin, el podcast. El peso arbitral de la temporada 2002-2003

La Liga 2002-2003 es una de recuerdo feliz... pero también una dolorosa espina clavada en el corazón de los realistas. Fue una Liga que pudo ganarse, que seguramente debió ganarse, y que se perdió por muchas razones, una de ellas los arbitrajes que sufrió el equipo no tanto en los duelos más decisivos sino a lo largo de toda la temporada, en la que se fueron sucediendo actuaciones muy polémicas y decisiones perjudiciales e injustas.

Ilustrado aquí por el piscinazo del bético Dani que se convirtió en un penalti en el último minuto que supuso la segunda derrota de la temporada, una de las decisiones de los trencillas que más ríos de tinta levantaron, este el repaso a todo lo que sucedió en aquella temporada de la Real, este es el nuevo episodio de Corazón Txuri Urdin, el podcast de historias sobre la Historia de la Real Sociedad, que podéis escuchar en este enlace.

Como siempre, toca recordar que el podcast se puede escuchar en Spotify, en este enlace, y también en Google Podcasts, en este otro enlace. Y apuntad también que estaremos encantados de escuchar vuestras recomendaciones y sugerencias para ampliar los temas de este podcast.

lunes, mayo 31, 2021

RESUMEN DE LA TEMPORADA 2020-2021 (8) Ni sin VAR, ni con él

Parece inevitable la sensación de que con el arbitraje pasan cosas que se escapan de nuestro control. Ni sin VAR, ni con él. Es complicado saber qué falla cuando los estamentos arbitrales no dan importancia más que a lo que quieren, porque tan pronto se montan escándalos en los partidos que afectan a los equipos que comandan la tabla como se dejan sin analizar, y casi sin repetir en la retransmisión televisiva, dos más que posibles penaltis sufridos por la Real en el Wanda Metropolitano a dos jornadas del final de la Liga. Paradojas incomprensibles. Parece que aquello de que el fútbol sin polémica no es fútbol es el mantra de las clases dirigentes, las federativas, las arbitrales y las periodísticas, y por ello este deporte está cada vez más desnaturalizado. El VAR ha llevado además al fútbol a un absurdo del que parece difícil salir y que nadie parece especialmente interesado en resolver.

La perfecta descripción de todo esto está en un arbitraje tremendamente cuestionable en la más importante de las citas, el de Estrada Fernández en la final de Copa ante el Athletic, asistido en el VAR por Iglesias Villanueva y el ínclito González González. El desarrollo del partido, de lo más correcto, pero las decisiones puntuales son, como poco, llamativas. Una mano de Iñigo Martínez dentro del área, como claramente se vio con el vídeo que se dio a conocer después de la final y no durante la retransmisión, la convirtió en falta fuera con 0-0 en el marcador. ¿Qué vio el VAR para decirle al colegiado de campo dónde fue la infracción? Ni se explicó, ni se analizó, ni en la prensa ni según parece a nivel interno, porque los árbitros siguieron siendo designados con normalidad. Y en la jugada que decidió el partido, sorprendió que Estrada Fernández retirara la tarjeta roja a Iñigo Martínez tras cometer el penalti sobre Portu, cuando jugadas similares ni siquiera se han estudiado en las imágenes. Los árbitros avisan desde el VAR y van a consultar el monitor con una ligereza y falta de criterio que resulta, como poco asombrosa.

No es que sea un problema español, claro está, porque no hay más que recordar el rocambolesco penalti que Joao Pinheiro quería señalar a favor de la Real en el partido en Anoeta ante el Rijeka por una mano de Isak y que rectificó quién sabe cómo en una competición sin VAR, pero lo doméstico es lo que vemos habitualmente y donde es más fácil establecer comparaciones. Y en ese sentido, arbitrajes como el padecido por la Real en Mestalla, perpetrado por Pizarro Gómez, se antojan complicados de entender. La última jornada de la Liga le habría sobrado al conjunto txuri urdin solo con aquellos dos puntos que volaron con un gol marcado por un jugador que debía estar expulsado, como el propio Gabriel Paulista reconoció tras el partido, en un córner que nunca se debió de producir por una falta clamorosa previa sobre Le Normand y con dos penaltis bastante discutibles señalados contra la Real.

