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lunes, noviembre 18, 2013

AQUELLOS MARAVILLOSOS CROMOS Juan Bagur

La pasada semana nos dejó Juan Bagur. Nito o Juanito le llamaban los suyos. Poca repercusión ha tenido la noticia, a pesar de que estamos hablando del quinto guardameta que más veces ha defendido la portería de la Real Sociedad, sólo por detrás de Arconada, Alberto, Bravo (le ha superado esta misma temporada) y Esnaola. Jugó un total de 203 partidos, 145 de ellos en Primera, 26 en Segunda, 27 en la Copa, cinco en la fase de permanencia en Primera de la Liga 1954-1955, a lo largo de las trece temporadas que permaneció en San Sebastián. Es natural de Menorca y eso le convierte en el portero español no vasco que más tiempo se puso bajo palos con la Real, aunque él siempre se consideró vasco. Y eso que durante mucho tiempo no fue titular por la presencia de un monstruo como Eizaguirre. Cuando se publicó este cromo, en el álbum Campeones editado por Bruguera para la temporada 1957-1958, Bagur venía de jugar 29 de los 30 partidos de la Liga anterior y los siete de la Copa, pero la irrupción de Araquistain le fue dejando sin partidos.

Bagur debutó en la Real en un encuentro de Copa sin historia que se jugó el 13 de junio de 1948. El equipo txuri urdin se había plantado en las semifinales de la competición, pero fue arrollado por el Sevilla en el partido de ida de esa ronda. Galarraga, que era el portero titular de la Real por aquel entonces, tuvo que recoger el balón del fondo de su portería nada menos que en siete ocasiones y sus compañeros sólo pudieron oponer un gol, logrado ya al final por Pérez. En Atotxa, el 7-1 fue imposible de remontar, pero al menos la Real ganó el partido por 1-0. Un partido insulso, por cierto, que apenas se recordará por ser el primer partido del portero. "Ni siquiera nos cupo en suerte medir las posibilidades del debutante Bagur. El Sevilla no dio al joven meta ni una sola oportunidad", dice la crónica de El Diario Vasco de aquel día.

Su protagonismo fue absoluto en las dos campañas siguientes. Se convirtió en el portero del ascenso en 1949 y el de la permanencia en 1950, jugando todos los partidos de ambas Ligas. Pero Eizaguirre volvió a la Real en el verano de 1950. Se pasó dos campañas sin jugar en Liga, sólo en Copa, incluso teniendo que suplir al titular, lesionado, en la final de la competición del KO que perdió la Real contra el Barcelona en Chamartín. A pesar de su alargada sombra, Bagur, cuyo contrato vencía en 1952, decidió renovar por otros cinco años más, y de nuevo firmó por el mismo periodo de tiempo cuando finalizó ese segundo contrato. Y jugó bastante, a pesar de que Eizaguirre era el titular. Aunque su deseo era acabar su carrera profesional vestido de txuri urdin, la irrupción de otro gran portero, Araquistain, le llevó a plantearse el traspaso. Y a la Real, que siempre ha vivido en una importante precariedad económica, el dinero de la venta le venía fenomenal.

El Diario Vasco informaba de la presencia en la grada de Atotxa de José Samitier, secretario técnico del Real Madrid, viendo el Real Sociedad - Oviedo de la temporada 1959-1960. Bagur ya no jugaba, bajo palos estaba Araquistain. Ya ese mismo día se daba por seguro el traspaso al equipo blanco, y se hacía con una colección de elogios hacia el ya entonces casi ex realista: "En todo momento portero de indudable categoría, fueron muchas las ocasiones en las que puso a prueba su condición de un donostiarra más, amante como el primero de los colores blanquiazules". Bagur se marchó pues al Real Madrid, donde estuvo hasta la temporada 1961-1962. En ese tiempo, y aunque sólo jugó cuatro partidos oficiales, ganó una Liga, una Copa de Europa y una Copa Intercontinental, siendo el único jugador de Menorca que ha logrado el máximo título europeo. Fichó después por el Racing, precisamente cuando Araquistain volvió a cerrarle las puertas de la titularidad ahora en el Madrid. En Santander jugó una temporada, hasta que se retiró para atender su negocio familiar de alimentación en Menorca, donde residió hasta su muerte con 85 años.

