martes, julio 28, 2009

Tres jugadores, la misma oportunidad

Desde que se produjo el descenso a Segunda División, la Real vive en el complicado alambre de tener la cantera como base tanto por necesidad como por elección. Hay que reconocer lo complejo de convencer a la gente de que haces lo que quieres cuando no tienes otra posibilidad. No es descabellado decir que el éxito o el fracaso de esa apuesta descansa ya casi exclusivamente en los jugadores que ahora mismo están en el primer equipo. Viéndolo con absoluta frialdad, el modelo será un éxito si llega el ascenso. Si no se consigue, casi todos lo darán por fracasado. Porque serían ya tres tentativas con esa hoja de ruta sin volver donde este equipo debe estar siempre. Porque los logros, los debuts y las buenas sensaciones quedan eclipsadas por el hecho de seguir un año más viendo Anoeta con sus gradas a medio poblar y con rivales que no despiertan ilusión.

Entre los jugadores de la cantera, los hay que ya llevan muchos años, que ya han demostrado, en mayor o menor medida, más o menos tiempo, un potencial suficiente al menos para vestir esta camiseta. Aranburu, Mikel González, Ansotegi, Labaka, Elustondo o Xabi Prieto formarían este grupo Los hay que acaban de aterrizar, y que todavía son capaces de despertar ilusión y progresar. Agirretxe es su cabeza visible, pero también hay que incluir a Sarasola, Esnaola, Viguera, Zubikarai y los que todavía están a caballo entre el Sanse y la Real. Pero hay tres jugadores en la primera plantilla realista que han salido ya de este segundo grupo pero no han encontrado acomodo en el primero. Y por eso están ante la oportunidad definitiva. Si esta temporada no demuestran su valía, algo que todavía no han terminado de hacer, estarán en una situación difícil. Me refiero a Carlos Martínez, Dani Estrada y Markel Bergara.

Los tres presentaron credenciales ilusionantes cuando llegaron al primer equipo. Charlie debutó con unas ganas que sus compañeros no demostraban y, siendo un defensa, aportó dos goles y mucho amor propio. Estrada ascendió al primer equipo, todavía en Primera División, con unos números anotadores en el Sanse muy interesantes para un extremo y con cierta polivalencia. Y Markel ha sido inernacional en todas las categorías y es de los pocos potrillos de los que venimos oyendo hablar desde hace años. Pero el primer equipo y lo que le rodea han devorado ya por completo las expectativas que se tenían en ellos. Hoy la gente recuerda del lateral su limitada técnica y sus muchas lesiones (de hecho, ahora mismo está lesionado y se va a perder buena parte de la pretemporada). Al extremo por no haber dejado huella cuando ha jugado y, dos campañas y media después, por no haber anotado todavía un solo gol con el primer equipo. Y al mediocentro por no haber podido suplir lo que Elustondo ofreció al equipo antes de lesionarse la pasada campaña y por no haber dado un auténtico salto de calidad, a pesar de haber dejado atrás las lesiones que le taparon en su primer año.

Todavía es pronto para saber el protagonismo que Martín Lasarte quiere dar a estos tres jugadores. Parece que, a pesar de la salida de Gerardo y de la baja de Carlos Martínez, la Real no va a fichar un lateral derecho y que el puesto se lo van a jugar el propio Carlos Martínez y Dani Estrada, con lo que al menos uno de los dos tendrá que dar un paso al frente si quiere triunfar en la Real. Da la sensación de que Markel lo va a tener mucho más complicado. Pugna con la credibilidad que se ganó Diego Rivas en el final de la temporada pasada (y con los elogios que le ha dedicado públicamente el entrenador), con la ilusión que despertó Elustondo en lo poco que pudo jugar, con la veteranía de Mikel Aranburu y con el empuje de los potrillos Illarramendi (se especula con el interés del Athletic y es internacional en categorías inferiores), Ros (una de las mejores noticias de la pasada campaña) y Albistegi (del que se habablan maravillas durante la anterior pretemporada, justo antes de que se lesionara de gravedad).

Pero lo cierto es que está todo en manos de Carlos, Dani y Markel. El éxito de cualquiera de estos tres jugadores, o de los tres, dará mayor credibilidad a la apuesta de cantera que debe ser siempre símbolo de este club. Y curará también algunas de las heridas que han dejado Castillo o Díaz de Cerio, jugadores que han menospreciado la posibilidad de vestir esta camiseta que tanto queremos. Reconozco que tengo más confianza en Carlos Martínez que en Estrada y Markel. Quizá porque del lateral esperaba menos y me ofreció mucho en su primera campaña. Quizá porque de los otros dos esperaba mucho y no he visto aún demasiado. Quizá los tres han pasado por ese síndrome de la segunda temporada, que tan difícil parece para tantos profesionales. Quizá. Pero ahora parten de cero, con una nueva oportunidad y con un entrenador que les acaba de conocer. Que tengan suerte, porque su suerte será, probablemente, la de la Real.

domingo, julio 19, 2009

Los que están y los que no

Siempre me ha gustado mucho ver la fotografía del equipo. Me ilusiona, me trae recuerdos, me despierta sensaciones. Me vale la fotografía de cualquier partido, pero sobre todo me gusta la del primer entrenamiento de la temporada. No importa el sufrimiento que tengas acumulado de la temporada anterior, ver esa imagen despierta en mí de nuevo la ilusión de lograr los objetivos. De volver a Primera. Comparas esa foto con la del año anterior y ya te puedes ir haciendo una idea de los que están. Y sobre todo de los que no están. Para mí ha sido un alivio que en esta foto no esté Xabi Castillo. Nos hemos librado en el último suspiro, apenas por unas horas, pero yo no quiero que esté en la Real un jugador que no quiera vestir su camiseta. Castillo hacía meses que no quería jugar en el equipo txuri urdin, y con eso ha conseguido que muchos deseemos con mucha más fuerza que él no juegue aquí. La operación de su venta, además, me parece formidable. Vamos a ganar mucho dinero con un jugador por el que no íbamos a ver casi nada.

Además de la agradecida ausencia de Castillo (y la de Díaz de Cerio, aunque ésta ya se había asumido y agradecido hace tiempo; da pena pensar que algún día volverán a Anoeta y serán silbados, pero es el camino que ellos mismos han elegido), esta foto permite sacar otras conclusiones. La primera es una que llevamos demasiado tiempo viendo. Después de casi un mes de continua burla sobre la llegada de Johnathan Estrada, ahora parece que la actitud es la contraria. Ahora se apuesta por él como elemento ilusionante. Que si ha marcado un buen gol en el entrenamiento, que si deja detalles interesantes... Sigo sin entender esta espiral de opiniones e ideas contradictorias que nos rodea por intereses que no comprendo. Me temo que pasará lo mismo si Carlos Bueno se convierte finalmente en jugador de la Real. Todas las informaciones que se han publicado estos días se olvidarán, incluso se negarán, si ambos jugadores rinden y se convierten en los extranjeros que tienen que marcar la diferencia. Pero por lo visto interesa más difamar antes que conocer.

No voy a presumir de que conozco a jugadores a los que no he visto jugar nunca, ni siquiera a algunos que he visto poco, como Nsue. No sé si los nuevos elevarán el nivel de la plantilla, como tampoco sé la respuesta que ofrecerán los potrillos que suben del Sanse. Pero lo que sí sé es que esta plantilla, al margen de las decisiones que pueda no compartir del club y del director deportivo, o del rendimiento que dé el nuevo entrenador, Marín Lasarte (al que tampoco voy a juzgar sin conocer), me sigue gustando. Lo que conozco me gusta. Su base me ilusiona. Ya sé que a la mayoría no, que muchos prefieren pensar que la defensa es un coladero liderado por Labaka, aunque fuera la menos goleada de la temporada pasada. Ya sé que muchos creen que no tenemos capacidad de construcción en el centro del campo, despreciando lo que puede ofrecer lo que nos ha dado Zubieta. Que la mayoría apuesta por que Estrada y Bueno sean más como Dramé y Germán Herrera antes que como Savio y Nihat. Que Aranburu está acabado y que Xabi Prieto no será el líder de este equipo.

A mí, en cambio, me produce una enorme tranquilidad saber que tenemos cuatro de los mejores porteros de la categoría, que incluso son mejores que muchos de Primera. Me da igual a quién se pueda traspasar y quién jugará, confío por completo en los cuatro. Me gusta que mantengamos a los tres centrales de la temporada pasada, aunque sigo pensando que un Schurrer les haría crecer a todos una barbaridad. Me gusta, aunque sé que no es popular, que los laterales sean jóvenes y de la cantera. Me gusta el fútbol que puede generar el centro del campo, porque, sí, creo que tiene esa capacidad aunque la temporada pasada no la mostrara demasiado. Me gusta que Zubieta siga surtiendo a este equipo de jugadores interesantes, aún en las peores circunstancias y cuando muchos prefieren fijarse en los que se van antes que en los que se quedan. Me entusiasma que se quiera dar el liderazgo a Xabi Prieto, porque creo que puede y debe asumirlo, dejarse de excusas y demostrar de una vez por todas que es el mejor jugador de la categoría. Y me gusta mucho, muchísimo, que Agirretxe nos haya hecho olvidar tan pronto a Díaz de Cerio.

Obviamente, esta plantilla no es perfecta. Tampoco se ha terminado de construir, por otra parte. Pero se suele perder de vista con demasiada facilidad las circunstancias en las que vivimos. Estamos en Segunda División y en pleno proceso concursal. Hoy, por regla general, no vendrían a la Real jugadores como Savio, Mark González, Nihat o Kovacevic. Hoy sigue habiendo canteranos que cambian una carrera de txuri urdin por cinco minutos de fama en Primera. Y hoy no hay capacidad de fichar jugadores. Por eso, independientemente del resultado que den al final, el perfil de los jugadores que están viniendo es el único que se puede manejar: jugadores extranjeros de segundo nivel (como Estrada), suplentes en Primera (como Nacho) y jugadores jóvenes cedidos (como Fran Mérida o Nsue). La Real es grande, pero no confundamos la grandeza de su Historia con el momento actual. Estamos donde estamos y contamos con lo que contamos. Para mí puede ser suficiente si las cosas no se tuercen. Hace un año, Lillo sólo pedía que no hubiera lesiones. Yo pido algo más. Que además de no tener mala suerte, tengamos una pizca de la buena. Con eso, podremos subir. El 20 de junio de 2010, que nadie pierda de vista el objetivo.

lunes, julio 13, 2009

El rival del centenario

Cuando uno repasa la Historia de la Real, se da cuenta de que no son muchos los equipos que han tenido una verdadera presencia, que han estado en los momentos más importantes de la ya casi centenaria trayectoria de este club, que han definido lo que es de verdad el equipo txuri urdin. El Athletic de Bilbao podría ser uno de ellos, además de por la rivalidad geográfica porque estuvo en la inauguración de Atotxa y fue el primer rival en Liga. El Barcelona es otro, como rival de todas las finales de Copa que disputó el equipo txuri urdin, excepción hecha de la de 1987, en la que derrotó al Atlético de Madrid. Pero mi percepción siempre ha sido que el equipo que marca la Historia de la Real, por completo y por encima de todos los demás, es el Real Madrid. Fue el equipo madridista el rival de las Ligas que se escaparon en 1980 y 2003. Fue el que sucumbió al poder de los Arconada, Zamora, Satrústegui y López Ufarte en 1981. Fue el que cayó derrotado en la primera Supercopa de la Historia, la que está en las vitrinas de la Real. Y fue el equipo contra el que se inauguró Anoeta.

