martes, octubre 25, 2011

PREVIA Levante - Real Sociedad. El partido de la envidia y de los falsos mitos

Nadie hubiera pensando que la Real visitaría esta jornada al líder (Miércoles, 20.00 horas, Ciutat de Valencia, Canal + Liga 2). Pero esa es la realidad, y por eso éste es el partido de la envidia. Envidia porque la Real hace demasiado tiempo que no encuentra en Primera División un momento tan feliz como el que disfruta ahora mismo el Levante. Envidia porque, por sana que sea ésta, es la sensación que siempre genera un éxito ajeno, y más si es de un equipo que no forma parte de los elegidos. Pero también es el partido de los falsos mitos. Porque en el entorno de la Real llevamos demasiado tiempo encontrando justificaciones que, en realidad, no sirven y que el liderato del Levante ayuda a desmentir. Como lo de no tener dinero para competir, lo que limita no poder fichar lo que uno quiere, lo difícil que es hacer del estadio propio un fortín o que hay partidos en los que uno está derrotado de antemano. Envidia y falsos mitos. Dos malos enemigos que sumar al Levante en un partido en el que la Real empieza a estar muy obligada a demostrar que el punto cosechado en las últimas cuatro jornadas no amenaza con convertirse en lo normal de esta temporada.

Philippe Montanier comienza de nuevo a construir las sorpresas desde la lista de convocados, en este caso para viajar a Valencia. Por las ausencias, por las novedades y por una pequeña sensación de desconcierto que puede provocar. Hay tres novedades. Una es la prevista en el portero suplente, ya que vuelve Zubikarai para ocupar un puesto en el banquillo. Las otras dos son más analizables. Salen Ifrán y Sarpong, entran Estrada y Markel. Que salgan dos atacantes y entren dos jugadores de corte defensivo indica que el técnico no quedó satisfecho del experimento ante el Getafe. Que el delantero uruguayo pase de la titularidad a la grada no es nuevo, pero sí bastante significativo. Que Markel regrese a la lista después de haberse quedado fuera en el último partido y de un debut nada satisfactorio de apenas 45 minutos en Zaragoza es extraño. Y eso que Montanier se ha encontrado con un nuevo contratiempo, la nueva lesión de Illarramendi, que iba a volver para este partido. Con una torsión en la rodilla de todavía incierto pronóstico, aunque según las primeras informaciones no parece grave, a saber cuándo volverá. Y como afectará eso al maltrecho juego que viene desplegando la Real desde hace demasiadas jornadas. Fuera de la lista también se quedan los ya habituales Elustondo y Ansotegi.

Lo único que parece seguro viendo los nombres de los elegidos por Montanier, en una semana con tres partidos y a cuatro días vista del duelo en Anoeta contra el Real Madrid, es que el Levante se enfrentará a un equipo txuri urdin compuesto por el habitual 4-3-3. Bravo será titular y lo normal sería que la defensa fuera la habitual del técnico francés: De la Bella, Carlos Martínez, Demidov e Iñigo Martínez. Mikel González, Estrada y Cadamuro (¿sigue contando como defensa?) estarán en el banquillo. Por delante, si efectivamente hay una línea de tres, cuatro jugadores se juegan las tres plazas: Mariga, Zurutuza, Markel y Aranburu. Los dos últimos vienen de no jugar un solo minuto y no sería extraño, por esta capacidad de sorprender que tiene Montanier, que ambos fueran de la partida. En la línea de ataque, el técnico francés tiene cinco nombres para tres puestos, y sólo Llorente parece abocado al banquillo, que al menos ha adelantado a Ifrán esta semana en la lista de preferencias del entrenador. Puede que la elección entre Griezmann, Xabi Prieto, Agirretxe (máximo goleador del equipo pero suma ya tres partidos sin marcar) y Vela dependa mucho de lo que pretenda alinear el sábado ante el Madrid, aunque el único que no fue titular ante el Getafe fue el mexicano.

Por increíble que le pueda parecer a mucha gente, la diferencia ahora mismo entre Levante y Real Sociedad es nada menos que de doce puntos, y por si alguien alberga alguna duda, ésta es favorable a los levantinistas. El equipo valenciano es líder de la competición, con veinte puntos y ninguna derrota en su casillero. El donostiarra transita por la decimoquinta posición con apenas ocho puntos, tres sobre la zona de descenso y muchas dudas sobre su presente. Son cuatro las jornadas sin ganar, sólo un punto de los últimos doce posibles, tres las derrotas consecutivas como visitante y dos los encuentros que lleva el equipo txuri urdin sin anotar siquiera un gol, desde que Iñigo Martínez anotara el gol de la temporada en el derbi ante el Athletic. La Real no sólo se enfrenta al líder de Primera División, un equipo que enlaza ya seis victorias consecutivas (demostrando que es un registro posible no sólo para Real Madrid o Barcelona), sino también al equipo menos goleado. Munúa, con tres goles, es ahora mismo el Zamora de la categoría. En el cuadro levantinista triunfa Barkero, un jugador que pudo llegar gratis a la Real este verano y que el club descartó sin hacerle siquiera una oferta. Cosas del fútbol.

La historia de la Real en el campo del Levante tiene dos caras bien distintas. En Primera División, la visión es muy amarga y todo son fracasos. Tres visitas, tres derrotas. Siendo equipo de Segunda División (contando fases de ascenso a Primera), en cambio, el balance es favorable a la Real, con tres victorias y dos derrotas en cinco partidos. La derrota más abultada en la máxima categoría es el 2-0 de la campaña del descenso a Segunda, la 2006-2007, donde el equipo de Lotina naufragó intentado jugar a ras de césped en un campo completamente embarrado. En Segunda, el triunfo txuri urdin más contundente fue en la fase de ascenso a Primera de la temporada 39-40, con el 0-3 logrado con dos goles de Terán y uno de Inciarte. No consiguió subir la Real aquel año. En cambio, sí subió en la campaña en la que encajó la goleada más grande a manos del Levante, el 4-0 de la 46-47. Fue el año en el que Benito Díaz implantó la famosa WM como esquema de juego. La última vez que se vieron en Segunda, en la 2009-2010, la Real perdió allí 1-0 pero acabaron subiendo los dos. La curiosidad es que en los ocho duelos que han mantenido estos dos equipos en Valencia en ambas categorías nunca se ha registrado un empate.

La psada temporada, la 2010-2011, la Real cumplió la tradición, al menos históricamente corta, de perder siempre en el campo del Levante en encuentro de Primera División. 2-1 fue el resultado final y tan poca diferencia en el marcador no refleja el paupérrimo encuentro que hizo el equipo de Martín Lasarte en el Ciutat de Valencia. Hasta 75 minutos tiró a la basura ante un equipo que tampoco hizo nada del otro mundo, pero que se encontró con un 2-0 fácil, en el que contó con la connivencia del árbitro, Teixeira Vitienes, que dejó al Levante coser a patadas a los jugadores realistas de más talento, en especial Xabi Prieto, porque Zurutuza no apareció en el campo hasta el tramo final. Además, Del Horno tuvo que ser expulsado antes de ser el autor del 1-0. En los últimos quince minutos, la Real tuvo hasta seis llegadas claras de gol, y en una de ellas Sarpong hizo el 2-1 definitivo. Lo inexplicable es que el equipo realista desperdiciara tantos minutos (inexplicable, pero habitual en los últimos tiempos, también esta temporada) y no jugara desde el inicio como jugó los últimos instantes del partido. De haberlo hecho, esta maldición en las visitas al Levante en Primera se habría terminado ya. ¿Se terminará en esta ocasión?

domingo, octubre 23, 2011

REAL SOCIEDAD 0 - GETAFE 0. Una Real sin rumbo

No hay rumbo. Esa es la triste conclusión que deja la nueva decepción de la Real de Montanier, este 0-0 insulso ante el Getafe. Un desastre más a todos los niveles, unas bases inexistentes que nada tienen que ver con lo que este equipo quería hacer, unos errores de bulto y un despropósito que no hay por donde coger. Y eso, a finales de octubre, es algo inadmisible cuando el objetivo era mejorar lo de la temporada pasada. Porque la temporada pasada, con las limitaciones que tuvo el equipo, se sabía lo que se hacía. Pero esta temporada no. Y lo peor es que no se atisba la mejora. Eso es lo verdaderamente preocupante. Y más si miramos al calendario y a los dos partidos que nos esperan esta semana. El panorama es desalentador y no hay explicación a ciertas cosas que se ven sobre el campo. De algunas, la culpa es de los jugadores. De muchas es del entrenador. Es que no se ve rumbo. El partido fue un tostón insufrible en el que, al final, hay que dar gracias a que el Getafe no transformara una de las tres ocasiones que tuvo en el tramo final del partido. En la primera parte, hubo mucha voluntad, muchos trompicones, mucho sufrimiento para ganar dos metros. En la segunda, nada de nada. A mí me empieza a atenazar el pánico.

Era previsible la revolución en el once después de una semana a puerta cerrada. No parecía tan claro que hubiera cambio de sistema, pero lo hubo. Montanier optó por un doble pivote (Mariga y Zurutuza), dos extremos (Griezmann y Xabi Prieto) y dos delanteros arriba (Ifrán y Agirretxe). ¿Funcionó? En absoluto. El problema de la Real es de base. Quiere dominar el partido y no lo hace. Quiere tener el balón y no lo tiene. Quiere jugar con velocidad y no la enseña. Quiere generar ocasiones de gol y no es capaz de generarlas. Si la Real quiere jugar al fútbol, necesita un centro del campo fuerte, poderoso y técnico. Sin Illarramendi, eso no lo tiene. Mariga, vendido como fichaje estrella, es un jugador que, dos meses después de llegar a Donostia, todavía no sabemos qué puede ofrecer. Porque no corre, no presiona, no lanza el juego y no toca el balón. Se le ve parsimonioso, por no decir indolente. A día de hoy, simboliza un claro descenso de prestaciones con respecto a Diego Rivas. Él y su entrenador sabrán si tiene más. A tenor de lo visto hoy, Zurutuza no encaja en un doble pivote, de la misma forma que Aranburu no encontraba acomodo en la línea de tres. Lo sorprendente es que el capitán esté entrando de una forma tan intermitente. Ni un minuto hoy ni en el derbi, titular en Zaragoza. Raro.

Sin fútbol, sólo queda el coraje. Y coraje sólo pone hoy sobre el campo Carlos Martínez. Su voluntad es ahora mismo el sostén de la Real, hasta el punto de que hoy, y que cada cual juzgue qué significa eso, sus compañeros le buscaron con insistencia. Si la referencia de la Real es el lateral derecho, que encima sabe que no está acertado con el balón de los pies a pesar de todo lo que deja sobre el césped (hoy, incluso, una preciosa ruleta), es que las cosas van mal. Lo que está claro es que el alma de la Real está en la banda derecha, además con un Xabi Prieto ligeramente mejorado hoy, porque la banda izquierda está más que coja. De la Bella sigue sin recuperar el nivel que se espera de él y Griezmann está desacertadísimo, a pesar de que sigue derrochando voluntad. Empiezo a temer que lo del extremo francés sea un problema mental, que no esté sabiendo gestionar que la afición le reciba de uñas por sus dos meteduras de pata en forma de declaraciones soñando con un futuro mejor. Agirretxe e Ifrán batallaron como locos, sobre todo el primero, al que poco más se puede pedir sin que le lleguen demasiados balones francos, pero ellos mejor que nadie fueron el paradigma de lo que fue el partido. Sudaban tinta china para ganar un metro, para sortear un jugador rival, para abrir un balón a la banda, y el resultado era casi nulo.