lunes, junio 11, 2012

AQUELLOS MARAVILLOSOS CROMOS: Meho Kodro

El cromo de la temporada 1994-1995 fue el último en el que se pudo ver a Meho Kodro llevando la camiseta de la Real Sociedad. Con su traspaso al Fútbol Club Barcelona se ponía fin a una exitosa estancia de cuatro campañas en el equipo txuri urdin. Este cromo tiene doble valor porque es de los que hacían trampa. A veces colocaban fotografías de otras temporadas, como es el caso, ya que la imagen de Kodro no pertenece a la recién finalizada 1993-1994 o a la pretemporada de la 1994-1995, que es el material que solía utilizarse. En la foto de Kodro es fácil deducirlo. Primero, porque el fondo es el viejo y añoado Atotxa, cuando Anoeta había sido inaugurado un año atrás. Y segundo porque la equipación que viste es de Rasan y no de Astore, marca que también se ligó a la Real en el verano de 1994.

En el momento de imprimir este cromo, Kodro venía de hacer la mejor temporada de su vida. La mejor que había hecho jamás un delantero de la Real. No es este un equipo pueda presumir de tener goleadores que se salieran de las tablas, pero no hay que olvidar que el máximo anotador de la primera Liga de la historia, la 1928-1929, Paco Bienzobas, vestía la camiseta txuri urdin. Es el único realista que figura en el palmarés del Trofeo Pichichi. Aún así, nadie en este equipo había metido nunca 23 goles en una sola temporada y en Primera División. Kodro lo hizo en la 1993-1994. Quién nos iba a decir que en la siguiente temporada sería incluso capaz de batir ese registro. En la 1994-1995 llegó a los 25. Sigue siendo, hoy en día, la mejor marca en Liga de un delantero de la Real. Y a nadie se le olvidará nunca que los tres últimos llegaron en el memorable derbi del 5-0 al Athletic.

Parece imposible que la Real retenga a un delantero que ha marcado 48 goles en dos temporadas. Lo sería ahora, y así lo fue entonces. El Barcelona pagó los 700 millones de pesetas de su cláusula de rescisión, porque Kodro además quería dejar dinero en las arcas de la Real, y el bosnio se fue a probar suerte a la Ciudad Condal. No la tuvo. Ni allí, ni en el Tenerife después. El impresionante goleador que se había visto en la Real, el que trajo Toshack para hacer una prueba en Zubieta casi de incógnito, no terminó nunca de aparecer. Será que la camiseta a rayas blancas y azules le daba una magia que no encontró en ningún otro sitio. Y eso que cuando llegó a la Real vivió momentos difíciles. Se lesionó en su debut, en la temporada 1990-1991 y contra el Racing. Aún así, fue capaz de marcar 13 goles que ayudaron a que el equipo se clasificara para la Copa de la UEFA. En la siguiente temporada, su registro fue menor. Se quedó en doce goles. No era fácil pensar que su explosión llegaría a partir de ahí.

Con el permiso de Kovacevic, Kodro es el último delantero clásico que ha tenido la Real, antes de que Bosman revolucionara el mercado futbolístico y de que otras formas de jugar al fútbol se instalaran en la Liga española y en todo el mundo. Kodro remataba todo balón que le llegaba. Le daba igual con qué parte del cuerpo lo hacía o si el remate era limpio o trompicado. Y su disparo... Su disparo era salvaje. Por eso hubo que ponerle nombre. Era el kodrazo. Y aunque no sirviera para nada, el Real Madrid, una de sus víctimas preferidas, encajó el primero. Ninguno, eso sí, como el que dio el empate en la temporada 1994-1995, en Anoeta, en el tiempo de descuento y desde una distancia que entonces parecía inasumible. Kodro es también el último jugador de la Real que ha marcado cuatro goles en un partido, al Tenerife y en esa misma temporada 1994-1995. Sacaba las faltas, tiraba los penaltis, tenía un gran remate de cabeza, marcó goles de todos los colores. Kodro, uno de los grandes.

