miércoles, junio 16, 2010

REAL SOCIEDAD 2 - CELTA 0 Campeones

Campeones. Campeones de verdad. La Real es ya equipo de Primera División. Ante el Celta se escribió la más hermosa página de la Historia más reciente de este equipo, la que por fin devuelve las alegrías en color txuri urdin a los libros que repasan la vida del equipo de nuestros amores. La primera página de su segundo centenario de vida. Y aunque esa brillante página nace de un partido (más bien de toda una temporada), lo cierto es que el 13 de junio de 2010 no se recordará por la contienda deportiva con el Celta. No va a ser Gijón, porque no hubo un gol en el último minuto. No va a ser Zaragoza, porque el portero no paró un penalti en la tanda decisiva. No va a ser Puertollano, aunque sean pocos los que recuerde que allí se jugó un partido contra un equipo llamado Calvo Sotelo que acabó con empate a dos. Lo que permanecerá en nuestra memoria colectiva de este día no será el 2-0 al Celta, sino la fiesta, la alegría, la más pura felicidad que invadió nuestros corazones cuando Xabi Prieto marcó el primer gol, cuando Carlos Bueno hizo el segundo y cuando el árbitro señaló el final del partido. Pero es ese partido lo que nos ha llevado hasta ese éxtasis sublime, y del partido vamos a hablar.

Para hacerlo, más que del juego hay que hablar esta vez de nombres propios. Los de alineación de Martín Lasarte, para empezar. Los previstos, aquellos en los que el técnico uruguayo más ha confiado a lo largo de la temporada. Quizá el once de gala de esta temporada para el recuerdo, con Zubikarai en la portería, Carlos Martínez, Ansotegi, Mikel González y De la Bella en defensa, Diego Rivas y Aranburu en el medio centro, con Xabi Prieto, Zurutuza, Griezmann y Bueno en ataque. Hay que hablar de Xabi Prieto. El mejor jugador de esta Real fue también el autor del primer gol en el día del ascenso. Temporadón el suyo y gran reto el que le espera en Primera División. Abandonó esa categoría como un canterano prometedor más, tapado por el brillo de los grandes jugadores que nos quedaban o por los fichajes foráneos de aquella triste temporada, y regresa como el líder del equipo. Es una delicia verle con el temple necesario como para repetir con acierto el lanzamiento de un penalti decisivo tantas veces como lo estime necesario un árbitro.

Hay que hablar del árbitro, sí. Pero esta vez en un tono diferente al de jornadas precedentes. Teixeira Vitienes señaló un penalti a favor de la Real, el segundo en otras tantas jornadas consecutivas en Anoeta y maquilló así un poco la estadística de los colegiados con el equipo txuri urdin esta temporada. Menos mal que llegó un segundo gol, porque si no habría que haber entendido que el ascenso se lograra de penalti como un intrincado guiño del destino. Y es que hemos vivido una temporada en que los árbitros han querido sabe muy poco de lo que sucedía en las áreas rivales. Menos mal que al final la cosa ha cambiado un poco, porque esta Real llevaba camino de hacer historia y ascender sin haber convertido un sólo lanzamiento desde los once metros. Xabi Prieto tiró éste, el más importante de su carrera hasta hoy, y escribió así su nombre en la historia realista con letras de oro (por mucho que después se lesionara en la celebración, que hasta para eso tiene infortunio esta Real, incluso su día más feliz).
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La jugada del penalti deja dos nombres propios más, dos que sin lugar a dudas han sido igual de decisivos que Xabi en la consecución del ascenso. La pena máxima llega por dos cosas. En primer lugar, porque Carlos Bueno es mejor delantero de lo que le hemos visto en algunos tramos de la temporada. La dejada que le hace a Griezmann para que éste encare en velocidad a la defensa celtiña es de lujo. Y la decisión con la que arranca el joven potrillo francés es sencillamente espectacular. Mucho se ha hablado de Griezmann, y casi siempre bien. No es para menos. Pero en el tramo intermedio de la temporada quizá mucha gente le exigió que cargara con un peso excesivo en este equipo, y el chaval salió airoso. En Cádiz dio las tres asistencias a Carlos Bueno. En Anoeta ante el Celta forzó el penalti y dio el pase del segundo gol al delantero uruguayo, dejando la bola con la cabeza tras un magnífico envío de Nsue. Es maravilloso ver a un canterano, por mucho que no sea guipuzcoano, mostrar con tanto orgullo su deseo de vestir la camiseta de la Real. Otros prefieren ser el quinto o el sexto delantero del equipo del otro lado de la autopista.
Bueno es otro de los nombres propios de este equipo en el soñado día del ascenso. Cuatro goles en los dos partidos más decisivos de la temporada. Quién sabe hasta donde puede rendir el charrúa si finalmente se queda y tiene una campaña normal, sin retrasos, problemas de visado o lesiones. Zubikarai no tuvo trabajo ante el Celta, pero es otro de los nombres a destacar. Se convirtió, casi por casualidad, en el portero del ascenso y se lo ha merecido. Por supuesto que Bravo y Riesgo también, pero Eñaut tiene ángel, tiene algo que le hace ganarse el cariño de todos. Contra los gallegos no tuvo que hacer su paradón habitual, pero su nombre personfica una prodigiosa temporada de la defensa realista, que ha encontrado tres centrales de gran categoría y otros tantos laterales de garantías. Si aparcamos por un segundo la ilusión por el ascenso, sólo por un segundo, veremos que la mejor noticia de la temporada es ésta y ojalá los frutos de este trabajo se recojan en Primera.
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Decía que se recordará la fiesta más que el propio partido y así será. Sobre todo porque enfrente hubo un rival que demostró que no se jugaba, ni por asomo, lo mismo que la Real. El Celta de 2003 luchaba por la Champions, éste ya había dado por finalizada su temporada. El resultado sólo podía ser una victoria de la Real. Es cierto que los gallegos pelearon con decoro e incluso tuvieron la posibilidad de adelantarse en el marcador con un disparo al larguero en la primera mitad. Pero el Celta se acabó en buena medida con el gol de Xabi Prieto y definitivamente con el de Bueno. Los gallegos, no obstante, escribieron una digna página en estos hermosos enfrentamientos con la Real que se han producido en los últimos años. No se dejaron la vida aparentemente sólo por el dinero, como en su día hicieron Osasuna o Racing. Se comportaron como profesionales, jugaron un partido y lo perdieron. Ojalá que la próxima vez que nos veamos sea en Primera.

Una vez más, el mérito de la Real para ganar este partido estuvo en hacer una correcta lectura del mismo. La ansiedad, la inminente fiesta, las ganas de subir en casa. Todo eso pesa. El equipo realista salió a por el triunfo, y en los primeros cinco minutos ya había forzado algún córner. Vio que así no iba a ganar el partido, que el Celta estaba bien ordenado (aunque en una jugada de magia entre Xabi Prieto, Zurutuza y Aranburu ya pudo asaltar la defensa gallega en la primera mitad) y se limitó a esperar su oportunidad, sabiendo que con el empate bastaba para subir a Primera y, supongo, que en los demás campos se estaban produciendo bastantes resultados que no ponían en peligro ese ascenso. Y así se dedicó a explotar esas contras que, este año sí, es capaz de hacer, con pases precisos, dejadas maravillosos y arrancadas explosivas. Así llegó el primer gol, así se acabó el partido, así subió la Real, escribiendo una bellísima página en su Historia.
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Después de nueve larguísimos meses de competición, ha llegado la hora en que mirar la clasificación sólo produce orgullo y felicidad. Ya no hay que atender a los rivales o pensar cómo será el próximo rival y cómo está situado en la tabla, ya no hay que hacer cuentas. La Real es de Primera. Y no sólo eso, sino que lo ha conseguido a lo grande. La Real es de Primera y es campeona de Segunda. Tiene mucho mérito, porque eso corona al equipo txuri urdin como el mejor de la categoría. Ha sido líder durante la mitad del campeonato, ha estado en ascenso durante más de dos tercios largos de la competición. Y aunque no todo el mundo estará de acuerdoal margen de lo que diga la tabla, es que ha sido el mejor conjunto de la categoría. Lo dicen sus números, lo dice su juego y, sobre todo, lo dice su corazón. Ese que no ha dejado de latir gracias a un entrenador que ya ha entrado en la Historia de la Real, gracias a unos jugadores que se han dejado la piel por la camiseta que vestían y gracias a una afición, la que ha mantenido Anoeta con 15.000 personas incluso en los peores momentos, que no ha dejado de animar. Somos campeones. Ya podemos proclamarlo con orgullo.

viernes, junio 11, 2010

PREVIA Real Sociedad - Celta. La hora de la gloria

Llegó la hora de la gloria (domingo, 18.00 horas, Anoeta, Canal +). Llegó el momento en el que la Real, después de tres años en Segunda, va a certificar su regreso a la élite del fútbol español. Un punto basta, pero esta Real es ambiciosa y quiere sumar los tres para volver así de la mejor forma posibile: como campeón de la categoría de plata. Es cierto que se ha hablado más de la fiesta que del partido, pero en ningún corazón txuri urdin cabe pensar en una derrota. Martín Lasarte y los suyos han demostrado durante toda la temporada una profesionalidad intachable y el último partido de la temporada en Anoeta no va a ser menos. Saben que hay un partido, saben que a la competición le quedan 180 minutos. Y saben que más de 30.000 personas estarán en Anoeta animando desde el principio hasta el fin para ver sus sueños de ascenso hechos realidad. El rival no se juega nada, la Real tiene todo ante sí. A jugar. A disfrutar. Y a ganar. Por la real y por su gente, por su escudo y por el futuro.

Es un partido trascendental en la Historia moderna del club txuri urdin, pero durante la semana se ha hablado mucho más de la fiesta que del partido. Y de éste se ha incidido más en que el Celta llega ya salvado y sin nada en juego antes que en la dificultad que seguro planteará o de la posibilidad de que llegue primado por los rivales en la carrera por el ascenso. Lasarte repite la convocatoria de Cádiz, y no sería de extrañar que también repitiera el once inicial que salió brillantemente victorioso del Ramón de Carranza, pues el técnico uruguayo ha dejado claro en qué jugadores tiene depositada su confianza. De esta forma, jugarían Zubikarai en la portería; Carlos Martínez, Mikel González, Ansotegi y De la Bella en defensa; Rivas y Aranburu por delante; el trivote de calidad que conforman Xabi Prieto, Zurutuza y Griezmann; y Bueno en punta. Nsue, Agirretxe, Sergio, Elustondo, Dani Estrada y Labaka esperarán su oportunidad en el banquillo, junto a Mandaluniz, el circunstancial portero suplente. Todos ellos tendrán el honor de defender la camiseta de la Real el día que, ojalá, recordaremos en el futuro como el del ascenso.