Para mí, esos son motivos más que suficientes para justificar la presencia del Real Madrid en el partido que servirá para conmemorar el centenario del club, a pesar de que me consta que no ha sentado bien a algunos realistas. Si se piensa en frío, lo cierto es que es un inmenso acierto, un logro y un alivio la presencia del Madrid. Quizá no era para algunos el rival soñado, pero dadas las circunstancias actuales en las que vive la Real, es lo mejor que se podía conseguir. Y no es un rival precisamente malo. A los motivos históricos hay que unir el millonario proyecto de Florentino Pérez, lo que servirá para que Anoeta vea a un equipo con figuras de talla mundial como Cristiano Ronaldo, Kaká, Benzema, Casillas... y los que quedan por venir. Si Xabi Alonso ficha finalmente por el Madrid (o Claudio Bravo, cosa que no parece que esté todavía descartada), el partido servirá también para saludar a viejos conocidos (Manzisidor el primero), profesionales que mantienen el respeto de los realistas porque supieron salir del club txuri urdin como sólo lo hacen los grandes.

Hay gente que no entiende que el rival sea el Real Madrid. Para mí, la relevancia del club blanco en nuestra Historia y en la del fútbol mundial le convierten en uno de los rivales ideales para un encuentro de estas características. Pero hay más. Hoy por hoy el Real Madrid es un equipo inalcanzable para la Real. Así de claro, así de cierto, así de triste. No juega en Anoeta desde 2007 porque ese es el año en el que la Real bajó al pozo de la Segunda División. Toda la historia que hemos tenido contra el club blanco le ha convertido, probablemente para casi todos los realistas, en el rival al que más gusta vencer. Hace dos años que no tenemos la oportunidad de retarnos con ellos sobre un campo de fútbol. Dos larguísimos años. Y no le vencemos desde aquella gloriosa tarde de 2003. Entonces jugaban Ronaldo, Zidane, Figo y los demás galácticos. Quien diga que no guarda aquella tarde como una de las más grandes de su vida txuri urdin por lo que pueda pensar del Real Madrid, se engaña. Aquella tarde fue de las grandes porque el rival era de los grandes.

Hay quien piensa que el rival tendría que haber sido extranjero, para dar así más renombre a esta cita. Pero ahí nos encontramos con varios problemas. Se habló de Boca Juniors (que fue el rival del partido con el que se conmemoró el 75 aniversario del club), pero todos sabemos que el tirón de este equipo no es el mismo que el de otros conjuntos europeos. Se habló del Liverpool (y hubiera sido algo emotivo porque, junto con el Inter, es el rival europeo más recordado de la trayectoria de la Real por el Viejo Continente), pero en las fechas que se barajaban los equipos ingleses están ya con la temporada iniciada. Y en cuanto al dinero, hay que ser conscientes de que casi nadie hace favores a cambio de nada. La Real no puede permitirse el lujo de pagar lo que un equipo de nivel está acostumbrado a recaudar, porque no tiene ese dinero, y los administradores concursales, si están en su sano juicio, no pueden autorizar el pago de una ingente cantidad de euros a cambio de una apuesta por recuperar algo de dinero con los derechos televisivos y la taquilla.

Y ahí entramos en la parte más esencial de lo que significa la elección del Real Madrid. No se conocen los pormenores del acuerdo firmado con el Real Madrid (todavía; espero que se hagan públicos los detalles de este partido, y las presentaciones de los nuevos jugadores realistas son buenas oportunidades para interrogar sobre ello al presidente, Jokin Aperribay), pero lo que todo el mundo da por seguro es que el club blanco no cobra un euro por su presencia en Anoeta. Sí se llevará, siempre según todas las informaciones que se han publicado, un porcentaje de taquilla y derechos televisivos. Hay que ser claros y decir que este partido no se podría jugar si el equipo invitado quisiera cobrar, luego la presencia del Real Madrid es algo que tiene que ser agradecido. Además, por mucho que se lleve de taquilla y televisión, las ganancias de Florentino Pérez se quedarán muy lejos de lo que su equipo podría conseguir jugando un amistoso en cualquier otro lugar el día 15 de agosto. Y en las arcas de la Real también se quedará algo, que por poco que sea es siempre una buena noticia habida cuenta de la situación de las finanzas del club. El Madrid prácticamente garantiza el lleno, como lo hacía en sus visitas ligueras y como lo hizo en la inauguración de Anoeta.

Se ha publicado que el Barcelona (que, por cierto, tiene como director deportivo al ex realista Txiki Begiristain sin que eso se haya notado en ningún aspecto de las relaciones con la entidad culé) sí quería cobrar por anticipado para venir al partido del centenario. Es de dominio público que hay mayor simpatía entre el aficionado realista por el Barcelona antes que por el Madrid, y que sean los blancos los que vengan a este partido no va a cambiar nada, eso es evidente. Pero lo cortés no quita lo valiente. El Barça tricampeón, siendo también otro rival de primerísimo nivel para este evento, no ha querido mojarse tanto como lo ha hecho el Real Madrid. Llevo años oyendo hablar a gente de la Real del magnífico trato que siempre reciben en la casa blanca (el Real, y eso no es de dominio público, prestó toda su colaboración a la Real en tareas logísticas y organizativas cuando los nuestros dieron el salto a la Champions League y me consta que en la Ciudad Deportiva, como ahora en Valdebebas, siempre se ha tratado de maravilla al equipo txuri urdin), y añado esta gentileza a esos comentarios.

Para mí, y al margen del porcentaje de los beneficios que se lleve, es un detalle imprescindible de agradecer y recordar que el Real Madrid esté en una fecha que debe ser simbólica y hermosa para todos. Para mí, será como un partido de competición, en el que una vez más querré ganar al Real Madrid como sea. Y espero que el mejor acto del centenario sea el ascenso en 2010, para que ésta del 15 de agosto sea la última vez que tengo que imaginarme que el Real Madrid es un rival en partido oficial.

viernes, julio 10, 2009

Elche, 20 de junio

Estamos ya con Martín Lasarte a punto de aterrizar en San Sebastián y sin fichajes totalmente cerrados y confirmados, pero con un objetivo muy claro. Tercera temporada en Segunda División y el mismo final deseado: el ascenso. Como la Real vive en un universo en el que las casualidades están a la orden del día, comenzará y finalizará la temporada 2009-2010 ante los mismos rivales que los que inició y acabó la 2008-2009, Las Palmas y Elche. La ciudad alicantina, nuevamente, vuelve a ser el lugar en el que se ansía la fiesta final por el ascenso, la que este año no pudo ser a pesar de la victoria con goles de Agirretxe y Elustondo. Y puestos a buscar curiosidades que nos permitan mirar el futuro con optimismo, resulta que el Elche no le ha ganado a la Real desde que volvimos a Segunda y Las Palmas es el único equipo ante el cual el conjunto txuri urdin sólo conoce la victoria en los cuatro enfrentamientos disputados desde el descenso.

Me gusta mirar con optimismo esa pequeña curiosidad y me gusta mirar con optimismo el calendario. El inicio, excepción hecha del partido en Las Palmas (que va a ser complicado), me parece asequible. Tras los canarios, jugaremos en casa ante Murcia, Girona y Huesca, y fuera ante el Nastic. La temporada pasada la Real ganó esos cinco partidos, y, teniendo tres encuentros en casa, no sería descabellado pensar en un objetivo de al menos doce puntos a finales de septiembre. No, desde luego, si queremos ser ambiciosos. La primera vuelta nos deja las visitas a Soria, Alicante y Vallecas, las plazas más difíciles del campeonato. Numancia, Hércules y Rayo tendrán que venir a Anoeta cuando los puntos empiecen a ser ya vitales. El Betis jugará ante la Real primero en San Sebastián y después como local. Para el derbi contra el Real Unión habrá que esperar hasta el 6 de diciembre. Y mucho ojo con el complicado final de Liga que, siempre a priori, nos espera: en las cinco últimas jornadas visitaremos a Betis y Cádiz y recibiremos al Celta antes del final en Elche.

El objetivo es claro y mi mirada sigue mantiendo el optimismo, pero el ambiente general sobre el club sigue siendo el mismo. Sigo pensando que Chris Coleman tenía más razón que un santo cuando lamentó la negatividad que rodeaba al equipo cuando él ocupaba el banquillo de Anoeta. Esa sensación lleva presente mucho tiempo en la Real, quizás desde la segunda campaña de Bernd Krauss (con el breve y hermosísimo paréntesis de la temporada del subcampeonato). Demasiado tiempo. Y eso lastra, aunque muchos prefieran ponerse la venda sobre los ojos o mirar hacia otro lado. No consigo quitarme de encima la sensación de que muchos prefieren un fracaso (más) que achacar a sus enemigos antes que un triunfo de la Real que esas mismas personas puedan apuntarse. Y eso es algo que ya hemos vivido y que sabemos de sobra que no ayuda.

Hay gente ávida de sacar las garras para despedezar a todo aquel que tenga algo que ver con el fichaje aún no concretado de Estrada. Es obvio que cuesta creer que un jugador con el que se cerró un acuerdo hace 20 días todavía no esté en San Sebastián y haya firmado su contrato. Pero la situación se me asemeja mucho a la que vivimos hace un año con Villanueva, el chileno que quiso traer Badiola, que incluso pasó reconocimiento médico en tierras guipuzcoanas y que al final, por motivos económicos derivados del no ascenso a Primera y la entrada en proceso concursal, no vino. ¿Salió ganando la Real de aquellos dardos cruzados? Seguro que no. Tampoco saldrá ganando de todo lo que se está diciendo sobre Estrada, máxime cuando todavía no sabemos si estará o no en la Real, si ha sido él culpable del retraso y si son realmente suyos actos y manifestaciones que se le han atribuído desde la distancia. Esperemos a ver qué pasa y después valoraremos.

