sábado, noviembre 26, 2011

PREVIA Betis - Real Sociedad. Confianza o temor

La Real tiene dos posibles caminos en Sevilla (domingo, 12.00 horas, Benito Villamarín; Canal + Liga 2, PPV). La confianza o el temor. Puede enfrentarse al Betis con confianza, con el peso de su historia, de su escudo, de su camiseta (a pesar de que seguramente saldrá de nuevo con la amarilla) y de su gente. O puede hacerlo con temor, como ha afrontado ya demasiados partidos esta temporada. Eso, y la misma decisión que tome el Betis, será lo que decida el resultado. Y lo que marque el futuro. De Sevilla volverá una Real con confianza o atemorizada. No cuentan ni las bajas, ni los resultados anteriores, ni siquiera las sensaciones que está ofreciendo el equipo de un Philippe Montanier que todo el mundo da por seguro que dejará de ser entrenador de la Real si el equipo no vuelve de la ciudad andaluza con una victoria. Y eso ante un equipo que tiene una racha incluso peor que la que arrastra el conjunto txuri urdin, pero que tuvo un mejor inicio de temporada y por eso mantiene cuatro puntos de ventaja sobre la Real. ¿Una final a estas alturas de la temporada? Que cada cual lo llame como quiera.

Montanier tendrá que encontrar solución a las muchas bajas que tiene su equipo, tres de ellos titulares indiscutibles. El duelo ante el Espanyol dejó tres lesionados: Xabi Prieto, Illarramendi y Cadamuro, siendo los dos primeros pilares básicos del once tipo de esta temporada. La ausencia del tercero complica el panorama porque es el primer relevo del lateral izquierdo titular, De la Bella, también lesionado desde el encuentro de Vallecas.Allí también sufrió una rotura de fibras Markel Bergara, la quinta baja del equipo por problemas médicos. Y cinco son también las novedades en la lista del técnico francés. Entran Zubikarai (en la habitual rotación de porteros suplentes), Zurutuza, Sarpong, Demidov (tras superar la lesión que le apartó a última hora del encuentro de la semana pasada) e Iñigo Martínez (que cumplió un partido de sanción tras su expulsión ante el Rayo Vallecano). Ifrán se cae de la lista de los elegidos. Ya no sorprende que el entrenador realista no cuente con el uruguayo.

Parece probable que Montanier insista con el 4-2-3-1 que usó ante el Espanyol. Y aunque durante la semana no ha sido fácil aventurar sus planes, sorprenderá mucho que no salga de inicio con un once que formen Bravo, Carlos Martínez, Mikel González, Iñigo Martínez, Estrada, Mariga, Aranburu, Griezmann, Zurutuza, Vela y Llorente. Quizá donde más dudas haya es en la punta de ataque, donde Agirretxe también tiene alguna opción. Se hablaba de la suplencia de Mariga, pero Pardo (que, en realidad, tendría una gran oportunidad de ser titular) o Elustondo parecen soluciones menos probables de inicio. El propio Montanier mencionó a Iñigo Martínez como posible lateral izquierdo (descartando así a Mikel González, el usado por Lasarte cuando le faltó De la Bella), pero lo normal es que sea Estrada, como lo fue en Vallecas y en los últimos minutos del partido contra el Espanyol. Mikel González es la tercera opción como central, pero está jugando a buen nivel y Demidov no (Ansotegi volverá al banquillo). Y si había dudas en la línea atacante de tres, Montanier las ha disipado dejando fuera de la lista a Ifrán. Sarpong no parece una opción para el once inicial.

El Benito Villamarín medirá a dos equipos en caída libre desde hace más de dos meses. Los dos acumulan una improbable y demasiado prolongada racha de ocho partidos sin ganar después del buen arranque de Liga que habían protagonizado ambos conjuntos. Uno o los dos llegarán a nueve. El inicio del Betis fue mejor que el de la Real, e incluso llegó a ocupar el liderato de Primera. Los realistas estuvieron en puestos en europeos. Pero en las últimas ocho jornadas, ninguno de los dos equipos ha ganado. El equipo de Montanier ha sumado dos puntos, el de Pepe Mel sólo uno. Por ello, la Real ocupa la decimonovena posición, con los mismos nueve puntos que tiene el colista, el Racing, y uno por debajo de los puestos que dan la salvación. El Betis, con un colchón acumulado mayor, es decimotercero con trece puntos. La Real suma cinco derrotas consecutivas a domicilio desde que ganara en el partido que abrió la temporada en Gijón, y sólo ha marcado en uno de los seis últimos partidos (por partida doble, en su derrota 3-2 ante el Levante). El Betis, en casa, suma dos victorias, dos derrotas y un empate, y lleva sin tres partidos como local sin dar a su afición un gol que celebrar.

Betis y Real Sociedad se han visto las caras en Sevilla en 42 ocasiones, 38 de ellas en Primera y cuatro en Segunda. En la máxima categoría, el balance es terriblemente negativo para el equipo txuri urdin, que salió derrotado en 22 ocasiones, empató en diez y sólo venció en seis (aunque el último duelo se saldó con un 0-1 para la Real, con gol de falta directa de Garrido, en la temporada del descenso, la 2006-2007). La mayor goleada realista es el 1-3 que repitió en dos ocasiones, en la campaña 85-86 (goles de López Ufarte, Bakero y Begiristain) y en la 87-88 (con un hat trick de Loren).La derrota más contundente también se repitió dos veces, el 5-1 que logró el Betis en la 60-61 y en la fase de play off de la 86-87, que la Real despreció para centrarse en la final de Copa contra el Atlético de Madrid que le permitió lograr su primer y hasta ahora único título en la competición. De las últimas tres visitas en Primera, la Real consiguió el triunfo en dos. En Segunda, el balance es parejo: cuatro partidos y dos victorias para cada equipo, aunque las dos realistas datan de los años 40.

La última vez que se midieron Betis y Real Sociedad fue, precisamente, en Segunda, en la temporada 2009-2010. Ambos equipos lucharon por el ascenso y sólo el donostiarra logró el billete para la máxima categoría del fútbol español. El partido lo decidió el árbitro, Lizondo Cortés, masacrando a la Real a base de faltas y tarjetas, obviando hasta tres jugadas en las que pudo señalar penalti a favor del conjunto txuri urdin, y decretando un penalti por mano de Diego Rivas que Emaná transformó en el 1-0 final del encuentro. Esa mano sí existió. Fue, probablemente, el único acierto que tuvo el colegiado en todo el encuentro. Un encuentro jugado muy bien por la Real, con la predisposición de dejar zanjado el ascenso en Sevilla. No lo logró, porque los tres puntos que sumó el Betis le dejaron vivo en la lucha por regresar a Primera, pero la lección de fútbol y carácter que dio el equipo txuri urdin en tierras hispalenses fue el empujón que necesitaba para ganar los tres siguientes partidos y certificar, en el último de ellos, en Anoeta ante el Celta, el merecido premio del ascenso. Aquel día la Real perdió, pero perdió siendo la Real. ¿Qué sucederá mañana? Juego y resultado serán trascendentales para evaluarlo.

lunes, noviembre 21, 2011

El problema es de concepto


"El equipo necesita ganar, pero lo que necesita sobre todo es no perder porque tres derrotas consecutivas serían difíciles de asimilar". Eso lo dijo Philippe Montanier en la rueda de prensa del pasado viernes, antes del partido frente al Espanyol y después de siete semanas sin ganar, de perder 4-0 en Vallecas y de colocarse en puestos de descenso (y colistas) por primera vez desde el regreso a la Primera División. Esa frase, tan inocente así colocada en el interior de las informaciones sobre aquella comparecencia ante los medios, es la mejor explicación de que el problema de la Real no está en los nombres, en los esquemas o en los resultados. El problema está en la base, en los planteamientos, en la esencia, en el espíritu. Hoy la Real no tiene nada de eso. Y me explico.

Tras el ascenso y la permanencia, el club decide cesar a Martín Lasarte. El motivo, dicen, es que hay que crecer, hay que evolucionar, y creen que eso no es posible con el uruguayo. Echando la vista atrás, el último entrenador que se fue con los deberes hechos fue Roberto Olabe, en 2002. Después de él, han pasado ya diez entrenadores por el club. Uno por año, más o menos. De Lasarte había que prescindir para crecer, insisto. ¿Hemos crecido? No, al contrario. De hecho, el año pasado a estas alturas soñábamos con Europa, aunque el sueño no tardara mucho más en romperse. Este año, la temporada está ya perdida: la Real va a luchar sólo por salvarse. No va a haber crecimiento, salvo reacción espectacular por parte del equipo, reacción que, visto lo visto, nadie espera ya.

El problema de la Real no pasa por elegir a uno u otro jugador. Pasa por los conceptos. Si Montanier viene con la idea de que el equipo tiene que tocar el balón con su 4-3-3, se hace y punto. Y si hay que morir, se muere por lo menos con coherencia. Es lo que siempre he dicho del tema de la cantera. Si morimos creyendo en Zubieta, al menos moriremos siendo nosotros mismos. El caso es que Montanier ha sido el primero en no creer en su sistema. Ni es su forma de jugar. Él es quien ha adoptado medidas que han devuelto a la Real a las bases del fútbol que ya tenía con Lasarte, pero amplificando los defectos. Porque Bravo sigue sacando en largo, porque seguimos teniendo un problema de generación de fútbol en el centro del campo. Pero es que, además, Montanier no tiene la capacidad motivadora de Lasarte y se ve incapaz de sacar fútbol de los jugadores que sí lo tienen. Que un jugador no esté a su nivel normalmente es culpa del jugador. Que no lo estén cinco o sea ya requiere una explicación de mayor calado.

Montanier se escuda en versiones de los partidos que nada tenían que ver con la realidad. Cuando explicó la parsimonia de la Real en Zaragoza asegurando que la derrota se debió a errores técnicos, alguien debió de decirle algo. Cuando no fue capaz de explicar los motivos de la ausencia de Llorente (igual que ahora no ha explicado el por qué de su titularidad), alguien debió de presionarle más. Cuando se produjeron dos lesiones musculares ne Vallecas en el primer cuarto de hora del partido, alguien debió cuestionarle por los métodos de entrenamiento del equipo, porque con Pablo Balbi no tuvimos apenas lesiones musculares y el equipo sí llegaba al minuto 90 en disposición de rebatir sus derrotas, por muchos partidos que perdiera en la segunda vuelta. ¿No vemos que la Real cede con habitualidad contraataques en jugadas de estrategia propias? ¿No vemos que la parsimonia de Mariga funde a sus compañeros en el pivote? ¿No vemos el lujo descomunal que supone colocar en una banda Agirretxe teniendo a Ifrán, Vela y Griezmann?

No es que no sepamos a qué juega la Real, que no lo sabemos (e, insisto, eso no es cuestión de esquemas o de nombres, a pesar de los continuos, inexplicables e inexpliados bandajos de Montanier en este sentido), es que ni siquiera sabemos qué nos proponemos y cómo queremos conseguirlo. Lasarte lo dijo con claridad: así como en Segunda puntuar era siempre importante, en Primera el equipo tenía que apostar por ganar, incluso sacrificando algunos empates. Montanier no sabe qué quiere. Siendo colista y jugando en casa con un equipo de mitad de la tabla suelta que lo importante es puntuar. Lasarte sabía que hacer de Anoeta un fortín era clave, y lo consiguió en Segunda y en Primera. Montanier tampoco sabe lo que quiere en ese aspecto, porque ya ha dejado escapar doce de los dieciocho puntos disputados (¡sólo se ha ganado al Granada en seis partidos!).