Las cuentas esta semana son todavía más claras que hace una semana y no harán falta transistores si los nuestros cumplen, puesto que la Real depende de sí misma. Con un punto, certificará el ascenso a Primera División y mantendrá el liderato de cara a la última jornada. Con tres puntos, será ya campeón de Segunda. Perdiendo también podría subir. Lo hará si descarta completamente la posibilidad de triple empate con Levante y Hércules al final, la única carambola en la que se quedaría fuera (y para la que tendría que perder sus dos partidos, ante el Celta y dentro de una semana ante el Elche, y que el Betis quedara por encima). Los alicantinos juegan en casa ante el Rayo, que tiene cuatro puntos de colchón para mantener la categoría; los levantinos en su casa ante el Castellón; y los béticos fuera ante un Salamanca que está dos puntos por encima de los puestos de descenso a Segunda B. Para impedir ese triple empate con el conjunto bético por delante, basta con que Betis o Hércules no ganen. Esta jornada, por fin, todos los partidos serán a la misma hora, con lo que la fiesta, en caso de que el equipo de Lasarte sea capaz de ganar o empatar, será sobre el campo. Y en Anoeta.

No deja de ser irónico que el rival de un día tan importante para la Historia del club sea el Celta. Ante los gallegos se perdió la oportunidad en la temporada 2002-2003 de alcanzar la tercera Liga de la Historia del club. Ante el mismo rival se consiguió certificar la última permanencia en Primera que logró la Real, también en la penúltima jornada, de la campaña 2005-2006 (y también hacía falta sólo un empate para alcanzar el objetivo, justo lo que se consiguió, a dos goles). Aranburu es el único realista que estuvo presente en ambas citas. Muchos son los realistas que este domingo se pueden quitar la espina del descenso. Bravo, Riesgo, Labaka, Ansotegi, Mikel González, Estrada, Elustondo, Rivas, Xabi Prieto, Agirretxe y el propio capitán ya habían debutado con el primer equipo para entonces. Ellos vivieron el descenso y tienen una herida que cerrar. Todo corazón txuri urdin siente lo mismo y el lleno que vivirá Anoeta se quedará corto y no reflejará el número de almas realistas que gozará con el ascenso. Qué curioso que el Celta esté a punto de devolvernos algo de lo que el fútbol se nos ha llevado en los últimos años.

Históricamente, el Celta ha sido un rival relativamente asequible para la Real en San Sebastián. De los 48 partidos jugados, 29 han acabado con victoria txuri urdin y 14 en empate. Los celtiñas se han llevado el triunfo de tierras donostiarras en cinco ocasiones. Para encontrar el último éxito del Celta hay que remontarse a la temporada 99-00, cuando el marcador fue de 0-2. No obstante, el conjunto vigués sólo ha perdido en dos de sus últimas nueve visitas, 1-0 el año del subcampeonato y 3-1 en el año del descenso. La mayor victoria de la Real es el espectacular 7-3 de la temporada 52-53, con dos goles de Echebeste e Igoa, uno de Carlos y Barinaga y uno más, éste en propia puerta, de Juan Francisco. En Segunda han sido ocho los enfrentamientos hasta la fecha y sólo en una ocasión venció el Celta, gracias al 1-2 de la campaña 64-65. Y aunque de los siete partidos restantes cinco acabaron con el triunfo realista, lo cierto es que las dos últimas visitas del Celta a Anoeta han acabado con empate en el marcador.

La temporada pasada fue ante el Celta cuando parecieron morir las escasísimas oportunidades de ascenso que le quedaban a la Real en el tramo final de la temporada. Quedaban siete jornadas para acabar el campeonato y eran ocho los puntos a remontar al tercer clasificado. Los visitantes lograron un claro 0-2 en una primera mitad desesperante, que provocó los silbidos de la grada de Anoeta. Aranburu, además, cayó lesionado (y esa es la lesión que le impidió empezar esta temporada) En la segunda mitad la Real de Lillo no mejoró, pero a media hora del final se encontró con un penalti transformado por Abreu y una expulsión del defensa que sacó el balón con la mano. No fue la única. El Celta se quedó con nueve, y con dos jugadores más el equipo txuri urdin fue capaz de empatar. No lo hizo gracias a su fútbol, aunque sea difícil encontrar la causa precisa por la que la Real, ofreciendo tan poco, fue capaz de remontar el partido. El gol lo marcó Necati, el único que consiguió con la camiseta txuri urdin. Incluso hubo quien pensó que podría llegar el tercero, pero a aquella Real le faltaba un punto de la confianza que sí tiene ésta que está a punto de subir a Primera.

En la primera vuelta, la Real consiguió el triunfo gracias a un solitario gol de Nsue a pase de Xabi Prieto. Fue un mal partido de los de Lasarte, que salieron al campo con un punto de relajación y dejaron que el Celta dominara. En todo caso, los locales no tuvieron grandes ocasiones de peligro y la Real si gozó de alguna. El gol dio paso a los mejores minutos visitantes y a sus mejores oportunidades de gol, con constantes apariciones de Xabi Prieto, el mejor del partido, pero el marcador no se movió más. Pese a lo corto del marcador, el triunfo nunca pareció en auténtico peligro para una Real que se estaba acostumbrando a ganar, independientemente del juego que ofreciera. El de Balaídos fue el partido que permitió el regreso de Carlos Martínez a la titularidad después de casi una vuelta entera en el banquillo por la lesión que sufrió en el primer entrenamiento de la pretemporada. La Real sumaba su décima jornada sin perder y alcanzaba los 42 puntos y un más que sólido liderato. Hasta la victoria de Cádiz hace una semana, fue el último partido ganado como visitante.

(Nota. Sobra decir que no puedo ni voy a perderme esta jornada histórica. Crónica del partido y, si se logra el objetivo, de las celebraciones las tendréis el miércoles)

jueves, junio 10, 2010

Así se vive un ascenso

Decía ayer que nunca he vivido un ascenso. Yo no había nacido cuando se produjo aquel feliz día de Puertollano sobre el que tantas historias hemos oído ya. Pero hay un gran amigo de este blog y de este humilde realista que sí lo vivió. Gorka Reizabal estuvo allí y, como él mismo me ha dicho, con aquel ascenso como punto de inflexión empezó a cambiar su vida en muchos sentidos. Todo eso se lo contó a un redactor de El Diario Vasco, tal y como quedó plasmado en su edición del pasado sábado. Os invitó a leerlo, porque es una maravilla compartir los recuerdos de alguien como Gorka.

Yo todavía no sé qué sensaciones tendré el domingo (porque vamos a subir el domingo, que nadie lo dude). No tengo ni idea de qué haré en el momento en que se acabe el partido y el sufrimiento de tres durísimos años en Segunda. No he hecho extrañas promesas, ni me voy a tirar de cabeza a las aguas de La Concha o me voy a pintar el pelo de blanco y azul. Por el momento, sólo sé que seré feliz, pero eso todavía no me prepara para todo lo que voy a sentir. Gorka ya lo ha vivido, pero ahora lo vivirá otra vez. Será, como yo, otro txuri urdin feliz. Y me alegrará poder estar con él para saber lo que siente ahora.

miércoles, junio 09, 2010

La piel del oso

En condiciones normales, no me gusta vender la piel del oso antes de cazarlo. Trasladado eso a nuestra vida en txuri urdin, no es bueno hablar del ascenso y de la fiesta posterior antes de que efectivamente seamos otra vez un equipo de Primera División. Pero, francamente, voy a dejar de lado las supersticiones, las leyes, las costumbres y los gafes. Siento en el alma que tengo que vender ya la piel del oso. Tengo que proclamar que la Real va a recuperar el lugar que merece. Y no lo hago porque las probabilidades de lograr el objetivo sean elevadísimas (sólo una posibilidad, una, aleja a la Real de Primera: el triple empate con Levante y Hércules, con el Betis por delante). No, no es eso. Lo hago porque tengo unas ganas terribles de celebrar por fin algo grande con la Real.

Claro que he vivido grandes tardes viendo al equipo txuri urdin. Épicas victorias antes rivales históricos y de una calidad superlativa. Vi a una Real gloriosa ganar 0-4 en el Bernabéu o 4-2 al Madrid de los galácticos en Anoeta. He visto partidos muy felices, como alguna salvación del equipo cuando coqueteaba con el descenso. Pero no he sentido en mi interior una alegría de las de verdad, de esas que quedan escritas en los libros, no ya de Historia txuri urdin, sino del fútbol. Un título o un ascenso son los dos únicos eventos que pueden alcanzar esa categoría. No viví Puertollano. No estuve en Gijón. No pisé las gradas de Atotxa un año después. Ni siquiera tengo más que unos recuerdos poco claros de Arconada deteniendo aquel penalti que nos dio la Copa.

Y, en cambio, estuve en Vigo llorando sin consuelo por una Liga perdida, y una semana más tarde en Anoeta para celebrar sólo un subcampeonato tan meritorio como amargo. Pasé bajo un intenso sol y una gran tristeza el mal trago de Valencia, el descenso de la Real después de 40 años en la élite, tras quedarme helado, sin palabras y más desolado que nunca cuando Savio falló aquel penalti una semana antes. Sufrí en directo el varapalo de Vitoria y la pérdida de aquel ascenso que ya acariciábamos. Todos los malos días de la Historia reciente. He estado en todos. Y por mucho dolor que me causaran, por mucho que arrugaran mi corazón txuri urdin, ninguno de ellos ha provocado que quiera dejar solo a este equipo. No lo voy a hacer, sean cuales sean sus circunstancias.

Ahora, por fin, estamos en la antesala de una alegría. Once jugadores, siete en el banquillo, otros tantos en la grada, un cuerpo técnico, una directiva, 32.000 personas en el campo y miles más en bares y casas de los más insospechados rincones del mundo vamos a celebrar el domingo el ascenso. Perdonadme que me adelante, porque es verdad que no está conseguido y que hay una posibilidad de que no se consiga. Sé que el equipo no va a caer en esta euforia, porque me lleva demostrando toda la temporada que se puede confiar en él. Pero yo no puedo contenerme y pienso en el ascenso, en la fiesta, en la celebración. Y creo que es por la inmensa felicidad que me provoca este ascenso de la Real. De mi Real.

lunes, junio 07, 2010

"Ese Cádiz, oé"

Ellos no lo dicen así, claro. Ellos, con ese acento tan particular, dicen "Ese Cai, oé". Yo no. Yo decía 'Ese Cádiz, oé". Pero lo dije con el corazón en la mano, porque así lo sentía. Lejos de Anoeta (y antes de Atotxa), jamás había disfrutado tanto de un partido de fútbol, de su ambiente, del respeto entre aficiones, de la fiesta del deporte, como este fin de semana. Cádiz es un lugar único, mágico. Su afición, grande. Enorme. Por eso, cuando terminó el partido y todo el equipo y cuerpo técnico de la Real se acercó hasta uno de los fondos del Ramón de Carranza y se puso a aplaudir a esa gente maravillosa, todos los realistas nos sumamos.
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La Real y su gente estaban casi celebrando un ascenso. El Cádiz, en cambio, veía cómo va a tener que sufrir al menos otra semana más para permanecer en Segunda División. Qué fácil es pensar unos en su alegría y otros en su preocupación en esos momentos, olvidándose del otro. Pero no fue así porque había dos aficiones señoriales. La fiesta, el respeto y el cariño estaban ahí, al margen de la situación clasificatoria de cada uno. Sencillamente impresionante. Ojalá el Cádiz no baje a Segunda B, porque su afición se merece lo mejor. Y ojalá pronto podamos volver y que sea en Primera. Las dos aficiones que se juntaron en Cádiz son de esa categoría, jueguen donde jueguen sus equipos.