jueves, octubre 20, 2011

AQUELLOS MARAVILLOSOS CROMOS: Dioni Urreisti

Con Aranburu a punto de cumplir 400 partidos con la camiseta de la Real, bien es justo recordar la figura del primer jugador que superó dicha barrera, el único que lo hizo antes de que el equipo txuri urdin se convirtió en campeón a comienzos de los años 80 del siglo pasado y cuando se jugaban bastantes menos partidos que ahora. Su nombre, Dionisio Urreisti. Fueron 416 las veces que defendió la camiseta realista a lo largo de quince temporadas, desde su debut el 16 de septiembre de 1962, en Segunda, con el Orense como rival, hasta que se marchó de la Real al finalizar la temporada 1976-1977. "Urreisti, bien sujeto por Garbayo -acaso el mejor hombre del Orense-, lo vi por bajo de sus posibilidades. Y no creo que fuera por razón de la potencia de su contrario". Así contaba Iturrioz El Diario Vasco el día de su debut, ante el Orense. Aquel día, Urreisti colaboró con un gol (el único que marcó en toda la temporada) en el resultado final, 6-1, pero fue el gran día de Olano, que anotó los otros cinco. Con el tiempo, Urreisti demostró que aquel debut por debajo de sus posibilidades fue sólo eso, el debut.

Urreisti sólo jugó un año en el Sanse (26 partidos, ocho goles), y fue el mejor de la historia del filial txuri urdin. En aquella temporada 61-62 el equipo estuvo siempre en los puestos destacados de la Segunda División, finalizó cuarto a sólo dos puntos del ascenso, y tuvo una brillante andadura en la Copa del Rey, enfrentándose y plantando cara a todo un Real Madrid. Lástima que el descenso de la Real a Segunda llevara al Sanse a Tercera, sin haber regresado nunca más a la categoría de plata. Urreisti destacó desde joven, pero antes de dar el salto al filial realista estuvo un año jugando apenas algún partido con el conjunto juvenil. El cromo que preside estas letras es de la tempoada 1967-1968, la del regreso a Primera División tras cinco largos años en Segunda. Para entonces, Urreisti ya erá más que titular en la Real, donde siempre, salvo en sus primera y última campañas, jugó más de veinte partidos ligueros, casi siempre más cerca de los 30. Le costó en su salto al primer equipo, pero para la temporada 1963-1964 ya era se había hecho con el puesto de extremo derecho.

Marcó 78 goles con el primer equipo de la Real. En Primera, su mejor temporada en este sentido fue la 68-70, en la que marcó ocho tantos. En Segunda, hizo diez en la 63-64, 65-66 y 66-67. Su debut goleador fue el ya referido ante el Orense (el primero en la máxima categoría del fútbol español se lo hizo al Valencia, 2-0 ganó la Real aquel día). El último, qué mejor colofón a su carrera en el equipo txuri urdin, fue en la Copa de la UEFA de la 75-76. Fue el empate a uno en Atotxa ante el Grasshoppers, el gol que permitió a la Real superar por primera vez una eliminatoria europea, en su segunda participación. Fue un potente disparo desde 30 metros que se coló por la escuadra. Qué mejor premio para alguien que se convirtió en leyenda viviendo todo lo que puede ser la Real, lo mejor y lo peor, el infierno de tantos años en Segunda, el ascenso de Puertollano, la clasificación por primera vez para jugar en Europa e incluso la construcción del equipo campeón. Dioni Urreisti, toda una leyenda, aunque su recuerdo a veces esté eclipsado por el intenso brillo de la Real campeona.