El problema de la Real es de concepto. Y es que todos los conceptos que nos han vendido hasta ahora han resultado equivocados. Todos. Los de Montanier, los de Loren, los de Aperribay. Todos los que tienen que ver con el equipo, se entiende. Todos. Y si todo eso falla, no hay nada que hacer. No estoy pidiendo el cese de Montanier. No específicamente, vaya. Pero sí creo que más vale que todos se tomen un momento de tranquilidad para pensar. ¿Qué tiene que ser la Real este año? ¿Con qué jugadores se cuenta y con cuáles no? ¿Qué quejas de la afición se va a entender y cuáles no? ¿Cómo piensan sacar a la Real de donde está? Hay que pensar la respuesta a esas preguntas, hallar una solución, creérsela, interiorizarla, y después explicársela con tranquilidad a los aficionados. Porque idiotas no somos y lo que vemos no coincide con lo que se nos ha vendido. Y como no tengamos conceptos claros, yo apuesto por una victoria del Betis el domingo, culminando ya el ciclo más humillante de la historia moderna de la Real.

domingo, noviembre 20, 2011

REAL SOCIEDAD 0 - ESPANYOL 0 Insostenible

La situación de la Real es insostenible. Carambolas de golaverage podrían incluso sacar al equipo txuri urdin del descenso con el punto que ha sumado ante el Espanyol, pero la sensación que ha dejado en el partido invita a pedir que siga como colista una semana más. Es la enésima decepción en una temporada que ni siquiera ha llegado todavía a su ecuador. Philippe Montanier acumula bandazos, cambios de dirección con los que no es capaz de encontrar la solución a los evidentes problemas que aquejan a la Real y a algunos de sus jugadores. Los errores en la planificación de la plantilla, que seguiré defendiendo en todo caso que es bastante mejor de lo que está demostrando, son cada día más evidentes. Y el problema es de base. De motivación, de espíritu, de planteamiento. El error es que esta Real asume que es peor que todos los demás cuando no lo es y su historia le obliga a demostrarse mejor que todos incluso sin serlo. Dos puntos de 24. Los mismos que sumó aquella Real del descenso que dirigía el infame Miguel Ángel Lotina. La Real está en un pozo. Y aunque pensamos que el 4-0 de Vallecas era el fondo, no lo es. Y, ojo, que esto todavía tiene margen para empeorar.

La nueva revolución de Montanier en el once, esta vez con alguna justificación más de lo habitual, no ha surtido efecto. La defensa de la Real tenía que ser inédita por las bajas. Al final el técnico francés optó por la solución más previsible, Mikel González y Ansotegi por el centro, Carlos Martínez por la derecha y Cadamuro por la izquierda. Por mucha intensidad que le ponga Cadamuro en cualquier posición en la que juegue, por descabellada que sea, es evidente que no es el jugador que se vende desde la dirección deportiva. No puede ser el recambio de De la Bella. No lo es. Por delante de la defensa, un doble pivote con Mariga e Illarramnedi. El keniano no es tampoco, ni mucho menos, el jugador que nos vendió la dirección deportiva. Ni box to box, ni nada de nada. Y eso que en la primera parte hizo una jugada ofensiva de mérito que le quitaron a Llorente cuando estaba relamiéndose, pero ni tiene personalidad, ni tiene calidad. Illarra, un chaval de la cantera de 20 años, tiene más galones, más ganas y más arrestos que un extranjero, que en la Real por definición tiene que marcar diferencias. Y arriba, todo, pero de forma equivocada. Agirretxe por la izquierda, Vela de mediapunta y Llorente de delantero. Zurutuza fue el descartado. Asombroso.

Todo está fallando y Montanier no encuentra fórmulas. Incluso agrava los problemas que existen. Después de dos semanas como colista, uno espera que la Real salga de otra forma a los partidos, que haya una mentalización, una preparación, una sensación de final, aunque éstas no se jueguen en noviembre. Y hay que volver a las comparaciones, porque no queda más remedio. Lasarte, con todos los problemas, bajas y condicionantes que tuvo, era un motivador. Montanier no lo es y lo demostró en la rueda de prensa del viernes. Y si no consigue levantar el ánimo de los jugadores, es obligado al menos que levante su fútbol. Y no puede (o no sabe, que eso sería la asunción del fracaso más rotundo, suyo y de quienes le ficharon). No saca lo mejor de ninguno de sus jugadores y no sólo no ofrece soluciones desde el banquillo sino que empeora lo que tiene. La Real no genera fútbol, tampoco ocasiones. Ni siquiera la garra que se le presupone a algunos jugadores, que queda oculta, desaparecida. ¿La estrategia? Es horrible. No hay nada. Cambiamos los lanzadores con la misma facilidad con la que sumamos decepciones. ¿Presión? No hay. Y si no hay presión, no hay forma de construir nada. ¿Los cambios? Asombrosos. Y no es que la Real no mejore, no. Es que empeora semana tras semana. Eso es lo que hace insostenible la situación del equipo.

El Espanyol jugó con una comodidad espectacular, y la posición de Romaric era la mejor evidencia. Menos mal que nunca encontró portería. El equipo catalán debió ganar pero no lo hizo porque, en realidad, tampoco hizo demasiado por sumar los tres puntos. Simplemente se encontró con una Real ramplona y desangelada. Ante la intensa pasividad de Mariga, ya silbado abiertamente por Anoeta, Illarramendi trató de multiplicarse en el centro del campo. A ratos lo consiguió, siendo el mejor realista de la primera mitad, pero tiene demasiado campo que abarcar en solitario. No tuvo ayuda desde la mediapunta, pero lo más sangrante tiene que ser que no la recibe desde el otro pivote. Montanier no lo ve. La banda derecha recuperó en esa primera mitad algo de la conexión que se espera de Carlos Martínez y Xabi Prieto.Sólo algo, no fue ni mucho menos un recital, pero se les vio mínimamente más enchufados que en anteriores partidos, sobre todo al 10 y hoy capitán. Sobre todo en comparación con la izquierda. Cadamuro no subió ni una sola vez y Agirretxe, obviamente, no puede ofrecer el trabajo de Griezmann. Es decir, Montanier nunca es capaz de encontrar el equilibrio.

El dominio de la posesión era del Espanyol, pero la Real tuvo las mejores ocasiones de la primera mitad. Las escasas ocasiones. Es verdad que hubo dos jugadas en las que sí se vio el fútbol que podría mostrar la Real, de toque y de velocidad. Pero no basta. Llorente dispuso del único tiro a puerta de todo el partido. El único. Eso tiene que llevar a la reflexión. Por la cantidad y por el autor. Llorente mostró la misma capacidad de trabajo que uno espera de él. La que ha tenido siempre. La que ni siquiera una lesión puede limitarle. Nadie nos ha explicado por qué no ha sido titular hasta hoy. Y hoy ha demostrado que tiene más que ofrecer que casi todos los demás. Pudo marcar en esa ocasión, recogiendo el mejor pase (¿el único?) de Vela (como Mariga, vino como fichaje estrella y aún no ha marcado las diferencias que se esperan de él), y estuvo a punto de llegar en la segunda mitad a un espléndido pase largo de Pardo (sobre el que luego hay que volver). El Espanyol también tuvo su ocasión, pero Bravo la desbarató con una buena salida. Ese fue el resultado de una aburridísima primera parte, de baja calidad (otra vez) y en la que nunca se llegó a vislumbrar cómo pensaba Montanier ganar el partido.

La segunda mitad fue incluso peor que la primera, porque la Real perdió lo poquito bueno que mostró en la primera mitad y permitió que el Espanyol estuviera mucho más cerca del gol. Muchos "uy", en realidad, porque Bravo apenas tuvo trabajo, pero sí que hubo un disparo al palo ante el que el chileno no podría haber hecho absolutamente nada. La Real se partió y Montanier contribuyó a romperla, renunciando por completo a buscar la victoria. No tocó el entramado ofensivo. Es descorazonador que se quedan en el banquillo Ifrán y Griezmann (y Zurutuza en la grada) cuando estamos viendo al un equipo colista que no es capaz de ganar un partido en su propio campo ante un rival que ni mucho menos nos está apabullando. Montanier cambió primero de lateral, intentando frenar una de las muchas sangrías de la Real, y colocó a Estrada por Cadamuro. Después cambió el doble pivote. Illlara salió primero, asombroso viendo el partido de Mariga. En su lugar entraron Aranburu y Pardo. El capitán pudo marcar en una chilena casi en el último minuto, pero el disparo se marchó desviado. El canterano estuvo a punto de asistir a Llorente y ofreció algún cambio de juego interesante. Decían que Montanier era valiente con los jóvenes y Pardo se antoja una opción al atasco futbolístico de la Real.

La única conclusión posible es que la Real decepciona. Su situación, insisto, es insostenible. Ni siquiera es por una racha de ocho semanas sin ganar en la que ha sumado dos de los 24 puntos posibles. No, el problema de la Real no está en su puntuación, aunque a la larga eso sea lo que decide si el equipo sigue en Primera División. El problema de la Real está en que no muestra nada. El problema de la Rea pasa porque ningún jugador está asumiendo la responsabilidad, está en que el entrenador no demuestra tener ideas claras y cambia de esquemas y de nombres como quien cambia de chaqueta, que no conoce a sus rivales ni sus puntos débiles (y hoy ha quedado retratado por no saber cómo juega el Espanyol ni cómo meterle mano al partido), que no es capaz de cambiar una dinámica que ya supera todos los niveles posibles de peligro, que confía demasiado en jugadores que no están respondiendo y, en cambio, no tiene confianza en la mitad de la plantilla (en ese sentido, no ha recibido ninguna ayuda de la dirección deportiva, más bien al contrario). La Real tiene nueve puntos y ha marcado siete goles en doce partidos. Pero, insisto de nuevo, eso no es lo peor. Lo peor es la sensación que deja. De impotencia, de decepción, de hartazgo. La Real ya no es la Real. Y si no comienza a serlo, los partidos a las doce volverán a tener otro color.

sábado, noviembre 19, 2011

PREVIA Real Sociedad - Espanyol. Cuando ganar es la única opción

Éste es uno de esos partidos en los que ganar es la única opción posible (domingo, 12.00 horas, Anoeta, Canal + Liga 2, PPV). Ganar al Espanyol es el único camino para un equipo que vive en caída libre y que ha vivido dos semanas como colista, por mucho que vaya a oponer el equipo visitante a las pretensiones del local. No ganar provocaría un movimiento sísmico de imprevisibles consecuencias sobre los cimientos de un proyecto que buscaba hacer crecer a la Real. Los resultados se evalúan en junio, eso es cierto, pero a día de hoy es difícil ver ese crecimiento y el fútbol puede tener de todo menos paciencia. La Real lo sabe. Montanier tiene que resolver las dudas que se ciernen sobre su trabajo y sobre el futuro del equipo. El mismo equipo, sus jugadores, tienen que dar la cara y un golpe sobre la mesa. Cualquier otro resultado, y no sólo en el marcador, provocará que Anoeta pierda casi definitivamente la fe en los suyos. ¿Está la Real preparada para los resultados de perder otro partido y alcanzar las ocho semanas sin ganar, sumando sólo un punto en ese tiempo? Probablemente no. Por eso, ganar es la única opción.

