
¿Cuál es entonces el problema de la Real? Veréis, es que yo tengo del todo claro que haya un problema. La Real es exactamente lo que estamos viendo esta temporada. Un equipo que puede ganar y puede perder cualquier partido en función de lo que ponga en cada uno de ellos; un equipo que encuentra su sitio natural en la mitad de la tabla y que, en función de tres o cuatro resultados consecutivos que se den entre los meses de frebero y abril, llegará a mayo en función de luchar por uno u otro objetivo. Yo no estoy viendo esta temporada nada diferente de lo que esperaba. Alguna sorpresa, alguna decepción. Eso sí. Pero en conjunto esta es la Real. La que esperaba y la que es. Decía Lasarte esta semana que no hay nada de malo es descubrir lo que uno es, y ahí sí estoy de acuerdo con él. Lo que me asombra, lo que me sigue asombrando porque en realidad es un mal endémico del entorno, es que sólo nos demos cuenta de lo malo. Ahora hay quien mira asustado al abismo del descenso, algo para lo que a día de hoy no hay ningún motivo. Y no entiendo tanto temor. En la primera vuelta también tuvimos un momento parecido a éste y también generó nervios. Salimos de aquel y saldremos de éste. Yo no tengo dudas.
Eso sí, puede que sí tenga una explicación a lo que he visto en los últimos partidos. Falta entusiasmo. Y por eso estoy convencido de que lo que falta es Carlos Martínez. Puede sonar a oportunista después de que Estrada hiciera su peor partido de la temporada ante el Málaga (con lagunas defensivas en los dos goles del equipo de Pellegrini), pero no es por eso. Llevo semanas echando de menos el entusiasmo, el empuje, la garra, el pundonor y el sacrificio de Carlos Martínez. Sus subidas y bajadas continuas por la banda, sus múltiples centros por mucho que en los días malos la mayoría se puedan ir al limbo. Entiendo que Lasarte es un entrenador que basa sus decisiones en la confianza. Entiendo que no cambie si Estrada le estaba gustando (a mí también me estaba gustando, aunque no tanto como Carlos Martínez desde el primer momento y desde luego no en el último partido). Lo que me sorprende es que el de Lodosa no haya sido siquiera un revulsivo de segunda parte. Su empuje es contagioso (en el campo y en la grada) y, quizá, podría haber despertado al equipo de su letargo en partidos como el de Riazor. Obviamente, es Lasarte el que mejor sabe cómo están sus jugadores, pero yo echo de menos a Carlos Martínez porque a veces sí me falta entusiasmo en la Real.
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