
Por mucho que algunos quieran empeñarse, no puede ser normal que haya cánticos insultando la memoria de un aficionado realista que alguien que se sentaba (¿se sienta?) en ese fondo apuñaló vilmente antes de aquel partido de Copa de la UEFA del 8 de diciembre de 1998. No puede ser que un árbitro no lo denuncie en el acta del partido. No puede ser que el Comité Antiviolencia no estudie y sancione este asunto. No puede ser que ningún medio de comunicación (excepción hecha, y por ello siempre tendrán mi aplauso, de Noticias de Gipuzkoa) se haga eco de esos cánticos (dicen que Cuatro emitió el grito de "Tamudo muérete", pero no basta, y menos teniendo en cuenta que esa misma cadena se cebó con Anoeta cuando era Aouate el insultado; por cierto, el realista no respondió con la misma poca categoría del portero del Mallorca, y por eso también hay que aplaudirle). No puede ser que se siga viendo como normal que se acuda a animar al Atlético de Madrid con banderas españolas y que se considere una provocación que Griezmann bese la ikurriña de su camiseta cuando marca un gol. No puede ser. Pero es. Y la culpa está muy repartida.
La Liga española tiene muy poco de profesional y casos como éste lo evidencia. Lo que sucede en la grada de ocho partidos de cada jornada no le interesa a ningún dirigente de la Liga o de la Federación. Los medios de comunicación, tan centrados en lo suyo, tampoco están dispuestos a entrar en la batalla, al parecer porque si denuncian estas cosas temen perder lectores o espectadores de los equipos afectados. No me cabe en la cabeza ese pánico que demuestran quienes tendrían que velar por todos los aficionados y por todos los equipos. Y, como ha hecho Noticias de Gipuzkoa, tengo que hablar también de una persona y un medio muy concretos. En noviembre, cuando Marca creó una noticia de los cánticos en la visita del Atlético de Madrid a Anoeta, yo lancé un reto públicamente a ese periódico y al autor de aquel artículo, que estuvieran atentos a lo que sucediera en el Calderón una vuelta después. Resulta que la crónica del partido la firma el mismo periodista, David G. Medina. Resulta que tiene hueco en su crónica para hablar de la manifestación de los opositores a la familia Gil previa al partido. Pero resulta que no hay sitios para los insultos del Frente Atlético. Vaya.
Hace una vuelta, cuando escribí aquellas líneas, ya estaba seguro de que Marca y David G. Medina no se iban a atrever a escribir sobre este asunto. Ellos sabrán los motivos, pero hay un claro olor a interés. A que somos del Atlético y no queremos molestar a los nuestros. A que nos da igual lo que piensen esos de la Real, a que no nos importa lo más mínimo ofender a muchos porque uno nos haya ofendido a nosotros. A que el forofismo se ha convertido ya en un argumento periodístico de primera magnitud. A que contribuir a la violencia, siquiera verbal, es algo nimio con tal de llenar páginas con morbo sensacionalista. No es que hicieran falta ya muchos detalles más, pero con esto han terminado de confirmar que no tienen categoría moral para que yo les siga leyendo. Eso sí, yo hecho de menos que la Real no vele por la memoria de Aitor Zabaleta. Si no lo hace el club, ¿quién lo va a hacer...?
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