La cuestión es que el análisis tendría que ir mucho más lejos que el que nos permiten las jugadas puntuales, pero este no suele hacerse. Hay datos que hablan de que la Real no parece un equipo especialmente valorado por el colectivo arbitral desde su cúspide. ¿De qué otra manera se puede explicar que los dos árbitros ascendidos este año, Figueroa Vázquez y Díaz de Mera, hayan tenido tanto protagonismo con la Real? De los 18 partidos que ha dirigido cada uno, tres han sido de la Real en el caso del primero y cuatro en el del segundo. Siete de los 38 partidos de la Real en la Liga, el 13,7 por ciento, se los han quedado solo dos de los 20 colegiados de Primera. Por quedarnos con los rivales con los que finalmente se ha medido la Real por la quinta plaza, estos dos árbitros le han pitado tres partidos al Villarreal y solo uno al Betis. No, no parece que las designaciones arbitrales cumplan con los principios de equidad que han de regir una competición deportiva.

Y otro detalle más que curioso. ¿Cómo puede haber pasado la Real de ser el undécimo equipo que más faltas comete en la temporada 2019-2020 a ser el tercero en este ránking en la 2020-2021? No han sido pocos los partidos en los que se ha tenido la sensación de que con el conjunto txuri urdin hay un deseo de pitar eso que llamamos faltitas de una manera muy acusada. Cierto es que la fortaleza defensiva del equipo de Imanol ha crecido, pero no parece lógico que un equipo con semejante caudal ofensivo, con un porcentaje de posesión tan alto y que marca tantos goles sea penalizado con semejante dureza. Desde luego, ningún otro de los equipos de la parte alta de la tabla se mueve en esos registros, y solo el Celta, que se ha asomado al final de la Liga a la primera mitad de la clasificación, tiene unos registros parecidos a los de la Real, siendo de hecho el segundo que más infracciones comete.

Dos temporadas han sido más que suficientes como para quienes ansiábamos la implantación del uso de la tecnología hayamos podido comprobar que la cruda realidad ha destrozado las ilusiones que se habían depositado en estos avances. No solo no ha servido para eliminar jugadas que estábamos seguros de que se podían evitar en el fútbol, sino que los errores se siguen manteniendo de una manera más grosera si cabe por la misma ejecución de la herramienta tecnológica, una que deportes como el baloncesto, el tenis o el hockey han sabido aplicar sin problemas. Si a eso añadimos la inconmensurable confusión que parece haber en la aplicación de normas que tendrían que ser tan elementales como la de la mano, eso nos puede dar una idea de la situación real. No es buena, no. Y la Real ha visto esta temporada ejemplos más que de sobra de que las cosas distan de ser como seguramente tendrían que ser. Somos campeones de Copa a pesar de un arbitraje, y eso es algo que tendría que permanecer en el recuerdo y que tendría que haberse analizado con mucha más atención.

domingo, julio 26, 2020

RESUMEN DE LA TEMPORADA 2019-2020 (7) La defunción de la justicia arbitral

El partido ante el Real Madrid, epicentro de la polémica arbitral.
La temporada 2019-2020 pasará a la historia como la de la defunción de la justicia arbitral. Los colegiados siempre han estado en el punto de mira, de manera más o menos justa, la polémica arbitral ha formado parte del circo futbolístico desde épocas ancestrales, pero la manera en la que se ha utilizado el VAR en esta campaña, especialmente tras el confinamiento y la reanudación de la Liga, ha rozado el mayor de los esperpentos, ha disparado la sensación de que la competición está dirigida por poderes que nada tienen que ver con los méritos de los equipos que compiten y ha puesto en tela de juicio la labor de los árbitros en su conjunto, desde su preparación técnica hasta sus criterios poco unificados y el mismo deseo de impartir justicia. Esto no es opinión, es un hecho. Uno que tendría que preocupar, por encima de todo, a los mismos colegiados, que son los que siguen escondidos en una burbuja de la que parece que tienen miedo a salir. Y lo peor de todo es que ellos mismos se autoevaluan con un sobresaliente sin atisbo de autocrítica, por lo que el problema, lejos de solucionarse, probablemente empeorará.