Además de los problemas clasificatorios, a Montanier se le acumulan las dificultades. Para este trascendental partido, tendrá que inventarse una defensa completamente nueva. Iñigo Martínez, expulsado en Vallecas, es baja por sanción, mientras que Demidov y De la Bella lo son por lesión. Es decir, que el 75 por ciento de la zaga será nueva. Sólo Carlos Martínez aguanta. Ansotegi, por tanto, forma parte de la lista, siendo la principal novedad en la defensa. El técnico francés acumula dudas y, de hecho, ha llamado a 19 jugadores, de entre los que tendrá que descartar a uno antes del encuentro. El único jugador que se queda fuera por decisión técnica, además de Zubikarai dentro de la habitual rotación de porteros suplentes, es Sarpong. Ifrán ha encontrado un hueco entre los 19 después de semanas sin aparecer, al igual que Pardo. Elustondo ya forma parte del grupo y está en la lista, aunque habrá que ver quién es el jugador que finalmente ve el partido desde la grada.

Durante la semana se ha hablado de un nuevo cambio de sistema. Se espera que la Real salte al campo con un 4-2-3-1, el esquema más habitual de los últimos años, aunque recordemos lo dado a las sorpresas que es Montanier. No tiene mucho margen para ello en la defensa. Bravo estará en la portería, con Carlos Martínez en la derecha, Mikel González y Ansotegi en el centro y Estrada o Cadamuro en la izquierda. Un cambio más radical, ante la baja de última hora de Demidov, sería colocar a Cadamuro en el centro en lugar de Ansotegi y dejar la izquierda para Estrada. Por delante, si hay doble pivote, pocos dudan de que los elegidos serán Illarramendi y Mariga. En la línea de tres, la apuesta más lógica es por Xabi Prieto, Vela y Griezmann, mientras que en punta parece tener más opciones Llorente que Agirretxe. Tampoco sería descabellado que uno de los extremos se quedara en el banquillo (y Griezmann tendría más posibilidades de ser el elegido) para poner más madera en el ataque: con Agirretxe en la banda (como jugó en Gijón en la primera jornada, cuando marcó dos goles) y Llorente en punta.

Mirar la clasificación da vértigo. La Real ocupa la última posición, un lugar que no había visitado desde el año del descenso, con sus exiguos ocho puntos. Todos los demás equipos han sumado más. Sólo tres han marcado menos goles. Sólo dos han encajado más. Lo más probable es que la victoria saque al equipo txuri urdin de los puestos de descenso, objetivo que esta a sólo un punto. Pero, y es una obviedad, para eso hay que ganar, algo que la Real tiene olvidado. No lo hace desde el 20 de septiembre, cuando derrotó al Granada con un solitario y afortunado gol de Estrada. El Espanyol lleva dos jornadas sin conocer la victoria pero ocupa una más que meritoria séptima posición, con 16 puntos y a uno solo de los puestos europeos. Dicen que los modelos de Real Sociedad y Espanyol se parecen. Que ambos apuestan por la cantera, que ambos tienen un depredador de su talentos en su zona de influencia. Pero uno mira a Europa y el otro sufre en las profundidades de la clasificación. Algo estaremos haciendo mal. Y lo más probable es que Anoeta juzgue al final de este nuevo partido matinal.

La Real ha recibido al Espanyol en San Sebastián en 63 ocasiones (62 de ellas en Primera División) y los números muestran una clara supremacía txuri urdin. Son 42 las victorias locales, once los empates y diez los triunfos del equipo barcelonés. En Segunda, el único enfrentamiento que se ha jugado se saldó con la victoria de la Real, 3-0 en la temporada 1962-1963. En Primera, la victoria más abultada de entre las 41 que logró la Real, un contundente 6-1, se repitió en dos ocasiones. En la campaña 1932-1933, Urtizberea marcó tres goles y completaron el marcador Chivero, Tolete e Insausti. En la 43-44, Ontoria y Unamuno marcaron dos goles cada uno, y Bidegain y Pérez hicieron uno. El mayor triunfo espanyolista fue el 1-4 de la 34-35. En Anoeta el balance sigue siendo favorable a la Real, pero con menos claridad. De los 14 encuentros jugados, el Espanyol ha ganado cuatro, por los ocho triunfos de la Real (en siete de ellos, el equipo visitante no marcó) y los dos empates. Eso sí, el equipo catalán sólo ha perdido en una de sus cuatro últimas visitas y en dos de las últimas seis.

La pasada temporada, la 2010-2011, la Real venció 1-0. El buen partido que hizo la Real no encontró reflejo en el marcador hasta el final. Tuvo muchísimas ocasiones de gol para desnivelar el marcador, muchas de ellas en la cabeza de todos sus jugadores pero en especial de sus defensas, pero no consiguió encontrar la portería rival. El Espanyol, que salió dominante, fue poco a poco reculando al ritmo que marcaba Zurutuza. Pero la Real no marcaba y el tiempo se agotaba. Hasta que apareció Sarpong sobre el terreno de juego, puso una velocidad más y revolucionó por completo el partido. El holandés, cómo han cambiado las cosas desde entonces, lanzó una falta que rebotó en el larguero, después en la espalda de Kameni y que finalmente acabó introduciendo Forlín en su propia portería. Apenas quedaban unos minutos para el final, pero la Real sufrió lo indecible para mantener el 1-0. Bravo se lució en varias ocasiones pero sobre todo en una, lanzándose de palo a palo para evitar un remate a bocajarro en lo que no sería descabellado calificar como la mejor parada de la historia de Anoeta. La Real ganó, acabando entonces con una racha de tres derrotas consecutivas. Hoy la racha es peor. ¿Ganará también?

sábado, noviembre 12, 2011

Recuperemos la txuri urdin

Cada día que la vea, menos me gusta. La camiseta amarilla. Esa con la que hemos perdido los cuatro partidos en los que la hemos usado y con la que ningún realista ha sido capaz de marcar todavía un solo gol. Pero no es cuestión de gafes, no. Es cuestión de que la Real es txuri urdin. Hay que tener una segunda equipación para evitar la coincidencia, pero nada más. Usar la segunda camiseta indiscriminadamente, y en sitios donde el equipo puede jugar con sus colores, me parece sencillamente absurdo. Supongo que algún experto en marketing hablará de la conveniencia de lucirla para vender más camisetas. Seguro que sí. Pero yo, cada vez que la veo, no sólo me echo a temblar, sino que además me cuesta reconocer a la Real. Me pasó en el primer amistoso de la pretemporada, con el Beasain, que además también viste de azul y blanco. Por ello, allí sí había que usar la amarilla. ¿En el resto de sitios? No. Y la historia lo demuestra.
Sevilla es quizá el lugar donde más muestrario de camisetas suplentes ha enseñado la Real. En la temporada 1999-2000 jugó allí por última vez con camiseta txuri urdin y pantalón azul y sacó un buen empate a dos, ambos tantos de De Pedro. Desde entonces, ha vestido de negro y azul (la pasada temporada), de verde y amarillo (en Segunda, contra el Sevilla Atlético, en la 2008-2009), de azul marino y azul celeste (2006-2007), de negro (2004-2004 y 2005-2006) y de rojo (2001-2002 y 2002-2003). El único problema que plantea la equipación actual del Sevilla son sus medias negras, fácilmente solucionable con las blancas que la Real suele lucir con su segundo uniforme. Aún así, sacamos la camiseta amarilla en la derrota por 1-0 en el Sánchez Pizjuán.
Zaragoza ha sido otra ciudad que, tradicionalmente, ha visto la segunda equipación de la Real, en los últimos años las mismas que ha vestido el equipo donostiarra en Sevilla. Sin embargo, la diferencia está en que cuando el equipo realista ha querido jugar con la txuri urdin lo ha hecho incluso sin necesidad de cambiar su pantalón porque, en realidad, no hay tal confusión de colores. La última vez que vistió con sus habituales fue en la campaña 2001-2002 (perdió por 3-2, con goles realistas de Tayfun y Gabilondo), después de haber lucido en la anterior aquella camiseta azul marino con los laterales grises. Este año, por supuesto de amarillo, la derrota fue por 2-0.
Jugando contra el Rayo, la tendencia es la contraria. Durante muchos años, la Real ha vestido allí su segunda equipación y la última vez que había jugado allí antes de la presente temporada, el equipo había recuperado sus colores originales. Lo que tiene que ser allí donde sea posible. Con la camiseta txuri urdin y el pantalón azul jugó en la temporada 2009-2010, la del ascenso, y el resultado fue un gran empate a tres (goles de Bueno, Xabi Prieto y Zurutuza). En Vallecas, no vestía así desde la temporada 1999-2000. Después de eso había lucido en dos ocasiones la camiseta azul marino y gris, otra la roja y otra más la azul marino y azul celeste a franjas horizontales. Hasta el amarillo de infausto recuerdo de hace unos pocos días.

Pero si estos casos son difíciles de asimilar, porque la historia ha visto a la Real jugando con sus colores, el que causa asombro es el del Levante. La Real siempre había jugado contra ese rival con camiseta txuri urdin y pantalón blanco. Siempre. No hay confusión posible con la camiseta azul y roja del equipo valenciano. Ni con sus pantalón azul. Pues, aún así, esta temporada el equipo realista saltó al campo del Ciutat de Valencia vistiendo camiseta amarilla y pantalón blanco. ¿Por qué? No tiene ningún sentido, y sólo un mandato arbitral (tan absurdo como hecho como necesaria su divulgación para dejar claro quién es el responsable) puede hacer que se produzca el cambio. Conmigo lo que está consiguiendo el uso arbitrario de la amarilla es que le coja mucha más manía a una camiseta que no me gustó desde el principio. Y es que, se empeñe lo que se empeñe el marketing, la Real es txuri urdin. Recuperemos los colores, por favor.

lunes, noviembre 07, 2011

"Montanier, dimisión"


La Real se fue a Segunda con cánticos de "Lotina, quédate". Con eso en el recuerdo, es el momento de valorar en su justa medida que en Vallecas la afición de la Real profiriera gritos de "Montanier, dimisión", unidos además a algunos contra el director deportivo, Loren Juarros, y el presidente, Jokin Aperribay. Por un momento, la memoria se me marchó a ese partido que vivió también Vallecas en el año 2000, en el que fue toda la grada del estadio vallecano, en un gesto pocas veces visto de solidaridad con la aquel día escasa representación txuri urdin, la que cantó "Clemente, vete ya" con tanta fuerza que al día siguiente el entrenador vizcaíno fue cesado. La Real sumaba entonces cinco puntos en seis jornadas, había encajado un 0-6 inolvidable por la impotencia ante el Barcelona, había desnaturalizado el equipo con fichajes imposibles y paupérrimos y había padecido un sufrimiento excesivo para salvarse del descenso en la temporada anterior. La Real perdió entonces ante el Rayo por 4-1. Esa era la mayor goleada que había sufrido el equipo realista en Vallecas. Hasta ayer. Vaya récord.

Aquel día de hace once años, los pocos realistas que estuvimos en la grada del estadio vallecano mostramos nuestro descontento también cuando el equipo abandonó el recinto. Ayer no. Ayer no había ni ganas de hacerlo. Ayer la nota era el desánimo, y ese es el enemigo más peligroso al que puede hacer frente un equipo. Y es que eso es lo que se transmite desde el campo y desde la institución. Desánimo, resignación, impotencia. Se insiste en que la expulsión condicionó el partido, pero somos colistas porque el Getafe remontó su partido al Atlético de Madrid con diez jugadores. Ellos pueden y nosotros, por lo visto, no. Nosotros tenemos que sacar cinco defensas para jugar contra el Madrid. El Levante le ganó sin hacerlo. Nosotros tiramos la primera parte contra el Barça asumiendo una inferioridad que después se vio que, a un partido, no era tal. Ayer el Athletic demostró que se pueden jugar 90 minutos contra el Barça al más alto nivel. Y así con todo. Lo que los demás hacen con relativa frecuencia, a nosotros nos parecen montañas imposibles de escalar.