Pasados los diez primeros minutos, y poco antes que Ifrán decidiera tirarse en el área (ganándose la tarjeta amarilla por una liviana protesta de un penalti que no existió) en lugar de tirar a puerta, Griezmann tuvo una buena ocasión para marcar. Moyá sacó su disparo desde el pico izquierdo del área pequeña, fuerte pero en realidad sin muchas opciones de superar el cuerpo del portero. El partido desapareció durante más de veinte minutos, sin que ni Getafe ni Real demostraran que realmente tienen el nivel que les permitió mantener el pacto de última jornada en la pasada temporada. No hubo nada de nada. Lo curioso es que las sensaciones eran contradictorias. Por un lado, las llegadas del Getafe que acababan en nada parecían más peligrosas que las de la Real. Por otro, que dos pases seguidos de la Real podían desarbolar con enorme facilidad a la defensa del Getafe. Así sucedió en el minuto 36, cuando Agirretxe estuvo a punto de culminar de chilena una magnífica jugada txuri urdin. El disparo se marchó fuera por poco. Griezmann también se gustó con ruleta, pero su centro fue desviado a corner. Agirretxe culminó una buena internada de Xabi Prieto con un disparo alto. Poco bagaje, pero los últimos fueron los mejores minutos de la Real en la primera mitad.

Y llegó el descanso y ahí se acabó casi todo. La segunda parte de la Real fue terrible. El sopor impidió siquiera protestar con mucho ímpetu una mano dentro del área, una jugada de esas que los árbitros todavía no han sido capaces de explicar ni unificar su criterio ante la misma. ¿Es penalti? Para mí, sí. No se puede defender con el brazo abierto. Menos claro que el del derbi, pero penalti. La diferencia tiene que estar en que haya o no tarjeta. Pero no se protestó apenas. Hubo que esperar veinte soporíferos minutos para que Montanier moviera el banquillo. Y, noticia, el primer relevo fue sacar al desacertado Ifrán y meter Joseba Llorente, al que se ve perfectamente recuperado se diga lo que se diga y que, a pesar de mandar fuera dos disparos que tendrían que haber llevado más peligro, dejó cosas de lo que es, un futbolista inteligente (sobre todo una gran dejada a Griezmann que se quedó en nada porque el francés pisó el balón dentro del área). Después entró Vela por Agirretxe. Y más tarde, en una decisión como poco sorprendente, Cadamuro por Xabi Prieto. Los cambios ya no funcionaron más, y fue el Getafe quien estuvo cerca del gol. Bravo sacó un mano a mano a Miku, Diego Castro marcó un gol bien anulado por fuera de juego y Pedro León envió un zambombazo al larguero ya en el descuento. Al final hubo que dar las gracias por el empate a cero.

El problema es que no se ve rumbo. Hemos pasado de querer tocar el balón, y de hecho tocarlo en pretemporada, a asumir, sin más explicaciones, que no se puede hacer. No tenemos patrones claros en las jugadas a balón parado, hoy con Zurutuza como lanzador de córners (y sólo un par de remates fuera en diez córners). Además, cada saque de esquina a favor se convierte en contraataque del rival (dos o tres ocasiones así permitió el equipo txuri urdin, y si no dieron más resultado fue porque el Getafe es otro equipo justito). Los fichajes no han aportado absolutamente nada en lo que llevamos de temporada. Se sigue sin sacar rendimiento de los mejores jugadores del equipo (Xabi Prieto y Griezmann son los ejemplos más claros) y Montanier no parece tener claro en qué posición sacar partido de otros (Mariga, Zurutuza o Ifrán entre los que jugaron hoy han pasado por incontables posiciones). Los cambios siguen llegando tarde y no producen demasiado efecto en los partidos. No se terminan de entender algunas de las rotaciones que efectúa el técnico francés. La velocidad de juego es ínfima y los fallos en pases que parecen fáciles (o que tendrían que serlo para jugadores de Primera División) son constantes. Muchos problemas. Muchísimos. Problemas que tendrían que estar trabajados desde la pretemporada.

La cuarta jornada sin ganar al menos ha servido para cortar la racha de tres derrotas consecutivas. La mejor noticia es que Bravo ha mantenido la puerta a cero, porque arriba los números empiezan a ser lamentables: tres goles en los últimos seis partidos, y dos de ellos son los atípicos tantos que hicieron Estrada ante el Granada e Iñigo Martínez en el derbi. Caída libre en la clasificación es lo que mejor define ahora mismo la situación de la Real, que alcanzó los puestos europeos tras las dos primeras jornadas y que ahora mismo está ya en la decimoquinta posición (a la espera de lo que haga el Villarreal ante el Levante; si gana también pasará al equipo txuri urdin). Sus ocho puntos todavía le dan a los de Montanier tres puntos de ventaja con respecto a los puestos de descenso, pero ojo que el calendario ofrece ahora curvas peligrosas, y con partido entre semana, algo en lo que la Real no destaca precisamente en los últimos tiempos. Toca visitar el miércoles al Levante (uno de los tres primeros, haga lo que haga en su partido de esta jornada) y recibir el sábado al Real Madrid. Y si pienso en lo de hoy, en lo de Zaragoza y en 70 minutos del derbi, me entra el pánico pensando en que el equipo de Mourinho puede sacar de Anoeta un resultado de escándalo a menos que haya una reacción inmediata. Miedo, sí, mucho miedo.

sábado, octubre 22, 2011

PREVIA Real Sociedad - Getafe. Hay que ganar... y ganar bien

Ante el Getafe hay que ganar y hacerlo bien, con convicción (domingo, 16.00 horas, Anoeta, Canal + Liga 2, PPV). Ganar es imprescindible después de tres derrotas consecutivas, siempre lo es, pero es igualmente importante recuperar sensaciones perdidas, las que se llevó la catastrófica derrota en Zaragoza o la caída inesperada en el derbi ante el Athletic. Ganar y ganar bien justificaría la ilusión con la que comenzó la temporada, también las ideas de Philippe Montanier recibirían un fuerte espaldarazo y se encontraría el sentido al cierre de esta semana de Zubieta (necesario y, esperamos, trascendente en la progresión del fútbol de su equipo). Más pruebas de fuego. Ganar (y ganar bien, insisto) sin Illarramendi. Y ganar en el primero de los tres partidos que la Real tendrá en una semana, circunstancia que sigue sin dársele bien del todo al equipo txuri urdin desde su regreso a Primera. Muchas pruebas de fuego y muchas necesidades para una Real que tiene que empezar a demostrar más si no quiere repetir los apuros de la pasada temporada para mantener la categoría.

Las sorpresas de Montanier parecen no tener fin, sin que eso tenga porque significar algo negativo. Pero cuando todo el mundo está esperando saber qué delantero se queda fuera de la convocatoria para el encuentro ante el Getafe, el francés decide llamarlos a todos. Dos son las novedades en la lista para este partido y los dos son delanteros que no habían entrado en las últimas convocatorias: Vela, ya recuperado de su esguince de rodilla, e Ifrán. Y Llorente también forma parte de la convocatoria, algo que también es noticia. Es decir, que tenemos la lista más ofensiva hasta la fecha de la era Montanier. Los dos jugadores que se caen de entre los elegidos también son una sorpresa. El primero es Dani Estrada, que sólo ha jugado cuando ha faltado Carlos Martínez. El segundo es Markel Bergara, quien debutó con poco acierto la semana pasada en Zaragoza y fue sustituido por Montanier en el descanso. Junto a ellos, se quedan fuera Ansotegi (ya es lo habitual, es el cuarto central de la plantilla y sólo entrará con lesiones o sanciones) y Elustondo (al que Montanier ya dijo que le falta ritmo para entrar), además de Illarramendi, que es baja todavía por lesión.

Siguiendo lo que explicó el técnico francés en la rueda de prensa, que escoge sus alineaciones en función del rival, de la semana de entrenamientos y del partido anterior, es imposible conocer sus planes, ya que Zaragoza fue un desastre y no se ha visto el trabajo en Zubieta. Demidov podría regresar en la defensa, junto a Iñigo Martínez, De la Bella y Carlos Martínez, con Bravo como es evidente en la portería. Por delante de ellos, todas las cábalas son bienvenidas. Mariga y Griezmann no fueron titulares en La Romareda, por lo que estarán con casi total seguridad en el once. Aranburu y Zurutuza son los otros dos centrocampistas disponibles, no hay más en la lista, por lo que, salvo inesperado y hasta ahora no visto cambio de puesto de algún jugador (¿Prieto?), serán titulares. Arriba es donde están las incógnitas. Con el 10 en baja forma pero siendo un jugador importantísimo para la Real, quizá le espera el banquillo. La confianza de Montanier en Vela es absoluta, por lo que cabe esperar que sea titular, pero no se sabe. Agirretxe sigue siendo el máximo goleador del equipo. Más sorprendente, sin duda, sería la inclusión de Ifrán o Llorente, pero nada es descartable hasta que se confirme la alineación oficialmente. Cadamuro, Mikel González y Toño como portero suplente estarán seguro en el banquillo.

Tres derrotas consecutivas son muchas para un equipo que, como la Real, tiene que aspirar a ocupar la zona media de la tabla sin problemas y buscando su oportunidad de estar un peldaño más arriba. Ese cero de nueve puntos posibles ha hecho que el equipo de Montanier caiga a la decimotercera plaza, con siete puntos, sólo dos por encima de la zona de descenso y de su rival de este fin de semana, el Getafe, que está en el decimoséptimo lugar. En tres partidos como local, el conjunto txuri urdin ya ha ganado, empatado y perdido y debe retomar la senda del triunfo para convertir Anoeta en el necesario fortín. El Getafe, que viene de empatar en casa ante el Villarreal, ha perdido los tres duelos que ha disputado hasta la fecha como visitante. Repitiendo el horario de las 16.00 horas, la gran incógnita de la semana es cómo recibirá Anoeta a Griezmann en la primera oportunidad que tendrá en casa de evaluar sus declaraciones de hace un par de semanas (ya en La Romareda hubo cánticos contra él) e incluso a todo el equipo después de las dos últimas grandes decepciones sufridas en la Liga.

La estadística ofrece dos lecturas contradictorias para los por ahora pocos duelos celebrados en San Sebastián entre la Real Sociedad y el Getafe. Por un lado, el equipo madrileño jamás ha ganado en el estadio donostiarra. Por otro, el realista apenas ha conseguido una victoria contra los azulones. Han sido cuatro los partidos que han enfrentado a los dos conjuntos, todos ellos en Primera División, de los cuales uno se saldó con victoria de la Real Sociedad y los otros tres acabaron en empate. La victoria realista se produjo en la temporada 2005-2006. Aranburu, Nihat y Xabi Prieto de penalti colocaron el 3-0 final en el marcador, victoria que permitió a la Real colocarse de forma efímera en puestos europeos después de nueve partidos disputados (fue la antesala de una racha de siete partidos sin ganar que, poco después, acabó con el cese de Amorrortu). Los empates se produjeron en las temporadas 2004-2005 (a uno, el gol txuri urdin lo hizo Nihat), 2006-2007 (a cero, un frustrante partido sin delanteros que sólo pudo acabar como acabó) y 2010-2011.