Porque luego los premios, los elogios y los reconocimientos se los llevan otros. No sé qué valoran a la hora de conceder galardones a la mejor afición, pero desde luego quienes eligen a esos premiados no han debido de ver mucho a la Real. O al Cádiz. No es tan fácil como parece ver una mezcla tan grande entre las aficiones de dos equipos. Y más cuando se trata de dos equipos tan lejanos. Nada menos que 1.132 kilómetros separan Cádiz de San Sebastián. El sábado por la tarde nada separaba a las aficiones de Cádiz y Real.
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Era de lo más común ver a aficionados cadistas con bunfadas blancas y azules, y viceversa. Y de lo más bonito. Yo cambié la mía porque me la pidió un chaval que me había ofrecido su mano para felicitarme por el ascenso. La que se quedó él dice "Aurten Bai". Y así es. "El auténtico submarino amarillo", dice la que me llevé de vuelta a casa. Y ya lo creo que sí. Fue sólo uno de los mil gestos de buena voluntad y de cariño vividos a lo largo del día. Desde el espectacular encargado de protocolo del Cádiz, que se proclamó encantado de recibirnos y atendernos, hasta la gente que, después del partido, se alegraba de nuestro más que seguro ascenso. Todo fue increíble. Como debiera ser en todos los sitios pero, cosas de la vida, es sólo en unos pocos.

Bien es verdad que la afición de la Real se hace querer. Más de mil kilómetros, decía, que había de distancia entre las casas de muchos realistas y el lugar del primer partido de la temporada en que podíamos subir. Y no fueron pocos los que se fueron para Cádiz por si acaso se daba la carambola y subíamos en la Tacita de Plata. Entre mil y dos mil, según qué medio de comunicación dé la cifra. Pero es que ya estuvieron muchos en Huesca. Y en Soria. Y en Salamanca. Y en Vallecas. Y en Irún. Y es que en todos los campos de Segunda se ven algunas camisetas de la Real. Ni un solo incidente en toda la temporada. Sólo fiesta, sólo hermandad, sólo animar a su equipo. Qué maravilla de afición tenemos.
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Porque impresionante fue el recibimiento al equipo en el Carranza, como ya lo fue la semana pasada en Anoeta antes de ganar al Villarreal B, e impresionante fue la despedida. "Adiós, adiós, adiós, hemos venido a despedirnos de la Segunda División", no parábamos de cantar. Emocionante fue ver la salida de los jugadores. Emocionante fue el pequeño homenaje que se le hizo a un realista al que no tuve el placer de conocer, a Antonio Chimeno, de la Peña Nazarena. Y es que la Real no es sólo San Sebastián, no es sólo Guipúzcoa. La Real somos todos. Y a veces también se olvida que hay mucho corazón txuri urdin diseminado por otras provincias. Yo no me cansaré de reivindicar a esos otros realistas que no tenemos la posibilidad de ver al equipo cada quince días.

Y es que fuimos todos, tras disfrutar de la gran victoria de la Real, los que estuvimos en Cádiz y los que no, nos pasamos el fin de semana pendientes de la radio y el televisor. Cosas de esta Liga que sólo pretende ser la mejor del mundo pero que, por cosas como ésta, no lo puede ser. Teníamos la opción de subir el sábado si el Betis no ganaba al Numancia. Los de Gonzalo Arconada dieron guerra en la primera mitad, pero en la segunda ganaron los andaluces. Ya el domingo teníamos que esperar a que el Real Unión venciera al Levante, y lo hizo. Cierto es que necesitaban la victoria para seguir vivos, pero ya no me acordaba de cuál fue el último favor que nos hizo un equipo vasco. Igual aprendemos para el futuro, quién sabe.
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Quedaba el segundo requisito para subir esta jornada. Si, además de la derrota del Levante, el Cartagena ganaba al Hércules, estábamos en Primera. Hasta tiraron al larguero los locales, pero el balón no entró. Tuvimos la incógnita hasta las once menos diez de la noche del domingo, 27 horas después de que nosotros ya celebráramos el ascenso virtual en el Carranza y con una compañía cadista inigualable. Será en Anoeta. Qué pena que allí no haya gaditanos con los que compartir ese momento. Yo no sé los demás, pero en las dos jornadas que quedan voy a mirar con atención el resultado del Cádiz. Y espero celebrar su permanencia, ya a la misma hora en la que nosotros, por fin, nos despediremos de Segunda.

CÁDIZ 1 - REAL SOCIEDAD 3 Aquí está el equipo txapeldun

Pocas veces un cántico adquirió tanto sentido en un partido de la Real. "Aquí está, éste es el equipo txapeldun". Lo es, ya lo creo que lo es. La Real es de Primera y la Real es el equipo campeón. Las matemáticas nos dicen que todavía no es ni una cosa ni la otra, pero no creo que quede un solo seguidor txuri urdin que albergue dudas a estas alturas. El equipo de Martín Lasarte triunfó en Cádiz, donde nunca un conjunto realista había logrado sacar los tres puntos , rompió el maleficio de la segunda vuelta como visitante (y ante uno de los mejores equipos locales de la segunda mitad del campeonato) y ganó con una gran suficiencia en una jornada en la que sólo uno de sus rivales logró también el triunfo. Y, lo más importante de todo, dio el penúltimo paso para regresar al lugar que le corresponde: la Primera División. El ascenso es ya una realidad. Sólo queda que las matemáticas nos den la razón y confirmen el premio que merecen, con todos los honores, tanto el equipo como su modélica afición, para la que no hay palabras que le puedan hacer justicia.

Lo mejor del triunfo es que se consiguió de la mejor manera posible. Lasarte no tuvo dudas, como no las ha tenido en el tramo más complicado de la temporada, y puso sobre el césped a su mejor once. Nada de pensar en un empate, nada de salir a ver qué hacía el Cádiz, un equipo necesitado de puntos para eludir el descenso pero que dio mejor imagen en Anoeta hace una vuelta que en el Carranza. Aranburu junto a Rivas. El tridente de mayor calidad por detrás de Bueno. Carlos Martínez en el lateral derecho. Todas las dudas resueltas: jugó el mejor equipo posible, el más rodado y el más ofensivo. Poco tiene el fútbol de ciencia exacta y nada hay seguro en este deporte, pero Lasarte sabía que con esos ingredientes sobre el campo la victoria estaba mucho más cerca. Y lo curioso es que esa victoria se cimentó en eso que hace no pocas semanas se daba por perdido ya: la pegada.


Carlos Bueno y Antoine Griezmann se convirtieron en una sociedad deslumbrante, repitiendo lo que hace poco más de un año hicieron Marcos y Abreu ante el entonces líder de Segunda, el Xerez, en un partido que acabó con el mismo resultado que el de Cádiz, 1-3. El potrillo francés sirvió los tres goles (aunque en el segundo hay que dar más responsabilidad al error del portero) y el delantero uruguayo, ese que hace sólo un par de días decía que iba a dar la vida por la Real, los materializó. El primero fue una falta lateral que Bueno cabeceó sin oposición tras un desmarque que pareció demasiado sencillo. El segundo, el que cerró realmente el partido, lo consiguió el delantero realista con simple oportunismo, estando donde tenía que estar tras un centro del galo que no consiguió retener el portero. El tercero fue una jugada entre Xabi Prieto y Griezmann, quien después de un rechace de la defensa metió un espléndido pase al segundo palo para que el uruguayo cerrara la cuenta. Y Bueno pudo meter alguno más, sobre todo un uno contra uno que intentó resolver con una vaselina que cayó en las manos del portero.

De Griezmann es importante seguir hablando. Llevamos semanas oyendo que no tiene la misma chispa de hace algunos meses. Y es verdad. Pero parece que nos cuenta más decir que la calidad que tiene y la capacidad de sacrificio que derrocha en cada encuentro compensan con creces esa pequeña merma. Merma que, en todo caso, parece más que nada una cuestión física de un chaval de 19 años que no era todavía ni el titular del Sanse cuando subió al primer equipo y que se está notando más de cara a gol (no anota desde el 7 de marzo, ante el Numancia) que en el desarrollo del juego. En Cádiz, tres asistencias. Y si no es por el fuerte golpe que recibió en la nariz y la mezcla de cansancio y calor que ya le tenía en la reserva, podría haber aprovechado los espacios que dejó el equipo local para servir alguno más. Bueno y Griezmann fueron de lo mejor de la Real, pero sería injusto olvidar el partido de Xabi Prieto, que dominó el centro del campo ofensivo como quiso; o de Aranburu, al que da gusto ver cuando está en forma.

De la defensa poco más se puede decir que no se haya dicho ya en semanas precedentes. Bien es verdad que el Cádiz decepcionó, no terminó de entrar en el partido y que el tempranero gol de Bueno, el primero, le colocó en una posición ciertamente incómoda. Pero, aún así, también hay que atribuir al buen trabajo defensivo del equipo que Zubikarai no tuviera que hacer más intervenciones que algunas salidas y unos pocos blocajes a disparos lejanos y sin excesivo peligro. Esta vez no vimos su habitual paradón, no hizo falta. Y si hablamos de la defensa, es obligado hablar de Mikel González. Quizá ha hecho mejor temporada Ansotegi, y en eso tiene mucho que ver el desplazamiento a las bandas de su compañero por el centro en Cádiz, pero Mikel es el central de más categoría y calidad de la Real. Si llega a marcar en esta prodigiosa arrancada con posterior pared con Bueno, se cae la mitad del Carranza que queda en pie (la tribuna principal ha sido derribada para crear una nueva y más moderna; una pena que eso restara una pizca del maravilloso ambiente que se vivió).
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La Real ganó en Cádiz porque, una semana más, entendió cómo había que jugar el partido en todo momento. No salió a esperar al conjunto local, sino que cogió el toro por los cuernos y quiso dejar muy claro que el líder de Segunda vestía de txuri urdin. Tampoco se conformó con el 0-1, y ya desde la primera parte buscó aumentar la renta y sentenciar el partido. Del mismo modo, no dejó al Cádiz crecerse tras el descanso, logrando así que el resultado no estuviera en peligro en ningún momento. Ni siquiera con el postrero gol de los locales hubo nadie que pensara que el conjunto amarillo podía aspirar a la remontada. Fue un dominio absoluto de la situación el que ejerció el conjunto de Martín Lasarte. Y lo digo así, el conjunto de Martín Lasarte, porque ese es el gran mérito de este entrenador, darle a este equipo la inteligencia para entender cómo se puede vencer cualquier partido. El gol del Cádiz fue un fallo de concentración, pero tampoco le podemos pedir a un equipo que ya se estaba viendo en Primera y de fiesta que roce una perfección que no tienen ni los mejores equipos del mundo.