Cuando acabó el partido de Vallecas, Montanier fue el primero en coger el túnel de vestuarios. Se marchó solo. El equipo se acercó hasta los centenares de aficionados que habían acudido a Vallecas, para darles por lo menos el saludo que merecían. Montanier no. Hizo bien, porque seguramente hubiera provocado silbidos. No es el único culpable, pero, siendo también el más merecido, es el objetivo más fácil. Lo cierto es que la Real es colista. Llegó a esa lamentable posición apenas tres días después de que el presidente Aperribay descartara por completo el cese de Montanier. Se ha aferrado a su continuidad pero esas palabras no contarán, si sucede lo peor contra el Espanyol dentro de dos larguísimas semanas, en el momento en el que el técnico francés deje de entrenar a la Real. El club fichó a Montanier para crecer. Para dar un paso adelante, entendiendo que Martín Lasarte no iba a ser capaz de hacer crecer el fútbol de la Real ni mejorar su posición en la tabla. Con ese objetivo fijado de antemano, el retroceso es, a día de hoy, sencillamente brutal. Y la injusticia que se cometió con Lasarte, al margen o no de su continuidad en el equipo, queda ya de manifiesto de una forma imborrable.

Efectivamente, como dijo Aperribay después de la debacle de Vallecas, la Real de Lasarte tuvo una racha idéntica a esta. Fue entre las jornadas 25 y 31, con un importante colchón de puntos sobre el descenso, con un proyecto en marcha, con ideas que sólo el nerviosismo exterior hizo tambalear. No entre las 6 y 12, como le ha sucedido a Montanier. Y es, todavía, un partido menos duradera que la que sufrió en la 2006-2007, con Lotina como entrenador. Aquella racha, que se extendió entre las jornadas 18 a 25, fue la que nos mandó a Segunda, con más fuerza incluso que el pésimo inicio. Supongo que no hará falta decir ya lo importante que es el partido contra el Espanyol. Supongo que no hará falta dar más explicaciones de por qué la gente pidió el cese de Montanier. Porque es la gente la que siente el club. La que lo lleva en el corazón. La que está dispuesta a meterse horas de autobús y perder horas de sueño por ver a su equipo. Y esa gente no coincide con el sentir de los porcentajes accionariales. No coincide, aunque ojalá lo hiciera, con el dictamen empresarial de la directiva y con el técnico del entrenador. Ellos, nosotros, ven, vemos, cosas inexplicables. Y son demasiadas. Son las que nos han llevado al último lugar de la clasificación.

Es culpable Montanier, pero no es el único. Algo falla si hay dos lesiones musculares en los primeros diez minutos del partido, cuando Balbi nos había acostumbrado a que eso no sucediera (y ahí apunto también a los jugadores). Algo falla si después de tres años sigue sin haber un lateral izquierdo de refresco en este equipo (Loren lo sigue viendo innecesario). Algo falla si nadie se responsabiliza de pedir el rendimiento que tiene que dar un fichaje en la Real, porque, como me decía un realista a la salida de Vallecas, tiene que hacer docenas de chavales en Zubieta capaces de hacer lo que hace Mariga. Algo falla si se nos vende que vamos a hacer un fútbol de toque (desde el propio Montanier hasta el presidente Aperribay, pasando por el director deportivo Loren) y lo que vemos es un juego mucho más rácano que el demostrado en los peores momentos de Martín Lasarte. Algo falla si nadie explica por qué Agirretxe, Llorente e Ifrán no juegan en este equipo ni ganando ni perdiendo. Algo falla. Y algo falla si la Real es colista y queremos limitar las protestas de la gente a intervenciones a título individual en una Junta de Accionistas o si convertimos decepcionantes actuaciones del equipo (y eso va por Montanier, pero también por algunos periodistas) en un "tuvimos al Madrid contra las cuerdas".

Lo más triste de todo es que la gota que colma el vaso sucedió en el mejor escenario de la Liga española para jugar un partido de fútbol. Vallecas es el cielo. La vallecana, la mejor afición que hay en el fútbol español. A mí me sigue admirando, y lo diré tantas veces como juguemos allí, que el Rayo nos dé la bienvenida por megafonía. Me emociona profundamente que la afición del Rayo se quede en la grada aplaudiendo a la de la Real al finalizar el encuentro. Me entusiasma que Vallecas sea un lugar al que se puede ir con la más absoluta tranquilidad con la camiseta de tu equipo, a animar a la Real sin necesidad de esconderse o temiendo por tu integridad física. Y me duele que no se diga. Que no se diga más. Que no se diga con más fuerza. Mil gracias, Rayo. Mil gracias, Vallecas. Simbolizáis con nosotros lo que tendría que ser el fútbol. Y eso es tan imposible de pagar, que casi se agradece que si la Real tiene que perder algún día por 4-0 sea ahí. Yo también canté "Rayo, Rayo" al final del partido. Me decía un guardia de seguridad al entrar al campo si el año que viene íbamos a estar los dos en Primera. Yo le dije que sí. Él dudaba por el Rayo. Yo, a pesar de que mantengo que tenemos un gran equipo, dudo ahora por la Real. Qué triste.

domingo, noviembre 06, 2011

RAYO VALLECANO 4 - REAL SOCIEDAD 0 En caída libre y sin ver aún el fondo

La Real está en caída libre. Eso es malo. Malísimo. Pero, siendo sinceros, no es lo peor de la actual situación del conjunto txuri urdin. Lo peor es que no se ve el fondo, no se vislumbra el final de este proceso de descomposición alarmante que tiene muchos culpables en diferentes esferas del club. La Real ya está donde nunca estuvo en su primer año tras el regreso a Primera, en puestos de descenso, y lo está por propios merecimientos. Es obvio que tendríamos que tener algún punto más de los que tenemos, pero es aún más obvio el amplísimo catálogo de problemas sin resolver que afecta al equipo de Philippe Montanier, un técnico que no parece tener la más mínima idea de cómo darle la vuelta a esto y que desconcierta más a cada decisión que toma. El Rayo tampoco tuvo que esforzarse mucho para golear a la Real y hacer lo que, ahora que decir que por desgracia, no hizo el Real Madrid en Anoeta hace una semana. Lo malo es que este 4-0 tampoco será la necesaria catarsis porque el penalti y expulsión que acaba en el 1-0 y las dos tempraneras lesiones actuarán de coartadas.


Por una vez en lo que llevamos de temporada, Montanier apostó por el once más previsible. Bravo, Carlos Martínez, Demidov, Iñigo Martínez, De la Bella, Mariga, Markel Bergara, Zurutuza, Xabi Prieto, Griezmann y Vela. Pero algo flotaba ya en el ambiente porque el técnico francés puso a doce jugadores a hacer el calentamiento previo. Esos once e Illarramendi. ¿Iba a ser titular el canterano? Parece que no. Cuando al minuto y medio de partido Markel Bergara se echa al suelo y pide el cambio, cobró forma la sospecha de que el 5 no andaba bien y por eso el técnico sopesó arriesgar desde el inicio con Illarra. Sospecha solo, da igual que haya confirmación. Una lesión muscula al minuto y medio de empezar un partido ya es algo a analizar. En el minuto 10, y sin que la Real hubiera salido mal del todo al partido, éste se acabó. De la forma más sencilla. Un balón largo que De la Bella, aunque parecía tener ventaja, no acierta a cortar. El pase hacia la frontal del área antecede a un disparo que saca Bravo como puede y, antes de que el chileno pueda despejar el rebote, Iñigo Martínez agarra de la camiseta a Delibasic. Penalti, expulsión y gol.

Y así se acabó la Real. Porque es de sobra conocido que el carácter no es ya una seña de identidad del equipo txuri urdin. Carácter tiene Iñigo Martínez, pero la acción del penalti delata que además de carácter tiene juventud y bisoñez. Es, de largo, el mejor central de la plantilla, pero no es la primera vez que juega con fuego. Da la sensación de que nadie le ha advertido que se podía quemar y Vallecas le devolvió a la realidad. En una jugada así, era mil veces preferible que marcara Delibasic. Es 1-0, pero con once contra once. Hay partido. De esta manera, se acabó. Y se acabó, de nuevo hay que decirlo, por demérito de la Real. Cierto es que a este problema hubo que sumar la segunda lesión en poco más de un cuarto de hora, la de De la Bella. Cierto es que Montanier ya se había visto obligado a introducir primero a Illaramendi y luego a Estrada (como lateral izquierdo, tercera posición en la que juega este año, después de haber ocupado las dos de la banda derecha). Y cierto es que en el final de la primera mitad la Real supo mantener al Rayo cerca de su área e incluso forzando alguna jugada de peligro que, eso sí, se diluyó mucho antes de ser considerada como ocasión de gol. Pero se acabó el partido en el minuto 11.

Se acabó porque la Real no supo cambiar. Se acabó porque no quiso arriesgar. Como ante el Real Madrid, Montanier optó por mantener lo mismo que acabó la primera mitad. Hubo un momento en el que parecía que Vela, que no es y no parece que pueda llegar a ser el nueve de referencia de esta Real por mucho que se vacíe, intercambiaba su posición con Xabi Prieto, que en Segunda hizo algún buen partido como falso delantero. Pero fue eso, un espejismo. El inmovilismo presidió la disposición de la Real al inicio de la segunda mitad, sin el arriesgado tercer cambio desde el inicio y sin más baile de fichas. El Rayo tardó sólo cuatro minutos en castigar la falta de grandeza de la propuesta de la Real. Insisto, la empresa era compleja por estar perdiendo y con diez jugadores, pero defender el 1-0 no llevaba tampoco a ningún lado. Cuatro minutos tardó el Rayo en destrozar la ilusión que pudiera tener la Real de remontar en la segunda mitad. Michu se revolvió fácil, fácil en el área e hizo el segundo. Y eso que Mariga, en la primera mitad, había dado alguna muestra, dentro de su lentitud, de ser mejor central que mediocentro.

Antes de los veinte minutos de la segunda parte, cayó el tercero. De nuevo por el centro, de nuevo todo pareció muy fácil para el rival de la Real. De nuevo fue Michu. Y la gente coreando con olés los pases de Movilla, al que la grada llamaba con sorna "juvenil". En el minuto 73 llegó el cuarto, de falta directa, esta vez de Trashorras. Y para entonces el partido parecía que podría acabar en una goleada de escándalo. Eso, por cierto, es marca ya de esta Real Sociedad. El Zaragoza ganó por los goles que quiso, y fueron dos. El Madrid, lo mismo, y cometió la temeridad de dejar su cuenta sólo en uno. El Rayo pudo hacer sangre, pudo hurgar en la herida de la Real, y no lo hizo. El partido deambuló ya hasta el final. Sandoval, sancionado, pudo hacer del tramo final del partido un carrusel de homenajes y ovaciones para deleite de la parroquia vallecana, que disfrutó de lo lindo con la mayor goleada de la temporada (ya que la Real no volverá a pasar esta campaña por Vallecas, será difícil que supere el registro de hoy).