martes, septiembre 06, 2011

AQUELLOS MARAVILLOSOS CROMOS. Francisco Javier Urruticoetxea, Urruti

Cuando uno piensa en un jugador que haya vestido las camisetas de la Real Sociedad y del Fútbol Club Barcelona el nombre que viene a la mente de forma irremediable es el de Urruti. El de Francisco Javier Urruticoetxea. Y no porque sean sus actuaciones con la camiseta txuri urdin las que le hicieron pasar a la historia, porque eso le sucedió más con el Barça que con la Real, sobre todo con aquel penalti que paró en Valladolid en la temporada 1984-1985, dándo así la Liga a su equipo. Fue el día en que el periodista Joaquim Maria Puyal gritó aquello de "Urruti, t'estimo". En aquel momento, el guardameta cumplía su cuarta temporada defendiendo la portería blaugrana, tras haber pasado otras tres en la del Espanyol (cuando era Español). Allí había llegado después de cinco campañas formando parte de la primera plantilla de la Real. El cromo corresponde a la temporada 1974-1975. ¿Y por qué es tan importante la figura de este portero como para recordarla aquí y ahora? Porque es uno de los grandes ejemplos de cómo debe avanzar la Real.

Urruti era un gran portero, un ejemplo de la maravillosa factoría de guardametas que durante años fue la cantera de la Real. Pero tuvo que salir del club porque llegó un chaval más joven y con más cualidades que él. Un tal Luis Miguel Arconada. Y por eso Urruti fue traspasado al Espanyol. Antes de eso había jugado la nada despreciable cantidad de 79 partidos defendiendo la portería txuri urdin, compartiéndola nada menos que con Pello Artola. Con Urruti bajo palos, la Real se clasificó por primera vez para la Copa de la UEFA en la temporda 72-73. Y con él en esa posición jugó su primera eliminatoria europea, en la campaña siguiente, contra el Banik Ostrava. No deja de ser irónico que fuera en la UEFA, contra el Liverpool, cuando Andoni Elizondo decidió dar la alternativa a Arconada en el lugar que venía ocupando Urruti hasta entonces. Urruti llegó a la internacionalidad cuando ya jugaba en el Espanyol y sólo jugó cinco partidos con la selección española. ¿Quién le cerró el paso? Arconada, por supuesto. Estuvo en tres Mundiales, como suplente del realista (en España 82), antes de Miguel Ángel (en Argentina 78) y después de Zubizarreta (México 86). Zubi fue, de hecho, el guardameta que le suplió en el Barça al retirarse.

Cuando la tragedia se llevó la vida de Urruti a los 49 años, lloró más el barcelonismo que el realismo, pues allí, en la Ciudad Condal, fue se convirtió en leyenda. Perdió la vida el 24 de mayo de 2001, en un accidente de tráfico que sufrió volviendo a casa después de ver con unos amigos la final de la Champions que disputaron el Bayern y el Valencia. Sólo unos días después, el 4 de junio, Real Sociedad, Barcelona y Espanyol jugaron un torneo triangular de carácter amistoso para recordar al guardameta donostiarra. El Barça fue el triunfador. La Real empató a cero sus dos partidos de 45 minutos cada uno y su portero, ironías de la vida, fue Asper, el primer extranjero que se situó bajo palos con la camiseta txuri urdin. Urruti, pese a ser parte importante de la historia del Barcelona, también lo es de la trayectoria de la Real. Es un ejemplo de cuando el territorio guipuzcoano era en aquellos años el mejor y mayor vivero de porteros de la Liga española y de cómo la cantera de Zubieta debe funcionar, dando paso a sus jóvenes talentos aún quitándole el sitio a jugadores muy buenos. Como era el caso de Urruti, quien supo triunfar lejos de la Real.

