martes, junio 17, 2008

REAL SOCIEDAD 1 - CÓRDOBA 1. El final más triste y lamentable

Se acabó. La temporada en Segunda División tuvo el final más triste y lamentable que podía tener. La Real necesitaba ganar antes de mirar a lo que sucedía en Gijón y Málaga. Y ni tan siquiera eso pudo ofrecer a una afición que no dejó de estar con el equipo en ningún momento. Hubo ovación al saltar al césped, olvidando lo sucedido una semana antes en Vitoria. Hubo ovación al marcar Labaka el gol de la Real, a pesar de que no significaba más que el empate y a pesar de que en ese momento ya iban ganando sus dos rivales. Hubo ovación al salir el equipo tras el descanso, a pesar de que ya empezaba a hacer falta una enorme carambola para subir. Y hubo ovación cuando los jugadores se retiraron del campo primero y del estadio después, a pesar de que ya se pensaba en la visita del Huesca de la próxima temporada. El final más triste y lamentable.

Porque, por un día, después de 41 jornadas en las que el equipo supo sobreponerse a todo lo que se le vino encima, la Real dejó de ser la Real. No tuvo la personalidad necesaria para dar el último arreón y, aunque ya no sirviera para subir, dejar a esa afición que se ha dejado la vida un motivo, un único y sencillo motivo, para ilusionarse de cara a la próxima temporada, un motivo para esbozar una sonrisa, siquiera una sonrisa con cierto aire de melancolía. Lo que el equipo txuri urdin ofreció ante el Córdoba, por mucho que sea imposible sustraer el partido de lo que estaba sucediendo en Gijón y Málaga, fue un ejercicio de no saber ganar, de bajar los brazos, de entristecer aún más a un público que ya no sabe si tiene más capacidad para soportar la tristeza pero que tendrá que afrontar otro año como el que ahora finaliza. La Real acabó la temporada sin ilusión, sin fuerzas, sin ganas y sin gloria.

A pesar de que la Real tuvo unos buenos minutos a raíz de encajar el gol del Córdoba, la sensación que dejó el partido es que era mucho más probable la victoria del equipo visitante que la del conjunto txuri urdin. Y eso es duro de decir cuando el Córdoba dejaba pasar los minutos esperando el final con el botín del empate. Por el camino, el conjunto andaluz le dio a la Real un curso acelerado a este equipo de cómo detener un encuentro. Exactamente lo que los realistas no supieron hacer en Vitoria.
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En este último partido, como en otros muchos a lo largo de la temporada (y ahí ha estado el verdadero talón de Aquiles de este equipo en los últimos meses), la Real no fue capaz de generar demasiado peligro contra la portería cordobesa, no supo aprovechar los ánimos de un Anoeta entregado tras el empate, sabiendo que ahí podía estar (aunque luego no fuera así) el último tren del ascenso. La Real, sin hacer nada del otro mundo, debió irse al descanso ganando, cumplir su parte de este desenlace. Por historia, por ilusión, por fútbol y por todo. Pero no lo hizo. Y la segunda parte fue una rendición en toda regla. Ni con cinco delanteros fue capaz el equipo de colgar un solo balón al área o poner en verdaderos aprietos la portería visitante.
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¿Qué queda de esta triste última jornada en el apartado futbolístico? Prácticamente nada. Obviamente, aquí no se perdió el ascenso, porque las claras victorias de Málaga y Sporting (desde aquí, mi más sincera enhorabuena a los aficionados de ambos equipos) anulaban cualquier opción de subir. Pero es que hubo poco que rascar, poco que ofrecer a la afición, poco con lo que ilusionarse de cara a la próxima temporada. El último paradón de Asier Riesgo. La noble entrega de Castillo. Algún detalle de Fran Mérida. Nada más. Y eso es poco, muy poco, por parte de un equipo que se encontró con una afición entregada desde el primer minuto. Una afición que merecía mucho más. Sí, el ascenso se puso imposible muy pronto. Pero la Real no pasó ni un solo minuto en puestos de privilegio, no llevó los nervios a La Rosaleda o El Molinón. La Real no hizo su parte. Y eso aumentó la tristeza.

Otra vez, como en Vitoria, la emotividad se comió a la Real. Hace dos semanas, ante el Salamanca, fue la presión. Siempre hay algo que acaba con la moral de este equipo. Y sorprende que haya llegado al final de la temporada cuando, precisamente, lo mejor de esta Real estaba siendo su fuerza de voluntad, su capacidad para seguir en la pelea a pesar de todo lo que le estaba sucediendo alrededor, a pesar de todos los palos que caían uno detrás de otro. Pero esa voluntad se perdió hace unos encuentros. Desapareció sin motivo alguno. La plantilla se pasó toda la temporada confiando cuando casi nadie lo hacía (yo siempre confié y lo sigo haciendo para el futuro). Y cuando la gente empezó a confiar, la plantilla se tambaleó. El ascenso se nos ha ido. No nos lo han ganado. Se nos ha ido. Lo hemos tenido y lo hemos dejado escapar.
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Lo del Córdoba, al final, será una anécdota en el devenir histórico de un equipo ya casi centenario. Como la Real se ha quedado a cuatro puntos del ascenso, quedará para todos aquellos que no estuvieron en Anoeta el 15 de junio de 2008 como un partido intrascendente, marcado más por la alegría de los cordobeses por su permanencia en Segunda (felicidades también para ellos, su comportamiento en San Sebastián fue para quitarse el sombrero) que por lo que perdió la Real. Porque eso se quedó atrás un par de semanas antes. La Real no ofreció en su última jornada las sensaciones necesarias para que el fútbol le devolviera lo que le había quitado hace cinco años en Vigo y hace hoy exactamente uno en Valencia. Eso es lo más triste de la última jornada.

viernes, junio 13, 2008

PREVIA Real Sociedad - Córdoba. El último ejercicio de fe

El camino de la Real en esta primera temporada en Segunda llega a su fin (domingo, 18.00 horas, Anoeta; ETB 2, Telemadrid-La Otra). Para bien o para mal, todo se habrá acabado a las ocho de la tarde del domingo. Y es, por tanto, la hora de hacer el último ejercicio de fe, el más necesario, el más ilusionante. Porque la Real, a las ocho de la tarde del domingo, podría ser otra vez equipo de Primera División. Ya sabemos todos lo qué tiene que suceder para que acabemos la jornada y la Liga sonriendo. Pero lo esencial es que la Real gane. Sin un triunfo txuri urdin, no hay nada que hacer. Y para ello hay que hacer ese último ejercicio de fe, creer que todo es posible. Habrá pasado una semana desde la debacle de Vitoria y es necesario que todos, absolutamente todos, nos levantemos y apoyemos hasta el final. Porque la Real es lo primero. Y hay que tener fe en la Real. Siempre. Por encima de todo.

Juan Manuel Lillo ha escondido sus cartas en los últimos días, pero parece que sólo las bajas le harán modificar el once que saltó al campo en Vitoria. Garitano, en lo que será con casi total seguridad su último partido como realista, no estará en la convocatoria y no podrá despedirse desde el campo. La última vez que Lillo no dispuso de uno de sus mediocentros, en Anoeta ante el Salamanca, optó por Álvaro Novo (otro que se despide de la Real) y el experimento no funcionó. Eso podría dar más opciones a Fran Mérida. Lillo ya ha advertido que no habrá un simple "cambio de cromos" y que podría haber más movimiento por la ausencia de Garitano. Martí tiene todas las papeletas para ser el mediocentro más retrasado y Aranburu es fijo delante.

Xabi Prieto tiene también sus opciones de ser titular. De entrar en el once, lo más probable es que el sacrificado fuera Gari Uranga, ya que después de ser los hombres gol en Vitoria parece difícil que Díaz de Cerio (máximo goleador del equipo) o Delibasic (que ha llegado pletórico al final de la temporada) se puedan quedar en el banquillo. La única duda por lesión que tiene Lillo es Mikel González, de largo el mejor en defensa a lo largo de toda la campaña. Ansotegi y Víctor López, dos jugadores que también podrían disputar su último partido como realistas, son los recambios que tiene el técnico txuri urdin. Riesgo, Castillo, Gerardo y Labaka completarían la línea defensiva.

Será una tarde de nervios y tensión ante un Córdoba que se juega nada menos que la permanencia en Segunda. Si gana en Anoeta, está salvado. Si empata o pierde, tendrá que estar atento a lo que suceda en otros cinco campos de la categoría, pero incluso perdiendo podría seguir en la categoría de plata. Los realistas, por descontado, también viviremos una tarde de transistores y estaremos atentos a todo lo que suceda en Gijón y Málaga, con la diferencia de que la Real no depende de sí misma. El Sporting recibe a un Eibar dispuesto a echar una mano a sus vecinos guipuzcoanos (Mandiola ha recomendado a sus amigos que apuesten por el 2 para ganar un buen dinero) y el Málaga hace lo propio con el Tenerife. Ninguno de los contrincantes de los rivales de la Real por el ascenso se juega ya nada en la clasificación. Sólo su honor deportivo. Ojalá baste con eso.

El sufrimiento llegará a su fin en un Anoeta que estará abarrotado, en la última lección de dignidad y categoría de una afición que lleva años padeciendo todos los golpes posibles que puede darle el fútbol. Atrás quedarán 42 jornadas de Liga, muchísimos sentimientos, muchas polémicas, tristezas y alegrías. Todo habrá valido la pena si se sube. Y si no, lo volveremos a intentar. Pero lo que está claro es que el futuro de la Real se decide en los últimos 90 minutos de la temporada, cuando muchos ni siquieran pensaban en el lejano mes de agosto, cuando comenzó la competición, que estarían hoy con posibilidades de volver a Primera. Es la hora del último esfuerzo, del ejercicio final de fe. De unirnos todos en un único grito de ánimo a la Real Sociedad. Y, ojalá, de celebrar todos juntos el ascenso.