Ese empate de la temporada pasada se produjo en la última jornada de Liga, y fue un partido cuya historia se escribió más en otros campos que en Anoeta. Porque gracias a las derrotas que sufrieron Deportivo y Mallorca en sus respectivos estadios, a Real Sociedad y Getafe les bastaba empatar para mantener la categoría. Se adelantó el Getafe en la primera mitad y sembró las dudas en Anoeta y en una Real que jugó muy nerviosa. Pero Sutil empató en el minuto 65, en su último partido con la camiseta txuri urdin aunque entonces no lo supiera, y garantizó la permanencia de la Real. A partir de ahí, el partido no tuvo historia. No hacía falta que la tuviera en ninguno de los dos bandos, pues el damnificado de la jornada y de la temporada iba a ser el Depor de Lotina. Con más sufrimiento del esperado, aunque sin haber ocupado una de las tres plazas de descenso en toda la temporada, la Real de Martín Lasarte consiguió el objetivo de seguir en Primera, lo que permitió que las despedidas a Diego Rivas y Tamudo pudieran hacerse en un ambiente festivo.

jueves, octubre 20, 2011

AQUELLOS MARAVILLOSOS CROMOS: Dioni Urreisti

Con Aranburu a punto de cumplir 400 partidos con la camiseta de la Real, bien es justo recordar la figura del primer jugador que superó dicha barrera, el único que lo hizo antes de que el equipo txuri urdin se convirtió en campeón a comienzos de los años 80 del siglo pasado y cuando se jugaban bastantes menos partidos que ahora. Su nombre, Dionisio Urreisti. Fueron 416 las veces que defendió la camiseta realista a lo largo de quince temporadas, desde su debut el 16 de septiembre de 1962, en Segunda, con el Orense como rival, hasta que se marchó de la Real al finalizar la temporada 1976-1977. "Urreisti, bien sujeto por Garbayo -acaso el mejor hombre del Orense-, lo vi por bajo de sus posibilidades. Y no creo que fuera por razón de la potencia de su contrario". Así contaba Iturrioz El Diario Vasco el día de su debut, ante el Orense. Aquel día, Urreisti colaboró con un gol (el único que marcó en toda la temporada) en el resultado final, 6-1, pero fue el gran día de Olano, que anotó los otros cinco. Con el tiempo, Urreisti demostró que aquel debut por debajo de sus posibilidades fue sólo eso, el debut.

Urreisti sólo jugó un año en el Sanse (26 partidos, ocho goles), y fue el mejor de la historia del filial txuri urdin. En aquella temporada 61-62 el equipo estuvo siempre en los puestos destacados de la Segunda División, finalizó cuarto a sólo dos puntos del ascenso, y tuvo una brillante andadura en la Copa del Rey, enfrentándose y plantando cara a todo un Real Madrid. Lástima que el descenso de la Real a Segunda llevara al Sanse a Tercera, sin haber regresado nunca más a la categoría de plata. Urreisti destacó desde joven, pero antes de dar el salto al filial realista estuvo un año jugando apenas algún partido con el conjunto juvenil. El cromo que preside estas letras es de la tempoada 1967-1968, la del regreso a Primera División tras cinco largos años en Segunda. Para entonces, Urreisti ya erá más que titular en la Real, donde siempre, salvo en sus primera y última campañas, jugó más de veinte partidos ligueros, casi siempre más cerca de los 30. Le costó en su salto al primer equipo, pero para la temporada 1963-1964 ya era se había hecho con el puesto de extremo derecho.

Marcó 78 goles con el primer equipo de la Real. En Primera, su mejor temporada en este sentido fue la 68-70, en la que marcó ocho tantos. En Segunda, hizo diez en la 63-64, 65-66 y 66-67. Su debut goleador fue el ya referido ante el Orense (el primero en la máxima categoría del fútbol español se lo hizo al Valencia, 2-0 ganó la Real aquel día). El último, qué mejor colofón a su carrera en el equipo txuri urdin, fue en la Copa de la UEFA de la 75-76. Fue el empate a uno en Atotxa ante el Grasshoppers, el gol que permitió a la Real superar por primera vez una eliminatoria europea, en su segunda participación. Fue un potente disparo desde 30 metros que se coló por la escuadra. Qué mejor premio para alguien que se convirtió en leyenda viviendo todo lo que puede ser la Real, lo mejor y lo peor, el infierno de tantos años en Segunda, el ascenso de Puertollano, la clasificación por primera vez para jugar en Europa e incluso la construcción del equipo campeón. Dioni Urreisti, toda una leyenda, aunque su recuerdo a veces esté eclipsado por el intenso brillo de la Real campeona.

martes, octubre 18, 2011

Comparemos, sí, comparemos

Existe esta temporada un tabú que no comparto. No se quiere comparar a esta Real de Montanier con la de Lasarte. Y, lo siento mucho, yo creo que la comparación es inevitable y hasta necesaria. La verdad es que yo siempre trazó paralelismos entre la temporada en curso y la anterior, porque es la mejor forma de saber a qué aspira el equipo. Luego la competición te puede llevar a lugares muy distintos, pero tener referencias es algo muy útil. Y en esta comparación, la Real 2011-2012 pierde en casi todo con respecto a la 2010-2011. La Real de Lasarte, que también llegó a perder tres partidos seguidos en este tramo (y uno de ellos fue también contra el Mallorca), comenzó la pasada temporada con diez puntos en siete partidos, por los siete que acumula la de Montanier en este mismo número de encuentros, aunque aquella era 15ª y ésta es 13ª. Otra mínima mejoría está en las cifras goleadoras, puesto que el equipo de la presente temporada ha marcado los mismos tantos y ha encajado uno menos. Pero, ojo, que con los mismos rivales con los que ya ha jugado esta temporada la Real (cambiando al Granada por el equipo que logró la tercera plaza de ascenso hace poco más de un año, el Levante) se sumaron en el pasado ejercicio tres puntos más.

Pero estos son los fríos números. Esos no dan razones cuando se han jugado siete partidos. Sirven de orientación, pero no son sentencias. Lo que sí sirve para sentenciar, aquí y ahora, insisto, son las sensaciones. Y ahí sí que sale perdiendo en la comparación la Real de Montanier. Eso es lo preocupante. Empecemos por lo más básico. Lasarte sabía a lo que jugaba su Real. Tuvo un momento de duda antes de aquella gran victoria en Soria del año del ascenso, y le entró vértigo al final de la temporada cuando optó por aquella extraña defensa de cinco en Santander y Sevilla, pero apostó por lo que creía que la Real podía hacer. Montanier no parece tenerlo tan claro. La comparación es dañina incluso con lo que mostró en la pretemporada. La Real de agosto tocaba y jugaba. Le faltaba la misma velocidad que ahora, pero apostó por el balón. Eso le sirvió, por ejemplo, para dominar con claridad a la Lazio en la pretemporada y como visitante. Se perdió, pero la sensación era otra. Como en Mallorca, por ejemplo, donde yo sí acabé satisfecho con el equipo. Las apuestas de Lasarte parecían más claras en conjunto de lo que lo están siendo hasta ahora las de Montanier. Y eso, se mire como se mire, es preocupante.

Lo es porque el técnico francés, por muy interesantes que sean sus ideas, no ha conseguido mejorar lo que el año pasado fallaba. Fuera de casa, la Real está mostrando la misma endeblez que en la segunda vuelta del año pasado e incluso es peor que entonces. No hay que olvidar que en la segunda vuelta del pasado ejercicio hubo que jugar como visitante en los campos de siete de los ocho primeros clasificados finales. Este año ya hemos perdido en Zaragoza y Mallorca, cuyos equipos lo más probable es que no estén luchando en mayo por la clasificación europea. Y la Real mereció más en San Mamés o El Madrigal. Este año, las derrotas en Sevilla y en Zaragoza no fueron más abultadas porque el rival no tenía para más. Eran partidos para puntuar, y se perdió con claridad por deméritos propios. Tampoco se ha suturado la herida de los goles encajados, que está ahora mismo al nivel de la pasada temporada. Y con la misma sensación de que el rival marca siempre en su primera llegada (lo hizo el Barça, el Mallorca, el Zaragoza... y el Athletic en la segunda mitad). No hay mejora en el carácter, y un gol en contra es casi sinónimo de derrota, como lo ha sido en los tres partidos como visitante de los que la Real se ha vuelto de vacío, sin capacidad de reacción.

Comparando, hay más situaciones inexplicables esta temporada. El año pasado, se le echó en cara a Lasarte que, ante la falta de fútbol en el centro del campo, no diera oportunidades a Illarramendi y (con menos fuerza) que, ante la falta de gol, no diera algún minuto más a Agirretxe. Este año juegan los dos, y son de las mejores noticias del equipo. Pero el ostracismo sin explicación afecta a otros jugadores. Pardo, la sensación del verano gracias a su papel con la selección española sub-19, aún no ha debutado. Que no lo hiciera en Zaragoza es extraño. Primero, porque ni siquiera fue titular con el Sanse. Segundo, porque no estaban ni Illarra ni Elustondo, porque Markel aún no había debutado. Y tercero, porque Mariga se quedó en el banquillo en La Romareda. Era la gran oportunidad de apostar por Pardo. La semana que viene estarán disponibles todos los mediocentros de la primera plantilla, lo que dificultará el salto de Pardo. A Lasarte se le reprochó no ser valiente para subir a chavales del Sanse (en su segunda temporada, pronto olvidamos lo que hizo con Zurutuza y, sobre todo, Griezmann). Y si ahora Agirretxe juega, el que ha pasado a estar en una situación muy extraña es Llorente. Incluso Ifrán. Y como son extrañas, son necesarias explicaciones para que no se empiecen a ver conspiraciones ni fantasmas.

La Real ha perdido intensidad en su juego y en su presión, pero, sobre todo, ha perdido condición física. Las lesiones musculares no existieron con la preparación de Balbi y el equipo, al que se podían achacar otras muchas cosas, llegó en forma al final de la temporada. Cuando perdía, por mal que hubiera jugado, solía cerrar los partidos en el área contraria, buscando el empate. Este año no. Sólo mostró en Sevilla y fue gracias a que Montanier metió en el campo a Illarra y Agirretxe, suplentes aquel día contra todo pronóstico. Fue una cuestión de fútbol y no de físico, cuando el año pasado era al revés, cuando no había fútbol la Real aguantaba el tipo con ganas y fuerza. Montanier, por el momento, no está sabiendo sacar lo mejor de sus jugadores y, salvo los nuevos (contando ahí a Agirretxe precisamente por su ostracismo del año pasado), todos parecen por debajo de su nivel. Alarmante es el caso de Xabi Prieto, pero no es el único. De la Bella no se parece al de los dos años anteriores (y sigue sin tener suplente). Carlos Martínez mantiene la garra, pero está bastante peor y él mismo lo ha reconocido. O Zurutuza, o Aranburu, o Demidov. Puede que hasta Bravo, aunque tampoco ha tenido demasiadas ocasiones de demostrarlo, pues hace falta muy poco para que le marquen sin que pueda hacer nada para evitarlo.

Y en esa comparación, no se puede obviar el caso de Sarpong. El año pasado entró con chispa y después se hundió. Se hundió hasta un lugar del que no parece que vaya a volver. No ha enseñado nada que nos haga pensar que es jugador para la Real. Nada en absoluto, más que aquellos chispazos contra el Espanyol de hace ya un año. No ha evolucionado nada. Y no parece que lo vaya a hacer. Sutil es mucho más jugador que él, pero la dirección deportiva prescindió del jienense y no del holandés. De eso tampoco se ha dado una explicación convincente. Y eso que la plantilla parece mejor que la del año pasado. Se han traído dos refuerzos procedentes de grandes equipos, y tendrían que notarse ya. Pero Mariga no da la impresión de ser el portento físico que nos vendieron y Vela no ha podido rendir por las lesiones. Aún así, esta Real no ha tenido los graves inconvenientes que tuvo la de Lasarte (que no pudo contar, por ejemplo, con Ifrán en la primera mitad de la temporada y con Llorente en la segunda). Dos jugadores del Sanse son titulares desde el inicio porque se lo han ganado, y uno de ellos, además, ha compensado la importante ausencia de Diego Rivas. Y toda la plantilla tiene un año más de experiencia en Primera.