Ha sido bastante genérico, y la última jornada ha dejado un ejemplo clamoroso que ha afectado además a uno de los equipos que ha descendido, pero la Real ha sufrido como pocos los sinsabores del arbitraje durante toda la temporada. Será especialmente recordado el tramo final de la competición antes del parón y su reanudación. Asusta la polémica que quiso levantar el Barcelona con el no penalti de Llorente a Piqué por el que clamaron con tanta fuerza y en cambio la nula repercusión, el más absoluto silencio mediático que ha tenido algo que afectado de una manera tan prolongada en el tiempo a otro escudo. El equipo de Imanol sufrió siete penaltis en siete jornadas, y solo uno de ellos quedó ajeno a las dudas. Todos los demás tuvieron el sabor de la injusticia, bien porque las jugadas no parecían esconder ningún motivo para señalar infracción o bien porque jugadas análogas que favorecían a la Real no se arbitraron de la misma manera. Todo comenzó, no podía ser en otro escenario, en el Camp Nou, donde una mano de Le Normand en un intento de cabezazo fallido se convirtió en el penalti que certificó la derrota realista en ese escenario, en un partido en el que mereció más.

El imposible penalti que el VAR no quiso revisar.
Esa misma mano, idéntica en la zona de golpeo, fue la que le sirvió a Benzema para controlar el balón y después marcar en Anoeta en la reanudación del campeonato. O eran mano las dos, o no lo era ninguna, pero en las dos se perjudicó por caminos contrapuestos al mismo, a la Real. Ese encuentro ante el Real Madrid evidenció que el respeto a la Real era nulo. Cada decisión trascendente que tomó Estrada Fernández iba para el mismo lado. No expulsó a Casemiro por un codazo a Merino, pitó un penalti sobre Vinicius en el que parece imposible que nadie señale dónde esta el contacto de Llorente con el madridista, anuló un gol de Januzaj por un fuera de juego posicional que, por ejemplo, no sirvió para anular la jugada del mismo 3-4 del Real Madrid en la Copa ante la Real de esta temporada o el gol de Jordi Alba contra el equipo txuri urdin la pasada campaña en el Camp Nou contra los de Imanol, y por supuesto concedió el mencionado gol de Benzema.

Dos penaltis en Eibar que abrieron esta histórica racha que ningún analista quiso contrastar con otras de la Liga, las extrañas líneas del VAR para conceder el primer gol del Alavés en el peor partido de los de Imanol tras el confinamiento o el vergonzoso arbitraje de Cordero Vega en Getafe, perdonando tarjetas y expulsiones a los locales y convirtiendo en penalti un pisotón de Hugo Duro a Le Normand, fueron las joyas de la corona de una racha que fue mucho más allá de lo anecdótico, como se vio con gol de Soldado en Anoeta en un clamoroso fuera de juego que se convirtió en un estúpido debate sobre la nueva jugada cuando Llorente trató de despejar un centro nítido hacia un jugador en posición antirreglamentaria, que se beneficia de ella, que influye en el defensor y de la que se saca partido para marcar gol. O incluso el doble penalti del que fue objeto Le Normand en el Wanda Metropolitano, cuando la Real agonizaba buscando el gol que le diera el pasaporte europeo sin que la famosa sala VOR reaccionara.

Pero no hay que olvidar que ni fue casual ni fue tampoco se trató del primer momento de la temporada en el que el equipo txuri urdin pudo sentirse perjudicado no solo por los árbitros o el VAR, sino incluso también por el mismo trato que recibía. ¿Protección a las estrellas? Será a las de otros equipos, porque todavía duelen las criminales entradas que sufrieron en la primera vuelta Odegaard y Oyarzabal, el primero a pies del bético Javi García y el segundo por obra y gracia del céltico Hugo Mallo. Ninguna de ellas fue sancionada con la merecida tarjeta roja, a pesar de que fueron entradas que pudieron haber terminado con lesiones graves. Y cuidado con que algún jugador de la Real haga una falta sospechosa a los dos o tres minutos de juego, sobre todo si lleva un número a la espalda superior al 25 o con cara de joven, porque entonces no hay piedad. Zubimendi o Aihen pueden dar buena cuenta de ello tras el reinicio. Cucurella, en cambio, pudo permitirse hacer seis de las nueve primeras faltas del Getafe en la segunda vuelta sin ser amonestado.