La historia, que ofrece algún resquicio a la ilusión en lo que al ascenso se refiere, está totalmente de parte de la Real en lo que a su partido se refiere. Las visitas del Córdoba a San Sebastián se cuentan por derrotas. Cinco de cinco. Tres en Primera y dos en Segunda. Curiosamente, pese a salir siempre derrotado, el Córdoba ha marcado un gol en todas sus visitas a Atotxa. La victoria menos contundente de todas fue, precisamente, la última, en la temporada 71-72, en la máxima categoría, cuando la Real ganó por 2-1. Los otros dos choques en Primera (67-68 y 68-69) se saldaron con el mismo brillante resultado: 5-1. En Segunda, Real y Córdoba se han cruzado en dos ocasiones. En la temporada 45-46 el resultado fue de 3-1. En la campaña siguiente, el marcador final fue de 4-1. Aquel año, por cierto, la Real acabó subiendo a Primera.
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El partido de la primera vuelta fue uno de los mejores que ha jugado la Real en toda esta temporada en Segunda. Garitano abrió la cuenta en la primera parte al rematar un corner y Díaz de Cerio anotó los dos goles restantes, ambos a pase de Martí, que jugaba su primer partido con la camiseta txuri urdin (al igual que Fran Mérida) y ofrecía su primera exhibición en apenas 40 minutos que estuvo sobre el campo. La holgada victoria en Córdoba, 1-3, fue el primer partido de José Ramón Eizmendi en el banquillo realista y coincidió con el día de San Sebastián. Una victoria de clase que nos colocó a un punto del Sporting, a un punto de los puestos de ascenso. Hoy estamos a dos. El domingo a las 20.00 horas ya sabremos el resultado de esta temporada.
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(Nota: por descontado, estaré en Anoeta, lo que retrasará la publicación de la última crónica de esta temporada. Intentaré que ese retraso sea el menor posible, para poder dar comienzo la próxima semana cuanto antes al resumen de la temporada)

jueves, junio 12, 2008

Estadística e historia para ilusionarnos

Aunque los dos puntos que Málaga y Sporting le sacan a la Real parezcan un mundo, no es ningún milagro pensar en el ascenso. Es una tarea difícil, y muy tensa porque no depende sólo de lo que hagan los jugadores txuri urdin el domingo ante el Córdoba. Pero ejemplos hay en la historia para mantener fe en el sueño de volver a Primera, y la estadística también nos ofrece datos a los que agarrarnos e ilusionarnos. Lo que hoy son lágrimas de tristeza, el domingo a las 20.00 horas pueden ser de alegría.

La Real debe ganar, eso es lo primero y quizá lo más complicado, puesto que el Córdoba es el único rival de los equipos que quieren subir que todavía tiene algo en juego. Si no se suman los tres puntos, es imposible subir a Primera. De los 27 conjuntos de resultados posibles en los tres partidos en los que se juega el ascenso, siete son favorables a la Real. Nos vale la derrota de Sporting o de Málaga (independientemente de lo que suceda en el tercer campo en discordia), la derrota de ambos, el empate del Málaga (dando igual lo que hiciera el Sporting en ese caso) o el empate de los dos. La Real sube en el 25,93 por ciento de los casos. No son pocos, aunque Sporting y Málaga lo hacen en el 89 y en el 85 por ciento, respectivamente.

El Eibar no es un equipo que se le dé especialmente bien al Sporting en Gijón, pero nunca ha conseguido vencer en El Molinón. En los dos últimos años, el Eibar (club convenido con la Real, que a nadie se le olvide ese detalle) han arrancado sendos empates. Desde 1998, año en que el Sporting comenzó su trayectoria moderna en Segunda, han sido cuatro las igualadas que ha arrancado el conjunto vasco azulgrana de tierras asturianas. El empate sería insuficiente para que la Real se colocara por delante del Sporting a menos que haya también un empate en La Rosaleda.

Aunque el Tenerife ya está salvado, no es tan descabellado pensar que puede sacar algo de Málaga (ya estaba virtualmente salvado cuando jugó contra la Real y mereció quedarse con los tres puntos aquel día). Sobre todo si miramos sus números de esta temporada. Los isleños son quienes más empates han arrancado esta temporada como visitante, nada menos que en once de los 20 partidos disputados. Y entre ellos, sus dos últimos encuentros lejos de las islas, en Ferrol y Vigo. Su única victoria como visitante fue en El Molinón, así que si la Real sube tendrá una gran deuda con el Tenerife. Este equipo, hay que recordar, cobró fama en los años 90 por ser el que le quitó al Real Madrid dos ligas en el último partido. Y la vinculación de la familia Sanz, ahora dirigentes del Málaga, con el Madrid, es de sobra conocida.

Lo que acaba con todas las ilusiones de la Real es que tanto Málaga como Sporting ganen sus respectivos partidos. Si eso se da, no importará lo que pase en Anoeta y ambos serán equipos de Primera División. Pero ese importantísimo detalle, la coincidencia del triunfo de ambos, es algo que no se ha dado mucho en esta Liga. En toda la segunda vuelta, sólo se ha producido en dos ocasiones (y en ambas también ganó su partido el equipo txuri urdin). Desde noviembre, después del espectacular inicio de temporada del Málaga (ocho victorias en los primeros nueve partidos), sólo hay una coincidencia más de triunfos de los equipos asturiano y andaluz. Sólo tres veces en ocho meses. Si hay una cuarta, adiós.

Hay, además, un único precedente en la Segunda de 42 jornadas de equipo que subió a Primera División remontando dos puntos de desventaja. Se trata del Sevilla de la temporada 98-99. El equipo sevillista debía ganar precisamente en Málaga (favor que se recordó en la prensa andaluza en la semana previa del polémico y denunciado partido que el equipo malacitano jugó este mismo año contra el filial sevillista) y el Rayo no debía hacerlo en su estadio ante un Badajoz que ya había concluído su temporada. Y se dio ese doble resultado, el Málaga ganó 0-1 y los vallecanos no pasaron del empate, a pesar de que tenían enfrente un oponente sin nada que lograr deportivamente hablando.

Sigamos soñando, que soñar es gratis. Y el fútbol, imprevisible.

miércoles, junio 11, 2008

"Dame un motivo para ir a Anoeta"

"Dame un motivo para ir a Anoeta el domingo", me dijo el lunes un realista de los de verdad, de los que no duermen cuando la Real pierde, después de la enorme e inolvidable decepción de Vitoria. Entendiendo su decepción por los dos goles del Alavés en el descuento y sus escasas ganas de ir al próximo domingo a un velatorio si se cumple lo que casi todo el mundo espera, le dije que mirara la situación desde el punto de vista opuesto. El pasado domingo perdimos el ascenso en dos minutos crueles, de acuerdo. Pero si el domingo lo ganamos, todo aquel que haya pensado en ir a Anoeta y decide no ir se lo reprochará toda la vida. Si subimos, todos querremos decir dentro de unos años aquello de "yo estuve allí" y sólo unos pocos podremos hacerlo.

Pero hay más, muchos más motivos para estar en Anoeta el domingo. Yo, por lo menos, los tengo. Y voy a estar en Anoeta. Me voy a recorrer 469 kilómetros, los que separan Madrid de San Sebastián, en un viaje de seis horas y media en tren porque me lo pide el sentimiento de ser de la Real. Porque llevo este equipo tan dentro de mi corazón que siento como propias sus alegrías y sus penas. Porque tengo que estar presente cuando las cosas le van bien y cuando le van mal. Por eso estuvo en Vitoria. Por eso el año pasado vi desde la grada de Anoeta el penalti que falló Savio y viví ese instante en el que todos nos sentimos condenados a penar en Segunda. Por eso fui a Valencia a ver el milagro imposible de la permanencia, sabiendo que no se iba a producir. Por eso estuve en Vigo hace ya cinco lejanos años persiguiendo un sueño feliz. Y por estuve en Anoeta otra vez cuando sonó por primera vez allí la música de la Champions y me puso la piel de gallina como nada lo ha hecho en toda mi vida de aficionado a este deporte.

Voy a estar en Anoeta porque sé que es posible que a las 20.00 horas del domingo esté pegando saltos de alegría, seguramente llorando por ver a la Real donde merece estar, de nuevo en Primera. ¿Improbable? Puede. ¿Difícil? Seguro que sí. Pero queda vida. Quedan 90 minutos de aliento. Voy a ir a Anoeta porque creo en las segundas oportunidades, porque esos mismos jugadores que el domingo perdieron el ascenso en dos minutos imperdonables son capaces de lograrlo en el próximo partido. Voy a ir a Anoeta porque sinceramente espero que los jugadores entendieran el mensaje que les dejé en Vitoria, mi aplauso a pesar de la decepción y mi recordatorio de que queda un partido. Voy a ir a Anoeta porque, cuando hablamos de la Real, soy un optimista incurable. Ni siquiera el descenso, ni siquiera un año durísimo en Segunda, me ha podido curar de ese mal que me impide decir "hoy vamos a perder" antes de cualquier partido.

Voy a ir a Anoeta porque creo en este caprichoso deporte llamado fútbol. Porque sé que puede dar más vueltas que ningún otro y convertir las lágrimas en sonrisas en sólo un precioso instante que nunca volverá a repetirse. Porque la historia me demuestra que en los momentos más desesperados hay veces que se abre un pequeño claro en el cielo e ilumina a quien persigue con fe su objetivo. Voy a Anoeta porque el fútbol nos debe una alegría. El fútbol y el 15 de junio, puesto que el 15 de junio de 2003 fue el día en que miles y miles de realistas fuimos a Vigo esperando cumplir el sueño de ver a la Real campeona y nos volvimos con la tristeza de saber que aquel tren se escapó. Ahora, el 15 de junio de 2008, este deporte y esa fecha tan especial tienen la oportunidad de devolvernos lo que nos pertenece.

Voy a ir a Anoeta, como ya he ido otras cuatro veces este año, como ya visité otros cuatro campos de la Segunda División, porque quiero formar parte de esta historia hasta el final. Quiero poder vivir lo que no pude ni en Puertollano ni en Gijón. Quiero saber lo que es una alegría infinita provocada por once (en realidad muchos más) jugadores vestidos con la camiseta txuri urdin. Voy a ir a Anoeta porque siento que debo ir. Porque los grandes días también existen aunque los seguidores de este equipo no podamos verlos por culpa de la niebla que oscurece el presente. Y este domingo, hasta que Málaga y Sporting tengan la opción de defender lo contrario en sus partidos, puede ser un gran día para la Real. Un día inmenso. Un día para recordar. Un día para estar.