lunes, julio 25, 2011

AQUELLOS MARAVILLOSOS CROMOS: Jesús Mari Zamora

Jesús Mari Zamora es el autor del gol de Gijón. Aquel 2-2 que, el 26 de abril de 1981, convirtió a la Real en campeona por primera vez en su historia. A veces da la sensación de que su carrera queda limitada a ese momento, a ese instante, a ese disparo, a esa carrera hacia la grada de El Molinón, a ese grito de rabia que trasladó al mundo entero la felicidad txuri urdin. Pero Zamora ya era entonces mucho más que eso, y tras ese instante se convirtió en mucho más para la Real. Sí, fue con aquel gol el hombre que culminó el trabajo de una temporada, de toda una vida, pero cuando ese momento llegó Zamora ya llebaba seis años jugando con el primer equipo, desde que debutara en Málaga el 16 de febrero de 1975. Fue Andoni Elizondo quien le dio la alternativa con la Real, pero quien insistió para que eso se produjera fue Javier Expósito, el auténtico padre del equipo campeón.

El cromo que encabeza estas líneas pertenece a la temporada 1976-1977. Zamora no tenía todavía el pelo tan largo como le vemos siempre en esas inolvidables fotos de Gijón y no tenía el bigote tan perfilado como en sus imágenes más conocidas. Pero ya era Zamora. Ya era ese zurdo que dominaba el centro del campo de la Real y hacía cosas imposibles con el balón y con el juego del equipo. Ya era el jugador por el que Núñez suspiraba para el Barcelona, y por el que llegó a ofrecer a Orbegozo el pago de la construcción de Zubieta (por él y por Arconada). Acabó jugando 588 partidos con la camiseta txuri urdin, sólo superado por Górriz y Arconada. Marcó 79 goles, con sólo once jugadores con más tantos en el ránking histórico. Y jugó 30 veces con la selección española, sólo superado en lo que a realistas se refiere por Arconada (68) y Satrústegui (32).

En su libro Diarios del galés, Toshack hace una primera anotación sobre Zamora de lo más curiosa, fechada el 27 de julio de 1985. "Zamora y Larrañaga necesitan ser más positivos y pasar balones hacia delante con más frecuencia. Abusan del pase horizontal o atrasado". Como no podía ser de otra forma, Toshack también se rindió a la calidad de Zamora y fue uno de los pilares de su Real, como lo había sido de la de Ormaetxea, de la de Irulegi y, por poco tiempo, de la de Boronat. O del Sanse de Expósito, donde jugó 52 partidos y marcó 12 goles. Zamora se retiró al finalizar la temporada 88-89, después de ser uno de los siete jugadores que han ganado todos los títulos que ha ganado la Real. Se despidió junto con Arconada, dando una vuelta de honor en Atotxa.

Su último gol se lo marcó, como no podía ser de otra manera, al Athletic de Bilbao y en San Mamés. Hasta en eso demostró ser un realista de corazón. Aquel día la Real ganó 2-3 y Zamora hizo el que entonces era el 0-2. Justo un mes antes, Zamora había anotado el último gol de la Real en la UEFA de aquel año, el 1-0 ante el Sttutgart, en Atotxa. No bastó para pasar una eliminatoria que se decidió por penaltis. Aquel partido fue, quizá, la última gran lección magistral de Zamora, la última pica que puso, por triste que fuera debido a una increíble e injusta eliminación, en la historia europea de la Real. Porque si Zamora es algo en la Real, es precisamente eso: historia. Y de la grande.