También hay gente dispuesta a criticar la situación de Castillo, sea cual sea la resolución de este asunto. ¿Que se queda? Malo. ¿Que se va al extranjero? Malo. ¿Que se va al Racing o al Depor? Malo. No puede ser que todo lo veamos desde un prisma negativo. Que saquemos cerca de medio millón por un jugador que se va a ir gratis al extranjero ahora o donde quiera dentro de un año es una buena noticia, se mire por donde se mire, y al margen de la tasación de dos millones que se le impuso para valorar los derechos de formación. Hace apenas siete meses, se dijo de todo cuando Badiola traspasó a Balenziaga al Athletic por un millón. Y ahora resulta que Caparrós no cuenta de momento con él y busca un lateral izquierdo en el mercado. Fue una operación necesaria en su momento y ahora, visto el resultado, fue una buena operación. Aunque en su momento fuera un arma arrojadiza más en esta absurda guerra. Castillo y Balenziaga debieran hacernos abrir los ojos, pero no hay manera.

No nos calentemos la cabeza todavía con el futuro de Bravo, de Riesgo, de Bueno, de De la Bella o de cualquiera que pueda llegar o salir de este equipo. Lo dije el año pasado y lo dije hace dos: creo que la Real tiene una buena base para luchar por el ascenso, pero ese objetivo depende de muchas cosas que no están en manos de la Real. Por ejemplo, de los arbitrajes (espléndida noticia que González González haya subido a Primera, pero... ¿por qué demonios sube a Primera un árbitro tan incompetente y poco preparado? Demasiadas veces se nos empuja a pensar mal...). Por ejemplo, de los golpes de suerte del calendario (este año la Real tiene en dos ocasiones dos partidos seguidos en casa, y seis puntos consecutivos relanzan mucho, como hemos podido comprobar este año... precisamente por no haberlos conseguido durante buena parte del campeonato). Y por ejemplo de la fortuna que tengan los buenos fichajes (porque Necati era un fichaje a priori objetivamente bueno y su resultado ha sido nefasto).

Manteniendo la fortaleza defensiva que deja Lillo como legado y con un delantero que se acerque a los 20 goles (los 16 de Díaz de Cerio hace dos nos dejaron a las puertas del ascenso; si los once de Abreu en medio año hubieran sido 22 en toda la campaña, quién sabe...), el objetivo de subir a Primera estará mucho más cerca. Elche, 20 de junio. Ya está anotada la fecha en rojo en mi calendario. Es el día del ascenso. Tiene que serlo. Ya nos lo vamos mereciendo después de tantos golpes.

jueves, julio 02, 2009

Oscurantismo y confusión

Cuando se ha hablado del oscurantismo que ha rodeado a la Real en los últimos años, se suele hacer referencia a la propia institución, a las cuentas, a la economía. Creo que ese mal que ha aquejado al club desde hace demasiado tiempo está ya fuera de toda duda. Todos asumimos que, en mayor o menor medida, ha existido desde que Luis Uranga dejó la Presidencia y seguirá existiendo en el futuro, y no nos queda más remedio que considerarlo parte del paisaje (más allá del recurso del pataleo). Por desgracia, claro. Pero el oscurantismo y la confusión también han dado el salto a la parcela deportiva, a lo que más nos tiene que preocupar a quienes vivimos la Real desde fuera, a quienes nos dejamos la voz, el alma y el corazón por los once jugadores que defienden la camiseta txuri urdin sobre el campo a lo largo de cada temporada.

Casi parece obvio decir que ha habido mucho oscurantismo en el caso de Iñigo Díaz de Cerio, y suena casi a cachondeo que el ya jugador del Athletic diga que siempre ha ido de frente con la Real (es casi tan hilarante como escuchar a un producto de Zubieta afirmar sin rubor alguno que en Bilbao está como en casa). Nunca hemos sabido cuándo se interesó el Athletic por él, cuándo decidió escucharles, si el club le dijo que pensaba venderle en el mercado de invierno en el caso de que no quisiera renovar, ni los motivos por los que ha retrasado tanto el anuncio de su destino, cantado para todo el mundo desde el día en que afirmó que no seguiría en la Real, e incluso mucho antes. También es oscurantista que nadie detalle las razones por las que no renovó. Dimes y diretes, apuntes más o menos maliciosos de un bando u otro, pero nadie nos lo aclara. Ni el jugador, ni el club, ni quienes conocen la historia. Oscurantismo puro.

Hablaba recientemente de la sorpresa que me causó que los nombres de Oskitz Estefanía y Giovanni Sio estuvieran en la lista de bajas del Sanse. Sobre el primero se ha llegado a insinuar que había orden de arriba de que no diera el salto al primer equipo. ¿Orden de quién? ¿Por qué motivo? Del segundo, hay que rebuscar en foros para encontrar que podría haber sido el protagonista y causante de alguna pelea en el vestuario de Zubieta y que la razón para su salida del club es completamente extradeportiva y disciplinaria. ¿Tan difícil es salir a explicar los motivos por los que se prescinde de cada jugador? ¿No piensan el Consejo y el director deportivo que la gente se quedaría más tranquila si supiera por qué toman determinadas decisiones? El oscurantismo no ayuda, más bien al contrario. Pongamos por caso ahora que estos dos jugadores fichan por un equipo de Segunda y consiguen metas personales y colectivas como las que ansía la Real. ¿Quién saldrá entonces a explicar por qué se prescindió de ellos? La respuesta es obvia: nadie. Llegado el caso, veremos más oscurantismo.

La confusión se extiende sin control y, como siempre, el gran perjudicado es el equipo. A día de hoy no sabemos si la Real quiere que Gerardo continúe, si depende de que venga algún otro jugador o si directamente no quieren saber nada de él. Si no viste la camiseta txuri urdin la próxima temporada, será uno de los muchos jugadores que se han marchado del club sin poder despedirse de la afición. Y un profesional de los pies a la cabeza como Gerardo merecía sin duda esa oportunidad, la misma que no tuvieron tipos que han jugado en la Real durante mucho más tiempo, gente como Aranzabal o Kovacevic. Todavía resuenan en mi cabeza las palabras que dijo Darko al marcharse: "Me han tratado como una bolsa de basura". Esas son las cosas que engrandecen o destrozan la imagen de un club, y la nuestra ahora mismo no pasa por su mejor momento. Y todo por no ir con la verdad por delante. Si a Darko le hubieran dicho que no contaban con él, se podría haber despedido de la afición. Y todo el mundo habría quedado bien.

En el mercado de fichajes, la confusión es prácticamente inevitable, y en ese terreno suele ser hasta un punto a favor. No es bueno enseñar las cartas antes de que acabe la partida, y ese fue el motivo por el que se criticó que el Consejo tasara a Riesgo y Bravo en 1,6 millones (la pregunta ahora mismo no parece ya si se llegará a esa cifra, sino si la Real conseguirá que ambos porteros salgan de la plantilla; de no hacerlo, se encuentra con el problema de contar con cuatro guardametas). Pero hasta para eso la Real es especial. Hoy dos periódicos distintos ofrecen declaraciones de dos representantes igualmente diferentes del sevillista Armenteros para decir, y esto ya es el colmo, cosas diametralmente opuestas. En Mundo Deportivo leemos a un representante diciendo que no sabe nada y que, de haber algo, él sería el primero en enterarse. En Noticias de Gipuzkoa leemos a otro representante que habla incluso de una reunión con la Real (¡y al propio Armenteros halagado por el interés!).

Vivimos instalados en el oscurantismo y la confusión. Y de ahí nada bueno puede salir. Nada bueno ha salido de ahí en los últimos años, algo de lo que puede dar fe la situación en la que se halla el club: con el equipo en Segunda División, en proceso concursal y con una plantilla a medio construir y con demasiados temores de miembros que decidan seguir el mismo camino de Díaz de Cerio o Castillo en el futuro (¿Asier Riesgo, Mikel González...?). Pero parece que todavía no hemos aprendido. Desde fuera sólo podemos gritar lo que pasa, no vaya a ser que alguien, por fin, escuche nuestras peticiones de ayuda.

martes, junio 30, 2009

Formas de despedirse

La Real Sociedad 2008-2009 pasa hoy a la Historia. Hoy se acaba oficialmente la temporada, hoy finaliza el contrato de muchos integrantes de la plantilla y hoy comienza el futuro, la Real 2009-2010, la que debe asumir el reto, por tercera temporada consecutiva, de volver a la Primera División. Y con el fin de la temporada, afrontamos una nueva remodelación inmensa de la plantilla. Desde que el equipo dio con sus huesos en la categoría de plata, los grandes cambios han estado a la orden del día, y este verano no va a ser una excepción. Con seguridad, dejan el equipo ocho jugadores y podría irse alguno más. Lo dije hace tiempo y lo repito ahora, a mí no me preocupa que a día de hoy la Real tenga sólo 16 jugadores. Cuando empiece la temporada, tendrá los 22 que ha puesto como mínimo Martín Lasarte, aunque haya que recurrir a más chavales del filial. Pero sí me llama la atención la forma en que algunos se van. Siempre ha habido clases.

Si alguien merece abrir esta entrada y ser el primero en recibir mis elogios, ese es Juanma Lillo. "Estoy muy orgulloso de haber pertenecido a la historia de la Real, pero me da mucha pena no haber pasado a la historia de la Real, desde la perspectiva del ascenso", dijo el técnico en su última rueda de prensa en Zubieta. Lo dijo y lo siente, a diferencia de otros técnicos que han pasado por la Real como, sin ir más lejos, Miguel Ángel Lotina, quien se despidió con lágrimas en los ojos pero con un contrato ya firmado con el Depor y sin echar nunca la mirada atrás a ver cómo nos iba. Por descontado, ser realista (de la Real) no te hace mejor entrenador ni garantiza resultados, pero sí es algo que gusta ver de vez en cuando en un club de honda tradición y sentimentalismo como el nuestro. Y más en tiempos oscuros, cuando parece que demasiada gente se mueve por interés propio y no por el bien del equipo que tendría que unirnos a todos. Lillo no quiere jugar contra la Real el año que viene. Yo tampoco quiero jugar contra él. Y la razón es la misma.