¿Un motivo para ir a Anoeta? Que somos de la Real y estaremos ahí siempre.

martes, junio 10, 2008

La invasión de Vitoria

Vitoria, doce de la mañana, plaza de la Virgen Blanca. Mirase donde mirase cualquier persona, había una camiseta de la Real. La capital vasca estaba invadida, literalmente invadida, por miles de aficionados realistas que demostraron lo que es tener un corazón txuri urdin. Algún sociólogo tendría que estudiar este fenómeno. Cuando peor van las cosas, más nos volcamos con este equipo. Hoy están peor que el pasado domingo y no me cabe la menor duda de que el próximo fin de semana ahí estaremos otra vez.
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Si ver camisetas de la Real era lo normal desde mediodía, la sorpresa era encontrarse banderas realistas en los balcones, del mismo modo que las hay en San Sebastián y en toda la provincia guipuzcoana. Pero en Vitoria también había. Pocos alavesistas han adoptado esta forma de animar a su equipo, así que en esta ciudad la iniciativa es del Ayuntamiento. La plaza de la Virgen Blanca está coronada por el lema "Siempre Alavés". Y eso que el conjunto vitoriano se jugaba la vida, quizá más incluso que la Real. Según decían en la ciudad, lo que está sobre la mesa es la desaparición del club si el infierno de la Segunda B se convierte en realidad.

La kalejira hasta Mendizorroza fue preciosa. Cánticos de todo tipo y camisetas de la Real de todas las épocas. Uno veía el 9 de Kovacevic, el 4 de Xabi Alonso, el 19 de Khokhlov, el 17 de Gabilondo, el 29 de Gurrutxaga, el 21 de De Paula (incluso cánticos que se acordaban del ahora delantero de la Ponferradina), el 8 de Karpin, el 6 de Pikabea... Camisetas txuri urdin, negras, rojas, blancas... De todos los colores, pero todas con el escudo de la Real sobre el corazón. La gente de Vitoria nos saludaba, algunos incluso se unían a los cánticos y nos deseaban toda la suerte del mundo para hacer realidad el ascenso a Primera.
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Dentro del campo, el ambiente fue incluso más hermoso. A excepción de los cuatro imbéciles que acabaron el partido a golpes, el respeto fue absoluto entre las dos aficiones. Pero ahí ganamos nosotros, sí. Cinco mil de la Real contra el doble del Alavés. Pero ganamos nosotros, ya lo creo... Los gritos de "Real, Real", ahogaban los de "Alavés, Alavés". Medio Mendizorroza era nuestro. Y los goles de Díaz de Cerio y Delibasic lo confirmaron. "Que sí, joder, que vamos a ascender" era lo más coreado junto con el nombre de este equipo que tanto nos hace sufrir. Y más después de que el gol del Castellón al Sporting nos colocaba segundos. Las voces se empezaban a quebrar hacia el final después de casi dos horas de ánimos ininterrumpidos, pero no decaían. No. Porque la felicidad era inmensa, se palpaba. La Real estaba casi en Primera y miles de personas lo sabían y lo disfrutaban.
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Pero llegó el mazazo. Los dos goles del Alavés nos mataron a todos. Las bufandas ya no se agitaban al viento, ya servían para esconder las lágrimas. El silencio se apoderó de esa parte de Mendizorroza. La frustración la pagaba cada uno como podía. La gente deambulaba, buscando una explicación que no estaba allí, que nunca llegará si al final la Real no sube. La vida se escurrió entre los dedos y nadie alcanzó a sujetarla antes de que se fuera del todo. ¿Consuelo? Ninguno. ¿Qué consuelo puede haber cuando dos minutos pueden haber cambiado para siempre el destino de este equipo? La afición del Alavés respetó la tristeza txuri urdin. Algunos incluso consolaban a los realistas y les animaban para el partido que resta.
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Los jugadores de la Real afrontaron el trago como pudieron. Se veían lágrimas en los ojos según iban saliendo del estadio vitoriano. Unos pocos tuvieron la valentía de hablar a los medios y de acercarse a los aficionados que, a pesar de la enorme decepción que acababan de vivir, siguen con ellos. Su corazón txuri urdin no les permite otra cosa. Aranburu no tuvo fuerzas ni para acercarse a los seguidores. Mikel González no podía ni siquiera escuchar los ánimos de la gente, tan convencido como estaba de que nos habían fallado. Lillo fue el último en salir. Serio. Muy serio. Y algunos, sólo algunos, les decíamos a todos ellos que queda una jornada. Que todavía no se ha acabado.
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Los jugadores del Alavés salían aclamados, abrazados, por la misma afición que seguro les habría despedido casi a insultos si los dos últimos minutos hubieran sido diferentes. Cuando el autocar de la Real salió de Mendizorroza, apenas quedaba una veintena de aficionados de la Real. Hubo algunos aplausos. ¡Qué paradoja después del palo que habían recibido esos mismos aficionados por lo que los jugadores hicieron sobre el césped! Pero es que, por encima de todo, está este escudo, están estos colores, está el sentimiento de ser de un equipo especial. La invasión de Vitoria se convirtió en una silenciosa y triste retirada. La batalla se perdió con estrépito, pero la guerra sigue una semana más. Hasta el 15 de junio...

lunes, junio 09, 2008

ALAVÉS 3 - REAL SOCIEDAD 2. El día más duro

Nadie podía imaginar un final tan cruel para un día tan ilusionante. Ni siquiera quien más empeño tenga en que la Real no suba o quien más animadversión pueda sentir hacia este equipo podía imaginar algo como lo que se vivió el domingo en Mendizorroza. El ascenso estaba en la mano. Y el partido acabó casi fulminando toda opción de volver a Primera. Casi. Insisto, casi. El mazazo es salvaje, brutal, duro y, en condiciones normal, definitivo para cualquier equipo. Pero hablamos de la Real. Y el ascenso, como llevamos tiempo diciendo, se decide el 15 de junio. La crueldad del desenlace en Vitoria no puede esconder que ni Málaga ni Sporting ganaron sus partidos y dejaron abierta esta dramática carrera por el ascenso. El domingo fue el día más duro que recuerdo en toda mi vida txuri urdin. Ni el descenso a Segunda fue tan duro como la forma en que se perdió en Vitoria. Pero, a diferencia de aquel día, ahora todavía nos queda una semana para dar la vuelta a la situación.

Lo que es díficil, por no decir imposible, es tratar de analizar futbolísticamente un partido jugado en el terreno de las emociones. Porque de emociones se vivió en los minutos previos, con la enésima lección de la afición realista, plagado de emociones se desarrollo el partido y qué decir del final. Emociones a flor de piel. Pero entre medias había 90 minutos de fútbol. Bueno, 94. Y los cuatro últimos se han quedado grabados para siempre en la más triste historia de la Real. Grabados al menos hasta la semana que viene, si no hay ascenso será para siempre. Porque este equipo nunca jamás debiera de destrozar en apenas cuatro minutos el trabajo de 41 jornadas. Y lo hizo el domingo. A falta del descuento, la Real rozaba el regreso a Primera. Ahora está más lejos que nunca. A una distancia todavía salvable pero que pesa. Ya lo creo que pesa. Porque estuvo tan cerca que la losa ha crecido considerablemente.

Más triste que la derrota es la forma en que llegó. Por tercera semana consecutiva, la Real no fue capaz de mantener una ventaja conseguida en los diez primeros minutos del partido. Eso es grave, y más teniendo en el campo a profesionales con años y años de fútbol en sus botas como Martí, Aranburu, Garitano o Gerardo. Más grave aún que no sepa mantener una segunda ventaja con sólo 20 minutos por jugarse. Pero mucho peor es dilapidarlo todo en el descuento. La Real, durante toda la temporada, ha sufrido mal de altura. Sufre todo lo que puede conllevar el pensar que los partidos están acabados cuando el árbitro todavía no ha señalado el final. Le pasó en Tenerife, le pasó hace una semana en Anoeta ante el Salamanca, le pasó en Vitoria. Y en otros muchos partidos de la temporada. Eso puede ser uno de los factores que le cueste el ascenso al equipo txuri urdin.

Atrás quedaron las buenas intervenciones de Riesgo durante 90 minutos, los dos balones decisivos y de categoría que tocó Díaz de Cerio en todo el partido (un gol, van 16, y una asistencia), el gol de Delibasic que tendría que haber pasado a la historia como el decisivo para conseguir el ascenso, la categoría de Mikel González (el único jugador de la plantilla que está manteniendo un verdadero nivel de Primera en este tramo final ; y más mérito tiene, porque lo hace superando un bache que pasó hace algunas jornadas). Porque todo eso también se lo comió la emotividad.

La emotividad también es lo que provocó la convocatoria de Lillo, plagada de hombres ofensivos. A posteriori es fácil decir que fue un error. El técnico pensó que el partido iba a ir al revés de cómo fue. Pensó que era más factible que fuera la Real la que tuviera que buscar la victoria en los minutos finales. Y no fue así. Sacó a hombres para generar fútbol (Víctor, Xabi Prieto y Nacho) cuando el partido demandaba justo lo contrario. Quizá los cambios también fueron errados. El partido demandaba pausa. Demanaba que el final se acercara más rápido que los jugadores del Alavés al área rival. Y los cambios no consiguieron ese objetivo. Todo hubiera cambiado, y esta crónica sería muy distinta, si hubiera entrado la ocasión de Víctor, un mano a mano ideal, perfecto. El 1-3 soñado. Pero no lo fue, y desde hoy, si la Real no consigue subir la próxima semana, será una pesadilla recurrente para Víctor.
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El inverosímil desenlace contó con la colaboración de un árbitro casero que decidió lavarse las manos ante la invasión del terreno de juego por parte de los aficionados alavesistas y hacer como que el partido se había acabado. Las cosas no hubieran cambiado. El palo fue tan inmenso que es más creíble pensar que habría llegado un cuarto gol del Alavés antes que el empate de la Real. Pero todo fue tan emotivo que el fútbol se difuminó. En eso habría ganado la Real. Pero en la emotividad, y a pesar de casi 5.000 almas realistas se dejaron parte de su vida en las gradas de Mendizorroza, ganó el Alavés. Claramente. Lo decía el marcador y las caras de todos los que estábamos en las gradas de Vitoria.