¿Protección? Odegaard no la tuvo contra el Betis. Esto fue amarilla.
O podríamos recordar también penaltis clamorosos no señalados, como la mano en Granada que no quiso ver Prieto Iglesias (el mismo que sí coronó esa racha de siete penas máximas seguidas contra la Real con un piscinazo en Anoeta de Aspas) y que González González no quiso indicarle desde el VAR, o el penalti que sufrió Januzaj en Leganés por un pisotón clamoroso de Jonathan Silva que Melero López en el campo y Jaime Latre desde las televisiones no quisieron señalar, incluso tomándose tres minutos para verlo detenidamente. Y podríamos seguir, porque acciones de este nivel ha habido muchas a lo largo de la temporada. Pero lo que sorprende más es la falta de respeto que todo esto supone hacia un equipo, la Real, que sigue significándose por una actitud increíblemente correcta hacia los árbitros, en el campo y fuera de él.

Y el pago recibido es un trato indigno que conlleva incluso sanciones como la de dos partidos a Illarramendi por decir "sois un desastre" a los árbitros del partido ante el Madrid en Anoeta, ojo al nivel de esa teórica falta de respeto, o a Jokin Aperribay de tres encuentros por decir "esto es una vergüenza" en el descanso del partido ante el Granada también en Donostia, o incluso la cara más propia de un matón de barrio que de un juez arbitral con la que González Fuertes se dirigió a los jugadores suplentes de la Real en las gradas del Metropolitano en la jornada final. Que la hemeroteca diga si esto es lo más grave que han escuchado los árbitros y si se ha sancionado de la misma manera, tanto dentro del campo como fuera de él, en las ruedas de prensa posteriores a los encuentros y también en situaciones en las que se puede tener mucha más sangre fría. Se les acusa de manipular intencionadamente la competición y no pasa nada. Por algo será. Sea como fuere, pocos equipos podrán decir que tuvieron sancionados al mismo tiempo a su presidente y a su preparador físico, hasta eso ha vivido el equipo txuri urdin este año.

En ese doble rasero del que hablamos la Real ha salido muy pocas veces beneficiada y el VAR, ahora mismo, está herido de muerte, con el peligro que tiene de llevarse por delante al mismo fútbol que venía a ayudar y el respeto que tendrían que merecen los árbitros y que cada vez se ganan menos con sus oscuras actuaciones y su voluntad de quedar siempre al margen de análisis, ajenos o propios. Curiosamente, todo surgió de aquel no penalti de Rulli a Vinicius en el Bernabéu de la pasada temporada que generó una campaña injusta, torticera y muy intencionada. De aquellos barros, estos lodos. Y nadie parece tener la intención o la pretensión de detener esta espiral de destrucción en la que se está premiando a equipos y futbolistas que juegan al borde del reglamento y buscando contactitos que devengan en penaltis antes de goles que sumen puntos. Qué lástima. Con lo bonito que era el fútbol. Y con el respeto con el que siempre ha obrado la Real hacia árbitros y comités. Qué injusto y qué inmotivado parece este tremendo castigo hacia un club de comportamiento ejemplar.

lunes, mayo 27, 2019

RESUMEN DE LA TEMPORADA 2018-2019 (8) La temporada del VAR


Cuando Rulli se lanzó al suelo para cortar el avance de Vinicius en el Santiago Bernabéu se desató la mayor tormenta mediática que se ha vivido en esta primera temporada del VAR. Fue la mayor demostración de que la Liga está en manos de demasiada gente, en los estamentos organizativos y en la esfera mediática que los condiciona, que no tiene interés en que las cosas vayan bien. El VAR es un buen preciado que hay que cuidar y mejorar. La Real puede dar fe de ello, porque ha sido el equipo más justamente compensado de la Liga con esta herramienta tecnológica. Cuatro consultas, cuatro decisiones a favor. Pero el problema no es la tecnología, sino quién y cómo se aplica.

