martes, junio 22, 2010

Resumen de la temporada (1). Un logro celebrado pero no del todo valorado

La temporada 2009-2010 ha sido la del ascenso a Primera División. Un ascenso esperado durante tres largos años, necesario por lo que significa la Real. Imprescindible, probablemente, para garantizar la futura supervivencia de este club, a nivel económico y a nivel deportivo. La Segunda no era el sitio de la Real. Y después de tantos disgustos y sinsabores, el equipo txuri urdin ha logrado al fin una alegría de las que quedan escritas con letras de oro en los libros de Historia. Y aunque la temporada termina con una inmejorable sensación de fiesta, lo cierto es que me queda cierta sensación de que no se ha valorado en su justa medida el logro conseguido por la Real. Muchos dirán ahora que la Real tenía que subir sí o sí, pero las circunstancias no invitaban precisamente al optimismo no hace tanto tiempo.

Echemos la vista atrás, hasta finales de agosto de 2009. La Real comenzaba su tercer año en Segunda sumida en un mar de dudas, a pesar del buen nivel del equipo ante el Real Madrid en la fiesta del centenario. Aunque esos mismos ahora lo negarán, mucha gente (con motivos lícitos) no confiaba en el equipo, un bloque similar al de la temporada anterior pero con notables bajas. Venía un entrenador nuevo y desconocido como tal, el único extranjero de la categoría cuando muchos querían a alguien que conociera ya la Segunda División. Habían llegado dos jugadores extranjeros, uno ilusionante en pretemporada pero desinflado desde el primer minuto de competición y otro que no sería presentado oficialmente hasta ya comenzado el torneo después de numerosos problemas con su fichaje. Una tercera incorporación era un lateral catalán para nosotros desconocido.

Aranburu, el capitán, seguía convaleciente de la lesión que se produjo la temporada anterior. Carlos Martínez cayó en el primer entrenamiento de la temporada y dejaba la primera plantilla sin ningún lateral diestro y con el improvisado Dani Estrada para tapar ese agujero. Zurutuza, la sensación de los partidos amistosos, se lesionó también. La Real llegó a la tercera jornada sin haber ganado y ya eliminado, para variar, de la Copa del Rey, a pesar de haber jugado en casa ante el Rayo. Casi todas sus esperanzas estaban puestas en un chaval de 18 años que había deslumbrado en la pretemporada, Griezmann. ¿Suficiente para subir? Probablemente no. Muchos pensaron entonces que la ilusión del partido del centenario ante Cristiano Ronaldo, Kaká y Xabi Alonso se quedaría en nada. Y se equivocaron.

Hubo tres puntos de inflexión en otras tantas jornadas consecutivas. El primero, la victoria en el último minuto en Tarragona gracias a un gol de Carlos Bueno que no llegó a traspasar la línea de meta, una de las pocas decisiones arbitrales que beneficiaron a la Real en toda la temporada. El segundo, el gol de Griezmann ante el Huesca, que abrió el camino de la primera victoria en Anoeta, siendo el estreno anotador del potrillo francés y además en su primer partido como titular. Y el tercero, la espectacular victoria en Soria ante el Numancia por 1-3, con un partidazo de Xabi Prieto, Zurutuza y Agirretxe, quien sumaba ya cuatro goles. A partir de ahí, la Real creyó de verdad en lo que estaba haciendo y en lo que le decía su entrenador, Martín Lasarte. El uruguayo ha reconocido que ese fue el día en que todo cambió a mejor.
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Ese día en Soria, tras la sexta jornada de Liga, la Real entró en los puestos de ascenso, para no abandonarlos ya en toda la temporada. El primer asalto al liderato llegó sólo una semana después, venciendo en Anoeta al Salamanca con goles de Griezmann y Ansotegi. Los tres primeros intentos de mantener la primera plaza se vieron frustrados por Levante, Hércules y Rayo (a pesar del enorme partidazo en Vallecas que acabó con un 3-3 en el marcador). Pero el equipo txuri urdin fue cimentado su futuro en Primera gracias a una espléndida trayectoria en Anoeta, donde llegó a encadenar ocho victorias consecutivas, récord histórico en el estadio inaugurado en 1993. Como visitante, el conjunto de Lasarte fue conseguiendo bastantes puntos, lo que le permitió llegar al parón invernal en la primera posición, entonces ya en una dura pugna con el Hércules, después del gran arranque de Liga de un Cartagena que acabaría desinflado.