El problema de la Real no es perder 4-0. El problema de la Real es de imagen, es de sensaciones. Y una muestra es el tercer cambio de la Real. Con 3-0 en el marcador y a punto de recibir el lanzamiento de una falta en contra, Montanier decide sustituir a Griezmann para dar entrada a Mikel González. Después de haber aguantado una hora con Mariga de central, ¿qué sentido tenía esa sustitución? ¿Qué queríamos defender? ¿De verdad el mensaje era contentarnos con el 3-0? En el banquillo se quedaron sin jugar Aranburu, Llorente y Agirretxe. Penalizado en exceso por los cambios obligados, cierto, Montanier no hizo el más mínimo intento de igualar el encuentro con sus decisiones desde el banquillo. Si hace una semanas ya ardía en deseos de saber qué le está pasando por la cabeza a un jugador tan temperamental como Llorente, lo vivido hoy en Vallecas hace que ese deseo se multiplique. No se ve en los jugadores nada que invite a pensar en una reacción. En su entrenador, aún menos. Ni siquiera el lamentable arbitraje de Muñiz Fernández, casero y provocador, puede servir de excusa, pues su decisión trascendente es acertada.

La Real está en descenso. A esta hora de la noche es colista gracias a la momentánea victoria del Getafe contra el Atlético de Madrid. Y es colista porque ha encajado 18 goles. Porque ha perdido ya siete partidos. Porque lleva siete semanas sin ganar y porque ha sumado uno de los últimos 21 puntos. Pero sobre todo es colista porque no sabe cómo ejecutar las jugadas de estrategia, porque no tiene un fútbol claro (¿se puede defender un 1-0 con diez jugadores y hacer tres veces menos faltas que el rival, ocho de la Real por 24 del Rayo?), porque desaprovecha sus virtudes, porque se empequeñece ante toda adversidad, tenga ésta el tamaño que tenga, porque Montanier no está sabiendo sacar lo mejor (ni lo más regular) de sus mejores jugadores (y eso es especialmente alarmante en Prieto y Zurutuza, pero también en los dos fichajes, que lo juegan todo y que aún no han aportado absolutamente nada). Ocho puntos en once jornadas. Las cuentas empiezan a ser ya dramáticas. No se ve el fondo. Bueno, sí, sí se ve. Lo hemos vivido durante tres años. Y como no abramos los ojos, lo volveremos a ver.

(Mil gracias a mi buen amigo Juan María por facilitarme la fotografía del once inicial que encabeza esta crónica)

sábado, noviembre 05, 2011

PREVIA Rayo Vallecano - Real Sociedad. Encrucijada

La Real vista al Rayo en lo que supone toda una encrucijada (domingo, 18.00 horas, Estadio de Vallecas; Canal + Liga 2, PPV). El equipo de Philippe Montanier necesita puntos, pero también necesita creer que su juego se los puede dar. Se la jugará en un estadio siempre complicado en el que no ha cosechado demasiado alegrías. Lo hará ante un rival también necesitado, aunque menos. Y lo hará ante un numeroso grupo de aficionados realistas, el primer gran desplazamiento de la temporada, que esperan de su equipo mucho más de lo que han visto hasta ahora. Con Montanier muy ratificado por el presidente del club, Jokin Aperribay, y a pesar de las dudas sembradas ya entre los aficionados, el único sitio en el que se pueden esperar ya soluciones es en el campo. Y con seis jornadas sin ganar y un punto de los últimos 18, esas soluciones urgen. Una encrucijada. ¿Acertará la Real con el camino que escoja? El domingo saldremos de dudas.

Ya no es noticia que Montanier disfruta con las sorpresas en sus convocatorias. Hay tres novedades para el partido de Vallecas con respecto a los que se midieron al Real Madrid en Anoeta. Más que esperada era la vuelta de Zurutuza. La de Illarramendi, además de ansiada, era previsible, una vez superada su lesión. Y la de Toño Ramírez como portero suplente entraba dentro de los cálculos normales, dada la rotación de porteros cada dos jornadas que ha establecido desde el comienzo de la temporada. La sorpresa, no obstante, está en los nombres que se quedan fuera. Cadamuro pasa de ser titular ante el equipo madridista a ver este siguiente encuentro por la televisión. También se queda fuera Rubén Pardo, que tendrá que seguir esperando una oportunidad de verdad. De entre los que se quedan fuera por motivos técnicos ya no sorprenden ni Ansotegi ni Elustondo, pero sí la nueva ausencia de Ifrán, que está empezando a vivir una situación muy similar a la que vivió Agirretxe con Lasarte.

Se especula con el regreso al 4-3-3, con lo que el once podría ser el que formen Bravo en la portería; Carlos Martínez y De la Bella (que recuperaría así la titularidad) en los laterales; Iñigo Martínez y Demidov (no sería descartable que Mikel González pudiera entrar en el once) en el centro de la zaga; Markel Bergara (el mejor ante el Madrid tendría una nueva oportunidad) como 4, habida cuenta de que parece más complicado que apueste por el regreso de Illaramendi por miedo a una recaida, justo antes del parón liguero; por delante de él, Mariga y Zurutuza son quienes más opciones parecen tener (es bastante probable que Aranburu sea suplente); con Griezmann y Xabi Prieto (recuperado de la gastroenteritis que sufrió esta semana) en las bandas y Vela en punta. Estrada, Agirretxe y Llorente completarían el banquillo de Montanier. Eso es lo previsible, pero el técnico francés lleva tres jornadas consecutivas modificando el esquema, por lo que nada es descartable del todo.

Tras las contundentes decepciones que supusieron los últimos partidos de la Real (el esquema defensiva ante el Madrid es, por el momento, el colofón a esa sensación), los de Montanier están obligados a sumar. Tienen ocho puntos, los mismos que tiene el penúltimo clasificado aunque el golaverage mantiene al equipo txuri urdin fuera de los puestos de descenso, en la decimosexta posición de la tabla. El Rayo, por su parte, suma cuatro puntos más que la Real y ocupa el undécimo lugar. La Real, que lleva cuatro derrotas consecutivas a domicilio, sólo ha ganado uno de sus partidos como visitante (el primero, 1-2 en Gijón) y el Rayo sólo ha sumado una victoria como local (el último que ha jugado, 2-0 al Málaga). Vallecas no se acercará al lleno, pero en la grada del modesto y a la vez acogedor estadio habrá una nutrida representación de seguidores realistas. En el equipo vallecano, además, hay un puñado de ex realistas. No habrá recuentro con Tamudo, lesionado, pero sí podría haberlo con Labaka, Delibasic o incluso Susaeta, que no llegó a debutar con el primer equipo.

La historia está del lado del cuadro local. Rayo Vallecano y Real Sociedad se han visto las caras en Madrid en quince ocasiones y el balance total es de ocho victorias para los rayistas, cuatro empates y sólo tres triunfos para los realistas. En Primera División han sido doce los duelos, de los que el equipo txuri urdin ha salido victorioso en dos y derrotado en siete, por tres empates. Las victorias de la Real son siempre por goleada, 0-4 en la temporada 78-79 (dos de Satrústegui, Idígoras y López Ufarte) y 0-3 en la 89-90 (Loinaz, Mentxaka y Goikoetxea). El Rayo, en cambio, goleó a la Real en la campaña 1993-1994 y 2000-2001 por el mismo resultado, 4-1. Tras la segunda, y después de que, animados por los seguidores realistas, todo Vallecas coreara "Clemente, vete ya", el vizcaíno fue cesado como técnico de la Real. En la máxima categoría, el último partido fue el 0-0 de la 2002-2003, bajo una intensa lluvía. En Segunda, una victoria una para la Real (en la 66-67, la del ascenso de Puertollano, con un solitario gol de Gorriti), otra para el Rayo (de nuevo por 4-1, en la 2008-2009) y otro empate, éste en el último encuentro en el que se han medido estos dos equipos.

Fue en la temporada 2009-2010, la que finalizó con el ascenso de la Real a Primera División y ante un Rayo que todavía era entonces candidato a esas plazas de privilegio. El encuentro llegó poco menos de tres meses después de que el Rayo hubiera eliminado al equipo txuri urdin de la Copa en partido único disputado en Anoeta. Y las sensaciones fueron totalmente opuestas a las de aquel triste día en Donostia. Fue uno de los mejores partidos de la temporada, el mejor de la Real fuera de casa, y la merecida victoria se escapó por pura mala suerte. 3-3 fue el resultado de este trepidante y brillante encuentro. La Real remontó por tres veces un marcador adverso. Primero con un golazo de Xabi Prieto. Después con un espectacular cabezazo de Carlos Bueno, probablemente en su mejor partido con la Real junto al de Cádiz. Y finalmente Zurutuza, al que un muy acertado Lasarte había puesto sobre el campo en la segunda mitad, culminando un gran pase de Prieto. Agirretxe y Mikel González pudieron hacer el 3-4, un premio más que merecido para una Real inmensa que, a pesar de no ganar, dejó un espléndido sabor de boca en los aficionados. Y dio el puñetazo en la mesa que se esperaba para confirmar que aquel año sí que se iba a lograr el ascenso. Y se logró.

martes, noviembre 01, 2011

Día de difuntos

Con el cuerpo de funeral que nos está dejando la Real en las últimas semanas, llega el día de difuntos. Y hoy me acuerdo especialmente de dos de esas personas que han dejado huella en el conjunto txuri urdin y que ya no están entre nosotros. Genaro Celayeta y José Luis Orbegozo. Me acuerdo de ellos porque nos dejaron cuando la Real estaba todavía en Segunda División. Puede parecer una tontería, ya que lo más importante para sus personas queridas eran Genaro y José Luis, no el lateral de aquella Real campeona y el presidente en la época más gloriosa del club realista, pero siempre he pensado que para ellos tuvo que ser duro dejarnos con la Real en el pozo de la Segunda División. Ellos, que tanto quisieron a este equipo y que tanto hicieron por convertirlo en un grande, tienen un último recuerdo triste. Espero que desde donde estén pudieran ver el ascenso, espero que sigan viendo los triunfos del equipo.

Insisto, puede parecer una tontería, y no quiero parecer agorero ni macabro, pero todos nosotros vamos a tener algún día un último partido de la Real, un último recuerdo teñido de blanco y azul con el que nos iremos a la tumba. Todos nos vamos a marchar de este mundo en algún momento y, si tenemos el corazón txuri urdin, seguro que, entre el recuerdo y el cariño a las personas que realmente nos importan, dedicaremos alguno de nuestros últimos pensamientos a la Real. En lo bien o lo mal que lo hizo el último día, en el aplauso que nos arranca la jugada o el gol de tal jugador, en la pifia que hizo ese tuercebotas que no entendemos cómo puede estar vistiendo la camiseta realista. Ya sabéis, el fútbol no es una cuestión de vida o muerte, sino algo mucho más importante. Y la Real es incluso más importante que el fútbol.

En el fondo, eso es lo que más me enfada de dar la imagen que se dio el sábado. Hasta ocho días después, la Real no volverá a saltar a un terreno de juego. Asumo que los profesionales quieren ganar siempre y que toman sus decisiones en base a ese objetivo. Pero lo que no sé si asumen es lo que pensamos, sentimos y sufrimos todos los que de verdad llevamos el blanco y el azul en la sangre. Todos los que semana a semana, día a día, nos sentimos orgullosos de ser de la Real. Todos los que queremos que nuestro equipo siga siendo lo que tiene que ser, el más especial de los clubes, el más humilde y el más batallador, por grandes que sean las adversidades. Esa Real no se vio el sábado. Esa Real apenas se ha visto esta temporada.