Hasta esos minutos de descuento, la Real había controlado con solvencia un encuentro simplemente pasable. Lo emotivo se comía a lo futbolístico. Pero si algo estaba claro es que, en el minuto 70, con el 1-2 en el marcador, el Alavés ya no tenía fuerzas para intentarlo. Sólo la Real podía perder lo ganado hasta entonces. Y lo perdió, ya lo creo que lo perdió. Empezó a perderlo al fallar las dos ocasiones clamorosas de las que dispuso para sentenciar. Continuó la faena al no darle al partido lo que exigía: detenerlo. De cualquier forma, por lo civil o por lo criminal. Con faltas, desplazando el balón, con protestas, con tarjetas. Con lo que fuera. Pero parar el partido. No se hizo. Y culminó cuando dejó que los nervios saltaran al campo para sustituir a todas las cualidades deportivas y humanas que tiene este equipo. Que las tiene. Pero que desaparecieron durante cuatro lamentables minutos, de los más tristes de la historia reciente de la Real.

El inverosímil desenlace contó con la colaboración de un árbitro casero que decidió lavarse las manos ante la invasión del terreno de juego por parte de los aficionados alavesistas y hacer como que el partido se había acabado. Pero la sensación nítida es que las cosas no hubieran cambiado. El palo fue tan inmenso que es más creíble pensar que habría podido llegar un cuarto gol del Alavés antes que el empate de la Real. Todo fue tan emotivo que el fútbol se difuminó. En eso, en fútbol, habría ganado la Real. Pero en la emotividad, y a pesar de casi 5.000 almas realistas se dejaron parte de su vida en las gradas de Mendizorroza y se comieron a la afición local hasta el minuto 94, ganó el Alavés. Claramente. Lo decía el marcador y las caras de todos los que estábamos en las gradas de Vitoria.

Y a pesar de esta debacle, catástrofe, palo, mazazo o como se quiera llamar, que hoy tiene visos de entrar en las historia más triste de la Real, lo cierto es que queda una jornada. Ni Sporting ni Málaga han subido todavía a Primera División. Quedan 90 minutos de juego y todo puede pasar. Lo de Vitoria dolió. Muchísimo. Pero queda una semana más. Un partido. Esto es fúbol. ¿Alguien puede asegurar el final? No, nadie puede hacerlo. Este deporte brinda las sorpresas más grandes. Hasta ahora, todas las sorpresas que se ha llevado la Real en los últimos años han sido negativas, todas las tardes a recordar tenían un halo de tristeza. Toda la épica ha sido del rival. Quién sabe si dentro de una semana estaremos celebrando el ascenso que hoy casi todo el mundo ve imposible en San Sebastián y prácticamente conseguido en Gijón y Málaga. Quién sabe.

viernes, junio 06, 2008

PREVIA Alavés - Real Sociedad. La hora de la verdad

Ya estamos en la hora de la verdad. El próximo partido sí puede ser definitivo. La Real puede asaltar en Vitoria (domingo, 18.00 horas, Mendizorroza, ETB-1, Telemadrid-La Otra) los puestos de ascenso. Pero también puede decir adiós a sus posibilidades de subir a Primera División. O ver cómo todo sigue igual y proseguir su persecución sobre Sporting y Málaga una semana más, sólo una más. Enfrente estará un Alavés que se juega la vida y que, según se ha publicado durante la semana, planea salir al ataque para conseguir los tres puntos. A priori, el empate no le vale a ninguno de los dos, y eso podría beneficiar al conjunto de Juan Manuel Lillo. La Real tendrá un aliado más, reforzado por la proximidad geográfica: la afición txuri urdin invadirá Vitoria.

Para el trascedental partido de Mendizorroza, Lillo cuenta con casi todos sus jugadores. Gari Uranga se rompió la nariz hace siete días, pero estará. Xabi Prieto todavía no tiene el brazo al cien por cien y desconoce los motivos de su desvanecimiento ante el Salamanca, pero estará. Aranburu y Díaz de Cerio han sido duda por las lesiones que les impidieron jugar el último encuentro, pero estarán. Todos quieren estar porque el equipo se juega el ascenso. La vida. El técnico realista sólo tendrá dos bajas: Vaughan, que ha tenido que viajar a Gales por la muerte de un familiar, y Bravo, que está concentrado con la selección chilena y ya no podrá ser convocado en ninguno de los partidos que quedan para finalizar la Liga.

Lillo no ha querido dar pistas sobre sus planes. No se esperan cambios en la defensa, con lo que Riesgo, Gerardo, Labaka, Mikel González y Castillo se ocuparán de que la portería de la Real quede imbatida. A partir de ahí, se da por segura la presencia de Garitano y Martí, y lo normal sería que Aranburu completara el trivote, aunque no se puede descarta que Lillo ofrezca aquí alguna sorpresa (la semana pasada ya lo hizo colocando a Novo de titular). En el ataque sólo parece fijo Delibasic. Por detrás, lo normal es que Díaz de Cerio y Gari ocupen las bandas, pero Xabi Prieto o Nacho también tienen serias opciones de entrar en el once. Skoubo seguirá esperando en el banquillo la oportunidad de reaparecer.

Hemos llegado ya a unos momentos en los que no caben cábalas previas. Pero hay que hacerlas. Y por eso todos los realistas estaremos pendientes de lo que haga el Sporting en Castellón y el Málaga en Motril. A priori, el partido más complicado parece el de la Real. El Alavés ha estado toda la temporada en el alambre y llega a la penúltima jornada a dos puntos de la salvación, pero en la memoria está su superioridad frente a los gijoneses hace dos semanas, en su último partido en Mendizorroza. El Granada 74 está en una situación aún más desesperada que el Alavés, con un punto menos y a tres de la salvación. Y además en una trayectoria claramente descendente después de un buen inicio de temporada. El drama de la Segunda B acecha en esos dos campos. El Sporting, por su parte, se enfrenta a un Castellón que ya no se juega nada, pero que presenta unos números bastante notables como local. Habrá que ver si la relajación permite al Castellón desplegar un buen fútbol o la falta de competitividad le pone las cosas fáciles al Sporting.

El domingo a las 20.00 horas saldremos de dudas y veremos cómo se afronta la última jornada y que posibilidades tiene cada uno de los tres equipos. Porque de Vitoria podemos salir derrotados, lamentándonos de pasar un año más en Segunda. Pero también podemos salir eufóricos, colocados en puestos de ascenso y dependiendo sólo de lo que suceda en Anoeta el próximo día 15 para volver a Primera. O dispuestos a luchar una semana más desde la cuarta posición. La historia de la Real ve cómo este domingo se va a escribir un nuevo capítulo. No va a ser definitivo todavía si se consigue sacar al menos un punto, pero buena parte de nuestras esperanzas pasan por Vitoria. Por Mendizorroza. Allí acudirán miles de realistas. El Alavés envió a la Real 3.000 entradas, pero seguro que habrá más corazones txuri urdin en las gradas del campo vitoriano. Tanto empuje tendrán que dar ellos a los jugadores como los jugadores a ellos para sobrevivir a una jornada de infarto.

Mendizorroza no es precisamente un campo maldito para la Real (el peor recuerdo, sin duda, fue la falta de memoria de muchos aficionados vitorianos de hace unos años cuando cantaron al equipo txuri urdin "a Segunda, a Segunda" cuando las cosas venían mal dadas para los nuestros), pero los números no son todo lo buenos que se agradecerían en este momento en el que hay que buscar todos los resquicios posibles para la esperanza. En Primera se han enfrentado en once ocasiones, con cinco victorias para los alaveses y cuatro para los realistas, la última de ellas en la temporada 2000-2001. En Segunda los números son bastante mejores. Cuatro partidos y tres victorias, por una sola derrota. En una de esas cuatro temporadas, la 42-43, la Real consiguió volver a Primera División después de una fase de ascenso.

El último enfrentamiento liguero en Mendizorroza entre Alavés y Real tuvo lugar en la temporada 2005-2006. Y fue un día de negro recuerdo para el equipo txuri urdin. Los locales ganaron por 3-1 y firmaron la sentencia de José Mari Amorrortu como técnico realista. Con la derrota en Vitoria, la Real encadenó una racha de doce partidos con un solo triunfo. Los vitorianos no habían ganado todavía un solo partido como local, y lo hicieron precisamente ante la Real, ni más ni menos que en la jornada 21. Carpintero y Aloisi, en dos ocasiones, golearon a Riesgo. Stevanovic marcó ya en el descuento, pero no pudo maquillar la infame imagen que dejó la Real. Los dos equipos vascos lucharon aquella temporada por no descender. La Real consiguió el objetivo. El Alavés no.

(Nota: El ascenso en juego y estaré en Vitoria. La crónica del partido se publicará, probablemente, el lunes por la noche. Perdonad el retraso, pero mi corazón txuri urdin me obliga a estar allí)

jueves, junio 05, 2008

Todo lo que puede pasar el domingo

El domingo se juega la jornada número 41 en Segunda División, que se iniciará con el Sporting segundo en la tabla con 68 puntos, el Málaga tercero con 67 y la Real cuarta con 66. Los noiventa minutos que nuestro equipo juega en Vitoria, el Sporting en Castellón y el Málaga en Motril pueden decidir buena parte de los destinos de estos tres equipos. Aunque la Real no tiene ninguna posibilidad de ascender en su partido ante el Alavés en Vitoria, son muchas las cosas que pueden suceder. Estas son todas las posibilidades.

Si la Real gana...

Una victoria del equipo txuri urdin en Vitoria le da bastantes opciones de volver a meterse de nuevo entre los tres primeros. Sus rivales sólo evitarían el asalto de la Real a los puestos de ascenso ganando ambos, obviamente, y con un triunfo del Málaga y un empate del Sporting de Gijón. En ese caso, los gijoneses estarían por encima gracias a su mejor average particular con la Real, y el Málaga mantendría una renta de un punto.

Ganando la Real, el Sporting se mantendrá por delante si consigue puntuar. Para ponerse por delante los realistas, los gijoneses tendrían que perder su partido. El Málaga siempre estaría por encima o por debajo, en ningún caso con los mismos puntos que el conjunto de Lillo. La Real se colocaría segunda, al menos con un punto de ventaja, si el Málaga no ganara y el Sporting perdiese.