jueves, junio 02, 2011

AQUELLOS MARAVILLOSOS CROMOS: Óscar de Paula

Termina la temporada 94-95 y el sabor de boca en la Real es formidable. Salva Iriarte había sustituido en el banquillo unos meses antes a John Toshack y una magnífica racha de resultados había hecho pensar incluso en llegar a puestos europeos. Al final no fue posible, pero los 23 goles de Kodro (la cifra más alta jamás conseguida por un jugador txuri urdin en Liga) y, sobre todo, el memorable 5-0 que le endoso la Real al Athletic en Anoeta sirven para dar por buena la temporada. Eso y el gran trabajo de cantera de Iriarte, López Ufarte y Etxarri, consolidando en el primer equipo una gran generación de potrillos que Toshack había llevado a la élite. Kodro se marchó como un ídolo al Barcelona y el 9 lo iba a heredar Joseba Etxeberria. Como éste decidió mandar a paseo su formación en la Real y el agradecimiento a quienes le dieron la oportunidad de ser futbolista profesional, hubo que lanzarse al mercado. Apenas seis días después de que Etxeberria fuera presentado con la camiseta del Athletic, Anoeta vivía la puesta de largo como realista de un chaval de 20 años recién cumplidos: Óscar de Paula.

Este cromo de la temporada 95-96, su primera en la Real, dice de él que "es una de las esperanzas de la Real Sociedad. Hábil, de regate fácil, tiene un gran futuro". En su presentación, a la que corresponden las dos imágenes de dicho cromo, De Paula declaró lo siguiente: "Tenía varias ofertas, pero jugar en la Real era mi sueño y llegué a un acuerdo en un día. Espero no defraudar a los técnicos que han confiado en mí". Cuatro días después, la Real fichaba a otro joven delantero, Markus Pürk, que completaba la nómina de delanteros junto a Gica Craioveanu, fichado dos semanas atrás. Parece mentira que ya hayan pasado dieciséis años desde entonces. Procedente del Badajoz, De Paula vistió la camiseta txuri urdin diez años, hasta la temporada 2005-2006, jugando un total de 302 partidos y marcando la nada despreciable cantidad de 60 goles. Nada despreciable porque De Paula, casi siempre, fue el revulsivo desde el banquillo. Siempre jugaba mejor así, como suplente, que cuando se le daba la responsabilidad de ser titular. Cosas del fútbol.

Nunca he sido un grandísimo admirador de De Paula, pero es obligado reconocer que nos ha dado buenos momentos. De su carrera sólo lamentó que le faltara un gol. No marcó ninguno en la temporada 2002-2003 y no termino de quitarme de la cabeza la idea de que si hubiera convertido siquiera uno la Real hubiera logrado aquel campeonato de Liga. Fue la única de las diez temporadas de txuri urdin en la que no marcó ninguno. Cosas del fútbol, insisto. Claro que, para desquitarse de aquello, De Paula será siempre el autor del gol que colocó a la Real entre los 16 mejores equipos de Europa. Suyo fue aquel 1-1 en Anoeta ante el Galatasaray que daba la clasificación para los octavos de final de la Champions en la temporada 2003-2004. Y jugó aquel día de titular porque a Darko Kovacevic le habían expulsado con dos tarjetas amarillas increíbles, ambas por mano, en el campo del Olympiakos dos semanas antes. ¡Para que luego digan de los arbitrajes europeos! Y De Paula, el eterno suplente, el inagotable revulsivo, aquel día cumplió de titular. Cosas del fútbol, sí.

En su retirada, motivada por una lesión de rodilla, De Paula se ha acordado de aquel gol y del primero que marcó con la camiseta de la Real. Aquel 22 de noviembre de 1996, el equipo donostiarra visitó La Romareda con Iriarte ya algo cuestionado por un errático comienzo de Liga. Marcó Albistegi el 0-1 en el minuto 18. Empató Poyet en el 69. Y el Zaragoza se comía a la Real buscando la victoria. Pero en el último minuto, Karpin sacó una falta desde la derecha y un dificilísimo escorzo permitió a De Paula rematar y hacer el definitivo 1-2. Un pedazo de gol, aunque se le recuerden mucho más el que le hizo al Atlético de Madrid y que valió para derrotar al líder y campeón de aquella misma temporada, o aquel que le marcó al Real Madrid en la campaña 2001-2002, un tanto que ayudó a confirmar la permanencia de la Real en Primera. En su última temporada, aquella 2005-2006, marcó tres goles en Liga y los hizo en tres jornadas consecutivas: en Málaga, en Anoeta frente al Real Madrid y en Santander. Ninguno de los tres goles sirvió para ganar. Efectivamente, cosas del fútbol.