A pesar de todo, la Real de Montanier sale perdiendo en la comparativa. A día de hoy, por supuesto. No quiere decir esto que haya perdido la confianza en el equipo. Ni mucho menos. Pero, como ha quedado muy claro en estos últimos años, la Real tiene que jugar con intensidad, con mucha intensidad. Porque si no lo hace, cualquiera le puede ganar con muy poquito. Eso lo sabíamos ya con Lasarte. El club argumentó su cese en la necesidad de crecer. No compartí sus razones, pero las entendí. Lo que pasa es que este inicio de temporada no está justificando los motivos esgrimidos para cambiar de entrenador. Y ahí, además de la responsabilidad que tienen el técnico y los jugadores, también hay que mirar al Consejo de Administración y a la Dirección Deportiva por la decisión que tomaron y por los motivos por los que la tomaron. Ahora no, por supuesto. Que nadie piense que estas palabras implican una petición del cese de Montanier y el regreso de Lasarte. Ni mucho menos. En octubre nadie gana la Liga ni se va a Segunda. Pero tampoco se puede ocultar la inmensa decepción que provoca el arranque de esta temporada. Y comparando con la anterior, todo se ve aún más decepcionante. Aprendamos de los errores, pero aprendamos ya. Entre otras cosas porque ganar al Getafe será obligatorio antes de jugar contra dos de los tres primeros clasificados.

domingo, octubre 16, 2011

ZARAGOZA 2 - REAL SOCIEDAD 0 La Real no sabe lo que hace

Es el fútbol un deporte de sensaciones, y la sensación que deja esta Real es que no tiene ni la más remota idea de lo que hace. Es un equipo que abunda cada vez más en lo más negativo y equivocado que tiene, que está profundizando en los errores que cometía la pasada temporada, que da la impresión de que no tiene recursos, que no tiene esquema, que no tiene revulsivos, que no tiene confianza. Que no tiene absolutamente nada. No sabe lo que hace, esa es la realidad y eso es lo que hay que decir. Porque no se puede decir otra cosa. La Real falló en su alineación, en una revolución equivocada en sus posiciones y en sus nombres. Y a partir de ahí falló en todo lo demás. En todo. ¿Los puntos débiles que mostraba el año pasado? La Romareda los vio acentuados, agravados, imposibles de corregir, sin que nadie asuma la responsabilidad del juego. Se decía que el derbi fue el peor partido de la temporada y eso siempre es una afirmación peligrosa cuando apenas se han jugado seis encuentros. Y el séptimo ha confirmado que era una afirmación equivocada. El de Zaragoza ha sido el partido más lamentable y decepcionante, no ya de la temporada, sino del regreso a Primera y, probablemente, de bastantes más años.

Hubo revolución en el once inicial. Lo más llamativo es que Montanier decidió quitar a Demidov y colocar a Mikel González en el centro de la defensa. Por delante, Markel jugó de 4 en un 4-1-4-1, con Aranburu, Zurutuza, Xabi Prieto y, sin duda la gran sorpresa, Sarpong en esa segunda línea de cuatro. Griezmann, en el banquillo. ¿Castigado? No se sabe. Nadie quiso darle a la ausencia de Illarramendi el valor que tenía, y el partido les devolvió una bofetada de realidad a quienes dijeron que no se iba a notar. Se notó, ya lo creo que se notó. Markel debutó esta temporada desaprovechando una nueva oportunidad. Montanier le quitó en el descanso, y eso es muy significativo. Si además apuntamos que robó sólo dos balones (perdió siete), queda todo dicho. A su alrededor, nadie fue capaz de echarle una mano, bien es cierto. Aranburu pasó de no disputar un solo minuto en el derbi a ser titular, y eso es un salto que no termino de entender. En el centro del campo nadie asumió las premisas básicas que se le suponen a esta Real de Montanier. Y eso se notó, sobre todo, en que la Real despreció la posesión y también la presión. Si no se tiene el balón, y no se presiona al rival cuando lo tiene, no hay nada que hacer.

Y nada se hizo. Así de claro. Pensemos en todo lo que se hacía mal el año pasado. La primera parte de la Real en La Romareda no sólo fue un compendio de todo aquello, sino incluso un claro empeoramiento de la situación. La Real defendió muy atrás. La Real no presionó al Zaragoza, ni en su defensa ni en la frontal de su propia área. La Real no sacó el balón jugado. La Real tiró 40 minutos a la basura. La Real sólo disparó una voz entre los tres palos. La Real no hace faltas. La Real no tiene ocasiones de gol. La Real no saca partido de una clara superioridad a balón parado. La Real tiene despistes defensivos severos. La Real devuelve la vida a equipos moribundos (dos goles hoy de un delantero que aún no había marcado en lo que llevábamos de Liga). La Real sigue encajando goles con una facilidad inusitada (sólo en el partido contra el Granada consiguió Bravo que su portería se quedara a cero). La Real no busca los rechaces. La Real salta al campo sin intensidad (como en Sevilla, como en el derbi, como contra el Barcelona). La Real no sabe colocar una barrera. Y así podríamos seguir hasta el infinito. Llegar al descanso sólo con un 1-0 en contra era una bendición. Pero ni siquiera eso supimos aprovechar.

El primer gol, de hecho, es un compendio de lo que hace mal la Real. Sarpong mira con parsimonia cómo un jugador zaragocista centra al área, demostrando con esto y con su pobrísima actuación que no es posible que tenga un sitio en la Real, y Helder Postiga hace una chilena casi desde la frontal del área y con el balón ya muy bajo sin que los centrales ni los centrocampostas le cierren de ninguna manera. Golazo, sí, pero todo muy fácil. Era el minuto diez y ya se veía que el partido tenía pinta de catástrofe. No lo fue porque el Zaragoza es un equipo muy limitado, o al menos eso demostró ante la Real. Ganó con suma facilidad un partido en el que hizo muy poquita cosa, y eso es algo que sólo se puede achacar al lamentable rendimiento txuri urdin. Lamentable en todos los sentidos y ahí, como dije hace dos semanas tras el derbi en Anoeta, el responsable es Montanier. Después de perder como se perdió ante el Athletic, después de las críticas que recibió el equipo, después de dos semanas de reflexión y, se supone, de trabajo, es absolutamente impresentable la imagen que dio la Real en Zaragoza. El resultado da absolutamente igual. Lo grave es la forma en que se ha perdido, en que el esquema ni parecía claro ni sirvió para nada.

La cosa se agravó tras el descanso. Montanier optó por montar una segunda revolución, que casi pareció una improvisación, con cambio de nombres y de sistema. Entró Demidov por Markel y el técnico francés montó una línea de tres centrales, supuestamente con los dos laterales incrustados ya en el centro del campo, aunque poco papel tuvieron. Una especie de 3-4-2-1 que, visto el resultado, no hubo por donde coger. Montanier tuvo mala suerte en ese aspecto, desde luego, porque en el minuto 3 de la segunda mitad el Zaragoza marcó el 2-0. Claro, todo se va al traste. Y se va al traste, en este caso, por la apatía absoluta del equipo en defensa. Siete jugadores realistas estaban agrupados en la frontal del área y dos zaragocistas bastaron para chulearles por completo. De la Bella, además, rompió el fuera de juego y permitió un gol fácil. Con la imagen que estaba dando el equipo, la derrota estaba ya asegurada. Y en algún otro campo, la goleada habría sido de órdago, pero el Zaragoza estaba para pocas cosas más. Para ahondar en otra sensación negativa: la de que seguimos siendo el hazmerreír de eso que llaman otro fútbol y que todos los equipos practican con una soltura impresionante frente a la Real, que ni sabe, ni protesta, ni se hace notar.

Sólo Zurutuza era capaz de intentar algo, y él fue el único que estuvo cerca del gol. En la primera mitad, en el primer disparo a puerta de la Real, forzó un paradón de Roberto. Zurutuza, el mejor, insisto, era en Zaragoza el único superviviente de la revolución en el centro del campo de Montanier. Eso es significativo, porque habla mal de quienes entraron para acompañarle. Repasando nombres, el partido fue para llorar. Xabi Prieto es el jugador que está para el banquillo, y todavía no lo ha pisado. Sarpong no tiene sitio en la Real. No lo tiene, y darle más vueltas es tirar tiempo, partidos y hasta dinero. Agirretxe es un jugador desperdiciado cuando no se le acompaña en ataque. De la Bella es otro que pide a gritos un descanso, pero es que la Real no tiene lateral izquierdo de recambio. Y así con todo. Montanier, desde el banquillo, tampoco ofrece buenas sensaciones. Llamadme prehistórico, pero cuando uno va perdiendo espera que se pongan sobre el campo todos los atacantes posibles. Los dos primeros cambios fueron Demidov y Mariga. Griezmann salió al final. Llorente, de nuevo, se quedó sin jugar un solo minuto y me pregunto qué le pasará por la cabeza a un jugador con tanta raza viendo la pusilanimidad del equipo en tantos partidos de esta temporada.

Tercera derrota consecutiva, y con la peor de las sensaciones, alejadísima de aquello a lo que se quería jugar en la pretemporada. En Mallorca se jugó bastante mejor de lo que se dijo, pero se perdió. En Anoeta contra el Athletic se perdió por el mismo resultado, pero dando una imagen peor, por mucho que el árbitro influyera decisivamente en el resultado. En Zaragoza la derrota ha sido durísima, porque supuso un claro empeoramiento de las prestaciones del equipo. Al menos el Athletic sí hizo cosas para ganar a la Real. El Zaragoza, bien poquitas. Pero ganó. Y con claridad. También es la tercera derrota consecutiva como visitante, y ya sólo el colista Sporting ha perdido más partidos que la Real. Estos cero de nueve puntos han colocado ya a la Real no sólo en tierra de nadie sino mucho más cerca de los puestos de descenso que de los europeos. Como estaba previsto en caso de derrota, el equipo de Montanier cae cuatro posiciones en la clasificación (tres ya han caído hoy y la cuarta llegará mañana; pase lo que pase en el Athletic-Osasuna uno de los dos equipos pasará al txuri urdin en la tabla). Y, sobre todo, con la amarga sensación de impotencia de que este equipo no sabe lo que hace. Y como no empiece a saberlo, la temporada tendrá una pinta mucho más negativa de lo que jamás la tuvo la pasada. Ojo.

sábado, octubre 15, 2011

PREVIA Zaragoza - Real Sociedad. Con deberes pendientes

La Real se presenta en Zaragoza con deberes pendientes (domingo, 16.00 horas, La Romareda, Canal+ Liga 2, PPV). Deberes colectivos, pues queda ya muy lejana la Real que ganó en el estreno liguero en Gijón y remontó con grandeza al Barcelona, y deberes individuales, personificados sobre todo en un Griezmann que está obligado a hablar ya sobre el campo y no fuera de él. Deberes para que la gente no empiece a pensar tan pronto en el sufrimiento que padeció hasta la última jornada de la temporada pasada y para que el equipo no empiece una severa caída de puestos en la clasificación, en la que gracias a su buen inicio todavía mantiene una cómoda novena posición. Deberes para hacer olvidar la mala imagen que dio en el derbi en Anoeta. Y deberes para que se vayan acabando las negativas imágenes que deja este equipo, de resucitamuertos que siempre consiguen puntos cuando enfrente está la Real, y de pardillos cada vez que el rival se adelanta en el marcador y recurre a eso que llamamos equivocada y condescendientemente el otro fútbol. Muchos deberes y un equipo con bajas sensibles para prepararlos. Quizá, bajo esas circunstancias, sea la mejor forma de comprobar a qué puede aspirar la Real.

Las bajas han provocado que Montanier no tenga demasiado margen de maniobra para la convocatoria. Illarramendi y Elustondo están fuera de la lista, a pesar de lo cual Montanier no quiso tirar de Rubén Pardo, que aún no ha debutado con el primer equipo. A cambio, el técnico francés recupera a Markel Bergara, que entra así en su primera convocatoria de la temporada y se convierte en la principal novedad (también entra Toño Ramírez, que será el portero suplente en lugar de Zubikarai, que ocupó ese lugar en el encuentro ante el Athletic de hace dos semanas). Vela no se ha recuperado a tiempo del esguince de rodilla que sufrió, e Ifrán, como ya le sucedió en el derbi, vuelve a quedarse fuera. Montanier ha preferido repetir con Joseba Llorente antes que incluir a Ifrán entre los escogidos. El uruguayo recibió un golpe en el amistoso contra Osasuna de la pasada semana y no se reincorporó al trabajo de grupo hasta bien avanzada la semana. Y si algo ha quedado claro ya es que Montanier prefiere a los jugadores con los que ha podido trabajar durante más días y no arriesgar con los que acaban de salir de una lesión.