Si la Real empata...
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En ningún caso se perderán todas las opciones de volver a Primera si se consigue un punto en Mendizorroza. Si el Sporting ganara, sí sería inalcanzable para la Real en ese supuesto. En caso de empate en el derby vasco, los asturianos se asegurarían quedar por delante de la Real (siempre y cuando no se dé un triple empate) ganando un partido o empatando los dos que le quedan. Pero, con un empate en Vitoria, el Málaga no podría lograr más que tres puntos de ventaja con respecto al equipo txuri urdin. Eso, y el average favorable a los de Lillo, dejaría la resolución definitiva para la última jornada.
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La Real podría colocarse en puestos de ascenso consiguiendo un empate, siempre y cuando el Málaga salga derrotado de su partido. Con un punto en Vitoria, el tope de la Real, que siempre estaría por debajo del Sporting, incluso con la derrota de los gijoneses, es el tercer puesto en esta jornada. De alcanzarlo, a la Real le bastaría para ser equipo de Primera con hacer lo mismo que el equipo andaluz el 15 de junio.
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Si la Real pierde...
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Hay una única combinación en la que la Real perdería todas sus opciones de subir a Primera: que sus dos rivales, tanto Sporting y Málaga, ganaran sus partidos. Sin esos dos triunfos, la Real, aún perdiendo en Vitoria, mantendría alguna opción todavía de regresar a Primera el próximo día 15, en San Sebastián y ante el Córdoba.
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Para cazar al Sporting sería necesario que los gijoneses ya perdieran sus dos partidos. Si el Málaga empatara en la penúltima jornada, quedaría dos puntos por encima de la Real, lo que permitiría todavía la posibilidad del empate a puntos con los malacitanos. El triple empate (que da al equipo txuri urdin el pasaporte a Primera junto con el Sporting) sería también posible siempre y cuando los andaluces empaten y los gijoneses no ganen.
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Para que ese triple empate fuera posible al finalizar la Liga, la posibilidad más facitble es que la Real sumara cuatro puntos en los dos partidos, el Sporting dos y el Málaga tres. También se podría dar sumando la Real tres, el Sporting uno y el Málaga dos y la Real dos el Sporting ninguno y el Málaga uno. No obstante, estas dos opciones son, como poco, remotas, ya que implica que pincharán los tres equipos en al menos cinco de los seis partidos que van a jugar.

Ya podemos olvidarnos de Zubiaurre


Ya podemos olvidarnos de Zubiaurre. No es que este jugador protagonizara muchos de mis pensamientos, la verdad, y mucho menos cuando la Real está a punto de jugar un partido vital para sus aspiraciones de regresar a Primera. Pero la sentencia del Tribunal Supremo ha dado por concluída la aventura judicial que provocó este jugador hace ya tres años, con la participación del entonces presidente del Athletic, Fernando Lamikiz, al romper unilaterlamente el contrato que le unía a la Real. Y es un alivio que esto se acabe, lo reconozco. No quiero dedicar ni un minuto más a recordar a un supuesto profesional que ha hundido su propia carrera deportiva por escuchar quién sabe qué cantos de sirena procedentes de Bilbao.

Desde el principio la cosa olía fatal, como demostró Lamikiz al no darle siquiera la camiseta rojiblanca el día de aquella tramposa presentación. Zubiaurre era uno de los canteranos en los que confió José María Amorrortu para poner en marcha un proyecto basado en Zubieta. El mismo del que formaban parte Riesgo, Garrido, Labaka o Mikel Alonso. Poco a poco se fue haciendo con un hueco en el once de la Real y llegó a disputar 14 partidos en la temporada de su debut. A mí me entusiasmó en el Bernabéu, en aquel partido que se suspendió cuando faltaban seis minutos porque un gracioso avisó de una bomba que no existía. Cuando acabó la temporada, estaba convencido de que teníamos lateral derecho para unos cuantos años. Pero el 1 de julio se hizo la foto en Bilbao que confirmaba el mayor error que ha cometido Zubiaurre en toda su vida deportiva.

Hasta ese día, no me creí mucho la existencia de una oferta del Athletic porque estamos acostumbrados a que casi todos los jugadores de la Real tengan esa oferta (¿os acordáis del precontrato que ya había firmado Prieto...? Pues eso). El propio jugador negó que mantuviera contactos con Bilbao. Yo le creí, como creo a cualquier jugador de la Real. Cuando Imaz se marchó al Athletic nunca negó que fuera a irse. Nunca nos engañó. Tomó una decisión que nos gustará más o menos, pero es la suya. Y hay que respetarla. Lo de Zubiaurre no fue una decisión como aquella, fue más bien una puñalada al club que le dio la oportunidad de debutar en Primera. Lo grave de la situación es que tenía contrato en vigor con la Real. Una muestra más de cómo se comporta habitualmente el Athletic con la Real. Algunos prefieren no verlo y hablar de no sé qué hermandad vasca, pero ni es el primero ni será el último caso que enfrente a los dos clubes vascos.

Gran parte de culpa de todo este asunto la tiene el jugador, sin duda. Se equivoca su padre y representante (mal le ha representado en este asunto) al afirmar que la Real ha amargado durante tres años al jugador. Ha sido el jugador el que ha arruinado su propia carrera deportiva. Lo hizo al aceptar una oferta de dudosa legalidad de un nefasto presidente para el Athletic y para el fútbol, Fernando Lamikiz, del que se libraron en Bilbao hace ya tiempo obligándole a dimitir. Hasta el actual presidente bilbaino, Fernando García Macua, ha admitido que todo este asunto fue un gravísimo error de cálculo por parte de Lamikiz, que si afecta a alguien es precisamente al Athletic y su filosofía. De haber ganado su recurso, el Athletic habría perdido su mejor recurso para mantener a sus jugadores, las cláusulas de rescisión. Y eso, en un mercado tan reducido como el vasco, podría haber sido un rejón de muerte.

El Consejo presidido por Miguel Fuentes actuó bien en este caso. Era necesario impedir que Zubiaurre se fuera de rositas. Era necesario acudir a la Justicia ordinaria y era necesario defender los intereses de la Real. Ahora bien, más de uno de los antiguos miembros del Consejo realista respirará hoy aliviado. Los cinco millones de indemnización que fija el Supremo ya han sido presupuestados y gastados. Si el Supremo llega a darle la razón al Athletic y al jugador, hubiera temblado más todavía la economía de la Real Sociedad. Pero esta vez, el recurso del club para cobrar íntegra la cláusula de rescisión no ha prosperado, ha habido un poco de suerte. Cinco millones por un jugador sin valor en el mercado tampoco se puede despreciar así como así. Aunque ahora el dinero vaya directamente a la Kutxa.

No creo que haya muchos jugadores dispuestos a seguir el ejemplo de Zubiaurre. El Tribunal Supremo ha convertido en una lotería la cantidad a fijar como indeminización, ya que lo deja todo en manos del juez de turno. Pero el precio a pagar para un jugador es muy alto. Zubiaurre se pasó unos cuantos meses sin poder jugar y cuando recibió el permiso para hacerlo ya nadie en el Athletic se acordaba de él. El actual entrenador bilbaíno, Caparrós, ya le ha dicho que no cuenta con él y buscarán cederle la próxima temporada. Este mismo año, el Eibar no le quiso prestado. Tiene contrato con el Athletic hasta 2014 y allí ya no saben que hacer con él. Además, no vale nada en el mercado después de tres años casi en blanco. Y todo eso se lo ha buscado él solito. Mi último pensamiento sobre él es que no me da ninguna pena.

miércoles, junio 04, 2008

La Real siempre subió el último día

Cinco ascensos a Primera División ha protagonizado la Real en toda su historia, y los cinco se consiguieron el último día. Durante las últimas jornadas, los resultados de sus rivales estaban permitiendo al equipo txuri urdin soñar con el regreso a la máxima categoría en el próximo partido, en Vitoria, a falta de una jornada. Pero con el empate del pasado sábado ante el Salamanca esa posibilidad ha quedado ya descartada. Si la Real vuelve a Primera, lo hará de nuevo en el último día posible. Esta vez, en Anoeta frente al Córdoba. 15 de junio. La fecha señalada desde hace mucho tiempo.

Sólo uno de los cinco ascensos anteriores se consiguió en casa, entonces en Atotxa. Fue en la temporada 40-41, después de una fase de ascenso contra otros tres equipos. El triunfo definitivo fue el 7-1 logrado ante el Castellón, con cuatro goles de Terán, dos de Chipia y otro de Pedrín. También mediante fase de ascenso se produjo el ascenso de la campaña 42-43, aunque entonces los rivales fueron cinco y el ascenso se consiguió, obviamente, en la última jornada frente al Xerez y ganando al equipo andaluz por 0-1, gol de Ontoria. El ascenso de la temporada 46-47 llegó por medio de una promoción a partido único frente al Murcia en Madrid. La victoria fue para la Real por 2-0, tantos de Castivia y Campos.

Después de una liga regular se lograron los dos últimos ascensos. En la campaña 48-49 fue necesario vencer 1-3 al Mestalla para lograr el objetivo. Aquel año, por cierto, el Málaga acompañó a la Real a Primera. El otro fue el famoso ascenso de Puertollano (la foto corresponde al recibimiento tras aquel éxito). No hace falta recordar mucho de aquel partido ante el Calvo Sotelo en el que sólo hacía falta el empate. Pero, a modo de ánimo, sí que conviene recalcar que el rival que se quedé en el camino a Primera aquel año fue el Sporting de Gijón. Ojalá se repita la historia y la Real suba en la última jornada...

martes, junio 03, 2008

Villanueva, primer fichaje para la temporada 2008-2009

La Real 2008-2009 ya tiene su primer refuerzo. Carlos Villanueva, aunque no ha sido presentado oficialmente, vestirá de txuri urdin a partir de la próxima temporada, ya que el viernes pasó el reconocimiento médico en San Sebastián. Su fichaje, aunque se ha venido publicando lo contrario, no está supeditado al ascenso. Iñali Badiola ya intentó fichar al chileno el pasado mes de enero, pero las altas pretensiones económicas de su club de procedencia, el Audax Italiano chileno, frustraron esa posibilidad. Pero ya es de la Real. El Piña le llaman en su país de origen, donde ya consiguió la pasada temporada el galardón al mejor jugador. Se desconocen las cifras exactas del traspado, aunque según las informaciones publicadas podría estar en torno a los cinco millones de euros. Quizá en la presentación se aclare este extremo.

Hay quien está discutiendo la idoneidad de la operación. Hay quien cree que hablar ahora de una incorporación para la próxima temporada es una falta de respeto hacia los jugadores que hoy defienden la camiseta de la Real. Yo no, desde luego. La historia más reciente demuestra que el error es precisamente el contrario. La pasada temporada, la directiva presidida primero por Miguel Fuentes y después por María de la Peña optó por el inmovilismo. Hasta no saber en qué división iba a jugar la Real, no había movimiento alguno que hacer. No se hizo nada y ya vimos el resultado. Al final fue imposible deshacerse de varios transferibles y sólo se pudieron conseguir dos incorporaciones, una cesión y un fichaje, que a casi todo el mundo le parecieron insuficientes para buscar el ascenso a Primera.