El caso es que De Paula se retira como futbolista de la Ponferradina, equipo con el que llegó a jugar en Zubieta contra el Sanse. Entonces ganó. Y marcó un gol. Se va a causa de una lesión, una cruz que marcó demasiado su carrera como futbolista. Y como ha sido parte integrante de la historia reciente de la Real, merece un recordatorio. Gracias por aquellos años y mucha suerte en esta nueva etapa de la vida.

miércoles, enero 19, 2011

AQUELLOS MARAVILLOSOS CROMOS: Alberto Ormaetxea

En la temporada 67-68, la Real volvió a Primera después de haber pasado cinco años en Segunda. En sus filas jugaba un tal Alberto Ormaetxea. Ormaechea, como se escribía entonces en la prensa o en los álbumes. Este cromo corresponde al álbum de aquella temporada. Jugó con el Sanse en Segunda, cuando el filial realista vivía sus mejores tiempos en aquella categoría, y fue en Segunda donde dio el salto al primer equipo. Entonces era lateral derecho, pero pronto cambió de banda. Su debut con la Real se produjo en la primera jornada de la temporada 62-63, en Atotxa y contra el Orense. El equipo txuri urdin ganó 6-1 al conjunto gallego y Olano marcó cinco de aquellos goles. No fue mal día para debutar. Fue el primero de los 280 partidos que jugó con la Real entre aquella campaña y la 72-73. Sólo marcó dos goles, los dos en la Liga 69-70. El primero fue contra el Sabadell y el segundo, de penalti, contra Las Palmas, ambos en Atotxa. La Real ganó los dos días.

Aunque fue una bonita trayectoria como jugador, pocos se acuerdan de ella. La memoria es tan selectiva como a veces injusta, pero es que si algo es Alberto Ormaetxea es el entrenador de la Real campeona de Liga. Ahí sí que estamos hablando ya de una auténtica leyenda. Sin discusión. 324 partidos, de los cuales ganó 157, casi la mitad. Dos títulos de Liga. Una Supercopa. Unas semifinales de Copa de Europa. Todo eso se consiguió con él sentado en el banquillo. Y, sin embargo, en aquellos años Alberto Ormaetxea no tenía la consideración en algunos sectores que semejantes logros requería. Se dudaba de él, se le consideraba defensivo, no se le ponía a la misma altura que los jugadores que ya entonces eran míticos para todos. Era como si Ormaetxea simplemente pasara por allí. Y no, no fue así. Ormaetxea fue un genio capaz de llevar a un modesto equipo a lo más alto. Menos mal que el tiempo le puso donde merecía. Con el 25º aniversario del primer título de Liga, en 2006, se inauguró un busto con su efigie junto al estadio de Anoeta. Él ya no pudo verlo. Nos había dejado ya. Pero sigue ahí, con todos nosotros, disfrutando ahora con lo que la Real, su Real, está haciendo ahora ya de nuevo entre los grandes.

jueves, noviembre 18, 2010

AQUELLOS MARAVILLOSOS CROMOS: Luis Arconada

No es hoy un día en el que haya necesariamente algún motivo especial para hablar de Luis Arconada, ¿pero acaso necesita un seguidor txuri urdin alguna razón de esa índole para recordar al que ha sido el mejor portero de la historia del club? Y eso no lo digo yo, lo dijeron la mayoría de los aficionados que votaron en la elección que se hizo por Internet del once ideal de los primeros cien años de vida de la Real. Y lo dicen los rivales que sufrieron las maravillosas intervenciones de Arconada sobre el césped. Y los compañeros que tenían que defender por delante de él. Y los muchísimos seguidores realistas que lo son, todavía hoy, precisamente por haberle visto jugar bajo los palos.