Lo que no está nada claro es cómo sorteará Montanier las ausencias que tiene para componer su once inicial. Sí parece evidente que atrás habrá continuidad. Bravo estará en la portería, con la defensa tipo del francés: Carlos Martínez y De la Bella serán los laterales, con Demidov e Iñigo Martínez por el centro. A partir de ahí es donde empiezan las suposiciones que sólo se confirmarán cuando se conozca el once de forma oficial. Mariga, Markel, Aranburu y Zurutuza se disputan los tres puestos de la primera línea de tres. No es fácil saber quién jugará ni tampoco en qué puesto lo hará, y todo dependerá de si Montanier ve a Markel, el 4 más claro de este grupo de jugadores, apto para jugar los 90 minutos. Por delante, y dado que Llorente jugó sus primeros minutos de la temporada en el tramo final del derbi, parece mucho más seguro aventurar que jugarán Xabi Prieto, Griezmann y Agirretxe. En el banquillo quedarán, además de Toño Ramírez, Mikel González, Cadamuro, Estrada, el centrocampista que finalmente descarte, Sarpong y Llorente. Se está convirtiendo en habitual que Montanier tenga muchos más jugadores defensivos que ofensivos junto a él para posibles cambios.

La Real comienza la jornada con siete puntos y ocupa la novena posición, la segunda (un punto por detrás del Atlético de Madrid) de un gran pelotón de equipos que ahora mismo forman la tierra de nadie. Tras perder los dos últimos partidos (ante un Athletic que no había ganado aún y un Mallorca que llevaba tres derrotas seguidas), el equipo txuri urdin se ha quedado a cinco puntos de las plazas europeas, que llegó a ocupar en el arranque liguero, y tres por encima de la zona de descenso, que no ha pisado desde que volvió a Primera. El Zaragoza se encuentra sólo un punto por detrás, en la decimocuarta posición. La Real no es de los equipos que se ha quejado por los horarios, pero después de dos partidos seguidos a las doce del mediodía, encara otros dos en otro horario atípico, el domingo a las cuatro de la tarde. El conjunto de Montanier ha perdido los dos últimos partidos que ha jugado como visitante. Zaragoza, un estadio en el que siempre hay mucha presión de la hinchada local, no será una plaza fácil en la que poner en práctica la decisión, que según la prensa ha adoptado el equipo, de no tirar el balón fuera ante un contrario que finja una lesión (después de la continua tomadura de pelo en este sentido en Mallorca y la gota que colmó el vaso, que fue el teatro de Muniain en el derbi).

La historia dice que La Romareda no es un campo especialmente propicio para la Real, pero menos aún en la historia reciente. En total, ha jugado 50 partidos, de los cuales ha ganado diez y ha empatado 16, con 24 derrotas. 46 de esos encuentros fueron en Primera, con 23 triunfos locales, nueve visitantes y catorce igualadas. Pero en las últimas doce visitas (una de ellas en Segunda), el equipo txuri urdin sólo fue capaz de ganar en una ocasión, el 0-1 con gol de penalti de Xabi Prieto de la temporada 2005-2006, y perdió en siete ocasiones. La Real ganó en dos ocasiones por 1-3 en Zaragoza, la primera en la campaña 57-58 (con dos goles de Segurola y uno Laguardia) y la segunda en la 91-92 (con dos tantos de Oceano, uno de ellos de penalti, y el otro de Lumbreras). La mayor goleada local llegó en la temporada 61-62, en el penúltimo descenso a Segunda de la Real. 6-3 fue el marcador, y los goles realistas los anotaron Almandoz, Villa y Cacho. Por diferencia de goles, la más abultada fue el 4-0 de la campaña 78-79. Curiosamente, en los cuatro partidos disputados en Segunda, los dos equipos empatan a todo y marcaron siempre: 2-1 en la 44-45, 1-2 en la 45-46, 1-1 en la 46-47 y 2-2 en la 08-09.

Si la pasada temporada, la 2010-2011, hubo un campo en el que la Real se pudo sentir muy agraviada por la actuación arbitral, ese fue La Romareda. El responsable, Teixeira Vitienes. Sinama Pongolle adelantó a los locales a los diez minutos y la Real empató a la media hora de la primera parte, gracias a un balón que cortó el colegiado, permitiendo un fulminante contraataque de la Real en el que participaron Llorente, Zurutuza y Xabi Prieto, este con un magnífico disparo ante el que nada pudo hacer Leo Franco. A partir de esa jugada, que el árbitro no se debió quitar de la cabeza, todo lo que pitó Teixeira fue en contra de la Real. No expulsó a Ponzio por un claro codazo a Zurutuza. Después anuló un gol a Zurutuza por una faltita que al contrario no hubiera señalado. En el minuto 90, concedió el 2-1 del Zaragoza a pesar de un claro fuera de juego (en todo caso, la Real defendió esa jugada con tan poca inteligencia e intensidad como había defendido la del 1-0). Y en el 93, ya a punto de señalar el final, omitió un clamoroso penalti sobre Tamudo. Aparte de la prevaricadora actuación arbitral, la Real fue más que el Zaragoza y tuvo sobradas ocasiones para ganar. Pero sea cual sea el análisis, Teixeira Vitienes decidió el partido.

miércoles, octubre 12, 2011

Griezmann, todo un reto

Tengo la impresión de que, con sus declaraciones de este verano y de la semana pasada, en las que hablaba abiertamente de su marcha de la Real, Griezmann se ha convertido en todo un reto, para el club pero sobre todo para su entrenador, Philippe Montanier. No merece la pena ahondar en todo lo que se ha dicho sobre él, sobre la ausencia de figuras paternas en su vida lejos de casa, sobre su representante o sobre lo que los aficionados piensen sobre él ahora mismo. De eso está casi todo dicho. Pero sí me parece interesante sopesar cómo van a gestionar el asunto tanto la Real como Montanier. La primera respuesta es buena, y hay que aplaudirla. Aperribay ha hecho lo que tiene que hacer. Dado que no hay ofertas que valorar, el único camino que se le puede señalar desde las altas esferas del club es remitirle a la cláusula de rescisión que tiene en el contrato que el jugador firmó libremente. Si quiere irse, tiene que buscar comprador. Y un comprador que sepa que la Real no tiene intención alguna de desprenderse o malvender al jugador. Es decir, un comprador con dinero.

Por parte de Montanier, cuya primera respuesta también ha sido muy acertada, el reto me parece más complicado y más apasionante al mismo tiempo. El técnico será quien lidie con la situación que le ha generado el futbolista con sus insensatas declaraciones (por la forma, que no por el fondo; Bravo también dijo siempre que si salía algo más grande le encantaría dar el paso, y en cambio el guardameta encontró una lógica comprensión en sus palabras). Lo primero que tendrá que decidir es si pasa factura a Griezmann por estas palabras. No sería descabellado, pero tampoco parece probable, a tenor de lo que ha dicho Montanier, que le ha pedido que hable en el campo y no fuera. Para hacerlo, tendrá que jugar, y, por evidente que parezca, quien le tiene que poner sobre el campo para que juegue es él. Las ausencias que podría tener la Real en ataque para este fin de semana, no obstante, maquillarán esta decisión. Es decir, incluso si el técnico quisiera castigarle con la suplencia se encontraría con el inconveniente de las bajas de Vela e Ifrán, la primera se da como segura y la segunda está en el aire. Eso facilita que el francés esté en el equipo titular en La Romareda.

¿Pero estará una semana después en Anoeta? Parece claro que el público dará alguna muestra de reprobación hacia Griezmann en cuanto tenga la ocasión. Ya sucedió, después del verano, en la primera oportunidad que tuvo, en el partido amistoso contra el Brest. Pero ahora la cosa se pone seria, porque estamos hablando de partidos oficiales. Contra el Barça fue titular y jugó el partido completo, por lo que no hubo ocasión. Y, además de ser uno de esos partidos grandes que exige aparcar toda rencilla hasta mejor oportunidad, marcó el gol del empate, con lo que el perdón estaba asegurado. Pero pongámonos en lo peor. Pongamos que la Real no gana en Zaragoza. Pongamos que el siguiente partido en casa, contra el Getafe, se complica. Pongamos que Griezmann sigue sin mostrar su mejor versión sobre el césped en esos dos encuentros. Y ahí sí que tendremos un problema serio entre manos. Porque esto es la competición oficial, y aquí todo lo que no sea el respaldo incondicional del público es un serio problema para el equipo y para su técnico. ¿Qué haría entonces Montanier? Eso sí que sería el primer gran reto que tendría que afrontar el técnico gala en su andadura en la Real.

Por supuesto, todo esto se olvida si el domingo Griezmann asume la responsabilidad que, por calidad, puede asumir en este equipo. Hace muchos años que la Real no se enfrenta a un jugador propio que dice, públicamente y con tanta insistencia (normalmente se opta por el silencio cuando algo así sucede, y el mejor caso reciente es el de Díaz de Cerio), que quiere salir del equipo. Parece una tontería o algo fácil de gestionar, pero no lo es. Porque, al final, un jugador descontento no rinde como uno que se siente implicado, y el responsable sigue siendo el entrenador. Como las declaraciones de Griezmann siempre se han producido cuando ha estado fuera y no Zubieta o Anoeta, como tenemos constancia de que su representante quería el traspaso para cobrar una comisión antes de que finalizara su contrato con el jugador, y como creo en Griezmann como futbolista, por mi parte tiene un voto de confianza. Pero sólo uno, porque mi enfado es el mismo que el de cualquier otro seguidor txuri urdin. Si Griezmann no aparece ya en el campo, dará pie a pensar que tiene su cabeza lejos de la Real. Y yo, en la Real, quiero jugadores que piensen en su camiseta, en su escudo y en sus seguidores.

sábado, octubre 08, 2011

LOS RÉCORDS DE LA REAL. Las 32 jornadas de imbatibilidad

No hay récord más impresionante en la historia de la Real que la grandiosa marca de imbatibilidad que logró en la temporada 1979-1980. El equipo txuri urdin entrenado por Alberto Ormaetxea estuvo 32 jornadas consecutivas sin conocer la derrota. 32 rivales que no pudieron vencer a los nuestros. Nada menos que 32. La Real no ganó aquella Liga, y eso hace que el partido más recordado de aquella temporada sea precisamente el que perdió, el de la jornada 33, el 2-1 que logró aquel Sevilla primado hasta las cejas que logró remontar el gol inicial de Zamora con dos tantos de Bertoni y a pesar de estar jugando con solo nueve jugadores. Aquel es, quizá, el día más dramático de la historia de la Real. El paso del tiempo, no obstante, ha hecho que el récord de imbatibilidad crezca en valor. Nadie ha sido capaz de estar tantas jornadas sin perder en un campeonato liguero. Absolutamente nadie. Es el récord de la Liga, no sólo de la Real. Y ya han pasado tres décadas desde que aquel modesto equipo, que en aquel momento no había conocido las mieles del triunfo, asombró al fútbol español de una forma que todavía nadie ha conseguido igualar.