Podría despotricar aquí y ahora contra todo y contra todos, contra el entrenador, contra los jugadores, contra el director deportivo. Puede que incluso tuviera razón. Pero no lo voy a hacer. Y si no lo hago es porque sé que el domingo a media tarde me volveré a enfundar la camiseta de la Real con el mismo orgullo de siempre, con la misma ilusión que lo hice el sábado pasado. Con el mismo deseo de que la Real sea la Real, en la victoria y en la derrota. Y confiando en que, cuando se marche un realista, lo haga feliz de serlo. "El día que me muera, yo quiero mi cajón pintado de de azul y blanco, como mi corazón", dice uno de esos afortunados cánticos que calan hondo en la afición. Yo lo canto sintiendo sus palabras. Hoy más que nunca. Ganemos o perdamos.

domingo, octubre 30, 2011

REAL SOCIEDAD 0 - REAL MADRID 1 La vergüenza de asumir la derrota antes de jugar

En cuanto se conoció oficialmente la alineación de la Real para enfrentarse al Real Madrid quedó meridianamente claro que este partido sólo podía acabar con derrota. Se asumió que ganar era imposible. O, más concretamente, se fiaron todas las opciones a un milagro en forma de rebote, corner o locura transitoria de algún jugador madridista o incluso del árbitro. Y eso, para mí, es sencillamente una vergüenza para la historia, para el escudo y para la camiseta de la Real. No entiendo por qué no se preguntó a Montanier en la rueda de prensa cuál era el plan para ganar. Para que el Madrid no marcara, resultó evidente. Todos atrás. ¿Pero para ganar? No, así no hay forma. Con cinco defensas, dos mediocentros defensivos, y sólo dos jugadores de calidad en punto, y ambos fuera de sitio, ganar el partido formaba parte de los sueños más irrealizables. Y, evidentemente, se perdió. Era lo normal. Quedamos en manos del Madrid para que los de Mourinho decidieran por cuántos goles querían ganar. Y sólo quisieron hacerlo por un gol. Cuando marcó Higuaín antes de los diez minutos, el partido estaba sentenciado, pese a quien pese y moleste a quien moleste que se diga.

Por tercer partido consecutivo, Montanier cambió el esquema de juego. Sacó cinco atrás, todos los centrales disponibles sobre el campo con Carlos Martínez en la derecha y Cadamuro por la izquierda, sentando a De la Bella. Por delante, el doble pivote formado por Mariga y Markel, con Estrada por la derecha, Xabi Prieto por la izquierda y Vela en punta. No recuerdo haber visto nunca a una Real tan entregada a la derrota antes de empezar un partido contra el Real Madrid, histórico rival al que tanto gusta ganar en Donostia. En realidad contra nadie, pero contra este rival duele más. Yo he visto a una Real luchando por la Liga aplastando a un Madrid galáctico. Yo he visto a una Real que luchaba por no descender goleando a un Real Madrid que semanas después se proclamó campeón de Europa. Pero debía de ser otra Real, porque la presente no está para semejantes sueños. Y no lo está porque se ha instalado en la mediocridad de saberse inferior. Con esos planes, la convocatoria se convierte en un dilema aún más difícil de resolver. Sin centrales ni laterales en el banquillo, ¿qué hubiera hecho Montanier en caso de sufrir alguna lesión? No olvidemos que Demidov ya llegó tocado al partido.

De Vela se alabó su movilidad ante el Levante, que volvió locos a los defensas granotas. Cualidad cercenada con su soledad arriba. A Xabi Prieto se le limitó con un extraño cambio de banda, impidiéndole encarar al más flojo de los madridistas, Coentrao. Ni Agirretxe, ni Llorente. Ifrán, en la grada. ¿Cuál era entonces el plan para ganar? Yo no lo vi en ningún momento. Y si no había plan para ganar, el plan para no perder tampoco pareció especialmente brillante. La Real metió cinco atrás, pero jugó durante muchos minutos con la defensa bastante adelantada y muy en línea. Toda una invitación a que el Madrid repitiera el destrozo que el Barcelona nos hizo en la primera mitad, pero los de Mourinho fueron muy benévolos. También es verdad que el regalo tempranero del 0-1 aplacó mucho las ansias futbolísticas de los de Mourinho. Como sucedió cuando Amorebieta asistió a Llorente, toda la Real se quedó pasmada mirando cómo Coentrao avanzaba casi hasta la frontal del área y metía un balón para el desmarque de un Higuaín al que nadie siguió siquiera con la mirada. Bravo, que hizo un par de buenas paradas, aquí estaba vendido, así que el gol era inevitable, salvo milagro que no llegó a producirse.

Salta la Real al césped de Anoeta pensando en que el Madrid no marque, y resulta que a los diez minutos ya ha encajado un gol. El plan se ha ido al garete con una facilidad inusitada, pero fácil de prever tras conocer el planteamiento inicial. La Real nunca ha ganado un gran partido con esa mentalidad de autobús. Y nunca lo va a ganar. Era muy triste ver a un equipo txuri urdin por detrás en el marcador, admirando desde dos líneas inmóviles de cinco y cuatro jugadores, con Vela aburrido en la lejanía, cómo el Madrid tocaba plácidamente el balón en el centro del campo. El 0-1 no cambió nada. La Real se limitó a mirar. La primera parte se fue a la basura con una rapidez difícil de asumir. Decía Mourinho que no esperaba ganar el partido en 45 minutos, como ya había hecho tres días antes en el Bernabéu contra el Villarreal y una semana antes contra el Málaga. No le hicieron falta 45. Con ocho minutos, el partido estaba acabado. Así de triste, pero así de cierto, porque para ganar a estos dos equipos los merengues tuvieron que marcar cuatro y tres goles y contra la Real sólo le hizo falta uno. Porque para empatar un partido que se va perdiendo, ¡qué digo ya pensar en ganar!, es obligatorio tirar a puerta al menos una vez.

El 5-4-1 le valió a Montanier hasta el minuto 81. Hasta el 81. Es inadmisible ir perdiendo un partido contra el Madrid y demorar la reacción hasta que sólo pueda quedar en el terreno de lo testimonial. No quiero imaginar qué estaría pensando Llorente. En el minuto 60 entró Griezmann por Estrada, lo que supuso un aumento de calidad descomunal en el equipo. Primero porque el francés sí tiene capacidad de jugar a banda cambiada. Segundo, porque salió revolucionado y con ganas de hacer algo diferente. Con tan pocos efectivos en ataque, no obstante, el ímpetu de Griezmann se fue diluyendo. Dio tiempo para que él tuviera una ocasión y, gracias a un clamoroso error de la defensa del Madrid, Vela otra. Pero ya está. Casillas sacó ambas. Con dos llegadas, ganar a un Real Madrid que ya ha marcado un gol, insisto, es una utopía. En los últimos diez minutos, el equipo adquirió un dibujo más acorde con la situación, el rival y el marcador. Entraron Agirretxe y Pardo (una pregunta que procede de la indignación y el asombro: ¿de verdad es valentía dar cuatro minutos a un chaval de 19 años en el que hay tantas esperanzas puestas?) por Carlos Martínez y Markel (de largo, el mejor jugador de la Real contra el Madrid), quedando el equipo de Montanier con dos arriba, dos extremos, dos pivotes y cuatro atrás. Pero ya no dio tiempo a nada, porque diez minutos nunca son suficientes si ya has tirado 80 a la basura.

Que la Real se vació es un hecho. Hay muy poco que reprochar a la mayoría de los jugadores (Mariga, por supuesto, es la excepción más notable; no acabo de entender cuáles son sus méritos para vestir esta camiseta y la insistencia de Montanier en negar la evidencia y colocarle como titular partido tras partido). El error es de planteamiento y de táctica. El planteamiento no puede ser más que equivocado si el mensaje que se da al equipo es que hay que perder por la menor cantidad posible de goles. Si así se recibe al Madrid en Anoeta, ¿cómo planteará Montanier el partido del Santiago Bernabéu? Porque me asusta pensar que podamos jugar de una forma aún más defensiva. La táctica tampoco parece la adecuada. Suena a improvisación y, encima, improvisación de un día, porque la jornada en miércoles impidió trabajarla más. Xabi Prieto, perdido. Estrada, inane. Los laterales, sin ideas de qué es lo que tenían que hacer en un sistema tan extraño, Carlos Martínez ya sólo ofrece todo el coraje que tiene (no es poco) y Cadamuro estará dando gracias de que el Madrid no se ensañara por su lado. Ya está todo desmontado. Sólo el ímpetu y dar dos pasitos hacia adelante (con el consiguiente riesgo de goleada al contraataque) permitió que hubiera cierta emoción al final, producto más del exiguo 0-1 y de la siesta que se echó el Madrid que de los méritos de los realistas.

Tal fue el desquicio realista, que Griezmann debió ver la tarjeta roja, sin paliativos, por una incomprensible y salvaje entrada a Sergio Ramos, de la que pareció asustarse hasta el propio extremo realista. La entrada se quedó en amarilla, coronando así Undiano Mallenco una desastrosa actuación (en serio, ¿cómo podemos seguir admitiendo que nos vendan que tenemos el mejor arbitraje del mundo?) en la que nunca pareció saber qué estaba pitando. Sus linieres la pifiaron en más de un fuera de juego para ambos equipos, dejó sin sancionar con tarjeta una clamorosa mano de Coentrao, no vio un alevoso intento de patada a Iñigo Martínez de un antipático y chulesco Cristiano Ronaldo, que ofreció en Anoeta su peor versión y cargó de razones a aquellos que normalmente sin ellas se ceban con el portugués. El árbitro, en realidad, estuvo a la altura de un lamentable encuentro de fútbol que se convierte en la clara demostración de que el nivel futbolístico lleva años cayendo y está ahora mismo en lo más bajo que uno puede recordar. Entra en el terreno de lo incomprensible que Mourinho dijera que ésta es una victoria para recordar. Qué mal está el fútbol, desde luego.

El momento de la Real empieza a ser tan delicado que exige hablar con claridad. Mi pregunta es clara. ¿Cómo se pretende ganar al Real Madrid sin el máximo goleador del equipo, sin el fichaje estrella de la temporada pasada, sin el jugador más desequilibrante de la plantilla, con el jugador de más talento fuera de sitio y con sólo dos jugadores de ataque? De verdad, ¿cómo? Que alguno soñara con ganar sólo fue producto de que el Madrid no quiso hacer sangre, y no conviene engañarse con otras lecturas. Habrá que darle las gracias a los blancos. O a lo mejor no, porque un 0-8 podría haber sido la catarsis que este equipo necesita, porque no parece probable que algunos despierten de sus ensoñaciones. Ayer la Real, digan lo que digan algunos, no plantó cara al Madrid.Y si el equipo txuri urdin, que ya lleva cinco semanas sin ganar y sumando sólo un punto, no cae a los puestos de descenso es precisamente por ese paupérrimo nivel que hay en la Liga. Ocho puntos de treinta posibles. Uno de los últimos quince. Sólo tres equipos marcan menos que la Real, sólo seis encajan más. Los números empiezan a aterrar. Las sensaciones, más todavía. Y si tenía miedo hace unos días, ahora ya no sé ni qué decir.

viernes, octubre 28, 2011

PREVIA Real Sociedad - Real Madrid. ¿Qué Real veremos?

Partido grande, pronóstico incierto (sábado, 22.00 horas, Anoeta, La Sexta y autonómicas). Por supuesto, en el resultado, porque no hay rival ante en el que la Real tenga que sentirse derrotada de antemano, no a un solo partido y menos si es en Donostia. Pero sobre todo en la imagen que ofrecerá el equipo txuri urdin. Se ha visto más de lo peor que de lo mejor que tiene que ofrecer y va siendo hora de que cambien las tornas. Es la hora de que la Real demuestre que tiene mucho más fútbol de lo que muchos, incluso nosotros mismos, estamos empezando a creer. Y es la hora de que lo haga en un partido grande, contra un rival como el Real Madrid. Philippe Montanier tiene la importante baja de Illarramendi, pero aún así tendrá que sacar lo mejor de su plantilla para acabar con la mala racha que llega ya a los cinco partidos sin conocer la victoria. Anoeta estará prácticamente lleno, como en las grandes noches. Y es que es grande, porque si no se consigue creer que lo es, la Real volverá a tener los apuros del pequeño en menos tiempo del que pueda imaginar. ¿Qué Real veremos? Esa es la duda.