La Real salió reforzada de Cádiz, pero no sólo por lo que dice la clasificación (que ya es mucho), sino por la sensación que dejó sobre el césped del Ramón de Carranza. La Real debía ganar y ganó. La Real tenía que romper la mala racha como visitante (una vuelta entera sin ganar) y la rompió. La Real quería ganar en un estadio en el que jamás había logrado el triunfo y lo hizo. Todo eso lo logró con un estilo reconocible, con las armas que en la primera vuelta le hicieron colocarse en los puestos de ascenso, unos puestos que ya no ha abandonado y que ya no abandonará. El carácter de este equipo obliga hasta a los más escépticos a descartar en sus corazones la debacle que aleje a la Real del ascenso, la que dicen las matemáticas, la que nos impidió subir este fin de semana.
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A los rivales de la Real sólo les queda esperar una debacle y una carambola. Posible, sí. ¿Creíble? En absoluto. El equipo txuri urdin es líder, con tres puntos de ventaja sobre el segundo y seis sobre el cuarto. Sólo un triple empate a puntos puede alejar a los realistas del ascenso, y por ello tendrían que perder los dos partidos que queda, ante dos equipos que ya nada se juegan en esta Liga. La Real va a subir el domingo, y como guió a la Historia será ante el Celta de Vigo, el equipo ante el que se consiguió la última permanencia en Primera en 2006 y el equipo que privó a la Real de lograr su tercer título de Liga en 2003, ambos partidos de una penúltima jornada como el de la semana que viene. La Real es el equipo txapeldun. Y lo que es mejor, porque digan lo que digan no vale ganar de cualquier manera: merece serlo.

jueves, junio 03, 2010

PREVIA Cádiz - Real Sociedad. Un día de ilusión

Y llegó el día de la ilusión (sábado, 18.00 horas, Ramón de Carranza; ETB-1, Canal Sur, Telemadrid-La Otra). Quizá sea sólo el primer día de la ilusión, pues el ascenso no depende sólo de la Real en esta jornada. Pero tiene la primera oportunidad de regresar a Primera División y eso es muy grande. Llevamos tres años soñando con este día. Cádiz puede ser el nuevo Puertollano, el nuevo Gijón, aunque las sensaciones sean distintas por aquello de que la Real no sabrá si es nuevo equipo de Primera, aún ganando, hasta tres horas y media después del final de su partido. Pero hay que ganar para acabar con el sufrimiento, hay que ganar para que el ascenso sea ya una realidad, bien materializada en esta jornada o bien en la próxima en Anoeta ante el Celta. Y hay que ganar para que no llegue a la última etapa de esta Liga sin haber ganado un sólo encuentro como visitante en toda la segunda vuelta. Pequeño premio éste en comparación con el ascenso, pero ¿por qué no soñar con una felicidad completa?

A Cádiz viaja toda la plantilla por si hay ascenso (aunque sea volando de regreso), pero hay lista de 18 ya desde San Sebastián. La convocatoria de Martín Lasarte es casi la misma que hizo para afrontar el trascendental duelo en Anoeta de la semana pasada ante el Villarreal B. Sólo hay un cambio. Vuelve Carlos Martínez tras cumplir su partido de sanción y ocupa el puesto de Markel Bergara, lesionado. El resto serán los mismos. Y a pesar de esa continuidad, lo cierto es que hay varias incógnitas en el once del técnico txuri urdin. En la portería jugará Zubikarai, con Mandaluniz en el banquillo. En la defensa está la primera duda. Lasarte podría repetir la línea de retaguardia que alineó ante el Villarreal B (Mikel González y De la Bella en las bandas y Ansotegi y Labaka en el centro). Pero también podría recuperar un lateral diestro puro, bien Carlos Martínez (se echaron en falta sus subidas por la banda en el último partido), bien Dani Estrada (que lleva una vuelta sin jugar por la lesión que sufrió en Villarreal.

En el centro del campo también hay dudas. Elustondo ha jugado los últimos partidos saliendo desde el banquillo y quizá Lasarte opte por darle entrada ya entrada desde el inicio para conformar con Diego Rivas el doble pivote que ha elegido siempre cuando ha dispuesto de todos sus jugadores. De esta forma, Aranburu pasaría a la mediapunta y Zurutuza podría ser el sacrificado. En cualquier caso, tampoco se puede descartar que repita el centro del campo del último encuentro. Xabi Prieto es fijo en la banda derecha, y da la sensación de que Griezmann y Nsue se juegan la izquierda, aunque parece que el potrillo francés parte con ventaja. Arriba no hay dudas. Jugará de nuevo Carlos Bueno, que llegó muy justo de fuerzas al partido de Villarreal pero que ya ha tenido una semana más para entrenar. Agirretxe esperará en el banquillo la oportunidad de salir y marcar, tras seis meses ya de sequía anotadora.

El ascenso en esta jornada 40ª pasa por ganar en el Ramón de Carranza. Si no lo hace, la Real no podrá aspirar a ser equipo de Primera esta semana y tendrá que esperar al menos hasta la próxima. Pero si logra los tres puntos, todo corazón txuri urdin estará pendiente de lo que haga el Betis en casa ante el Numancia el mismo sábado a las 21.30 horas. Si los béticos empatan o pierden ante el equipo de Gonzalo Arconada, la Real sería ya equipo de Primera. En caso de que los sorianos no lograran empatar o ganar, hay una segunda vía para subir, aunque se antoja más complicada. En ella, el Levante tendría que perder en Gal ante el Real Unión el domingo a las siete de la tarde y, además, que el Cartagena le gane al Hércules en su duelo de las 21.00 horas, el que cierra la jornada. Es decir, que esta jornada la Real podría subir en pleno vuelo de regreso a San Sebastián o en la tarde-noche del domingo, pero nunca sobre el césped del Carranza.

Para el equipo txuri urdin, la segunda vuelta como visitante está siendo un duro trago. Todavía no ha ganado ningún partido y se va a cumplir ya toda una vuelta desde el últrimo triunfo. Fue el 16 de enero y ante el próximo rival en Anoeta, el Celta. Sin embargo, la Real sólo ha perdido una de sus tres últimas salidas, y fue en Sevilla y de penalti, en un partido en el que los de Lasarte fueron claramente perjudicados por el árbitro. En el ambiente hostil del Ruiz de Lopera, la Real fue mejor aunque perdiera y en Cádiz habrá un ambiente similar, ya que el público gaditano es sabedor de que su equipo está sólo dos puntos por encima de los puestos que envían al pozo de la Segunda B. No obstante, el ambiente se verá mermado por las obras que hay en la tribuna del Ramón de Carranza. Para ganar, el Cádiz tendrá que sudar lo suyo, y no sólo por el intenso calor que se espera a la hora del partido, sino porque la Real sólo ha encajado tres goles en los últimos siete partidos y dos han sido desde el punto de penalti (Betis y Villarreal B) y el otro en un córner (Cartagena).

La Historia no es nada propicia para la Real en Cádiz (ni la estadística en Andalucía esta temporada, donde ha perdido todos los partidos que ha disputado, en Córdoba, Huelva y Sevilla), aunque tirando de tópico las estadísticas están para romperse. Y es que el conjunto txuri urdin nunca ha ganado en esta ciudad andaluza. Han sido 14 los duelos tanto en Primera como en Segunda y los resultados se han repartido a partes iguales en empates y derrotas. La Real estuvo a punto de romper su gafe en el último de los doce enfrentamientos en Primera, en la temporada 05-06, pero un penalti injusto en los últimos minutos puso el empate a dos en el marcador. La nota optimista se puede extraer de que en los ocho últimos enfrentamientos entre ambos equipos, la Real sólo ha perdido dos. La derrota más abultada en Primera fue el 3-0 de la temporada 85-86, superada sólo por el primero de los tres duelos en Segunda, el 5-0 de la campaña 39-40.

Hace dos años, en la temporada 2006-2007, se produjo el último encuentro entre Cádiz y Real Sociedad, y fue en una situación similar a la actual. El conjunto gaditano luchaba por permanecer en Segunda y el txuri urdin por subir a Primera, aunque entonces era en una pugna por dos plazas contra Sporting y Málaga. Ninguno de los dos equipos consiguió su objetivo. Se adelantó la Real en una muy buena primera mitad gracias a un gol de Díaz de Cerio, pero el Cádiz reaccionó en un comienza eléctrico de la segunda mitad. Los locales anotaron dos goles y la Real se fue con todo hacia la portería rival. Cuando el partido estaba cerca de acabar, Delibasic marcó el empate a dos. Y, ya en el descuento, fue objeto de un claro penalti que el árbitro no quiso señalar. Entonces quedaban cinco partidos y la Real estaba cuatro puntos por detrás de la tercera plaza. Dio tiempo a coger a sus rivales, pero Vitoria acabó con el sueño. Que Cádiz nos brinde ahora un sueño nuevo.

En la primera vuelta, el Cádiz salió goleado de Anoeta. Pero era un Cádiz todavía entrenado por el ex realista Javi Gracia, que se despidió tras caer derrotado su equipo por 4-1. No fue en absoluto un mal visitante. Todo lo contrario. El Cádiz jugó un buen partido y puso las cosas muy difíciles a pesar del resultado final. Incluso se adelantaron los visitantes, aprovechando un fallo de Bravo, uno de los poquísimos que ha tenido este año. Pero la respuesta fue contundente y sirvió para sumar la octava victoria consecutiva en Anoeta. Sólo cinco minutos después del tanto cadista, empató Aranburu, que minutos antes había fallado un gol cantado. Agirretxe hizo el segundo, su hasta el momento último gol de la temporada. Elustondo hizo de falta directa el tercero, que rebotó en un defensa y despistó al portero. El cuarto fue de Griezmann, coronando un partidazo del equipo y personal. Y el quinto fue de Xabi Prieto, pero el árbitro decidió anularlo por un fuera de juego inverosímil, culminando también un nefasto y anticasero arbitraje. Es la mayor goleada de la temporada junto con la que sufrió en Anoeta el Real Unión.