Sin haberse ido todavía (y quién sabe a estas alturas si se marchará), es también obligado hablar de Bravo. "Ojalá salga lo que sea lo mejor para la Real, porque también se lo merece. Espero que sea bueno para ambas partes. No quiero ser egoísta, que nos beneficie a los dos y, si no, me quedo tan bien como he estado siempre. Quiero ayudar porque las cosas no están bien en el plano económico", afirmó antes de que acabara la temporada y cuando su nombre se vinculó a equipos como el Real Madrid. Pocas veces veremos a alguien tan profesional (y a la vez tan buen futbolista) como Claudio Bravo. Encajó su suplencia en Segunda, siendo un portero internacional, como nunca habríamos imaginado. Y cuando tuvo que jugar nos demostró que tiene muchísimo nivel sin ponerse por encima de nadie. Por eso ha encajado tan bien en la Real siendo como es un portero extranjero. En ocasiones hace falta que alguien de fuera nos recuerde los valores de esta casa, lo importante que es la supervivencia de la Real sin que eso frene lo más mínimo las legítimas aspiraciones de los jugadores que visten en algún momento la camiseta txuri urdin.

Eso es lo que nos han enseñado, pero desde el lado más triste, Iñigo Díaz de Cerio y Xabi Castillo. Para el primero, la Real no era la mejor opción. Para el segundo, seguir vistiendo su camiseta en Segunda es inviable. El primero ya es jugador del Athletic de Bilbao y, aunque podía haberlo anunciado el 1 de enero, no lo ha hecho hasta ahora, él sabrá por qué. El segundo negocia con varios equipos, pero no tenía nada firmado cuando anunció su marcha porque hasta el paro debía ser mejor que la Real. Ni uno ni otro se han despedido de la afición txuri urdin. Y lo que es más triste, la afición de la Real no ha sentido necesidad alguna de despedirse de ellos. Es indudable que van a dar un paso adelante en sus carreras y, probablemente, ambos jueguen competición europea la próxima campaña. Pero los realistas no van a seguir a sus nuevos equipos ni se van a alegrar de sus éxitos. No han sabido salir de la Real y eso les perseguirá siempre, porque algún día volverán a Anoeta y no serán aplaudidos.

Tampoco supieron marcharse Necati y Abreu. El turco se borró del último partido, aduciendo que le reclamaba su equipo de origen, el Galatasaray. El uruguayo también se borró, con unas molestias y un viaje a Grecia para ser presentado por su nuevo equipo. Está claro que nada se jugaba la Real en Elche, pero los dos demostraron poco compañerismo hacia quienes han compartido vestuario con ellos en la última temporada. Gerardo, Marcos y Moha tampoco continúan en la Real (aunque los dos primeros todavía tienen posibilidades de vestir la camiseta del centenario), y sin embargo estuvieron en el Martínez Valero, jugando de txuri urdin. ¿Por qué? Porque sí, porque el simple hecho de llevar ese escudo tiene que significar algo. O, como poco, tendría que moverles la necesidad de cumplir los contratos, porque ni Necati ni Abreu tenían cláusulas que les liberasen en algún momento en caso de perder las opciones de subir.

Si hablamos de despedidas, es también obligado mencionar a Xabier Manzisidor. Que la Real tenga en la portería su mejor línea de los últimos años es en buena medida gracias a él. Es un pedazo de profesional que se va de la Real sin hablar mal del club y con una evidente mejora profesional en el horizonte: el Real Madrid. Llevo una semana augurando que Iker Casillas va a jugar la mejor temporada de su vida. Y en el Sanse también hay noticias sorprendentes. Deja el club Oskitz Estefanía. Algo hemos hecho mal si un chaval del que llevamos oyendo hablar desde que tenía quince años se va con 22, sin haber dado nunca el salto y habiendo jugado sólo nueve partidos con el primer equipo. Y también se va Giovanni Sio, al que Lillo sacó tres veces esta temporada. Me sorprendió que no jugara más entonces y ahora me sorprende su baja. Me dejan un sabor amargo estas dos despedidas. Y alguna que otra incógnita sobre lo que no sabemos.

sábado, junio 27, 2009

Resumen de la temporada (y 6). Bendita afición

En demasiadas ocasiones parece que no somos conscientes del patrimonio que constituye para la Real su afición. Y yo no me canso de recordarlo cada vez que tengo la ocasión. En cada campo de la Segunda División y a lo largo de esta temporada 2008-2009, como en años anteriores e inasequibles al desaliento, el equipo se ha encontrado camisetas blancas y azules. En mayor o menos cantidad dependiendo de la presencia de peñas en la zona o de la cercanía con San Sebastián que facilite los desplazamientos en el mismo día del partido, pero siempre hay gente de la Real viendo a sus jugadores. No importa que llueva, que haga un sol de justicia, que haya opciones de subir a Primera o que sea un partido intrascendente. Siempre hay realistas, siempre hay afición de la Real. Y eso, en la situación en la que está inmerso el club deportiva y económicamente, no tiene precio.

Los desplazamientos de la Real a los distintos campos de Segunda División han tenido un aliciente más, el centenario del club. Las pequeñas celebraciones con las peñas de cada zona han demostrado que el sentimiento txuri urdin está muy vivo en todas partes, que estar en Primera o cosechando éxitos no define al realista de corazón. Y eso, comparándolo con la situación que han vivido otros equipos en su paso por Segunda o en épocas de vacas flacas, tampoco tiene precio. Los realistas anteponen el interés de los suyos y el amor por unos colores a cualquier circunstancia. Sobrados ejemplos ha habido en la Liga de lo contrario, desde el abandono total a los suyos de aficiones como la del Celta o de conflictos sociales como los que acaba de vivir el Betis en su descenso a Segunda. Los realistas no. Los realistas siempre están ahí.

No siempre se valora como se debiera este seguimiento incondicional del equipo y parece que gusta más recrearse en lo malo que en lo bueno. Y lo malo, sin duda alguna, es que la asistencia a Anoeta ha tocado fondo. El último partido de Liga en casa, ante el Levante, fue el de menor asistencia en la todavía corta historia del recinto del barrio de Amara, menos de 10.000 espectadores. Pero yo prefiero mirarlo desde el otro lado. Casi 10.000 realistas decidieron que, en una tarde veraniega que invitaba más a ir a la playa que a un campo de fútbol, sin nada en juego sobre el césped y con media plantilla de baja, decidieron ir a ver a su Real. Porque sí, simplemente porque jugaba la Real. Casi 10.000 ese día, pero una media de 17.000 a lo largo de toda la temporada, más que en bastantes campos de Primera División. Está claro que eso no es más que media entrada del recinto realista, pero la cifra no puede ser tan desdeñada como se ha hecho en demasiadas ocasiones.
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La temporada pasada Iñaki Badiola apostó por llenar el campo a cualquier precio y esta campaña Jokin Aperribay prefirió lanzar una campaña de abonos para los últimos partidos que dejó un dinero interesante, y más en la situación económica en la que se mueve la entidad, pero que no pobló las gradas. Al menos, no marcó diferencias con lo que ya había, porque en un estadio de 32.000 espectadores no se nota que haya 300 personas más o menos. Para el espectador es indudablemente más bonito ver abarrotado un estadio como el de Anoeta, que ha acogido partidos de Champions, y por eso deja una cierta sensación de vacío que sólo haya media entrada. Pero hay que valorar esa media entrada como se merece. En Segunda, sólo el éxito de los equipos que han subido a Primera División ha catapultado la asistencia a otros campos a cifras mayores que las de Anoeta. Sólo eso. En Segunda hay estadios con mucha capacidad pero mucho más vacíos que Anoeta.
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Y cuando se acaba la temporada con partidos todavía por jugar, el abandono a los equipos es mucho más acusado fuera de Donosti, no hay más que ver el triste estado de las gradas en el último partido de la Real, en el Martínez Valero de Elche. Insisto: 10.000 personas vieron el intrascendente Real Sociedad - Levante. A eso hay que sumar que el número de abonados se mantiene más o menos inalterable desde que este equipo sufrió el golpe más duro en décadas, el descenso a Segunda, y la próxima temporada no tengo ninguna duda de que 17.000 fieles seguirán manteniendo la media de asistencia a Anoeta. Y centenares de realistas viajarán con el equipo para demostrarle su apoyo incondicional. Si una segunda temporada en Segunda sin posibilidades reales de alcanzar el objetivo del ascenso durante tantos meses no ha podido con ellos, nada lo hará. Y como la Real cumpla el sueño de volver a Primera en junio de 2010, habrá más realistas. Y se harán notar. Bendita afición.

viernes, junio 26, 2009

Resumen de la temporada (5). Detalles

· Anoeta, más lejos de ser un fortín
La Real nunca consiguió hacer de su propio estadio el fortín necesario para subir a Primera División. Nada menos que 30 puntos (el año pasado fueron 27, con lo que se puede concluir que es un problema conocido que está más lejos de encontrar solución) dejó escapar jugando como local, lo que se traduce en cuatro derrotas y nueve empates. Ganar sólo ocho partidos como local entierra las opciones de cualquier. En casa, la Real sólo ha sido capaz de marcar 20 goles, menos de uno por partido. Las primeras partes han sido especialmente aburridas en este aspecto, y es que Anoeta vio un 0-0 al descanso en 13 de los 21 partidos jugados Y, para rematar esta nefasta estadística, ha sumado más puntos como visitante (34) que como local (33)

· Ni contra los de arriba, ni contra los de abajo
A la Real le fallaron las fuerzas en los enfrentamientos directos y en los duelos contra los equipos de peor nivel. Contra los tres equipos que subieron, los de Lillo apenas fueron capaces de sumar una victoria, ante el Xerez, aunque también es cierto que sólo el Tenerife fue capaz de derrotar a los realistas. Pero cuatro empates en seis partidos contra estos oponentes son demasiados, a lo que hay añadir el lastre de no tener averages a favor. Si a los tres ascendidos sumamos los dos siguientes equipos en la tabla (Hércules y Rayo), el dato es aún peor: sólo nueve puntos de 30 posibles.

Algo parecido ha sucedido con los peores equipos de la tabla. Contra los cuatro descendidos, la Real sólo fue capaz de vencer en tres de los ocho partidos jugados, ante el Alicante los dos (1-2 fuera) y el Sevilla Atlético, los dos de Anoeta por 1-0, sumando un total de trece puntos de 24 posibles. Pocos para la diferencia de nivel con respecto a estos conjuntos. La Real venció sus dos partidos de la temporada ante Las Palmas, Huesca, Alicante y Salamanca. En el otro lado de la balanza, y es un dato a destacar y aplaudir, no hay ningún equipo que venciera en ambas ocasiones a los de Lillo. Eso sí, los realistas no pudieron ganar a demasiados equipos, nada menos que ocho: Zaragoza (sí le derrotó en la Copa), Hércules, Alavés, Eibar, Tenerife, Celta, Córdoba y Rayo Vallecano.