Montanier, fiel a su filosofía de sorprender, vuelvo a hacerlo en la convocatoria contra el Madrid. Por quien introduce en la lista y por quien deja fuera. Rubén Pardo recupera su lugar entre los mayores, esperando por fin sus primeros minutos con el primer equipo. Su debut es una de las noticias que lleva esperando la afición con mucho interés. Lo sorprendente es que quien se queda fuera es nada menos que David Zurutuza, que hasta ahora ha sido titular tanto en un centro del campo de tres jugadores como en uno de dos (el que jugó contra el Getafe en Anoeta). El resto de la lista es la misma que se desplazó a Valencia para jugar contra el Levante. Demidov, sustituido en el último encuentro, era duda, pero finalmente está entre los convocados. Repetir la lista quiere decir que Ifrán tampoco tiene un hueco entre los elegidos para este partido, lo que le coloca ya oficialmente como cuarto delantero del equipo, sobrepasado por Llorente. Fuera se siguen quedando Elustondo y Ansotegi, además del todavía lesionado Illarramendi, que tendrá que esperar para recuperar su puesto como titular.

Como ya empieza a ser habitual, adivinar el once que presentará Montanier es algo muy arriesgado. Bravo, evidentemente, será titular. Por delante, sería muy extraño que no estuvieran Iñigo Martínez, Carlos Martínez y De la Bella. Las molestias de Demidov, y también su estado de forman, dejan en el aire el puesto del otro central, que podría ser Mikel González. Parece seguro que Montanier mantendrá el 4-3-3. No parece probable que Pardo sea titular ante un rival como el Madrid (aunque sería una de las sorpresas más agradables de la temporada, para qué negarlo), con lo que la titularidad parece clara para Mariga, Aranburu y Markel, probablemente éste como 4. Por delante, Xabi Prieto recuperará indudablemente la titularidad de la que no disfrutó en Valencia. Los otros dos puestos son también una incógnita, aunque Griezmann y Vela, sobre todo el segundo, tienen más papeletas que Llorente y Agirretxe, aunque el primero está disfrutando cada vez de más minutos y su titularidad no parece lejana, y el segundo sigue siendo el máximo goleador del equipo. Zubikarai como portero suplente y Cadamuro completan la lista y estarán en el banquillo.

Cinco jornadas sin ganar lleva la Real, incluyendo cuatro derrotas. Hubo mejoría ante el Levante (líder de Primera, no lo olvidemos) pero los ocho puntos que tiene el equipo txuri urdin en su casillero no se movieron. Los de Montanier ocupan la decimoquinta plaza, sólo un punto por encima de los puestos de descenso y tres por delante del colista. El Real Madrid tiene una ventaja con respecto a la Real de nada menos que catorce puntos y marcha en la segunda posición. En cualquier caso, los duelos entre Real Sociedad y Real Madrid siempre han sido especiales y la clasificación no siempre ha dictado el resultado. Anoeta vivirá el ambiente de las grandes noches recuperando, precisamente, un horario nocturno que hacía tiempo que no disfrutaba en fin de semana (el equipo viene de disputar, antes de la visita al Levante, dos partidos seguidos a las 16.00 horas y otros tantos a las 12.00). En casa, la Real ya ha hecho de todo, ganar y perder un partido y empatar dos. El Real Madrid, que suma cinco victorias consecutivas en Liga, ha ganado tres de sus cinco partidos como visitante. La visita de Xabi Alonso siempre es un motivo para la alegría, y más después de la inolvidable ovación del Bernabéu el pasado miércoles.

La historia habla de un duelo muy igualado, aunque con ligera ventaja para el Real Madrid. Han sido 65 los partidos entre ambos equipos, siempre en Primera División, con 21 victorias para la Real, otros tantos empates y 23 triunfos madridistas. Igualdad absoluta sí hay en los goles anotados: 107 para cada equipo. El 6-2 de la temporada 50-51 (con tres goles de Igoa y uno de Caeiro, Epi y Basabe) es el triunfo más abultado conseguido por el equipo txuri urdin. El Madrid logró la mayor diferencia de goles con el 1-5 de la campaña 92-93, aunque marcó un gol más en el 3-6 de la 53-54 (que comparte el honor de ser el partido con más goles junto con el 5-4 de la 28-29, en el que marcaron para la Real Marculeta en dos ocasiones, Kiriki, Bienzobas de penalti y Mariscal). En Atotxa, el Madrid estuvo 22 años y 17 partidos sin perder entre las temporadas 57-58 y 78-79. En Anoeta se han disputado quince encuentros entre Real Sociedad y Real Madrid, aquí con ligera ventaja para los locales, con seis victorias, cuatro empates y cinco derrotas. Eso sí, los blancos han ganado en tres de sus últimas cuatro visitas y no pierden desde el 1-0 de la temporada 03-04, con gol de Karpin.

El partido de la temporada pasada, la 2010-2011, fue la demostración de que la Real podía competir contra los mejores en Primera División. Ganó el Real Madrid, pero no lo mereció, después de los primeros 90 minutos de la temporada en los que Mourinho y su equipo sufrieron de lo lindo. El equipo txuri urdin hizo un partido espléndido, intenso, inteligente. Supo contener los ataques del Real Madrid y generó algunas ocasiones de gol, la más clara en los pies de Griezmann. El Madrid se adelantó con una genialidad que, para colmo, estaba bastante bien defendida. Pero si Di María se saca un derechazo como el que se sacó y el balón se cuela por la escuadra, queda poco más que aplaudir. Era ya la segunda parte. Pero la Real no se hundió, y Tamudo empató al rematar una falta botada por Griezmann. El partido mantuvo su intensidad y estaba para que la victoria se queda en San Sebastián, pero al Madrid le sonrió la fortuna del grande. Una falta lanzada por Cristiano Ronaldo rebotó en la espalda de Pepe y la parábola que adquirió el balón fue imposible para Bravo. La Real pudo empatar con otro rebote, pero Casillas hizo el paradón del partido. La Real perdió, pero tuvo al Madrid contra las cuerdas. Veremos mañana.

jueves, octubre 27, 2011

PARTIDOS INOLVIDABLES Real Sociedad 4 - Real Madrid 0 (1979-1980)

El primer gran capítulo de la Real campeona de los 80, aún sin serlo, fue ante el Real Madrid. Los blancos no perdían en Atotxa desde hacía 22 años. Con alguna que otra temporada en Segunda de la Real, desde luego, pero eran 22 los años sin derrotar al conjunto merengue. 22. Una barbaridad. Pero en aquellos tiempos había grandeza, había orgullo y había fútbol. Y el Real Madrid, por mucho Real Madrid que fuera, hubiera sido y siga siendo, salió goleado de Donostia. Los ya entonces viejos muros de Atotxa vivieron una jornada inolvidable, una paliza histórica, un día de gloria. Y los artífices fueron casi los mismos que poco más de un año después sellaron el pasaporte al olimpo futbolístico en aquella tarde de Gijón. La goleada pudo ser aún mayor, facilitada por las circunstancias, pero ya fue grande. Porque no lvidemos que el Real Madrid es el mejor equipo del siglo XX y la Real sólo el más grande de los pequeños, que entonces ni siquiera podía presumir aún de haberse proclamado campeón de nada. "Ormaetxea nos motivó un poco más que en otros encuentros porque él también había jugado muchos partidos contra el Madrid y no había podido ganarles", recordaba Gajate en un artículo de El Diario Vasco en 1997.

La goleada no esconde que fue un partido muy difícil que, eso sí, se puso pronto de cara. A los 13 minutos, Benito cortó con la mano un centro de López Ufarte (el mejor de los realistas; "fue López Ufarte, dentro del acierto de todos sus compañeros, quien bordó una soberana lección de fútbol: entrega, lucha, constancia, batalla en todo terreno y clase, exclesa clase", dijo de él Luis de Andía en su crónica del partido para ABC). "No es frecuente que un penalti así se señalé contra el Madrid", decía el propio De Andía en su relato del encuentro. El propio Pequeño Diablo cogió el balón y lo marcó sin que García Remón pudiera evitarlo. El Madrid plantaba seria batalla en aquellos minutos. Arconada, grande entre los grandes, tuvo que hacer varias paradas de mérito, una a lanzamiento de Pirri, otra a los pies de Santillana, un par más al inolvidable Juanito. Pasada la media hora, confluyeron todas las circunstancias para que la Real se hiciera con el partido. Lo más importante, el espectacular golazo de Satrústegui, luchando, peleando, regateando como sólo él sabía hacerlo, marchándose de la vigilancia de toda la defensa madridista y haciendo el 2-0 por bajo y con el pie. Casi al mismo tiempo, el Madrid perdía a dos jugadores por lesión. Benito y Stielike abandonaban el campo.

Una de las claves del partido, dicen las crónicas de la época, fue el partidazo de Kortabarria, que salía constantemente de su posición de central para incrustarse en el centro del campo y que hizo un formidable marcaje a Santillana. Los últimos minutos de la primera mitad fueron un constante aatque madridista que la Real supo aguantar con la firmeza que acostumbraba a mostrar en defensa en aquellos años. ¡Y es que vaya defensa que tenía Ormaetxea a su disposición! El 2-0 al descanso era una renta fantástica, quizá algo abultada en ese momento para los méritos de unos y otros. Pero al volver de los vestuarios, en el minuto 50 se acabaron todas las posibilidades de hacer algo en el partido para el Madrid. Del Bosque fue expulsado con roja directa por propinar un puñetazo a Periko Alonso. Eso allanó el terreno a la Real, que tuvo toda la segunda parte para disfrutar del fútbol a sus anchas... y para hacer disfrutar a una grada enloquecida de felicidad. El árbitro, que repartió errores, anuló un gol a Alonso ya con 3-0 en el marcador y no pitó un penalti reclamado por Satrústegui. Pero daba igual. El equipo txuri urdin estaba desmelenado y dispuesto a hacer historia a lo grande.

Y la hizo, rememorando el 4-0 de la temporada 1929-1930 (dos goles de Belauste, y uno de Kiriki y Cholín) y repitiendo la mayor diferencia de goles alcanzada contra el Madrid en San Sebastián (la del inolvidable 6-2 de la 1950-1951: tres de Igoa, Caeiro, Epi y Basabe). Zamora hizo el tercer gol con un gran disparo raso tras el despejo de un corner. Y Heras, que había salido en el descanso por Idígoras, colocó el 4-0 final rematando una dejada de cabeza de Satrústegui. La Real no ganaba al Madrid desde la campaña 56-57. Y en aquel momento no sólo ganó, sino que vapuleó al vigente campeón de Liga y al ganador del torneo en aquella temporada que, en realidad, debió significar el primer título para la Real. Era el noveno partido de Liga y el equipo de Ormaetxea aún no conocía la derrota. Nadie podía imaginar que estaría 32 partidos sin perder. Nadie podía imaginar tampoco el cruel desenlace que tendría aquel campeonato para la Real. Nadie lo podía imaginar, porque en aquel momento la felicidad era absoluta por haber contemplado un partido histórico, por haber vivido un día grande, por haber disfrutado como tantas veces la magia que hay en tener el corazón txuri urdin.