Podríamos entrar, por supuesto, es si es necesario que un árbitro necesite ayuda de nadie para ver la patada en la cabeza de Iñigo Martínez a Sangalli que en San Mamés no se hubiera señalado como penalti sin la mediación del VAR, justó lo que decidió Hernández Hernández obviando lo que todo el mundo sí apreció en directo. O cómo Del Cerro Grande fue el único en no ver una clamorosa mano del Espanyol en Anoeta, que tras consulta con los árbitros ante los monitores se convirtió en el 2-0 en aquel encuentro. Si entráramos en eso, seguramente nos llevaría a la conclusión de que el estamento arbitral sigue sin estar tan bien preparado como debiera en muchos sentidos.

Pero, claro, es que hay algunos árbitros que mi con la ayuda de la televisión. Cuando Melero López expulsó a Willian José en Vigo, el protocolo del VAR invitaba al colegiado a consultar la jugada. Lo que él señaló en el campo no existió, lo que escribió en el acta fue, por tanto, una mentira inducida. Pero el VAR, que está obligado por protocolo a revisar la jugada, no quiso corregirle o a él, sencillamente, no le dio la gana revisar su decisión aunque así se lo indicaran, él sabrá por qué. Como tampoco lo hizo con la agresión de Giménez a Bautista en la visita a Anoeta del Atlético de Madrid que González González, qué raro, no pitó sobre el césped ni González Fuertes le indicó con el vídeo.

Esto, lógicamente, no se trata de una conspiración. Desde el otro punto de vista, el del rival, resulta increíble que la ayuda tecnológica no se aplicada en los dos clamorosos penaltis que Willian José primero y sobre todo Rulli después cometieron en la visita del Getafe a Anoeta. No ha sido la tónica habitual, porque pocas veces da la sensación la Real de ser un equipo beneficiado en el campo por las decisiones grandes o pequeñas de los árbitros, pero cuando se da uno de esos partidos que desde pequeños hemos aprendido a calificar como atracos, aunque la corrección política de nuestros días se lo tome a mal, se dice y no pasa absolutamente nada.

Con VAR o sin VAR, los problemas de la Real con los árbitros han sido más o menos los mismos de siempre, aunque la ayuda tecnológica ha aupado al equipo txuri urdin a ser el que más penaltis a favor ha tenido en la Liga. Pero los problemas, decíamos, se mantienen. Primero, hemos visto mucha dureza en los castigos para tan pocas acciones antideportivas, como se vio por ejemplo en la visita al Huesca, cuando Iglesias Villanueva decidió dejar a la Real con nueve jugadores, expulsando acertadamente a Theo y quisquillosamente a Juanmi para que después los comités se ensañaran con ellos de una forma tremendamente injusta. Y después, muy poca dureza cuando el rival se aplicó con artes poco elegantes. ¿Qué vería Mateu Lahoz para no mandar al vestuario a Savic, exponiéndole además a una sanción durísima, por la salvaje entrada karateca a Sangalli en el Wanda Metropolitano?

Los 38 partidos de Liga y cuatro de Copa (que fácil es decidir tiempos de añadido en Anoeta cuando es la Real la que tiene que luchar por marcar un gol, como le pasó a González Fuertes en la vuelta copera de un Betis que manejó las artes subterráneas de maravilla para que los de Imanol apenas tuvieran opciones) dejan las sensaciones de siempre. Pero con el VAR ahora al menos los árbitros quedan retratados. Antes podíamos suponer que un árbitro no pira porque no lo ve. Pero ahora los goles, los penaltis y las expulsiones se ven. Con la misma comodidad que en casa e incluso con más medios. Si no se pita, ya no hay excusa.

