
Lasarte se ciñó al guión previsto. Colocó a Mikel González como lateral derecho para no sobrepasar la exigencia del regreso de Dani Estrada, alineó a Diego Rivas en el mediocentro pese al esguince que sufrió el jueves, mantuvo al tridente de mayor calidad en la mediapunta y colocó a Carlos Bueno como delantero centro. Casi el equipo de gala de esta Real que no deja de oler a Primera, diga lo que diga el marcador. Había que salir con lo mejor para ir a por el partido desde el principio. Pero el plan falló. No por algo que hicieran mal los realistas, no, sino porque delante se colocó un equipo que tocó, tocó y tocó hasta el aburrimiento de los jugadores locales, que perseguían sombras. Los primeros 17 minutos fueron un suplicio. El Villarreal B tocaba y llegaba al área de Zubikarai con más frecuencia de lo que podía esperar un Anoeta casi lleno. El meta txuri urdin y Labaka salvaron la más clara ocasión del conjunto amarillo, el primero con su salida, en la que tocó el balón lo justo para ralentizarlo y que el central consiguiera sacarlo bajo palos.

Así comenzaron los mejores minutos de la Real. No es que el Villarreal cediera el balón, ni mucho menos, pero las sensaciones ya eran distintas. Los de Lasarte empezaron a tener presencia y llegada. Y entonces apareció de nuevo el árbitro, como tantas veces ha ocurrido esta temporada, como hacía temer una decisión a favor. Un levísimo forcejeo recíproco acabó convertido en penalti contra la Real. Ese fue el primer peaje arbitral por haber dado al equipo txuri urdin la posibilidad de anotar su primer gol de la temporada desde los once metros. El primero, pero no el único, porque Del Cerro Grande, despedido con una sonorísima pitada de Anoeta en el descanso, expulsó al preparador físico Balbi y al preparador de porteros Navajas, demostró que tenía muchas más ganas de señalar faltas y tarjetas contra el equipo local que contra el visitante e incluso cabreó más a la grada, mucho más, por jugadas sin importancia que por este penalti. ¿Es "malo" el adjetivo que buscamos para los árbitros? A veces dejan la sensación de que hay más. El caso es que el Villarreal B aprovechó su ocasión y empató, a pesar de que Zubikarai llegó a tocar el balón.

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Porque, con el 2-1 en el marcador, si un equipo pudo marcar ese fue la Real. Cierto es que Zubikarai tuvo que sacar una magnífica mano arriba y protagonizar una espléndida salida por bajo, pero la Real se hartó de tirar contraataques. De la Bella, Aranburu y Griezmann los lanzaban. Bueno y Nsue buscaban culminarlos. Xabi Prieto deleitó con unas cuantas virguerías y estuvo a punto de cerrar el partido, primero en una jugada personal que se le quedó atrás, después con un pase que Nsue no pudo controlar y más tarde en una jugada que Griezmann acabó centrando francamente mal. Xabi, en todo caso, echó de menos a Carlos Martínez. Los laterales son un arma fundamental de esta Real. El equipo no consiguió cerrar el partido y por eso se sufrió hasta el final. Por eso y porque el Villarreal B convirtió el final del partido en un asedio. Los malpensados podrán imaginarse que empatar no era el único incentivo para el filial amarillo. También se sufrió porque Lasarte decidió arriesgar y mantener a Rivas y Aranburu, ambos con tarjeta (y ante un árbitro que parecía de lo más dispuesto a dejar a la Real con diez), y sacar del campo a unos muy cansados Zurutuza y Bueno.
El gran triunfo de la Real pasa por su defensa, prodigiosa durante toda la temporada. Porque el Villarreal dominaba y daba sensación de peligro, sí, ¿pero cuántas ocasiones claras de gol tuvo? Más bien pocas. Ahí estaban Mikel, Labaka, Ansotegi, De la Bella y el resto (porque defienden todos, Bueno el primero) para desbaratar el peligro. El equipo acabó demasiado encerrado, pero el sufrimiento no vino por verse desbordado, ni mucho menos. La Real supo moverse en todos los momentos del partido, incluso cuando más agobiado se vio por la calidad y el toque del filial amarillo. Quizá Lasarte debió meter antes en el campo a Elustondo y Nsue, pero el retraso no mermó en absoluto las posibilidad de la Real de cerrar el partido o la capacidad de mantenerlo en su terreno, por muy presionante que fuera el Villarreal B. Y el triunfo fue ese, entender que lo importante era ganar. Cierto que los dos goles fueron a balón parado y de ninguno de los delanteros, por lo que el problema sigue vivo. Pero se ganó porque se pudo ganar, porque se vio en el balón parado la mejor opción para hacerlo, y porque se jugó para ganar. Con unas armas que la Real domina.

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Y aunque todos los rivales salvo el Elche ganaron, el triunfo no sólo es vital sino que acerca mucho más a la Real a la Primera División. Un triunfo y dos empates o dos triunfos convierten al equipo de Lasarte en inalcanzable. Un triunfo puede bastar para subir. Son cuatro los puntos de ventaja que le saca a tercero, cuarto y quinto clasificados, y ocho a un Elche que con su derrota del sábado parece definitivamente descartado como rival txuri urdin (aunque todavía puede llegar a la tercera plaza). La afición salió de Anoeta pensando que el ascenso es casi una realidad. Todavía no, falta otra victoria. Que sea en Cádiz para acabar con el sufrimiento, aunque no baste para subir ese día. Y que la fiesta sea, si no puede ser en tierras andaluzas, ante el Celta en Anoeta. Los gallegos nos deben una alegría desde aquel 15 de junio de 2003, cuando Balaídos se convirtió en el final de un sueño que debió acabar con el tercer título de Liga para la Real. Una Real que es líder, que ganó cuando debía hacerlo y que está a un paso de recuperar su lugar en la élite. Con más mérito del que ahora mismo muchos le están dando.
2 comentarios:
Que importante es esta victoria, creo que en Cadiz vamos a romper nuestra mala racha fuera de casa. El Villarreal B es el equipo que mejor juega en la categoría, mucho merito este triunfo.
Lastima el gol del Betis en el último minuto, que suerte tuvieron, estaba en el Alcoraz.
Cityground, es importantísima y estoy totalmente de acuerdo en que tiene mucho mérito. Lástima lo del Alcoraz, sí...
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