· Cayeron dos líderes
A pesar de las malas estadísticas que presenta la Real contra los equipo de arriba, lo cierto es que logró vencer a dos equipos que se presentaron ante los realistas como líderes. En la primera vuelta el que sucumbió ante el conjunto txuri urdin fue el Salamanca (equipo que se desplomó y acabó más lejos que la Real de los puestos de ascenso), 1-0 con gol de Ansotegi en el descuento. En la segunda vuelta, el Xerez (que terminó ascendiendo como campeón de la categoría) sufrió una severa derrota en casa ante la Real por 1-3, los tres tantos anotados por Abreu, los tres a pase de Marcos.

· Bravo, Zamora de Segunda
La mejor noticia individual que deja la temporada es que el portero titular de la Real, Claudio Bravo, se proclamó Zamora de Segunda junto con el meta del Rayo Vallecano, Cobeño. Ambos comparten coeficiente, 0,88 goles por partido jugado, aunque el realista jugó sólo 32 partidos y el rayista 40. Nunca antes un portero txuri urdin había sido el menos batido en su paso por la Segunda División, y en la máxima categoría del fútbol español sólo Luis Arconada se había alzado con este galardón, en tres ocasiones consecutivas (79-80, 80-81 y 81-82), una racha que ningún portero ha conseguido igualar nunca.

· Doce goleadores diferentes
Hasta doce realistas han marcado al menos un gol. Y es sintomático que haya catorce jugadores de campo que han disputado más minutos que los dos máximos goleadores del equipo, Abreu (11) y Agirretxe (8). Ha pesado demasiado la escasez de aportación, apenas cinco goles en total, de dos de los delanteros del equipo, aunque los motivos de uno y otro han sido bien distintos (Díaz de Cerio por lesión, Necati por falta de efectividad). Con estas cifras tan bajas, es lógico que ningún realista haya luchado por el Pichichi de Segunda, premio que logró el tinerfeñista Nino con 29 tantos.

· Muchos goles en los cinco últimos minutos
Los finales de partido esta temporada han sido de todo menos tranquilos. Además de ser la Real un equipo de marcadores cortos, hasta en doce partidos se registró algún gol en los últimos cinco minutos. Y la estadística, al final, ha sido más pareja de lo que pareció en algún momento de la temporada, en el que se le fueron demasiados puntos a los realistas. Los de Lillo consiguieron nueve puntos con algún gol en esos cinco minutos decisivos, deshaciendo las tablas que campeaban en el marcador ante Salamanca, Albacete (estos dos en Anoeta) Nastic y Elche (como visitantes), y logrando la igualada en Tenerife. Por el contrario, a los realistas se les escaparon diez puntos en ese tramo final de los encuentros, con las derrotas ante el Castellón en Anoeta, Albacete y Murcia (que le anotó sus dos goles al final), y los empates en Córdoba y Rayo y Zaragoza en San Sebastián.

· 29 jugadores utilizados
A pesar de lo corta que era la plantilla que inició la temporada, Lillo acabó utilizando a 29 jugadores, ocho de ellos con ficha del filial (contando entre ellos a Agirretxe, que se convirtió en jugador de la Real a todos los efectos menos en la ficha tras la lesión de Díaz de Cerio). Debutaron con la camiseta del primer equipo los potrillos Eizmendi, Ramírez, Ros, Sio y Zurutuza, además de Zubikarai, que ya tenía ficha de Segunda aunque no había disputado un solo minuto con el equipo antes de esta temporada. Otros cuatro canteranos fueron convocados en algún partido pero no llegaron a debutar (Camaduro, Iturrioz, Esnaola e Illarramendi). El jugador más utilizado ha sido Mikel Labaka, con 3.127 minutos repartidos en 35 partidos, todos ellos como titular. El menos visto, Boukary Dramé, que apenas jugó 180 minutos repartidos en un encuentro de Liga y otro de Copa.

· Más penaltis y expulsiones en contra
Lo del arbitraje este año ha sido terrorífico, incluso con las frías estadísticas en la mano y sin tener en cuenta la justicia de lo pitado (si nos atuviéramos a eso, la estadística a publicar es el imposible e hipotético dato de los puntos perdidos, más de diez según todas las cuentas). A la Real le han señalado en contra seis penaltis y todos ellos fueron transformados. Es curioso que cuatro de los cinco primeros clasificados tuvieran penas máximas a favor jugando contra el equipo txuri urdin (Tenerife, Zaragoza, Hércules en los dos partidos y Rayo). Bravo detuvo el que le lanzó el Hércules en Alicante, pero se mandó repetir sin motivo y entonces sí acabó en gol. A favor sólo ha tenido cuatro, y uno de ellos lo falló Abreu ante el Nastic. El uruguayo marcó dos (Las Palmas y Celta) y el otro lo anotó Xabi Prieto (Murcia).

En cuanto a las expulsiones, la Real sufrió nueve, y no es exagerado decir que la mayoría de ellas fueron injustas. Para colmo de males, dos de ellas se produjeron en el tiempo de prolongación (las dos a Marcos), otra con el partido ya finalizado (Moha, ante el Zaragoza en Anoeta) y una más con el jugador en el banquillo (Carlos Martínez ante el Eibar). Es como para estudiar este fenómeno. En total, la Real jugó 154 minutos con un jugador menos, aunque esto apenas tuvo una factura en cuanto a puntos. Sólo perdió dos, los que se quedaron en el camino ante el Rayo al transformar el equipo madrileño el penalti que supuso la roja para Markel. En el otro lado, la Real se benefició de ocho expulsiones rivales y sí consiguió sacar tajada de ello, nada menos que siete puntos (tres ante el Salamanca y Córdoba y uno ante el Celta). Sólo tuvo 145 minutos en superioridad, veinte de ellos contra nueve jugadores del Celta.

· Dos jornadas en ascenso
La Real sólo estuvo entre los tres mejores tras la disputa de dos jornadas, y ambas al comienzo de la temporada. Tras vencer en la tercera jornada al Murcia, el equipo de Lillo se colocó tercero. Una semana después, con el empate en Alicante ante el Hércules se alcanzó la segunda posición. Nunca más regresó al trío de cabeza. La puntuación final de la Real alcanzó los 67 puntos, uno menos que la pasada temporada. No obstante, el ascenso quedó mucho más lejos, a 14 puntos, por los cuatro que le sacaron Sporting y Málaga hace un año. Y es que se ha igualado el récord de puntuación logrado en la temporada 06-07 por los tres equipos que ascendieron (Valladolid, Almería y Murcia). Entre los tres sumaron 244 puntos, los mismos que han logrado este año Xerez, Tenerife y Zaragoza. Y nunca antes se había quedado sin ascender un equipo con tantos puntos, el Hércules, con 78. La anterior marca era del Atlético de Madrid con 74.

· Poca estrategia
No ha sido un año pródigo en goles de estrategia, ni a favor ni en contra, aunque esta estadística es perjudicial para el equipo txuri urdin. La Real anotó dos goles de falta directa (ambos marcados por Sergio) y dos al rematar una falta (ambos de Labaka), lo que ayudó a conseguir ocho puntos. Por el contrario, la Real encajó tres goles de falta directa (Nastic, Albacete y Córdoba), otros dos en jugada de estrategia (el Córdoba, auténtica bestia negra de la Real este año en este apartado del juego, tras un saque de banda en su campo, y en Xerez) y tres más en córners (los dos que le anotó el Alavés en Mendizorroza y el primero del Rayo en Vallecas). Trece puntos volaron de esta forma.

jueves, junio 25, 2009

Resumen de la temporada (4). Demasiadas convulsiones institucionales

La segunda temporada en Segunda División no ha servido para calmar los ánimos en torno al club. Más bien al contrario. Otra temporada más, la presidencia ha cambiado de manos con gran convulsión social y llegamos a finales de junio sin saber muy bien hacia dónde camina la Real Sociedad. La temporada 2008-2009 no ha servido para que quienes se mueven en torno al club entiendan el daño que se le está haciendo a esta entidad que, hace no tanto tiempo, era única y especial. Todo el mundo habla de unidad, pero al segundo siguiente está clavando un cuchillo en la espalda del otro. Unidad, sí, pero en torno a lo que uno dice. Quien no lo acepte, no cabe en esa unidad. Y ese es el camino equivocado, aunque muchos todavía no lo hayan querido ver. Hay demasiadas convulsiones institucionales y nadie hasta el momento ha demostrado tener la altura de miras necesaria para sacar a este club del agujero negro en el que está inmerso. Todos debiéramos trabajar juntos, pero, a día de hoy, eso sigue pareciendo imposible. Y el gran perjudicado no puede ser otro que el equipo.

Iñaki Badiola comenzó la temporada como presidente. Apostó muy fuerte por subir al primer intento, a pesar de que llegó al club en enero y los dos minutos de Vitoria le obligaron a trazar un plan B. Tal es la intoxicación informativa que aqueja a la Real que es muy difícil saber si ese plan B existía y estaba bien calibrado. Lo que sí parece obvio es que, en Segunda División, la Real no podía permitirse el lujo de esquivar la Ley Concursal. Badiola, en todo caso, tuvo que enfrentarse a demasiados enemigos. Demasiada gente, que se proclama realista, que no dudó en anteponer la caída del presidente al futuro del club. Como ejemplo, hoy podemos decir con claridad, y sin miedo a equivocarnos, que Díaz de Cerio no renovó por la Real gracias a este asedio a Badiola. También cometió errores, tanto la pasada temporada como ésta. No hay nadie perfecto. Pero eso no significa que deba ser masacrado sin importa que lo que se pisotea es precisamente a la Real.

El relevo en el sillón fue una muestra más de lo mal que se han hecho demasiadas cosas en la Real. La Junta de Accionistas del 20 de diciembre dejó una imagen tristístima, a la Ertzaintza teniendo que proteger al nuevo presidente de la Real, Jokin Aperribay, después de una asamblea tensa en la que éste ni siquiera pudo dirigirse a los accionistas. Los silbidos y los gritos de desaprobación de los realistas lo impidieron. Esa desaprobación tuvo mucho que ver con la forma en la que Aperribay se dio a conocer. Sólo parece haber dos opciones, o fue oscurantista o fue improvisada. La primera es mala porque, para variar, se hacía de espaldas al realista y, sobre todo, al pequeño accionista. La segunda es quizá peor porque demuestra que el único objetivo era derrocar a Badiola. Nadie le ponía cara antes de la Asamblea, puesto que dio a conocer su candidatura el día anterior a la Junta. Y le costó mucho tiempo dar a conocer sus planes tras ser elegido presidente. Pero hoy es el presidente de la Real, y eso tiene que contar para algo. No hay que omitir la crítica, pero hay que saber cómo y dónde hacerla.