Los jugadores deben centrarse en lo que sucede el fin de semana sobre el campo y entre semana en los entrenamiento, algo que estos jugadores saben hacer de maravilla como han venido demostrando en los últimos meses. Pero, al mismo tiempo, los rectores moverse para fortalecer el equipo. En Primera o en Segunda. Y si se puede aspirar a un jugador de nivel de Primera (como Martí, ojalá que también como Villanueva), ¿por qué buscar sólo de calidad de Segunda? Nadie tiene por qué sentirse agredido o cuestionado con la llegada de un nuevo jugador y, como los fichajes de enero han demostrado, la Real no tiene ese problema en el vestuario. Fue una satisfacción escuchar a jugadores que venían jugando, como Delibasic o Gari Uranga, aplaudir la contratación de Víctor y Nacho, a pesar de que les mandaron al banquillo.

Villanueva será el cuarto jugador chileno que milite en la Real. El primero fue Miguel Ramírez, un mediocentro de gran potencia física que llegó cedido en el mercado de invierno de la temporada 95-96. Apenas jugó 10 partidos, pero dejó muy buena impresión. Después llegó Mark González, también fichaje invernal, en la campaña 2005-2006. Sus cinco goles y su fútbol por la banda izquierda contribuyeron decisivamente a la permanencia en Primera. El último chileno en llegar a la Real aún sigue en la plantilla y es el guardameta Bravo. Este año no ha jugado ni un solo minuto (ya no lo podrá hacer, ya que se ha marchado concentrado con su selección), pero el pasado fue de lo poco salvable del equipo que bajó a Segunda.

Más allá de que juega de mediapunta, que le gusta el arte del regate, que tiene visión de juego y gol, poco sabemos en realidad de Villanueva. Este vídeo puede dar algunas pistas sobre el jugador que veremos y que ya es un ídolo en Chile. Obvio es decirlo, la liga chilena no es como la española y aquí no tendrá tantas falicidades como en su país, pero las imágenes prometen calidad. Ojalá su adaptación al fútbol español sea rápida. De eso dependerá en buena medida que el fichaje sea un acierto.

lunes, junio 02, 2008

"Yo no abandoné..."

No vivió esta vez San Sebastián una invasión de aficionados visitantes para el partido frente al Salamanca, no. Pero algún que otro charro sí se dejó ver por la ciudad. Curiosa la camiseta que llevaba éste. "Advertencia: Yo no abandoné a la Unión en 2ªB". Cómo somos los aficionados del fútbol, que cuanto mayor es la debacle de nuestro equipo más apoyo le damos y más orgullosos nos sentimos de dárselo. No todas las aficiones, claro, pero de esto los realistas sí sabemos un rato. "En Primera o en Preferente, con la Real hasta la muerte", decía una pancarta en Valencia, el día del triste descenso a Segunda. Y en esas estamos.

Porque, abandonar lo que se dice abandonar, casi nadie ha abandonado a la Real. Una cosa es el pesimismo que ha reinado (y todavía reina) durante esta temporada y otra muy distinta que la gente no esté con la Real. "No subimos", dicen algunos por la calle, pero al final todos van a Anoeta o se colocan junto a una televisión o una radio cuando hay partido. Somos así, qué le vamos a hacer... La última muestra, las famosas banderas de Badiola. Las que trajo de China. Las que debían reproducir el ambiente que vivió Donosti en el año 2003, cuando nos creíamos que este equipo podía volver a proclamarse campeón de Liga. Yo ya la tengo.

Estamos lejos, muy lejos de lo que se veía entonces, cuando soñábamos con una alegría de las que se tienen una vez en la vida con un equipo de fútbol como la Real, pero la gente ha respondido bien a la iniciativa de las banderas con el lema "2008 Primeran". Se ven bastantes en los balcones, y hasta quien las ha comprado de tres en tres para sumarse al deseo. También hay quien ha recuperado las de aquel año del subcampeonato, las del "Bat, bi, hiru...". Y quien, simplemente, ha colocado una tela con los colores de la Real. Todo vale para demostrar que ahí seguimos, que nosotros tampoco hemos abandonado.

¿De qué otra forma se explica que en las gradas haya más de 25.000 personas en una tarde como la del sábado? Llovía lo que no está en los escritos, y eso no impidió que se formaran largas colas en las taquillas para sacar una entrada (vale, sí, al no permitir que se televisase Badiola consiguió llenar más las gradas, pero realistas no sólo hay en la provincia...) y que hubiera bastantes niños, desde luego más de los que yo esperaba ver en esa tarde de perros, en las sillas de la pista de atletismo. Anoeta respondió.
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Ya sólo queda un partido en el estadio donostiarra. Lo normal será que la Real tenga opciones en él de volver a Primera. Que sean más o menos dependerá de lo que haga el Málaga en Motril y el Sporting en Castellón. Y allí estaremos. Haga sol o haga lluvia. Tengamos pocas o muchas opciones. Sufriendo como siempre ¿para alegrarnos como pocas veces? Quien sabe. Ya veremos en dos semanas, ya veremos. Lo único claro a estas alturas es que no vamos a abandonar.

REAL SOCIEDAD 1 - SALAMANCA 1 Ausencia de referencias

Si el sábado a las 20.30 las caras eran de funeral a la salida de Anoeta, 26 horas más tarde el empate del Málaga ante el Cádiz cambia el análisis de muchos. Cosas del fútbol. El ascenso sigue ahí aunque muchos (yo no) pensaron que con certeza se había escapado con el gol del Salamanca y la falta de reacción posterior por parte de la Real. Con el empate que trunca esa ansiada racha de cinco victorias consecutivas que, ya lo sabemos con seguridad, nos habría devuelto a la Primera División. ¿Causas de este inesperado empate? Muchas. La fundamental, la ausencia de las referencias que han acercado a la Real a los puestos de ascenso. El equipo txuri urdin tiene ahora mismo una serie de puntales casi indiscutibles, de hombres y nombres de referencia, de jugadores en los que se puede depender de una u otra forma para sacar los partidos adelante.

Pero en el partido del sábado no hizo acto de presencia ninguno, bien por un mal partido o bien por la imposibilidad de estar sobre el césped de Anoeta (que, como casi siempre, presentaba un magnífico aspecto a pesar de los varios días de lluvía que había tenido que soportar). Bueno, casi ninguno. Riesgo, en una temporada inmensa, estuvo muy inseguro durante los primeros minutos del partido y falló en el gol charro (aunque pudiera haber falta; otro error arbitral contra la Real a estas alturas no debiera sorprender a nadie; aunque luego vuelvo sobre el árbitro). Martí apenas apareció y no supo salvar el hueco entre el mediocampo y los atacantes. Aranburu y Díaz de Cerio estaban lesionados. Sólo Mikel González dio la talla y demostró un nivel de Primera División. El que también tienen esos otros realistas pero que el sábado no se vio por ningún lado.

Y Prieto. Xabi Prieto volvió tras su lesión. Parece que cuesta reconocérselo, pero está dando auténticas lecciones de entrega a este club durante la temporada. Renovó por la Real con el ascenso todavía lejos. Ha forzado para volver de una lesión difícil y tratar de ayudar en las últimos partidos. Y el sábado, además, volvió al campo en los últimos minutos después de un desvanecimiento que sufrió tras un balonazo. Todo por no dejar a la Real con diez. Prieto no sólo está demostrando compromiso, sino que sigue dejando ver su clase. El pase con el que dejó a Gari Uranga (otra lección la suya, jugó casi todo el partido con la nariz rota) en clara posición para marcar fue antológico. Pero tuvo que jugar demasiado alejado de la zona de peligro y eso disminuyó su influencia. Pese a todo, su entrada en el campo permitió a la Real sus mejores minutos del partido, que, eso sí, no se concretaron en demasiadas ocasiones de gol. Una lástima que no se aprovechara esa incercia y la algarabía de la grada con el gol del Córdoba en Gijón.

Un partido que, en general, fue malo. La Real no supo encontrar el tono adecuado salvo en los primeros cuatro minutos. Sólo cuatro minutos, algo insuficiente, desde luego. Pero hacía tiempo que el equipo txuri urdin no arrollaba de salida a ningún equipo como lo hizo en esos cuatro minutos al Salamanca, que apenas era capaz de salir unos metros de su propia área. El gol de Delibasic (espléndido control tras un cabezazo de Gari Uranga y magnífica conclusión) hacía justicia y parecía encarrilar el partido. Pero esta Real, como la Segunda División, no deja de ofrecer sorpresas. El 1-0 le pareció a la Real el final del partido. Todo estaba hecho. Y le pasó, aunque a mucha distancia, lo mismo que en Tenerife. El empate no se veía venir porque el Salamanca apenas llegó al área rival, pero el gol volvió a ser consecuencia de ese pequeña desidia en la que cae demasiadas veces la Real cuando lo ve todo hecho sin que en realidad lo esté.