Real Sociedad (Alberto Ormaetxea): Arconada, Gajate (Gorriz, 84'), Celayeta, Kortabarria, Olaizola, Diego, Alonso, Zamora, Idígoras (Heras, 45'), Satrústegui y López Ufarte.
Real Madrid (Vujadin Boskov): García Remón, Pirri, San José, Benito (García Navajas, 37'), Camacho, Ángel, Stielike (Portugal, 36'), Del Bosque, Juanito, Santillana y Cunningham.

Goles: 1-0, minuto 13, López Ufarte (penalti); 2-0, minuto 36, Satrústegui; 3-0, minuto 61, Zamora; 4-0, minuto 75, Heras.

Árbitro: Fandós. Tarjeta roja a Del Bosque (50').

Atotxa, lleno absoluto.

El Diario Vasco: "La Real arrasó al Madrid".
ABC: "Exhibición de la Real Sociedad ante un desafortunado Real Madrid".
Mundo Deportivo: "Goleada histórica de la Real Sociedad".

miércoles, octubre 26, 2011

LEVANTE 3 - REAL SOCIEDAD 2 Inconcebible

La Real empieza a entrar en el terreno de lo inconcebible. Pero de lo inconcebible de verdad. De lo desesperante. Y de lo extraño. Porque todo lo que le sucede a este equipo empieza a rozar lo surrealista. El equipo txuri urdin no ha merecido perder hoy en el campo del líder. Al contrario, ha merecido ganar, sin necesidad de hacer un partido perfecto. Pero ha tenido detalles para tirarse de los pelos. El Levante no ha merecido ganar, sino que lo justo hubiera sido su derrota, pero ha ganado porque la suerte le ha sonreído, porque no ha cometido los lamentables errores de la Real (o, al menos, ellos sí los han sabido aprovechar, al contrario que los del equipo de Montanier) y porque cuando lo ha necesitado ha contado con la inestimable colaboración del árbitro. Otra derrota de la Real, de esas que dejan una sensación muy dura de superar. Porque empieza a parecer que da igual lo que haga el equipo txuri urdin, que indefectiblemente va a perder. Como decía Luis García del partido del domingo en Anoeta, hoy era un día para ganar. Y se ha perdido. De eso hay que sacar conclusiones, porque no puede ser que un encuentro como el de hoy se vaya de una forma tan triste. Porque esto empieza a ser tristísimo. Madre mía.

Es surrealista que el cambio más extraño que ha hecho Montanier en su once inicial haya coincidido con el mejor arranque de partido en lo que llevamos de Liga, nada que ver con la desconexión de los primeros instantes ante Zaragoza, Athletic o Barcelona. El técnico francés sentó al fin a Xabi Prieto. Es el mejor jugador de este equipo, pero estaba pidiendo el banquillo a gritos. Nadie contaba con que su sustituto fuera Dani Estrada. Y, qué cosas tiene la vida, Estrada marcó a los cuatro minutos de juego. La Real salió con fuerza. Sin velocidad, porque eso sigue sin tenerlo, pero en menos de diez minutos ya había protagonizado cuatro llegadas de peligro, incluyendo el gol, un paradón de Munúa a Griezmann y un disparo al larguero de De la Bella, que parecía recordar en este arranque (fue un espejismo, pero algo es algo) al lateral que tanto convenció en Segunda y en algunos tramos de la temporada pasada. La verdad es que el once de Montanier era el menos ofensivo de todos los que ha presentado hasta la fecha, mucho menos que el del pasado domingo ante el Getafe, pero era el que mejor estaba funcionando. Vela como falso delantero sacaba de su zona a los centrales del Levante y Griezmann, Estrada, Zurutuza y Aranburu (gran pase el suyo en el inicio de la jugada del 0-1) lo aprovechaban a conciencia.

Después de un cuarto de hora espléndido, aunque, insisto, con poca velocidad en el juego, la Real bajó el tono y el Levante empezó a estirarse. Ahí demostró la defensa de la Real que tiene categoría de sobra, más de lo que la propia zaga cree. El primer tiro a puerta de su rival, ese que es líder de Primera División, ese que con el de hoy ha sumado siete triunfos consecutivos, ese que ya ha marcado 17 goles en nueve partidos, llegó en el minuto 43. Y Bravo hizo lo que se espera de él cuando le llegan una vez, un paradón. Lo cierto es que fue un primer tiempo muy, muy tranquilo para la Real. Mucho. Tuvo ocasiones sobradas para haberse ido 0-2 al vestuario. Pero ya sabemos que el equipo txuri urdin no sabe sentenciar los partidos. Con todo, no fue el único mal de esta Real. Su principal problema sigue estando en el centro del campo. Y, por desgracia, tiene nombre: Mariga. Han pasado ya nueve partidos de Liga y todavía no sé qué es capaz de hacer. Es lento, está mal colocado, no roba balones y pierde muchos, no construye juego ni obstaculiza el del rival, no presiona. No suma, en definitiva, y hace añorar aún más a Illarramendi. Hoy ha jugado de 4, con Aranburu y Zurutuza por delante. Si los fichajes no aportan, es evidente que el equipo no puede crecer.

En todo caso, el partido estaba para ganar, como evidenció Iñigo Martínez mandando al larguero el balón, segunda vez que los palos impedían el gol txuri urdin, en la última acción de la primera parte. El Levante estaba desquiciado, no veía la forma de marcar y apenas había conseguido inquietar a Bravo. Pero hete aquí que se le apareció lo que nunca se le aparece a la Real, la divina providencia. En el minuto 56, y sin que hubiera pasado nada en la segunda mitad (salvo que Aranburu cabeceó flojo y fuera un balón que podría haber controlado para sentenciar el partido), un balón muy mal despejado cayó a pies de Nano en el pico del área pequeña. Su disparo rebotó en la defensa realista y el balón cogió una parábola imposible para Bravo. Mal defendido, sí, pero también mala suerte. Siempre la suerte, esa que no parece acompañarnos ni jugando bien ni jugando mal. Mal síntoma ese de la desesperación. Lo peor, en todo caso, estaba por llegar. Cinco minutos después, el Levante hacía el 2-1. ¿Cómo era posible? No puedo responder a esa pregunta. No me siento capaz. Sólo sé que la Real iba perdiendo un partido que tenía que estar ganando.

La Real, en todo caso, demostró amor propio a partir de ese momento, con algo menos de media hora por jugar. Se fue a por el partido. No es que tuviera grandes ocasiones de gol ni un dominio arrollador, pero el mensaje era claro: el 2-1 era injustísimo y había que arreglarlo. Tras el cambio obligado por lesión de Mikel González por Demidov, Montanier, esta vez sí, hizo los cambios adecuados (aunque, quizá, un pelín tarde): Llorente entró por Estrada (que ha jugado dos partidos como titular, ambos a un nivel muy bajo pero ha marcado en los dos, ante el Granada y hoy) y Xabi Prieto hizo lo propio por Aranburu (buena actuación del capitán, aunque de más a menos, en su partido 400). Sin forzar demasiado a Munúa, lo cierto es que la Real consiguió embotellar al Levante en su área. Fruto de esa presión llegó el empate a dos. Iñigo Martínez cazó en la frontal del área el rechace de una falta y lanzó un espléndido disparo que el meta levantinista ni siquiera vio. Era el empate y, con absoluta sinceridad, el partido estaba para ganar. ¿Que quedaban sólo cuatro minutos? Daba igual, el partido era txuri urdin. Y debió serlo con gol de Llorente. Su cabezazo, culminando una gran jugada de ataque, lo despejó Del Horno en boca de gol sin saber cómo.

Y ojalá el partido hubiera acabado ahí, porque el relato hubiera sido muy distinto con un punto más en el casillero, pero no. Nunca acaba ahí. La fortuna no le sonríe a este equipo nunca. La fortuna, y algo más. La Real permitió un contrataque del Levante en el minuto 92. Regla número uno de cómo no se puede perder un partido así. El contraataque acabó en una falta absurda de Zurutuza. Regla número dos de lo que no hay que hacer en esas circunstancias. Si hay falta, que sea en campo del Levante. Estaba lejos, de todos modos. Pero la tiró Rubén y la marcó. Desde unos 40 metros. Ante una barrera de chirigota. Con un Bravo al que seguramente no se puede echar la culpa y tan atónito como cualquiera que haya visto el partido. Maldito último minuto. Maldita suerte. Y maldita Real, sí. Porque no se puede perder un partido marcando dos goles fuera de casa. Porque no se puede ser tan lamentablemente ingenuo. Porque no se puede resignar uno a su suerte cuando viste la camiseta de la Real, ni siquiera cuando sea ésta tan horrenda y gafe (perdonandme el enfado por esta trivialidad, pero ¿por qué demonios juega la Real con su camiseta suplente cuando no es necesario?). Acaba el partido y la sensación de frustración e impotencia es tan grande que uno no sabe ni contra quién arremeter.

Pero es fácil. Hay que arremeter contra el árbitro. Ese que machacó a faltas en ataque a la Real, privándole de una decena de jugadas de ataque (una, en la primera mitad, tenía un claro sabor de gol) y, sin embargo, dejó seguir la jugada que acabó con el primer tanto del Levante después de una escandalosa falta de Ballesteros. También pudo señalar penalti (¿y roja? ¿Será posible que este equipo juegue algún día contra diez jugadores?) de Munúa a Vela justo antes del rechace que Estrada convirtió en el 0-1. Hay que arremeter contra todos los que nos quieran hacer creer que Mariga es un jugador para la Real, a menos que a partir del próximo sábado (yo hoy imploro que no juegue, porque con él al nivel que ha desmotrado hasta ahora el Madrid nos puede destrozar) sufra una transformación como no se ha visto en la historia reciente del fútbol. Hay que arremeter contra todos los jugadores por su bisoñez, por su ingenuidad, por su pusilanimidad, porque Llorente (cada día que pasa le veo más imprescindible, aunque sea cojo) en cinco minutos les enseñó qué es lo que no se puede permitir que se le haga a un equipo como el nuestro. Y no sé si arremeter, pero desde luego hay que empezar a explicarle a Montanier que nos está volviendo locos y no está consiguiendo, ni de lejos, lo que nos dijeron que se iba a conseguir.

Se han jugado nueve partidos y no puedo quitarme de encima la sensación de que estamos en una situación límite. Cuatro derrotas en los últimos cinco. Un punto de quince posibles. Cuatro derrotas consecutivas como visitante. Y malas sensaciones. Las que deja sentirse siempre abocado a la derrota, incluso cuando muchas cosas se hacen mejor que el rival. Dado el bajo nivel que se está viendo en la zona menos noble de la Primera División, la Real no va a perder ningún puesto esta jornada. Mantendrá la decimoquinta plaza y sus ocho puntos. Los mismos que tenía hace ya casi dos meses. Y ahora viene el Madrid. Mal enemigo cuando el equipo es presa de la desesperación que produce que dé igual jugar bien o mal, acertar en muchas cosas o fallar en casi todas, marcar goles o no hacerlos. Porque hoy la sensación es que da absolutamente igual lo que haga la Real, que indefectiblemente va a perder el partido. Eso genera ansiedad. La ansiedad lleva a las derrotas. Y las derrotas, cómo me duele decir esto desde el convencimiento de que la Real tiene un gran equipo al que no sabe sacar partido, a la Segunda División. Conocemos el camino. No creo que lo repitamos. No esta temporada. Pero ahora mismo me siento en una situación límite. Y las grandes noches están pensadas para responder a esto. A ver el sábado.