En la Real hay hoy en día un frentismo salvaje, y la presidencia de Badiola lo destapó. Había que elegir bando. Ya no valía con ser de la Real por encima de todo y, si defendías a uno estabas automáticamente obligado a criticar lo que hiciera el otro. Ese es el mismo error que se viene cometiendo desde los tiempos de José Luis Astiazarán. Denonerrela, con Miguel Fuentes a la cabeza, borró de un plumazo todo lo que hizo el anterior Consejo, por acertado que fuera. Lo mismo hizo Badiola (con mucha más razón, eso sí, que Fuentes y compañía) y lo mismo ha hecho Aperribay, quien incluso ha vendido como grandes ideas para salvar a la Real (que lo son) medidas defendidas en su día por el propio Badiola (la necesidad del ERE, por ejemplo). Mientras no nos demos cuenta de que la Real debe estar por encima de todos, seguiremos inmersos en esta situación. Y seguirán surgiendo plataformas que, por nobles que puedan ser sus objetivos, seguirán alimentando ese frentismo que tanto hace daño al club. Es hora de que todos los que tengan algún interés se sienten a trabajar juntos. Todos. Ni plataformas, ni oposiciones, ni oscurantismo. El futuro de la Real es lo que está en juego.

Eso incluye a los medios de comunicación, que parecen vivir encantados en ese mundo frentista en el que se ha sumergido la Real. Para conocer la realidad del club, los realistas estamos obligados a leer cuatro o cinco periódicos y entrar en dos o tres foros diferentes. En cada lugar uno encuentra información necesaria. En cada uno encuentra detalles para complementar o contextualizar lo que ha leído en otro. Hasta el propio Badiola ha dado el salto a la trinchera informativa con un portal propio, después de haber tenido sus medios afines y contrarios (han perjudicado muchísimo los segundos) en el tiempo que ocupó la presidencia. Y todos, sin excepción, parecen haber escogido un bando. Alguno, de vez en cuando, parece darse cuenta de que el único bando posible es el txuri urdin, pero de momento predominan las orejeras que llevan a todos y cada uno de los actores en línea recta y sin salirse del camino marcado.

Y en medio de todo esto, la Real tendría que estar celebrando su centenario. Lo está celebrando, sí, pero seguro que no como a todos nos habría gustado. Quizá Badiola tenía asuntos mucho más trascendentes en su cabeza, quizá Aperribay sabe que no tiene dinero para celebrarlo y le ha faltado imaginación (aunque hay que aplaudir con entusiasmo su búsqueda de patrocinio de cien empresas, una por año, una gran inyección de dinero para este evento) para hacernos más partícipes a todos los realistas de este evento que no volveremos a vivir. Pero lo cierto es que el centenario está siendo algo pobre. Ni siquiera hemos podido ir a un partido a Anoeta este año con una camiseta oficial del centenario, puesto que el merchandising ha llegado a las tiendas hace escasas fechas. Todavía no conocemos el rival del partido con el que se conmemorará la fecha, ni muchas otras cosas que nos hubiera gustado ver. Nos queda, eso sí, la ilusión del Mueso de la Real que se instalará en los bajos de Anoeta y que veremos en septiembre.

miércoles, junio 24, 2009

Resumen de la temporada (3). Lillo, realista en todos los sentidos

Hacía cinco temporadas que el entrenador de la Real en junio no era el mismo que había comenzado el ejercicio en agosto. No sucedía desde la campaña 2004-2005. José María Amorrortu tuvo ese honor. Juanma Lillo le ha sucedido en la lista de quienes completan una campaña en la Real. Entre ambos, conocimos a cinco entrenadores más en apenas tres temporadas. Que Lillo llegara a junio es una buena noticia objetiva en un club tan necesitado de estabilidad como es la Real. Para calificar la decisión de prescindir de él y contratar como técnico a Martín Lasarte habrá que esperar un año. Si somos lo suficientemente afortunados, esperemos que sí porque eso significará que todo va bien, de contar con su compañía durante toda la temporada. Si hay un adjetivo que define al Lillo que ha pasado por la Real es el de realista. En todos los sentidos.

La labor de Lillo ha sido tan discutida y discutible como la de todos sus antecesores inmediatos en el cargo, pues, como ellos, el técnico tolosarra entró sin quererlo en la espiral destructiva en la que está inmersa la Real desde hace demasiados años. Lillo, eso sí, es de los que más han hecho para que esa espiral afecte lo menos posible al equipo. Para evaluar el trabajo del entrenador el problema es el mismo que para calificar la trayectoria de la misma Real. No subir, siendo este equipo el que es y sabiendo como sabemos que su sitio está entre los mejores, es un fracaso. Pero los condicionantes de la temporada invitan a hacer una lectura muy distinta. Al menos con muchos matices. Lo que no se puede negar es que, aún sin el ansiado ascenso, los números de Lillo en la Real son buenos, son números que habíamos olvidado en los últimos años que disfrutamos (más bien sufrimos) en la Primera División.

Lillo comenzó la temporada con una apuesta arriesgada: una defensa de tres. Y la cosa no salió nada mal, a pesar de las muchas reticencias que había en el entorno. Esa Real que arrancó en agosto (ya con una pretemporada que alteró la fisionomía de la Real que Lillo dirigió en los once últimos partidos de la pasada campaña) nada tiene que ver con la Real que acabó la temporada, más allá de un dibujo inicial sobre el terreno de juego. Ni en nombres ni en el tipo de fútbol que practicaron. El técnico quería que descansara sobre Elustondo el juego del equipo, que fuera el primer atacante de un once muy ofensivo, en el que Xabi Prieto marcara diferencias, Sergio canalizara las ocasiones de gol y Díaz de Cerio se convirtiera en el artillero. Los cuatro sufrieron lesiones de importancia. Y eso obligó a Lillo a modificar la hoja de ruta. La Real no podía practicar el juego que él quería sin esos cuatro hombres básicos y quizá tardó demasiado en verlo.

Cuando Lillo fichó por la Real, muchos tenían la idea de que era un técnico que lanzaba a sus equipos al ataque de forma alegre y algo despreocupada, que era, como algunos se referían a él de forma despectiva, un filósofo del fútbol para quien los resultados tenían menos importancia que la forma de conseguirlos. Su paso por San Sebastián ha servido para romper muchos tópicos sobre su persona. Lo que Lillo decía antes y después de los partidos encontraba relación con lo que acontecía sobre el terreno de juego. Las explicaciones que él daba servían para entender lo que había pasado en los 90 minutos. Su conocimiento de los rivales le ha servido a la Real para ganar puntos. Por contra, su conocimiento de los suyos a veces ha provocado cierta perplejidad. La situación de Dramé (¿quién le fichó y por qué?), la falta de confianza en Necati (avalada, eso sí, por sus mediocres datos anotadores) o no dar más minutos a algunos jugadores del Sanse (por méritos suyos o por carencias del primer equipo) quedan en el terreno de lo inexplicado.

Algunos han criticado el empecinamiento de Lillo en el sistema de tres defensas, pero quizá olvidan que la Real ha sido el equipo menos goleado de la categoría. Le ha faltado algo de equilibrio en ataque, el que siempre han ofrecido en este equipo los laterales y carrileros, pero las bondades de ese sistema han quedado a la vista de todos con ese dato: 38 goles encajados, uno menos que el Rayo Vallecano. Otra de las críticas más severas que se han hecho a la labor de Lillo ha sido con respecto a la preparación física, pero hay que recordar que las lesiones más importantes que ha padecido la Real no han sido musculares. Es cierto que varios jugadores han llegado fundidos y lesionados al final de la temporada, como Carlos Martínez, Markel Bergara, Ansotegi, Marcos o Mikel González, pero las múltiples bajas por fracturas o esguinces y lo corta que era la plantilla les han llevado a hacer un esfuerzo aún mayor del esperado. ¿Habría sido así con una plantilla de 25 jugadores o con menos lesiones? Probablemente no.

Donde Lillo ha fallado ha sido en la búsqueda de soluciones a los problemas de juego, en especial a la ausencia de hombres importantes como Elustondo o Xabi Prieto. Todas las líneas han sufrido rotaciones, como es lógico, pero el centro del campo sólo ha funcionado con la idea inicial del técnico, y en especial fuera de casa porque Anoeta ha sufrido con una Real lenta, predecible y capaz de generar muy pocas ocasiones de gol, dejando pasar demasiados minutos de juego sin imponer su estilo. Tampoco pudo ver soluciones el técnico en la faceta anotadora. A Lillo le costó demasiado tiempo encontrar soluciones a la baja de Díaz de Cerio. Entre el día de su lesión y el debut de Abreu, la Real jugó once partidos y sólo anotó diez goles. Una losa demasiado grande que, además, costó la pérdida de quince puntos. Demasiados.

La temporada le convirtió en protagonista inesperado en dos ocasiones. Fue expulsado por primera vez en su carrera en el partido de Copa frente al Zaragoza. Vio la roja por salir a defender a uno de los suyos. A Xabi Prieto le estaban cosiendo a patadas y no aguantó más. Qué poco sabía Lillo entonces lo que nos esperaba con los árbitros esta temporada. Poco después, en el partido ante el Eibar en Anoeta, Lillo recibió un botellazo en la cabeza. Esa botella tenía como destinatario al árbitro González González, que culminaba en esos momentos la provocación continua en la que se había convertido su arbitraje expulsando sin motivo a Carlos Martínez, que estaba en el banquillo. El árbitro se fue del campo sin anunciar que el partido estaba suspendido y sin preocuparse por el estado de Lillo. Se quiso armar mucho revuelo con lo que pasó en Anoeta aquel día. Una pena que no se tuvieran las mismas ganas el año pasado cuando el técnico realista también recibió un botellazo en Málaga y fue él quien pidió que no se suspendiera el encuentro. Sí, una lástima.