Y por cierto, lo de Rulli y Vinicius no solo no es penalti, hay una toma en la que se perfectamente como el portero argentino roza la pelota, es que además es una perfecta aplicación del protocolo del VAR, pese a que sólo está jugada provocó que Velasco Carballo, mandamás arbitral, saliera a dar explicaciones que no da cuando los perjudicados son otros, con menos atención mediática. No lo hjzo con las decenas de errores clamorosos que no se han corregido ni siquiera con la tecnología. Solo habló con esta. Qué pena que ni con este gran avance estemos libres de la incompetencia. 

martes, octubre 24, 2017

"Sois muy malos"... y es que lo son

Illarra, el tercer expulsado de la temporada.
Empieza a ser norma que en un club tan comedido con las actuaciones de los árbitros como lo es la Real Sociedad haya un día en el que alguien estalle. No hace tanto, Jokin Aperribay explotó en el Santiago Bernabéu, bajando a los vestuarios en el descanso del partido ante el Real Madrid para gritarle al nefasto colegiado González González que había ido a robar al equipo txuri urdin. Esta semana lo mismo el ha sucedido al director deportivo, Loren Juarros, que al finalizar el partido contra el Espanyol, y según recoge al acta arbitral, le grito "sois muy malos" al cuarteto arbitral dirigido por el no menos lamentable Melero López. Y es que lo son. Son muy malos. Y de tan malos que son hacen que corra como el viento la sensación de que son algo más que malos. Lógicamente, eso no se puede demostrar, pero sí lo malos que son y, sobre todo, que no premian a los equipos que quieren jugar al fútbol. Uno de ellos, desde hace años, es la Real. Y ser como es le penaliza en lugar de favorecerle.

Veamos los datos de esta temporada, que son absolutamente inexplicables. Si miramos los de amonestaciones, daría la sensación de que el de Eusebio es un equipo sucio, violento y antideportivo. Si nos fijamos en las infracciones que comete, todo lo contrario. Empecemos por lo primero. La Real es el único equipo que ya ha sufrido tres expulsiones en lo que llevamos de Liga, la de Llorente ante el Levante, la de Zubeldia ante el Valencia y la de Illarramendi ante el Espanyol. Las tres expulsiones han sido por doble amarilla. Y sin embargo, la Real, aunque ve demasiadas tarjetas amarillas, hasta ahora 23, está muy lejos de ser el más amonestado. Le superan Girona (36), Málaga (29), Valencia (26), Villarreal (26), Athletic (25), Espanyol (24) y Sevilla (24). Entre estos siete equipos juntos solo suman una expulsión más que la Real, un total de cuatro.

Por contra, solo un rival de la Real ha visto la roja, Kondogbia, del Valencia, en un día en el que el equipo de Eusebio ya se había quedado con diez. Dicho de otra manera, el conjunto donostiarra aún no ha jugado en superioridad numérica ni un solo segundo de esta Liga. Lo anormal es que las faltas pitadas a favor y en contra vienen a indicar que lo lógico habría sido lo contrario. ¿Cómo es posible que el tercer equipo que menos infracciones comete sea el que más expulsiones recibe como castigo? La Real ha cometido 99 faltas. Solo han hecho menos el Barcelona, con 90, y Las Palmas, con 98. Lejísimos quedan las que ha cometido el Getafe, líder de este ránking, 162, y que le han costado dos tarjetas rojas menos que a la Real hasta este punto. Y más aún ¿cómo es posible que el cuarto equipo que más faltas recibe, efectivamente, el txuri urdin, solo haya conseguido sacar una tarjeta roja a sus rivales?

Loren, por mucho que vaya a ser sancionado, tiene razón. Son muy malos. Y lo que es peor, no benefician a quien quiere jugar. Una muestra evidente está viendo el balance de tarjetas en cada partido que ha jugado la Real y las razones por las que los jugadores de Eusebio son amonestados. En lo primero, el equipo realista ha visto más tarjetas que su rival en tres de los nueve encuentros disputados en la Liga hasta ahora (Deportivo, Real Madrid y Espanyol), y solo ha visto menos en dos (Celta y Valencia). ¿Se corresponde esto con el número de faltas? ¿Cómo es posible esa diferencia punitiva en contra de la Real cuando hace once faltas por partido y por contra recibe 14,7? Ya es que ni entramos en lo que no se le pita, lo que se ve en exhibiciones desquiciantes como la de Melero López, los datos bastan para detectar un desequilibrio imposible de explicar.