La Real no supo darle al partido el tono que necesita con el 1-0, pero tampoco con el 1-1. Ni siquiera en los minutos finales se produjo el necesario asedio a la portería salmantina para lograr una victoria que hoy nos habría dejado con la satisfacción de haber alcanzado los puestos de ascenso. Con tanto en juego, es imprescindible apostar. Y la Real no apostó. No lo hizo ni desde el campo ni desde el banquillo. Lillo, al que hay que seguir aplaudiendo su magnífica racha en este equipo, tampoco apostó. No entendí su falta de ambición en Vigo y no la entendí el pasado sábado. Los cambios, algo tardíos, no modificaron el dibujo, no buscaron nuevas alternativas, no rompieron el partido. Y la apuesta por Alvaro Novo en el once inicial fue una decisión muy difícil de asimilar. Mérida venía de marcar dos goles con la selección sub-19 y, cuando salió, dio a Delibasic el pase del que debió ser el 2-1. Elustondo ha rendido bien cuando ha jugado. Pero Lillo prefirió a Novo para salir de inicio. Y se le vio, como era de prever, lento, falto de ritmo y sin capacidad para controlar un partido muy exigente desde el principio.
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Otro pecado de la Real, uno que ha acusado en demasiadas fases de la temporada, fue la ausencia de disparos a portería. Más allá del gol, sólo un cabezazo de Gari que sacó un defensa desde la misma línea de meta con el arquero visitante ya batido. El titular se marchó lesionado, pero ni siquiera en ese momento algún jugador realista tuvo la ocurrencia de disparar de lejos a ver qué ocurría. La Real se perdió en vueltas, pases y requiebros en el centro del campo y no creó verdaderas jugadas de peligro. Y fue una pena que Nacho no aprovechara la manifiesta superioridad que tenía sobre su par (al que volvió loco en un par de ocasiones en la primera parte para luego desaparecer) o que Víctor apenas entrara en juego en los pocos minutos que tuvo sobre el césped.
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Quizá a muchos les suene a sacrilegio lo que me voy a preguntar, pero ¿fui el único que pensó que Skoubo podría haber concedido al centro del campo el espacio que necesitaban y las segundas jugadas que podían haber permitido un nuevo gol? El danés parece predestinado a no contar hasta los últimos diez minutos del último partido, y sólo si es necesaria una gesta heróica que hasta ahora la Real no parece haber sentido la necesidad de enseñar. Porque lo que ahora ya es seguro es que el ascenso no se dirimirá hasta el 15 de junio. La Real no puede subir en Vitoria, pero sí perder todas sus opciones. Los seis puntos que restan son ya necesarios para subir. El triple empate parece más difícil que nunca y eso obliga a sumar un punto más que un Málaga abonado al fallo y a reconducir la esperanza txuri urdin y tres más que un Sporting que, sea como sea, está sacando adelante sus partidos, sobre todo en casa.
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No quería acabar sin hablar del árbitro, no. Del Cerro Grande provocó recelos en la víspera, como es lógico y normal cuando llega con la aureola de haber perjudicado a la Real en el decisivo partido de Gijón y de haber favorecido al Sporting en las numerosas ocasiones en las que le ha arbitrado. ¿Influencia en el resultado? Quizá ninguna, a pesar de esa posible falta en el gol (que Riesgo califica hoy en la prensa de "clara"). El posible penalti a Martí parece que no fue (no he tenido la posibilidad de ver imágenes en televisión), pero la airada protesta de todo el banquillo realista resume a las claras que la actitud del colegiado y sus ayudantes no fue lo que se dice buena. En algunas jugadas intrascendentes se le intuía premeditación. Y eso es lo preocupante. El error no me preocupa. Sí la actitud. Y lo que he visto hasta ahora no me huele bien. No sé por qué hay tanto miedo a decirlo o a escamotear la labor arbitral del análisis, pero parece que casi hay que dar gracias por el arbitraje del sábado en Anoeta después de ver cómo el Sporting, una semana más, gana con ayudas (la prensa de Córdoba clama contra el árbitro y ve ilegales los dos goles de los gijoneses).
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Sigo diciendo lo mismo: que el ascenso lo decidan los futbolistas. 15 de junio. Dos semanas de tensión y 180 minutos de infarto. El sábado, yo seguía pensando que el ascenso es posible. El domingo, después del empate del Málaga, también. Y hoy insisto: los seis puntos devolverán a la Real a Primera. Seguro.

jueves, mayo 29, 2008

PREVIA Real Sociedad - Salamanca. Ambiente de ascenso

Anoeta vivirá este fin de semana ambiente de ascenso (sábado, 18.30 horas, Anoeta, sin televisión; decisión polémica de Badiola que ha decidido no permitir que se televise el partido para que se llenen las gradas. De acuerdo, pero... ¿y los seguidores que no pueden ir al estadio o que viven fuera de Guipúzcoa y no se pueden desplazar a San Sebastián...?). Todo está preparado para que la Real dé el zarpazo definitivo en esta carrera por el ascenso y se coloque entre los tres primeros. Todo puede pasar en Segunda, pero esta jornada se antoja vital. Real, Málaga y Sporting juegan en casa. La solvencia debe ser una de las llaves para llegar a Primera. Y, hoy por hoy, la Real parece el aspirante más solvente de los tres. Pero eso hay que demostrarlo en el campo partido tras partidos. Ya sólo quedan tres.

Lillo lo tiene claro: ha pedido al público tolerancia frente al error. Sabe que en Tenerife la Real no jugó bien a pesar de la victoria, pero también sabe, como todos nosotros, que ahora lo importante son los tres puntos. No quiere que Anoeta deje de animar a la Real ni un solo instante. El Salamanca debe notar que cerca de 30.000 almas desean con todo su corazón que este equipo vuelva a la élite de la que nunca debió salir. Más que nunca, Anoeta debe rozar lo imposible y recordar a Atotxa. Más que nunca, un pase errado, un balón atrás o incluso un gol del contrario deben espolear los cánticos, los gritos, las bufandas blanquiazules al aire. Más que nunca, la Real debe tener doce jugadores, y que el añadido no sea precisamente el árbitro (Del Cerro Grande, el mismo que permitió al Sporting vencer a la Real en El Molinón con un gol en fuera de juego). Es la hora de que la afición empuje más incluso de lo que ya lo ha hecho durante estos últimos tristes años. Es la hora de la Real. Y la Real somos todos.

El técnico realista, que no conoce la derrota desde que asumió las riendas del equipo hace un par de meses (y que dure la racha hasta el final), no ha dado muchas pistas sobre sus planes, aunque, a falta de conocer la convocatoria, se va a ver obligado a hacer cambios. Aranburu, tras un nuevo atropello de los comités y además por molestias físicas, no estará en la convocatoria. Y eso abre todo un abanico de posibilidades para Lillo en el centro del campo. Elustondo y Mérida (que ha vuelto entre semana de una concentración con la selección sub-19) se juegan ese puesto junto a Garitano y Martí. La defensa y la portería no sufrirán variación alguna. En ataque, es muy dudoso que Díaz de Cerio pueda jugar, con lo que Delibasic estará en punto y Gari Uranga y Nacho ocuparían las bandas. Xabi Prieto ya ha recibido el alta y podría estar entre los 18 escogidos. Lillo podría sorprender y colocarle de entrada, aunque el riesgo que supone y el buen rendimiento de Nacho en Tenerife y de Gari en las últimas semanas invita a pensar en la continuidad de ambos.

A la misma hora que Real y Salamanca empiecen a jugar en Anoeta, el Sporting comenzará su encuentro frente al Córdoba en El Molinón. A pesar de no estar matemáticamente salvados, los charros parecen estar en una cómoda situación, con 50 puntos, cinco por encima del descenso con sólo nueve por jugar. Los andaluces, por contra, están sólo un punto por encima de la barrera de la debacle en dirección a Segunda B y a priori no pueden permitirse el lujo de pinchar en Gijón. El Málaga jugará el domingo a las 20.30 horas (Canal +) contra otro equipo con el agua al cuello, el Cádiz, que tiene 46 puntos, los mismos que el Córdoba. La jornada promete emociones fuertes y quién sabe si un nuevo vuelco en la clasificación. Ganar al Córdoba y el pinchazo de cualquiera de los dos rivales colocará a la Real en ascenso. Con el empate en Anoeta, sólo una derrota de Sporting o Málaga situaría al equipo txuri urdin entre los tres primeros.

Si la historia fijara un ganador para este partido, no habría dudas: la victoria se quedaría en San Sebastián. De las 16 veces que el Salamanca ha jugado en el campo de la Real, 13 acabaron con victoria txuri urdin y el conjunto charro nunca se ha llevado el triunfo. En los cuatro partidos que se jugaron en Segunda se impuso la Real, el último de ellos en la temporada 63-64. En Primera, la estadística es casi igual de demoledora: nueve victorias y tres empates. La última visita del Salamanca a Anoeta fue en la temporada 1998-1999 y el triunfo realista fue contundente pero extraño. El marcador final, 4-0. Pero en el minuto 74 la Real sólo ganaba 1-0 y Rekarte era expulsado. Pero en tres minutos de locura, el equipo de Krauss sentenció. Darko Kovacevic en dos ocasiones y Gracia redondearon la cuenta. "Igual el próximo partido empezamos con diez", ironizó el técnico alemán al final.

El partido de la primera vuelta de esta temporada en Segunda que ya se acerca a su fin es uno de los de peor recuerdo para los realistas. Derrota de penalti injusto en el último minuto. La Real exhibió dos caras muy distintas. En la primera parte, incidió en todos los errores de la primera vuelta: falta de ocasiones de gol, errores puntuales en defensa que cuestan goles y una incapacidad para llevar el mando del partido y generar fútbol. Pero en la segunda parte hubo reacción y mucho coraje. Hasta dos veces empató el conjunto de Chris Coleman el partido (Gari Uranga hizo el primero y Aranburu fabricó un golazo en el segundo), hasta llegar al fatídico minuto 94 en el que un árbitro llamado Rodado Rodríguez decidió que el esfuerzo de los jugadores no bastaba para decidir el ganador del partido. E intervino inventándose un penalti (en la imagen, las protestas y la decepción posteriores). Un 3-2 y mucha impotencia es lo que se trajo la Real de Salamanca.

(Nota: La crónica del partido llegará el lunes. Con todo lo que hay en juego, no hay sitio donde pueda estar que no sea en la grada de Anoeta)

miércoles, mayo 28, 2008

El reflejo de la historia

La actual situación de la tabla clasificatoria de Segunda tiene un reflejo histórico prácticamente idéntido. Una temporada en la que había tres equipos en un solo punto jugándose el ascenso a Primera, exactamente igual que ahora. En la temporada 2003-2004, tras la disputa de la jornada 39, el Alavés era segundo con 68 puntos. Con los mismos puntos le seguían Getafe y Numancia. En este momento, en la temporada 2007-2008 y también con tres partidos por jugarse, el Málaga es segundo con 67 puntos, y por detrás están Sporting de Gijón y Real Sociedad con 66.

Aquella temporada, el entonces segundo clasificado, el Deportivo Alavés, fue el equipo que no consiguió subir a Primera. El conjunto vitoriano ganó dos de los tres partidos que quedaban, sumó seis puntos gracias a sus victorias frente al Ciudad de Murcia y el Eibar. Pero no fue suficiente por su derrota frente al Numancia en la jornada 40. Los sorianos sí sacaron los nueve puntos que quedaban, ganando además al Recreativo y al Algeciras. El Getafe también venció en sus tres encuentros, a Ciudad de Murcia, Eibar y Tenerife. Y subió a Primera, a pesar de que tenía el golaverage perdido frente al Alavés y ganado frente al Numancia.