Todo comenzó el 9 de septiembre de 1979. Las Palmas, que venía de ocupar la sexta posición en la temporada anterior y de quedarse a solo un punto de clasificarse para la Copa de la UEFA (sí lo hizo la Real, que había sido cuarta), visitó Atotxa y salió derrotado por un solitario gol de Idígoras, gol que llegó en el primer minuto de partido. Arconada paró un penalti, dejando los dos puntos del partido en San Sebastián Nadie podía suponer que aquella victoria por la mínima iba a suponer el inicio de la temporada más inolvidable hasta entonces de la historia txuri urdin, pero la leyenda había comenzado a fraguarse. Sólo una semana después, la Real ganó en San Mamés con idéntico resultado y gol, esta vez, de Satrústegui. Tras dos empates consecutivos, la Real logró tres victorias seguidas en casa, dos de ellas de auténtica leyenda. La primera fue el 4-3 ante el Barcelona de la quinta jornada, en un partido memorable. Los de Ormaetxea levantaron un 0-1 y un 2-3, empataron el partido cuando sólo quedaban nueve minutos y lograron el gol del triunfo en el último minuto del encuentro. Diego fue quien culminó la remontada.

Tras 22 años sin derrotar al Real Madrid, la Real se desquitó con una goleada histórica. Un 4-0, con goles de López Ufarte (de penalti), Satrústegui, Zamora y Heras, fue lo que se llevó de Atotxa el conjunto merengue. Entre estas dos victorias míticas, la Real tuvo lío. En su visita a Vallecas de la cuarta jornada se adelantó con un gol en claro fuera de juego. En la de Almería de la jornada sexta, el partido se suspendió en el minuto 87 tras el lanzamiento de objetos que siguió a una desastrosa actuación del árbitro, Díez Frías. Una botella alcanzó a uno de sus jueces de línea. Algunas crónicas de la época hablan de hasta cuatro penaltis no pitados en el área txuri urdin. A pesar del gran inicio de temporada, la Real no era el único equipo imbatido. El Sporting ganó los siete primeros partidos y no perdió hasta la jornada novena, siendo todavía líder, en casa y por un contundente 1-4 que le endosó el Zaragoza. También hubo incidentes en Salamanca, en la jornada décima, cuando la Real alcanzó de nuevo la primera posición, que había logrado por primera vez tras vencer en San Mamés, gracias a un gol de López Ufarte.

La Real siguió con paso firme. Venció en Sarriá 1-2, siendo despedida con aplausos por su juego, perdió el liderato empatando en casa ante el Hércules y lo recuperó de nuevo ganando 0-1 en Gijón. El equipo de Ormaetxea, en todo caso, se caracterizó por sus empates, nada menos que ocho en los 17 partidos de la primera vuelta (en la jornada 22, eran once las igualadas, la mitad de los partidos jugados). Eso sí, comenzó la segunda con dos grandes goleadas por el mismo resultado: 4-0. Eso es lo que se llevaron de Donostia tanto Athletic (que acumulaba doce años sin puntuar en el estadio realista) como Rayo Vallecano. Después de recuperar la primera posición de la tabla en la jornada 23 venciendo al Almería, de lograr un gran triunfo en Zaragoza por 0-2 y de un partidazo sin goles en Atotxa frente al Betis, la Real se plantó en el Santiago Bernabéu como líder gracias a su victoria en el partido de ida y tener el golaverage de su lado, y como serio aspirante al título.

Y pudo haber sentenciado la Liga de haber logrado la victoria. La tenía en el minuto 88, por 1-2, con goles de Zamora y Periko Alonso. Pero en el último suspiro, el colegiado García Carrión se inventó un penalti y regaló el empate al Madrid. La leyenda dice que Arconada, al que las crónicas tildan de "mitológico" por su enorme actuación ante el Madrid, reventó de una patada la puerta del vestuario del Bernabéu por el enfado. La Real no acusó el golpe y ganó cinco de los seis siguientes partidos. Sólo se dejó un empate en Alicante, tierra maldita, ante el Hércules. El Madrid se dejó un punto más, pero estaba sólo uno por debajo de la Real. Suficiente para aprovechar la derrota del equipo txuri urdin en Sevilla, con la sensible baja de López Ufarte por un grave problema de riñón, para adelantarle en la clasificación. Una vez batida, la Real acabó la temporada ganando en Atotxa al Atlético de Madrid, pero no sirvió para lograr el merecido título de Liga, que fue a parar a manos de un Real Madrid que no dudó en primar a los rivales realistas, probándose en la prensa de la época el dinero que cobraron los jugadores del Betis por aquel empate en Atotxa y los del Sevilla por su victoria.

De esos 32 partidos que estuvo la Real sin perder, 18 fueron victorias (ganó los dos encuentros a Athletic, Zaragoza, Salamanca, Español y Sporting) y 14 empates (los dos contra el Valencia, Betis y Hércules). Esa racha le permitió estar en cabeza de la clasificación durante 20 jornadas, marca que igualó en la temporada 2002-2003, en la que también se quedó sin el merecido título. Durante la gestación de ese récord, marcó 51 goles, 1,59 por partido. Satrústegui hizo 16, seguido de López Ufarte (diez), Alonso (nueve), Diego, Idígoras, Zamora (tres cada uno), Amiano (dos), Gajate, Gaztelu, Kortabarria, Heras y Olaizola (uno cada uno). A Arconada le marcaron apenas 18 goles en la racha de imbatibilidad, 0,62 por encuentro. Athletic, Valencia, Almería y Salamanca no lograron batirle. El Barça y el Salamanca, los que más, le hicieron tres cada uno. Ni los dos goles encajados en Sevilla, para un total de 20, le impidieron ganar por primera vez el Trofeo Zamora. Su 0,58 total de la temporada era entonces el segundo mejor promedio de la historia para un portero (sólo superado por el 0,56 del madridista Betancort en la temporada 64-65) y es todavía la quinta mejor marca.

Los de Ormaetxea lograron su mejor racha de victorias consecutivas en dos ocasiones, cuando encadenaron con triunfo los tres partidos ante Real Madrid (4-0), Salamanca (0-1) y Español (1-2), y después ante Sporting (4-1), Burgos (1-3) y Málaga (3-1). Tras los 32 partidos de la Real, el mejor registro de imbatibilidad lo tiene el Real Madrid de la temporada 1988-1989, el de los 107 goles, que estuvo 28 partidos sin perder. Sin fijar el inicio del récord en el comienzo de una temporada, el récord absoluto de la Liga española también lo tiene la Real Sociedad. Son 38 jornadas, contando las 32 de la temporada 79-80 y las seis últimas de la 78-79 (cuatro victorias ante Valencia, Salamanca, Barcelona y Las Palmas, y dos empates contra Real Madrid y Athletic). El Madrid se quedó en 31 con los tres partidos finales de la 87-88 y los mencionados 28 de la 88-89, y el Barcelona llegó a la misma cifra entre las jornadas 2 y 33 de la temporada pasada. Fue la Real el equipo que impidió que llegara a los 32 encuentros sin perder, venciendo 2-1 en Anoeta.

martes, octubre 04, 2011

Hipocresías rojiblancas

Cuánta hipocresía rodea a algunos aspectos del derbi vasco. Cada vez es mayor. Y yo creo que por eso cada vez le tengo más manía a estos duelos. Ya en Segunda despotriqué contra estos partidos, porque nadie más que la Real parece sentirlos ya como se tienen que sentir. Y ha sido jugar el primero de esta temporada contra el Athletic de Bilbao y ya me he vuelto a desengañar. Y no por la derrota, no, sino por esa hipocresía. Al menos este derbi ha dejado algo bueno. Después de años y años de escuchar tonterías, de que desde Bilbao se insistiera en que el derbi sólo importaba en Donostia, que ellos desde su inconmensurable grandeza estaban para cotas más altas, por fin se ha reconocido que ganar a la Real forma parte de sus sueños más preciados. En realidad es algo que sabíamos todos, pero la verdad es que se agradece que al menos una persona desde la capital vizcaína se haya quitado la hipócrita careta que han vestido durante tantos años. "Es algo que lo hemos estado comentando entre los compañeros del equipo. Si me preguntan si hay un partido del año que me gustaría ganar, a mi me gusta más ganar a la Real que al Real Madrid o al Barcelona". ¿Que quién ha dicho eso? Fernando Llorente. Nada menos.

De todos modos, estoy seguro de que la hipocresía de decir que el derbi importa más en tierras donostiarras que bilbaínas seguirá existiendo, porque esto es así y no hay más vueltas que darle. ¿Más hipocresías? La arbitral, por supuesto. Porque, veréis, está más que asumido que nadie va a reconocer que le han robado un partido a la Real, y mucho menos el Athletic. Luego nosotros no tenemos reparos en decir las cosas como suceden, y, sin ir más lejos, recuerdo ahora mismo a Carlos Martínez reconociendo en rueda de prensa que sí cometió penalti ante el Sporting de Gijón en la primera jornada de esta misma temporada. Aquí Javi Martínez no saldrá admitiendo que agarra a Iñigo Martínez, o a Gurpegi reconociendo que la mano que cometió un minuto después es clarísima y merecedora de la pena máxima. Esas cosas no pasan. Pero, claro, que en la prensa no se diga acaba doliendo. A veces los de la Real parecemos idiotas. Siempre es culpa nuestra y nunca abrimos los ojos a lo que sucede alrededor. Dos penaltis. Dos. Perdimos 1-2. Xabi Prieto sólo ha fallado uno en toda su carrera profesional. Hagamos cuentas, que son fáciles, y veremos que la Real tendría que tener uno o tres puntos más en su casillero, sin que eso cambie lo que pasó sobre el césped y las críticas que se mereció Montanier y algún jugador.

Pero, claro, a veces la hipocresía es tan flagrante. Ahondemos en nuestra propia estupidez, porque nosotros aún dudamos de que el penalti a Iñigo Martínez sea claro (lo dice el propio defensa realista en una entrevista en Noticias de Gipuzkoa), pero desde Bilbao se admite. Urizar Azpitarte escribe en Deia lo siguiente: "Javi Martínez pone el brazo en el costado de Iñigo Martínez y luego parece que le toca con el otro brazo, pero puede ser posible penalti del rojiblanco". Con esa redacción que de aquella manera denota el dolor del reconocimiento, Urizar dice que es penalti. Pero, qué cosas tiene la vida, este mismo ex árbitro también escribe en AS. Y allí, él sabrá por qué, cambia de discurso. "Javi Martínez pone el brazo a la altura de la cintura de Íñigo Martínez no parece nada al no haber agarrón", dice (así de mal puntuado) en este otro periódico (¿que no hay agarrón? Mirad la foto del Noticias, por favor...). ¿Qué dicen sus editores, sus redactores jefe y sus lectores de este desaguisado que montó solito Urizar Azpitarte? Pues nada, porque como no están por medio ni el Barcelona ni el Madrid, ni Guardiola ni Mourinho, ni Messi ni Cristiano, esto no le importa a nadie. Y nosotros ahí andamos, pegándoles palos a los nuestros y callados ante las hipocresías de los demás.