Los datos de Arconada son de sobra conocidos. 551 partidos en la Real, 68 internacionalidades con la selección española, la capitanía con ambas camisetas durante muchos años, tres trofeos Zamora con la Real, todos los títulos logrados por el club... Y sobre todo muchas horas de fútbol en estado puro. Los seguidores de la Real quizá lo sabemos mejor que los de otros equipos, pero el portero es también parte de la liturgia más hermosa de este deporte. Son tantos los buenísimos guardametas que jugaron en Atotxa y en Anoeta defendiendo el escudo de este equipo que a nosotros nadie nos puede enseñar mucho sobre lo que significa defender una portería. Y Arconada fue el mejor de todos. Con su agilidad, con su liderazgo, con sus medias blancas.

La principal rareza de este cromo, que pertenece a un álbum de la temporada 1978-1979 (la última antes de que aquel pequeño y modesto equipo empezara a hacer historia de la grande) está precisamente ahí, en las medias. Porque Arconada no siempre llevó medias blancas. Al comienzo de su carrera en el primer equipo realista (debutó en la temporada 1975-1976 en aquella eliminatoria de Copa de la UEFA contra el Liverpool), llevaba medias a rayas blancas y azules, como el resto de componentes del equipo. Con este cromo también se atisba un poco de fondo la grada y el césped del viejo estadio de Atotxa. Tanto fútbol desprende aquel viejo y entrañable recinto como ver a Arconada en una imagen de hace tantos años.

miércoles, octubre 13, 2010

AQUELLOS MARAVILLOSOS CROMOS: Iñaki Alkiza

Este cromo pertenece al album de cromos de la temporada 1961-1962. Alquiza, dice el rotulo que se llama este jugador. En aquellos oscuros años de la historia, los nombres en euskera no estaban bien vistos. Muchos ya le conocimos cuando ese apellido se escribía con "k", cuando Iñaki Alkiza era el presidente de la Real. Su mandato se recuerda porque tomó dos de las decisiones más trascendentes de la historia moderna del club: la de convertir el club en Sociedad Anónima Deportiva y la de fichar jugadores extranjeros de nuevo, tras décadas sin que en vistiera un solo foráneo la camiseta txuri urdin. Y fue entonces cuando muchos nos enteramos de que Iñaki Alkiza también había sido jugador de la Real.

Lo más curioso es que Alkiza no jugó en la Real en la temporada 61-62 y su presencia en ese álbum no concuerda con lo que dice la historia. Pero en la Real sí jugó, ya lo creo que jugó. Debutó a finales de la temporada 55-56, y no pudo tener un mejor día para vestir por primera vez la camiseta realista. Fue en Madrid, en un épico 4-5 ante el Atlético de Madrid. Contando aquel, tras un paréntesis de una campaña en el Eibar y hasta el final de la temporada 60-61, disputó 73 partidos y marcó nueve goles (el primero de ellos en Copa ante el Jaén, en un escandaloso 7-0 de junio de 1958). Se retiró por un problema renal y, sin saberlo entonces, resulta que Alkiza se libró de vivir como jugador el último descenso a Segunda antes del que vimos hace tres años.

Estas tres imágenes dan idea del paso del tiempo. En la primera está entregando la insignia de oro y brillantes del club a su predecesor en la Presidencia, José Luis Orbegozo. Era el año 1983, cuando comenzó su mandato al frente de la Real, después de cuatro años como miembro de la junta dirigida por el propio Orbegozo. En la segunda imagen es él quien está recibiendo ese reconocimiento de manos de su hijo Bittor. Habían pasado nueve años, hasta 1992. La tercera es en el palco de Anoeta, cuando Iñaki Badiola, en 2008, reunió a todos los ex presidentes vivos del club. Pocos recordarán cómo se desenvolvía por la banda izquierda de Atotxa, pero muchos tenemos un grato recuerdo de él como presidente.