(Nota. La Real puede ascender en Cádiz y en Cádiz hay que estar. La crónica del partido y sus fotos las podréis ver el lunes por la tarde-noche.)

miércoles, junio 02, 2010

Que la insensatez no pueda con la alegría

Llegó por fin el primer fin de semana decisivo. La Real tendrá esta jornada su primera oportunidad de certificar matemáticamente su merecido ascenso a la Pirimera División. Puede ser un día alegre, feliz, una fiesta que hace tiempo que no recuerda la maltrecha afición txuri urdin. Y también puede ser una fiesta extraña, gracias a la insensatez de quienes tiene el poder en el fútbol español. Tanto la Real como el Levante pueden subir a Primera este fin de semana, pero eso no ha sido motivo suficiente para que la Liga de Fútbol Profesional haga que todos los partidos se jueguen a la misma hora. Como la Real será la primera en hacerlo, podría suceder que la noticia del ascenso le pillara en pleno vuelo de regreso a Donostia. Y a sus aficionados en las calles o bares de Cádiz o en los autocares y aviones en los que se desplazará a la ciudad andaluza. Surrealista.

La Liga hace coincidir los horarios de los partidos sólo en los dos últimos partidos. Uno más no habría hecho daño a nadie, más bien al contrario. Imaginaros que la Real sube gracias a su victoria en Cádiz. No habrá fotos de los jugadores celebrando el ascenso sobre el césped y con la gente, que es como corresponde hacerlo. No habrá grandes grupos de aficionados realistas con los suyos en ese momento. Se nos escamoteará una parte importante de la celebración, por mucha alegría que mostremos si cuando suene el pitido final del árbitro el resultado es favorable a la Real. Y todo por los intereses de las televisiones, que son las que manejan este chiringuito ya a su antojo. Y lo hacen incluso en perjuicio del espectáculo deportivo. A las seis de la tarde del sábado en Cádiz se esperan cerca de 30 grados. El equipo local quiso retrasar el horario del encuentro y la Real estaba obviamente de acuerdo. Al principio se dijo que fue ETB quien no lo permitó. Después que fue Canal Sur (que a las ocho da otro partido) y luego Mediapro (para no coincidir con su retransmisión del Betis-Numancia). Genial.

Al final todo esto me va a dar igual, pienso celebrar el ascenso por todo lo alto, esté donde esté en el momento en el que llegue y tenga o no la posibilidad de celebrarlo con mis jugdores, técnicos y amigos. Lo que está claro es que es un signo más de que la Liga española está a años luz de lo que se nos vende en casi todo, desde su calidad (tanto en Primera como en Segunda) hasta su organización (y ahí podríamos hablar de horarios, de la rendición por contrato a las televisiones, de los árbitros, del estado de los campos y de mil cosas más). pasando por lo que al final más nos importa a todos: el trato a los aficionados. Menos mal que la próxima semana el partido es en Anoeta, y el grueso de la afición no tendrá que viajar, pero los que sí quieran hacerlo desde fuera de tierras guipuzcoanas van a tener que mover sus reservas a última hora. Ojalá me equivoque, pero me temo que hasta que no termine la jornada de este fin de semana no sabremos los horarios de la próxima.

En cualquier caso, quiero que el ascenso llegue cuanto antes mejor, en esta misma jornada, tras el partido de Cádiz. Cierto que lograrlo ante el Celta daría un sentido de compensación a nuestro éxito, pues fue éste el equipo que nosprivó de aquella Liga de 2003, pero no tentemos a la suerte y cerremos esta temporada a la primera oportunidad. Quiero que el ascenso llegue a eso de las once y media de la noche, cuando el Betis finalice su partido en casa contra el Numancia de Gonzalo Arconada. Ya brindaré yo por el ascenso aunque el equipo ya no esté cerca. Ya celebraré con ellos ese triunfo soñado en Cádiz cuando salgan del Ramón de Carranza. La insensatez de esta Liga eterna, que no se acaba ni cuando el mundo entero está pensando ya en el Mundial, no va a poder con mi alegría.

lunes, mayo 31, 2010

¿Quién dice que Anoeta no gana partidos...?

Dicen que Anoeta no gana partidos. No lo hace como lo hacía Atotxa, eso lo sabemos todos los que tuvimos la suerte de pisar el viejo estadio donostiarra, y seguramente muchos de los que no estuvieron jamás en las maltrechas gradas del vetusto campo. No hay color entre uno y otro, pero ya lo creo que Anoeta puede ganar partidos. Los gana cuando la gente da la vida por la Real, cuando los gritos de ánimo esconden el temor a que el objetivo se escape, cuando el único sentimiento es el apoyo a los que visten de txuri urdin, cuando la comunión con el equipo es absoluta, cuando se siente que hay mucho en juego, cuando se ven pocas butacas vacías. Todo eso sucedió el sábado. Me sigue pareciendo impresionante que Anoeta no haya visto menos de 15.000 personas en tres temporadas en Segunda, pero me parece aún más impresionante reunir casi 28.000 dispuestas a todo para que el equipo note su aliento. Y lo agradece, ya lo creo que lo agradece.

Por eso, la medida de entregar a los socios entradas a precios reducidos (aunque reconozco que eché de menos a los 5.000 socios que decidieron no ir y no dar su abono a nadie, a pesar de que había mucha en las taquillas buscando una entrada que no existía) me parece espléndida. Pero también tengo que decir que algo tardía. ¿Por qué hay que esperar al penúltimo partido en Anoeta para una medida así? ¿Por qué restamos a la afición y al estadio realista un pedazo de su capacidad de ganar partidos en la primera vuelta? ¿Por qué hay que esperar a que nos hagan una encerrona como la de Sevilla para reaccionar? Quizá sea el momento de abrir un debate distinto al que suele protagonizar Anoeta. Se habla mucho de las pistas de atletismo, y es cierto que restan calor. Pero quizá la frialdad se perdería también si en Anoeta hubiera siempre 30.000 personas. Con la publicidad y la televisión, quizá compense renunciar a algunos ingresos por taquilla y por socios. Quizá. Me parece un debate interesante y el sábado Anoeta probó que habría argumentos a favor de esta idea.

Anoeta ya ha vivido grandes tardes, ha vivido llenos y jornadas de gloria y sufrimiento, derbis de los grandes, las visitas de los mejores equipos de España y algunos de Europa, ha visto Champions y hasta una Real cercana a proclamarse campeona de Liga. Pero ni en esas fechas se vivió algo como lo del pasado sábado: el colorido. Pocas veces, probablemente nunca, se ha podido ver Anoeta tan lleno de camisetas blancas y azules. Quizá haya sido por el centenario y que todos quisiéramos esa camiseta a pesar de la mala gestión del club y de Astore en los primeros meses de venta, quizá por la ilusión de ver que el ascenso está cada día más cerca, quizá porque esas camisetas, las más antiguas, van pasando de hermanos mayores a hermanos menores, quizá incluso de padres a hijos. El caso es que los colores de la Real inundaron Anoeta, sus aledaños, San Sebastián desde primera hora de la mañana y esa hermosa caminata desde Aranzazu que algunos hicieron desde el viernes. Es un orgullo ver que tantos realistas vuelven a vestir sus colores, los de siempre, los de su corazón.
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Y es un orgullo que sepamos sufrir, sí, pero sin necesidad de rebajarnos a lo que sucede en otros campos para lograr una victoria de cualquier manera. Porque nosotros animamos a la Real. Pero no utilizamos punteros láser para descentrar al portero rival. No lanzamos objetos al terreno de juego. No hacemos que desaparezcan los recogepelotas cuando vamos ganando. No, nosotros no somos así. Y eso es una de las cosas más grandes que ha tenido, tiene y tendrá la Real y su afición. Que nosotros hacemos bien las cosas, aunque eso no nos garantice el éxito inmediato. Podemos ganar o perder, podemos tardar más tiempo en conseguir logros que otros alcanzan al primer tiempo. Pero estamos ahí. Por eso, nos costó ser campeones de Liga, y romper la famosa maldición de Monsieur Comet, aquella que nos debía apartar de los títulos. Nos está costando subir a Primera. Estamos en el tercer año. Pero vamos a lograrlo, y de qué manera, porque nuestra vía se lo merece. Nosotros nos lo merecemos.

Y una buena prueba de que nos merecemos esa alegría es el recibimiento al equipo. Dicen que fueron mil personas, pero parecía San Sebastián entero, Guipúzcoa entera, toda la afición txuri urdin diseminada por el mundo entero unida en unos breves instantes de algarabia. Las caras de los jugadores de la Real en el autobús lo decían todo. Ansotegi alucinaba. Xabi Prieto nos aplaudía. Carlos Bueno, que procede de un fútbol, dicen, mucho más pasional que el nuestro, no daba crédito. Con una sonrisa en la boca, los jugadores de la Real bajaron del autobús y tadaron lo suyo en recorrer los diez o quince metros que les separaban de la entrada al estadio. Queríamos estar con ellos y estuvimos. Seguro que los jugadores quisieron corresponder y parte de la victoria se fraguó ahí, en la entrada de Anoeta, casi dos horas antes de que empezara el partido.
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Un poquito antes de todo eso me encontré en los aledaños de Anoeta con el gran Gorka Reizabal, uno de los grandes cronistas que ha vivido la Historia más gloriosa de la Real. No le veía desde hacía dos años, en los prolegómenos de aquel partido que perdimos contra un Numancia líder que ascendió a Primera. "A ver si hoy damos más suerte", me dijo. Ya lo creo que la dimos. Siempre da gusto encontrarse con un amigo así cuando uno va a ver a la Real. Siempre da gusto saber que alguien que lo ha sido todo en el mundo informativo que rodea al conjunto txuri urdin te saluda con tanta alegría y valora la modesta labor que uno hace desde estas líneas. Porque yo sólo soy uno de los pocos que dedican su tiempo a hablar de lo que tanto queremos todos, la Real. Yo sólo fui uno de los casi 28.000 realistas que saltó de alegría en Anoeta cuando se acabó el partido. Uno de los muchos miles más que se alegrarán dentro de nada cuando la Real vuelva a Primera. Uno más. Pero entre todos somos la Real. Que no se baje nunca nadie, ni siquiera cuando las cosas vayan mal.

REAL SOCIEDAD 2 - VILLARREAL B 1 Un sufrido penúltimo paso hacia la gloria

Si algo define la victoria ante el Villarreal B es el sufrimiento. Pero fue un sufrimiento con final feliz, un sufrimiento que vale la pena padecer durante casi dos horas por el estallido de felicidad que acompañó al pitido final del árbitro. La Real sufrió, sí, porque el rival fue mejor. Pero la Real ganó, también, porque supo leer el partido y aprovechar, esta vez sí, su ocasión de anotar. Lo cierto es que el partido pudo caer de cualquier lado, pero el caso es que este año los partidos así caen del lado de la Real, no por casualidad, y en años precedentes rara vez sucedía así. Por eso el equipo txuri urdin es líder de Segunda. Por eso estos tres puntos son el penúltimo paso en el camino de regreso a la Primera División. Quedan tres jornadas, pero si la Real hace lo que sabe la fiesta será en una o en dos semanas. Lo que aconteció en Anoeta fue una de esas tardes para vivir y para recordar.