Y hablando de hipocresías rojiblancas, no puedo dejar pasar lo que ha sucedido este fin de semana en el Vicente Calderón, donde se escucharon gritos de mofa contra Antonio Puerta, el jugador sevillista que falleció en 2007. Desde sectores del sevillismo se puso el grito en el cielo, claro está. La prensa se hizo eco de estos hechos. Y el Atlético de Madrid, por boca de su presidente, Enrique Cerezo, ha ofrecido una disculpa pública. Mi reino por una reacción siquiera parecida cuando parte del Vicente Calderón vuelva a mofarse de Aitor Zabaleta, a insultar su memoria y a decir memeces que en cualquier lugar del mundo tendría que merecer una reprobación pública de todo el mundo. Por supuesto, no se va a producir, porque, por si alguien lo ha olvidado, Aitor Zabaleta fue asesinado junto al estadio rojiblanco en 1998. Hace trece años. Y, desde entonces, en cada visita de la Real al feudo colchonero, en cada una de ellas, absolutamente en todas, los realistas hemos tenido que aguantar de todo. Y nadie, absolutamente nadie, ha dicho nada. Ni siquiera desde la Real se ha levantado la voz ante una situación vergonzosa e insultante. Desde el Atlético de Madrid jamás se ha ofrecido una disculpa. Y la prensa nunca ha querido escuchar ese bochornoso ambiente. Vaya hipocresía.

lunes, octubre 03, 2011

La curiosa maldición de los goles desde el centro del campo

Como si esto del fútbol no tuviera ya suficientes tópicos, va Iñigo Martínez y añade el domingo otro más. Y este tiene guasa. Agarraos todos: si la Real marca un gol desde el centro del campo, pierde seguro. Así, tal cual. Cualquier equipo recuerda estos goles como parte de triunfos memorables. Ahí está el de Nayim en la final de la Recopa con el Zaragoza, o el de Aragón en la Supercopa con el Real Madrid y ante el Barcelona como grandes ejemplos. Pero la Real es diferente. En la Real los finales felices cuestan mucho más que marcar el mejor gol de la temporada, de unas cuantas temporadas. Una de las cosas que más me dolió del derbi fue precisamente esto, que Iñigo Martínez, de lo mejor de la Real y de largo en este arranque de la temporada, se estrenara como goleador con una maravilla como ésta y que ni siquiera sirviera para sumar un punto... Pero es que la máxima está ya escrita: gol desde el centro del campo, derrota segura. Tirando sólo de memoria, la Real ha marcado así en dos ocasiones precedentes y en las dos cayó el equipo txuri urdin.

Temporada 1989-1990. El 28 de enero, la Real visita La Romareda. Mal partido de los dos equipos que se resuelve al final. En el minuto 80, Sirakov marcó el 1-0. Siete minutos después, el mismo jugador fuerza un penalti. Es Chilavert, el portero del equipo zaragocista quien lo lanza y se lo marca a González. Tan contentos estaban todos en el equipo maño que se marcharon a su propio campo en la celebración sin darse cuenta de que Goikoetxea ya estaba dispuesto para recibir el saque de centro. El árbitro reanudó el partido y el realista, desde el centro del campo, aunque en la mitad del equipo rival, hizo el 2-1. Era el minuto 88 y no dio tiempo para más. "Mis jugadores se entretuvieron en la celebración, pecaron de inocentes y dejaron la portería vacía", dijo Radomir Antic, técnico del Zaragoza. Marco Antonio Boronat, el entrenador aquel día de la Real, lo resumió de otra manera. "Los goles los marcan los listos", dijo. Pero nos fuimos con cara de tontos y derrotados.

Temporada 1997-1998. El 1 de marzo, la Real visita el Estadio Romano José Fouto de Mérida. Y allí hace un partido lamentable, indigno de un equipo que rondaba las primeras posiciones de la tabla. El Mérida se pone 2-0 con una facilidad tremenda, aprovechando además que la Real se queda con diez por expulsión de Kovacevic al filo del descanso. En el minuto 80, De Pedro coge el balón en su propio campo y lanza un zurdazo salvaje que se cuela en la portería del Mono Montoya. Aunque el extremo zurdo ya había intentado en alguna ocasión ese gol, lo marcó en Mérida gracias a que el portero suplente de la Real, Roberto Olabe, le había dicho que Montoya jugaba muy adelantado. "Llevaba todo el partido al borde del área y nosotros también somos listos", dijo De Pedro. Listos, sí. Pero de nuevo derrotados.

Eso sí, esta rocambolesca maldición que sólo le puede pasar a la Real deja una nueva máxima. Temporada en la que un jugador realista marca un gol desde el centro del campo, temporada en la que el equipo txuri urdin se clasifica para Europa. En la 89-90, acabó en la quinta posición. En la 97-98, en la tercera. Con todo el cabreo monumental que arrastro por lo sucedido en el derbi, ya firmaba yo que eso también se cumpliera. Porque digo yo que no sólo lo negativo podrá cumplirse con este equipo, ¿no?

domingo, octubre 02, 2011

REAL SOCIEDAD 1 - ATHLETIC 2 Montanier, culpable... y Borbalán también

La Real perdió el derbi de una forma bastante dolorosa, porque es mejor que el Athletic y no lo demostró. Y la derrota tiene dos claros responsables. Por un lado, Philippe Montanier, que no ha entendido cómo se juegan los derbis, que regaló toda una primera parte a un Athletic que hizo lo justito para irse ganando al descanso, que no supo hacer los cambios, ni en nombres, ni en táctica, ni en tiempos. La lectura futbolística tiene que señalar al técnico francés como principal culpable de la derrota, porque no supo poner el partido en el terreno de los jugadores realistas que lo podían resolver. Y la lectura apasionada tiene que encontrar otro nombre: Fernández Borbalán. El árbitro, reincidente en estas lides porque ya se hizo el loco la temporada en San Mamés en un claro penalti a Xabi Prieto, dejó sin señalar dos claras penas máximas en la segunda mitad, todavía con el 0-1 en el marcador. Perder un derbi siempre sienta mal, y más si era un derbi tan fácil de plantear como se ha demostrado que era éste. La Real se ha convertido, una vez más, en un resucitamuertos. Lo fue en Mallorca y lo ha sido en Anoeta ante el Athletic. Y, lo que es peor, ha dejado muchísimas dudas de cara al futuro.

De inicio, el once de gala. Pero el planteamiento de Montanier, totalmente equivocado. Todos los partidos en realidad, pero los derbis todavía más, hay que jugarlos con una intensidad muy elevada. Con garra, con corazón, con entusiasmo y con amor propio. Es la lección que nos dejó el regreso a Primera de la mano de Martín Lasarte, y es una lección que la Real de Montanier, en esta obsesión por la ruptura total con el pasado reciente, no ha querido aprender. Y sin intensidad, nos gana cualquiera. Eso es exactamente lo que nos ha pasado hoy. Porque el balón se lo ha regalado la Real al Athletic. Porque el equipo txuri urdin ha querido esperar atrás y buscar contraataques, lo cual era casi una renuncia absoluta al ataque porque el gran problema del sistema Montanier es precisamente la falta de velocidad. Porque hoy la consigna a Illarramendi era la de defender y buscar al centro del campo del Athletic, y no la de jugar al fútbol y sacar todo el talento que tiene para hacer suyo el partido. Y si a eso le añadimos que la velocidad de circulación de balón fue incluso más cansina que en Mallorca, marcar un gol se convertía en una misión imposible.

Dada la bajísima intensidad con la que la Real comenzó a jugar el derbi, el Athletic lo comenzó a aprovechar desde el primer minuto. En apenas unos segundos, los bilbaínos tuvieron dos ocasiones de gol, la primera doble, forzando una parada de Bravo, un corte de Demidov que se estrelló en el palo y un cabezazo tras el córner que se marchó alto. ¿La respuesta de la Real? Nula. La banda derecha no existió en ningún momento, con un Carlos Martínez desacertado y un Xabi Prieto absolutamente desaparecido. Por el centro, Illarra estuvo más intermitente de lo acostumbrado, quizá demasiado pendiente de presionar al Athletic y muy poco de hacer lo que sabe, de jugar al fútbol. Zurutuza condujo demasiado y Mariga jugó asombrosamente al paso. Arriba, Agirretxe era una isla, desconectado por completo del escaso juego del equipo por mandato del entrenador, más pendiente de robar que de proponer. En la izquierda, con un Griezmann muy voluntarioso pero con escasa influencia en el juego, De la Bella asumió la responsabilidad ofensiva que se le reclamaba y no había mostrando en las primeras jornadas. Y curiosamente, fue por eso, lo único que respondía a las expectactivas, por lo que se encajó un gol.

¿Nos acordamos del gol de Mallorca? Casi lo mismo. Un contraataque fácil, de libro y sin oposición. De la Bella cometió un error, que fue el de correr a por un balón imposible que se convirtió en un saque de meta. ¿Para qué? El Athletic jugó con comodidad, tampoco con excesiva velocidad, y encontró una autopista en su banda derecha. Ninguno de los tres centrocampistas cubrió la ausencia de De la Bella, que obviamente no tuvo tiempo de regresar, lo que obligó a Iñigo Martínez a salir a la banda a la desesperada y Demidov se quedó solo en la defensa de Llorente, que se giró bien y marcó un buen gol. La jugada es un claro ejemplo de lo mal que reculaba la Real hacia su defensa, de lo poco presionante que era su juego y de la nula intensidad con la que estaba jugando. Se podría pensar que la culpa fue por lo que el Athletic hizo bien, pero en realidad el equipo bilbaíno tampoco tuvo que hacer nada del otro mundo. Tuvo un par de ocasiones más, sí, incluso forzando Muniaín en una de ellas un paradón antológico de Bravo. Tuvo mucho más balón, sin duda. ¿Fútbol? Poquísimo, prácticamente nada más allá de un buen gol, ya facilitado desde el principio por las deficiencias presentadas por el equipo txuri urdin.

El inicio de la segunda parte fue una muestra de lo equivocado que fue el planteamiento de salida de Montanier. Siquiera por orgullo, la Real se lanzó a por el partido. Y se lo comió. Se lo comió porque se lo tenía que comer. Porque esta Real tiene muchas opciones y posibilidades, más que el Athletic, y a poco que ponga la actitud necesaria en el campo por fuerza tiene que ser mejor. Luego se podrá ganar o perder, pero de eso tengo pocas dudas. En esos minutos, la Real pareció otra. Illarra cogió el balón, Zurutuza se ofreció más, Carlos Martínez buscó más opciones, la pelea de Agirretxe parecía más efectiva. Y ahí apareció Fernández Borbalán, el mismo que hace unos pocos meses no quiso saber nada de una clarísima zancadilla a Xabi Prieto que hubiera significado remontar el 2-0 con el que arrancó el Athletic en San Mamés, y en apenas cinco minutos. Aquel día, abortó la remontada de la Real. Hoy también. Iñigo Martínez se internó en el área y fue agarrado. A pesar de su exagerado salto, penalti. Borbalán pasó de la jugada. Unos segundos después, el balón pega claramente en el brazo de Gurpegi. Penalti claro, clarísimo. Borbalán pasa de la jugada, aunque asombrosamente después se lanza desaforado a señalar infracciones por mano y a mostrar tarjetas, algunos tan injustas como la de Gurpegi. ¿Mala conciencia? Mucho daño.

Uno o los dos penaltis podrían haber servido a la Real para cambiar por completo el escenario del partido, pero no tiene suerte el equipo txuri urdin en esta materia desde hace demasiados años. Demasiados. Y es aburrido tener que estar siempre así, porque luego muchos creen que son excusas. Y no. Hoy no es excusa, pero sí es una explicación de por qué ha perdido la Real. No la más importante, que esa depende siempre de uno mismo, y hoy el objetivo tiene que ser Montanier. En cualquier caso, subido en la ola de la euforia, de la protesta y de un estadio caliente, la Real anotó su gol, un golazo impresionante de Iñigo Martínez desde su propio campo. Uno de esos golazos inolvidables que, si Iñigo vistiera la camiseta del Barcelona o del Madrid, que nos sigan hablando de que no hay una Liga bipolar, veríamos repetido durante toda la temporada, hablando de las excelencias de las estrellas galácticas. Golazo con mayúsculas. Y un premio merecido al arranque de furia de la Real en la segunda mitad, cuando apenas habían transcurrido quince minutos desde la reanudación.