La situación es virtualmente calcada a la que tiene la Real en el horizonte. Tres partidos, un rival empatado, otro a un punto, el average ganado con uno y perdido con el otro. El camino a seguir es el de aquel Numancia. Eso sí, cambian un par de matices que pueden ser trascendentales en el devenir de esta lucha por el ascenso. Por un lado, ya no hay enfrentamiento directos entre los aspirantes a subir a Primera División. Y, por otro, en aquella temporada Alavés y Getafe disputaron dos partidos como visitante, en el caso de los vitorianos uno de ellos, además, frente al Numancia. En esta ocasión, Málaga, Sporting y Real Sociedad coinciden: jugarán la próxima y la última jornadas en casa y jugarán fuera en la penúltima.

Este precedente histórico avala la necesidad de pensar en tres victorias de aquí al 15 de junio para garantizar el ascenso, aunque cabe la posibilidad matemática de que no haga falta llegar a tanto. A falta de tres jornadas para el final, sólo dos equipos que estaban fuera del ascenso han conseguido una de las tres ansiadas primeras posiciones al final. Uno fue este Numancia de la temporada 2003-2004. El otro fue, curiosamente, también el Numancia pero de la temporada 1998-1999, que, otra causalidad, también tuvo que sumar los nueve puntos en disputa para subir. En aquella temporada, era el Sevilla el que estaba en posición de ascenso, con un punto por encima de los sorianos, y sólo pudo sumar seis más, con lo que acabó dos por debajo.

Hay dos equipos que se quedaron sin el premio del ascenso, a pesar de lograr los nueve últimos puntos en juego. El caso más similar a la temporada actual es el Atlético de Madrid de la temporada 2000-2001, aunque partía con tres puntos de desventaja con respecto al Tenerife, y no uno como ahora tiene la Real. Los colchoneros se quedaron sin subir por el golaverage. En la temporada 1997-1998, el Villarreal también ganó los tres últimos partidos, pero su persecución era bastante más imposible, ya que partía con ocho puntos de desventaja con respecto a Extremadura y Las Palmas. Los canarios, en todo caso, sólo sumaron un punto más hasta el final de la temporada.

Descalabros de equipos en la lucha por el ascenso ha habido muchos desde que la Segunda División tiene 22 equipos. El más notable, el que protagonizó el Toledo en esa misma temporada 98-99. A tres jornadas del final era cuarto con los mismos puntos que el tercero, el Sevilla, 65, pero sufrió tres derrotas consecutivas y no consiguió sumar ni uno solo más. El Lorca de la temporada 2005-2006 habría subido de sumar los nueve puntos que quedaban, pero sólo logró dos empates en esas tres jornadas y al Levante, que partía con dos puntos de ventaja, le fue más que suficiente con ganar uno y empatar los otros dos. En la campaña 2000-2001, el Xerez partía con los mismos puntos que el Recreativo, tercero a falta de nueve puntos por jugarse. Pero los onubenses sumaron seis puntos por sólo tres de los jerezanos.

La temporada más loca en lo que al ascenso se refiere fue la 1999-2000. A falta de tres jornadas para el final, no había subido todavía ningún equipo. Las Palmas lo tenía casi hecho y era el líder con 65 puntos. El Villarreal estaba tres puntos por detrás y tenía un colchón de dos puntos más sobre tercero y cuarto, Osasuna y Extremadura. Pero éstos sólo tenían tres puntos de ventaja sobre el noveno clasificado, el Lleida, con lo que la lucha por el ascenso abarcaba a media Liga. El Sporting, que partía a sólo dos puntos del ascenso, fue uno de los damnificados aquel año, ya que sólo pudo sumar dos empates en esas tres últimas jornadas. El Extremadura se hundió aún más, y tampoco subió ya que sólo sumó un punto.

martes, mayo 27, 2008

Irresponsables imbecilidades

Lo he dicho ya unas cuantas veces. No voy a entrar en el asunto de las primas, no voy a lanzar acusaciones infundadas contra nadie sólo porque, en un momento de escasa lucidez mental, piense que eso beneficia a la Real. Si el equipo txuri urdin no consigue el ascenso, no voy vivir de pataletas infantiles acordándome del esfuerzo de no sé qué equipo por impedírmelo. Pero llega un momento en que hay que poner freno a las imbecilidades. Porque lo que se está escuchando son auténticas imbecilidades. Irresponsables imbecilidades. Ya lo siento si alguien da por aludido, porque no es mi intención atacar a las aficiones de dos equipos con mucha historia detrás y que hoy son los rivales de la Real en la carrera por el ascenso. Os pido que no os sintáis agredidos por mis palabras, nada más lejos de mi intención. Pero las cosas tienen un nombre, por feo que sea.

Nunca, y repito, nunca voy a generar un enfrentamiento con afición alguna. A pesar de que en todas partes hay cafres, la corrección ha dominado la temporada entre realistas, malaguistas y sportinguistas. Y que así sea siempre. Es maravilloso poder ir a un campo de fútbol a animar a tu equipo, sea el que sea. San Sebastián y Gijón, por la cercanía geográfica, intercambiaron invasiones de aficionados. Y en Málaga, lo digo porque lo viví, hubo mucha corrección. Pero hay gente que parece no soportar el buen rollo entre las aficiones. Ojalá no suceda nunca, pero si en una próxima ocasión algún seguidor realista es agredido en Málaga o Gijón, me voy a acordar de todos estos irresponsables que hablan por hablar, sin medir lo que dicen y sin pensar lo que pueden estar provocando. La violencia, y no el ascenso, es lo que más preocupa de toda esta polémica.


David Barral, jugador del Sporting de Gijón, ha hecho unas declaraciones sencillamente inadmisibles en un profesional al referirse a los dos goles con los que la Real ganó en Tenerife, en un campo en el que, por cierto, el Sporting ganó 0-2 hace apenas dos semanas. "A mí no me lo ponen tan fácil los defensas contrarios. Les resultó fácil marcar en el primer gol por la mala salida del portero y también en el segundo, porque Sicilia se la come en la jugada". Esa es la interpretación que hace un profesional del trabajo de un compañero futbolista. Le está acusando de dejarse perder un partido por dinero. Y me parece triste. Si alguna vez vuelve a jugar contra él, ¿con qué cara le va a dar la mano Barral a Sicilia, defensa del Tenerife?

Lo que dice Barral no sólo es una barbaridad, sino una interpretación absolutamente equivocada del deporte y una frase interesada, muy interesada, porque sólo ve la compra de partidos en el error que perjudica a su equipo. Dice que a él no se lo ponen "tan fácil". Se lo pusieron así de fácil, incluso más, sin ir más lejos, el pasado domingo. En el minuto 90, se quedó solo delante del portero del Alavés porque la defensa del equipo vitoriano no reaccionó a tiempo ante un saque de banda. ¿Qué tendríamos que hacer? ¿Dudar del Alavés? ¿Decir que el Sporting ha comprado a la defensa alavesista para ganar en el minuto 90? Será que la Real también compró a Barral para que fallara. Convertir un error deportivo en una compra de un partido sólo se puede hacer desde una desfachatez impresionante.

Pero Barral no ha sido el único en hacer algo parecido desde Gijón. Hoy sí personalizo. Hoy sí doy nombres y apellidos, porque lo que he leído me ha provocado una justa indignación. Manuel Rosety, en El Comercio, publica un indignante artículo en la misma línea de las palabras del jugador sportinguista, dudando de la profesionalidad de Pablo Sicilia. Se les olvida a todos los que ven algo raro en Tenerife que es el propio Sicilia quien da el pase del gol del Tenerife, un gol que habría colocado a la Real dos puntos por debajo del Sporting y tres por debajo del Málaga. Será que Badiola sólo le dio la mitad de lo que le pidió Sicilia por dejarse perder y por eso regaló dos goles a la Real y dio uno al Tenerife... Qué triste que un periodista use su poder e influencia para publicar abiertas mentiras, para generar un clima de opinión contrario a un oponente deportivo, para, en definitiva y por mucho que duela oírlo, abrir las puertas a la violencia.

En días anteriores, las declaraciones subidas de tono habían venido desde Málaga. Y son tan equivocadas como las que ahora vienen desde Gijón. Fernando Sanz, presidente del Málaga, acusó a la Real de comprar partidos. "Que si 90.000 euros por ganar, que si en caso de que la Real suba te damos tanto dinero. Situaciones que son tan sucias que asquean. A lo mejor hay que irse a un juzgado a denunciar todas estas situaciones totalmente ilegales", dijo la semana pasada. Y dijo más. "Hablaré con Badiola para que me explique cómo entiende él que es el mundo del fútbol y cómo se está equivocando. Ha entrado con muy mal pie en este mundillo. Primero, me daré el gusto de decírselo a la cara y segundo, tomaré otras medidas".
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Pero ni habló con Badiola, ni se ha dado el gusto de acusar a nadie a la cara, ni ha tomado otras medidas. Sabe que lo dijo son frases de consumo interno, para satisfacer a los más exaltados (y ese, insisto, es el peligro de esta irresponsabilidad). Sabe que no tiene pruebas. Y sabe que no va a actuar porque, si hay primas, las hay desde todas partes. Desde el entorno de la Real nadie ha acusado públicamente al Málaga de nada, ni de la forma en que ganó ante el Sevilla Atlético ni de primar a los rivales del equipo txuri urdin, por mucho que sea eso lo que quieren algunos (gente, desde luego, que no tiene ningún parecio a este deporte) que se haga. De la misma forma que la Real no optó por forzar la suspensión de su partido en La Rosaleda cuando Juanma Lillo fue alcanzado por una botella lanzada desde la grada. Lillo quiso jugar. Lillo primó el deporte. Y eso es lo que debiéramos hacer todos.
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No al juego sucio. No a la irresponsabilidad que fomente violencia entre las aficiones. No a las barabaridades sin sentido. No a la nula profesionalidad de cualquier deportista que se permita acusar sin pruebas a un compañero de dejarse comprar. No a toda esta porquería. El ascenso se decide en el campo de fútbol y yo, insisto, felicitaré a los equipos que suban sin preocuparme de todas estas irresponsables imbecilidades. Pero hoy han conseguido enfadarme. Mucho. Y tenía que decirlo.