Cuando la Real ha sido campeona de invierno, nunca ha conseguido ser campeona al final. Así ha sido a lo largo de su Historia, y quizá por eso el destino llevó al conjunto txuri urdin a perder en casa ante el Elche, en el último partido de la primera vuelta, el único en Anoeta del que saldría derrotado. La Real llegó al ecuador de la temporada en el segundo puesto de la tabla, con unos magníficos 42 puntos, y así comenzó una trayectoria muy dispar en la segunda vuelta. Como locales, los de Lasarte eran arrolladores y destrozaron sobre todo a los rivales directos (Levante y Hércules). Y para entonces Anoeta ya había vivido el momento cumbre de esta y de muchas temporadas, el gol de falta marcado por Bravo al Nastic. Como visitante, y a pesar de buenos partidos como el jugado en inferioridad numérica en Cartagena, la victoria se resistía con insistencia en encuentros en los que lo más fácil parecía que los tres puntos volaran a San Sebastián.
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El pequeño bajón que todos los equipos de la cabeza de tabla sufren siempre, coincidió para la Real con la ausencia de jugadores como Elustondo o Xabi Prieto (casualmente, ambos se lesionaron un año antes, de más larga duración en ambos casos, y también coincidió ese hecho con un descenso notable del nivel de juego del equipo, entonces en manos de Juanma Lillo). La ventaka con respecto al cuarto clasificado, que llegó a rozar los diez puntos en algún momento de la temporada, poco a poco iba reduciéndose porque cada vez eran más equipos los que aspiraban a subir. A la pelea se habían sumado ya un Levante que estaba protagonizando una segunda vuelta espectacular, el Betis al que todos esperaban, el Numancia que seguía teniendo la tercera plaza a tiro aunque le costara arrancar e incluso el Elche, que se escudaba en un calendario favorable para seguir soñando.

Si en cuanto a puntos y distancias el ascenso estaba muy reñido, en cuando a la posición de Líder no. La Real alcanzó la primera plaza de nuevo con su emapte en Salamanca, en la jornada 28, y ya no lo abandonó más. El equipo agudizó su crisis goleadora a falta de un cuarto de Liga para el final. En nueve jornadas, desde la derrota en Córdoba hasta la de Sevilla ante el Betis, sólo anotó tres goles, aunque pudo sumar diez valiosos puntos. Los más agoreros volvieron a temer por el ascenso. Las dudas se solventaron con dos victorias de categoría. La prikmera, en un Anoeta casi repleto, ante el Villarreal B. La segunda, en una maravillosa exhibición en Cádiz. Sólo faltaba rubricar el ascenso una semana más tarde, en casa y ante el Celta. Y la Real, a falta del traspiés resacoso en Elche, era ya equipo de Primera.
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La Real fue el equipo que más jornadas estuvo en ascenso. El que durante más tiempo ocupó el liderato. Hizo de Anoeta el deseado fortún para subir. Pero durante muchos tramos de la temporada parecía que muchos, entre los realistas que no desde fuera, pensaban que la Real acabaría cayendo de las tres primeras plazas. Que el drama de Vitoria se repetiría. O incluso que el ascenso es lo mínimo que se podía pedir a la Real y, por tanto, no había nada que celebrar. Eso es infravalorar su logro. La plantilla se configuró en las más difíciles condiciones de los tres años en Segunda. Era, quizá, la temporada en la que menos se confiaba en el ascenso por las incógnitas que se cernían sobre un equipo, dirigido por un entrenador al que nadie conocía en agosto, y que venía de acumular disgustos en los tres años anteriores. Y hoy los miembros de ese equipo son los héroes del ascenso. Así es el fútbol. Y lo hemos celebrado a lo grande. Pero no nos olvidemos de valorar este ascenso como de verdad se merece.

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