El partido parecía franco para la Real. Instantes después del gol, Griezmann lanzó un precioso disparo al palo y el rechace lo cabeceó Agirretxe para forzar un paradón de Gorka Iraizoz. Pero ahí, en lugar de aprovechar la ola favorable, volvió a fracasar Montanier... y también sus jugadores, todo hay que decirlo. Estaba el ambiente para seguir mordiendo al Athletic y el equipo txuri urdin se desinfló, decidió volver a los parámetros con los que empezó el partido y devolvió la iniciativa al conjunto visitante. No hubo cambios, devolviendo a los bilbaínos la ventaja del calor y del cansancio. Y, así, de la nada, nació el segundo gol del Athletic. Una cosa es dejar que Amorebieta inicie todas las jugadas y otra es ponerle una alfombra roja para meter los balones que quiera, como quiera y hacia donde quiera. El central del Athletic colocó un buen envío a la espalda de Iñigo Martínez y Llorente hizo el segundo gol visitante con un gran remate. Bravo, sin duda el realista más concentrado en todo el partido, no pudo hacer absolutamente nada. Ahí murió el partido para la Real porque nadie lo supo reactivar, menos que nadie su técnico.

Montanier ya tenía culpa suficiente con el planteamiento del partido. Incluso con el repliegue hacia atrás del equipo tras el empate. Pero la cuestión de los cambios hace que sea el principal responsable a señalar de esta derrota sin ningún género de dudas. Nueve minutos dejó transcurrir el técnico txuri urdin para hacer su primera sustitución. Era el minuto 78. Y fue Sarpong el elegido. No Llorente. El delantero salió después, a la desesperada, en el minuto 82. Se fueron Zurutuza y Griezmann. Mal por quien entró, porque Sarpong evidencia día tras día que no es jugador para la Real. Mal por el momento, muy tardío, cuando era obvio que el equipo necesitaba gasolina, y más después del segundo gol del Athletic, todo un mazazo. Mal por los sustituidos, porque si hay un jugador que tendría que haber dejado el campo era un Xabi Prieto fundido que protagonizó uno de sus peores partidos con la Real, y de largo. Mal por el reconvertido esquema de juego, que no dio ninguna opción a los atacantes más que el de luchar por pelotazos largos. Mal porque ni siquiera hubo un tercer cambio. Y mal por el ostracismo al que somete a Llorente. Hoy era su día. El partido se había puesto para él. Y Montanier le ha terminado de colocar una dura etiqueta. Para los tres puestos de ataque, es su séptima opción. Incomprensible.

En los últimos minutos, la Real no estuvo cerca del empate, nada que ver con el partido contra el Barcelona. De hecho, el Athletic tuvo claras llegadas como para anotar el 1-3 y certificar una victoria que, por lo futbolístico (y sobre todo por deméritos de la Real), no tiene discusión alguna. Montanier tiene mucho trabajo que hacer y, sobre todo, muchas explicaciones que dar. Es muy bonito vender motos cuando la cosa va bien, pero cuando todo se tuerce hay que dar la cara. No con palabras, sino con hechos. La Real hoy ha dejado una pobre impronta, cuando también quedó claro que tenía mucho más que su rival. Igual que en Mallorca, aunque allí fuera superior en el juego al equipo local. Igual que en Sevilla, donde también se tiró por la borda más que la primera parte esperando no se sabe muy bien qué. La Real tiene un gran equipo que, obviamente, se resiente con las bajas. No tener a Vela e Ifrán restó potencial. Pero estaba Llorente. ¿Cuenta? Parece que no. Que se diga y que se busque un sustituto entonces. Pero ya está bien de tirar piedras contra nuestro propio tejado, de no contar con los recursos que tenemos, que siempre parecen más válidos de lo que nosotros mismos estamos dispuestos a creer.

Que la constatación de que hay muchos problemas llegue precisamente en un derbi duele sobremanera. Que un Athletic normalito gane su primer partido de Liga en la sexta jornada y en Anoeta es todavía más doloroso. Que el entrenador esconda las virtudes de su equipo es difícil de entender. La Real se queda con siete puntos en la tabla, y pierde una ocasión inmejorable de meterse en el grupo de cabeza. Lo peor es que encuentra acomodo en lo que ahora mismo es tierra de nadie, lo que la pasada temporada le acabó llevando de cabeza a sufrir hasta la última jornada cuando su primera vuelta había sido más que meritoria. Va a ser inevitable que durante la semana, durante las dos próximos semanas ya que no hay Liga hasta dentro de dos fines de semana, surjan las dudas y se incendie el debate. Y hay motivos sobrados para ello. Porque la Real tiene mucho y enseña mucho menos de lo que tiene. ¿Por qué? Trabajo para el entrenador, indudablemente. Pero ni Sevilla ni Athletic fueron tan incontestablemente superiores como para admitir sin más esas derrotas. Ya son tres y el equipo recupera vicios pasados, por ejemplo el de no saber el valor del empate, con los que se justificó el cese de Lasarte. A pensar. Tenemos dos semanas.

sábado, octubre 01, 2011

PREVIA Real Sociedad - Athletic. Derbi atípico

Un derbi siempre es un derbi, pero éste (domingo, 12.00 horas, Anoeta, Canal + Liga 2 y Gol TV) es atípico. Por la hora a la que va a disputarse, en el mediodía del domingo, por gentileza de una Liga de Fútbol Profesional que piensa en todo menos en el fútbol. Por tener dos entrenadores novatos en estas lides que han venido a proponer una ruptura con el pasado reciente de ambos equipos. Porque la Real está por delante del Athletic en la clasificación y con una clara ventaja, y eso no suele ser habitual ni siquiera cuando estamos como ahora en el comienzo de un campeonato de Liga. Y atípico, aunque con cierto regusto amargo, será ver a Llorente en el banquillo, pues el delantero realista es la principal novedad de la convocatoria de Philippe Montarnier. Pero lo atípico no cuenta en un derbi, que siempre será un derbi y por eso lo único que importa es ganar, más allá de las evoluciones futbolísticas que demuestren unos y otros. Real y Athletic medirán de nuevo sus fuerzas en un Anoeta casi abarrotado en busca de la supremacía del fútbol vasco, siquiera por un par de semanas, ya que este partido antecede a un nuevo parón liguero por fecha FIFA.

Las bajas trastocan los planes de Montanier para este fin de semana. Diego Ifrán y Carlos Vela no han superado la prueba del último entrenamiento antes del encuentro y se perderán el derbi ante el Athletic, el primero por molestias y el segundo por una recaída del esguince de rodilla que ya le había hecho perderse un partido. Estas dos ausencias abren la puerta a Joseba Llorente, que por fin entra en una convocatoria. No será titular, pero que entre por primera vez en la lista de los elegidos precisamente en el derbi es todo un arreón de moral para el jugador y también, sin duda, para el equipo, pues el carácter de Llorente es contagioso. La otra novedad en el ataque es Sarpong, quien tuvo sus primeros minutos ante el Granada. Montanier rota de nuevo en el portero suplente y será Toño quien se siente en el banquillo. Elustondo es la tercera baja por lesión que tiene el equipo. Markel sigue sin entrar en ninguna lista y se queda fuera junto a Ansotegi (cuya situación como cuarto central del equipo no parece que vaya a cambiar en toda la temporada) y Pardo (que repetirá con el Sanse a la espera de su debut en el primer equipo).

Si las sorpresas de Montanier no alteran lo previsto, será su once de gala el que afronte el derbi. De esta forma, Bravo estará en la portería, con De la Bella y Carlos Martínez (dos asistencias en tres partidos) en los laterales. Iñigo Martínez y Demidov ocuparán el centro de la zaga. Illarramendi, Zurutuza y Mariga formarán la línea de tres centrocampostas y Xabi Prieto, Griezmann y Agirretxe estarán en punta. Ante la ausencia de Vela e Ifrán, parece claro que Agirretxe volverá a jugar como nueve e intentará engrosar su lista de goles, cuatro en los cinco primeros partidos. La duda está en cómo dispondrá Montanier a su centro del campo o si, en un movimiento que no hay que descartar, introduce a Aranburu buscando experiencia. Estrada, Mikel González, Cadamuro y Sarpong, además de Llorente, completarán un banquillo en el que el técnico galo no podrá contar por las lesiones con demasiadas alternativas ofensivas en caso de que el partido lo requiera. Está por ver si el equipo es capaz de acelerar el ritmo de juego, a pesar del calor que hará a la hora del partido, y aprovecha el cansancio del Athletic, que jugó Europa League el jueves.

No se le da mal a la Real este horario de las doce de la mañana, o al menos no se le dio mal en su andadura en Segunda División, cuando en el último año en la categoría de plata derrotó a adversarios directos como Betis o Cartagena y dejó momentos inolvidables como el gol de Bravo al Nastic. El equipo txuri urdin aventaja al Athletic en cinco puntos, por lo que pase lo que pase en Anoeta seguirá por delante. Los de Montanier tienen siete puntos y ocupan la novena posición, por detrás del Atlético de Madrid y a tres puntos de la zona europea. Los de Bielsa, entrenador que estuvo muy cerca de sentarse en el banquillo realista como sustituto de Lasarte antes de que el club apostara por Montanier, están en la zona de descenso, en la decimonovena plaza, con sólo dos puntos, aunque las dos victorias en Europa League les han dado moral. Anoeta mostrará un magnífico aspecto, aunque el sábado aún no estaba confirmado si se colgará el cartel de "no hay entradas". La fiesta del fútbol vasco y el mejor derbi de la Liga española a todos los niveles celebra una nueva edición en el peor de los horarios posibles y con una temperatura que se espera muy elevada, en torno a los 30 grados. La LFP y las televisiones tienen la culpa.

El derbi vasco se ha celebrado en Donostia en 65 ocasiones, siempre en Primera División y con claro dominio local. La Real se ha impuesto en 32 partidos, ha empatado 15 y ha cosechado 18 derrotas. Anoeta ha vivido este duelo en quince ocasiones, con el mismo nivel de supremacía realista: seis triunfos, otros tantos empates y sólo tres derrotas. No obstante, las tres victorias del Athletic se han producido en los últimos ocho enfrentamientos entre ambos equipos. La mayor goleada de la Real es el mítico 5-0 que se produjo en dos ocasiones, en Atotxa en la temporada 76-77 (dos de Gaztelu, uno de ellos de penalti, otros dos de Satrústegui y otro de Zamora) y en Anoeta en la 94-95 (con tres goles de Kodro, los últimos que marcó con la camiseta txuri urdin, otro de De Pedro y uno más de Idiakez). Anoeta vivió otras jornadas memorables contra el Athletic en las temporadas 2002-2003 (4-2 en la primera jornada de Liga, con doblete de Nihat y goles de Karpin y Kovacevic) y 2004-2005 (el 0-2 que levantó la Real de nuevo con dos tantos de Nihat y otro de Gabilondo es la mayor remontada de su historia). El 1-7 de la temporada 29-30 (Cholín hizo el único tanto realista) es el marcador más severo que ha sufrido el equipo local en los derbis celebrados en campo donostiarra.

La última visita del Athletic a Anoeta se produjo la temporada pasada, la 2010-2011. Y la Real ganó bien, francamente bien, a pesar de que los goles llegaron de la manera más afortunada y con el mismo protagonista visitante. En el minuto 24, San José cometió penalti, al despejar con la mano un cabezazo de Zurutuza. Xabi Prieto no falló, pero al árbitro no le gusto su paradinha e incluso le sacó una asombrosa tarjeta amarilla por hacerla. Pero el 10 realista es un hombre de hielo desde los once metros y marcó de nuevo en la repetición. Griezmann falló un gol increíble antes de llegar al descanso, en los mejores minutos de un Xabi Prieto excepcional. Ya tras la reanudación, el mismo Prieto metió un precioso balón al segundo palo buscando la cabeza de un siempre bravo y batallador Llorente, pero San José, tenía que ser San José, se interpuso e introdujo el balón en su portería, culminando una tarde nefasta para el central. Con 2-0 en el marcador, la Real dejó el balón al Athletic, que nunca supo que hacer con él y no creó ocasiones de peligro en la portería de Bravo. El equipo txuri urdin, en cambio, pudo ampliar la renta a balón parado, pero el partido acabó como estaba. 2-0. Con la Real por arriba. Como tiene que ser.