Pero cuando se ven las causas de las tarjetas, la cuestión es todavía más sangrante. La Real no es un equipo protestón. No es antideportivo. No sabe perder tiempo. No suele fingir. Y, sin embargo, de las 23 amarillas que ha visto, nada menos que ocho, más de la tercera parte, han sido por protestar. ¿Qué clase de arbitrajes están percibiendo sobre el césped los realistas para haber llegado a ese nivel de queja in situ? Quizá sea porque las malas artes de sus rivales no están consiguiendo darles una superioridad numérica que, seguramente, podría haberse dado ya en más de un partido. Sus rivales solo han visto una tarjeta por protestar, la que vio en esta última jornada David López. Por perder tiempo, cuando ya sabemos que eso casi nunca provoca expulsiones, y ya puestos ni siquiera un tiempo de añadido justo, ya son tres.

La conclusión es evidente. Los árbitros, a día de hoy, son un enemigo del fútbol. No ayudan al que quiere jugar. En el caso de la Real, le desquician. Castigan su apuesta deportiva y premian la subterránea. Demuestra que aquello que Toshack dijo después de ser destituido en su segunda etapa en la Real sobre lo fácil que es pitar en Anoeta sigue siendo un axioma que los antaño vestidos de negro tienen muy bien interiorizado. Si los equipos más castigados y más limpios son penalizados como lo está siendo el equipo de Eusebio, el fútbol se convierte en un deporte mucho menos bonito. Y a la Real le está costando puntos que seguramente echará de menos cuando se vayan definiendo sus objetivos en esta temporada. Son muy malos, lo dijo Loren y recibirá un castigo por ello. Y es justo, porque hay que respetar a los encargados de impartir justicia. ¿Pero acaso los jefes arbitrales están preocupados por el hecho de que sus jueces sean injustos y hagan mal su trabajo?

viernes, mayo 26, 2017

RESUMEN DE LA TEMPORADA 2016-2017 (5) Un gran problema arbitral

González González pitó el derbi en San Mamés.
La Real tiene un problema arbitral. Se viene manifestando desde hace años, y no tiene que ver ni con que el equipo acierte o se equivoque en el campo, pero la cuestión es que nadie hace nada por resolverlo, e incluso parece que denunciarlo es un síntoma de mal perdedor. Las pataletas puntuales no sirven de mucho, pero es lo único que se produce. Quedan en la memoria declaraciones como las de Yuri tras la derrota en el Vicente Calderón y el doble rasero de Undiano Mallenco, o los tweets de Zurutuza tras el clarísimo gol legal de Juanmi al Barcelona después de que solo el asistente de Gil Manzano viera al realista en fuera de juego. Pero ahí queda todo. Y un año más, el respeto con el que la Real trata a los árbitros, indiscutible y lejos de las tácticas intimidatorias de rodear al trencilla en cada decisión polémica que se ve en partidos del Barcelona, el Athletic, el Sevilla o el Real Madrid, no sirve de nada.

No se puede decir que este año la Real haya salido malparada, por ejemplo, en los penaltis. Ha tenido ocho a favor, de los que anotó siete y solo Vela falló ante el parapenaltis Diego Alves, y siete en contra, de los que seis acabaron en gol. Pero no está ahí el problema, no es un debate sobre jugadas puntuales resueltas hacia uno u otro lado. La cuestión radica en el doble rasero continuo. En lo fácil que sigue siendo pitar a la Real. En que a Zurutuza, Yuri o Granero no se le quitan tarjetas que sí se le quitan a otros jugadores. Sangrantes serán durante mucho tiempo el perdón exprés que recibió Iago Aspas, el máximo goleador del Celta, para poder jugar así en la última jornada ante la Real, con el consiguiente penaltito que se le pitó y que él mismo marcó a pesar de no tener que estar sobre el campo, la expulsión a Granero por fingir un penalti ante el Alavés que ni siquiera protestó y que llegó solo unos días después de que tres caídas de jugadores del Athletic en el área de la Real en Anoeta lograran el fruto de un penalti y ninguna amonestación.