Lasarte se ciñó al guión previsto. Colocó a Mikel González como lateral derecho para no sobrepasar la exigencia del regreso de Dani Estrada, alineó a Diego Rivas en el mediocentro pese al esguince que sufrió el jueves, mantuvo al tridente de mayor calidad en la mediapunta y colocó a Carlos Bueno como delantero centro. Casi el equipo de gala de esta Real que no deja de oler a Primera, diga lo que diga el marcador. Había que salir con lo mejor para ir a por el partido desde el principio. Pero el plan falló. No por algo que hicieran mal los realistas, no, sino porque delante se colocó un equipo que tocó, tocó y tocó hasta el aburrimiento de los jugadores locales, que perseguían sombras. Los primeros 17 minutos fueron un suplicio. El Villarreal B tocaba y llegaba al área de Zubikarai con más frecuencia de lo que podía esperar un Anoeta casi lleno. El meta txuri urdin y Labaka salvaron la más clara ocasión del conjunto amarillo, el primero con su salida, en la que tocó el balón lo justo para ralentizarlo y que el central consiguiera sacarlo bajo palos.

El Villarreal B, con Jefferson Montero, encontró una autopista en la banda izquierda de su ataque, la que ocupó Mikel González. Pero, insisto, no por deméritos de la Real. Mikel sufrió lo indecible y tuvo que recibir más ayuda de lo normal de Diego Rivas, Aranburu, Xabi Prieto y los centrales. Ahí estaba el peligro para la Real, pero poco a poco el equipo en general y Mikel en particular se rehicieron. Los de Lasarte ya habían entendido para entonces que el partido no se podía ganar con el plan inicial y se adaptaron a las circunstancias. Ahora había que salir con rapidez y buscar jugadas fulminantes. Aranburu lo leyó a la perfección y suyas fueron las mejores jugadas. Cuando la Real empezaba al menos a buscar el equilibrio en la posesión, el balón cayó en los pies de Xabi Prieto. Él solito se inventó la jugada del penalti. No seré yo quien lo discuta a estas alturas. Los hemos sufrido más claros, pero el contacto es evidente. El propio Xabi Prieto asumió la responsabilidad y con una leve picadita introdujo el balón en la portería del Villarreal B. Un toque genial. Y es que a Xabi no le hace falta mucho más para desequilibrar un partido.

Así comenzaron los mejores minutos de la Real. No es que el Villarreal cediera el balón, ni mucho menos, pero las sensaciones ya eran distintas. Los de Lasarte empezaron a tener presencia y llegada. Y entonces apareció de nuevo el árbitro, como tantas veces ha ocurrido esta temporada, como hacía temer una decisión a favor. Un levísimo forcejeo recíproco acabó convertido en penalti contra la Real. Ese fue el primer peaje arbitral por haber dado al equipo txuri urdin la posibilidad de anotar su primer gol de la temporada desde los once metros. El primero, pero no el único, porque Del Cerro Grande, despedido con una sonorísima pitada de Anoeta en el descanso, expulsó al preparador físico Balbi y al preparador de porteros Navajas, demostró que tenía muchas más ganas de señalar faltas y tarjetas contra el equipo local que contra el visitante e incluso cabreó más a la grada, mucho más, por jugadas sin importancia que por este penalti. ¿Es "malo" el adjetivo que buscamos para los árbitros? A veces dejan la sensación de que hay más. El caso es que el Villarreal B aprovechó su ocasión y empató, a pesar de que Zubikarai llegó a tocar el balón.

Con el empate, todavía en la primera parte, la Real tiró de casta. Pudo marcar justo antes del descanso, pero Bueno cabeceó a saque de banda un impecable servicio de un magistral De la Bella (quizá el mejor jugador del equipo en la segunda vuelta) y antes se había quedado a escasos centímetros de empujar un balón suelto tras una falta botada por Griezmann. En cualquier caso, ya no era el baño de los primeros minutos. La Real empezó a hacer jugadas de mérito que no llegaban al final por pequeños detalles, un pase demasiado corto, un control demasiado largo. Así llegó el corner que acabó decidiendo el partido. Griezmann, zurda de oro la suya, puso el balón en el segundo palo. Allí llegó Mikel González para dar un sentido épico y hermoso a su primer gol con la Real. Anoeta estalló de júblio. El equipo realista había sido capaz de hacer lo más difícil. Superar dos veces en el marcador a un equipo que mostró más calidad, levantarse tras otro mal arbitraje y saber reconducir el partido hacia el terreno que más le interesaba.
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Porque, con el 2-1 en el marcador, si un equipo pudo marcar ese fue la Real. Cierto es que Zubikarai tuvo que sacar una magnífica mano arriba y protagonizar una espléndida salida por bajo, pero la Real se hartó de tirar contraataques. De la Bella, Aranburu y Griezmann los lanzaban. Bueno y Nsue buscaban culminarlos. Xabi Prieto deleitó con unas cuantas virguerías y estuvo a punto de cerrar el partido, primero en una jugada personal que se le quedó atrás, después con un pase que Nsue no pudo controlar y más tarde en una jugada que Griezmann acabó centrando francamente mal. Xabi, en todo caso, echó de menos a Carlos Martínez. Los laterales son un arma fundamental de esta Real. El equipo no consiguió cerrar el partido y por eso se sufrió hasta el final. Por eso y porque el Villarreal B convirtió el final del partido en un asedio. Los malpensados podrán imaginarse que empatar no era el único incentivo para el filial amarillo. También se sufrió porque Lasarte decidió arriesgar y mantener a Rivas y Aranburu, ambos con tarjeta (y ante un árbitro que parecía de lo más dispuesto a dejar a la Real con diez), y sacar del campo a unos muy cansados Zurutuza y Bueno.

El gran triunfo de la Real pasa por su defensa, prodigiosa durante toda la temporada. Porque el Villarreal dominaba y daba sensación de peligro, sí, ¿pero cuántas ocasiones claras de gol tuvo? Más bien pocas. Ahí estaban Mikel, Labaka, Ansotegi, De la Bella y el resto (porque defienden todos, Bueno el primero) para desbaratar el peligro. El equipo acabó demasiado encerrado, pero el sufrimiento no vino por verse desbordado, ni mucho menos. La Real supo moverse en todos los momentos del partido, incluso cuando más agobiado se vio por la calidad y el toque del filial amarillo. Quizá Lasarte debió meter antes en el campo a Elustondo y Nsue, pero el retraso no mermó en absoluto las posibilidad de la Real de cerrar el partido o la capacidad de mantenerlo en su terreno, por muy presionante que fuera el Villarreal B. Y el triunfo fue ese, entender que lo importante era ganar. Cierto que los dos goles fueron a balón parado y de ninguno de los delanteros, por lo que el problema sigue vivo. Pero se ganó porque se pudo ganar, porque se vio en el balón parado la mejor opción para hacerlo, y porque se jugó para ganar. Con unas armas que la Real domina.
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Y aunque todos los rivales salvo el Elche ganaron, el triunfo no sólo es vital sino que acerca mucho más a la Real a la Primera División. Un triunfo y dos empates o dos triunfos convierten al equipo de Lasarte en inalcanzable. Un triunfo puede bastar para subir. Son cuatro los puntos de ventaja que le saca a tercero, cuarto y quinto clasificados, y ocho a un Elche que con su derrota del sábado parece definitivamente descartado como rival txuri urdin (aunque todavía puede llegar a la tercera plaza). La afición salió de Anoeta pensando que el ascenso es casi una realidad. Todavía no, falta otra victoria. Que sea en Cádiz para acabar con el sufrimiento, aunque no baste para subir ese día. Y que la fiesta sea, si no puede ser en tierras andaluzas, ante el Celta en Anoeta. Los gallegos nos deben una alegría desde aquel 15 de junio de 2003, cuando Balaídos se convirtió en el final de un sueño que debió acabar con el tercer título de Liga para la Real. Una Real que es líder, que ganó cuando debía hacerlo y que está a un paso de recuperar su lugar en la élite. Con más mérito del que ahora mismo muchos le están dando.

viernes, mayo 28, 2010

PREVIA Real Sociedad - Villarreal B. Comienza la recta final

Comienza la recta final (sábado, 20.00 horas, Anoeta; ETB-1, Canal 9-Punt 2, Telemadrid-La Otra), comienza con un partido trascendental y en el mejor de los escenarios. La Real está a punto de subir a Primera. Está en mejor situación que todos sus rivales. Viene de sufrir un expolio arbitral y una encerrona del Betis. Y responderá, ante un buen rival, que viene sin nada en juego y sobre el que sin duda caerán sospechas de incentivos externos, con todo lo que tiene. Con un equipo capaz de todo. Con más de 30.000 realistas en la grada. Con un ambiente de final. Y, ojalá, con fútbol y esos goles que tanto ha echado en falta en las últimas semanas. La Real no puede subir esta jornada, pero si gana, pase lo que pase en los partidos de los demás rivales, viajará a Cádiz a disputar el primer match ball de la temporada. Por eso es importante ganar. Por eso es fundamental disipar las dudas de quien las tenga. Por eso es muy valioso demostrar, de una vez por todas, que la Real quiere, debe y va a lograr el ascenso.

Lasarte ha introducido dos novedades en la convocatoria, con respecto a los 18 que viajaron a Sevilla. Y ninguna de las dos se puede considerar una sorpresa. Carlos Martínez tendrá que cumplir un partido de sanción por su injusta expulsión en el Ruiz de Lopera, mientras que el segundo jugador que se cae de la lista es Borja Viguera, quien no parece fácil que vaya a contar con más oportunidades de aquí a final de temporada a no ser que medie una nueva lesión. Entran en su lugar Markel Bergara y Carlos Bueno. El técnico realista tendrá que elegir un sustituto para Carlos Martínez, y lo normal es que sea Dani Estrada, que ya estuvo en la última lista después de haberse recuperado de su lesión. La otra alternativa es desplazar a la banda a Mikel González y colocar a Labaka en el centro junto a Ansotegi. Donde no hay duda alguna es en la portería, donde estará Zubikarai, ni en el lateral izquierdo, ya propiedad de De la Bella (quien, ojo, acumula cuatro tarjetas amarillas desde hace ya algunas jornadas).