Lo que nadie podrá negar, ni siquiera quienes están satisfechos con la no continuidad del técnico, es que Lillo sale de la Real como un caballero, sin criticar a nadie (salvo algún pequeño dardo envenenado al director deportivo, Loren) para no perjudicar al club. Y eso merece un aplauso, porque no estamos tan acostumbrados a que desde dentro se alabe a la Real. Sale habiéndose ganado el cariño y la confianza de todos los que estaban dentro del vestuario, y eso no tiene precio. Sale habiendo defendido a capa y espada a todos sus jugadores, incluso aquellos que no eran de su agrado, y eso es algo loable. Sale demostrando un cariño por la Real que hacía mucho tiempo que no veíamos en el inquilino del banquillo de Anoeta, y eso tengo la sensación de que no lo hemos sabido valorar mientras se sentaba en él. No ha pasado a la Historia de la Real porque su equipo no ha subido a Primera, pero la sensación que deja, a pesar de la inmensa distancia final con respecto a los puestos de ascenso, es que podría haberlo conseguido a poco que le hubiera acompañado la suerte a su Real en lesiones y arbitrajes. Pero eso nunca lo sabremos.

martes, junio 23, 2009

Resumen de la temporada (2). Los jugadores

1. Bravo (9)
Fantástica temporada la del chileno. Muy decisivo en la primera mitad de la temporada, siempre mantuvo un nivel altísimo y apenas se le recuerdan errores de bulto. El Zamora, un premio justo. El único punto negativo fueron sus ausencias para jugar con la selección chilena, pero hasta eso tuvo consecuencias positivas. No sorprende que pujen por él grandes equipos. Es un portero de Primera.

2. Castillo (4)
Muy bien durante la primera mitad de la temporada (excepción hecha de su fallo en Zaragoza), fase en la que anotó uno de los mejores goles de la historia de Anoeta (ante el Huesca). En la segunda vuelta perdió el puesto cuando Lillo optó por una defensa de tres y echó por tierra todo su buen trabajo anterior con unos últimos partidos lamentables en los que demostró tener la cabeza lejos de la Real.

3. Mikel González (6)
Temporada de sufrimiento para Mikel. Su nivel, aún no siendo malo, ha estado lejos del que demostró la pasada campaña, cuando fue el mejor central del equipo. Tampoco le ha venido bien jugar escorado en la banda izquierda con la defensa de tres. Pero aún así es un muy buen defensa y ha mantenido el tipo en la mejor línea del equipo.

4. Elustondo (7)
Con tan pocos partidos jugados, quizá sorprenda la nota. Pero su comienzo de temporada fue espectacular. Se echó el equipo sobre el hombros y le hizo jugar, hasta que esa lesión de tobillo que llegó a parecer incurable le rompió la temporada. Fui muy crítico con él la pasada campaña. Me alegro de que su evolución me demostrara mi error. Un jugador vital para el futuro de la Real.

5. Markel Bergara (4)
La evaluación a Elustondo de hace un año bien se podría aplicar a Markel en éste. Llamado a liderar el centro del campo realista, no consiguió en ningún momento de la temporada ser ese referente, ni defensiva ni ofensivamente. Pasó por muchos partidos sin que se supiera que estaba en el campo. Lo mejor, que ha roto la dinámica de lesiones de años anteriores, a pesar de acabar la campaña en la enfermería. Veremos en el futuro.

6. Labaka (6)
A buen nivel durante casi toda la temporada, excepcional cuando está bien acompañado y cuando entiende lo que sabe hacer y lo que no. Sigue pareciendo peor de lo que es cuando los defensas a su lado no lideran el sistema, pero ha mejorado bastante ese aspecto durante la temporada. Ha sido el central más utilizado del equipo. Sus dos goles confirman que es un defensor del que se puede sacar partido también en ataque.

7. Gerardo (6)
La entrega de Gerardo es indiscutible. Será mejor o peor futbolista, pero siempre está comprometido con la causa. Ha alternado el lateral derecho con un puesto en el centro del campo cuando Lillo optaba por una defensa de tres. Es más que probable que no la consiga, pero se ha ganado la renovación por comportarse siempre como un auténtico profesional. Y como premio de consolación, nuestro reconocimiento.

8. Marcos (7)
Un final de temporada algo gris no puede ocultar su gran temporada. Muy importante desde la banda izquierda, ha dado numerosas asistencias de gol (su mejor día, ante el Xerez, dio a Abreu los tres goles del partido) y se compenetró a la perfección con Xabi Prieto en sus mejores momentos de la campaña. Quizá podría haber metido más goles (convirtió cuatro). Ojalá pudiera continuar con una nueva cesión, aunque parece complicado.

9. Díaz de Cerio (6)
Llevaba cuatro goles en once partidos cuando su pierna se hizo añicos en el partido ante el Eibar. Hasta ese instante, estaba confirmando lo que apuntó la temporada pasada, que podía ser el goleador de la Real en Segunda, aunque también es verdad que pudo anotar algún tanto más de los cuatro que llevaba. No quiso renovar porque, dijo, este equipo no era la mejor opción. Estaba llamado a ser una estrella txuri urdin y no le echaremos de menos. Él verá por qué.

10. Necati (3)
El turco confesó que ésta había sido la peor temporada de su vida, y pese a todo Anoeta le adora. Un solo gol es un registro nefasto para un delantero que venía con fama y números de goleador. Comprometido y con detalles de clase, sí, pero la frontera del éxito y el fracaso en un delantero está en su cifra anotadora. Y la de Necati, por mucho que Lillo pareciera no confiar del todo en él, no es mala. Es sencillamente horrenda.

11. Aranburu (6)
Temporada de altibajos para el capitán. Las muchas lesiones en el centro del campo le llevaron a ocupar todas las posiciones imaginables. Encontró su mejor rendimiento jugando en la mediapunta, y sufrió lo suyo algo más retrasado al no tener una buena referencia a su lado. Cinco goles es una muy buena cifra para él (supusieron nada menos que trece puntos). Por muchas críticas que reciba, es un jugador importante.

13. Zubikarai (9)
Una de las mejores noticias de la temporada. A pesar de los muchos goles encajados en el tramo final y su expulsión ante el Levante, hizo grandes partidos con paradas de antología cuando le tocó suplir a Bravo (su mejor día, ante el Nastic en Anoeta). Si el debut de un canterano ya es una alegría, mucho más si se trata de un portero que, además, ha sufrido tanto para llegar al primer equipo. Un valor seguro para el futuro.

15. Ansotegi (8)
Magnífica temporada la suya, erigiéndose en el mejor defensa del equipo. Y eso merece ser destacado, puesto que si algo ha funcionado en la Real esta temporada ha sido la línea de atrás. Ha mandado como nunca y ha cortado casi todo lo que le ha llegado, dándole igual si estaba en una defensa de tres o de cuatro. Su gol ante el Salamanca fue un bonito premio para su gran nivel.

16. Dramé (-)
Pasa a la historia como el prototipo de jugador de fuera que nunca debe llegar a la Real. Todavía no sabemos para qué se le fichó. Lillo no le utilizó ni teniendo sólo doce jugadores del primer equipo, tuvo lesiones fantasma y deja la sensación de que algo no nos han contado sobre él. Jugó dos partidos completos, uno en Liga y otro en Copa, y tampoco pareció tan malo como para no entrar más en el equipo.

17. Moha (5)
El marroquí deja una sensación de decepción. Se esperaba más de un jugador que ha estado tantos años en Primera. Voluntad ha demostrado toda la del mundo, pero no le salían las cosas. Deja el golazo anotado en Tarragona ante el Nastic y poquito más. No fue competencia real para Marcos aunque estuvo en más de 30 partidos, una veintena de ellos como titular.

18. Abreu (8)
Al igual que a Necati, al goleador se le mide por sus goles. Y Abreu, llegando en el mercado invernal, marcó once en 18 partidos. Una cifra magnífica que incluso podría haber sido mayor y que, por desgracia, no aportó a la Real el salto de calidad que esperaba en la segunda vuelta. No es un jugador que presione ni de equipo, lo suyo es el remate final. Y en eso sobresalió. Por mucho que Anoeta no tuviera con él paciencia alguna y le despidiera con algunos pitos.

19. Diego Rivas (8)
Este es el Diego Rivas que muchos esperaban ver en Primera cuando Bakero le fichó por tres millones de euros. La decepción de aquella temporada se ha tornado en la alegría en esta. Sabe lo que puede que hacer y lo hace bien. No es un portento de técnica, pero es un buen apoyo para el centro del campo creador. Terminó la temporada a gran nivel y demostrando incluso que tiene llegada al área. Si sigue, puede ser importante para ayudar a los jovenes mediocentros de Zubieta.

20. Carlos Martínez (5)
El jugador que mejor ha demostrado que la segunda temporada siempre es la más difícil para un canterano. Le ha costado entrar en el equipo y tener continuidad, por la competencia de Gerardo, por alguna inoportuna lesión y por el sistema de tres defensas. Puede no tener mucha calidad pero es capaz de jugar hasta cojo y aporta fuerza y entrega ilimitadas. Terminó jugando de central, puesto que le viene grande.

22. Estrada (3)
Absolutamente intrascendente durante toda la temporada. Es el centrocampista que menos ha contado para Lillo (sólo ocho partidos de titular) y cuando ha saltado al campo ha demostrado por qué. También ha podido sufrir ese síndrome de la segunda temporada. El futuro está en su mano, es él quien debe dar el salto de calidad, como ha hecho Elustondo por ejemplo, si quiere tener un papel importante en este equipo.

23. Sergio (6)
Las lesiones han impedido ver el verdadero nivel de Sergio. Sufrió dos, ambas muy inoportunas y cuando mejor estaba jugando (y haciendo jugar al equipo desde la mediapunta). Es un jugador muy interesante, habida cuenta de que llegó sin pagar un euro. Marcó tres goles, dos de ellos de falta directa, una suerte en la que la Real suele estar muy huérfana.

24. Xabi Prieto (6)
Es el mejor jugador de toda la Segunda División, pero le sigue faltando algo. Cuando demuestra su calidad, no hay nadie que le pueda parar, y por eso debiera ser mucho más decisivo de lo que en realidad es. Cuatro goles y un puñado de asistencias parece poco para él y debemos exigirle mucho más, pero hay que reconocer que el equipo notó muchísimo su baja cuando fue cazado por el Murcia y cuando nos había ilusionado con su mejor fútbol. Inolvidable la prietinha al Zaragoza.

26. Agirretxe (9)
El jugador que más ha evolucionado durante la temporada y, probablemente, el mejor. Sus nueve goles (uno cada 132 minutos, cifra de crack) le convierten en la revelación de la campaña, pero todo lo que hace sobre el campo le catapulta más allá, le asegura un lugar en el futuro más brillante de la Real. Da gusto ver su entrega y siempre da la sensación de peligro. Es muy bueno y puede ser aún mejor. Cuidémosle.

27. Viguera (-)
Una lesión de rodilla impidió que tuviera más minutos en el primer equipo, aunque Lillo tiró de él al final de la temporada. El año que viene estará desde el inicio.

28. Ros (7)
Lillo quiso hacerle debutar desde la pretemporada y las lesiones al final le dieron la excusa perfecta para hacerlo. Todavía con edad juvenil (hará la pretemporada con el primer equipo, pero puede que se quede en el Sanse), fue un soplo de aire fresco en el triste final de la temporada. Sabe jugar al fútbol.