Pero sobre todo lo que molesta es lo poco que se gratifica la propuesta de la Real. El equipo de Eusebio busca jugar al fútbol. No al otro fútbol que se dice y que tanto dominan algunos. Ocupa el undécimo puesto en número de faltas cometidas y el segundo en faltas recibidas, solo por detrás de Las Palmas y por delante del Barcelona. Y sin embargo, la Real es el tercer equipo con más jugadores expulsados, nada menos que seis, uno menos que Málaga y Celta. Si se quiere coger la referencia de los equipos contra los que ha luchado la Real, el Athletic es el segundo equipo con menos tarjetas rojas, solo dos y solo superado por el Barcelona, con una, a pesar por ejemplo de que Raúl García es el jugador de la Liga que más faltas comete, y el Villarreal tuvo cuatro expulsiones. ¿Por qué sucede esto? ¿Qué tiene la Real que es tan fácil penalizarle con amonestaciones?

Entre los 30 jugadores que más faltas han cometido en la Liga solo hay uno de la Real, Zurutuza, en el puesto undécimo, mientras que entre los que más infracciones han recibido hay cuatro: Vela es el tercero, por detrás de Neymar y Dani Ceballos; Illarramendi es el vigésimo; Xabi Prieto el vigésimosegundo y Oyarzabal el vigésimocuarto. ¿Se penalizan esas constantes faltas contra el centro del campo de la Real que tanto frenan a un equipo que quiere sacar el balón jugado? No. Nunca. Sin disculpar sus deméritos, que los ha tenido, no es tan descabellado relacionar el hecho de que hay partidos en los que la Real no es capaz de tirar a puerta con la veintena de jugadas que se abortan con falta en su centro del campo. Anoeta ve continuamente como las primeras tarjetas a los rivales no llegan hasta mediada la segunda mitad. Hay incontables encuentros en los que sucede de esa manera. Como también hay innumerables partidos en los que, ante la necesidad de marcar para ganar o empatar, el descuento es exiguo e injusto para con las pérdidas de tiempo del rival. Los cuatro de descuento en Balaídos que permitieron el éxito final se pueden ver como una rareza.

La segunda amarilla que el trencilla no se atrevió a mostrar a Messi.
Puestos, en todo caso, a personificar el grave problema arbitral que sufre la Real, con más o menos incidencia en la clasificación final (que la ha tenido, porque incluso el nada sospechoso de ser realista Urizar Azpitarte, en sus valoraciones para el diario As, colocó a la Real, a poco del final de la Liga, nada menos que en puesto Champions en su clasificación alternativa de la Liga sin errores arbitrales), hay que hablar de González González. No es de recibo que un colegiado de tan dramático balance contra la Real fuera el designado para dirigir el partido de ida de la eliminatoria copera contra el Barcelona, después de ser él el artífice de que se perdiera la opción de llegar a la final hace un par de años. En esta ocasión, sencillamente, no se atrevió a expulsar a Messi o a Neymar. O que después de eso, por ejemplo, se le volviera a designar para el partido que jugó la Real en Sevilla en la jornada 36 y en la que se encargó de expulsar a Zurutuza él sabrá por qué. Solo él provoca protestas desquiciadas de Iñigo o Illarramendi, lo que invita a pensar que algo hay. Y sigue siendo el árbitro escogido para partidos de gran relevancia. ¿Por qué? A saber.

No se trata de acertar en fueras de juego, expulsiones, goles o penaltis. Eso es un problema que puede afectar a todos y que el fútbol no quiere resolver, porque rechaza el uso de la tecnología que podría ayudar y porque no se forma a los profesionales para que tengan un nivel mucho más adecuado, uno que hoy por hoy no tienen. Se trata de que las decisiones sean iguales para todos y de que se beneficie a quien quiere jugar. Y en eso la Real no puede decir que sea tratada con justicia. Es imposible cuantificar cuánto beneficiaría al equipo txuri urdin en la clasificación que tuviéramos arbitrajes decentes en el trato y ecuánimes en el rasero aplicado a todos los equipos, pero pocos podrán poner en duda que no tenerlos ha penalizado y mucho al equipo de Eusebio. Decirlo no es una pataleta. Al contrario, forma parte de un análisis que en el mundo del fútbol solo se hace para fomentar polémicas con fecha de caducidad y que tendría que ser mucho más propio en beneficio de todos.