Diego Rivas sufrió un esguince de tobillo en el entrenamiento del jueves, pero está en la convocatoria. Si puede jugar, lo hará junto a Aranburu. Elustondo, que ya regresó la semana pasada jugando unos minutos, esperará en el banquillo y será la primera opción si el manchego no está para ser titular. En la línea de tres centrocampistas, lo normal es que repitan los tres hombres de más calidad del equipo, los tres que ya jugaron en Sevilla: Xabi Prieto, Zurutuza y Griezmann. Tampoco sería descabellado que alguno de los dos últimos descansara y cediera su lugar a Nsue, aunque parece menos probable. El propio Nsue, Agirretxe y Bueno pugnan por el puesto de delantero. Lasarte no lo quiso confirmar, pero dada la sequía goleadora del equipo en las últimas semanas no sería de extrañar que apostara por el delantero uruguayo, que está para jugar todo el tiempo que sea necesario, en palabras del propio Lasarte. Sergio será la otra bala ofensiva que se guarde el entrenador en el banquillo.

Pase lo que pase ante el Villarreal B, la Real terminará la jornada en puestos de ascenso, en primera o segunda posición en función de lo que haga el Levante, a la misma hora que el conjunto txuri urdin, en casa ante un Rayo que no está todavía salvado. Ambos equipos tienen 65 puntos, y la Real está delante gracias al average particular. A cuatro puntos se sitúan Hércules, Betis y Cartagena, y a cinco el Elche. Todos, salvo un Hércules que cierra la jornada el domingo como local ante el Albacete, juegan a la misma hora que la Real. Los béticos, que acumulan dos victorias consecutivas por 1-0 y de penalti, visitan Huesca (que está sólo dos puntos por encima de los lugares de descenso), los cartageneros hacen lo propio con el Córdoba (virtual pero no matemáticamente salvados, seis puntos por encima de la 19ª plaza) y los ilicitanos viajan a Las Palmas (en la misma situación peligrosa que el Huesca). El rival de la Real no lucha por ascender, aunque está con los mismos puntos que el Elche. Es, para Lasarte, el equipo que mejor juega en Segunda.

Al margen de los goles que pueda cantar la parroquia de Anoeta en otros campos, lo importante es lo que suceda en su césped. Habrá lleno, gracias a la mezcla de rabia e ilusión que se ha generado esta semana por la forma en que se perdió en Sevilla, gracias al llamamiento de Lasarte y gracias a la iniciativa de entregar a los socios entradas a precios reducidos. El ambiente será similar al que se vivió en algunos partidos de la segunda vuelta de la temporada 2007-2008, cuando la directiva presidida por Badiola colocó las famosas sillas en las pistas de atletismo. Y lo importante, decía, es lo que suceda en Anoeta, porque, pase lo que pase lejos de allí, un triunfo da a la Real opciones de subir a Primera en Cádiz dentro de una semana. En caso de triunfo realista ante el Villarreal B, la cuarta plaza estará en el peor de los casos a cuatro puntos y en el mejor a siete, con sólo nueve por jugar. En caso de empatar o perder, esa cuarta plaza podría ponerse a uno o dos puntos, eliminando todo margen de error para las tres jornadas finales.

También es importante echar un ojo a la labor arbitral. Durante la semana se ha hablado de organizar alguna protesta, pero al final no la habrá, sólo fiesta. Para que luego algunos traten así a la Real. Ojalá que después del partido se pueda decir lo mismo, porque pita Del Cerro Grande, un colegiado con el que los realistas no han ganado ninguno de los cinco partidos que les ha dirigido (casi parece una provocación más, aunque menor que el rumor que se oyó durante la semana: Bernabé García). Esta temporada sólo lo ha tenido una vez, en Murcia. No tuvo influencia en el empate a uno final, pero hizo un pésimo y casero arbitraje. Ya en su primera temporada dejó un amargo recuerdo en el equipo txuri urdin, pues fue él quien permitió el ilegal gol del Sporting que supuso la derrota en Gijón y un duro golpe en las aspiraciones de subir aquel año (además de una más que interesante tomadura de pelo a cargo de aquel árbitro que ahora vuelve a cruzarse en nuestro camino). La Real, no está nunca de más recordarlo, sólo ha tenido un penalti a favor en toda la campaña, ante el Elche en el último partido de la primera vuelta. Ironías de la vida, Bueno lo falló. ¿Habrá un segundo penalti? ¿Subirá la Real sin un solo gol desde los once metros?

Es la primera vez que la Real y el Villarreal B se verán las caras en Anoeta, un campo que se le ha dado especialmente bien a los mayores del equipo castellonense desde que aterrizaron hace más de una década en la Primera División. De sus ocho visitas al estadio donostiarra, sólo cayeron derrotados por el conjunto txuri urdin en una ocasión, en la temporada 2001-2002. Toshack, que después fue destituído, era el entrenador de una Real que luchaba por no bajar a Segunda. Los goles de aquel 2-1 los marcaron Aranburu y De Paula. Los otros siete enfrentamientos, todos ellos en Primera, se completan con tres empates (a uno en la 1998-1999 y a dos en la 2002-2003 y la 2003-2004) y cuatro victorias del Villarreal. La más abultada fue el 0-4 de la campaña 2004-2005. En las dos campañas siguientes, el equipo amarillo también se llevó la victoria, con lo que ha ganado en sus últimas tres visitas a Anoeta.

En la primera vuelta, en el partido celebrado en la ciudad deportiva del equipo castellonense, el primero tras el parón invernal, Villarreal B y Real empataron a un gol. Zurutuza adelantó al equipo txuri urdin ya en el tramo final de la segunda mitad, pero a los pocos minutos empató el equipo local, a pesar de encontrarse con un jugador menos sobre el campo. No hizo un buen partido el equipo de Lasarte, a pesar de que no pasó excesivos apuros para controlar a un joven y animoso filial. La única gran ocasión de peligro la desbarató Bravo con su maestría habitual. Xabi Prieto sólo apareció para forzar la expulsión y nada, salvo la defensa, funcionó como debiera. A la Real se le fueron dos puntos por dar por cerrado el partido con el gol de Zurutuza, en una jugada de Griezmann. El empate y la lesión de Dani Estrada, la que le ha tenido fuera de los terrenos de juego hasta esta semana, dejaron un muy mal sabor de boca.

(Nota: partido importante e importante es estar allí para vivirlo. La crónica y las fotos las podréis ver el lunes)

miércoles, mayo 26, 2010

Cuánta razón, Martín, cuánta razón...

Yo era partidario de que Juanma Lillo continuará en la Real. No me duelen prendas al decirlo. Creo que es un muy buen entrenador al que no le acompañó la suerte en el banquillo txuri urdin . Ni la suerte, ni otras cosas. Cosas que ahora tampoco están acompañando a Martín Lasarte. El uruguayo lo sabe y lo dijo el lunes. Pero dijo mucho más que eso, y lo que dijo es lo que me lleva a mí ahora, como ya vengo haciendo desde hace meses, a ponerme incondicionalmente del lado de Lasarte. En todo. No es que un entrenador de la Real necesite demasiado para ganarme, no, pero si algo ha conseguido este técnico a lo largo de la temporada ha sido precisamente eso: ganarme. No estoy de acuerdo con todo lo que hace, por supuesto. Creo que no ha sabido resolver algunos de los problemas del equipo. Pero recordemos que el punto de partida era el mayor de los desconocimientos sobre él. No sabíamos quién era como entrenador, qué pretendía, qué iba a hacer, cómo encajaría. Y desde el minuto uno ha sido un tipo sensato y que se ha hecho respetar.

Pero vamos a lo que dijo Lasarte el lunes. Lo que lanzó es el mayor mensaje de tranquilidad que he escuchado a un entrenador de la Real en mucho tiempo. Ya hubiera querido Lotina haber sonado tan seguro cuando, hace tres años y una sola jornada para que se consumara el fracaso del descenso a Segunda, dijo que nos íbamos a mantener. Él no se lo creyó nunca. Lasarte no sólo se cree que vamos a ascender ahora, es que ha sido capaz de que mucha gente se lo crea. Porque, no nos engañemos, los escépticos han crecido en las últimas semanas. El miedo se ha instalado en un pedazo importante de la parroquia txuri urdin, a pesar de que su equipo sigue siendo líder. La arenga de Lasarte ha convertido el partido del Villarreal en la final del año. No lo es, porque lo que la Real tiene que hacer es ganar dos o tres partidos y tres quedarán tras el del sábado, pero lo parece. Anoeta vivirá ambiente de final, San Sebastián respirará épica todo el día. Objetivo conseguido.

Lasarte dijo más. Habló de los árbitros, claro. Pero lo hizo de la forma en que tenía que hacerlo. Él no habla de conspiraciones ni de villaratos. Él habla de lo que hay, de lo que cualquiera puede ver. Y lo que hay no es otra cosa que un trato diferente a la Real. Ahí está la clave. Pueden no pitarte un penalti. Pueden no pitarte muchos (Noticias de Gupuzkoa hacía ayer un repaso bastante completo de la lista de penaltis no pitados; lo digo por si hay alguien que todavía no se ha dado cuenta de cuánto nos han quitado los árbitros este año). Pero la clave es el trato. Da la sensación de que duele pitar un penalti a favor de la Real y que, en cambio, es muy fácil pitarlo en contra. En seis de las siete derrotas del equipo txuri urdin, el rival tuvo un penalti a favor. Cuatro de ellos acabaron 1-0 con gol desde los once metros. A favor, sólo uno en 38 jornadas (y para colmo, lo fallamos). No creo que haya habido un equipo en la historia reciente de la Segunda División que haya subido a Primera sin anotar un sólo gol de penalti. Los datos son duros. No los menospreciemos por criticar el juego del equipo, que eso es otra materia diferente.

El problema, con ser grave, sería controlable si sólo fuera eso. Pero Lasarte prosiguió, porque no es sólo un problema de penaltis no pitados, va mucho más allá. Y lo llevo diciendo tiempo. Lo he dicho en temporadas precendetes, y hay quien entendió que eran excusas de mal pagador. En absoluto. Pero me parece absurdo no querer ver que el comportamiento de los colegiados en este equipo fue una parte, más o menos importante, en el descenso de 2007, en los no ascensos de 2008 y 2009, y en que por el momento se haya retrasado el de 2010. La Real es un equipo modélico en muchos aspectos. No presiona al árbitro durante el partido, Anoeta no es un campo de riesgo para los golegiados (quienes, por cierto, al elegido al delegado de campo de la Real como el mejor de la categoría, por algo será...) ni para los rivales. No recurre a las malas artes, ni dentro ni fuera del campo. No es un equipo que recurra a las faltas de forma sistemática. No suele perder tiempo de forma innoble. No va contra nadie. Y, sin embargo, desde fuera sólo recibe palos.