30. Toño Ramírez (-)
La injusta expulsión de Zubikarai ante el Levante le dio la oportunidad de debutar. Y lo hizo muy bien, al igual que en la última jornada. La portería está muy bien cubierta, aunque se venda a Bravo y Riesgo.

31. Sarasola (-)
Dos años después de su debut, tuvo la oportunidad de volver al primer equipo. Si Castillo se va finalmente de la Real, la banda izquierda será suya. Y aunque no se vaya, es probable que también sea capaz de adueñarse de ella.

33. Zurutuza (-)
Un único partido sobre el campo, en el que dejó detalles interesantes. Lillo le incluyó en nueve convocatorias.

35. Sio (-)
Sólo dos partidos en el primer cuarto de la temporada, en los que apuntó buenas maneras. Sorprende que Lillo no le utilizara más.

lunes, junio 22, 2009

Resumen de la temporada (1). Demasiadas piedras en el camino

¿Ha sido un fracaso la temporada de la Real? No corramos el riesgo de dar una respuesta apresurada, porque la contestación a esta pregunta es de todo menos fácil. Por Historia, por nombre, por prestigio y por estructura, la Real debe estar en Primera División. Y por eso siempre que esté en Segunda será un fracaso no ascender a la máxima categoría del fútbol español. Pero han pasado tantas cosas en los últimos nueve meses que parece difícil que ese ascenso se pueda considerar una exigencia ineludible para la plantilla que ha caminado por la división de plata durante esos meses. Han sido demasiadas las piedras que se ha encontrado el equipo en su camino. Un camino duro, tortuoso, en el que el conjunto txuri urdin no ha desplegado el juego que apuntaba en los primeros pasos, eso está claro, pero en el que las circunstancias (sobre todo en forma de lesiones y arbitrajes perniciosos) han ido mermando la capacidad que tenían los realistas.

La Real fue un equipo que no consiguió hacer de su casa un fortín, que no terminó de imponer su fútbol, que pese a todo pareció mejor que el rival casi siempre e independientemente del resultado y del juego desplegado en cada partido, que tuvo severos problemas para anotar goles. A cambio, dio una gran imagen y logró resultados de ascenso fuera de casa, demostró personalidad para sortear las piedras en el camino y levantarse de los golpes, se sacó rentabilidad a una plantilla muy corta y se mantuvo muy viva la ilusión en la lucha por el ascenso hasta el mes de febrero. Después, la Real sólo pudo luchar por seguir a una distancia que siempre pareció salvable a poco que fallaran los demás, pero que nunca se conseguía recortar... porque los demás no fallaban. Las lesiones, los malos arbitrajes y los propios defectos del juego realista (no necesariamente por ese orden, que cada cual decida qué fue más decisivo) fueron una sola demasiado grande como para entrar entre los tres primeros.

Durante toda la temporada pasada, el debate pareció estar centrado en si la plantilla tenía la suficiente calidad como para acometer el asalto a las tres primeras posiciones, y quedó la sensación de que muchos pensaban que no. Aquel equipo perdió el ascenso por dos minutos inverosímiles en Vitoria. Y de aquel equipo salieron nada menos que 14 jugadores (Riesgo, Gari Uranga, Garitano, Delibasic, Novo, Skoubo, Martí, Vaughan, Víctor López, Larrea, Stevanovic, Nacho, Víctor y Fran Mérida) para afrontar el segundo intento de subir a Primera. A cambio, y debido a las apreturas de estar el club inmerso en un proceso concursal, apenas llegaron la mitad, siete (Marcos, Necati, Zubikarai, Dramé, Moha y Sergio, con Abreu en el mercado invernal). Quizá sea éste el argumento esencial para debatir si el ascenso era o no una exigencia ineludible para la Real de la temporada 2008-2009 o, al menos, para calibrar la justicia de las opiniones que puedan expresarse sobre este asunto.

A pesar de estos problemas deportivos y económicos, la Real comenzó la temporada de fábula. Una victoria solvente como local ante Las Palmas, una maravillosa eliminatoria de Copa ante el Zaragoza, una remontada de prestigio en La Romareda y un baño a un Murcia con el que Javier Clemente aspiraba a subir a Primera, colocaron a la Real en puestos de ascenso. Parecía que esta sí iba a ser la temporada de la Real. Pero ahí comenzaron a torcerse las cosas, con la aparición de los dos grandes enemigos que ha tenido el conjunto txuri urdin a lo largo de la campaña: las lesiones y los arbitrajes. Xabi Prieto cayó ante el Murcia víctima de su juego violento. Dos meses y medio de baja por una entrada que ni siquiera supuso la expulsión de Capdevila. Peor fue lo de Elustondo dos semanas después: un esguince de tobillo y uno posterior de rodilla le dejaron K.O. durante casi nueve meses. El juego de la Real comenzó a resentirse y la fantasía inicial tuvo que dejar paso a nuevas soluciones sobre el campo.

En Alicante, ante el Hércules, la Real encontró a su segundo enemigo, uno que ya no le abandonó en toda la temporada y que hizo acto de presencia con más fuerza en los momentos más decisivos. Hernández Hernández pitó un inexistente penalti y lo mandó repetir sin motivo cuando Bravo lo paró. Así comenzó el carrusel de arbitrajes nefastos, arrogantes e incompetentes que privaron a la Real de demasiados puntos. La visita del Castellón dejó un gol legal local mal anulado y un gol ilegal visitante validado, en Tarragona el Nastic se benefició de un árbitro que no dejaba de pitarle faltas inexistentes al borde del área, ante el Eibar una fractura de tibia y peroné en la pierna de Díaz de Cerio no fue ni falta, ante el Alicante se fueron al limbo dos clarísimos penaltis y otro gol legal, en Albacete valió un gol en fuera de juego anotado por un jugador que debió ser expulsado antes e impidió el empate, la imposible expulsión de Markel Bergara en Las Palmas, la permisividad para reincidir en faltas sin ver la segunda tarjeta amarilla que tenían otros jugadores rivales como el rayista Diamé... Y todo esto sólo en la primera vuelta.

Pese a todo, la Real llegó viva al ecuador del campeonato, a tan solo tres puntos de los puestos de ascenso. El equipo de Lillo había sobrevivido a la lamentable actuación de los árbitros y a severos problemas de lesiones, de juego (Lillo transformó el ideal de juego para adaptarlo a los jugadores que podía poner sobre el césped, y el resultado fue una Real más defensiva y menos contundente) y de anotación (Díaz de Cerio siguió siendo el máximo goleador del equipo varios meses tras su lesión). Anoeta se había acostumbrado a ver victorias y derrotas por la mínima y muy poco fútbol, pero seguía pensando que el ascenso era posible. Hasta la visita del Zaragoza. Ese día, la Real tendría que haber dormido en la segunda posición, y habría acabado tercera la jornada. Pero, una vez más, el árbitro lo impidió. Una perfecta salida de Bravo a los pies de un delantero zaragocista acabó convertida en penalti. El asistente le dijo a varios jugadores de la Real que no se había producido infracción alguna. Pero se pitó. Y el Zaragoza empató. Era el minuto 90 del partido y el colegiado, Bernabé García, todavía tuvo tiempo de privar a la Real de un claro penalti a favor. Aunque entonces todavía no lo sabíamos, ahí se esfumó la última posibilidad de entrar en los puestos de ascenso.

El mazazo sufrido ante el Zaragoza, un rival directo en la lucha por el ascenso, fue en realidad el primero del que el equipo no pudo recuperarse. Hasta ese momento, la Real había respondido mejor cuanto peor estaban las cosas. Cada partido que era un aviso de quedarse a demasiada distancia de los tres primeros encontraba una buena respuesta del conjunto txuri urdin (como la victoria ante el Salamanca, entonces líder de Segunda), pero cuando tenía la oportunidad de recortar distancias por los errores de los demás o incluso meterse en los puestos de ascenso, fallaba de forma triste. Triste fue, en la primera vuelta, la derrota ante el Sevilla Atlético (el peor colista de la Segunda de 22 equipos, que sólo ganó otro partido además de ese en toda la temporada) o la lamentable eliminación copera en Vigo ante el Celta cuando se había recuperado la ilusión en el torneo del K.O. en la primera ronda. Pero aún así hubo vida hasta el partido del Zaragoza.

Tras ese durísimo golpe, llegaron tres derrotas consecutivas (Murcia, Hércules y Alavés; especialmente dolorosa la de Vitoria, en el mismo escenario en el que el sueño de volver a Primera quedó hecho añicos hace ahora un año) que dejaron a la Real a una considerable distancia del ascenso, entre siete y nueve puntos, que el conjunto de Lillo ya no pudo recortar ni siquiera con un magnífico tercer cuarto de la temporada. De 36 puntos posibles, el equipo txuri urdin sumó nada menos que 27, comenzando con cuatro victorias consecutivas. No sólo fue la mejor racha de la temporada, sino que en ellas incluyó la goleada ante el Xerez, líder entonces y campeón de la categoría al final. Abreu ya había llegado al equipo y parecía que sus goles podían devolver a la Real a la lucha por el ascenso. Pero no fue así por el ritmo infernal marcado por los de arriba. Ha sido el ascenso más caro de la historia de la Segunda de 22 equipos, y eso también hay que tenerlo en cuenta a la hora de valorar si ha sido un fracaso no subir.

La temporada terminó para la Real en Salamanca. Allí, con numerosísimas bajas, ganó su tercer partido consecutivo pero seguía a ocho puntos del tercer clasificado con sólo nueve por jugar. Misión imposible. Y la pelea acabó. El equipo que trató de levantarse ante todos los golpes que recibió a lo largo de la temporada con un espíritu encomiable, tuvo que claudicar con demasiadas jornadas por delante (tres, las opciones matemáticas desaparecieron con la derrota en casa ante el Córdoba). La Real ofreció una triste imagen para cerrar el ejercicio, con la mayor goleada en contra de los últimos tres años (4-1 en Vallecas) y tres jornadas sin ganar, aunque se acabó con victoria y con la sensación de que el Sanse ofrece mucho futuro. La distancia final con respecto a los puestos de ascenso, 14 puntos, no refleja lo que sucedió durante la temporada. La Real estuvo lejos de subir, sí, pero no tanto. Y eso también hay que saber valorarlo. Poniendo todo esto en una de las pesas de la balanza y el hecho de que habrá una tercera temporada en Segunda, se obtendrá la valoración de cada cual para la temporada. Yo no creo que fracaso sea la palabra.