¿Por qué? ¿Qué no sabemos? ¿Hay alguien que nos tenga un odio inconfesable en público y que está haciendo lo posible para que no subamos a Primera? No me gustan las teorías conspiratorias, pero es que son muchos años ya viendo cosas extrañas. Hasta el Comité de Competición ha tenido que hincar la rodilla y admitir ya hasta en tres ocasiones que la expulsión de un jugador rival no fue más que la invención del árbitro de turno (la última, la de Mikel González el domingo el Sevilla) ¿Alguien recuerda que la Real haya tenido recientemente un arbitraje a favor como el que tuvo el Betis el domingo ante los nuestros? Pues eso.

Lasarte lo dijo. Y lo dijo todo. El campo sin ley que fue el Ruiz de Lopera (un láser en la cara de Zubikarai, recogepelotas que desaparecieron en cuanto marcó el Betis, puertas abiertas y gente incluso en las escaleras, enviados especiales de medios guipuzcoanos rodeados de público bético), el lamentable arbitraje parcial (faltas que contra la Real eran tarjeta, contra el Betis no eran siquiera infracción, al propio Lasarte le amenazaron con la expulsión y Víctor Fernández pudo hacer lo que quiso, protestándolo todo y siempre fuera de su área técnica), el diferente trato que recibe la Real a lo largo de toda la temporada.

Pero ese es el mensaje de ayer, la lectura del pasado. El futuro pasa por el sábado. Pasa por entender, de una vez todas y si es que hay alguien que todavía no lo haya entendido, que el ascenso es de todos. Será del club, del equipo, de los técnicos, de los empleados, de los directivos y de la afición. El ascenso va a ser nuestro. Y va a ser, ya lo creo que sí. Lasarte lo dice y, como creo en todo lo que dijo, en eso también voy a seguirle. Me acuerdo ahora de dos frases. Me acuerdo de Westeveld, a tres jornadas del final de la Liga 2002-2003, diciendo que "con árbitros normales ya estaríamos de fiesta". Y me acuerdo de Toshack, en la 1994-1995, después de un penalti inexistente a favor del Real Madrid en Anoeta, diciendo que "ya está bien de decir loque la Real es un equipo simpático y que es bonito pitar aquí". Cuando razón tenía Sander, cuánta tenía J.B. Y cuánta razón en todo lo que has dicho, Martín, cuánta razón...

domingo, mayo 23, 2010

BETIS 1 - REAL SOCIEDAD 0 La despreciada importancia de una despreciable actuación arbitral

Derrota de la Real en Sevilla ante el Betis. 1-0, gol de penalti. El resumen del partido podría ser ese, pero no lo es. El resumen del partido pasa por la actuación arbitral, por mucho que haya quien prefiera obviarlo, algo que suele suceder y más en el tremendismo que rodea al equipo realista. Pero no por ese gol de penalti porque Diego Rivas sí comete penalti al tocar el balón con la mano. No es lo que convierte en despreciable el arbitraje. Lo que convierte en decisiva, nociva y descaradamente parcial la actuación arbitral es el doble rasero en acciones decisivas. Es que no haya penaltis nada más que un área en los partidos del conjunto txuri urdin. Es que las tarjetas en contra sean risibles. Es que las faltas sólo caigan de un lado. Despreciable, digo. Y lo mantengo, tanto como haga falta. La parte que la Real puede trabajar es la que venimos apreciando en las últimas semanas. No marca goles. Tiene multitud de ocasiones, tiene juego, tiene una actitud intachable. Pero ya no tiene gol. Juegue Nsue o juegue Agirretxe. Sean suyas las ocasiones o de los jugadores del centro del campo. Pero lo malo no es eso. Preferería escribir una crónica para criticar a los jugadores de la Real antes que lo que voy a escribir. Pero es que hoy no puedo escribir otra cosa.

Lasarte decidió apostar por Nsue como delantero. A la opción de Agirretxe le pasó factura, sin duda, la cantidad de ocasiones que desperdició ante el Castellón, coronando una larguísima racha sin marcar un gol que ya va camino de los cinco meses. Nsue, por su parte, jugaba así su segundo partido como delantero, la posición que ha venido reclamando desde el comienzo de la temporada. El Ruiz de Lopera no es Gal, es un campo más grande y con más espacios. Y el Betis se lanza mucho más al ataque de lo que lo hizo el Real Unión. Pero ni así. Mejoró sus prestaciones con respecto a aquel primer partido suyo en punta, pero no demasiado. Tuvo alguna opción de gol, pero no fue decisivo. La Real no cuenta a día de hoy con un delantero al que encomendarse. Se analice como se analice, se sigue echando en falta a Carlos Bueno. O a Viguera. O a cualquiera del Sanse. Pero eso, y es un demérito de Lasarte que no empaña sus muchísimos méritos, se tendría que haber hecho antes. Con la posición de Nsue, Griezmann mantuvo su puesto por la izquierda y el resto del once fue el esperado, el habitual de las últimas semanas.

Y con esos mimbres, la Real hizo una primera parte sensacional. Dominó el empuje inicial del Betis con una categoría digna de elogio, supo capear el temporal del ambiente del Ruiz de Lopera (lástima que el árbitro no tuviera el mismo aplomo) y, con el paso de los minutos, fue convirtiéndose en el claro dominador del partido. No sólo dominador, sino en el equipo que claramente llevaba más peligro sobre la portería contraria. La única opción de peligro del Betis en esa primera mitad fue un disparo de Emana desde una posición bastante escorada, disparo que se encontró con la espléndida intervención de Zubikarai. A cambio la Real tuvo bastante llegadas de peligro. Aranburu hizo varias conducciones que acabaron en ocasiones de gol, la primera en los pies de Nsue, detenida por el portero, y la segunda con un lanzamiento de Zurutuza que se estrelló contra la defensa. Y cuando mejor estaba la Real, apareció el árbitro, ese lamentable Lizondo Cortés del que siempre recordaremos su huida en el Bernabéu, en aquel partido que se suspendió a seis minutos del final, un arbitro que pitó en Primera y que no tiene nivel ni en Segunda.

Tuvo hasta tres ocasiones de señalar penalti a favor de la Real. Primero, el menos claro, en una internada de De la Bella (cayó al suelo tras un choque, pero después el jugador bético impidió que se levantara desde el suelo). Después en un flagrante agarrón que sufrió Zurutuza, que si el árbitro no lo señaló como penalti fue, se supone, porque el jugador realista decidió seguir jugando al fútbol y no tirarse, en un premio del colegiado al infractor que tendría que convertirse en una jugada a estudiar en la escuela de arbitraje. Y finalmente en una zancadilla a Carlos Martínez que recordó al único penalti a favor que ha conocido la Real esta temporada, ante el Elche y también con el incansable lateral derecho como protagonista. Insisto, el único penalti a favor en esta temporada. Uno. No sé si hay algún equipo que haya subido a Primera sin haber marcado un solo gol de penalti, porque encima aquel día falló Bueno. Parece que la de la pena máxima es una norma que queda abolida cuando el equipo txuri urdin saltó al campo. Y duele más cuando se pita tan fácilmente en el área de la Real. Rivas comete penalti, sí, pero sea o no sea se acaba pitando. Cuando se comete en el área contraria, no se pita. Sea o no sea. Y a veces hasta se amonesta con tarjeta aunque sea penalti claro, como le sucedió a Xabi Prieto en Córdoba.

Esa es la parte más visible y, si se quiere, más decisiva de la parcela arbitral, pero no la única. Al mismo tiempo que Lizondo Cortés iba escamoteando penaltis a la Real, el colegiado iba sentando las bases para la escabechina de la segunda parte a un equipo noble y que puede ser de todo menos violento. Todas las faltas y patadas por detrás que sufrieron Xabi Prieto y Zurutuza a pies de los jugadores béticos se quedaron en nada. En algunas, al menos, señaló falta. Y ahora cambiamos de campo y de camiseta. Dos faltas casi consecutivas cometidas por Ansotegi y Mikel González, dos faltas livianas, incluso dudosas, dos lances inofensivos del juego, acabaron con tarjeta. Fue clara la primera de Carlos Martínez en la segunda parte sí. Pero con esa base, Lizondo Cortés aprovechó para masacrar definitivamente a la Real y dejarla con nueve jugadores sobre el campo para acabar el partido. A Mikel González le expulsó por tocar el balón con la nuca, aduciendo que fue mano, y estando de espaldas. Delirante. A Carlos Martínez por un simple encontronazo. Sería cómico si no fuera tan dramático. Si le puede el ambiente, que se dedique a otra cosa. A arbitrar no. O que arbitre en campos que, como mucho, se asemejen a Zubieta, no un uno que conoce la Primera División y que junta 50.000 gargantas.

La Real, que hasta el gol había realizado un trabajo táctico fantástico y un derroche físico encomiable, mantuvo la firmeza sobre el campo, aunque ya sin más ocasiones de gol que un cabezazo de Xabi Prieto, y terminó con un mérito a destacar: con dos jugadores menos sobre el campo, forzó una falta y un corner consecutivos a falta de treinta segundos para el final. No sólo eso, atemorizó al Betis, que no se atrevió a lanzarse en buscar del gol que igualara el golaverage particular, que por insignificante que pueda parecerle a algunos, se queda a favor de la Real y, visto como están las cosas, podría ser definitivo. En el demérito del equipo txuri urdin está el haber cometido otro penalti absurdo. Y Diego Rivas es reincidente. Es el mismo que cometió ante el Levante y, como entonces, ha costado tres puntos. Es un pequeño borrón en una temporada impresionante del manchego. Y, por supuesto, el no marcar. Aumenta la racha negativa y ya son tres semanas sin meter un gol y con sólo tres tantos en los últimos nueve partidos. Así es difícil ganar, aunque la impresionante defensa realista, sin que medie una despreciable actuación arbitral, casi garantice el empate a cero.

No puntuar en Sevilla puede tener dos efectos sobre la situación de la Real: bien retrasar la fiesta del ascenso, bien ponerlo en peligro. Dependerá de lo que hagan los de Lasarte dentro de seis días ante el Villarreal B. Pero no perdamos la perspectiva. La Real tiene cuatro puntos, al menos una jornada de colchón, cuando quedan sólo cuatro por disputarse. El Levante le ha dado caza, sí, pero está por detrás por eso que también suele despreciarse hasta que se necesita, el average, eso que hoy ha despreciado el Betis. Hércules, Betis y Cartagena están a cuatro puntos. Y Elche a cinco. Quedan doce por jugarse. Se mire como se mire, cualquiera de los rivales se cambiaría ahora mismo por nosotros. El ascenso sigue están en manos de la Real y yo sigo manteniendo confianza absoluta. Siempre y cuando las nefastas actuaciones arbitrales que está acumulando ya este equipo (y es algo que hay que decir porque ni parece casualidad ni es la primera vez que nos pasa) no se conviertan en algo todavía más decisivo. Con la mala racha de los últimos meses, y con toda una segunda vuelta sin ganar fuera de casa, sumar tres puntos frente al Villarreal B es ya trascendental. A ganar, y con confianza, que la Real sigue siendo líder.